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miércoles, 4 de septiembre de 2019

DURANTE LA TORMENTA (THRILLER - 2018)

Año: 2018

Nacionalidad: España.

Director: Oriol Paulo.

Reparto: Adriana Ugarte, Chino Darín, Álvaro Morte, Javier Gutiérrez, Miguel Fernández, Nora Navas, Clara Segura, Julio Bohigas-Couto, Mima Riera, Francesc Orella, Albert Pérez, Silvia Alonso, Aina Clotet, Ana Wagener, Ruth Llopis, Belén Rueda.

Género: Thriller.

Sinopsis: Una misteriosa interferencia entre dos tiempos provoca que Vera, una madre felizmente casada, salve la vida de un niño que vivió en su casa 25 años antes. Pero las consecuencias de su buena acción provocan una reacción en cadena que hace que despierte en una nueva realidad donde su hija nunca ha nacido.

[Fuente: Filmaffinity]


Películas sobre agujeros en el tiempo conocemos varias. Resulta imposible no recordar Frecuency que dirigió Gregory Hoblit en el año 2000 e interpretó Dennis Quaid como protagonista, porque comparte muchos puntos comunes con el largometraje del que quiero hablaros hoy. Son películas con tramas complejas, laberínticas, caóticas, en las que hay que medir muy bien los tiempos, los hechos, las consecuencias para que no terminen siendo un sinsentido. Enfrentarse a una película como Durante la tormenta obliga al espectador a estar ojo avizor, a hacerse preguntas, a atar sus propios cabos siempre temiendo una incoherencia que eche por tierra todo el argumento. Por suerte, esta producción de Netflix me ha parecido una propuesta bastante aceptable, una más de Oriol Paulo que ya dirigió Contratiempo y El Cuerpo. Ambas me gustaron muchísimo. 

Vera Roy es una joven enfermera que se acaba de mudar a una zona residencial con su familia, -su marido David y su hija pequeña Gloria-. En pleno proceso de mudanza, mientras van vistiendo las distintas habitaciones, encuentran en un armario una vieja televisión, una videocámara y una caja llena de cintas de vídeo. En las mismas se ve a un niño de unos ocho años, ensayando algunas canciones con su guitarra. Mientras están visionando las cintas, ocurre algo extraño, un suceso que no pueden explicar pero al que prefieren no dar importancia y seguir con su vida. Pero la película no comienza con esta familia sino mostrando la vida de Nico Lasarte, involucrado en un asesinato y un accidente de coche, hechos que ocurrieron veinticinco años antes de la llegada de Vera y su familia a la zona residencial y a la misma casa que ocupó Nico en su día. La vida de todas estas personas se verán terriblemente afectadas por un fenómeno atmosférico excepcional, una tormenta eléctrica colosal que tendrá lugar el 9 de noviembre de 1998 -en los tiempos de Nico- y que se repetirá en idénticas circunstancias el 9 de noviembre de 2018 -durante los tiempos de Vera-. El desarrollo de ambas tormentas abrirá un agujero de gusano en el espacio temporal, que unirá la vida de Nico y de Vera, encargada esta última de salvar al niño de un terrible final. 

Decía al principio que lo complicado de este tipo de tramas es que todo cuadre. Los sucesos que se producen en 1998 deben tener cierta correlación con los que se suceden en 2018. Si se altera el pasado, el futuro cambia pero ¿cómo? ¿Qué hubiera pasado si Vera no conoce a David? ¿Qué hubiera ocurrido si no se produce ese asesinato ni ese accidente en 1998? Aunque parezca extraño, las pegas que le pongo a esta película no tienen que ver con esa alteración del pasado y sus consecuencias en el futuro. La película no hay que entenderla como si el presente y el futuro fueran una continuación del pasado sino como líneas paralelas en el tiempo que pueden unirse en un momento dado, permitiendo que ciertos hechos se solapen. Hay que pensar que las distintas vidas que muestra el largometraje corresponden a realidades distintas que avanzan paralelamente, líneas en las que se producen los mismos hechos aunque con importantes variaciones. Solo así, toda la trama tendrá sentido. El desenlace aporta un giro bastante interesante y que no me esperaba pero debo confesar que me quedé dándole vueltas a la última conversación como si algo me faltara. En cualquier caso, lo que había visto antes me había resultado tan satisfactorio que simplemente me dejé llevar.

Mis pegas tienen que ver más bien con cuestiones de índole procedimental. Me refiero a las investigaciones policiales. Hasta donde yo sé, si me equivoco corregidme, los registros policiales se llevan a cabo previa orden judicial y con la presencia del propietario del inmueble, circunstancias que no se producen en la película. Vale, no es un detalle tan trascendental como para condenar la cinta pero sí son pormenores que chocan un poco. En Durante la tormenta, vamos a ver a la policía entrando en un inmueble mientras su propietario está ajeno a todo. No me parece, la verdad. 

Y otra pega más, bajo mi punto de vista, es la interpretación de Adriana Ugarte, encargada de dar vida a Vera Roy. Aunque muchos alaban su trabajo a mí no es una actriz que me encandile ni que me resulte creíble. Siempre susurrante -algo que me crispa-, su lenguaje gestual me parece impostado y falto de credibilidad. En la interacción con su marido de ficción, los diálogos suenan bobos, tanto que llegué a pensar que formaban una pareja muy absurda. Pero Ugarte está arropada por otro actores, menos principales pero que me convencen más o muy consagrados y que desviaron mi atención de la actriz protagonista. Destaco principalmente a Nora Navas cuyo personaje está en una constante crisis de nerviosismo y misterio que aporta mucho suspense a la cinta. Chino Darín, que tampoco suele ser santo de devoción, en esta ocasión no está mal, intentando ayudar a Vera en su desquicio. Y luego está Javier Gutiérrez, que aunque está bastante poco aprovechado, interpreta un personaje con un matiz siniestro bastante conseguido. Y también están muy desaprovechados Ana Wagener y Belén Rueda, con dos papeles de apenas unos minutos. 

En cuanto a la dirección, me parece correcta. Destacaría los planos de la tormenta -, en concreto una secuencia con un plano contrapicado en la que se percibe a uno de los personajes enmarcado por un cielo negro y tenebroso que asusta al más dispuesto. A su vez, me gusta cómo se trenza la historia, cómo se pasa de un hilo temporal al otro sin sacar al espectador de la historia.

Durante la tormenta no es una película de ritmo frenético, de esas en las que te muerdes las uñas de inquietud, ni tampoco cuenta con grandes sobresaltos pero está bien urdida, mantiene al espectador atento a la acción, no aburre y sorprende. Así que, creo que es un largometraje bastante interesante y que puede reportar una tarde de estupendo entretenimiento. Por mi parte, le seguiré la pista a Oriol Paulo. Hasta ahora llega tres filmes y los tres me han gustado mucho. Espero que no se rompa la magia.



Tráiler:

                               
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miércoles, 31 de julio de 2019

DOLOR Y GLORIA (DRAMA - 2019)

Año: 2019

Nacionalidad: España.

Director: Pedro Almodóvar.

Reparto: Antonio Banderas, Asier Etxeandia, Penélope Cruz, Leonardo Sbaraglia, Julieta Serrano, Nora Navas, Asier Flores, César Vicente, Raúl Arévalo, Neus Alborch, Cecilia Roth, Pedro Casablanc, Susi Sánchez, Eva Martín, Julián López, Rosalía, Francisca Horcajo.

Género: Drama.

Sinopsis: Narra una serie de reencuentros en la vida de Salvador Mallo, un director de cine en su ocaso. Algunos de ellos físicos, y otros recordados, como su infancia en los años 60, cuando emigró con sus padres a Paterna, un pueblo de Valencia, en busca de prosperidad, así como el primer deseo, su primer amor adulto ya en el Madrid de los 80, el dolor de la ruptura de este amor cuando todavía estaba vivo y palpitante, la escritura como única terapia para olvidar lo inolvidable, el temprano descubrimiento del cine, y el vacío, el inconmensurable vacío ante la imposibilidad de seguir rodando. Dolor y Gloria habla de la creación, de la dificultad de separarla de la propia vida y de las pasiones que le dan sentido y esperanza. En la recuperación de su pasado, Salvador encuentra la necesidad urgente de volver a escribir. 


[Fuente: Filmaffinity]


Siempre he pensado que no soy fan del cine almodovariano, pero haciendo un repaso a su filmografía, algún que otro título no me ha disgustado excesivamente. Creo que mis reticencias tienen que ver con su tendencia al drama intenso (sus comedias la digiero menos) o con la elección del reparto. Hay nombres que se repiten en sus películas, actores y actrices con los que no comulgo mucho, así que la suma de ambos factores, no generan en mí la imperiosa necesidad de acudir al cine cada vez que estrena trabajo. No obstante, creo que con Dolor y Gloria, un título que me suena a tema bélico -la vida es una batalla en sí misma-, voy a reconciliarme un poco con él, con su trabajo y con sus personajes. ¿Quizá se debe a que hay mucho de sí mismo en esta historia? Puede ser que, al tocar lo más personal, haya conectado con él o que he visto a un Antonio Banderas, más Almodóvar que el propio Almodóvar.

Para resumir la trama, la película que aporta Filmaffinity es bastante completa. Como bien dice, Salvador es un director de cine en horas bajas. Tuvo mucho éxito con sus películas anteriores pero ahora parece estancado. No es que haya perdido la chispa, es que está maltrecho, herido por fuera y por dentro. Ha llegado a ese punto en el que todos hacemos balance, o deberíamos hacerlo. Creyendo estar acabado, repasa su vida. Los hechos del presente lo arrastran al pasado, a aquellos días de verano junto al río, mientras su madre lavaba la ropa con las vecinas, a su paso por el seminario, a su traslado a Madrid, a los amores, al cine, a la noche madrileña,... Se le acumulan los recuerdos, al tiempo que se reencuentra en el presente con Alberto, el actor que interpretó el papel protagonista en la película Sabor, un largometraje reeditado y que ahora quieren volver a proyectar al considerarla un clásico. Salvador y Alberto no acabaron bien pero con el reestreno de la película, liman asperezas.

El pasado llamará también a la puerta de Salvador a través de un antiguo amor que surge casi de la nada para recordarle que se puede amar intensamente y que las drogas lo destrozan todo. Pero Salvador no solo está herido en el alma. También su cuerpo se resiente. Tiene mil dolencias, terribles dolores que lo incapacitan para hacer lo que más ama, escribir y rodar. La medicación ya no es suficiente y acudirá a la heroína. ¿No quedamos en que las drogas son malas compañeras? Pero será precisamente ese pasado, y el recuerdo de un día en el pueblo, el que le de la fuerza suficiente para reencontrarse a sí mismo.

Dolor y Gloria tiene un claro componente nostálgico que Antonio Banderas sabe explotar en el papel de Salvador Mallo. El malagueño nunca estuvo entre mis actores predilectos pero su papel de hombre atormentado me ha atrapado. No me extraña su premio en Cannes. A lo largo de toda la cinta muestra esa pesadez del alma, esa desgana por la vida que afecta a los que ya se creen vencidos, a los que piensan que ya nada será igual, que ya vivieron su momento de gloria y que ahora solo queda el dolor. ¿Y el amor, qué? Será Mallo el que soporte el peso total de la cinta, apoyado a ratos por el papel de Jacinta, la que fue su madre (Penélope Cruz -la madre joven- y Julieta Serrano -la madre vieja-), con la que mantuvo aquella relación tan especial, en la que existían silencios que jamás fueron pronunciados.

Si Banderas me ha convencido -como dijo más arriba me ha parecido más Almodóvar que el propio cineasta-, con Cruz no termino de hacer las paces. No digo que su interpretación sea mala pero ha recordado a otros papeles ya vistos, a otras mujeres de pueblo o de barrio humilde a las que dio cuerpo, acento y copla. He sentido como si la estuviera viendo en otra cinta. Los actores y actrices deben ser camaleónicos, tener la capacidad de camuflarse y a mí Cruz me ha parecido la misma de otras veces.

Asier Etxeandia como Alberto es una buena réplica para Banderas. Su interpretación es creíble en el papel de actor del que ya nadie se acuerda y necesita renacer.  Entre ambos se generan los mejores momentos de tensión que le dan un punto álgido a la historia. 

Y luego está Sbaraglia que hará el papel de Federico, aquel amor de Salvador durante la movida madrileña. Aquel niño que se hundía, consumido por las drogas, mientras el otro era encumbrado a la gloria. Lástima que la escena conjunta de ambos sea tan breve. La química, la magia que surge en ese cruce de miradas, en esos silencios, en esas palabras que no pronuncio con los labios pero te las digo con los ojos, es tan potente que dejé de respirar. Por un momento me hubiera gustado un giro, una nueva oportunidad para Salvador, que la necesitaba a gritos.

La película cuenta con algunos cameos. Debes ser muy rápido si quieres cazar a Agustín Almodóvar. Me ha encantado volver a ver a Cecilia Roth, a pesar de haber perdido frescura y naturalidad en el rostro tras algún retoque. Raúl Arévalo, está poco explotado. 

Narrada con muchos saltos en el tiempo -creo que quiere contar mucho en poco tiempo-, siento que el guion no profundiza demasiado en la vida de Mallo. Pasa de puntillas por los tres pilares de su vida, la relación con su madre, el descubrimiento de su identidad sexual, el amor de adulto que lo dejó marcado,... todo ello acompañado de su carrera cinematográfica de la que apenas se dan tres pinceladas. Por otra parte, me ha gustado la dirección, la estética psicodélica de algún pasaje, los decorados que tan bien encajan con el personaje y la caracterización de Salvador. Muy acertado el trabajo de peluquería y vestuario. 

Dolor y Gloria me ha gustado. Sí, debo confesarlo. Como en su día me gustó La mala educación o La ley del deseo. Visto lo cual, parece que sus personajes dramáticos masculinos me resultan más convincentes que los femeninos -Julieta no fue totalmente de mi agrado-. No diré que es la obra maestra del manchego, como algunos afirman, pero, hasta donde yo he visto, sí creo que es la mejor interpretación de Antonio Banderas y eso consigue que la película suba unos cuantos enteros. Así que, si eres fan de Almodóvar, esta película te gustará, y si no, creo que bien merece una oportunidad porque la cinta respira emoción, nostalgia y sinceridad, más allá de lo que sea ficción o no.


Tráiler:





















miércoles, 12 de junio de 2019

OLA DE CRÍMENES (COMEDIA - 2018)

Año: 2018

Nacionalidad: Española.

Director: Gracia Querejeta.

Reparto: Maribel Verdú, Juana Acosta, Paula Echevarría, Antonio Resines, Asier Rikarte, Miguel Bernardeu, Raúl Peña, Nora Navas, Teresa Lozano, Montse Pla, Roberto Bonacini, Luis Tosar, Javier Perdiguero, Mikel Tello, Jon Bermúdez, Ignacio Herráez, Francisca Horcajo, Jazmín Abuín, Javier Cámara, Txema Blasco.

Género: Comedia

Sinopsis: El hijo adolescente de Leyre, un ama de casa acomodadamente divorciada, mata a su padre en un arrebato. Ella decide hacer lo imposible por ocultarlo, desatando a su pesar una caótica ola de crímenes en la ciudad de Bilbao. Mientras, la nueva esposa del difunto y su implacable abogada tratan de ocultar la jugosa trama de corrupción en la que se movían. Pero no habían contado con la perseverancia de la pareja de inspectores de la Ertzaintza encargados del caso.

[Fuente: Filmaffinity]



Me sorprende lo poco que me sonaba esta película y más teniendo en cuenta que Mediaset está detrás y ya sabemos lo que eso significa, campañas de publicidad bastante invasivas pero sinceramente no recuerdo ningún anuncio. Aunque, por otra parte, esa falta de información también puede venir a demostrar que veo poca televisión y mucho menos, Tele 5. Sin embargo, me resisto mucho menos a las plataformas donde elijo lo que quiero y cuando quiero y fue así, mirando en Movistar+, como me topé con Ola de crímenes. La verdad es que, a primera vista, no me pareció una cinta española. Al ver la cartelera pensé por un momento que se trataba de una comedia americana, tontorrona e infumable, que solo sirve para tenerla de música de fondo mientras miras el móvil, pero al darle a información me llevé una sorpresa. Comedia española, dirigida por Gracia Querejeta y protagonizada por Maribel Verdú acompañada de un montón de nombres bien conocidos en nuestro cine. 'Venga, vamos a verla', pensé. Y a ello me puse hace unos días.

Ola de crímenes narra la historia de Leyre (Maribel Verdú), una mujer divorciada de Cosme (Luis Tosar) y madre de Asier, un hijo un tanto especial. Cosme está casado actualmente con Vanesa (Paula Echevarría) pero mantiene alguna relación esporádica con Leyre, lo que le viene bien porque ella vive en una suntuosa casa de una zona residencial, no tiene trabajo y la pensión que le pasa Cosme es escasa para mantener su nivel de vida. Así que, entre revolcón y revolcón, pueden caer un par de zapatos bonitos o el abono de alguna factura. Sin embargo, todo se complica cuando su ex marido se aburre de ese plan extramarital, opta por romper definitivamente con ella y vender la casa en la que Leyre vive con su hijo, al que por cierto su padre no soporta. La decisión acaba con el asesinato de Cosme en manos de Asier y a partir de ahí se inicia una particular bajada a los infiernos.

Leyre intentará encubrir a su hijo en todo momento, buscando la manera de salir del entuerto y endosarle el muerto a otro, nunca mejor dicho. A todo ello hay que sumarle que Cosme no era trigo limpio sino un promotor inmobiliario con negocios más negros que el carbón en el que están involucrados Vanesa y Susana (Juana Acosta), su abogada. La investigación por asesinato puede levantar la liebre y destapar toda una red de desfalco y para que eso no ocurra, es fundamental controlar el móvil de Cosme, dispositivo que está desaparecido desde el momento de la muerte. 

Y por si Leyre no tuviera suficientes problemas, Julen, el único amigo de su hijo, está locamente enamorado de ella, lo que lo complica todo aún más. 

La investigación correrá a cargo del inspector Andoni Galarza (Antonio Resines) y su compañero Juantxu. El primero es un policía a punto de jubilarse que no tiene más vida que el trabajo y cuidar de un padre enfermo y muy anciano. Divorciado, sin dinero y con una vida gris, la tentación llamará a su puerta. El segundo es un policía de la nueva escuela, fiel a los principios de su profesión pero poco dado al protocolo.

Pues bien, si mezclamos todo esto en una coctelera nos sale un largometraje que nos habla de los celos, la venganza, el amor por los hijos, la corrupción y el sexo. Una cinta que intenta pasar por comedia pero que difícilmente arranca una ligera sonrisa. Más allá de alguna escena algo simpática y de la histriónica interpretación de Maribel Verdú, no hay mucho que se pueda salvar en esta película. Es más, hay algunas partes que me sobran como la recreación de la mente calenturienta de Julen o las escenas de cama con Leye. Tengo la impresión que Ola de crímenes aspiraba a más de lo que al final ha conseguido porque no convence en ningún momento y el único punto fuerte de la cinta es su reparto.  

Los papeles principales están interpretados por nombres más que conocidos y que poseen bastante solvencia, algunos más que otros. Paula Echevarría no termina de encajar en un papel que no resulta convincente. Maribel Verdú está bastante correcta. Sobre ella se sustenta prácticamente toda la película mostrando una actitud de nerviosismo y torpeza extrema. Frente a ella, y en esta ocasión, me quedo con el trabajo de Juana Acosta. Su personaje pisa con fuerza, se mueve con soltura y le otorga mucha vivacidad a su texto. Ahora bien, tengo que decirlo porque si no reviento. Los tres personajes representan a tres mujeres con carácter pero se ve que para ello, es necesario estar todo el día subidas a unos vertiginosos zapatos de tacón de aguja y mostrar un escote generoso al que asoman senos voluptuosos. Me ha resultado llamativo que las tres compartan tales características como si solo por ello una se convirtiera en femme fatale, cuando resulta que, para hacer lo que estas mujeres hacen, hay que echar mano de la inteligencia y la astucia y no es necesario recurrir a los 18 cm de tacón ni a un balconette. Lo que digo, se percibe incluso desde la cartelería.

Pero sigamos con el reparto. A los nombres femeninos se unen otros tantos masculinos. Raúl Arévalo interpreta a un taxista implicado en un asunto del que él no sabe nada y al que todo le coge por sorpresa. Me gusta mucho este actor en sus papeles cómicos. Tengo la sensación de que un actor, para sentirse verdaderamente como tal, cree necesario interpretar papeles dramáticos pero a mí no me lo parece. Si pienso en los trabajos de Arévalo, me vienen a la mente con más potencia aquellos en los que ha sacado su vis más cómica. 

En paralelo tenemos a Antonio Resines en su papel de Andoni, un ertzaintza que no pasa un buen momento y que aportará la parte más dramática de la película. A él le pasa justo lo contrario que a Arévalo, que en esta ocasión su papel se envuelve de una seriedad tremenda. Su interpretación es tan correcta como la de Verdú.

Por otra parte, tenemos unos cuantos cameos. Luis Tosar ostenta un papel diminuto, una lástima porque es un grandísimo actor. Y lo mismo le ocurre a Javier Cámara, el responsable de que podamos lanzar alguna que otra sonrisa en el visionado.

En cuanto a la estructura, la historia comienza cuando el crimen y todos los acontecimientos posteriores han tenido lugar. Leyre quiere confesar sus crímenes y para ello acude a una iglesia para retroceder en el tiempo una vez está dentro del confesionario, con alguna vuelta al presente justo a mediados de la película, toda la historia está narrada en flashback.

En definitiva, Ola de crímenes es un largometraje que se deja ver (simplemente). Funciona muy bien para un viernes o un sábado por la noche cuando el resto de la programación resulta aún más infumable. Es una película que entretiene sin más, con buenos actores y unas interpretaciones que bueno, tampoco van a dejar un gran recuerdo. Poco más puedo deciros de esta cinta que se ve tan rápido como se olvida.






Tráiler:

Puedes adquirirla aquí:

                                    


miércoles, 19 de agosto de 2015

FELICES 140 (DRAMA - 2015).

 

Año: 2015

Nacionalidad: Española.

Director: Gracia Querejeta

Reparto: Maribel Verdú, Antonio de la Torre, Eduard Fernández, Marian Álvarez, Nora Navas, Alex O'Dogherty, Ginés García Millán, Paula Cancio, Marcos Ruiz.

Género: Drama.

Sinopsis: Elia cumple 40 años y, para celebrarlo, reúne en una lujosa casa rural a amigos y familiares. Tiene que decirles algo muy importante: es la ganadora del bote de 140 millones que el Euromillón sorteaba esa semana. A partir de ese momento el ambiente empieza a enrarecerse, y lo que al principio parecía alegría compartida da paso enseguida a toda clase de argucias para intentar quedarse con el dinero de la afortunada.

[Información facilitada por Filmaffinity]


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Todos los años sueño que me toca la lotería de Navidad. No un tercer, cuarto o quinto premio, no, no, yo voy a por los premios grandes, a por el gordo. Y cada año hago mis cábalas, y pienso en qué me gastaría ese dineral que la diosa Fortuna ha tenido a bien enviarme. Lo primero, pagaría mi hipoteca que me supone un lastre mensual, quizás me compraría un coche nuevo aunque no es algo que me atraiga especialmente, viajaría a todos esos lugares que hoy no me puedo permitir, renovaría por completo mi casa actual en la que me siento bien,... y ayudaría a los míos, a todos por igual. Creo que lo que más ilusión me haría sería comunicárselo a mi familia, ver sus caras de inmensa alegría al decirles que «¡¡nos ha tocado la lotería!!» y sentir cómo respiran un poco más aliviados al dejar atrás la losa de sus deudas. Obviamente, cada año el sueño se torna en frustración cuando a eso de las 14 horas del 22 de diciembre, no aparezco en televisión saltando de alegría con una botella de champán en la mano. Y entonces llegan los falsos consuelos: «El dinero no da la felicidad» (pero digo yo que algo ayudará, ¿no?), «Los millonarios de otros años han terminado sin un duro y con más deudas que antes» (bueno, pero alguno habrá que haya sabido invertir bien y tenga la vida resuelta para siempre, ¿no?), «El dinero termina por deshumanizar al individuo» (¿en serio? pero si ya hay mucho deshumanizado que no tiene donde caerse muerto). Y es que dicen que el dinero solo trae disgustos, que las familias se rompen, que uno pierde los papeles y que al final, hasta te arrepientes de que te haya tocado la lotería. No es un argumento que me convenza pero desde luego, a los personajes de esta película el dinero les ha sentado muy mal. 

La vida de Elia ha cambiado radicalmente tras resultar ganadora de un premio de 140 millones de euros en el Euromillones. Nadie lo sabe. De hecho los medios de comunicación están buscando al agraciado. Aprovechando que va a cumplir 40 años, decide celebrar ambas noticias en compañía de los que más quiere. Para ello, organizará un fin de semana en una casa rural, en un paraje aislado y recóndito donde, a gastos pagados, llegarán su hermana Cati, casada con Juan y madre de Bruno y sus amigos Polo, Mario, Martina y Ramón. A la fiesta llega una invitada que ella no esperaba, Claudia, la nueva novia de Mario.

Todos están muy sorprendidos por el excesivo derroche de Elia al organizar una fin de semana así, tan solo por cumplir 40 años pero también están contentos. Son amigos desde que eran pequeños y hace más de un año que no se veían. Para ponerse un poco al día, dedicen contarse en la cena de la primera noche qué es lo mejor que les ha pasado a cada uno. Entre tensiones livianas y tiranteces camufladas de halagos esto es lo que cuenta cada uno:

- Juan (Antonio de la Torre), el cuñado de Elia y abogado de profesión cuenta que ha ganado un juicio de los complicados, de esos que ni por asomo pensabas que te iba a salir bien, algo que le ha supuesto mucho prestigio en el bufete en el que trabaja pero no lo suficiente como para que lo nombren socio.

- Polo (Alex O'Dogherty) es millonario. Procedente de familia pobre, llegó al dinero y al éxito de la manera más tonta y ahora ha pegado el pelotazo de su vida al hacer negocios con un chino.

Ramón (Eduard Fernández) y Martina (Nora Navas) están casados y regentan un restaurante familiar. El negocio les va a las mil maravillas y encima su felicidad se ve engrandecida por la llegada de su primer hijo. Todos reciben la noticia del embarazo de Martina con gran entusiasmo.

- Mario (Ginés García Millán) y Claudia (Paula Cancio) son pareja. Ella es una actriz argentina con un gran futuro por delante mientras que Mario es un magnífico pianista. La vida les sonríe y han decidido sellar su amor con el matrimonio.

- Bruno (Marcos Ruiz) recuerda con entusiamo el viaje que hizo con su tía Elia a un parque temático. Adora a su tía no solo por eso sino porque para él, ella es perfecta. 

- Cati (Marián Álvarez) no aporta nada a la reunión. En su lugar, se levanta de la mesa con ofuscación dejando tras de sí un aliento de incomodidad.

- Pero llega el el turno de Elia, el momento de comunicar a los demás que le ha tocado 140 millones de euros. Al principio ninguno da crédito pero al final tienen que rendirse a la evidencia.  



La noticia provoca un aluvión de acontecimientos. Los 140 millones darán lugar a que se descorra el telón del teatrillo que hasta ahora habían ejecutado estos amigos, dando paso a las bambalinas, donde veremos la verdadera identidad de cada uno de los personajes. Todo lo que han dejado ver de sí mismos hasta este momento es una burda mentira que intentarán enmendar movidos por la nueva situación de Elia. Cada uno de ellos tiene algo que ocultar, una verdad muy distinta a la que han contado y la situación se complicará aún más cuando ocurra el hecho de extrema gravedad que dejará ver la miseria que esconden todos ellos y que pondrá en tela de juicio el valor de la amistad.


En el primer tercio del largometraje, mientras toda la acción se va desarrollando, se intercalan escenas individuales de cada uno de los personajes. Parece otro momento futuro al presente de la película en el que cuentan cómo les ha cambiado la vida al haber sido agraciados con tanto dinero. En un principio, es posible que no comprendamos dónde encajar todas esas escenas pero es algo que se aclara en el desenlace.


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