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miércoles, 16 de febrero de 2022

MEDITERRÁNEO (DRAMA - 2021)

Año: 2021 

Nacionalidad: España

Director: Marcel Barrena

Reparto: Eduard Fernández, Dani Rovira, Anna Castillo, Sergi López, Àlex Monner, Melika Foroutan, Patricia López Arnaiz, Vassilis Bisbikis, Giannis Niaros, Drosos Skotis, Yiota Festa, Constantin Symsiris

Género: Drama

Sinopsis: Otoño de 2015. Dos socorristas, Óscar (Eduard Fernández) y Gerard (Dani Rovira), viajan hasta la isla de Lesbos, en Grecia, impactados por la fotografía de un niño ahogado en las aguas del Mediterráneo. Al llegar descubren una realidad sobrecogedora: miles de personas arriesgan sus vidas cada día cruzando el mar en precarias embarcaciones y huyendo de conflictos armados. Sin embargo, nadie ejerce labores de rescate. Junto a Esther (Anna Castillo), Nico (Sergi López) y otros miembros del equipo, lucharán por cumplir un cometido, dando apoyo a personas que lo necesitan. Para todos ellos, este viaje inicial supondrá una odisea que marcará sus vidas.

[Fuente: Filmaffinity]


La reseña de esta película se puede resumir en tres palabras: Tienes que verla. Así, sin más. Aunque no ha tenido un éxito arrollador ni tampoco ha conseguido los premios más importantes (Mejor fotografía, Mejor Dirección de Producción y Mejor Canción Original, en los pasados Goya) Mediterráneo me ha conquistado. Y es que la historia que cuenta esta película me ha sobrecogido de tal manera que no volveré a mirar el mar con los mismos ojos. Palabra.

Mediterráneo cuenta la historia de Óscar Camps y el nacimiento de la Ong Open Arms. ¿Qué sabes de este hombre y de esta organización no gubernamental? Espero que mucho más que yo porque, sinceramente, sabía bien poco. No acostumbro a ver televisión y mucho menos los informativos. Demasiadas penurias tenemos cada día en nuestras vidas como para también sumergirse en un mar de desgracias a la hora de comer. Pero claro, aislarse de este modo conlleva el gran inconveniente de saber poco del mundo en el que vives. De Open Arms sabía lo mínimo que se despacha. En alguna ocasión he visto imágenes de los salvamentos que han llevado a cabo y me han llegado rumores de los problemas en los que se han visto envueltos. Pero no me preguntes detalles. Sin embargo, Mediterráneo me ha abierto los ojos. Al menos me ha permitido saber cómo acabó Óscar Camps en la isla de Lesbos y cómo apostó por la ayuda humanitaria.

¿Qué nos cuenta esta película?

Óscar Camps (Eduard Fernández) trabaja como socorrista en las playas de Barcelona. No es un jovenzuelo que quiere sacarse un dinero extra durante el verano. No. Es un hombre de edad madura, padre de una joven llamada Esther. En realidad, Óscar no tendría que pasarse las horas en la torre de vigilancia, oteando la línea de agua porque es el fundador y socio de la empresa Pro-Activa Serveis Aquàtics, dedicada al rescate marítimo, con una flota importante de socorristas. Pero a él le gusta su trabajo. Desde su atalaya, disfruta contemplando a los bañistas, cuidando para que no ocurra ningún percance. Es un hombre solitario, entregado a su trabajo y a una vida algo ermitaña. Pero todo cambia cuando unas imágenes recorren el mundo entero. Sobre la arena de una playa turca, y acariciado por las olas, yace el cuerpo sin vida de un niño pequeño (¿recordáis aquella noticia?). A todos nos sobrecogió y se abrió un importante debate. Camps no podía dejar de mirar aquellas fotos. Lo que ocurría entre aguas turcas y griegas era un asesinato. Decide que ya es hora de que alguien haga algo por todas esas personas que tratan de llegar a las costas griegas, a Europa, y tratar de evitar que pierdan la vida en el intento. Así que, reunido con su socio Nico (Sergi López) y Gerard (Dani Rovira), les propone ir a la isla de Lesbos para ayudar a toda esa gente que huye de Turquía. Apenas diez kilómetros de agua salada separan las costas turcas de las griegas. Diez kilómetros que, surcados por una lancha en la que se agolpan más del cuádruple de personas que la embarcación puede permitir, resultan un viaje muy arriesgado. Muchos llegan exhaustos a la costa griega. Otros, ni llegan. 

[Fotografía tomada en las playas de Caños de Meca (Cádiz).
Al fondo, el faro de Trafalgar @lecturápolis]


A Nico y a Gerard la propuesta les parece una locura. ¿Qué pueden hacer ellos contra ese problema de tamaña envergadura? ¿Cómo ayudar si los propios gobiernos, a pesar de tener el poder y los medios, miran hacia otro lado? Pero Camps no está dispuesto a dejar las cosas así. Su conciencia no se lo permite. Hará el petate y se marchará a Grecia. Al final, Gerard decide acompañarlo.

Lo que Camps y su compañero de viaje encuentran en la isla de Lesbos no será muy alentador, pero prefiero que lo descubras por ti mismo si te decides a ver esta película.

¿Qué me ha gustado de Mediterráneo?

Principalmente, la historia. Desconozco si la narración se ajusta de manera exhaustiva y exacta a los hechos. Me gustaría creer que sí porque, en ese caso, volvería a recuperar la fe en el ser humano, en la ayuda desinteresada, en el amor al prójimo, en la bondad. En pleno siglo XXI, incluso con una posición económica muy desahogada, es muy complicado encontrar a alguien que se entregue a los demás. Pero, como las meigas, haberlos, haylos. Lo que me hace recordar ahora otra noticia que arroja algo de luz sobre el hombre. No tiene nada que ver ni con Camps, ni con los inmigrantes pero me ha conmovido igualmente. Ayer leía el siguiente titular«Hace una compra de 260 euros para dársela a una mujer que pedía en un supermercado de Montequinto».Si el cielo existe, personas como estas tienen un sitio asegurado.

Pero volviendo a la película, las imágenes que acompañan a los créditos iniciales demuestran el nivel de dejadez por parte de los gobiernos. Una llamada de teléfono alerta de un barco de inmigrantes que está a punto de hundirse. Reclaman ayuda a los países costeros pero nadie quiere hacerse cargo. Mientras la patata caliente pasa de mano en mano, el barco se hunde. ¿Pasa algo? ¿Algún gobierno se da golpes de pecho? No. Son solo inmigrantes. 

Mediterráneo da una primera bofetada con la mano abierta pero también señala con el dedo a las mafias que se dedican a organizar viajes suicidas, aprovechándose del hilo de esperanza de tantos hombres, mujeres y niños. Familias enteras se despojan de lo poco que tienen con tal de cruzar hacia el otro lado. Los que consiguen llegar, ¿qué será de ellos? Dependerá si se les considera refugiados o inmigrantes ilegales. Hay una gran diferencia que queda debidamente explicada en la película. Os prometo que aluciné. La política exterior debe estar muy mal articulada si la gente tiene que cometer locuras para conseguir algo a lo que aferrarse. Y si se les considera refugiados pasaran a un centro, donde se hacinan en barracas, tiendas de campañas o pequeños refugios hechos con cualquier material. No hay agua corriente, no hay saneamiento. Solo más miseria y pésimas condiciones de vida. 

Si os digo la verdad, Mediterráneo me ha gustado tanto que se me ha quedado corta. El drama que viven estos inmigrantes requiere una mayor profundidad, un drama que también viene representado por una subtrama de la que mejor no os cuento nada. También se me ha quedado corta la narración sobre la labor desempeñada por Óscar Camps y su equipo en ese año de 2015, momento en el que se ubica la acción. Me sentía tan dentro de la película que ansiaba saber más. Como también me ha parecido poco la indagación que se hace en la vida personal de los personajes. A ello voy. 

Personajes e interpretaciones

Óscar Camps es un hombre obsesionado por la vida y la muerte, por la fina línea que separa un corazón palpitante de unos pulmones inundados de agua salada. Se siente como David luchando contra Goliat. Sus escasos medios son un grano de arena en semejante desierto marítimo. Por eso desespera. Por eso se mesa los cabellos tratando de buscar una solución a un problema que se le escapa. Pero no ceja en su empeño. Si salva a una sola persona de morir ahogada bien habrá valido su estancia en Grecia y ese dinero de su bolsillo que usa para sobornar a quien haga falta, con tal de ayudar a los más desfavorecidos. 

Camps también tiene vida personal. Junto a él está su hija. La joven Esther (Anna Castillo) trabaja en Pro-Activa porque es una mujer tan comprometida como su padre. Solo que Óscar trata de apartarla de las labores de rescate porque el mar es traicionero y en un visto y no visto, te engulle. Él sabe de lo que habla porque lo ha visto mil veces. Pero la relación entre padre e hija tiene aristas. Algo ocurrió en el pasado, algo que obliga a Camps a apartar el alcohol de su vida. Lo que pasó no queda nítidamente explicado. Se intuye pero no se ahonda. Y a mí me hubiera gustado saber más. A lo largo de la cinta, iremos viendo cómo esta relación evoluciona, cómo la gesta de Camps en aguas del Mediterráneo permite un acercamiento entre padre e hija.

Eduard Fernández es un señor actor. A pesar de que recurre a ese lenguaje gestual que le caracteriza y que lo aplica en cualquier papel, cómico o dramático, es un actor que siempre me convence. Hace suya la desesperación de su personaje, su empuje, su capacidad de entrega, su condición de ser humano. Su personaje y su interpretación es lo que da fuerza a esta película. 

Por otro lado, también está muy desdibujada la parte más íntima de Gerard. Acaba de ser padre y se queja del poco tiempo que la crianza le deja. Llantos, horarios imposibles, noches en vela. Casi que prefiere estar en el trabajo. Pero cuando se marcha con Camps a Lesbos tiene que dejar atrás a ese hijo que aprenderá a dar sus primeros pasos lejos de su padre. Esa nostalgia por el hogar, ese amor por la familia que está a tantos kilómetros se explota poco en este largometraje, y prácticamente es algo tan anecdótico que, si se hubiera suprimido,  no hubiera afectado al desarrollo de la historia. 

A Gerard le da vida Dani Rovira. No me parece un trabajo inolvidable.

Y habrá otros personajes, como un fotógrafo encargado de inmortalizar la labor de Camps y su gente. Un fotógrafo que, con posterioridad, fue galardonado. Como se nos explicará en los créditos finales.

Otras cuestiones 



Con una música preciosa (por favor, no dejad de escuchar la canción Te espera el mar en la voz de la cordobesa Maria José Llergo) y una fotografía aún más bella, Mediterráneo ha hecho replantearme mis jornadas playeras. Una, a la que le gusta tanto el mar, que se mete en el Atlántico y el Mediterráneo, preocupada únicamente por la temperatura del agua, porque una ola no la coja desprevenida, confiesa que jamás ha mirado esas aguas con los ojos de los inmigrantes. Una, que pasea ociosamente por la orilla, jamás ha mirado al horizonte pensando que quizá venga de camino una patera llena de miedo, hambre, desesperación y un hálito de esperanza. Una, que recientemente ha visto una de estas embarcaciones sobre las arenas de Caños de Meca (Cádiz), que se ha asomado y ha comprobado la profundidad del bote, calibrando la cantidad de personas que cabrían en su interior, se ha dado media vuelta y se ha marchado a tomarse una cerveza fresquita en el chiringuito cercano. Pero Mediterráneo ha conseguido que deje de preocuparme por la temperatura del agua, por un golpe de mar, por contemplar las embarcaciones de recreo. Creo que después de ver esta película, con imágenes que sobrecogen, jamás volveré a mirar el mar con los mismos ojos. No, ya no.


«Dejar morir a alguien en el mar es un crimen. Estamos convirtiendo el Mediterráneo en una fosa común».



 

Tráiler:



miércoles, 2 de octubre de 2019

VIAJE AL CUARTO DE UNA MADRE (DRAMA - 2018)


Año: 2018

Nacionalidad: España.

Director: Celia Rico.

Género: Drama.

Reparto: Lola Dueñas, Anna Castillo, Pedro Casablanc, Noemí Hopper, Marisol Membrillo, Susan Abaitua, Ana Mena, Adelfa Calvo, Silvia Casanova, Maika Barroso.

Sinopsis: Leonor quiere marcharse de casa, pero no se atreve a decírselo a su madre. Estrella no quiere que se vaya, pero tampoco es capaz de retenerla a su lado. Madre e hija tendrán que afrontar esa nueva etapa de la vida en la que su mundo en común se tambalea. 

[Fuente: Filmaffinity]


Entre las películas nominadas a los Goya de 2018, estaba este largometraje de Celia Rico, Viaje al cuarto de una madre, que supuso su ópera prima. A priori, me atraía esa relación entre madre e hija, tan complicada a veces y tan necesaria también. Lamentablemente, el resultado ha sido bastante pobre.

Estrella (Lola Dueñas) y Leonor (Anna Castillo) son madre e hija, respectivamente. Ambas viven solas en un pueblo del que no sabremos nombre ni ubicación geográfica. La vida de ambas es bastante gris. Estrella apenas sale de casa, parece sumida en una depresión, está triste y lo único que la mantiene entretenida es ocuparse de su hija adolescente. Es una madre protectora que aconseja en exceso a una joven que ya debe volar sola. En el personaje se advierte una tendencia a retener a la hija, a no permitir que la joven escape de su campo de acción, de ahí que se muestre reticente cuando Leonor le comunica que quiere estudiar inglés. A mayor formación, más probabilidad hay de que la hija abandone el nido, se independice y la deje sola. 

En cuanto a Leonor, su vida se tiñe del mismo tono gris que impregna la existencia de la madre. Trabaja en un taller de costura, planchando prendas. Más allá de su trabajo, sus días se reducen a salir ocasionalmente con amigas, tomar algo, ir a la discoteca,... aunque todo eso la aburre. Tras conversar con una amiga que ha regresado de Londres para pasar unos días en el pueblo, Leonor se propone cambiar de vida y abandonar el nido. Pero, ¿cómo se lo dice a la madre? La hija es el único punto de anclaje de una madre que va a la deriva. Si ella se va, ¿qué pasará con Estrella? 

Por otra parte, a lo largo de toda la trama flotará la sombra de un marido y un padre ausente, el fantasma de un ser querido, que ya no está entre nosotros. No se da apenas información al respecto. No sabremos cómo murió. Por no saber, ni siquiera se menciona su nombre. Tampoco importa demasiado. Lo significativo es que las dos mujeres están solas y tienen que seguir viviendo.

Como he comentado al principio, me esperaba bastante más de Viaje al cuarto de una madre. Es cierto que toca temas como la soledad, el duelo, la depresión, el síndrome del nido vacío, la dependencia,... pero me ha resultado una trama a la que le falta intensidad y emoción. La historia avanza con excesiva lentitud y más allá de mostrarnos escenas cotidianas, no ofrece más nada. Si acaso, se percibe un punto de luz cuando surge un pequeñísimo hilo argumental de corte romántico que muere apenas nace. Ninguna cuestión que asoma en este largometraje se trata con la profundidad merecida y eso provoca que el espectador se quede en un simple testigo de escenas insustanciales y anodinas. 

A nivel interpretativo, Lola Dueñas siempre me ha parecido una actriz que sabe hacer creíbles sus personajes. Sin embargo, el guion de este filme le da poco margen de movimiento. 

Según leo, esta película tiene connotaciones autobiográficas, experiencias vitales de la propia directora. Aún lo entiendo menos entonces, ¿por qué le falta sentimiento?

Viaje al cuarto de una madre no es una película de acción. No posee ritmo, no hay giros, ni suspense. Es, sencillamente, una sucesión de escenas rutinarias con alguna decisión que repercute en los personajes de manera leve. A mí me ha decepcionado bastante porque, en ningún momento, he entendido hacia dónde me quiere llevar la historia. 

[¡Ojo! Hay espectadores a los que le ha encantado. Si te apetece, busca otras opiniones]




Tráiler:

Puedes adquirirla aquí:

                                     


miércoles, 5 de octubre de 2016

EL OLIVO (DRAMA - 2016).



Año: 2016

Nacionalidad: Española.

Director: Icíar Bollaín.

Reparto: Anna Castillo, Javier Gutiérrez, Pep Ambrós, Manuel Cucala, Miguel Ángel Aladrén.

Género: Drama.

Sinopsis: Alma tiene 20 años y adora a su abuelo, un hombre que lleva años sin hablar. Cuando el anciano se niega también a comer, la chica decide recuperar el árbol milenario de que la familia vendió contra su voluntad. Pero para ello, necesita contar con la ayuda de su tío, una victima de la crisis, de su amigo Rafa y de todo el pueblo. El problema es saber en qué lugar de Europa está el olivo.


[Información facilitada por Filmaffinity]


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Tengo una conexión muy intensa con el mundo rural. Es más yo diría que, a pesar de vivir en una ciudad - y no una excesiva gran ciudad donde me sentiría más asfixiada-, me considero más de pueblo que una era. Los veranos de mi infancia los pasaba en plena naturaleza y aquellos años me permitieron conectar con la tierra, el viento, la flora y la fauna, conociendo las labores del campo. Probablemente por este motivo me ha resultado tan bonita la película El olivo y eso que es de Icíar Bollain, una directora con cuyos trabajos no termino de conectar. De las películas que tiene en su haber solo he disfrutado con Te doy mis ojos pero ya puedo anotar otra cinta más en la columna de los "Me gusta".

El olivo nos trae una historia rural con toques de roadmovie en el que tres personajes centrales serán los encargados de mantener una trama que tiene como protagonista absoluto a Ramón, un anciano que ni habla ni come, encerrado en un mutismo del que su nieta Alma intenta sacarlo.

La familia reside en un pequeño pueblo agrícola rodeado de olivos. Allí nació Ramón, allí creció y allí aprendió a amar la naturaleza, pasión que contagia a su nieta, la única que parece sentir todavía  un apego especial por el anciano. La vida de Ramón ha transcurrido entre olivos, y de todos los que ocupan su fina, hay uno muy especial, milenario, un enorme ejemplar que han cuidado las generaciones pasadas y que él pretende que cuiden las futuras pero los hijos de Ramón tienen otros planes. Ellos desean dejar atrás las faenas del campo y emprender otro tipo de negocio. Para ello hace falta dinero y la manera más rápida de conseguirlo es vendiendo ese olivo a espaldas del anciano. 


Cuando el olivo es arrancado de la tierra, será arrancado también el propio corazón de Ramón. Quedará pues sumido en un profundo mutismo por el que se le va la vida. Alma cree que si puede recuperar el olivo de su abuelo, conseguirá salvarlo de una muerte próxima. Comienza así  una aventura que la llevará por Europa.
 
Si pensamos en el argumento de la película te podrá parecer algo muy banal pues todo gira alrededor de una nieta que quiere devolver un viejo olivo a su abuelo. No obstante, el trasfondo de la cinta tiene mucho más. No solo se trata del hecho material de trasladar un viejo árbol de un sitio a otro, sino de salvar la vida de un abuelo que poco a poco lo va abandonando. A su vez, el guión pone sobre la mesa una serie de valores humanos de gran importancia. Solamente por cuestiones como estas, por asistir de testigos a esas relaciones abuelo-nieto que deben ser tan sagradas o por comprobar lo ingrato que podemos ser los hijos, El olivo es una película digna de ver.

No obstante, tengo algunas observaciones en contra que hacer. Por ejemplo, en algún momento la película transcurre con algo de lentitud lo que me produjo alguna inquietud en mi asiento. Sin embargo, fue algo muy momentáneo. Por otra parte, también es cierto que algunas cuestiones se resuelven con bastante facilidad y la excesiva casualidad no es algo que me guste en ninguna historia. Y a su vez, percibí algún momento clave que transcurre de manera precipitada. Por último, se producen algunas conversaciones en alemán que me hubiera gustado que estuvieran subtituladas. En verdad se puede sobreentender lo que se dice en dichas conversaciones pero si nos facilitan la comprensión mejor que mejor. 

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