viernes, 17 de abril de 2020

EL BALCÓN EN INVIERNO de Luis Landero

Editorial: Tusquets Editores
Fecha publicación: septiembre, 2014
Precio: 17,00 € 
Género: Narrativa
Nº Páginas: 248
Encuadernación: Rústica con solapas
ISBN: 9788483839294
[Disponible en eBook y en bolsillo]
Autor

Luis Landero nació en Alburquerque (Badajoz) en 1948. Licenciado en filología hispánica por la Universidad Complutense, ha enseñado literatura en la Escuela de Arte Dramático de Madrid y fue profesor invitado en la Universidad de Yale (Estados Unidos). Se dio a conocer con Juegos de la edad tardía en 1989 (Premio de la Crítica y Premio Nacional de Narrativa 1990), novela a la que siguieron Caballeros de fortuna (1994), El mágico aprendiz (1998), El guitarrista (2002), Hoy, Júpiter (2007, XV Premio Arcebispo Juan de San Clemente), Retrato de un hombre inmaduro (2010) y Absolución (2012), elegida como la mejor novela española del año por los críticos de El País. Traducido a varias lenguas, Landero es ya uno de los nombres esenciales de la narrativa española. Ha escrito además un inspirado ensayo literario, Entre líneas: el cuento o la vida (2000), y ha agrupado sus piezas cortas en ¿Cómo le corto el pelo, caballero? (2004).

Sinopsis

Este libro es la narración emocionante de una infancia en una familia de labradores en Alburquerque (Extremadura), y una adolescencia en el madrileño barrio de la Prosperidad. Es también el relato -sincero, humorístico, siempre bellísimo- de por qué oscuros designios del azar un chico de una familia donde apenas había un libro logra encontrarse con la literatura y ser escritor. Y de sus vicisitudes laborales en comercios, talleres y oficinas, mientras estudiaba en academias nocturnas, empeñado en ser un hombre de provecho, tal como le prometió a su padre, pero dispuesto a tirarlo todo por la borda y vivir como artista de la guitarra. Y en ese universo familiar de los descendientes de hojalateros, entre la sombra ominosa del padre exigente y el apoyo de una madre comprensiva, entre los cuentos orales de la abuela Francisca y los ingeniosos proyectos del primo Paco, surge un divertidísimo caudal de historias y anécdotas en el que se reconoce nuestro pasado reciente. 


[Información tomada directamente del ejemplar]



Qué importancia han cobrado los balcones en estos días. Parece mentira que esos reductos, a los que, por lo general, hemos prestado poca atención, se hayan convertido ahora en espacios de libertad, en lugares donde respirar y reencontrarnos con el prójimo, en una burda imitación de la vida social. Que el título de esta novela incluyera el término "balcón", que además viniera precedida de tantas buenas críticas profesionales y recomendaciones, y que, encima, se la hubiera sustraído (por no emplear otro término) a un amigo de su biblioteca hace unos años, fueron alicientes más que suficientes para abordar, por fin, esta lectura.

El balcón en invierno tiene una importante carga autobiográfica.  Usando como hilo conductor una conversación que el autor mantuvo con su madre una noche de verano de 1964, Landero va intercalando sus respuestas a las diversas preguntas del hijo, componiendo un telar de recuerdos y anécdotas del autor. 

Dice Luis Landero en la entrevista que concedió en Página Dos, que esta novela surgió por el hastío. Cansado de tejer historias de ficción, de fabular, de inventar, opta por el camino de la realidad para permitir al lector asomarse a su infancia y adolescencia, compartir con nosotros momentos seleccionados de su intimidad. En realidad, es así como comienza la novela, con una profunda reflexión sobre el proceso creativo, la escritura y la profesión de escritor. Una línea, "Ayer comencé a escribir mi nueva novela", da pie a un terrible desencuentro entre escritor y escritura, cuando la narración no fluye, cuando no hay sintonía entre ejecutor y ejecución. Y es que la profesión, cargada siempre de un halo bucólico y mágico,  no siempre resulta tentadora:
"Y por otro lado, de pronto, se me representó con total y desolada nitidez lo que habrá de ser mi vida en los próximos años. Dos, tres, cuatro, quizá hasta cinco años, sentado en esta mesa, ante este atril -las cervicales-, rodeado de plumas y lápices, de cuadernos, agendas, cartulinas, folios para sucio, papelitos con notas tomadas al vuelo, latas aplastadas de Mahou, rachas de júbilo y momentos de angustia [...] Eso es todo, ese es el panorama que llevo viendo durante años desde mi puesto de trabajo." [pág. 17-18]

Dicho así resulta la profesión más aburrida del mundo. Pero no debe serlo tanto cuando Landero, que comenzó escribiendo poemillas de amor no correspondido en la adolescencia, no ha dejado de escribir hasta ahora. Algo debe tener esta profesión que lo hace seguir la senda de la pluma, en algún momento se debe producir el milagro, ese que te conduce al éxito cuando sabes qué tecla pulsar. Si la historia de un mustio jubilado no satisface, proveemos a entregarnos al lector, a componer una obra llena de memorias y fragmentos de nuestra propia vida.
"Pero el caso es que comencé a escribir y, la verdad, no hay tarea más gratificante que esta cuando las cosas salen bien, cuando la mente se te llena con la música del lenguaje, y las palabras y las imágenes acuden solícitas al reclamo de la frase y las frases huyen sin tropiezo, una le pasa el testigo a la otra, como los corredores por equipos, o como futbolistas que combinan entre ellos amasando la jugada y madurando la ocasión de gol, dame, toma, suéltala, deja ya de chupar, desmárcate, ofrécete, abriendo a la banda..."  [pág. 23]

Y es ahí cuando surge la novela de verdad, la que tenemos en nuestras manos, oteando el horizonte desde un balcón que divide el exterior del interior, el pasado y el presente. Landero se remonta a aquella noche de verano de 1964 y lo hace desde el mes de septiembre de 2013. Junto a él, y en compañía de su madre, recorreremos su infancia y adolescencia. Para ello nos presentará a su familia, gente de campo pero con capital, que un buen día abandonaron sus raíces extremeñas para mudarse al extrarradio de Madrid, al barrio de la Prosperidad, donde falleció su padre siendo aún muy joven, donde su madre y sus tres hermanas montaron un taller de costura, con una tricotosa que prácticamente era un miembro más de la familia.

De Landero sabremos que era algo pendenciero, mal estudiante, proclive a la invención y a la mentira, que tuvo que arrimar el hombro trabajando como chico para todo de un comercio, como administrativo en una industria láctea, que se dejó embaucar por su primo Paco para convertirse en artista. ¿Y cómo llegó a la escritura? También nos lo contará. Lo curioso es que pasó muchos años antes de que él se lanzara a la lectura voraz, mucho tiempo antes de que comenzara a estar rodeado de libros, pues la gente de campo no solía gastar en papel y tinta.





Buena parte de la familia pasará por estas páginas. Su madre, sus hermanas, su tío Luis, la abuela Francisca, su primo Paco, pero será su padre el que más presencia tenga en el texto, porque esta novela tiene cierto carácter confesional que no solo sirve para quedar en paz con los demás sino con uno mismo. En esta narración es fundamental el retrato que Landero hace de su relación con su padre. Fue un hombre exigente, algo gris, que muy rara vez se permitió el lujo de alguna alegría. El único afán de aquel hombre era hacer de su hijo un hombre de provecho y creo imaginar que convertirse en escritor no era lo que él tenía en mente. Dice Landero que defraudó a su padre. Me pregunto si en esa decepción provocada radica la definición que hace de sí mismo:
"Por lo demás, yo siempre he sido, y esto no parece que tenga ya remedio, un tipo inseguro, que descree de sus cualidades y tiende a pensar que sus éxitos (un notable en la escuela,  una muchacha que lo quiere, un premio literario) son solo un equívoco, y que ya aparecerá alguien que lo desenmascare y lo muestre ante el público como lo que es: un impostor." [pág. 21-22]  

En definitiva, la trama de la novela la define perfectamente bien el propio Landero en el capítulo inicial y final. Pero os dejo solo el fragmento de las primeras páginas para no estropearos la sorpresa del desenlace.

"Porque, si abandonas la novela, me dije, ¿qué haces? Es decir, ¿qué escribes? Porque no sabes vivir sin escribir. No sabes. ¿Algo de tu vida, quizá de cómo la fantasía y el lenguaje fueron arraigando en tu alma hasta que, casi sin darte cuenta, te convertiste en poeta, allá en la adolescencia? Pero eso, ¿será más fuerte y auténtico que la pura ficción?"  [pág. 28]

De El balcón en invierno me quedo con esas conversaciones, casi a media voz -o así me lo imagino-, con su madre, con las anécdotas de la niñez y la juventud, pero también con ese proceso ensayístico al que somete la literatura, recreando no solo lo que un libro puede provocar en el autor, sino en el lector:
"Y entretanto el lector, como los personajes en el seguro de una cueva o de un cerco de estacas, encuentra su refugio en el libro. Esconderte en un libro, en el cálido cubil de las palabras, eso es lo que has hecho tantas veces, como de niño en los desvanes". [pág. 223]

El balcón en invierno es de esos libros para leer con calma, analizando cada frase con absoluta conciencia, porque ni una sola de las palabras ha sido elegida al azar. Seguro que pensáis que me he pasado con tanto fragmento. No acostumbro a incorporar tanta porción de libro pero es que, en este caso, cada reflexión, cada recuerdo, cada emoción está ahí para ser saboreada, paladeada, mientras, esgrimiendo un lápiz en alto, te dedicas a subrayar ese pensamiento profundo que te ha calado hondo, aunque seas lector como yo, al que cualquier trazo sobre la página, por fino que sea, le resulta un sacrilegio.

No sé qué tiene Landero en su forma de escribir. Sus historias podrán gustarte más o menos, pero no me cabe duda que su estilo invita a la evocación de los sentidos. Especialmente enumerativo en esta ocasión, siguiendo un patrón estructural que recrea el vaivén de los recuerdos, El balcón en invierno despierta sensaciones dormidas, nos obliga a rescatar nuestros propios recuerdos de la memoria, a repasar nuestra vida que un día comenzó y que, probablemente, se haya decantado por unos caminos que no imaginábamos. 

Me ha gustado El balcón en invierno. Leer esta novela es entender en parte todas las que le precedieron y las que le sucedieron después. Poco más puedo añadir. Siento que no soy capaz de transmitir la belleza de este libro, así que, y os pido perdón por ello, voy a poner fin con un nuevo fragmento, en el que seguro te ves identificado:

"En los libros leídos está la sombra, el rastro de lo que fuimos, los diversos bocetos de nuestro aprendizaje estéticos y de nuestra evolución vital, los vestigios de ciertos afanes que un día nos conmovieron y que luego, tras ser devastados por el tiempo, con los materiales de sus ruinas construimos nuestro modo de ser y de sentir, y lo más valioso y secreto de nuestro bagaje cultural". [pág. 115]

Títulos mencionados en El balcón en invierno:

- El calvario de una obrera o Los mártires del amor de León Montenegro. 
- Las mil mejores poesías de lengua castellana
- Madame Bovary de Gustave Flaubert. 
- Sinuhé, el egipcio de Mika Waltary.
- Qué verde era mi valle de Richard Llewellyn.
- Rimas de Gustavo Adolfo Bécquer.
- Los versos del Capitán de Pablo Neruda.
- Romancero gitano de Federico García Lorca.
- El criterio. Seguido de la Historia de la Filosofía de Balmes.
- El gran Gatsby de Francis Scott Fitzgerald.
- La flecha negra de Robert L. Stevenson.  
...




[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

Puedes adquirirlo aquí:



miércoles, 15 de abril de 2020

LEGADO EN LOS HUESOS (THRILLER - 2019)

Año: 2019

Nacionalidad: España

Director: Fernando González de Molina

Reparto: Marta Etura, Leonardo Sbaraglia, Elvira Mínguez, Imanol Arias, Pedro Casablanc, Carlos Librado, Itziar Aizpuru, Colin McFarlane, Susi Sánchez, Miquel Fernández, Francesc Orella, Benn Northover, Ana Wagener, Patricia López Arnaiz, Manolo Solo, Paco Tous, Arlette Torres, Eduardo Rosa, Mark Schardan, Marta Larralde, Alfredo Villa, Ricard Balada, Elisabeth Bonjour, Ohian Lopetegi, Alfonso Desentre

Género: Thriller

Sinopsis: Ha pasado un año desde que Amaia Salazar resolviera los crímenes que aterrorizaron al valle del Baztán. Embarazada y decidida a dejar atrás lo vivido en Elizondo, la vida de la inspectora se ve de nuevo alterada por un suceso inesperado: el suicidio de varios presos que dejan una única palabra escrita en la pared de sus celdas, "Tarttalo". Los peligros que Amaia creía haber dejado atrás regresan con más fuerza que nunca y la inspectora deberá enfrentarse a este nuevo caso en una vertiginosa investigación amenazada por la presencia de su propia madre. Segunda entrega de la 'Trilogía del Baztán', basada en las novelas de Dolores Redondo.

[Fuente: Filmaffinity]


Sigo sin leer nada de Dolores Redondo. No se trata de un boicot contra la autora. No tengo motivos para ello. Es más bien lo de siempre, el tiempo. En casa no tengo ni un solo volumen de la Trilogía del Baztán (aunque mi marido sí se lo has leído con gusto, a través de los préstamos en biblioteca). Sin embargo, sí tengo Todo esto te daré, con el que ganó el Premio Planeta en 2016. Y siguen llegándome buenas opiniones de sus libros, y yo sigo buscando ese momento para estrenarme con Redondo. ¿Será ahora? No lo sé. Últimamente, por engañar a este hartazgo de encierro y a todas esas preocupaciones que circunvalan mi cabeza, me doy paseos, sí, paseos por mis estanterías, repasando con deleite todos esos libros que me acompañan. Me ayuda a pasar el tiempo, a la vez que voy rescatando lecturas que un día dejé aparcadas. 

Pero hoy no vengo a hablar de libros, sino de películas, aunque tengan mucho que ver las obras firmadas por Redondo. Hoy vengo con la adaptación al cine de la segunda entrega de la Trilogía del Baztán, Legado en los huesos. Debo recordar ahora que, El guardián invisible, no me gustó tanto como había imaginado. En la correspondiente reseña, que puedes leer aquí, señalé puntos positivos, como el énfasis en la mitología del norte de España, con la figura del Basajaun como epicentro, la ambientación fabulosa, con todos esos bosques poblados, la estructura sólida de la trama, etc. Sin embargo, apunté también algunos datos negativos que, a mi juicio, restaron interés a la película. Me refiero al extraño ritual que Amaia Salazar realizaba ante el cadáver de las víctimas, su interpretación, especialmente cuando se comunicaba en inglés con su pareja, la superchería de la tía Engrasi, de la que tampoco me gustó su caracterización, excesivamente artificiosa para ser una mujer de pueblo,... Aún así, me pareció una película entretenida pero, y lo digo basándome únicamente en las opiniones que he leído, muy por debajo de la novela.

¿Y qué tal Legado en los huesos? Pues, de entrada, os diré que un poquito mejor que la anterior entrega, aunque también he tenido que colocar algunos puntos sobre ciertas íes. La película comienza con una escena que transporta al espectador a la Navarra de 1611, época en la que muchas mujeres fueron acusadas de brujería y la Inquisición se cruzaba el país en busca de herejes. Muchos eran los sacrificios que se realizaban, algunos de ellos con hijas recién nacidas y sin bautizar, siguiendo ritos ancestrales en los que la población creía con fe ciega. 

Acto seguido, volvemos a la actualidad y veremos a Amaia Salazar, embarazada, en la sala de un juzgado. Uno de los detenidos en la investigación anterior, Jason Medina, va a ser juzgado, pero el detenido solicita ir al baño y allí se corta las venas. En un bolsillo tiene una carta dirigida a la inspectora Salazar y, en su interior, un papel en el que figura una palabra: Tartallo. Pero este episodio es también introductorio ya que, la verdadera trama comienza cuatro meses después. Amaia ya ha dado a luz a un bebé, un niño al que ha puesto por nombre Ibai, y se acaba de incorporar a su puesto de trabajo. Lo ocurrido con Medina será solo el inicio a una serie de muertes relacionadas, de un modo u otro, con mujeres del valle del Baztán y en las que la palabra Tartallo parece perseguir a la inspectora Salazar. Para ello, se trasladará de nuevo a Elizondo y descubrirá que, un fleco suelto de la investigación anterior está íntimamente relacionado con los nuevos asesinatos. Pero ¿qué es Tartallo? Al parecer se trata de un cíclope sanguinario devorador de cristianos. Las leyendas y la mitología de la zona siguen siendo hilo conductor de las tramas. 

A todo ello hay que unir la profanación de alguna iglesia en las que han aparecido huesos humanos sobre el altar. En un primer momento se pensará que son actos vandálicos esporádicos pero la iglesia, representada por el monseñor Landero y por el padre Sarasola (Imanol Arias), psiquiatra y agregado del Vaticano para la defensa de la Fe, prelado del Opus Dei muy influyente en Roma, no está de acuerdo. Consideran que los atentados son fruto de un odio hacia la Iglesia  y están relacionados con unos rituales realizados antaño por los agotes, un pueblo proscrito del Baztán.

El curso de la investigación conducirá hacia la propia familia de Amaia, hacia su propio pasado, descubriendo un asunto insólito que la ha estado atormentando en sueños desde siempre. Y es que el pasado de Amaia, la relación que mantenía con su padre, su madre, todo lo que ocurrió cuando era una niña y que ya conocimos en la película anterior, seguirá teniendo mucha importancia. Pero, si he de ser sincera, a mí no me convence que nuevamente la vida personal de la inspectora tenga tanta repercusión en los acontecimientos que se producen en el valle. En la primera película me pareció un recurso interesante. En la segunda, ya me resulta excesivo porque esta mujer, más que una familia, tiene una maldición. No me extraña que se haya querido alejar de ella pero, como se suele decir, el pasado siempre vuelve. 

La trama de Legado en los huesos no es del todo independiente a la que se desarrollaba en El guardián invisible. Hasta donde puedo apreciar, estas historias no forman parte de una saga en la que, el único nexo en común es la inspectora Salazar sino que, investigaciones y crímenes del pasado están muy relacionados con los que se producen en la actualidad. ¿Qué consecuencias tiene este hecho en el espectador? Pues que, conviene tener muy fresca en la memoria lo que ocurre en El guardián invisible ya que, de otro modo, se te pueden escapar algunos detalles de esta película. Hasta donde cada uno pueda, recomendaría ver las dos películas, una detrás de otra, o bien, revisionar la primera antes de visionar la segunda.

Y ya me pasó lo mismo con la entrega anterior que tenía una trama sólida e interesante pero con ciertas cuestiones que no veía del todo claras. En esta ocasión, vuelvo a torcer el gesto antes diversas situaciones. A saber, hay un médico que, a estas alturas de la película, y es frase hecha, ya debería saber cuántos hijos tiene la paciente que trata. Porque ya hubo un pequeño problema familiar en la historia anterior y vuelve a repetirse un extraño suceso con un familiar de la paciente. No doy más detalles para no desvelar demasiado pero, a mí parecer, la situación es del todo ilógica. Por otro lado, lanzo una pregunta desde mi ignorancia. Cuando la policía investiga unos restos óseos, pregunta número uno, ¿tiende a compararlos con el ADN de sus funcionarios? Y pregunta número dos, ¿la policía tiene una base de datos con el ADN de sus funcionarios? Porque si la respuesta a ambas preguntas es no, me vais a permitir que me mosquee. Y es que un hecho fundamental de la trama está relacionado con esta cuestión que planteo. Desconozco si esta circunstancia se explica en la novela. Lo que es en la película, no, y eso me hace recelar bastante del pulido del guión que, al igual que en la entrega anterior, ha corrido a cargo de Luiso Berdejo.

En cuanto a los personajes, en esta nueva entrega, la vida de Amaia Salazar ha cambiado. Advertimos una transformación exterior e interior. En esta película, ha cambiado una melena corta y oscura por otra larga y bastante más rubia. Parecerá una tontería, pero un detalle así altera mucho la percepción que tenemos del personaje, y se agradece el cambio de look pues, el cabello oscuro endurecía mucho las facciones dulces de esta actriz de piel tan blanca. 

Pero el cambio más importante que se ha producido en su vida tiene que ver con otra cuestión. Ya dije antes que la película empieza con una inspectora embarazada que, a los pocos minutos de metraje, dará a luz a un hijo. La maternidad era un asunto que ya perseguía a la joven desde la película anterior y ahora, por fin, ha logrado su sueño. Eso implica que vamos a ver al personaje, no solo en su esfera profesional, sino también en la personal, mostrando cómo un ámbito repercute en el otro, cómo su relación de pareja sufre algún desacuerdo. Y es que, el affair entre Amaia y James me parecía buen asunto en El guardián..., pero ahora me resulta algo cansino. No me resulta una relación creíble, no noto sus diálogos naturales -ya comenté en la reseña anterior que los notaba artificiosos-, así que me ha aportado poco y cuando salen juntos, desconecto. 

Por otra parte, si en la película anterior la inspectora tenía muy mala relación con la mayor parte de su familia, parece que las aguas han vuelto a su cauce, especialmente con Flora (Elvira Mínguez), a la que la vida también le ha cambiado bastante. Pero no entro en más detalles.

Lo que sí me gustaría puntualizar, porque es de recibo, es mi nueva impresión sobre la tía Engrasi, que ahora me resulta muchísimo más natural que en El guardián... Ya no aparece tan repeinada ni con esas gafas degradadas que le daban un aire siniestro. Ahora sí me parece una mujer de pueblo, sí resulta un personaje más creíble, en cuanto al físico se refiere. Porque, todo el esoterismo y el tarot al que acostumbra me sigue sin convencer.

Y un nuevo caso, implica también la aparición de nuevos personajes. Ya mencioné antes a Imanol Arias, al que le toca vestir sotana. Tanto su personaje como su interpretación cumplen en lo justo. Por otra parte, encontraremos al juez Javier Markina (Leonardo Sbaraglia). No sé muy bien si la elección de un actor argentino, con su acento propio, ha sido lo más indicado para interpretar a un juez en Navarra. Que no digo que no sea factible tal circunstancia pero, salvo que en el libro figure así, que creo que no, me parece algo arriesgado. La relación entre él y Amaia traspasa ligeramente lo estrictamente profesional. Quiero decir que al juez se le ve el plumero, aunque la cosa se queda en nada. Perdonadme si desvelo este punto (tampoco es tan importante como para estropear alguna sorpresa) pero si lo hago es porque quiero entender que esta "relación" tendrá algún efecto en la tercera parte. De otro modo, me parece del todo insustancial. 

En cuanto a lo demás, la dirección, que vuelve a recaer en Fernando González Molina, me parece correcta. La banda sonora, a cargo de Fernando Velázquez igualmente, me gusta más en esta ocasión. La ambientación es tan buena como en la anterior, y permitidme que me cite a mí misma porque aquellas palabras encajan igual de bien en esta película:  "Esos bosques donde el verdor se desdibuja y se vuelve gris por la escasez de luz solar, esos valles brumosos, donde la humedad es casi pegajosa y esa lluvia insistente que empapa hasta el ánimo contribuyen favorablemente al viaje que el espectador realiza a esas tierras". Eso sí, viajar al Baztán es para pensárselo porque allí no ocurre nada bueno. Como dice uno de los personajes en un momento dado: "Este valle está lleno de maldad desde hace siglos"

Voy terminando. Comparando mis impresiones de esta película con las anteriores no acierto muy bien a saber por qué he dicho que este largometraje me ha gustado un poco más que su predecesora. En realidad, me inclino a pensar que todo se reduce a las expectativas. Con El guardián invisible me esperaba una película de buena factura, coherente y sin "desvaríos", pero me encontré algo distinto que no me satisfizo por completo. Así que ahora, me he enfrentado a Legado en los huesos con miras muy inferiores, de ahí que el resultado me haya parecido algo mejor. Para ser justos, el mérito no radica en la película sino en mi actitud. 

En cualquier caso, Legado en los huesos es una película entretenida. La trama es interesante, al menos a mí me lo resulta en lo relativo a la mitología, que ya señalé como punto a favor en la entrega anterior, pero sin dejar de lado esas puntualizaciones que me han chirriado. 

Por cierto, que esta película se ha rodado simultáneamente a Ofrenda a la tormenta. Lo cuentan todo aquí. No sé cuándo se estrenará la tercera y última entrega, pero no creo que tarden mucho si ya está rodada. Eso sí, tendremos que esperar a que el coronavirus nos permita abrir las salas de cine. Y roguemos porque sea pronto.




Tráiler:   

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martes, 14 de abril de 2020

SANTIAGO POSTEGUILLO: 'Si Galeno viviera en estos tiempos sacaría los retrovirales del coronavirus en tres tardes'

A mediados de Marzo, Santiago Posteguillo tenía que haber visitado Sevilla para promocionar su última novela, Y Julia retó a los dioses (Planeta). El encuentro programado con el autor fue suspendido, como ocurrió con otros muchos actos literarios en esas fechas, con motivo de la crisis del coronavirus y la inminente declaración del estado de alarma. La cosa se ponía muy fea. Tanto es así que, el mismo día en el que Posteguillo tenía agenda en Sevilla, la Feria del Libro de Madrid anunciaba su aplazamiento para el mes de octubre. Poco después, sería la Feria del Libro de Sevilla la que comunicara la misma decisión. No nos quedaba otra opción que echar mano del teléfono para hablar de Julia, de Septimio Severo, de Roma y su historia. Y eso hicimos, conversar durante algo más de media hora sobre Y Julia retó a los dioses, la segunda parte de aquella otra novela, Yo, Julia, con la que Santiago Posteguillo ganó el Premio Planeta en 2018.

[Fuente: Web editorial Planeta]
Marisa G.- Santiago, buenas tardes. Muchas gracias por atender mi llamada.

Santiago P.- Gracias a ti. No nos queda otra, dadas las circunstancias.

M.G.- Pues sí. En fin, hablemos de Y Julia retó a los dioses, continuación de Yo, Julia, novela con la que usted ganó el Premio Planeta. Algunos lectores pensaban que esto era una trilogía, pero estamos en el desenlace de la historia, ¿verdad? 

Santiago P.- Exacto. Es una bilogía porque no siempre tengo que hacer lo mismo. Me gusta mucho descolocar a todo el mundo. Escribí una primera trilogía y nadie pensó que pudiera escribir otra, pero lo hice. Nadie pensó que podía poner a una mujer como protagonista, y la he puesto. En realidad, he hecho lo mismo que Robert Graves con la vida de Claudio. Él escribió Yo, Claudio, y posteriormente escribió, Claudio, el dios y su esposa Mesalina. Pues en mi caso, hay un paralelismo con Yo, Julia y Y Julia retó a los dioses. Y con esta última novela cerramos la historia.

M.G.- Pero algo que me preocupa mucho cuando hablamos de sagas, series,... ¿Es necesario haber leído la primera parte para comprender esta segunda novela?

S.P.- No. Se puede leer de manera independiente, sin ningún problema. Esta es una máxima en todas mis novelas. Podrías leer la segunda o la tercera parte de la Trilogía de Trajano o la de Escipión, sin haber leído la primera. En este caso, es lo mismo.

Cuando alguien lee Y Julia retó a los dioses, se va a encontrar a una emperatriz en lo alto del poder, haciendo frente a todas las enormes dificultades que tiene que afrontar para mantenerse en su posición. Si a esa persona le gusta esta novela y se pregunta cómo llegó Julia al poder, entonces podría leer la primera porque ahí se explica perfectamente.

M.G.- En la primera novela nos presenta usted a Julia, una mujer que nace en Siria, por lo tanto es extranjera en Roma, está casada con Septimio Severo, es muy inteligente, acaba de subir a la cúspide del poder pero, mi pregunta es, ¿esta segunda parte comienza justo en el momento en el que acaba Yo, Julia?

S.P.- Sí, justo. Incluso empieza en la misma escena. En la anterior novela, la dejamos en el Circo Máximo, tras haber conseguido el poder. Pero, antes de ese momento, antes de retomar la escena, he querido incluir unos aditamentos. En primer lugar, vamos a ver un cónclave de los dioses y, a continuación, veremos a Galeno, su médico personal, que le diagnostica una terrible enfermedad. A partir de ahí, se producirá un flashback que nos lleva hasta el Circo Máximo para retomar la historia. 






M.G.- Julia tiene que luchar por mantener el poder y el control. Esto fácil no debe ser, e imagino que, mucho menos, siendo mujer. 

S.P.- No, lo tiene doblemente difícil por el hecho de ser mujer en un mundo de hombres. Mientras su marido vivió, ella podía influir en la política a través de Septimio. Y se encuentra con varios problemas. El primero que Septimio, siendo muy buen militar, no es capaz de percibir las traiciones en la corte imperial. Para eso no sirve, mientras que Julia se da cuenta de todo, de todas las traiciones que amenazan a su marido. En segundo lugar, desaparecido su esposo, ella se enfrenta al problema de los hijos. Sus hijos se enfrentarán entre sí y a ella le toca mediar entre ambos. Imagínate a Julia, como madre, viendo a sus hijos enfrentándose a muerte.  

M.G.- De ahí el subtítulo de la novela: "Cuando el enemigo es tu propio hijo... ¿existe la victoria?" Es una pregunta que ella se formula o que usted lanza a los lectores.  

S.P.- A esa pregunta, Julia respondería que sí. Para ella, incluso en esa situación, existe la victoria. Por encima de todo, Julia tiene un objetivo político, que no es otro que mantener el control del imperio.

M.G.- Caracalla y Geta eran sus  hijos. ¿Cómo eran?

S.P.- Crecen en constante competencia. Caracalla tiene que ser prácticamente transformado por su madre, en alguien violento capaz de llevar a cabo sus objetivos. El problema viene cuando Caracalla se transforme en alguien violento que Julia no puede controlar, aunque ella haya influido en esa transformación. Pero se convierte en un monstruo ingobernable. Eso es lo que le pasa a Julia, que no puede manejar el monstruo que ella misma ha promovido.

M.G.- De todos modos, Julia tenia una relación peculiar con sus hijos. Se habla de incesto.

S.P.- Sí, pero emplea el incesto para controlar. Julia utiliza todo lo que tiene a su alcance para mantener ese control. Si para controlar a uno de sus hijos tiene que emplear el sexo, lo hará, sin la menor duda, pero con ese fin, controlar o volver a influir sobre el hijo descontrolado. 

Esta novela es muy brutal. Dice mi editora que es la novela más desgarradora que he escrito nunca porque la historia de Julia es tremenda. De hecho, he añadido ese aditamento de los dioses, que antes te comentaba, porque quería que el final tuviera su parte de justicia poética, que el lector tuviera también su remanso de paz y disfrute. Pero claro, Julia sufre tanto, y sufrirán tanto los lectores con ella que, si el libro hubiera acabado con la muerte de Julia, hubiera sido un final muy anti-climático. He preferido poner un desenlace con tintes épicos que, de un modo, devuelva al lector la paz tras las tensiones vividas. 

M.G.- Precisamente sobre los dioses quería preguntarle. Cuando usted cuenta la vida de Julia, recurre a las fuentes pero claro, al meter mitología, habrá tenido que echar mano de imaginación.

S.P.- Sí, de imaginación pero siempre con la congruencia de que sea una mitología perfectamente acorde al mundo que ellos creían. Además, he querido hacer un guiño homérico, porque los dioses salen retratados con sus viejas rencillas, que arrastran desde la Iliada y la Odisea, desde la Guerra de Troya, con lo cual tiene un toque también irónico que pienso está agradando a muchos lectores. Por ejemplo, ver a un Júpiter hastiado de las continuas broncas de sus dioses, en las que tiene que intervenir; o ver a una Vesta desatada, en plan xenófobo, porque Roma está en manos de lo que ella llama una extranjera; o encontrarse a una Minerva, que intenta ayudar a una Julia porque la diosa siente un interés especial por la familia. Creo que todo esto son escenas que a los lectores les puede resultar muy entretenidas.

M.G.- Pero Santiago, ¿en la novela se retrata a Julia desde el punto de vista político o estratega, o también vamos a verla como persona, como mujer?

S.P.- Se verá también a la mujer. Aunque para ella la política es primordial, también se van a narrar escenas de gran intimidad, y no solo de intimidad forzada por la política. Tras la desaparición de su esposo, en esa búsqueda del hombre fuerte que necesita a su lado, surgirá una historia de amor con uno de los jefes del Pretorio, con Quinto Mecio, y ya te anticipo que algunas lectoras me han pedido el Whataspp de Quinto, y no lo tengo. 

M.G.- (Risas) Bueno, qué lástima. 

S.P.- No tengo forma de contactar con él, lo siento por todas esas lectoras que me han dicho que quieren un Quinto Mecio en sus vidas. Él le muestra a Julia un amor y una lealtad, más allá de toda prueba física y moral. 

M.G.- Pues el año pasado tuve la suerte y la oportunidad de escucharlo en la charla que dio en la Feria del Libro de Tomares que estuvo, por cierto, magnífica y le felicito. Y me llamó la atención muchas cosas que usted comentó. Por ejemplo que, cuando usted acude a las fuentes clásicas, no todas se ponen de acuerdo con respecto a Julia. Hay discrepancias entre unas y otras.





S.P.- Eso es algo muy frecuente entre las fuentes clásicas. Hay incongruencias y contradicciones. En este caso, había que estudiar cada una de las fuentes y evaluar cuál de todas podía ser más veraz, en función de su procedencia, o cuándo haya sido escrito ese texto, etc, etc,... Es un trabajo complejo, pero siempre digo que, en una novela histórica, el trabajo es para el escritor, y el placer ha de ser para el lector. 

M.G.- (Risas) Nosotros disfrutamos, desde luego. Pero tengo otra curiosidad. ¿Hay más mujeres, como Julia, en la Antigua Roma, que están por descubrir?

S.P.- Sin duda. Por eso estoy preparando una serie de televisión, para Movistar+, que se titulará El corazón del imperio, donde mi objetivo es rescatar  a más mujeres injustamente olvidadas de la historia de Roma. 

M.G.- ¿Y Julia será un capítulo?

S.P.- No, necesariamente porque creo que a Julia la hemos rescatado bastante. Así que preferiría dedicarle tiempo a otras mujeres que no son tan conocidas, o que son conocidas desde un punto de vista distorsionado, y estaría bien dedicarles más atención.

M.G.- Perfecto. Leyendo la nota de prensa, hay un personaje que se llama Plauciano, muy amigo del esposo de Julia, pero es un personaje un tanto complicado.

S.P.- Él representa esa traición interna, dentro de la corte imperial, y que Severo no es capaz de ver. No acierta a ver que ese amigo lo único que desea es traicionarlo. Será el primer gran enemigo y antagonista de Julia en esta novela. Pero, al igual que en Yo, Julia, le irán saliendo más antagonistas. La cosa se le va complicando.

M.G.- Galeno vuelve a salir. ¿Qué papel juega realmente en la novela?

S.P.- Pues cobra mucha importancia. Por un lado, Galeno es el médico personal de Julia, que habla de ella desde la admiración, por su gallardía y valentía. Es una emperatriz que, de entrada, se tiene que enfrentar a lo que Galeno le diagnostica en las tres primeras páginas de la novela, un karkinos. Galeno le explicará que eso en griego significa cangrejo, porque tiene un bulto en el seno que se ramifica como las patas de un cangrejo. Le explicará que eso, los romanos lo denominan cáncer, en latín. Galeno ha tratado esta enfermedad en otras ocasiones y sabe lo duro que es. Admirará mucho a Julia por su entereza  a la hora de sobreponerse o luchar contra esta enfermedad. Por otro lado, Galeno trabaja como un auténtico CSI, a las órdenes de la emperatriz, para averiguar esas extrañas muertes que tienen lugar en la corte imperial. Algunos amigos de su marido han muerto y ella no se cree las versiones oficiales, así que Galeno llevará a cabo una investigación para ella. Y, por último, Galeno es ese gran médico que lucha contra un virus mortal, el de la viruela, que se está extendiendo por una parte del sur del imperio. Él conseguirá detenerlo, algo que me parece fascinante. Es muy de admirar cómo Julia y Severo supeditan la autoridad política a las decisiones de la autoridad sanitaria, porque entienden que, en esas circunstancias, el que más sabe es el médico.

M.G.- En los tiempos que estamos viviendo con el coronavirus, nos vendría muy bien un Galeno.

S.P.- Pues sí. Galeno llegó a auto-inmunizarse contra la viruela, lo que pasa es que no supo cómo se había inmunizado, cómo lo había conseguido. Entonces, no tenían los avances en microbiología, ni había laboratorios, ni se podían hacer analíticas. Si Galeno viviera en estos tiempos sacaría los retrovirales del coronavirus en tres tardes.

M.G.- Un genio. Y hablando de otro tema, cuando un escritor escribe novela histórica, no solo tiene que documentarse en los libros sino también recorrer los lugares. Sé que usted incluso ha participado en una ruta con medios de comunicación. ¿En qué escenarios se van a mover los personajes?

S.P.- Sin duda, otra forma de documentarse es, dentro de las posibilidades de cada escritor, desplazarse a los lugares donde transcurre la acción. Yo ya había estado en Austria, o lo que es lo mismo es Panonia Superior, en Carnuntum, donde Severo se proclamará emperador, animado por su esposa. En esta novela, en los inicios, hacen todo un crucero por el Nilo, porque los romanos ya se admiraban mucho de la cultura egipcia. Desembarcan en muchos sitios y pasan muchas cosas relevantes para la novela. Así que, decidí hacer ese mismo crucero por el Nilo, y detenerme en aquellos lugares donde Julia y Severo detuvieron. De este modo, pude cargarme emocionalmente e incluso corregir cosas que leo en las fuentes.

Con la prensa estuvimos en el Muro de Adriano, un lugar emblemático de la novela. A Britania y al Muro de Adriano, Julia llega primero como la esposa del emperador. Luego, tras el fallecimiento de Septimio, regresará y lo hace como madre de los dos co-emperadores. Es un lugar esencial y que supone un punto de inflexión en su vida. Por eso me parecía un sitio interesante para visitar. Eso sí, tuvimos el clima típico del Muro de Adriano, con lluvia, barro, viento, niebla, frío,... El tiempo que yo describo en la novela.

M.G.- Santiago, todos los lectores coincidimos en que, como usted cuenta la Historia, no la cuenta nadie. ¿Cómo consigue hacer tan amena una temática que a muchos se nos atragantó en época de estudios?

S.P.- La clave está en la combinación de elementos. Procuro mantener el rigor histórico, ser fiel a los datos que sabemos que son ciertos, pero luego pienso mucho cómo contarlo todo para un público del siglo XXI, de qué manera narrarlo para que todo sea muy visual, muy cinematográfico, con una narración muy dinámica. Intento contar la historia con mucha acción, cruzando trama central con subtramas, con finales de cada episodio en alto, que cueste abandonar la lectura, que enganchen un capítulo con otro. Como los datos son muy fieles a la historia puedo conseguir mi gran objetivo, es decir, que el lector se entretenga con la lectura y, al mismo tiempo, que tenga la sensación de que ha aprendido Historia con un libro mío. 

M.G.- Me alegro que diga esto porque conozco una sección del público o de los escritores que dicen que, para aprender Historia, hay que acudir a los ensayos o a los libros de texto.

S.P.- No, no. Lo que ocurre es que hay distintos tipos de novela histórica. Todas pueden ser buenas novelas, eso sin duda. Pero, ¿la novela histórica ha de ser didáctica? No, necesariamente. Hay novelas históricas de distinta factura. Hay algunas que promueven la aventura. Pero hay otras, como las que yo y otros autores intentamos hacer, que tienen lo que yo llamo un elevado nivel de historicidad, término que figura en el diccionario de la Academia, pero buscando a la vez, que sea contada de forma entretenida. Tengo un ejemplo. El nombre de la rosa  recrea bien los conflictos religiosos de la época medieval, pero la trama de crímenes es una trama imaginada. Lo que ocurre es que la ambientación y la trama central es histórica, por eso, puedes aprender historia con este tipo de novelas. Si tú lees novelas que tienen tramas y ambientación históricas, ahí si puedes aprender Historia.

M.G.- Y para un profesor de Lengua y Literatura, ¿qué tiene el imperio romano, qué tiene Roma, que le fascina tanto?

S.P.- Roma, desde el punto de vista narrativo, tiene un montón de recursos dramáticos a disposición del novelista. Puedo hablar de traiciones, incestos, violaciones, fieras en el anfiteatro, carreras de cuadrigas, batallas, asedios, legiones que se revelan... Desde un punto de vista narrativo, es un auténtico paraíso, y siempre, con la lucha por el poder como eje. Hay grandes historias, grandes pasiones desatadas y, a todo esto, se le añade el hecho de que escribir sobre Roma atrae mucho a los lectores, porque Roma es nuestro pasado. Por lo histórico y por lo novelesco es una época que se presta bien a una narrativa que busque ser espectacular y entretenida.

M.G.- Lo cual quiere decir que usted va a seguir escribiendo sobre Roma.

S.P.- Amenazo.

M.G.- (Risas)

S.P.- A ver, mientras a la gente le siga gustando, y no llegue a un punto de saturación... No sé, Agatha Christie creo que no dejó de hacer novelas con crímenes y seguían gustando. Evidentemente, Agatha Christie era Agatha Christie y yo, soy yo, pero modestamente, creo que uno puede permanecer en un género mientras exista conexión con el público. E historias para contar sobre Roma, me quedan muchísimas.

M.G.- Pues Santiago, aquí estaremos los lectores para seguir leyendo todas las novelas que usted escriba porque todas son fascinantes. Espero verlo por Sevilla pronto, cuando todo esto pase.

S.P.- Yo también. Esperemos que esto no dure mucho y poder ir a la Feria del Libro de Sevilla, o donde me inviten.

M.G.- Pues muchas gracias por atenderme. Ha sido un placer.

S.P.- Gracias a ti.  


Sinopsis: Mantenerse en lo alto es mucho más difícil que llegar. Julia está en la cúspide de su poder, pero la traición y la división familiar amenazan con echarlo todo a perder. Para colmo de males, el médico Galeno diagnostica que la emperatriz padece lo que él, en griego, llama karkinos, y que los romanos, en latín, denominan cáncer. El enfrentamiento brutal entre sus dos hijos aboca la dinastía de Julia al colapso. En medio del dolor físico y moral que padece la augusta, cualquiera se hubiera rendido. Se acumulan tantos desastres que Julia siente que es como si luchara contra los dioses de Roma. Pero, en medio del caos, una historia de amor más fuerte que la muerte, una pasión capaz de superar pruebas imposibles emerge al rescate de Julia. Nada está perdido. La partida por el control del imperio continúa.

lunes, 13 de abril de 2020

EL SECRETO DE LA CASA DEL RIO de Sarah Lark

El secreto de la casa del río eBook: Lark, Sarah: Amazon.es ...
Editorial: Ediciones B 
Fecha publicación: marzo, 2020
Precio: 21,90 € 
Género: Landscape
Nº Páginas: 496
Encuadernación: Tapa dura con sobrecubierta
ISBN: 9788466667326
[Disponible en eBook; 
puedes empezar a leer aquí]


Autora

Sarah Lark es el seudónimo de una exitosa autora alemana que reside en Almería. Durante muchos años trabajó como guía turística, gracias a lo cual descubrió su amor por Nueva Zelanda, cuyos paisajes asombrosos han ejercido desde siempre una atracción casi mágica sobre ella. Ha escrito diversas sagas, como la Trilogía de la Nube Blanca, la Trilogía de Kauri o la Trilogía del Fuego, de las que ha vendido, en total, más de un millón y medio de ejemplares solo en lengua española. Sus últimas novelas, Bajo cielos lejanos y El año de los delfines, han recibido también el favor del público.

Sinopsis

Solo descubriendo el pasado de su familia podrá encontrarse a sí misma.

Viena, en la actualidad. A causa de la inesperada enfermedad de su prima más querida, Ellinor descubre un secreto familiar oculto hasta entonces por su madre: la abuela materna de Ellinor fue una niña adoptada, por lo que ni ella ni su madre están biológicamente vinculadas a la que hasta entonces ha considerado su familia. En busca de sus orígenes, Ellinor viaja a Dalmacia, donde descubrirá que su bisabuelo, Franzo Zima, desapareció en medio de la noche probablemente rumbo a Nueva Zelanda. Siguiendo su rastro, descubrirá una trágica y emocionante historia de amor y desamor.

Un relato apasionante y envolvente sobre cómo el pasado puede irrumpir con fuerza y cambiar el presente para siempre.

[Información tomada directamente del ejemplar]


Sarah Lark acostumbra a escribir novelas que suelen quedar encuadradas dentro del género landscape. Al margen de que tiene una habilidad pasmosa para escribir y construir historias intrincadas, según confirma ella misma en una de las entrevistas que he podido realizarle (puedes leerla aquí), todas las que publica bajo el nombre de Sarah Lark (es sólo un seudónimo), conducen al lector a lugares exóticos, más concretamente a Nueva Zelanda, un país por el que la autora siente especial predilección. 

Hasta hace unos años, no me consideraba lectora de sus novelas. Sin embargo, en su día leí Hacia los mares de la libertad, primer volumen de la Trilogía del Árbol Kauri, y debo admitir que disfruté de una historia interesante, que me adentró en la cultura maorí, de la que lo desconocía absolutamente todo. No continué con el resto de la serie (A la sombra del árbol Kauri y Las lágrimas de la diosa maorí), más por falta de tiempo que de ganas, pero posteriormente pude leer Bajo cielos lejanos y El año de los delfines. Ambas, me gustaron igualmente así que, me he animado a leer El secreto de la casa del río, su última publicación. Aprovecho este momento para decir que, por circunstancias que ahora no vienen al caso, tengo un ejemplar de la novela en su versión catalana, publicada por Rosa del Vents, que pretendo sortear la semana próxima. Así que, si te gustan las novelas de Sarah Lark y entiendes catalán, te aconsejo estar pendiente de los futuros posts.



Como digo, El secreto de la casa del río vuelve a conducir al lector a Nueva Zelanda, en un viaje que partirá desde Viena (Austria). La protagonista principal es Ellinor Sternberg, una joven de treinta y siete años, casada con Gernot, un artista que no termina de verse reconocido, a pesar de que Maja, su agente, y con la que tuvo una relación en el pasado, hace lo posible por colocar sus obras en el mercado. La enfermedad de Karla, prima de Ellinor, saca a la luz un secreto que la joven desconocía. En realidad, no son familia consanguínea, pues Dana, la abuela de Ellinor, fue una niña acogida. Este descubrimiento despierta la curiosidad de Ellinor por su pasado familiar. Desde el momento en el que descubre la verdad, pretende remontarse en el tiempo y seguir la pista a sus antepasados, para conocer quién es ella en realidad, y de dónde procede. Para ello buscará información en los documentos que la familia tiene guardado en un baúl. Descubrirá que su abuela Dana no forma parte de la familia Parlov, apellido que hipotéticamente correspondía a los ascendientes de Ellinor, sino de la familia Vlâsic. A partir de ahí, la historia familiar la llevará en primer lugar a Dubrovnik y posteriormente a Nueva Zelanda. 

En un viaje que la conducirá a recorrer distintos lugares, irá encontrando pistas que la dirigirán al origen de todo y especialmente a la vida de tres mujeres: Liliana  Vlâsic en Dalmacia (auténtica bisabuela de Ellinor), y Clara Forrester y Alison Dickinson en Nueva Zelanda. ¿Qué tienen estas tres mujeres en común? Pues lo que estas mujeres, procedentes de lugares muy distintos y de muy distintas clases sociales, tienen en común es un hombre: Frano Zima, o Frank Winter, como se hará llamar en algún momento de su vida. ¿Quién es este hombre?, ¿cómo fue su vida?, ¿qué relación mantuvo con las tres mujeres mencionadas? y, lo que es más importante, ¿qué papel juega en la vida de Ellinor? serán preguntas cuyas respuestas el lector irá descubriendo con la lectura. Pero remover el pasado conlleva un peligro, que siempre termina por salpicar el presente. Y esto es lo que le ocurrirá a Ellinor que, no solamente descubrirá cuáles son sus orígenes sino que, además, descubrirá las grandes mentiras de su vida y todo su presente se verá trastocado. Además, el lector, como es habitual en las obras de Lark, asistirá igualmente a una historia de amor, que otorgará ese punto romántico que tienen todas las obras de la autora. 

El secreto de la casa del río no contiene una trama simple. Son muchos los caminos que se entrecruzan a lo largo de una narración que, como siempre ocurre en las novelas de la autora, vuela entre las manos. Las averiguaciones que lleva a cabo Ellinor la obligan a tener entrevistas con personas que, en cierto modo, tuvieron algún tipo de vinculación con los personajes que la joven anda investigando. Ella, al recorrer el camino inverso que anduvieron sus antepasados, se irá topando con otros personajes que aportarán su granito de arena en la investigación. Pero también recurrirá a diarios, a cartas, a un libro publicado, e incluso hay una sección que recuerda mucho a un reportaje periodístico. Así pues, perfectamente se podría decir que la novela se compone de varias historias y que, todas ellas, a nivel individual, podrían componer una novela en sí.

En cuanto a los personajes, son muchos los que asoman a estas páginas. Dado que existen muchos los enredos familiares, -de ahí que comentara al principio de la reseña que esta historia es intrincada-, he necesitado construirme mi propio árbol genealógico para no perderme. Al principio, creí necesario que la propia edición incluyera este recurso, con objeto de que el lector tuviera claro quién era quién y qué relación unía a un personaje con el resto.  Sin embargo, con el avance de la lectura, descubrí que incluir un árbol genealógico en la narración hubiera destruido muchas de las sorpresas que aguardan al lector entre estas páginas.

De la trama que ocurre en el presente, la protagonista indiscutible es Ellinor. Como dije antes, está casa con Gernot. La relación entre ellos no es muy idílica. La pareja lleva mucho tiempo queriendo tener hijos y no lo consiguen. Es fácil empatizar con Ellinor, alentada por la curiosidad de descubrir sus orígenes. Sin embargo, Gernot es bastante insufrible. Es un tipo amargado, que no consigue brillar en el mundo del arte, y bastante desagradable en el trato. En las novelas de Lark, las relaciones de pareja suelen estar bien construidas. La autora acostumbra a asentar desde el principio los pilares de la relación, con el objetivo de que el lector entienda qué clase de unión mantiene la protagonista (generalmente una mujer) con su pareja. Solemos encontrar maridos con convicciones férreas y una personalidad dominante, ante la cual las esposas se muestran sumisas. Los defectos a los que antes no se daba importancia, comienzan a ser insoportables. Las protagonistas suelen ser mujeres aventureras, con sueños y anhelos, frente a sus consortes, bastante más sedentarios, egoístas y aburridos, como es el caso de Gernot, que solamente piensa en sí mismo y en su arte, sin aportar nada a la economía familiar y asfixiando los intereses de Ellinor. 

De la trama que transcurre en el pasado sobresale el personaje de Frano Zima, un hombre persuasivo, seductor, que sabe cómo camelarse a las damas, con palabras bonitas. Lo que se suele llamar un encantador de serpientes. Pero no voy a facilitaros ningún dato más sobre este personaje, ni sobre otros tantos que lo rodean para no destripar la historia. 

Con respecto a los escenarios, Nueva Zelanda sigue siendo enclave principal y protagonista en los libros de Sarah Lark. Si en publicaciones anteriores nos contó buena parte de la historia maorí y su cultura, o nos habló del turismo, con las empresas dedicadas al avistamiento de ballenas y delfines,  en este caso se hace un repaso a la industria del pasado, haciendo hincapié en la fabricación de muebles con madera de árbol kauri o en la recolección de la resina de sus árboles, un material muy valioso y difícil de conseguir, llevada a cabo por los gumdigger, profesión que desempeñará Frano. Ahora bien, en esta novela he echado en falta algo más de lo que suele estar muy presente en las novelas landscape, es decir, todo lo relativo a la orografía, a la fauna, a la flora de lugares tan exóticos como es Nueva Zelanda. Y, por otra parte, también me ha faltado más presencia maorí. Si hay algo que siempre me ha gustado mucho en los libros de Lark que, hasta le fecha, llevo leídos, es la cantidad de información que facilita al lector sobre la cultura maorí. He aprendido mucho en sus libros, y me han despertado tanta curiosidad, que he sentido la necesidad de indagar más por mi propia cuenta. Sin embargo, parece que con El secreto de la casa del río se desvía un poco de su tendencia pasada.

La novela se estructura en varios bloques. Se incluyen referencias temporales para que el lector comprenda en qué momento de la historia estamos. Algunos de esos bloques incluyen transcripciones de diarios que reflejan muy bien el pensamiento de alguna joven adolescente, con múltiples narraciones amorosas que otorgan un tono romántico a la historia. En otra sección encontraremos la transcripción de un libro completo que arrojará luz a la investigación de Ellinor. Y, por último, también tendremos acceso a cartas  del pasado. Para distinguir unas partes de otras, la autora emplea distintos tipos de grafía. 

En resumen, El secreto de la casa del río es una historia compleja, una novela que se podría comparar con las matrioskas, porque dentro de la investigación de Ellinor, hallaremos otras historias más, otros relatos, que unirán a unos personajes con otros. Creo que, hasta la fecha, es la novela más compleja, en cuanto a estructura, de todas las que he leído de Sarah Lark, y debo admitir que, al llegar al desenlace, no va a quedar ningún cabo suelto. Así que, si bien no he encontrado todo lo que me hubiera gustado de la cultura maorí, es justo reconocer que la lectura de esta novela me ha gustado, me ha parecido entretenida, con toques románticos, pero también aventureros e históricos, que consiguen que la trama sea muy completa.

Dicho lo cual, te recuerdo que, si quieres conseguir un ejemplar de esta novela (en catalán) no puedes perderte el sorteo que realizaré la semana próxima. Eso sí, el ganador o ganadora tendrá que esperar a que finalice el confinamiento.  







 

[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

Puedes adquirirlo aquí:





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