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jueves, 14 de diciembre de 2023

PERE ESTUPINYÀ: ❝Lo normal es ser monógamos, infieles y celosos❞

Pere Estupinyà estudió química y bioquímica. Cuando se planteó hacer el doctorado en genética se apartó ligeramente de su rumbo y optó por convertirse en divulgador científico. La ciencia es su mundo. Es un depredador voraz de información científica que, tras fagocitarla y digerirla, la transforma en libros accesibles para el público lector, en los que aborda temas de interés y que nos rodea. Es lo que ha hecho con su última publicación, La ciencia del sexo, una adaptación de aquel otro volumen titulado S=EX2 que publicó hace diez años.

Estupinyà pasó por Sevilla hace unas semanas y pude conversar con él sobre ese tema tan universal, desconocido, lleno de prejuicios y sombras como es el sexo. Os dejo con nuestra charla.

Marisa G.- Pere, bienvenido a Sevilla, encantada de volverte a ver otra vez. Estos días he estado con tu libro, leyéndome partes, fragmentos, porque, como tú dices en la introducción, el lector puede abordar la lectura de este libro de la manera que le apetezca, leyendo aquí y allá, aquello que más le interese.

Pere E.- Claro. No es una historia, que tiene que empezar por un principio y terminar por un final. Hay contenidos, hay aspectos de la sexualidad que no tienen un orden necesario.

M.G.- Así lo he leído yo. Hay cuestiones que me interesan mucho, de las que te voy a preguntar pero antes, quería saber algo. Tú escribes sobre ciencia. Ese es tu mundo y sobre el que escribes libros divulgativos. La ciencia, para algunos estudiantes como yo, siempre fue una materia que se nos atragantaba un poco. ¿Tú cómo abordas la materia en tus libros para llegar al público de a pie?

P.E.- Le quito protagonismo a la ciencia. Es decir, la ciencia en los libros o en la divulgación es la fuente de información, pero el protagonista verdadero es la propia información. Yo cuento cosas interesantes. Lo que pasa es que yo solo cuento cosas que vienen de la ciencia porque las otras no sé si son verdad o no. ¿Me entiendes? Si me encuentro con un sexólogo que me dice que las mujeres son así o son de este otro modo, basándose en su experiencia, pues bueno, es su experiencia propia. No es algo riguroso. A lo mejor, otro sexólogo opina otra cosa distinta porque también se basa en su experiencia. Pero la ciencia intenta ser objetiva. Creo que es la fuente de conocimiento más rica y más precisa que tenemos. 

Yo no es que hable de ciencia. Hablo de sexo, de sexualidad, de comportamiento humano, de cómo funciona nuestro cuerpo. Eso es lo que a la gente le interesa. Si hablara de ciencia como protagonista, entonces explicaría la metodología, o cómo se trabaja en los laboratorios,... Bueno, también hablo de eso porque no me puedo resistir. 

M.G.- Tú ya abordaste esta materia de la ciencia y el sexo en otro libro previo. ¿Este libro es como una adaptación, una actualización, a raíz de la aparición de nuevos conceptos, de esta especia de revolución sexual que vivimos?

P.E.- Sí, aunque tiene dos cosas diferentes respecto al primer libro. La base es la misma. Así que, si un lector se ha leído el primero, no hace falta que se lea este. Lo digo de manera honesta. 

Este libro es un poco más corto. El primero, con cuatrocientas ochenta páginas, asustaba a ciertos lectores. Así que, lo hemos hecho más corto, quitando algunos capítulos que quizá no eran tan relevantes. Y luego, también cuenta con algunas actualizaciones en algunos ámbitos, aunque no son muchos. Porque la ciencia de la sexualidad tampoco ha cambiado tantísimo en diez años. Lo que sí ha cambiado son cosas en la cultura. O sea, el tema de género está mucho más presente y la gente cada vez es más abierta. Tuvimos una pandemia con gente confinada que también cambió algunas cosas de nuestra sexualidad. Durante la pandemia, no después. También se conocen más cosas sobre enfermedades,... Así que hay algunas novedades que he ido incorporando, pero no es que haya una diferencia enorme.

M.G.- Vuelves la mirada al sexo. El sexo está muy presente en el mundo en el que vivimos, pero también es un gran desconocido, ¿no? Sabemos lo básico y encima estamos llenos de prejuicios.

E.P.- Claro. Yo me pregunto: ¿cómo sabemos de sexo?, ¿Cómo adquirimos información sobre sexualidad? A través de la experiencia, ¿no? O sea, eres jovencito y tienes relaciones con uno, o con otra, o lo que sea, y vas aprendiendo sobre la marcha lo que te cuentan los otros, los amigos y tal, que suele ser sesgado.

M.G.- O mentira directamente.

E.P.- mentira directamente. O ves pornografía, aunque eso suele ser una ficción. Así que, la mayoría de las personas no tenemos información rigurosa. Ya no digo científica, sino información de sexólogos. Entiendo que es algo muy íntimo. En un grupo de amigos, tú hablas de viajes, de comidas, pero ¿de sexo? No te preguntan si has probado el BDSM. Hay toda esta intimidad, estos miedos, esta vergüenza que, junto con la poca información, lo convierte en algo que nos incomoda. Creo que darle esta mirada más científica, muy natural, sin juicios de valor, ayuda a naturalizarlo.

M.G.- Pero todos estos prejuicios proceden de esa cultura, esa educación, que venimos arrastrando. Hay cosas sobre el sexo que son tabú, por eso a la gente le da mucho pudor. Es hora de romper barreras.

E.P.- Que cada uno haga lo que le dé la gana. Esto lo primero. Yo no tengo que decirle a nadie qué tiene que hacer. No hay obligación de romper barreras, aunque sí lo sugiero. Y lo sugiero porque el sexo es algo divertido, algo que une a las personas, algo positivo para nuestro bienestar, para la autoestima e incluso, para nuestra salud. Así que, sí abogo por una visión positiva de la sexualidad, sin estas inhibiciones del pasado, sin estos prejuicios, y estos condicionantes. Y es verdad que tenemos una herencia, lo que dices tú, una herencia en la que la palabra pecado aparece. Y se ve que muchas mujeres no llegan al orgasmo porque sentir mucho placer les parece... Si se dejan llevar, se sienten casi poseídas por el diablo. Ellas mismas se frenan y no llegan al orgasmo. Eso es una pena. Así que sugiero romper un poco con esta visión tan conservadora de la sexualidad. Pero que cada uno haga lo que quiera.

M.G.- Exactamente. En el binomio ciencia y sexo,  hablas de un concepto interesante, la biopsicosociología. ¿Esto qué es?

E.P.- En sexualidad, es la aproximación a la comprensión del comportamiento sexual y de las disfunciones sexuales. Es decir, cuando dices que una mujer no ha llegado al orgasmo, que un hombre tiene problemas de erección, o que tiene la autoestima baja o lo que sea, puede ser por factores biológicos, psicológicos y socioculturales. No se puede analizar el problema desde una sola perspectiva porque, puede ser que tenga los estrógenos muy bajos o la proactividad muy alta; o que tenga un problema en el sistema nervioso; o que la musculatura pélvica esté fatal. Y eso le impida el placer. Eso sería la parte biológica. Pero puede ocurrir también que haya tenido una experiencia en el pasado que, casi de manera inconsciente, la está condicionando. Y no me refiero solo a abusos sino a experiencias negativas, invasivas, desagradables, de las que no ha hecho una limpieza psicológica. Y eso influye. Y luego está el área socio-cultural. Si una persona es muy religiosa o muy sexista, o lo que sea, pues también es algo que influye. Así que, cuando analizas cualquier comportamiento, por qué te gusta una persona y no otra, hay una parte biológica, una parte psicológica y una parte socio-cultural. Y todo eso es la parte biopsicosocial del sexo, la que nos permite conocer mejor nuestra sexualidad.

M.G.- Este libro contiene estadísticas, datos científicos, pero también hay casos reales, porque tú has hablado con muchas personas que te han contado experiencias, que sirven para ejemplificar o para demostrar la teoría. De tal manera que el lector puede verse reflejado en lo que leemos o no, porque cada uno es un mundo. Es decir, hay una variedad de actitudes, de situaciones brutales.

P.E.- Sí, pero hay momentos en que los lectores se sienten reflejados. Esto no lo suelo contar pero había un estudio que analizaba el impacto de la lectura de ficción o de no ficción en las personas, sobre sexualidad. Por ejemplo, Las sombras de Grey excitaba a algunas mujeres y a otras, al saber que era ficción, no les impactaba tanto la trama. Pero con estos ejemplos, al saber que son reales, que existen de verdad, y que lo cuentan estas personas es real, se genera una conexión más directa con el lector, con esa historia. Eso hace que se identifique con ella

M.G.- Y aprenda porque claro, muchas veces, no sabemos lo que nos ocurre. Leer sobre una situación o sobre el caso similar de alguna otra persona, consigue que nos comprendamos mejor.

P.E.- Sí, sí. Así es.


[Si prefieres oír nuestra conversación, dale al play]


M.G.- Hay diferentes cuestiones que abordas en el libro. Te voy a mencionar algunos epígrafes que llaman mi atención. Por ejemplo, la monogamia es natural, la fidelidad no.

P.E.- Claro. Cuando digo natural, me refiero a que en la naturaleza existe. Los primates, algunos pájaros,... cuando tiene crías y estas son débiles, necesitan a ambos progenitores. En estas especies se desarrolla la monogamia social. Es decir, forman parejas estables. Un pájaro tiene que ir a buscar comida mientras el otro vigila el nido, porque si no, viene un pájaro mayor y se come a la cría.

En nuestra especie, la monogamia es social. O sea, se necesita al padre para que la cría sobreviva, y eso desarrolla una especie de afecto. Pero no hay fidelidad en ninguna especie animal. Se forman parejas estables pero todos, tanto los machos como las hembras, son infieles. Eso es lo normal. Lo normal es ser monógamos, infieles y celosos. Esto es lo más natural. Es decir, querer formar un núcleo familiar, contribuir al cuidado de las crías, intentar tener más crías por ahí pero intentar también que tu pareja no lo haga, porque si lo hace, no cuidará bien a las tuyas. O sea, somos lo peor. Pero tanto nosotros, los chicos, como las chicas.

M.G.- En el libro hablas del confinamiento, algo que nos ha afectó a todos los niveles. ¿De qué manera repercutió esos meses que estuvimos encerrados en la vida sexual de las parejas o de los solteros?

P.E.- A los solteros les afectó más porque, de repente, no tenían personas con las que relacionarse sexualmente. Eso incrementó bastante, y sobre todo al principio del confinamiento, el consumo de pornografía y el cibersexo. Después se observó que los niveles volvieron a un nivel pre-pandémico. Es decir, que terminaron por cansarse.

En cuanto a las parejas, hubo algunos fenómenos interesantes. Si miras estadísticas, se advierte que la gente tiene más relaciones sexuales en fin de semana que durante la semana. Pero durante el confinamiento, los datos se volvieron más planos. Había más tiempo. Las parejas que estaban bien avenidas o que eran más jóvenes, sí tuvieron más relaciones sexuales. Pero las que tenían pocas, siguieron teniendo pocas relaciones. No hubo tantísimo cambio. Y lo interesante es que después del confinamiento, se volvió a la vida tal y como era antes del confinamiento. Es decir, que, y esto se ha visto en más cosas, que cuando estábamos confinados nos decían que todo iba a cambiar, que era un antes y un después, que la pandemia y el confinamiento iba a transformar el trabajo, las relaciones, la educación, y no ha cambiado nada.

M.G.- No, no. Al final, tanto como iba a cambiar las cosas y volvimos a los mismos patrones que teníamos antes.

P.E.- Una cosa interesante del confinamiento fue que los clubs de intercambios de pareja estaban abiertos.

M.G.- ¿Sí?

P.E.-  Sí. Pero te hablo de cuando no había confinamiento estricto, sino cuando se inició la apertura gradual. Los bares no podían abrir pero estos clubs sí pudieron porque tenían una licencia diferente. Allí se juntaba la gente. Tenían que ir con mascarilla pero imagínate después. 

M.G.- Curioso, no lo sabía.

Y hay otro capítulo que también me parece muy interesante en el que hablas del sexo en los bares. Pones un ejemplo en el que un chico con hambre siente más atracción por una mujer más rellenita que por una delgada.

P.E.- Nuestro estado interno condiciona qué nos gusta en cada momento. Es decir,  estando hambrientos, sentimos más atracción por chicas rellenitas que estando saciados. Igual que estando tristes, nos gusta un tipo de chica o de chico, y estando contentos, otro. Tu atracción va cambiando en función de cómo estés y esto tiene mucha lógica.

En ese estudio, pusieron a varias mujeres, de más delgadas a más rellenitas. Los voluntarios que habían comido mucho eligieron a las mujeres más delgadas. En cambio, los que estaban hambrientos, se decantaron por las más rellenitas. Pero esto pasa con muchas cosas. Nos gustan los otros en función de cómo nos veamos a nosotros mismos. 

Y hay otro estudio que muestra que, en una fiesta, si vas a ligar y ves que todos los de tu género son más jóvenes o más guapos que tú, te vas a fijar en la chica menos atractiva. Tú mismo te nivelas, te auto-justificas, diciendo que las muy atractivas, seguro que no te van a gustar. En cambio, si llegas y resulta que tú eres de los más guapetones o guapetonas, entonces irás a por el más guapo. Hay muchos estudios así. 

M.G.- Una de las cuestiones que abordas en el libro es la falta de deseo en las parejas. Siempre se ha dicho que la rutina, la monotonía, las preocupaciones destruyen la pasión, las relaciones,... ¿Puede una pareja ser feliz sin sexo?

P.E.- Sí, sí. Si desaparece el deseo sexual en los dos, pueden tener una vida feliz sin sexo. Aunque con sexo, serían más felices. Estarían más unidos porque el sexo, al final, une a las personas. El problema aparece cuando uno de los dos tiene más deseo que el otro porque es lo que tú dices, la rutina es la tumba del deseo y de la libido. Si a ti te da igual, no pasa nada. Pero si tú tienes una edad donde todavía te sientes con energía para hacer cosas, pero tu deseo ha desaparecido y te gustaría recuperarlo, entonces sí hay un problema. Hay que buscar estrategias para recuperar ese deseo. Para ello, habría que romper con la rutina o poner en práctica juegos determinados. Ahora bien, si los dos estáis en el mismo punto y os da igual, pues no hay problemas.

M.G.- También están los asexuales, las personas que sienten cero atracción sexual, aunque eso no quiere decir que no tengan relaciones o que no se masturben. Simplemente es que no se sienten atraídas sexualmente por nadie. Pero pregunto, ¿una persona puede sentir atracción sexual y con el tiempo volverse asexual?

P.E.- Puedes tener una fase asexual, sí. Los que se definen como asexuales, a nivel de orientación, sienten pérdida de atracción. Ellos no ven a nadie con quien les gustaría tener relación. 

Igual que alguien heterosexual ve personas de su otro género y sienten atracción, o un homosexual, o un bisexual, los asexuales no ven a nadie de ningún género con el que desearan tener relaciones. Les puede aparecer una especie de deseo espontáneo, como una inquietud, y masturbarse algunas veces, pero no tienen fantasías con otros. Lo hacen por su autoplacer. Es una orientación sexual. Ellos quieren definirse así.

M.G.- Has mencionado la palabra juegos. Y ahora que estamos en estos tiempos en los que están surgiendo muchísimos juguetes sexuales, tanto para hombres como para mujeres, en tu libro leo algo que me llamó la atención. Cuentas que los juguetes sexuales nacieron como herramienta médica para curar la histeria.

P.E.- Sí. Mira hay gente que dice que eso es un mito pero la historia cuenta que, a principios del siglo XX, se asumía que las mujeres no se masturbaban. Esto de la masturbación era cosa de hombres. Y había mujeres que tenían como ataques de histeria. Si no tenían pareja, los médicos decían que era por falta de sexo. Si a u hombre joven y asno, de repente, le dejas un mes sin sexo, estará como histérico. Los médicos hacían esa analogía. Entonces, parte de la terapia para curar la histeria de las mujeres era masturbarlas y para no hacerlo el médico con sus manos, se crearon instrumentos para que las mujeres tuvieran placer y orgasmos y así curarlas de la histeria. Esta historia se ha contado muchas veces y yo la reflejo en el libro. Pero también hay otras personas que dicen que no se saben hasta qué punto esta historia es fiel a la realidad. Es algo en lo que me gustaría profundizar más.

M.G.- ¿Y en qué medida el yoga puede ayudar a mejorar nuestra actividad sexual?

P.E.- Ayuda de varias formas. El yoga tiene una capacidad de focalización muy importante. Si haces yoga, puedes aprender a focalizar la atención en cualquier cosa. También en el placer. Los ejercicios de yoga pueden fortalecer el suelo pélvico. El yoga ayuda a relajarte y eso favorece a disfrutar del sexo.

M.G.- Estamos en el siglo XXI y la tecnología avanza cada vez más. La inteligencia artificial la tenemos hasta en la sopa. Hablas en el libro de este tema y, en algún momento, dejas caer que podrá llegar el día en que podamos tener sexo con un robot.

P.E.-  Sí, a ver, si es un robot muy, muy, muy realista y la interacción con él o ella es también muy realista, igual nos podríamos dejar llevar. Ahora con las muñecas o muñecos hinchables no tienes ninguna interacción. O sea, no te vas a follar un trozo de plástico. Luego se hicieron muñecas hiperrealistas, con un tacto que parecía de verdad pero no se mueve ni hace nada. Si esto cambia habrá un porcentaje de personas que igual lo prueban., que dices Hombre, el tacto parece de verdad, pero no se mueve ni a la ola ni nada. Pero si esto cambia, no todo el mundo, pero igual hay gente que lo prueba.

M.G.- Y hablando de probar, leyendo tu libro y conociendo tus experiencias, tú te has prestado a un montón de experimentos.

P.E.- Sí, científicos y no científicos. 

M.G.- Un poco por vivir en carne propia, lo que después puedes contar en el libro.

P.E.- Sí, sí, sí, claro. Pero eso lo hacía en todos los libros. En el mundo de la ciencia, siempre que hay la posibilidad de participar en un experimento, yo participo. También porque te acuerdas más, porque entiendes mejor el funcionamiento de la ciencia, ese experimento en sí. Y en sexualidad, no fue una excepción. Me masturbé bajo un escáner de resonancia magnética funcional y me hicieron un examen cerebral. Sí, participé en varios estudios. Y luego, también, empecé a visitar clubes de sadomasoquismo, de intercambio de parejas, de sesiones tántricas, con fetichistas y con grupos de personas que se llama sex positive,... Me mezclé con gente de muchas diversidades y conocí de primera mano todos esos submundos de la sexualidad, para documentarme mejor para el libro. Todo eso, indirectamente, también afectó a mi propia sexualidad. Me hicieron ver que había cosas interesantes en todos ellos y algunas cosas que yo pensaba que eran un poco bizarras, pues resulta, aunque son poco habituales, tienen su lógica y su gozo. Están muy bien.

M.G.- Bueno, también te ha hecho cambiar un poco la perspectiva desde que eres padre, ¿no? Con aquel primer libro, tenías una visión y ahora, tienes otra porque tu situación personal ha cambiado. 

P.E.- La visión es la misma pero ahora no puedo meterme en clubes de intercambio de manera tan frecuente como antes. No puedes experimentar tanto por varios motivos y uno, sin duda, es que los niños requieren mucho tiempo y mucha energía. Cuando publiqué el primer libro no hablé de mí. Yo quería hablar del libro, no de mí. Pero en esa época hice de todo. Cuando me lo preguntaban era reacio a hablar. Ahora no tanto porque ya ha pasado mucho tiempo. Hice de todo con un montón gente y que me quiten lo bailado.

M.G.-Pues como última pregunta, cuéntame algo de ese proyecto teatral que llevas adelante. 

P.E.- Soy muy amigo de Patri Psicóloga, desde hace tiempo. Un día me invitó a ver una obra teatral que tenían sobre la ansiedad y le propuse hacer algo parecido pero con sexo. Le pareció una buena idea y escribimos una obra de teatro sobre una pareja que pierde el deseo. Hay varias escenas muy humorísticas en las que se va recuperando ese deseo. Ellos empiezan a adquirir conocimientos y comienzan a atreverse a probar cosas nuevas. La obra tiene mucho humor, algo de ciencia, y picardía. Está funcionando muy bien. La gente no solo se lo está pasando bien sino que, después de ver la obra, tienen conversaciones.

M.G.- Interesante. Bueno, Pere, pues te dejo ya. Muchas gracias por atenderme, por venir a Sevilla. Un placer.

P.E.- Muchas gracias.

Sinopsis: El libro más riguroso, ameno y completo jamás escrito sobre la sexualidad humana. Por amor a la ciencia, Pere Estupinyà se sumerge en una novedosa investigación: participa en un estudio sobre disfunción eréctil y el orgasmo masculino; habla con asexuales, fetichistas, mujeres multiorgásmicas, intersexuales y estrellas porno; acude a un club de swingers de Nueva York y eventos sadomasoquistas, y revisa la ciencia LGTBI.

Acompañado de una exhaustiva bibliografía sobre la atracción, el sexo online, nuestra naturaleza polígama versus la monógama, el placer y el dolor, y mucho más. La ciencia del sexo reúne infinidad de anécdotas históricas, consejos prácticos, reflexiones profundas y respuestas sobre el disfrute de la actividad que más nos interesa, pero que paradójicamente la ciencia tiene más reparos en explorar. Esta lectura es un placer que no termina con el orgasmo.



jueves, 13 de julio de 2017

ENTREVISTA a JUAN SOTO IVARS (Arden las redes).

Resultado de imagen de Juan Soto IvarsAutor


Juan Soto Ivars es columnista en El Confidencial, además de autor de varias novelas, entre ellas Ajedrez para un detective novato (Premio Ateneo Joven de Sevilla 2013) y Siberia (Premio Tormenta al mejor autor revelación 2012), así como del ensayo Un abuelo rojo y otro abuelo facha (2016). Ha publicado reportajes y artículos en numerosos medios, entre ellos El Mundo, El País o Vice.

megustaleer - Arden las redes - Juan Soto IvarsSinopsis


Las redes sociales nos han llevado a un nuevo mundo en el que vivimos cercados por las opiniones ajenas. Lo que parecía la conquista total de la libertad de expresión ha hecho que una parte de la ciudadanía se revuelva, incómoda. Grupos de presión organizados en las redes -católicos, feministas, activistas de izquierdas y derechas- han empezado a perseguir lo que consideran «excesos» intolerables mediante el linchamiento digital, las peticiones de boicot y las recogidas de firmas. La justicia se ha democratizado y la silenciosa mayoría ha encontrado una voz despiadada que hace de la deshonra una nueva forma de control social, donde la libertad de expresión no necesita leyes, funcionarios ni estado represor.

A través de casos reales de linchamiento como los de Justine Sacco, Guillermo Zapata o Jorge Cremades, este libro, a la vez honesto y perturbador , disecciona el clima censor de nuestro tiempo, mostrándonos la realidad en la que vivimos enfrascados y el terrorífico papel que desempeñamos todos.


[Biografía y sinopsis tomadas directamente del ejemplar]


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Quizá ya iba haciendo falta un libro como este,  un libro que ejerciera de espejo al que asomarnos para ver nuestro propio reflejo, que nos hiciera cuestionar el mundo en el que vivimos, nuestra actitud o nuestro comportamiento. 

Juan Soto Ivars ha dedicado unos cuantos años a investigar y mirar con ojo crítico lo que ocurre en esa otra esfera en la que nos movemos, en esos rincones etéreos donde, por lamentable que parezca, invertidos un importante pellizco de nuestro tiempo. Con la frescura que le caracteriza, el autor regresa ahora con un ensayo, Arden las redes. La poscensura y el nuevo mundo virtual. Sobre este peculiar libro estuvimos hablando hace unas semanas. Esto es lo que nos contó.



Marisa G.- Juan yo te conocí en 2013, cuando ganaste el Premio Ateneo Joven de Novela de Sevilla con Ajedrez para un detective novato, ¿ha cambiado mucho tu vida desde entonces?

Juan S.- Ha cambiado muchísimo. Con el Ateneo me hicieron muchas entrevistas y eso supuso mucha proyección pública. A partir de entonces comencé de columnista en El Confidencial, lo que hizo que las cosas cambiaran mucho y empezara a conocer el otro lado de la polémica. Antes las cosas las veía desde fuera y ahora estoy en el ojo del huracán. Bueno, ¡y me he casado! Así que ha habido muchos cambios.

M.G.- Ah, pues sí que es un cambio. Bueno, pues después de aquel Ajedrez para un detective novato, vinieron más libros y ahora llegas con este Arden las redes. La poscensura y el nuevo mundo virtual. ¿Qué este libro Juan? ¿Es un ensayo? ¿Y por qué lo escribes?


J.S.- Sí, es un ensayo. Empecé a escribir de política en un momento en el que era muy divertido hacerlo. Además me fui a vivir a Barcelona y me centré en los hechos de allí. Luego surgió el 15M, nacieron los nuevos partidos y la cosa se puso mucho más apasionada. Fue entonces cuando empiezo a observar que, lo que al principio es como un entusiasmo, está empezando a convertirse en una expresión del rencor. Se estaban enconando las cosas. Sin ser del todo consciente empezaba ya a investigar. ¿Qué es lo que estaba pasando? ¿Por qué nos hemos vuelto tan bordes? ¿Por qué antes arreglábamos las cosas con cañas? Ahora parece que ya no encontramos los puntos de encuentro. Pues bien, desde ahí hasta terminar el ensayo, hay un progresión lógica. Los españoles nos hemos vuelto muy censores cuando antes éramos súper despreocupados. Si antes alguien hacía algún chiste muy burro, lo máximo que le decíamos era «Anda, vete por ahí, gilipollas», y ahí se acababa la cosa. Pero ahora estamos empezando a comportarnos como los norteamericanos de los que antes nos reíamos por los escándalos que montaban.


Este libro es el resultado de una investigación.

Resultado de imagen de linchamiento virtualM.G.- Una investigación que te ha mantenido ocupado durante mucho tiempo porque aquí analizas muchos casos de linchamiento virtual a través de las redes y has hecho un rastreo de todos estos casos que se han ido produciendo.

J.S.- La investigación ha sido larga, sí, pero solo es cuestión de ponerse a observar. En un momento dado tu cabeza hace click y empiezas a ver cosas que antes no veías o no relacionabas. Lo que pasa es que tienes que procurar que la observación no se convierta en obsesión y que no acabes viendo cosas donde no las hay. He hecho muchas lecturas, incluidas libros que trataban sobre la censura franquista, para ver en qué se parece la de antes a la de ahora o en qué se diferencia. He estado liado como tres o cuatro años, más o menos, aunque la escritura ha sido muy rápida porque todo cuadraba, todas las piezas encajaban, y bastaba con hacerlo ameno para que no fuera un libro académico sino contarlo lo mejor posible para que se entienda que estoy criticando muchas veces actitudes de la izquierda sin ser yo del otro lado, y que se entienda también que cuando critico las actitudes de la derecha tampoco estoy cebándome. Estoy intentando hablar del clima democrático en España, o en occidente, porque es algo que está ocurriendo en todas partes, y no criticar por criticar. Ser equidistante.

M.G.- ¿Objetivo?

J.S.- Objetivo no porque no se puede. La objetividad es de las máquinas y eso también depende porque las máquinas las programan los humanos. Lo que sí he intentado es ser neutral, sin renunciar a dejar claro cuál es mi postura.

M.G.- En las primeras páginas del libro figura la frase de «Si la mayoría de la gente deja de estar interesada en la libertad de expresión dejará de haber libertad de expresión aunque las leyes lo permitan». La libertad de expresión es uno de los puntos claves de tu libro pero a mí me ha resultado llamativa esa frase porque ¿realmente crees que la gente no está interesada en la libertad de expresión?

J.S.- Los linchamientos son una demostración palpable y práctica de que cada vez más grupos de personas entienden la libertad de expresión solo para sí mismos, solo para los que piensan como ellos. Es decir, quien hoy defiende tu libertad de expresión porque está de acuerdo contigo, ese mismo mañana va a ir a por ti porque no está de acuerdo con lo que has dicho. Pero la libertad de expresión es universal. 

Estos días me han preguntado muchas veces, si tú estás en desacuerdo con Sostres, ¿lo defenderías de un linchamiento? Pues no, no lo defendería de un linchamiento pero sí defendería su libertad de expresión. Es distinto. Esto es lo que quiero que se entienda. Yo defiendo la libertad de expresión como algo universal y voy a defender la libertad de expresión de personas que incluso detesto y que me ofenden pero pienso que esta es la única manera de respetar la libertad de expresión.

En el libro cito a un abogado norteamericano, Martin Garbus, que es mi ídolo en esta cuestión de la libertad de expresión. El tipo defendió la libertad de expresión de un grupo de neonazis que querían manifestarse en su ciudad y él alegó que este grupo tenía el derecho a manifestarse como todos los demás. ¿Qué es lo mejor de todo? Pues que Garbus es judío y su familia huyó de los pogromos. Le preguntaron si no le resultaba contradictorio y respondió que no, que la libertad de expresión es la misma. Él aseguraba aborrecer a esa gente pero su libertad de expresión era la misma que la suya y por eso la defendía.

M.G.- Jolín pero eso es muy complicado. Eso requiere unos niveles de tolerancia bestiales.

J.S.- Es que no es tolerancia porque él no tolera lo que ellos expresan ni ellos lo toleran a él. Él los detesta pero entiende que la libertad de expresión no eso. A mí me parece que más que tolerante él es valiente porque con ese acto de defender la libertad de expresión precisamente de quien odias y de quien te odia a ti, lo que estás demostrando es una coherencia absoluta. La libertad de expresión está por encima de las ideas. Yo entiendo que esto es muy radical y que hay gente que piensa que hay que poner límites por ejemplo a los xenófobos. Yo no lo veo así. Creo que vivimos en una sociedad adulta y si un xenófobo se expresa, la mayoría de nosotros pensamos que su opinión es deplorable pero en una sociedad adulta todos tienen que tener su lugar para expresarse. 

En cualquier caso, para los insultos y para las calumnias sí estoy de acuerdo con que haya denuncias pero para manifestar una opinión no tiene por qué haber un filtro.

M.G.- En el libro acuñas el término «poscensura». ¿A qué te refieres?

J.S.- Pues a que si la censura es la que pone en marcha un régimen, un estado, es algo vertical, baja del poder y el poder te tira el hacha a la cabeza cuando dices algo que no le gusta, la poscensura es la que ponemos en marcha todos con dardos horizontal. Es esta censura distinta que no necesita leyes ni un estado pero que hace callar a muchas personas cuando no se atreven a decir algo por miedo a que los acusen de algo que no es.

M.G.- Que es lo que tú consideras que le ocurre a mucha gente en las redes sociales. Gente que no se atreve a manifestar libremente su opinión porque los van a señalar con el dedo.

J.S.- No solo en las redes sociales. La actitud que tiene ahora la prensa ha expandido esa poscensura a la sociedad entera. Por ejemplo, María Frisa no usa las redes sociales. Ella publica un libro en 2012 y en 2016 las redes sociales deciden que es una especie de criminal por haber publicado ese libro que ha sido malinterpretado. Por lo tanto no todo se circunscribe a las redes sociales. Es algo que afecta a toda la sociedad.

M.G.- Digamos incluso que en una reunión de amigos, una persona no quiere dar su opinión sobre un tema por temor a que lo excluyan del grupo, ¿no?

J.S.- Claro, es que funciona de la misma manera pero a escala social. Aunque también está la prudencia. Y por otro lado también debe de haber una auto-censura que debemos aplicar. Por ejemplo a mí me pueden gustar los chistes blasfemos pero delante de mi tío católico no los cuento. 

M.G.-  Bueno, y tú que eres columnista, los medios de comunicación y la censura siempre han ido de la mano. ¿Cómo sigue la cosa?

J.S.- Está fatal. Yo tengo la suerte de estar en El Confidencial que no tiene línea editorial. En este periódico la mayoría de los columnistas tienen una postura más derechona que yo y jamás me han dicho nada. Es de los pocos  medios en los que se puede hacer esto.

Hubo un momento en el que tuve que elegir entre irme a El País o quedarme en El Confidencial y decidí quedarme en este último aunque me pagaban menos, pero lo elegí precisamente por esto que te digo. Prefiero ser libre para escribir lo que me dé la gana.

En los medios hay una censura brutal y sobre todo existe una censura brutal en las líneas económicas, para hablar de empresas, porque las empresas son anunciantes. En los tiempos de Franco la censura era política. Ahora es económica.

M.G.- Se entiende. No se puede hablar mal de una empresa porque deja de entrar los ingresos por publicidad.

J.S.- Claro. El Ministerio de Fomento es una chorrada. Ahora mismo el Ministerio de Fomento se llama Endesa, Iberdrola,... Son las empresas las que escriben las leyes para el Ministerio de Fomento por eso nos suben la luz de esa manera. En la prensa puedes poner a caldo al Ministerio de Fomento sin problema, aunque sean en periódicos del PP, pero a las empresas no. 


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M.G.- Juan has comentado el caso de María Frisa pero tu libro recoge otros muchos casos, tanto de personas anónimas como conocidas que por publicar un comentario desafortunado o bien por manifestar su opinión libremente son linchadas con consecuencias muy trágicas. ¿Por qué eliges estos casos en concreto?

J.S.- Cada uno de ellos me permite mostrar una cara del fenómeno. El linchado a veces acaba bien y otras acaba mal, a veces hay más consecuencias y otras menos. Lo grave es que cada uno de estos linchamientos achica la libertad de expresión porque te enteras de que a alguien le ha pasado esto por decir cualquier cosa, y tú tienes miedo de que te pase lo mismo.

Lo interesante de cada linchamiento es que cada uno me sirve para contar una cara del problema. El caso de María Frisas, por ejemplo, me sirve para mostrar quién es el juez, quién decide que esta mujer está fomentando el acoso en su libro. He analizado su linchamiento hasta sus orígenes, para ver quién está detrás y resulta que es una chavala de 17 años que ni siquiera ha leído el libro.

En el caso de Jorge Cremades sirve para contar que una vez que te marcan con el estigma, no te vas a poder limpiar el nombre. Todo lo que Cremades haga a partir de ahora es algo machista, lo sea o no, porque ya se le está vigilando con muy malos ojos. De hecho comparo los chistes que cuenta, y por los que le condenan socialmente, con los que aparecen en el Club de la Comedia y es lo mismo pero van a por él. Es un proceso muy arbitrario y cuando te ponen la marca, tu nombre queda manchado.

El de Zapata es un caso también muy interesante porque siempre hay una politización detrás de un linchamiento, siempre se alude a un bien superior que supuestamente se defiende. En este caso se ve muy bien. Estaban acusando a Guillermo Zapata de ser apologista de los nazis cuando todo el mundo sabía que no era así. Que hace años había hecho unos chistes en Twitter sobre unos judíos, vale sí pero todo el mundo sabía que ese chico no era un nazi.

Y hay otros linchamientos mayores que no he metido en el libro porque no cuentan con un elemento que me permita  hablar del mecanismo, que es lo que realmente a mí me interesa.

M.G.- Pero, ¿por qué la gente hace esto? ¿Por qué llegar a estos extremos? ¿La gente se aburre, está frustrada? ¿Qué nos pasa?

J.S.- Mira cuando señalamos a un corrupto en Twitter, y tenemos para dar y repartir en España, no sirve de nada. No le hacemos daño. Rodrigo Rato estaba en un yate mientras todo el mundo estaba poniéndolo a caldo. Sabemos que luego van a juicio y es para nada porque no se hace justicia con la corrupción. En cambio si vamos a por una persona como María Frisa, sí que vamos a conseguir algo, aunque sea injusto. Vamos a por un débil para destruirlo y siempre disfrazamos nuestra destrucción con justicia porque vamos de justicieros. Pero todo esto tiene mucho que ver con la necesidad de poder. Hay mucha gente que tiene esta necesidad, sentir que tiene algo de poder en la sociedad. Ya que votando no cambian las cosas, ya que pillando a un corrupto no cambian las cosas, ya que tenemos esa impotencia ante una sociedad en la que no podemos participar, creo que el linchamiento sí le da a muchos la fantasía de que están cambiando las cosas a mejor. Y por eso es muy difícil convencerlos de que están acusando a alguien de un crimen que no ha cometido.

M.G.- Toda la polémica de María Frisa me hizo recordar lo que salió sobre los libros de Enid Blyton y la serie de Los cinco. Vamos, poco más o menos que aquellos libros estaban escrito por Belcebú. Yo me crié con esos libros y creo que soy una persona bastante normal.

J.S.- Y el que critica también se crió con esos libros. El censor siempre piensa que el resto de las personas son más estúpidas y más manipulables. Realmente este ejemplo que mencionas es muy bueno porque, a raíz de la polémica que surgió en 2010, hubo una reedición en 2012 o 2013 y pasaron los libros por un filtro políticamente correcto. Así funciona la poscensura. Es verdad que se pueden comprar las ediciones antiguas pero la nueva está censurada.

A María Frisa no le han retirado su libro polémico pero la editorial le pide que en los siguientes haga cambios para que no vuelva a pasar. El resultado es una censura total. 

lunes, 19 de junio de 2017

LA MUERTE DE GUERNICA de Paul Preston y José Pablo García.



Editorial: Debate.
Fecha publicación: abril, 2017.
Precio: 18,90 €
Género: Cómic.
Nª Páginas: 96
Edición: Tapa dura.
ISBN: 9788499927435
[Disponible en ePub;
puedes empezar a leer aquí]

Autores

Paul Preston (Liverpool, 1946) es catedrático de Historia contemporánea española y director del Centro Cañada Blanch para el estudio de la España contemporánea de la London School of Economics & Political Science. Analista de asuntos españoles en radio y televisión tanto en Gran Bretaña como en España, colabora además en diversos periódicos y revistas. Le ha sido otorgada la Encomienda de la Orden del Mérito Civil y la Gran Cruz de la Orden de Isabel la Católica, y ha sido galardonado con numerosos premios. Entre sus obras destaca Franco, Juan Carlos, La Guerra Civil española y El holocausto español.

José Pablo García (Málaga, 1982) es ilustrador y dibujante de cómics. Sus historietas han sido galardonadas en numerosos certámenes nacionales, como el Premio Injuve. En abril de 2015 publicó Las aventuras de Joselito, su primer libro como dibujante y guionista. Su adaptación gráfica del libro de Preston La Guerra Civil española ha sido un éxito de ventas. Recientemente ha publicado Vidas ocupadas, la plasmación de su viaje por el territorio palestino ocupado de la mano de Acción Contra el Hambre. 

Sinopsis

La destrucción de Guernica el 26 de abril de 1937 quedó grabada a fuego en la conciencia europea: fue la primera ciudad abierta prácticamente arrasada durante un bombardeo. La ciudad fue bombardeada y ametrallada en vuelos rasantes durante tres horas, un atroz ataque perpetrado en día de mercado, que más tarde sería objeto de una terrible campaña de manipulación. Ahora, cuando se cumplen ochenta años del ataque, el joven historietista José Pablo García nos trae otra adaptación de un revelador ensayo de Paul Preston, uno de los hispanistas de mayor prestigio internacional, y mediante extraordinarias viñetas ilustra la historia que culminó en ese fatífico día, desde las tácticas de las Legión Cóndor y sus tratos con Franco hasta la obsesión de Mola y la impagable labor de corresponsales como George Steer.

[Biografía y sinopsis tomadas directamente del ejemplar]


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El bombardeo sobre la localidad de Guernica en Vizcaya el 26 de abril de 1937, siempre será una de esas tragedias que no se olvidarán nunca. Una cifra indeterminada de muertos pero en cualquier caso muy elevada y sobre la que no existe un consenso claro -la horquilla varía entre las cien y las mil quinientos víctimas-, a lo que se une el famoso cuadro pintado por Pablo Picasso, nos recordarán para siempre otra de las barbaries que el ser humano ha cometido a lo largo de la historia. 



Mucho se ha hablado sobre los motivos que dieron lugar a aquel terrible bombardeo donde falleció tantísima población civil. Que si un regalo para Hitler o un ensayo armamentístico, lo cierto es que constituyó un horror que ha dejado su impronta para siempre. Y sobre este hecho se han escrito libros o se han rodado películas como el largometraje español que lleva precisamente por nombre Gernika y que no es precisamente una película muy recomendable (puedes leer mi opinión aquí).

Otra cosa muy distinta es el libro del que quiero hablaros hoy, La muerte de Guernica de Paul Preston y José Pablo García. Se trata de un ensayo gráfico basado en la obra del hispanista y que el ilustrador José Pablo García ha trasladado a viñetas. El género ilustrado, más especialmente la novela gráfica, siempre me ha gustado. Creo que es una manera sencilla y diferente de acercarse a una historia o a una obra. Y en este caso, y a lo largo de seis capítulos titulados, Preston y García nos narrarán los acontecimientos que dieron lugar al bombardeo sobre Guernica. 

Se inicia la obra con el discurso del General Mola el 19 de julio de 1936 y los bombardeos sobre localidades como Ochandiano, Fuenterrabía o San Sebastn, que hicieron huir a la población hacia Francia. Se sucedieron así las detenciones masivas de republicanos o la ejecución de sacerdotes.  Por otro lado, el País Vasco conseguía su autonomía el 1 de octubre de ese mismo año antes de que la Legión Condor alemana y la Aviazione Legionaria italiana sobrevolaran el cielo español para bombardear Bilbao o Durango, mientras que el gobierno de Franco echaba balones fuera y negaba los ataques. 

El libro se hace eco de las crónicas periodísticas, así como de los diarios de los comandantes alemanes  hasta llegar al bombardeo de Guernica en el capítulo 3 que tuvo lugar el 26 de abril de 1937 entre las 16.40 y las 19.45 de la tarde. En este punto se narra los tipos de aviones que participaron, cómo comenzaron los ataques y cuántas víctimas cayeron bajo las bombas. De los datos más fríos pasaremos a las revelaciones de dos personajes importantes, por un lado el sacerdote Alberto Onaindia y por otro, el periodista George Steer, quien cubrió la campaña vasca desde el lado republicano. Las crónicas del periodista ponían en evidencia al gobierno de Franco que se justificaba alegando que solo atacaban las poblaciones en las que tenían constancia de la existencia de saboteadores vascos. Sus artículos lo pusieron en el centro de la diana de los alemanes y se convirtió en una de las más de dos mil personas más buscadas por la Gestapo, al margen de que recibió múltiples amenazas por parte de los franquistas.


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Bajo mi punto de vista, el libro casi es un homenaje a Steer quien, después de la guerra, publicó el libro El árbol de Guernica. Se ensalza mucho la labor periodística que hizo este sudafricano y la manera tan humana de acercarnos a aquella tragedia.


Resultado de imagen de la muerte de guernicaCon tonos que varían del gris al azulado, los textos de La muerte de Guernica son algo telegráficos y en ocasiones reflejan su espíritu ensayista con multitud de datos, fechas y cifras. Esta parte ha sido para mí la más ardua y la que más trabajo me ha costado leer por la cantidad de información que se maneja. Las tácticas, las estrategias o las decisiones que se tomaban para hacer avanzar el frente son el preámbulo para dar paso posteriormente a la parte más humana, con las declaraciones del sacerdote Onaindia y el periodista Steer. Ambos narran en las viñetas de este libro sus propias vivencias y lo que ellos vieron a su alrededor. Se suaviza de este modo la dureza de lo que suele ser un ensayo, aunque tenga carácter ilustrado. Sin duda es la parte que más me ha gustado, la más humana, la que refleja lo que vivió la población, objeto último de los ataques para desmoralizar al pueblo y atacar a la raza vasca.

En cualquier caso, el final vuelve a asomar como un ensayo, con muchos datos, fechas y hechos en plan telegráfico para acabar de una manera, a mi juicio, un tanto abrupta.

Salvo esas secciones algo más frías he disfrutado mucho de la parte más humana, La muerte de Guernica es un libro recomendable para los que gusten del género ilustrado y que soporten su fuerte carga histórica. Si este es tu caso, te animo a acercarte a este libro.




 
[Algunas imágenes e ilustraciones tomadas de Google]



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