martes, 4 de agosto de 2020

LORENZO SILVA: 'En las novelas de Bevilacqua, el protagonista siempre es la víctima'

He leído novelas de Lorenzo Silva pero hasta ahora no me había enfrentado a ninguna aventura de Rubén Bevilacqua y Virginia Chamorro. El mal de Corcira ha sido mi estreno con este tándem de guardias civiles, que ya han conquistado a más de dos millones de lectores. Y ahora tengo un tremendo problema, porque resulta que esta novela me ha gustado. Muchísimo. Pero estamos ante la entrega número doce de la saga y, aunque sé que se pueden leer de forma independiente, soy demasiado cuadriculada como para no empezar por el principio. Así que, me tengo que leer once novelas, antes de que Silva vuelva a poner a Vila y a Chamorro al frente de otra investigación. Veremos a ver cómo me las apaño.

En El mal de Corcira, Lorenzo Silva desarrolla un nuevo caso. Esta vez, la víctima es un ex etarra que ha sido asesinado en Formentera. Las pesquisas y los avances de la investigación llevarán a Vila a recordar sus años en el País Vasco, cuando aún no había cumplido los treinta, y se integró en el equipo de lucha antiterrorista. Con Silva, que visitó Sevilla hace unas semanas, estuvimos hablando de esta nueva novela que, repito, me ha gustado un montón. 

[Lorenzo Silva en la Fundación Tres Culturas. Sevilla
Fuente: Fundación José Manuel Lara]
Marisa G.- Lorenzo, tengo que confesarte que es la primera vez que me enfrento a una historia de Vila y Chamorro.

Lorenzo S.- Eso está bien. Así tienes la mirada limpia.

M.G.- He escuchado decir a los que sí han seguido la serie desde el principio, que esta novela es la más accesible para aquellos que, como yo, no habíamos leído ninguna de las entregas. ¿Esto es así? Y en tal caso, ¿por qué?

L.S.- Bueno, todas las novelas son autónomas y se pueden leer de forma independiente. Además, yo intento siempre situar al lector por si no conoce la saga. Sin embargo, en esta novela, contamos con la ventaja de ver al personaje protagonista más joven que nunca. En la primera entrega, El lejano país de los estanques, Bevilacqua tiene treinta y tantos años y, sin embargo, en esta novela lo vamos a ver con veintiséis. Es decir, son los primeros años de vida del personaje, unos años que él recuerda desde la madurez, con lo cual, el lector tiene al mismo personaje en dos etapas distintas. Eso puede ser una ventaja para conocerlo mejor, para entender sus antecedentes y para comprender quién es.

M.G.- En esta novela, Vila se tiene que enfrentar a la muerte de un ex etarra en la isla de Formentera. Por diversos motivos que confluyen en el caso, la investigación es bastante peculiar.

L.S.- En las novelas de Bevilacqua, el protagonista siempre es la víctima. Últimamente veo que, en la literatura negra, suele haber mucha más fascinación por el criminal. A veces, también prevalece mucho el investigador, con su carácter y su carisma.  No obstante, creo que el que articula la historia es la víctima. Y en este caso, he intentado que la víctima tenga una cantidad suficiente de connotaciones interesantes. Para empezar, la víctima tiene un pasado turbio, porque formó parte de la organización terrorista ETA, así que, el investigador lo va a mirar con cierto recelo. Precisamente, por esa militancia en la organización terrorista, la víctima ha estado recluida en la cárcel durante muchos años. Naturalmente, el hecho de que Bevilacqua se haya pasado tres años de su vida en la lucha antiterrorista, le da a la investigación un cariz especial. Es una investigación que, por muchas razones, tiene connotaciones intensas para el investigador.

Además, resulta que la víctima es homosexual. Él ha reprimido y ocultado su condición sexual durante mucho tiempo. No le fue posible mostrarse de forma natural ni ante su familia, ni mucho menos dentro de la propia organización. Así que, se podría decir que esta víctima ha vivido una doble clandestinidad, la de formar parte de ETA y la de ser homosexual. Cuando la víctima viaja a Ibiza y Formentera, algo que hace con regularidad, en realidad está huyendo de su pasado y de su entorno. 

M.G.- ¿Y por qué contar ahora ese pasado de Vila?

L.S.- Porque estaba esperando el momento de poder hacerlo bien. Quería acercarme al pasado de Vila en la lucha antiterrorista porque es un gran historia de formación como ser humano y como investigador, y porque es algo que comparten muchos guardias civiles. Muchos de ellos han tenido su escuela en la lucha antiterrorista y se han convertido en los mejores investigadores criminales que tiene este país. Ahora, todos ellos están en la lucha contra el narcotráfico, contra la trata de personas o contra delitos violentos.

ETA tenía una raíz ideológica, mitad nacionalista, mitad revolucionaria, o más revolucionaria que nacionalista. Tenía una dinámica terrorista, ya que imponía su ideario a través del terror. La lucha contra ETA fue la lucha contra una organización criminal muy sofisticada. Así que tenía que contar toda esta historia en algún momento. Y, aunque contaba con información suficiente sobre lo que representaba, en términos generales, esa experiencia para un guardia civil, necesitaba muchos más detalles para poder escribir una novela de quinientas cincuenta páginas. He tardado veinte años en conocer todos los matices, pormenores y recovecos de ETA, para poder narrar el pasado de Bevilacqua en la lucha antiterrorista. Además, no es una historia a la que se acceda con facilidad. Conozco a muchas personas que han estado implicadas en esta lucha, y con algunas tengo bastante confianza desde hace años. Sin embargo, hasta hace cuatro o cinco años no he podido alcanzar la profundidad necesaria en mis conversaciones con ellos, para poder escribir esta novela. 

M.G.- Vila tiene muy claro cuál es su trabajo. Está claro que él tiene que investigar la muerte de cualquier persona, independientemente de quién sea la víctima. Pero claro, no deja de ser paradójico que un guardia civil investigue el asesinato de un etarra o ex etarra.

L.S.- Sí, sí,... Además le genera situaciones conflictivas. La víctima tiene una madre y claro le tocará hablar con ella. Por regla general, los policías de homicidios suelen tratar a la familia de la víctima con mucha deferencia pero, en este caso, la madre de la víctima tratará a Vila a patadas. Ella lo considera un esbirro, un ser absolutamente despreciable. A él le tocará lidiar con ese maltrato y sobreponerse porque, además la mujer no se corta un pelo. Le hace ver muy claramente que lo desprecia. Vila lo dejará correr. Tiene que trabajar para hacer justicia y esclarecer los hechos, sea quien sea la víctima. 

M.G.- Lorenzo, has comentado que has hablado con mucha gente para profundizar en este tema. Se sabía mucho sobre la infraestructura de ETA pero, te confieso que, en esta novela, he aprendido mucho más sobre la jerarquía. Desconocía los diferentes estamentos que existían: los liberados, los legales, los languntzailes,... 

L.S.- Te voy a decir una cosa que a lo mejor te va a sorprender. Como te digo, he hablado con guardias civiles, pero también con gente que ha estado en ETA y en su entorno. Bueno pues, creo que hay guardias civiles que saben mucho más de la organización, que algunos miembros de ETA. Ten en cuenta que ETA era una organización clandestina, que necesitaba tomar medidas de seguridad. Una de ellas era hacer compartimentos estancos. Cada uno sabe lo que tiene que saber. Pero ningún militante conoce mucho del conjunto de la organización porque si cae él, caerá todo lo que él conoce. Incluso el que ha estado en la dirección de ETA, conoce la organización en el momento en el que ha estado ocupando ese cargo, pero no tiene claro qué pasaba antes, o qué ha pasado después. Sin embargo, hay guardias civiles que han estado en labores de información durante veinticinco años, y han terminado por conocer todos los detalles, incluso los más sórdidos, mezquinos o cutres. Porque en ETA, también había rencillas y peleas por dinero, o infidelidades de pareja. Si hablas con los que han estado en el entorno de ETA, te das cuenta de que ellos no saben casi nada de eso, porque no forma parte de la arenga y el discurso. Pero un guardia civil que ha estado veinte años investigando a la organización, lo sabe todo.



M.G.- Me gusta especialmente el retrato que haces de la vida de los guardias civiles en el País Vasco. No solo tenían que luchar contra los terroristas sino también contra el pueblo que, ya sea por militancia o por miedo, creaba un ambiente muy hostil.

L.S.- Hay guardias civiles que te dicen que no llegaron a sentir miedo, porque eran jóvenes o unos inconscientes. Pero sí afirman que tenían una sensación de hostilidad muy fuerte, especialmente en algunas zonas. Y también sentían muchísima soledad. Ellos sabían que una parte de la población los odiaba y otra parte, mostraba una indiferencia total por lo que les pasara. Pero también había gente que simpatizaba con ellos aunque, por miedo, no se atrevían a decirlo. 

M.G.- La novela es negra como el carbón, pero tengo que admitir que hay algunas escenas un tanto cómicas, como cuando pones a Vila de incógnito en algunos locales nocturnos de Ibiza. Me he reído al imaginarme la situación. 

L.S.- Sí. Aunque alguna cosa está ficcionada, te garantizo que me han contado ciertas situaciones, en las que se han visto involucrados, totalmente inauditas. El trasfondo es muy trágico, pero para llevar a cabo alguna investigación, han tenido que vivir situaciones muy cómicas. Por ejemplo, hablé con un guardia civil que me contó que jamás había pisado un prostíbulo a nivel personal. Pero, por razones de trabajo, había tenido que entrar en ellos un montón de veces y hacerse pasar por clientes. En situaciones así, te puede pasar de todo. 

M.G.- Esa escena, y alguna otra que retratas en el libro, son muy hilarantes. Divertidísimas. Pero voy a centrarme en el personaje. Como te digo, yo no lo conocía. Imagino que habrá ido madurando a lo largo de la saga. ¿En qué ha ido evolucionando?

L.S.- Vila ha pasado por varias etapas. Al principio, Vila era más gamberro. Tenía una cierta visión irreverente de la vida, que todavía hoy conserva. Pero se ha ido haciendo más sereno. 

Hace cuatro o cinco novelas, lo metí en una crisis muy grande. En cierto modo, dejó de creer en el sistema judicial. Ahora, en su madurez, sabe bastante de qué va la vida y hasta dónde podemos llegar cada uno. Vila sabe que él no va a cambiar la historia, ni va a socorrer a todos los desvalidos, porque los entuertos seguirán estando ahí. Lo único que puede hacer es tratar de hacer dignamente su trabajo, ayudar a la gente con la que se cruza, y aliviar un poco el dolor de su alrededor. Vila ha asumido que su misión es modesta pero tiene una utilidad. También asume que a veces ha metido la pata. Por ejemplo, en este novela comete un error. Sabe que su trabajo es muy incierto y por eso es fácil equivocarse. Además, entiende que nadie es perfecto. Creo que por eso ha aprendido a estar en paz.

M.G.- Dejas a Chamorro, su compañera de siempre, un poco en segundo plano. Por lo menos, en la primera mitad de la novela.

L.S.- Bueno, en esta novela, Chamorro está presente de varias maneras. En esa primera mitad, Vila acude a ella telefónicamente. Lo hace no solo para saber cómo está sino también para comentar los avances de la investigación. Por otra parte, aunque Vila hace un ejercicio confesional sobre su pasado, a quién realmente le confiesa su vida no es al lector, sino a Chamorro. Ella es la destinataria de esa confesión. Por último, en la resolución del caso, ella tendrá un papel absolutamente protagonista. Es decir, que la presencia de Chamorro en esta novela es diferente. En cualquier caso, no podemos entender a Bevilacqua sin Chamorro.

M.G.- Pues, desde esa mirada virgen que comentabas al principio, los he percibido como dos almas solitarias que se apoyan y se arropan mutuamente.

L.S.- Y que se entienden como no los entiende nadie más. Han compartido veinte años en un trabajo que tiene pocas satisfacciones y muchos momentos duros. Es un trabajo en el que estás levantando siempre las miserias de los demás. Y no solo de los criminales sino también de las víctimas. Probablemente, no hay otra persona en el mundo con el que, ni ella ni él, puedan mantener una comunicación como la que existe entre ellos.

M.G.- Los escenarios no son meros telones de fondo. Haces casi una labor de guía, llevando al lector por diferentes lugares emblemáticos de Formentera, Ibiza,... 

L.S.- Creo mucho en el valor de los lugares como personajes. Puede parecer raro que Formentera sea el escenario del asesinato de un etarra guipuzcoano. Sé que hay un contraste abrupto, pero hay que entender que tanto Formentera como Guipúzcoa tienen mar y playas. Los escenarios no están elegidos al azar. La víctima cuando va a Formentera, está buscando una contra geografía de su Guipúzcoa natal. En cierto modo, viajar a esa contra geografía también le sirve a Bevilacqua para hacer un ejercicio de memoria, en unas condiciones de aislamiento y de distancia geográfica, lo que consigue que ese ejercicio de memoria adquiera más intensidad.

Eso, por no hablar de esos personajes que se pasearon por Ibiza, como Walter Benjamin.

M.G.- O Freddie Mercury.

L.S.- Exacto, o Freddie Mercury. También eran fugitivos. Ibiza y Formentera son lugares a los que mucha gente llega huyendo, pero en realidad huyen de sí mismos, lo que se convierte en algo muy impracticable. 

M.G.- Sin referencias explícitas, sabemos que la trama ronda los años 2017, 2018,...

L.S.- La acción empieza en el otoño de 2017 y acaba en la primavera de 2018, justamente cuando ETA se disuelve.

M.G.- La música juega un papel importante. No sé si es una característica de toda la saga.

L.S.- Sí. En casi todas las novelas hay música. La música forma parte de la vida de las personas. Normalmente, las canciones que escuchamos y elegimos tienen un sentido. En este caso, aparecen muchas canciones de los Pet Shop Boys, cuyas letras tienen mucha miga, como Rent. Parecen canciones ligeras y frívolas pero cuando uno rasca por debajo de la superficie, encuentra mucho más.

M.G.- Vila tiene 54 años. Ya va camino de la jubilación.

L.S.- Pero todavía le queda un poquito. En principio, puede seguir en activo hasta los 60, así que aún puede dar algo de guerra. Tengo varias novelas más en la cabeza para que él las protagonice. Y luego, cuando le llegue la edad de la jubilación, ya veremos qué pasa con él. 

M.G.- Ya veremos, sí. Lorenzo, no sabes cómo te agradezco que te hayas desplazado a Sevilla para presentar esta novela. Especialmente, con todo lo que tenemos encima.

L.S.- Bueno, no he dejado de moverme. Con mucha precaución, eso sí. Mientras pueda, y se permita, acudo a donde me llaman.

M.G.- Pues te lo agradezco mucho. Gracias por concederme este tiempo.

L.S.- Gracias a ti.


Sinopsis: Un varón de mediana edad aparece desnudo y brutalmente asesinado en una solitaria playa de Formentera. Según varios testimonios recogidos por la Guardia Civil de las islas, en los días previos se lo había visto en compañía de distintos jóvenes en locales de ambiente gay de Ibiza. Cuando sus jefes llaman a Bevilacqua para que se ocupe de la investigación y lo informan de la peculiaridad del muerto, un ciudadano vasco condenado en su día por colaboración con ETA, el subteniente comprenderá que no es un caso más.

Para tratar de esclarecer el crimen, y después de indagar sobre el terreno, Bevilacqua tendrá que trasladarse con su equipo a Guipúzcoa, el lugar de residencia del difunto, a una zona que conoce bien por su implicación casi treinta años atrás en la lucha antiterrorista.

Allí deberá vencer la desconfianza del entorno de la víctima y, sobre todo, lidiar con sus propios fantasmas del pasado, con lo que hizo y lo que dejó de hacer en una «guerra» entre conciudadanos, como la que veinticinco siglos atrás hubo en Corcira  —hoy Corfú— y que Tucídides describió en toda su crudeza. Esos fantasmas lo conducirán a una incómoda pregunta que como ser humano y como investigador criminal le concierne inexcusablemente: ¿en qué medida nos conforma aquello contra lo que luchamos?

lunes, 3 de agosto de 2020

NADIE ME CONTÓ de Astrid Gil-Casares

Editorial: La esfera de los libros
Fecha publicación: Febrero, 2020
Precio: 19,90 €
Género: Narrativa
Nº Páginas: 307
Encuadernación: Tapa  blanda con solapas
ISBN: 9788491647492
Disponible en eBook;
puedes empezar a leer aquí]

Autora

Astrid Gil-Casares Marlier nació en Madrid en 1973, de padre español y madre francesa. Aun creciendo en Madrid, su educación fue francesa; primero en colegio Union Chrétienne de Saint Chaumond y después en el Liceo Francés. Estudió Economía y Marketing y habla seis idiomas. Antes de casarse, trabajó durante años en Banca de Inversión en Paris y Londres. Esta es su primera novela después del guion de la película ¿Qué te juegas? (2019).

Astrid está divorciada y vive en Madrid con sus tres hijas.

Sinopsis

Nadie me contó podría ser la historia de un sueño cumplido, pero en realidad es la de un sueño truncado. El destino le depara a Gaelle conocer al hombre de su vida: inteligente, atractivo, carismático, seductor, poderoso y rico. Tan perfecto que no parece real.

Porque no lo es. A Gaelle nadie le contó qué pasa después del «y comieron perdices». Qué pasa cuando tú sigues enamorada pero la otra persona no. Qué pasa cuando comienzan los desplantes, cuando a tu pareja ya no le gusta nada de ti pero no te deja ir.

Salir de un matrimonio así, y con dos niños, no es sencillo. Hacerlo sin perder tu identidad parece imposible. Volverte a enamorar, impensable. Gaelle lo conseguirá porque es una luchadora. Una guerrera tatuada cuyos símbolos grabados de forma indeleble en su piel son su protección y su armadura.

[Información tomada directamente del ejemplar]



Las rupturas sentimentales, sean de la índole que sean, no son fáciles ni siquiera para quienes las anhelan. Si hablamos de matrimonios con hijos, la cosa se complica mucho más pues, en ocasiones, los niños suelen ser moneda de cambio, o armas arrojadizas con las que combatir en una batalla, en la que todos pierden. Para unos hijos, ver cómo los pilares de sus vidas se desmoronan ante sus ojos, cómo aquellos que siempre han sido un ejemplo, se enzarzan en disputas llenas de gritos y reproches, es una escena muy dolorosa que dejará huella para siempre. Y los adultos, ciegos por la rabia, se empeñan en devolver todo el dolor recibido, en infringir todo el mal del que han sido víctimas, entrando en una espiral de destrucción y auto-destrucción. Los divorcios no son plato de buen gusto para nadie. Como digo, ni siquiera para los que contemplan esa opción como única salida.

Astrid Gil-Casares narra en Nadie me contó, su primera novela, una historia de reconstrucción y renacimiento. La acción se inicia cuando a Gaelle le comunican que su divorcio ya es oficial. Han sido dieciocho meses de duras negociaciones y, por fin, ha conseguido cortar todos los hilos que la unían a su exmarido Sebastián, con quien estuvo casada quince años y junto al cual vivió un cuento de hadas, hasta que el príncipe se transformó en rana. La noticia la coge en un avión de vuelta a casa, tras pasar unos días en Formentera con sus dos hijos, Lucas y Bruno, de 7 y 8 años. Cuando aterriza en Madrid, es ya una mujer oficialmente divorciada. ¿Y ahora, qué? 

El divorcio le provoca bienestar y tranquilidad, pero las marcas de un matrimonio en el que solo ha escuchado palabras de desprecio siguen resonando en sus oídos. Ha dejado atrás la casa familiar, esa de la que tuvo que salir casi con prisas, de la que jamás se tuvo que ocupar, para mudarse a un hogar más modesto, a las afueras de Madrid. Deberá desarrollar un plan estratégico, encargarse de las cotidianidades, y volver a trabajar para ocupar su tiempo y sentirse útil. Aunque estudió y trabajó como arquitecta, hace quince años que no pisa un estudio y no dibuja una sola línea. Se siente desfasada. El mundo de la arquitectura ha cambiado tanto en el enfoque como en las herramientas digitales a emplear. A duras penas, ella recuerda el manejo de Autocad. Para resurgir de sus cenizas, cual ave Fénix, acudirá a sus amigos, a los pocos que no se han posicionado en favor de su exmarido. A través de Miguel, conseguirá una nueva oportunidad laboral, un periodo de prueba en un estudio, donde tendrá que demostrar su valía. Ya veremos si lo consigue o no. En cuanto a los asuntos del corazón, eso queda en manos del destino. Aunque surgirá un nombre, Felipe.

En resumen, Nadie me contó narra la historia de una mujer que tiene que rehacer su vida después de un complicado divorcio. Hasta aquí, es una historia bastante común en nuestros tiempos. Máxime en este año, en el que, al parecer, se han disparado los divorcios. Así que habrá lectores, más concretamente lectoras, que quizás esperen encontrar en esta novela su propio reflejo. No obstante, en este punto tengo que advertir algo. Gaelle posee una situación económica y social que no se parece en nada a la mía y, muy probablemente, tampoco a la tuya, lectora. Ella pertenece a un estatus privilegiado, al que solo una minoría tiene acceso, pero ¿acaso eso libra del sufrimiento? Dicen que las penas con pan, son menos penas. Pero también se suele decir que el dinero no da la felicidad (aunque ayuda, añado yo). Aun así, creo que, cuando se trata de emociones, de dolor y sufrimiento, todos somos iguales. Por eso, considero que Nadie me contó es una novela que hay que leer abstrayéndonos de la realidad material de Gaelle, para dar prioridad a lo emocional. Creo que, cuando uno deja atrás las luces y la purpurina, cuando se encierra en la oscuridad de su habitación, todos los corazones laten del mismo modo. 

Digo todo esto porque, en la novela, vamos a ver cosas que es posible que te chirríen un poco. A mí, al menos, me ocurrió así. Por ejemplo, Gaelle olvida constantemente las llaves de su casa, lo que la obliga a llamar frecuentemente a Adrián, el cerrajero, con el que casi entabla una relación de amistad. Tampoco sabe cocinar, ni hacer la compra, ni calibrar la cantidad de alimento que hace falta para dar de comer a tres personas. Además, por si todo esto fuera poco, viaja a lugares exóticos como la Costa Esmeralda, Florencia o Mykonos, donde tiene amigos multimillonarios que organizan excursiones en barco y fiestas de lujo. Confieso que me quedé perpleja y entiendo que a ti, lector, también te ocurra. Por eso, cuando estos pensamientos comenzaron a surgir, opté por frenarme en seco, y decidí colocarme en la piel de la protagonista. Si yo hubiera estado casada quince años con un rico empresario, de gran fortuna, viviendo una vida de lujo; si hubiera estado quince años viviendo en una casa de la que no me tenía que ocupar, sin pensar en el valor de las cosas, sin preocuparme de hacer la compra, ni de cocinar; si, llegara a la hora que llegara a mi casa, siempre iba a encontrar a alguien dentro que me abriera la puerta; si yo hubiera vivido todo esto, seguramente me ocurriría igual que a Gaelle y estaría tan perdida como ella, tras cambiar radicalmente de vida. Por eso, insisto en que, para leer esta novela es fundamental ponerse en su piel, y centrarnos en su corazón. 

Y es que, tener dinero no te exime de ser una marioneta en manos de quien amas. Tampoco evita que a tus oídos lleguen frases como "La próxima vez quédate en casa, no sirves ni como compañía" o "Esta es Gaelle. Una vieja conocida, como bien sabrás", dicho con un desprecio inigualable. Esos son los dardos envenenados que Gaelle ha estado recibiendo de su exmarido Sebastián, durante el matrimonio. Es un tipo que jugó con dos barajas, que tiene dos caras -la pública y la privada-, y al que he aborrecido con todas mis fuerzas. Es inevitable que odiemos a Sebastián, pero hay que tener en cuenta que la historia la conocemos de mano de de ella, con lo que la visión es parcial y subjetiva. 

De Gaelle, como personaje, me gustan varias cosas. Primero su capacidad para reinventarse. Quizá, otra mujer en su situación, se hubiera decantado por exprimir a su exmarido a través de acuerdos millonarios y pensiones alimenticias para, sin grandes lujos, poder ir tirando y no volver a dar palo al agua durante un tiempo. Gaelle, no. Ella quiere recuperar las riendas de su vida y su independencia, también la económica. De ahí que se esfuerce en hacerse hueco en el mundo laboral, aunque ello suponga enfrentarse a una ardua tarea de reciclaje. Por otra parte, sus emociones me han resultado muy creíbles.  ¿Os habéis preguntado alguna vez por qué una mujer no denuncia un maltrato físico o psicológico? Las hay que no lo hacen por miedo a las represalias, pero también las hay que no lo hacen porque se sienten culpables, porque su maltratador les ha comido tanto la cabeza, que se invierten las tornas, y las hacen sentir responsables. A Gaelle le pasa eso. Durante mucho tiempo, creyó ser la causante de todo lo que iba mal en su matrimonio. Para que te manipulen no importa si eres alta o baja, guapa o fea, rica o pobre, con estudios o sin ellos. Para que una manipulación surta efectos basta con que la otra persona ejerza poder sobre ti, y tú lo permitas, si eres más débil de espíritu.

"Había plantado cara a los sentimientos de culpabilidad y vergüenza que no tenían más base que mi propia confusión. La confusión de alguien cuyas heridas le hacen creerse no víctima, sino responsable de los hechos".  [pág. 14]

Por otra parte, Gaelle, a pesar de ser una mujer muy conocida, de ser la ex de alguien muy poderoso, o de ocupar portadas de revista, entiende que tiene que demostrar su valía en el trabajo, que no basta con airear un certificado de matrimonio o, en su caso, una sentencia de divorcio, para conseguir lo que pretende. A ello se une la importancia que da a sus hijos, a los que antepone por encima de todo. Me parece un personaje humano y creíble, cuando tiene que esgrimir antes sus jefes un discurso sobre la conciliación laboral y familiar, hecho que no hubiera sido necesario si en vez de una protagonista, esta novela hubiera tenido un protagonista.

Y es que, en Nadie me contó, la mujer es centro de universo. Esta historia me ha parecido muy matriarcal, donde hombres, como Miguel o Felipe, tienen su importante protagonismo. Sin embargo, si no fuera por Olivia (hermana de Gaelle); Cristina, Triana, Amanda o Martina (las amigas);  Brigitte (la madre); la abuela; o Michelle (la asistente)  esta historia no hubiera existido. Todas estas mujeres orbitan alrededor de Gaelle. Algunas serán apoyo y otras se verán obligadas a tomar una decisión dolorosa, que no denota más que hay mujeres que pagan un precio muy caro por una vida de confort. De cualquier modo, todas ellas conforman un grupo maravilloso, que ama y sufre, que ríe y llora. 

Pero, ya que hablo de personajes, tendría que hacerle hueco a Felipe. No quiero desvelar mucho sobre él. Únicamente diría que, cuando este hombre aparece en la vida de Gaelle, temí por ella. Tuve la sensación de que la protagonista volvía a cometer los mismos errores del pasado, que se dejaba manipular. Felipe es un hombre que me ha puesto muy nerviosa en sus primeras apariciones. Posee un gran magnetismo pero a veces he recelado mucho de su actitud. Sin embargo, le concedí el beneficio de la duda y dejé que se explicara. Bueno, Felipe también tiene un pasado y sus propias heridas. Pero creo que, una parte de los obstáculos que Gaelle encuentra en sus relaciones se deben a su vulnerabilidad. Y tanto es así que, todos esos tatuajes con los que decora su cuerpo, no son más que mensajes de reafirmación. Gaelle necesita una seguridad que ella no sabe proporcionarse a sí misma, por eso sucumbe ante hombres poderosos o con gran aplomo. Al menos, es el mensaje que me ha transmitido. 

Cierro la reseña diciendo que, probablemente el nombre de Astrid Gil-Casares te suene. Quizá sepas algo de su vida y lo mismo te estás preguntando qué similitudes existen entre la historia de Gaelle y la de Astrid. A poco que indagues un poco, sabrás que Astrid luce muchos tatuajes en su cuerpo, es de ascendencia francesa, habla varios idiomas y ha pasado por complicadas situaciones sentimentales. Exactamente como Gaelle. Pero lo que hay de biográfico en Nadie me contó, solo Astrid lo sabe. Tampoco importa demasiado saber qué es verdad y qué no. Gil-Casares no ha querido contar una biografía, sino mostrar a Gaelle, un personaje que pasa por un proceso de construcción interior, de reencuentro con una misma, de auto-análisis. Lo mismo que le sucede a toda persona, no solo a las mujeres, que dejan una etapa atrás e inician otra en solitario.

En definitiva, me ha gustado esta novela. Me ha resultado una lectura sencilla, de fácil asimilación. He empatizado bastante con Gaelle, a pesar de que entra ella y yo hay un abismo en todos los sentidos. Quizá sea porque el personaje ha contado su verdad. Si su perspectiva es correcta o no, eso no lo sé, pero al narrar sus emociones, tal y como las siente, he conectado fácilmente con ella. Me ha parecido un bonito cuento, con final feliz, en el que hay villanos, pero también héroes. 

"Siempre me ha gustado leer. Creo que la novela es mi válvula de escape (meterme en la vida de otros, en los sentimientos de otros, en los miedos de otros, en los anhelos de otros...), pero leo de todo. Hasta los ingredientes del Coca Cao cuando volvía del colegio para merendar. O los de la mermelada. Leo todo lo que caiga ante mis ojos sin ningún tipo de criterio. El caso es que leo, leo, leo. Evidentemente algunas cosas con más ganas o deseo. Pero me gusta leer porque leer me calma". [pág. 216]

Leer me calma.


Algunos libros y películas mencionadas en Costa Azul:

- La senda del perdedor de Charles Bukowski (Anagrama, 2006)
- Coco (Lee Unkrich, Adrián Molina; 2017)



[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

Puedes adquirirlo aquí:



viernes, 31 de julio de 2020

EL MENTIROSO de Mikel Santiago

megustaleer - El mentiroso - Mikel Santiago

Editorial: Ediciones B
Fecha publicación: Junio, 2020
Precio: 20,90 €
Género: Thriller
Nº Páginas: 480
Encuadernación: Tapa blanda con solapas
ISBN: 9788466667449
Disponible en eBook;
puedes empezar a leer aquí]



Autor

Mikel Santiago nació en Portugalete (Vizcaya) en 1975. Comenzó escribiendo relatos y novelas cortas, y publicando sus propios e-books en internet, con lo que consiguió llegar a la lista de best sellers de iTunes, Amazon y Barnes & Noble. Ha vivido en Irlanda y en Ámsterdam. Actualmente reside en Bilbao.

Ha publicado las novelas La última noche en Tremore Beach (2014), El mal camino (2015), El extraño verano de Tom Harvey (2017) y La isla de las últimas voces (2018) en Ediciones B. Todas ellas han escalado hasta los primeros puestos en las listas de best sellers en España y han sido publicadas en una veintena de países. Sus obras han vendido más de un millón de ejemplares en todo el mundo, conquistando por igual a los lectores y a la crítica literaria. En la actualidad, está considerado como uno de los mejores autores de thriller a nivel internacional.

Sinopsis

Hay novelas imposibles de abandonar una vez leídas las primeras páginas. Historias que reinventan el suspense y hacen dudar al lector cada vez que termina un capítulo. En este thriller absolutamente original y adictivo, Mikel Santiago rompe los límites de la intriga psicológica con un relato que explora las frágiles fronteras entre el recuerdo y la amnesia, la verdad y la mentira.

En la primera escena, el protagonista despierta en una fábrica abandonada junto al cadáver de un hombre desconocido y una piedra con restos de sangre. Cuando huye, decide tratar de reconstruir él mismo los hechos. Sin embargo, tiene un problema: no recuerda apenas nada de lo ocurrido en las últimas cuarenta y ocho horas. Y lo poco que sí sabe es mejor no contárselo a nadie.

Así arranca este thriller que nos traslada a un pueblo costero del País Vasco, entre sinuosas carreteras al borde de acantilados y casas de muros resquebrajados por las noches de tormenta: una pequeña comunidad donde, solo aparentemente, nadie tiene secretos para nadie.

[Información tomada directamente del ejemplar]



Mikel Santiago vuelve a ofrecernos un verano de lectura adictiva. Cuando se anunció nueva novela, tuve claro que la quería leer porque, en líneas generales, me gustan sus libros. Hasta la fecha, puedo decir que los he disfrutado todos, aunque algunos más que otros. Por ejemplo, La isla de las últimas voces no me pareció tan fabulosa como las anteriores. En aquella reseña, resalté ciertas cuestiones que habían supuesto pequeños escollos en la lectura, escenas o situaciones que no me habían parecido convincentes, para llegar a un desenlace con el que no me sentí del todo conforme. Cuestión de gustos. Por entonces, llegué a plantearme si el efecto que me provocaban las novelas de Mikel Santiago se había evaporado, si el autor ya había perdido la capacidad de sorprenderme. Así que, la lectura de El mentiroso se presentaba ante mí como un reto, una manera de comprobar si las historias que este escritor vizcaíno seguían pareciéndome atractivas o, por el contrario, habíamos perdido la magia. Ahora, tras la lectura, tengo que admitir que el resultado ha sido satisfactorio. El mentiroso ha logrado engancharme, ha conseguido que tenga ganas de llegar a casa para sentarme a leer, para pasear por unos escenarios agrestes y hostiles, donde las inclemencias del tiempo golpean con fuerza. Ha sido una lectura con la que he ido descubriendo, poco a poco, que todos los personajes tienen mucho que ocultar. 

Álex es un joven jardinero que reside en Ilumbe, un pueblecito costero del País Vasco, próximo a Bermeo. Una mañana despierta en el hospital, sin saber cómo ha ido a parar allí. Al parecer ha tenido un accidente de tráfico, al salirse en una curva. Cuando abre los ojos, lo primero que ve es a Erin, su novia, con la que lleva saliendo aproximadamente un año. Pero Álex no recuerda nada de su accidente. Por su mente cruzan otras imágenes muy distintas y desconcertantes: una vieja fábrica abandonada, un bulto tirado en el suelo, un hombre que no respira y una piedra manchada de sangre. ¿Son recuerdos reales o su imaginación le está gastando una broma? Su confusión mental conduce a los médicos a lanzar un diagnóstico: amnesia. El golpe que ha recibido en la cabeza, visible por la  herida que muestra en el cráneo, le ha borrado, momentánea y parcialmente, la memoria. Solo tiene que darse tiempo, descansar y recuperarse para que los recuerdos vayan fluyendo de nuevo. Sin embargo, lo que va recordando solo le produce más y más inquietud. A ello se une que, la investigación que la policía lleva a cabo sobre el accidente, arroja conclusiones algo inquietantes, que no lo dejan en muy buena posición. Por ejemplo, la policía descubre que Álex iba circulando en sentido contrario y que el golpe en la cabeza no cuadra con el patrón del accidente. ¿Por qué tuvo Álex ese accidente? ¿De dónde venía y hacia dónde iba? Ni siquiera el propio joven puede responder a estas preguntas, hasta que la luz comienza a abrirse paso entre la oscuridad de sus recuerdos. Será entonces cuando, por sus propios medios, intentará ir atando cabos, desandando sus pasos, y reconstruyendo las últimas cuarenta y ocho horas de su vida, hasta llegar al origen de todo. Pero para ello, y al no tener la certeza de nada, al sentir dudas sobre sus actos, irá lanzando una mentira tras otra, hasta meterse en aguas pantanosas. Ahora bien, no será el único mentiroso de esta historia. 

Por otra parte, en Ilumbe se ha notificado la desaparición de un escritor. Félix Arkarazo, vecino del municipio, cosechó un importante éxito con su primera novela, El baile de las manos negras, un libro que no gustó a muchos en el pueblo porque desvelaba información confidencial. Los métodos de Félix siempre han sido bastante cuestionables y su rol como escritor dejaba mucho que desear. Antes de su desaparición, andaba preparando su segunda novela. ¿Tan escandalosa como la primera? ¿Qué le ha ocurrido a Arkarazo? Bueno, lo sabremos en las primeras páginas, aunque en esta novela no importa tanto el qué, sino el quién y el porqué.

A todo ello, una muerte ocurrida en el pasado volverá a ser centro de atención, dejando en evidencia que, muchos de los sucesos actuales, están relacionados con los ocurridos, tiempo atrás. 





Así pues, la novela plantea varias incógnitas. La más inmediata tendrá que ver con esas cuarenta y ocho horas que Álex no recuerda y con su implicación en un suceso luctuoso. El lector advierte, desde primer momento, que la actitud esquiva del protagonista está relacionada con ciertas circunstancias personales que no pueden salir a la luz. Así que, el misterio está servido desde las primeras páginas. Mikel Santiago teje un entramado donde se entremezclan los viejos amores, la amistad y la lealtad, los negocios turbios, el maltrato, los chantajes, las traiciones, la extorsión y las amenazas, para conducirnos a un desenlace que me ha parecido un cierre acorde con el trazado del relato. 

De entre los personajes, Álex es el que capitanea esta historia. Es un joven sin más familia que su abuelo, Jon Garaikoa. Begoña, su madre, falleció hace unos años y de su padre apenas sabe nada. Así que el joven reside con el anciano en Punta Margúa, un accidente geográfico donde se erige la casa familiar. La vivienda está llena de grietas por todas partes, debido a la inestabilidad de sus cimientos, provocada por los continuos desprendimientos que se producen en los acantilados cercanos. Los dos hombres están solos, salvo por Dana, una ucraniana que se encarga de mantener la casa en orden. 

Me gusta Álex. Me parece un joven de su tiempo. La lectura nos demostrará que, a pesar de ciertos trapicheos, es un tío normal, legal y con buen corazón. Y me gusta la relación que tiene con su abuelo Jon, un viejo lobo de mar, al que la vejez ya le está pasando factura. Aunque el anciano se resiste, contra la cabalgadura del Alzheimer poco se puede hacer. Jon comienza a tener lagunas mentales y eso lo convierte en alguien vulnerable, una situación terrible para un hombre que nunca necesitó ayuda de nadie. Ahora, al igual que su nieto, tendrá que dar su brazo a torcer y aceptar que, en esta vida, no siempre podemos ser titanes. 

El abuelo Jon me ha parecido un personaje entrañable, que le sirve a Mikel Santiago para reflexionar sobre la pérdida de la memoria y, a la larga, sobre la pérdida de la propia identidad. Jon es un personaje que lanza sentencias como dagas y que remueve las entrañas del lector. Pero si hablamos de emociones, hay que destacar el cariño que destilan los recuerdos que Álex tiene sobre su madre. Esos pasajes son los que más me han aproximado al protagonista. 

Pero en esta novela circulan muchos más personajes. Al margen de la familia de Álex (pasada y presente), también conoceremos a sus amigos; a su novia Erin y a los padres de esta; a Denis, íntimo amigo de Erin; a algunas amigas de Begoña. La palma se la llevan ciertos tipos siniestros de los que mejor no os cuento nada. Pero Ilumbe es un pueblo pequeño y ocurre, lo que ocurre en todos los pueblos pequeños, que todo el mundo se conoce, que todo el mundo sabe cosas de su vecino. De este modo, los personajes se mueven como dentro de una burbuja, un caparazón bajo el cual se han producido hechos inconfesables que irán saliendo a la luz.

Escrita en primera persona, la novela arranca con un capítulo inicial que sitúa al lector en mitad de una escena cargada de suspense. Se trata de una introducción que sirve de presentación de la escena del crimen. A partir de ahí, la novela se estructura en siete bloques titulados, a lo largo de los cuales se distribuyen capítulos cortos. No diría que la narración te deja sin aliento en cada página, pero es justo reconocer que hay capítulos en los que la tensión se dispara, y el nivel de suspense irá in crescendo, a medida que nos acercamos al desenlace. 

La ambientación es otro plus más. Es cierto que el autor recurre siempre a las tormentas, a los cielos grises, a los vientos, a las lluvias torrenciales y a los truenos ensordecedores, pero todo esto se ha convertido en su seña de identidad. Y creo que, en esta novela precisamente, es donde más sentido tiene una climatología adversa. Son esos momentos de tempestades los que incrementan el suspense de la novela, consiguiendo que el lector no solo luche con las incógnitas que se le plantean, sino también con los elementos de la naturaleza. Mikel Santiago sabe crear ambiente, algo que demuestra en cada novela. 

En cuanto a los escenarios, que la historia transcurra en España ha sido para mí un punto muy positivo. A Mikel le gusta hacer viajar al lector, llevarlo a otros parajes, lejos de nuestras fronteras. Sin embargo, a mí me ha parecido todo un acierto que la historia se desarrolle en nuestro país, más concretamente en el País Vasco, con acantilados que ceden ante el envite del mar, con pequeños pueblos llenos de encanto, bosques tenebrosos y galernas que arrasan con todo a su paso.  Aunque él mismo reconoce que se ha inventado lugares (Ilumbe no existe en la realidad), y que, por exigencias de la trama, ha movido de lugar algunos escenarios, también hay lugares muy reconocibles, tanto que casi se podría hacer una ruta literaria.

Por cierto, en la web del autor (www.mikelsantiago.info) encuentras tres relatos cortos, bajo los títulos Carreteras solitarias I, II y III, en versión audio, que conviene escuchar para adentrarte en el universo Santiago. Y ya, por último, os comento que el propio autor nos desveló en la entrevista (puedes leerla aquí), que es posible que Ilumbe vuelva a ser escenario de sus próximas novelas. Para ello tendremos que esperar un poco. ¿Al verano del 2021, quizás? No sabemos. De momento, cierro esta reseña animándote a leer El mentiroso. Una vez que empieces, no podrás dejarla. 



[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

Puedes adquirirlo aquí: 

jueves, 30 de julio de 2020

JOSÉ DE LA ROSA: 'Generalmente, los autores de novela romántica somos grandes desconocidos'

Sabéis que no suelo ser lectora de novela romántica. Aunque, en alguna ocasión me he asomado al género, no es habitual que figure entre mis lecturas. Sin embargo, a veces es bueno hacer concesiones porque te puedes llevar sorpresas muy agradables. Eso es lo que me ha ocurrido con No soy Lizzy Bennet, la última novela de José de la Rosa. Admito que no conocía a este autor sevillano que ya lleva andado un largo trecho. Quince son las novelas que lleva publicadas, entre auto-publicación y publicación convencional, con respaldo de editorial. Además, ha ganado un par de premios literarios. El último, el Premio Vergara, con este título sobre el que hemos conversado hace unos días. 

No soy Lizzy Bennet es una historia bonita, muy bonita, en la que el amor es el epicentro, pero en la que también encontramos otros asuntos tratados con profundidad. Cuenta con personajes sólidos, llenos de claroscuros. No es una novela almibarada, no peca de exceso de dulzor, ni de protagonistas planos, que terminan rebozados en una felicidad inverosímil. Pero no quiero adelantar más detalles sobre la novela. Porque, antes de daros a conocer mis impresiones, quisiera presentaros al autor, a través de esta entrevista. 


Marisa G.- José, te advierto que no soy lectora de romántica pero tu novela me ha gustado mucho.

José R.- Me alegro mucho, de verdad.

M.G.- ¿Y cómo que no te conocía? Si llevas quince novelas publicadas.

J.R.- Generalmente, los autores de novela romántica somos grandes desconocidos. Es una literatura que está muy prejuiciada. Es habitual pensar que son novelas fáciles, muy repetitivas, que muestran a una mujer sumisa, y que siempre acaban con final feliz, pero no siempre es así. La novela romántica se adapta a todos los tiempos porque lo que habla es del amor. 

Para que te hagas una idea, en España, las dos autoras que más venden en estos momentos, escriben novela romántica. Son Megan Maxwell y Elisabeth Benavent. Además, la novela romántica es el segundo género de ficción más vendido. Pero como te digo, los autores de romántica son muy desconocidos. En Sevilla, a mí no me conoce nadie. 

M.G.- ¿Y todas esas novelas están publicadas por editorial o hay auto-edición?

J.R.- Algo más de la mitad están publicadas con editorial. Trabajo con Random House, con Harper Collins y con Urano. Con esta última, gané el Premio Titania, un premio de novela romántica que ellos promocionan. Pero, como vivo de escribir, el 40% de mi producción lo auto-publico. Es en la auto-publicación donde obtengo mayores ingresos. Con las editoriales, recibes adelantos y la liquidación, que se realiza una vez al año pero, de este modo, es complicado vivir. Con la auto-edición, al menos en novela romántica, a día de hoy se puede vivir. 

M.G.- Formas parte de la Romance Writers of América. ¿De qué manera participas en esta asociación?

J.R.- Es una asociación que invita a inscribirse, a los escritores de novela romántica, para lo que hay que pagar una cuota, que no es poca cosa. Para ser miembro de la asociación, tienes que demostrar que tienes un número de ejemplares vendidos, que tienes una cantidad determinada en royalties anuales,... Pero es una asociación muy interesante porque es muy activa. Organizan muchos talleres, actividades, cursos. Lo que ocurre es que actualmente, está hecha unos zorros. En diciembre de 2019, se dio un caso de racismo. Una serie de autoras plantearon que la novela romántica tenía un único perfil de protagonistas, y que tenía que ser siempre de raza blanca. Claro, eso fue todo un escándalo. Tuvo que dimitir toda la Junta directiva. Pero bueno, aparte de eso, siempre organizan cosas interesantes, en todas partes del mundo, incluso en España. 

M.G.- Sí que hay mucho prejuicio con respecto a este género. Pero hay que reconocer que, generalmente, la mayoría de autores que escriben romántica son chicas. 

J.R.- Efectivamente. Aproximadamente, el 80% de escritores de novela romántica son mujeres, de igual modo que, aproximadamente el 90% de los lectores, son mujeres. Es un género eminentemente femenino. Aunque seguro que hay muchos hombres que no reconocen que son lectores de novela romántica.

M.G.- Eso seguro. Con No soy Lizzy Bennet ganas el Premio Vergara. Háblame un poco de este premio.

J.R.- Vergara es una editorial que, actualmente, pertenece al grupo Penguin Random House. Es una editorial muy importante en novela romántica. Dentro de mi estrategia como autor para obtener más visibilidad está el participar en premios. Tuve la suerte de ganar la décima edición con Lizzy. El perfil de novela que generalmente publica Vergara es un poco más tradicional que la mía, pero parece que a ellos les apetecía un cambio de aire. Porque esta novela es un poco diferente, dentro del canon de novela romántica.

M.G.- Yo creo que por eso me ha gustado tanto, porque es diferente y se aparta un poco de lo que se conoce tradicionalmente como novela romántica. No es la típica historia de chica conoce a chico, se enamoran y son felices para siempre.  

J.R.- En todas mis novelas, intento tratar un tema en concreto y retratar el momento vital en el que estoy. En esta novela, quería tratar el tema de la rendición. La protagonista se da cuenta que tiene que dejar de correr, de marcarse objetivos. Entiende que es necesario pararse y disfrutar de las cosas que tiene a diario. Es necesario mentalizarse y disfrutar de lo que la vida te ha dado, de lo que tienes hoy.

M.G.- Es que siempre estamos pensando en el día de mañana, en vez de en el día de hoy.

J.R.- Exacto. Además, me apetecía también hacer un homenaje a Jane Austen, inspiradora de uno de los subgéneros de la novela romántica, como es la regencia. Sus libros fueron la antesala de lo que después ha sido la novela romántica, unas historias que plantean un conflicto amoroso con un final positivo, que no feliz. Porque son novelas que tienen un final que genera una sensación agradable y de bienestar al lector. Los protagonistas no tienen por qué casarse, ni quedarse juntos, basta con que los conflictos se resuelvan de manera positiva para el lector. 

M.G.- ¿Pero tú piensas primero el tema y luego dibujas los personajes y la trama? ¿Cómo se construye la novela en tu cabeza?


J.R.- Con cada novela es distinto. La mayoría de las veces, la idea parte de un tema. En Gigoló, el amor tiene un precio, que ganó el Premio Titania, hablé sobre la necesidad de ser uno mismo. Pero Un lugar donde olvidarte nació a raíz de una conversación. Me invitaron a una boda a la que asistí por puro compromiso, y encima me sentaron en la mesa más extraña, donde coincidí con gente muy dispar, un matrimonio de ochenta años, un joven de veinte,... Todos estábamos descolgados porque no nos conocíamos. Se me sentó al lado una mujer encantadora, psiquiatra de profesión, pero ya jubilada. Claro, empiezas a soltar temas, hasta que encontramos uno muy interesante. Ella empezó a hablarme de su profesión. Me contó cosas fascinantes. Nos llevamos toda la noche hablando y escribí esa novela en dos semanas. 

M.G.- Y Lizzy también se puede considerar una roadtrip porque los personajes emprenden un viaje, y van pasando por distintas localidades. No sé por qué me imaginé que la historia transcurría en Londres y alrededores, pero no.

J.R.- La novela se desarrolla en un país imaginario. Podría ser Estados Unidos pero la geografía está totalmente inventada. Cuando empecé a plantearme la novela, lo que quise trazar fue un viaje de la cabeza al corazón, de lo racional al sentimiento, y por eso es un viaje de norte a sur. El viaje funciona como metáfora. Lizzy emprende su viaje a través de una autopista, como ese camino que todos seguimos en la vida. Sin embargo, llega un momento en que ella toma una desviación hacia un sendero de arena amarilla, como el camino de las baldosas amarillas. A partir de ahí, entra en el mundo de las ilusiones, donde las cosas que ocurren no son verdaderamente reales. Además, se hará acompañar por cuatro personajes, como Dorothy,... Es decir, hay un viaje interior. Lizzy trazará un
 recorrido interno. Cuando llega a su destino, se habrá transformado en otra persona, capaz de enfrentarse a lo que le depara la vida. Pero el lector puede leer este libro como le apetezca. Habrá quienes solo quieran ver una novela romántica entretenida. 


M.G.- Es decir que San Cayetano, que es el pueblo al que se dirige Lizzy y sus cuatro acompañantes, no existe.

J.R.- Pues no, no existe. Y si le puse nombre de santo fue para santificarlo de alguna manera. (Risas)


M.G.- Pues te ha quedado bonito, la verdad. Parece un sitio muy agradable.


J.R.- Bueno, todo es como una especie de alegoría al Mago de Oz.


M.G.- En esta novela hay amor, pero también hay un asesinato del que se va dando información muy poco a poco, y eso genera mucho suspense en el lector.

J.R.- Yo empecé escribiendo thrillers, en los que no había ni un solo beso, ni una sola relación amorosa. Era un género que me gustaba mucho, y mi primera novela la publiqué con Suma de Letras. Si aterricé en la novela romántica fue por pura casualidad. Empecé a trabajar en una editorial, y había que buscar una línea con la que se hiciera caja. Nosotros publicábamos guías, obras de teatro,... Pero investigando y analizando los informes de ventas, nos dimos cuenta que lo que daba dinero de verdad era el género romántico. Al final terminé cayendo yo mismo en ese género. Pero como el thriller me gusta, en todas mis novelas románticas siempre presento un misterio que hay que resolver.

M.G.- Es un novela coral pero los personajes que ostentan más protagonismo son Lizzy y John. ¿Cómo te han salido estos protagonistas?

J.R.- Lizzy es una mujer que ha intentado llevar hacia delante su vida, incluso en contra de los deseos de su familia. Nunca ha conseguido romper las expectativas que se tienen de ella. Su padre siempre ha querido que se dedicara a la banca y al derecho. A Lizzy le tienen que pasar cosas muy tremendas para romper definitivamente con su familia y hacer lo que quiere.

Y John es el contrapunto adecuado. Es un hombre que ha ido un paso más lejos. Después de una vida ejerciendo la profesión que quería su padre, ahora recorre el mundo con su furgoneta Rosemary. John lo ha dejado todo atrás y en lo único que piensa es en vivir todo aquello que la vida le depare. En ese punto vital, el amor puede llegar a revolucionar la vida de cualquiera. El amor no es algo que surge cuando le das a botón. El amor llega a tu vida, te cae encima, como al que le cae un cubo de agua, y generalmente, en el momento más inoportuno.

M.G.- Y luego tenemos al resto de personajes: Eve, Ana y Giacomo. No son meros secundarios, sino que tienen su parcela de protagonismo y su propia historia de amor.

J.R.- Pues sí. Al principio me planteé contar la historia de manera completa, empleando un narrador omnisciente. Pero estos personajes secundarios eran tan potentes.... Eve es esclava de su belleza. Todo el mundo la ha valorado siempre por su aspecto físico, porque es espectacular y despampanante.  Se ha enamorado de un hombre que no ha visto nunca, y que solo la puede valorar por su interior. Por su parte, Ana ha hecho siempre lo que su padre ha querido. Ahora que ha fallecido, es hora de retomar las riendas de su vida e ir en busca de su destino. En cuanto a Giacomo, él es la representación del amor platónico. Es un hombre que lleva 50 años enamorado de una mujer, a la que solo ve una vez al año. 

Estos personajes me han servido para proyectar el amor de Lizzy, pero salieron tan potentes, que llegaron a eclipsar a Lizzy en muchos momentos. Por eso, me decanté por un segundo narrador, con el que Lizzy habla de forma apelativa con Darcy, el hombre que causa su desgracia.

M.G.- A mí estos amores, todos, me han gustado muchísimo. Cada uno de los personajes tiene una historia preciosa. Pero que ahora hablas del segundo narrador, en la novela hay alternancia de capítulos y se puede leer como dos novelas distintas, ¿verdad?

J.R.- Sí. Se puede leer como novelas independientes. Mi editora me sugirió unas mejoras que me vinieron muy bien. Uno de los consejos que me dio fue ordenar de forma cronológica, las intervenciones de Lizzy y Darcy. Cuando yo presenté la novela al premio, todo eso estaba desordenado. Ese desorden provocaba más misterio en el lector, pero también más desconcierto y confusión. Creo que reordenar esa parte fue una decisión muy acertada porque la novela ha ganado en coherencia.

M.G.- Para ir terminando José. En tu cuenta de Pinterest has colgado fotos de actrices y modelos que encajan muy bien con la descripción de los personajes. Es una manera de poder ponerles cara. 

J.R.- Eso lo llevo haciendo hace mucho tiempo. Recuerdo que en mis primeras novelas, me liaba con las descripciones físicas de los personajes. Si la protagonista era rubia con los ojos azules en la página veinte, le cambiaba el color de los ojos diez más páginas más adelante. Y cuarenta páginas más, se convertía en morena. Me liaba mucho porque, además, escribo más de una novela a la vez. Llega un momento en el que tengo tal cacao de personajes en la cabeza, que voy mezclando los personajes de una historia con la de otra. Para evitar que me siguiera pasando eso, me busqué una imagen por cada personaje, una foto de una actriz, de un modelo... que se pareciera al personaje que yo tenía en mi cabeza. Y voy colocando esas fotos en mi tablón de trabajo de tal modo que, cada vez que tengo que hablar de algún rasgo físico, miro la foto. 

Además, cuando estoy en pleno proceso de escritura, no puedo leer ficción, porque se me suele pegar el tono. Así que sustituyo la lectura  por la música. Me encanta escuchar música. Y cuando estoy escribiendo, suelo escuchar esas canciones que me ayudan a contextualizar la historia. Luego compongo una lista de Spotify. Son herramientas de trabajo que luego pongo a disposición de los lectores. 

M.G.- Es material adicional que gusta mucho. Y hablando de lecturas, ¿qué sueles leer?

J.R.- Leo absolutamente de todo. Soy un devorador de libros. Ahora mismo estoy leyendo Ellos de Francine Du Plessix Gray, una novela maravillosa. No tengo ningún límite en cuanto a género. Incluso leo ensayo. Me considero lector antes que escritor.

M.G.- De acuerdo, José. Pero tú sigue escribiendo porque, a mí me ha gustado esta novela y creo que ha sido un estreno bastante agradable. Te seguiré bien la pista.

J.R.- Muchas gracias, Marisa. 

Sinopsis: Llamarse Lizzy apellidándose Bennet fue una casualidad, pero esta anécdota ha marcado su vida desde niña, desde el momento en que decidió guiar su conducta por el código moral de la protagonista de Orgullo y prejuicio, la otra Lizzy Bennet: honor, libertad, coherencia.

Pero algo tuvo que salir muy mal, porque con treinta años recién cumplidos, esos tres principios se han volatilizado: la prensa la considera un monstruo, la policía la persigue, y ella no cree en nada que no sea atravesar el país y llegar a San Cayetano, la capital del sur, donde debe llevar a cabo su última misión antes de acabar entre rejas.

En medio de esta huida, un accidente de tráfico la hace coincidir con John, un tipo que le desagrada al instante, y a quien solo quiere quitarse de encima. Aunque esa tarea no será fácil. John está decidido a recuperar lo que es suyo, y para conseguirlo la perseguirá, si hace falta, hasta el final del mundo.

Así, Lizzy se embarca en una travesía por carretera a lo largo de un país mágico, con la policía pisándoles los talones y unos extraños compañeros de viaje: Eve, enamorada de un hombre al que no conoce; Giacomo, que como cada año desde hace cincuenta y tres va en busca de su amada para pasar juntos una sola noche a la luz de la luna; y Ana, que ha decidido retomar su vida donde la dejó casi cuatro décadas atrás. Y por supuesto John, pues lo que empieza siendo una cuestión de orgullo, derriba todos sus prejuicios hasta hacerla comprender qué es de verdad el amor.

Moteles de carretera, comunas nudistas, grupos de terapia, serrerías perdidas en el bosque y un destino incierto los aunará a todos bajo la magia de una canción, justo cuando sus vidas deben enfrentarse a su destino.


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