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miércoles, 19 de junio de 2024

EL MAESTRO QUE PROMETIÓ EL MAR (DRAMA - 2023)

Año: 2023

Nacionalidad: España

Director: Patricia Font

Reparto: Enric Auquer, Laia Costa, Luisa Gavasa, Ramón Agirre

Género: Drama

Sinopsis: Ariadna (Laia Costa) descubre que su abuelo busca desde hace tiempo los restos de su padre, desaparecido en la Guerra Civil. Decidida a ayudarlo, viaja a Burgos, donde están exhumando una fosa común en la que podría estar enterrado. Durante su estancia allí, conocerá la historia de Antoni Benaiges (Enric Auquer), un joven maestro de Tarragona que antes de la guerra fue profesor de su abuelo. Mediante un innovador método pedagógico Antoni inspiró a sus alumnos y les hizo una promesa: llevarlos a ver el mar.

[Fuente: Filmaffinity]

La cosa va de maestros esta semana y es que, además de la novela de la que os hablé el lunes, La maestra de José Antonio Lucero, no me puedo resistir a traer a este espacio una película preciosa que, como ya dije en la reseña de la novela, sirve de complemento. 

El maestro que prometió el mar me ha parecido una maravilla. Estamos ante la adaptación cinematográfica de la novela homónima de Francesc Escribano que viene a narrarnos la historia de Antoni Benaiges, un maestro de Tarragona que, en el año 1934, fue destinado a Bañuelos de Bureba, una pequeñita localidad burgalesa. Allí se hizo cargo de la escuela, sustituyendo al que, hasta ese momento, había ejercido como maestro, el cura del pueblo.

La película, dirigida por Patricia Font, arranca en el año 2010. En La Pedraja, otra localidad de la zona, tiene lugar una escena descorazonadora. Un grupo de arqueólogos forenses trabajan en una fosa común, desenterrando cuerpos con delicadeza suma. Poco a poco van apareciendo huesos y, junto a ellos, algunos objetos personales que pertenecieron a los allí sepultados, -unas gafas, un peine, un colgante-,  pertenencias a través de las cuales se puede llegar a una identificación.

Mientras, en Barcelona, Ariadna recibe una llamada de teléfono. Al otro lado de la línea alguien que pertenece a una asociación, pregunta por su abuelo. Al parecer, el hombre firmó unos papeles para solicitar la exhumación de una fosa común, y así tratar de localizar a su padre. La nieta no sabe nada del asunto. Le parece muy extraño que no sepan nada de esta historia,  así que trata de averiguar algo preguntando a su abuelo. Sin embargo, el hombre, que parece aquejado de alzhéimer y vive en una residencia, no aporta ninguna luz. La joven siente que tiene una misión que cumplir, averiguar qué le ocurrió al padre de su abuelo. Siente que se lo debe, así que pondrá rumbo a La Pedraja. Allí contactará con Laura, la directora de la excavación. 

En los alrededores de la fosa común se agolpan los vecinos de los municipios cercanos. Buscan a sus familiares entre aquellos huesos. Entre el vecindario, Ari entabla conversación con Emilio, un hombre de Bañuelos de Bureba que le dice que, en esta fosa común, podría estar enterrado otro catalán como ella. Se refiere a Antoni Benaiges, el que fue su maestro de escuela, y el auténtico protagonista de la película. En este punto, la acción retrocede en el tiempo. Nos trasladamos al año 1935, cuando Beinages llega a Bañuelos de Bureba, como maestro del pueblo. Sobre la puerta de la escuela, en la planta baja del edificio, luce la bandera republicana.

A partir de este punto, el largometraje se centra en la labor de Antoni, en sus métodos de enseñanza, siguiendo los principios pedagógicos de Célestin Freinet. Si bien al principio tendrá pocos alumnos, Benaiges conseguirá ganarse la confianza de los pequeños del pueblo, aunque tendrá que lidiar con los poderes fácticos del municipio, -el alcalde y el cura-. Y es que, Antoni no sólo se limita a ejerce como docente dentro el aula, sino que también está muy comprometido políticamente con la República. Sus artículos que se publican en los periódicos levantan ampollas y lo ponen en el punto de mira, pero el maestro tiene una máxima, la libertad. 

Arropado por Charo, la mujer que se encarga de limpiar la casa del maestro, Beinages aceptará hacer un favor a un amigo, un acto que cambiará la vida de un niño.

Y mientras la historia del maestro avanza, también veremos a Ari tratando de averiguar qué ocurrió con su bisabuelo, en una carrera contra el reloj, pues la salud de su abuelo se deteriora a pasos agigantados. 

Todo ello para llegar a un desenlace triste y hermoso a la vez, que a mí, debo decirlo, me conmovió profundamente, sin caer en sensiblerías baratas.

Qué me ha gustado de la película

Yo sé que se habla constantemente de la guerra civil, de los fusilamientos en las tapias de los cementerios, de gente que no sabe dónde están sus familiares. Lo sé pero, a pesar de que hay mucho material literario y cinematográfico que abordan estas cuestiones, me sigue pareciendo necesario hablar hasta la saciedad y sacar a la luz tantas y tantas historias personales.

El maestro que prometió el mar se sustenta sobre dos hilos temporales que se complementan. Por un lado, el homenaje que se le hace a los maestros y maestras de la República, con aquellos métodos de enseñanza tan innovadores y que sorprendió a todos. Maestros y maestras que vinieron a cambiar España desde sus raíces, tratando de inculcar a los niños un ideario en el que la palabra libertad se escribía con mayúsculas. Así que la película nos mostrará que en las aulas republicanas, los niños y niñas asistían a clase juntos, que existía la coeducación, la igualdad de sexos, la democracia, y la educación laica, erradicando de las aulas cualquier objeto religioso. En el aula, la máxima autoridad es el maestro. Nadie más. 

En este largometraje veremos a un maestro cargado de ilusión, emocionado por poder transmitir conocimiento a sus alumnos, a los que anima a experimentar, a dejarse llevar por su curiosidad, y a los que enseña cosas prácticas para la vida. Maestros que pedían que sus alumnos los tutearan, acortando distancia, porque ellos eran uno más en el aula. 

Por otra parte, la película también se centra en esa búsqueda desesperada que emprenden algunos familiares, tratando de localizar los restos de un ser querido, restos que estarán en una fosa común, una pila de huesos, junto a otra pila, y a otra más. Encomiable es la labor de los arqueólogos forenses, a los que todavía les queda por abrir la inmensa mayoría de las fosas que cruzan este país, a lo largo y a lo ancho.

Me ha llamado muchísimo la atención el dato que deja caer esta película, que todavía hay gente que no ve con buenos ojos este tipo de exhumación, que los muertos mejor dejarlos donde están, y que las familias se deberían olvidar de ellos.

La ambientación, la caracterización, el vestuario, así como todo tipo de detalles, como el menaje en los hogares, está muy conseguido y ayuda a que el espectador se adentre en la historia. 

Qué es lo que no me ha convencido de la película

No es que no me haya convencido pero sí he echado en falta algo más de profundidad con respecto a los procesos de depuración a los que fueron sometidos los maestros y maestras de la República. La película pasa muy por encima sobre esta cuestión y creo que hubiera sido interesante ver alguna escena que nos mostrara cómo ejercía la Comisión Depuradora. Porque Antoni Benaiges, antes de que le pasara lo que le sucedió (algo que ya os podéis imaginar) pasó por el proceso de depuración, a partir de denuncias de ciertos vecinos del pueblo.

Por otra parte, el relato del presente no está a la altura de la historia del pasado. El hilo narrativo que protagoniza Ari está muy desdibujado. Al personaje lo vamos a ver constantemente taciturno y enfadado, incluso antes de atender la llamada de la asociación pero, ¿qué le ocurre a Ari? La madre le llega a decir: «Ahora que estás mejor, podrías volver a trabajar». Y por ella misma sabremos que está de baja pero, ¿por qué? ¿Qué le ocurre? Creo que el guion peca ahí de falta de información, lo que provoca que no entendamos muy bien a Ari, con su constante frialdad y enojo. 

Personajes e interpretación

Ni que decir tiene que Enric Auquer, en el papel del maestro, está absolutamente fabuloso y muy convincente. Su personaje es sencillo, humilde, lleno de ilusión y entrega. Él quiere ser esa mano que convierte esos niños y niñas en hombres y mujeres con un horizonte próspero por delante, pero también quiere que disfruten de su infancia, al tiempo que los anima a conseguir sus sueños. Antoni Beinages es ese maestro que a todos nos hubiera gustado tener; o ese maestro que representa a todos los que vinieron después y que, de un modo u otro, nos marcaron para siempre.

La interpretación de Enric no tiene mácula alguna. Sus gestos, sus miradas - a veces, se queda embobado mirando a sus alumnos con una cara de satisfacción y amor increíble-, lo dicen todo. Incluso hasta su acento catalán no desentona. A mí me ha encantado el trabajo que ha hecho este actor, nominado a Mejor Protagonista en los pasados Goya, pero se lo arrebató David Verdager interpretando al humorista Eugenio en Saben aquell y, la verdad, también era el suyo un trabajo de interpretación fantástico.

A Laia Costa como Ari la dejo al margen. Creo que ella no tiene la culpa de que sea difícil empatizar con ella. Es que, como dije antes, nos falta información. Sí es cierto que la actriz parece encasillada últimamente en papeles con mucha introspección y lastre.

Destaco también a Luisa Gavasa en el papel de Charo. Es un papel breve pero la actriz le saca su jugo. Y, por supuesto, los niños. Fantástico el actor que interpreta a Emilio y la niña que da vida a Josefina, la hija del alcalde. La interactuación de Charo y los niños con Antoni es muy natural y creíble. 

El maestro que prometió el mar es una película cadenciosa, con una banda sonora fantástica, que se toma su tiempo, pero convierte la historia en un bonito paseo con zonas de luz y sombra. Me parece una historia necesaria, que debería llegar muy lejos, un bonito homenaje a los maestros, concretamente a Antoni Benaiges, cuyos restos no se saben dónde están.

A mí me ha parecido una preciosidad.

La tenéis en Movistar+

Tráiler:



miércoles, 15 de febrero de 2023

UN AÑO, UNA NOCHE (DRAMA - 2022)

Año: 2022

Nacionalidad: España

Director: Isaki Lacuesta

Reparto: Nahuel Pérez Biscayart, Noémie Merlant, Quim Gutiérrez, Alba Guilera, Natalia de Molina, C. Tangana, Enric Auquer, Blanca Apilánez, Bruno Todeschini, Sophie Broustal

Género: Drama

Sinopsis: Ramón y Céline son una joven pareja que se encuentra en el local Bataclan de París la noche del 13 de noviembre de 2015. Durante el asalto terrorista, ambos logran, cada uno por su lado, entrar en el camerino de los músicos y refugiarse allí. Al salir ya no son los mismos. Y no saben si podrán volver a serlo... Adaptación cinematográfica basada en el libro “Paz, amor y Death metal”, de Ramón González, superviviente del atentado terrorista en la sala de conciertos Bataclan de París.

[Fuente: Filmaffinity]


Lo que ocurrió el día 13 de noviembre de 2015 conmocionó al mundo. Al igual que lo que ocurrió el 14 de julio de 2016. Y el 17 de agosto de 2017. París, Niza, Barcelona. Y tantos otros atentados terroristas. Una asiste a esos terribles acontecimientos que ocurren en puntos del planeta en los que no transita tu vida, con horror pero también con alivio, pensando que, donde tú vives, eso no ocurrirá nunca. Probablemente eso es lo que alguna vez pensaron las víctimas de Bataclan, las del Paseo de los Ingleses, las de las Ramblas, o las de Atocha. Hasta que te toca. Cuesta ponerse en el pellejo de los que han vivido una experiencia así, por eso me resulta interesante leer testimonios, ver documentales o películas. Por esto también tenía un interés especial en ver este largometraje, Un año, una noche, para acercarme a esa vida del después, a los días del shock postraumático. El resultado no ha sido el esperado.

Un año, una noche es la adaptación cinematográfica de la novela de Ramón González, superviviente del atentado de Bataclan, que escribió su experiencia en la novela Paz, amor y Death metal, y que fue editada por Tusquets, en 2018. No recuerdo haber visto este libro antes -¿tú, sí?-, y desconozco cómo está narrado, qué enfoque se le ha dado. Ahora me entran ganas de leerlo. En cualquier caso, y como digo, esta película está basada en esta novela. Con tres nominaciones en los pasados Goya (Mejor Guión Adaptado, Mejor Montaje, y Mejor Sonido), al final se llevó una estatuilla por la primera categoría.

Como se dice en la sinopsis, esta película cuenta la experiencia de Ramón y Céline, una joven pareja, que aquella fatídica noche acudió a la sala Bataclan para asistir al concierto de Eagles of Death Metal, y todo lo que le sobrevino después. La película está totalmente desestructurada. No sigue una narración lineal, así que voy a haceros un resumen de los sucesos del antes y del después, para que tengáis una idea clara de lo que podéis encontrar en este largometraje.

Antes

Tenemos a una pareja joven y feliz. Ramón, de origen español, es músico pero trabaja en una empresa. Céline es francesa y trabaja en un centro de acogida para inmigrantes, donde van a parar muchos jóvenes árabes. Sus vidas transcurren entre el trabajo, la convivencia en pareja, y las fiestas con los amigos. Como acostumbran a hacer gente de su edad, una noche van a la sala Bataclan, con Carlos y Julie, una pareja amiga. Cuando todo el mundo disfrutaba de la música, bailando, cantando y riendo, suenan disparos. A partir de ahí, tratarán de huir del lugar mientras asisten al horror que se desata a su alrededor. Consiguen ocultarse en los camerinos, mientras tiemblan de miedo, pensando que sus vidas se acaban, mientras resuenan en sus oídos los gritos y los disparos, hasta que la policía consigue liberarlos, y todo se convierte en un baile de mantas térmicas de color dorado y luces azules de las ambulancias que llenan París de una tonalidad bicolor. Y se hace el silencio, solo roto por las sirenas. 

Después

Ramón y Céline han conseguido salir indemnes del atentado. Por indemnes me refiero a las heridas físicas. Ellos y sus dos amigos, Carlos y Julie, se han salvado, mientras que noventa personas han perdido la vida en la sala Bataclan, a los que hay que unir las veintiuna personas que fallecieron en la calle, en distintos puntos de la ciudad. Son afortunados, así que, a la mañana siguiente tratan de continuar con sus vidas, pero ya nada será igual. 

Un año, una noche nos muestras esos dos periodos de tiempo. Lo que ocurrió aquella noche del 13 de noviembre de 2015 y las secuelas que sufrieron los personajes a lo largo del año siguiente. Esta película es un viaje emocional al interior de los supervivientes de aquellos atentados. ¿Cómo han cambiado sus vidas? ¿Cuáles son los miedos que se han instalado en su interior? ¿Qué recuerdan de aquella noche? ¿Cómo marca lo vivido en sus relaciones de pareja? ¿Cómo se lo tomarán sus familiares? Ese es el grueso de la película.

Qué me ha gustado de esta película

Es importante señalar que este largometraje no se ceba con lo morboso, es decir, no pretende mostrar lo más crudo de los hechos que ocurrieron. No vas a ver apenas sangre, ni cadáveres en el suelo. De lo sucedido aquella noche se limita a mostrar dos aspectos: el miedo y el caos. Para ello, el reparto se encarga de transmitir el pánico con muy buenas interpretaciones. Mientras que, para el caos, la labor de dirección hace un trabajo extraordinario, con planos cortos, y una cámara en movimiento que no para, tratando de abarcar todo el terror que sentían los implicados.

Más allá de eso, y como digo, lo que la película quiere es mostrar el proceso psicológico por el que pasa la pareja, el shock postraumático, las secuelas de lo vivido. Un año, una noche quiere que nos metamos en la mente de las víctimas, en la de Ramón y Céline, para comprobar por nosotros mismos los pensamientos con los que viven, la distorsión de la realidad, el caos mental, las malas jugadas que gasta la mente. Ramón y Céline viven su duelo cada uno a su manera, y cada uno de ellos recuerda lo que vivió de una manera distinta. Y en esa forma de mostrar lo que cada uno vivió, en ese baile de imágenes y recuerdos, en ese proceso de duelo con sus distintas facetas, la película plantea un juego que puede generarte muchas preguntas. Hay un punto de inflexión hacia la mitad del metraje, que cambia o puede cambiar todo lo que has visto hasta ese momento y lo que verás después hasta que se produce una explosión emocional de uno de los personajes que te permite aclarar tus ideas.

Salvo en contados momentos, la acción se desarrolla a un ritmo sosegado. Para enfatizar los momentos más dolorosos suena el Lamento della Ninfa  de Monteverdi, que a mí me ha parecido una melodía preciosa, y que convierte en más desgarradoras aún a esas imágenes que acompaña. Obviamente  habrá también algo de rock, el género musical que une a la pareja.

También me ha gustado la dirección. En muchas escenas vamos a ver cristales, espejos, reflejos. Se nos muestran imágenes distorsionadas, partidas o dobles. Y eso me ha parecido una metáfora bella de la realidad que viven los personajes. 

Qué es lo que no me ha gustado 

Y aquí viene el punto clave de esta película. Principalmente, lo que no me ha gustado es el montaje. Y eso que era candidata a un Goya en esta categoría. La historia es buena pero está contada de una manera caótica, con muchos saltos en el tiempo y cambios bruscos de escena. ¿Se pretende con ello mostrar el caos mental de los personajes, a los que les asaltan flashes de aquella noche, que los aturden, que los desorientan, que los torturan? Si esa es la intención, lo consigue, porque el espectador, al menos, yo, se va a sentir tan perdido como los personajes. Es un montaje original pero también me parece arriesgado porque, narrar de este modo los hechos, incomoda y puede provocar que el espectador decida abandonar.

También me ha parecido excesivamente larga. Estamos hablando de dos horas de proyección. A la hora y media, empecé a desear que se acabara, pero en esa última media hora aún quedan momentos impactantes que ver. En cualquier caso, una reducción de diez o quince minutos hubiera mejorado el resultado global.

Aparte de todo esto, hay unos cuantos personajes que, a mi juicio, no aportan mucho, ni destensan, ni desengrasan, ni nada. Lo más importante son Ramón y Céline y, aunque ellos tienen que relacionarse con otros personajes, en algún momento se da espacio a esos personajes secundarios. Para mí, más espacio de la cuenta.  

Personajes, reparto e interpretación

Y digo que en la película aparecerán más personajes pero todo el peso de la trama recae principalmente en Ramón y Céline. Él parece el personaje más frágil. Le cuesta superar lo que vivió, y se siente atormentado por lo que recuerda o incluso por lo que no recuerda. Vive obsesionado con recomponer los sucesos, al mínimo detalle, algo que Céline no comprende. ¿Por qué torturarse así? En cambio, ella ha optado por pasar página desde el minuto uno. La vemos volviendo a su rutina diaria, las labores domésticas en casa y su trabajo con los chicos inmigrantes en el centro. Estoy saliendo con un cyborg, dice Ramón en un momento dado, entre risas. ¿Es que a ella no le ha impactado lo que ha vivido? Bueno, no quiero desvelarte cuáles son sus decisiones después del atentado ni el porqué de las mismas. Solo te diré que son dos personas que viven atemorizadas, que se sobresaltan con cualquier ruido seco que suene a su alrededor, que les cuesta volver a la calle, y que su interior esconde un dolor inmenso. 

En cuanto a la interpretación, tanto Nahuel Pérez Biscayart, en el papel de Ramón, como Noémie Merlant, en el de Céline, están extraordinarios. Particularmente, me ha gustado mucho el trabajo de Nahuel. Quizá sea porque su personaje exterioriza más el huracán de emociones que brota en su interior, resulta muy fácil conectar con él. La expresión de su rostro desencajado, la mirada atónita en la que se palpa el terror, la forma de evadirse de sus miedos, es muy real.

Y luego tenemos a Quim Gutiérrez, a C. Tangana, a Enric Auquer, y a Natalia de Molina, cuyos personajes me han parecido totalmente de relleno. He leído que el personaje de Natalia quiere aportar un toque de humor al drama que vive Ramón y Céline, que esa era su función, pero esa escena concreta, en la que todo son risas, me ha parecido absurda e irritante.


En definitiva, Un año, una noche es una película que parte de una buena base. Su propósito es hacernos sentir la vulnerabilidad del ser humano, la fragilidad de la mente, cómo las personas perciben y recuerdan un mismo hecho traumático de distinto modo. También nos habla del duelo, del miedo a seguir viviendo, del no poder respirar... Todo ello a través de un montaje caótico que, a mí concretamente, me ha generado mucha incomodidad e incertidumbre. Es verdad que, en el desenlace entenderás el porqué de lo que has visto. Pero estamos hablando de dos horas de metraje, y puede ser que algún espectador no tenga suficiente paciencia como para esperar al final. No obstante, asomarse al mapa emocional de los personajes, verlos tan inestables, sabiendo que sus vidas ya no volverán a ser las mismas, merece mucho la pena. 

Se puede alquilar en plataforma.



Tráiler:



Viendo esta película, me han asaltado infinidad de preguntas: Por qué, cómo, dónde,... Hace casi una década de aquellos atentados y hoy recuerdo vagamente muchos de los detalles que pudimos saber gracias a los informativos. Buscando más información, he encontrado un documental que desconocía y que me parece interesante compartir por aquí. Se trata de una pieza en la que se mezcla imagen real con animación. En el mismoun periodista de Le Monde, testigo directo del horror que se vivió a las afueras de Bataclan, mientras los asistentes al concierto trataban de huir por dónde podían, narra cómo vivió aquella noche, de qué manera ayudó a los heridos y cómo, él mismo, casi pierde la vida. Es realmente bueno y está muy bien hecho. Puedes verlo aquí, si te interesa. 


miércoles, 16 de noviembre de 2022

LA VIDA PADRE (COMEDIA - 2022)

Año: 2022

Nacionalidad: España

Director: Joaquín Mazón

Reparto: Karra Elejalde, Enric Auquer, Megan Montaner, Lander Otaola, Maribel Salas, Gorka Aguinagalde, Yanet Sierra, Manuel Burque, Pablo de Santos, Unax Hayden.

Género: Comedia

Sinopsis: Mikel, un joven y ambicioso chef, recibe la visita inesperada de su padre, desaparecido hace treinta años. En un momento crítico para el futuro de su restaurante, Mikel deberá hacerse cargo del alocado e imprevisible Juan, un verdadero huracán de vitalidad que pondrá a prueba todas sus ideas sobre la cocina y la vida.

[Fuente: Filmaffinity]


Me gusta el género de la comedia. Ver una película durante hora y media, que te haga reír, es un bálsamo para los días más grises. Pero debe ser comedia pura. Nada de esas cintas pseudo-cómicas, mezcladas con un romance excesivamente edulcorado, que ni te despierta la risa ni te provoca una carcajada. Y me gustan las comedias de cualquier nacionalidad: británicas, francesas, argentinas, italianas y, por supuesto, españolas. Si además de comedia el reparto lo encabeza un actor como Karra Elejalde, la tentación es demasiado poderosa como para resistirse. Así que, aquí me tenéis. Vengo a hablaros de La vida padre.

En La vida padre todo gira alrededor de una familia y el restaurante Ataria, en Bilbao. Para conocer la historia completa hay que retrotraerse en el tiempo, y viajar al año 1990. Por entonces, el Ataria era un restaurante reputadísímo, dirigido por el genio culinario Juan Intxausti. Una noche, cuando no cabía un alfiler en el establecimiento, donde se habían congregado personalidades de todos los ámbitos -futbolistas, políticos, empresarios y hasta el mismísimo rey emérito- ocurre una terrible desgracia que hundió por completo la reputación de Juan. Todo por lo que había luchado se vino abajo y Juan nunca más levantó cabeza. De hecho, tomó una decisión drástica, que afectó a toda la familia.

Lo que os he contado hasta ahora sirve de introducción al verdadero desarrollo del argumento porque el presente de la película ocurre en 2022. Han pasado más de treinta años y el Ataria vuelve a lucir con esplendor. Su chef es Mikel Intxausti, hijo de Juan y ganador de dos estrellas Michelín. Está en juego una tercera pero todo depende de que Mikel sea capaz de replicar la famosa crema de erizo que elaboraba su padre. Pero de Juan Intxausti nunca más se supo después de aquella noche de agosto de 1990. Dado por muerto, su mujer continuó con su vida y sus dos hijos -Mikel y Ander-, crecieron con la ausencia del padre. Pero, ¿está muerto realmente? Bueno, no os desvelo nada nuevo (ya lo dice la sinopsis) si os adelanto que la tranquila vida de Mikel y su familia se verá alterada por la reaparición de alguien que fue muy importante en sus vidas, por el regreso de Juan Intxausti. ¿Dónde ha estado todos estos años? ¿Qué consecuencias tendrá su reaparición para la familia y el restaurante? En eso consiste esta película, en narrar cómo afectará a unos y otros el regreso de Juan. 

En definitiva, La vida padre es una película que explora las relaciones padres e hijos, dejando constancia de que, al final, la sangre tira mucho. Todo esto en clave de humor, aunque con algún toquecito dramático para compensar la balanza.

Qué me ha gustado de esta película

Grosso modo, me gusta el argumento. No es excesivamente original, ni en lo referente a lo culinario ni tampoco en lo que le ocurre a Juan. Digamos que pasado y presente se funden para enfrentar, a su vez, lo tradicional con lo moderno. ¿Qué tipo de comida ofrecía Juan en el Ataria? ¿Qué oferta gastronómica elabora su hijo Mikel? En este sentido, hay cierta crítica porque, en un momento dado, uno de los personajes se pregunta a sí mismo qué es lo que hoy se hace en restauración: ¿guisar o crear una obra de arte minimalista? Lo mismo, por ahí deberían haber escarbado más porque yo creo que, en los restaurantes de altura, se cuelan muchísimo con tanta cocina de vanguardia y tanta gaita.

¿Y es divertida? A ver, reír, te ríes. Al menos, yo sí me he carcajeado en varias ocasiones pero diría que el argumento tiene baches. Hay escenas muy divertidas, gags buenísimos, pero también te encuentras chistes un tanto tontos y escenas cómicas que te dejan totalmente indiferente. Así que, a mi criterio, la película genera en el espectador sensaciones que van y vienen. 

Y técnicamente me gustaría resaltar la transición que podemos ver entre el pasado y el presente, es decir, entre la Bilbao de 1990 y la de la actualidad, mostrando cómo ha cambiado la ciudad y lo distinta que es la parte de la ría de lo que fue décadas atrás. La ciudad no es que tenga gran protagonismo. Serán pocas las escenas de exterior en las que podemos identificar lugares reales de la ciudad. Casi todo ocurre en el interior del restaurante, o en la casa de Mikel. 

Qué no me ha gustado de esta película

La introducción será narrada por el propio Mikel, conectado en videoconferencia con una mujer. ¿Quién es esa mujer? No lo sabemos. Podemos intuirlo pero no se explica. ¿Tiene importancia ese detalle? Pues no, la verdad. Sin embargo, a mí me gusta que todo tenga una justificación.

Por otra parte, creo que el pasado de Juan durante esos treinta años que ha estado desaparecido está excesivamente camuflado. No pido que se cuente con detalle lo que le ha ocurrido durante ese periodo de tiempo, pero no hubiera estado mal algo más de información. Por ejemplo, qué pasó las horas posteriores a ese momento trágico que él vive en 1990, cuando toda su vida se viene abajo, por qué su familia piensa que está muerto, por dónde se ha movido, qué ha hecho. Tan solo un par de detalles y un par de escenas nos permiten tener una somera idea.

Y cuidado con las relaciones amorosas. ¿Es necesario desarrollar una trama sentimental? A veces sirven solo de relleno. Quizá, en este caso, sí tenga algo de sentido, por el hecho de enfatizar que los cocineros solo viven por y para sus platos, sin tener vida familiar, ni social, ni amorosa. Pero en La vida padre, ese hilo argumental es casi anecdótico, el desarrollo es tan minúsculo, que prácticamente se podría haber obviado.


Como anécdotas, en algún momento se tira de estereotipo, de la idiosincrasia de los vascos, del tira y afloja con otras comunidades autónomas. Por suerte, los andaluces nos libramos en esta cinta, cosa rara porque siempre nos han dado por todos lados. Sin embargo, algún que otro chascarrillo si irá contra madrileños y catalanes, algo que no sé cómo encajarán. Ya he leído alguna opinión diciendo que son bromas de mal gusto. 


Reparto e interpretaciones

No cabe duda de que el mejor papel de todos es el de Juan Intxausti, interpretado por Karra Elejalde. Juan es un hombre que tiene su propio mundo interior, que se resiste al avance del tiempo, que no entiende mucho de lo que ocurre a su alrededor, y esa desorientación y locura es la que genera situaciones divertidas, que sacarán una carcajada al espectador. Elejalde es un punto y aparte. Hay actores y actrices a los que no les hace falta pronunciar palabra para transmitir. Les basta una mirada, un levantamiento de ceja, un fruncir el ceño para que todo cobre sentido. No es fácil llegar al espectador con el simple lenguaje gestual pero Karra lo ha conseguido siempre. Y más en esta ocasión, en la que el mundo en el que se mueve le parece tan extraño y raro que, a veces, no da crédito. 

En cuanto a Mikel Intxausti, es un digno sucesor de su padre. Él ha absorbido la pasión por la cocina que sentía su padre y al restaurante se dedica en cuerpo y alma. Su personaje arrastra un enorme sentimiento de culpabilidad, del que mejor no os digo nada, y, tras la aparición de su padre, cree sentirse en deuda con él. Eso hará que Mikel cambie su estilo de vida, que reconozca qué es lo que realmente merece la pena y por lo que hay que preocuparse de verdad. Interpretado por Enric Auquer, hace buena pareja con Elejalde y, tanto actores como personajes, componen un buen tándem.

Sin embargo, el papel de Nagore, la doctora que se introduce en la vida de los Intxausti por circunstancias de la vida, queda muy en el aire. Sin ella, no habría trama amorosa y, sinceramente, como dije antes, tampoco hubiera pasado nada si se elimina ese hilo. Además es que, lo que ocurre entre Nagore y Mikel es evidente desde el minuto uno. Demasiado predecible. 

Interpretado por Megan Montaner, a mí esta chica me aporta poco. La he visto recientemente en la serie Si lo hubiera sabido que, dicho sea de paso, no merece mucho la pena, más allá de las estampas que ofrece sobre Sevilla.

Eso sí, el resto de personajes que están interpretados por ese grupo de actores vascos que todos conocemos -Maribel Salas, Gorka AguinagaldeIker Galartza, Santi Ugalde-, está muy muy desaprovechado. La madre de Mikel y su actual pareja podrían haber dado mucho más juego. Y luego hay otros dos personajes también muy conocidos que apenas tienen unas líneas de guion.


En fin, La vida padre está bien. Su visionado permite echarse unas risas pero, en lo que a mí respecta, es una película muy pasable.




Tráiler:




miércoles, 15 de enero de 2020

QUIEN A HIERRO MATA (THRILLER - 2019)

Año: 2019

Nacionalidad: España.

Director: Paco Plaza.

Reparto: Luis Tosar, Xan Cejudo, Enric Auquer, Ismael Martínez, María Vázquez, Dani Currás, Pablo Guisa Koestinger, Marcos Javier Fernández Eimill, María Luisa Mayol, Victor Duplá, Alberto Abuín.

Género: Thriller.

Sinopsis: En un pueblo de la costa gallega vive Mario, un hombre ejemplar. En la residencia de ancianos en la que trabaja como enfermero todos le aprecian. Cuando el narcotraficante más conocido de la zona, Antonio Padín, recién salido de la cárcel, ingresa en la residencia, Mario trata de que Antonio se sienta como en casa. Ahora, los dos hijos de Padín, Kike y Toño, están al mando del negocio familiar. Pero un fallo en una operación llevará a Kike a la cárcel y les generará una gran deuda con un proveedor colombiano. Toño recurrirá al enfermero para que intente convencer a su padre de que asuma la deuda. Pero Mario tiene sus propios planes.

[Fuente: Filmaffinity]


Nos acercamos a la noche de los Goya y como yo sigo barriendo para casa, toca revisar algunas de las películas que están nominadas a estos premios. Mucho hay que decir sobre Quien a hierro mata

Mario (Luis Tosar) trabaja como enfermero jefe en una residencia de ancianos de una pequeña localidad gallega. Tiene una vida tranquila y está especialmente ilusionado. Julia, su mujer, está a punto de ser madre y él rebosa felicidad. En el trabajo, se siente útil, ayudando a las personas mayores a sobrellevar los últimos años de existencia, a los que trata con cariño y mimo, mientras bromea con sus compañeros de trabajo, siempre en un ambiente distendido. Todo se complica cuando Antonio Padín, un conocido narcotraficante desarrolla una enfermedad degenerativa estando en la cárcel. Las autoridades deciden ponerlo en libertad y el anciano ingresa en la residencia donde trabaja Mario, por decisión propia. No quiere regresar a la casa familiar, no quiere vivir con sus hijos, Toño y Kike, metidos igualmente en el negocio de las drogas. Ninguno de los dos entiende la decisión del padre pero es que este quiere alejarse de la carne de su carne, a los que considera unos auténticos inútiles.  

Desde primer momento intuiremos que a Mario le afecta especialmente el ingreso de Antonio Padín en la residencia. Inicialmente se mostrará afable y entregado en todo momento, tratando al anciano con el mismo cariño con el que trata al resto de residentes. Pero las miradas de Mario hablan por sí mismas. Empieza a mostrarse vigilante, no pierde de vista al viejo Padín, se pega a él y entabla una relación profunda y cercana. Enseguida veremos cómo el enfermero comienza a actuar de un modo extraño y acude a lugares que no son propios de él. ¿Qué es lo que trama? Su presente se emborrona con recuerdos difusos de otros tiempos, épocas que hablan de un suceso delicado y que marcó toda la vida de Mario. 

Por otra parte, Toño y Kike intentan convencer al padre para que respalde una operación de narcotráfico, en la que están implicados los colombianos como proveedores y los chinos como clientes. El padre no lo ve claro y no piensa pringarse. Parece que se siente ya en las últimas y que sus tiempos de capo de la droga han quedado atrás. Sin embargo, sus hijos, que saben el respeto que su padre tiene entre las mafias, insisten en el asunto. Viendo que no van a conseguir el beneplácito del patriarca, optan por dirigir ellos mismos la operación. El resultado será nefasto. 

Quien a hierro mata nos habla de venganzas. El título no puede ser más preciso. Como bien dice el refrán, Quien a hierro mata, a hierro muere. Viene  a decir que vas a recibir lo mismo que das o, usando otro refrán, que donde las dan, las toman. En cualquier caso, es un título que, en este caso, se convierte en un arma de doble filo. No añadiré nada más para no destripar esta historia, en la que los silencios y las miradas, las escenas en las que no hay diálogos pero sí mucha tensión visual, son tan importantes como aquellas en las que los personajes interactúan con palabras. Un personaje sabrá lo que está pensando el otro y nosotros sabremos, a su vez, lo que están pensando ambos.  

Y también las manos tendrán su especial protagonismo, de ahí que Luis Tosar se las contemple con incredulidad en la cartelera de la cinta. Esas manos, las que representan las de Mario, son las mismas manos que cuidan de los enfermos, que los viste, los peina, los afeita. Son las mismas manos que acarician a su esposa. Son las mismas manos que un día acurrucarán a su hijo. Pero también son las mismas manos que esconden un terrible secreto y  que tiemblan cuando Mario hace lo que hace. 

Al guion solo le pongo una pega. La muerte de unos de los personajes se produce en extrañas circunstancias. Alguien entra en el domicilio del personaje en cuestión pero, ¿cómo lo hacen? (pega 1). Nadie sabe lo que ha podido ocurrir con ese personaje más que sus asesinos y, sin embargo, no hay investigación ni volvemos a saber más sobre esa víctima (pega 2). Por suerte, esto ocurre muy al final de la cinta. No es que sea algo que repercuta significativamente en el desarrollo de los hechos restantes pero considero que esa muerte no se debería haber dejado en el aire. 

En cualquier caso, Quien a hierro mata es una película de contrastes. En el caso de Antonio, él fue un hombre que lo tuvo todo en su día, importante, poderoso y temido. Ahora no es más que un despojo que se dedica a jugar a la pelota con otros viejos. Contrastes también en la vida de Mario, entre la felicidad y la esperanza de su esfera personal y familiar frente a la rabia y el dolor al que se tiene que enfrentar en el trabajo. Y más contrastes, entre la vida y la muerte, a través de una escena fabulosa que se desarrolla en paralelo y en la que veremos nacer al hijo de Mario y Julia. Sobre esta escena tengo que comentar una anécdota. El espectador verá perfectamente cómo el hijo sale del cuerpo de la madre, solo que, en este caso, no se trata de un artificio sino de un parto real. Según he podido leer, una pareja se prestó a que se grabara el nacimiento de su hijo, imágenes que se han usado en la película. 

En cuanto a las interpretaciones solo cabe levantarse y aplaudir a Luis Tosar. Si en Yucatán me pareció que su implicación esquilmaba puntos a su trayectoria, en esta película vuelve el grandísimo actor que es, tan convincente y tan profundo. Poco más se puede decir de su trabajo que no se haya dicho ya. Nominado como Mejor Actor, y aunque su interpretación es esta cinta es fabulosa, lo tiene un poco complicado frente a sus adversarios. Antonio Banderas por Dolor y Gloria, Antonio de la Torre por La trinchera infinita y Karra Elejalde por Mientras dure la guerra son grandes rivales y entre los cuatro componen un cuarteto interpretativo absolutamente tremendo. 

Pero al margen de Luis Tosar, hay que destacar el trabajo de otros dos actores. Antonio Padín está interpretado por Xan Cejudo. He visto muy pocas películas de este actor, más conocido en el teatro. Cejudo da vida a un anciano déspota y desagradable que ve cómo sus días se acaban. No debe ser fácil encarnar a un personaje con enfermedad degenerativa y, sin embargo, uno llega a pensar que en realidad el actor está verdaderamente enfermo. Lo curioso es que Cejudo falleció el mismo año de rodaje, de ahí que está película está dedicada a su memoria. Se ha marchado con un último trabajo impecable del que debe sentirse muy orgulloso, allá donde esté.

Y el otro actor que sobresale en esta película es el joven Enric Auquer, en el papel de Kike. Su interpretación es absolutamente brillante. Borda el papel de joven macarra, chulo prepotente, desafiante, sobrado y violento que, en los momentos más complicados, se echa a llorar como un niño porque, en realidad, su valentía es papel mojado. Auquer otorga una fuerza descomunal a su personaje, lo hace tan creíble y convincente, que parece sacado de los suburbios más tenebrosos de cualquier ciudad. 

Hago un punto y aparte para comentar la banda sonora. Las canciones están elegidas a conciencia y las letras están cargadas de significado. Son temas que tienen mucho que ver con la vida de los personajes, como 'La vida sigue igual' de Julio Iglesias, en un momento de complicidad entre Mario y Julia, o 'Ready pa morir' de Yung Beef, que uno de los personajes escucha durante un entierro. 

Con un suspense contenido, que se va acelerando a medida que el cerco se cierra alrededor de Mario, Quien a hierro muere es una película que me ha gustado. Quizá es un poco obvia en su planteamiento, y no resulta muy original al desarrollar una venganza dentro del contexto del narcotráfico, pero es un largometraje interesante, muy bien interpretado y que se disfruta. 




Tráiler: 

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