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lunes, 22 de marzo de 2021

LA GENTE NO EXISTE de Laura Ferrero

Editorial: Alfaguara
Fecha publicación: enero, 2021
Precio: 17,90 €
Género: relatos
Nº Páginas: 208
Encuadernación: Tapa blanda con solapas
ISBN: 978842045464108234562
[Disponible en eBook;
puedes leer aquí]

Autora

Laura Ferrero (Barcelona, 1984). Escritora, periodista y guionista, es autora del libro de relatos Piscinas vacías (Alfaguara, 2016), de la novela Qué vas a hacer el resto de tu vida (Alfaguara, 2017) y de El amor después del amor (2018), en colaboración con Marc Pallarès. Sus artículos y reseñas aparecen habitualmente en publicaciones como ABC Cultural, El País, La Vanguardia o El País Semanal.

Sinopsis

Una mujer se enamora de un vecino por cómo cuida las plantas de su terraza. Un hombre organiza una fiesta con todos sus seres queridos para celebrar el final de una larga enfermedad. Una niña acompaña a su madre a ver pisos que nunca podrán permitirse y un padre lleva a su hija adoptada a conocer a su madre biológica...

En estos relatos hay amor y desamor. Hay ausencia y culpa. Hay esperanza. Están los que celebran el hoy y lo que está por venir, y otros que prefieren vivir en las expectativas, donde se sienten protegidos. Los que pueden, olvidan. O no del todo. O no siempre. Algunos no creen saber qué es existir ni desear, ni qué hace que una vida sea una vida. Pero ¿alguien lo sabe?

Las historias de La gente no existe narran lo íntimo, aquello que solo somos capaces de contar en voz baja, lo que nos ocurre cada día. Y nos deslizamos por ellas comprobando que «el camino de la emoción sin impostura que ha transitado Ferrero es uno de los que lleva a la gran literatura».

[Información tomada directamente del ejemplar]



Laura Ferrero regresa a los relatos a través de La gente no existe, un volumen que contiene diecisiete piezas breves. Sabéis que es complicado reseñar un libro de relatos. ¿Os hablo de cada uno de ellos? En alguna ocasión lo he hecho pero, en este caso, creo que resultaría una entrada excesivamente larga. 

Por resumir un poco, los relatos que forman parte de este volumen tienen características en común. Si habláramos de la temática, creo que la palabra más central sería RELACIONES, de todo tipo. Relaciones entre hombre y mujer, entre hijos y padres, entre nietos y abuelos,... Pero, orbitando alrededor de esta mole temática, también podríamos encontrar la enfermedad y la muerte. Es curioso que, en un par de ellos, los hospitales sean escenarios principales. En cualquier caso, Ferrero construye personajes que arrastran lastre, como hijos que desean tener otras madres, madres que fingen un estatus económico diferente, mujeres que asumen un maltrato psicológico u hombres que temen enfrentarse a lo que les depara la vida, y buscan señales a las que aferrarse, para sentir alivio. En todos ellos hay como una nube gris que sobrevuela cada una de estas historias. Nos lo contaba la propia autora en la entrevista que pudimos hacerle (puedes leerla aquí).

Como suele ser lógico, no todos los textos me han gustado por igual. Algunos me han parecido más impactantes que otros, o más originales como, por ejemplo, Cómo borrar a tu expareja, redactado como si se tratara de unas instrucciones para montar un mueble de Ikea. Este relato viene a marcarnos el camino a seguir, paso a paso, para conseguir olvidar a aquel que fue tu pareja. Y de todos ellos, quisiera destacar un par de piezas. En primer lugar, Aquellos ojos verdes en el que se narra el fallecimiento de un abuelo. ¿Cómo se hace para asimilar que la persona a la que quieres se va apagando cada día? ¿Cómo asomarte a unos ojos que, con el paso de los días, se van volviendo cada vez más opacos?


He conectado muchísimo con este relato. Será porque narra algo que he vivido no hace tanto tiempo. Admito que duele, que escuece, pero quizá por eso me ha dejado tanta huella. Es muy fácil verse reflejado en ese intento de algún personaje por aferrarse a la esperanza, o asomarnos a unas emociones tan conocidas, cuando hay que enfrentarse a la pérdida de un ser querido. Lo dicho, me ha gustado mucho por cercano, emotivo e íntimo.

El otro que más me ha gustado es Una trenza, muy vinculado al anterior. En él se narra la muerte de una abuela. Es un relato de plena actualidad aunque todo queda dicho entrelíneas. No quiero contaros mucho por no romper la magia que encierra, pero me ha parecido absolutamente maravilloso, entrañable y conmovedor.

No deja de ser significativo que, los que más me han gustado resultan ser autobiográficos. Hasta no hablar con Laura, desconocía que lo fueran y ahora, tras saber ese detalle, me pregunto si no habrá un motivo concreto para ello. ¿No será que, por ser fruto de experiencias personales, están escritos con sangre y, por tanto, las emociones íntimas del autor terminan por traspasar la frontera del papel? No lo sé. Lo que sí sé es que a mí esos dos me han parecido extremadamente cercanos, como si fuera yo la que los estuviera protagonizando. 


Y aunque Aquellos ojos verdes y Una trenza son mis preferidos, también os podría hablar de Gangrena de la que escribo en mi bloc de notas: «¡Brutal! Al principio parece una historia simple, pero va ganando fuerza e intensidad. Llega un momento en el que te preguntas: ¿me está hablando de lo que creo que me está hablando? Y se hace la luz. Y todo cuadra cuando llegas al final, que resulta como una bofetada». O Principios de arqueología que parece un cuento exótico y que conduce al lector a tierras lejanas, acompañando a una niña que quiere conocer a su madre biológica. O Son preciosas que cuenta las vacaciones de una single en Brasil. Me ha gustado mucho el personaje protagonista de este relato porque creo que representa muy bien a ese tipo de persona a la que le cuesta decir «no» para no disgustar a los demás. Me ha parecido un relato muy bueno, con un final que, a pesar de ese tono de pesadumbre que caracteriza estas historias, tiene un toque divertido. O el último, La gente no existe, que da título al volumen. De este mejor no os digo absolutamente ni palabra. Bueno sí, que me ha parecido triste, doloroso y hermoso. Todo lo a la vez.

Escritos en primera, segunda o tercera persona, las piezas de este volumen ocurren en diferentes contextos temporales. Las referencias son las que nos van a ayudar a ubicar los hechos en el tiempo. Prácticamente todos ellos están protagonizados por mujeres. No hay un motivo especial. Pero, más allá de aquellos autobiográficos, en muchos de ellos he buscado y he encontrado a la autora. He visto a Laura Ferrero, como una niña de nueve años que acompaña a su madre a ver pisos y casas nuevas, para salir de «ese barrio», en el que ahora viven. Y también la he visto en Verano 2017, en una protagonista de treinta y tres años, los mismos que Ferrero tenía en esa fecha.

Con esa delicadeza y buen gusto que define la prosa de Ferrero, y referencias a películas como Verano 1993, a canciones como Peces de ciudad, o guiños a su propia novela -Qué vas a hacer con el resto de tu vida-, La gente no existe es un petite bouchée literario, al que aproximarse con calma y el alma serena.

[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

Puedes adquirirlo aquí:


jueves, 25 de febrero de 2021

LAURA FERRERO: ❝La literatura nos sirve para no sentirnos tan solos❞

A Laura Ferrero la conocí en 2017, cuando publicó Qué vas a hacer con el resto de tu vida, una novela de la que dije: « Hay un momento en nuestras vidas, en el que hay que enfrentarse al pasado, especialmente si es pasado de nuestra infancia, época en la que vivimos en un estado de semiinconsciencia, en nuestro mundo particular, cuando los hechos ocurren sin que consigamos entender su total significado; años en los que todos intentan alejarnos del dolor o somos nosotros mismos los que huimos de él. Pero todo lo que ocurre a nuestro alrededor, cuando somos niños, va dejando un poso en nuestro interior. Ese tejido inmaculado que conformamos cuando somos pequeños se va deshilachando poco a poco y al final, para evitar convertirnos en un trapo, toca recomponerse, cortar nuestras hebras desmadejadas o zurcir los rotos. De este modo es como entiendo la novela de la que quiero hablaros hoy, Qué vas a hacer con el resto de tu vida de Laura Ferrero». (puedes leer la reseña completa aquí). La familia era el tema central de aquella novela, y vuelve a serlo ahora, junto a otros tantos, en este volumen de relatos que acaba de publicar bajo el título La gente no existe. En ellos, la autora explora temas sombríos, demostrando una extraordinaria capacidad a la hora de construir historias breves. Hablamos con Laura Ferrero.

©Jordi Bernadó

Marisa G.- Laura, regresas a los relatos después de aquellas Piscinas vacías, de 2016. ¿Echabas de menos el género?

Laura F.- Escribo relatos constantemente. De hecho estaba escribiendo una novela, cuando empezaron a colarse todas estas pequeñas historias. Al ver que tenía como cinco o seis que compartían el mismo tono, me di cuenta que estaba escribiendo un libro de relatos, y dejé aparcada la novela. A veces, empiezas un proyecto y se te cuela otro. Pero nunca dejo de escribir relatos. Es un género con el que me siento muy cómoda.

M.G.-  Este volumen tiene diecisiete relatos en total. Corrígeme si pienso que algunos tienen tintes autobiográficos.

L.F.- Hay tres que son autobiográficos: Una trenza, Aquellos ojos verdes y Mi padre en Atocha. Están relacionados con mi vida personal. En ningún momento lo enmascaro porque son experiencias que están ahí. En cualquier caso, en el resto también estoy, porque no dejan de ser un trasunto mío. 

M.G.- De hecho, das las gracias a tu familia porque, según dices, son una fuente inagotable de temas.

L.F.- Totalmente. Es así muy a su pesar. Ando siempre con la curiosidad, atenta a lo que ocurre, pero tampoco cuento cosas que no se puedan contar. A mí me interesa mucho el ambiente en las familias, quienes son realmente las personas que se esconden detrás de tu padre, de tu madre,... Me interesa mucho fijarme en cosas que, igual por la cotidianeidad, no nos detenemos a mirar con detalle.

M.G.- Te gusta fijarte en los detalles y a mí también. Has mencionado que esos tres relatos son autobiográficos pero yo te he estado buscando también en los demás. Mira, la acción de Muchas posibilidades transcurre en el año 93 y la protagonista es una niña de 9 años. Tú, en el 93 también tenías 9 años. Y otro ejemplo, en Verano 2017, la protagonista tiene 33 años, exactamente la misma edad que tú tenías en ese año.

L.F.- Sabes qué pasa, que con las cosas que están vinculadas con la actualidad, si no me pongo yo como protagonista, si no calculo bien los años, me da miedo cometer una inexactitud. Me imaginaba como una niña que acompañaba a su madre a ver casas. Pero claro, si la pongo en los años 70, se me podían escapar ciertos detalles de la época. Por eso lo hago así, para dominar un poco el contexto. 

Por otro lado, la película Verano 1993 me marcó muchísimo, y quise hacer una una narración a partir de ahí. Yo la vi en el verano de 2017, y por eso ambiento el relato en ese año. Lo hago así porque para mí es más fácil imaginarme las circunstancias que rodean la narración.

M.G.- Precisamente, en Verano 2017 hay un guiño precioso a la novela con la que yo te conocí, Qué vas a hacer con el resto de tu vida. Mencionas un diálogo de esa novela. He regresado a aquella historia, para buscar la situación exacta de la que hablas.

L.F.- Sí, sí... Tengo la sensación de que, en el proceso de escribir una novela, lo que quieres es responder a preguntas. Para mí, en ese momento, lo que estaba haciendo era tratar de resolver un tema personal, más allá de la novela. He hecho un poco de metaliteratura, metiendo una historia que no era del todo cierta, relacionándola con una película. 

M.G.- Oye, sí que detecto que casi todas las historias vienen narradas con una voz femenina. No sé si te cuesta mucho meterte en la piel de un hombre.

L.F.- Para nada. Me gusta meterme en vidas que nunca serán las mías. En Piscinas vacías, mi primer libro, creo que había bastantes hombres. En esta es verdad que me han salido más mujeres que hombres, pero no hay una razón especial. A ver, es evidente que me siento más cercana a determinadas historias contadas desde el punto de vista de una mujer, porque es lo que me ha tocado a mí. Pero, en realidad, la literatura genera todos esos vínculos de cercanía y de empatía, que permite meterte incluso en la piel de un hombre de ochenta años. Es algo que me atrae.

M.G.- Antes has mencionado que casi todos estos textos tienen el mismo tono. En ellos tratas temas relacionados con las familias en ruinas, los matrimonios rotos, el maltrato,... Son todas cuestiones un tanto grises.

L.F.- Para mí el tema de la familia es muy interesante porque, casi nadie se acerca a su familia como objeto de investigación. Por regla general, nuestro padre o nuestra madre son figuras que cuesta mucho atravesar. En todas las familias hay fracasos, más grandes o más pequeños, pero los hay. Y en ellas se cuelan las frustraciones, y las proyecciones de padres a hijos y de hijos a padres. Me interesaba poner el foco en ese tipo de vínculos, que son tan cotidianos y en los que reparamos tan poco.

M.G.- Por mencionar algunos de ellos, Gangrena es un relato que me ha demostrado lo fácil que resulta ser víctima del maltrato psicológico sin darnos cuenta.

L.F.- Claro porque hay abusos que son menos visibles que otros. Un golpe o una herida dejan marca. Pero si estás sufriendo abuso psicológico, no solemos ser conscientes de ello, y mucho menos lo son los demás. Además, uno no quiere reconocer que está en ese punto. Me resultaba un reto acercarme al abuso desde esa otra vertiente, desde lo psicológico, para mostrar cómo te va comiendo como la misma gangrena. Es que te mueres en vida porque ya no eres tú, sino una versión muy disminuida de lo que tú eres. Es un relato del que me siento orgullosa porque era un tema pendiente, como muy necesario.




M.G.- Hay relatos conectados. Una trenza y Aquellos ojos verdes, además de autobiográficos, tienen un personaje común, esa abuela encantadora y preciosa. Son textos muy bonitos, y a la vez, muy duros.

L.F.- Cuando murió mi abuelo escribí Aquellos ojos verdes. Luego llegó la pandemia, se murió mi abuela, y no me quedó otra que escribir Una trenza. Es un relato que no hubiera querido escribir nunca, como puedes imaginar. Porque además es que no tienes a tu alcance ni los medios para despedirte. He intentado llegar con las palabras a donde no podía llegar de otra manera.

M.G.- Aquellos ojos verdes me ha tocado el alma. Es un relato muy cercano porque he vivido algo muy similar hace muy poquito. Me pregunto si, cuando os ponéis a escribir, o cuando tú te pones a escribir, eres consciente de que hay historias que van a doler mucho a los lectores.

L.F.- Siempre sabes que hay un lector, pero los relatos los escribes para ti. En el momento en que empiezas a plantearte qué va a pensar el lector, o la crítica, entonces empiezas a escribir la historia para los demás. Bajo mi punto de vista, es mejor no tener tan presente a la otra persona. No puedes controlar lo que va  a generar esa pieza en los demás. Solo puedes controlar lo que escribes, y tratar de hacerlo lo mejor posible. Después, lo que ocurra con otra persona, hasta ahí no puedes llegar. La literatura nos sirve para no sentirnos tan solos. Mis relatos pueden acompañar a alguien que haya pasado por lo mismo que cuento.

M.G.- Y Laura, ¿tú buscas el tema o el tema te busca a ti?

L.F.- Se puede buscar pero la literatura va por su propio camino. Es que te puede gustar mucho un tema y no saber contarlo. O incluso al revés. Puedes ser brillante exponiendo un tema, pero no querer hacerlo. Pasa lo mismo cuando te enamoras. Es algo que no está únicamente en nuestra mano. Hay personas a las que no podemos conquistar, se nos resisten.

M.G.- Por mencionar otro relato. Candy Crush habla de esas mujeres que tienen parejas con hijos. Se analiza esa especie de maternidad prestada.

L.F.- Habla de la mujer que se adapta a la vida de otro y tiene que encajar en un molde que ya existe. De todos modos, es un relato que también se centra en el hecho de contar historias. Cuando alguien cuenta la historia de otra persona, deja de contar la suya propia. Por otra parte, la persona que controla el lenguaje, es la que tiene la oportunidad de manipular.

M.G.- Te tengo que admitir que Don't cry madam me ha desconcertado un poco. Me gustaría que me hablaras un poco de este relato.

L.F.- Hace tiempo leí en un periódico que había hospitales en los que se utilizaban caballos para acompañar a enfermos terminales. Me pareció algo alucinante porque además, el caballo era capaz de detectar dónde estaba el mal. Por ejemplo, si tenías un problema en el hombro, el caballo ponía el hocico en el hombro. El animal captaba el mal, lo leía. Me pareció algo de realismo mágico. A partir de esa noticia desarrollé un relato para hablar sobre lo que era realmente estar a punto de morir. Hay muchas clases de muerte. Lo que le pasa al protagonista en este relato es que está en este mundo pero, a la vez, ha dejado de estar. Y sí, es un relato extraño. 

M.G.- ¿Y qué me cuentas sobre Cómo borrar a tu expareja? A mí me ha parecido como un manual para sobrevivir a una ruptura sentimental.

L.F.- Sí, un manual o unas instrucciones como las del Ikea. Es algo que nos da cierta seguridad. Si sigues estos pasos podrás montar una cama. Imagínate que, ante las cosas malas de la vida, te puedan dar instrucciones paso a paso, día a día, para superar ese trance. Eso nos daría una seguridad que luego en la vida nunca tenemos. Me gusta mucho aplicar todo ese lenguaje de las instrucciones.

M.G.- ¿Y hay algún motivo en especial por el que este volumen lleve por título el nombre del último relato?

L.F.- Me parece que la reflexión que contiene el último relato está repartida a lo largo de los restantes. Es esa pregunta sobre la vida, ¿cuándo estamos realmente aquí?, ¿y por qué?, ¿y cuándo nos marchamos? Es el único motivo.

M.G.- De acuerdo, Laura. Pues acabamos aquí. Me alegra mucho volver a hablar contigo. Me alegra también haberte leído de nuevo. Ojalá podamos vernos pronto.

L.F.- Me encantaría. Gracias a ti.

Sinopsis: Una mujer se enamora de un vecino por cómo cuida las plantas de su terraza. Un hombre organiza una fiesta con todos sus seres queridos para celebrar el final de una larga enfermedad. Una niña acompaña a su madre a ver pisos que nunca podrán permitirse y un padre lleva a su hija adoptada a conocer a su madre biológica...

En estos relatos hay amor y desamor. Hay ausencia y culpa. Hay esperanza. Están los que celebran el hoy y lo que está por venir, y otros que prefieren vivir en las expectativas, donde se sienten protegidos. Los que pueden, olvidan. O no del todo. O no siempre. Algunos no creen saber qué es existir ni desear, ni qué hace que una vida sea una vida. Pero ¿alguien lo sabe?

Las historias de La gente no existe narran lo íntimo, aquello que solo somos capaces de contar en voz baja, lo que nos ocurre cada día. Y nos deslizamos por ellas comprobando que «el camino de la emoción sin impostura que ha transitado Ferrero es uno de los que lleva a la gran literatura».

lunes, 27 de noviembre de 2017

QUÉ VAS A HACER CON EL RESTO DE TU VIDA de Laura Ferrero.

 
Editorial: Alfaguara.
Fecha publicación: noviembre, 2017.
Precio: 17,90 €.
Género: Narrativa.
Nª Páginas:304
Edición: Tapa blanda con solapas.
ISBN: 9788420419602
[Disponible en eBook;
puedes empezar a leer aq]

Autora

Laura Ferrero (Barcelona, 1984) es periodista y editora. Compagina su trabajo para diversas editoriales e instituciones culturales con la pasión por la escritura. Es autora del blog «Los nombres de las cosas» (www.lauraferrero.com) y sus artículos y reseñas han aparecido en publicaciones como La Vanguardia, FronteraD o Revisiones. Piscinas vacías es su primer libro de relatos. Publicado por primera vez en los formatos digital y papel en la plataforma de autoedición megustaescribirlibros.com, trepó de inmediato al top 100 de Amazon, con 5 estrellas en las calificaciones de todos los lectores (el máximo posible). ABC la entrevistó como autora revelación. En la actualidad trabaja en su nueva novela, de próxima publicación en Alfaguara.
 
Sinopsis

Con treinta años Laura deja a su pareja y abandona Ibiza para mudarse a Nueva York. Su juventud ha estado marcada por la relación con su padre, un hombre intolerante; su madre, que desapareció para regresar cinco años después; y Pablo, su hermano, que encuentra en la pintura la manera de luchar contra la enfermedad mental que padece.

En Nueva York, Laura empieza a trabajar en una editorial y a asistir a las clases que Gael, un misterioso conocido de su madre, imparte en la Universidad de Columbia.

¿Quién es Gael? ¿Qué sabe él de todo lo que ha ocurrido en su familia?

[Biografía y sinopsis tomadas directamente del ejemplar]


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Hay un momento en nuestras vidas en el que hay que enfrentarse al pasado, especialmente si es pasado de nuestra infancia, época en la que vivimos en un estado de semiinconsciencia, en nuestro mundo particular, cuando los hechos ocurren sin que consigamos entender su total significado, años en los que todos intentan alejarnos del dolor o somos nosotros mismos los que huimos de él. Pero todo lo que ocurre a nuestro alrededor cuando somos niños va dejando un poso en nuestro interior. Ese tejido inmaculado que conformamos cuando somos pequeños se va deshilachando poco a poco y al final, para evitar convertirnos en un trapo, toca recomponerse, cortar nuestras hebras desmadejadas o zurcir los rotos. De este modo es como entiendo la novela de la que quiero hablaros hoy, Qué vas a hacer con el resto de tu vida de Laura Ferrero.

Laura, la protagonista de esta novela, echa la vista atrás para hacer un recorrido por su familia «coja y maltrecha»: Román y Adriana, el matrimonio; Laura y Pablo, los hijos. Residentes en Ibiza, en la playa de La Xanga, la vida transcurre en un ambiente contaminado.


«Esa es la infancia que recuerdo, llena de silencios, peleas, reproches y alcohol». [pág. 81]

Su padre, un geólogo-contador de islas embarcado en una tarea titánica viaja con frecuencia. La madre ocupa los vacíos con sus pinturas y pinceles, cuadros que serán reflejo de sus interioridades, pero un día oirá la palabra «puta» y desaparecerá. Pablo, con «una personalidad demasiado sensible a la que todo le afectaba mucho más» y Laura, a la que la vida le exige demasiado a temprana edad, quedarán al resguardo de su padre, esperando el regreso de una madre que solo vuelve ocasionalmente por un acontecimiento, un hecho que supone el prólogo a otro de mucho más calado y que la narradora define como «todo aquello». Esa expresión, ese «todo aquello» que ocurre el 10 de mayo de 2014, vertebra la novela desde principio a fin, es como un mantra que alerta la curiosidad del lector, que nos obliga a leer entre líneas, que nos conduce a atar cabos para llegar a una certeza final, un mazazo, que lo dinamita todo.

Y entre todo este maremágnum de dolor, de autobúsqueda, de remendar heridas, una cajita roja, el cabo Cap Barbaria y el hijo de un farero.




Arrastrando los acontecimientos del pasado, y ya desde el presente, cuando Laura es ya una mujer adulta y trabaja como editora en Barcelona, sintiéndose desanimada en lo personal y lo laboral, opta por abandonarlo todo, incluida pareja, y marcharse a Nueva York. La excusa es una nueva oportunidad laboral pero el verdadero motivo es otro, es encontrarse con Gael Arteaga, el hombre que, según Laura, puede tener las respuestas a sus preguntas. Y efectivamente, encontrará la pieza que falta, el dato que lleva desconociendo toda su vida, ese capítulo 43 que contiene todas las claves de la novela, y que si sirve de bálsamo a la protagonista es algo que tendrás que descubrir. No obstante, todos sabemos que después de la tempestad llega la calma.

La voz narradora será la de la propia Laura que desde su primera persona nos contará, a jirones, su pasado y el de su familia. Es fácil conectar con su pensamiento. Al fin y al cabo nada de lo que le ha ocurrido, ni a ella como ente individual ni como miembro de una familia, es excesivamente extraordinario. Familias como la de Laura hay muchas. Hijos como ella, también. Laura es ese ser humano que ama profundamente y tiene que enfrentarse a un adiós, el más difícil, esa despedida que genera sensaciones ordinarias, la idea de no haber hecho lo suficiente. Así que, sus reflexiones son bastante comunes y eso nos permite entrar en conjunción, nos coloca frente a verdades universales que no por serlo resultan menos dolorosas. Pero es que la vida duele.

Pero yo tengo que confesaros que mi personaje preferido es Pablo. Desde una atalaya en la que nadie quisiera ver a su hijo, Pablo contempla su mundo, observa a sus padres, pregunta a su hermana, otea su horizonte y los miedos crecen en su interior. El lector se asomará al universo de este niño convertido en un adulto diferente porque «Pablo era distinto. No tenía que ver solo con la sensibilidad; era otra cosa: él veía más allá, y lo que veía lo asustaba, lo entristecía». Hay seres de luz. La gente tiende a llamarlos raros pero en realidad son extraordinarios. Su debilidad, su fragilidad e incluso ese afán de protección por parte de quienes los aman provocan una profunda ternura.

Ternura. Quizá sea el sentimiento que más predomina en la novela pero a mí también me ha dolido. Duele si entiendes a Pablo porque tú también pecas de sensible. Duele si ves a Laura naufragar entre unos padres que han dejado de quererse o nunca se quisieron porque «jamás les vi darse un beso. Un gesto de cariño» y eso no se olvida aunque pasen muchos años, aunque te conviertas en un adulto con tus propios hijos, aunque tu vida sea razonablemente feliz. Esa mella siempre quedará ahí, y por eso entiendes que Laura necesite respuestas a sus preguntas. Y por eso comprendes que ella lo deje todo en busca de ese oráculo de la verdad que no siempre te lo cuenta todo, para curarse por dentro, para recomponer sus rotos, para tomar las riendas de su vida.

Qué vas a hacer con el resto de tu vida plantea esas preguntas que algunas vez te has formulado. ¿Es lícito tener un hijo para arreglar lo que ya no tiene arreglo? ¿El hijo tiene que achantar, frente al egoísmo de sus padres? ¿Por qué nadie entiende que los hijos son víctimas inocentes que se autodestruyen en el seno de un matrimonio corrupto? La autora me decía en la entrevista que le hicimos hace unos días (puedes leerla aquí) que un padre tiene la obligación moral de amar a un hijo porque en su mano estaba la decisión de tenerlo o no, pero el hijo viene al mundo por decisión ajena, llega a la vida sin saber qué tipo de familia le toca en suerte, si va a encontrar amor o si por el contrario va a crecer en un mar revuelto en el que no hay ganancia de pescadores. Mala suerte. Te toca buscar otros referentes si no quieres ahogarte en el tormento familiar porque, como Laura y Pablo, hemos de saber que el desamor se recrudece con los años, la ponzoña se extiende y envenena a todo el que encuentre a su paso y así te pasará como a Laura, que advierte «cómo ellos se habían vuelto locos, la amargura los había corroído por igual. Después de tantos años de peleas y sabotajes, lo que les quedaba no era más que eso: amargura. El sabor agrio de todas las batallas que habían ido perdiendo a lo largo de la vida». Y el hijo busca la felicidad en las pequeñas cosas, incluso el amor porque «Pensamos que el amor es aquel rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio, como decía Cortázar, pero enamorarse es también quererse comprar un vestido rojo para estar guapa».

Escrita con una prosa de algodón, suave y mullida, Qué vas a hacer con el resto de tu vida es una novela de búsqueda y encuentro, de recomposición, de huidas que a la postre te hacen regresar, una de esas novelas que te dejan regusto dulce a pesar de que hay crudeza entre sus páginas, vivencias amargas y abismos insondables, pero todos debemos preguntarnos alguna vez qué vamos a hacer con el resto de nuestra vida. Toca hacer balance.



[Algunas imágenes e ilustraciones tomadas de Google]


Retos:

- Autores de la A a la Z
- 25 españoles
- 100 libros



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martes, 21 de noviembre de 2017

ENTREVISTA a LAURA FERRERO (Qué vas a hacer con el resto de tu vida).

Autora

Laura Ferrero (Barcelona, 1984) es periodista y editora. Compagina su trabajo para diversas editoriales e instituciones culturales con la pasión por la escritura. Es autora del blog «Los nombres de las cosas» (www.lauraferrero.com) y sus artículos y reseñas han aparecido en publicaciones como La Vanguardia, FronteraD o Revisiones. Piscinas vacías es su primer libro de relatos. Publicado por primera vez en los formatos digital y papel en la plataforma de autoedición megustaescribirlibros.com, trepó de inmediato al top 100 de Amazon, con 5 estrellas en las calificaciones de todos los lectores (el máximo posible). ABC la entrevistó como autora revelación. En la actualidad trabaja en su nueva novela, de próxima publicación en Alfaguara.

Sinopsis

Con treinta años Laura deja a su pareja y abandona Ibiza para mudarse a Nueva York. Su juventud ha estado marcada por la relación con su padre, un hombre intolerante; su madre, que desapareció para regresar cinco años después; y Pablo, su hermano, que encuentra en la pintura la manera de luchar contra la enfermedad mental que padece.

En Nueva York, Laura empieza a trabajar en una editorial y a asistir a las clases que Gael, un misterioso conocido de su madre, imparte en la Universidad de Columbia.

¿Quién es Gael? ¿Qué sabe él de todo lo que ha ocurrido en su familia?

[Biografía y sinopsis tomadas directamente del ejemplar]

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En realidad no somos tan distintos. Uno construye su propia vida, rodeada de los suyos, de los miembros de su familia, de sus amigos y conocidos. Uno se levanta cada día con sus miedos, sus dudas y sus incertidumbres. Uno sobrevive en un mar demasiado encrespado a veces, intentando mantenerse a flote. Y uno piensa, «Soy tan distinto». Es mentira. Nada está por inventar. A certezas como esta te conducen a veces libros como el de hoy, Qué vas a hacer con el resto de tu vida, una novela que te lanza a la cara ese interrogante indirecto como una bofetada, que te hace frenar en seco para replantearte tu vida, determinar en qué te has equivocado o cómo las equivocaciones de los demás te han influido. Y miras al futuro y te armas de valor.

Qué vas a hacer con el resto de tu vida es una novela de autobúsqueda, de encontrar ese lugar al que quieres pertenecer y poner en su sitio los lastres de los que llevas tirando demasiados años. De todo estoy hablé ayer con Laura Ferrero, una joven de treinta años que viene pisando fuerte. La avala Alfaguara y un volumen de relatos, Piscinas vacías, que se ganó a la crítica y al público. Esto es lo que nos contó.

Marisa G.- Laura, Alfaguara no solo publicó tu anterior libro de relatos, Piscinas vacías, después de una autoedición, sino que también se comprometió a publicar esta novela sin tenerla acabada.

Laura F.- Sí, cuando me captaron yo tenía nuevos relatos y me dijeron que podían contratarme para Piscinas vacías, incluyendo los nuevos relatos. Además también se ofrecieron a publicar esta novela, de la que solo tenía 40 páginas escritas. Se las mandé, les gustó, les encajó y aquí está.

M.G.- Depositaron mucha confianza en tí con solo 40 páginas escritas.

L.F.- Sí, muchísima. Todo fue muy bien. La editora me dio mucha confianza. Algo debió ver.

M.G.- Pues sí, sin duda, y no me extraña.

Bueno, Qué vas a hacer con el resto de tu vida es el título de tu primera novela publicada pero he estado leyendo por ahí que no es la primera que tienes escrita.

L.F.- No, hay más pero son de cuando tenía trece o quince años. Son las típicas libretas llenas de notas. Aunque sí que tengo otra novela que yo edité, con cuatrocientas páginas, pero eso se va a quedar ahí. Era una mezcla de las novelas que leía de mi madre con cualquier cosa que cogía por ahí. 

M.G.- No hay mucha intención de que salga a la luz.

L.F.- No, no,... Por el momento, no.

M.G.- ¿Y no te parece que  has elegido un título muy trascendental? Esa pregunta indirecta que nos asalta desde la cubierta, escuece un poco.

L.F.- Total. Creo que más que una pregunta es «la pregunta». Cualquier persona, en cualquier encrucijada y a lo largo de su vida, se la plantea alguna vez. ¿Para dónde tiro ahora? Cuando ya no te sirve nada de lo que tienes, tienes que plantearte reconstruir tu vida. En cierto modo, es una pregunta universal.

M.G.- Una pregunta que nos pone en un brete porque claro, no tiene respuesta fácil. Te obliga a reflexionar, a analizar tu vida anterior y a poner en tesitura los proyectos futuros.

L.F.- Te obliga a ser valiente, a considerar que igual lo que has tenido hasta ahora no te ha servido y toca cambiar y empezar de cero.

M.G.- He pensado mucho sobre tu novela, ante qué tipo de narración estamos. Qué vas a hacer con el resto de tu vida es una novela de relaciones personales en el seno de una familia «coja y maltrecha», como dice la propia Laura de esta historia. Ella la define como «la historia de cómo se pudre una familia». Pero hay muchas más cosas. ¿Qué dirías tú?

L.F.- Sí, claro. Laura empieza contando la historia de una familia, de cómo se ha ido al garete y cómo todos sus miembros han cogido un camino distinto pero en realidad lo que Laura está haciendo es contarse su propia vida, sus incertidumbres en la treintena, cuando te das cuenta de que todas esas certezas que te prometieron igual nos las vas a alcanzar. De alguna manera es una novela generacional que afronta un poco los miedos y las incertidumbres que tenemos.




M.G.- Pero son miedos universales porque aunque, Laura pertenezca a una generación en concreto, todos hemos tenidos esos miedos y esas incertidumbres en algún momento de nuestra vida.

L.F.- Sí, efectivamente. La pregunta qué vas a hacer con el resto de tu vida te la puedes hacer a los treinta, cuando ves que todos tus amigos tienen hijos y tú no, a los cuarenta, cuando ves que tienes hijos y te quieres separar, a los cincuenta, cuando tus  hijos se han ido de casa,... Es como si cada década estuviera marcada por unas incertidumbres propias de esa década, pero en el fondo el amor, la soledad, son temas universales que se concretan de una manera distinta según la edad que tengas, pero en el fondo todo es lo mismo.

M.G.- El concepto de la familia tiene mucho protagonismo en la novela. Como institución, ¿no crees que en estos tiempos está más descafeinada? No sé, en la época de nuestros abuelos, bisabuelos, había más cohesión. Ahora se tiende más al individualismo.

L.F.- El paradigma de la sociedad está cambiando. Es verdad que el concepto tradicional de familia se está diluyendo porque ahora mismo tenemos más opciones sobre la mesa. Nos dicen que somos una generación que tenemos tanto donde escoger que nos hemos perdido y es verdad, aunque tampoco te digo que era lo contrario y que solo tuvieras una única opción. Pero no sé si hemos sido educados para afrontar la situación en la que estamos ahora, encima con la crisis. Se nos han venido encima muchas cosas y todo muy rápido.

M.G.- Se puede decir también que tu novela es una novela de huídas, ¿no Laura? Al fin y al cabo todos los personajes tienden a alejarse de donde están. El padre se quiere ir a una isla, la madre los abandona, Pablo de algún modo también huye y Laura deja España y se marcha a Nueva York.

L.F.- Sí, pero si te fijas en la dedicatoria  menciono a los que buscan porque en realidad estos que huyen son gente que están buscando. Hay un doble juego. Todos se escapan hacia delante. Pablo se queda recluido en su mundo interior, la madre no tiene ni idea qué hacer con su vida, se va, vuelve,... Todos ellos de algún modo están exiliados, ya sea de un lugar o de una persona, y se van perdiendo.

M.G.- Sobre el exilio se habla mucho en la época que Laura trabaja en Nueva York, cuando asiste a las clases de Gael, ese personaje misterioso que tiene muchas preguntas que responder. En ese viaje a Nueva York, Laura busca una verdad que ella tiene interiorizada pero que no se atreve a verbalizar.

L.F.- Claro. Es mucho más poético pensar que te vas a Nueva York y que allí vas a encontrar detalles de una vida que tienes en Barcelona. A veces es necesario tomar distancia y respirar en otro lado para enfrentarte a las cosas pero terminas por darte cuenta que los problemas te siguen a todas partes. Laura llega a Nueva York con todo el peso de lo que lleva arrastrando y allí no puede arreglar sus problemas porque su historia no está en Nueva York, su historia está en Barcelona.

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