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viernes, 24 de mayo de 2024

EL ÁNGELUS de Homs y Giroud

 

Editorial: Norma Editorial
Fecha publicación: diciembre, 2020
Precio: 19,50 €
Género: novela gráfica
Nº Páginas:120
Encuadernación: Tapa dura
ISBN: 9788467908206
[Disponible en eBook]

Autores

Homs es el apellido con el que el autor barcelonés Josep Homs firma sus trabajos. Es un artista hecho a sí mismo, que estudió dibujo en la Escuela Joso y pronto empezó a ascender profesionalmente en el ámbito del cómic. Ha trabajado para editoriales estadounidenses de la talla de Marvel, pero también para editores europeos como Dupuis. En los Estados Unidos, ha dibujado, en colaboración con el guionista Christopher Hinz, en la serie Blade. También ha ilustrado cómics del oeste para Marvel (Marvel Westerns) y la serie Red Sonja, con Frank Cho y Doug Murray como escritores. Ha publicado además en la revista Heavy Metal y en las antologías españolas Barcelona TM y Revolution Complex. Los increíbles dibujos de El Ángelus la convierten en una de las mejores obras publicadas en Europa en los últimos años. En colaboración con Sylvain Runberg, desarrolla a continuación una adaptación al cómic de la exitosa serie de novelas de Stieg Larsson Millennium, lanzada en seis partes por Dupuis.

No se incluye información sobre Giraud.

Sinopsis

Clovis lleva una vida gris hasta que, un día, decide entrar por primera vez en años en un museo. Allí queda profundamente turbado ante la visión de El Ángelus, un cuadro del pintor francés Millet. 

Así arranca esta historia de secretos familiares y transformaciones personales que llevarán al protagonista a investigar sobre el origen del cuadro y su profundo impacto en la obra de otro pintor universal, Salvador Dalí. ¿Qué secretos oculta esa pintura? Y, lo que es más importante, ¿por qué Clovis se ha obsesionado con ella como lo hizo Dalí? 

Frank Giroud firma un guión apasionante y sorprendente que engancha al lector desde la primera página, mientras Homs lo complementa a la perfección con un dibujo emocionante y rico en matices.

[Información tomada directamente de la web de la editorial]


La semana pasada hice una escapada a Londres. Mi segunda visita a la capital del Reino Unido me llevó de periplo por los distintos museos y galerías de arte que pueblan la ciudad. La National Gallery, la colección Wellington en Apsley House, o la Wallace Collection acumulan tal cantidad de obras de todos los tiempos, y de pintores tan significativos, que resulta del todo imposible pararse a ver cuadro a cuadro. Londres tiene una pinacoteca tan grande que necesitarías unas cuantas semanas para verla completamente. Y más aún cuando, ante algunas obras pictóricas uno puede llegar a perder la noción del tiempo. Los cuadros no hay que mirarlos. Los cuadros hay que verlos. Y aunque parezca lo mismo, no lo es. Os cuento todo este rollo porque la novela de la que vengo a hablaros hoy tiene mucho que ver con la pintura y el efecto que un cuadro puede causar en un espectador. El Ángelus es una novela gráfica que ha conseguido que pose mi mirada sobre una obra concreta, de la que no sabía nada, y que indague sobre su historia. Os cuento.

El Ángelus fue uno de esos libros que los Reyes Magos me trajeron el pasado seis de enero. No conocía la obra. No me sonaba de nada. Es más, al leer la sinopsis no sentí una atracción especial por la historia que encierra entre sus páginas. Sin embargo, como me gusta tanto el género, decidí darle una oportunidad y, aunque el libro no se haya colocado entre mis favoritos del género, sí puedo decir que me ha descubierto la historia de un cuadro fascinante, en la que Salvador Dalí tiene un papel protagonista. Más información aquí.

Este libro, editado por Norma Editorial, en la que Frank Guiroud firma el guion y Homs pone el color, nos narra la historia de Clovis Chaumel, un hombre al que, ya desde pequeño, la vida no trató muy bien, sometido siempre bajo el pesimismo de una madre que creía en el castigo divino. De su infancia iremos conociendo pequeños retazos a través de diversos flashbacks pero el grueso de la historia se centra en la edad adulta del personaje. Chaumel está casado y es padre de dos hijos adolescentes - Stephane y Etienne-. En el momento en el que la acción se inicia, al personaje acaban de darle una mala noticia. Tiene graves problemas de salud, aunque ha decidido no compartir la noticia con su familia. Chaumel está hundido. Para distraerse un poco decide visitar el museo, concretamente el de Orsay, pues los hechos se desarrollan entre la capital francesa y el pueblo de Chamalieu. Paseando por las distintas salas del museo, más inmerso en sus propios pensamientos que en lo que ven sus ojos, sus pasos lo conducen hasta la obra titulada El Ángelus. Óleo sobre tela de Jean-François Millet (1857).




Clovis se siente irrefrenablemente atraído por la pintura. No sabe por qué pero le impacta, le conmueve, le embriaga hasta el punto de sentir que el aire no le entra en los pulmones. A partir de ese momento, el personaje se obsesiona con el cuadro. Primero tratará de hacerse con una reproducción en la tienda del museo pero, al no conseguirlo, buscará algún libro sobre el autor de la obra por las librerías francesas. Por azar, conocerá a Evelyne Arnaud, la joven profesora de artes plásticas de su hijo mayor. Evelyne ayudará a Clovis a saber más sobre el cuadro y entablarán una amistad que tendrá más repercusiones de las esperadas. La visión del cuadro, su interés por él, obrarán una gran transformación en el personaje. Se convertirá en un hombre totalmente distinto.

Pero Clovis volverá a sentirse emocionalmente impactado en otro lugar y en otras circunstancias. ¿Qué le ocurre realmente? ¿Por qué experimenta esas sensaciones? Bueno, poco a poco, las piezas del misterio que rodean la vida del personaje se irán colocando en su lugar, hasta desvelar una verdad que tiene que ver con un secreto familiar. Esto es, grosso modo, lo que podéis encontrar en este libro: arte, pintura, emociones y familia.

Qué me ha gustado del libro

Bueno, difícilmente le pongo pega a lo gráfico. Debe ser que, como de pequeña disfruté tanto de los cómics, los tebeos y los cuentos (¿dije "de pequeña"?), soy incapaz de apartarme del género. Lo que me ha gustado de este libro no es que te cuente la historia de un hombre que recupera las ganas de vivir, iniciándose su transformación al contemplar un cuadro. Lo que realmente me ha gustado es saber más sobre El Ángelus y la obsesión que provoca, no solo ya en Clovis, sino en otro famoso pintor, en Salvador Dalí. No voy a entrar en detalles para no estropear la historia pero resulta muy interesante acompañar al personaje en la indagación que hace de la pintura, en el secreto que encierra, y la relación que se establece con el pintor de Figueres, quién escribió un ensayo titulado El mito trágico de 'El Ángelus' de Millet, para el que le costó trabajo encontrar editor. ¿Qué representa el cuadro realmente? ¿Por qué los personajes están en esa pose ante lo que parece un simple cesto? Bueno, como digo, la explicación es verdaderamente interesante.

Los personajes

Por las páginas de esta novela gráfica circulan un reducido elenco de personajes de entre los que destacaría a dos. Por un lado, Clovis Chaumel es de esos personajes que provocan dos reacciones contradictorias. O bien te echa para atrás, por ser un hombre gris, apático, sin espíritu, al que te entran ganas de coger por los hombros y gritarle que despierte. O bien te enternece precisamente por los mismos motivos, por ser un tipo pusilánime, del que todo el mundo abusa. A Clovis todo el mundo lo ningunea. Su mujer lo desprecia y sus hijos lo maltratan psicológicamente, tratándolo como un inútil. Está tan machacado por su entorno que hasta él mismo se boicotea. Pero hay que partir del punto de que el hombre está enfermo y eso es una losa que se añade a su, ya de por sí, apocado carácter. Pero, lo interesante de este personaje es la evolución que experimenta. El Ángelus generará un cambio radical, no solo en su exterior, aparcando los trajes serios y las gafas clásicas, para vestir corbatas llamativas y dejarse barba, sino también en su forma de ver la vida y en su personalidad. Clovis dejará de ser un pelele y tomará las riendas de su vida para romper con todo lo que lo ha lastrado hasta ahora.





Por su parte, Evelyne no puede ser más distinta a Clovis, y no ya por ser mucho más joven que él sino por su naturaleza, alegre y desenfadada. Evelyne es una chica de su tiempo, atrevida, exótica y natural, a la que no le importa lo que los demás piensen, siempre y cuando lo que piensen sea verdad. Evelyne será otro elemento más en la vida de Clovis que dé pie a su transformación.

Estructura y estilo

El Ángelus es una novela gráfica de gran formato. Yo no lo sabía pero, según nos cuenta la editorial en el siguiente video, la edición que yo tengo es ampliada, con una nueva cubierta, y cuenta, como detalle para el lector que adquiera la primera edición, una lámina original de regalo.



El libro se estructura en dos partes, que corresponden con el antes y el después de la transformación de Cloves. En la primera parte, el personaje será gris y apático, mientras que en la segunda veremos a un individuo que, por fin, ha dado un golpe sobre la mesa. En la transformación del personaje juega un papel muy importante las ilustraciones de Homs. Suponen un gran complemento en el desarrollo de la historia y contribuyen a perfilar a los personajes. La expresividad de los mismos, la gesticulación y las miradas aportan información valiosa para que el lector entienda las emociones que atraviesan a Clovis y al resto de personajes.

Por otro lado, el uso del color, con una paleta más apagada en la primera parte, y algo más luminosa en la segunda, ayudan igualmente a visualizar la evolución del personaje.

Además, esta edición cuenta con un anexo en el que el dibujante explica cómo ha llevado a cabo las ilustraciones, a partir de bocetos que nos permiten entender el trabajo de un ilustrador.

En definitiva, si te gusta el género gráfico y eres un enamorado del arte, te recomiendo que le eches un vistazo a El Ángelus.

[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

Puedes adquirirlo aquí.

lunes, 22 de abril de 2024

ALMUDENA. UNA BIOGRAFIA de Aroa Moreno Durán y Ana Jarén.

Editorial: Lumen
Fecha publicación: febrero, 2024
Precio: 21,90 €
Género: biografía ilustrada
Nº Páginas:168
Encuadernación: Tapa dura
ISBN: 9788426426536
[Disponible en eBook]

Autoras

Aroa Moreno Durán nació en Madrid en 1981. Estudió Periodismo en la Universidad Complutense, especialista en Información Internacional y Países del Sur. Ha publicado los libros de poemas Veinte años sin lápices nuevos (Alumbre, 2009) y Jet lag (Baile del Sol, 2016). Es autora de las biografías de Frida Kahlo, Viva la vida, y de Federico García Lorca, La valiente alegría (ambas en Difusión, 2011). La hija del comunista es su primera novela.

Ana Jarén (Sevilla, 1985) inició su carrera profesional en el sector de la comunicación de moda, donde empezó a desarrollar sus primeros trabajos como ilustradora. Tras vivir en Reino Unido y Bélgica, regresó a España en 2017.

En su obra, Ana se fija en las escenas del día a día, las personas y los espacios que habitan, deteniéndose en los pequeños detalles. Ha colaborado con numerosas marcas y medios de comunicación como The Washington Post, Fnac o Vogue, entre muchos otros. Es la autora de Escritoras. Una historia de amistad y creación (Lumen, 2023) junto a Carmen G. de la Cueva, Astrología para colorear (2022) y Amigas (2020). Almudena. Una biografía (Lumen, 2024), junto a Aroa Moreno Durán, es su última obra.

Sinopsis

Pocas escritoras de finales del siglo XX y principios del XXI han sido más leídas, han aunado tantos premios, crítica y lectores y han suscitado tal admiración y amor como Almudena Grandes. Lectora voraz, Almudena escribió para que su generación lograra ser tan moderna como lo había sido la de sus abuelas durante la Segunda República. Empeñada en recuperar las huellas de un pasado oculto por la dictadura, investigó, descubrió y ficcionó los márgenes de un país olvidado, haciendo de la memoria el eje central de su obra literaria y convirtiéndose en una rastreadora de personajes y de historias. Pero Almudena no solo tenía el secreto de la literatura, sino que supo acertar con la vida para mantener siempre la alegría intacta. Estas páginas son un viaje por los años y las palabras de una mujer comprometida con su tiempo, pero, sobre todo, con los libros.

Como otras autoras de su generación, Aroa Moreno Durán creció leyendo a Almudena Grandes y tuvo la gran suerte de conocerla. En este libro reivindica su memoria y su obra y, junto con Ana Jarén, le rinde un emocionado homenaje.

[Información tomada directamente del ejemplar]

«La literatura es vida de más»

Eso es lo que decía Almudena Grandes, cuando le preguntaban qué era la literatura o qué implicaba en nuestras vidas. Creo que no puede haber una definición mejor. Vida de más, más vidas, otras vidas, diferentes a la nuestra. Sin la menor duda, la literatura enriquece, nos hace más sabios, nos llena. Eso es lo que hacen las novelas de Almudena Grandes, enriquecernos, hacernos vivir otras vidas, explorar otras épocas, llenarnos y convertirnos en personas más sabias. Y eso es lo que hace el libro del que quiero hablaros hoy, Almudena. Una biografía de Aroa Moreno Durán y Ana Jarén, un nuevo libro ilustrado que a mí me llenó de alegría. 

Moreno y Jarén son las encargadas de anclar aún más la figura de Almudena Grandes a nuestras vidas y lo hacen a través de un libro que es una belleza, lo mires por donde lo mires. La autora de tantas y tantas novelas fantásticas nos abandonó en noviembre de 2021, dejando huérfanos a sus lectores. Cierto es que nos quedan sus libros, pero nos falta ella. Ella, que tan bien escribía, que nos regalaba historias profundas, con personajes inolvidables. Ella, que llenaba las salas en cada una de sus presentaciones, que hablaba con sus lectores, que se llevaba horas firmando ejemplares. Nos quedan sus novelas, sí. Pero nos falta ella.

Almudena. Una biografía nos acerca a la vida de Almudena Grandes, explorando diferentes ángulos de la escritora. El texto de la obra pertenece a Aroa Moreno Durán quien, en las primeras páginas, nos relata cómo llegó a conocerla y lo que significó en su vida. Fue a través de una llamada de teléfono. Al otro lado de la línea, la voz grave de la autora de Malena es un nombre de tango daba la enhorabuena a Aroa. Acababa de ganar el Premio Ojo Crítico de Narrativa 2017 con su primera novela, La hija del comunista, de cuyo jurado Almudena formaba parte. A partir de ahí, Moreno nos cuenta los encuentros que tuvo con la autora, lo mucho que ella la ayudó, y la generosidad que siempre mostró a la hora de recomendar aquella primera novela. 

Pero esas primeras páginas no son más que una íntima introducción. La verdadera intención de este libro es coger de la mano al lector para hacer un recorrido por la vida de Almudena. De este modo, conoceremos cómo transcurrió la infancia de la novelista, en qué lugares vivió, sus orígenes familiares, qué miembro de su familia le introdujo el gusanito de la Literatura en el cuerpo, sus primeras lecturas o cómo empezó a escribir cuentos de pequeña. Este sendero por la vida de Almudena nos hablará de Manuel y Benita, los padres de la escritora. y cómo ella huyó de ese destino que veía en su madre.


«Educada en el franquismo, representaba para su hija todos los valores femeninos que ella rechazaría después. Benita era el último modelo de mujer al que Almudena querría parecerse». [pág. 26]

 

Benita murió muy joven y su padre se casó varias veces. 

Pasaremos fugazmente por la juventud de la escritora, por sus años universitarios, o por los años en los que trabajó en una editorial, un trabajo que le sirvió para crear cayo y practicar la escritura.


«En aquella época, Almudena trabajaba para la editorial Anaya, donde realizaba diferentes oficios y escribía textos por encargo. Se ocupaba, por ejemplo, de escribir guías turísticas, pies de fotos y enciclopedias». [pág. 43]


Compartió tiempo y espacio con nombres como Oscar Ladoire, Fernando Trueba o Antonio Resines. Fueron los años de la movida madrileña. Madrid estaría siempre muy presente en sus novelas. Con 22 años llegó el primer matrimonio y el nacimiento de su hijo Mauro. En temas de amores, llegará también el momento para Luis García Montero y la hija que tuvieron en común, Elisa.

Pero, obviamente, este libro hace repaso a las novelas de Almudena Grandes. Se nos hablará de Las edades de Lulú, novela con la que ganó el Premio Sonrisa Vertical. Sabremos qué ocurrió con sus siguientes publicaciones como Te llamaré Viernes o Malena es un nombre de tango. Y poco a poco llegaremos a su gran proyecto, Episodios de una guerra interminable, que también ha quedado huérfano como sus lectores. Ya sabemos que algunas de sus obras han sido adaptadas y aprenderemos cuáles eran sus rutinas a la hora de escribir, o lo que significaba para ella el oficio de la escritura, que nada tiene que ver con la aparición repentina de ideas brillantes e inspiraciones venidas de quién sabe dónde, sino con un trabajo constante, que obliga a sentarse a la misma mesa, día tras día, insistiendo en la historia a construir.

En Almudena. Una biografía vamos a tener acceso a las declaraciones de la escritora, la vamos a ver entre fogones, organizando comidas para sus amigos, o disfrutando de un partido de su Atleti. Moreno echa mano de todo lo dicho y escrito por Almudena a lo largo de sus sesenta y un años de vida. La busca en sus novelas, que ha releído, en las entrevistas que concedió, en las intervenciones radiofónicas y en sus artículos periodísticos. Llegará a pasar una temporada en la casa familiar de Rota, impregnándose de la esencia de Almudena, que aún se mantiene intacta entre los muros de aquella casa, un paraíso para la autora. Conversará con Luis García Montero, con Gonzalo y Manuel, los hermanos de Almudena, con los hijos que cada uno aportó al matrimonio, o con Elisa, la hija común. Y, cómo no, se nos hablará también de su muerte y el impacto que generó. Todo ello para construir de nuevo a la mujer, para darle tridimensionalidad, forma y volumen. Para resucitarla y dejarla entre nosotros.

Y todo ello, fantásticamente adornado con las ilustraciones de Ana Jarén, la encargada de dar color a esta joya. Conocí las ilustraciones de esta sevillana a través de otro libro maravilloso, igualmente publicado por Lumen. Me refiero a Escritoras, obra en la que compartió autoría con Carmen G. de la Cueva. En los dibujos de Ana Jarén, a veces a doble página y llenos de detalles en los que posar la mirada, intuimos instantes del pasado inmortalizados en una fotografía o vemos escenas imaginadas por la ilustradora, mostrando a Almudena Grandes a corta distancia, como gran escritora, firmando libros, o dando un pregón en las fiestas de San Isidro, desde el balcón de la Casa de la Villa,  pero también como una persona cercana y familiar, protagonizando escenas domésticas como la elaboración de unos chipirones en su tinta. Es muy fácil reconocer a Almudena Grandes en los dibujos de Ana Jarén. Vemos a una mujer como ella era, grande, de pelo negrísimo, con aros que pendían de sus orejas, y el cigarrillo en los dedos, combinando las dos facetas de su vida: la personal y la profesional. Es fácil reconocerla a ella pero también a las personas que la rodearon, a Luis García Montero, Marta Sanz, Belén Gopegui, Lucía Etxebarría o la propia Rosa Montero.






Así que texto e ilustración se complementan mutuamente, dando lugar a una obra de esas que lectores como yo, acostumbran a atesorar y a cuidar como un bien preciado.

Qué me ha gustado de este libro

Es fácil de responder. T-O-D-O. Me ha encantando acercarme a Almudena Grandes como persona, como mujer. O como nieta, hija, hermana, novia, esposa y madre que fue. Porque su parte literaria y más pública es más conocida pero, a través de Almudena. Una biografía, he descubierto un sinfín de detalles maravillosos y tiernos sobre la escritora. Por ejemplo, ella quiso rendir homenaje a su abuelo paterno Manuel, un fontanero al que le gustaba escribir poesía, que le regaló una edición juvenil y en prosa de la Odisea al hacer la primera comunión (aunque ella había pedido un tutú)con el que tenía una unión especial. 


«A él le oyó la escritora los primeros versos de su vida. Pero, sobre todo, aquel hombre hacía algo que Almudena supuso que hacían todos los abuelos y que, sin embargo, después descubrió que era excepcional: la escuchaba». [pág. 21]


Tan importante fue aquel hombre en su vida que, si en sus novelas aparecía un abuelo, siempre se llamaría Manuel. 

Almudena. Una biografía es de esos libros que a mí me gustan. Esos que te «obligan» a frenar la lectura para corroborar un dato, para buscar más información. Porque, ¿tú sabías que Almudena hizo cine? En 1982 se estrena A contratiempo, dirigida por Oscar Ladoire, donde Almudena hizo un pequeño papel (puedes verla aquí). Tenía solo 22 años y aún no sabía lo que sus letras llegarían a ser con el tiempo. 

Hay tantas y tantas cosas que este libro te descubre sobre ella. ¿Sabías que vivió en la casa donde residió y murió Manuel Machado? Él y ella se asomaron al mismo balcón.

Y luego, cuando nos adentramos en su relación con García Montero que, al principio, tenía algo de clandestinidad, Moreno cuenta lo justo y siempre desde un grandísimo respeto. Y el lector se convierte también en cómplice del amor de la pareja. Probablemente, Almudena Grandes no se puede entender sin el que fuera el gran amor de su vida. Como a Luis García Montero tampoco se le puede entender bien sin la presencia de Almudena en su vida. 

Estructura y estilo

Almudena. Una biografía se compone de un total de ocho capítulos, acompañados de introducción y epílogo. Entre ellos, y como mención aparte, se resaltan diversas cuestiones como el cambio de nombre de la estación de Atocha, tras su muerte -ahora se llama Puerta de Atocha-Almudena Grandes-, el oficio de escribir, la cocina, el Atlético de Madrid, el gato Negrín que dormitaba a sus pies mientras ella escribía.

Moreno escribe desde el corazón y eso se percibe en un estilo cercano e intimista. Hay objetividad en su narración, pero en la misma asoma el cariño y la admiración que la autora sentía por la novelista.


Almudena. Una biografía es un libro escrito desde el amor, el respeto y la admiración. Me ha encantado leer este libro y conocer algo más sobre la novelista, descrita en este libro como una mujer desinhibida, divertida, fuerte y «de cabellera negra y asalvajada». Una gran escritora y un gran libro este, que no te puedes perder.


[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

Puedes adquirirlo aquí (Tapa dura) y aquí (Kindle)




lunes, 5 de febrero de 2024

LOS PACIENTES DEL DOCTOR GARCÍA (NOVELA GRÁFICA) de Claudio Stassi

Editorial: Planeta Cómics
Fecha publicación: noviembre, 2022
Precio: 25,00 €
Género: novela gráfica
Nº Páginas: 208
Encuadernación: Tapa dura sin sobrecubiertas
ISBN: 9788411124812
[Disponible en eBook;
puedes empezar a leer aquí]

Autores

Claudio Stassi, nacido el año 1978 en Palermo, vive y trabaja en Barcelona. Ha publicado para numerosas editoriales italianas y extranjeras. Para Sergio Bonelli Editore, dibuja en las series Dylan Dog y Dampyr. En 2007 publica Brancaccio. Historias de la mafia cotidiana, escrita por Giovanni Di Gregorio, y ganó el Premio Micheluzzi y el Premio Boscarato.

Su novela gráfica Por esto me llamo Giovanni, publicada por Rizzoli, ya está en su quinta edición. Con Luca Enoch creó La Banda Stern en 2013, un libro que ha sido traducido a cuatro idiomas. Su último trabajo, Rosario. Amor y muerte, basado en textos de Carlos Sampayo, fue publicado en Francia e Italia.

Con Planeta Cómic, ha versionado tres de las novelas más importantes de la literatura española: La Ciudad de los Prodigios (Eduardo Mendoza), Los pacientes del doctor García (Almudena Grandes) y Nada (Carmen Laforet). Es profesor de la Escuela de Cómic Joso en Barcelona.

Almudena Grandes (Madrid, 1960-2021) se dio a conocer en 1989 con Las edades de Lulú, XI Premio La Sonrisa Vertical. Sus novelas Te llamaré Viernes, Malena es un nombre de tango, Atlas de geografía humana, Los aires difíciles, Castillos de cartón, El corazón helado y Los besos en el pan, junto con sus libros de cuentos Modelos de mujer y Estaciones de paso, la han convertido en una autora imprescindible. La culminación de su carrera fueron las cinco novelas que forman sus Episodios de una Guerra Interminable. Adaptada ampliamente al cine y al teatro, mereció, entre otros, el Premio de la Fundación Lara, el Premio de los Libreros de Madrid y el de los de Sevilla, el Arcebispo Juan de San Clemente, el Rapallo Carige, el Prix Méditerranée, el Jean Monet, el Premio de la Crítica de Madrid, el Premio Elena Poniatowska, el Sor Juana Inés de la Cruz, y el Premio Nacional de Narrativa. Su fallecimiento en noviembre de 2021 causó un hondo impacto y provocó una emocionante respuesta colectiva, de homenaje y reconocimiento, por parte de sus miles de lectores.

Sinopsis

Adaptación a novela gráfica de la obra homónima de Almudena Grandes.

Tras la victoria de Franco, el doctor Guillermo García Medina sigue viviendo en Madrid bajo una identidad falsa. Manuel Arroyo, quien le salvó de morir en el paredón, ha vuelto del exilio con una misión secreta: infiltrarse en una organización clandestina nazi y falangista. Mientras el doctor García se deja reclutar por él, el nombre de otro español se cruza en el destino de los dos amigos. Adrián Gallardo Ortega, que tuvo su momento de gloria como boxeador profesional antes de alistarse en la División Azul, para seguir luchando como voluntario de las SS y participar en la última defensa de Berlín, malvive en Alemania, ignorando que alguien pretende suplantar su identidad para huir a la Argentina de Perón.

[Información tomada de la web de la editorial]

Para empezar la semana con cierta amabilidad, asoma por aquí una obra encuadrada en uno de los géneros que más me gustan, la novela gráfica. Y es que, cuando este pasado verano hice el Camino de Santiago y llegué a destino, a la ciudad de Santiago, una de las visitas que realicé en la ciudad fue a la librería Follas Novas. De allí me traje un catálogo de novela gráfica, que he estado mirando y remirando desde entonces. Me apetecían todos los libros que figuraban en esas páginas pero, como decía mi madre, todo no puede ser. Así que, aprovechando que se acercaban los Reyes Magos, di un paso al frente y anoté en mi carta un par de novelas gráficas: La bibliotecaria de Auschwitz y Los pacientes del doctor García. Y sí, me he leído las dos novelas, las originales, las escritas por sus auténticos autores. Entonces, ¿por qué este interés por una historia que ya conoces, aunque sea en otro formato? No me lo preguntéis porque no sé la respuesta. Sólo puedo decir que adoro el formato gráfico. Me encanta pasar mis ojos por las ilustraciones, dejarme sorprender por el color, ponerles rostro a los personajes, y fijarme en los detalles. La pena es que la diversión me dura poco pero me da igual. Poco a poco, voy acumulando libros gráficos y la colección aumenta. Alguna vez os he contado que tengo un par de carritos de Ikea dedicados únicamente al formato gráfico. Sobre ruedas tengo una de las colecciones más preciadas de mi biblioteca. Pero me estoy yendo por las ramas, así que, vayamos al grano.

Los pacientes del doctor García es una novela colosal y maravillosa que sólo una autora como Almudena Grandes podía idear. La trama, envuelta en esos años convulsos (1936-1975), con la victoria de las tropas nacionales, la Segunda Guerra Mundial, la caída del imperio alemán, la huida de los nazis, la Nueva España y la muerte de Franco, compone un caleidoscopio por el que se mueven un importante elenco de personajes.  La disfruté tanto o más como el resto de su obra (puedes leer mi reseña aquí). Y creo que fue después del fallecimiento de la autora, cuando se anunció que esta novela sería adaptada para la televisión. Y así fue, su rodaje se inició en enero de 2022 y pudimos ver los diez capítulos que conforman la mini-serie a partir de la primavera de 2023.

Pero me remonto al pasado 6 de enero de 2024, cuando los Reyes Magos llegaron a casa y entre los regalos que me dejaron por ser una niña buena, figuraba Los pacientes del doctor García (novela gráfica) de Claudio Stassi. No hace falta que os diga que la devoré a los pocos días.


«La verdadera matanza empezó el día 16. En la Puerta del Sol, una bomba alemana de quinientos kilos abrió un agujero que dejó a la vista los raíles del metro sembrados de cadáveres. Desde entonces, y hasta que mi jefe me mandó a casa a dormir, los bombardeos no cesaron ni de día ni de noche».


Así empieza esta obra. Son las palabras de Guillermo García Medina, el protagonista indiscutible de esta historia. La acción se inicia en Madrid, el 19 de noviembre de 1936. Guillermo es un médico. Trabaja en un hospital,  atendiendo a los heridos del ejército rojo. Hace transfusiones y no da abasto. Vive solo pero mantendrá una relación estrecha con su vecina Amparo, una joven a la que conoceremos es una situación dolorosa. Su abuelo, el único familiar que le queda, y franquista, ha fallecido. A partir de aquí, veremos cómo la vida de Guillermo cambia radicalmente. De trabajar de médico pasará en el año 1946 a ejercer de chupatintas en una empresa de transportes, dirigida por un adepto al régimen de Franco. Amparo ya no está en su vida -aunque ésta volverá a aparecer más adelante-, pero conocerá a Manolo, un espía rojo, herido de un disparo, al que Guillermo le salva la vida. A través de Manolo, Guillermo que, tras la victoria de Franco ha tenido que cambiar también su nombre, se adentrará en una red para luchar contra el gobierno del dictador.  Se meterá de lleno en la boca del lobo, en la madriguera de los nazis, con Clara Stauffer en la cabecera de la rama española, que pretende poner a salvo a todos los gerifaltes alemanes y a todos los que lucharon en la cruzada de Hitler, consideramos como criminales de guerra y perseguidos ahora por los aliados. 


Pasarán muchas cosas en esta novela gráfica y muchas más en la novela original porque Los pacientes del doctor García es una historia sobre los tiempos de la guerra, con amor, miseria, muerte, dolor, hambruna, chantajes, traiciones y, sobre todo,  lucha por la libertad.

Qué me ha parecido esta novela gráfica

El formato gráfico te da acceso a una serie de sensaciones que, por mucho que utilices la imaginación, no te permite la novela. En esta adaptación de Los pacientes del doctor García podemos ponerle cara a Guillermo, a Amparo, a Manolo, y eso siempre aporta un plus a la lectura. Me ha parecido especialmente significativo el rostro crispado de algunos personajes, que gritan y vociferan en alguna viñeta. Es así como Stassi retrata a los falangistas, como auténticos perros rabiosos.

Por ser una adaptación, es normal que el autor se tome ciertas licencias. Al menos, he advertido que algunos sucesos parecen ligeramente modificados.  Obviamente, eso no afecta a la experiencia de la lectura, aunque te podrá chocar un poco si has leído el texto original. También hay que decir que los hechos no se narran de forma cronológica, por lo que nos encontraremos con algunos flashbacks que nos permitirán conocer el pasado de los personajes, y así entender algo mejor los hechos del presente.

En general, la lectura de esta novela gráfica me ha gustado y la he disfrutado. No  obstante, sí tengo que decir algo. Bajo mi punto de vista, y para entender la totalidad de la historia, creo que resulta necesario conocer la trama completa de la novela. Estamos hablando de una obra que, en su formato original, tiene casi ochocientas páginas y cuenta con un anexo final de cinco páginas más, en las que se enumeran los doscientos nombres que aparecen en el relato. Ese volumen de hechos y personajes es difícil de comprimir en las doscientas páginas ilustradas que tiene esta novela. Hay que compactar, ceñirse a lo más básico, recurrir únicamente a los personajes más sobresalientes, y emplear recurrentes y considerables elipsis que hagan avanzar el paso del tiempo. Por lo tanto, se queda fuera mucha información, muchos sucesos, que enriquecen la historia. Por comentar algo, a Guillermo lo conoceremos como médico pero, tras unas cuantas páginas, lo veremos ejerciendo de oficinista en la agencia de transportes La Meridiana y haciéndose llamar Rafael Cuesta. Y entre una profesión y otra, entre un nombre y otro, ocurren cosas que no se cuentan con exactitud. Son los riesgos de todo tipo de adaptación.




Las ilustraciones y el color

Nada más abrir el volumen, en las gualdas, nos encontramos ese cielo de Madrid, gris y plomizo, sobre el que descienden las bombas alemanas. Y será con bombas como empiece este relato.

Las primeras viñetas del volumen apenas cuentan con líneas diálogo. Es algo que ocurrirá de vez en cuando, en esas escenas en las que el dibujo lo explicará todo, sin necesidad de palabras. No obstante, y a medida que avance la historia, cuando la trama haya alcanzado cierta complejidad, el texto cobrará bastante más protagonismo, y el diálogo entre los personajes se volverá más intenso.

El tamaño de las viñetas será muy variable. Primeros planos, escenas fragmentadas o ilustraciones a toda página nos ayudan a focalizar nuestra atención. En ese sentido, esta novela gráfica no es nada monótona, y no se ciñe a la estructura clásica del género.  

Con líneas rectas y dibujos bien definidos, los dibujos están sumamente cuidados, mostrando el entorno que rodea a los personajes, con calles, edificios y hasta anuncios de bebidas, que siempre permiten al lector hacerse una mejor composición de lugar.

En cuanto a la paleta cromática, el gris sirve como vehículo para relatar el pasado, mientras que el presente tiñe las viñetas de diversos tonos, que en ningún caso resultan estridentes. Eso sí, el color rojo se vuelve protagonista en escena claves.

Estructura

Estructurado en varios capítulos que generalmente coinciden con un salto en el tiempo, llamará nuestra atención el dibujo de alguna pieza de ajedrez como elemento diferenciador, y es que este juego también tendrá su importancia en la vida de Guillermo.

El volumen cuenta también con un anexo final en el que el lector puede apreciar el estudio gráfico de personajes.


Poco más os puedo decir. Creo que Los pacientes del doctor García en su formato gráfico es una buena lectura, especialmente si conoces la trama, y es un buen libro para los que, como yo, gusten del género. Es una joyita para a los que como a mí, gustan de este tipo de colecciones. 

Por cierto, la serie televisiva no me gustó mucho. Vi dos capítulos y sentí que me aburría. Luego la he vuelto a dar una segunda oportunidad y con el avance ha ido mejorando pero no sé, creo que no mantiene la esencia de la novela de Almudena Grandes. Contadme qué os ha parecido a vosotros y, de paso, lo que os parece esta novela gráfica.

[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

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viernes, 23 de junio de 2023

RONSON de César Sebastián

 

Editorial:Autsaider Cómics
Fecha publicación: 2023
Precio: 20,00 €
Género: cómic
Nº Páginas: 128
Encuadernación: Tapa dura
ISBN: 978-84-125699-5-7

Autor

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Sinopsis

[A modo de sinopsis] dice la editorial: Ronson es una barbaridad de libro. La historia se remonta varias décadas atrás, y a ojos de nuestras constreñidas mentes actuales, lo de barbaridad, puede superar lo estético y formal para llegar a lo moral. Un tebeo de infancia con carretadas de realidad verosímil. Realidad de pueblo, que puntúa doble que la urbana. Además, de pueblo de hace sesenta años, que es como hablar de otra galaxia en términos de usos y costumbres, digamos, más recias. Tiene ese rollo neo realista con aire documental, con esos ritmos, esas composiciones y esos caretos. Sin necesidad de moralejas, finales felices o cualquier otra esclavitud argumental. Un tebeo entre sensible y descarnado que nos recuerda de dónde venimos. De la misa obligatoria, la pedrada al perro y las hostias a los niños sin preguntar. Pero también de la silla a la fresca, de jugar en la calle y las aventuras asalvajadas.

¿Pero esto es tebeo Autsaider? ¡Vaya si lo es! Excelencia formal, pensamientos divergentes y estendalazo potencial para almas sensibles.

Un clásico instantáneo, como dice Eduardo Bravo. Un libro de esos que puedes leer y releer, que no pierden impacto y que circula por una vía paralela a las tendencias o a las modas. Recursos propios innovadores, que de puro novedosos son absolutamente ajenos a lo que se estila. El dibujo merece capítulo aparte, una maestría entre la línea clara y lo académico que, con un increíble dominio de la anatomía en las diferentes edades del hombre, hace llorar a John Byrne, incluso al propio John Buscema cada vez que se acuerda de sus dibujos de los hermanitos Maximoff.

RONSON es la primera novela gráfica de César Sebastián.

[Información tomada de la web de la editorial]



Si tomas entre tus manos un ejemplar de la obra gráfica Ronson, lo primero que llama la atención, al margen del color predominante, es la ausencia de información sobre el autor o la propia obra. Es habitual que un libro nazca acompañado de un biografía y, como mínimo, de una sinopsis, por aquello de informar al lector sobre el contenido de la obra. Sin embargo, tal costumbre se rompe con Ronson. Por eso, cuando entrevisté a César Sebastián, mi primera pregunta fue precisamente interrogarle sobre su identidad y también sobre por qué no aparece una breve remembranza sobre la historia en el libro. Me respondió que:


«En realidad, estuvimos tanteando la idea de poner un texto en la contracubierta. Pero claro, no sabía muy bien si yo iba a ser capaz de hacer justicia o de sintetizar el contenido de Ronson. No es una novela gráfica, tradicional, en el sentido de que no narra una única historia, una trama, ni nada por el estilo. Al final, optamos por que fuese más bien un objeto así muy sugerente e intrigante, que el lector tuviese que adentrarse en sus páginas para saber exactamente de qué iba».


Ronson es una novela gráfica que invita al lector a retrotraerse en el tiempo. El autor rebusca en ese cajón de la memoria que todos tenemos, para rescatar recuerdos de nuestro pasado, de otras épocas en las que éramos pequeños, y en las que la vida era muy distinta a como la concebimos hoy. No explora Sebastián un entorno urbanita, sino que se centra en el espacio rural, en reductos minúsculos donde todo y todos funcionábamos de otra manera.

La acción se sitúa en un pueblo que bien podría ser cualquier pequeño rincón de este país, aunque el autor confesó en la entrevista que se ha inspirado en Sinarcas (puedes leerla aquí), el pueblo valenciano en el que nació su padre. Subyace el deseo de convertir esta historia en algo universal, la pretensión de que cualquier lector pueda verse retratado en la narración. Son los años 60, y en esos reductos pequeños, los vecinos eran casi familia. Todos conocían a todos. Todos sabían de todos. Era difícil guardar secretos. Apodados con un mote -costumbre que hoy todavía perdura en algunos pueblos- vivían la vida de una manera tranquila y sosegada, aunque no exenta de problemas. En cualquier caso, el ritmo era distinto. En estas páginas veremos a los adultos centrados en sus quehaceres y a los niños, como se suele decir, haciendo cosas de niños. Y es precisamente en los más pequeños donde recae el foco de atención.

Los niños. Los niños de esta historia. Admito que vas a encontrar escenas que hoy podrían tacharse de políticamente incorrecta y es que, en los años 60 del siglo pasado, los niños (y me meto en el saco) teníamos una relación curiosa con la naturaleza. Lo digo porque las pequeñas criaturas de esta historia van a cometer alguna barrabasada, travesurillas sin importancia por las que tampoco hay que echarse las manos a la cabeza. ¿O sí? Porque, decidme los que ya habéis cumplido los 50 años, ¿quién de vosotros no le cortó alguna vez el rabo a una lagartija? ¿Quién no le arrancó las alas a una libélula? Que sí, que dicho así suena horrible. Y más aún si lo pones en práctica pero que yo hice esas cosas de pequeña y hoy soy una ferviente defensora de los animales. Pues esto, en cuanto a la naturaleza se refiere porque luego, en Ronson también vamos a meternos de lleno en el plano escatológico, pero eso ya es otro capítulo que dejo que vosotros mismos descubráis.

Quizá, si has visto o conoces a César Sebastián, te estarás preguntando quién es el verdadero narrador de este relato porque César no puede ser. El autor habla de los años 60, época en la que él quizá no fuera ni un proyecto. Entonces, ¿por qué es capaz de describir con verdadera credibilidad cómo era la vida rural en esos años? Bueno, te contaré que lo que el autor hace en estas páginas es trasladar todas las historias que su padre le ha contado sobre el pueblo y la vida allí, durante años. En este sentido, el lector hará un recorrido vital, un recorrido por la vida del padre que, como dije antes, puede ser la de cualquier otra persona que naciera y se criara en un pueblo.

Ronson, título que tiene su significado pero del que no quiero desvelar nada, pretende conseguir que no nos olvidemos de nuestras raíces. ¿Quiénes somos? ¿Somos hoy lo que somos por lo que fuimos antaño? El pasado es la base de nuestra identidad y los recuerdos el vehículo que nos conecta con lo que fuimos, aunque a veces esos recuerdos nos lleguen distorsionados. La mente es traviesa y, en ocasiones, hace de las suyas para que recordemos lo que recordamos como a nosotros nos interesa. Y ese pasado que tenemos incrustado en nuestro cerebro no solo está formado por imágenes, sino que también se compone de un cúmulo de sensaciones táctiles, de sonidos o de sabores. Los cinco sentidos tienen su importancia en Ronson porque el narrador recrea cómo olía la gasolina, en unos años en los que tener o ver un automóvil, y más en un pueblo, era como ver un mirlo blanco; también evoca cómo sabían los chicles famosos de la época (¿os acordáis de los chicles bazooka?); o cómo olían las personas que eran importantes para nosotros. Por lo tanto, estamos ante una obra sumamente sensorial.




Ilustraciones y estética

Dice César Sebastián que sus dibujos son de línea clara y desnuda, sin claroscuros. El autor habla de un estilo naturalista con el que se pretende retratar la realidad sin deformarla gráficamente. Y tan realista me pareció  esas viñetas o esas fotografías que se aprecian en el libro, y que él ha tomado del álbum familiar, que me he visto a mí misma. Concretamente hay una instantánea en la que el joven protagonista de esta historia está a lomos de un caballo, junto a su abuelo. Pues bien, yo tenía una foto exactamente igual a esa, solo que el caballo era un burrito con sus alforjas. Foto que, desgraciadamente extravié, pero cuyo recuerdo todavía conservo en mi memoria.

Juega Sebastián a contar a través del dibujo y por eso, en algún momento, veremos cómo las ilustraciones funcionan a modo de metáfora. 

Añado que si asomas la nariz a las publicaciones de Autsaider Cómics descubrirás que cada volumen está sumamente cuidado. En esta ocasión, hay varios elementos que consiguen llamar la atención sobre el libro. Por un lado, los colores. A los típicos blancos, negros y grises se une un color singular. Yo lo definiría como ocre aunque en otras reseñas que he leído lo consideran más un color dorado. Sobre esta cuestión, César me comentó que la intención a la hora de elegir ese tono, que para él tira a verdoso, está íntimamente relacionado con la idea de evocar los colores de la tierra y de los alrededores del pueblo. 

Por otra parte, cada página de este libro tiene el filo de la hoja troquelada con lo que se pretende simular el troquel de las fotos antiguas. No sé si sabéis a lo que me refiero pero en la foto de la izquierda podéis verlo claramente. Y es que todo en este libro respira tiempo pasado. 

Poco más puedo o debo contar. Estructurada en diversos capítulos, con este libro ocurre lo mismo que sucede con todos los cómics o novelas gráficas, que los lees en un rato.  Pero yo he disfrutado de la lectura de Ronson. Sabéis que todo lo gráfico me apasiona y que siempre defiendo el género (me pasa igual con el relato). Creo que lo gráfico tiene la capacidad de transmitir de un modo que no consigue otro formato. Es cierto que el poder de nuestra imaginación es portentoso pero la transmisión a través de lo visual me parece más directa y más efectiva. Así que, si te gusta el género o simplemente quieres probar, te recomiendo la lectura de Ronson.

[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

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martes, 28 de marzo de 2023

CÉSAR SEBASTIÁN: ❝Ronson es un objeto que se parece un poco al rosebud de Ciudadano Kane❞

No conocía a César Sebastián pero para a mí, que tanto me gusta el género ilustrado, es un placer descubrir a un nuevo ilustrador. Y más aún si me aproxima a una obra como Ronson, en la que cualquiera con cierta edad puede verse reflejado. 

Ronson es una obra gráfica que publica Autsaider Cómic, editorial al que le vengo siguiendo la pista desde hace tiempo por su particular línea de edición, y el esmero con el que tratan todo lo que sacan a mercado. Son ediciones llenas de detalles que convierten el libro publicado en una joya. Es lo que ocurre con Ronson, la primera obra larga de Sebastián. Hablo telefónicamente con el autor. 

Marisa G.- César, un placer saludarte desde Sevilla. No sé exactamente dónde estás tú.

César S.- En Valencia. De hecho, en plenas fallas.

M.G.- Es cierto, es cierto.

C.S.- Si oyes algún petardo, no te preocupes.

M.G.- De momento, no se escucha nada

Bueno, vamos a hablar de Ronson, tu última publicación. Es la primera vez que te leo. Soy muy aficionada al cómic, a la novela gráfica, a todo lo ilustrado. Y abro tu libro, César, y a mí que me gusta leerlo de cabo a rabo, la biografía del autor, la sinopsis, los agradecimientos, y en tu libro, no hay nada de eso. ¡Nada! Así que, como no sé quién eres, me gustaría que nos contaras quién es César Sebastián.

C.S.- Sí, la verdad es que el libro es un tanto intrigante, porque ni siquiera tiene un texto en la contraportada. Es solo el contenido magro.

Yo nací aquí en Valencia, aunque me crié en un pequeño pueblo de la provincia de Cuenca, que se llama Landete. Y mi familia paterna proviene también de un pueblo pequeño que es en el que inspira, de hecho, la historia de Ronson. Se llama Sinarcas, pertenece a Valencia, pero está en el interior. Estudié Bellas Artes. Siempre me he dedicado a dibujar. Mi gran pasión es el cómic, aunque me dedico más profesionalmente también a la ilustración y a la docencia. He publicado sobre todo historias cortas, en antologías, entrevistas, cosas por el estilo. Pero Ronson es mi primera novela gráfica, mi primer trabajo largo. He tardado mucho en hacerlo. 

M.G.- ¿Y por qué no incluir nada? No sé si eso es decisión tuya, o si es cosa de la editorial. Me parece muy curioso que no haya nada.

C.S.- En realidad, estuvimos tanteando la idea de poner un texto en la contracubierta. Pero claro, no sabía muy bien si yo iba a ser capaz de hacer justicia o de sintetizar el contenido de Ronson. No es una novela gráfica, tradicional, en el sentido de que no narra una única historia, una trama, ni nada por el estilo. Al final, optamos por que fuese más bien un objeto así muy sugerente e intrigante, que el lector tuviese que adentrarse en sus páginas para saber exactamente de qué iba. Por eso, igual mucha gente ha pensado que el libro lo había hecho alguien más mayor que yo. Tengo treinta y cuatro años, pero en el libro se narran los recuerdos, las vivencias de alguien mayor. 

M.G.- Yo lo pensé. El narrador es una voz con bastantes más años que tú. Lo primero que hice fue buscar en Internet quién era César Sebastián y me encontré a una persona joven. Y a los futuros lectores, ¿qué les dirías sobre lo que van a encontrar en este libro?

C.S.- Bueno, Ronson es una novela gráfica, como comentabas antes, pero bebe también de la tradición oral y casi del folclore. Si tuviera que describir de qué va, diría que Ronson trata sobre un hombre ya maduro, que echa la vista atrás sobre su infancia, una infancia que transcurrió en un pueblo pequeño, como otros tantos pueblos pequeños de España. Este protagonista reflexiona sobre la memoria, cómo la memoria nos permite formar una propia idea de nuestra vida, de nuestra identidad y, sobre todo, también reflexiona sobre cómo era, de forma muy específica, su infancia, las características de esa España rural, desde la década de los 60, y las cosas que él echa de menos porque le resultaban entrañables. Y también se habla de cosas que son bastante terribles, vistas desde nuestra vida actual. 




M.G.- De eso hablaremos después. Creo que estas historias están inspiradas en cosas que te contó tu padre.

C.S.- Efectivamente, sí. El punto de inspiración son los recuerdos de mi padre. Mi padre no es una persona leída ni tiene inquietudes culturales como las mías, de cómics y tal, pero tiene muy buena memoria y es muy locuaz. Le gusta hablar de sus recuerdos. Me di cuenta que mi padre tenía una memoria bastante extraordinaria. Los amigos con los que compartió su infancia no recuerdan las cosas con tanto detalle como mi padre.

En algún punto, decidí hacer seriamente una novela gráfica, recopilando todas estas historias. Muchas de las cosas que mi padre me contaba me producían asombro, y otras eran muy bonitas, muy entrañables. Algunas de ellas eran cercanas a mi propia infancia. Me generaban como sentimientos un poco ambivalentes. Empecé a grabarle. A veces, sin que él lo supiera. Lo grababa con el móvil, le iba preguntando cosas, y luego hacía la transcripción. 

El resultado es una obra de ficción. Tiene mucho de fabulación pero digamos que el germen o la base está en los recuerdos de mi padre.

M.G.- Tiene un tono un tanto nostálgico, ¿no? Vas leyendo la historia, te vas adentrando en los recuerdos. Tiene ese tono de ese tiempo pasado, de esa vida de cuando uno era un niño, inocente, y la vida era de otra manera.

C.S.- Quizá tenga un poco de nostalgia, pero no tanto por la época sino porque, si uno ha tenido una infancia feliz, pues echa un poco en falta esa despreocupación, esa inocencia que uno tiene cuando es niño. Pero no es un relato que se recree en la nostalgia. Yo intenté tomar una cierta distancia, como narrador, con respecto a lo contado, e intenté que la parte gráfica mostrase la realidad como es, sin posicionarme, sin intentar guiar demasiado al lector. Y luego hay algunos sucesos que narra el protagonista, y que son también desagradables. No es como si todo fuese una arcadia.

M.G.- Has hablado de la memoria. Se hace hincapié en los recuerdos y en ese juego curioso de la mente. A veces recordamos las cosas no como fueron sino como nos interesa.

C.S.- Sí. Cuando me lancé a hacer el cómic, me centré en los hechos concretos que mi padre me narraba pero, cuando empecé a transcribir todas esas conversaciones, me paré a pensar, casi de forma automática, en la memoria en sí misma, casi como un axioma, como un fenómeno que ocurre a veces sin que sepamos muy bien por qué y que teje una telaraña casi enigmática, ¿no? No sabemos muy bien de dónde salen todos esos recuerdos y si son realmente verdad. A veces nos damos cuenta de que no son del todo verdad, cuando contrastamos un suceso vivido con otra persona cercana. Empecé a reflexionar sobre eso, sobre la propia memoria en sí, porque es la generadora de identidad, pero al mismo tiempo no es un mecanismo muy fiable. Estamos continuamente reescribiendo nuestros recuerdos conforme los vamos re-visitando a lo largo de nuestras vidas. Me parecía que era como un tema de temas porque la memoria es un tema que agrupa a todos los demás.

M.G.- Hay una cosa muy curiosa que creo que nos pasa a todos, por lo menos a mí me pasa y al protagonista también, y es cuando revisita los lugares de su infancia siendo adulto y descubre que antes todo le parecía mucho más grande.

C.S.- Sí, sí, eso nos ha pasado a todos. La mirada infantil es muy ingenua y a veces uno querría recuperarla. Cuando eres niño todo te resulta nuevo y todo te resulta maravilloso. Con el paso del tiempo uno se acostumbra a ver las cosas y, al tenerlas más vistas, como que ya no te sorprenden tanto. 

Y también ocurre por ejemplo con ciertas películas de dibujos animados, que uno ve cuando es niño, y luego las vuelves a ver de adulto y las recuerdas mucho más largas, más épicas, llenas de eventos maravillosos. De adulto la analizas, y te das cuenta de que no era para tanto. La mente de un niño lo hace crecer todo como si fuese una levadura mágica. 

M.G.- Y ocurre también con las lecturas. Cuando uno, por ejemplo, lee una novela en época estudiantil, en el instituto, y después la vuelves a leer, cuando tienes veinte años más, resulta que es una lectura totalmente distinta a la que hiciste.

C.S.- Así es. Pensamos que somos una única persona pero, en realidad, somos muchas encarnaciones distintas a lo mejor de nuestra vida. Vamos cambiando muchísimo.

M.G.- En Ronson haces un retrato, inspirándote en los recuerdos de tu padre, de la vida en los pueblos. Retratas cómo era esa vida, en la que todos los vecinos eran el tío tal, la tía cuál, donde había muchos apodos. Es decir, tú haces un retrato de cómo era la vida en los pueblos, con costumbres que aún hoy se siguen manteniendo.

C.S.- Sí, sí, totalmente. De hecho, mi padre, cada vez que se refiere a alguien del pueblo, usa el apodo. Los nombres son algo más genérico, algo que se puede repetir, pero el apodo es una cosa totalmente única.

En Ronson hay un episodio, con una pequeña disertación sobre los apodos. Me parece una cosa maravillosa.

M.G.- Son muy ingeniosos.

C.S.- Y, a veces, crueles. Es un fenómeno que me interesa mucho.

M.G.- Bueno, y de crueldad también hay algunas escenas en el libro. A ver, crueldad vista desde nuestra perspectiva. En esta historia vamos a ver a algunos niños cometiendo auténticas barbaridades con animales. Hoy, yo veo esto con mis ojos de adulta, pero de niña también he hecho este tipo de trastadas. Todos hemos hecho cosas así.

C.S.- Es algo que todo el mundo me está diciendo estos días.

Estos comentarios es el testimonio de que hemos progresado moralmente, de que tenemos una mayor empatía hacia los animales. Hay una mayor empatía, en general.

No puedes culpar a un niño de hacer esas cosas y, mucho menos, a un niño de la época porque todo esto era una parte de la normalidad, de la vida cotidiana de entonces.

Hoy día tenemos otro tipo de crueldad que antes no existía.

M.G.- Aunque hayamos hecho estas barbaridades, porque ya te digo que yo también las he hecho, después nos hemos convertido en adultos, o generalmente nos convertimos en adultos, que no hacemos estas cosas y que incluso amamos mucho a los animales.

C.S.- Claro, yo el primero. He cambiado muchísimo también en ese aspecto. Pero me parecía interesante. Si uno quiere retratar esa época y, sobre todo, la infancia, tiene que contar estas cosas. Al contrario, estaría falseando la realidad. Quería contar las cosas de manera fidedigna y no ocultar las caras incómodas. Hoy en día, se trata al lector de forma un poco paternalista, como si tuviésemos que cuidar a la gente de no ver cosas desagradables. Las cosas desagradables son las cosas desagradables que existen en nuestro día a día, y la ficción tiene que retratarlas también. 

M.G.- O lo escatológico, que también nos llamaba mucho la atención cuando éramos pequeños.

C.S.- Sí, hay algo de escatología en el libro. No hay mucha gente que lo haya destacado pero a mí todas esas cosas me hacían mucha gracia. Pretendía que el cómic tuviera también mucho humor. Esas cosas me divierten mucho dibujarlas.

M.G.- César, la narración es muy sensorial. Se va aportando mucha información a través de todo lo que se recibe por los sentidos. Por ejemplo, se habla mucho del sabor de los dulces, o de los chicles bazokas. Hay muchas referencias a los olores del tabaco, de la gasolina, de la abuela. 

C.S.- Sí, es que muchos de los recuerdos que mi padre me narraba tenían que ver con eso. Por ejemplo, hoy estamos muy acostumbrados al olor de la gasolina y a mucha gente le desagrada. Pero mi padre me decía que, en aquella época,  que apenas había vehículos, era un olor muy extraño y fascinante. Era un olor extraordinario. Y pasa con muchas de estas cosas.

Hoy en día, nuestros sentidos están saturados de imágenes, de olores, de sonidos y de todo tipo de cosas. Pero claro, en aquella época, probar un dulce no tan fácil. Cuando uno probaba un dulce era porque eran fiestas. Me interesaba plasmar todo eso en el cómic. Puedes describir el sabor con gran fidelidad e incluso ilustrar cómo eran esos productos.

M.G.- Estamos hablando de Ronson, que es el título del volumen. Descubrimos qué es Ronson a medida que vamos leyendo. 

C.S.- Sí, sí, sí. Mucha gente me pregunta qué es Ronson pero, claro, hay que leerlo porque si lo explico se estropea una parte muy bonita del libro. Tiene que ver con un objeto que, en cierto modo, encapsula la infancia del personaje. Mucha gente me pregunta si es como el rosebud de Ciudadano Kane y, bueno, sí, es un poco así. Ronson es un objeto que se parece un poco al rosebud de Ciudadano Kane.

M.G.- Las ilustraciones, en algunos casos, funcionan como metáfora. Por ejemplo, cuando tienes que hablar del paso del tiempo o de la devastación que produce el paso del tiempo en las personas o en los objetos, pues por ejemplo dibujas las distintas etapas de un árbol. Ese árbol que está naciendo, que se hace mayor hasta que se convierte en un tronco, sin nada más. O sea, usas la ilustración en plan metafórico.

C.S.- Sí, sí. En cómic, el lenguaje visual es súper rico. A veces, parece que, por un automatismo, nos limitamos a narrar las cosas de manera como muy directa y literal. Pero creo que el cómic permite metáforas visuales, utilizar un lenguaje más cercano a lo poético, hacer figuras visuales que escapen de los mecanismos más obvios.

Ese primer capítulo del libro quería que fuese como una especie de paseo, casi como un paseo psico-geográfico, por los lugares del pueblo en el que el personaje compara o retrocede a su propio pasado. Era algo que me interesaba mucho. 

Además, aunque lo descubrí posteriormente, eso me recordaba al trabajo de un fotógrafo que me gusta muchísimo, el de William Christenberry. Fue un pionero de la fotografía a color en Estados Unidos. Él provenía del sur de los Estados Unidos y su familia luego emigró. Cuando regresó a su ciudad natal, décadas después, se dedicó a fotografiar casas abandonadas, como para dar testimonio de esa vida campesina que hubo en otros tiempos. Fotografiaba la maleza tomando posesión de las casas abandonadas. Esa es una estética que, por alguna razón, me atrae mucho.





M.G.- Pues tenemos que hablar de los colores. Es muy llamativo que solo predomine un color, que no sabría muy bien cómo definirlo. No sé si es ¿ocre?

C.S.- Es un color pantone pero no recuerdo ahora el número. Y sí, se podría decir que es ocre. Esa era la idea, que fuera un tono verdoso. Quería que fuese un color que evocase la época y el paisaje. Cuando me subo a la azotea de mi casa en el pueblo, depende de la estación del año, ves los campos más o menos verdes. Este color aúna esa gama cromática de los alrededores del pueblo.

M.G.- A pesar de que me gustan mucho los libros ilustrados, desconozco la terminología que usáis. ¿Cómo caracterizarías tu forma de dibujar, tus ilustraciones?

C.S.- Bueno, diría que mi estilo de dibujo, especialmente en el caso de Ronson, es de línea clara. Intento que la línea quede muy desnuda, sin emplear claroscuros. Es un estilo naturalista porque intento reflejar la realidad de una manera muy próxima a como es, sin deformarla mucho gráficamente. Creí que era el estilo idóneo para esta historia, porque, en primer lugar, quería reflejar las cosas con el mayor rigor posible. Este lenguaje gráfico es, en cierto modo, muy riguroso y casi aséptico, por momentos. Al mismo tiempo, es un estilo muy claro, de manera que invita al lector y lo seduce con facilidad. A los lectores que no estén acostumbrados a leer cómics, no creo que le haya resultado un lenguaje muy críptico. Creo que permite a cualquier persona a leerlo con mucha facilidad. 

M.G.- Estéticamente, llama la atención este color que hemos comentado, pero también el troquelado de las páginas. Es la primera vez que me encuentro un libro con las páginas troqueladas así.

C.S.- Yo también. Fue una idea de mi editor, de Ata Lassalle. Cualquiera que conozca un poco el catálogo de Autsaider Cómics, quedará deslumbrado. Todos sus libros tienen alguna característica, algún pequeño detalle de producción que lo hace único y que además refuerza un poco el propio contenido del libro.

Con Ronson, creo que Ata pensó un poco lo mismo, que el diseño del libro, las cubiertas y el tema del troquelado reforzara el contenido y lo convirtiese en un objeto, en una pieza única. 

Con lo del troquelado, se intentó imitar o emular el troquelado propio de las fotografías antiguas. Me decía Ata que es un detalle modesto pero que, al mismo tiempo, lo hace bonito, como esas fotografías antiguas y únicas.

M.G.- Hay ilustraciones de fotografías que me han sobrecogido. Por ejemplo, hay una en la que aparece el protagonista de niño, montado sobre un burro con su abuelo. Yo tengo una foto exactamente igual. 

C.S.- Muchas de esas imágenes las reinterpretaba un poco, o cambiaba algún detalles pero eran fotos que cogía de mi propio álbum familiar. Tenía ahí mucho material gráfico. Reconstruir esa época y ese lugar requería de documentación fotográfica. No te puedes inventar las cosas. Aquí necesitaba referencias reales. Me inspiré en muchas fotografías que dieron pie a estas ilustraciones.

M.G.- César, hablando de Autsaider, me maravilla que una editorial, tal y como está el sector hoy, se pueda mantener dedicándose a un único género. Y luego, estáis los autores. Ayer hablaba con una escritora de romántica que decía que mucha gente consideraba ese género como algo menor. Llevando esta reflexión al mundo del cómic, ¿cómo lo ves tú? ¿Está el género en auge? 

C.S.- Bueno, creo que, a día de hoy, se publica muchísimo. Hay una cantidad enorme de títulos que se publican y por eso, también no se le da la oportunidad a los libros para que tengan una vida más larga. Todo esto forma parte de la propia maquinaria editorial. No es el caso de Autsaider. Al margen de que tienen una producción increíble y mantengo un contacto muy cercano con el equipo, una de las cosas por las que me gusta trabajar con ellos es porque siguen la filosofía de producir pocos libros, pero muy cuidados, dedicándoles la atención que necesitan.

En España, hay muchísimo nivel en cómic y tienen una calidad increíble. También hay una gran diversidad de voces. Antes, el mercado del cómic se limitaba a unos géneros muy específicos, destinados más a un público infantil. Hoy día, hay cómics de todo tipo, una variedad que lo abarca todo. Cualquier persona puede encontrar un cómic que le interese. 

Por otro lado, creo que el cómic ya se mira de forma distinta. La gente no piensa tanto en un medio de expresión menor, en comparación con la literatura. Todavía hay un poco de condescendencia, sobre todo, de desconocimiento por parte de mucha gente, que solo ha leído lo que leyó de niño y no ha leído nada nuevo. Pero bueno, creo que, poco a poco, iremos ganando terreno, aunque aún queda mucho por hacer.

M.G.- Yo defiendo mucho género, porque me parece muy paradójico que todos hayamos empezado a leer con los cómics y ahora, de adulto, no se lean. Pero bueno. 

César, si no me equivoco, hoy es el día del cómic [la entrevista tuvo lugar el viernes 17 de marzo], ¿verdad?

C.S.- Hoy es el día del cómic, exactamente. 

M.G.- Hablando precisamente del género, tiene su propio día.

C.S.- Sí, es el primer año que se celebra y la verdad es que es una iniciativa que está muy bien, para poner el género sobre la palestra. Aquí hay grandes creadores, hay industria. Creo que todo suma.

M.G.- Y tú, ya para terminar, ¿qué otros ilustradores me recomendarías?

C.S.- Guau, pues aquí hay muchísimos. En España, una barbaridad. He leído obras de autores que me gustan mucho, algunos compañeros, como por ejemplo, Pep Domingo (Nadar). Ha publicado hace poco un cómic fabuloso que se llama Transitorios, es una obra que recopila pequeñas historias cortas. A mí me parece una maravilla. También está mi colega Adrián Bago, que es un autor que publica igualmente en Autsaider, un historietista fabuloso. Él publica mucho en torno a la auto-ficción, con muchísimo sentido del humor y con una visión así muy aguda a nivel político. Y otro colega, no tan conocido como debería, es Jaume Pallardó, que publicó una obra que se llama La muerte rosa. Es una otra de ciencia-ficción.

También te podría recomendar El arte de volar de Altarriba o Paracuellos de Carlos Jiménez, que es otro grandísimo clásico, uno de los grandes cómics que se han hecho aquí. No sé, te podría recomendar un montón.

M.G.- Pues de todos los que me has dicho, el único que me suena es Paracuellos, así que tomo nota de todos los demás para ir echándole un ojo.

César, no te robo más tiempo. Vamos a dejarlo aquí, si te parece.

C.S.-Estupendo, encantado de hablar contigo.

M.G.- Pues nada, un placer. 

C.S.- Muchas gracias. Adiós. 

Sinopsis: Ronson es una barbaridad de libro. La historia se remonta varias décadas atrás, y a ojos de nuestras constreñidas mentes actuales, lo de barbaridad, puede superar lo estético y formal para llegar a lo moral. Un tebeo de infancia con carretadas de realidad verosímil. Realidad de pueblo, que puntúa doble que la urbana. Además, de pueblo de hace sesenta años, que es como hablar de otra galaxia en términos de usos y costumbres, digamos, más recias. Tiene ese rollo neo realista con aire documental, con esos ritmos, esas composiciones y esos caretos. Sin necesidad de moralejas, finales felices o cualquier otra esclavitud argumental. Un tebeo entre sensible y descarnado que nos recuerda de dónde venimos. De la misa obligatoria, la pedrada al perro y las hostias a los niños sin preguntar. Pero también de la silla a la fresca, de jugar en la calle y las aventuras asalvajadas.

¿Pero esto es tebeo Autsaider? ¡Vaya si lo es! Excelencia formal, pensamientos divergentes y estendalazo potencial para almas sensibles.

Un clásico instantáneo, como dice Eduardo Bravo. Un libro de esos que puedes leer y releer, que no pierden impacto y que circula por una vía paralela a las tendencias o a las modas. Recursos propios innovadores, que de puro novedosos son absolutamente ajenos a lo que se estila. El dibujo merece capítulo aparte, una maestría entre la línea clara y lo académico que, con un increíble dominio de la anatomía en las diferentes edades del hombre, hace llorar a John Byrne, incluso al propio John Buscema cada vez que se acuerda de sus dibujos de los hermanitos Maximoff.

RONSON es la primera novela gráfica de César Sebastián.

 

 

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