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miércoles, 31 de julio de 2019

DOLOR Y GLORIA (DRAMA - 2019)

Año: 2019

Nacionalidad: España.

Director: Pedro Almodóvar.

Reparto: Antonio Banderas, Asier Etxeandia, Penélope Cruz, Leonardo Sbaraglia, Julieta Serrano, Nora Navas, Asier Flores, César Vicente, Raúl Arévalo, Neus Alborch, Cecilia Roth, Pedro Casablanc, Susi Sánchez, Eva Martín, Julián López, Rosalía, Francisca Horcajo.

Género: Drama.

Sinopsis: Narra una serie de reencuentros en la vida de Salvador Mallo, un director de cine en su ocaso. Algunos de ellos físicos, y otros recordados, como su infancia en los años 60, cuando emigró con sus padres a Paterna, un pueblo de Valencia, en busca de prosperidad, así como el primer deseo, su primer amor adulto ya en el Madrid de los 80, el dolor de la ruptura de este amor cuando todavía estaba vivo y palpitante, la escritura como única terapia para olvidar lo inolvidable, el temprano descubrimiento del cine, y el vacío, el inconmensurable vacío ante la imposibilidad de seguir rodando. Dolor y Gloria habla de la creación, de la dificultad de separarla de la propia vida y de las pasiones que le dan sentido y esperanza. En la recuperación de su pasado, Salvador encuentra la necesidad urgente de volver a escribir. 


[Fuente: Filmaffinity]


Siempre he pensado que no soy fan del cine almodovariano, pero haciendo un repaso a su filmografía, algún que otro título no me ha disgustado excesivamente. Creo que mis reticencias tienen que ver con su tendencia al drama intenso (sus comedias la digiero menos) o con la elección del reparto. Hay nombres que se repiten en sus películas, actores y actrices con los que no comulgo mucho, así que la suma de ambos factores, no generan en mí la imperiosa necesidad de acudir al cine cada vez que estrena trabajo. No obstante, creo que con Dolor y Gloria, un título que me suena a tema bélico -la vida es una batalla en sí misma-, voy a reconciliarme un poco con él, con su trabajo y con sus personajes. ¿Quizá se debe a que hay mucho de sí mismo en esta historia? Puede ser que, al tocar lo más personal, haya conectado con él o que he visto a un Antonio Banderas, más Almodóvar que el propio Almodóvar.

Para resumir la trama, la película que aporta Filmaffinity es bastante completa. Como bien dice, Salvador es un director de cine en horas bajas. Tuvo mucho éxito con sus películas anteriores pero ahora parece estancado. No es que haya perdido la chispa, es que está maltrecho, herido por fuera y por dentro. Ha llegado a ese punto en el que todos hacemos balance, o deberíamos hacerlo. Creyendo estar acabado, repasa su vida. Los hechos del presente lo arrastran al pasado, a aquellos días de verano junto al río, mientras su madre lavaba la ropa con las vecinas, a su paso por el seminario, a su traslado a Madrid, a los amores, al cine, a la noche madrileña,... Se le acumulan los recuerdos, al tiempo que se reencuentra en el presente con Alberto, el actor que interpretó el papel protagonista en la película Sabor, un largometraje reeditado y que ahora quieren volver a proyectar al considerarla un clásico. Salvador y Alberto no acabaron bien pero con el reestreno de la película, liman asperezas.

El pasado llamará también a la puerta de Salvador a través de un antiguo amor que surge casi de la nada para recordarle que se puede amar intensamente y que las drogas lo destrozan todo. Pero Salvador no solo está herido en el alma. También su cuerpo se resiente. Tiene mil dolencias, terribles dolores que lo incapacitan para hacer lo que más ama, escribir y rodar. La medicación ya no es suficiente y acudirá a la heroína. ¿No quedamos en que las drogas son malas compañeras? Pero será precisamente ese pasado, y el recuerdo de un día en el pueblo, el que le de la fuerza suficiente para reencontrarse a sí mismo.

Dolor y Gloria tiene un claro componente nostálgico que Antonio Banderas sabe explotar en el papel de Salvador Mallo. El malagueño nunca estuvo entre mis actores predilectos pero su papel de hombre atormentado me ha atrapado. No me extraña su premio en Cannes. A lo largo de toda la cinta muestra esa pesadez del alma, esa desgana por la vida que afecta a los que ya se creen vencidos, a los que piensan que ya nada será igual, que ya vivieron su momento de gloria y que ahora solo queda el dolor. ¿Y el amor, qué? Será Mallo el que soporte el peso total de la cinta, apoyado a ratos por el papel de Jacinta, la que fue su madre (Penélope Cruz -la madre joven- y Julieta Serrano -la madre vieja-), con la que mantuvo aquella relación tan especial, en la que existían silencios que jamás fueron pronunciados.

Si Banderas me ha convencido -como dijo más arriba me ha parecido más Almodóvar que el propio cineasta-, con Cruz no termino de hacer las paces. No digo que su interpretación sea mala pero ha recordado a otros papeles ya vistos, a otras mujeres de pueblo o de barrio humilde a las que dio cuerpo, acento y copla. He sentido como si la estuviera viendo en otra cinta. Los actores y actrices deben ser camaleónicos, tener la capacidad de camuflarse y a mí Cruz me ha parecido la misma de otras veces.

Asier Etxeandia como Alberto es una buena réplica para Banderas. Su interpretación es creíble en el papel de actor del que ya nadie se acuerda y necesita renacer.  Entre ambos se generan los mejores momentos de tensión que le dan un punto álgido a la historia. 

Y luego está Sbaraglia que hará el papel de Federico, aquel amor de Salvador durante la movida madrileña. Aquel niño que se hundía, consumido por las drogas, mientras el otro era encumbrado a la gloria. Lástima que la escena conjunta de ambos sea tan breve. La química, la magia que surge en ese cruce de miradas, en esos silencios, en esas palabras que no pronuncio con los labios pero te las digo con los ojos, es tan potente que dejé de respirar. Por un momento me hubiera gustado un giro, una nueva oportunidad para Salvador, que la necesitaba a gritos.

La película cuenta con algunos cameos. Debes ser muy rápido si quieres cazar a Agustín Almodóvar. Me ha encantado volver a ver a Cecilia Roth, a pesar de haber perdido frescura y naturalidad en el rostro tras algún retoque. Raúl Arévalo, está poco explotado. 

Narrada con muchos saltos en el tiempo -creo que quiere contar mucho en poco tiempo-, siento que el guion no profundiza demasiado en la vida de Mallo. Pasa de puntillas por los tres pilares de su vida, la relación con su madre, el descubrimiento de su identidad sexual, el amor de adulto que lo dejó marcado,... todo ello acompañado de su carrera cinematográfica de la que apenas se dan tres pinceladas. Por otra parte, me ha gustado la dirección, la estética psicodélica de algún pasaje, los decorados que tan bien encajan con el personaje y la caracterización de Salvador. Muy acertado el trabajo de peluquería y vestuario. 

Dolor y Gloria me ha gustado. Sí, debo confesarlo. Como en su día me gustó La mala educación o La ley del deseo. Visto lo cual, parece que sus personajes dramáticos masculinos me resultan más convincentes que los femeninos -Julieta no fue totalmente de mi agrado-. No diré que es la obra maestra del manchego, como algunos afirman, pero, hasta donde yo he visto, sí creo que es la mejor interpretación de Antonio Banderas y eso consigue que la película suba unos cuantos enteros. Así que, si eres fan de Almodóvar, esta película te gustará, y si no, creo que bien merece una oportunidad porque la cinta respira emoción, nostalgia y sinceridad, más allá de lo que sea ficción o no.


Tráiler:





















miércoles, 19 de octubre de 2016

ALTAMIRA (DRAMA - 2016)


Año: 2016

Nacionalidad: España

Director: Hugh Hudson.

Reparto: Antonio Banderas, Allegra Allen, Ruper Everett, Golshifteh Farahani, Pierre Niney, Nicholas Farrell, Henry Goodman, Irene Escolar, Clément Siboniy, Tristán Ulloa.

Género: Drama.

Sinopsis: En 1879, un arqueólogo amateur, Marcelino Sanz de Sautuola y su hija de 8 años, María, descubrieron en Cantabria una de las obras prehistóricas más importantes de la Historia: las pinturas de Altamira. Lejos de proporcionarle honor y gloria, su deslumbrante contribución a la historia le enfrentó sin embargo con la Iglesia católica, y también con la indiferencia y el escarnio de la comunidad científica de la época. A pesar de sus esfuerzos por demostrar la veracidad del descubrimiento.


[Información facilitada por Filmaffinity]


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Sin duda Altamira es uno de los hallazgos más importantes de nuestro país. El descubrimiento de aquellas cuevas y las pinturas de su interior supusieron un importante hito en la Historia del hombre y estoy convencida que muchos os habréis acercado hasta Cantabria para visitarla. En la actualidad, la visita está  muy restringida pues se pretende preservar la pinturas lo máximo posible. Si aún no conoces el lugar y te apetece ver lo que pintaban nuestros antepasados solo tienes que visitar esta web donde hallarás toda la información.

¿Quién descubrió aquella cueva? ¿Quién se esconde tras aquel hallazgo? Desde siempre he oído que fue una niña la que jugando en el interior de una cueva se fijó en el techo y descubrió las pinturas pero nunca me había parado a conocer más, a averiguar por qué aquella niña estaba jugando en un sitio tan extraño. Pues bien, Altamira ha desvelado mis dudas aunque por lo que he podido leer el largometraje tiene sus más y sus menos.

Altamira narra la historia de Marcelino Sanz de Sautuola, su familia y el descubrimiento de las cuevas de Altamira. Marcelino, un hombre pudiente, era un apasionado de la arqueología, ávido siempre por saber más sobre la prehistoria y el origen del ser humano, más tendente a la ciencia que a la fe. Por ello asistía a todo tipo de conferencias en las que se explicarán las últimas teorías antropológicas y se avanzaran los últimos estudios realizados por eminentes miembros de la comunidad científica. Es así como, según la película, asiste a la Exposición Universal de París en 1878 donde el insigne profesor Èmile Cartailhac maravillará a la concurrencia hablando de Darwin y la evolución. 

La pasión del padre será fácilmente transmisible a la hija, María Justina, de ocho años de edad. La pequeña, a la que le encanta oír a su padre hablar de la época de la glaciación y el paleolítico, absorberá como una esponja los conocimientos de su progenitor. Juntos emprenden paseos por los parajes cántabros a la búsqueda de fósiles y es así como, tras el aviso de un aparcero, encuentran la cueva y poco más tarde será María que, adentrándose en los confines de la misma, descubrirá las pinturas rupestres.  Sin embargo, el descubrimiento, un hallazgo único para la historia de la humanidad, le traerá más complicaciones que halagos pero no os doy más detalles. Mucho mejor que, si os apetece y os interesa el tema, hagáis lo posible por ver esta película y conocer esta versión cinematográfica de los hechos.

Tanto en la historia como en la película se pasa muy de puntillas sobre el verdadero descubridor de la cueva y hablo de la cueva no de las pinturas. Si no hubiera sido por el aparcero, Modesto Cubillas que se llamaba el buen hombre, posiblemente las pinturas jamás se hubieran descubierto. Da que pensar que este hecho sea así porque Modesto no era más que un pobre hombre mientras que Sautuola pertenecía a una familia de posibles. 

La película nos describe a Marcelino Sanz de Sautuola como un hombre afable, curioso, intrigado por nuestro pasado y respetuoso con la naturaleza. Vivía la ciencia con tanta pasión que a todo el mundo cuenta sus teorías, siendo su hija la más ferviente admiradora. Sin embargo, entre sus vecinos también se granjeará algún enemigo que refutan sus teorías, al margen de que la Iglesia, como no, también tenía que meter baza.

A Marcelino le da vida Antonio Banderas, un actor al que no le encuentro el punto. No me entusiasma su trabajo aunque reconozco que si su trayectoria es tan fructífera por algo será. Sin embargo, salvo en contadas ocasiones, a mí sus interpretaciones no me terminan de gustar. En esta película me parece un tanto impostado, poniendo tanto entusiasmo en sus palabras que, para mi gusto, roza un poco lo forzado. 


Por su parte, la otra gran protagonista, María será una niña un tanto marisabidilla y respondona, que no se achica ante la presencia de adultos, ni siquiera cuando se trata de un miembro de la iglesia o un desconocido. Desde su inocencia no le costará decir la verdad, una verdad que a los mayores les cuesta reconocer y que tratan de evitar mirando hacia otro lado. El papel de María lo interpreta Allegra Allen. Por ahí he leído que la niña lo hace realmente mal pero a mí no me lo parece. No deja de ser una niña, algo caprichosa y consentida por su padre y en ese sentido la veo bien. 

En cuanto a Conchita, la esposa de Marcelino, habría que decir que es el personaje que más lucha interior tiene. Ella se ve dividida entre el amor por su marido y su fe. Fiel creyente y adepta a los principios de la Iglesia, será considerada unas mecenas financiando la restauración de antiguos frescos. A ello se le une que vive afligida por la reciente muerte de dos de sus hijos a los que acostumbra a visitar en el aniversario de su fallecimiento, acto al que acude la familia en total recogimiento pero más como un puro trámite por parte del marido y de la hija que por devoción. 

Su papel vendrá interpretado por Golshifteh Farahani, una actriz de origen iraní cuya fisonomía no me encaja en el perfil de una mujer cántabra. Sin duda es una mujer muy bella pero se le nota mucho que no tiene rasgos españoles y eso chirría un poco, sin que pretenda ofender a nadie, ojo.

Y hablando del papel de Conchita se hace necesario hacer hincapié en la férrea confrontación entre ciencia y religión que muestra la película. Como digo, en el propio seno familiar se respira esa dualidad pues Marcelino, a pesar de asistir a misa y cumplir con diversos rituales religiosos tiene más fe en la ciencia que en la religión. Su mujer será todo lo contrario, siempre apegada a las faldas de los religiosos, solicitando ayuda espiritual y guía en una situación familiar que se le escapa de las manos. En dicha dualidad se fundamente prácticamente toda la película, tanto es así que las escenas introductorias mostrarán alternativamente secuencias de una conferencia del eminente científico Cartailhac en la que se apela al origen de la evolución y las teorías de Darwin frente al sermón de un cura que clama al cielo la herejía que se produce al dejar a Dios de lado en la creación del hombre. 

Sin duda, y hablando de Cantabria, no se puede obviar lo que es evidente, la belleza de su paisaje. La luz de las secuencias, los parajes del norte, los montes verdes, los acantilados y ese mar bravío es una delicia para los ojos. Al margen de los lugares y pueblos que aparecen como la Colegiata de Santillana del Mar. Y bella es también la ambientación que está realmente conseguida, vigilando cada detalle ya sea en el atrezo como en el vestuario, maquillaje o mobiliario. 

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