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viernes, 7 de agosto de 2020

NO SOY LIZZY BENNET de J. de la Rosa

No soy Lizzy Bennet (Vergara Romántica): Amazon.es: de la Rosa, J ...
Editorial: Vergara
X Premio Vergara
a la Mejor Novela Romántica
Fecha publicación: Junio, 2020
Precio: 16,90 €
Género: Novela romántica
Nº Páginas: 336
Encuadernación: Tapa  blanda con solapas
ISBN: 9788418045059
Disponible en eBook;
puedes empezar a leer aquí]

Autor

J. de la Rosa estudió Audiovisuales y empezó Periodismo. Ha obtenido los premios de novela Vergara (2019) y Titania (2014) y ha sido finalista de los Premios Literarios Amazon. Es miembro de la Romance Writers of America (RWA). Ha publicado quince novelas en total, entre románticas y thrillers, y dos manuales sobre técnicas de escritura. Con No soy Lizzy Bennet ha obtenido el Premio Vergara a la mejor novela romántica.

Sinopsis

Llamarse Lizzy apellidándose Bennet fue una casualidad, pero esta anécdota ha marcado su vida desde niña, desde el momento en que decidió guiar su conducta por el código moral de la protagonista de Orgullo y prejuicio, la otra Lizzy Bennet: honor, libertad, coherencia.

Pero algo tuvo que salir muy mal, porque con treinta años recién cumplidos, esos tres principios se han volatilizado: la prensa la considera un monstruo, la policía la persigue, y ella no cree en nada que no sea atravesar el país y llegar a San Cayetano, la capital del sur, donde debe llevar a cabo su última misión antes de acabar entre rejas.

En medio de esta huida, un accidente de tráfico la hace coincidir con John, un tipo que le desagrada al instante, y a quien solo quiere quitarse de encima. Aunque esa tarea no será fácil. John está decidido a recuperar lo que es suyo, y para conseguirlo la perseguirá, si hace falta, hasta el final del mundo.

Así, Lizzy se embarca en una travesía por carretera a lo largo de un país mágico, con la policía pisándoles los talones y unos extraños compañeros de viaje: Eve, enamorada de un hombre al que no conoce; Giacomo, que como cada año desde hace cincuenta y tres va en busca de su amada para pasar juntos una sola noche a la luz de la luna; y Ana, que ha decidido retomar su vida donde la dejó casi cuatro décadas atrás. Y por supuesto John, pues lo que empieza siendo una cuestión de orgullo, derriba todos sus prejuicios hasta hacerla comprender qué es de verdad el amor.


Moteles de carretera, comunas nudistas, grupos de terapia, serrerías perdidas en el bosque y un destino incierto los aunará a todos bajo la magia de una canción, justo cuando sus vidas deben enfrentarse a su destino.



[Información tomada directamente del ejemplar]



Ya lo comenté al publicar la entrevista a José de la Rosa (puedes leerla aquí). No acostumbro a leer novelas románticas. Para mí, son cuentos rosas en los que una protagonista, -porque generalmente es mujer-, encuentra al amor de su vida, no sin pocas dificultades. Creo que mi momento para historias así pasó, hace mucho tiempo. Ahora prefiero novelas más apegadas al suelo, con personajes llenos de claroscuros, que buscan algo más que amor. Sin embargo, al ser historias tan bonitas, admito leer alguna de vez en cuando, aunque no es lo habitual. Dicho lo cual, debo reconocer que No soy Lizzy Bennet me ha sorprendido gratamente. Catalogarla como novela romántica es quedarse verdaderamente corto. Hay romance, claro que sí, pero también hay otras muchas cuestiones que configuran esta novela como algo mucho más profundo.

Para empezar, la novela arranca en modo thriller. En los primeros capítulos, el lector asiste a una persecución policíaca. Lizzy huye de la ciudad mientras un sedán negro intenta darle caza. ¿Por qué huye esta joven? Al parecer está acusada de asesinato. En su huida, se topará de cruces con John, el joven conductor de una furgoneta destartalada, contra la que nuestra prota tiene un pequeño accidente. Ni corta ni perezosa, Lizzy se da la fuga y, a la persecución de los agentes, se suma la de John, quien pretende que la joven le pague los desperfectos que el accidente ha propiciado en su vehículo. Se inicia así una roadtrip, a lo largo de la cual Lizzy volverá a encontrarse con John e Eve, su compañera de viaje. También conocerá a Ana, una mujer en busca de su destino y a  Giacomo, un octogenario que se dispone a cumplir una promesa. Todos juntos pondrán rumbo a San Cayetano, un pueblecito pequeño, donde cada uno de ellos le espera un encuentro con su destino. 

Pero, a la vez que asistimos a este viaje, la novela intercala otro hilo narrativo. En ellos, Lizzy habla de su pasado en primera persona. Dirigiéndose a un hombre al que apoda Darcy, narrará un gran amor, complejo, que lamentablemente acabó de manera trágica. Ese terrible desenlace es el que da pie al viaje de Lizzy a San Cayetano, a donde deberá acudir para arreglar el daño que ocasionó en el pasado. Llegado el momento, ambos hilos se unen para alcanzar un desenlace que me ha gustado bastante, porque es algo atípico para una historia como esta.

No soy Lizzy Bennet es una novela muy coral. Aun así, el protagonismo lo copan Lizzy y John. Ella es una joven "morena y bonita, con unos ojos inocentes y luminosos". Licenciada en filología inglesa, sus padres siempre esperaron que se dedicara al mundo de la abogacía y siguiera la tradición familiar. Sin embargo, Lizzy es un alma libre. Su mayor pecado ha sido enamorarse y ahora paga las consecuencias. Tras un incidente de su pasado, su familia, una de las más destacadas de la ciudad, la repudiará, dándole la espalda. 

En cuanto a John, es un joven de aproximadamente treinta años. De aspecto desastroso, luce una melena rubia y una barba desarreglada. Dejó la comodidad de una vida holgada para viajar por el mundo y ayudar a su amiga Eve, lo que nos da una pista del tipo de persona que es. Se podría decir que Lizzy y John son las dos caras de una misma moneda. Lo que una pretende conseguir, el otro ya lo ha conseguido. Cuando una va, el otro viene de vuelta. Al menos, esa es la percepción que tengo de esta pareja protagonista. En cualquier caso, la atracción entre ambos personajes surge desde el primer encuentro. Nada más verlo, Lizzy siente curiosidad por este hombre al que no deja de encontrarse una y otra vez en su camino. Para él, "había algo en aquella chica, una recia fortaleza bajo aquel torrente de aparente fragilidad, un trazo de decencia bajo sus formas de desalmada, que lo tenían completamente desconcertado y, por qué no decirlo, interesado".

En cuanto al resto de personajes, Eve, Ana y Giacomo tendrán su propia parcela protagonista. Cada uno de ellos tiene que arreglar algo de su pasado, y arrastran una historia de amor profunda. Pero no voy a entrar en detalles. Lo que sí os diré que es la historia de estos tres personajes es tan bonita que perfectamente podrían protagonizar su propio spin off.

Con un estilo fresco, desenfadado y diálogos ingeniosos, que en ocasiones se mezclan con una modulación algo más nostálgica e intimista, No soy Lizzy Bennet alterna dos voces narrativas, pues como os he contado antes, hay dos hilos argumentales. El tono de cada una de las partes varía muchísimo. El viaje en carretera, que se narra en tercera persona, tiene un aire alocado y disparatado. Sin embargo, cuando Lizzy habla de su pasado en primera, todo se vuelve mucho más taciturno y melancólico. 

No soy Lizzy Bennet es una novela amable y bonita, nada convencional para el género en el que se encuadra. Me ha resultado una historia bien urdida, con momentos románticos y otros llenos de humor. Cuenta también con una mezcla de misterio y suspense, que le aporta mucho atractivo, y un desenlace bien pensado, con el que, además, el lector entenderá la auténtica naturaleza de Lizzy. 

Cierro la reseña con una frase que perfectamente podría resumir lo que Lizzy pretende en esta historia:



"...cerrar el pasado para enfrentarse al futuro"


[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

Puedes adquirirlo aquí:



jueves, 30 de julio de 2020

JOSÉ DE LA ROSA: 'Generalmente, los autores de novela romántica somos grandes desconocidos'

Sabéis que no suelo ser lectora de novela romántica. Aunque, en alguna ocasión me he asomado al género, no es habitual que figure entre mis lecturas. Sin embargo, a veces es bueno hacer concesiones porque te puedes llevar sorpresas muy agradables. Eso es lo que me ha ocurrido con No soy Lizzy Bennet, la última novela de José de la Rosa. Admito que no conocía a este autor sevillano que ya lleva andado un largo trecho. Quince son las novelas que lleva publicadas, entre auto-publicación y publicación convencional, con respaldo de editorial. Además, ha ganado un par de premios literarios. El último, el Premio Vergara, con este título sobre el que hemos conversado hace unos días. 

No soy Lizzy Bennet es una historia bonita, muy bonita, en la que el amor es el epicentro, pero en la que también encontramos otros asuntos tratados con profundidad. Cuenta con personajes sólidos, llenos de claroscuros. No es una novela almibarada, no peca de exceso de dulzor, ni de protagonistas planos, que terminan rebozados en una felicidad inverosímil. Pero no quiero adelantar más detalles sobre la novela. Porque, antes de daros a conocer mis impresiones, quisiera presentaros al autor, a través de esta entrevista. 


Marisa G.- José, te advierto que no soy lectora de romántica pero tu novela me ha gustado mucho.

José R.- Me alegro mucho, de verdad.

M.G.- ¿Y cómo que no te conocía? Si llevas quince novelas publicadas.

J.R.- Generalmente, los autores de novela romántica somos grandes desconocidos. Es una literatura que está muy prejuiciada. Es habitual pensar que son novelas fáciles, muy repetitivas, que muestran a una mujer sumisa, y que siempre acaban con final feliz, pero no siempre es así. La novela romántica se adapta a todos los tiempos porque lo que habla es del amor. 

Para que te hagas una idea, en España, las dos autoras que más venden en estos momentos, escriben novela romántica. Son Megan Maxwell y Elisabeth Benavent. Además, la novela romántica es el segundo género de ficción más vendido. Pero como te digo, los autores de romántica son muy desconocidos. En Sevilla, a mí no me conoce nadie. 

M.G.- ¿Y todas esas novelas están publicadas por editorial o hay auto-edición?

J.R.- Algo más de la mitad están publicadas con editorial. Trabajo con Random House, con Harper Collins y con Urano. Con esta última, gané el Premio Titania, un premio de novela romántica que ellos promocionan. Pero, como vivo de escribir, el 40% de mi producción lo auto-publico. Es en la auto-publicación donde obtengo mayores ingresos. Con las editoriales, recibes adelantos y la liquidación, que se realiza una vez al año pero, de este modo, es complicado vivir. Con la auto-edición, al menos en novela romántica, a día de hoy se puede vivir. 

M.G.- Formas parte de la Romance Writers of América. ¿De qué manera participas en esta asociación?

J.R.- Es una asociación que invita a inscribirse, a los escritores de novela romántica, para lo que hay que pagar una cuota, que no es poca cosa. Para ser miembro de la asociación, tienes que demostrar que tienes un número de ejemplares vendidos, que tienes una cantidad determinada en royalties anuales,... Pero es una asociación muy interesante porque es muy activa. Organizan muchos talleres, actividades, cursos. Lo que ocurre es que actualmente, está hecha unos zorros. En diciembre de 2019, se dio un caso de racismo. Una serie de autoras plantearon que la novela romántica tenía un único perfil de protagonistas, y que tenía que ser siempre de raza blanca. Claro, eso fue todo un escándalo. Tuvo que dimitir toda la Junta directiva. Pero bueno, aparte de eso, siempre organizan cosas interesantes, en todas partes del mundo, incluso en España. 

M.G.- Sí que hay mucho prejuicio con respecto a este género. Pero hay que reconocer que, generalmente, la mayoría de autores que escriben romántica son chicas. 

J.R.- Efectivamente. Aproximadamente, el 80% de escritores de novela romántica son mujeres, de igual modo que, aproximadamente el 90% de los lectores, son mujeres. Es un género eminentemente femenino. Aunque seguro que hay muchos hombres que no reconocen que son lectores de novela romántica.

M.G.- Eso seguro. Con No soy Lizzy Bennet ganas el Premio Vergara. Háblame un poco de este premio.

J.R.- Vergara es una editorial que, actualmente, pertenece al grupo Penguin Random House. Es una editorial muy importante en novela romántica. Dentro de mi estrategia como autor para obtener más visibilidad está el participar en premios. Tuve la suerte de ganar la décima edición con Lizzy. El perfil de novela que generalmente publica Vergara es un poco más tradicional que la mía, pero parece que a ellos les apetecía un cambio de aire. Porque esta novela es un poco diferente, dentro del canon de novela romántica.

M.G.- Yo creo que por eso me ha gustado tanto, porque es diferente y se aparta un poco de lo que se conoce tradicionalmente como novela romántica. No es la típica historia de chica conoce a chico, se enamoran y son felices para siempre.  

J.R.- En todas mis novelas, intento tratar un tema en concreto y retratar el momento vital en el que estoy. En esta novela, quería tratar el tema de la rendición. La protagonista se da cuenta que tiene que dejar de correr, de marcarse objetivos. Entiende que es necesario pararse y disfrutar de las cosas que tiene a diario. Es necesario mentalizarse y disfrutar de lo que la vida te ha dado, de lo que tienes hoy.

M.G.- Es que siempre estamos pensando en el día de mañana, en vez de en el día de hoy.

J.R.- Exacto. Además, me apetecía también hacer un homenaje a Jane Austen, inspiradora de uno de los subgéneros de la novela romántica, como es la regencia. Sus libros fueron la antesala de lo que después ha sido la novela romántica, unas historias que plantean un conflicto amoroso con un final positivo, que no feliz. Porque son novelas que tienen un final que genera una sensación agradable y de bienestar al lector. Los protagonistas no tienen por qué casarse, ni quedarse juntos, basta con que los conflictos se resuelvan de manera positiva para el lector. 

M.G.- ¿Pero tú piensas primero el tema y luego dibujas los personajes y la trama? ¿Cómo se construye la novela en tu cabeza?


J.R.- Con cada novela es distinto. La mayoría de las veces, la idea parte de un tema. En Gigoló, el amor tiene un precio, que ganó el Premio Titania, hablé sobre la necesidad de ser uno mismo. Pero Un lugar donde olvidarte nació a raíz de una conversación. Me invitaron a una boda a la que asistí por puro compromiso, y encima me sentaron en la mesa más extraña, donde coincidí con gente muy dispar, un matrimonio de ochenta años, un joven de veinte,... Todos estábamos descolgados porque no nos conocíamos. Se me sentó al lado una mujer encantadora, psiquiatra de profesión, pero ya jubilada. Claro, empiezas a soltar temas, hasta que encontramos uno muy interesante. Ella empezó a hablarme de su profesión. Me contó cosas fascinantes. Nos llevamos toda la noche hablando y escribí esa novela en dos semanas. 

M.G.- Y Lizzy también se puede considerar una roadtrip porque los personajes emprenden un viaje, y van pasando por distintas localidades. No sé por qué me imaginé que la historia transcurría en Londres y alrededores, pero no.

J.R.- La novela se desarrolla en un país imaginario. Podría ser Estados Unidos pero la geografía está totalmente inventada. Cuando empecé a plantearme la novela, lo que quise trazar fue un viaje de la cabeza al corazón, de lo racional al sentimiento, y por eso es un viaje de norte a sur. El viaje funciona como metáfora. Lizzy emprende su viaje a través de una autopista, como ese camino que todos seguimos en la vida. Sin embargo, llega un momento en que ella toma una desviación hacia un sendero de arena amarilla, como el camino de las baldosas amarillas. A partir de ahí, entra en el mundo de las ilusiones, donde las cosas que ocurren no son verdaderamente reales. Además, se hará acompañar por cuatro personajes, como Dorothy,... Es decir, hay un viaje interior. Lizzy trazará un
 recorrido interno. Cuando llega a su destino, se habrá transformado en otra persona, capaz de enfrentarse a lo que le depara la vida. Pero el lector puede leer este libro como le apetezca. Habrá quienes solo quieran ver una novela romántica entretenida. 


M.G.- Es decir que San Cayetano, que es el pueblo al que se dirige Lizzy y sus cuatro acompañantes, no existe.

J.R.- Pues no, no existe. Y si le puse nombre de santo fue para santificarlo de alguna manera. (Risas)


M.G.- Pues te ha quedado bonito, la verdad. Parece un sitio muy agradable.


J.R.- Bueno, todo es como una especie de alegoría al Mago de Oz.


M.G.- En esta novela hay amor, pero también hay un asesinato del que se va dando información muy poco a poco, y eso genera mucho suspense en el lector.

J.R.- Yo empecé escribiendo thrillers, en los que no había ni un solo beso, ni una sola relación amorosa. Era un género que me gustaba mucho, y mi primera novela la publiqué con Suma de Letras. Si aterricé en la novela romántica fue por pura casualidad. Empecé a trabajar en una editorial, y había que buscar una línea con la que se hiciera caja. Nosotros publicábamos guías, obras de teatro,... Pero investigando y analizando los informes de ventas, nos dimos cuenta que lo que daba dinero de verdad era el género romántico. Al final terminé cayendo yo mismo en ese género. Pero como el thriller me gusta, en todas mis novelas románticas siempre presento un misterio que hay que resolver.

M.G.- Es un novela coral pero los personajes que ostentan más protagonismo son Lizzy y John. ¿Cómo te han salido estos protagonistas?

J.R.- Lizzy es una mujer que ha intentado llevar hacia delante su vida, incluso en contra de los deseos de su familia. Nunca ha conseguido romper las expectativas que se tienen de ella. Su padre siempre ha querido que se dedicara a la banca y al derecho. A Lizzy le tienen que pasar cosas muy tremendas para romper definitivamente con su familia y hacer lo que quiere.

Y John es el contrapunto adecuado. Es un hombre que ha ido un paso más lejos. Después de una vida ejerciendo la profesión que quería su padre, ahora recorre el mundo con su furgoneta Rosemary. John lo ha dejado todo atrás y en lo único que piensa es en vivir todo aquello que la vida le depare. En ese punto vital, el amor puede llegar a revolucionar la vida de cualquiera. El amor no es algo que surge cuando le das a botón. El amor llega a tu vida, te cae encima, como al que le cae un cubo de agua, y generalmente, en el momento más inoportuno.

M.G.- Y luego tenemos al resto de personajes: Eve, Ana y Giacomo. No son meros secundarios, sino que tienen su parcela de protagonismo y su propia historia de amor.

J.R.- Pues sí. Al principio me planteé contar la historia de manera completa, empleando un narrador omnisciente. Pero estos personajes secundarios eran tan potentes.... Eve es esclava de su belleza. Todo el mundo la ha valorado siempre por su aspecto físico, porque es espectacular y despampanante.  Se ha enamorado de un hombre que no ha visto nunca, y que solo la puede valorar por su interior. Por su parte, Ana ha hecho siempre lo que su padre ha querido. Ahora que ha fallecido, es hora de retomar las riendas de su vida e ir en busca de su destino. En cuanto a Giacomo, él es la representación del amor platónico. Es un hombre que lleva 50 años enamorado de una mujer, a la que solo ve una vez al año. 

Estos personajes me han servido para proyectar el amor de Lizzy, pero salieron tan potentes, que llegaron a eclipsar a Lizzy en muchos momentos. Por eso, me decanté por un segundo narrador, con el que Lizzy habla de forma apelativa con Darcy, el hombre que causa su desgracia.

M.G.- A mí estos amores, todos, me han gustado muchísimo. Cada uno de los personajes tiene una historia preciosa. Pero que ahora hablas del segundo narrador, en la novela hay alternancia de capítulos y se puede leer como dos novelas distintas, ¿verdad?

J.R.- Sí. Se puede leer como novelas independientes. Mi editora me sugirió unas mejoras que me vinieron muy bien. Uno de los consejos que me dio fue ordenar de forma cronológica, las intervenciones de Lizzy y Darcy. Cuando yo presenté la novela al premio, todo eso estaba desordenado. Ese desorden provocaba más misterio en el lector, pero también más desconcierto y confusión. Creo que reordenar esa parte fue una decisión muy acertada porque la novela ha ganado en coherencia.

M.G.- Para ir terminando José. En tu cuenta de Pinterest has colgado fotos de actrices y modelos que encajan muy bien con la descripción de los personajes. Es una manera de poder ponerles cara. 

J.R.- Eso lo llevo haciendo hace mucho tiempo. Recuerdo que en mis primeras novelas, me liaba con las descripciones físicas de los personajes. Si la protagonista era rubia con los ojos azules en la página veinte, le cambiaba el color de los ojos diez más páginas más adelante. Y cuarenta páginas más, se convertía en morena. Me liaba mucho porque, además, escribo más de una novela a la vez. Llega un momento en el que tengo tal cacao de personajes en la cabeza, que voy mezclando los personajes de una historia con la de otra. Para evitar que me siguiera pasando eso, me busqué una imagen por cada personaje, una foto de una actriz, de un modelo... que se pareciera al personaje que yo tenía en mi cabeza. Y voy colocando esas fotos en mi tablón de trabajo de tal modo que, cada vez que tengo que hablar de algún rasgo físico, miro la foto. 

Además, cuando estoy en pleno proceso de escritura, no puedo leer ficción, porque se me suele pegar el tono. Así que sustituyo la lectura  por la música. Me encanta escuchar música. Y cuando estoy escribiendo, suelo escuchar esas canciones que me ayudan a contextualizar la historia. Luego compongo una lista de Spotify. Son herramientas de trabajo que luego pongo a disposición de los lectores. 

M.G.- Es material adicional que gusta mucho. Y hablando de lecturas, ¿qué sueles leer?

J.R.- Leo absolutamente de todo. Soy un devorador de libros. Ahora mismo estoy leyendo Ellos de Francine Du Plessix Gray, una novela maravillosa. No tengo ningún límite en cuanto a género. Incluso leo ensayo. Me considero lector antes que escritor.

M.G.- De acuerdo, José. Pero tú sigue escribiendo porque, a mí me ha gustado esta novela y creo que ha sido un estreno bastante agradable. Te seguiré bien la pista.

J.R.- Muchas gracias, Marisa. 

Sinopsis: Llamarse Lizzy apellidándose Bennet fue una casualidad, pero esta anécdota ha marcado su vida desde niña, desde el momento en que decidió guiar su conducta por el código moral de la protagonista de Orgullo y prejuicio, la otra Lizzy Bennet: honor, libertad, coherencia.

Pero algo tuvo que salir muy mal, porque con treinta años recién cumplidos, esos tres principios se han volatilizado: la prensa la considera un monstruo, la policía la persigue, y ella no cree en nada que no sea atravesar el país y llegar a San Cayetano, la capital del sur, donde debe llevar a cabo su última misión antes de acabar entre rejas.

En medio de esta huida, un accidente de tráfico la hace coincidir con John, un tipo que le desagrada al instante, y a quien solo quiere quitarse de encima. Aunque esa tarea no será fácil. John está decidido a recuperar lo que es suyo, y para conseguirlo la perseguirá, si hace falta, hasta el final del mundo.

Así, Lizzy se embarca en una travesía por carretera a lo largo de un país mágico, con la policía pisándoles los talones y unos extraños compañeros de viaje: Eve, enamorada de un hombre al que no conoce; Giacomo, que como cada año desde hace cincuenta y tres va en busca de su amada para pasar juntos una sola noche a la luz de la luna; y Ana, que ha decidido retomar su vida donde la dejó casi cuatro décadas atrás. Y por supuesto John, pues lo que empieza siendo una cuestión de orgullo, derriba todos sus prejuicios hasta hacerla comprender qué es de verdad el amor.

Moteles de carretera, comunas nudistas, grupos de terapia, serrerías perdidas en el bosque y un destino incierto los aunará a todos bajo la magia de una canción, justo cuando sus vidas deben enfrentarse a su destino.


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