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miércoles, 16 de febrero de 2022

MEDITERRÁNEO (DRAMA - 2021)

Año: 2021 

Nacionalidad: España

Director: Marcel Barrena

Reparto: Eduard Fernández, Dani Rovira, Anna Castillo, Sergi López, Àlex Monner, Melika Foroutan, Patricia López Arnaiz, Vassilis Bisbikis, Giannis Niaros, Drosos Skotis, Yiota Festa, Constantin Symsiris

Género: Drama

Sinopsis: Otoño de 2015. Dos socorristas, Óscar (Eduard Fernández) y Gerard (Dani Rovira), viajan hasta la isla de Lesbos, en Grecia, impactados por la fotografía de un niño ahogado en las aguas del Mediterráneo. Al llegar descubren una realidad sobrecogedora: miles de personas arriesgan sus vidas cada día cruzando el mar en precarias embarcaciones y huyendo de conflictos armados. Sin embargo, nadie ejerce labores de rescate. Junto a Esther (Anna Castillo), Nico (Sergi López) y otros miembros del equipo, lucharán por cumplir un cometido, dando apoyo a personas que lo necesitan. Para todos ellos, este viaje inicial supondrá una odisea que marcará sus vidas.

[Fuente: Filmaffinity]


La reseña de esta película se puede resumir en tres palabras: Tienes que verla. Así, sin más. Aunque no ha tenido un éxito arrollador ni tampoco ha conseguido los premios más importantes (Mejor fotografía, Mejor Dirección de Producción y Mejor Canción Original, en los pasados Goya) Mediterráneo me ha conquistado. Y es que la historia que cuenta esta película me ha sobrecogido de tal manera que no volveré a mirar el mar con los mismos ojos. Palabra.

Mediterráneo cuenta la historia de Óscar Camps y el nacimiento de la Ong Open Arms. ¿Qué sabes de este hombre y de esta organización no gubernamental? Espero que mucho más que yo porque, sinceramente, sabía bien poco. No acostumbro a ver televisión y mucho menos los informativos. Demasiadas penurias tenemos cada día en nuestras vidas como para también sumergirse en un mar de desgracias a la hora de comer. Pero claro, aislarse de este modo conlleva el gran inconveniente de saber poco del mundo en el que vives. De Open Arms sabía lo mínimo que se despacha. En alguna ocasión he visto imágenes de los salvamentos que han llevado a cabo y me han llegado rumores de los problemas en los que se han visto envueltos. Pero no me preguntes detalles. Sin embargo, Mediterráneo me ha abierto los ojos. Al menos me ha permitido saber cómo acabó Óscar Camps en la isla de Lesbos y cómo apostó por la ayuda humanitaria.

¿Qué nos cuenta esta película?

Óscar Camps (Eduard Fernández) trabaja como socorrista en las playas de Barcelona. No es un jovenzuelo que quiere sacarse un dinero extra durante el verano. No. Es un hombre de edad madura, padre de una joven llamada Esther. En realidad, Óscar no tendría que pasarse las horas en la torre de vigilancia, oteando la línea de agua porque es el fundador y socio de la empresa Pro-Activa Serveis Aquàtics, dedicada al rescate marítimo, con una flota importante de socorristas. Pero a él le gusta su trabajo. Desde su atalaya, disfruta contemplando a los bañistas, cuidando para que no ocurra ningún percance. Es un hombre solitario, entregado a su trabajo y a una vida algo ermitaña. Pero todo cambia cuando unas imágenes recorren el mundo entero. Sobre la arena de una playa turca, y acariciado por las olas, yace el cuerpo sin vida de un niño pequeño (¿recordáis aquella noticia?). A todos nos sobrecogió y se abrió un importante debate. Camps no podía dejar de mirar aquellas fotos. Lo que ocurría entre aguas turcas y griegas era un asesinato. Decide que ya es hora de que alguien haga algo por todas esas personas que tratan de llegar a las costas griegas, a Europa, y tratar de evitar que pierdan la vida en el intento. Así que, reunido con su socio Nico (Sergi López) y Gerard (Dani Rovira), les propone ir a la isla de Lesbos para ayudar a toda esa gente que huye de Turquía. Apenas diez kilómetros de agua salada separan las costas turcas de las griegas. Diez kilómetros que, surcados por una lancha en la que se agolpan más del cuádruple de personas que la embarcación puede permitir, resultan un viaje muy arriesgado. Muchos llegan exhaustos a la costa griega. Otros, ni llegan. 

[Fotografía tomada en las playas de Caños de Meca (Cádiz).
Al fondo, el faro de Trafalgar @lecturápolis]


A Nico y a Gerard la propuesta les parece una locura. ¿Qué pueden hacer ellos contra ese problema de tamaña envergadura? ¿Cómo ayudar si los propios gobiernos, a pesar de tener el poder y los medios, miran hacia otro lado? Pero Camps no está dispuesto a dejar las cosas así. Su conciencia no se lo permite. Hará el petate y se marchará a Grecia. Al final, Gerard decide acompañarlo.

Lo que Camps y su compañero de viaje encuentran en la isla de Lesbos no será muy alentador, pero prefiero que lo descubras por ti mismo si te decides a ver esta película.

¿Qué me ha gustado de Mediterráneo?

Principalmente, la historia. Desconozco si la narración se ajusta de manera exhaustiva y exacta a los hechos. Me gustaría creer que sí porque, en ese caso, volvería a recuperar la fe en el ser humano, en la ayuda desinteresada, en el amor al prójimo, en la bondad. En pleno siglo XXI, incluso con una posición económica muy desahogada, es muy complicado encontrar a alguien que se entregue a los demás. Pero, como las meigas, haberlos, haylos. Lo que me hace recordar ahora otra noticia que arroja algo de luz sobre el hombre. No tiene nada que ver ni con Camps, ni con los inmigrantes pero me ha conmovido igualmente. Ayer leía el siguiente titular«Hace una compra de 260 euros para dársela a una mujer que pedía en un supermercado de Montequinto».Si el cielo existe, personas como estas tienen un sitio asegurado.

Pero volviendo a la película, las imágenes que acompañan a los créditos iniciales demuestran el nivel de dejadez por parte de los gobiernos. Una llamada de teléfono alerta de un barco de inmigrantes que está a punto de hundirse. Reclaman ayuda a los países costeros pero nadie quiere hacerse cargo. Mientras la patata caliente pasa de mano en mano, el barco se hunde. ¿Pasa algo? ¿Algún gobierno se da golpes de pecho? No. Son solo inmigrantes. 

Mediterráneo da una primera bofetada con la mano abierta pero también señala con el dedo a las mafias que se dedican a organizar viajes suicidas, aprovechándose del hilo de esperanza de tantos hombres, mujeres y niños. Familias enteras se despojan de lo poco que tienen con tal de cruzar hacia el otro lado. Los que consiguen llegar, ¿qué será de ellos? Dependerá si se les considera refugiados o inmigrantes ilegales. Hay una gran diferencia que queda debidamente explicada en la película. Os prometo que aluciné. La política exterior debe estar muy mal articulada si la gente tiene que cometer locuras para conseguir algo a lo que aferrarse. Y si se les considera refugiados pasaran a un centro, donde se hacinan en barracas, tiendas de campañas o pequeños refugios hechos con cualquier material. No hay agua corriente, no hay saneamiento. Solo más miseria y pésimas condiciones de vida. 

Si os digo la verdad, Mediterráneo me ha gustado tanto que se me ha quedado corta. El drama que viven estos inmigrantes requiere una mayor profundidad, un drama que también viene representado por una subtrama de la que mejor no os cuento nada. También se me ha quedado corta la narración sobre la labor desempeñada por Óscar Camps y su equipo en ese año de 2015, momento en el que se ubica la acción. Me sentía tan dentro de la película que ansiaba saber más. Como también me ha parecido poco la indagación que se hace en la vida personal de los personajes. A ello voy. 

Personajes e interpretaciones

Óscar Camps es un hombre obsesionado por la vida y la muerte, por la fina línea que separa un corazón palpitante de unos pulmones inundados de agua salada. Se siente como David luchando contra Goliat. Sus escasos medios son un grano de arena en semejante desierto marítimo. Por eso desespera. Por eso se mesa los cabellos tratando de buscar una solución a un problema que se le escapa. Pero no ceja en su empeño. Si salva a una sola persona de morir ahogada bien habrá valido su estancia en Grecia y ese dinero de su bolsillo que usa para sobornar a quien haga falta, con tal de ayudar a los más desfavorecidos. 

Camps también tiene vida personal. Junto a él está su hija. La joven Esther (Anna Castillo) trabaja en Pro-Activa porque es una mujer tan comprometida como su padre. Solo que Óscar trata de apartarla de las labores de rescate porque el mar es traicionero y en un visto y no visto, te engulle. Él sabe de lo que habla porque lo ha visto mil veces. Pero la relación entre padre e hija tiene aristas. Algo ocurrió en el pasado, algo que obliga a Camps a apartar el alcohol de su vida. Lo que pasó no queda nítidamente explicado. Se intuye pero no se ahonda. Y a mí me hubiera gustado saber más. A lo largo de la cinta, iremos viendo cómo esta relación evoluciona, cómo la gesta de Camps en aguas del Mediterráneo permite un acercamiento entre padre e hija.

Eduard Fernández es un señor actor. A pesar de que recurre a ese lenguaje gestual que le caracteriza y que lo aplica en cualquier papel, cómico o dramático, es un actor que siempre me convence. Hace suya la desesperación de su personaje, su empuje, su capacidad de entrega, su condición de ser humano. Su personaje y su interpretación es lo que da fuerza a esta película. 

Por otro lado, también está muy desdibujada la parte más íntima de Gerard. Acaba de ser padre y se queja del poco tiempo que la crianza le deja. Llantos, horarios imposibles, noches en vela. Casi que prefiere estar en el trabajo. Pero cuando se marcha con Camps a Lesbos tiene que dejar atrás a ese hijo que aprenderá a dar sus primeros pasos lejos de su padre. Esa nostalgia por el hogar, ese amor por la familia que está a tantos kilómetros se explota poco en este largometraje, y prácticamente es algo tan anecdótico que, si se hubiera suprimido,  no hubiera afectado al desarrollo de la historia. 

A Gerard le da vida Dani Rovira. No me parece un trabajo inolvidable.

Y habrá otros personajes, como un fotógrafo encargado de inmortalizar la labor de Camps y su gente. Un fotógrafo que, con posterioridad, fue galardonado. Como se nos explicará en los créditos finales.

Otras cuestiones 



Con una música preciosa (por favor, no dejad de escuchar la canción Te espera el mar en la voz de la cordobesa Maria José Llergo) y una fotografía aún más bella, Mediterráneo ha hecho replantearme mis jornadas playeras. Una, a la que le gusta tanto el mar, que se mete en el Atlántico y el Mediterráneo, preocupada únicamente por la temperatura del agua, porque una ola no la coja desprevenida, confiesa que jamás ha mirado esas aguas con los ojos de los inmigrantes. Una, que pasea ociosamente por la orilla, jamás ha mirado al horizonte pensando que quizá venga de camino una patera llena de miedo, hambre, desesperación y un hálito de esperanza. Una, que recientemente ha visto una de estas embarcaciones sobre las arenas de Caños de Meca (Cádiz), que se ha asomado y ha comprobado la profundidad del bote, calibrando la cantidad de personas que cabrían en su interior, se ha dado media vuelta y se ha marchado a tomarse una cerveza fresquita en el chiringuito cercano. Pero Mediterráneo ha conseguido que deje de preocuparme por la temperatura del agua, por un golpe de mar, por contemplar las embarcaciones de recreo. Creo que después de ver esta película, con imágenes que sobrecogen, jamás volveré a mirar el mar con los mismos ojos. No, ya no.


«Dejar morir a alguien en el mar es un crimen. Estamos convirtiendo el Mediterráneo en una fosa común».



 

Tráiler:



miércoles, 15 de diciembre de 2021

ISMAEL (DRAMA - 2013)

Año: 2013

Nacionalidad: España

Director: Marcelo Pyñeiro

Reparto: Mario Casas, Larsson do Amaral, Belén Rueda, Ella Kweku, Sergi López, Juan Diego Botto, Mikel Iglesias, Gemma Brió, Óscar Foronda, Alain Hernández

Género: Drama 

Sinopsis: Ismael Tchou, un niño mulato de 8 años, se fuga en el AVE rumbo a Barcelona para conocer a su padre. Su única pista es la dirección de un apartamento, escrita en el remite de una carta dirigida a su madre. Cuando encuentra el edificio, en el apartamento sólo está Nora, una elegante mujer de unos 50 años.

[Fuente: Filmaffinity]

Cuando en 2014 se anunciaron las películas que estaban nominadas a los Goya, Ismael contaba con dieciocho candidaturas aunque definitivamente solo optó a una nominación. Me gustaba la propuesta de esta película. De entrada, me resultaba llamativo su reparto, con nombres como Belén Rueda, Juan Diego Botto, Mario Casas y Sergi López. Y si mi intención fue verla, lo cierto es que se fue quedando atrás y nunca tuve opción de sentarme a visionarla. Nunca, hasta anoche mismo. Llegado ese momento en que, después de un día de trajín consigues sentarte a las nueve y media de la noche, sin ganas de leer ni casi cenar, conectas Netflix y ahí estaba Ismael esperándome. Me alegró la noche, aunque la cosa fuera decayendo.

Ismael (Larsson do Amaral) es un niño mulato de ocho años con un sueño por cumplir. Quiere conocer a su padre, del que solo sabe que se llama Félix Ambrose (Mario Casas) y vive en Barcelona. Alika (Ella Kweku), su madre, no le ha contado mucho más. Sin embargo, y a través de una carta, el pequeño averigua la dirección exacta de su padre y escapa de casa para ir en su busca. Así llega a Atocha y toma un AVE dirección Barcelona. En el supuesto domicilio de su padre reside una mujer. Se trata de Nora (Belén Rueda), madre de Félix. Tras unos primeros instantes de estupor, ella le explica al niño que Félix ya no vive allí pero, conociendo la verdadera intención del pequeño, siente compasión y decide llevarlo al lugar donde reside su hijo.  Inician así un breve viaje, de apenas unas horas, que servirán para que abuela y nieto se conozcan. Y llegados a la casa de Félix, el reencuentro entre padre e hijo desatará una tormenta llena de reproches, heridas que vuelven a sangrar y palabras que nunca se dijeron. 

A la vez, la travesura de Ismael propicia el encuentro entre Alika y Félix, que no se ven desde hace muchos años. El reencuentro trae al presente recuerdos del pasado, de otra vida regada por la felicidad, pero que se truncó por cobardía y miedo. Todo se vuelve patas arriba. ¿Cómo cambiará la vida de estos personajes? 

Ismael ahonda en las relaciones padres/madres e hijos. De madres que no tienen tiempo para ocuparse de los hijos. De hijos que viven con desapego materno, y con un gran agujero en el pecho. De hombres que no son capaces de afrontar los retos de la vida. De mujeres con el corazón roto. Y de hijos, sobre todo de hijos, con tantas, tantas carencias.

Personajes

Nora es una mujer de negocios. Divorciada de un hombre inestable, ella se ha rehecho a sí misma. Es dueña de un restaurante en el que vuelca todo su tiempo y su ímpetu, por eso apenas tiene relación con su hijo Félix. 

Félix Ambrose es un joven profesor de un centro de ayuda a jóvenes conflictivos. En realidad, tendría que estar diseñando edificios pues estudió arquitectura pero, un accidente de moto, que le ha dejado una pequeña cojera, lo cambió todo. 

Félix es un hombre reservado que ha sufrido más de lo que su entorno conoce. Eso lo ha convertido en un escudo protector para sus alumnos, y a él acuden cuando tienen un problema.

Alika es una mujer dolida. Aparentemente es feliz con su marido Luis (Juan Diego Botto), quien adoptó a Ismael y de dio sus apellidos. Ella lleva una vida tranquila. Los recuerdos están escondidos en una caja de madera que jamás abre para no despertar los fantasmas del pasado. En cuanto a Luis, tendrá que asumir que no todo es lo que parece. Desde que conoció a Alika se ha hecho cargo de un niño al que ya considera hijo suyo. Sin embargo, las dudas comienzan a morderle.

El último personaje será Jordi (Sergi López), dueño de un hotel, un golpe de suerte cambió su vida para siempre. Sin embargo, siente una gran frustración. 

En cuanto a las interpretaciones y por sorprendente que me parezca, creo que Mario Casas está por encima del resto, incluso de la propia Belén Rueda. Quizá sea por la fuerza de su personaje, por ese dolor visceral que anida en su interior, y lo convierte en un hombre de hierro. Pero todo es fachada. En realidad, Félix es un ser vulnerable, con diversas heridas que no han terminado de cicatrizar.

Belén Rueda y Sergi López están correctos. Sin más. Mientras que el papel de Juan Diego Botto, algo más secundario, está muy desaprovechado. Una lástima

Sobre Larsson do Amaral y Ella Kweku, muy poco que decir. El niño tiene naturalidad y para su edad, no lo hace mal del todo pero tampoco emociona su historia. La madre se mantiene en un precario equilibrio.

¿Qué me ha gustado de la película?

A priori el argumento, aunque tampoco es muy novedoso. El punto de partida es ese deseo de Ismael por conocer a su padre, un sueño muy loable, que trastocará la vida de todo el mundo. La huida de Ismael sirve de vehículo para sacar a la luz toda la miseria y la basura que estos personajes llevan años ocultando. El niño, en su inocente propósito, será el detonante de situaciones llenas de reproches, dolor y lágrimas, en la que madres e hijos, padres y madres, se verán las caras y se dirán las verdades por primera vez. Ismael, sin proponérselo, ha propiciado que llegue el momento de la verdad y eso siempre es interesante.

En ocasiones la fotografía es preciosa. Y la banda sonora tiene momentos estelares. Suena una bellísima adaptación de "Te extraño", en la voz de Armando Manzanero, durante el desarrollo de una escena evocadora y nostálgica.

¿Qué no me ha gustado de la película?

El guion de Ismael tiene un error de bulto que descalabra toda la película. En las escenas iniciales vemos al pequeño en la estación de Atocha. Está solo y quiere coger ese AVE que lo lleve a brazos de su padre. Porta un papel en la mano que imaginamos es el billete de tren. Con algo de ingenio, consigue pasar la puerta de embarque tras mostrar su billete a la azafata. Y aquí vienen un par de preguntas. Uno: ¿cómo llega hasta Atocha? Posible respuesta: el niño puede que viva a escasos metros de la estación. Dos: ¿cómo ha comprado el billete de tren? Posible respuesta: ni se sabe ni se explica. Con esa duda girando alrededor de mi cabeza, continué con el visionado a la espera de que, en algún momento, tal circunstancia se explicara. Pero la explicación no llega en ningún momento. El espectador tendrá que hacer la vista gorda y un ejercicio de credibilidad muy contundente

Por otra parte, y con un metraje de 106 minutos, a la hora, el interés se evapora. La acción se ahoga en un pozo profundo y  ni siquiera consigue remontar gracias a un altercado final en el instituto de Félix. Poco a poco, la cinta va languideciendo hasta un final simplón que ni sorprende ni emociona. 


En definitiva, con un ritmo pausado y un montón de situaciones a las que no se le saca partido, Ismael entretiene. En un momento dado, la trama se vertebra en tres líneas -Félix /Ismael, Alika/Luis y Nora/Jordi-, que irán entremezclándose pero no hay profundidad en ninguna de ellas. A mi juicio, y aunque se deja ver, Ismael se queda en la superficie de un drama que podría haber dado más de sí.



La tenéis en Netflix.


miércoles, 17 de diciembre de 2014

EL NIÑO (ACCIÓN - 2014)


Año: 2014.

Nacionalidad: Española.

Director: Daniel Monzón.

Género: Thriller. Acción.

Reparto: Luis Tosar, Jesús Castro, Eduard Fernández, Jesús Carroza, Sergi López, Bárbara Lennie, Moussa Maaskri, Ian McShane, Luis Motilla, Mariem Bachir, Saed Chatiby, José Manuel Poga.

Sinopsis: Dos jóvenes, El Niño y El Compi, quieren iniciarse en el mundo del narcotráfico en el estrecho de Gibraltar. Riesgo, emociones y mucho dinero para quien sea capaz de recorrer esa distancia en una lancha cargada de hachís que vuela sobre las olas. Jesús y Eva son dos agentes de la Policía antidroga que llevan años tratando de demostrar que la ruta del hachís es una de las principales vías de penetración de la cocaína en Europa. Su objetivo es El Inglés, el hombre que mueve los hilos desde Gibraltar, que es la base de las operaciones. La creciente violencia de las advertencias que reciben les indica que van por buen camino. El destino de estos personajes, fuera y dentro de la ley, terminan por cruzarse.


[Información facilitada por Filmaffinity]



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Cuando estrenaron esta película no me sentí muy atraída por la temática. El tráfico de drogas, la lucha entre policías y narcotraficantes no me resultaba llamativa pero con la batuta en la mano estaba Daniel Monzón, cuya Celda 211 me encantó, y delante de las cámaras Luis Tosar y además Sergi López y Eduard Fernández, un actor que, a mi juicio, me parece que no está suficientemente valorado por el público. Dejé remilgos aparte y antes de que desapareciera de la cartelera me encaminé a la sala de cine. Salí entusiasmada.

Hace muchos años pasé un verano en Barbate (Cádiz), con preciosas playas de arena blanca y aguas verdosas, un pueblo con mucho turismo que vive de la pesca y gente encantadora pero con un ruido ensordecedor. El rugido de motos, motocicletas y quads era una constante en las calles del pueblo. De día y de noche el tráfico de estos vehículos no paraba hasta tal punto que, en ocasiones, resultaba complicado conciliar el sueño. Me resultaba curioso ver tanto trajín de jóvenes motorizados y más llamativo me parecía aún verlos correr a toda leche por las playas durante la madrugada. Comenté el asunto con unos amigos del pueblo y ellos aclararon mis dudas. Aquellos jóvenes corriendo como si el demonio los persiguiera eran los bosquimanos (no me preguntéis de dónde viene el nombre), adolescentes reclutados por los narcotraficantes a quienes encargaban recoger los fardos de hachís que llegaban a las calas y playas y que luego entregaban en el lugar convenido. Su juventud, su inmadurez, su irresponsabilidad, y sobre todo, sus ganas de ganar mucho dinero de forma rápida los hacían el enlace perfecto en este tipo de operaciones.  Desconozco si siguen realizando tales prácticas pero por aquellos años esta actividad ocupaba algunos titulares de la prensa y suponía un grave problema para el pueblo. Pues bien, en cierto modo, El Niño trata de esto mismo.

Jesús (Luis Tosar) y Eva (Bárbara Lenni) son dos policías de la Unidad Antidroga que trabajan en Algeciras. Llevan dos años investigando a El Inglés, un tipo residente en Gibraltar, máximo responsable de la entrada de la cocaína en Europa. La labor de estos dos policías es discernir qué contenedor de los cientos llegados a puerto contiene un cargamento ilegal que no corresponda con lo declarado en los documentos aduaneros. No es tarea fácil, a veces es como buscar una aguja en un pajar pero estos agentes son pertinaces y, aunque cometan algún traspiés, cada vez se cierra más el cerco.

Por otro lado, el Niño (Jesús Castro) trabaja en un taller de reparación de embarcaciones de recreo. Él y su íntimo amigo Antonio, el Compi (Jesús Carroza), sueñan con cambiar de vida. Han visto como las playas que conocen desde pequeños se han convertido en el paraíso de los extranjeros. Los Lances, Bolonia, Valdevaqueros, Puntapaloma, Tarifa... playas espectaculares en las que los amantes del windsurf, flysurf, kitesurf... disfrutan de nuestro clima mientras que los avispados empresarios montan chiringuitos aquí y allá «en plan cutre pero bien» y hacen el agosto casi todo el año. Pero para emprender algo así hace falta dinero, algo de lo que el Niño y el Compi carecen. ¿Cómo conseguir liquidez? Para ello contactarán con Halil, un morito que trabaja bajo el amparo de Rachid, un traficante de hachís. Comienzan con un escaso trapicheo y poco a poco se van enredando en operaciones más gordas, arriesgando en cada viaje un poco más.

Mientras tanto Jesús, un policía muy comprometido con su trabajo, se ve amenazado por los capos y Vicente (Sergi López), su jefe, decide apartarlo durante un tiempo del ojo de huracán. Para ello lo destinará como piloto del helicóptero de la policía junto a Sergio (Eduard Fernández), cuya misión será vigilar las aguas españolas en el Estrecho. El Niño y el Compi siguen con sus líos y conocerán a la preciosa Amina (Mariam Bachir), su enlace con Marruecos que será la detonante de una historia amorosa que edulcora ligeramente la acción y trae una brisa fresca con olor a sal.

La acción es absolutamente trepidante desde el minuto cero. Persecuciones por tierra y mar siendo las escenas del helicóptero las más destacables, rodadas en la playa de los Genoveses en San José (Almería). El «pájaro» de la Policía, pilotado por profesionales expertos en las escenas más duras, acosa las lanchas llenas de fardos que intentan cruzar el Estrecho... Palabra que son imágenes impactantes. Sin entender mucho de técnica de rodaje, a mí me han dejado impresionada.




Por otra parte también resulta muy interesante ver cómo la policía se mueve en operaciones antidrogas, con qué recursos y material cuentan, así como las tretas de las que se valen los narcos para introducir la droga y despistar a la policía. 


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