miércoles, 14 de septiembre de 2022

LA JEFA (DRAMA - 2022)

 Año: 2022

Nacionalidad: España

Director: Fran Torres

Reparto: Aitana Sánchez-Gijón, Cumelen Sanz, Pedro Casablanc, Younes Bachir, María Fernández Prat, Vanesa Rasero, Alex Pastrana

Género: Drama

Sinopsis: Sofía, una joven ambiciosa que trabaja en una multinacional de moda se queda embarazada sin haberlo planeado. Sin familia en España y con dudas sobre el futuro de su maternidad, Sofía parece abocada a volver a su país y abandonar la prometedora carrera profesional por la que tanto ha luchado. Sin embargo, su jefa, una mujer hecha a sí misma a la que Sofía admira por encima de todo le hace una inusual proposición: Darle el hijo en adopción a ella y a cambio poder continuar con su promoción dentro de la empresa. Sofía acepta la oferta sin saber que no todo es como su jefa le ha contado…

[Fuente: Filmaffinity]


Advertencia inicial: Si has visto La hija del director Manuel Martín Cuenca, protagonizada por Javier Gutiérrez y Patricia López Arnaiz, puedes ahorrarte el visionado de La jefa. Tienen un argumento tan similar que no hay opción a la sorpresa. Con alguna variación, en líneas generales el argumento y el desenlace es el mismo, así que esta película estrenada hace poco en Netflix no resulta nada novedosa. En cualquier caso, os cuento.

Sofía es una chica argentina que reside con Nacho, su novio colombiano, en Madrid. Cada uno trabaja en lo que puede. Él mostrando pisos para una inmobiliaria y ella como dependienta en una tienda de ropa. Tratan de mantenerse con la precariedad propia de una pareja joven con escasos salarios, soñando siempre con una vida mejor, con un trabajo que les proporcione mejores ingresos, poder formar una familia y, a poder ser, regresar a Latinoamérica. 

Tras una llamada de teléfono está la oportunidad de sus vidas. Sofía postuló a un puesto en la prestigiosa empresa de Beatriz Galán, dueña de una firma de moda, y la han llamado para una entrevista. Es una oportunidad única que no puede desaprovechar. La joven conseguirá una pasantía por su naturalidad y desenvoltura, y se entregará en cuerpo y alma a su nuevo trabajo. Cuando todo parece ir viento en popa, descubre que está embarazada, algo que no estaba previsto, y que llega en el peor momento posible. Sofía no sabe qué hacer. Por un lado, no quiere abortar. Por otro, tampoco quiere tenerlo. Envuelta en mil dudas, prefiere guardar su embarazo en secreto. A su novio prefiere no contarle la supuesta buena nueva, máxime cuando Nacho está pensando en volver a Colombia, para montar allí una empresa. Además, a él no le está gustando mucho el ritmo de vida de su novia, a raíz del nuevo trabajo. ¿Qué salida le queda a Sofía? Y es aquí cuando La hija y La jefa confluyen. Porque Beatriz ha querido ser madre desde siempre, pero su trayectoria profesional nunca se lo ha permitido. Cuando se entera que Sofía está embarazada, le propondrá un plan que satisfaga ambas partes. Con la ayuda de dos de sus mejores amigos, -Cristina, ginecóloga de profesión, y Julio, abogado-, Beatriz y Sofía firman un contrato por el cual la jefa se convertirá en la madre biológica del niño, a cambio de que la joven pueda regresar al trabajo de su sueño y reciba una cuantiosa cantidad de dinero. Al principio todo marcha como la seda. Sofía se siente cuidada y protegida. Piensa en el futuro que le espera junto a Nacho, una vez que el niño nazca. Sin embargo, las cosas comienzan a torcerse, la joven advierte cosas que no le gustan y llegan las complicaciones. A eso hay que unir la existencia de una habitación cerrada bajo llave en la casa de Beatriz, donde la chica vive recluida, a la espera del momento del parto. Una cosa llegará a la otra y, definitivamente, todo terminará muy mal.

Qué me ha gustado de esta película

Bueno, el argumento, si no fuera porque se parece tanto a La hija, no está mal. El ritmo de la película es como un mar en calma hasta que la tormenta se desata, provocando tensión e inquietud en el espectador. Lo que ocurre es que, a medida que avanza el metraje, y teniendo como referencia el largo de Martín Cuenca, nada consiguió sorprenderme. No obstante, si no viste esa película, La jefa te podrá gustar (más o menos). Por lo menos, puede conseguir que te entretengas.

Qué no me ha gustado

Independientemente del curioso parecido con la otra cinta, tengo que decir que hay escenas un tanto absurdas. ¿Quién se toma una copa de vino en la consulta de su ginecóloga, por muy amigas que seáis, después de una revisión médica? 

También veremos un encuentro sexual de Beatriz que, sinceramente, aporta poco al personaje, más allá de dibujarla como una mujer de mundo, independiente y dueña de su vida, algo que ya se deduce de su trayectoria profesional. Además, se trata de una mujer sometida a tanta presión (o eso es lo que nos quieren hacer ver) que sufre episodios de ansiedad (no tengo muy claro qué sea realmente eso), sin que esto repercuta especialmente en el desarrollo de los hechos ni tampoco se dé una mínima explicación o justificación. ¿Algún trauma del pasado? Por favor, que me lo expliquen.

Y hacia el final de la historia, Sofía tampoco es que actúe con mucha lógica. Si estás sola y en peligro, ¿por qué no abres la puerta al que llama? Bueno, no quiero dar muchos detalles pero, cuando veáis esa escena, seguro que os sorprende la reacción tan poco lógica y natural de la joven. 

Como colofón, ¿qué clase de desenlace es este? Totalmente interruptus. El personaje que vemos en las escenas finales, ¿qué es de él?, ¿cómo llega a algún lugar habitado?, ¿en qué estado? No me ha gustado el final. Una cosa es que los desenlaces abiertos permitan al espectador terminar de perfilar la historia, y otra muy distinta es dejarlos con dos palmos de narices. Tras, tras. Eso no se hace, Fran Torres. 

Personajes

Aunque habrá personajes colaterales, como Nacho, Cristina y Julio -estos dos últimos me han parecido de papel maché-, las protagonistas absolutas son Beatriz y Sofía. 

La jefa, Beatriz, es una mujer hecha a sí misma. De la nada ha construido un imperio de la moda que la ha convertido en una mujer poderosa. Inteligente y madura, sabe cómo satisfacer sus necesidades más básicas sin depender de nadie. Los años de duro trabajo, generalmente rodeada de hombres, la han convertido en una mujer astuta. Manipula pero con mucho tacto, casi que su mano parece totalmente invisible. Y no solo para Sofía, que tiene a Beatriz en un altar, sino incluso para el propio espectador. Beatriz es buena jugadora. Cierto es que juega con ventaja porque tiene buenas cartas, pero es que encima conoce las de su contrincante. 

Interpretada por Aitana Sánchez-Gijón, la actriz encaja perfectamente en ese tipo de mujer resuelta, auto-suficiente, con solvente economía, inteligente para los negocios, elegante y hermosa. Sánchez-Gijón otorga al personaje la madurez de la propia actriz, la serenidad de saberse mujer segura de sí misma, a lo que suma una capacidad para camuflar otra parte de su naturaleza más oscura.

En cuanto a Sofía, la joven lo único que quiere es prosperar y cumplir el sueño de trabajar en la empresa de Beatriz. Dicen que hay gente por el mundo disfrazados de cordero con piel de lobo. ¿Podría ser este el caso de Sofía? Bueno, yo no diría tanto. A priori, la joven lo único que quiere es no perder el trabajo, algo que podría ocurrir al descubrir su embarazo, por eso se presta al plan de Beatriz, en la que confía ciegamente. Sin embargo, no todos la verán igual.

El papel de Sofía estará encarnado por Cumelen Sanz. No tengo nada que decir en cuanto a su interpretación. Ni bueno, ni malo. Me ha resultado indiferente.

En cualquier caso, la relación entre Beatriz y Sofía comienza a volverse algo turbia. Todo parece muy inocente pero hay ciertos límites que se llegan a traspasar. Es como si Beatriz hubiera acogido a la joven bajo su protección y cuidado, incluso antes de saber que está embarazada, y antes de poder obtener de ella un beneficio. No sé, tiene un toque inquietante esa relación. 


En definitiva, La jefa es una película con cierto suspense psicológico pero olvidable. Si no viste La hija seguro que te gusta más que a mí pero, en mi caso, ha sido un largometraje que visionar mientras compruebas si te llegó un whatsapp nuevo al móvil o le cuentas a tu pareja qué tal te fue el día. Eso, fuera de la pantalla. Dentro, Beatriz y Sofía van a lo suyo.

La puedes ver en Netflix



Tráiler:




lunes, 12 de septiembre de 2022

LOS GARBANZOS DE DOÑA VIOLETA de Reyes Aguilar Caro

Editorial: Ediciones Alfar
Fecha publicación: mayo, 2022
Precio: 18,90 €
Género: narrativa
Nº Páginas:246
Encuadernación: Tapa blanda con solapas
ISBN: 978-84-7898-927-0
[Disponible en eBook]


Autora

Reyes Aguilar Caro nació en Sevilla en julio de 1969. Es autora de las novelas El juego del hombre invisible y El Blues de la Perplejidad; y de las obras sobre el Betis, El Manquepierda, una filosofía de vida y Oselito y el Betis.

En su blog se convierte en la dama de sevillano nombre, recorre en bicicleta las calles de ella misma entre Santa Catalina y el Polígono San Pablo. Observa la vida y la escribe con tinta verde; Reyes es de las pocas mujeres que se ha atrevido a escribir un libro sobre fútbol y lo hizo sobre la historia del Real Betis Balompié, quien sigue inspirándola. Defiende los cielos machadianos en una Sevilla heterodoxa de azoteas, con el entusiasmo por bandera.

Sinopsis

Una historia conmovedora que se inicia con el golpe de estado en Sevilla en julio de 1936, momento previo a la Guerra Civil. Con unos personajes bien definidos por la autora, a lo largo del libro, con exacto rigor histórico, la historia va cobrando vida. Un homenaje más a todas las víctimas del franquismo narrado por la mente maravillosa de Reyes Aguilar. No dejen de leerla, porque no sólo no defrauda, sino que enamora.

[Información tomada directamente del ejemplar]

He estado tentada de llamar por teléfono a Reyes Aguilar Caro en muchas ocasiones, durante la lectura de esta novela. Había párrafos y capítulos que me empujaban a contactar con ella, simplemente para que me escuchara suspirar. Y es que Los garbanzos de doña Violeta consiguen eso, que suspires, que sientas a los personajes como parte de tu familia, que recuerdes momentos vividos en tu infancia, que te acuerdes de tu madre, a la sigues añorando profundamente, a pesar de haberla perdido hace algunos años. 

Los garbanzos de doña Violeta es la segunda novela de esta dama de nombre sevillanísimo, después de que en 2016 publicara El Blues de la Perplejidad. En aquella novela ya se hablaba del mapa personal e íntimo de la autora, del andalucismo, del Betis, de la Alameda de Hércules, de la calle Peris Mencheta, de la lucha, de la música. Gira Aguilar Caro hacia otros derroteros en Los garbanzos de doña Violeta, sin perder sus referentes y sus principios. 

Siguiendo dos hilos temporales. -uno ubicado entre los años 1936 y 1937, mientras que el otro se centra en el año 2000-, la autora va a hablarnos en estas páginas de lo que más sabe, de Sevilla, de su historia, de su barrio macareno, y de sus vecinos. En la calle Primavera número 5 del barrio de la Macarena vive Violeta. La joven trabaja como chica de los recados en el taller del prestigioso modista Aldo Carlini, un nombre que nos puede hacer pensar en orígenes italianos pero nada más lejos de la realidad. Su trabajo consiste en entregar a domicilio los vestidos que las señoras de la alta sociedad sevillana encargan a la firma. En su mismo inmueble reside Carmelita, que regenta una tienda de ultramarinos en los bajos del edificio, y que vende «fiao». Su hijo Luis, que tiene la misma edad que Violeta, le ayuda en la gestión del establecimiento.  Pero el hijo de Carmelita no quiere ser un tendero toda su vida. Le gustan los libros, leer, y sueña con ser profesor de Literatura algún día. Los jóvenes llevan juntos toda la vida y ya se sabe que el roce hace el cariño. Podían haber sido felices.

Podían haberlo sido si no fuera por aquel fatídico 18 de julio de 1936. Cuando la vida transcurría entre dificultades, pero tranquila entre las calles del arrabal macareno, llega el alzamiento y con él las revueltas, los chivatazos, las detenciones, las desapariciones, los fusilamientos, la sangre y la muerte. El sinsentido. El barrio de la Macarena, como otros tantos de Sevilla, trató de hacer frente a la sublevación. Los vecinos lucharon mano a mano pero el avance era inexorable. Adiós a la vida humilde pero sencilla. Se cierra esa puerta para abrir miles de ventanas a través de las que solo se podía ver el dolor y la tristeza. Llegaron los lamentos de las esposas despojadas de sus maridos, de los hijos sin sus padres, de las madres que miraban por última vez al fruto de sus entrañas. Y entre todos aquellos que fueron separados de los suyos estaba el joven Luis. Al hijo de Carmelita también se lo llevaron por delante, justo en el momento en el que el amor con Violeta comenzaba a florecer. Una madre y una novia quedarán heridas de por vida. La joven tratará de buscar la manera de ayudar a Luis y para ello recurrirá al hijo de doña Piedad, una distinguida dama sevillana que siempre huele a jazmín, y no a sudor como las esposas de los rojos, a la que acostumbra a llevarle a casa las creaciones de Aldo Carlini. En esa casa señorial también reside Isabel, pero en calidad de criada. Violeta e Isabel se harán inseparables porque el dolor, la pena y la desgracia unen mucho.

En cuanto al presente, los hechos seguirán desarrollándose en el barrio macareno. En el año 2000, Violeta ya no es Violeta a secas. Un matrimonio le ha permitido colocar el «doña» por delante. Su marido es un hombre que vive perdido en sus recuerdos. Su mente se ha emborronado pero algún momento de lucidez le trae a la memoria lo despreciable que fue. Sin hijos, doña Violeta invierte parte de su tiempo cuidando a su marido, mientras recuerda a los que ya no están, los años de la guerra, lo que vivió el barrio, lo que ocurrió con la gente de la calle Primavera, número 5. Ella también suspira, como he suspirado yo al verla recorrer aquellas calles que antaño bullían alegremente con el sonido de sus tacones. Violeta lleva demasiado peso a sus espaldas, demasiados recuerdos y emociones. Vive por inercia, pero ya sabemos que, a veces, el pasado vuelve a llamar a nuestra puerta, despertando emociones adormecidas, y reviviendo un corazón que ya latía lánguidamente.

Los garbanzos de doña Violeta ha sido una lectura tierna, emotiva, conmovedora y nostálgica. Su argumento hace un recorrido por aquellos años de la guerra, poniendo el foco de atención en la humanidad o la vileza de sus personajes. Entre estas páginas encontraremos las vidas sencillas de gente de barrio, que se levantan cada día con esperanza, que sufren por los reveses de una guerra fratricida, que se apagan con la pérdida, o que renacen frente a un pequeño hilo de esperanza. Esta novela nos habla de un amor que perdura hasta el infinito, del sacrificio por los demás, de la renuncia a la felicidad, del miedo y el silencio, del sudor y la fatiga. Y junto a los personajes vivirán la esperanza, la traición, los celos, los remordimientos, y la añoranza de aquel que echa en falta sus orígenes y su tierra. 

Me ha gustado leer Los garbanzos de doña Violeta, a la que no le faltará algún giro suave, alguna sorpresa que volverá a iluminar los apagados ojos de sus personajes. Para mí, el primer capítulo de esta historia fue como un punch. En esas primeras líneas alguien rellena los casilleros de una quiniela, despacio y concienzudamente, alguien coloca el boleto bajo el cristal de una mesa, y al hacerlo contempla unos ojos que le miran desde una foto en blanco y negro.


«El cristal de la mesilla de noche guardaba la quiniela cada lunes repetida como una costumbre, casi como una tradición, sin importarle el partido o la clasificación de cualquiera de los equipos que la competían. Él cogía el bolígrafo y copiaba, como un escolar en su cuaderno de caligrafía, los resultados de la semana anterior con precisión de relojero. Grafías exactas y exactos resultados en los mismos casilleros jornada tras jornada». [pág. 13]

 

Este pasaje, y los siguientes, me hicieron entender que estaba ante una novela con aroma a cisco picón, a bolitas de alcanfor, a café recién molino en aquel molinillo color verde betis que mi tía Ana usaba en su casa del pueblo. Entendí que Los garbanzos de doña Violeta iba a trasladarme a un universo doméstico que ya se había perdido para siempre y fue ahí, con esas primeras líneas de la página trece, donde algo tierno se removió en mi interior. Lancé mi primer suspiro. Vendrían más. 

Aguilar Caro se deja la piel hablando de su barrio, de cómo aquellas calles resistieron el envite de los nacionales, dibujando como auténticos héroes a esos hombres y mujeres que, sin miedo a la muerte, «plantaron cara al fascismo con apenas nada con lo que defenderse, dando una lección de solidaridad y de humanidad de la que se deberían sentir orgullosas generaciones venideras de vecinos que habitasen aquellas casas, aquellos corralones de vecinos de la Macarena, que ocupasen aquellas calles desde San Luis a San Marcos, desde San Julián a la Alameda de Hércules»Toda la obra está cargada de pasión y emoción, ensalzando a una vecindad que ya, por sobrevivir a las penurias de aquellos años previos a la contienda, hicieron auténticas heroicidades.

Y tan volcada está la autora en esta narración que he creído encontrarla como un personaje más. Margarita será también una voz en esta historia, pero su presencia únicamente estará vinculada al presente. ¿Quién es esta mujer? No quiero dar detalles para no desvelar los momentos más significativos de la historia. Os diré que Margarita es como una nieta postiza, una joven que ha crecido muy unida a Violeta por circunstancias que no debo contar. Margarita se parece mucho a Reyes. O eso creo. Tiene su pelo, sus ojos, su mirada. La autora le ha prestado incluso al personaje alguna que otra dolencia. Pero Reyes Aguilar tira también de su entorno, y en otro guiño simpático, convierte en protagonista colateral a alguna amistad suya. 

Sí tengo que decirle a la autora que doña Violeta me ha parecido tan entrañable que me he quedado con ganas de más. Me hubiera gustado que se alargara alguna escena, como ese encuentro que tiene lugar en el Bar Plata, donde doña Violeta está a punto darle la mano al pasado. Me hubiera gustado ver su reacción, escuchar sus palabras y sentir cómo su corazón palpitaba, sin creerse lo que estaba escuchando. También tengo que decirte, querida Reyes, que me hubiera encantado acompañar un poco más lejos a doña Violeta en ese desenlace tan literario que tú has dibujado para tu novela. Es que se le coge mucho cariño a este personaje, a Violeta. Y la llamo así, sin el doña, porque el tratamiento será para los que no han conocido su pena ni su tristeza, no para mí, que la he vivido a través de las páginas de este libro. Para mí, solo será Violeta.

Sevilla

La novela nos dejará asomarnos a la Sevilla de antes pero también a la más reciente. Hay pasajes muy visuales en los que podremos contemplar cómo era el día a día en las calles de un barrio. Ese arrabal macareno será otro protagonista más. El lector podrá andar sus calles y visitar los espacios más singulares de esa zona sevillana.

Y ya, cuando la guerra se haya desatado, visitaremos las cárceles, los presidios inventados, reconvirtiendo salas de cines o barcos anclados en el puerto, donde se hacinaban los hombres de todas las edades. Resulta muy real la descripción de la atmósfera que se respiraba en esos recintos o el ánimo de aquellos hombres «muertos en vida», que esperan temerosos que alguien pronunciara su nombre para subir a un camión y despedirse de la vida. Entre estas páginas veremos los campos de concentración o los campos de trabajo, donde los recluidos pasaban las horas construyendo canales para el riego o cualquier otra labor en la que muchos perdían la vida.

Estilo y estructura

La novela está narrada en tercera persona, a través de un narrador omnisciente, cargado de ironía cuando se trata de hablar de la gente de alcurnia y de los falangistas. Con capítulos muy breves, la historia se cuenta en desorden, alternando sin patrón fijo los hilos temporales, pero tejida con cordura.

La prosa de Reyes Aguilar Caro es muy evocadora. Acostumbra la autora a desplegar extensos párrafos, conectando frase tras frase, concatenando subordinadas, por lo que hay que afinar bien la entonación para que el texto cobre todo su sentido.

Pesa más la narración que el diálogo en estas páginas, salpicadas por fragmentos de un diario y también por los discursos de Queipo de Llano, aquel que paradójicamente está enterrado en lugar santo, en la basílica de la Macarena, ubicada en ese barrio que el teniente general arrasó, despojándolo de buena parte de sus vecinos. Su tumba, bajo el amparo de la mirada de la Virgen Macarena, sigue levantando ampollas en esta ciudad. 


«Un lugar donde descansa sin conciencia alguna el de la voz de trueno, un hecho incomprensible que para doña Violeta, y como para tantos, se silenciaba con la resignación y el miedo impuesto que aún llevaban adheridos a los recuerdos; era lo que había y nadie podía quejarse ante algo tan tremendamente doloroso. La Virgen no es de nadie, se decía para sus adentros aquella señora cada vez que entraba en la Basílica sin mirar la tumba del General, el descanso con honores de aquel asesino sin alma el encargado de arrebatar tantísimas vidas»  [pág. 37]


Poco más os puedo contar. Las páginas de Los garbanzos de doña Violeta, a pesar de que parte de su trama transcurre en unos años que yo no viví, tienen el aroma de mi infancia, huelen a ese cajón donde mi madre guardaba las pocas fotos que tenía de joven, aquellas en las que mi padre vestía de soldado, las de la romería de su pueblo, y las dos únicas instantáneas que le hicieron el día de su boda. El mundo en blanco y negro. Me gusta esta novela porque he conectado fácilmente con lo que ella contiene, con esa cotidianidad de los personajes que me resulta familiar, como esas cocinas y baños pintados de verde agua, con las pastillas de jabón Heno de Pravia, guardadas entre las sábanas de la cómoda para darles olor, un mundo donde había muchas carencias pero en el que la buena vecindad era un hecho, el amor perduraba, y la felicidad consistía en gastarse dos pesetas.


«Dos pesetas una foto para inmortalizar un momento, un estado de ánimo, una relación y una peseta la butaca en principal para comerse a besos, ajenos a Cary Grant y al programa de mano donde se anunciaba una graciosa comedia y en español, ese era el precio de la felicidad». [pág. 85]



[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

Puedes adquirirlo aquí



miércoles, 7 de septiembre de 2022

ALCARRÁS (DRAMA - 2022)

Año: 2022

Nacionalidad: España    

Director: Carla Simón

Reparto: Jordi Pujol Dolcet, Anna Otín, Xenia Roset, Albert Bosch, Ainet Jounou, Josep Abad, Montse Oró, Carles Cabós, Berta Pipó

Género: Drama

Sinopsis: Durante generaciones, la familia Solé, cultiva una gran extensión de melocotoneros en Alcarràs, una pequeña localidad rural de Cataluña. Pero este verano, después de ochenta años cultivando la misma tierra, puede que sea su última cosecha.

[Fuente: Filmaffinity]


Me gustan los dramas rurales. Todo lo que acontece en esos microcosmos que son los pueblos, las aldeas, los núcleos de población minúsculos y recónditos, suelen llamar mi atención. Creo que, en esos espacios, es mucho más difícil camuflar nuestra verdadera personalidad y pasar desapercibido. A la larga, termina saliendo nuestra auténtica naturaleza, y no siempre suele ser un rosario de virtudes.

Alcarrás nos traslada a un pueblo catalán leridano del mismo nombre. En él viven los Solé, una familia de agricultores que se ha ido ganando el pan, generación tras generación, con el cultivo de melocotoneros. En la casa familiar reside Rogelio (Josep Abad), el patriarca, el abuelo, demasiado mayor ya como para encargarse de las labores del campo. Tiene tres hijos: Quimet, Nati y Gloria. Los dos primeros viven en la misma casa con sus familias, trabajan el campo, subsisten gracias a la cosecha de melocotones. Pero la agricultura es un medio de supervivencia que cada vez pierde más valor. Cultivar la tierra, mantener las cosechas, recolectar y vender los frutos resulta cada vez más complicado. Demasiados gastos para el escaso margen de beneficio que dejan las duras jornadas de sol a sol. En este país, al circular por la carretera, cada vez es más frecuente ver enormes extensiones de placas solares. La tecnología está ganando la partida a lo tradicional, a la herencia, al legado de padres a hijos. ¿Para qué levantarse antes del alba y deslomarse cultivando la tierra si, con menos trabajo, vas a ganar más? Pero no todos están por la labor de cambiar el rumbo de sus vidas. 

A ello hay que unir que las cosas antes se hacían de otro modo. En los tiempos de nuestros antepasados bastaba la palabra de un hombre y un apretón de manos para sellar un contrato que tenía toda su validez. Fue así como el padre de Rogelio consiguió las tierras que hoy cultivan los Solé. Esas hectáreas de terreno fue la compensación que él y su padre recibieron por ayudar a los Pinyol, los terratenientes del pueblo, en los tiempos de la guerra. Tú me ocultas, me ayudas salir ileso de esta cacería contra los ricos, y a cambio te regalo tierras. Pero no hubo ni papel, ni notario de por medio. Solo bastó la intención, la buena voluntad, y la palabra. Pero el tiempo pasa, los hijos olvidan lo que una vez alguien hizo por sus padres y ahora reclaman lo que creen que es suyo, las tierras que durante ochenta años han cultivado los Solé. ¡Fuera árboles frutales! ¡Arriba los campos de placas solares! ¿Qué van a hacer los Solé a partir de ahora? ¿De qué van a vivir si solo saben cultivar la tierra? Este es el drama que plantea Alcarrás, este es la problemática que desarrolla esta película, una circunstancia que cada vez se ve más en el campo español, que deja a familias enteras en la calle, sin trabajo, en favor de la energía solar que genera menos esfuerzo y muchos más beneficios que la agricultura. Alrededor de este conflicto irán floreciendo otras cuestiones: la dureza de la vida en el campo, las largas jornadas, las inclemencias del tiempo, la juventud encerrada en un entorno que ofrece pocas distracciones, la vida en plena naturaleza, las rencillas entre hermanos, la vejez y la resignación. 

Alcarrás parte de una idea original, como es la destrucción del campo español, un tema poco tratado y que, sin embargo, está de total actualidad. Muestra el amor por la tierra de la que han vivido muchas familias durante generaciones enteras, deja ver lo complicado que es dedicarse a la agricultura, los escollos a los que hay que enfrentarse, la lucha titánica contra la burocracia de despacho y corbata, que no entiende de plagas, de sequías, de inundaciones. Alcarrás habla de la fuerza de las manos, de la frustración, de la impotencia contra el egoísmo, los intereses personales y una política agraria que deja vendido a los agricultores. Tras la fruta y la verdura que compramos a un precio desorbitado hay muchas horas al sol y a la intemperie. ¿Cuánto cobra un agricultor por lo que llega a nuestra mesa? ¿Qué gastos genera esa naranja que tomas como postre? Como siempre, habría que preguntar a todos los implicados para opinar con fundamento.  Y tener en cuenta a los intermediarios. No lo olvidemos.

Qué me ha gustado de esta película

Como digo, la película parte de una premisa nueva, reflejando una cuestión que cada vez está más presente en nuestras vidas, y a la que parece que no damos demasiada importancia. Estamos tan acostumbrados a ser invadidos por la tecnología que nos parece natural todos esos kilómetros de paisaje en el que únicamente lucen grandes placas de color negro, que toman el sol desde que amanece hasta que anochece. Cambiamos el verde por el negro. Y realmente es importante encontrar nuevos recursos, nuevas formas de generar energía, pero el precio que se paga es demasiado caro. Tendremos luz y calor pero, ¿dónde compraremos la fruta, la verdura, las hortalizas? ¿De dónde vendrán? ¿A qué precio? Quizá no nos hemos parado a pensar demasiado en ello. Y entiendo que, para un agricultor resulta más rentable alquilar o vender sus tierras para que otros la siembren de paneles fotovoltaicos, antes que tener que madrugar, batallar con los reveses climatológicos, sufrir la pérdida de cosechas o lidiar con plagas, para llegar a un mercado en el que, cada kilo de producto, cada hora de trabajo, se paga a unos cuantos céntimos. Pero también entiendo el amor por la tierra, el respeto a nuestros antepasados, el cuidado de un legado. Dos posturas que Carla Simón recoge en este largometraje.

Por otra parte, Alcarrás me ha retrotraído a mi infancia. Creo haberlo contado en otra ocasión. Hasta prácticamente mi adolescencia pasé los veranos en el campo. No en un pueblo, sino en medio de la nada, en una casona grande, de muros muy anchos y encalados, rodeada de grandes extensiones de olivos. Desde por la mañana hasta por la noche lo pasaba en mitad de la naturaleza, buscando insectos, observando plantas, paseando entre árboles, y cruzando ríos. Bastaba con mi imaginación y un simple palo para vivir grandes aventuras. Y algo de todo eso vamos a ver en Alcarrás, a través de los niños de la familia, de Iris, y de sus primos, Pau y Pere.  Un viejo coche, un "4 latas" destartalado y ruinoso, les basta para imaginar que están a bordo de una nave espacial. A estos pequeños los veremos vagabundear por mitad de los melocotoneros, hacer trastadas en los huertos vecinos, y contemplar atónitos cómo su futuro se diluye en las manos de otros. Eso para mí ha sido realidad llevada al cine. Y sin embargo...

Qué es lo que no me ha gustado de esta película

La pega más importante que tengo es la duración de la película. Un total de ciento veinte minutos me parece excesivo para contar el drama de esta familia, pero es que hay que tener en cuenta que el desarrollo es muy lento. Me paro a pensar por qué Simón ha contado esta historia con tanta parsimonia. Miro mi opinión de su largo previo, Verano 1993, y descubro que aquella película tampoco tenía un ritmo frenético, que nos hablaba más de emociones que de sucesos. Algo así hay en Alcarrás. Lo que verdaderamente quiere retratar Simón es lo que sufren los personajes. La culpabilidad que siente Rogelio por no poder ahora demostrar con papeles que las tierras son suyas; la ira y la frustración de Quimet al saber que va a perder todo el fruto de su trabajo; la incomprensión y el miedo de los pequeños cuando aparecen las excavadoras que van a cambiar su paisaje; la impotencia de Roger porque su padre no valora nada de lo que el joven hace; o el amor de Mariona por su abuelo, tratando de evitar que el hombre escuche comentarios que le hacen daño.

Por otro lado, también quiero pensar que la directora ha pretendido retratar con esa lentitud cómo son los días en el campo, las largas jornadas en las que todos los días ocurre lo mismo. Levantarse, ir al campo, recolectar frutos, llevar la cosecha a la cooperativa, irse a dormir y vuelta a empezar. Y así un día y otro día. En Alcarrás lo único que ocurre es el trabajo. Aún así, me parece mucho tiempo para permanecer sentado en la sala de un cine, para llegar a un desenlace que conocemos de antemano, pero que no deja de estar cargado de emoción y tristeza.

Otro aspecto que me chirría. Ya pasó con Verano 1993. La película está rodada en catalán y luego doblada al castellano. Ha habido mucha polémica en Twitter porque se exhibió en cines en versión original (es decir, en catalán), con subtítulos en castellano. Bueno, yo he visto la versión doblada y se nota muchísimo. Respeto la variedad lingüística de este país y entiendo a los cineastas que quieren rodar en un idioma u otro. Pero claro, si quieres llegar a más público tendrás que ofrecer las herramientas adecuadas, y a mí las películas españolas que tienen que ser dobladas al castellano siempre me producen una especie de desconexión, una escisión entre imagen y sonido, que dura solo una milésima de segundo, pero que está ahí y quedamente me expulsa de la historia. En cualquier caso, tampoco me ha resultado un obstáculo grave.

Personajes e interpretación

En esta película, los personajes forman familia, y la familia, una piña. Vivir del campo implica un esfuerzo descomunal y todos tienen que arrimar el hombro, desde los adultos a los niños, desde los hombres a las mujeres. Los personajes de Alcarrás componen un todo. 

Rogelio es el cabeza de familia destronado. Es mayor, pero él se empeña en seguir trabajando. La culpabilidad le pesa. Es el personaje más vulnerable, el más débil. De todos ellos, creo que es el que más ternura puede despertar en el espectador. 

Quimet es el hijo mayor. Es el que verdaderamente está al frente de todo, y el que más apego le tiene a la tierra, el que más protesta, el que se enciende, el que blasfema furibundo. Se lo llevan los demonios. La impotencia le sobrepasa a veces, sintiendo que no puede hacer más que tratar de seguir aferrándose a esos árboles que han sido cultivados por las manos de su familia durante años. 

Natalia, la otra hija, la hermana de Quimet, representa todo lo contrario. Junto a su marido Cisco buscará otras soluciones. Entenderá que no hay nada que hacer, que la vida es injusta y que tratar de cambiar las cosas solo traerá más dolor. Hay que aceptar las cosas como vienen por eso, junto a su marido Cisco, mirará otras alternativas y eso acarreará aún más problemas en la familia.

Gloria es la última hija de Rogelio. Ella es la que más desvinculada está de la familia, la que se ha alejado del campo. A los ojos de Quimet eso será, en algún momento de reproches, como una traición. 

Pero si tengo que decantarme por algún personaje en concreto lo haré por los niños, por Iris, por Pau y Pere, y también por la adolescente Mariona. Ellos me han transmitido naturalidad, frescura, verdad. Los niños de esta película son niños. No son seres diminutos a los que se les obliga a decir tal o cual frase de adulto que suena demasiado artificial. De Mariona me ha gustado su serenidad, su mirada silenciosa y esas escenas en las que la vamos a ver montando una coreografía junto a sus amigas para las fiestas del pueblo. Pero la tensión que se vive en su familia terminará por derrumbarla igualmente.

En cuanto a las interpretaciones, el reparto es totalmente desconocido para mí. Miro la trayectoria de estos actores y actrices y me encuentro con que unos han debutado en este largometraje, y otros han hecho algún que otro pinito en cortos o han tenido un papel muy secundario en otras películas. Carla Simón ha optado por recurrir a lo amateur local frente a lo profesional nacional. Quizá en un intento por dar verosimilitud a la historia, ha preferido alejarse de las técnicas de interpretación y dar más libertad al intérprete. Lo que parece un ejercicio de autenticidad me ha resultado más contraproducente que otra cosa. No sé. No he conectado mucho con el sufrimiento de ningún personaje. Me conmueve ligeramente el abuelo y Mariona. Son los dos personajes que más me han tocada la fibra. Y luego están los niños, que me han recordado tanto a mí cuando pasaba los veranos en el campo.

Música

A cargo de Pablo Cervantes, recomiendo prestar atención a las melodías de este compositor. Él no lo sabe, pero cada vez que me siento a ver una película española busco su nombre en los créditos. Mi conexión con él viene a través de su padre, al que conocí hace unos años. Recuerdo oírle hablar de su hijo, de las películas en las que participaba, de alguna que otra nominación. Me gustan los temas que compone para este tipo de películas, en las que las emociones priman sobre las acciones.


Alcarrás tiene una altísima valoración en webs de cine y ha sido avalada por la crítica. La nota media ronda el 8 aunque, si entras en profundidad en las opiniones, te encuentras que no son pocos los espectadores que no la ensalzan tanto. La mayoría habla de la excesiva longitud del metraje y de la lentitud del desarrollo. Analizando esas reseñas, te das cuenta que, o te enamoras de este largo o lo odias. Muchos hablan de obra maestra. Otros muchos de decepción. Yo no he llegado a tanto. Hay secuencias que me emocionaron y otras que me aburrieron. Así que prefiero quedarme en un discreto punto medio porque los extremos nunca me gustaron y/o solo me posiciono en ellos en circunstancias muy claras.

En definitiva, si vas al cine a ver Alcarrás tienes que saber a lo que vas. Te vas a encontrar un drama rural que avanza a pasos lentos, que trata la vida de una familia en el campo, luchando contra el progreso que lo pisotea todo. Premiada en la Berlinale y el Festival de Cine de Málaga, con más visos de ser un documental que una película, Alcarrás es, a mi juicio, una película con buen argumento pero poco compactada.


Tráiler:




lunes, 5 de septiembre de 2022

LA MADRINA DE GUERRA de José Antonio Lucero

Editorial: Ediciones B
Fecha publicación: junio, 2022
Precio: 20,90 €
Género: narrativa
Nº Páginas: 584
Encuadernación: Tapa dura con sobrecubiertas
ISBN: 9788466672078
[Disponible en eBook;
puedes empezar a leer aquí]

Autor

José Antonio Lucero (Rota, 1988) es profesor de Ciencias Sociales y Lengua y Literatura en Educación Secundaria. Licenciado en Historia y Máster en Escritura por la Universidad de Sevilla, colabora con varios medios digitales como blogger y youtuber desde su canal La cuna de Halicarnaso, uno de los canales sobre historia y docencia de habla hispana más seguidos en todo el mundo. En 2018 fue finalista del XXIII Premio de Novela Ateneo Joven de Sevilla. La vida en un minuto supone su debut literario.

Sinopsis

¿Puede una carta de amor cambiar una vida o detener una guerra?

¿Esperarías esas palabras hasta el final de tus días?

Madrid, 1936. Aurora acaba de cumplir la mayoría de edad y ejerce como enfermera en una ciudad convulsa que resiste al fuego y a las bombas de la guerra. En este clima de violencia, decide contribuir a la esperanza en el frente republicano y comienza a escribirse con un joven soldado, Teófilo, convirtiéndose así -como otras muchas mujeres de la época- en madrina de guerra.

En cada carta, los jóvenes encontrarán un refugio donde expresar los miedos y secretos que no pueden decir en voz alta al tiempo que descubren un amor que nunca imaginaron. Sin embargo, en una guerra repleta de intrigas y espionaje, en la que todo el mundo es sospechoso, la palabra escrita puede ser el arma más peligrosa...

Cuando años después, aislado en el silencio de la posguerra, Teófilo averigua que Aurora sigue con vida, no duda en intentar recuperar a la persona que, entre el fuego y la pólvora, hizo florecer en él el amor, la calma y la paz.

Este relato supone un homenaje a todas aquellas mujeres que tomaron la palabra como fusil y consiguieron hacer crecer en la línea de fuego la fortaleza y la esperanza de los soldados.

[Información tomada directamente de la web de la editorial]



Justo al entrar el verano, el escritor roteño, José Antonio Lucero, me propuso acompañarlo en lo que sería la primera presentación de su segunda novela, La madrina de guerra (Ediciones B), en Sevilla. Me hizo especial ilusión porque ya había tenido la oportunidad de leer a este joven autor gaditano, cuando en 2021 publicó lo que sería su primera novela, La vida en un minuto. Recuerdo que aquella novela me gustó mucho (puedes leer mi reseña aquí). En aquella historia, y en paralelo a un accidente de tren que ocurrió realmente en la zona del Bierzo durante los años de posguerra, el autor desarrollaba una preciosa historia de amor entre Daniel y Julita, dos jóvenes muy distintos, de estratos sociales muy alejados pero, ya se sabe que, contra lo que dicta el corazón poco se puede hacer. 




En esta ocasión, La madrina de guerra nos conduce a los años de contienda. Pero, si una parte de la trama se desarrolla entre los años 1936 y 1939, el autor nos propone un salto en el tiempo, que nos trasladará a finales de los 70, época en la que volveremos a encontrarnos con los personajes del hilo temporal previo, para ver cómo han cambiado sus vidas, en un reencuentro que alterará totalmente la rutina de sus días. 

Los años de la guerra

Teófilo García es un joven soldado que defiende la ciudad de Madrid de las tropas nacionales. Su vida se reduce a ver muerte y destrucción a su alrededor, mientras trata de mantenerse a salvo y comparte los pocos momentos de distracción con sus compañeros de trinchera. Entre ellos figura Gervasio, del que se hace amigo. Todos los soldados acostumbran a recibir correspondencia de sus seres queridos. El momento en el que llega el correo es como ese haz de luz que se cuela a través de un cielo encapotado. Pero a Teófilo, a Teo, no le escribe nadie. Él ni siquiera tiene el consuelo de unas palabras de aliento, el bálsamo de saber que alguien piensa en él y le dedica unas líneas. A Gervasio, la situación de su amigo le produce pesar. En una carta a sus tíos comentará tal circunstancia y, alentada por sus padres, su prima Aurora comenzará a escribir a Teo, convirtiéndose así en su madrina de guerra. ¿Qué contarle a un joven del que no sabe nada y no ha visto jamás? ¿Qué le puede decir a un hombre que se está jugando la vida en una guerra que, probablemente, a él no le interese lo más mínimo? Esas serán las dudas iniciales de esta joven. Al principio, a ella le parecerá extraño tener que cartearse con Teófilo, pero pronto entenderá lo mucho que sus palabras pueden ayudar al joven.

Ayudar, esa será la máxima de Aurora a lo largo de la novela. Ayudar y cuidar de los suyos. La joven se entregará en su trabajo como enfermera, tratando de sanar a todo el que llega al hospital con heridas de guerra. Hombres, mujeres y niños pasarán por sus manos, intentando curarlos más con cariño que con medicamentos. Aurora es la hija de Roque, un conductor de metro que en el pasado jugueteó con ideologías falangistas y eso le acarreará más de un infortunio.  A Roque, y por ende a toda la familia, la vida le dará una bofetada. Algo oculta este hombre, algo que le atormenta, pero prefiere mantenerlo en secreto. Sin embargo, inevitablemente todo lo oculto termina por salir a la luz.

Teófilo y Aurora comenzarán a cartearse. Una primera carta de la joven despertará la curiosidad del soldado. A partir de ahí, uno esperará con deseo creciente la respuesta del otro. De las primeras palabras casi vacías, poco a poco los jóvenes irán adentrándose en sus emociones y compartiendo con el contrario sus sueños y miedos. Serán cartas que crucen España porque Teo no estará siempre entre trincheras. Es un joven espabilado y por eso será reclutado para formar parte del servicio de inteligencia republicano. En su nuevo puesto, adiestrado para pasar desapercibido, para ver sin ser visto, él descubrirá algo que afectará a su relación con Aurora. Pero no os cuento más. Solo os diré que la guerra irá modelando la vida de estos personajes. Lo que Teo viva como espía para la república afectará en cierto modo al futuro de Aurora porque, en esta vida, el azar también es una pieza del ajedrez.

He disfrutado mucho con la lectura de La madrina de guerra. Muchos sabéis la pasión que siento por todas esas historias que retratan la época más negra de este país. Con cada novela descubro una nueva perspectiva, y, en ese sentido, La madrina de guerra ha cubierto todas mis expectativas. No solo he vivido una bonita historia de amor, truncada por la guerra, pero que deja a sus protagonistas colgados de un limbo amoroso del que nunca se recuperarán, sino que esta novela también me ha permitido aprender más sobre esos años, cómo eran sus vidas, qué miedos acechaban a aquella gente que veía como los suyos desaparecían de un día para otro, siempre que el hambre y el frío pegado a la piel. 

¿Qué eran las madrinas de guerra?

Esta es una de las cuestiones que nos desvela esta novela. Las madrinas de guerra no eran más que mujeres, ya fueran jóvenes o más mayores, solteras o también casadas, que escribían a los soldados del frente, fuera el que fuera, para alentarlos y darles ánimo. Lo explica muy bien el escritor Arturo Pérez Reverte en el artículo que publicó para El País Semanal, y que tituló precisamente La madrina de guerra (puedes leerlo aquí), texto que también sirvió de inspiración para José Antonio Lucero, a la hora de escribir esta novela. En ese artículo, Pérez-Reverte habla de su madre Lolita, la joven que estuvo carteándose con un soldado republicano.

¿Cuántas madrinas de guerra hubo? Ni idea pero, pensando en ellas, me pregunto cuántas terminaron enamorándose del soldado al que escribían; cuántas acabaron por casarse con el que se carteaban; a cuántas les tocó llorar la ausencia de respuesta, temiéndose lo peor. No lo sé, pero estoy convencida de que cada una de ellas vivió la llegada de aquellas cartas con una ilusión que les servía para tener algo por lo que suspirar en aquellos años. 

Las cartas que Teo y Aurora intercambian dan a esta historia un bonito toque de novela epistolar. El autor opta por insertar, entre narración y diálogos, esas cartas que los jóvenes se enviaron, pudiendo el lector asomarse de primera mano a la intimidad de los protagonistas.

Curiosidades de la guerra

Al margen de las madrinas de guerra, esta novela también me ha descubierto aspectos de la guerra que, hasta la fecha, desconocía. Siempre se aprende algo nuevo leyendo este tipo de libros, por eso, y a pesar de que se escribe mucho sobre la guerra civil, nunca me canso de hacerlo. Concretamente, he sabido de la existencia del SIEP, el Servicio de Inteligencia Especial Periférico. Para mí ha sido una gran novedad descubrir que el bando republicano tenía un servicio de inteligencia. En la novela se explica perfectamente cómo nació esta organización, qué misiones llevaban a cabo o cómo formaban a los agentes. Tenían que traspasar las líneas enemigas, y adentrarse en la boca del lobo para conseguir la mayor cantidad de información posible. Y lo más importante, salir con vida de esa ratonera para poder contarlo. Teo formará parte del servicio de inteligencia y su existencia dará un giro de ciento ochenta grados. No será fácil su labor. Lo veremos en situaciones delicadas y complejas, por lo que tendrá que recurrir a sus contactos más estrechos y pedir la devolución de algún que otro favor. 

Pero también he podido saber que existía lo que hoy llamaríamos un biblio-bus, es decir, una biblioteca itinerante que visitaba el frente cada dos días. Me resulta paradójico pensar en soldados que se tumban a leer una novela, como lo haríamos tú y yo en la quietud de nuestra casa, mientras más allá de aquellas páginas, la sangre y la muerte campaban a sus anchas. 

Madrid

En relación al escenario de esta historia, Madrid tiene un protagonismo justo. Veremos una ciudad con líneas de metro, y a sus edificios más insignes transformados y al servicio de la guerra. Por ejemplo, el Hotel Palace se convertirá en un hospital de sangre. Y por las calles y plazas de la ciudad, otros establecimientos trataban de captar la atención de los viandantes, anunciando que en ellos todavía se podía comprar género.

Madrid era una ciudad, como ocurría en todas las ciudades, pueblos y aldeas de este país durante aquellos años, en los que había que andarse con pies de plomo. Todo lo que se decía, todo lo que se hacía, requería una gran cautela porque nunca sabías quién podía estar observándote, quién podía oír una u otra palabra, que te condujera posteriormente a la cárcel o a una pared de fusilamiento. De andar con mil ojos, de medir los pasos, de cuidar cada palabra que se pronunciaba saben mucho los personajes de esta novela. Tanto Aurora como Teófilo tendrán que sortear complejas situaciones, actuando a escondidas para salvar la vida propia o la de algún familiar.

Los personajes

A pesar de ser una novela muy coral, la atención recaerá principalmente en Teo y Aurora. Ambos personajes, más toda la cohorte que los rodea, están bien perfilados. El autor se encarga de crearles un recorrido que justifique sus movimientos, una personalidad acorde a sus actitudes y pensamientos. Por lo tanto, es fácil empatizar con Aurora, incluso en esos momentos en los que ella tiene que tomar una decisión difícil. También es fácil conectar con Teo, al que veremos en algún momento actuando de modo que se despierten nuestras alertas. No hay temor. Teo será fiel a sus principios.

Estructura y estilo

Escrita en tercera persona y alternado presente y pasado, La madrina de guerra está dividida en cuatro bloques más un epílogo, contando con un total de setenta y un capítulos. A pesar de que se trata de una novela de más de quinientas páginas, el hecho de que exista un suave equilibrio entre narración y diálogos, y no se ahonde excesivamente en la parte bélica, consiguen que la lectura de este libro fluya a un ritmo muy agradable. Lucero se centra en los personajes más que el conflicto armado, los coloca en el centro del escenario, y los desnuda para nosotros, construyendo una bonita historia de amor que dará pie a un desenlace emotivo y conmovedor.

Añado en este apartado dos curiosidades. En primer lugar, la conexión que existe entre esta novela y la previa del autor, La vida en un minuto. Pero si no habéis leído aquella, no os preocupéis porque no es necesario hacerlo. Lo que el autor hace no es más que un guiño a ciertos personajes que ya vimos en la primera novela, algo que divierte a los que sí la hemos leído.

Por otro lado, os adelanto que, entre estas páginas, vais a encontrar un cameo de Miguel Hernández. Lucero se mete en la piel del poeta para protagonizar un pequeño pasaje de esta historia.  


Poco más debo contaros sobre esta novela. En lugar de añadir una palabra más, os invito a leerla, pero también a escuchar cómo transcurrió la presentación que hicimos en Sevilla. En esta grabación podrás oír la conversación que mantuve con el autor, quien nos contó en primera persona anécdotas, curiosidades y detalles sobre la historia, frente a una sala repleta de público que también formuló algunas preguntas.



[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

Puedes adquirirlo aquí


viernes, 2 de septiembre de 2022

EL REGRESO

¡Septiembre, allá vamos! Lecturápolis regresa a la palestra con nuevas lecturas, nuevas películas y nuevas entrevistas. No os lo vais a creer pero no leo un libro desde hace ¿dos meses? Puede ser. No me apetecía. La verdad es que las vacaciones no me han dejado lugar para muchos ratos de lectura, con tanto movimiento por aquí y por allá, pero es raro, ¿no? No leer se me hace raro y, sin embargo, preferí no obligarme. Yo creo que las oposiciones me han pasado más factura de lo que esperaba. Ahora, con la vuelta a la rutina, con la proximidad del otoño, espero poder recuperar ese ritmo lector de siempre. No obstante, os confieso que voy a tratar de no saturarme, de no cargarme con demasiados compromisos y actos. Entre otras cosas porque tengo que seguir estudiando. Esa es mi idea. Si al final no saco la plaza esperada, tendré que volver a intentarlo. Y, si por suerte suena la flauta, quiero seguir preparándome para el último escalón que me quedaría por subir dentro de la administración pública. Eso se irá viendo con el tiempo.

Dicho lo cual, os comunico que el próximo lunes pondré de nuevo en marcha esta maquinaria. Mientras tanto, os dejo con este vídeo que refleja lo que mis ojos han visto este verano. Siempre diré que el mundo es demasiado bonito como para que lo destruya la mano del hombre.






lunes, 25 de julio de 2022

RUMBO A LAS VACACIONES

Buenas tardes. Imagino que todos estaréis igual, asfixiados de calor. Muchos dicen que lo que ahora llamamos ola de calor es el verano de toda la vida pero no estoy tan segura. No recuerdo un año con tantos días (y tantas noches) seguidas de calor sofocante y tan altísimas temperaturas. Lo único que me apetece cuando salgo del trabajo es estar tumbada, bajo el chorro frío del aire acondicionado, sin moverme. Tenía pensado en "cerrar" por vacaciones a principios de agosto, pero voy a echar el cierre antes. Me cuesta encender el ordenador, y sentarme a redactar reseñas. El calor me tiene derretidas las meninges. Así que opto por deciros "Hasta luego". Que disfrutéis del verano, de las vacaciones, descanséis mucho, y leáis aún más. 

Nos vemos a la vuelta.




 

jueves, 21 de julio de 2022

MIKEL SANTIAGO: ❝No doy por cerradas las novelas en Illumbe❞

La última entrevista de la temporada se centra en un autor que siempre me ha gustado mucho. Mikel Santiago recaló en Sevilla hace un par de semanas para presentar su última novela, Entre los muertos. Con este título tan hitchconiano, supuestamente pone final a la trilogía que comenzó en 2022 con El mentiroso, y a la que siguió En plena noche. Con Entre los muertos, el lector regresa a Illumbe, esa localidad vasca ficticia en la que el autor de Portugalete ha situado la trama de estas tres últimas novelas. Volvemos a ese lugar, y esta vez, con una novela más policíaca, protagoniza por Nerea Arruti, la ertzaintza a la que ya vimos en las entregas previas, y que ahora copa todo el protagonismo.

La acción sitúa a Arruti en una situación delicada. Envuelta en una relación sentimental con un hombre casado, la pareja sufrirá un accidente en mitad de la noche. Aparentemente, todo debería quedarse en un susto salvo porque, el hombre muere posteriormente en circunstancias que a Nerea no le cuadran. A partir de ese punto, la ertzaintza tratará de averiguar por su cuenta qué le ha pasado a su amante, mientras se esfuerza en evitar que todos los dedos la señalen como sospechosa. Hablamos con Mikel Santiago.

Marisa G.- Mikel, si la editorial habla de trilogía, y esta es la tercera entrega, ¿me tengo que despedir ya de Illumbe?

Mikel S.- Creo que solo es un hasta luego. Lo vamos a dejar ahí, bien alto. Esta novela tiene un personaje, Nerea Arruti, que, además, enlaza las tres novelas. Está muy bien que ella sea la gran estrella que ha nacido de estos tres libros. Es un personaje que ha aguantado las tres entregas y, al final, ha terminado protagonizando una. Quizá lo siguiente que haga no tenga nada que ver. O quizá, sí. Ahora mismo no lo sé porque tengo la mente en blanco. Pero Illumbe ha gustado mogollón, Arruti como protagonista ha gustado bastante. Así que podría continuar con Arruti o bien, podría ser Illumbe en otra época. O más de lo mismo, igual de divertido y rápido. Pero no doy por cerradas las novelas en Illumbe.

M.G.- Cuando supe de la publicación de esta novela y vi el título, inmediatamente pensé en Hitchcock. Precisamente, has incluido una cita inicial del cineasta. 

M.S.- Claro. Esto lo hacemos para compensar a los fans. Que no piensen que nos hemos sacado el título de la manga. Sabemos que Entre los muertos es un pequeño homenaje a Hitchcock, un homenaje casi obligatorio, después de tantas novelas en las que se le ha mencionado tantas veces. 

M.G.-  Si tuvieras delante un lector que duda sobre leer tu libro, ¿qué le dirías? ¿Qué va a encontrar en esta novela?

M.S.- Mis novelas están construidas sobre dos filosofías. Una es el entretenimiento desde la primera página. Y dos, siempre te voy a plantear un juego. Quiero que el lector, desde que entra en la novela, se haga preguntas y empiece a teorizar.  Quiero que apueste, que crea que sabe, que intente anticiparse, y, al final, yo le sorprenda. 

En este sentido, creo que es una novela lúdica, muy divertida, que se lee muy rápido. Está recomendada para todos los públicos. Especialmente para aquellos que no leen mucho. Ha habido gente que me ha dicho que hacía mucho que no leía, o que estaba en un parón lector. Hay gente que se tiene que entretener en circunstancias chungas. Durante la pandemia, fue cuando más lectores alcancé. Y todavía hay gente que me escribe desde hospitales, acompañando a enfermos, gente que trabaja por las noches. 

M.G.- Esta novela empieza con un supuesto accidente, que tiene que investigar la ertzaintza Nerea Arruti. Luego hablaremos de ella, pero también hay un personaje enigmático o una organización, todavía no lo tengo claro, que lleva por nombre Belea. ¿Quién o qué es?

M.S.- Mira, esta novela empieza con un hecho muy personal. De hecho, es una novela policíaca inusual. Nerea se ve involucrada en la historia, en una relación de infidelidad. Tendrá que mentir muchísimo porque no quiere desvelar a su amante, ni destrozarle su reputación. Así que, poco a poco, se va a ir metiendo en un embrollo gigante. Pero es que, además, ella tiene su día a día. Y lentamente, uno de los casos de su día a día comienza a tener cierta conexión con la muerte de su amante. El nexo de unión entre las dos grandes tramas es Belea que, en euskera, significa cuervo. Belea es una entidad fantasmagórica, que nadie ha visto, que jamás ha estado detenido, pero del que se habla como alguien que opera por la zona y que figura detrás de un montón de muertes y desapariciones. 

Hay un momento en la novela, en la que Nerea, cuando está tan metida en este embrollo, llega a una conclusión. Si ella logra desvelar quién es Belea, entonces todo se solucionará, con lo que logrará méritos a pesar de todas las mentiras que ha soltado. Esa será la carrera contra el reloj que se cuenta en Entre los muertos, desvelar la identidad de Belea, antes de que cojan a Nerea por haber mentido tanto, y como posible sospechosa de la muerte de un hombre.

M.G.- Casi que esta novela se podía haber llamado La mentirosa. La primera fue El mentiroso, pero ahora tenemos también a una mujer que no para de mentir.

M.S.- Exactamente. Hay una simetría con la mecánica narrativa de El mentiroso, pero esta novela es un thriller de corte más policíaco, donde la esfera de los acontecimientos transcurre dentro de la policía. Por otro lado, hay menos personajes. En Entre los muertos tenemos a Nerea, como personaje principal. También está su compañero, Orí; el tío de Nerea, un antiguo policía que ahora está ingresado en una residencia con Alzheimer. Este es un personaje a través del cual se cuentan muchas historias. Y por último, está la esfera de la comisaría que es algo relativamente nuevo en las novelas que he escrito. Así que creo que, en este libro, las dos novedades son la esfera policial y la mujer, como personaje narrador.

M.G.- ¿Estás tratando de darle más protagonismo al personaje femenino frente al masculino?

M.S.- Bueno, el gran desafío de esta novela es el personaje de Nerea, esa policía. Me he alejado del rockero de En plena noche o de Álex, el jardinero de El mentiroso. He construido a una mujer policía, deportista, amante del reglamento pero que, al mismo tiempo, es una persona inadaptada y solitaria. Esto ha sido una construcción de oficio.


[Si prefieres escuchar nuestra conversación, dale al play]

M.G.- Ahora que hablas de una mujer solitaria, es verdad que es una persona muy reservada. Tiene un pasado complicado y complejas relaciones familiares.

M.S.- Sí. Todos somos productos de nuestras biografías, y de las oportunidades que hemos tenido, conjugadas en todo momento con nuestro temperamento.

Lo que vamos a descubrir en este libro es que Nerea es una chica que tuvo una infancia, no dramática pero sí muy desordenada. Su madre estaba llena de frustraciones hasta el punto de sufrir una depresión diagnosticable. En ese momento tan malo, en el que Nerea tenía trece años, aparece su tío. Este hombre es todo lo contrario. Es serio, emocionalmente muy opaco, muy lineal. Se lleva a Nerea a vivir con él y, aunque no le vaya a dar mucho amor, sí le dará orden. El contraste emocional entre el amor de su madre artista, frustrada y depresiva, y su tío, serio pero plano en cuanto a sentimientos, genera un temperamento en la personalidad de Nerea que será la que descubramos. Es una mujer con fuego en las entrañas, que se enamora, pero que no permite descontrolarse.

Esta novela la llevará a ese punto límite consigo misma. Tiene que mentir a esos compañeros de profesión, a los que ella tanto respeta.  

M.G.- Hablando de compañeros de profesión. Tú eres amigo de Ibón Martín y aquí hay un guiño a uno de sus personajes.

M.S.- Hay un cameo pactado. Durante una presentación literaria en Donosti, acordamos sacar un personaje de otro en nuestras novelas. En este caso, he elegido a Ana Cestero e Ibón, ya veremos lo que hace en su próxima novela, que saldrá en enero o febrero del año que viene. 

M.G.- Pues estaré pendiente, entonces.

Mikel, al abrir el libro, encontramos una nota tuya en la que aclaras que no es necesario leer las dos novelas previas para leer esta. Es verdad, porque yo la anterior no la he leído todavía. Sin embargo, sí hay muchas referencias a los dos casos previos.

M.S.- Si te lees Entre los muertos sin haber leído las dos anteriores, vas a notar que, en determinados momentos muy pasables, se hace referencia a cosas que se dan por supuesta. Pero, está hecho de una manera que no te entorpece para entender lo que está ocurriendo en esta historia. Esta novela tiene su propia realidad y sus propios personajes. Así que puedes leerte las novelas en el orden que quieras. ¿Que es mejor seguir el orden de publicación para tener todo el contexto y disfrutarla más a fondo?  Pues sí, es lógico.

M.G.- Claro. Bueno, esto es un thriller, un género del que se publica muchísimo. ¿Está llegando un momento en que hay muchísima más oferta que demanda de este género?

M.S.- Bueno, eso ocurre con todos los libros en España. El otro día salía una nota de los libreros de España en la que se decía que, del 82% de los libros no se vendían más que un centenar de copias. Hay mucha oferta. Las editoriales están enzarzadas en esta guerra de la novedad. Pero el thriller, las novelas de suspense, de intriga y misterio, siempre ha estado entre los best-sellers, en todas las épocas. Lo que es inusual es que sean los autores españoles los que copen las listas. Antes, en los aeropuertos, te encontrabas novelas de Agatha Christie o de John le Carré, y ahora es más fácil encontrarse a autores españoles con tramas que ocurren en España. 

M.G.- Tú sueles tirar mucho de tu realidad cuando escribes. Recuerdo que me contaste que habías usado el nombre de un vecino para un personaje de El mentiroso. En la segunda, también has echado mano de algo que te ocurrió realmente. ¿Y en esta?

M.S.- En esta novela lo que hay es un trabajo de documentación sobre casos reales, de cosas que están sucediendo en el mundo criminal del País Vasco. Cuando hablaba con mis contactos de la Ertzaintza me hablaban sobre los casos que estaban investigando. Lo que aparece en la novela sobre el narcotráfico está basado en cosas que ocurren en la realidad. En esa ocasión, he procurado ser más riguroso a la hora de traer la realidad a la novela. Pero, como anécdota, te puedo decir que he usado algún nombre, algún apellido, y lo de Ibón Martín, que es lo más pestañas está haciendo parpadear.

M.G.- Es divertido eso. Y ahora que caigo, ¿por qué el nombre de Illumbe? ¿De dónde viene?

M.S.- Illumbe es una palabra castellanizada, porque en euskera se escribiría Ilunbe, y quedaría raro. Ilun es una palabra que significa oscuridad. Y por otro lado, está Unbe que es el nombre de un monte. Así lo monté yo sin saber que, en San Sebastián, hay una plaza de toros que se llama Illumbe, y un barrio en Urdaibai que se llama similar. Pero yo no lo copié de ningún sitio. Me lo inventé.

M.G.- No sé si te lo he preguntado alguna vez, ¿nadie te ha tirado el anzuelo para el cine?

M.S.- Sí, tengo cositas. Tengo varias cosas vendidas pero, de momento, no puedo decir nada. Espero que, en breve, se pueda dar una noticia chula, al respecto de alguna de las novelas, o de más de una. Como salga todo lo que está planeado, vamos a dar una fiesta tras otra fiesta. 

M.G.- Aquí una, por favor.

M.S.- Por supuesto. (Ríe)

M.G.- Para ir terminando, hay un párrafo en la novela sobre el oficio de escribir que me gustó mucho. Dice así:

«Uno de sus trucos cuando todo fallaba era salir de juerga una noche entera. Su teoría pseudocientífica era que una buena cantidad de alcohol mata las neuronas "más lentas " y solo las "rápidas" logran escapar. Y eso provoca que el cerebro sea más ligero y dinámico al día siguiente. Y que las ideas, por tanto, resulten brillantes».

¿Qué hay de verdad en esto?

M.S.- (Ríe) Te voy a decir que, en muchos momentos de elaborar una novela, una de las mejores cosas que puedes hacer es dejarlo, irte a tomarte un vino o una cervecita, olvidarte, y echarte unas buenas risas. De alguna manera, al día siguiente, y no sé si es porque has matado las neuronas tontas o porque necesitabas despejarte, vuelves con frescura y perspectiva a las cosas. En algún momento de esta novela, sí que he tenido que salir alguna noche para despejarme. Y al día siguiente, todo ha funcionado mejor. 

M.G.- El desenlace, ¿es el mejor de las tres novelas?

M.S.- Eso me lo tienes que decir tú. (Ríe). Siempre he hecho un gran esfuerzo por dejar el final muy arriba. Juzguen ustedes. Creo que la gente está cerrando el libro con una gran sonrisa y, al mismo tiempo, con pena. Hoy mismo tenía cuatro o cinco tuits de gente que se acababa de terminar el libro y quería decírmelo. Eso es buena señal. 

M.G.- Me alegro. Lo dejamos aquí, Mikel. Muchas gracias por venir a Sevilla.

M.S.- Muchas gracias a vosotros. 

Sinopsis: Hay muertos que nunca descansan, y tal vez no deban hacerlo hasta que se les haga justicia. Nadie lo sabe mejor que Nerea Arruti, agente de la Ertzaintza en Illumbe, una mujer solitaria que arrastra también sus propios cadáveres y fantasmas del pasado.

Una historia de amor prohibida, una muerte supuestamente accidental, una mansión con vistas al Cantábrico donde todos tienen algo que ocultar y un personaje misterioso conocido como el Cuervo cuyo nombre aparece como una sombra a lo largo de la novela. Estos son los ingredientes de una investigación que se irá complicando página tras página y en la que Arruti, tal como descubrirán pronto los lectores, será mucho más que la agente encargada del caso.

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