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lunes, 27 de febrero de 2017

EL DÍA QUE SE PERDIÓ LA CORDURA de Javier Castillo.


Editorial: Suma de Letras.
Fecha publicación:  febrero, 2017
Precio: 17,90 €
Género: Novela.
Nª Páginas: 456
Edición: Tapa blanda con solapas.
ISBN: 9788483659052
[Disponible en ePub;
puedes empezar a leer aquí]

Autor

Javier Castillo creció en Málaga, se diplomó en empresariales y estudió un Máster en Dirección de Empresas. Actualmente trabaja como consultor de finanzas corporativas. Escritos de relatos cortos desde la adolescencia. El día que se perdió la cordura es su primera novela y un éxito comercial en internet, haciendo permanecido durante más de 365 días en la lista de bestsellers de Amazon con más de 40.000 ejemplares vendidos. La prensa nacional se ha hecho eco del fenómeno y El Mundo lo ha calificado como el chico del tren.

Sinopsis


«A veces el destino nos pone a prueba para que sepamos que existe».

Centro de Boston, 24 de diciembre. Un hombre camina desnudo con la cabeza decapitada de una joven. El doctor Jenkins, director del centro psiquiátrico de la ciudad, y Stella Hyden, agente de perfiles del FBI, se adentrarán en una investigación que pondrá en juego sus vidas, su concepción de la cordura y que los llevará hasta unos sucesos fortuitos en la misteriosa localidad de Salt Lake diecisiete años atrás.

Con un estilo ágil lleno de referencias literarias -García Márquez, Auster, Orwell o Stephen King- e imágenes impactantes, Javier Castillo construye un thriller narrado a tres tiempos que explora los límites del ser humano y rompe los esquemas del género del suspense. Amor, odio, destino, extrañas prácticas, intriga y acción trepidante inundan las páginas de una novela que se ha convertido en todo un fenómeno editorial antes de su publicación en papel.



[Biografía y sinopsis tomadas directamente del ejemplar]

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Así empieza El día que se perdió la cordura:

[Lectura de las páginas 11,12 y 13;
Música: Lascia Ch'io Pianga de Händel + sirenas policía]

Hace unos días publiqué la entrevista al joven escritor y debutante Javier Castillo que puedes leer aquí. Más allá de hablar de su primera novela, El día que se perdió la cordura, también nos contó cómo se inició en la literatura, sus referentes y lo más curioso, la manera en la que esta novela se gestó poco a poco, ni más ni menos que en 45 minutos de trayecto en tren de ida, y otros 45 minutos de vuelta. Es decir, de su casa al trabajo y del trabajo a su casa. La verdad es que, conociendo este dato, y después de haber leído el libro, seguro que a cualquiera que esté apurado de tiempo libre le apetecerá intentarlo. Os cuento mis impresiones sobre la novela.  

Resultado de imagen de decapitadaEl inicio de El día que se perdió la cordura no puede ser más impactante. Los que hayáis escuchado el audio, sabréis que la novela arranca con un tipo desnudo que cubierto de sangre y con la cabeza de una mujer decapitada en las manos, recorriendo las calles de Boston. Desde luego una escena así es difícil de olvidar y no puede suponer mejor inicio para este thriller lleno de incógnitas porque, ¿quién es ese individuo?, ¿y quién es la mujer asesinada? Y lo más importante, ¿por qué? Por supuesto, al tipo lo detienen y acaba en el complejo psiquiátrico de Boston, donde será atendido por el director, el doctor Jenkins, un personaje que acabará más implicado de la cuenta. Jacob, que así se llama el detenido, apodado por los medios de comunicación como el decapitador, muestra una actitud desafiante. En silencio y con una perpetua sonrisa en los labios, no pronunciará palabra hasta que no aparece en escena la agente del FBI Stella Hyden, experta en perfiles psicológicos. Será a ella a quién le contará la verdad del caso.

A grandes rasgos y con múltiples cambios de tiempo y lugar, el argumento de esta novela narra la trayectoria de un grupo de personas, una comunidad, que a lo largo de los años se han dedicado a asesinar a diestro y siniestro a diversos hombres y mujeres considerados potencialmente peligrosos para el futuro del ser humano. La elección de las víctimas no sigue un patrón concreto pero tampoco obedece al azar. Todo tendrá que ver con los sueños apocalípticos de unos de los personajes. Y de esta guisa, la joven Amanda Marlow, de tan solo 16 años, perderá la vida en el pueblo de Salt Lake, mientras pasa las vacaciones de verano y tras encontrar un misterioso mensaje bajo una piedra. La muerte de Amanda dará pie a la búsqueda, persecución, y posterior aniquilación de los integrantes de la comunidad, una tarea encabeza por otros dos personajes de los que mejor no desvelo nada.

Estos son los mimbres que el joven Javier Castillo maneja para su novela, unas piezas de puzle que él despliega sobre el tapete aparentemente sin orden ni concierto y en vez de conectar unas con otras, las deja así, desperdigadas como desperdigados estarán los sucesos en la novela que bailarán entre diversas ubicaciones y fechas. Para no despistar al lector, el autor iniciará cada capítulo, de corta extensión, ubicándonos en el tiempo y en el espacio con lo que, en un capítulo podemos estar en Salt Lake un trece de junio de 1996 y en el siguiente en Boston, un 26 de diciembre de 2013. Confieso que inicialmente la estructura me descolocó un poco pero hay que tener en cuenta que el hilo el hilo principal es el que transcurre en el mes de diciembre de 2013 en 2013 en Boston, cuando Jacob es detenido. A partir de ahí constantes flashbacks nos permitirán conocer lo que ocurrió en Salt Lake en el verano del 1996, unos hechos que darán lugar a todo el desarrollo posterior. 

Uno de los puntos fuertes de la novela es el mantenimiento de la intriga y el suspense en todo momento. Es cierto que no he encontrado un ritmo endiabladamente frenético pero la historia me ha tenido con la mosca tras la oreja todo el tiempo. A medida que iba leyendo me sentía más y más atrapada, intentado averiguar quién era quién y el porqué de todas estas muertes.  Las incógnitas me animaban a seguir leyendo de manera ágil y amena porque esta novela consigue que las horas se deslicen en un soplo. El día que se perdió la cordura es de esos libros que te puedes beber en dos tragos porque además cuenta con mucho diálogo que unido a que los capítulos son muy cortos permiten leer a velocidad de vértigo.

No obstante, también he de decir que me han faltado algunos datos. Por ejemplo, en ningún momento se menciona el origen de la comunidad, cómo se incorporan los miembros a la misma o cómo captan a sus integrantes. No es que estos datos sean especialmente relevantes para disfrutar del argumento pero sí que es verdad que, a lo largo de la lectura pensaba que iba a encontrar más información al respecto y no ha sido así. Sobre esta cuestión le pregunté a Javier Castillo en la entrevista que le hicimos y fue esto lo que nos respondió:


«Es que me parecía más interesante el cómo que el porqué. Preferí ir hacia adelante en vez de hacia atrás porque si vas hacia atrás puedes dar mucho trasfondo a la novela pero también la haces lenta y yo no quería eso. Quería ir rápido, ir contando cosas en pequeñas dosis y si acaso en un segundo libro, ahondar más».


Así que, los datos que han quedado un tanto suspendidos en el aire tendrán su debida respuesta en la próxima entrega. Tendremos que esperar para averiguar cómo surge esta extraña congregación. Y teniendo en cuenta que habrá segunda parte no es de extrañar que el desenlace de El día que se perdió la cordura deje una puerta abierta para la continuación. 

En cualquier caso, el suspense es el sostén de todo el argumento y al respecto no tengo queja ninguna. Desde ese inicio tan apabullante, pasando por una extraña nota que Amanda Marlow encuentra debajo de una piedra en Salt Lake hasta una figura encapuchada que se pasea por los bosques de Quebec, la intriga está servida.


Resultado de imagen de suspense


En cuanto a los personajes, me resultó muy llamativo ese toque a lo Hannibal Lecter que Jacob tiene al principio, mientras está recluido en el hospital psiquiátrico de Boston. Pero como dije antes, no todo lo que parece es. Jacob y algún que otro personajes tiene una doble faz, no voy a decir si más dulce o más perversa aún, eso lo tendréis que averiguar con la lectura. Lo que sí os puedo comentar es que son personajes poliédricos y que cuando nos hacemos una idea sobre su personalidad y sus motivaciones, podemos llevarnos alguna sorpresa.  Además, y esto es algo que valoro mucho en una novela, puede dar la sensación que no existe conexión entre ellos, sin embargo, llegaremos a comprender que, de un modo u otro, un personaje aparece en la vida de otro, cerrando un círculo. 

jueves, 16 de febrero de 2017

ENTREVISTA a JAVIER CASTILLO (El día que se perdió la cordura).


Autor

Javier Castillo creció en Málaga, se diplomó en empresariales y estudió un Máster en Dirección de Empresas. Actualmente trabaja como consultor de finanzas corporativas. Escritos de relatos cortos desde la adolescencia. El día que se perdió la cordura es su primera novela y un éxito comercial en internet, haciendo permanecido durante más de 365 días en la lista de bestsellers de Amazon con más de 40.000 ejemplares vendidos. La prensa nacional se ha hecho eco del fenómeno y El Mundo lo ha calificado como el chico del tren.

Sinopsis

«A veces el destino nos pone a prueba para que sepamos que existe».

Centro de Boston, 24 de diciembre. Un hombre camina desnudo con la cabeza decapitada de una joven. El doctor Jenkins, director del centro psiquiátrico de la ciudad, y Stella Hyden, agente de perfiles del FBI, se adentrarán en una investigación que pondrá en juego sus vidas, su concepción de la cordura y que los llevará hasta unos sucesos fortuitos en la misteriosa localidad de Salt Lake diecisiete años atrás.

Con un estilo ágil lleno de referencias literarias -García Márquez, Auster, Orwell o Stephen King- e imágenes impactantes, Javier Castillo construye un thriller narrado a tres tiempos que explora los límites del ser humano y rompe los esquemas del género del suspense. Amor, odio, destino, extrañas prácticas, intriga y acción trepidante inundan las páginas de una novela que se ha convertido en todo un fenómeno editorial antes de su publicación en papel.



[Biografía y sinopsis tomadas directamente del ejemplar]

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Cuando llega a tus manos una novela con un título tan sugerente o empiezas a leer una sinopsis con una escena tan brutal, inmediatamente te urge la necesidad de comenzar a leer. Creo que a todos nos gustan esos inicios impactantes, que nos enganchan desde primer momento y eso es lo que precisamente nos ofrece la novela de Javier Castillo, El día que se perdió la cordura, una novela con la que debuta en largo recorrido, que viene avalado por el sello Suma de Letras, y que, una vez leída, os puedo asegurar que es especialmente entretenida.

Javier Castillo estuvo por aquí hace unos días y aprovechamos para sentarnos a charlar con él, con este debutante que tiene ganas de más y que confiesa no querer parar después de los buenos resultados que su novela está cosechando. Ímpetu se le nota desde el primer momento en que empieza a hablar de su novela. Esto es lo que nos contó.

 
Marisa G.- Javier, pregunta de rigor. Después de pasar por Amazon, publicas en papel con un sello como Suma de Letras, ¿qué tal?

Javier C.- Pues muy motivado. Es espectacular. En mi caso no me lo esperaba. En realidad yo publiqué en Amazon para mí pero llegó Suma y me fichó. No me lo podía creer porque además Suma para thrillers es lo más.

M.G.- Pero es que además tuviste la oportunidad de elegir entre varias editoriales, ¿no?

J.C.- Sí pero la que más encajaba para mi novela era Suma. 

M.G.- Y primero pasaste por Amazon que estuviste...

J.C.- 540 días entre los diez o quince más vendidos. Lo que pasa es que firmé con Suma cuando llevaba unos nueve meses. Siguió online un tiempo y hace unos siete u ocho meses que se retiró. 

M.G.- Amazon está resultando ser una plataforma de la que se están sirviendo muchas editoriales.

J.C.- Es el filtro del mercado. Si tienes una historia que en Amazon tiene mercado es muy probable que también lo tenga fuera de la plataforma.

M.G.- ¿Tú tenías muy claro que ibas a subirlo a Amazon?

J.C.- No, no, al contrario. En principio, escribí esta novela para mí pero cuando la acabé y la releí, pensé que podría ser un libro para una editorial. Ese día lo imprimí cuatro veces, la envié a cuatro editoriales distintas y ese mismo día me dijeron que iban a tardar como un año y pico en responderme. Era mucho tiempo, así que decidí subirla a Amazon. A las dos semanas ya estaba entre los diez más vendidos. Eso es un subidón porque, entre casi un millón de libros que hay en Amazon, estar entre los diez más vendidos, es como una locura. Yo veía mi libro justo un paso por encima de Ken Follet... ¡No podía ser! Pensé que la gente se había equivocado comprándolo.

M.G.- (Risas) Te han confundido con otro.

J.C.- ¡Claro! Hay otro Javier Castillo por ahí. (Risas). Pero no, no,... siguió en esa posición y se mantuvo esos 540 días.

Resultado de imagen de escribiendo dentro de un trenM.G.- Y Javier, ¿es cierto que el libro está escrito en los trayectos de tren camino del trabajo?

J.C.- Efectivamente.

M.G.- Pero ¿cómo se hace eso? Yo soy incapaz de concentrarme en un transporte público.

J.C.- Es que no tengo tiempo para nada. Cuando llego por la noche a casa prefiero hacer vida de familia porque si no, nos vamos a divorciar (risas). Y el único tiempo que tenía para mí era el trayecto en el tren. Había días en los que escribía más o con más facilidad y días en los que te tocaba al lado una familia que va al aeropuerto, cargado de maletas y se te ponen encima.

M.G.- Pero esos trayectos además no deben ser muy largos, ¿no?

J.C.- Unos 45 minutos. Te da tiempo a concentrarte un poco y a escribir setecientas palabras más o menos.

M.G.- Debes tener una capacidad de concentración alucinante. En cualquier caso, la novela empieza con una escena impactante, con ese hombre desnudo cubierto de sangre que porta una cabeza de mujer en las manos. Entiendo que esa es la escena que da pie a toda la novela, ¿o esa escena se crea después?

J.C.- No, esa es la escena que da lugar a todo. Yo quería escribir una novela y andaba pensando en la historia. Pero una noche soñé con esa escena y decidí que ese sería el punto de partida. Me pareció una escena inicial muy buena para hilar una trama detrás.

M.G.- Pues vaya sueño... ¡qué miedo!

J.C.- Un sueño totalmente de preocuparme. Yo llamé al psicólogo ese día (risas).

M.G.- (Risas). Y realmente construyes un argumento totalmente complejo en el que involucras a varios personajes, hay muchos tintes psicológicos. Es una historia que tiene sus orígenes en el pasado y sus consecuencias en el presente.

J.C.- Exacto.

M.G.- Pero, a partir de esa escena inicial, ¿cómo vas hilando la historia?

J.C.- Yo siempre he escrito relatos cortos, un género en el que tienes muy poco tiempo para contar una trama complicada. Esos relatos que yo escribía siempre empezaban in media res, justo en mitad de la historia, y contaba un poco hacia delante y un poco hacia atrás. Así que he cogido mucha soltura escribiendo así y eso es lo que he hecho en la novela. Tardé seis meses en planificar la historia usando un archivo Excel, conectando unos capítulos con otros, o un personaje con otro. En cuanto tuve la historia construida, me dispuse a escribirla. 

M.G.- Pero cuando tenemos una novela en la que se alternan muchos hilos temporales, hay autores que escriben los hilos por separados y luego los intercalan. ¿Fue este tu caso?




J.C.- No, al contrario. Yo iba escribiendo tal cual aparece en la novela por eso hay momentos en los que un capítulo acaba en un giro que conecta con el giro del siguiente, de tal modo que quedan interconectados. Si escribes de manera independiente cada hilo, cuando los conectas no siempre te encajan. Es mucho más complicado. Todo eso lo estudié mucho.

M.G.- Pero te estoy escuchando y me doy cuenta de que manejas muy bien las técnicas narrativas. ¿Eres autodidacta o has estado en algún taller de escritura?

J.C.- No, no,... He leído muchísimo. Solo eso.

M.G.- ¿Thrillers?

J.C.- Sí, y suspense. También he visto mucho cine y cuando veo una película me fijo mucho en la estructura, en la trama, en los diálogos,... 

M.G.- En esta novela por lo que yo he podido intuir tras leerla, entiendo que hay una secta que funciona a nivel mundial y que va eliminando gente que puede ser potencialmente peligrosa para la humanidad. Lo que pasa es que esa secta no se ve ¿no? Apenas sabemos nada de ella

J.C.- No, no se percibe. Es como una especie de comunidad que tiene unas firmes creencias y se dedica a esto que tú dices. Pero en realidad son solo dos personas las que están al frente, una que maneja todos los hilos en el presente, y otra que asumirá ese papel en el futuro, en el desenlace de la novela, con vistas a una potencial continuación. Pero mejor no desvelar nombres.

En esa futura entrega se verá mucho mejor el funcionamiento interno de esa comunidad. 

M.G.- ¿Y el origen? Porque claro, en esta novela no nos desvelas nada de esa comunidad. No sabemos de dónde salen ni por qué. 

J.C.- No. Es que me parecía más interesante el cómo que el porqué. Preferí ir hacia adelante en vez de hacia atrás porque si vas hacia atrás puedes dar mucho trasfondo a la novela pero también la haces lenta y yo no quería eso. Quería ir rápido, ir contando cosas en pequeñas dosis y si acaso en un segundo libro, ahondar más.

M.G.-  Durante toda la novela he estado en un absoluto desconocimiento, preguntándome hacia dónde me llevaba la trama. Pero claro había datos que se han quedado un poco en el aire, no solo ya el origen, sino también el porqué adoptan ese símbolo en forma de asterisco de nueve puntas como seña de identidad. Todo esto lo vas a explicar en la segunda parte, ¿no?

J.C.- Sí, más adelante.

M.G.- Vale. De todos modos, yo calificaría tu novela como un thriller que bebe de fuentes anglosajonas, sin embargo, tú has llegado a decir que lo que más predomina en tu novela es el amor.

J.C.- La historia de amor es en realidad el motor de la historia. Es lo que empuja a los dos personajes principales a avanzar. Ya sea por un amor adolescente atemporal o un amor de un padre a una hija. Ambas historias sólo siguen adelante y evolucionan por ese trasfondo de amor que empapa toda la novela.


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