Mostrando entradas con la etiqueta libro ilustrado. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta libro ilustrado. Mostrar todas las entradas

martes, 23 de julio de 2024

ILU ROS: ❝Es un honor acompañar estos libros con mis ilustraciones❞

He tenido el placer de leer y disfrutar de las ilustraciones de la murciana Ilu Ros desde que, en 2020, publicara Cosas Nuestras (Lumen), un volumen en el que la ilustradora rendía homenaje a su abuela. Después de aquel libro llegaron Federico y Una trilogía rural. Últimamente, Ros ha puesto color a algunas obras de Emilio Pardo Bazán. En el caso que nos ocupa, Ilu ha ilustrado una de las obras más insignes de la autora gallega, Los pazos de Ulloa. Junto al texto de Bazán, el lector encontrará en este volumen la representación gráfica de algunas escenas de la mano de esta ilustradora. Así que, amante de los libros ilustrados y de las buenas letras, estáis de enhorabuena con esta edición que pone a la venta Alma Editorial.

Os dejo con nuestra conversación.

[Foto: web editorial]

Marisa G.- Ilu, un placer volver a hablar contigo. La última vez que nos vimos en Sevilla fue con Una trilogía rural. 

Ilu R.- Con la trilogía, sí. Me acuerdo. En aquel hotel.

M.G.- Exactamente. Aquella obra, y la anterior que publicaste, estaban dedicadas a Federico García Lorca. Y ahora veo que le ha tocado el turno a Emilia Pardo Bazán. Lo primero que pienso es que debes ser una mujer a la que le gustan los desafíos, porque de García Lorca pasas a Pardo Bazán, y no se puede decir que no sean dos grandes nombres de la literatura.

I.R.- Bueno, con la trilogía rural fui yo la que se lo ofreció a la editorial. En cambio, tanto con Insolación como con Los pazos de Ulloa fue la editorial Alma la que me hizo la propuesta. Fueron ellos los que me propusieron ilustrar estos dos clásicos.

M.G.- ¿Y qué te pareció la propuesta?

I.R.- Pues qué me va a parecer... (ríe). De Emilia Pardo Bazán conocía Los pazos de Ulloa pero no Insolación. Me parecía una autora muy interesante. Y nunca se había pasado por la cabeza ilustrar sus obras, pero cuando me lo propusieron sentí como que me pegaba bastante ilustrarla. 

M.G.- Creo que ya te lo pregunté con Federico, que, en cierto sentido, es una responsabilidad muy grande, ¿no? Es ilustrar las letras de dos nombres tan importantes como Lorca y como Pardo Bazán. Es un reto importante.

I.R.- Claro, por supuesto. Es que si le empiezo a dar vueltas, no lo hago. Pero son proyectos muy bonitos. Puede ocurrir que, por ejemplo, me ofrezcan ilustrar a un autor que no me guste, o con el que no conecte, o por el que no sienta admiración. Pero si te ofrecen a un autor que admiras, es como un regalo, ¿no? Te gusta leerlo, te gusta ilustrarlo, te gusta imaginar un poco su mundo, su universo creativo y narrativo. Así que intento tomármelo más bien desde el disfrute y que no salga la impostora que llevo dentro. Sí, al final, es un reto porque creo que son libros fundamentales de la literatura española y es un honor acompañarlos siempre con mis ilustraciones.


[Si prefieres escuchar nuestra conversación, dale al play]

M.G.- Y antes de estos proyectos, ¿ya eras lectora de Pardo Bazán?

I.R.- Había leído Los pazos de Ulloa.

M.G.- Ya conocías la trama de la obra pero, imagino que para ilustrarla, habrás tenido que leerla de nuevo.

I.R.- Claro, claro. Lo que pasa es que comencé leyendo Insolación porque iba a salir antes que Los pazos de Ulloa, que es un libro que se relaciona más con Emilia Pardo Bazán, y con esa Galicia que ella muestra, porque sus libros, o bien se sitúan en Galicia o están ambientados en lugares que recuerdan mucho a esa atmósfera gallega. Pero Insolación me llamó mucho la atención. Es muy diferente al resto. Tengo entendido que es el único que está ambientado en Madrid. No tiene ese peso tan dramático que tiene Los pazos... Insolación es un libro mucho más luminoso, más alegre, tiene mucha picardía, porque habla del deseo sexual de la mujer en aquella época. No me esperaba nada de eso.

M.G.- Dicen que es uno de esos libros que sorprende mucho a los lectores porque les choca mucho la historia.

I.R.- Sí, sí, te choca. Si sabes que fue publicado en 1897 o 1899, escrito por una mujer, que ya era difícil ser escritora, y encima de lo que trata,... Pues se la comieron viva, la criticaron muchísimo. Decían que era una novela folletín, que no estaba a la altura, que no sé qué. Ella habla en ese libro de una cosa que a los hombres y a la sociedad no les interesaba, del deseo de una mujer. 

M.G.- Bueno, Pardo Bazán fue siempre una mujer muy adelantada a su tiempo, una gran escritora, una pensadora y crítica, muy influyente en el siglo XIX. Como se suele decir, iba a su aire. Pero me pregunto que, al margen de leer las obras, si también has tenido que profundizar en su vida.

I.R.- Eso siempre ayuda. En este caso, Emilia Pardo Bazán es también muy conocida por otras facetas, aparte de la literaria. Fue una mujer muy feminista, una figura importante de la época. Así que sí que me parecía también importante conocer un poco quién era ella. De todas formas, a la hora de la ilustración, me centro más en su obra, aunque con Insolación me ayudó conocer su contexto. Además, Insolación trata de una viuda que se enamora y tal... Ella no estaba viuda pero sí divorciada, y vivía su vida sentimental de una manera que, a lo mejor, no estaba bien vista en esa época. 

M.G.- No sé si de Insolación han llegado a hacer alguna adaptación para la tele pero para Los pazos de Ulloa me consta que sí. ¿Has visto esa adaptación?

I.R.- Hay una miniserie. Me acuerdo de haberla visto en su momento, o hace unos años, pero, a la hora de ilustrar el libro no quise verla. Si hay adaptaciones intento alejarme para no coger inspiración, ideas o imágenes de otro lugar, que no sea yo misma.

M.G.- Para no dejarte influir, vamos.

I.R.- Claro, lo que tienes en la memoria está ahí y prefiero irme a otro lugar que no sea la visión que ha tenido otro autor o, en este caso, un cineasta o un director de televisión. 

M.G.- Y de Los pazos de Ulloa, ¿qué destacarías?

I.R.- Me parece una novela que tiene como muchísimo del momento en el que se escribió. Es una novela que describe un mundo que, yo creo, ya estaba quedando como atrasado. Ese final del siglo XIX, con ese peso del clero, de esa nobleza que está ya como en decadencia, también -como le pasa al marqués, al dueño de Los pazos de Ulloa - y esa hostilidad que se produce en esos lugares donde la gente está viviendo con una gran diferencia social y económica. Me parece una novela en la que, al final, todos los personajes sufren, están en constante sufrimiento porque hay mucha hostilidad alrededor, mucho engaño. Creo que en ella se respira la brutalidad, ¿no? 

M.G.- Ilu, tú tienes que dibujar a los personajes, ¿cuál de ellos te ha impactado más? ¿O cuál te ha parecido más fácil de dibujar, por las descripciones de la autora? Y no me refiero únicamente a la descripción física, sino a la psicológica.

I.R.- Creo que el cura. La novela empieza con la llegada del cura a Los pazos... Será él quien vea todo lo que ocurre y, además, es como una persona inocente. Él llega con una idea, con una expectativa, y se da de bruces con la realidad. Creo que ahí es donde está el naturalismo de Emilia Pardo Bazán. Es todo como muy real y el cura irá descubriendo toda esa realidad. Él tenía unas expectativas sobre lo que era un marqués, lo que era vivir en un pazo, y luego se da cuenta de la realidad, de la crueldad increíble, y de que ahí todo el mundo es mala persona. El cura se siente responsable de lo que sucede en el pazo. 

M.G.- ¿Y cuántas ilustraciones contiene el volumen?

I.R.- Pues no lo recuerdo ahora... No sé si serán doce o trece. Creo que en Insolación son diez y en Los pazos, unas doce o trece.

M.G.- Bueno, una decena o un poco más. ¿Y qué crees que las ilustraciones aportan al texto? ¿Cómo se complementan?

I.R.- Evidentemente, a estos libros no les hacía falta que llevaran ninguna ilustración, ¿no? Lo que ocurre es que Alma ha creado una colección de clásicos ilustrados. Creo que, para traerlos un poco a la actualidad, hacen estas ediciones tan bonitas. Son libros muy agradables y muy llamativos. Creo que también intentan como actualizarlas o atraer a los lectores de hoy en día. Quizá, con las ilustraciones, sea una manera de conseguirlo. 

En este caso, el trabajo del ilustrador es poner el granito de su imaginario, mostrar cómo imagina este clásico o cómo lo pondrías en escena, si fueras un director de escena. 

M.G.- Sigues muy fiel a tu estilo, a tu manera de ilustrar. Sin embargo, y corrígeme si me equivoco, he leído en una entrevista que, en este caso, has ilustrado de manera digital. ¿Es así?

I.R.- Sí, sí. Esta edición de Alma Editorial tiene un apunte técnico que es para todos los ilustradores. La cubierta tiene que ser siempre a color pero las ilustraciones interiores tienen que ser en bitono. Eso significa que hay un tono común para todos, que será el negro, y  luego, cada ilustrador elige un pantone con el que cree que sus ilustraciones casarán con el libro. Yo elegí el amarillo en Insolación, por aquello del sol, el calor, la alegría con la que se desarrolla la obra, en ese San Isidro madrileño, con esa algarabía,... Me pareció que el amarillo chillón, el amarillo canario, le iba muy bien. Y luego, para Los pazos de Ulloa elegí un tono azul, o verde,...




M.G.- Como un verde azulado.

I.L.- Sí, sí... Me parecía que encajaba con esa oscuridad de Galicia, con la melancolía de la novela, con mucha lluvia, todo muy frondoso, mucha agua y mucho verde. Me pareció que era un color que podía crear esa atmósfera. 

Y luego, llevaba un tiempo pensando en incorporar a mi trabajo el digital. Me pareció que, al hacer ilustraciones en bitono, era un buen momento para empezar.

M.G.- ¿Y resulta más fácil? Entre dibujar a mano y en digital, no sé con qué técnica te sientes más cómoda.

I.R.- Es diferente. En este caso, por ejemplo, lo que va en negro es como si lo hiciera sobre el papel. Al final, trabajo como dibujando igual. Estoy intentando adaptarme. Bueno, no es adaptarme. No quiero cambiar. Simplemente, lo que quiero es trabajar con la técnica que me compense más en cada momento, que me venga mejor para cada trabajo. Creo que hay que ir incorporando cosas nuevas porque eso es también beneficioso. Pero no diría que es más fácil.  En el aspecto técnico, sí, porque te quita pasos como, por ejemplo, el tener que escanear los dibujos, digitalizarlos. La técnica digital da más opciones a la hora de cambiar algo del dibujo. Pero, ya te digo, que, dependiendo del proyecto, usaré una técnica u otra. 

M.G.- En este caso, ¿cómo has hecho para elegir los pasajes del libro que quieres exactamente ilustrar?

I.R.- Generalmente, cuando hago una primera lectura del libro, ahí ya van surgiendo ideas, ya voy pensando cómo voy a hacer la ilustración, y qué ilustraciones quiero hacer. A lo mejor hay un pasaje del que no veo la ilustración pero sé que es una parte importante. Todo eso lo voy apuntando, lo voy marcando en el libro, y voy tomando notas también. Cuando termino la lectura, tengo anotaciones de muchas cosas y es ahí cuando empiezo a delimitar qué quiero ilustrar.

M.G.- Últimamente, te hemos visto ilustrando libros de otros autores pero, ¿para cuándo vamos a ver otro libro ilustrado propio de Ilu Ros?

I.R.- Pues, en principio, para el año que viene. Si todo va bien, saldrá otro libro de Ilu Ros. Si lo entrego (ríe). Pero sí, en principio, para el año que viene debería de salir.

M.G.- Muy bien. Pues entonces, esperaré con ganas ese nuevo libro.

I.R.-  Yo también. Estoy deseando que salga porque me está costando.

M.G.- Bueno, bueno, poco a poco. Ya irán saliendo las cosas. Espero poder verte con ese nuevo libro por aquí, por Sevilla.

I.R.- Espero que sí. Sevilla es siempre un lugar a visitar.

M.G.- Pues nada, Ilu, te agradezco que me hayas atendido. Y espero verte con el nuevo libro.

I.R.- Muchas gracias.


Sinopsis: Julián es un joven sacerdote que abandona su Santiago natal para ejercer de capellán en los Pazos de Ulloa. Allí encuentra un mundo primitivo y brutal, muy alejado de sus expectativas. La de los Ulloa es una casa en decadencia, donde reinan la lujuria y la deslealtad. Guiado por su ingenuidad, Julián se propondrá devolver los Pazos a la vida noble y cristiana, una iniciativa que tendrá consecuencias inesperadas.

Emilia Pardo Bazán escribió Los Pazos de Ulloa cuando ya era una autora consagrada y en ella ensayó el naturalismo por el que abogaba. Un magnífico estudio de ambientes y personajes que hizo de esta la obra cumbre de la gran dama de las letras españolas.

martes, 28 de marzo de 2023

CÉSAR SEBASTIÁN: ❝Ronson es un objeto que se parece un poco al rosebud de Ciudadano Kane❞

No conocía a César Sebastián pero para a mí, que tanto me gusta el género ilustrado, es un placer descubrir a un nuevo ilustrador. Y más aún si me aproxima a una obra como Ronson, en la que cualquiera con cierta edad puede verse reflejado. 

Ronson es una obra gráfica que publica Autsaider Cómic, editorial al que le vengo siguiendo la pista desde hace tiempo por su particular línea de edición, y el esmero con el que tratan todo lo que sacan a mercado. Son ediciones llenas de detalles que convierten el libro publicado en una joya. Es lo que ocurre con Ronson, la primera obra larga de Sebastián. Hablo telefónicamente con el autor. 

Marisa G.- César, un placer saludarte desde Sevilla. No sé exactamente dónde estás tú.

César S.- En Valencia. De hecho, en plenas fallas.

M.G.- Es cierto, es cierto.

C.S.- Si oyes algún petardo, no te preocupes.

M.G.- De momento, no se escucha nada

Bueno, vamos a hablar de Ronson, tu última publicación. Es la primera vez que te leo. Soy muy aficionada al cómic, a la novela gráfica, a todo lo ilustrado. Y abro tu libro, César, y a mí que me gusta leerlo de cabo a rabo, la biografía del autor, la sinopsis, los agradecimientos, y en tu libro, no hay nada de eso. ¡Nada! Así que, como no sé quién eres, me gustaría que nos contaras quién es César Sebastián.

C.S.- Sí, la verdad es que el libro es un tanto intrigante, porque ni siquiera tiene un texto en la contraportada. Es solo el contenido magro.

Yo nací aquí en Valencia, aunque me crié en un pequeño pueblo de la provincia de Cuenca, que se llama Landete. Y mi familia paterna proviene también de un pueblo pequeño que es en el que inspira, de hecho, la historia de Ronson. Se llama Sinarcas, pertenece a Valencia, pero está en el interior. Estudié Bellas Artes. Siempre me he dedicado a dibujar. Mi gran pasión es el cómic, aunque me dedico más profesionalmente también a la ilustración y a la docencia. He publicado sobre todo historias cortas, en antologías, entrevistas, cosas por el estilo. Pero Ronson es mi primera novela gráfica, mi primer trabajo largo. He tardado mucho en hacerlo. 

M.G.- ¿Y por qué no incluir nada? No sé si eso es decisión tuya, o si es cosa de la editorial. Me parece muy curioso que no haya nada.

C.S.- En realidad, estuvimos tanteando la idea de poner un texto en la contracubierta. Pero claro, no sabía muy bien si yo iba a ser capaz de hacer justicia o de sintetizar el contenido de Ronson. No es una novela gráfica, tradicional, en el sentido de que no narra una única historia, una trama, ni nada por el estilo. Al final, optamos por que fuese más bien un objeto así muy sugerente e intrigante, que el lector tuviese que adentrarse en sus páginas para saber exactamente de qué iba. Por eso, igual mucha gente ha pensado que el libro lo había hecho alguien más mayor que yo. Tengo treinta y cuatro años, pero en el libro se narran los recuerdos, las vivencias de alguien mayor. 

M.G.- Yo lo pensé. El narrador es una voz con bastantes más años que tú. Lo primero que hice fue buscar en Internet quién era César Sebastián y me encontré a una persona joven. Y a los futuros lectores, ¿qué les dirías sobre lo que van a encontrar en este libro?

C.S.- Bueno, Ronson es una novela gráfica, como comentabas antes, pero bebe también de la tradición oral y casi del folclore. Si tuviera que describir de qué va, diría que Ronson trata sobre un hombre ya maduro, que echa la vista atrás sobre su infancia, una infancia que transcurrió en un pueblo pequeño, como otros tantos pueblos pequeños de España. Este protagonista reflexiona sobre la memoria, cómo la memoria nos permite formar una propia idea de nuestra vida, de nuestra identidad y, sobre todo, también reflexiona sobre cómo era, de forma muy específica, su infancia, las características de esa España rural, desde la década de los 60, y las cosas que él echa de menos porque le resultaban entrañables. Y también se habla de cosas que son bastante terribles, vistas desde nuestra vida actual. 




M.G.- De eso hablaremos después. Creo que estas historias están inspiradas en cosas que te contó tu padre.

C.S.- Efectivamente, sí. El punto de inspiración son los recuerdos de mi padre. Mi padre no es una persona leída ni tiene inquietudes culturales como las mías, de cómics y tal, pero tiene muy buena memoria y es muy locuaz. Le gusta hablar de sus recuerdos. Me di cuenta que mi padre tenía una memoria bastante extraordinaria. Los amigos con los que compartió su infancia no recuerdan las cosas con tanto detalle como mi padre.

En algún punto, decidí hacer seriamente una novela gráfica, recopilando todas estas historias. Muchas de las cosas que mi padre me contaba me producían asombro, y otras eran muy bonitas, muy entrañables. Algunas de ellas eran cercanas a mi propia infancia. Me generaban como sentimientos un poco ambivalentes. Empecé a grabarle. A veces, sin que él lo supiera. Lo grababa con el móvil, le iba preguntando cosas, y luego hacía la transcripción. 

El resultado es una obra de ficción. Tiene mucho de fabulación pero digamos que el germen o la base está en los recuerdos de mi padre.

M.G.- Tiene un tono un tanto nostálgico, ¿no? Vas leyendo la historia, te vas adentrando en los recuerdos. Tiene ese tono de ese tiempo pasado, de esa vida de cuando uno era un niño, inocente, y la vida era de otra manera.

C.S.- Quizá tenga un poco de nostalgia, pero no tanto por la época sino porque, si uno ha tenido una infancia feliz, pues echa un poco en falta esa despreocupación, esa inocencia que uno tiene cuando es niño. Pero no es un relato que se recree en la nostalgia. Yo intenté tomar una cierta distancia, como narrador, con respecto a lo contado, e intenté que la parte gráfica mostrase la realidad como es, sin posicionarme, sin intentar guiar demasiado al lector. Y luego hay algunos sucesos que narra el protagonista, y que son también desagradables. No es como si todo fuese una arcadia.

M.G.- Has hablado de la memoria. Se hace hincapié en los recuerdos y en ese juego curioso de la mente. A veces recordamos las cosas no como fueron sino como nos interesa.

C.S.- Sí. Cuando me lancé a hacer el cómic, me centré en los hechos concretos que mi padre me narraba pero, cuando empecé a transcribir todas esas conversaciones, me paré a pensar, casi de forma automática, en la memoria en sí misma, casi como un axioma, como un fenómeno que ocurre a veces sin que sepamos muy bien por qué y que teje una telaraña casi enigmática, ¿no? No sabemos muy bien de dónde salen todos esos recuerdos y si son realmente verdad. A veces nos damos cuenta de que no son del todo verdad, cuando contrastamos un suceso vivido con otra persona cercana. Empecé a reflexionar sobre eso, sobre la propia memoria en sí, porque es la generadora de identidad, pero al mismo tiempo no es un mecanismo muy fiable. Estamos continuamente reescribiendo nuestros recuerdos conforme los vamos re-visitando a lo largo de nuestras vidas. Me parecía que era como un tema de temas porque la memoria es un tema que agrupa a todos los demás.

M.G.- Hay una cosa muy curiosa que creo que nos pasa a todos, por lo menos a mí me pasa y al protagonista también, y es cuando revisita los lugares de su infancia siendo adulto y descubre que antes todo le parecía mucho más grande.

C.S.- Sí, sí, eso nos ha pasado a todos. La mirada infantil es muy ingenua y a veces uno querría recuperarla. Cuando eres niño todo te resulta nuevo y todo te resulta maravilloso. Con el paso del tiempo uno se acostumbra a ver las cosas y, al tenerlas más vistas, como que ya no te sorprenden tanto. 

Y también ocurre por ejemplo con ciertas películas de dibujos animados, que uno ve cuando es niño, y luego las vuelves a ver de adulto y las recuerdas mucho más largas, más épicas, llenas de eventos maravillosos. De adulto la analizas, y te das cuenta de que no era para tanto. La mente de un niño lo hace crecer todo como si fuese una levadura mágica. 

M.G.- Y ocurre también con las lecturas. Cuando uno, por ejemplo, lee una novela en época estudiantil, en el instituto, y después la vuelves a leer, cuando tienes veinte años más, resulta que es una lectura totalmente distinta a la que hiciste.

C.S.- Así es. Pensamos que somos una única persona pero, en realidad, somos muchas encarnaciones distintas a lo mejor de nuestra vida. Vamos cambiando muchísimo.

M.G.- En Ronson haces un retrato, inspirándote en los recuerdos de tu padre, de la vida en los pueblos. Retratas cómo era esa vida, en la que todos los vecinos eran el tío tal, la tía cuál, donde había muchos apodos. Es decir, tú haces un retrato de cómo era la vida en los pueblos, con costumbres que aún hoy se siguen manteniendo.

C.S.- Sí, sí, totalmente. De hecho, mi padre, cada vez que se refiere a alguien del pueblo, usa el apodo. Los nombres son algo más genérico, algo que se puede repetir, pero el apodo es una cosa totalmente única.

En Ronson hay un episodio, con una pequeña disertación sobre los apodos. Me parece una cosa maravillosa.

M.G.- Son muy ingeniosos.

C.S.- Y, a veces, crueles. Es un fenómeno que me interesa mucho.

M.G.- Bueno, y de crueldad también hay algunas escenas en el libro. A ver, crueldad vista desde nuestra perspectiva. En esta historia vamos a ver a algunos niños cometiendo auténticas barbaridades con animales. Hoy, yo veo esto con mis ojos de adulta, pero de niña también he hecho este tipo de trastadas. Todos hemos hecho cosas así.

C.S.- Es algo que todo el mundo me está diciendo estos días.

Estos comentarios es el testimonio de que hemos progresado moralmente, de que tenemos una mayor empatía hacia los animales. Hay una mayor empatía, en general.

No puedes culpar a un niño de hacer esas cosas y, mucho menos, a un niño de la época porque todo esto era una parte de la normalidad, de la vida cotidiana de entonces.

Hoy día tenemos otro tipo de crueldad que antes no existía.

M.G.- Aunque hayamos hecho estas barbaridades, porque ya te digo que yo también las he hecho, después nos hemos convertido en adultos, o generalmente nos convertimos en adultos, que no hacemos estas cosas y que incluso amamos mucho a los animales.

C.S.- Claro, yo el primero. He cambiado muchísimo también en ese aspecto. Pero me parecía interesante. Si uno quiere retratar esa época y, sobre todo, la infancia, tiene que contar estas cosas. Al contrario, estaría falseando la realidad. Quería contar las cosas de manera fidedigna y no ocultar las caras incómodas. Hoy en día, se trata al lector de forma un poco paternalista, como si tuviésemos que cuidar a la gente de no ver cosas desagradables. Las cosas desagradables son las cosas desagradables que existen en nuestro día a día, y la ficción tiene que retratarlas también. 

M.G.- O lo escatológico, que también nos llamaba mucho la atención cuando éramos pequeños.

C.S.- Sí, hay algo de escatología en el libro. No hay mucha gente que lo haya destacado pero a mí todas esas cosas me hacían mucha gracia. Pretendía que el cómic tuviera también mucho humor. Esas cosas me divierten mucho dibujarlas.

M.G.- César, la narración es muy sensorial. Se va aportando mucha información a través de todo lo que se recibe por los sentidos. Por ejemplo, se habla mucho del sabor de los dulces, o de los chicles bazokas. Hay muchas referencias a los olores del tabaco, de la gasolina, de la abuela. 

C.S.- Sí, es que muchos de los recuerdos que mi padre me narraba tenían que ver con eso. Por ejemplo, hoy estamos muy acostumbrados al olor de la gasolina y a mucha gente le desagrada. Pero mi padre me decía que, en aquella época,  que apenas había vehículos, era un olor muy extraño y fascinante. Era un olor extraordinario. Y pasa con muchas de estas cosas.

Hoy en día, nuestros sentidos están saturados de imágenes, de olores, de sonidos y de todo tipo de cosas. Pero claro, en aquella época, probar un dulce no tan fácil. Cuando uno probaba un dulce era porque eran fiestas. Me interesaba plasmar todo eso en el cómic. Puedes describir el sabor con gran fidelidad e incluso ilustrar cómo eran esos productos.

M.G.- Estamos hablando de Ronson, que es el título del volumen. Descubrimos qué es Ronson a medida que vamos leyendo. 

C.S.- Sí, sí, sí. Mucha gente me pregunta qué es Ronson pero, claro, hay que leerlo porque si lo explico se estropea una parte muy bonita del libro. Tiene que ver con un objeto que, en cierto modo, encapsula la infancia del personaje. Mucha gente me pregunta si es como el rosebud de Ciudadano Kane y, bueno, sí, es un poco así. Ronson es un objeto que se parece un poco al rosebud de Ciudadano Kane.

M.G.- Las ilustraciones, en algunos casos, funcionan como metáfora. Por ejemplo, cuando tienes que hablar del paso del tiempo o de la devastación que produce el paso del tiempo en las personas o en los objetos, pues por ejemplo dibujas las distintas etapas de un árbol. Ese árbol que está naciendo, que se hace mayor hasta que se convierte en un tronco, sin nada más. O sea, usas la ilustración en plan metafórico.

C.S.- Sí, sí. En cómic, el lenguaje visual es súper rico. A veces, parece que, por un automatismo, nos limitamos a narrar las cosas de manera como muy directa y literal. Pero creo que el cómic permite metáforas visuales, utilizar un lenguaje más cercano a lo poético, hacer figuras visuales que escapen de los mecanismos más obvios.

Ese primer capítulo del libro quería que fuese como una especie de paseo, casi como un paseo psico-geográfico, por los lugares del pueblo en el que el personaje compara o retrocede a su propio pasado. Era algo que me interesaba mucho. 

Además, aunque lo descubrí posteriormente, eso me recordaba al trabajo de un fotógrafo que me gusta muchísimo, el de William Christenberry. Fue un pionero de la fotografía a color en Estados Unidos. Él provenía del sur de los Estados Unidos y su familia luego emigró. Cuando regresó a su ciudad natal, décadas después, se dedicó a fotografiar casas abandonadas, como para dar testimonio de esa vida campesina que hubo en otros tiempos. Fotografiaba la maleza tomando posesión de las casas abandonadas. Esa es una estética que, por alguna razón, me atrae mucho.





M.G.- Pues tenemos que hablar de los colores. Es muy llamativo que solo predomine un color, que no sabría muy bien cómo definirlo. No sé si es ¿ocre?

C.S.- Es un color pantone pero no recuerdo ahora el número. Y sí, se podría decir que es ocre. Esa era la idea, que fuera un tono verdoso. Quería que fuese un color que evocase la época y el paisaje. Cuando me subo a la azotea de mi casa en el pueblo, depende de la estación del año, ves los campos más o menos verdes. Este color aúna esa gama cromática de los alrededores del pueblo.

M.G.- A pesar de que me gustan mucho los libros ilustrados, desconozco la terminología que usáis. ¿Cómo caracterizarías tu forma de dibujar, tus ilustraciones?

C.S.- Bueno, diría que mi estilo de dibujo, especialmente en el caso de Ronson, es de línea clara. Intento que la línea quede muy desnuda, sin emplear claroscuros. Es un estilo naturalista porque intento reflejar la realidad de una manera muy próxima a como es, sin deformarla mucho gráficamente. Creí que era el estilo idóneo para esta historia, porque, en primer lugar, quería reflejar las cosas con el mayor rigor posible. Este lenguaje gráfico es, en cierto modo, muy riguroso y casi aséptico, por momentos. Al mismo tiempo, es un estilo muy claro, de manera que invita al lector y lo seduce con facilidad. A los lectores que no estén acostumbrados a leer cómics, no creo que le haya resultado un lenguaje muy críptico. Creo que permite a cualquier persona a leerlo con mucha facilidad. 

M.G.- Estéticamente, llama la atención este color que hemos comentado, pero también el troquelado de las páginas. Es la primera vez que me encuentro un libro con las páginas troqueladas así.

C.S.- Yo también. Fue una idea de mi editor, de Ata Lassalle. Cualquiera que conozca un poco el catálogo de Autsaider Cómics, quedará deslumbrado. Todos sus libros tienen alguna característica, algún pequeño detalle de producción que lo hace único y que además refuerza un poco el propio contenido del libro.

Con Ronson, creo que Ata pensó un poco lo mismo, que el diseño del libro, las cubiertas y el tema del troquelado reforzara el contenido y lo convirtiese en un objeto, en una pieza única. 

Con lo del troquelado, se intentó imitar o emular el troquelado propio de las fotografías antiguas. Me decía Ata que es un detalle modesto pero que, al mismo tiempo, lo hace bonito, como esas fotografías antiguas y únicas.

M.G.- Hay ilustraciones de fotografías que me han sobrecogido. Por ejemplo, hay una en la que aparece el protagonista de niño, montado sobre un burro con su abuelo. Yo tengo una foto exactamente igual. 

C.S.- Muchas de esas imágenes las reinterpretaba un poco, o cambiaba algún detalles pero eran fotos que cogía de mi propio álbum familiar. Tenía ahí mucho material gráfico. Reconstruir esa época y ese lugar requería de documentación fotográfica. No te puedes inventar las cosas. Aquí necesitaba referencias reales. Me inspiré en muchas fotografías que dieron pie a estas ilustraciones.

M.G.- César, hablando de Autsaider, me maravilla que una editorial, tal y como está el sector hoy, se pueda mantener dedicándose a un único género. Y luego, estáis los autores. Ayer hablaba con una escritora de romántica que decía que mucha gente consideraba ese género como algo menor. Llevando esta reflexión al mundo del cómic, ¿cómo lo ves tú? ¿Está el género en auge? 

C.S.- Bueno, creo que, a día de hoy, se publica muchísimo. Hay una cantidad enorme de títulos que se publican y por eso, también no se le da la oportunidad a los libros para que tengan una vida más larga. Todo esto forma parte de la propia maquinaria editorial. No es el caso de Autsaider. Al margen de que tienen una producción increíble y mantengo un contacto muy cercano con el equipo, una de las cosas por las que me gusta trabajar con ellos es porque siguen la filosofía de producir pocos libros, pero muy cuidados, dedicándoles la atención que necesitan.

En España, hay muchísimo nivel en cómic y tienen una calidad increíble. También hay una gran diversidad de voces. Antes, el mercado del cómic se limitaba a unos géneros muy específicos, destinados más a un público infantil. Hoy día, hay cómics de todo tipo, una variedad que lo abarca todo. Cualquier persona puede encontrar un cómic que le interese. 

Por otro lado, creo que el cómic ya se mira de forma distinta. La gente no piensa tanto en un medio de expresión menor, en comparación con la literatura. Todavía hay un poco de condescendencia, sobre todo, de desconocimiento por parte de mucha gente, que solo ha leído lo que leyó de niño y no ha leído nada nuevo. Pero bueno, creo que, poco a poco, iremos ganando terreno, aunque aún queda mucho por hacer.

M.G.- Yo defiendo mucho género, porque me parece muy paradójico que todos hayamos empezado a leer con los cómics y ahora, de adulto, no se lean. Pero bueno. 

César, si no me equivoco, hoy es el día del cómic [la entrevista tuvo lugar el viernes 17 de marzo], ¿verdad?

C.S.- Hoy es el día del cómic, exactamente. 

M.G.- Hablando precisamente del género, tiene su propio día.

C.S.- Sí, es el primer año que se celebra y la verdad es que es una iniciativa que está muy bien, para poner el género sobre la palestra. Aquí hay grandes creadores, hay industria. Creo que todo suma.

M.G.- Y tú, ya para terminar, ¿qué otros ilustradores me recomendarías?

C.S.- Guau, pues aquí hay muchísimos. En España, una barbaridad. He leído obras de autores que me gustan mucho, algunos compañeros, como por ejemplo, Pep Domingo (Nadar). Ha publicado hace poco un cómic fabuloso que se llama Transitorios, es una obra que recopila pequeñas historias cortas. A mí me parece una maravilla. También está mi colega Adrián Bago, que es un autor que publica igualmente en Autsaider, un historietista fabuloso. Él publica mucho en torno a la auto-ficción, con muchísimo sentido del humor y con una visión así muy aguda a nivel político. Y otro colega, no tan conocido como debería, es Jaume Pallardó, que publicó una obra que se llama La muerte rosa. Es una otra de ciencia-ficción.

También te podría recomendar El arte de volar de Altarriba o Paracuellos de Carlos Jiménez, que es otro grandísimo clásico, uno de los grandes cómics que se han hecho aquí. No sé, te podría recomendar un montón.

M.G.- Pues de todos los que me has dicho, el único que me suena es Paracuellos, así que tomo nota de todos los demás para ir echándole un ojo.

César, no te robo más tiempo. Vamos a dejarlo aquí, si te parece.

C.S.-Estupendo, encantado de hablar contigo.

M.G.- Pues nada, un placer. 

C.S.- Muchas gracias. Adiós. 

Sinopsis: Ronson es una barbaridad de libro. La historia se remonta varias décadas atrás, y a ojos de nuestras constreñidas mentes actuales, lo de barbaridad, puede superar lo estético y formal para llegar a lo moral. Un tebeo de infancia con carretadas de realidad verosímil. Realidad de pueblo, que puntúa doble que la urbana. Además, de pueblo de hace sesenta años, que es como hablar de otra galaxia en términos de usos y costumbres, digamos, más recias. Tiene ese rollo neo realista con aire documental, con esos ritmos, esas composiciones y esos caretos. Sin necesidad de moralejas, finales felices o cualquier otra esclavitud argumental. Un tebeo entre sensible y descarnado que nos recuerda de dónde venimos. De la misa obligatoria, la pedrada al perro y las hostias a los niños sin preguntar. Pero también de la silla a la fresca, de jugar en la calle y las aventuras asalvajadas.

¿Pero esto es tebeo Autsaider? ¡Vaya si lo es! Excelencia formal, pensamientos divergentes y estendalazo potencial para almas sensibles.

Un clásico instantáneo, como dice Eduardo Bravo. Un libro de esos que puedes leer y releer, que no pierden impacto y que circula por una vía paralela a las tendencias o a las modas. Recursos propios innovadores, que de puro novedosos son absolutamente ajenos a lo que se estila. El dibujo merece capítulo aparte, una maestría entre la línea clara y lo académico que, con un increíble dominio de la anatomía en las diferentes edades del hombre, hace llorar a John Byrne, incluso al propio John Buscema cada vez que se acuerda de sus dibujos de los hermanitos Maximoff.

RONSON es la primera novela gráfica de César Sebastián.

 

 

jueves, 19 de enero de 2023

ANA MÜSHELL: ❝Alejandra Pizarnik fue un personaje oscurito y estrafalario, pero maravilloso❞

Justo cuando prácticamente teníamos las navidades encima, la ilustradora Ana Müshell visitó Sevilla. Del trabajo de la joven, supe hace algunos años, cuando leí el libro que Henar Álvarez publicó con Planeta y tituló La mala leche (puedes ver la entrevista aquí y la reseña aquí). Sabéis que soy una enamorada de los libros ilustrados y si además sirven de vehículo para conocer a escritores, mejor que mejor. Es el caso de Maldita Alejandra, lo último de Müshell, donde la ilustradora pone el punto de mira en la vida de Alejandra Pizarnik. Sin embargo, este volumen no es meramente una biografía. Maldita Alejandra también es un diario en el que Ana recoge el camino que tuvo que andar, y anda, en un momento complicado de su vida. Apoyándose en los poemas y la vida de la poeta, quien optó por el suicidio cuando tan solo tenía treinta y seis años, Müshell se sumerge en su propia vida, en la grisura de un momento que venía protagonizado por la ansiedad, el miedo, la depresión, la angustia y la agorafobia. De la mano de Pizarnik, Müshell emerge de los abismos y consigue salir a la luz.

Menuda y tímida, Ana Müshell nos habló de este libro a su paso por Sevilla. 

Marisa G.- Ana, un placer tenerte en Sevilla. Yo conocía tus ilustraciones por el libro de Henar Álvarez pero es la primera vez que te leo. Quiero hablar de Alejandra Pizarnik pero también quiero hablar de ti.

Ana M.- De acuerdo.

M.G.- Aunque tú ya has probado a hacer biografía, porque escribiste la de Patti Smith, Maldita Alejandra es una biografía pero también es algo más.

A.M.- Es algo más, claro. Lola, mi editora, lo que quería era sacar de mí una historia muy verdadera, conectada conmigo misma. Si elegí a Alejandra Pizarnik fue porque era la autora a la que estaba leyendo durante mi proceso de recuperación psicológica. Maldita Alejandra es mi propio diario sobre esa recuperación, pero también es un punto de conexión con la biografía de la autora. Hay puntos que yo necesitaba comprender de su biografía para comprender mi propia biografía también. Hablamos de la infancia, del amor, del miedo, de la bibliofilia,... Y también de la muerte, que es un tema muy importante. 

M.G.- A través de tu libro, el lector va a conocer no solamente a la poeta sino también a la persona. Nos cuentas que era terca, que pensaba que su poesía no le interesaba a nadie, era depresiva, muy auto-crítica. Parece una persona con muchos recovecos, y muchas luces y sombras.

A.M.- Sí. Siempre digo que es un personaje escurridizo. Así la reconocen sus propias biógrafas oficiales, que fueron amigas suyas. Era un personaje difícil de captar. De ahí lo de maldita, como una queja con cariño hacia ella, porque no termino de captarla, porque me refugio en su poesía, en su miedo y en sus palabras, pero no soy capaz de ver su cara. Es un personaje que se auto-disfrazaba de poeta maldita, aunque tenía muchísimo humor, muchos amigos y una vida muy plena, aunque ella tirara siempre hacia esas sombras, esos cuervos y ese jardín en el que se refugiaba. Era un personaje enigmático que te absorbe.

M.G.- Comentas en este libro que, en algún momento te ha costado extraer el significado de su poesía.

A.M.- Sí, pero es algo irremediable. Si eres capaz de sacar un significado pleno a su poesía, háztelo mirar porque está llena de unos matices que te van cambiando. Su poesía te va llevando a un sitio y a otro, y ellos mismos se transforman a través de tu lectura. Es bonito tener su poesía en tu mesita de noche para poner palabras a tu miedo o a tus inquietudes.

M.G.- Me quiero centrar un momento en la madre de Alejandra Pizarnik, pero también en la tuya. Es una figura que aparece en este libro, en la vida de las dos, y que es realmente importante.

A.M.- En mi diario hablo del duelo. Es algo universal. Se debería hablar del duelo porque no pasa nada, hablar de la muerte de una madre antes de tiempo, para lo que nadie está preparado nunca. Ese era mi contexto para hablar de la oscuridad.

En el caso de Alejandra Pizarnik, su relación con su madre era extraña. Su madre tenía esa preferencia por su hija Miriam, la antítesis de Alejandra. Siempre tuvo esa sombra sobre ella, la frustración de no ser para su madre lo que quería que fuera. Desde pequeña, Alejandra Pizarnik fue un personaje oscurito y estrafalario, pero maravilloso. Los padres son un punto clave para la formación de uno mismo, de los propios miedos, desde la infancia hasta la adultez. 

M.G.- Hablando de familia, al margen de la que le venía impuesta, ella fue construyendo otra familia a través de todas esas personas que fue conociendo en sus viajes. ¿Qué supuso para ella vivir en París, y conocer a tanta gente importante con la que se codeó?

A.M.- Ese es otro punto de conexión que tengo con Alejandra. Cuando paso muchísimo miedo y soy capaz de verbalizarlo, se lo cuento a mi familia sanguínea, con la que tengo la suerte de contar, pero también a mi otra familia, a mis amigos, que son los que me reordenan la vida, y los que me ayudan a subir hacia arriba. 

En el caso de Alejandra, ella se refugió en la literatura y, por lo tanto, en los grandes escritores y escritoras que la rodearon. Para ella fue clave ese viaje a París en los sesenta, donde coincidió con Cortázar y con su mujer, o con Simone de Beauvoir. Fueron como su familia y la metieron en ese círculo literario que ella necesitaba para desarrollarse como escritora. También coincidió con Borges y Octavio Paz, que fue como su padrino. Creo que esa fue su verdadera familia y la que le enseñó a vivir de la literatura. 


 



M.G.- Este libro también nos ayuda a acercarnos a ti, como escritora, como ilustradora, como persona,... Entiendo que este libro te ha ayudado a pasar de ser esa larva que vemos inicialmente a ese insecto alado al final. Porque, para Alejandra, escribir era una suerte de madriguera y un método de auto-análisis. Imagino que para ti habrá sido algo parecido.

A.M.- Sí, total. De hecho, muchas personas están reseñando Maldita Alejandra como si fuera una oda a la lectura. Cuento mi experiencia desde la agorafobia, una fobia que hace que estés muy metida en tu interior, que tengas mucho miedo al exterior y, por lo tanto, la vida se te reduce mucho en experiencias. Así que recurrí a la música, al cine y, sobre todo, a la lectura. La lectura fue mi refugio contra la agorafobia.

M.G.- El libro sirve para dar visibilidad a este tipo de trastornos, a la agorafobia, a la ansiedad, los ataques de pánico. Son padecimientos que deberíamos normalizar como si fueran un resfriado. Y aunque vamos avanzando, a los que sufrimos estos trastornos (y me meto en el saco) se nos sigue viendo como bichos raros.

A.M.- Sí, como bichos kafkianos. 

M.G.- Cierto. He sufrido muchos ataques de ansiedad. Los días de lluvia no podía salir de mi casa. Y mi marido no lo entendía.

A.M.- Claro. Es muy complicado convivir con alguien que tiene algún tipo de trauma o de trastorno. No pasa nada. Son palabras que suenan como muy fuerte pero solo se trata de algo que está mal, como el que tiene una pierna rota, y hay que trabajarlo. El cerebro forma parte del cuerpo y también se estropea. A veces viene incluso estropeado de fábrica. Ahora se está haciendo un ejercicio muy guay de visibilizar y normalizar. Hoy en día es muy corriente decir que estás asistiendo a terapia. O que en la infancia te pasó algo y lo estás trabajando. Es muy bonito ver que la gente habla de esto con naturalidad. 

M.G.- Hay pasajes en los que me he sentido muy muy identificada. Describes muy bien esas sensaciones que se sienten cuando estamos en pleno ataque de pánico. Yo me quedaba totalmente paralizada y no me podía mover. Pero tengo que confesarte que a me da mucho respeto leer sobre estos temas porque me da miedo pensar que, ese monstruo que está dormido dentro de mí, puede despertar de nuevo. No sé si a ti te ocurre igual.

A.M.- Sí, sí, sí. Hay una parte del libro en la que yo le cuento a una amiga que tengo un problema mental y además estoy leyendo a Alejandra Pizarnik. Mi amiga me responde: ¡Lo que te faltaba! Con la literatura pasa igual que con el cine. Hay películas para las que no se tiene cuerpo, porque sabes que va a incidir en cosas en las que no es necesario ahondar. Hay que saber cuál es el momento para leer o meterse en cierta historia. Sé que es duro leer. Cuando lees síntomas, el cuerpo los va asimilando porque la lectura consigue que te metas de lleno en esas sensaciones. Es normal.

M.G.- Pero es importante conocerse y también conocer de dónde venimos. Las personas que sufrimos este tipo de problemas, si echamos la vista atrás y miramos a nuestros familiares, solemos encontrar a algún miembro de nuestra familia con el mismo problema.

A.M.- Sí. La ansiedad siempre ha estado ahí y el miedo forma parte de la vida. Ahora no le puedo preguntar a mis abuelas, pero si le hubiera preguntado si sufrieron ansiedad, seguro que me hubieran respondido que toda la vida. 

En terapia aprendí que es muy importante saber de dónde vienes. Genéticamente hay mucha predisposición. Si en tu ADN viene esa ansiedad, esa depresión continua, y el ambiente en el que te has criado es muy propicio a la ansiedad, mi psiquiatra y yo decimos que lo tienes de fábrica. Ya vienes químicamente predispuesto a no afrontar bien ciertos problemas, a hundirte de otra manera, a tener una sensibilidad muy fuerte. No pasa nada. Uno debe aprender a comprenderse, y comprenderse te lleva a tener menos miedos.  Está bien ahondar, saber qué pasa en tu familia, averiguar si alguien más ha sufrido esto y verás que no estás sola.

M.G.- Vamos a hablar de las ilustraciones, una parte muy importante del libro. Los dibujos del inicio son muy oscuros. Y aunque vemos que, poco a poco, el personaje va evolucionando a mejor, las ilustraciones no cambian de tonalidad. Siguen siendo oscuras. No hay transición sino que se mantiene la misma paleta cromática.

A.M.- Ahora mismo estoy en un momento artístico con esa tonalidad. Me gustan los colores ocres y los tonos tierra, que el negro esconda cosas, un tipo de atmósfera que, en este caso, desde Lumen se me permitía explorar. En otros trabajos de publicidad, el color funciona de otra manera, pero como Maldita Alejandra es un trabajo tan personal, necesitaba esa atmósfera interior. Hay luz pero muy tenue. Tengo que dar las gracias a Lumen por respetar mi paleta cromática y por dejarme expresarme así.


[Si prefieres escuchar nuestra conversación, dale al play]

M.G.- En estas ilustraciones, no solo vemos a Alejandra Pizarnik sino que también te dibujas a ti misma. Al dibujarte, ¿qué percepción tienes de ti? Dibujarse a una misma no debe ser fácil.

A.M.- No, por eso soy polilla. Tenía muy claro que quería a Alejandra Pizarnik, quería dibujarla, homenajearla, ponerla en el salón de mi casa. El dibujo me permitía traérmela en cuerpo. Pero yo tenía que ser algo que se transforma, algo que pesa al principio, y luego se convierte en volátil. Por eso me venía muy bien la metamorfosis de la polilla. Era algo kafkiano. Cuando leí La metamorfosis de Kafka me dije a mí misma que yo era ese bicho. Todo el mundo es ese bicho alguna vez, que se siente incómodo con la realidad. Todo esto me permitía salir de mi propio retrato sin caer en una verborrea autobiográfica. Todo eso ya estaba en el diario y no tenía que repetirlo en las ilustraciones. 

M.G.- En este libro no solo hablas de Alejandra sino que hablas con Alejandra. El personaje es un ente fantasmagórico que vive y convive contigo. Me parece una interacción muy interesante.

A.M.- Es parte del juego. El dibujo y la escritura te permiten crear otros mundos, abrir un boquete en la realidad y tomarte la licencia de traerte a la poeta maldita por excelencia hasta mi salón. También me permite ficcionar con mi propia terapia contra la agorafobia, por ejemplo, cuando salgo a la calle a comprarle tabaco, o ir con ella a comprar libros. He mezclado mi rutina con la suya, cuando le preparo café,... Es lo bonito del dibujo. Me he divertido muchísimo.

M.G.- El libro está estructurado como si fuera un diario. Abarca desde el 13 de enero al 2 de septiembre, si no me equivoco, con saltos en el tiempo. ¿En qué medida lo que se narra en cada una de esas entradas corresponde con la realidad o son un artificio?

A.M.- Está ficcionado. Mi trabajo con la psiquiatra sigue a día de hoy y espero que siga porque me está ayudando totalmente. Pero necesitaba acortarlo en el tiempo. Quería contar el tema de los fármacos, cómo me han funcionado a mí los ansiolíticos, los antidepresivos, en un espacio de tiempo concreto. Además teníamos que ponerle fin a esta historia de oscuridad y luz, a la vez. 

M.G.- Para finalizar, en el libro no solo vamos a ver poesía sino también música. Me gustan mucho las referencias musicales y me has descubierto algunos grupos. No solo leíste mucho sino que, como dijiste antes, la música también te ayudó mucho como salvavidas.

A.M.- Total. La música es terapia. Hay una parte del libro en el que sale La Javanaise de Serge Gainsbourg Es una canción que arrojó un chorro de luz  en mi cocina, mientras regaba mis plantas, le hacía café a Alejandra, y preparaba la escritura de ese día. La música es muy necesaria y te puede llevar a otros matices en tu día a día que son muy sanos.

M.G.- Ana, no te robo más tiempo. Me alegra verte y conocerte. Espero que te vaya muy bien y sigas subiendo.

A.M.- Muchas gracias. Gracias de verdad por tus preguntas.


Sinopsis: En pleno episodio de agorafobia y tras una ruptura amorosa, la protagonista de esta historia decide sumergirse en la enigmática vida de Alejandra Pizarnik, en cuyos diarios y poemas encuentra las palabras exactas para describir sus temores. Hasta que la poeta irrumpe en su apartamento sin previo aviso, con su abrigo negro e inundándolo todo de versos, papelitos llenos de palabras y humo de cigarrillos. Con ella también llegan las flores, los discos de jazz y una multitud de escritores que se mezclan con los platos sin fregar, las cajas de ansiolíticos y antidepresivos, y las copas de vino. ¿Podrá ayudarla la historia de la poeta mítica a comprender sus propios miedos y reconducir su vida?


jueves, 29 de diciembre de 2022

ILU ROS: ❝En Federico García Lorca, su vida y las obras van cogidas de la mano❞

Ilu Ros es una ilustradora que me encanta. No son pocos los libros que tengo en casa firmados por esta joven de Murcia. Mi relación con su trabajo empezó con Cosas nuestras, un libro homenaje a su abuela y a las mujeres de su época (puedes leer mi reseña aquí). Y de un homenaje saltó a otro. La ilustradora puso el ojo en la figura de Federico García Lorca. Primeramente, ilustró la biografía del poeta granadino en un volumen al que llamó, simplemente, Federico (puedes leer la entrevista a la autora aquí y la reseña de la obra aquí). Y ahora Ros regresa con un proyecto más ambicioso. En el mismo ejemplar, la autora ha reunido las tres grandes obras de Federico García Lorca, las más insignes, aquellas que muestran el mundo rural. Y precisamente, bajo el título de La trilogía rural, Ros pone color a Bodas de sangre, Yerma y La casa de Bernarda Alba. Gracias a la editorial Lumen y al trabajo de esta murciana, el lector tiene a su alcance toda la fuerza de Lorca y la singularidad de los dibujos de esta ilustradora en un único volumen que me parece una joya.

Ilu Ros visitó Sevilla hace unas semanas. Hablamos de Federico, de su vida, de sus obras, de la ilustración y lo que ha supuesto la figura del poeta en la vida de la ilustradora. Os dejo con la entrevista.

Marisa G.- Ilu, un placer volverte a ver. Ya lo hicimos con Federico, cuando viniste a presentarla a Sevilla. El poeta de Granada te está dando muchas alegrías.

Ilu R.- Sí, la verdad es que sí. No lo me lo esperaba. Federico es un libro que ha tenido muy buena acogida entre los lectores. La trilogía rural es un regalo para mí. He disfrutado mucho al hacerlo y parece que a la gente le está gustando también.

M.G.- Para mí, este tipo de libros son como una joya, uno de esos libros que colocas en la estantería, lo miras, lo coges, lo vas leyendo poco a poco. No sé, me gustan mucho. Será porque el género ilustrado me encanta.

I.R.- Sí, como un libro-objeto. Cuando salió el libro electrónico, se empezó a decir que el libro físico acabaría desapareciendo pero creo que a muchos nos gusta el libro en papel.

M.G.- Sí, el que se puede tocar.

Bueno Ros, ¿y por qué te metes ahora en esta trilogía, después de haber ilustrado la biografía de Federico?

I.R.- Porque cuando acabé Federico, estaba muy contenta con el resultado, pero no había disfrutado tanto del proceso como a mí me hubiera gustado. Creo que fue porque el momento en el que lo hice estábamos en plena pandemia y todo era muy agrio, con mucha tensión. Por otra parte, yo sentía mucha presión por quién era Federico García Lorca y lo que significa. Era un libro que requería ser muy riguroso, midiendo mucho las palabras, lo que sucedía, porque era un libro que no solo hablaba de su obra sino también de su vida. Me gustó hacerlo pero no lo disfruté por el peso que sentía.

M.G.- Mucha responsabilidad.

I.R.- Sí, por la responsabilidad, por la gran figura que era Federico. Y al acabarlo me quedé con ganas de más. Así que se lo propuse a mi editora. Le planteé ilustrar la trilogía rural, las tres obras con las que yo lo había conocido. Ella me respondió que sí y aquí está el libro. Ya no soy yo la que escribe sino que me dedico a ilustrar las palabras de Federico García Lorca.

M.G.- ¿Qué tienen en común las tres obras?

I.R.-  Aunque Federico García Lorca tenga más obras de teatro, estas tres las vemos como juntas. Comparten algunos puntos, como el mundo rural, la mujer en el mundo rural, la Andalucía de los años 20 y 30, la pasión, el deseo desenfrenado que, al final, termina en tragedia cuando no se lleva a buen puerto, la muerte,... Pero, aun así, son tres obras que, aunque tengan muchas cosas en común, son muy distintas. La atmósfera de las tres es completamente diferente. Creo que cuando las lees te das cuenta. Bodas de sangre es un obra muy lírica y muy poética, mientras que Yerma es totalmente introspectiva, con esa mujer que está sufriendo, que se siente aislada, que la tratan mal por algo que no es su culpa, aunque ella se sienta culpable. Y La casa de Bernarda Alba supone el encierro total, el autoritarismo.

M.G.- El libro se inicia con un texto, con un discurso que Federico dio en 1935. ¿Qué se recoge en esas palabras?

I.R.- Quería comenzar el libro con las propias palabras de Federico y con lo que significaba el teatro para él. Cuando estaba de director en La Barraca, él quería llevar el teatro a los pueblos más pequeños, al pueblo llano, a los más analfabetos. Él consideraba que el teatro y la cultura no era algo de la intelectualidad y de la gente que estaba más arriba, sino también del pueblo llano. Me parecía importante empezar así.

En este discurso, que pronuncia ante los actores del Teatro Español en el año 35, defiende la importancia que tiene la cultura y el teatro para un país. Él decía que al teatro había que ir con alpargatas y no con collares de perlas.

M.G.- El primer párrafo de ese discurso me resultó curioso porque él manifiesta su disconformidad con los homenajes. Me quedé pensando que, donde quiera que esté, estará escandalizado con todo lo que se ha escrito y se ha dicho de su persona y sus obras.

I.R.- Bueno era muy coqueto. Aunque a él le gustaba mezclarse con el pueblo, también le gustaba ser el centro de atención. Quizá, a lo que se refería era a los homenajes en cuanto a ensalzar al autor y alejarse del pueblo llano. Precisamente, lo que él hace en estas obras es poner voz a la gente del medio rural, y especialmente, a la mujer del medio rural. 

M.G.- Ros, tú te encargas de ilustrar estas tres obras de Federico pero, ¿cómo haces para elegir la escena concreta que quieres mostrar?

I.R.- Conforme iba leyendo las obras, iba tomando ideas. Al principio, mi idea era ilustrarlo todo pero claro, me di cuenta de que eso no podía ser. Pedí que me enviaran una maqueta del texto para ir repartiendo las ilustraciones. Yo quería que las ilustraciones aparecieran en el lugar en el que yo quería. En ese proceso fui ilustrando los momentos de las obras más interesantes pero también tenía que funcionar rítmicamente. No podían aparecer diez páginas seguidas sin una sola ilustración y luego encontrar tres ilustraciones seguidas. Sobre todo en este caso, que es un libro muy ilustrado. Tenía que mantener el equilibrio aunque, realmente, lo hubiera ilustrado entero, como si fuera una película de animación.

M.G.- Recuerdo que, con Federico, usaste una paleta cromática llena de ocres, rojos, y tonos tierra. En este caso, ¿cuál ha sido el criterio para elegir los colores?

I.R.- Al principio de cada proyecto, intento siempre pensar en la paleta de color en relación con el proyecto y en relación con lo que yo siento. Con este libro fui al Cabo de Gata, al Cortijo del Fraile, a Valderrubio, a Fuente Vaqueros,... Me fijé en los colores de la tierra, tan característicos en esa zona, sobre todo en el desierto de Níjar. De ahí saqué parte de los colores. También me sirvió ver las casas de Federico, los suelos de esas casas,... Hay una paleta común para las tres obras pero luego, cada una de ella, tiene su paleta propia. En La casa de Bernarda Alba, la paleta es muy sobria y severa. Sin embargo, la de Yerma tiende más a los rojos, es más pasional y más dolorosa. La de Bodas de sangre tiene muchos violetas, azules, ocres, los colores del campo de Níjar, es como más colorista.


[Si prefieres escuchar nuestra conversación, dale al play]

M.G.- En este volumen encontramos las tres obras que mencionamos pero no hay una división clara entre una otra. Cuando acaba una, y antes de empezar la siguiente, hay como unos textos de tu autoría en las que nos das pinceladas sobre cómo y cuándo escribió Federico, en qué se inspiró.

I.R.- Sí, entre obra y obra, hay alguna página de contextualización. En Federico García Lorca, su vida y las obras van cogidas de la mano. En el libro, están dispuestas de manera cronológica porque tenía sentido. La casa de Bernarda Alba fue la última obra que él escribió y leyó a sus amigos y familiares, en su último mes de vida, antes de que lo fusilaran. Es una obra que habla del autoritarismo en una época en la que se intuía que había ciertos grupos que podían dar un golpe de estado, desembocando en una guerra civil. Por eso, creía que era importante contextualizar cada obra, mencionando el momento en que lo escribió y en quién se inspiró.

M.G.- Después de la obra anterior y esta, ¿te quedan todavía cosas que aprender de Federico? Imagino que la labor de documentación habrá ido importante.

I.R.- Siempre quedan cosas por aprender. Federico García Lorca es un sitio en el que entras y ya no puedes salir. En cada lectura de su obra, siempre se van abriendo ventanas nuevas. Aunque pienses que ya te has leído muchas veces Bodas de sangre, la vuelves a leer y, de repente, descubres algo que te lleva a una interpretación nueva. 

M.G.- Al hilo de lo comentas, es habitual que, cuando releemos obras, cambie nuestra percepción. No es lo mismo leer Bodas de sangre a los dieciocho años, que leerlo a los cuarenta.

I.R.- Sí, sí. Hoy tengo una lectura muy diferente de La casa de Bernarda Alba, de aquella que tenía en el instituto. Tiene que ver con la forma de entender el mundo, y con la contextualización, porque vas aprendiendo más sobre el momento histórico en el que se escribe la obra.

Algo que me parece muy curioso es que antes me llamaban la atención personajes como Adela y la novia, que son mujeres que ansían la libertad y, sin embargo, ahora veo a Martirio y me conmueve más, por estar encerrada también en sí misma, por ser una mujer atormentada. Vas viendo las cosas de forma diferente, a medida que pasan los años.

M.G.- Imagino que has tenido que leer estas obras, pero no sé si también has visto las películas que se han hecho.

I.R.- Sí, las he visto pero no durante el proceso creativo del libro. Son obras que forman parte de nuestro imaginario y las tenemos dentro. No quería ver más cosas para que no me influyeran más todavía. Pero, hasta antes del libro, sí que he visto muchas representaciones y películas, como La novia, que me parece preciosa.

M.G.- ¿Has tenido más dificultad a la hora de ilustrar una obra u otra?

I.R.- He disfrutado mucho haciendo las tres pero la que más dificultad me podía crear era La casa de Bernarda Alba, porque no tiene el apoyo de las metáforas visuales que tiene Bodas de sangre, no tiene paisajes ni salidas al exterior. La casa de Bernarda Alba transcurre todo el tiempo dentro de una casa. Federico especificó que en esta obra solo quería blanco y negro, no quería sombra. Aunque yo eso me lo salto. Es una obra muy severa, salvaje en cuanto a la palabra. No tiene la poesía que tiene Bodas de sangre

M.G.- Soy firme defensora del género ilustrado pero, cuando hablo con otros lectores, encuentro que a muchos les cuesta entrar en el género. Aparte del color y de la imagen, ¿qué crees que aporta el género ilustrado a la literatura o, en este caso, a las obras de Lorca?

I.R.- Creo que se establece un diálogo entre diferentes artes y diferentes formas expresivas o formas de creatividad. Es como cuando hay una colaboración entre un músico y un cineasta, entre un actor y un pintor. Al final, creo que la ilustración y la literatura casan muy bien. En este caso, por ejemplo, hay un texto de Federico García Lorca que funciona solo, evidentemente, pero que dialoga con la ilustración. Al igual que ocurre con las representaciones teatrales, en las que se establece un diálogo entre el texto y el director de escena o los actores. El ilustrador pasa el texto por sí mismo y da su propia interpretación. La ilustración es una suma creativa.

M.G.- Ilu, ¿cómo defines tu forma de ilustrar? Para mí, tus ilustraciones son muy libres. Por ejemplo, no hay profundidad de campo, no hay perspectiva. ¿Cómo defines tu trazo?

I.R.- Intento mantener esa libertad, que mis dibujos y mis pinturas estén vivas. No sé explicarlo muy bien. A veces, hago dibujos a los que les falta algo. No es cuestión de perspectiva, ni de estar mejor o peor dibujado. Es cuestión de un algo que no sé explicar. Siempre busco la libertad y la expresividad en el trazo. Es algo que consigo mientras más me alejo de la realidad. Hago pintura figurativa pero intento no ser hiperrealista. 

M.G.- Te conocí con Cosas nuestras. ¿Tú crees que tus dibujos han evolucionado con el paso de los años?

I.R.- Sí. No digo si para bien o para mal, pero sí he notado una evolución. Si veo dibujos de hace tres o cinco años, sí lo noto. Me aburriría si supiera que me estoy repitiendo y mataría la creatividad.

M.G.- Por medio de una entrevista que concediste, supe que, tras la publicación de Federico, facilitasteis un ejemplar a los descendientes. ¿Vas a hacer lo mismo con este?

I.R.- Creo que sí se ha enviado. No te lo sé decir ahora mismo porque los envíos los hace la editorial pero imagino que sí se habrá enviado. Bueno, no lo sé con seguridad.

M.G.- ¿Qué te dijeron con el anterior?

I.R.- Por lo que sé, las sobrinas de Federico están muy contentas.

M.G.- Imagino que vas a descansar un poco, o definitivamente, del poeta.

I.R.- En principio, descanso definitivamente.

M.G.- ¿Y te gustaría ilustrar algún libro de otro autor importante?

I.R.- No lo sé. Mi idea no es hacer otra biografía ilustrada. 

M.G.- En principio, cambiar de rumbo.

I.R.- Sí, lo que me apetezca y lo que vea que me funciona en cada momento. En eso hay que ser un poco intuitivo, creo.

M.G.- Bueno Ilu, lo dejamos aquí. Estoy encantada con esta publicación porque me parece una edición preciosa, muy bonita y muy cuidada.

I.R.- Súper bonita, sí. Muchas gracias.

M.G.- Me parece precioso para regalar estas navidades. Muchas gracias por venir. Un placer volver a verte y espero que volvamos a coincidir con cualquier otro proyecto que se te ocurra.

I.R.- Muchas gracias a ti.

Sinopsis: La tragedia de la pasión amorosa, las rivalidades familiares, la esterilidad, la represión sexual y la muerte son el hilo vertebrador de Bodas de sangre, Yerma y La casa de Bernarda Alba, las tres obras que conforman el ciclo por el que Federico García Lorca ha sido más celebrado como dramaturgo. Una trilogía rural en la que la mujer, el campo andaluz abrasado por el sol y los instintos son los grandes protagonistas que cobran nueva vida en esta interpretación personal y originalísima de Ilu Ros, la autora de la aclamada biografía Federico y «una de nuestras mejores dibujantes» (Manuel Rodríguez Rivero, El País).

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...