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jueves, 21 de marzo de 2024

FRANCISCO GALLARDO: ❝La medicina que no es humanista, no es medicina❞

Arthur Conan Doyle, Antón P. Chéjov, Luis Martín-Santos o Pío Baroja son algunos de los nombres que se recogen en Letras de médicos, el nuevo libro de Francisco Gallardo, que firma conjuntamente con Ismael Yebra. Letras de médicos es un volumen que ahonda en la trayectoria de diversos médicos que fueron escritores o escritores que también estudiaron medicina. Y es que habría que lanzar una pregunta al aire: ¿por qué escriben los médicos? Gallardo, traumatólogo, y Yebra, dermatólogo, se hicieron esa misma pregunta en una de esas mañanas de sábado, en las que coincidían en una librería de Sevilla. Ambos saben del arte de la sanación, pero también del arte de la escritura, no en balde, ambos han publicado libros. Así que, de aquella pregunta nace Letras de médicos, un libro especialmente emotivo para Francisco Gallardo, que perdió a su compañero de oficio en 2021. Ismael Yebra ya no está con nosotros, pero no está en cuerpo porque sigue aquí, en el recuerdo y a través de sus obras. Os dejo con la entrevista.


Autoría: Luis Delgado

Marisa G.- Paco, un placer conversar contigo, otra vez. 

Paco G.- Igualmente.

M.G.- Vamos a hablar de Letras de médicos, aunque hace muy poco publicaste otro libro, sobre baloncesto, que firmabas junto a Juan Antonio Corbalán. Ambos libros son, digamos, divulgativos. Ha pasado mucho tiempo desde aquella novela tan bonita, Áspera seda de la muerte, ¿has abandonado la narrativa?

P.G.- No, no. Precisamente Letras de médicos salió en el hueco que había para otra novela que quiero publicar. Lo que pasa es que este es un libro muy especial para mí, por el fallecimiento de mi amigo Ismael Yebra, y también autor de este libro. Decidí entonces dar prioridad a la publicación de Letras de médicos, en vez de a la novela. Este es un libro que planificamos los dos y que desgraciadamente, al fallecer Ismael, lo he acabado yo solo.

M.G.- Ismael era médico, como tú. Como dices, él ya no está con nosotros pero ¿cómo surge el proyecto de este libro? En el prólogo se cuenta una historia curiosa sobre cómo surgió.

P.G.- Sí. Fue en la Plaza de la Alfalfa [se refiere a una plaza en Sevilla]. Ismael y yo no nos conocíamos personalmente pero fue el quiosquero de la plaza, al que yo llamo el editor del libro entre comillas (ríe), el que nos presenta. A partir de ese momento, empezamos a vernos y a conocernos. Ismael era, bueno es, porque me gusta hablar en presente, un enamorado de la literatura, un apasionado de los libros. Nos veíamos mucho en Librería Beta de la calle Cerrajería, los sábados por la mañana. Hablando de medicina y literatura, nos preguntábamos a veces por qué escriben los médicos. Para nosotros, era una pregunta muy interesante. Llegamos a la conclusión de que hay dos tipos de médicos escritores. Por un lado, los que escriben pero son médicos hasta el final de sus días, como Chéjov. Y por otro lado, los que son médicos pero abandonan el ejercicio de la medicina para convertirse en escritores. Es lo que le pasó a Pio Baroja. Él estudió medicina, ejerció unos meses en Cestona y luego lo dejó para dedicarse a escribir. Así surgió la idea del libro, y empezamos a escribirlo. Él se lo tomó a rajatabla, pero yo me demoraba un poquito más. Iba más lento. Los capítulos se los llevábamos a Ricardo, el quiosquero, y él me reñía porque no iba al mismo ritmo que Ismael. 

M.G.- ¿Pero os conocíais desde hace mucho o fue una amistad reciente?

P.G.- Nos conocemos desde el año 2008. Sabía que él había escrito y, de hecho, me había leído Viaje a Sanabria, un libro fantástico, un libro de viaje, muy al estilo de Viaje a la Alcarria de Cela. Pero no lo conocía personalmente. Cuando nos presentaron, surgió entre nosotros una complicidad muy grande. Él decía que no, pero Ismael ha sido un maestro para mí. Era un hombre muy sabio, trascendente, pero sencillo, a la vez. Sí, fue mi maestro, aunque él se negaba a que lo llamara así. Ismael fue un maestro de medicina, un maestro de escritura y un maestro de vida.

M.G.- ¿Y cómo os organizasteis el trabajo? ¿Cada uno eligió a un grupo de médicos?

P.G.- Cada uno eligió a sus preferidos. No queríamos firmar el libro, sino que fuera un todo. Pero ya hay muchos amigos que lo han leído y saben lo que ha escrito cada uno. Por el estilo y por los médicos que cada uno eligió.

M.G.- Ismael fallece en 2021. Este libro ve la luz en 2023. Cuando él fallece, ¿en qué punto del proceso estaba el libro?

P.G.- Cuando él fallece, su parte estaba ya completa. En teoría, a mí me quedaban tres autores. Pero también me quedaba un reto difícil, buscar a mujeres médicos escritoras. Porque existir han existido pero el problema está en que no han salido a la luz. En el libro aparecen Rita Levi-Montalcini y Nawal El Saadawi, dos mujeres fascinantes. Me llevó mi tiempo porque me puse a leer la obra de las dos. Y como tercer escritor me quedaba Arthur Schnitzler, otro personaje fascinante y autor de Juventud en Viena.

M.G.- Precisamente te quería preguntar eso. El libro tiene catorce capítulos, con catorce escritores y médicos, y solamente dos mujeres. Me llegué a preguntar por qué no había más mujeres.

P.G.- Ojalá hubiera habido más. Hoy las hay, pero el libro se centra en autores y autoras fallecidos. Seguro que en la actualidad, hay muchas mujeres médicos escritoras y también tuvo que haberlas en la residencia de estudiantes de Madrid. Bueno, quizá sea un trabajo para el futuro. Si algunas vez abordamos un segundo libro. De todos modos, y como símbolo de la esperanza, en el epílogo nombro a otra mujer médico que escribe.

M.G.- A Nuria Mendoza, sí.

P.G.- Exacto. ¿Las conoces?

M.G.- No, pero sí he leído lo que mencionas de ella y estuve también investigando.

P.G.- Yo no la conocía. La conocí estas navidades, cuando vino a Sevilla. Es un médico humanista. Tiene 50 años, joven, y es una mujer que refleja la esperanza del humanismo y de la mujer humanista médico. Como símbolo de futuro, quise incluirla en el epílogo porque creo que a Ismael le hubiera encantado.

M.G.- Al hilo de lo comentas, tú destacas la gran humanidad de esta mujer. Muchas veces pienso que, antes de ser buen médico, hay que ser muy humano. Solemos encontrar que las dos cualidades no siempre van de la mano.

P.G.- Exactamente. Nuria estudió en la Facultad de Medicina de Sevilla. Se hizo pediatra y estuvo trabajando aquí, con una plaza del SAS [se refiere al Servicio Andaluz de Salud]. Pero en 2012 hizo un curso de escritura creativa en Nueva York. Supongo que, por circunstancias personales, se queda allí y empieza a trabajar en un doble ámbito muy interesante. Por un lado, como traductora de la población hispana en los hospitales de Nueva York. En su libro, Un pájaro debajo de la cama, cuenta cómo atiende a una pareja de habla hispana. Tenían que operar del corazón a su hijo recién nacido. Los padres del  niño no saben inglés y Nuria se presta como traductora.  A partir de ahí empieza a dar clases de humanismo médico en una universidad de Nueva York. El libro me fascinó. Lo vi claro. Tenía que hablar de ella en el epílogo porque quería que el libro acabara con esperanza.

M.G.- Entre los médicos que encontramos en el libro figuran Arthur Conan Doyle o Pío Baroja. Te confieso que algunos otros nombres no me sonaban de nada. En la elección de tus médicos, ¿qué criterios seguiste? ¿Por qué elegiste esos médicos especialmente?

P.G.- Ismael y yo compartimos dos criterios. Por un lado, tenían que tener calidad literaria. Son escritores que han pasado a la historia de la Literatura. Por otro lado, en la obra de todos ellos hay importantes rasgos médicos. Por ejemplo, Arthur Schnitzler, que ejerció poco, estudió medicina de forma obligada porque su padre le aconsejó que para escribir tenía que ser médico. Somerset Maughan, que vino mucho por Sevilla y conoció muy bien la ciudad, quería que todo el mundo estudiara medicina y después se pusiera a escribir. Él no ejerció porque su primera novela ya tuvo mucho éxito. Y Pio Baroja, si no hubiera estudiado medicina, hubiera sido otro tipo de escritor. O Luis Martín Santos, igual.

M.G.- En el libro se cuenta que si Arthur Conan Doyle no hubiera sido médico, no hubiera existido Sherlock Holmes. ¿Por qué?

P.G.- Porque el criterio que seguía Sherlock Holmes para resolver un caso se parece a la anamnesis que se hace para diagnosticar una enfermedad. No es algo que transcienda cuando se lee su obra, sino que el mismo Conan Doyle lo decía así. 

M.G.- Rogelio Buendía también se menciona en el libro. Yo no lo conocía. ¿Quién era?

P.G.- Este hombre fue un excelente escritor y muy desconocido, por eso mismo quisimos incluirlo en el libro. Es uno de esos casos de escritores excelentes que, por las circunstancias que sean, no transcienden como deberían. Rogelio Buendía es otro hombre que, si no hubiera sido médico, tampoco hubiera escrito. Te animo a que leas alguna de sus obras.

Lo bueno de este libro, y quizá por eso ha tardado un poquito más, porque en él no hay ni trampa ni cartón, es que, cuando se habla de un médico escritor, o hacemos habiendo leído antes su obra. Quizá no toda pero sí muchos de sus libros. ¿Y para qué? Pues para que tenga verosimilitud. No hablamos de oídas.

M.G.- Pero las obras que has leído sobre estos médicos escritores, ¿las leíste especialmente para el libro o ya las habías leído con anterioridad?

P.G.- No, no, para este libro. Y descubrí muchas cosas. Por ejemplo, Rogelio Buendía me pareció un autor con una reminiscencia de García Márquez que nos llamó mucho la atención. Pero hay muchos otros médicos escritores que se nos han quedado fuera, como Ramón y Cajal. Autores de primerísimo nivel, pero era imposible meterlos a todos en el libro.

M.G.- En el caso de Ramón y Cajal, sí, pero creo que no somos conscientes de la cantidad de escritores que eran médicos. Por ejemplo, yo no sabía que Conan Doyle lo fuera. Y sobre él te quiero preguntar de nuevo porque, en el capítulo que  se le dedica a él, se habla de la relación entre la literatura y la medicina. Y ya en el epílogo, tú mencionas que la medicina es como un drama literario, en el que intervienen tres protagonistas: el paciente, el médico y la enfermedad. Me pareció una comparación muy curiosa.

P.G.- Es que desde Aristóteles, ya se consideraba así. Por eso nos fascinó escribir este libro. Lo que ocurre es que, al final, me quedé solo para terminarlo. Es un libro muy hermoso pero muy doloroso también. Desde muy antiguo, el médico ha necesitado expresarse de forma artística. Del mismo modo que siempre ha habido médicos escritores, hay médicos pintores también. El médico siempre ha estado en contacto con el drama humano. Siempre ha habido una necesidad de ese tipo de humanismo médico. Es lo que nos atraía, sacar un poquito a la luz toda esa literatura médica que, en muchos casos, se convierte en una auténtica filosofía.

M.G.- Y Thomas Syndeman aconsejaba a sus discípulos leer el Quijote para aprender medicina.

P.G.- Así es. Thomas Syndeman fue un grandísimo médico y a sus discípulos les decía que leyera el Quijote. Y Miguel Delibes también aconsejaba que, para escribir bien, había que leer el Código Civil y el Código Penal, por aquello de la precisión. Las penas hay que redactarlas con mucha precisión y minuciosidad, y eso es lo que buscaba Delibes en sus novelas. Pues con la medicina ocurre igual. Toda historia clínica es un relato, el relato que la propia persona cuenta a su médico. Así que, para llegar a un buen diagnóstico, tienes que tener en cuenta todos los detalles.

Ismael y yo compartíamos la idea de que la medicina que no es humanista, no es medicina. Eso lo repetíamos mucho, y ahí radica el objeto de este libro, que puede llegar a un anestesista o a un cirujano cardio-vascular. 

M.G.- La verdad es que estaría muy bien que los médicos tuvieran esa parte humanista. Es algo que el paciente detecta fácilmente. Uno llega a consulta con un problema y, a veces, se encuentra mucha frialdad.

P.G.- Exactamente. No te miran a la cara. Solo miran al ordenador. A mí no me importa criticar esto de la medicina actual. Hay un nivel enorme, sí, pero necesitamos más humanismo. Hay que mirar a la cara del paciente y, si hace falta, acariciar su mano. Eso es fundamental para que la terapia funcione. Ismael Yebra era ese gran médico humanista, un gran ejemplo.

M.G.- ¿Qué especialidad tenía?

P.G.- Dermatología. La piel es el órgano más profundo del cuerpo humano. La piel refleja los vaivenes del alma, y manifiesta en enfermedad cosas que ocurren muy profundamente en el espíritu, en el alma y en el cerebro.

Ismael fue un hombre sabio y sencillo, que tuvo una vida muy difícil. Sobre todo, su infancia. Se quedó huérfano de madre con cinco meses, y de padre cuando tenía trece o catorce años. Sufrió mucho y todo ese sufrimiento lo reconvirtió en un servicio a los demás. Por cierto, su biografía saldrá con el tiempo. 

M.G.- ¿La has escrito tú?

P.G.- Sí, pero quiero completarla. Quiero irme al monasterio donde él iba para acabarla allí, a San Pedro de Cardeña, para estar un poco con su espíritu. Tardará un poco en salir porque como además se acaba de publicar otro libro de artículos suyos, vamos a esperar. A través de su biografía he aprendido el valor que tenía Ismael. Nació absolutamente con la desgracia encima pero se convirtió en un hombre muy divertido y alegre. ¿Cómo lo hacía? Pues a través de sus dos grandes pasiones: la literatura y la medicina.

M.G.- Paco, habláis de médicos escritores y de escritores médicos. Tú serías del primer grupo, ¿no? Sería como decía Chéjov, que la medicina era su esposa y la literatura su amante.

P.G.- Sí, totalmente. Yo necesito la consulta para escribir pero también necesito ser médico. Me puedo jubilar ya, pero no me voy a jubilar todavía. Estoy cómodo en mi consulta, con mi equipo, con mi gente. Somos diez personas y formamos un equipo muy integrado. Necesito sentirme médico. 

M.G.- Pero algún día te tendrás que jubilar, aunque el que es médico, lo es toda la vida.

P.G.- Sí, toda la vida, hasta el final. Ismael fue médico hasta el final, incluso estando bastante mal. Hacía telediagnóstico en dermatología hasta poco tiempo antes de morir. Una de sus penas era no poder volver a la consulta, y lo entiendo perfectamente.

M.G.- Por el trato con los pacientes.

P.G.- Sí, y por el servicio que daba.

M.G.- Ya. Y Paco, ya como última pregunta, ¿escribir este libro qué te ha aportado personalmente y profesionalmente?

P.G.- A nivel personal, es el libro más hermoso que he escrito. Victoria, la mujer de Ismael me dijo que, si yo no hubiera cogido este testigo, el libro se hubiera quedado en un montón de folios metidos en un cajón. Este libro me ha hecho muy feliz.

Profesionalmente, como médico, me ha afianzado en lo que yo ya sabía. A mí siempre me ha interesado la historia y el pensamiento médico. Siempre pensé que podía ser muy útil en ese ámbito, para orientar hacia el humanismo. Pero bueno, luego me dediqué a la medicina deportiva y no me quejo. Si me hubiera dedicado a la historia de la medicina, hubieran aparecido muchos más libros de este tipo.

M.G.- De momento, tenemos este y es para disfrutarlo.

P.G.- Sí.

M.G.- Paco, gracias por atenderme. Y nos vemos con la próxima novela que publiques.

P.G.- Eso es. Gracias a ti.

Sinopsis: Escritores médicos y médicos escritores: dos términos que a menudo se han utilizado, respectivamente, para definir a quienes abandonaban el ejercicio de la Medicina para convertirse en escritores o desarrollaban su obra sin apartarse de la práctica médica. Un prototipo del escritor médico sería Pío Baroja, como lo era Antón Chéjov del médico escritor. Pero sin duda esta clasificación peca de simplismo. Los doctores Francisco Gallardo e Ismael Yebra intentan profundizar en el dilema a través de la vida y obra de reconocidos escritores y médicos: Gottfried Benn, Arthur Conan Doyle, Gregorio Marañón, Arthur Schnitzler, W. Somerset Maugham, Miguel Torga y otros muchos, sin olvidar a ilustres doctoras como Rita Levi-Montalcini o Nawal El Saadawi. «La literatura ha interesado siempre mucho a los médicos -concluyen los autores-, hasta el punto de escribirla, probablemente porque su práctica diaria está llena de narraciones. Toda historia clínica de paciente es un relato».


martes, 12 de marzo de 2024

LOLA ÁLVAREZ: ❝EL 50% de los problemas de salud mental en adultos comienzan en la adolescencia❞

Búsqueda en Google: ¿Cuántas personas sufren de problemas de salud mental?

Confederación de Salud Mental en España:

1 de cada 4 personas tiene o tendrá un trastorno mental a lo largo de su vida.

- Entre el 35% y el 50% no reciben ningún tratamiento o no es el de adecuado

Con estos datos, la salud mental sigue siendo una asignatura pendiente en España. En este país, si vas a tu médico de cabecera porque te sientes hundido, con claros síntomas de depresión, cuadros de ansiedad, o cualquier otro tipo de trastorno mental, probablemente salgas de la consulta con cuatro consejos y una caja de Lexatín. Que te deriven a Salud Mental por el sistema de sanidad pública es casi más difícil que te toque la lotería. Y cuando consigues acceder a esa especialidad médica, las citas son tan tardías que el seguimiento del paciente se vuelve inviable. No tenemos un buen servicio público de salud mental en este país. No hay recursos y la gestión es mala. Por eso, la mayoría de la gente que acude a terapia lo hace por lo privado. Pero ¿qué pasa con las familias que no se pueden permitir una consulta privada? Pues que la gente sufre y vive acarreando sus problemas sin saber cómo gestionarlos.

Si a todo esto se le suma el factor adolescencia, el problema se recrudece. En una etapa de tantos cambios y vaivenes como es la adolescencia, hay jóvenes que sucumben, que no llevan bien la presión social, que se enfrentan a situaciones complejas en el seno familiar, que viven en una constante comparativa, agravada por las redes sociales.  De todo ello, Lola Álvarez sabe mucho. Pedagoga y psicoterapeuta experta en infanto-juvenil, ejerciendo en Reino Unido desde hace treinta años, Álvarez acaba de publicar ¿Qué me he perdido? (Planeta), en el que se centra en los problemas de salud mental en los jóvenes. 

La semana pasada, Lola Álvarez pasó por Sevilla y pudimos conversar con ella. Ahí va la entrevista.



Marisa G.- Lola, tienes una trayectoria profesional increíble. Como primera pregunta, me voy a remontar a ese momento en el que una persona con edad universitaria decide lo que quiere estudiar. ¿Qué es lo que te empujó a estudiar pedagogía y luego a convertirte en psicoterapeuta?

Lola A.- Fue una de esas cosas de la vida. Tenía un tío que vivía muy cerca de casa. Nos prestó un libro sobre una escuela inglesa que se llamaba Summer Hill. Era una escuela muy progre, de niños libres, y cosas así, pero se regía según el psicoanálisis. A mí eso me interesó mucho. Por entonces, yo tendría catorce o quince años y pensé que aquello era lo que yo quería hacer de mayor. Hice pedagogía pero el psicoanálisis se daba en una o dos lecciones en toda la carrera. Me interesaba mucho poder transformar la vida de un niño a través de la educación. Tener una buena educación es una cosa determinante en la vida.

Luego me fui a vivir a Inglaterra. Allí hay mucha escuela. De hecho, cuando Freud huyó de Austria con la llegada de los nazis, se fue a vivir al norte de Londres, donde murió. Por eso se creó allí mucha escuela alrededor de la psicoterapia, el psicoanálisis, y la psicoterapia aplicada al mundo infanto-juvenil. De esta forma nació la clínica Tavistock, una clínica, digamos, de renombre internacional. Al llegar a Londres, busqué un postgrado y entré Tavistock. Hablé con una profesora que luego sería mi tutora años después. A ella le expliqué lo que quería hacer y me orientó sobre qué curso hacer. Y así empecé.

M.G.- Este es tu segundo libro. El primero que publicaste se llamaba ¿Pero qué te pasa? y te centrabas en hacer un repaso de los problemas que los padres se pueden encontrar con los hijos en edad adolescente. En este otro, como que restringes más el tema. Es decir, te centras en una cuestión más concreta.

L.A.- Sí. En el otro, el tema era la adolescencia en general, lo que ocurre en la adolescencia, la transformación del adolescente, el desarrollo psicológico, sexual, de identidad, las redes sociales,... Todo lo que está relacionado con la adolescencia actual. Sin embargo, en este hablo de la salud mental de manera más específica. 

Me formé en el sistema de sanidad pública de Reino Unido y trabajé durante quince años en la sanidad pública. Pero antes, en la parte pre-clínica, había trabajado en escuelas primarias y secundarias en el centro de Londres porque tenía que reunir los requisitos de formación, que son bastante rigurosos. Te exigen haber trabajado con niños de todas las edades. Y ese primer libro lo que recoge de forma general es lo que he visto con mayor frecuencia en la clínica. Pero este profundiza más en los problemas de salud mental que vemos continuamente.

M.G.- En este libro, describes las señales de alarma a las que los padres tienen que estar atentos para descubrir a tiempo qué les ocurre a sus hijos, pero ¿cuáles podrían ser esas señales que a lo mejor nos pasan desapercibidas?

L.A.- En general, siempre hay que vigilar los cambios de conducta y averiguar a qué se deben. Puede que sólo sea un cambio de conducta temporal o, en cambio, puede ser que se trate de una progresión. Por ejemplo, hay que vigilar si el joven abandona su círculo social, si deja sus aficiones, si está desanimado, con desesperanza hacia las cosas, si baja el rendimiento escolar, si tiene mal humor, tristeza, irritabilidad, apatía,... Sé que todo esto forma parte de la adolescencia pero son cosas que van y vienen. Puedes tener a un adolescente que un día te dice que pases de él pero, al siguiente, está entusiasta y la mar de bien. Pero no me refiero a eso. Me refiero a estados de ánimo más crónicos, que duran semanas, y del que parece que no pueden salir.

M.G.- Que están como estancados.

L.A.- Sí. A veces, lo que les ocurre es poca cosa pero pasa que, como tienen acceso a tanta información vía Internet, esa poca cosa se puede agravar y puede empeorar bastante rápido sin que te des cuenta. 

M.G.- Y cuando unos padres encuentran ese tipo de señales que estás comentando, entiendo que lo primero que deben hacer es interesarse y preguntarles qué les ocurre. Lo que pasa es que las relaciones padres-adolescentes son difíciles. No quieren que invadas su terreno.

L.A.- Exacto, sí, sí.

M.G.- Es muy complicado para los padres.

L.A.- Sí, y delicado. Siempre digo que hay que elegir bien el momento. No hablar estos temas cuando les están riñendo porque han llegado tarde, o porque la habitación está desordenada, o porque le han puesto un cate, sino elegir el momento más propicio para la conversación.

Algo que recomiendo es decir las cosas de forma que le allanes un poquito el terreno, para cuando sean ellos los que quieran hablar. En vez de preguntar o interrogar, decirles: «Oye, he notado que estás un poco raro, que no sales hace un mes con tus amigos, cuando antes salías todos los sábados. ¿Te pasa algo?». De este modo le dejas entender que estás alerta y que sabes que algo está pasando. Y esto mismo se puede aplicar a muchas otras situaciones.

M.G.- Como dejarles la puerta entreabierta.

L.A.- Sí, dejarles la puerta entreabierta. En realidad, en terapia hacemos mucho eso. Que interpretes un poco cómo lo ves. Comentarles que cada vez que habláis sobre un tema, se cierra, y cambia de tema. Cosas así que son una señal de que algo no va bien.

M.G.- El libro se estructura en dos bloques. La primera parte habla de cómo funciona nuestra mente, y cómo puede repercutir en el entorno familiar y el desarrollo de la personalidad. Hablas de temas duros y además de actualidad, por ejemplo, el abuso escolar, que ha existido toda la vida, pero ahora se le pone nombre. ¿Cómo se gestiona eso dentro y fuera de la familia? Cuando unos padres saben que sus hijos sufren bullying, ¿cómo se gestiona eso?

L.A.- Es difícil. Lo primero que tienen que hacer los padres es hablar con el colegio porque el colegio tiene que poder gestionar esas situaciones. Y si eso no surte efecto, a veces los padres tienen que hablar con los padres del otro niño. Es delicado pero es algo que se tiene que abordar en los colegios. Muchas veces no se detecta porque ocurre a la hora de comer, o cuando están jugando, y los monitores de recreo están en otras cosas. No todo el mundo puede estar tan vigilante, siempre. 

El bullying hace mucho daño psicológicamente. Y muchos adultos todavía acarrean esa sensación de ser víctima, o arrastran miedo y ansiedad por haber sufrido bullying de niños. Es algo que hay que tomarse muy en serio porque, desgraciadamente, algunos suicidios están directamente relacionados con el bullying. Porque la idea central del suicidio tiene que ver con la desesperanza que se sufre al pensar que nada puede cambiar. Cuando hablamos con un joven que puede ser un suicida y le preguntamos qué se puede hacer para que cambie su situación, ellos siempre piensan que no hay remedio posible. Que piensen eso es señal de que está en un punto de bajón tan grande que es difícil que ellos puedan salir por sí mismos. 

M.G.- En otra parte del libro hablas de los abusos sexuales. Y dices que un niño que ha sido abusado sexualmente de pequeño, puede llevar a convertirse en un adulto abusador. Es decir, adopta el patrón de su abusador.

L.A.- Sí. El abuso sexual impacta mucho en la mente de la persona abusada. Es un trauma físico, porque también lo es, al suponer un ataque físico a tu integridad, a tu cuerpo. Y lo es también psicológicamente porque crea una confusión enorme en la mente del niño o de la niña. Aunque no siempre sea así pero, que una persona de tu confianza, como un profesor, un maestro, un entrenador deportivo, o un familiar presente esa conducta con ellos genera mucha confusión.

Y luego, hay un grado de excitación sexual que no saben cómo gestionar. Es algo que ocurre, sobre todo, en edades mayores. Así que, todo esto como que te descoloca mucho. Por eso, cuando una persona que ha sufrido abusos no ha sabido resolver lo que le ocurrió, puede haber interiorizado esos comportamientos.

Lo que sabemos es que los abusadores jóvenes, que abusan de hermanas, de primas,...  y tienen menos de dieciocho años, suelen ser jóvenes que forman parte de una familia en la que existe coerción. Es decir, donde hay violencia doméstica y violencia de género. Esas personas están acostumbrados a pensar que el sexo y la violencia están muy unidos. Un día están a bofetadas con su pareja y al día siguiente están en la cama haciendo mucho ruido. Ellos interiorizan la unión de la violencia y el sexo, con lo que distorsionan los parámetros de lo que es una conducta normal. En las familias en las que hay violencia también suele haber mucha perversión sexual.

M.G.- Y hablando de la violencia. Algo que se oculta en las familias es la violencia filio-parental. Es decir, encontramos familias en las que la violencia se genera de los hijos a los padres. ¿Cómo hacen para controlar esa situación teniendo a la persona violenta a su cargo y en casa?

L.A.- Es un gran dilema para padres y madres. Fundamentalmente, se trata de una ausencia de límites porque el niño, o la niña, -bueno, digo niño porque ocurre con más frecuencia con los niños-, tiene demasiado poder y demasiado control de la situación. 

No es tan raro que padres e hijos se insulten cuando discuten. Unos y otros cruzan los límites. Si un hijo le dice a su madre, por ejemplo, mala puta y eso se tolera, ya has cruzado un límite. Y una vez que ese límite se ha cruzado, es difícil volver atrás. Es una agresión verbal. Pero es que hay padres que, a veces, también insultan a sus hijos. Les llaman idiota, imbécil, inútil,... Hay una falta de respeto mutua. Y lo malo es que, como les da tanta vergüenza, no buscan ayuda porque no quieren que nadie sepa por lo que están pasando. Pero siempre les digo que tolerando la violencia de un hijo no se le ayuda, sino que lo que se hace es fomentar que siga siendo un maltratador. Siempre hay que buscar ayuda, o de las autoridades, o de un vecino, o de otro familiar al que llames para poner orden. Y luego hay que tratar esa situación porque no es tolerable. Es decir, lo principal es impedir que ocurra y una vez que lo has impedido, hay que pensar en cómo acabar con esa situación.

M.G.- Pero Lola, leo que hay como una especie de moda, como una tendencia. Algunos niños manifiestan que tienen algún problema de salud mental porque eso da prestigio. ¿Por qué lo hacen? ¿Creen que así tienen más atención de los demás?

L.A.- En cierto modo, sí. Esto tiene bastante que ver con las celebrities y las redes sociales. Cuando una celebrity confiesa que sufre ansiedad, anorexia, depresión,... la gente piensa que está muy bien porque así resultan más cercanos. Bueno, ellos están en Hollywood y tú en tu casa. Tan cercanos no estarán. Pero lo que ocurre es que hay un factor de imitación. Si confiesas que sufres un problema mental se crea como una especie de aura misteriosa o de fragilidad a tu alrededor

Y luego ocurre lo contrario. Hay chicos y chicas que están diagnosticados de algo, de hiperactividad, de autismo, y no lo quieren decir porque no quieren que se les trate de forma distinta. Es decir, esto de la moda no ocurre con todos los trastornos. Además, a veces pasa que los padres quieren una diagnosis porque no saben lo que les pasa a sus hijos, pero tener un diagnóstico no resuelve el problema. Vas a tener que apoyar a tu hijo tenga un diagnóstico o no. De hecho, es una buena noticia que no tenga diagnosis.

M.G.- Es decir, que los padres necesitan poner un nombre a lo que le ocurre al hijo porque no entienden lo que le pasa y no saben cómo actuar.

L.A.- Sí, sí, sí.  A lo mejor tiene un síntoma que se puede parecer a este trastorno o a este otro, pero no es suficiente como para dar un diagnóstico. Que el hijo esté triste no quiere decir que tenga depresión. 

M.G.- En el segundo bloque del libro te centras en problemas como la ansiedad, los estados depresivos, la autolesión y el suicidio. No sé si te has enterado de que hace unos días tuvimos el suicidio de una estudiante de la Complutense de Madrid. Una chica se lanzó desde uno de los edificios de la universidad. Toda la comunidad universitaria dio la voz de alarma. ¿Está aumentando el porcentaje de jóvenes que se suicidan?

L.A.- En España, creo que el número de casos ha aumentado desde la pandemia. También es verdad que ahora sí se habla de estos temas. Antes, no se publicaban estas noticias en los periódicos por miedo a los contagios. Pero sí, creo que han aumentado porque hay más presión en general, presión por parte de los padres, de la sociedad, de las redes,...

El suicidio es un tema muy complicado. Hay muchas motivaciones y muy diferentes. En el caso de esta chica universitaria, no sabemos qué motivos habría. A lo mejor era porque había suspendido o a saber qué. Es difícil saberlo. En el Reino Unido, las universidades de más exigencia académica tienen ahora protocolos muy estrictos con el tema del suicidio. Hay mucha más asistencia de salud mental porque la presión académica es fuerte y es muy competitivo el sistema. 

M.G.- Y cuando unos padres tienen que enfrentarse al suicidio de un hijo, el sentimiento de culpabilidad tiene que ser muy grande, ¿no? ¿Se pueden sentir fracasados como padres cuando un hijo se suicida?

L.A.- Sí, pero eso ocurre con un hijo o con un padre. Los que se quedan, siempre sienten culpabilidad.

Hace poco trabajé con una niña cuya madre se había suicidado. Ella se culpaba y se decía que no tenía que haberle dicho esto, que no tenía que haberle pedido aquello otro,... Un hijo, cuando un progenitor se suicida, siente que eso sucede porque, como hijo, no ha sido suficiente para esa persona, que tener hijos no lo anclaba suficientemente a la vida. Y realmente es así. Son personas para los que la idea de la muerte es un alivio de algún tipo. Todo lo que tienen no es suficiente para querer seguir viviendo. Puede ocurrir en jóvenes o en adultos.

M.G.- Es verdad lo que comentas que antes no se hablaba de los suicidios en los medios de comunicación por evitar el efecto contagio. Sin embargo, tú aconsejas en el libro que, si un hijo tiene pensamientos suicidas, lo primero es hablar con ellos porque de este modo el hijo se siente más escuchado y arropado.

L.A.- Sí, más acompañado. Pero eso no quiere decir que no se tenga que actuar. Igualmente hay que pedir ayuda.

Nosotros seguimos unos protocolos. Les preguntamos desde cuando tienen ideas suicidas, cuándo empezaron a pensar en el suicidio, y si han buscado la forma de hacerlo. Si nos responden que sí, le preguntamos qué les ha impedido llevar a cabo ese plan, que por qué no lo han hecho. Si te hablan de su familia, de que el hermano pequeño, el abuelo o alguien de su familia quedaría destrozado, entonces vemos que ahí hay un ancla. Pero si te dicen que la familia pasa de él y que él pasa de toda la familia, entonces pensamos que ahí hay un riesgo alto. Además, si hay suicidios en la familia, si ha habido algún suicidio familiar en el pasado, el riesgo aumenta. Es decir, hay una serie de factores a tener en cuenta.

Y luego hay otros adolescentes que te dicen que han pensado en el suicidio pero sabes, más o menos, que no lo van a hacer. Es sólo un pensamiento que está ahí, como una opción, pero no van a pasar a la acción. De todos modos, es una cosa que tenemos que revisar de vez en cuando. Volverles a preguntar si siguen teniendo ese pensamiento o no. Si dicen que no, es que el bache ha pasado. Pero bueno, es que la adolescencia es algo de muchos extremos e impulsos. Los impulsos pueden llevarlo a verlo todo muy blanco, o muy negro.

M.G.- Y en los problemas de salud mental, ¿qué importancia tiene la genética?

L.A.- Es un factor. La genética incluye predisposición a hacer ciertas cosas. Por ejemplo, en la depresión y la ansiedad, la historia familiar es importante porque se aprenden patrones. A veces es difícil diferenciar entre un patrón aprendido o uno heredado.

M.G.- Lola, en el libro incluyes casos prácticos pero no sé si son casos reales que has tenido en consulta o son historias inventadas que sirven para ejemplificar.

L.A.- No, son casos reales. Totalmente reales. Lo que pasa es que he disfrazado la identidad para que no reconozcan a las personas. Y algunos son dos casos en uno que mezclo para hacer uno solo. Pero son reales, sí.

M.G.- Y los adolescentes, cuando llegan a consulta, ¿suelen ser abiertos y hablar de lo que les ocurre o te encuentras con muchos muros?

L.A.- Hay de todo. Algunos vienen poco convencidos porque sus padres o profesores les han pedido que vengan y, a veces, son ellos mismos los que piden venir a consulta. Aunque, si quieren venir porque han tenido un mal día y les das cita para dentro de una semana, cuando les toca venir ya se les ha pasado lo que sea. Eso también pasa. (Ríe). 

Y luego están los que mantienen un perfil bajo pero generan preocupación porque, a lo mejor les han mandado alguna redacción y el profesor detecta algo que el niño ha escrito y que da que pensar. 

M.G.- Tú llevas mucho tiempo viviendo y ejerciendo fuera de España. Aquí, a veces, es un poco complicado que uno mismo, o los hijos, entren en el circuito de la salud mental por el sistema público.

L.A.- España se tiene que poner las pilas en salud mental. Va muy a la cola de Europa en este tema. No puede ser que la gente que no puede pagar a un psicólogo se quede sin ayuda. Hay mucha gente que me contacta y me dice que ha podido llegar a su hijo a consulta durante tres meses, pero que han tenido que dejar de ir porque no pueden costearlo. 

M.G.- O te dan cita pero muy de tarde en tarde.

L.A.- Sí, cada tres meses. Eso no sirve para casi nada. 

Y con respecto a la medicación, quizá aquí se medica antes. En Reino Unido medicamos cuando ya hemos agotado todas las posibilidades. Allí, en la sanidad pública, se ofrece primero terapia hablada. Se ofrece sesiones familiares. A veces, hablamos con el padre, con la madre, o con el hijo. Otras hacemos una combinación. Si vemos que, pasados tres o seis meses, la persona no mejora, sino que empeora, o se estanca, entonces empezamos a considerar la medicación. 

En salud mental, todos son procesos. No hay cura mágica. Tienes que probar, intentar esto o lo otro. Con los jóvenes, vale la pena ayudar porque les estás evitando muchos problemas de adulto. EL 50% de los problemas de salud mental en adultos comienzan en la adolescencia.

M.G.- A los catorce años exactamente, he leído.

L.A.- Eso es. Así que, imagínate. Es que eso es mucho.

M.G.- Sí. Y luego como para encontrar las causas.

L.A.- Es que llevan toda una vida sufriendo. Te impide tener relaciones felices, encontrar un buen trabajo,... Estás toda la vida arrastrando algo que no te ha dejado vivir la vida plenamente. Por eso también hay que intervenir cuanto antes.

M.G.- Pues sí. En fin, Lola, lo dejamos aquí. Un placer por haberme atendido y un placer tenerte en Sevilla. 

L.A.- Mucho gusto, Marisa.

Sinopsis: La salud mental importa siempre, y en la adolescencia es clave para definir a los adultos que van a ser

Entender qué pasa por la cabeza de nuestros hijos es la clave para empatizar y poder ayudarlos a superar los momentos difíciles. La psicoterapeuta Lola Álvarez lleva más de treinta años trabajando con adolescentes y sus familias y, en todo este tiempo, ha visto cómo los problemas psicológicos durante esta etapa del desarrollo se han ido haciendo más complejos, con lo cual es frecuente que padres y educadores no sepan cómo abordarlos. 
Este es un libro necesario que trata la salud mental de la adolescencia en un sentido global, teniendo en cuenta el contexto social y familiar. Una auténtica guía para detectar a tiempo desde problemas de conducta o de ansiedad hasta cuadros más complejos como la depresión, las autolesiones o las ideas de suicidio. Una obra con recomendaciones prácticas para ayudar a los padres a intervenir de forma efectiva.

La adolescencia es un periodo fluido y cambiante, y por complicada que parezca la situación, siempre hay una manera dialogada y accesible de reconducir las situaciones más problemáticas.

¡Nunca hay que rendirse!

jueves, 14 de diciembre de 2023

PERE ESTUPINYÀ: ❝Lo normal es ser monógamos, infieles y celosos❞

Pere Estupinyà estudió química y bioquímica. Cuando se planteó hacer el doctorado en genética se apartó ligeramente de su rumbo y optó por convertirse en divulgador científico. La ciencia es su mundo. Es un depredador voraz de información científica que, tras fagocitarla y digerirla, la transforma en libros accesibles para el público lector, en los que aborda temas de interés y que nos rodea. Es lo que ha hecho con su última publicación, La ciencia del sexo, una adaptación de aquel otro volumen titulado S=EX2 que publicó hace diez años.

Estupinyà pasó por Sevilla hace unas semanas y pude conversar con él sobre ese tema tan universal, desconocido, lleno de prejuicios y sombras como es el sexo. Os dejo con nuestra charla.

Marisa G.- Pere, bienvenido a Sevilla, encantada de volverte a ver otra vez. Estos días he estado con tu libro, leyéndome partes, fragmentos, porque, como tú dices en la introducción, el lector puede abordar la lectura de este libro de la manera que le apetezca, leyendo aquí y allá, aquello que más le interese.

Pere E.- Claro. No es una historia, que tiene que empezar por un principio y terminar por un final. Hay contenidos, hay aspectos de la sexualidad que no tienen un orden necesario.

M.G.- Así lo he leído yo. Hay cuestiones que me interesan mucho, de las que te voy a preguntar pero antes, quería saber algo. Tú escribes sobre ciencia. Ese es tu mundo y sobre el que escribes libros divulgativos. La ciencia, para algunos estudiantes como yo, siempre fue una materia que se nos atragantaba un poco. ¿Tú cómo abordas la materia en tus libros para llegar al público de a pie?

P.E.- Le quito protagonismo a la ciencia. Es decir, la ciencia en los libros o en la divulgación es la fuente de información, pero el protagonista verdadero es la propia información. Yo cuento cosas interesantes. Lo que pasa es que yo solo cuento cosas que vienen de la ciencia porque las otras no sé si son verdad o no. ¿Me entiendes? Si me encuentro con un sexólogo que me dice que las mujeres son así o son de este otro modo, basándose en su experiencia, pues bueno, es su experiencia propia. No es algo riguroso. A lo mejor, otro sexólogo opina otra cosa distinta porque también se basa en su experiencia. Pero la ciencia intenta ser objetiva. Creo que es la fuente de conocimiento más rica y más precisa que tenemos. 

Yo no es que hable de ciencia. Hablo de sexo, de sexualidad, de comportamiento humano, de cómo funciona nuestro cuerpo. Eso es lo que a la gente le interesa. Si hablara de ciencia como protagonista, entonces explicaría la metodología, o cómo se trabaja en los laboratorios,... Bueno, también hablo de eso porque no me puedo resistir. 

M.G.- Tú ya abordaste esta materia de la ciencia y el sexo en otro libro previo. ¿Este libro es como una adaptación, una actualización, a raíz de la aparición de nuevos conceptos, de esta especia de revolución sexual que vivimos?

P.E.- Sí, aunque tiene dos cosas diferentes respecto al primer libro. La base es la misma. Así que, si un lector se ha leído el primero, no hace falta que se lea este. Lo digo de manera honesta. 

Este libro es un poco más corto. El primero, con cuatrocientas ochenta páginas, asustaba a ciertos lectores. Así que, lo hemos hecho más corto, quitando algunos capítulos que quizá no eran tan relevantes. Y luego, también cuenta con algunas actualizaciones en algunos ámbitos, aunque no son muchos. Porque la ciencia de la sexualidad tampoco ha cambiado tantísimo en diez años. Lo que sí ha cambiado son cosas en la cultura. O sea, el tema de género está mucho más presente y la gente cada vez es más abierta. Tuvimos una pandemia con gente confinada que también cambió algunas cosas de nuestra sexualidad. Durante la pandemia, no después. También se conocen más cosas sobre enfermedades,... Así que hay algunas novedades que he ido incorporando, pero no es que haya una diferencia enorme.

M.G.- Vuelves la mirada al sexo. El sexo está muy presente en el mundo en el que vivimos, pero también es un gran desconocido, ¿no? Sabemos lo básico y encima estamos llenos de prejuicios.

E.P.- Claro. Yo me pregunto: ¿cómo sabemos de sexo?, ¿Cómo adquirimos información sobre sexualidad? A través de la experiencia, ¿no? O sea, eres jovencito y tienes relaciones con uno, o con otra, o lo que sea, y vas aprendiendo sobre la marcha lo que te cuentan los otros, los amigos y tal, que suele ser sesgado.

M.G.- O mentira directamente.

E.P.- mentira directamente. O ves pornografía, aunque eso suele ser una ficción. Así que, la mayoría de las personas no tenemos información rigurosa. Ya no digo científica, sino información de sexólogos. Entiendo que es algo muy íntimo. En un grupo de amigos, tú hablas de viajes, de comidas, pero ¿de sexo? No te preguntan si has probado el BDSM. Hay toda esta intimidad, estos miedos, esta vergüenza que, junto con la poca información, lo convierte en algo que nos incomoda. Creo que darle esta mirada más científica, muy natural, sin juicios de valor, ayuda a naturalizarlo.

M.G.- Pero todos estos prejuicios proceden de esa cultura, esa educación, que venimos arrastrando. Hay cosas sobre el sexo que son tabú, por eso a la gente le da mucho pudor. Es hora de romper barreras.

E.P.- Que cada uno haga lo que le dé la gana. Esto lo primero. Yo no tengo que decirle a nadie qué tiene que hacer. No hay obligación de romper barreras, aunque sí lo sugiero. Y lo sugiero porque el sexo es algo divertido, algo que une a las personas, algo positivo para nuestro bienestar, para la autoestima e incluso, para nuestra salud. Así que, sí abogo por una visión positiva de la sexualidad, sin estas inhibiciones del pasado, sin estos prejuicios, y estos condicionantes. Y es verdad que tenemos una herencia, lo que dices tú, una herencia en la que la palabra pecado aparece. Y se ve que muchas mujeres no llegan al orgasmo porque sentir mucho placer les parece... Si se dejan llevar, se sienten casi poseídas por el diablo. Ellas mismas se frenan y no llegan al orgasmo. Eso es una pena. Así que sugiero romper un poco con esta visión tan conservadora de la sexualidad. Pero que cada uno haga lo que quiera.

M.G.- Exactamente. En el binomio ciencia y sexo,  hablas de un concepto interesante, la biopsicosociología. ¿Esto qué es?

E.P.- En sexualidad, es la aproximación a la comprensión del comportamiento sexual y de las disfunciones sexuales. Es decir, cuando dices que una mujer no ha llegado al orgasmo, que un hombre tiene problemas de erección, o que tiene la autoestima baja o lo que sea, puede ser por factores biológicos, psicológicos y socioculturales. No se puede analizar el problema desde una sola perspectiva porque, puede ser que tenga los estrógenos muy bajos o la proactividad muy alta; o que tenga un problema en el sistema nervioso; o que la musculatura pélvica esté fatal. Y eso le impida el placer. Eso sería la parte biológica. Pero puede ocurrir también que haya tenido una experiencia en el pasado que, casi de manera inconsciente, la está condicionando. Y no me refiero solo a abusos sino a experiencias negativas, invasivas, desagradables, de las que no ha hecho una limpieza psicológica. Y eso influye. Y luego está el área socio-cultural. Si una persona es muy religiosa o muy sexista, o lo que sea, pues también es algo que influye. Así que, cuando analizas cualquier comportamiento, por qué te gusta una persona y no otra, hay una parte biológica, una parte psicológica y una parte socio-cultural. Y todo eso es la parte biopsicosocial del sexo, la que nos permite conocer mejor nuestra sexualidad.

M.G.- Este libro contiene estadísticas, datos científicos, pero también hay casos reales, porque tú has hablado con muchas personas que te han contado experiencias, que sirven para ejemplificar o para demostrar la teoría. De tal manera que el lector puede verse reflejado en lo que leemos o no, porque cada uno es un mundo. Es decir, hay una variedad de actitudes, de situaciones brutales.

P.E.- Sí, pero hay momentos en que los lectores se sienten reflejados. Esto no lo suelo contar pero había un estudio que analizaba el impacto de la lectura de ficción o de no ficción en las personas, sobre sexualidad. Por ejemplo, Las sombras de Grey excitaba a algunas mujeres y a otras, al saber que era ficción, no les impactaba tanto la trama. Pero con estos ejemplos, al saber que son reales, que existen de verdad, y que lo cuentan estas personas es real, se genera una conexión más directa con el lector, con esa historia. Eso hace que se identifique con ella

M.G.- Y aprenda porque claro, muchas veces, no sabemos lo que nos ocurre. Leer sobre una situación o sobre el caso similar de alguna otra persona, consigue que nos comprendamos mejor.

P.E.- Sí, sí. Así es.


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M.G.- Hay diferentes cuestiones que abordas en el libro. Te voy a mencionar algunos epígrafes que llaman mi atención. Por ejemplo, la monogamia es natural, la fidelidad no.

P.E.- Claro. Cuando digo natural, me refiero a que en la naturaleza existe. Los primates, algunos pájaros,... cuando tiene crías y estas son débiles, necesitan a ambos progenitores. En estas especies se desarrolla la monogamia social. Es decir, forman parejas estables. Un pájaro tiene que ir a buscar comida mientras el otro vigila el nido, porque si no, viene un pájaro mayor y se come a la cría.

En nuestra especie, la monogamia es social. O sea, se necesita al padre para que la cría sobreviva, y eso desarrolla una especie de afecto. Pero no hay fidelidad en ninguna especie animal. Se forman parejas estables pero todos, tanto los machos como las hembras, son infieles. Eso es lo normal. Lo normal es ser monógamos, infieles y celosos. Esto es lo más natural. Es decir, querer formar un núcleo familiar, contribuir al cuidado de las crías, intentar tener más crías por ahí pero intentar también que tu pareja no lo haga, porque si lo hace, no cuidará bien a las tuyas. O sea, somos lo peor. Pero tanto nosotros, los chicos, como las chicas.

M.G.- En el libro hablas del confinamiento, algo que nos ha afectó a todos los niveles. ¿De qué manera repercutió esos meses que estuvimos encerrados en la vida sexual de las parejas o de los solteros?

P.E.- A los solteros les afectó más porque, de repente, no tenían personas con las que relacionarse sexualmente. Eso incrementó bastante, y sobre todo al principio del confinamiento, el consumo de pornografía y el cibersexo. Después se observó que los niveles volvieron a un nivel pre-pandémico. Es decir, que terminaron por cansarse.

En cuanto a las parejas, hubo algunos fenómenos interesantes. Si miras estadísticas, se advierte que la gente tiene más relaciones sexuales en fin de semana que durante la semana. Pero durante el confinamiento, los datos se volvieron más planos. Había más tiempo. Las parejas que estaban bien avenidas o que eran más jóvenes, sí tuvieron más relaciones sexuales. Pero las que tenían pocas, siguieron teniendo pocas relaciones. No hubo tantísimo cambio. Y lo interesante es que después del confinamiento, se volvió a la vida tal y como era antes del confinamiento. Es decir, que, y esto se ha visto en más cosas, que cuando estábamos confinados nos decían que todo iba a cambiar, que era un antes y un después, que la pandemia y el confinamiento iba a transformar el trabajo, las relaciones, la educación, y no ha cambiado nada.

M.G.- No, no. Al final, tanto como iba a cambiar las cosas y volvimos a los mismos patrones que teníamos antes.

P.E.- Una cosa interesante del confinamiento fue que los clubs de intercambios de pareja estaban abiertos.

M.G.- ¿Sí?

P.E.-  Sí. Pero te hablo de cuando no había confinamiento estricto, sino cuando se inició la apertura gradual. Los bares no podían abrir pero estos clubs sí pudieron porque tenían una licencia diferente. Allí se juntaba la gente. Tenían que ir con mascarilla pero imagínate después. 

M.G.- Curioso, no lo sabía.

Y hay otro capítulo que también me parece muy interesante en el que hablas del sexo en los bares. Pones un ejemplo en el que un chico con hambre siente más atracción por una mujer más rellenita que por una delgada.

P.E.- Nuestro estado interno condiciona qué nos gusta en cada momento. Es decir,  estando hambrientos, sentimos más atracción por chicas rellenitas que estando saciados. Igual que estando tristes, nos gusta un tipo de chica o de chico, y estando contentos, otro. Tu atracción va cambiando en función de cómo estés y esto tiene mucha lógica.

En ese estudio, pusieron a varias mujeres, de más delgadas a más rellenitas. Los voluntarios que habían comido mucho eligieron a las mujeres más delgadas. En cambio, los que estaban hambrientos, se decantaron por las más rellenitas. Pero esto pasa con muchas cosas. Nos gustan los otros en función de cómo nos veamos a nosotros mismos. 

Y hay otro estudio que muestra que, en una fiesta, si vas a ligar y ves que todos los de tu género son más jóvenes o más guapos que tú, te vas a fijar en la chica menos atractiva. Tú mismo te nivelas, te auto-justificas, diciendo que las muy atractivas, seguro que no te van a gustar. En cambio, si llegas y resulta que tú eres de los más guapetones o guapetonas, entonces irás a por el más guapo. Hay muchos estudios así. 

M.G.- Una de las cuestiones que abordas en el libro es la falta de deseo en las parejas. Siempre se ha dicho que la rutina, la monotonía, las preocupaciones destruyen la pasión, las relaciones,... ¿Puede una pareja ser feliz sin sexo?

P.E.- Sí, sí. Si desaparece el deseo sexual en los dos, pueden tener una vida feliz sin sexo. Aunque con sexo, serían más felices. Estarían más unidos porque el sexo, al final, une a las personas. El problema aparece cuando uno de los dos tiene más deseo que el otro porque es lo que tú dices, la rutina es la tumba del deseo y de la libido. Si a ti te da igual, no pasa nada. Pero si tú tienes una edad donde todavía te sientes con energía para hacer cosas, pero tu deseo ha desaparecido y te gustaría recuperarlo, entonces sí hay un problema. Hay que buscar estrategias para recuperar ese deseo. Para ello, habría que romper con la rutina o poner en práctica juegos determinados. Ahora bien, si los dos estáis en el mismo punto y os da igual, pues no hay problemas.

M.G.- También están los asexuales, las personas que sienten cero atracción sexual, aunque eso no quiere decir que no tengan relaciones o que no se masturben. Simplemente es que no se sienten atraídas sexualmente por nadie. Pero pregunto, ¿una persona puede sentir atracción sexual y con el tiempo volverse asexual?

P.E.- Puedes tener una fase asexual, sí. Los que se definen como asexuales, a nivel de orientación, sienten pérdida de atracción. Ellos no ven a nadie con quien les gustaría tener relación. 

Igual que alguien heterosexual ve personas de su otro género y sienten atracción, o un homosexual, o un bisexual, los asexuales no ven a nadie de ningún género con el que desearan tener relaciones. Les puede aparecer una especie de deseo espontáneo, como una inquietud, y masturbarse algunas veces, pero no tienen fantasías con otros. Lo hacen por su autoplacer. Es una orientación sexual. Ellos quieren definirse así.

M.G.- Has mencionado la palabra juegos. Y ahora que estamos en estos tiempos en los que están surgiendo muchísimos juguetes sexuales, tanto para hombres como para mujeres, en tu libro leo algo que me llamó la atención. Cuentas que los juguetes sexuales nacieron como herramienta médica para curar la histeria.

P.E.- Sí. Mira hay gente que dice que eso es un mito pero la historia cuenta que, a principios del siglo XX, se asumía que las mujeres no se masturbaban. Esto de la masturbación era cosa de hombres. Y había mujeres que tenían como ataques de histeria. Si no tenían pareja, los médicos decían que era por falta de sexo. Si a u hombre joven y asno, de repente, le dejas un mes sin sexo, estará como histérico. Los médicos hacían esa analogía. Entonces, parte de la terapia para curar la histeria de las mujeres era masturbarlas y para no hacerlo el médico con sus manos, se crearon instrumentos para que las mujeres tuvieran placer y orgasmos y así curarlas de la histeria. Esta historia se ha contado muchas veces y yo la reflejo en el libro. Pero también hay otras personas que dicen que no se saben hasta qué punto esta historia es fiel a la realidad. Es algo en lo que me gustaría profundizar más.

M.G.- ¿Y en qué medida el yoga puede ayudar a mejorar nuestra actividad sexual?

P.E.- Ayuda de varias formas. El yoga tiene una capacidad de focalización muy importante. Si haces yoga, puedes aprender a focalizar la atención en cualquier cosa. También en el placer. Los ejercicios de yoga pueden fortalecer el suelo pélvico. El yoga ayuda a relajarte y eso favorece a disfrutar del sexo.

M.G.- Estamos en el siglo XXI y la tecnología avanza cada vez más. La inteligencia artificial la tenemos hasta en la sopa. Hablas en el libro de este tema y, en algún momento, dejas caer que podrá llegar el día en que podamos tener sexo con un robot.

P.E.-  Sí, a ver, si es un robot muy, muy, muy realista y la interacción con él o ella es también muy realista, igual nos podríamos dejar llevar. Ahora con las muñecas o muñecos hinchables no tienes ninguna interacción. O sea, no te vas a follar un trozo de plástico. Luego se hicieron muñecas hiperrealistas, con un tacto que parecía de verdad pero no se mueve ni hace nada. Si esto cambia habrá un porcentaje de personas que igual lo prueban., que dices Hombre, el tacto parece de verdad, pero no se mueve ni a la ola ni nada. Pero si esto cambia, no todo el mundo, pero igual hay gente que lo prueba.

M.G.- Y hablando de probar, leyendo tu libro y conociendo tus experiencias, tú te has prestado a un montón de experimentos.

P.E.- Sí, científicos y no científicos. 

M.G.- Un poco por vivir en carne propia, lo que después puedes contar en el libro.

P.E.- Sí, sí, sí, claro. Pero eso lo hacía en todos los libros. En el mundo de la ciencia, siempre que hay la posibilidad de participar en un experimento, yo participo. También porque te acuerdas más, porque entiendes mejor el funcionamiento de la ciencia, ese experimento en sí. Y en sexualidad, no fue una excepción. Me masturbé bajo un escáner de resonancia magnética funcional y me hicieron un examen cerebral. Sí, participé en varios estudios. Y luego, también, empecé a visitar clubes de sadomasoquismo, de intercambio de parejas, de sesiones tántricas, con fetichistas y con grupos de personas que se llama sex positive,... Me mezclé con gente de muchas diversidades y conocí de primera mano todos esos submundos de la sexualidad, para documentarme mejor para el libro. Todo eso, indirectamente, también afectó a mi propia sexualidad. Me hicieron ver que había cosas interesantes en todos ellos y algunas cosas que yo pensaba que eran un poco bizarras, pues resulta, aunque son poco habituales, tienen su lógica y su gozo. Están muy bien.

M.G.- Bueno, también te ha hecho cambiar un poco la perspectiva desde que eres padre, ¿no? Con aquel primer libro, tenías una visión y ahora, tienes otra porque tu situación personal ha cambiado. 

P.E.- La visión es la misma pero ahora no puedo meterme en clubes de intercambio de manera tan frecuente como antes. No puedes experimentar tanto por varios motivos y uno, sin duda, es que los niños requieren mucho tiempo y mucha energía. Cuando publiqué el primer libro no hablé de mí. Yo quería hablar del libro, no de mí. Pero en esa época hice de todo. Cuando me lo preguntaban era reacio a hablar. Ahora no tanto porque ya ha pasado mucho tiempo. Hice de todo con un montón gente y que me quiten lo bailado.

M.G.-Pues como última pregunta, cuéntame algo de ese proyecto teatral que llevas adelante. 

P.E.- Soy muy amigo de Patri Psicóloga, desde hace tiempo. Un día me invitó a ver una obra teatral que tenían sobre la ansiedad y le propuse hacer algo parecido pero con sexo. Le pareció una buena idea y escribimos una obra de teatro sobre una pareja que pierde el deseo. Hay varias escenas muy humorísticas en las que se va recuperando ese deseo. Ellos empiezan a adquirir conocimientos y comienzan a atreverse a probar cosas nuevas. La obra tiene mucho humor, algo de ciencia, y picardía. Está funcionando muy bien. La gente no solo se lo está pasando bien sino que, después de ver la obra, tienen conversaciones.

M.G.- Interesante. Bueno, Pere, pues te dejo ya. Muchas gracias por atenderme, por venir a Sevilla. Un placer.

P.E.- Muchas gracias.

Sinopsis: El libro más riguroso, ameno y completo jamás escrito sobre la sexualidad humana. Por amor a la ciencia, Pere Estupinyà se sumerge en una novedosa investigación: participa en un estudio sobre disfunción eréctil y el orgasmo masculino; habla con asexuales, fetichistas, mujeres multiorgásmicas, intersexuales y estrellas porno; acude a un club de swingers de Nueva York y eventos sadomasoquistas, y revisa la ciencia LGTBI.

Acompañado de una exhaustiva bibliografía sobre la atracción, el sexo online, nuestra naturaleza polígama versus la monógama, el placer y el dolor, y mucho más. La ciencia del sexo reúne infinidad de anécdotas históricas, consejos prácticos, reflexiones profundas y respuestas sobre el disfrute de la actividad que más nos interesa, pero que paradójicamente la ciencia tiene más reparos en explorar. Esta lectura es un placer que no termina con el orgasmo.



martes, 5 de diciembre de 2023

EMILIO DEL RÍO: ❝Somos romanos aunque no nos demos cuenta❞

Recuerdo cuando en el instituto estudiaba latín, griego y veíamos mitología. Me gustaba el latín. No tanto el griego. Adoraba la mitología. Los mitos siempre me han parecido fascinantes y me encantaba escuchar aquellas historias que nos contaban en clase, como si fueran cuentos o leyendas. Los mitos siguen vivos porque, como dice Emilio del Río, continúan estando presentes en nuestras vidas. Los mitos han inspirado canciones, obras de teatro, óperas y, por supuesto, han llenado páginas de libros. Emilio del Río, doctor en Filología Clásica por la Universidad Complutense de Madrid y divulgador de la cultura clásica, contribuye a que no se nos olvide quién fue Teseo, qué hizo Hércules o por qué hoy decimos que la música amansa las fieras. Y para ello, acaba de publicar Pequeña historia de la mitología clásica (Espasa),  «un mundo lleno de aventuras asombrosas y personajes mágicos. Un mundo repleto de enigmas y seres maravillosos». 

Emilio del Río estuvo hace unos días por Sevilla y esto fue lo que nos contó.

Marisa G.- ¿Qué tal, Emilio? Encantada de conocerte y de saludarte. Antes de empezar a hablar del libro que te trae hoy a Sevilla, y teniendo en cuenta tu trayectoria profesional y literaria, quisiera preguntarte qué tiene el mundo clásico, el mundo greco-latino, que tanto te fascina.

Emilio R.- Bueno, es apasionante, ¿no? Yo quiero compartir esa pasión con mis paisanos, con mis compatriotas, con los de otros países, y con los lectores. Hay un momento mágico en la historia de la humanidad en el que se crean las bases de nuestra civilización, de nuestra cultura, -la filosofía, la democracia, el teatro,...-, casi nada. Esa escena de la película de los Monty Phyton, preguntando qué han hecho los romanos por nosotros, pues es que lo han hecho todo. Es el subtítulo de mi otro libro, Calamares a la romana. Somos romanos aunque no nos demos cuenta. Quiero compartir todo esto porque creo que, quien no lo conoce, se está perdiendo algo. 

Además, se pierde algo que es divertido. El latín y el griego es divertido, las historias que nos cuentan esos autores son divertidas, y la mitología es divertida también. Es muy divertida. Eso por un lado. Dos, también te sirve para la vida, nos sirve para ser mejores personas, para conocernos a nosotros mismos. Y tres, nos sirve para entender el mundo que nos rodea, porque nos da las claves para interpretarlo. Creo que eso nos hace mejores ciudadanos, con más conocimiento, más crítico, y más libres. Y eso es lo que quiero compartir. Lo que hago en mis clases con mis alumnos, lo comparto con todos a través de los libros.

M.G.- ¿Y en tus clases utilizas el humor también? Porque tus libros tienen humor. 

E.R.- Lo intento, sí. 

M.G.- El humor es un vehículo para transmitir, ¿no?

E.R.- Solo el humor nos salva de la angustia en la vida. El humor es fundamental.

M.G.- Sí, exactamente. Bueno, te he leído decir que la mitología está muy presente hoy en día.

E.R.- Vivimos rodeados de mitología. La mitología está en el ambiente, en el aire que respiramos. Los días son mitológicos. El lunes, el día de la luna; el martes, el de Marte; el miércoles, el de Mercurio; el jueves, el de Júpiter; el viernes, el de Venus. ¿Te das cuenta? Los días, los meses, los planetas. O las expresiones del día a día que utilizamos. Por ejemplo, ha sido una odisea llegar hasta aquí. O no hagas caso a cantos de sirenas. Es que es todo. Incluso cuando abrimos el grifo. El grifo era un animal mitológico, una bestia mitología que ponían, digamos, a la salida de un tubo que proporcionaba agua. Es todo un símbolo. Hay que tener cuidado de no malgastar el agua porque hay un grifo ahí regulándola. Vivimos rodeados de mitología y también vivimos rodeados de historias míticas. Es maravilloso y fascinante que se hayan transmitido estas aventuras. 

Cuando me preguntan qué es esta pequeña historia de la mitología respondo que es un libro de viajes fantásticos. Es un libro de aventuras increíbles pero también es un libro de autoayuda, porque los mitos trasladan mensajes que te sirven para la vida. Los mitos hablan de lo bueno, de lo malo, de la generosidad, y de la malicia. A veces son auténticos dramones, como la vida misma. Nos ayudan también a entender la historia cultural porque, para poder entender el arte, la música, la literatura de Occidente, necesitamos la mitología. Si no, no la entenderíamos.

Y además nos ayudan a despertar la imaginación. Los mitos nos hacen soñar con cosas que jamás hubiéramos podido pensar. Como decía Einstein, sólo hay una cosa más importante que el conocimiento, y es la imaginación. El conocimiento es limitado y la imaginación, no. La imaginación es la base de la innovación y sin innovación no afrontaremos el futuro. Sin innovación, la humanidad seguiría en las cavernas. Hemos salido de las cavernas, con ese mito maravilloso que cuenta Platón en La República, gracias a la innovación, y a que nos hemos atrevido a saber. Es una metáfora del conocimiento.

Me parece maravilloso que la NASA, a las misiones espaciales, les pone nombres mitológicos como Apolo. La misión para llevar a la primera mujer a la luna es Artemis. La que ha enviado una sonda espacial a Júpiter, lleva el nombre de su mujer, Juno. La NASA sabe más de mitología que España y hasta lo más moderno tiene un nombre clásico.


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M.G.- Pero te voy a preguntar algo. En época estudiantil, vimos mitología, aunque a muchos se nos atragantó el latín y el griego. No sé si estas materias se siguen impartiendo.

E.R.- No, que va. Se estudia en los grandes países de la Unión Europea. Se estudia en Reino Unido, en Alemania, en Francia, y no digamos en Italia. En todos ellos se estudia mitología, cultura clásica, latín, griego, pero en España no se estudia, y eso es un déficit que tenemos. Creo que somos un gran país, pero tenemos que mejorar en determinadas cuestiones, y una de las que tenemos que mejorar es en estudiar un poco más de latín y de cultura clásica, en educación secundaria y en bachillerato. Tenemos ese déficit, sí. Pero bueno, ya está aquí la Pequeña historia de la mitología clásica para cubrir ese hueco. Por eso he escrito también este libro, porque hay demanda. Yo lo noto en los libros. Locos... lleva cuatro ediciones; Latin Lovers llegó a diez; Calamares... también a tres o cuatro. Es decir, hay demanda de conocimiento. Creo que es bueno que los lectores conozcan todo esto y, sobre todo, que se lo pasen bien. Porque es divertido y eso es lo más importante. 

M.G.- Este libro, a diferencia de los anteriores, ¿quizá está más enfocado a un público juvenil?

E.R.- No, no. En principio, está pensado para que lo lean jóvenes y adultos. Así como los otros libros estaban más enfocados a los adultos, este está enfocado para todos. No se ha puesto el foco en los jóvenes sino que se ha abierto. Es para niños, jóvenes, adultos,... Para todas las edades. Por eso me ha costado tantísimo escribirlo, porque tenía que ser un registro que se adecuara a los jóvenes, pero que también sirviera para los adultos. Y al revés, que lo lea un adulto, pero que un joven se sienta identificado. Me ha costado muchísimo.

M.G.- Claro, habrás tenido que cambiar un poco el enfoque.

E.R.- Completamente. Y luego, había que hacerlo con humor. Eso es clave.

M.G.- Fíjate que en la introducción dices que si eres adulto, te darás cuenta de que sin los mitos no puedes entender la historia cultural de Occidente. Es lo que hemos estado comentando.

E.R.- Claro. Un joven quizá no se dé cuenta de eso, pero un adulto, sí. 

Los mitos se han conservado 3000 años después. Eso me parece mágico. Son aventuras maravillosas que nos explican el origen de las cosas y la condición humana. Y es que, además, se transforman. Porque, ¿qué es Superman? Superman es Perseo. Y Louise, la novia de Superman, es Andrómeda. Y los héroes de Marvel son los héroes de la mitología. Hulk es Hércules. Editamos esos arquetipos. Es más, la novela en la que se basa Oppenheimer, la película que ha triunfado recientemente, ¿qué subtitulo tiene? Prometeo. Y el Frankenstein de Mary Shelley, ¿cómo se llama? Frankenstein o el moderno Prometeo. Es decir, por un lado, seguimos contando mitos, que yo intento contar con humor, de una forma divertida y para todos los públicos. Por otro lado, los mitos se transforman también y eso me parece maravilloso.

M.G.- Se transforman y se adaptan a los tiempos actuales pero comentas también que esos mitos también han sufrido variaciones, dependiendo de los autores.

E.R.- Claro. Esto es algo genial. La mitología es una religión para los clásicos pero, así como otras religiones matan, porque es una verdad revelada en una obra sagrada de una sola versión, la mitología clásica la van escribiendo los creadores, los poetas, los novelistas, los historiadores, los dramaturgos, hasta los filósofos y van dando versiones distintas. Esto es maravilloso porque no se mata en nombre de la mitología. 

M.G.- ¿Y cuántos mitos incluye el libro?

E.R.- Pues, si te digo la verdad, no los he contado. El libro iba a tener ciento veinte páginas y tiene trescientas y pico. Y porque Pilar Cortés, editora y amiga, me dijo que no podía meter más mitos. Yo tengo mitos para otro libro más. ¿Y cuántos hay? Pues no sé,... [los cuenta a través del índice y deduce que son 70]. Habrá más porque en algún capítulo cuento varios.

M.G.- Hay un capítulo que habla de las edades del ser humano. En ese capítulo hablas de que el hombre va de mejor a peor.

E.R.- Ese capítulo es maravilloso. Pero no creo que lo mejor esté en el pasado, sino que lo mejor está por venir. Lo que pasa es que, si cuento ese mito es porque explica cómo nos hemos ido degenerando, desde esa edad inicial de oro, en la que convivían los dioses y los humanos, a esta edad que nos toca vivir. Pero no quiero creerme ese mito. Quiero pensar que lo mejor está por venir.

M.G.- Esperemos que sí. Hablas de dioses, de criaturas fantásticas, de héroes,.. Y hay un capítulo que titulas Leyendas de pasión.

E.R.- Es un homenaje a la película. En muchos de mis libros, título los capítulos con nombres de canciones o de películas. Es una forma de hacer ver la actualidad del mito. En ese capítulo cuento culebrones amorosos impresionantes. El de Narciso y Eco, el de Pigmalión y Galatea o el de Orfeo y Eurídice. Fíjate en Orfeo. Cuando decimos que la música amansa a las fieras, viene de ese mito. O cuando decimos que alguien está encantado también viene de ahí, porque Orfeo, con su música y su canto, hechizaba a los que lo escucharan. Cuando muere su mujer Eurídice, él baja al Hades, al mundo de los muertos. Arriesga su vida porque, igual no vuelve. Pero está tan enamorado que va a por ella y con su canto logra que el can Cerbero lo deje pasar. Orfeo logra que Eurídice vuelva pero, como no cumple con ciertas condiciones, Eurídice muere para siempre. Qué historias de amor más bonitas.

M.G.- Muchos de estos nombres que leemos en el libro sí son muy conocidos o, por lo menos, nos suena. Orfeo, Afrodita, las parcas, el ave fénix, Pandora. ¿Cuál de todos ellos, de los que se incluyen en el libro, es el menos conocido para el público en general?

E.M.- Bueno, está claro que el más actual es Narciso porque vivimos en una época de narcisismo. No es para bien pero es así. Los mitos, como digo, hablan de la condición humana. Es un personaje incapaz de sentir amor por los demás, solo por sí mismo. Creo que vivimos en una época de narcisismo tremenda. Pero me parece maravilloso cualquiera de ellos, el de Orfeo y Eurídice me parece un mito fantástico. Que por amor, uno esté dispuesto a arriesgar su vida para recuperar a su pareja. Me encanta Atenea, que es la diosa de la sabiduría, de la inteligencia, de la civilización, de la estrategia en la guerra. Porque el Dios de la guerra, de la violencia, es Marte. Pero la de la estrategia, la de la táctica, la de pensar bien, esa es Atenea.

M.G.- Y es una mujer.

E.R.- Y es una mujer. Eso es. La inteligencia es una mujer. Maravilloso. Y luego, poco conocido, por ejemplo, el de Alcestis. Me empeñé en meterlo. O el de Meleagro, que es fantástico, porque eso es Oscar Wilde. Claro, su vida depende de un leño que tiene su madre. Sí, ese es el retrato de Dorian Grey. Es fantástico ese.

M.R.- Ese no lo conocía. 

E.R.- Siempre digo que cuántas Alcestis anónimas hay. Admeto le concede a Apolo poder retrasar la hora de su muerte, a cambio de que alguien muera por él. Y se lo pide a sus padres, que son ya mayores, y le dicen que no, que no van a morir por él porque todos quieren vivir. Ahí hay otro mensaje también porque parece que a los mayores hay que abandonarlos. Pues no, a cada uno le importa su vida. Y la vida es un regalo. Este es otro mensaje de la mitología, que nos vamos a morir todos, que no queda nadie, que nadie escapa a la muerte. Por ejemplo, Sísifo, que pretende escapar de la muerte dos veces. Pero a la tercera, Zeus le dice que ya no sale. Y toda la eternidad queda condenado a subir una roca a lo alto de una montaña que después volverá a caer. Bueno, lo que te decía, que Admeto no encuentra a nadie que quiera morir por él, excepto Alcestis, su mujer. Ella muere por él y eso me parece brutal. Y Hércules, cuando se entera, baja por Alcestis y la trae al mundo de los vivos. Y ella se vuelve a ir con Admeto, que es un jeta, un sinvergüenza. Definitivamente, el amor es ciego porque Alcestis se va con Admeto, y por eso digo que cuántas Alcestis anónimas hay en el mundo. Gente anónima que da su vida por los demás, que arriesgan su vida por generosidad, por altruismo, y no nos damos cuenta. Este mito es un mitazo.

M.G.- Y has hablado de Sísifo, que recibió un castigo de los dioses pero hay más castigados.

E.R.- Más, el de Tántalo, el de Prometeo,...

M.G.- ¿Cómo castigaban? 

E.R.- A Prometeo, como castigo por robar el fuego de los dioses y dárselo a los hombres, que es todo un símbolo de la civilización, del conocimiento, y de la tecnología, Zeus lo castiga haciendo que una águila le devore el hígado eternamente. El hígado se le regenera por la noche. Es el único órgano que se puede regenerar. Al final, Hércules lo liberará.

M.G.- En algunas ocasiones, utilizas la denominación en griego y otras, la denominación latina.

E.R.- En general, en griego. Hércules que es más conocido que Heracles. Eneas es el mito romano por excelencia.  Cupido, mito que cuenta el autor romano Apuleyo. Fíjate, Cupido es el dios del amor, hijo de Venus o Afrodita, diosa de la sensualidad, y de Martes, dios de la guerra. Cupido es un niño que no tiene criterio. Si te dispara una flecha, te ha jodido porque estar enamorado no quiere decir ser feliz. Si te corresponden, sí pero si no,... 

M.G.- Él haría más el amor que la guerra. Salió más a su madre que a su padre.

E.R.- Sí, le hacía más caso a la madre que al padre.

M.G.- Emilio, las ilustraciones son de Jvlivs. ¿Qué tal la colaboración?

E.R.- Jvlivs es un absoluto genio. Las ilustraciones son maravillosas y nos lo hemos pasado genial haciendo el libro entre los dos. 

M.G.- Son muy bonitas y están llenas de detalles.

E.R.- Sí, sí. Ha captado los mitos de qué manera, sí. 

M.G.- Bueno Emilio, no tengo más preguntas. Entiendo que vas a seguir explorando el mundo clásico.

E.R.- Sí, claro. Estoy ya trabajando en el próximo libro, con muchas ganas y con mucha pasión. Estará también escrito en esa clave de rigor y humor. 

M.G.- Pues entonces, nos vemos en el próximo.

E.R.- Sí, porque yo escribo libros para venir a Sevilla.

M.G.- Nada, aquí estamos con las puertas abiertas, esperándote. Lo dejamos aquí. Gracias.

E.R.- Muchas gracias.

Sinopsis: ¿Quieres disfrutar con el fascinante mundo de los mitos clásicos y emocionarte con relatos maravillosos sobre dioses, héroes y seres humanos extraordinarios que realizaron hazañas increíbles?
¿Te animas a embarcarte en viajes alucinantes y descubrir lugares fantásticos?
¿Quieres descubrir cómo un héroe valiente derrotó a un horrible gigante de un solo ojo en mitad de la frente?
¿Estás dispuesto a volar montado en un caballo alado?
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Abre sus páginas y entrarás en el mundo de la mitología clásica, un mundo lleno de aventuras asombrosas y personajes mágicos. Un mundo repleto de enigmas y seres maravillosos.

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