Joyce Carol Oates (Nueva York, 1938) es una de las grandes escritoras estadounidenses de todos los tiempos. Eterna candidata al Nobel de Literatura, es autora de un centenar de libros, entre novelas, colecciones de cuentos, volúmenes de poesía, obras de teatro y ensayos. Algunas de sus obras han sido finalistas del Premio Pulitzer y ha obtenido, entre otros, el National Book Award, el Premio O. Henry, el Bram Stoker Award o el Prix Fémina. En 2011 recibió la National Humanities Medal, el más alto galardón civil del gobierno estadounidense en el campo de las humanidades. Asimismo, es profesora emérita de la Universidad de Princeton.
Sinopsis
Una obra de la eterna candidata al Nobel de Literatura.
Identificado sólo por el alias Charles Brockden, el narrador de esta historia encuentra una librería que despierta su deseo al instante: siente con urgencia el deber de agregarla a su ya extensa colección. Pero el dueño de una tienda tan fina no se desprenderá fácilmente de su forma de vida.
Brockden elabora un plan para adquirirla sin que nadie sospeche jamás del crimen: un asesinato imposible de rastrear. Y sabe que tendrá éxito porque ya lo ha hecho antes.
Los mejores misterios sobre el mundo de los libros.
[Información tomada directamente del ejemplar]
Es hora de volver a este espacio después de un largo descanso. Y lo hago con una de las lecturas de este verano. A Misterios, S.A. de Joyce Carol Oates le hice ojitos cuando vi la reseña que publicó Norah Bennet en El rincón de una cantina(puedes leerla aquí). Me pareció una propuesta interesante para estrenarme con la autora. Un libro brevísimo (94 páginas) que forma parte de la colección Bibliomisterios, de la editorial RBA. Lo cierto es que he buscado este título en la web de la editorial y no lo encuentro. Desconozco si lo han descatalogado. Cuando yo fui a comprarlo a librería física, tuvieron que pedirlo. Pero en Amazon también lo encuentras. Bueno, centrándonos en las sensaciones que he tenido, y en honor a la verdad, debo admitir que la experiencia no ha resultado tan gratificante como esperaba. Pero os voy contando.
Como se recoge en la sinopsis, «la eterna candidata al Nobel de Literatura», construye en Misterios, S.A. una historia que gira alrededor de los libros, los libreros y las librerías. El punto de partida no puede ser más interesante. A nosotros, -y vosotros sabéis a quiénes me refiero-, todas las lecturas que tengan que ver con libros y librerías nos apasiona. En este caso, Misterios, S.A. es el nombre de una librería.
«...una preciosa y antigua librería de Seabrook, Nuevo Hampshire, un pueblo con menos de dos mil habitantes fijos que se asoma al océano Atlántico entre New Castle y Portsmouth». [pág. 7]
En activo desde 1912, cualquier bibliófilo puede encontrar libros nuevos, antiguos, mapas o globos terráqueos entre los anaqueles de esta librería. Y hasta allí, hasta el histórico barrio de High Street, donde se ubica concretamente este establecimiento, llegará el narrador de nuestra historia, otro librero y coleccionista de libros que dice llamarse Charles Brockden. Lo que, a priori, parece simplemente el relato sobre un amante de los libros que encuentra una preciosa librería en la que deleitarse, se convertirá en otra cosa muy distinta. Brockden entablará amistad con Aaron Neuhaus, el dueño de Misterios, S.A. Primero habrá un primer acercamiento un tanto tímido, un tanteo. Brockden parece un cliente más y Aaron un librero encantado de atender al cliente. Sin embargo, hay algo más, intenciones ocultas que se irán desvelando poco a poco.
La librería
Joyce Carol Oates introduce al lector entre las paredes de este establecimiento. A través de los ojos del narrador, podemos hacernos una idea clara de cómo es esta librería por dentro y por fuera.
«Misterios, S.A. consta de tres plantas, todas ellas con ventanas en voladizo, que se iluminan de manera espectacular cuando la tienda está abierta a última hora de la tarde». [pág. 8]
Libros antiguos y con una encuadernación atractiva se exponen en la planta baja, donde también figuran los libros protagonizados por Sherlock Holmes.
«...en la segunda, primeras ediciones, ediciones raras y colecciones encuadernadas en cuero; en la tercera, mapas, globos terráqueos y obras artísticas antiguas relacionadas con el caos, el asesinato y la muerte». [pág. 13]
Misterios, S.A. es de esas librerías que nos gustan, esos espacios en los que, una vez que entras y empiezas a fisgonear entre los títulos expuestos, ya no sabes cuándo vas a salir. Sentí curiosidad por si Oates se inspiró en alguna librería real y realicé la búsqueda en Internet. En diversas entrevistas, la autora hace alusiones a una librería concreta, pero como una lejanísima inspiración, y la que describe en este relato sale de su propia imaginación o bien seguramente es el fruto de la mezcla de varias librerías que ya haya visitado en alguna ocasión.
Qué me ha gustado de este libro
En primer lugar, he disfrutado muchísimo con la descripción de la librería y la enumeración que hace de los diversos autores que se puede encontrar en su interior. Misterios, S.A. es de esas lecturas que te invitan a hacer un listado de autores y obras por descubrir como Casa desolada de Charles Dickens, obra de la que jamás había oído hablar.
Misterios, S.A. me ha resultado un relato divertido que va captando la curiosidad del lector y sacándole una sonrisa, por lo peculiar de su narrador protagonista. Brockdenllega a desarrollar un ¿alocado? plan. Inicialmente parece una idea peregrina que se le ocurre de repente pero, a medida que vayamos leyendo entenderemos cuál ha sido la trayectoria del narrador. Y es que, el amor por los libros, llevado al extremo, puede resultar bastante pernicioso. Y no sólo el amor por los libros, sino la idea de posesión. Brocken no se conforma con tener tal o cual título, quizá una primera edición o un volumen descatalogado. No, el narrador y protagonista va más allá y no le importa emprender un plan violento con tal de convertirse en el dueño de la librería y, al decir esto, no destripo nada del argumento porque esta intención del narrador ya viene recogida en la sinopsis.
Oates hace un retrato muy lúcido del mundo de las librerías, nos habla de la competencia que existe entre ellas o de lo gélido y poco gratificante que resulta la comercialización de libros a través de grandes plataformas. Leer esas líneas es pensar inmediatamente en el gigante Amazon. Y también pone el ojo sobre la figura del librero.
Qué no me ha terminado de convencer
Pues el desenlace, que me parece demasiado difuminado. Nunca me han importado los finales abiertos pero, en esta ocasión, me he quedado con ganas de saber qué ocurre realmente al final. ¿Acaso Brockden consigue su propósito? La respuesta queda en el aire y, aunque está claro que Oates no ha querido ser muy explícita, la tensión dramática que se vive a lo largo de las páginas previas invitaba a llegar un cierre más concreto, en el que quedara claro si el pulso que se establece entre ellos, se decanta a favor de Brockden o de Neuhaus.
Estructura y estilo
Escrito en presente, colocando al lector como testigo de primera línea, el uso de la primera persona nos permite conocer en profundidad a su narrador y protagonista. Charles Brockden parece un tipo normal pero, poco a poco, se irá «desnudando» ante el lector, desvelando su verdadera naturaleza, los motivos que lo empujan a actuar cómo lo hace, la forma en la que ha conseguido convertirse en el dueño de otras tantas librerías, llevando a cabo ciertas estrategias muy cuestionables, que él mismo considera un auténtico arte.
Con un total de tres capítulos sin numerar, todo el grueso de la acción transcurre en el interior de la librería. La autora aboga por una narración muy descriptiva. No sólo se luce a la hora de contarnos detalles sobre el establecimiento, sino que también se extiende a la hora de describir la idiosincrasia de ambos personajes de la trama.
Se detecta un cierto toque metaliterario, pues la historia, a modo de matrioskas, contiene otra en su interior cuando Aaron narra cómo llegó a convertirse en el dueño de Misterios, S.A.
Conclusión
En definitiva, y teniendo en cuenta lo que señalo sobre el desenlace, este pequeño y breve relato supone una adecuada forma de aproximación a la narrativa de Joyce Carol Oates, en el que, a través del mundo de los libros, la autora explora la naturaleza humana y su deseo de posesión.
[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]
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Primera entrevista de la temporada y le toca el turno a una paisana. No conocía a Irene Reyes-Noguerol, pero nunca es tarde si la dicha es buena. Profesora de lengua y literatura en secundaria, el nombre de esta sevillana apareció en la lista que la revista Granta publicó en la que figuraban los veinticinco mejores narradores jóvenes en español. Recientemente, y de la mano de Páginas de Espuma salió a la luz Alcaravea, un volumen de cuentos en el que la escritora mezcla historias familiares con otras protagonizadas por nombres tan conocidos como Lope de Vega o Van Gogh.
Hace un par de semanas tuve el placer de conversar con Irene. Ahí va nuestro encuentro.
Marisa G.- Irene, un placer conocerte. No te conocía y eso que somos de la misma ciudad.
Irene R.- Es verdad. No habíamos coincidido antes.
M.G.- Y tampoco te había leído nunca. Pero, por iniciar esta entrevista, y corrígeme si me equivoco, ¿Alcaravea sería tu tercer volumen de cuentos?
I.R.- Exacto, es el tercero.
M.G.- Caleidoscopio salió en 2016, De Homero y otros dioses, en 2018. Fíjate que, hablando un día con Eloy Tizón, sobre los muchos años que habían transcurrido entre su último libro de cuentos y el anterior, él me contó sus motivaciones. En tu caso, han transcurrido seis años hasta que hemos podido ver Alcaravea. ¿Por qué tanto tiempo?
I.R.- Pues primero, por motivos prácticos. Estaba estudiando una oposición, y ya sabemos lo que es una oposición, así que estuve totalmente centrada ese año, hasta que conseguí la plaza. Y luego, porque también me lo he querido tomar con bastante calma. Siempre he querido ver la literatura como una pasión, como algo que me gusta realmente hacer. Si se convierte en una obligación, o si siento que le debo rendir cuentas a alguien, escribir ya no me resulta tan cómodo, ni me resulta tan placentero.
Necesito ciertos momentos o ciertos estados de ánimo para poder sentarme y para poder echarle horas a un texto tranquilamente, dedicarme a investigar todo lo que es la psicología de los personajes, y luego hacer la corrección. Claro, todo eso es complicado de hacer porque estamos hablando de una oposición. Luego, también empecé a trabajar. Todo era difícil. Pero bueno, cuando llegó el reconocimiento de Granta y empecé a tener un poco más de exposición pública, se me juntó todo. Con esa mezcla de circunstancias, todas positivas, gracias a Dios, me resultó bastante difícil escribir. Y en los años posteriores me lo he querido tomar con calma porque quería un libro con el que me sintiera lo más satisfecha posible. Quería publicar solamente aquello con lo que estuviera contenta. Por eso, tampoco he querido apresurarme demasiado, porque quería escribir cuentos necesarios para este libro, que estuvieran bien estructurados, construir un libro sólido, y no escribir por escribir. Tampoco quería publicar relatos que tuviera escritos de antes, como una especie de conjunto sin motivación.
M.G.- Alcaravea es una palabra que no había oído jamás. Leyendo la sinopsis entiendo que es una planta. Me gusta mucho ese juego que se establece con las propiedades de esta planta para explicar qué vamos a encontrar en estos cuentos. Me parece una sinopsis muy original y muy ilustrativa.
I.R.- Muchas gracias. La alcaravea, efectivamente, es una palabra bastante rara. Yo la conozco simplemente, no porque la haya escuchado muchas veces en mi vida, sino por una nana que me cantaba mi madre y que, a su vez, cantaba mi abuela y mi bisabuela. En esa nana aparece la palabra alcarevea. Mi intención con este libro es reivindicar la importancia de la tradición oral, que no solemos valorar como se merece. Siempre nos centramos en la relevancia que tiene la palabra escrita, por su capacidad de perdurar en el tiempo, por la permanencia, y dejamos muy de lado todo aquello que está más relacionado con la tradición oral, con aquello que nos ha contado nuestra familia, desde que somos pequeños, con aquello que viene de nuestros antepasados, y así hasta el inicio de los tiempos. Creo que es necesario darle importancia a toda esa tradición que siempre se ha quedado en segundo plano y destacar la figura de esos antepasados, de esos ancestros, que fueron los encargados de transmitirnos esta tradición oral y, bueno, resaltarlos no solamente en este sentido, sino también como personajes, como los que aparecen en el libro.
M.G.- A mí es una palabra que me hace pensar en ambientes rurales, en remedios naturales, en antepasados. Y hay mucho de relaciones familiares en estos cuentos. Hablas de tu esfera personal en algunos de ellos.
I.R.- Sí, sí, exactamente. Este libro se podría estructurar en dos partes. Una de ellas está dedicada a los personajes de relevancia histórica, y otra está centrada en aquellos personajes que son parte de mi tradición familiar, que forman parte de toda esta memoria íntima que todos nosotros tenemos, cada uno con nuestra familia. Son historias que yo había escuchado desde que era niña, como también hubiera podido escuchar las historias de los otros personajes, más reconocidos. Aparecen, por ejemplo, Lope de Vega, Van Gogh,...
Cuando me paré a reflexionar sobre cómo podía estructurar este libro, pensé que, en realidad, todas estas historias, tanto las de los personajes familiares como la de los históricos, me han llegado de la misma manera. Yo no he conocido a estos personajes familiares, pero sus historias me han llegado a través de lo que se ha ido contando en mi familia, al igual que en el caso de los personajes con relevancia histórica, cuyas historias me han llegado cuando los he estudiado. Así que me pareció curioso plantear un libro donde existieran estos personajes que están a caballo entre la realidad y la ficción. Porque claro, las historias que cuento de mi bisabuela o de mis tíos-abuelos son relatos que yo he escuchado, pero que de ninguna manera he podido presenciar, porque no hemos coincidido en el tiempo. Pensé que podría ser interesante equiparar las vidas de esos personajes más relegados al ámbito íntimo, al ámbito familiar, con las vidas de esos otros personajes que todos hemos conocido y que todos hemos estudiado.
M.G.- Alcaravea es un volumen de doce cuentos. Hablemos de algunos de ellos. Por ejemplo, el primero, Carta a Theo. En este primer cuento es Van Gogh quien nos va a hablar. Creo que, enfrentarse a ese primer cuento, es como un puñetazo para el lector. Lo digo por la forma en la que está escrito. Como se dice en el propio texto, las líneas se atropellan y el lenguaje rebosa,... Esa forma de escribir dice mucho de la temática que se aborda. Es como un delirio.
I.R.- Sí, exactamente. En ese texto se trata el miedo absoluto que siente Van Gogh, al pensar que, en algún momento indeterminado, va a dejar de ser él mismo, que va a perder la identidad, que, de repente, ya no va a sentir su cuerpo como suyo, sino que va a ser desterrado completamente de su propia mente. Un pánico absoluto.
Este texto es el único que tiene esa especie de escritura, sin ningún tipo de punto. Pensé que era bastante acorde a lo que se estaba contando. Es decir, es como dices tú, un delirio porque el personaje está totalmente sobrepasado y abrumado por esta situación que no puede controlar de ninguna manera. Sentía que la expresión tenía que ser así, atropellada, acumulativa, donde no hubiera ningún tipo de pausa importante, de manera que las oraciones fueran sucediéndose una tras otra, sin que hubiera ningún tipo de descanso. Sentía que, en este delirio en el que se encuentra inmerso el personaje, el único tipo de expresión debía ser una más directa, sin el filtro de la conciencia, y donde sólo hay un único punto final, que es cuando ya termina la carta para su hermano.
M.G.- De todas maneras, te he escuchado decir en una entrevista que esta es tu forma habitual de escribir, ¿no? Sin ningún tipo de puntos.
I.R.- Sí, esta es mi forma natural de escribir. Por eso, también me hacía especial ilusión que este cuento fuera el que abriera el libro, porque es mi forma natural de escribir desde hace ya varios años. Escribo todavía con bolígrafo y papel, con una letra horrorosa, horrible, sin dejar márgenes, y escribo sin usar puntos. Claro, todo se va acumulando. Además tengo un estilo bastante retórico, barroco, en algunas ocasiones. Pero es que, si incluyo alguna pausa importante en el texto, se me pierde el ritmo. Para mí, el ritmo y la musicalidad es algo fundamental a la hora de escribir. De manera que, también por este motivo, necesito escribir de esta forma tan particular, sin ningún tipo de puntos. Luego los pongo, cuando los paso a ordenador.
M.G.- Leyendo ese cuento, y todos los demás, Irene, entiendo que el lector tiene que poner de su parte. Es decir, tiene que entrar en ese juego casi de adivinanzas porque no recurres a lo explícito, a lo simple, sino que dejas en el aire ciertas cosas y somos los lectores los que tenemos que ir uniendo puntos.
I.R.- Sí, nunca he sido muy partidaria de lo explícito. Siempre me ha resultado mucho más atractiva la sugerencia. Aquello que queda implícito, que queda sin decir, se mantiene en el aire, como en suspensión. Por ejemplo, es lo que ocurre en el segundo cuento, en el de esta pequeña bailarina de la Ópera de París. No sabemos qué es lo que le pasa a la niña, en que tremenda situación está, a qué está sometida. Sólo lo sabremos al final, cuando se dice directamente. Pero a lo largo de todo el texto vemos la presencia de las ratas, e intuimos algún elemento más que nos hace pensar que algo no va bien, que hay algo con lo que la niña no está cómoda, algo que impide que ella sea plenamente feliz como, por ejemplo, otra niña cualquiera. Es algo que ella envidia. La niña siente el deseo de ser otra, de tener otras cosas con las que no puede contar porque el mundo adulto se le ha echado encima demasiado rápido.
M.G.- Ese cuento incomoda mucho, incluso al lector. Vas leyendo y sabes que hay algo oscuro.
I.R.- Sí. Quería mantener la incertidumbre a lo largo de todo el texto hasta el final, donde ya aparece el motivo real.
M.G.- En otro de los cuentos vamos a escuchar la voz de una mujer, de Ana Ruiz. ¿Cómo ha sido meterse en la piel de la madre de Antonio Machado?
I.R.-Bueno, estamos acostumbrados a escuchar historias sobre los dos hermanos Machado, Antonio y Manuel, pero yo había investigado también sobre su madre, sobre Ana Ruiz Hernández, y me pareció un personaje muy particular porque había sido la única mujer práctica que tenía la cabeza donde la tenía que tener, dentro de una casa de gente que se había dedicado al arte, a la abstracción, al mundo intelectual, del que, por supuesto, ella también formaba parte. Me gusta mucho que sea un personaje especialmente sensato. Cuenta con una sabiduría que muchas veces no tenían los que estaban a su alrededor.
En este texto se cuentan las vivencias que ella tiene en su ciudad, en Sevilla, cómo conoció a su marido, las pérdidas que vive a lo largo de los años, el exilio al que se ve forzada junto con su hijo Antonio. Escribir este cuento ha sido una experiencia bellísima porque era un personaje que siempre me ha resultado bastante interesante y llamativo, al que no se ha tratado lo suficiente. Tiene esa fuerza de ser una mujer práctica, que tenía la cabeza, como digo, donde tenía que tenerla, que vivió una situación durísima como es el exilio.
Además, en este texto, imaginé que ella tendría un arraigo bastante importante con la ciudad, ya que vivió aquí muchísimos años. Y claro, es el dolor de aquella persona que está abocada al destierro, al exilio por demanda externa, no voluntariamente. Me imaginé cómo serían las sensaciones de esta mujer después de haber vivido toda su vida por las calles de Sevilla, después de tener absolutamente todos sus recuerdos aquí, desde joven hasta adulta, e incluso anciana. Me pareció atractivo y llamativo intentar meterme en la piel de ese personaje, relatar un poco los eventos principales de su vida y, al mismo tiempo, mientras va al exilio, va perdiendo la cabeza, y su memoria vuelve a los recuerdos de Sevilla y piensa que regresan a la ciudad que la vio nacer.
M.G.- Me gustaría destacar que la atmósfera que se respira en estos cuentos tiene mucho de sensorial. Hay referencias a los colores, como en esa Carta a Theo. También encontramos sonidos como Petit Rat, como esas pisadas de las ratitas que la niña protagonista escucha, o ese tac tac en Esos días azules, que evoca ciertos sonidos. Es decir, recurres a los sentidos.
I.R.- Sí, efectivamente. Me gustaría que cuando el lector se enfrentara a estos relatos, le quedara una impresión, no solamente de texto escrito y plasmado sobre un papel, sino también que le quedaran en la memoria las imágenes. Normalmente juego bastante con los símbolos, con todo lo relacionado con los sentidos, como estás comentando. Creo que es una prosa que está muy relacionada con nuestra ciudad, muy barroca, donde lo sensorial, todo lo relacionado con la vista, el olfato o el oído es fundamental. Estamos acostumbrados a una cantidad de estímulos sensoriales que, en general, conforman un panorama de belleza absoluta en la mayoría de ocasiones. Y eso es algo que intento trasladar normalmente a los textos, es decir, que no se queden en la pura narratividad, sino que, gracias a esa sensorialidad, intenten acercarse, al menos un poco, a la parte más lírica, a la poesía.
M.G.- Y hablas mucho de duelo, pérdida, abusos, locura, dolor,... Escarbas en lo más oscuro del ser humano y, a veces, desde la mirada de la infancia, con lo cual el contraste es brutal.
I.R.- Sí. A mí, la figura de los niños siempre me ha parecido una figura bastante llamativa y muy productiva a nivel literario, porque la mirada del niño, por supuesto, nunca puede ser la de un adulto. Estamos acostumbrados a leer desde perspectivas semejantes a las nuestras. Creemos que poseemos la verdad absoluta, aunque eso sea algo que no puede existir de ninguna manera. Pensamos que podemos tener todo bajo control, que manejamos, tanto nuestro propio temperamento como nuestras relaciones con los demás, y nuestra manera de ver el mundo. Sin embargo, la visión de un niño me parece muy interesante porque es una visión, no diría distorsionada, pero sí es cierto que en ella se mezclan elementos que pertenecen a la realidad con otros elementos que pertenecen al ámbito de la ficción o de la imaginación. El niño siempre está jugando, descubre las cosas mediante el asombro, todo lo relacionado con lo lúdico. Y claro, cuando un niño se enfrenta a una situación de extrema dureza, como sucede en algunos de los textos de este libro, su perspectiva se ve todavía aún más radicalizada en este sentido.
Creo que el choque entre la infancia y el mundo adulto, que arrasa con toda la ingenuidad y la inocencia infantil, y que les llega demasiado pronto a estos niños, hace que la perspectiva del niño se vea todavía más enriquecida. El niño intenta digerir una realidad difícil que no puede entender por completo porque hay información que siempre le es ocultada, pero que, al mismo tiempo, sí es capaz de percibir determinadas cosas que hacen que él vaya completando su propia visión del mundo a partir de retazos o de retales de aquello que, de alguna manera, le están comunicando y al mismo tiempo, se le está dejando un poco velada.
M.G.- Hablabas antes de la tradición oral, por eso, en estos cuentos en los que hablas mucho de tu familia, me gusta verte casi como una juglaresa. Hay mucho de homenaje a tu familia en este libro, especialmente a tu bisabuela, como punto de partida de una generación vinculada al hecho de contar historias. ¿De qué manera influyen todas esas raíces a la hora de elegir una profesión, una trayectoria profesional?
I.R.- Para mí, las raíces siempre han sido algo fundamental. Soy una persona que está, valga la redundancia, muy arraigada, tanto a la tierra como a mi familia, y creo que eso ha sido algo esencial en mi formación, tanto personal como profesional. En el ámbito personal, por supuesto, siempre ha hecho que me interese mucho por las historias de mis antepasados, que valore mucho a las generaciones que han venido antes que la mía, que sienta que merecen un reconocimiento, como puede ser, por ejemplo, plasmar todas sus vivencias en un texto. No me gustaría que las experiencias de mis antepasados, simplemente porque ya no estén o porque ya sean ancianos, fueran consideradas como algo menor. Yo siento que tienen una importancia vital y es necesario reivindicarla, tanto en mi familia como en todas las otras familias. Al mismo tiempo, también ha sido muy determinante toda esta influencia familiar en lo que es la trayectoria profesional, porque mis padres y mis tíos son también profesores. Todos, de humanidades. Eso ha hecho que yo sea hoy también profesora de lengua y literatura, porque es algo que he visto desde niña, y que tenía muy claro prácticamente desde el principio.
Siempre me gustaron los cuentos, siempre me gustó la docencia, y es algo de lo que tengo la suerte de disfrutar cada día con los alumnos. Y bueno, también creo que ha influido en que yo haya decidido escribir, no sólo porque ellos sean filólogos, sino también porque la parte anterior de la familia, aunque no pudo estudiar, como mis abuelos, siempre sintieron pasión por todo lo relacionado con la música, con la poesía, los cuentos, las nanas,... Por eso me parece fundamental destacar el papel de la oralidad, porque todas esas personas, cada una con su aportación a lo largo del tiempo, ha hecho que yo hoy, después de conocer todas sus historias, me sienta muy agradecida por todo lo que ellos han contribuido en favor de las generaciones actuales. He querido seguir ese ejemplo y continuar con ese gusto por la literatura en todas sus vertientes.
M.G.- Volvamos a los cuentos. Tengo que confesarte que mi favorito es Oír el mar, en el que vamos a ver a un Lope de Vega totalmente desmadejado, al que casi ya no le importa el éxito de sus obras porque su interés está centrado en una persona que yo no conocía. Esta historia y este cuento a mí me ha fascinado, me ha encantado.
I.R.- Muchas gracias. Pues sí, efectivamente, este cuento trata de la relación de Lope de Vega con Marta de Nevares, que fue considerada, no sé si su último amor exactamente, pero, por lo menos, uno de sus últimos grandes amores. Sabemos que él tuvo muchísimos amoríos a lo largo de su vida, que tuvo una historia amorosa muy extensa. Desde la primera vez que oí esta historia, me gustó el personaje de Marta de Nevares, y me interesó cómo él consiguió, de alguna manera, una especie de redención de todo lo que había pecado, de toda esa ambición que había tenido, de todo el daño que había hecho. A través de este amor, mucho más puro y ya vivido en la madurez, él consiguió redimirse. Marta de Nevares era mucho más joven que él pero murió antes. Ella termina sus días sumida en la locura y en la ceguera. En este texto quería resaltar una faceta de Lope de Vega, a la que no estamos acostumbrados. Siempre se nos habla del amante, del poeta, del espectacular dramaturgo, pero quería mostrar esa otra faceta íntima, donde él encuentra, por primera vez, un amor sincero y desinteresado, por el que merece la pena darlo todo. Creo que esto es algo que no se ha tratado lo suficiente.
Al principio de este cuento, aparecen unos versos de José Hierro que hablan de esta historia de amor. Es un poema preciosísimo. Se llama Lope, la noche Marta. Recuerdo que, cuando lo escuché en la facultad, me conmovió absolutamente. Me sentí totalmente conmovida por la historia de este hombre que tanto mal había hecho en su vida, sobre todo, a las mujeres y a muchas familias. Y ahora, de repente, en la vejez, deja todo eso de lado, deja también de interesarse por el éxito literario y por el prestigio. Su vida da un vuelco y pasa a centrarse en lo que realmente importa, en ese último gran amor que supuso la figura de Marta de Nevares.
M.G.- Dos de los cuentos del volumen son más largos, rozando, casi, casi, la nouvelle. ¿Eso implica que estás haciendo pruebas para una narrativa más extensa?
I.R.- No lo sé todavía. Esos dos cuentos fueron pensados, desde el principio, con una estructura mucho más marcada y más concreta, que la mayoría de los que aparecen en Alcareva. Además, están divididos por partes. Es algo bastante significativo que refleja cómo un autor construye un texto, incluso cuando todavía es simplemente un esquema mental. A mí me gustan muchísimo las formas breves. Siempre las voy a reivindicar porque creo que es necesario y, en España, no se hace lo suficiente. Esa forma breve, con esa intensidad sobre la extensión, me parece algo hermoso en la mayoría de ocasiones. El cuento es un género muy bonito, muy interesante, porque, dentro de la condensación, permite también la profundización en el instante, en los detalles. En este sentido, se asemeja más a la poesía. Por eso, de momento, no me he enfrentado todavía a una novela. Creo que, por el estilo que tengo, más retórico, una novela extensa no iría acorde con mi forma de escribir. Sería demasiado cargante tanto para la escritora como para los lectores.
De todos modos, sí me interesa mucho la nouvelle, la novela breve, ese tipo de novelas que se basan en la interconexión entre distintos relatos, con algún motivo común. Eso es algo que sí me planteo en un futuro próximo. Una novela más extensa, más tradicional, no, -aunque nunca se sabe-, pero una nouvelle sí que me gustaría escribir algún día.
M.G.- Y como profesora de literatura en secundaria, tienes entre tus alumnos a los jóvenes. Algo que me preocupa bastante y sobre lo que me gustaría conocer tu punto de vista, dada tu profesión. ¿Cómo es la relación de los jóvenes con los libros, la literatura, la lectura?
I.R.- Es una relación bastante complicada, la verdad. No puedo mentir. Entiendo que, para ellos, que son una generación que ha nacido inmersa en el estímulo audiovisual y tecnológico constante, es muy difícil que se sientan atraídos por un texto escrito hace trescientos años o, en general, por un poema, que es lo que normalmente les suele costar más trabajo descifrar. Es algo totalmente comprensible porque es la marca que tiene esta generación. Un texto literario, que necesita una pausa, una reflexión, un estudio, un comentario, nunca les va a ofrecer el mismo placer instantáneo que le puede ofrecer un estímulo, como puede ser lo que proporciona Instagram, TikTok, o cualquiera de estas redes sociales. Cuando nos enfrentamos a un grupo de adolescentes, uno tiene que ser consciente de que existen unas limitaciones determinadas por las coordenadas temporales en las que han nacido. De todos modos, creo que se puede intentar enseñar literatura a partir de una identificación, normalmente emocional, entre los textos literarios y los alumnos porque, además, la adolescencia es una etapa en la que todos los sentimientos están a flor de piel. Ellos experimentan todo con una fuerza, con una crudeza con la que uno nunca vuelve a vivir la vida. Yo intento que ellos, cuando lean un texto literario, sean conscientes de que esas vivencias, esas experiencias que está presentando el autor, independientemente del siglo en el que está escrita la obra, tiene que ver con ellos. Pueden entender perfectamente todo lo que está relacionado con el amor, con la pérdida, con la ausencia, con la venganza,... A mí me importa mucho, cuando estoy dando clase, que ellos no vean el texto como si fuera algo muerto, algo que no tiene actualidad ninguna, sino que entiendan que, gracias a ellos, la literatura es capaz de acceder a una especie de vía de resurrección, por decirlo de alguna manera, y es capaz de obtener una nueva vida precisamente a través de esos nuevos ojos de generaciones jóvenes. Mediante esta identificación emocional con los textos de autores previos puede existir ese camino de ida y vuelta que es la literatura. Es decir, que no sólo se agote en la expresión del autor, sino que también la mirada del lector permita devolver ese texto al origen.
M.G.- Última pregunta, Irene. Antes lo mencionamos, que apareciste en la lista de la revista Granta, como una de los mejores narradores jóvenes en español. Entiendo que esto te ha dado ese impulso para ser más visible e imagino que te sentirás muy orgullosa por esa distinción, pero ¿tú sueles dar mucha importancia a este tipo de listas o, por el contrario, prefieres no pensar demasiado?
I.R.- Yo me siento muy agradecida porque Granta quisiera reconocerme, sobre todo porque era algo que no me esperaba en absoluto. Me llegó de repente. Fue mi familia la que me animó a presentar el libro, pero yo no lo habría imaginado nunca. Es algo por lo que voy a sentir siempre mucha gratitud. Pero es cierto que no soy de las personas que se fijan únicamente en los libros seleccionados por determinadas listas. Por supuesto, me fijo en ellos, pero también me fijo en los demás. Es decir, entiendo que dentro de esta lista podrían estar muchísimos otros escritores de una calidad literaria espectacular que, por un motivo u otro, no han entrado dentro de esta selección. De manera que yo entiendo que las listas, en general, son algo subjetivo en la mayoría de las ocasiones. Al final, un jurado también es humano, tiene sus preferencias, y ellos mismos resaltan siempre que hay muchos otros escritores que podrían estar perfectamente en la lista, aunque, por determinados motivos, pues no pudo ser. De Granta, simplemente puedo decir que, aparecer en la lista, me ha servido para tener un poco más de proyección en la esfera más pública porque siempre he sido una persona más independiente. Además, soy muy tímida, pero es verdad que me ha abierto muchas puertas en este sentido. Gracias a aparecer en esta lista, el libro anterior se ha podido reeditar varias veces y ahora he podido publicar con esta editorial maravillosa, como es Páginas de Espuma. Lo más probable es que, sin ese apoyo y ese impulso que me concedió Granta, habría sido muchísimo más complicado llegar a donde he llegado hoy.
M.G.- Pues felicidades por aparecer en esa lista. Irene, muchísimas gracias por este ratito de conversación y espero poder verte en otro momento.
I.R.- Muchas gracias.
Sinopsis: La alcaravea es una planta silvestre de flores pequeñas. Sus semillas tienen distintos usos que podrían replicar los cuentos de este libro:
Medicinal: en infusión, esta especia calma los cólicos infantiles (muchos son los niños que lloran aquí, a pesar de las nanas), pero, además, su uso tópico sirve para limpiar y cicatrizar heridas, sean las de madres derrotadas por la vida, las de un visir enamorado o las de un hermanastro tímido.
Culinario: un sabor, amargo y dulce a la vez, condimenta la mayoría de los relatos. En ellos, hay desolación y hasta horror en ocasiones, pero siempre se asoma la luz de la ternura que salva.
Relajante: su aroma, usado en aceites y lociones, tiene una cualidad tranquilizante que los protagonistas habrían agradecido.
Si aún les interesa conocer otras propiedades de Alcaravea, entren en sus páginas y descubran sus beneficios.
Francis Scott Fitzgerald (Saint Paul, 1896 - Hollywood, 1940). Considerado uno de los más importantes escritores estadounidenses del siglo xx y portavoz de la «Generación Perdida». Su obra refleja el desencanto de los privilegiados jóvenes de su generación, aquellos norteamericanos nacidos en la última década del siglo xix, a quienes les tocó madurar durante la Primera Guerra Mundial y que arrastraban su lasitud entre el jazz y la ginebra.
Sus obras están escritas con un estilo elegante y situadas en fascinantes decorados. Destacan A este lado del paraíso (1920), Suave es la noche (1934) y, por supuesto, El gran Gatsby (1925), publicada en nuestra colección de ilustrados.
Sinopsis
Escrito en 1920, cinco años antes de la publicación de El gran Gatsby, «El pagaré» es un relato que permanecía inédito hasta que en 2017 The New Yorker lo descubrió y publicó. Parece ser que estaba destinado a ser publicado en Haper's Bazaar, pero Francis Scott Fitzgerald nunca lo envió para su publicación.
Este relato narra la historia de un editor que acaba de contratar un exitoso libro, las memorias de un médico convertido en investigador de fenómenos paranormales, titulado La aristocracia del mundo espiritual. Después de un exitoso lanzamiento de medio millón de copias, el editor decide visitar al autor para su próximo libro...
[Información tomada directamente de la web de la editorial]
Me gustan esos puntos suspensivos con los que termina la sinopsis de este libro. Dejan la historia justo en ese momento de intriga tan interesante.
El pagaré es un relato corto del que tuve conocimiento gracias a dos blogs que acostumbro a visitar y que son altamente recomendables. Por un lado, Las Inquilinas de Netherfield. Por otro, El blog de Juan Carlos. En ambas reseñas se aseguraba una lectura divertida y amena, llena de sarcasmo e ironía. No recordaba desde cuándo no leía algo de Scott Fitzgerald. Guardo grato recuerdo de su obra más conocida El gran Gatsby, tanto de la novela como de la película, interpretada por un sublime Robert Redford. Y también es fabulosa la trama de Suave es la noche, llevada al cine en 1962, por Henry King e interpretada por Jennifer Jones, Jason Robards, Joan Fontaine y Tom Ewell. [Me han entrado ahora muchas ganas de volver a ver esa película; quizás la traiga a este espacio]. La cuestión es que, al ver El pagaré en sendos blogs, y tras conocer de qué manera fue descubierta esta historia, decidí comprarme el ejemplar, que he leído hace unos días.
El pagaré es uno de esos libros-caramelos. Una pequeña golosina dulce envuelta en un papel de vistoso color que una paladea con deleite pero que, lamentablemente, dura poquísimo. Como dice la sinopsis que incorpora el pequeño volumen, narra la historia de un editor, de un médico que escribe un libro, de un éxito literario. A esto habría que añadir lo que la editorial Nórdica Libros incorpora en su web, calificando esta obra como «un divertidísimo relato sobre el sector editorial que critica la búsqueda sin escrúpulos de historias sensacionales con criterios exclusivamente comerciales». Y es esa crítica tan divertida la que va a conseguir que el lector pase unos breves pero intensos y socarrones minutos llenos de humor.
Pero, antes de adentrarnos de lleno en la historia, habría que pararse en lo primero que salta a la vista de este libro. Me refiero a la cubierta. La ilustración está realizada por Seth, un dibujante canadiense al que The New Yorker le hizo el encargo para publicar el relato en 2017. En ella, vemos a un nutrido grupo de viajeros de tren, la mayoría leyendo, -bueno, todos salvo uno que parece bastante disgustado-, The Aristocracy of the Spirit World, es decir, el libro que el editor protagonista acaba de publicar y con el que suspira por hacerse de oro. La ilustración retrata una de las escenas del libro, la que dará origen a toda la problemática que se desarrolla. Y una cubierta de este tipo, nos puede hacer pensar que estamos ante un volumen ilustrado y no. Por desgracia, no es así.
El pagaré nos cuenta las vicisitudes del mundo editorial. El narrador de esta historia, del que no sabremos su nombre, no es el auténtico protagonista del relato pues, de primeras, ya nos advierte que «el de arriba no es mi nombre, pertenece a un tipo que me dio permiso para firmar esta historia con el suyo». Para el caso, es lo mismo porque este personaje será el encargado de adentrarnos en los entresijos de ese mundo de tinta y papel que a todos nosotros nos apasiona.
¿Y qué es una editorial al fin y al cabo? Pues, no deja de ser una empresa que presta un servicio por el cual recibe una contraprestación económica. Todo ese lado romántico que los amantes de la literatura solemos atribuir a la germinación, ejecución, desarrollo, contenido o materialización de los libros se queda a las puertas del departamento económico de un sello editorial. Hay que vender libros porque ese es el negocio, y hay que ganar dinero. Y con esa idea, este personaje se queja pues «los columnistas y comunistas -nunca he logrado entender ninguna de esas dos palabras con claridad- despotrican de mí porque dicen que lo único que me importa es el dinero. Es verdad, me importa muchísimo». ¿Acaso los editores viven del aire? Y buscando esas ganancias, nuestro editor acepta publicar el libro del doctor Harden, un investigador de fenómenos paranormales. El pobre hombre perdió un sobrino en la guerra. El joven Cosgrove Harden marchó al frente cumpliendo su deber patriótico y ya no regresó más, dejando atrás a una novia plañidera y a un tío entristecido. Pero el doctor ha conseguido entrar en «comunión psíquica» con su sobrino y cuenta su experiencia en el libro. Sin duda, la temática suena interesante y despertaba la curiosidad de los lectores de la época. Se intuye un súper ventas, un best-seller y se lanza al mercado una tira de trescientos mil ejemplares. Pero, ¡ay, qué cruel y caprichoso es a veces el destino! La torre de naipes está a punto de derrumbarse.
Con El pagaré te vas a reír. Fitzgerald conocía bien el mundillo, y sabía perfectamente qué verdaderos intereses se mueven en el seno de una editorial. ¿Qué es más importante un escritor de culto que vende poco pero cuyas obras son de una calidad extraordinaria o un don nadie que, de repente, y sin que se sepa muy bien por qué escribe un libro pésimo pero vende mucho? ¿A que os suena mucho esta diatriba? La tenemos muy latente en nuestros días. Pues bien, la respuesta nos la ofrece el propio editor:
«Prefiero sacar un libro con una preventa de quinientos mil ejemplares antes que descubrir a un Samuel Butler, un Theodore Dreiser y un James Branch Cabell en el mismo año».[pág. 10]
Lo que pretende el editor con The Aristocracy of the Spirit World, -por cierto, el título tiene su miga-, es vender libros como churros. Pero, por muy diestro que uno sea en su trabajo y mucha experiencia que tenga, hay factores que escapan de nuestro control. A eso está a punto de enfrentarse el editor. Es entonces cuando veremos cuál es la verdadera naturaleza del empresario, hasta dónde es capaz de llegar para mantener un teatrillo que evite acabar en la ruina. Es esta actitud la que critica Fitzgerald. Me divierte pensar que el autor norteamericano quiso dar una bofetada sin manos al mundo editorial. ¿Queréis libros que son una auténtica basura pero con los que os podéis forrar? Pues vale, ahí va eso. Luego no os quejéis.
Sin embargo, en esta ecuación también hay un factor de vital importancia, el público lector, contra el que el autor también lanza sus puyas. Aprovechando que nos narra todo el despliegue necesario para poner a la venta un libro, todo ese engranaje que resulta fundamental para que los libros lleguen a nuestras manos, se hará referencia a las diferentes propuestas que se encargan para la cubierta de los libros y a todos esos correctores profesionales que son imprescindibles, «no fuera que el mínimo temblor en la cola de una coma o la más leve sombra de una i mayúscula ofendiera la puntilloso vista del Gran Público Americano». El sarcasmo de esta línea no tiene precio. Dice mucho de la opinión que tenía Fitzgerald en relación a los lectores americanos, más interesados en las cuestiones de forma que de fondo.
Más allá de todo esto, el autor nos permite asomarnos, en este puñado de páginas, a otras dos cuestiones:los fenómenos paranormales, como literatura emergente que hacía las delicias de los lectores, y la guerra.
Cierro la reseña con dos preguntas:
1.- ¿Por qué esta obra se llama El pagaré? Obviamente no os lo voy a contar porque la respuesta la tenéis en el mismo libro. Solo os diré que ese pagaré funciona como broche de oro.
2.- ¿Por qué un relato escrito en 1920 no se publica hasta 2017? Para ello os invito a visitar las reseñas de las inquilinas y de Juan Carlos (aquí y aquí). Tanto en uno como en otro blog se os explica a la perfección por qué este relato no se ha conocido hasta hace bien poco. Me hace pensar en cuántos baúles, cajones y cajas estarán llenos de historias apasionantes, románticas o misteriosas por descubrir, a lo largo y ancho del mundo.
Si nunca te has asomado a la prosa de Fitzgerald, El pagaré puede ser una buena opción. Se lee en un suspiro, pues cuenta únicamente con unas sesenta páginas, te adentras en el mundo editorial y encima, te echas unas risas. Más no se puede pedir.
[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]
Stefan Zweig (Viena, 1881 - Petrópolis, Brasil,1942) fue un escritor enormemente popular, tanto en su faceta de ensayista y biógrafo como en la de novelista. Su capacidad narrativa, la pericia y la delicadeza en la descripción de los sentimientos y la elegancia de su estilo lo convierten en un narrador fascinante, capaz de seducirnos desde las primeras líneas. Acantilado ha publicado la mayor parte de su obra narrativa y ensayística.
Sinopsis
«Se encontraba en esa edad decisiva en la que una mujer empieza a lamentar el hecho de haberse mantenido fiel a un marido al que al fin y al cabo nunca ha querido, y en la que el purpúreo crepúsculo de su belleza le concede una última y apremiante elección entre lo maternal y lo femenino. La vida, a la que hace tiempo parece que se le han dado ya todas las respuestas, se convierte una vez más en pregunta, por última vez tiembla la mágica aguja del deseo, oscilando entre la esperanza de una experiencia erótica y la resignación definitiva. Una mujer tiene entonces que decidir entre vivir su propio destino o el de sus hijos, entre comportarse como una mujer o como una madre. Y el barón, perspicaz en esas cuestiones, creyó notar en ella aquella peligrosa vacilación entre la pasión de vivir y el sacrificio.»
[Información tomada directamente del ejemplar]
Creo que Stefan Zweig es de los pocos autores a los que soy fiel. El día que lo descubrí con Mendel, el de los librosdecidí que leería todo lo que hubiera publicado en su vida y ahí ando, en este propósito que voy cumpliendo poco a poco.
Opté este verano por adentrarme en Ardiente secreto, en una de esas tórridas tardes veraniegas en las que mejor no moverse mucho y disfrutar a la sombra. Y de nuevo me he topado con una obra llena de sensibilidad. No puedo estar más de acuerdo con las notas que leemos en la biografía del autor, aportada por la editorial. Palabras como sensibilidad, elegancia, delicadeza y seducción son las que mejor encajan en la obra bibliográfica de este autor austriaco, del que todavía me queda bastante por leer.
Ardiente secreto narra la historia de un joven, un barón, que llega en tren a Semmering. Aunque no se menciona en la obra, y con el objeto de situaros geográficamente, os comento que Semmering es una localidad austriaca, del distrito de Neunkirche, en la Baja Austria. Hasta allí se desplaza el protagonista de esta breve historia, con el propósito de descansar durante sus vacaciones. El joven viaja solo y se hospeda en un hotel de la localidad. Inmediatamente indaga sobre el resto de los huéspedes, con el deseo de encontrar alguna cara conocida. No parece tener suerte. Lo ideal sería reencontrarse o conocer a una dama con la que coquetear unos días y tener una aventura fugaz que sazone un poco su estancia en Semmering. Un examen rápido de las féminas que se alojan en el hotel le permitirá descubrir a una dama elegante, voluptuosa, de edad madura, pero con aspecto de ser apasionada. El joven entiende que ha encontrado a su presa e inmediatamente inicia el cortejo. Sin embargo, no ha tenido en cuenta un pequeño obstáculo. La dama tiene un hijo pequeño, un jovenzuelo de nombre Edgar y unos doce años de edad, necesitado de afecto y cariño, de alguien que le preste atención. Lo que inicialmente parece un inconveniente se convertirá en un medio para llegar hasta la mujer, quien muestra inicialmente ciertas reticencias a las galanterías del joven. Se inicia así un juego un tanto maquiavélico, en el que hombre, mujer y niño serán los participantes. El foco de atención pasará de la pareja al joven Edgar, ante cuyos ojos se irán deslizando una serie de acontecimientos que lo conducirán a una transformación brutal, para desvelar qué se esconde tras ese secreto tan ardiente que da título a la obra.
Lo que me ha gustado de esta novela breve
Creo que Zweig, y como se dice vulgarmente, consigue hacer de un grano, una montaña. Me refiero a que coge una historia sencilla, -niño conoce a hombre adulto con el que entabla una intensa amistad pero pronto descubre que el hombre tiene más interés en su madre que en sí mismo, lo que le genera una serie de emociones nuevas para él- y la convierte en un relato de gran profundidad y alcance. Y prueba de ello es que, si me pongo a repasar todas esas notas que acostumbro a ir tomando durante la lectura de un libro, observo que he juntado un número muy considerable de hojas del bloc, para una novela que apenas pasa de las cien páginas.
Esa historia sencilla en apariencia nos va a conducir a un concienzudo análisis de la naturaleza humana, algo muy habitual en las obras de Zweig. Su tema principal y favorito es el amor, los distintos tipos de amor, y los efectos que provoca en el ser humano.
«Y el poder del amor siempre se medirá de manera equivocada, si sólo se valora en función de lo que lo ha provocado y no por la expectación que lo precede, ese espacio oscuro y hueco de desengaño y soledad que se abre ante todos los grandes acontecimientos del corazón». [pág 29]
Pero, en esta ocasión, el autor se adentra también en otros temas como la manipulación, la pérdida de la inocencia, la lucha contra la moral, el deseo de sentirse nuevamente joven, la mezquindad, el odio, el abandono la soledad, la ruptura de la confianza,...Ardiente secreto nos desvela a través de esta historia qué supone convertirse en un adulto, qué se pierde o qué se gana. El niño, a través de su experiencia, terminará por comprender cuál es el verdadero valor de lo que se tiene, y lo estupendo que supone ser un niño, sin grandes preocupaciones, sin ser poseedor de ciertos misterios universales, que solo acarrean quebraderos. Por eso, a veces resulta mucho más placentero olvidarse de que uno es adulto y jugar a que uno siempre será un niño.
Los personajes
Inicialmente el lector pondrá toda su atención en el joven austriaco que busca conquistar una mujer durante sus vacaciones. Debo reconocer que, en los primeros compases de la obra, me imaginé a un protagonista solitario y romántico, que solo desea encontrar compañía para esos días de vacaciones en Semmering. Algo muy inocente que no debe alertarnos. Sin embargo, y a medida que iba leyendo, el individuo me iba dejando más y más atónita. Zweig ha construido un personaje con doble fondo. No quiero desvelar mucho de la verdadera naturaleza de este personaje pero sí os diré que no es todo lo que parece, que es ese tipo de personaje disfrazado, que muestra una cara pero tiene otra distinta. Es ese tipo de persona con una dulce sonrisa que esconde dientes afilados.
Pero el verdadero protagonista de esta historia es el niño. Edgar es «un muchacho tímido, nervioso, aún sin desarrollar» con mucha falta de afecto. Enfermo con frecuencia y solitario, no hace cosas propias de un chico de su edad porque no tiene amigos y su madre apenas le presta atención. Por eso, cuando conoce al hombre, la vida regresa a sus pálidas mejillas. El niño verá en esa amistad una luz de esperanza, una nueva ilusión en la vida. Por fin encuentra a alguien que desea estar con él, que se interesa por pasar tiempo a su lado. Por primera vez se sentirá alguien especial y su corazón rebosa tanto agradecimiento que el afecto por su nuevo amigo se transforma en veneración.
«...feliz, desconcertado, quería reír y no podía evitar el llanto, porque amaba a aquel hombre como nunca había querido a un amigo, ni a su padre ni a su madre, ni siquiera a Dios». [pág. 29]
El niño es el personaje más interesante de Ardiente secreto. Cuando descubre la verdad, cuando cae la venda de sus ojos, perderá toda la inocencia y saldrá a la luz otras cualidades del muchacho que estaban ocultas. Inteligente y algo precoz, «como la mayoría de los niños enfermizos que pasan mucho tiempo con los adultos», tiene un carácter apasionado, «extraordinariamente exaltado en sus afectos o antipatías», algo que dejará patente a lo largo de la obra, cuando, a través de una serie de enfrentamientos, deje perplejos a los adultos. Pero, en realidad, no es más que un niño dolido en lo más profundo de su corazón. Por eso, aunque en algún momento veamos en él emociones y comportamientos cuestionables, el lector terminará por entender qué lo ha impulsado a reaccionar de tal modo y sentirá compasión por el muchacho. Lo que siente el niño es lo que sentiría cualquier persona -infante o adulto- que ve cómo está a punto de perder lo único que tiene. Él es el que descubrirá ese ardiente secreto, esa verdad de la vida que permanece siempre silenciada y oculta hasta cierta edad, que hay que mantener alejada de los niños porque no serían capaces de comprender. El núcleo de esta historia es ese momento en el que se hace la luz para el niño, ese instante que sirve de frontera entre la infancia y la edad adulta.
«Nada agudiza tanto el ingenio como una apasionada sospecha, nada desarrolla tanto las posibilidades de un intelecto maduro como una pista que conduce hasta la oscuridad. A veces tan sólo una única y delgada puerta separa a los niños del mundo que nosotros llamamos real, y un soplo de viento casual hace que se abra de golpe». [pág. 55-56]
«En aquella hora de rabia incontrolada echó fuera de sí, en forma de llanto, todo lo que llevaba dentro: la confianza, el amor, la credulidad, el espeto... Toda su niñez».[pág. 71]
En cuanto a la dama, Zweig sabe perfectamente qué se cuece en los interiores de una mujer en determinadas circunstancias. La madre del niño no contaba con que apareciera en su vida un hombre tan apuesto. En su interior se desarrolla un dilema moral. Madre, esposa, dama distinguida pero ¿acaso las madres, las esposas y las damas no tienen un corazón palpitante? Zweig hace un despliegue de emociones que azotarán las entrañas de esta mujer, arrastrada por un juego que se torna cada vez más peligroso.
Me gusta mucho el retrato que el autor hace de la madre del niño, en esa «edad decisiva» en la que, no solo las mujeres sino también los hombres, se plantean si no han desperdiciado su vida, si no hicieron una mala elección. Esta dama está en ese punto de su vida en el que, o coge el tren que tiene parado justo delante o probablemente se lamentará toda su vida. Porque el joven ha despertado en ella emociones que creía muertas y, al igual que le pasa a su hijo, la aparición del barón ha avivado el fuego de la ilusión y las ganas de vivir que ya parecían tan extintas. Pero, a su vez se siente tan culpable, tanto tanto, que termina por pagarlo con el que menos culpa tiene, como nos pasa a todos.
El narrador
A mi juicio, tenemos un narrador cizañero, con un punto de vista algo malicioso y unas reflexiones que echan más leña al fuego. Él será el encargado de poner al lector sobre aviso, de dejarle caer que se agarre los machos porque algo terrible está a punto de ocurrir. En ocasiones repite frases -«Es tan fácil engañar a los niños...»-, para dejarnos ver que el golpe maestro (uno de los muchos) está a punto de suceder.
Estructura y estilo
Ardiente secreto es una novela corta, como otras tantas firmadas por el autor. Con un total de quince capítulos de corta extensión, te la podrías leer de una sentada, pero yo te recomiendo saborearla y pararte en la cantidad de detalles singulares que nos ofrece la prosa del austriaco.
Porque Zweig es muy descriptivo. Acostumbra a pormenorizar detalles que permitan al lector sentirse parte de la historia. Por eso se para en especificar el tipo de climatología, si brilla el sol o hay nubes, si la naturaleza que envuelve los hechos es exuberante o parca. Y hace reflexiones sobre ciertas cuestiones universales como el amor o las relaciones humanas.
«La primavera se dejaba sentir en el aire. En el cielo revoloteaban esas nubes blancas, revoltosas, que sólo se dan en los meses de mayo y junio, esos compinches blancos, aún jóvenes y revolantes, que, juguetones, corren por la pista azul, para en un instante ocultarse tras las altas montañas; que se abrazan y huyen, que tan pronto se arrugan como si fueran pañuelos de bolsillo, tan pronto se deshilachan formando tiras y por fin, bromeando, les ponen a las montañas boinas de color blanco». [pág. 9-10]
En cuanto a los personajes, nos va ofreciendo todo tipo de información, sobre su aspecto físico y su actitud, su forma de pensar, pero no lo hace de manera que abrume sino que va distribuyendo esas descripciones a lo largo de las páginas, incidiendo en los aspectos que más relevancia tienen en el punto de la historia en la que nos encontremos.
Hay párrafos soberbios que no puedes evitar remarcar, y un capítulo brutal -Desconcertante oscuridad-, que efectivamente desconcertará tanto a los personajes como al lector, con unos hechos que se desarrollan en un ambiente lleno de ruidos, voces y sonidos ahogados.
Sigo rendida ante Zweig. Admito que el desenlace de esta obra me ha parecido un pelín más endeble que los que he encontrado en otras de sus novelas, pero es que el camino hasta ese final ha sido glorioso. Me maravilla la manera en la que el autor es capaz de transmitir tanto y, como dije antes, construir una historia de una profundidad tan tremenda, partiendo de unos mimbres sencillos.
Zweig es una apuesta segura. Es mi apuesta segura. Y para cerrar he elegido un párrafo que me parece que resume perfectamente la esencia de este libro:
«Por primera vez creyó haber entendido la naturaleza humana, que las personas se necesitaban unas a otras, aun cuando les pareciera que eran enemigos, y que es muy dulce sentirse querido por los demás. Era incapaz de pensar en algo o en alguien con odio. No se arrepentía de nada. E incluso para el barón, el seductor, su más encarnizado enemigo, encontró un nuevo sentimiento, la gratitud, porque él le había abierto la puerta hacia aquel mundo de las primeras emociones». [pág. 120]
No te lo pierdas.
[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]