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jueves, 30 de septiembre de 2021

JOSÉ JURADO y DAVID FERNÁNDEZ premiados por la FUNDACIÓN JOSÉ MANUEL LARA

El pasado 27 de septiembre tuvo lugar la rueda de prensa, organizada por la Fundación José Manuel Lara, en colaboración con la Fundación Cajasol de Sevilla, para dar a conocer las obras de dos nuevos autores. A lo largo de un almuerzo que tuvo lugar en la sede de Cajasol, en el que se dieron cita tanto medios culturales de Sevilla como de Madrid, tuvimos la ocasión de conocer y conversar con José Jurado Morales y David Félix Fernández Díaz, ganadores del Premio Manuel Alvar de Estudios Humanísticos 2021 con Soldados y padres. De guerra, memoria y poesía, y del Premio Antonio Domínguez Ortiz de Biografías 2021 con Leandro Fernández de Moratín. El ilustrado errante, respectivamente. Ambos premios son concedidos por la Fundación José Manuel Lara.




El jurado de estos premios, que se llevan concediendo desde hace varios años, estuvo formado por Nativel Preciado, Jacobo Cortines Torres, Ignacio Fernández Garmendia, Alberto González Troyano, Antonio Cáceres, Ismael Yebra y Joaquín Pérez-Azaústre.

Inició el acto Gloria Ruiz, Subdirectora de Actividades de la Fundación Cajasol, que disculpó la ausencia de D. Antonio Pulido, presidente de la institución, por motivos de agenda, y dio las gracias a los miembros de la Fundación José Manuel Lara por contar un año más con el equipo de Cajasol. Tras dar la enhorabuena a los ganadores, cedió la palabra a Pablo Morillo, Director de la Fundación José Manuel Lara, que agradeció la presencia de la prensa en la cobertura del acto, así como hizo referencia a los miembros del jurado presentes en la sala. 

Pero fue Ignacio Garmendia, editor de la Fundación José Manuel Lara, quién nos dio las claves de las dos obras ganadorasEn el siguiente vídeo, el editor explica qué ha llevado al jurado a seleccionar estos dos manuscritos como ganadores.






SOLDADOS Y PADRES. DE GUERRA, MEMORIA Y POESÍA

Premio Manuel Alvar de Estudios Humanísticos 2021


Autor 

José Jurado Morales es doctor en Filología Hispánica y catedrático de Literatura Española en la Universidad de Cádiz. Su trabajo se enfoca a la literatura española de los siglos XX y XXI. Ha publicado las monografías Del testimonio al intimismo. Los cuentos de Carmen Martín Gaite (2001), La trayectoria narrativa de Carmen Martín Gaite (2003), Las razones éticas del realismo. "Revista Española" (1953-1954) en la literatura del medio siglo (2012) y Carmen Martín Gaite, el juego de la vida y la literatura (2018). Otros libros suyos están dedicados a Rafael Alberti, Gerardo Diego, la literatura y la radio, las revistas literarias del siglo XX, los poetas iniciados en la posguerra y escritores actuales de distintas generaciones.

Sinopsis

Nueve poetas españoles evocan la experiencia de los padres combatientes en la Guerra Civil a través de su obra literaria.

Con sensibilidad, conocimiento y voluntad de comprensión de la gran tragedia de la Guerra Civil española, este iluminador ensayo reconstruye la participación de los padres de varios escritores que lucharon como soldados en la contienda, abordando unas relaciones paternofiliales que comprenden tanto la admiración personal y la afinidad temperamental, como el desapego afectivo y el conflicto ideológico. José Jurado Morales indaga en los recuerdos que los hijos guardan de sus padres y de los relatos que estos les contaron sobre sus vivencias en las trincheras de uno u otro bando. El libro habla de padres e hijos, de guerra y poesía, de España y sus escritores, de pasado y presente, de memoria colectiva e identidad personal, a partir de los recuerdos familiares de Joan Margarit, Jane Durán, Jorge Urrutia, Jacobo Cortines, Miguel d’Ors, Pere Rovira, Andrés Trapiello, Antonio Jiménez Millán y Julio Llamazares. Nueve poetas que se han servido de los relatos heredados para indagar en sus orígenes, poniendo de manifiesto la profunda huella de un conflicto cuyas consecuencias no han dejado de proyectarse en la vida contemporánea.


Editorial: Fundación José Manuel Lara

Encuadernación: Tapa dura sin sobrecubierta

Nº Páginas: 304

Precio: 19,90 €

ISBN: 9788417453763

Puedes adquirirlo aquí:


José Jurado Morales quiso también sumarse a los agradecimientos expresados por su compañero David Fernández e incidió en la labor que hacen las dos fundaciones -Fundación José Manuel Lara y Fundación Cajasol-, por apoyar la cultura a través de estos dos premios. «La cultura es un motor de conocimiento de nosotros mismos», afirmó Jurado. De igual modo, quiso recordar a todos los autores que han presentado obras a este premio, agradeciendo su participación porque, aunque no resultaran ganadores, «sin ellos tampoco existiría la cultura».

A continuación explicó lo que él ha querido plasmar en esta obra, un libro de memorias pero contada desde la óptica de todos esos hijos, cuyos padres lucharon en la guerra civil española. «El autor indaga en los recuerdos que los hijos guardan de sus padres y de los relatos que estos les contaron sobres sus vivencias en las trincheras de uno y otro bando. El libro habla de padres e hijos, de guerra y poesía,...»




LEANDRO FERNÁNDEZ DE MORATÍN. EL ILUSTRADO ERRANTE

Premio Antonio Domínguez Ortiz de Biografías 2021


Autor

David Félix Fernández Díaz es licenciado en Filología Inglesa (Universitat Rovira i Virgili, 2004) y doctor en Filología Hispánica (University of Virginia, EUA, 2013; equivalencia del mismo título por la Universitat de Barcelona, 2017). Hasta la fecha, ha desempeñado su actividad científica y docente como profesor ayudante doctor en Estados Unidos. Ha impartido cursos de lengua y literatura española e hispanoamericana, historia y cultura de España y de Latinoamérica. Sus artículos han aparecido en Celestinesca, Romance Notes o Cuadernos de Ilustración y Romanticismo, entre otras. Es autor del libro Hermógenes contra Talía. Moratín en el teatro español (1828-1928) (2015).

Sinopsis

Definitiva semblanza de uno de los grandes autores de la edad neoclásica y figura clave de la Ilustración española.

Esta biografía de Leandro Fernández de Moratín (Madrid, 1760 - París, 1828) aspira a recoger la totalidad de aportaciones ligadas a su vida y entorno realizadas hasta la fecha. Desde el centenario de su muerte hasta la actualidad, nuevas crónicas, estudios biográficos o análisis de índole diversa sobre el ilustre reformista no han hecho más que intentar, de manera más o menos conspicua, incidir sobre las empolvadas aristas de una figura tan célebre en las letras españolas. Ampliamente condicionado por sus escritos dramáticos, Moratín ha sido una especie de apéndice metonímico de un teatro de corte neoclásico homogéneo, ordenado, sin fisuras. No obstante, su vida, que según Pérez Galdós "es tan interesante como sus obras", sigue siendo un rompecabezas por ensamblar. Minuciosamente documentada, la aproximación de David Félix Fernández Díaz al "ilustrado errante" parte de sus cartas, diarios, escritos no literarios, y proyecta su persona a la luz del devenir histórico, político y literario de su tiempo. Se ofrece así al lector la narrativa vital de una figura que reverbera de forma singular en el período de entre siglos.


Editorial: Fundación José Manuel Lara

Encuadernación: Tapa dura sin sobrecubierta

Nº Páginas: 320

Precio: 19,90 €

ISBN: 9788417453756

Puedes adquirirlo aquí: 


Por su parte, David Fernández Díaz declaró sentirse muy feliz desde que el editor de la Fundación José Manuel Lara, Ignacio Garmendia, le comunicara la pasada primavera que su obra había resultado ganadora. 

El libro que firma este profesor universitario versa sobre la figura de Leandro Fernández de Moratín, autor conocidísimo por su obra teatral El sí de las niñas«Estamos ante un libro que aspira a recoger la totalidad de las aportaciones ligadas a su vida y entorno realizadas hasta la fecha». Con una cuidada documentación, el autor se ha apoyado en cartas, diarios y escritos no literarios que nos van a permitir acercarnos a Moratín, para contextualizarlo histórica, política y literariamente.

Con esta obra y, como explica en el siguiente vídeo, dando respuesta a los periodistas, Fernández Díaz ha querido resaltar a esos autores de la Ilustración que, si no han sido olvidados, sí se les ha prestado una atención menor.




Ambas obras ya están a la venta en librerías.



jueves, 8 de julio de 2021

MÓNICA G. ÁLVAREZ: ❝La experiencia del Holocausto no se supera nunca❞

Olvido Fanjul Camín, Elisa Garrido Gracia, Neus Catalá Pallejá, Braulia Cánovas Mulero, Alfonsino Bueno Vela, Elisa Ricol López, Constanza Martínez Prieto, Mercedes Núñez Targa, Conchita Grangé Beleta, Lola García Echevarrieta y Violeta Friedman fueron once de las ciento treinta y dos mil mujeres que estuvieron prisioneras en Ravensbrück durante el Holocausto. Algunas de ellas, como Neus Catalá, fueron muy conocidas. Otras tuvieron un paso por este mundo mucho más difuminado. Sin embargo, todas ellas consiguieron sobrevivir al horror de los campos de concentración, todas ellas fueron mujeres comprometidas con su ideario y lucharon por un mundo más justo y más igualitario. Nombres, nombres y más nombres que jamás deben ser olvidados por la humanidad. Por eso, la periodista Mónica G. Álvarez rescata las vidas de estas mujeres para darlas a conocer a través de su último libro, Noche y niebla en los campos nazis. Se trata de un ensayo en el que Mónica nos habla de estas mujeres, de su antes, durante y su después del Holocausto. El trabajo de documentación ha sido arduo, pero ha tenido como resultado un libro que atrapa al lector desde las primeras páginas. Aunque algunos episodios que se narran son dolorosos corresponden a la realidad vivida por estas mujeres, un experiencia vital que las marcó para siempre.

Marisa G.- Mónica, de los libros que llevas publicados, la mitad giran alrededor del mismo tema: los nazis, los campos de concentración,... ¿Por qué?

Mónica G. A. - De los seis que llevo publicados, junto con este, tres van sobre el nazismo y la Segunda Guerra Mundial. Me fascina todo lo que tiene que ver con esa parte de la Historia. Se ha hablado muy poco de temas muy interesantes, como el que abordo en el primer libro, Guardianas nazis. A partir de ahí fui sacando otros temas que tienen que ver con el Holocausto. Muchas de estas historias que he narrado no se conocen y, como periodista que soy, considero que tenemos que hablar y publicar aquello que se ha silenciado durante tantísimo tiempo. 

M.G.- Te confieso que todo lo relacionado con el Holocausto me fascina también pero tengo la impresión de que, mientras más se escribe, más profundo se hace el pozo.

M.G.A.-  Es verdad. Mientras más se investiga, más historias voy encontrando. Es un pozo que no tiene fondo. Siempre se ha hablado de las vidas de los líderes del Tercer Reich pero, de las historias más anónimas se habla muy poco. Sin embargo, gracias a esos testimonios anónimos se puede reconstruir la historia y se puede hacer un esquema de lo que podíamos encontrar en un campo de concentración, como el de Ravensbrück. De todos modos, queda todavía mucho por saber porque hubo muchos supervivientes que nunca quisieron contar nada de lo que vivieron. Hay muchas historias que todavía están ocultas. Quién sabe si algún día se conocerán.

M.G.- Para los que se quieran acercar a tu libro, hay que decirles que es un ensayo, ¿cierto?

M.G.A.- Sí, sí, es un ensayo periodístico donde todo es real. Lamentablemente, todo es verídico y está contrastado. No es un libro de historia pero sí hablo mucho de historia para poner al lector en contexto y luego añado una parte humana que constituyen todas esas anécdotas que me han ido contando los familiares de estas mujeres. Son testimonios que han ayudado a trazar un perfil de todas ellas, de quiénes eran, antes, durante y después del campo. 

M.G.- El libro cuenta con el subtítulo «Historias heroicas de españolas que sobrevivieron al horror», que acota mucho lo que vamos a encontrar en su interior porque te centras en once mujeres y todas españolas. 

M.G.A.- Sí, nos vamos a encontrar con mujeres heroicas que luchan con uñas y dientes contra el franquismo y luego contra el nazismo, para que en nuestra sociedad podamos vivir en democracia, dentro del respeto y la tolerancia, en condiciones de igual y de justicia. Ellas lucharon contra los barcos más grandes que se podían encontrar en el mar. Y sí todas son españolas menos la última, Violeta Friedman, de Rumanía, pero que vivió muchas décadas en nuestro país. Gracias a la lucha de esta mujer pudimos incorporar a nuestro código penal lo que llamamos a día de hoy delito de odio. Batalló contra Léon Degrelle en los tribunales y venció. A raíz de aquella victoria, el Constitucional sienta jurisprudencia y cambia nuestro código penal para añadir, como delito, toda acción que vaya en contra de la raza, la cultura, la etnia, la orientación sexual, la ideología política,... 

M.G.- ¿Y por qué estas once mujeres concretamente?

M.G.A.- En Ravensbrück hubo ciento treinta y dos mil mujeres, de las cuales cuatrocientas eran españolas. Pero he elegido a estas once porque son de las que he encontrado más información. Quería escribir un libro en el que el lector encontrara verdadera información y no cuatro datos biográficos. También me marqué como objetivo entrevistar familiares. Así que, hasta que no recopilé toda la documentación, hablé con los familiares que localicé y conseguí fotos, no decidí sobre qué mujer hablaría en el libro. 

M.G.- De esas once mujeres, algunos nombres son conocidos y han transcendido. Prácticamente todas ellas estaban comprometidas políticamente, afiliadas a partidos políticos, luchadoras por los derechos de la mujer,... Es decir, tenían un pasado revolucionario, por llamarlo de algún modo.

M.G.A.- Sí, sí. Eran mujeres rebeldes y adelantadas a su tiempo. Si hoy todavía parece mal visto ser feminista, imagínate cómo sería en los años 30 y 40. Eran mujeres que luchaban por la igualdad del hombre y de la mujer en todos los ámbitos de la vida, incluido el laboral. Lucharon por sus ideales socialistas y comunistas. Eran ideales a favor de los derechos humanos, independientemente de la ideología política. En aquella época, lucharon por la libertad y la democracia de todo el mundo, por una sociedad justa, tolerante y diversa. Arriesgaron su vida por el ideario que tenían interiorizado.




M.G.- De toda la información que has conseguido sobre ellas, ¿hay algo que te haya impactado especialmente?

M.G.A.- Todo lo relacionado con las vejaciones, las torturas y los experimentos médicos. Es un asunto del que ya he hablado en otros libros pero que nunca deja de sorprenderme y escandalizarme. Y espero que me siga impactando porque eso significará que tengo corazón y soy humana. 

Entre todas las barbaridades que les hacían, impresiona saber cómo las esterilizaban. Al ser mujer, es muy doloroso ver cómo a otras mujeres se las privaba de su feminidad, se le inyectaban bacterias para retirarles la menstruación. Como eran violadas constantemente por los nazis, les hacían de todo para impedir que quedaran embarazadas. Me cuesta mucho creer que pudieran sobrevivir a toda esta clase de barbaridad, que pudieran levantarse cada mañana. 

M.G.- Una de esas mujeres es Lola García Echevarrieta. Ella y su marido murieron en extrañas circunstancias. Hay como un sombra de misterio a su alrededor. 

M.G.A.- Sí, Lola y su marido murieron en un accidente doméstico por un escape de gas, en su piso de París. Sin embargo, la familia no lo ve así. He podido hablar con una sobrina de Lola, con Milagros. Ella me cuenta que creen que fueron asesinados. Hay varias teorías. O bien fueron asesinados por los rusos porque Lola y su pareja trabajaron para Rusia. O bien fue una represalia del régimen franquista. O incluso se habla de que fue cosa de sus propios camaradas comunistas porque, según decían, Joaquín, la pareja de Lola, chivó nombres cuando parece que no fue verdad. No se sabe lo que ocurrió realmente pero la familia cree que fue algo premeditado. Se trata de un episodio sin resolver. 

M.G.- ¿Y por qué a ella se la conocía como la presa Nacht und Nebel

M.G.A.- Nacht und Nebel significa noche y niebla, de ahí el título del libro. Es el distintivo que se les ponía a los presos que estaban destinados a desaparecer. Es decir, que estaban destinados a ir directamente a la cámara de gas. Era el caso de Lola y Alfonsina pero las dos pudieron sobrevivir, según cuento en el libro, por una serie de circunstancias y un golpe de suerte. 

Por otra parte, el término «noche y niebla» también lo empleaba Hitler. Lo sacó de El oro del Rhin, una ópera de Wagner, y lo usó para el decreto ley que promulgó en el año 41, donde se recogía que, a partir de aquel momento, se podrían decretar deportaciones masivas y registros,  que quedarían ocultos a la sociedad. Todas esas personas que serían detenidas, acabarían directamente en la cámara de gas. Pero, si le queremos dar un significado simbólico, podríamos interpretar la noche como el fin de la vida de esas personas, y la niebla como la nube de cenizas que producían las incineraciones.

M.G.- ¿Te ha costado trabajo encontrar a familiares con los que hablar? ¿Te has encontrado con reticencias a la hora de que algún descendiente te hable de estas mujeres?

M.G.A.- Ha sido difícil encontrar algunos familiares porque, aunque las redes sociales ayudan, no todo el mundo está tan conectado. Me ha llevado meses encontrar a algunas personas y he necesitado la ayuda de compañeros periodistas y de instituciones. Me las he tenido que ingeniar como he podido.

Luego, sí encontré reticencias en algún hijo que prefería no contar más nada de la madre. Me explicó con cariño que su madre ya había hablado en vida todo lo que quiso, que dio charlas y conferencias. Él prefería dejar atrás aquel asunto. Pero, por regla general, el noventa y nueve por ciento de los familiares me abrieron la puerta generosamente y compartieron conmigo sus recuerdos y su memoria. Les estaré eternamente agradecida.

M.G.-  Has incluido una cantidad ingente de fotografías, muchas de ellas son personales. Me ha parecido algo muy positivo porque es una manera de conectar con estas mujeres.

M.G.A.- Sí, sí, y son fotografías que nunca se habían publicado. Por ejemplo, la famosa foto de Neus Catalá con el pijama de rayas ha dado la vuelta al mundo. Pero hay muchas otras fotografías, incluso de la propia Neus, que no han salido nunca a la luz porque sus familias nunca las han entregado ni nunca las han compartido. Gracias a esa relación personal, e incluso de amistad, que he podido trabar con estas maravillosas familias, he conseguido estas fotografías para que el lector, como tú bien apuntas, empatice con estas mujeres, las conozca, y termine por tomarles cariño. 


M.G.- Mónica, tengo una curiosidad. ¿Qué son las ilustraciones de las guardas del libro?

M.G.A.-  Lo que figura en la guarda delantera es una clasificación de presos. Cada triángulo significa una cosa, sin eran presos políticos, homosexuales, o judíos. Y luego, en la trasera se ve un documento personal. En este caso, el de una mujer llamada Francisca Puig que, en realidad, es Mercedes Núñez. Lo que pasa es que ella entra al campo con el nombre cambiado. Por eso tanta complicación a la hora de encontrar información de esas mujeres porque entraban a esos campos desde Francia, como ciudadanas francesas, adheridas a la Resistencia. Utilizaban un seudónimo y no su nombre real. Eso que ves en la guarda es como un ficha, un documento de registro que se rellenaba al llegar al campo. 

M.G.- El paso por los campos de concentración las marcó para siempre.  Sabemos que muchos no pudieron superar esa experiencia, que no se adaptaron a su nueva vida. Ha habido casos de suicidios.  ¿Cómo hicieron estas mujeres para superar aquella etapa, para construir una vida, o tener hijos?

M.G.A.- La experiencia del Holocausto no se supera nunca, simplemente se sobrelleva.  Aquellas mujeres que no se atrevieron a contar nunca nada fue porque tenían un trauma tan grande que no podían hablar de su experiencia. Estaban siempre con depresión, tristes, apocadas,... Para superar aquello trataron de crearse un mundo distinto con el que olvidarlo todo.  Fue un mecanismo de defensa. Y luego, están esas otras mujeres que sí contaron su experiencia pero lo hicieron con reservas, con miedo y además con un sentimiento de culpa aterrador. Ellas se sentían culpables por haber sobrevivido frente a todas esas personas que murieron. Pero trataron de aferrarse a la vida, a la fortaleza psicológica que siempre tuvieron, aunque eso no quitaba que no sufrieran de insomnio, de terrores nocturnos y pesadillas. 

M.G.- Testimonios espeluznantes pero que deben ser conocidos. Te agradezco que me hayas atendido, Mónica. Un placer.

M.G.A.- Igualmente. Gracias.

Sinopsis: “Su voz fue, y sigue siendo, un ejemplo de heroicidad”

Entre las miles de prisioneras que padecieron humillaciones y atrocidades durante su estancia en los campos de concentración del Tercer Reich, se encontraba un grupo de españolas que llegaron hasta Ravensbrück, Auschwitz o Bergen-Belsen alzando su puño en busca de libertad. Las empujaba su creencia en la democracia, la justicia social y la igualdad. Lejos de amilanarse ante las torturas sufridas por las nazis se rebelaron para luchar contra la opresión y el totalitarismo y, una vez libres, la mayoría dedicó gran parte de su vida a alzar la voz para que nadie olvidase la tragedia que supuso el Holocausto. 

lunes, 22 de febrero de 2021

CALIENTE de Luna Miguel

Editorial: Lumen
Fecha publicación: enero, 2021
Precio: 17,90 €
Género: ensayo
Nº Páginas: 192
Encuadernación: Tapa blanda con solapas
ISBN: 9788426408358
[Disponible en eBook;
puedes leer aquí]


Autora

Luna Miguel (Alcalá de Henares, 1990) vive en Barcelona, donde trabaja como periodista y editora. Desde los dieciocho años ha publicado los libros de poesía Estar enfermo, Poetry is not dead, Pensamientos estériles, La tumba del marinero, Los estómagos, El arrecife de las sirenas y Poesía masculina, y sus poemas se han traducido a una docena de lenguas. Es autora de los ensayos feministas El coloquio de las perras (2019) y Caliente (Lumen, 2021). Tras su primera novela, El funeral de Lolita (Lumen, 2018), que se ha traducido al italiano, Lumen publicará próximamente Conejitos.

Sinopsis

Luna Miguel brinda en Caliente su narración más íntima sobre el deseo, el amor plural y la creación literaria; iluminadoras entrevistas en torno al placer y el autoplacer, y una lúcida lectura de una larga estirpe de escritoras que lo arriesgaron todo en su literatura, como Louise Glück, Cristina Morales, Annie Ernaux, Marina Tsvietáieva, H. D., Renée Vivien o Chris Kraus. Con «inteligencia y provocación» (Zenda), la autora «se impone "decir con rabia todo lo que no debo"» (El Cultural de El Mundo), y así, por medio de confesiones, reflexiones y citas, sin respiro, audaz y reveladora, vuelve a tocarnos con su mejor obra hasta la fecha.

[Información tomada directamente del ejemplar]



Buscando en Internet, la cubierta de este libro y la información sobre la publicación para ponerla en este post, me topo con la siguiente declaración de Luisgé Martín, en la web de la editorial:

«Pues me he leído este libro casi del tirón, a pesar de que mi cishomosexualidad no me convertía en target predilecto. Me ha encantado la frialdad distante de la autora. He aprendido mucho. Y he sacado un par de conclusiones importantes que no voy a desvelar aquí.»

No puedo estar más de acuerdo. En mi caso, no me leí Caliente del tirón, más por falta de tiempo que por interés porque, lo cierto es que la lectura de este libro me ha conducido por derroteros inesperados y sorprendentes. Y como Martín, yo tampoco pensaba que podía ser un objetivo predilecto, pues el ensayo es un género en el que me prodigo poco. Sin embargo, Caliente no es un ensayo al uso, no es de esas lecturas soporíferas, sesudas, académicas, llenas de densas reflexiones y datos empíricos, que terminan por embotarnos la cabeza. Caliente es una suerte de memoria. De este modo la definió la propia Luna Miguel, en la entrevista que le hicimos hace un par de semanas (puedes leerla aquí).

Caliente habla de la mujer y por ende, de lo femenino. No quiero emplear el término feminismo. En su lugar, y espero que con el beneplácito de Luna Miguel, preferiría utilizar la palabra feminidad, que engloba todo lo que a la mujer se refiere. Y en ese todo, figura su placer, su deseo, su sexo, o sus genitales.


Partiendo de su experiencia personal, Luna Miguel hace un recorrido memorístico a lo largo de su deseo.  El punto de inicio de este trayecto tiene lugar cuando su pareja le confiesa que se ha enamorado de otra persona. A partir de ahí, la autora emprende un ejercicio reflexivo sobre sí misma, sobre su forma de encarar el placer, las relaciones sexuales o la masturbación. Para ello, se sustenta en un gigantesco compendio de lecturas, documentales y entrevistas, para llegar a unas conclusiones alucinantes. Porque, ¿qué ocurre con la sexualidad femenina? ¿Qué valor se le da / le damos a nuestro deseo? ¿De qué forma la sociedad, o nosotras mismas, abordamos el sexo? ¿Qué opinión nos merece nuestros genitales?

En Caliente, un título tan sugerente como acertado, Luna Miguel se desnuda casi de manera literal y nos habla con suma naturalidad y entrega de todo lo que supone, conlleva e implica su placer. Se pretende exponer a la luz lo que siempre ha estado oculto o en semipenumbra. Y como decía Betty Dodson, educadora sexual estadounidense, hay que liberar el cuerpo femenino de su silencio porque, «si no conocemos nuestro cuerpo, si tenemos miedo a tocarlo  y si no sabemos cómo funciona, nunca podremos decidir cómo, ni con quién ni para qué queremos utilizarlo». Explica Luna Miguel que las declaraciones de esta educadora, no solo resultaron polémicas en los años 82, sino que hoy día, en determinados círculos, siguen levantando ampollas. ¿Por qué? 

Alega Miguel que «es igualmente urgente derribar la vergüenza que todavía nos produce la libre exposición de nuestro cuerpo». ¿A qué tantos remilgos? Rompamos esa idea preconcebida de que el relato del deseo femenino, el deseo en sí, es un ejercicio de exhibición. Hay que derrocar la vergüenza porque «la vergüenza es la enemiga del placer».

Caliente habla de cuestiones tan importantes como la ablación, la cirugía íntima o labioplastia, como resultado de una idea mal entendida de nuestros genitales, la masturbación (por cierto, increíble la explicación etimológica de la palabra «masturbar»), el onanismo, el coitocentrismo, el orgasmo, el amor plural,....   Y para exponer todos estos temas, Luna Miguel no solo recurre a su experiencia personal, o a sus lecturas, sino que también lanzó por redes un cuestionario básico, al que respondió un aluvión de mujeres de todas las edades, y que arrojó mucha más luz de la que la autora esperaba.




Me resulta complicado ser más concreta a la hora de hablar de este libro. Hay mucho donde detener la mirada. Caliente vale tanto por las reflexiones que contiene como por lo mucho que te va a permitir explorar.  Admito que, en algún momento, me perdí con ciertas teorías pero, el grueso de la exposición me ha parecido muy enriquecedora e ilustrativa. Este no es un libro para leer de manera pasiva, pasando nuestra vista por las líneas que componen sus páginas. Con Caliente hay que adoptar una actitud activa, leerlo mientras tenemos a nuestro alcance cualquier dispositivo que nos abra una ventana al mundo porque, estoy convencida de que, una vez que te pongas a leer este libro, vas a sentir la necesidad de indagar más, de buscar más información. Y así descubrirás la historia de Hans Bellmer y Unica Zürn, con esas muñecas de trapo que Bellmer fabricaba, las Poupée, con «cuerpos hipersexualizados, troceados, horrendos, siendo los genitales de ella y las formas de la carne de ella su mayor inspiración» (puedes ver una muestra aquí aquí). Me ha sorprendido muchísimo que ya se hablara de la masturbación femenina en el siglo XVIII, aunque la consideraran un pecado atroz o una autocontaminación. Y me ha resultado interesante el enfoque desde el que, como sociedad, analizamos la infidelidad femenina frente a la masculina. 

El libro se construye sobre una estructura de párrafos independientes, que sustentan las reflexiones de la autora. No hay capítulos. No son necesarios. En cambio, se hacen imprescindibles las inmensa cantidad de referencias literarias, tantísimas que, lo que muestro en el recuadro inferior es solo una pequeña muestra. A través de este libro he descubierto miradas diferentes, hacia películas o series de televisión, y he descubierto libros que me gustaría leer. 

Siento que Caliente es un libro para regalar. Es un obsequio, una ofrenda que debemos hacernos las unas a las otras, una puerta abierta a nuestra naturaleza, a través de la cual deberían asomarse nuestras hijas, nuestras sobrinas, nuestras nietas, nuestras amigas. He aprendido mucho en este libro. He aprendido mucho de este libro. Sinceramente, lo he disfrutado mucho más de lo que esperaba. Así que, si te gusta el tema, estoy convencida de que no te decepcionará.


Algunos libros mencionados en Caliente:

- El corazón de la fiesta de Gonzalo Torné
- Primavera sombría de Unica Zürn
- Testo yonqui de Paul B. Preciado
- El libro de Monelle de Marcel Schwob
- Amo a Dick de Chris Kraus
- Expuesta de Olivia Sudjic
- Voy a hablar de Sarah de Pauline Delabroy-Allard  
- Cambiar de idea de Aixa de la Cruz
- Somos luces abismales de Carolina Sanín
- Sexo para uno de Betty Dodson
- El libro de la vagina de Nina Brochmann y Ellen Stokken
- El placer de María Hesse
- Buscando Mercy Street de Linda Gray Sexton
- La belleza del marido de Anne Carson
- Pura pasión de Annie Ernaux 
- Putita golosa de Luciana Peker
- Ser mujer de Anaïs Nin
- Delta de Venus de Anaïs Nin
- Diarios amorosos de Anaïs Nin


[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

Puedes adquirirlo aquí:


jueves, 28 de enero de 2021

LUNA MIGUEL: ❝La memoria o el diario es un género que hay que reivindicar más❞

No acostumbro a leer ensayos. No hago remilgos a ningún género, ni me centro únicamente en la novela. De hecho, soy bastante proclive a la experimentación, a probar cosas nuevas y distintas. Aun así, el ensayo, tal y como lo entendemos desde un punto de vista académico, me cuesta mucho. Sin embargo, la cosa cambia radicalmente cuando me topo con libros como Caliente de Luna Miguel. Me gustaría enseñaros el bloc de notas que he usado como soporte, mientras leía este libro. No lo hago por pura vergüenza, para que no veáis el caos, el desorden y, sobre todo, la letra de gato, que a veces no entiendo ni yo. Pero son páginas y páginas llenas de anotaciones, de reflexiones interesantes, de teorías que desconocía, de alusiones, citas, y nombres. Caliente es un descubrimiento en sí, lo mire por donde lo mire. Es el acercamiento al universo Miguel, a su mundo interior, en el que navego sobre cuestiones que me atañen, pero también es la exploración a otros mundos, un viaje a un sinfín de referencias que han conformado varios caminos a seguir. 

Sexo, placer, deseo, amor, autoexploración, y femineidad son algunos de los temas que giran alrededor de este libro, centrado en la mujer. Fruto de sus investigaciones y lecturas, nace Caliente, el libro más íntimo y personal de Luna Miguel, en el que la autora también nos habla de sus experiencias vitales.

[Fuente: Megustaleer]
Marisa G.- Luna, el ensayo es un género que suele asustar a los lectores. ¿Tú dirías que Caliente es un ensayo al uso?

Luna M.- Más que un ensayo es una especie de memoria. Desde hace un tiempo, suelo hacer una pequeña trampa con todos los textos que escribo, de más largo aliento. Acostumbro a mezclar todos los géneros que, más o menos, sé trabajar. Así que, Caliente podría ser un ensayo, pero también una suerte de novela o incluso una colección de aforismos. Más que nada, a mí me gusta hablar de memoria. Creo que la memoria o el diario es un género que hay que reivindicar más y que, por suerte, se está practicando bastante. Por ejemplo, tenemos Cambiar de idea de Aixa de la Cruz o Los argonautas de Maggie Nelson, memorias donde el autor o la autora también investiga, a propósito del propio tema sobre el que está escribiendo. 

M.G.- ¿Y qué te empuja a escribir este libro?

L.M.- Pues una serie de cuestiones que van entrecruzándose. En 2016 publiqué un ensayito que escribí a los veinticinco años, titulado El dedo. Breves apuntes sobre la masturbación femenina. Tras publicar mi primera novela en Lumen, la editora me comentó que le había gustado mucho aquel ensayo, y me propuso ahondar e investigar más, para escribir algo más largo y más intenso. Aquel ensayo tenía menos de sesenta páginas. Acepté su propuesta, pero no fui consciente de dónde me metía. Para mí, todo el tema de la sexualidad, el cuerpo femenino, el amor y los afectos, siempre han sido cuestiones muy importantes. Pero la forma que había elegido para escribir aquel ensayo no me servía ya. Después de aquel texto, había leído otros libros, había aprendido otra serie de cosas, e incluso la sociedad había cambiado. Recuerdo que leer libros sobre sexo o sobre masturbación en 2015 no era lo mismo que leer sobre estos mismos temas en de 2018, después del movimiento #MeToo, de un montón de debates sobre feminismo, o de una ola de publicaciones enorme sobre todos estas cuestiones. Por eso, cuando en 2019 me siento para reescribir El dedo, me doy cuenta de que tengo que escribir otra cosa porque, además, estoy experimentando un momento vital muy convulso. Así que, empecé a escribir de cero un libro totalmente nuevo, investigando mucho sobre sexo, cuerpo y afectos, y narrando mi propia historia, que abarca como unos cuatro o cinco meses de mi vida.

M.G.- Leo en tu libro que la masturbación femenina ha estado muy perseguida. De esta práctica se dijo que era un pecado atroz, una autocontaminación y un hábito fatal.

L.M.- Basta con mi mirar algún manual de sexualidad del mismo siglo XIX, para darte cuenta de esa persecución. Eso por no hablar de todas esas leyendas sobre la masturbación, que metían miedo con frases como si te masturbabas mucho te quedas ciego, o te salen granos... Eran mitos e historias que solo pretendían culpabilizar a los jóvenes, que empezaban a explorar su cuerpo. 

M.G.- Nací en el 70, así que, no recibí ningún tipo de educación sexual, ni en los centros educativos y en el seno familiar. Pero hoy, por suerte, las cosas han cambiado mucho. De todos modos, leo en tu libro que, incluso hoy, hay muchas chicas jóvenes que siguen sintiendo vergüenza por el sexo, que tienen miedo al orgasmo. 

L.M.- Los nacidos de los 90 en adelante, cuentan con otras herramientas que no tenían las generaciones anteriores, pero eso no quiere decir que todos los jóvenes de hoy las tengan a su alcance o las usen. Ahora que hablamos de la liberación de la mujer a través del Satisfyer, da la impresión de que solo nos podemos sentir realizadas gracias a ese juguete sexual. Pero hay que pensar que hay muchas personas, de distintos ámbitos sociales, que no tiene dinero para comprarse ese objeto, o que no tienen un grupo de amigas o familiares, en el que puedan hablar libremente de todas estas cuestiones. No podemos pensar que unas circunstancias de privilegio es una circunstancia común. Yo me considero una privilegiada porque he podido leer mucho, investigar mucho, y dedicar tiempo a escribir sobre estas cosas, pero no todo el mundo ha tenido estas oportunidades. 

Una de las cosas importantes del momento en el que vivimos actualmente es que, ante toda esa vergüenza, prejuicios y leyendas urbanas, ahora tenemos muchas más herramientas para tirar abajo los tabúes y para experimentar con nosotras mismas. 

M.G.- Haces referencia a las opiniones y escritos de Cristina Morales que hablan mucho de la vergüenza. Incluso tú confiesas que, ante algún cuadro de Balthus, has sentido cierto pudor. La palabra vergüenza está muy presente a lo largo de todo el libro, flota constantemente sobre las páginas de Caliente. 


[El cuarto. Balthus, 1954]


L.M.- Sí, de hecho, cuando terminé el libro y se lo pasé a algunas amigas cercanas, a mi agente y a mi editora, algunas me propusieron titularlo «Vergüenza». Por un tiempo, me planteé llamarlo así, pero me di cuenta que esa palabra tenía connotaciones muy negativas. Así que no me servía porque yo había luchado por desprenderme de todo lo negativo para escribir un libro que fuera feliz y con un pequeño halo de esperanza. Pero es verdad que la vergüenza lo sobrevuela constantemente porque, precisamente, el verdadero trabajo de la propia narradora es quitarse esa vergüenza, para poder encarar ciertos temas de manera totalmente abierta y sincera.

M.G.- Aparte de la masturbación femenina, también se habla de los genitales femeninos. Una parte del libro habla del clítoris y también de la ablación, esa práctica tan horrenda, que obliga incluso a operaciones para su reconstrucción. Luna, la mujer occidental de países desarrollados, la mujer del día a día, no está en absoluto concienciada con esa problemática, ¿verdad?

L.M.- No (rotundo). No estamos concienciadas. Antes te decía que estamos equivocados al pensar que la problemática de la vida sexual femenina está resuelta en este siglo XXI, porque nos han dado la posibilidad de comprarnos ciertos juguetes eróticos. Eso no es real, y además nos hacen caer en una especie de torbellino capitalista. No estamos más empoderadas porque usemos un Satisfyer. Y como no nos conocemos a nosotras mismas, en nuestro contexto, cómo vamos a conocer lo que pasa a kilómetros de distancia de nosotras, o incluso cerca, pero en culturas y comunidades que ni entendemos, ni aparecen en la prensa.

Todo lo relativo a la ablación lo asociamos a ciertos reportajes de televisión que aparecen muy cuando en cuando, y que te muestran esa problemática como si estuviera ocurriendo en otro planeta. 

M.G.- Partimos de la base de que cada uno puede hacer con su cuerpo lo que quiera y someterse a las cirugías que considere oportunas. Pero, ¿qué les pasa a algunas mujeres que piensan que sus órganos genitales son tan feos que tienen que hacerse  una labioplastia, con las consecuencias que eso acarrea? 

L.M.- Todo es fruto del desconocimiento. En el libro recojo una anécdota que explicó María Hesse, en relación a su libro El placer. Para poder pintar vulvas, Hesse tuvo que pedir a sus amigas que le enviaran fotos de sus órganos genitales. Con ello, María pretendía tener un catálogo mucho más fiable que el que nos muestra el porno. En pornografía, vemos genitales femeninos muy concretos, muy trabajados, muy operados y dispuestos de una manera muy concreta. Por otra parte, la mayoría de los libros de Conocimiento del medio de hoy en día tampoco muestran la vulva. Es más, recuerdo una polémica que se produjo en Francia hace un par de años, con respecto a unos libros en los que se veía un pene perfectamente representado, pero la vulva, no. Aquello ocurrió en 2018 y se formó un revuelo muy grande en la prensa francesa porque las niñas francesas podían ver un pene tal cual, pero no una vulva. 

Todo esto está directamente relacionado con lo que estamos hablando. Si a un niña pequeña le dices que no hable de lo que tiene ahí, que no toque ni mire lo que tiene ahí, y si en los libros tampoco lo puede ver,  si a lo único a lo que pude acceder circunstancialmente es a una imagen pornográfica de una mujer operada y depilada al extremo, a lo mejor va a pensar que lo que tiene entre las piernas es rarísimo, es feísimo y va a querer cambiarlo.

M.G.- Pues sí. Y otra cuestión que abordas en el libro es el amor plural. Yo siempre he pensado que el hombre y la mujer no son monógamos por naturaleza. Las relaciones son cíclicas y la idea de una relación para toda la vida es una cuestión social. Ahora bien, lo que jamás me había planteado es que se puede amar a más de dos personas a la vez.

L.M.- Sí, es algo que me interesa y sobre lo que he leído mucho. Siempre me ha parecido fascinante que una de mis escritoras favoritas, Anaïs Nim, pudiera estar casada con su marido y, al mismo tiempo, tener relaciones con amigos o amigas. A mis dieciséis años, cuando empiezo a leer sus obras, me parecía que todo aquel despliegue de amores era una locura.

Ahora vivimos en una época en la que, no sé si estamos experimentando grandes cambios pero, al menos, sí estamos obteniendo grandes herramientas para repensarnos. Tenemos la oportunidad de leer a Gabriela Wiener, a Brigitte Vasallo y otras muchas teóricas de lo que se suele llamar poliamor, u otras formas de relación afectiva. Hasta ahora, todas esas teorías estaban un poco silenciadas, aunque son más viejas que la humanidad. Ahora podemos dar pasos hacia delante. No sé exactamente si todos estos modelos son sostenibles o no. Tampoco sé si lo es esa concepción que tenemos de la monogamia. Muchas veces la gente me pregunta si creo que el poliamor es la respuesta a todos los males de la monogamia. Mi repuesta sería que no, pero que la teoría del poliamor podría ayudarnos a entender qué estamos haciendo mal, qué nos duele, cómo nos sentimos cómodos. No creo que se sea monógamo o poliamoroso. Creo que, en todo caso, se está en un tipo de relación o en otra, pero no se es per se.

M.G.- Caliente está plagadísimo de referencias literarias, de citas, de alusiones, reflexiones de otras escritoras y escritores. Todo eso está combinado con tu experiencia personal. ¿No te costó ningún trabajo exponerte así?

L.M.- En realidad, estoy acostumbrada a desnudarme, tanto en mi poesía, como en mis novelas. No sé si eso es un defecto o una causa de haber tenido redes sociales desde adolescente. Recuerdo la época de Fotolog, donde a lo mejor me seguían diez amigos del instituto. Allí yo ya contaba mi día a día, ya subía fotos. Quienes hemos hecho un determinado uso de las redes sociales como diario personal, perdemos el miedo a mostrar ciertas cosas. Además son cosas que quiero mostrar voluntariamente. Expongo mi experiencia porque puede ayudar a explicar algo que no está suficientemente explicado en la literatura que he leído, y cuyos detalles podrían facilitar el entendimiento de ciertas líneas de pensamiento que están ahora en boca de todos. Por eso digo que este ensayo, estas memorias, no es un texto sobre el poliamor, ni intento explicar las bases de ciertas maneras de relacionarse más allá de la monogamia, sino que yo cuento cómo ha sido mi coqueteo con esa experiencia, sin sentar cátedra, sino contribuyendo con mi testimonio.

M.G.- La inmensa mayoría de las referencias son femeninas. Alguna vez aparece el nombre de algún hombre. ¿Es complicado que un hombre aborde con objetividad el deseo femenino?

L.M.- He encontrado pocas lecturas firmadas por hombres. En este caso, me gusta remitirme al Premio Bad Sex Award, los premios al peor sexo, que se entregan irónicamente a escritores cada año. Generalmente, los más nominados y los más premiados suelen ser hombres hablando de sexo. Se premia la peor escena sexual de la literatura de cada año. Sin embargo, también creo que hay narradores que trabajan muy bien la feminidad. Por ejemplo, en España tenemos a Gonzalo Torné y en Estados Unidos a Jeffrey Eugenides. La trama nupcial o Las vírgenes suicidas hacen un retrato muy chulo de la feminidad.

En cualquier caso, a mí me interesaba hacer un árbol genealógico de escritoras. Creo que es lo que nos falta. Hay miles de referencias al deseo y al erotismo, desde Ovidio, hasta Catulo, pasando por el Marqués de Sade. Si hubiera querido hacer un mapa del erotismo trabajado desde los nombres masculinos, habría caído en los nombres de siempre. De hecho, en algunos caigo, pero hacía falta también mostrar el mapa de esos nombres femeninos que, normalmente no salen a la luz cuando hablamos de todas estas cuestiones.

M.G.- Y hablando de autores y autoras, también podemos hablar de lectores y lectoras. Te he escuchado en varias entrevistas incidir mucho en la palabra lectoras. ¿No te llega feedback de lectores?

L.M.- Tengo muchos lectores, lo que pasa es que la mayoría son lectoras. No me importa utilizar el femenino para referirme al conjunto. Creo que es algo bonito, y un homenaje a ellas. Si te pones a mirar las estadísticas, la mayoría de mis seguidores en redes sociales son mujeres. Es más difícil medir qué porcentaje de mujeres o de hombres leen mis libros, pero es cierto que creo que mi discurso llega mucho más a las mujeres. Tampoco es tan raro, teniendo en cuenta que, solo en España, la mayoría de los lectores son mujeres. Por eso hablo de lectoras porque creo que esa palabra representa mucho mejor el grupo de personas que me leen, sin rechazar al lector masculino porque, evidentemente lo necesitamos. Él también tiene que hacer un esfuerzo al leer a todas esas mujeres de las que, sin duda, aprenderá muchísimo.

M.G.- Aprender mucho, segurísimo. De hecho, yo he aprendido un montón. He estado leyendo tu libro, con el ejemplar en una mano y el móvil en la otra, buscando información constantemente. Creo que ese es el mejor modo de leerlo, dejándose llevar por todas esas referencias que vamos encontrando, e indagando y buscando más información. 

L.M.- Me gustaría pensar que quien se acerque a Caliente va a aprender cosas. La mayoría de mi familia se dedica a la enseñanza. A veces pienso que, cuando escribo, se me pone cara de profesora. Dar bibliografía a los demás es apasionante. Cuando has aprendido algo, lo compartes con otra persona, esa persona se interesa y eso da pie a una conversación, es algo que me apasiona. Me encantaría que la gente, después de leerme a mí, se olviden de mi libro y se interesen por otras muchas lecturas que menciono.

M.G.- Luna, en el libro reproduces una serie de encuestas que has hecho a otras mujeres, sobre deseo, amor, sexo. Me gustaría saber cómo se han desarrollado esas entrevistas.

L.M.- Fue muy sencillo. Hice un cuestionario tipo muy básico, pensando que no me aportaría tanto como al final sí ha sido. Primero se lo pasé a personas cercanas, pero me di cuenta del jugo que podía dar un cuestionario así, con preguntas como ¿cuándo empezaste a masturbarte?, ¿sentiste pudor?, ¿qué referentes tienes?, ¿con quién hablas de estos temas? Así que, a través de redes sociales hice una llamada. Empecé a recibir muchísimas respuestas de muchas mujeres españolas o latinoamericanas. Me llegaron como unos doscientos mails, algunos con respuestas muy escuetas y otros larguísimos. Fue muy complejo recibir respuestas de menores de edad, que te contaban intimidades muy difíciles. Eran testimonios que debían de contar a un adulto, a su madre o a su hermana. Recibí también respuesta de mujeres trans. Una de ellas me contó su transición. Fue tantísima la información que daría para recopilarla en un libro

M.G.- Que menciones a las mujeres trans me da pie para confesarte que, a veces, me pierdo con tanta etiqueta. Leyendo tu libro he tenido que buscar algunos conceptos como la conducta queer. ¿Tú no crees que el empleo abusivo de tanta etiqueta es contraproducente?

L.M.- Mira, esto es muy interesante. En el libro hay una sección que habla, precisamente, de la etiqueta «literatura femenina». Las etiquetas son necesarias en un momento, para señalar y mostrar, para señalarse y mostrarse. El problema aparece cuando esas etiquetas dejan de ser un modo de visibilización y se convierten en un método de separación. Hay una serie de etiquetas que antes convivían pacíficamente porque la lucha era común pero ahora, como ya están muy asumidas, al menos en algunos ámbitos, se pueden convertir en una carga, en algo que nos separe, nos pelee, e incluso puede ser utilizado en nuestra contra por el machismo, por el patriarcado, o por la extrema derecha. Con las etiquetas, debemos ser muy cuidadosos. No debemos negarnos a ponernos las etiquetas que necesitemos para mostrarnos, para contar una realidad que no está representada, pero también debemos ser cuidadosas y no permitir que los abusadores de siempre, aquellos que quieren vernos calladas, utilicen todas estas herramientas para eso, hacernos callar.

M.G.- Luna, me llevaría hablando contigo mucho más tiempo. Se me han quedado muchas preguntas en el tintero, pero no quiero robarte más tiempo. Muchas gracias por atenderme y felicidades por este libro que, para mí, ha sido todo un descubrimiento.

L.M.- Me alegro que te haya gustado. Gracias.


Sinopsis: Luna Miguel brinda en Caliente su narración más íntima sobre el deseo, el amor plural y la creación literaria; iluminadoras entrevistas en torno al placer y el autoplacer, y una lúcida lectura de una larga estirpe de escritoras que lo arriesgaron todo en su literatura, como Louise Glück, Cristina Morales, Annie Ernaux, Marina Tsvietáieva, H. D., Renée Vivien o Chris Kraus. Con «inteligencia y provocación» (Zenda), la autora «se impone "decir con rabia todo lo que no debo"» (El Cultural de El Mundo), y así, por medio de confesiones, reflexiones y citas, sin respiro, audaz y reveladora, vuelve a tocarnos con su mejor obra hasta la fecha.



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