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viernes, 12 de julio de 2024

EL HAMBRE DEL PELÍCANO de Blanca Cabañas

Editorial: Suma
Fecha publicación: mayo, 2024
Precio: 22,90 €
Género: thriller
Nº Páginas: 360
Encuadernación: Tapa blanda con solapas
ISBN:  9788419835819
[Disponible en eBook]

Autora

Blanca Cabañas (Chiclana, Cádiz, 1991) es maestra de Educación Especial y pedagoga, completó su formación con un máster en Necesidades Educativas Especiales y Atención Temprana. Cuenta con distintos reconocimientos. En 2018, su obra Katchi es premiada como Mejor Relato Corto en el III Certamen Literario Dos Hermanas Divertida. En 2019 consigue el accésit a Mejor Novela Corta en el XXIX Certamen Calamonte Joven con Un buen vecino. En 2020 su relato Vivir se convierte en ganador del VIII Concurso Relato Breve Projecte LOC de Cornellà de Llobregat. En 2021 su relato La línea se hace con el primer premio en prosa en el Certamen Literario Ciudad de Chiclana. En 2022, publica su primera novela, Perro que no ladra, que cautiva a los acérrimos del género. Vuelve con El hambre del pelícano, un thriller crudo y ambicioso que se vale de la Chiclana más oscura como escenario.

Sinopsis

A pesar de comenzar de cero en una nueva casa en Chiclana, Luz no logra dejar atrás sus sospechas. Rodrigo lleva un tiempo comportándose de un modo extraño. Ella conoce esa mirada esquiva, por eso teme que le esté siendo infiel otra vez. Desesperada, decide contratar a una joven detective privada que se convertirá en su sombra. Todo se complica cuando el cuerpo de la chica aparece sin vida en los acantilados de Sancti Petri. Y solo Alfredo, el camarero que la vio por última vez, parece interesado en encontrar respuestas. En esa búsqueda de la verdad, el hallazgo de una estatuilla fenicia detonará las vidas de aquellos que jueguen con su poder y se crean con el derecho de atesorarla.

Después de la publicación de Perro que no ladra, la escritora Blanca Cabañas regresa con un thriller envolvente que atrapa al lector en una espiral voraz que nos lleva a adentrarnos en un mundo de intereses y a disfrutar de los episodios desconocidos de la historia fenicia de Cádiz. Deseos oscuros, avaricia, mitología, investigación y secretos en una novela que hará las delicias de los lectores del género.

[Información tomada directamente del ejemplar]

Blanca Cabañas publicó su primera novela,  Perro que no ladra, en 2022. Con ella tuve el placer de conversar al filo de las navidades de aquel año (puedes leer nuestra conversación aquí) y posteriormente compartí con vosotros mis impresiones en la correspondiente reseña. Leer aquella novela me gustó. Disfruté de su trama y, de paso, aprendí algo de neurociencia. Cabañas regresa ahora con nuevo libro bajo el brazo. El hambre del pelícano es de esas novelas que gustosamente te llevas a la playa, para disfrutar de una lectura entretenida, con una trama a la que no le faltan sorpresas y giros. Y si esa playa baña la costa de Cádiz, mejor que mejor, porque la autora vuelve a su tierra, a Cádiz, para hablarnos de su pasado. Os cuento un poco.

«Voy a morir». De este modo empieza El hambre del pelícano. Las páginas que componen el prólogo de la novela están narradas en una primera persona. La acción se sitúa al borde un acantilado. Al fondo de ese abismo, el mar ruge con fuerza, golpeando incansable las rocas. Pero esta escena será únicamente un adelanto de lo que vamos a encontrar en el interior de este libro, un aperitivo que pone al lector en guardia porque, realmente, la novela se inicia en casa de Adolfo, un anciano que parece sufrir el síndrome de Diógenes. 


«Hacía semanas que no dormía. Puede que meses. A decir verdad, el tiempo se había vuelto confuso. Era incapaz de conciliar un sueño profundo. Cada poco se desvelaba y volvía a estar vigilante un par de horas. Hasta la siguiente sacudida. Esa que lo mantenía alerta, inseguro, expectante. En su cara se dibujaba el miedo; en sus ojos, la tristeza». [pág. 14]

 

En esas primeras líneas del primer capítulo conoceremos a Adolfo, un hombre mayor que no siente orgulloso de lo que hizo en el pasado. Habla de decisiones erróneas, de pagar un precio demasiado alto, de merecer un severo castigo. Tiene miedo. El anciano vive recluido en su casa, no sabemos si por sentir pánico a salir al exterior o por otro motivo. Lo cierto es que, en su casa, siente una presencia amenazante, una figura oscura que lo paraliza cada vez que surge de la nada, o quizá sean sólo imaginaciones de un pobre viejo. Pero el protagonismo de Adolfo se evaporará rápido para pasar el testigo a otros personajes que sí van a desempeñar un papel más predominante. Por un lado, tenemos a Alfredo, un joven camarero, cuya vida cambiará de un día para otro. También acompañaremos a Sofía, una joven fotógrafa que trata de reconducir su vida. Y, entre otros tantos, a Rodrigo, un padre de familia que no pasa por un buen momento. 

La aparición de un cadáver en la playa de la Barrosa pone en marcha el motor de la investigación criminal que se desarrollará en la novela. Nadie ha denunciado ninguna desaparición. Tampoco es posible identificar el cadáver, ya que entre las pertenencias del mismo no se encuentra ningún documento personal. Lo único llamativo son las quemaduras que el cuerpo presenta en las yemas de los dedos, así como una marca alrededor del cuello. Nada más. ¿Quién es la persona que ha sido hallada sin vida? 

Pero este hallazgo no será el único importante de la novela. El hambre del pelícano conecta con el pasado de Cádiz, con su Historia en mayúsculas, con las diversas culturas que poblaron antaño estas tierras, y con la aparición de un objeto de arte, una estatuilla de bronce, que dará pie a un relato en el que no faltarán las mentiras, las medias verdades, la traición, la codicia y la venganza, elementos que ayudarán a mantener la tensión narrativa.

Qué me ha gustado de la novela

Un buen inicio de novela es fundamental para despertar la curiosidad del lector y, en este caso, hay que reconocer que El hambre del pelícano tiene un buen arranque. Como comenté antes, el prólogo nos sitúa al borde de un acantilado, junto a uno de los personajes de la novela. Intuimos lo que la autora pretende que intuyamos, que dicho personaje tiene pensamientos suicidas. ¿Es realmente así? Y en tal caso, ¿por qué? Así que, con esa curiosidad rondándome, me adentro en una trama que gira alrededor de dos cuestiones. Por un lado, la investigación criminal que, si bien está en manos de la Guardia Civil, liderará uno de los personajes civiles el que, por la cuenta que le trae, llevará a cabo sus propias pesquisas. Y por otro, el segundo pilar de la trama será el que tiene que ver con ese repaso que Cabañas hace a aquellos tiempos en los que tierras gaditanas estaban ocupadas por los fenicios y a las que apodaron Gadir.


«La datación histórica no es precisa, pero mucho historiadores coinciden en que solo ochenta años después de la caída de Troya, allá por el año 1104 a.C., se funda Gadir. Entonces era un archipiélago formado por tres islas, las Gadeiras: Erytheia, Kotinoussa y Antípolis». [pág. 101]

 

 




¿Y qué tiene que ver el cadáver de la playa de la Barrosa con la historia de los fenicios en el sur de España? Bueno, pues, por daros algunas pistas os diré que se cree que en Gadir se erigió un templo a Melkart«el rey de la ciudad, del comercio y de la navegación», al que en el mundo griego llamaba Hércules. Melkart, del que yo lo desconocía todo, a pesar de que actualmente puedes encontrarte alguna estatua en su nombre, paseando por algún municipio gaditano, es parte importantísima de la historia de Cádiz y, aunque fue un dios fenicio, todavía hoy ha protagonizado alguna noticia de actualidad. La novela nos habla de estatuillas en honor de Melkart que se han hallado en el fondo marino, en el entorno de Sancti Petri. ¿Podría ser que esas estatuillas estén malditas y sólo traigan muerte y desgracia?


«Vicente hacía alusión a las diez estatuas contemporáneas que,  colocadas en diversos puntos de Chiclana, recordaban la huella imborrable que los antepasados dejaron en aquella franja de tierra. De más de tres metros de altura y simulando el bronce, reencarnaban al dios del comercio Melkart, dando protagonismo a una ruta que los fenicios hicieron hace tres mil años». [pág. 76]


Darle un meneo al libro de Historia y ahondar en el pasado de nuestra vecina Cádiz me ha resultado una experiencia interesantísima. Leyendo esta novela aprenderemos sobre la llegada de los fenicios, sobre cómo se fundó Gadir, quién era Melkart, la existencia de navíos hundidos bajo el mar, y sabremos de reliquias que esperan ser rescatadas de la corrosión del salitre. Todo ello está bien integrado en el relato aunque, sí admito que, quizá en algún momento, Cabañas profundiza algo más de lo esperado o necesario, poniendo a nuestro alcance abundantes datos que, como puedo imaginar, suponen el fruto de la documentación que la autora ha tenido que emprender para poner en pie esta trama.

Por otra parte, y vinculado con el hallazgo de obras de arte, El hambre del pelícano también pone sobre el tapete las consecuencias que acarrea encontrar una pieza arqueológica, desde el punto de vista de Patrimonio Histórico. 


«En España, a partir de la ley de Protección Histórico Español de 1985, cualquier hallazgo, casual o no, debe ser notificado. Todo lo que hay de valor bajo tierra o en el mar pertenece al Estado». [pág. 173]


¿Pensarán así los personajes de esta novela? Creo que puedes responder tú mismo a esta pregunta.

Personajes

La galería de personajes de El hambre del pelícano es, más o menos, amplia, pero sólo me voy a limitar a destacar tres.

* Alfredo es un joven de veinticinco años con una vida bastante anodina. Trabaja los fines de semana en el restaurante Los Pescadores, con el propósito de sacarse un dinero con el que ayudar a la economía familiar. Le encanta la tele y los videojuegos. Sin apenas vida social, su único amigo es Fabio, un guardia civil al que conoció en la infancia.


«Habían jugado de críos en la plazoleta de la barriada, compartido las primeras quedadas con chicas y se habían fumado los primeros pitillos juntos. Si pensaba en aquella época, se recordaba delgaducho y con pelusilla facial en el bigote. Sin embargo, Fabio siempre tuvo un cuerpo fibroso que, desde hacía unos años, lucía bajo el uniforme verde de la Guardia Civil. Lo miraba con admiración, con orgullo. Mientras él sentía haberse estancado, Fabio había cumplido todos sus objetivos: tenía un trabajo estable, se había casado y criaba un bebé de pocos meses». [pág. 18-19]


La relación entre Alfredo y Fabio será crucial en el desarrollo de los hechos. En cierto sentido, la amistad entre el joven camarero y el guardia civil es uno de los puntos interesante de la novela, especialmente, porque esa relación que siempre ha sido sólida podrá terminar pendiendo de un hilo. 

* Sofía es una joven fotógrafa que un buen día abandonó el domicilio familiar para perseguir sus sueños. Sus padres querían imponerle un futuro, que estudiara Derecho y se convirtiera en abogada, pero aquel plan no la seducía. Cuando en su vida apareció Tony, no se lo pensó y se marchó con él. Tony es un tipo guapo, un buscavidas que Sofía conoció por Instagram.


«Hacía de todo, desde arreglar electrodomésticos, promocionar subastas deportivas de dudosa fiabilidad hasta subir fotos de todos los lugares de la provincia que visitaba». [pág. 35]


Sofía tiene que aportar también su grano de arena a la relación así que, aprovechando que es buena fotógrafa y tiene buen equipo, y a pesar de no contar con acreditación oficial, se anuncia como detective privado para casos menores de infidelidad y cuernos. Su relación con Tony empezará a hacer aguas más pronto que tarde.

* Rodrigo se crió en el antiguo poblado de Sancti Petri, «una lengua de tierra que fue un enclave estratégico tres mil años atrás. Saqueado por piratas, erosionado por la acción del mar, bombardeado por los franceses y explotado como cantera de piedra ostionera», que vivía del paso de los atunes por el Mediterráneo, hasta que otros intereses económicos terminaron por obligar al desalojo forzoso del poblado. De madre estibadora y padre pescador, Rodrigo ha formado su propia familia con Luz, con la que tiene dos hijos, pero las cosas no van bien en el matrimonio. Por un lado, ha dado un traspiés que sólo ha sembrado la desconfianza en su mujer. Por otro, su suegra lo atosiga a la menor oportunidad, ninguneándolo y poniéndolo en evidencia. Rodrigo desea con anhelo demostrar a los demás que no es un don nadie para recuperar así a su familia. El destino le abre una puerta para intentarlo, solo que, a veces, lo que vemos más allá de un umbral no es más que un puro espejismo.

Escenarios

Chiclana, Sancti Petri, la playa de la Barrosa... Blanca Cabañas pone su entorno conocido al servicio de la trama de esta novela y se nota que la joven escritora es oriunda de la zona. Lugares, como el restaurante Los Pescadores, en Chiclana, o las fortificaciones de de Urrutia o la de Sangenís existen y contribuyen a crear atmósfera. 

Estructura y estilo

Blanca Cabañas opta por abrir nuestro apetito antes de meternos de lleno en el grueso de la novela, con el prólogo que mencioné anteriormente. A partir de ese punto, la estructura de la novela se compone de cuatro partes, a lo largo de las cuales se distribuyen un total de cincuenta y cuatro capítulos de breve extensión, encabezados por el nombre del personaje sobre el que se va a poner el foco de atención en cada uno de ellos.

Narrado prácticamente en tercera persona, el tiempo se pliega sobre sí mismo,  permitiendo que conozcamos presente y pasado, por qué esa persona del prólogo parece a punto de lanzarse al vacío y qué consecuencias tendrá ese hecho en el presente de los personajes. La autora nos adentra en un thriller de buen ritmo, con un estilo actual, ágil y dinámico, que impide que el lector se aburra.


En definitiva, El hambre del pelícano es un thriller al que no le faltan sorpresas y giros, especialmente en los últimos compases, donde la trama tiene que quedar limpia de duda y aclarada en todas sus incógnitas. Como dije al principio, una novela para disfrutar de los días de verano.

[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

Puedes adquirirlo aquí en tapa blanda y aquí en Kindle



martes, 21 de marzo de 2023

PABLO RIVERO: ❝Sorprender a los lectores es un reto constante❞

No se puede decir que Pablo Rivero sea un novato en literatura, o un actor que prueba suerte con esto de inventar historias, por hacer algo distinto a lo que nos tiene acostumbrado, por probar suerte en otras lides. Su primera novela, No volveré a tener miedo, se publicó en 2017, a través del sello Suma. Y este mes de marzo, ha visto la luz su quinto thriller.

Como lleva haciendo desde aquella primera publicación, Pablo Rivero, al que muchos conocemos por su personaje de Toni Alcántara en la serie Cuéntame, vuelve a regalar al lector una historia a la que no le falta el misterio. Dicen que, entre estas páginas, vamos a encontrar pinceladas de uno de los maestros del suspense, de Alfred Hitchcock, quien solía presentarnos un contexto idílico en el que, de repente, se colaba el crimen. Pero también habrá reminiscencias a Pierre Lemaitre, con esa forma de narrar tan descarnada, y esas escenas crudas y sangrientas.

En Dulce hogar (cada vez que pronuncio el título me entran ganas de añadir la coletilla «a veces», y además no le vendría mal a la trama), conoceremos la historia de Julia y Rubén. Ambos forman una pareja de éxito que deciden mudarse a un área residencial de lujo para tratar de formar una familia y tener un hijo. Las cosas se van a torcer muchísimo. Dulce hogar es un thriller que profundiza en los personajes y extiende ante nosotros un abanico de temas sociales para que el lector se pare a pensar un ratito.

Y por cierto, no os perdáis las reflexiones de Pablo sobre ser actor o ser escritor. Lo que me descubre, también da para pensar mucho. Os dejo con la entrevista.

Marisa G.- Pablo, como es la primera vez que hablo contigo y sé que todos te conocemos principalmente como actor, me gustaría saber qué es lo que te impulsa a ponerte a escribir. ¿Qué es lo que tú quieres aportar a la literatura o lo que la literatura te da a ti?

Pablo R.- Bueno, realmente empiezo a escribir porque no tengo elección. Desde pequeño cuento historias. Mi juego ha sido jugar a historias, a personajes. A raíz de historias que me han sobrecogido o fascinado, he creado personajes. Ese ha sido un poco mi mundo, ¿no? Al final, todo eso se ha llegado a ver bien. El mejor ejemplo es que, cuando yo tuve que elegir qué quería estudiar, empecé en la escuela de interpretación y en periodismo, porque me gustaba contar historias, ya sea creándolas yo, o siendo yo el propio vehículo. En realidad, no ha sido una decisión. Es que yo tenía la necesidad de contar.

Soy muy creativo y estoy muy en contacto con el arte, no ya en el sentido de exposiciones y demás, pero sí leo mucho, veo mucho, estoy muy informado. Todo me afecta, todo me llama la atención y, enseguida, la imaginación se me va. De un detalle que leo o de una conversación saco una historia.

Lo que intento aportar a la literatura es escribir el libro que mi me gusta leer. Aplico lo que yo deseo, lo que mí me sobrecoge en literatura o en cine. Porque todo está ya inventado y, a partir de ahí, me intento favorecer de lo que pasa. Creo que los sentimientos son universales. Aunque seamos de una clase social distinta o estemos en una punta del mundo o en otra, lo que nos mueve es muy común. Y cuando ves los casos reales, te das cuenta de que los sucesos se producen por los instintos más básicos. Así que, lo que intento es escribir el libro que a mí me gustaría, con historias impactantes que te dejan KO, que te animan a seguir leyendo y que, a la vez, emocionan.

Creo que como actor profundizo mucho en los personajes, algo que en la novela de género no se suele producir. Estoy convencido de que, más allá de la trama y de los giros, si te acuerdas de una novela será por los personajes. Intento hacer una fusión, una novela más social o más emocional,combinada con thriller.

M.G.- Estás diciendo algo que me gusta. Hace unas semanas hablaba con Elvira Mínguez, que también se ha metido en literatura, y le preguntaba si su trayectoria como actriz le había ayudado a la hora de escribir la novela. Y ella me decía que acostumbra a escribir los personajes antes de interpretarlos. Entiendo que, por lo que tú estás diciendo, también haces lo mismo.

P.R.- Bueno, con «No volver a tener miedo» hacía diarios casi de cada personaje. Cuando interpreto personajes intento buscarles color. Por ejemplo, con Toni Alcántara, que lo conoce todo el mundo, ha habido temporadas en las que ha sido infiel, en las que, de repente, se ha vendido profesionalmente, o que ha sido más ingrato y por eso la gente de la calle le cogía más manía. Pero todo eso, como actor, era maravilloso porque el ser humano es así. De repente somos muy buenos y muy solidarios, y luego somos muy ruines en otros temas. Cuando queremos, miramos para otro lado. A mí me interesa encarar los personajes desde ese punto de vista porque hace que sean reales. Eso es lo que marca la diferencia con la mayoría de las novelas negras que leo, porque los personajes están estereotipados. El hecho de que los personajes tengan color, que sean como sean, sensibles y con un background, que les haya pasado muchas cosas, hace que sean maravillosos a la hora de crear sospechosos y de crear intriga, porque cualquier persona al límite es capaz de hacer muchas cosas. Si los personajes son planos, los ves venir.

M.G.- Te vas dando cuenta absolutamente de todo. 

P.R.- Cuando un lector me dice que le ha cogido manía a un personaje me parece bien. Es como ocurre en la vida. A mí me gusta esa ficción en la que los personajes hacen cosas que, a pesar de ser desastrosas, te puedas reconocer en ellas.

M.G.- Dulce hogar es la quinta novela. Todas son thriller. Este es el género por excelencia hoy día. Creo que es lo que más se lee. También hay mucha competencia porque sois muchos los que escribís thriller. ¿En algún momento te has planteado cambiar de género?

P.R.- ¿Pero tú crees que el thriller es lo que más se lee? Creo que está en un buen momento pero fíjate, yo veo muchos libros de autoayuda, de positivismo. Claro, está todo el mundo tan mal, ¿no? La salud mental está tan perjudicada, en general. Creo que, de esos libros que te dan las claves para ser feliz, hay muchísimo.

M.G.- Yo creo que el thriller vende más.

P.R.- ¿Sí? Ojalá. Yo es que no lo puedo elegir. Es lo que te decía antes. Es lo que yo consumo y lo que me mueve. La novela negra es adictiva, si está bien hecha. Si yo consigo que te enganche y que te vuelvas adicto a la historia, me puedo permitir colarte otros muchos temas. Y no digo que quiera adoctrinar o decir lo que hay que pensar, sino poner temas sobre la mesa. Es lo que intento hacer con mis novelas que, además de entretenerte y divertirte, pienses y te plantees cosas. 

En la anterior novela, «La cría», hablaba de la exposición en redes sociales, de los menores, de los riesgos que hay,... En esta se habla de los incendios, del problema de la natalidad, de las parejas que no pueden tener hijos,... Conforme vas investigando, te vas dando cuenta de que no sabes ciertas cosas, que socialmente no se habla de ellas. Creo que hay muchos tabús, por eso, trato de poner el foco de atención sin decirte lo que tienes que pensar. De eso se trata, de enriquecerte también cuando lees.

M.G.- Claro, lo de poner temas de actualidad sobre la mesa para que el lector...

P.R.- Para que el libro hable de algo más y no sea solo un caso de desaparición, que ya hay trescientos.

M.G.- De los temas hablaremos en un momento. Sí me gustaría preguntarte si has notado progresión desde que, en 2017, publicaras «No volver a tener miedo».

P.R.- Bueno, yo lo que noto es un oficio. Todo se aprende. Noto que he perfilado mi camino. Noto que estoy muy respaldado por mi editor y por la editorial, que hay un público muy fiel de lectores que esperan las novelas, que es el mejor de mis sueños. Ellos saben cuál es mi estilo y lo que se van a encontrar. Escribo una novela al año porque tengo mis ideas pero, además, tengo un motor que me lleva a crecer. Sorprender a los lectores es un reto constante. 

M.G.- Esta novela trata sobre una pareja, Julia y Rubén, que se van a vivir a una urbanización de lujo con el propósito de mantener una estabilidad para tener un hijo. ¿Qué ocurre en tu vida para que esa idea se cruce en tu cabeza? 

P.R.- Pues vivir en una organización a las afueras del centro de la ciudad, tener un hijo que va al cole, y conocer a muchas madres, muchos padres, muchas familias que viven en casas parecidas, de alrededor.

Tengo una casa que da al campo, desde la que tengo unas vistas privilegiadas. Un día estaba leyendo en mi casa. Al bajar el libro, me pareció ver a alguien entre los árboles, y me asusté. De repente, tener la sensación de que alguien te está observando, sin que tú lo sepas... Estuve un rato intentando saber si era alguien o un animal. En mi urbanización, conozco a muchas madres del cole, a amigas, que pasan la mayor parte del día solas. Algunas que son muy atractivas, muy guapas, y pensé en ellas, todo el rato solas, con sus maridos trabajando fuera y... De repente, mi cabeza empezó a funcionar. ¿Y si fuera algo sexi, algo que no fuera peligroso? Bueno, a mí me gustan mucho los thrillers de los 90, que eran muy sexis, muy sensual. No todo tenía que ser gris.

En esta novela he querido recuperar ese espíritu, con una primera parte en la que todo fuera muy Hitchcock, en el sentido de que todo fuera bonito, con intriga, pero muy agradable de leer; muy sofisticado y a la vez muy sexi. Me planteé qué pasaría si, de repente, te está viendo un chico, con el que empiezas a tener una historia, y luego viene tu marido,... Bueno, la historia va creciendo pero surgió así.

M.G.- Hablas de Hitchcock pero la novela también tiene esa parte de otro autor, que muchos hemos leído, y cuyas novelas sobrecogen por la descripción de ciertas escenas.

P.R.- ¿Te refieres a Pierre Lemaitre?

M.G.- Sí, sí.

P.R.- Sí, y fíjate que otro de mis referentes es Emmanuel Carrère. 

Lo que quería hacer en esta novela era crear un mundo, lo que he dicho, tipo Hitchcock, atractivo, que te envuelva con mil posibilidades, que no sepas por dónde va la cosa y que, una vez que empiezas atar cabos y que crees que sabes lo que sucede, haya nuevos giros. Que, una vez que estés en la historia, hacer un poco lo que hacen estos maestros franceses, casi como si fuera un true crime. Que esto no sea solo un golpe seco, explicativo de lo que sucedió, sino que además, cuando piensas que sabes lo que sucede, haya más giros, más giros, más giros.

Me gusta la crudeza que tienen estos autores, que son muy secos y no hacen concesiones. En la novela negra, hay como miedo. Todo tiene que acabar bien, pero a mí me gusta que no sea así. El final de Dulce hogar es una bestialidad. Me encanta eso. En una novela, después de todo el recorrido, a veces el lector se pregunta: pero, ¿lo termina así? No es que nos tome el pelo sino que no sigue la esencia. Hay ser consecuente con lo que has ido planteando.


[Si prefieres leer nuestra conversación, dale al play]


M.G.- Esa dureza la tenemos al principio del libro, en las primeras páginas. Leí o escuché en una entrevista que tú te habías metido tanto en la historia, y lo que te rodeaba era tan parecido a lo vemos en la novela, que llegaste a pasar miedo.

P.R.- Cuando empiezo a escribir esta historia, aunque no esté escribiendo literalmente en ese momento, sí estoy todo el tiempo conectado con la historia. Escribo a partir de cosas cotidianas a las que le saco punta. Por ejemplo, un repartidor que llega con un pedido que has hecho. Pues abres la puerta y nunca sabes quién es. Sacar cosas de este tipo. Estás pensando en un contexto muy parecido al mío y es como sacar punta a todos los peligros que puedan suceder. 

Cuando me puse escribir el borrador estaba fuera de Madrid. Dio la casualidad que me salió un rodaje en Soria y tuve que pasar dos noches en Madrid, yo solo. Y claro, me pasó como a Julia, que vive en una casa muy bonita pero cuando está acompañada. Pero yo allí solo, con todo lo que he trabajado y he metido en mi mente, de repente,era como ver una película.

En mi casa me pasaba igual. Tengo una cristalera que da al campo y de día es maravillosa la vista pero, por la noche, es una cortina negra. Si alguien te está viendo, no te enteras.

M.G.- No sabes quién acecha.

P.R.- Claro, no lo sabes. 

M.G.- Hablemos un poco de los personajes. Julia y Rubén son los principales. ¿Qué nos puedes contar de ellos?

P.R.- Julia y Rubén son dos personas muy independientes. Han disfrutado mucho de sus trabajos. Él es piloto de una aerolínea con vuelos internacionales y ella ha sido azafata. Creo que eso ya dice mucho. Son gente que está acostumbrada a ver mundo, a disfrutar,... No sé si conoces a azafatos o a azafatas, pero son gente...

M.G.- Con mundo.

P.R.- Sí. Gente que sienta cabeza un poco más tarde de lo normal. Ha sido por elección propia porque han disfrutado, entre otras cosas, de su sexualidad y de su vida. Pero cuando intentan ser padres, pues les cuesta. Sobre todo a Julia. Ella es el hilo conductor de la historia. Quería hablar de cómo un tipo de mujer que ha sido muy independiente, que ha sido muy empoderada, en el mejor sentido de la palabra, ahora le está costando ser madre. Este tipo de mujer tiene metida en sus venas el tema de la culpa y los convencionalismos. Incluso puede caer en el pensamiento de no ser madre porque no se lo ha ganado, entre comillas, porque ha estado todo el día viajando y, a lo mejor, para ser madre, tiene que estar asentada en un sitio. A lo mejor, en vez de vivir en el centro, salir de copas e irse al cine a las diez de la noche, entre semana, pues tiene que tener una vida más cotidiana, crear un hogar,...

Bueno, pues ahí arranca la historia, con una mujer intentando ser madre, cruzando los dedos. Las circunstancias la ponen contra la pared porque se encuentra gente alrededor que tiene una felicidad que ella no consigue. Además, todo esto le explota en la cara, lo ve en las redes sociales. Todo el mundo es maravilloso y no tienen tacto con ella a la hora de hacer comentarios. 

Aunque pongo el foco en la maternidad, también hablo de las elecciones que hacemos, en la pareja, en el matrimonio, en los estudios,... Se nos mete dentro tanto la idea del éxito y de triunfar, que a veces nos obsesionamos con algo.

Mira, a mí me lo dicen como actor. Me preguntan si no hubiera querido ir allí o allá. Pero si yo soy feliz donde estoy, ¿para qué voy a...? Bueno, pues son personajes que sirven para contar la intriga pero también para reflexionar. A lo mejor me estoy obsesionando con una felicidad que ya tengo.

M.G.- Sí, son las imposiciones sociales. Vemos a la gente de nuestro alrededor hacer ciertas cosas y pensamos que tenemos que hacer lo mismo que ellos.

P.R.- Y las frustraciones. Se nos crean expectativas tan altas que no conseguirlas crea mucha frustración. Las redes sociales son terribles para eso. Ahí todo el mundo muestra su felicidad, todo el mundo habla de los éxitos, pero nadie dice nada de los fracasos, ni del trabajo que cuesta conseguir algo. 

Y luego, con la maternidad y la paternidad también pasa. Todo el mundo habla de una madre a los 54 años, pero nadie habla de cómo se ha conseguido, de lo que ha costado, de congelar los óvulos a los 30. De este tipo de cosas, nadie habla. 

M.G.- Bueno, la maternidad es uno de los temas que tocas en la novela pero también hablas de la búsqueda de la vida perfecta, la explotación urbanística, el cambio climático. Me quiero quedar con un tema concreto porque hay un personaje que tiene problemas mentales. Creo que esa  es una cuestión muy importante hoy día, porque hay que dar visibilidad y normalidad a personas que sufren problemas mentales. Los novelistas, por ejemplo, hacéis una gran labor al respecto.

P.R.- En «La cría» ya hablaba mucho de las redes sociales y de cómo afecta a los chavales. Se nos lanza a un mundo de felicidad absoluta y que solo puede crear frustración. Luego está el bullying. Los adolescentes lo están sufriendo muchísimo. Todo esto afecta a la salud mental porque a nuestro alrededor todo es maravilloso. Esto por un lado.

Pero por otro, Dulce hogar pone también el foco en algo más contundente. Cuando se comete un crimen o se hace algo ilegal, ¿dónde se pone la barrera? ¿Cómo se sabe si se ha hecho conscientemente o existe un problema mental? En la mayoría de los crímenes se habla de drogas o de locura transitoria. Claro, luego investigas y se descubre que hay gente que tiene problemas mentales pero, como se hacen juicios rápidos, porque no pueden pagar abogados ni procesos, no se termina de demostrar la verdadera causa, y terminan con condenas a prisión, donde no hay programas de adaptación. 

Hay gente que sí es consciente de sus actos pero consiguen condenas más breves o reducciones de condena por buen comportamiento y salen pronto. En cambio, hay personas que tienen verdaderamente un problema mental, pero se les encierra en una cárcel y como no tienen tratamiento, pues no prosperan, y sus condenas no se acortan. Todo esto es un tema muy delicado, muy complejo, que genera debate y es buen material para una novela. 

M.G.- Tendríamos que reestructurar el sistema. 

P.R.- Hay dos cosas que para mí son fundamentales. Lo de que los crímenes prescriban no lo puedo entender. ¿Cómo puede prescribir un crimen? Se trata de una muerte. Si la técnica y los medios están avanzando, si el dolor de las familias persiste, ¿cómo puede prescribir? Eso me parece terrible. 

Y luego, de las reducciones de penas, no soy muy amigo, la verdad.

M.G.- Centrémonos en el escenario, en la urbanización de lujo. Viendo la sinopsis, me acordé de una película de Maribel Verdugo que se llama La zona, y que también ocurre en una urbanización. En estos reductos, con tantos privilegios, parece que nunca va a ocurrir nada malo. Sin embargo, son escenarios muy atractivos para una novela. Que uno viva en un sitio así no quiere decir que no te vaya a ocurrir algo malo. Hay un contraste intenso, entre lo luminoso y lo oscuro. Es un buen escenario.

P.R.- Creo que tiene que ver con ese espíritu que te comentaba, que fuera atractivo. Es bueno mostrar un bombón, algo sofisticado, que te guste y se salga algo de lo convencional. Los lectores leemos para salirnos de nuestro entorno. Si el contexto que te ofrezco es el de la casa de tus sueños, siempre va a ser más atractivo, y te da pie a ser muy duro y muy escabroso cuando tienes que serlo. Pero tiene que ser algo que lo puedas tolerar. Una vez que te he ganado, te puedo contar lo otro. Si no, se hace demasiado sórdido. A mí me gusta crear ese morbo, que la dualidad sea muy fuerte, pero que no puedas dejar de leerlo porque, en el fondo, hay algo que te gusta. 

M.G.- Ahora que llevas publicadas cinco novelas, ¿te ves dejando la interpretación en favor de la literatura?

P.R.-  Espero no tener que elegir. Aprendo con una cosa y con la otra y, al final, lo que sé de una cosa la ponga en práctica en la otra. Todo tiene que ver con llegar hasta el fondo de las historias que cuento, de los personajes que cuento. 

Hay algo que valoro mucho y soy muy consciente del privilegio. Yo cuento mis historias porque soy dueño de lo que cuento y tengo suerte de estar respaldado. Por eso, lo de escribir una novela al año no lo veo como una tortura sino como una suerte.

M.G.- Pero compaginar...

P.R.- Claro, claro. Lo que pasa es que, como actor, tú dependes de otros. Mira, una cosa que veo con los libros es que el trabajo que siembras lo recoges. Si a ti te gusta esta novela, te lees las anteriores. Las novelas están vivas. Yo tenía miedo de que los libros se quedaran en las estanterías. Pero no. Lo que estoy viendo es que, si eres constante y tienes lectores que te siguen y les gusta tu estilo, tus libros se leen. Por eso, constantemente salen ediciones de los anteriores libros. Es un boca a oreja. Es algo maravilloso. Voy creciendo, y creciendo también en posición, y ya puedo vivir de escribir. Y como actor, pues no. Como actor, puedes hacer una obra en el Teatro Español, llenando setecientas butacas, que te vaya a ver mucha gente y no volver a hacer teatro bueno en dos años. O puedes hacer un personaje en televisión y que luego no te llame ni Dios, o que te llamen para hacer un casting para una secuencia del tipo: «Hola, cariño, vengo de trabajar», para una serie diaria de una cadena. Es así, de repente, te llaman para hacer un casting absurdo y al día siguiente te ofrecen un protagonista en el Teatro Español sin hacer una sola prueba. Es que te vuelves loco. Si dependes de eso, te vuelves loco.

M.G.- De todas maneras, Pablo, al personaje de Toni Alcántara le estás agradecido. Le debes bastante.

P.R.- Hombre, por supuesto. Ha sido un aprendizaje... Está siendo una suerte. He trabajado con lo mejor de España. Por la serie ha pasado toda la profesión. Los actores mayores que tenía a mi alrededor han sido una escuela para mí. Creo que la serie es historia de España. Y luego, al poder trabajar en otras cosas pero tener un personaje siempre recurrente al que puedes aplicar todo lo que vas aprendiendo, es un crecimiento personal. El personaje ha crecido conmigo y yo también he crecido como actor y como persona. Eso es un privilegio. Y luego, me ha dado una estabilidad que me ha permitido, por ejemplo, parar para escribir, cuando los anticipos eran bajos, o poder hacer otras cosas.

M.G.- Bueno, pues lo dejamos aquí, Pablo. Me ha encantado hablar contigo. Gracias por venir a Sevilla. Muchas gracias. Espero verte en el teatro, que nunca te he visto.

P.R.- Pues estuve aquí, no hace tanto. Creo que en el 2021, con El sirviente.

M.G.- Pues se me pasó. Bueno, para la próxima. Muchas gracias.

P.R.- Gracias a ti.


Sinopsis: ¿Existe el hogar perfecto?

Una urbanización de lujo a las afueras de la ciudad.

Una ex azafata de vuelo dispuesta a todo por concebir un hijo.

Un marido ausente, un vecindario inquietante...

Y un atractivo joven que siempre la está observando.

Con un estilo preciso y eficaz, Pablo Rivero construye en Dulce hogar una historia perturbadora con una trama llena de aristas y unos personajes complejos que lo arriesgarán todo. Un thriller inquietante, una crónica social de denuncia sobre la presión hacia las mujeres y los hombres con temas como la maternidad, la cultura del éxito o la falsa felicidad. Una historia demoledora que profundiza además en el miedo, ese que nos obsesiona hasta el punto de convertirse en morbo y que a veces se convierte en terror. Sombría y pasional. Bienvenidos a Dulce hogar.


martes, 11 de octubre de 2022

MARÍA REIG: ❝Siempre he sido una enamorada de la Historia❞

María Reig. Treinta años. Nacida en Barcelona. Primeramente enfocó su carrera profesional al periodismo pero desde muy pequeña le gustó fantasear e inventar historias. Su oportunidad literaria llegó en 2019 cuando, tras tratar de publicar Papel y Tinta a través de Amazon, la editorial Suma de Letras llamó a su puerta. Han pasado tres años desde entonces y María no ha perdido el tiempo. Tras el éxito de aquella historia protagonizada por Elisa Montero, llegaría Una promesa de juventud en 2020, y ahora nos presenta Los mil nombres de la libertad. Tres serán los personajes principales de esta nueva historia -Inés, Modesto y Alonso-, a los que la autora hará correr aventuras y desventuras en una época con grandes cambios socio-políticos.

María Reig estuvo en Sevilla hace unas semanas y tuve oportunidad de conversar con ella. Aquí os dejo nuestro encuentro.

Marisa G.- María, un placer tenerte en Sevilla y conocerte.

María R.-  Igualmente.

M.G.- Como es la primera vez que hablamos, quisiera preguntarte sobre cómo ha sido publicar con una editorial. Sé que, con Papel y Tinta, tu intención fue publicarla en Amazon. De hecho montaste una campaña de crowdfunding que no hizo falta.

M.R.- Exactamente. La manera en la que conseguí llegar a la editorial fue muy bonita. Al principio intenté ir por el cauce tradicional, mandar propuestas editoriales a diferentes sellos, pero no tuve suerte. Fue cuando me planteé la auto-edición y lanzar la novela en Amazon. Tenía muy claro que el lanzamiento tenía que acompañarlo con una campaña de marketing y comunicación. Para eso desarrollé la campaña de crowdfunding. Funcionó muy bien, gracias al boca a boca, y el alcalde de la población donde vivía, Colmenar Viejo, me invitó al ayuntamiento. Allí les conté mi propuesta y me dieron respaldo. Borja, la persona que trabaja en el área de comunicación del ayuntamiento, me comentó que él conocía a gente del sector editorial, a Gonzalo Albert, mi actual editor, quien se puso en contacto conmigo y me pidió el manuscrito para valorarlo. Al final decidieron publicarlo. Así que me dirigí a los mecenas, las personas que habían puesto su dinero para el proyecto, y les propuse devolvérselo. Me dieron una lección de generosidad porque decidieron quedarse conmigo, y con el dinero pude hacer otras cosas a las que no llega la editorial, como crear la página web, las primeras fotografías de autora, y cosas así.

M.G.- Esta es tu tercera novela publicada. Si miramos todas esas novelas vemos que eres una autora de grandes historias, de novelas históricas. ¿Qué te atrae especialmente del género?

M.R.- Siempre he sido una enamorada de la Historia. En mi casa siempre ha estado muy presente y ha sido algo que me han inculcado, tanto en las lecturas como en los viajes. La novela histórica fusiona dos de mis grandes pasiones: la creación de ficción con el contexto histórico, y esa sensación de viajar al pasado. Como lectora y como autora, el hecho de poder decir que estoy en 1921 y poder moverme por las calles de ese Madrid, de manera casi visual, es algo que me encanta.

M.G.- Apasionada de la Historia pero estudiaste Periodismo. 

M.R.- Sí, estudié Periodismo porque me llamaba mucho la atención la profesión y también para poder desarrollar y pulir mi escritura y redacción. Es algo que conseguí con el periodismo. Creo que es una carrera bonita porque te abre muchas puertas. Ves muchas asignaturas diversas y eso me ayudó a interesarme más por la Historia, desde un punto de vista académico. Me cogí todas las asignaturas de Historia que pude, y bueno, ahora mismo estoy estudiando Historia. Era una asignatura pendiente y la estoy haciendo poco a poco.

M.G.- ¿Y dónde encuentras la inspiración para tus novelas?

M.R.- Creo que hay dos fuentes principales. Por un lado, la vida misma: una escena cuando estoy paseando, una situación que haya vivido, un diálogo con alguien conocido o desconocido. Y por otro lado, toda la documentación. Puedo tener ideas perfiladas pero cuando me documento es cuando empiezan a tomar forma. Para mí es importante que los personajes y las situaciones estén aterrizadas en el contexto. Leer sobre el contexto histórico es algo que me va nutriendo para ir construyendo la historia.

M.G.- ¿Y es esa curiosidad la que te lleva a escribir esta novela y a adentrarte en el siglo XIX?

M.R.- Sin duda. Me llama la atención las épocas sobre las que tengo muchísimas preguntas. En este caso, era una época que siempre me había llamado la atención. Me parecía que había muchísimo de donde sacar y todavía tengo mucho que aprender. Al final, mientras más te informas e investigas sobre algo, más cuenta te das de todo lo que tendrías que aprender. 

M.G.- A grandes rasgos, ¿qué van a encontrar los lectores en Los mil nombres de la libertad?

M.R.- Es un viaje a la España de principios del siglo XIX. Nos situamos en el año 1815, que será el punto de partida. Nos encontraremos a tres personajes principales. Por un lado tenemos a Inés de Villalta, hija mediana de una familia de burgueses de Santa Cruz de Tenerife, que decide emprender un viaje a la Península, con el conocimiento de su familia, porque tiene que ayudar en un asunto de gran importancia. Pero cuando llega a la Península empieza a tomar una serie de decisiones que harán que, poco a poco, pierda el control de su destino, que se meta en una serie de aventuras y desventuras que la harán crecer como persona. 

Por otro lado, tenemos a otros dos personajes en Cádiz. Modesto Andújar es un joven jerezano que llega a Cádiz para estudiar Comercio. Su verdadera vocación es la política. Ha estado muy aislado durante la guerra y la ocupación, y muy sobreprotegido. Pero ha escuchado hablar de lo que ha ocurrido en Cádiz durante esos años y cuando llega a la ciudad trata de buscar lo que queda de ese Cádiz de la Constitución.  En su empeño, irá descubriendo qué queda y qué puede hacer para satisfacer su vocación. Y luego está Alonso Guzmán con quien se topará Modesto en las calles gaditanas. Es un hombre que vive entre su casa y la taberna, echado a perder. Su obsesión es casi desaparecer, quiere olvidarse de su pasado, huir de él, pero al final va a recibir un encargo especial porque no puede desaparecer como a él le gustaría, y va a tener que enfrentarse a todos sus fantasmas. 

A partir de estos tres personajes vamos a iniciar un viaje por diferentes ciudades españolas: Cádiz, Sevilla, Madrid, Aranjuez, Salamanca,..

M.G.- Y esas tres vidas conectarán en algún momento, ¿no?

M.R.- Puede ser que sí o puede ser que no. Ese es uno de los misterios que dejo a los lectores (Risas)

M.G.- De acuerdo. En tus anteriores novelas, si no me equivoco, el protagonismo lo tenían principalmente las mujeres -Elisa, en Papel y Tinta; Charlotte y Caroline en Una promesa de juventud-. En esta ocasión, trabajas dos personajes masculinos. No sé si eso te ha supuesto mayor dificultad.

M.R.- Lo cierto es que no. Como autora me ha resultado muy enriquecedor plantearme ese triple protagonismo, cada uno con su peso específico dentro de la trama. A nivel de dificultad ha sido un reto porque no lo había hecho antes. Pero me interesaba tener esos personajes masculinos para, según el contexto y la época, meterme en según qué espacios. 

M.G.- Pero aparecen también muchos personajes reales. De hecho, al final de la novela, incorporas un anexo con todos los que asoman en esta historia. Introducir personajes reales siempre es un riesgo.

M.R.- Intento siempre apoyarme en documentación. Nos movemos dentro del terreno de la ficción pero, aun así, intento no tomarme grandes licencias. Si no tengo información suficiente o muchos datos, procuro no jugármela. En cualquier caso, es muy interesante jugar con estos personajes históricos, cuando se cruzan con los personajes ficticios. En esta novela se cruzarán con personajes de nivel, bastante conocidos, y con gran peso en este momento histórico. Para documentarme me he leído biografías que me han ayudado a reflejar el personaje lo más fielmente posible, sabiendo que, al final, el pasado es algo que se nos escapa. Aunque te documentes muchísimo, reconstruir casi a la perfección es una quimera.


[Dale al play si quieres escuchar nuestra conversación]


M.G.- El título de la novela ya nos da alguna pista sobre la temática. Hablas de 1815, de Cádiz, la cuna de la Constitución, de un periodo convulso, de muchos cambios. Cuéntanos cómo era ese contexto, esos años en los que transcurre la historia.

M.R.- El arranque de la novela es un punto en el que se inicia el sexenio absolutista, que parte de la vuelta de Fernando VII en 1814, con el fin de la Guerra de la Independencia y, por tanto, con el fin de la ocupación francesa. Fernando VII lo que hace es borrar todo lo que ha ocurrido durante los años que él no ha estado en España. Quiere que todo vuelva a como estaba en 1808. No acepta reconocer la Constitución y persigue a los diputados liberales. Es un momento de levantamiento, de conspiraciones, de sociedades secretas. Poco a poco, en la sombra se va gestando esa oposición al absolutismo, a ese poder sin límites del monarca, y se va planteando lo que luego va a cristalizar en el trienio liberal de forma muy breve y no exitosa, aunque posteriormente sí, con la muerte de Fernando VII. Es un momento muy convulso de infidelidades, de conjuras, de muchos personajes diversos en la Corte, de persecuciones y de un mercado de opiniones como no se había producido antes.

M.G.- Es una novela histórica pero, ¿el lector encontrará amor entre estas páginas?

M.R.- Sin duda. Hay trama romántica. Me gusta jugar con diferentes ingredientes. Los mil nombres de la libertad tiene esa parte de trama romántica, tiene intriga, aventuras, venganza y la amistad, que trato que esté muy presente. Son los ingredientes de la vida misma. 

M.G.- Hablas de 1815 pero ¿hasta qué fecha llega esta historia?

M.R.- La fecha límite es 1823.

M.G.- Muchos años para manejar todo lo que ocurrió en aquella época.

M.R.- Sí, además, cuando abordo la documentación no me circunscribo a esos años. Sobre todo porque primero hago un tanteo de la época en general, adelantándome y atrasándome en la década en la que me quiero centrar. Así tengo perspectiva y puedo saber en qué mundo me moveré.

M.G.- En cuanto a la documentación, has hablado de biografías para retratar a los personajes reales pero, ¿qué otras fuentes has consultado?

M.R.- Principalmente, manuales sobre el siglo XIX, libros genéricos como Breve Historia de la Moda y el Traje de James Laver, memorias de personajes, crónicas de la época, mapas del Instituto Geográfico Nacional o la Biblioteca Virtual de Defensa. En algún momento he podido ver cabeceras de periódicos en la hemeroteca. Y también he podido consultar algún documento de la Biblioteca Nacional o del Archivo General de Palacio, como papeles reservados de Fernando VII, los inventarios del Palacio de Aranjuez, o los expedientes de los viajes de la familia real. 

M.G.- Al visitar tu página web, y ver los vídeos que cuelgas, observo que eres una persona muy detallista, que cuidas mucho los pormenores. ¿Ese gusto por el detalle lo vuelcas también en tus novelas a la hora de crear la ambientación?

M.R.- Sí, pero intento no pasarme aunque hay lectores a los que les encanta la profusión de detalles. Es cierto que la novela histórica pide detalles. Necesitas zambullirte en la época y procuro contar muchas cosas pero sin concentrar todo en el mismo aspecto o en el mismo momento. Pero sí me gusta aludir, por ejemplo, a un tipo de tejido, o a un atuendo, para que también el lector haga un viaje multisensorial.

M.G.- Los personajes se mueven por distintos escenarios. Eso te habrá obligado a hacer un retrato de las ciudades en aquellos años. ¿Cómo has hecho para recrearlas?

M.R.- Ha sido un compendio de fuentes. No solo están los mapas sino que también he recurrido a estampas o grabados de esas ciudades, en ese momento histórico. Me han ayudado las mismas crónicas, como te decía, que he podido consultar en las hemerotecas. Todo esto me ha permitido descubrir establecimientos, calles, edificios, todo lo que es la estética de la ciudad. He intentado que el lector se sienta en cada una de estas ciudades.

M.G.- Abrimos el libro y en el prefacio encontramos unos versos que se retoman al final de la obra. ¿Qué significado tiene este poema en la novela?

M.R.- Está muy vinculado con el título. Hace una reflexión sobre la palabra libertad, un término que ha sido muy debatido y sigue siendo muy debatido, hasta el punto de que, a veces, pierde su significado real. Esos versos aluden de forma poética a esa reflexión.

M.G.- ¿Con qué te gustaría que el lector se quedara tras leer tus novelas?

M.R.- Uno de mis sueños o alicientes es generar interés, que el lector se interese por la época en la que desarrollo la historia y que también coja cariño a algún personaje. Ojalá disfruten de estos viajes.

M.G.- María, se me ocurre ahora preguntarte si alguno de los personajes de las tres novelas podría tener una segunda vida.

M.R.- No es algo que tenga sobre la mesa pero nunca se puede decir no. Si lo pienso sobre la marcha, se me ocurre que eso podría pasar con algún personaje secundario al que le haya cogido cariño. Eso sería lo más factible. 

M.G.- Sería un reto.

M.R.- Sí, lo sería. Absolutamente.

M.G.- Y has abordado los inicios del siglo XX, el periodo de la II Guerra Mundial, ahora nos haces viajar al siglo XIX. ¿Alguna vez te planteas escribir algo de nuestra actualidad?

M.R.- A corto plazo, no. Me gusta mucho la Historia y es un ingrediente fundamental a la hora de crear. Además hay muchas épocas que me gustaría descubrir todavía. La actualidad la vivo y la disfruto de otra manera. 

M.G.- Muy bien. Pues, un placer conversar contigo, María.

M.R.- Muchas gracias a ti.

Sinopsis:  Año 1815. Un momento histórico convulso. Una mujer dispuesta a salvar a su familia.

¿Cuál es el verdadero nombre de la libertad?

1815. La familia De Villalta, burgueses acomodados de Santa Cruz de Tenerife, recibe una carta preocupante y misteriosa en medio de la noche. Tiene que ver con los tristes eventos que han asolado a la familia en los últimos tiempos. Inés, la hija mediana, emprenderá un viaje a la península con la única intención de salvar a su familia.

Modesto Andújar llega a Cádiz desde el cortijo de Jerez de la Frontera para estudiar Comercio, aunque su vocación es la política. En su búsqueda de lo que queda del Cádiz de las Cortes, cuna de la Constitución de 1812, se topará con Alonso Guzmán, un tipo de vida pendenciera que busca huir de su pasado. Pero lo que una vez fue irá a su encuentro, en forma de un encargo muy especial.

Después del éxito de Papel y tinta y Una promesa de Juventud, María Reig vuelve a hacer alarde de rigor histórico y de una documentación profusa para construir tres vidas marcadas por las consecuencias de la guerra de la Independencia y el nacimiento del estado liberal.

Un viaje trepidante por la España de principios del XIX —Madrid, Cádiz, Salamanca, Sevilla, Aranjuez, Asturias- en un momento crítico de unión y división. Intrigas palaciegas, logias masónicas, sociedades liberales, amor, amistad, venganza y aventura se dan cita en una novela prodigiosa.

lunes, 31 de mayo de 2021

EL ARTE DE ENGAÑAR AL KARMA de Elísabet Benavent

Editorial: Suma
Fecha publicación: abril, 2021
Precio: 17,95 €
Género: narrativa
Nº Páginas: 696
Encuadernación: Tapa blanda con solapas
ISBN: 9788491291930
[Disponible en eBook y Audiolibro;
puedes leer aquí]

Autora

Elísabet Benavent (Valencia, 198). La publicación de la Saga Valeria en 2013 la catapultó a la escena literaria y se convirtió en un auténtico fenómeno. Desde entonces ha escrito 20 novelas. Algunas han sido traducidas a varios idiomas y publicadas en 10 países. Asimismo, en 2020 la serie Valeria se estrenó en Netflix en más de 190 países y batió récords de audiencia. Netflix ultima la grabación de la película Fuimos canciones inspirada en la bilogía Canciones y recuerdos. Sus libros han vendido más de 3.000.000 ejemplares. El arte de engañar al karma es su novela número 21.

Sinopsis

Después de vender más de 3.000.000 de ejemplares de sus novelas, Elísabet Benavent vuelve con El arte de engañar al karma, una novela donde despliega su virtuosismo narrativo, la magia para crear historias, con un estilo lleno de risas y lágrimas, en una novela sorprendente, llena de belleza y arte en la que las mujeres dejan de ser musas para ser creadoras. Y volar alto. Por encima de cualquier expectativa.

[Información tomada directamente del ejemplar]



Llega el verano y con él, las ganas de lecturas fresquitas y amenas. Para ello, nada mejor que las novelas de Elísabet Benavent, que siempre me hacen pasar un buen rato de lectura. Hasta la fecha, llevo leídas unas cuantas. Empecé con la saga Valeria que me gustó muchísimo, y después he leído un par de bilogías más. Todavía me falta mucho para ponerme al día porque la autora valenciana lleva más de veinte libros publicados desde que, en 2013 la fichó la editorial. Desde entonces, la vida de Benavent no ha hecho más que rodar y rodar o, mejor dicho, subir y subir. Netflix ha sido un gran apoyo en su carrera, pues a través de esta plataforma pudimos ponerle cara a Valeria, de la que se está preparando la segunda temporada. Y no solo eso, sino que está en proyecto Fuimos canciones y Un cuento perfecto, tal y como ella misma nos cuenta en la entrevista que pudimos hacerle (puedes leer aquí).

Pero centrémonos en su última novela. El arte de engañar al karma vuelve a ofrecernos una historia con humor, amor, desamor, amistad y conocimiento interior. Los protagonistas de esta nueva historia serán Catalina Beltrán, una joven aspirante a actriz que va de casting en casting sin que se le ponga por delante la oportunidad de su vida. Por otro lado, Mikel Avedaño, un famoso pintor, algo huraño y retraído, que se encuentra en un periodo de crisis creativa. La vida de estas dos personas se une a través del arte y la pintura. Por casualidad, Catalina encuentra unos cuadros en casa de un familiar, fallecido recientemente. Su intención es venderlos en el Rastro y sacarse así un dinerillo que le vendría muy bien a su precaria situación económica. Sin embargo, sus planes cambian radicalmente cuando Eloy, un marchante de arte y dueño de una galería, se cruza con ella y muestra gran interés por los cuadros. Catalina aprovecha la coyuntura y se asigna la autoría de las obras. Eloy la toma por una artista emergente y con gran futuro. Cree que puede ser la artista revelación de este siglo. Catalina no da crédito pero, ¿cómo dejar pasar esa oportunidad? Y ahí será cuando se monte un enredo de cuidado. El lío en el que Catalina se mete es descomunal. La bola crece y crece. Solo una persona descubrirá la verdad de forma inmediata. ¿Cómo solventará Catalina toda esta situación? Eso lo verás si te animas a leer esta novela.  

Pero, siendo una novela de Benavent, el amor y el sexo, esos dos ingredientes fundamentales de la vida, no podían faltar en esta historia. Para Catalina, entrar en contacto con el mundillo del arte será también una forma de conocer a gente nueva, gente interesante, culta y sensible. La primera persona a la que conoce será Eloy. Del marchante ella piensa que es tan atractivo que bien vale una mentira. Lo que ocurre es que Eloy no deja de ser un hombre de negocios.

Ahora bien, percibo que aquel sexo desenfrenado, alocado, algo caótico y totalmente combustible que encontrábamos en las primeras novelas de la autora ha pasado a ser algo mucho más maduro, más adulto y con los pies en la tierra. Bajo mi punto de vista, ese cambio ayuda a que, los que ya tenemos una edad, conectemos mejor con las vivencias de los personajes, con un estilo de vida más reposado y sopesado. Tuve esta misma impresión cuando recientemente leí una de las bilogías de la autora, y la he vuelto a tener ahora. Es como si, aun siendo importante, el sexo fuera un elemento más y no el elemento principal, sin en el que la historia no tendría sustento.

Casi como una subtrama más, el lector se asomará sutilmente a la vida de Isa, la tía abuela de Catalina, la verdadera autora de los cuadros que la joven tratará de hacer pasar como suyos. Desmantelar la casa de la tía fallecida sacará a la luz algún misterio porque, al margen de su pasión por la pintura, Isa vivió una historia de amor de las que dejan huella. Alrededor de ella gira la incógnita del amado, quién era, qué fue de él, y de unas cartas y una fotografía que desaparecieron sin que nadie supiera cómo. Todo lo relacionado a la tía abuela Isa queda muy difuminado en el desarrollo de los hechos. En algún momento, el lector prácticamente se olvida de esta parte de la historia, aunque la autora acierta con retomarla levemente en algún instante y, construirle un cierre en el desenlace. No obstante, creo que esta parte del relato hubiera dado más de sí o, por lo menos, a mí me hubiera gustado que fuera una subtrama con mayor profundidad, máxime porque la vida de Isa influirá en la manera en la que Catalina se enfrenta a su propio amor, y porque la áurea de misterio es muy atractiva. 

Dado que Benavent me contó que algunos lectores le piden un spin-off de algún personaje secundario de sus novelas, se me ocurre sobre la marcha que la tía abuela Isa podría tener su propia novela. Con un pasado en México que tuvo que dejar atrás, con todo lo que eso implica, y la personalidad que la caracterizaba, podría ser una protagonista interesante de su propia vida pero bueno, eso ya será decisión de la autora. 

Dicho lo cual, en líneas generales, la trama me ha gustado. Como dije antes, son historias frescas, sencillas, amenas, entretenidas. Si bien es cierto que estamos ante una comedia romántica, en la que la estructura siempre va a ser siempre, más o menos, la misma, es decir, chica conoce chico, se enamoran, pero teniendo que solventar un montón de obstáculos, el entorno que envuelve a los personajes y las características de los mismos difieren de una novela a otra. 

En este caso concreto, y por profundizar algo más en los personajes, os diré que la vida de Catalina no hace más que naufragar. A sus treinta años, tiene un trabajo que no le gusta y en el que no terminará muy bien, dado su temperamento. Por paradójico que parezca, será una situación divertida y simpática la que dé pie a que la joven acabe en la calle. Sin trabajo y, encima, vive de alquiler. Su hogar se reduce a una minúscula habitación sin ventana que consiguió en casa de Teresa, una mujer madura, que combate la soledad alquilando habitaciones a chicas jóvenes. Es lo máximo que se puede permitir, pero Catalina también encontrará en esa casa una especie de hogar. En el mismo inmueble viven Laura y Elena, dos chicas que parecen casi gemelas de la conexión tan intensa que existe entre ellas. Catalina se lleva genial con ambas, no así con Claudia, la cuarta inquilina, que parece tener una vida perfecta y maravillosa, y a la que todo le sale bien. Bueno, tan bien no será si, a sus cuarenta años, sigue compartiendo piso de alquiler. 

Sin trabajo y con el corazón vacío, porque ni siquiera tiene suerte para encontrar el amor, Catalina cree estar gafada para todo. Pero la vida da muchas vueltas, y solo basta ser pacientes, creer en uno mismo, y concedernos espacio y tiempo para que las piezas vayan encajando.

En cuanto a Mikel, es un pintor y escultor consagrado al que la creatividad parece que se le ha esfumado. A las puertas de una exposición para la que tiene que preparar veintiuna piezas, su musa se ha ido de vacaciones. Le gusta trabajar con las manos, dejarse, literalmente, la piel en su trabajo, de ahí que sienta más pasión esculpiendo la piedra y tallándola que aferrado a los pinceles. Para mí es un bohemio, una de esas personas a las que les gusta su mundo y estar en él, en soledad, y sin interrupciones, pero llega el huracán Catalina, tan distinta a él, y le revuelve la vida. En cualquier caso, y esto lo digo como punto a favor, me ha parecido un poco perro del hortelano. En este tipo de novelas, siempre me he topado con personajes masculinos muy seguros de sí mismos, y son ellas las que tienen más dudas, las que dan un paso al frente y luego se arrepienten, mareando al opuesto. En este caso, no. A Mikel, el amor también le pasado factura y eso provoca que ande muy precavido, con pies de plomo, sopesando mucho si el amor le merece la pena o no. 

Los diálogos entre ellos están llenos de tensión, cuando hay bronca entre ambos, y son frescos y chisposos cuando están relajados. Ya que, cada uno cuenta su parte de la historia en capítulos alternos, ambos personajes hacen cómplice a los lectores. El algún momento, se dirigen a nosotros, haciéndonos partícipes de sus vidas y decisiones. Eso ayuda a que el lector se sienta parte de la historia y no simplemente como un espectador externo.

Del resto de personajes, tendría que hablar de Eloy, «las gemelas», o de Claudia que nos tiene reservada alguna sorpresa -y no diré si agradable o desagradable-, pero a mí, de todos los personajes secundarios, la que más me ha gustado es la madre de Catalina, la "hippy", la enamorada del amor, la espiritual que cree en la madre tierra y en el equilibrio entre las energías. Los escasos encuentros entre madre e hija son divertidos. Es como si se hubieran intercambiado los papeles. La madre es un ser libre, mientras que la hija se siente más atada por la sociedad, la moral, y el qué dirán.  

El arte de engañar al karma es una novela que gira alrededor del arte y la pintura y, Elísabet Benavent se esfuerza en crear un contexto verosímil. De entrada, la propia Catalina, con su sueldo mísero, nos dará su opinión sobre ARCO y las exposiciones. La joven se queja y no entiende cómo es posible que haya gente que paguen auténticas fortunas por cuatro garabatos. Bueno, tendrá que adentrarse un poco en ese mundillo para entender qué se esconde detrás de esos pintarrajos. Y a la vez, son frecuentes las referencias a las artes plásticas y a las técnicas artísticas. Llama la atención el despliegue de conocimientos sobre la materia que encontramos en la novela. Pero, como nos confesó la misma autora, se trata de un mundo del que ella tiene formación y que no le resulta nada ajeno.

Es interesante señalar que esta novela es post-pandémica. Algunas alusiones nos ayudan a entender que la crisis sanitaria que estamos viviendo en estos momentos ha quedado relegada al pasado y la vida ha recuperado esa normalidad de antaño, que no tiene nada que ver con la que vivimos hoy. En el universo que Benavent despliega en esta novela, ya no hay espacio ni para distanciamiento social, gel hidroalcohólico ni mascarillas. Lo cual, se agradece una barbaridad. Los personajes se abrazan, se besan, se mezclan entre ellos y eso da cierto respiro, cierta esperanza a que volvamos a ser lo que fuimos. Es una novela que nos trae aires de libertad.

Con un total de sesenta y tres capítulos más un epílogo, narrados en primera persona por Cata y Mikel, lo que obliga a un cambio de grafía, El arte de engañar al karma es una novela que se lee con agilidad, a pesar de sus casi casi setecientas páginas. El estilo de la autora, tan actual y tan lleno de contemporaneidad, con referencias musicales propia a la edad de los protagonistas, permiten una lectura muy fluida. Advierto que es una historia algo previsible. En realidad, el género en sí es previsible, pero no es algo que a mí me importe. Desde el principio de la historia te puedes imaginar perfectamente por dónde irán los tiros. De hecho, son los mismos personajes los que saben y adelantan lo que va a ocurrir pero la gracia no está en el desenlace, sino en el desarrollo.

Poco más os puedo contar. Es  una novela muy de nuestra época, llena de emociones que suben y bajan, fácil de digerir, amena y entretenida. El complemento perfecto para un día de playa. 


[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

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