Francis Scott Fitzgerald (Saint Paul, 1896 - Hollywood, 1940). Considerado uno de los más importantes escritores estadounidenses del siglo xx y portavoz de la «Generación Perdida». Su obra refleja el desencanto de los privilegiados jóvenes de su generación, aquellos norteamericanos nacidos en la última década del siglo xix, a quienes les tocó madurar durante la Primera Guerra Mundial y que arrastraban su lasitud entre el jazz y la ginebra.
Sus obras están escritas con un estilo elegante y situadas en fascinantes decorados. Destacan A este lado del paraíso (1920), Suave es la noche (1934) y, por supuesto, El gran Gatsby (1925), publicada en nuestra colección de ilustrados.
Sinopsis
Escrito en 1920, cinco años antes de la publicación de El gran Gatsby, «El pagaré» es un relato que permanecía inédito hasta que en 2017 The New Yorker lo descubrió y publicó. Parece ser que estaba destinado a ser publicado en Haper's Bazaar, pero Francis Scott Fitzgerald nunca lo envió para su publicación.
Este relato narra la historia de un editor que acaba de contratar un exitoso libro, las memorias de un médico convertido en investigador de fenómenos paranormales, titulado La aristocracia del mundo espiritual. Después de un exitoso lanzamiento de medio millón de copias, el editor decide visitar al autor para su próximo libro...
[Información tomada directamente de la web de la editorial]
Me gustan esos puntos suspensivos con los que termina la sinopsis de este libro. Dejan la historia justo en ese momento de intriga tan interesante.
El pagaré es un relato corto del que tuve conocimiento gracias a dos blogs que acostumbro a visitar y que son altamente recomendables. Por un lado, Las Inquilinas de Netherfield. Por otro, El blog de Juan Carlos. En ambas reseñas se aseguraba una lectura divertida y amena, llena de sarcasmo e ironía. No recordaba desde cuándo no leía algo de Scott Fitzgerald. Guardo grato recuerdo de su obra más conocida El gran Gatsby, tanto de la novela como de la película, interpretada por un sublime Robert Redford. Y también es fabulosa la trama de Suave es la noche, llevada al cine en 1962, por Henry King e interpretada por Jennifer Jones, Jason Robards, Joan Fontaine y Tom Ewell. [Me han entrado ahora muchas ganas de volver a ver esa película; quizás la traiga a este espacio]. La cuestión es que, al ver El pagaré en sendos blogs, y tras conocer de qué manera fue descubierta esta historia, decidí comprarme el ejemplar, que he leído hace unos días.
El pagaré es uno de esos libros-caramelos. Una pequeña golosina dulce envuelta en un papel de vistoso color que una paladea con deleite pero que, lamentablemente, dura poquísimo. Como dice la sinopsis que incorpora el pequeño volumen, narra la historia de un editor, de un médico que escribe un libro, de un éxito literario. A esto habría que añadir lo que la editorial Nórdica Libros incorpora en su web, calificando esta obra como «un divertidísimo relato sobre el sector editorial que critica la búsqueda sin escrúpulos de historias sensacionales con criterios exclusivamente comerciales». Y es esa crítica tan divertida la que va a conseguir que el lector pase unos breves pero intensos y socarrones minutos llenos de humor.
Pero, antes de adentrarnos de lleno en la historia, habría que pararse en lo primero que salta a la vista de este libro. Me refiero a la cubierta. La ilustración está realizada por Seth, un dibujante canadiense al que The New Yorker le hizo el encargo para publicar el relato en 2017. En ella, vemos a un nutrido grupo de viajeros de tren, la mayoría leyendo, -bueno, todos salvo uno que parece bastante disgustado-, The Aristocracy of the Spirit World, es decir, el libro que el editor protagonista acaba de publicar y con el que suspira por hacerse de oro. La ilustración retrata una de las escenas del libro, la que dará origen a toda la problemática que se desarrolla. Y una cubierta de este tipo, nos puede hacer pensar que estamos ante un volumen ilustrado y no. Por desgracia, no es así.
El pagaré nos cuenta las vicisitudes del mundo editorial. El narrador de esta historia, del que no sabremos su nombre, no es el auténtico protagonista del relato pues, de primeras, ya nos advierte que «el de arriba no es mi nombre, pertenece a un tipo que me dio permiso para firmar esta historia con el suyo». Para el caso, es lo mismo porque este personaje será el encargado de adentrarnos en los entresijos de ese mundo de tinta y papel que a todos nosotros nos apasiona.
¿Y qué es una editorial al fin y al cabo? Pues, no deja de ser una empresa que presta un servicio por el cual recibe una contraprestación económica. Todo ese lado romántico que los amantes de la literatura solemos atribuir a la germinación, ejecución, desarrollo, contenido o materialización de los libros se queda a las puertas del departamento económico de un sello editorial. Hay que vender libros porque ese es el negocio, y hay que ganar dinero. Y con esa idea, este personaje se queja pues «los columnistas y comunistas -nunca he logrado entender ninguna de esas dos palabras con claridad- despotrican de mí porque dicen que lo único que me importa es el dinero. Es verdad, me importa muchísimo». ¿Acaso los editores viven del aire? Y buscando esas ganancias, nuestro editor acepta publicar el libro del doctor Harden, un investigador de fenómenos paranormales. El pobre hombre perdió un sobrino en la guerra. El joven Cosgrove Harden marchó al frente cumpliendo su deber patriótico y ya no regresó más, dejando atrás a una novia plañidera y a un tío entristecido. Pero el doctor ha conseguido entrar en «comunión psíquica» con su sobrino y cuenta su experiencia en el libro. Sin duda, la temática suena interesante y despertaba la curiosidad de los lectores de la época. Se intuye un súper ventas, un best-seller y se lanza al mercado una tira de trescientos mil ejemplares. Pero, ¡ay, qué cruel y caprichoso es a veces el destino! La torre de naipes está a punto de derrumbarse.
Con El pagaré te vas a reír. Fitzgerald conocía bien el mundillo, y sabía perfectamente qué verdaderos intereses se mueven en el seno de una editorial. ¿Qué es más importante un escritor de culto que vende poco pero cuyas obras son de una calidad extraordinaria o un don nadie que, de repente, y sin que se sepa muy bien por qué escribe un libro pésimo pero vende mucho? ¿A que os suena mucho esta diatriba? La tenemos muy latente en nuestros días. Pues bien, la respuesta nos la ofrece el propio editor:
«Prefiero sacar un libro con una preventa de quinientos mil ejemplares antes que descubrir a un Samuel Butler, un Theodore Dreiser y un James Branch Cabell en el mismo año».[pág. 10]
Lo que pretende el editor con The Aristocracy of the Spirit World, -por cierto, el título tiene su miga-, es vender libros como churros. Pero, por muy diestro que uno sea en su trabajo y mucha experiencia que tenga, hay factores que escapan de nuestro control. A eso está a punto de enfrentarse el editor. Es entonces cuando veremos cuál es la verdadera naturaleza del empresario, hasta dónde es capaz de llegar para mantener un teatrillo que evite acabar en la ruina. Es esta actitud la que critica Fitzgerald. Me divierte pensar que el autor norteamericano quiso dar una bofetada sin manos al mundo editorial. ¿Queréis libros que son una auténtica basura pero con los que os podéis forrar? Pues vale, ahí va eso. Luego no os quejéis.
Sin embargo, en esta ecuación también hay un factor de vital importancia, el público lector, contra el que el autor también lanza sus puyas. Aprovechando que nos narra todo el despliegue necesario para poner a la venta un libro, todo ese engranaje que resulta fundamental para que los libros lleguen a nuestras manos, se hará referencia a las diferentes propuestas que se encargan para la cubierta de los libros y a todos esos correctores profesionales que son imprescindibles, «no fuera que el mínimo temblor en la cola de una coma o la más leve sombra de una i mayúscula ofendiera la puntilloso vista del Gran Público Americano». El sarcasmo de esta línea no tiene precio. Dice mucho de la opinión que tenía Fitzgerald en relación a los lectores americanos, más interesados en las cuestiones de forma que de fondo.
Más allá de todo esto, el autor nos permite asomarnos, en este puñado de páginas, a otras dos cuestiones:los fenómenos paranormales, como literatura emergente que hacía las delicias de los lectores, y la guerra.
Cierro la reseña con dos preguntas:
1.- ¿Por qué esta obra se llama El pagaré? Obviamente no os lo voy a contar porque la respuesta la tenéis en el mismo libro. Solo os diré que ese pagaré funciona como broche de oro.
2.- ¿Por qué un relato escrito en 1920 no se publica hasta 2017? Para ello os invito a visitar las reseñas de las inquilinas y de Juan Carlos (aquí y aquí). Tanto en uno como en otro blog se os explica a la perfección por qué este relato no se ha conocido hasta hace bien poco. Me hace pensar en cuántos baúles, cajones y cajas estarán llenos de historias apasionantes, románticas o misteriosas por descubrir, a lo largo y ancho del mundo.
Si nunca te has asomado a la prosa de Fitzgerald, El pagaré puede ser una buena opción. Se lee en un suspiro, pues cuenta únicamente con unas sesenta páginas, te adentras en el mundo editorial y encima, te echas unas risas. Más no se puede pedir.
[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]
ISBN: 9788416830374 [Disponible en eBook; puedes empezar a leer aquí]
Autor
Stephen King (Portland, EE.UU., 1947). Escritor estadounidense. Se ganó el favor de la crítica con su primera novela, Carrie (1974), a la que seguiría El resplandor (1977). Su estilo efectivo y directo, unido a su gran capacidad para destacar los aspectos más inquietantes de la cotidianidad, le han convertido en el especialista de literatura de terror (aunque ha realizado también incursiones en el género fantástico y de ciencia ficción) más vendido de la historia. Autor a su vez de relatos y guiones para la televisión, muchas de sus novelas han sido llevadas al cine. Sus obras han sido traducidas a más de cuarenta lenguas.
Sinopsis
«Ahora soy un hombre muy viejo, y esto es algo que me ocurrió cuando era muy joven, con sólo nueve años. Fue en 1914, el verano después de que mi hermano Dan muriera en un prado y tres años antes de que Estados Unidos entrara en la Primera Guerra Mundial. Nunca le he contado a nadie lo que ocurrió en la bifurcación del río aquel día, y nunca lo haré… al menos de palabra. Sin embargo, he decidido escribirlo en este libro que dejaré en la mesilla junto a mi cama. No puedo escribir de corrido, porque ahora las manos me tiemblan terriblemente y apenas tengo fuerzas, pero no creo que me lleve mucho tiempo».
Este extraordinario relato de Stephen King, ganador de los premios World Fantasy Award y O. Henry, es un homenaje a Nathaniel Hawthorne y su cuento «El joven Goodman Brown», que incluimos en esta edición.
[Información tomada directamente de la web de la editorial]
El otro día os hablaba de Wakefield de Nathaniel Hawthorne, en una bonita edición de Nórdica Libros, que encontré en casa de un amigo. Ya os comenté que, es entrar en casa ajena, y ponerme a mirar las estanterías que encuentro a mi paso. Allí estaba aquel volumen del autor norteamericano y, unos cuantos ejemplares más a la izquierda, descansaba otro autor estadounidense, Stephen King y El hombre del traje negro. Queda claro que a mi amigo le gustan los clásicos ilustrados y que, por lo que se ve, siente cierta predilección por las ediciones de Nórdica Libros. Tiene varios más, así que no descarto pedirle en préstamo algún que otro título. Y esa conexión que he establecido entre Hawthorne y King, a través de la editorial, no puede ser más certera en esta ocasión pues, con El hombre del traje negro, el amo del terror homenajea al autor de La letra escarlata, y lo hace con otro texto, El joven Goodman Brown, relato que también se incluye en este volumen. Pero yo solo me he centrado en la historia del hombre con traje negro, de la que paso a contaros mis impresiones.
El hombre del traje negro lo leí de noche, bien entrada la madrugada, cuando el silencio de la casa pesaba sobre mí como una losa. Os aseguro que me impresionó y, a medida que avanzaba en la lectura, me sentía cada vez más inmersa en la historia. Llegando al desenlace, en el momento de más tensión, cuando estás temiendo lo peor, se oyó un sonido fuerte y seco -¡plam!-, que me puso el corazón en un puño. Os cuento.
El hombre del traje negro es un cuento breve de terror, que recoge los recuerdos de Gary, el narrador nonagenario de esta historia. El anciano, presintiendo que su vida se acaba, quiere dejar constancia por escrito de lo que vivió cuando tenía nueve años. Para eso se vale de un diario que le regala una bisnieta y confía en que la historia salga a la luz, gracias a la insana curiosidad del ser humano, que acostumbra a husmear entre las pertenencias de los difuntos. Lo que le ocurrió siendo un niño lo ha tenido atemorizado toda su vida, y es ahora, en los últimos momentos de su existencia, cuando necesita liberarse de aquellos terrores de la niñez.
Los hechos se remontan a 1914, un año después de que el hermano de Gary falleciera por la picadura de una abeja. Aunque ha pasado el tiempo, la familia sigue arrastrando el dolor por el trágico suceso. La madre no consiguió superar la muerte de su hijo e incluso optó por alejarse de la iglesia. En cuanto a Gary, el recuerdo de la muerte de su hermano sigue muy vivo en su mente. Pero la vida sigue. Él es un niño, es verano y es tiempo de pasar la mañana pescando a la orilla del río Castle, el arrollo cercano a su casa. Con la condición impuesta de no alejarse demasiado y no ir más allá de donde la corriente se bifurca, el pequeño Gary se encamina hacia el río con su caña y su cesta. Una vez ubicado en un lugar idóneo, lanza el sedal y consigue capturar un par de hermosas truchas, y esperando que otra pique el anzuelo, se queda dormido. Cuando despierta advierte que una abeja se ha posado en su nariz. Asustado por lo que le ocurrió a su hermano y presintiendo que, si le pica, él también morirá, intenta no moverse un ápice, hasta que, de repente, se escucha una fuerte palmada, y la abeja cae muerta en el regazo del niño. Al girarse, el niño lo ve. Ve al hombre del traje negro.
"Tenía la cara muy pálida y alargada. Llevaba el pelo negro pegado al cráneo y peinado con sumo cuidado hasta la izquierda de su estrecha cabeza. Era muy alto. Llevaba un traje negro de tres piezas,..."
El tipo, que emana un fuerte olor, sabe muchas cosas de la familia de Gary y comparte con el pequeño una tristísima noticia. ¿Quién es este hombre? ¿De dónde ha salido? ¿Qué pretende? Ahí os lo dejo.
Stephen King publicó este cuento en 1995, con el que ganó el World Fantasy Award por el mejor relato corto de ficción. También se ha rodado un cortometraje, pero no he encontrado apenas información al respecto. En cualquier caso,suelo decir que el King que me gusta es el de antes, el de El resplandor, el de Cuyo, el de It, e incluso el de Misery. Antes de este cuento, lo último que leí del autor de Maine fue Doctor Sueño y no me impactó tanto como esperaba. Sin embargo, con El hombre del traje negro he vuelto recuperar esas sensaciones que las historias de King siempre me han provocado. Me parece admirable la capacidad que tiene de crear atmósferas, incluso en unas pocas páginas. Este cuento, en la edición de Nórdica, al ser ilustrada e incluir el relato de Hawthorne, tiene una extensión de 128 páginas, pero el texto en sí no debe ocupar más de una veintena. Y le bastan esos pocos folios para contarnos la historia de un niño que va a pescar y se encuentra con algo tan terrorífico, que lo ha tenido asustado año tras año, temiendo volver a encontrarse con aquel hombre.
Confieso que, llegando al desenlace, me temí que el autor optara por una resolución fácil y muy descafeinada. Sin embargo, cuando hace creer al lector que va a resolver el asunto con una explicación fácil, introduce al padre de Gary en la escena, a un adulto, con una percepción de la realidad mucho más madura, y es entonces cuando nuestros más terribles presagios cobran vida. El hombre del traje negro es una historia de terror clásico, con su toque de suspense e intriga, en el que por su extensión, todo queda comprimido. Además, cuenta con una persecución espeluznante que me aceleró el corazón. Y justo en ese punto de lectura fue cuando se escuchó en mi casa el sonido del que os hablaba antes. Solo fue la puerta del cuarto de baño que se cerró por una corriente de aire. Pero a mí me dio el susto de mi vida.
Leer este cuento me ha hecho recordar otras dos historias de terror. Por un lado,El traje del muerto, una novela de Joe Hill, hijo de Stephen King, que para mí, es la novela que más miedo me ha dado. Y por otra parte, he recordado al siniestro reverendo Kane de Poltergeist, tan bien caracterizado y tan magníficamente interpretado por Julian Beck.
Esta edición ilustrada, al igual que ocurrió con Wakefield, cuenta con las ilustraciones de Ana Juan. Se trata de dibujos realizados con tres colores, blanco, negro y rojo (o naranja), porque este último color tiene mucha importancia en la historia. Cada dibujo aumenta el significado de la escena y están muy cuidados la expresión de los rostros en los personajes.
En definitiva, El hombre del traje negro es una historia breve de terror, marcada por la presencia de uno de los personajes más clásicos y que más miedo inspira, que me gustaría recomendaros.
Ahora toca devolver el ejemplar. Y no sabéis lo mucho que me cuesta. ¿No os pasa que si os prestan un libro, que os ha gustado mucho, luego no queréis devolverlo? A mí sí. Si lo saco en préstamo de la biblioteca, apuro hasta el último momento. Si me lo presta un amigo, se me pasa por la cabeza hacerme la olvidadiza, pero luego reacciono y me porto bien. Eso sí, como soy una lectora extraña, por no decir rarita, termino por comprarme el libro en cuestión. Ya me pasó conLa bibliotecaria de Auschwitz de Antonio G. Iturbe, con Las cosas del campo de José Antonio Muñoz Rojas o con Juan Belmonte de Chaves Nogales. Este último fue una petición expresa en mi último cumpleaños. Me lo regalaron unos amigos. Y no hace mucho me preguntaron si lo había leído ya, y les respondí que sí, pero que lo había leído mucho antes de que ellos me lo regalaran. No lo entendieron. ¿Para qué quieres un libro que ya has leído? Pues eso, rarezas que tiene una. Así que, si no es por mis propios medios será a través de otros causes pero, Wakefield y El hombre del traje negro, son dos títulos que tacho de la lista de pendientes, pero anoto en la lista de futuras compras.
[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]
Género: Narrativa breve Edición billingüe e ilustrada
Nº Páginas: 80
Encuadernación: Rústica
ISBN: 9788492683413 [Disponible en eBook; puedes empezar a leer aquí]
Autor
Nathaniel Hawthorne (Salem, 1804 - Plymouth, 1864). Novelista estadounidense. Nacido en el seno de una familia de vieja estirpe puritana, tanto su vida como su obra se vieron marcadas por la tradición calvinista. Su temprana vocación literaria lo obligó a afrontar numerosos problemas económicos, ya que sus obras no le daban lo suficiente para vivir. Hawthorne es conocido sobre todo por sus relatos breves —que él llamó «cuentos»—, muchas veces de contenido siniestro, al gusto de la época, y por sus cuatro novelas largas. La casa de los siete tejados (1851), La novela de Blithedale (1852) y El fauno de mármol (1860).
Sinopsis
«Recuerdo haber leído en algún viejo periódico o en alguna revista antigua una crónica que, relatada como si fuera real, contaba la historia de un hombre, de nombre Wakefield, que decidió marcharse a vivir lejos de su mujer una temporada larga…»
Así comienza este relato, que Borges señaló como el más grande y perfecto artilugio narrativo de la historia, antecesor directo de los relatos de Melville y Franz Kafka. Wakefield es un hombre sosegado, vanidoso, egoísta, propenso a crear misterios pueriles. Un día dice a su mujer que va a emprender un viaje de negocios y que regresará en dos días…
Ana Juan, Premio Nacional de Ilustración 2010, ha realizado un impresionante
trabajo gráfico que hace aún más atractivo este relato de culto.
[Información tomada directamente del ejemplar]
Fue hace unas semanas, en El pájaro verde, donde supe de la existencia de Wakefield, un cuento de Nathaniel Hawthorne. La reseña de Lorena despertó mi interés sobre este relato corto del escritor norteamericano, un texto breve con apenas personajes, en el que se recoge una historia tan curiosa como intrigante. Lorena nos ofrecía además un link, en el que acceder a la lectura pero, carambolas de la vida,Wakefield vino en mi busca.
Hace unos días, cuando el paso de una fase a otra nos permitió reunirnos con amigos, me encontré con este cuento en casa de un gran lector. (¿Vosotros también sois tan indiscretos que, al entrar en casa ajena, os ponéis a cotillear entre los libros de los demás?). Allí, en una estantería me esperaba Wakefield, en una edición preciosa, publicada por Nórdica Libros, ilustrada y bilingüe. La cogí para echarle un ojo, y mientras los demás comentaban los entresijos del confinamiento y las perversidades del coronavirus, me leí el cuento en un suspiro.
El texto se inicia con una pequeña introducción en la que el autor rememora una noticia leída tiempo atrás. El suceso recogía la historia de Wakefield, un hombre casado que, un buen día, escudándose en un viaje de negocio, sale de su casa y no regresa en veinte años. Lo tenía todo planeado con premeditación y alevosía. Lo más curioso no es que el buen señor abandone el domicilio conyugal por diferencias con su esposa o por el hartazgo que suponen muchos años de matrimonio, sino que ejecuta su plan como un experimento. Para ello, se había alquilado una habitación en una calle adyacente a su domicilio, y se dedicada a vigilar a su esposa, con objeto de comprobar qué consecuencias había producido su desaparición. Y veinte años después, sin motivo aparente, y cuando ya lo daban por muerto, el buen hombre regresó a casa y la vida volvió a la normalidad en aquel hogar.
Esta es la base del suceso, pero como la noticia no profundizaba en las motivaciones que Wakefield tuvo para actuar así, ni se daban más explicaciones, Hawthorne propone al lector un ejercicio de reflexión, y emprender una labor conjunta de indagación y desarrollo de los hechos, a través de la imaginación, con el objeto de encontrar algún tipo de explicación al comportamiento de Wakefield y, lo que es más interesante, hallar algún tipo de moraleja que nos proporcione una valiosa enseñanza.
Para ello, lo primordial es retratar la personalidad de Wakefield, definiéndolo como un hombre a mitad de su existencia vital, cariñoso con su esposa, a pesar de los diez años de vida conyugal, bastante anodino, poco imaginativo, es decir, el típico individuo que puede pasar totalmente desapercibido, un ser insignificante para el universo, salvo en esta ocasión para el narrador y el lector que, como el ojo que todo lo ve, observamos cada uno de sus pasos.
«¡Pobre Wakefield! ¡Pero qué poco consciente eres de tu propia insignificancia en este inmenso mundo! Ningún ojo mortal, excepto el mío, ha estado vigilándote»
Y así lo veremos salir de su casa, sin que la esposa le pregunte por ningún detalle del viaje. Se moverá con disimulo por las calles de Londres y llegará a su casa de alquiler. Y a partir de ahí, dejo que seáis vosotros los que descubráis qué se trae entre manos Wakefield. ¿Qué se propone? ¿Qué consecuencias tiene su desaparición? ¿Qué conclusiones saca de su experiencia?
Hawthorne compone un singular relato a partir de una noticia que lee en una revista o en un periódico, una historia brevísima y sencilla pero que, encierra mucho más de lo que aparenta. Wakefield es uno de esos cuentos que ofrecen tantas interpretaciones como lectores se adentren en la historia. Quizá, la única pega que le encuentro son pequeños detalles que no se tienen en cuenta en el relato, pero que forman parte de mi insidiosa mente lectora. Porque, digo una cosa, ¿cómo es posible que un hombre esté recluido durante veinte años, viviendo a dos pasos de su casa, y sin que nadie lo sepa? ¿De qué vive? Pero quiero entender que, para lo que Hawthorne se propone mostrar, son nimiedades que no hay que tener en cuenta. Eso sí, el desenlace, que deja una puerta abierta para que el lector siga reflexionando, me ha parecido algo precipitado.
Intuyo que, con este relato, Nathaniel Hawthorne pretende reflexionar sobre la relevancia del ser humano, lo vital o no que es su existencia, la huella que dejan nuestro paso por la vida, o cuánto tiempo tardan en olvidarnos. Ahí es nada. Muchas veces es mejor no preguntarse tales cuestiones.
En este cuento, el papel del narrador es bastante dinámico. No será un simple espectador de la travesura de Wakefield, sino que se permite la licencia de darle consejos desde su posición privilegiada, tratándolo con condescendencia, en algún momento dado. Estas intervenciones del narrador me han resultado divertidas y no exentas de razón, pues el propio Hawthorne, en la recreación de los hechos, juzga la actitud y el comportamiento del protagonista.
En cuanto al estilo, anoté en mi libreta: "¡Madre mía, qué forma de narrar!". Y es que, con la literatura, me pasa igual que con el cine, que suelo decir que ya no se hacen películas como las de antes. Nathaniel Hawthorne demuestra en este texto una elegancia sin igual, con una prosa exquisita y brillante, que transforma una historia simple en un relato colosal.
Como digo, la edición de Nórdica está ilustrada por Ana Juan. Sin duda, estos dibujos en tonos grises recrean perfectamente la atmósfera de Londres, en unos días lluviosos en los que Wakefield llegará a conclusiones dolorosas.Por otra parte, el hecho de que sea una edición bilingüe confiere al libro un valor extra.
En definitiva, Wakefield, -me intriga el nombre del personaje pero no he sabido averiguar por qué se llama así-, es un relato breve, que leerás en una hora escasa y, que cuenta una historia singular, con reflexiones sobre la vanidad y el paso del hombre por el mundo.
Por cierto, hay una película titulada Sr. Wakefield, basada en este relato, y una versión de la historia escrita por el norteamericano E.L. Doctorow.
[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]
Antón Pávlovich Chéjov (Taganrog, 1860 - Badenweiler, 1904). Narrador y dramaturgo ruso. Considerado el representante más destacado de la escuela realista en su país, su obra es una de las más importantes de la dramaturgia y la narrativa de la literatura universal. Su estilo está marcado por una austeridad expresiva así como por la ausencia de tramas complejas. Chéjov se apartó decididamente de la finalidad moral presente en la estructura de las obras tradicionales. Además, no le preocupaban las dificultades que esto planteaba al lector, porque consideraba que el papel del artista es realizar preguntas, no responderlas. Utilizando temas de la vida cotidiana, Chéjov retrató el estado del alma de la sociedad rusa anterior a la revolución de 1905, mostrando la falta de comunicación y el tedio que reinaba en aquella época.
Javier Zabala (Léon, 1962). Estudió Diseño Gráfico e Ilustración en la Escuela de Arte de Oviedo. Ha ilustrado más de 60 libros para las más importantes editoriales españolas y algunas de las más prestigiosas de Suiza, Italia, Reino Unido, China… Sus libros han sido publicados en 15 idiomas y sus ilustraciones expuestas en numerosas muestras por todo el mundo. En 2005 recibe la Mención de Honor de los Premios de la Feria Internacional del libro infantil y juvenil de Bolonia por su libro D. Quijote. El Ministerio de Cultura español le otorga el Premio Nacional de Ilustración 2005 por El Soldadito Salomón.
Sinopsis
«Había corrido la especie de que en el malecón había aparecido un personaje nuevo: una dama con un perrito.» Así comienza este relato, uno de los más conocidos e importantes de la literatura universal.
Esta historia no cuenta ningún acontecimiento extraordinario; los protagonistas llevan una vida corriente, se podría decir que incluso aburrida. El relato es un pequeño ensayo sobre cómo surge el amor entre dos personas, Anna y Gúrov, y su pasión los transforma. El sexo está muy presente en toda la narración, aunque no se muestre explícitamente.
El final queda abierto, pues es algo propio de Chéjov, y como señala Nabokov «mientras las personas sigan vivas no hay conclusión posible y definida de sus conflictos, sus esperanzas o sus sueños».
[Información tomada directamente del ejemplar]
Acercarse a Chéjov era una de esas asignaturas pendientes que vas arrastrando año tras año pero a veces todo se confabula para que no puedas demorar un propósito por más tiempo. Una mención a su obra en una película, un comentario sobre su vida por parte de un amigo, y alguna casualidad más, eran señales más que suficientes para conocer al autor ruso y a uno de sus cuentos más conocidos, La dama del perrito, un texto de breve extensión que lo lees en un par de horas. En La dama del perrito la acción transcurre inicialmente en Yalta, aunque no será el único escenario. En aquel lugar de reposo pasa sus vacaciones Dmitri Dmitrich Gurov, un hombre de unos cuarenta años, casado y con hijos que pasa sus días sin mucho que hacer. La rutina se rompe cuando irrumpe en el lugar una misteriosa mujer, una joven 'de pelo rubio y mediana estatura' que pasea acompañada de un pequeño perro, como única compañía. La mujer despierta la curiosidad de todos y especialmente la de Dmitri, que se propone inmediatamente entablar amistad con ella.
Un encuentro no tan casual da pie a una conversación entre el hombre y la joven, de nombre Ana Sergeyevna, casada también pero mucho más joven que él. Inicialmente todo se reduce a una amistad, a hacerse compañía mutua pero muy pronto se desata una relación amorosa entre ambos. Y así, entre pasión y remordimiento, la pareja pasa unos días envueltos en amores secretos que ocultan en la habitación de hotel hasta que ella es reclamada por su marido por encontrarse enfermo. La aventura llega a su fin. Fue bonito mientras duró y ahora cada uno debe seguir su camino. Lamentablemente la cosa no resultará como ellos esperaban. En realidad, La dama del perrito no tiene un argumento con grandes acontecimientos ni giros sorprendentes. Todo discurre con una naturalidad muy universal y muy real en la que los dos protagonistas, descritos con exquisitez, nos permiten explorar el alma humana en una situación tan delicada como un adulterio. Creo que son los personajes, la tormenta que se desata en su interior, lo más destacable de este relato. Dmitri es un hombre apuesto, con un don especial para seducir a las mujeres. Él, infiel reincidente, encuentra en Ana a un ser maravilloso aunque le molesta su mojigatería y es que la situación es distinta para cada uno. Él está tan acostumbrado a estos deslices que tras el primer encuentro amoroso se limita a comer un trozo de sandía. Para mí no es un personaje con el que me sienta cómoda. Me parece cínico y con derecho a comportarse con altanería aunque confieso que al final del texto modifiqué ligeramente mi opinión. En relación a este personaje, resulta significativa la descripción que se hace de su esposa, señalando su faceta intelectual y su porte algo estirado, aunque el marido considere que en realidad, más que intelectual, es una mujer cursi.
Por su parte Ana queda descrita como una mujer de 'tímida sonrisa', dueña de un 'cuello esbelto y delicado' con unos preciosos ojos grises, que sucumbe ante el remordimiento -es su primera infidelidad-, aunque en el fondo no hace más que justificar su comportamiento alegando que ella se merece algo mejor que lo que le ofrece su marido. Ana es muy humana. Como otras muchas mujeres en el mundo quieren sentirse vivas y solo los inicios de un amor apasionado y además clandestino le hará vibrar. 'Un dulce delirio'.
Sin tomar parte por uno u otro, del texto de Chéjov se puede desprender cuestiones bastante llamativas. Llama la atención la concepción del matrimonio y de la infidelidad, especialmente su reflexión sobre la intimidad que no falta a la verdad, cómo los inicios suelen ser tan mágicos y maravillosos pero todo termina por tornarse tedioso con el paso del tiempo. Pero 'constantemente se había mostrado a ella como no era en realidad, sin intención la había engañado', es algo que todos hacemos cuando conocemos a alguien a quien pretendemos deslumbrar, mostrar nuestro lado más blanco, adornarlo, ensalzarlo y esconder en los abismos de nuestro interior lo peor de nosotros mismos. Sorprende también la clasificación que se hace sobre las mujeres, algunas ligeras pero con buen fondo; aquellas otras histéricas que ni aman ni sienten pasión, y por último las que son hermosas pero frías, dominantes y reflexivas. Pero Ana es distinta. Ella no puede ser encuadrada en ninguno de esos tres grupos porque es especial, 'es una mujer sencilla y buena que ha visto poco en la vida'. Pero si este cuento se llama La dama del perrito es porque en él aparece un pequeño can. ¿Y qué papel tiene? Pues a priori podría ser un ente aparentemente invisible pero cuando vemos a una mujer sola con un perrito, ¿en qué pensamos? Coincidiréis conmigo en que la imagen está íntimamente relacionada con la soledad. Una mujer que cubre las carencias afectivas y la compañía con un pequeño perro, un perro que además contribuirá a ese primer contacto entre Dmitri y ella y que, posteriormente se evapora. Ya no aparece más, tan solo hacia el final y de pasada, con un propósito muy claro. Quiero señalar que, sobre este cuento hay ediciones maravillosas como la de Nórdica, que cuenta con las ilustraciones de Javier Zabala. No es esta la edición que ha caído en mis manos pero si quieres acercarte a esta obra, no estaría nada mal contar con una edición ilustrada que tanto aporta a los textos. Y por último, os cuento que La dama del perrito se llevó al cine en 1960, en una adaptación dirigida por el cineasta soviético. Para finalizar, La dama del perrito es un relato interesante que cuenta más de lo que dice. No hay que dejar escapar esta obra de Chéjov que, si bien tiene una trama sencilla, muestra la enorme complejidad del ser humano a través de sus personajes.
[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]
Editorial: Nórdica. Fecha publicación: febrero 2011 Precio: 15,00 € Género: Ilustrado. Nº Páginas: 104 Encuadernación: Rústica. ISBN: 978-84-92683-39-0 [Disponible en eBook; puedes empezar a leer aquí]
Autor
Nikolái Gógol (Soróchintsi, Ucrania, 1809 - Moscú, 1852).Escritor ucraniano en lengua rusa. Hijo de un pequeño terrateniente, a los diecinueve años se trasladó a San Petersburgo para intentar, sin éxito, labrarse un futuro como burócrata de la administración zarista. Entre sus primeras obras destacan Las veladas de Dikanka, Mirgorod y Arabescos.En 1836 publicó la comedia El inspector, una sátira de la corrupción de la burocracia que obligó al escritor a abandonar temporalmente el país. Instalado en Roma, en 1842 escribió buena parte de su obra más importante, Almas muertas, donde describía sarcásticamente la Rusia feudal. También en ese año publicó El capote, obra que ejercería una enorme influencia en la literatura rusa.
Sinopsis
El capote, escrito por Nikolái Gógol entre los años 1839 y 1841, y publicado en 1842, nos presenta uno de los más conmovedores personajes de la Literatura: Akaki Akákievich Bashmachkin, un funcionario de la escala más baja de la administración civil, que se ve ultrajado por las injusticias sociales y la indiferencia egoísta de los fuertes y ricos, y cuyo destino es el de ser un «hombre insignificante». Akaki, para protegerse del gélido invierno de San Petersburgo, necesita un capote nuevo, pero cuando por fin lo consigue seguirá notando frío, el frío gélido que habita en los corazones de las personas que le rodean.
Este maravilloso relato y su protagonista tendrán gran influencia en la literatura posterior: Herman Melville y Franz Kafka nos presentarán a Bartleby y a Gregor Samsa, dos personajes descendientes directos de Akaki.
Las ilustraciones, que harán que este libro sea inolvidable para lectores de todas las edades, son de Noemí Villamuza, quien ya ilustró en esta misma colección El festín de Babette y ABCdario.
[Información tomada directamente de la web de la editorial]
Asomarse a los ilustrados de Nórdica es siempre un placer. No es la primera vez que me sumerjo en un libro de esta colección. Ya pasaron por aquí La cata, Noches blancas, Una rubia imponente, Blancanieves o La navidad para un niño de gales, y no será la última. Esta vez le toca el turno a Nikolái Gógol, descubierto hace unos años y del que, hasta ahora, solo he leído Nochebuena.
Leyendo esta breve historia se me hizo más patente el eterno debate que mantengo ocasionalmente con algunos escritores. ¿Qué es relato y qué es cuento? Muchos autores alegan escribir siempre cuentos, afirmando ser seguidores de aquella tradición oral que se inició al principio de los tiempos, mientras que el término 'relato' es una etiqueta sin sustancia e inventada después. La verdad es que El capote me ha parecido un auténtico cuento quizá porque su autor ha conseguido que me integre totalmente en la narración. Y lo hace mediante un recurso tan sencillo como dirigirse directamente al lector. He sentido a Gógol como un verdadero cuentacuentos, a cuyo alrededor se reúnen un grupo de oyentes con deseos de oír una buena historia. La sensación ha sido fabulosa.
Pero hablemos de El capote. Estamos ante un cuento publicado por primera vez en 1842 y que Nórdica ha rescatado para embellecerlo con las ilustraciones de Noemí Villamuza, dibujos que asemejan la técnica del carboncillo. La historia es sencilla pero en realidad encierra mucho más de lo que aparentemente parece.El capote cuenta la historia de Akaki Akákievich, un funcionario ruso, un oficinista, cuyo trabajo consiste simplemente en copiar documentos pero eso sí lo hace con tremenda pulcritud y esmero. Akaki es un hombre sencillo y de escasos recursos económicos. Volcado únicamente en su trabajo de copista, intenta pasar por la vida de manera desapercibida pero no lo consigue, pues será objeto de burla y mofa por todos sus compañeros de trabajo.
Como lector, el personaje de Akaki provoca ternura y compasión aunque no de primeras. Es fácil imaginárselo, encorvado sobre su mesa de trabajo, copiando letra a letra, cada documento, ajeno al mundo que lo rodea, salvo en los momentos en los que es objeto de escarnio y a pesar de ello, lo sentimos feliz en su burbuja. Pero también es cierto que, en algún momento inicial, Akaki puede llegar a irritar al lector, primero porque Gógol nos ofrece un dibujo del personaje que muestra a un individuo un poco destartalado, muy dejado de sí mismo, sin presencia y prestancia pero también porque adopta una actitud sumisa, sin cuestionarse la actitud de sus compañeros y superiores, achantando la cabeza sin revolverse, tan solo cuando la burla ha llegado a máximas cotas. Y así es su vida, una vida triste y gris que pronto adquirirá algo de luz.
San Petersburgo es la ciudad donde transcurre la historia, una ciudad gélida cuyo viento helado anida en cada recoveco. Akaki solo puede protegerse del terrible frío con un viejo capote que apenas aísla a su dueño del glacial viento. Tras consultar con un amigo sastre y una resistencia inicial, Akaki claudica y comprende que la única solución es encargar un capote nuevo pero no tiene dinero suficiente. Al final, con enorme sacrificio e ingenio conseguirá su objeto y ese capote será la puerta a una nueva vida. Y aquí debo parar. Lo que ocurre a partir de ese momento es mejor que lo descubráis vosotros.
Este cuento de Gógol no puede tener mejor título. Efectivamente no se podría llamar de otra manera porque, más allá de las constantes burlas de esa 'ralea oficinesca' y de la sumisión de Akaki, el núcleo del argumento es el capote que no deja de ser más que un símbolo. Esta prenda de vestir es el elemento principal de una historia que pretende ahondar en cuestiones como la injusticia social, el respeto a lo demás, la necesidad de sentirse integrado, la ilusión, el remordimiento y finalmente la venganza. Todo eso sale a la luz a raíz de la adquisición de un nuevo capote por parte de Akaki, una prenda que arranca a su dueño de la vida triste y anodina que ha tenido hasta ahora, despertando la ilusión en un ser que ya era feliz con lo que tenía y que, a la postre, solo traerá trágicas consecuencias. Da que pensar que un simple abrigo conduzca al protagonista a un desenlace como el que escribe Gógol.
El capote se inicia con un párrafo aclaratorio que ya deja en evidencia la naturaleza humana, la susceptibilidad de la que muchas veces hace gala el ser humano, que tiende a alterarse fácilmente, tomándose diversas banalidades como algo personal. Porque efectivamente El capote trata sobre el ser humano y es ahí donde el autor quiere hacer hincapié, en su condición de individuo, en su maldad o su bonhomía, en su compasión o su desprecio. Y para todo ello Gógol echa mano de situaciones incómodas o ridículas, de descripciones que son a veces algo crueles pero compensadas con un humor socarrón, y añade elementos fantasmagóricos de los que el mismo autor da debida cuenta y que ayudarán en la resolución del cuento.
Como podéis apreciar, Gógol nos ofrece una narración cercana, definida por un estilo sencillo en una historia en la que predomina la narración sobre el diálogo.
Y dice la sinopsis, este cuento influenciará de un modo u otro la literatura posterior y efectivamente, si has leído Bartleby, el escribiente de Herman Melville, es tremendamente difícil no pensar en ese amanuense que acostumbraba a contestar 'Preferiría no hacerlo'. Hay ciertas similitudes entre él y nuestro Akaki que no sé muy bien dónde residen, y que son más una cuestión de sensaciones.
En definitiva, un joya este capote, más por lo que subyace en la historia que por lo que cuenta en sí y especialmente por un personaje del que veremos su cara y su cruz, o su felicidad más pura frente a su felicidad más artificial porque, ¿realmente el capote nuevo mejoró su vida?
Os dejo con el booktrailer:
[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]