Blanca Cabañas (Chiclana, Cádiz, 1991) es maestra de educación especial y pedagoga, completó su formación con un máster en Necesidades Educativas Especiales y Atención Temprana. Sueña con ser escritora desde que tiene memoria. En 2018, su obra Katchi es premiada como Mejor Relato Corto en el III Certamen Literario Dos Hermanas Divertida. En 2019 consigue el accésit a Mejor Novela Corta en el XXIX Certamen Calamonte Joven con Un buen vecino. En 2020 su relato Vivir se convierte en ganador del VIII Concurso Relato Breve Projecte LOC de Cornellà de Llobregat. En 2021 su relato La línea se hace con el primer premio en prosa en el Certamen Literario Ciudad de Chiclana. Perro que no ladra es su primera novela con Suma.
Sinopsis
Lara Ortiz vive en Sevilla desde hace catorce años sin tener noticias de su familia. La llamada repentina de su hermana trastoca su mundo y la obliga a volver al lugar del que ha huido toda su vida: Chiclana de la Frontera. Su regreso hará que retome el contacto con aquellos que marcaron su infancia y desentierre los recuerdos sobre el suceso que precipitó su marcha: la desaparición de una niña en extrañas circunstancias.
Alertada por los sospechosos comportamientos de quienes la rodean, investigará por su cuenta el caso. Lo que no imagina es que la verdad es siempre más afilada y esconde razones más oscuras que la dejarán sin habla.
[Información tomada directamente del ejemplar]
Blanca Cabañas es un joven gaditana, de Chiclana de la Frontera. Actualmente ejerce en la esfera de la educación especial pero siempre se ha sentido tentada por la literatura. Perro que no ladra es su primera novela, un libro que llegó a manos de la editorial Suma de Letras, tras su paso por la plataforma Amazon. La primera vez que supe de la existencia de esta novela fue a través de redes sociales. Me llegó la noticia de que la autora visitaba Sevilla en promoción y me interesé por la historia. Al leer la sinopsis, con una trama que se mueve entre localizaciones que conozco, me sentí intrigada por «la desaparición de una niña en extrañas circunstancias». Poco después, Blanca Cabañas contactó conmigo, leí su novela, la entrevisté (puedes leer la entrevista aquí) y ahora vengo a hablaros de su libro.
Perro que no ladra está protagonizado principalmente por Lara Ortiz. Se trata de una joven gaditana, nacida en Chiclana de la Frontera, que reside actualmente en Sevilla. Comparte piso con su prima Carolina y con Chaqui, un perro vagabundo, al que la joven recogió de la calle. Lo más destacable de su vida es que no tiene estabilidad laboral. De hecho, acaban de despedirla de la cafetería en la que trabajaba. Y, por encima de eso, hay que señalar que está en tratamiento psiquiátrico.Desde que tenía catorce años, pasa regularmente por la consulta del doctor Francisco Mora, un especialista en neurociencia. Fue a esa edad cuando ella dejó el domicilio familiar en Chiclana, en el que vivía con su madre y su hermana Olga. De un día para otro, y sin despedirse de sus amigas, hizo la maleta y se marchó con sus tíos a Sevilla. Aquel gesto distanció a Lara de su madre Herminia, quien se desentendió totalmente de su hija.
«Digamos que tengo una familia
controvertida...
O igual la controvertida soy yo.
La cosa es que llevo años, muchos
años, sin aparecer por allí».
[chat; pág. 18]
Lo que motivó aquella huida precipitada será uno de los grandes enigmas de la historia, algo que tiene que ver con la desaparición de una joven de la localidad, ocurrida cuando Lara era una adolescente. Isabel, la hermana menor de su amiga Emma se esfumó de la faz de la tierra un buen día. Aquello fue un duro golpe para el pueblo y nunca se ha sabido qué ocurrió ni quién está detrás de tal suceso.
«Tenía dos años menos que el resto de las integrantes del club de la bici y, quizá por ello o a pesar de ello, era la más prudente y miedica». [pág. 24]
Pero Lara tendrá que volver al pasado y reencontrarse con su familia, con sus amigas, y con el pueblo después de muchísimos años. Una madrugada recibirá la llamada de su hermana Olga, advirtiéndole de que su madre ha sufrido un accidente. En mitad de la noche, Lara pone rumbo a su lugar de nacimiento. El regreso de Lara a Chiclana despertará a sus fantasmas del pasado y obligará a la joven a enfrentarse a los suyos. Será entonces cuando se adentre en una investigación personal para averiguar qué le ocurrió a Isabel. Será entonces cuando destape todos los secretos del pueblo, lo que esconden algunos habitantes del municipio. Será entonces cuando sepa quién es quién.
Perro que no ladra, cuyo título queda explicado en la narración, es una novela de suspense y misterio, en la que se plantea al lector el juego de adivinar cuál es la verdadera naturaleza de sus personajes, desenmascarar a todos aquellos que, a priori, parecen almas inocentes. El desarrollo de los hechos transcurre de manera calmosa hasta que, pasado el ecuador de la trama, los acontecimientos se precipitan y es ahí cuando la cosa se pone especialmente interesante. Así hasta llegar a un desenlace donde todo queda bien atado.
Pero el debut literario de Blanca Cabañas aporta algo más. Interesada en el funcionamiento del cerebro, despliega entre estas páginas sus conocimientos sobre neurociencia. No convierte la novela en ensayo, ni aprovecha para volcar sin medida en estas páginas el fruto de su documentación. Digamos que tan solo se fija en un curioso trastorno, el síndrome de Capgras, padecimiento de uno de los personajes, y que genera un buen puñado de escenas donde la tensión se masca. Se trata de una lesión neuronal que impide al paciente reconocer la realidad. Podrá tener a una persona conocida delante de sí pero nunca la reconocerá porque su mente le juega una mala pasada.
«El paciente reconoce la cara, el cuerpo, los movimientos e incluso la voz parece ser la misma, pero cree que ha sido invadida por otra persona: una impostora, una doble idéntica. Incluso puede pensar que se ha suplantado a varias personas. Hasta un animal o un objeto en los casos más insólitos». [Pág. 83]
A todo ello, se añade un toque esotérico con rituales de magia blanca, en los que se utiliza canela en rama, ajo, laurel romero, para atraer la suerte, para combatir el mal de ojos, para construir círculos de protección. ¿Qué repercusión tienen estas ceremonias en los personajes?
A grandes rasgos, os diré que me ha gustado la lectura de Perro que no ladra. Es de esas novelas en las que hay secretos por descubrir, que van llevando al lector de sorpresa en sorpresa, (lo mencionaré más abajo; llega un momento en el que se suceden varios giros de 180 grados), hasta llegar a un desenlace que se convierte en una gran bola de nieve, deslizándose por la ladera de una montaña, cada vez más y más grande, en el que, eso sí, todo queda esclarecido. Además, la novela toca temas universales como el maltrato, que lo hay de diversa índole y, a lo largo de todo el relato se respira una cierta atmósfera opresiva, como si sobre el pueblo se hubiera colocado un negro nubarrón que produce sombras siniestras.
Por mencionar algo que no me terminó de convencer diré que los primeros compases de la historia se construyen sobre un fraseo corto que me interrumpía el flujo de la lectura. Pero es algo momentáneo. Por otro lado, los primeros diálogos entre Lara y Olga me resultan algo forzados. Supuestamente las hermanas llevan mucho tiempo sin hablarse y sin verse. Olga la llama en mitad de la noche, para comunicarle el accidente de su madre, y Lara reacciona como si no hiciera tanto que han estado en contacto. Es la impresión que me dio. Obviamente, algo muy subjetivo. En cualquier caso, es una sensación que se diluye rápido.
Personajes
Por centrarnos ahora en los personajes y, aunque la protagonista principal es Lara, Perro que no ladra es una novela donde el narrador se fija y se centra también en otros nombres. No solo será la familia de Lara (Herminia, Olga y Lucas, el novio de esta) y sus amigas (Carla, Emma y ...) los que copen todo el protagonismo. También serán importantes en el desarrollo de la trama y en la resolución del misterio otros tantos personajes. Por ejemplo, Hortensia y Joaquín pertenecen al pasado. Su historia contribuirá a entender la personalidad de alguno del presente.
Pero hablemos de los personajes más importantes:
* Lara. Joven que trata de hacerse a sí misma. A muy temprana edad salió del regazo familiar y se ha tenido que buscar la vida. A su llegada al pueblo, intenta no parecer una fracasada, por eso miente a todo aquel que se interese por su situación laboral. Rebelde, no le gusta que le impongan nada, no se atiene a las normas, ni soporta que la controlen.
«...pero también a todos esos vestidos de telas sintéticas que le irritaban la piel, las sienes estiradas, el rúter apagado, a esta hora en casa, péinate, adelgaza, no vistas así, no te veas con tal..., control, control, control. Ella no había estado dispuesta a pasar por ahí. No iba a permitir vivir una vida bajo la jurisdicción de su propia madre, viviendo según lo permitido, acatando normas y recibiendo cuidados que no tenían cabida en su opinión». [pág. 30]
Y sin embargo, siempre fue la preferida de su madre.
Lara suele perderse en sus ensoñaciones, se queda embobada pensando en sus cosas, en lo que ocurrió y a veces, cuando rememora la imagen de su padre, no puede evitar sentir un pinchazo de culpabilidad. Porque del padre no sabremos demasiado, tan solo que un día decidió marcharse también pero, ¿por qué?
Tratando de mantener el equilibrio emocional, Ángel, su psiquiatra se convierte en un gran aliado. La relación que mantiene con él va más allá de la típica relación médico-doctor. Es un profesional al que Lara recurre en cualquier momento, para hacerle partícipe de sus preocupaciones y delirios, sin cita previa, sin horario de consulta. Basta con coger el teléfono y hacer una llamada. Si tengo que ser sincera, me costó comprender que hubiera esa conexión entre ambos, un vínculo que no está atado a una y, quizá, hubiera estado bien ahondar un poco más en esa relación para ver de qué manera se inició como una .. estrictamente profesional a algo más.
Es posible que el lector advierta ciertas conexiones entre Lara y Blanca Cabañas.
* Olga. Hermana mayor de Lara y antítesis total de esta. Siempre fue una niña obediente, aunque no tuvo una infancia fácil, porque se sentía excluida de todos los ámbitos. De pequeña, siempre vio cómo Lara se metía a todo el mundo en el bolsillo, cuando a ella nadie le prestaba atención. Solo Lucas se acercó a Olga para, con el tiempo, convertirse en su marido.
De adulta se ha convertido en una mujer responsable, con una vida ejemplar. Ha formado pareja con Lucas, a quien conoce desde que eran casi niños. Y aunque su madre siempre prefirió a Lara, la única persona que ha estado a su lado para cuidarla es Olga. Ahora la pareja está esperando un bebé y eso la coloca en una situación privilegiada ante la madre.
Olga es un personaje interesantísimo. Os podrá parecer algo insulso pero nada más lejos de la realidad.
* Herminia. Es un personaje que, con el paso del tiempo, va evolucionando. Quizá sea uno de los personajes más enigmáticos de toda la novela, el que genera las mejores escenas de tensión. ¿Por qué ahora, al regreso de Lara a Chiclana, a su madre le falta una mano? ¿Qué se esconde tras ese muñón? Si de joven, era una mujer que se desvivía por su familia, que daba un amor excesivo, que estaba siempre pendiente para que a sus hijas no les faltara de nada, ¿qué ha ocurrido para convertirse en lo que es hoy? Las escenas que comparten Lara y su madre son gélidas, llenas de aristas y reproches, evidenciando una falsa calma en el hogar familiar.
«Lara pensó entonces que su madre no era una tormenta ni tampoco un terremoto. Era chirimiri. Esa lluvia de gotas pequeñas y ligeras pero constantes. A priori, indefensa, y con el tiempo, cansina. Otra, otra, y otra. Nunca para. Otra, otra y otra. Atraviesa la ropa y acaba mojando hasta el último resquicio de piel. Otra, otra y otra. Helando cada hueso de su cuerpo». [pág. 52]
* Las amigas de Lara. Sin ahondar demasiado, os diré que Blanca las perfila moderadamente. Iremos conociendo a grandes rasgos qué relación tenían de pequeñas, cómo vivieron la desaparición de Isabel, qué ha sido de sus vidas tras la huida de Lara, y cómo encaran ahora el regreso de la amiga pródiga. Estas chicas, a pesar del tiempo que hace que no se ven, seguirán siendo un pilar importante para Lara porque, como ocurre en la vida real, las amistades que se forjan en la infancia parecen que nunca mutan, sino que se quedan ancladas en esa conexión intensa que se trenza cuando somos pequeños.
* Susana_28. De este personaje, que Lara conoce por redes sociales, no quiero contar gran cosa. Digamos que funciona como vía de escape para Lara, esa persona con la que, amparada en el anonimato, una se desahoga. Pero mejor me callo.
* Javier y su hermano David. Aquí tengo que aplaudir a Blanca por la construcción de David. Se trata de un joven con síndrome de Down que vive bajo el tutelaje de su hermano Javier. Construir un personaje como él no es fácil. Tienes que haber tratado con muchas personas Down para conocer cómo reaccionan o cómo funciona su mente. Admito que con este personaje, Cabañas hace una gran labor y el perfil psicológico y emocional del chico está muy logrado. Y me encanta que le haya dado cierto protagonismo y que en sus manos están algunas de las claves que resuelven los misterios de este libro. Me parece que es una bonita forma de dar visibilidad.
Habrá otros personajes más, pero no me paro.
Escenarios
No hay nada como ser embajadora de tu propia tierra. Blanca Cabañas nació en Chiclana de la Frontera y es precisamente ese pueblo el escenario principal de la novela. Con un protagonismo no muy intenso, la autora nos hace pasear por el pueblo, por sus plazas y edificios, conduciéndonos al mercado de abastos, a la Plaza de las Bodegas, al Museo del Vino y la Sal,... y nos descubre parajes naturales como el Pinar del Hierro y la Espartosa, donde todo ocurrió. Ese lugar, que fue espacio de juego para las amigas cuando eran niñas, será especialmente importante en la novela. A él volverá Lara, esta vez con los ojos de mujer adulta.
Estructura y estilo
Perro que no ladra está compuesto de un total de cincuenta y seis capítulos titulados. En algunos de ellos se facilitan ciertas coordenadas temporales para anclar al lector en la línea del tiempo, pues la historia avanza y retrocede, sin seguir un patrón definido de alternancia entre pasado y presente. Dado que hay escenas que pertenecen a la adolescencia de Lara, Cabañas se encarga de ubicarnos perfectamente.
El ritmo es tranquilito pero llegas a la mitad y ¡zasca! el giro de timón te descoloca por completo y te despeina. Lo que creías hasta el momento, deja de ser para desvelar la verdadera cara de algunos personajes, y es ahí donde la novela empieza a subir y a subir.
Al margen de todo esto, cuenta con un prólogo o capítulo introductorio en el que el lector será testigo de una escena inicial que, en principio, no conduce a ningún sitio. Hay que esperar porque esas líneas conectarán más adelante, a su debido tiempo, con ciertos hechos singulares que nos servirán para conocer a un personaje.
En definitiva, salvo algún pequeño detalle que comento, me ha gustado leer Perro que no ladra. He disfrutado de su trama, de la relación entre personajes, del entorno y, de paso, he aprendido algo de neurociencia. Habrá que seguirle la pista a Blanca Cabañas, a ver con qué otra historia nos sorprende en el futuro.
[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]
Justo cuando prácticamente teníamos las navidades encima, la ilustradora Ana Müshell visitó Sevilla. Del trabajo de la joven, supe hace algunos años, cuando leí el libro que Henar Álvarez publicó con Planeta y tituló La mala leche (puedes ver la entrevista aquí y la reseña aquí). Sabéis que soy una enamorada de los libros ilustrados y si además sirven de vehículo para conocer a escritores, mejor que mejor. Es el caso de Maldita Alejandra, lo último de Müshell, donde la ilustradora pone el punto de mira en la vida de Alejandra Pizarnik. Sin embargo, este volumen no es meramente una biografía.Maldita Alejandra también es un diario en el que Ana recoge el camino que tuvo que andar, y anda, en un momento complicado de su vida. Apoyándose en los poemas y la vida de la poeta, quien optó por el suicidio cuando tan solo tenía treinta y seis años, Müshell se sumerge en su propia vida, en la grisura de un momento que venía protagonizado por la ansiedad, el miedo, la depresión, la angustia y la agorafobia. De la mano de Pizarnik, Müshell emerge de los abismos y consigue salir a la luz.
Menuda y tímida, Ana Müshell nos habló de este libro a su paso por Sevilla.
Marisa G.- Ana, un placer tenerte en Sevilla. Yo conocía tus ilustraciones por el libro de Henar Álvarez pero es la primera vez que te leo. Quiero hablar de Alejandra Pizarnik pero también quiero hablar de ti.
Ana M.- De acuerdo.
M.G.- Aunque tú ya has probado a hacer biografía, porque escribiste la de Patti Smith, Maldita Alejandra es una biografía pero también es algo más.
A.M.- Es algo más, claro. Lola, mi editora, lo que quería era sacar de mí una historia muy verdadera, conectada conmigo misma. Si elegí a Alejandra Pizarnik fue porque era la autora a la que estaba leyendo durante mi proceso de recuperación psicológica. Maldita Alejandra es mi propio diario sobre esa recuperación, pero también es un punto de conexión con la biografía de la autora. Hay puntos que yo necesitaba comprender de su biografía para comprender mi propia biografía también. Hablamos de la infancia, del amor, del miedo, de la bibliofilia,... Y también de la muerte, que es un tema muy importante.
M.G.- A través de tu libro, el lector va a conocer no solamente a la poeta sino también a la persona. Nos cuentas que era terca, que pensaba que su poesía no le interesaba a nadie, era depresiva, muy auto-crítica. Parece una persona con muchos recovecos, y muchas luces y sombras.
A.M.- Sí. Siempre digo que es un personaje escurridizo. Así la reconocen sus propias biógrafas oficiales, que fueron amigas suyas. Era un personaje difícil de captar. De ahí lo de maldita, como una queja con cariño hacia ella, porque no termino de captarla, porque me refugio en su poesía, en su miedo y en sus palabras, pero no soy capaz de ver su cara. Es un personaje que se auto-disfrazaba de poeta maldita, aunque tenía muchísimo humor, muchos amigos y una vida muy plena, aunque ella tirara siempre hacia esas sombras, esos cuervos y ese jardín en el que se refugiaba. Era un personaje enigmático que te absorbe.
M.G.- Comentas en este libro que, en algún momento te ha costado extraer el significado de su poesía.
A.M.- Sí, pero es algo irremediable. Si eres capaz de sacar un significado pleno a su poesía, háztelo mirar porque está llena de unos matices que te van cambiando. Su poesía te va llevando a un sitio y a otro, y ellos mismos se transforman a través de tu lectura. Es bonito tener su poesía en tu mesita de noche para poner palabras a tu miedo o a tus inquietudes.
M.G.- Me quiero centrar un momento en la madre de Alejandra Pizarnik, pero también en la tuya. Es una figura que aparece en este libro, en la vida de las dos, y que es realmente importante.
A.M.- En mi diario hablo del duelo. Es algo universal. Se debería hablar del duelo porque no pasa nada, hablar de la muerte de una madre antes de tiempo, para lo que nadie está preparado nunca. Ese era mi contexto para hablar de la oscuridad.
En el caso de Alejandra Pizarnik, su relación con su madre era extraña. Su madre tenía esa preferencia por su hija Miriam, la antítesis de Alejandra. Siempre tuvo esa sombra sobre ella, la frustración de no ser para su madre lo que quería que fuera. Desde pequeña, Alejandra Pizarnik fue un personaje oscurito y estrafalario, pero maravilloso. Los padres son un punto clave para la formación de uno mismo, de los propios miedos, desde la infancia hasta la adultez.
M.G.- Hablando de familia, al margen de la que le venía impuesta, ella fue construyendo otra familia a través de todas esas personas que fue conociendo en sus viajes. ¿Qué supuso para ella vivir en París, y conocer a tanta gente importante con la que se codeó?
A.M.- Ese es otro punto de conexión que tengo con Alejandra. Cuando paso muchísimo miedo y soy capaz de verbalizarlo, se lo cuento a mi familia sanguínea, con la que tengo la suerte de contar, pero también a mi otra familia, a mis amigos, que son los que me reordenan la vida, y los que me ayudan a subir hacia arriba.
En el caso de Alejandra, ella se refugió en la literatura y, por lo tanto, en los grandes escritores y escritoras que la rodearon. Para ella fue clave ese viaje a París en los sesenta, donde coincidió con Cortázar y con su mujer, o con Simone de Beauvoir. Fueron como su familia y la metieron en ese círculo literario que ella necesitaba para desarrollarse como escritora. También coincidió con Borges y Octavio Paz, que fue como su padrino. Creo que esa fue su verdadera familia y la que le enseñó a vivir de la literatura.
M.G.- Este libro también nos ayuda a acercarnos a ti, como escritora, como ilustradora, como persona,... Entiendo que este libro te ha ayudado a pasar de ser esa larva que vemos inicialmente a ese insecto alado al final. Porque, para Alejandra, escribir era una suerte de madriguera y un método de auto-análisis. Imagino que para ti habrá sido algo parecido.
A.M.- Sí, total. De hecho, muchas personas están reseñando Maldita Alejandra como si fuera una oda a la lectura. Cuento mi experiencia desde la agorafobia, una fobia que hace que estés muy metida en tu interior, que tengas mucho miedo al exterior y, por lo tanto, la vida se te reduce mucho en experiencias. Así que recurrí a la música, al cine y, sobre todo, a la lectura. La lectura fue mi refugio contra la agorafobia.
M.G.- El libro sirve para dar visibilidad a este tipo de trastornos, a la agorafobia, a la ansiedad, los ataques de pánico. Son padecimientos que deberíamos normalizar como si fueran un resfriado. Y aunque vamos avanzando, a los que sufrimos estos trastornos (y me meto en el saco) se nos sigue viendo como bichos raros.
A.M.- Sí, como bichos kafkianos.
M.G.- Cierto. He sufrido muchos ataques de ansiedad. Los días de lluvia no podía salir de mi casa. Y mi marido no lo entendía.
A.M.- Claro. Es muy complicado convivir con alguien que tiene algún tipo de trauma o de trastorno. No pasa nada. Son palabras que suenan como muy fuerte pero solo se trata de algo que está mal, como el que tiene una pierna rota, y hay que trabajarlo. El cerebro forma parte del cuerpo y también se estropea. A veces viene incluso estropeado de fábrica. Ahora se está haciendo un ejercicio muy guay de visibilizar y normalizar. Hoy en día es muy corriente decir que estás asistiendo a terapia. O que en la infancia te pasó algo y lo estás trabajando. Es muy bonito ver que la gente habla de esto con naturalidad.
M.G.- Hay pasajes en los que me he sentido muy muy identificada. Describes muy bien esas sensaciones que se sienten cuando estamos en pleno ataque de pánico. Yo me quedaba totalmente paralizada y no me podía mover. Pero tengo que confesarte que a me da mucho respeto leer sobre estos temas porque me da miedo pensar que, ese monstruo que está dormido dentro de mí, puede despertar de nuevo. No sé si a ti te ocurre igual.
A.M.- Sí, sí, sí. Hay una parte del libro en la que yo le cuento a una amiga que tengo un problema mental y además estoy leyendo a Alejandra Pizarnik. Mi amiga me responde: ¡Lo que te faltaba! Con la literatura pasa igual que con el cine. Hay películas para las que no se tiene cuerpo, porque sabes que va a incidir en cosas en las que no es necesario ahondar. Hay que saber cuál es el momento para leer o meterse en cierta historia. Sé que es duro leer. Cuando lees síntomas, el cuerpo los va asimilando porque la lectura consigue que te metas de lleno en esas sensaciones. Es normal.
M.G.- Pero es importante conocerse y también conocer de dónde venimos. Las personas que sufrimos este tipo de problemas, si echamos la vista atrás y miramos a nuestros familiares, solemos encontrar a algún miembro de nuestra familia con el mismo problema.
A.M.- Sí. La ansiedad siempre ha estado ahí y el miedo forma parte de la vida. Ahora no le puedo preguntar a mis abuelas, pero si le hubiera preguntado si sufrieron ansiedad, seguro que me hubieran respondido que toda la vida.
En terapia aprendí que es muy importante saber de dónde vienes. Genéticamente hay mucha predisposición. Si en tu ADN viene esa ansiedad, esa depresión continua, y el ambiente en el que te has criado es muy propicio a la ansiedad, mi psiquiatra y yo decimos que lo tienes de fábrica. Ya vienes químicamente predispuesto a no afrontar bien ciertos problemas, a hundirte de otra manera, a tener una sensibilidad muy fuerte. No pasa nada. Uno debe aprender a comprenderse, y comprenderse te lleva a tener menos miedos. Está bien ahondar, saber qué pasa en tu familia, averiguar si alguien más ha sufrido esto y verás que no estás sola.
M.G.- Vamos a hablar de las ilustraciones, una parte muy importante del libro. Los dibujos del inicio son muy oscuros. Y aunque vemos que, poco a poco, el personaje va evolucionando a mejor, las ilustraciones no cambian de tonalidad. Siguen siendo oscuras. No hay transición sino que se mantiene la misma paleta cromática.
A.M.- Ahora mismo estoy en un momento artístico con esa tonalidad. Me gustan los colores ocres y los tonos tierra, que el negro esconda cosas, un tipo de atmósfera que, en este caso, desde Lumen se me permitía explorar. En otros trabajos de publicidad, el color funciona de otra manera, pero como Maldita Alejandra es un trabajo tan personal, necesitaba esa atmósfera interior. Hay luz pero muy tenue. Tengo que dar las gracias a Lumen por respetar mi paleta cromática y por dejarme expresarme así.
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M.G.- En estas ilustraciones, no solo vemos a Alejandra Pizarnik sino que también te dibujas a ti misma. Al dibujarte, ¿qué percepción tienes de ti? Dibujarse a una misma no debe ser fácil.
A.M.- No, por eso soy polilla. Tenía muy claro que quería a Alejandra Pizarnik, quería dibujarla, homenajearla, ponerla en el salón de mi casa. El dibujo me permitía traérmela en cuerpo. Pero yo tenía que ser algo que se transforma, algo que pesa al principio, y luego se convierte en volátil. Por eso me venía muy bien la metamorfosis de la polilla. Era algo kafkiano. Cuando leí La metamorfosis de Kafka me dije a mí misma que yo era ese bicho. Todo el mundo es ese bicho alguna vez, que se siente incómodo con la realidad. Todo esto me permitía salir de mi propio retrato sin caer en una verborrea autobiográfica. Todo eso ya estaba en el diario y no tenía que repetirlo en las ilustraciones.
M.G.- En este libro no solo hablas de Alejandra sino que hablas con Alejandra. El personaje es un ente fantasmagórico que vive y convive contigo. Me parece una interacción muy interesante.
A.M.- Es parte del juego. El dibujo y la escritura te permiten crear otros mundos, abrir un boquete en la realidad y tomarte la licencia de traerte a la poeta maldita por excelencia hasta mi salón. También me permite ficcionar con mi propia terapia contra la agorafobia, por ejemplo, cuando salgo a la calle a comprarle tabaco, o ir con ella a comprar libros. He mezclado mi rutina con la suya, cuando le preparo café,... Es lo bonito del dibujo. Me he divertido muchísimo.
M.G.- El libro está estructurado como si fuera un diario. Abarca desde el 13 de enero al 2 de septiembre, si no me equivoco, con saltos en el tiempo. ¿En qué medida lo que se narra en cada una de esas entradas corresponde con la realidad o son un artificio?
A.M.- Está ficcionado. Mi trabajo con la psiquiatra sigue a día de hoy y espero que siga porque me está ayudando totalmente. Pero necesitaba acortarlo en el tiempo. Quería contar el tema de los fármacos, cómo me han funcionado a mí los ansiolíticos, los antidepresivos, en un espacio de tiempo concreto. Además teníamos que ponerle fin a esta historia de oscuridad y luz, a la vez.
M.G.- Para finalizar, en el libro no solo vamos a ver poesía sino también música. Me gustan mucho las referencias musicales y me has descubierto algunos grupos. No solo leíste mucho sino que, como dijiste antes, la música también te ayudó mucho como salvavidas.
A.M.- Total. La música es terapia. Hay una parte del libro en el que sale La Javanaise de Serge Gainsbourg. Es una canción que arrojó un chorro de luz en mi cocina, mientras regaba mis plantas, le hacía café a Alejandra, y preparaba la escritura de ese día. La música es muy necesaria y te puede llevar a otros matices en tu día a día que son muy sanos.
M.G.- Ana, no te robo más tiempo. Me alegra verte y conocerte. Espero que te vaya muy bien y sigas subiendo.
A.M.- Muchas gracias. Gracias de verdad por tus preguntas.
Sinopsis: En pleno episodio de agorafobia y tras una ruptura amorosa, la protagonista de esta historia decide sumergirse en la enigmática vida de Alejandra Pizarnik, en cuyos diarios y poemas encuentra las palabras exactas para describir sus temores. Hasta que la poeta irrumpe en su apartamento sin previo aviso, con su abrigo negro e inundándolo todo de versos, papelitos llenos de palabras y humo de cigarrillos. Con ella también llegan las flores, los discos de jazz y una multitud de escritores que se mezclan con los platos sin fregar, las cajas de ansiolíticos y antidepresivos, y las copas de vino. ¿Podrá ayudarla la historia de la poeta mítica a comprender sus propios miedos y reconducir su vida?
Reparto: Richard Armitage, Amaia Salamanca, Fionnula Flanagan, Paul Freeman, Paul Guilfoyle, Alicia Borrachero, Joe Manjón, William Keen, Carlos Cuevas, Unax Ugalde
Género: Thriller
Sinopsis: Ciudad del Vaticano, 1995. Un hacker informático irrumpe en el ordenador personal del Papa dejándole un mensaje en el que asegura que la Iglesia de Nuestra Señora de las Lágrimas mata para defenderse. Intrigado, el Santo Padre ordena que se investigue el asunto. Monseñor Spada (Paul Guilfoyle) asignará la misión a su mejor agente, el sacerdote Quart (Richard Armitage), poseedor de una larga experiencia en los asuntos oscuros de la Santa Sede. Entre tanto, en Sevilla, la aristócrata Macarena Bruner (Amaia Salamanca), una hermosa divorciada que es dueña de los derechos sobre el terreno donde se alza Nuestra Señora de las Lágrimas, escandaliza a la ciudad con sus amores inapropiados con un bailaor flamenco, mientras coquetea por Sevilla y hace parte principal de un grupo que se resiste a dejar demoler la Iglesia.
[Fuente: Filmaffinity]
Vaya por delante que no he leído la novela de Arturo Pérez-Reverte. Si no me equivoco, anda por casa desde que se publicó pero, hasta el momento, no me dio por leerla. Cosa rara, porque siempre me han llamado la atención las novelas que transcurren en mi ciudad. Sin embargo, sí me interesé mucho cuando supe que este título iba a ser llevado al cine. Quise ir a verla en sala, pero se me fueron pasando las semanas y al final, estas navidades, me topé con la grata sorpresa de encontrarla en Amazon Prime. La he visto dos veces. Pensaréis que es porque me ha gustado tanto que he querido disfrutarla doblemente, pero no. En realidad, La piel del tambor no me ha gustado demasiado. La primera vez que la vi me perdí un poco con los nombres, las relaciones entre los personajes, y el desarrollo de la trama. No me parece que el guion esté bien hilado. Se habla mucho y se muestra poco, y eso hace que te sientas un poco desorientado. Así que le he vuelto a dar una segunda oportunidad estos días atrás. Aunque mi percepción de la película no ha cambiado, al menos sí he conseguido terminar de completar el puzle que nos plantea. Os cuento.
La trama de La piel del tambor se desarrolla en Sevilla.La Iglesia de Nuestra Señora de las Lágrimas está en peligro. Es un edificio viejo y venido a menos, donde se venera a la imagen de Nuestra Señora de las Lágrimas, una talla del siglo XVIII, esculpida, nada más y nada menos, que por Martínez Montañés. Se la llama así porque veinte perlas traídas de América en el siglo XIX simulan sus lágrimas. La iglesia tiene una larga historia que se remonta al siglo XVII, cuando el duque Gaspar Bruner de Lebrija cedió los terrenos para construir la iglesia y el convento anexo. A su muerte, el duque fue enterrado en la cripta y, para que la familia conservara los derechos sobre la propiedad, impuso la condición de que se celebrase una misa por la salvación de su alma cada jueves del año.
Al frente de la iglesia está el padre Ferro, un sacerdote testarudo y aparentemente maleducado que trata de defender su iglesia de las fauces de los lobos. Pero el arzobispado de Sevilla tiene otros planes para los terrenos sobre los que se levanta el inmueble. El Banco Cartujano ha ofrecido una importante suma de dinero a la archidiócesis sevillana por esos terrenos, donde pretende construir un proyecto inmobiliario que generará grandes ganancias a los de siempre. Así que, la iglesia y Ferro sobran.Los obstáculos pondrán en peligro la culminación de la operación y estos obstáculos tienen nombre y apellidos. Por un lado, Macarena Bruner (Amaia Salamanca) es una joven aristócrata sevillana, último bastión de la estirpe de los Bruner que quiere defender el legado de su familia. Son los Bruner los que se encargan de mantener la iglesia en pie, invirtiendo dinero en su restauración, para lo que han contratado a Gris Marsala (Alicia Borrachero), una mujer con pasado. Para Macarena, la historia familiar es importante. Su familia lleva siglos vinculada a esta iglesia y no está dispuesta a permitir que la derriben para una nueva construcción. Por otro lado, el propio padre Ferro se opone. Este es su lugar, un lugar santo al que muchos feligreses acuden a venerar a la virgen. El cura estará apoyado en todo momento por la restauradora, a la que le parece un sacrilegio demoler la iglesia.
A todo esto hay que unir que en el interior de la iglesia se han producido dos muertes sospechosas en tan solo dos meses. Se desconoce si han sido meramente desafortunados accidentes o la cosa ha sido intencionada. Y todo esto que ocurre a nivel local, llegará a oídos del Vaticano. Un hacker se introduce en el ordenador personal del Papa y le deja un mensaje, advirtiéndole de los sucesos que están teniendo lugar en la ciudad de la Giralda. La posición de la Iglesia se tambalea en los últimos tiempos, ha perdido poder y se cuestiona la institución con tantos escándalos como han salido a la luz. El Papa cree que lo que ocurre en Sevilla puede ser un nuevo golpe para el prestigio eclesiástico, así que, a través de Monseñor Spada, director del Instituto de Operaciones Exteriores, envía al padre Quart (Richard Armitage) a la capital hispalense. Su misión es averiguar lo que está ocurriendo en la ciudad, si tras los sucesos acaecidos en la iglesia hay una mano negra.
¿Qué me ha gustado de la película?
Si os digo la verdad, al visionar los créditos sentí que la película prometía ser un buen producto pero ya os digo que no ha sido lo que esperaba. En cualquier caso, debo admitir que los pilares sobre los que se sustenta la trama sí me han resultado interesantes. Por un lado, la imagen de la Iglesia como institución poderosa, en cuyo seno no todo es fraternidad y amor. En la curia hay topos y cardenales sibilinos que anteponen sus intereses por encima de los de la comunidad eclesiástica. Los tentáculos de la Iglesia llegan lejos. El dinero que maneja no siempre tiene nívea procedencia, hay secretos y enigmas, todo ello debidamente encriptado. Un jugoso pastel para esos hackers que les gusta husmear en papeles ajenos, o que son capaces de traspasar barreras informáticas supuestamente infranqueables. Para todo ello, el Vaticano cuenta con un servicio de seguridad informática espectacular. Una sala donde un grupito de curas de alzacuellos y dedos ágiles, expertos en ciberseguridad, teclean en sus potentes ordenadores protegiendo los secretos de la iglesia contra los lobos. Quizá lo que muestra la película sobre los servicios de seguridad de la Iglesia no sea verdad, o sí, quién sabe. De todos modos, si no es así, debe parecerse mucho.
Por otro lado, el dinero es una tentación incluso para los que visten sotana. La piel del tambor nos deja ver cómo algunos arzobispos, deseosos de ampliar la caja de caudales, no solo se dejan tentar, sino que también sucumben ante las suculentas ofertas económicas de un grupo bancario que pretende enriquecerse con un proyecto urbanístico. Me ha gustado esta trama financiera, la implicación de la iglesia en la misma, la especulación urbanística, e incluso los escándalos sexuales que salpican a sacerdotes. Todas estas cuestiones, que han estado y siguen estando al día, son la base de la película.
¿Qué no me ha gustado de la película?
Pues hay varias cosas. Algunas tienen más enjundia y otras son meramente banalidades. Por empezar, os diré que todo lo que gira en torno al proyecto urbanístico, que lleva por nombre Santa Cruz, parece como muy grandilocuente. Desconozco si en la novela será así pero da la sensación de que se ha pretendido imprimir a la trama un aire internacional que descoloca bastante. A mí me dio la risa al ver a árabes y asiáticos sentados alrededor de una mesa, cuando los directivos del banco trataban de explicar a los inversores lo que se pretendía hacer en Sevilla.
Además, al guion le falta pulido. En la redacción del mismo no ha participado Pérez-Reverte, -al menos, eso he leído-, y, a mi juicio, cuesta trabajo seguir el hilo de la narración. Como hay mucho que dar a conocer al espectador, los personajes se lo cuentan unos a otros, y asistimos a diálogos a los que es complicado seguir la pista. Ya os digo que yo la he tenido que ver una segunda vez para enterarme bien de todo.
Por otra parte, la película está rodada en inglés. Eso, para los personajes que no son de origen español está bien, pero resulta rarísimo escuchar a Amaia Salamanca con otra voz que no es la suya. La actriz no se dobló a sí misma. El motivo, ni idea. Probablemente lo encuentren en San Google. La primera vez que vi la película, esta circunstancia me escupía de la historia en cada una de sus escenas. Mi cerebro se negaba a conectar el cuerpo de la actriz con esa voz que no era la suya. Sin embargo, en el segundo visionado, parece que mi mente había asimilado el cambio. De todos modos, es algo que me suele incomodar.
Añadiendo algo más, la trama cuenta con un leve toque romántico. A mí en los thrillers me sobran los amores. Me ha pasado de siempre. No me interesa ver a los personajes enrollándose porque lo que quiero es que descubran el misterio. Pero en este tipo de historias el amor es un adorno. Cierto es que en la película, el amor se explota poco -y lo agradezco-, pero si hubieran omitido alguna escena amorosa tampoco hubiera pasado nada.
Y ahora me voy a meter en un "fregao". Lo he dicho muchas veces. Soy una mujer puntillosa, en mi día a día, y una lectora / espectadora quisquillosa. Me gusta fijarme en los detalles más pequeños y sacarle punta a todo. Entiendo que hay que tener un poco de manga ancha y no ser tan meticulosa pero, en cine y literatura, me gusta creerme la historia, que me parezca lo más verosímil posible. Y también me gustan las novelas o las películas que transcurran en Sevilla, mi ciudad, y que me muestren a los personajes moviéndose por sus calles y plazas, desplazándose por sus vías empedradas. Pero eso es un arma de doble filo porque, con Sevilla como escenario, soy más puñetera aún. Pues bien, en La piel del tambor, hay escenas en las que los personajes se desplazan en coche y el espectador puede ver las calles por las que el vehículo circula. Si os enseñara el recorrido que hace el coche en un mapa, pensaríais que el conductor es uno de esos taxistas con mala praxis que, cuando cogen a extranjeros como clientes, les hacen un tour por toda la ciudad con tal de aumentar el precio de la carrera. Que sí, que no hay que ser tan tiquismiquis, pero es que no lo puedo evitar. Que un vehículo salga del aeropuerto y acto seguido esté circulando por el puente de Triana en dirección al centro de Sevilla no puede ser. Que además, enfile el Paseo Colón y en el cambio de plano veamos de fondo el hotel Abba Triana, tampoco. O que el Banco Cartujano tenga sus oficinas en un edificio que, en el momento en el que se desarrolla historia, no existía, me chirría. ¡Aims! Bueno, son tonterías, lo sé, pero, como vecina de esta ciudad, no puedo evitar fijarme en esas cosas. Imagino que esto ocurrirá también en películas que transcurran en Madrid, Barcelona, Nueva York,... y que los que vivís en tales ciudades estáis a la caza de incongruencias como estas.
Reparto e interpretaciones
En una trama donde la Iglesia está implicada hay mucha sotana de por medio. Para empezar, el protagonismo principal lo ostenta el Padre Quart, un cura que antes fue soldado y que llegó a la iglesia sin vocación alguna. Simplemente como medio para subsistir. Es alto, joven, espigado, de ojos verdes. Un curita guapo y resultón, la mano derecha de Monseñor Spada, el director del Instituto de Operaciones Exteriores del Vaticano, o lo que podría ser lo mismo, el MI6 de la Iglesia. Quart es como el James Bond eclesiástico, el agente especial que hace flexiones con el torso desnudo y se mete en peleas callejeras. Como todos los tipos de este calibre es un hombre que se protege del exterior con una coraza dura, difícil de penetrar, y una aparente frialdad. Bueno, alguien habrá que se acerque a su corazoncito. Quart es un personaje lastrado. De hecho, lo primero que sabemos de él es que fracasó en una misión anterior, en la que alguien perdió la vida. No se dan muchos detalles al respecto pero es un episodio de su vida al que se hace referencia en más de una ocasión y que le provoca un gran sentimiento de culpa.
Macarena Bruner es un joven guapa, perteneciente a una familia aristocrática sevillana. Su posición es altamente complicada porque, por un lado, es miembro de la familia fundadora de la iglesia. Pero por otro, también es la exmujer del vicedirector del Banco Cartujano, Pencho Gavira (Rodolfo Sancho), entidad bancaria que se encuentra tras el Proyecto Santa Cruz. Entre ambos se establece un tira y afloja, cada uno batallando por sus propios intereses. Los de ella son de tipo sanguíneos y religiosos. Los de él, de tipo económico. ¿Cuáles son más válidos? Macarena es una mujer vapuleada por su pasado. Al igual que Quart tiene un trauma, un dolor interno que la hace tremendamente desdichada, y que será desvelado en su momento.
La relación entre Pencho y Macarena aporta un plus a la trama. Me gusta verlos juntos, en un duelo de miradas y de puñaladas por la espalda. Esta parte de la trama, en la que cada uno de los personajes mueven sus fichas, aporta un toque de suspense curioso.
En cuanto a las interpretaciones, poco que aportar. Ni chicha, ni limoná. A mí, el drama del padre Quart me importa entre nada y cero. Tampoco me inquieta ni me angustia las preocupaciones de Macarena por el futuro de su iglesia. Ni Richard Armitage ni Amaia Salamanca me convencen. No me conmueve, ni me impresionan, ni me sorprenden. Personajes fácilmente olvidables.
Y por nombrar a otros dos actores conocidos en este país, os diré que aparecen Unax Ugalde y Jorge Sanz. Ambos con un papel minúsculo. El primero está a cargo del equipo de curas informáticos. El segundo es un matón de poca monta que no tiene ni una sola línea de guion. No es que sea un actor extraordinario pero sorprende verlo en un papel tan secundario.
Localizaciones y música
Como digo, la trama principal se desarrolla en Sevilla pero también hay escenas rodadas en Roma. Para representar la iglesia de la discordia, el equipo se desplazó a un pueblo sevillano, cercano a la capital. En Carmona se ubica el convento de la Concepción, el inmueble en el que tienen lugar las misteriosas muertes de la película.
[Fuente: Twitter @SevillaInsolita]
También hay que destacar las escenas rodadas en la supuesta casa de los Bruner, un palacete sevillano que no es posible visitar. Es un edificio que llama la atención desde el exterior, con esas ventanas de arcos ojivales, y esa torre inhiesta. Poder ver su impresionante patio interior a través de la película es una maravilla.
Y en cuanto a la música, obra de Roque Baños, debo decir que me ha gustado. He leído que los temas no son acordes a la trama pero a mí me han parecido que encajan perfectamente en cada secuencia.
A Arturo Pérez-Reverte le ha gustado esta adaptación de su novela. Lo ha confesado en varios medios, tildándola de gran película (lee un artículo aquí). Me parece fantástico que esté conforme con el resultado, pero no se la puede catalogar de gran película. Me atrevería a decir que, y sin haberla leído, la novela será mucho mejor. Y esta adaptación al cine, que pudo ser pero se quedó en el intento, quedará en el olvido más pronto que tarde.
En definitiva, La piel del tambor es una película, -primera del director-, que entretiene, y punto y pelota.Abarca mucho, hay escenas que no se explican bien, que se escapan incluso viéndola dos veces, con unos personajes bastante planos. Interesa la trama llena de chantajes, amenazas, coacciones, blanqueo de capitales, intrigas eclesiásticas, muertes misteriosas e intereses económicos, pero también de amores imposibles y de legados familiares. Todo ello con mi preciosa ciudad de Sevilla de fondo, que será solo reconocible en un par de planos cenitales y alguna breve escena. Como película es muy pasable, aunque hay que reconocer que todos los misterios importantes quedan debidamente explicados. Bueno, todos menos el que esconde el título. Me han soplado que en la novela sí se explica el origen del título. En la película, es una cuestión que el guion omite.
Y por cierto, me entero ahora de que hay una serie de la que no había oído hablar.Quart, el hombre de Roma es una miniserie de Antena 3, que se emitió en 2007. Tiene seis capítulos y al leer su argumento descubro ciertas variaciones en la trama. Su valoración por los espectadores es incluso inferior a la de la película, así que creo que me la voy a ahorrar. No obstante, si sientes curiosidad,aquípuedes ver las primeras secuencias.
El Reto 100 libros no lo voy a cumplir ni de coña. Ya hace muchos años que no alcanzo esa cifra pero me da igual. Yo me apunto y ya se verá. Así que este año, y aprovechando que Laky de Libros que hay que leer nos lo vuelve a proponer, hago un nuevo intento.
Más allá de cumplirlo o no, a mí este reto me sirve para llevar la cuenta de los libros que voy leyendo, así que me viene muy bien.
En esta misma entrada iré colgando los enlaces a las reseñas de los libros. Si te apetece participar, tienes toda la informaciónaquí.
[Ilustración tomada del blog Libros que hay que leer]
Una cita a la que acudo cada año, el reto que nos propone Laky de Libros que hay que leer. Es de los pocos que cumplo con suma facilidad, así que este año repito de nuevo. A grandes rasgos, os diré que consiste en leer 25 autores españoles o hispanos a lo largo de este 2023. Si te apetece apuntarte, visita su blog. Aquí tienes toda la información.
En esta misma entrada iré colocando mis lecturas del 2023. Ya estoy deseando empezar.
Vamos allá.
[Ilustración tomada del blog Libros que hay que leer]