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jueves, 7 de marzo de 2024

BENITO OLMO: ❝Aproximadamente, un tercio del fondo de la Biblioteca Nacional de Berlín procede del saqueo nazi❞

Conozco a Benito Olmo desde sus inicios, cuando pisaba el suelo de la literatura con convicción pero también con prudencia. Lo dejó todo, sin mirar atrás, y apostó por lo que más le gustaba, contar historias. Desde aquella primera novela, La maniobra de la tortuga, que ha sido llevada al cine, el autor gaditano ha ido creciendo. Poco a poco, y no sin esfuerzo, ha ido labrándose una reputación que le ha granjeado un buen puñado de lectores. 

Benito Olmo llega ahora con una novela que me parece fabulosa. Tinta y fuego (N de Novela) es de esas historias que irremediablemente van a atrapar al lector. ¿A quién no le gusta leer un libro sobre libros? Pero no queda ahí la cosa. Lo más fascinante de esta historia es lo mucho que el autor nos descubre. Porque es verdad que todos sabemos las salvajadas culturales que hicieron los nazis, lo mucho que destruyeron, y lo mucho que saquearon. También sabemos que quemaron muchos libros como si tal cosa pero, ¿tú sabías que en Berlín hay un grupo de personas que se dedican a rastrear libros robados por los nazis y a devolvérselos a sus auténticos propietarios? Yo no tenía ni idea. Y eso, a través de una historia de ficción y de la búsqueda de la Biblioteca Comunitaria Judía, es lo que nos cuenta Benito Olmo en Tinta y fuego. Así que, esta novela no te la puedes perder. Mientras te cuento mis impresiones sobre la lectura, te dejo con la entrevista.

Marisa G.- Benito, qué alegría tenerte por aquí, por Sevilla, además con un pedazo de novela como esta, como Tinta y Fuego, que tienes que estar súper contento porque es que el libro es una pasada. Estoy muy enganchada, y la gente que lo está leyendo, y que conozco, piensan exactamente igual. Es decir, has pegado el pelotazo con esta novela. 

Benito O.- Bueno, pelotazo... Estoy en ese momento, en el que la novela acaba prácticamente de salir y todavía no me han llegado muchas opiniones. Quiero ser cauteloso. Todavía no tengo muchos datos, pero sí que es verdad que hay gente que está muy entusiasmada.

Tinta y fuego no es solo una novela negra, como las que escribo habitualmente, sino que realmente es una novela de amor a los libros, a las librerías, a los que amamos los libros y este mundo que, de alguna forma, nos reconforta. Me siento muy a gusto cuando leo libros sobre libros y esa era mi intención, escribir una novela que fuera al mismo tiempo un homenaje a los libros, al coleccionismo, a las librerías y a los libreros.

M.G.- Un bonito homenaje pero también desvelas una historia que no sé si mucha gente sabe. Es sabido que, durante la Segunda Guerra Mundial, los nazis hicieron un espolio cultural muy importante. No solo se apropiaron de obras de arte, sino que también se adueñaron de libros y bibliotecas. Y es que ahora resulta que hay unos señores que se están encargando de devolver esos libros robados a sus verdaderos propietarios. En esta novela abordas eso y mucho más. Perfila un poco más la trama.

B.O.- A esta trama llegué casi por accidente. Un día leí una noticia sobre una chica de Barcelona que había recibido una llamada de Berlín. Era un bibliotecario de nombre Sebastian. Él le dijo a esta chica que en los anaqueles de la Biblioteca Nacional había aparecido un libro que pertenecía a su padre. Esta chica no se fiaba mucho de aquello. Su padre era alemán, pero siendo niño emigró a Uruguay y de allí a Buenos Aires, para empezar una nueva vida. Su padre y su abuela eran judíos, y tuvieron que huir del país en cuanto los nazis llegaron al poder y se alzó el Tercer Reich. El clima en Alemania era muy poco favorable para gente como ellos. Su padre nunca habló de su pasado, nunca habló de lo que sufrió, nunca habló de por qué tuvieron que marcharse de su país natal. Y cuando esta chica recibió en su casa este libro, de alguna forma conectó con una parte de su pasado que ella no conocía, una parte de su padre que le era desconocida. Ella me contó que aquel libro era muy común, un libro de cuentos infantiles, que, en cualquier librería de segunda mano, no costaría más de dos o tres euros. Pero claro, para ella, esa conexión con su padre era algo incalculable.

Al leer aquella noticia, automáticamente me pregunté cómo había llegado ese libro a esa biblioteca en Berlín, quién era este tipo llamado Sebastian, y cómo le había devuelto el libro a la hija del dueño. Así que, lo llamé, hablé con él, me trasladé a Berlín, y allí me contó que aproximadamente un tercio del fondo de la Biblioteca Nacional de Berlín procede del saqueo nazi. A Sebastian le pregunté que por qué no se hablaba más de esto. Todos conocemos la historia del saqueo de obras de arte y él me decía que eso era normal porque las obras de arte tienen un peso, un valor, un recorrido. Sin embargo, los libros que hay en esa biblioteca de Berlín no son libros excepcionalmente valiosos. Allí no hay incunables ni primeras ediciones. Son libros que cualquier persona, como tú o como yo, dejaríamos atrás si fuéramos deportados, o si tuviéramos que huir del país, o si fuéramos asesinados. Sebastian me enseñó los sótanos donde se guardan esos libros. Hay un montón de habitaciones repletas de libros, decenas de miles de libros pero son libros sobre plantas, sobre cocina, muchísimos son infantiles, que eso es descorazonador, y libros de viaje. Cada libro cuenta una historia, la historia de cómo fueron arrebatados de sus dueños y luego captados por estos nazis, que se dedicaron a mal venderlos o a acumularlos.

Ese departamento de la biblioteca de Berlín está dirigido por Sebastian. Son solamente tres personas. Se dedican, primero, a identificar estos libros robados, a ver qué libros pueden haber llegado a sus estanterías de forma ilegítima. Y una vez que los identifican, tratan de verificar quiénes fueron los propietarios de esos libros. Es un trabajo muy artesano, porque parten de las anotaciones que encuentran en las páginas, como sellos de propiedad, exlibris, una fecha anotada a mano, un apellido. Como digo, es muy artesano. Ellos buscan un apellido, una fecha, eso lo extrapolan a la base de datos de víctimas del nazismo, y encuentran a los propietarios o a sus descendientes, y a día de hoy llevan mil doscientos libros devueltos en veinte años, que no está nada mal.

M.G.- Pero es como buscar una aguja en un pajar.

B.O.- Sí, es un trabajo muy ímprobo y la mayoría de las veces no llega a ningún lado. Te puedo citar el caso de Rudie, que aparece también en la novela. Tienen allí un libro, Im Dunkelsten Afrika, con una dedicatoria en la primera página que dice: «A mi querido Rudie, en su decimotercer cumpleaños, de mamá». Y una fecha y una firma, ¿no? Ese nombre y esa fecha, a través de la base de datos de víctimas del nazismo, los puso en contacto con Rudie Joelsohn, un tipo que nació en Berlín. En 1943 fue trasladado a Auschwitz, donde fue asesinado. Su padre y su madre fueron asesinados un año después. No queda nadie a quien devolver ese libro. Saben a quién perteneció, quién fue su dueño pero ese libro permanece en una especie de limbo del que no va a salir, porque nadie lo va a reclamar, aunque sabemos de dónde procede. Y como esa historia, hay miles de historias más. Es un libro muy común que cuenta una historia de abandono, de desolación, muy oscura, que va mucho más allá de los que se ve en sus páginas.

El trabajo de Sebastian me parece formidable. Lo hacen con mucho entusiasmo y con muy pocos medios. Esa restitución de libros robados me pareció... Es que me dieron ganas de irme allí con ellos a trabajar.

M.G.- Sí que dan ganas, sí. 

Bueno, abrimos el libro y vemos en las gualdas una fotografía en la que se ve gente quemando libros. ¿Qué esa foto? ¿Qué muestra?



B.O.- Esa foto muestra el saqueo de libros que luego fueron quemados. Las juventudes hitlerianas captaban libros de bibliotecas y universidades para quemarlos. Al principio, creía que los nazis quemaban libros de una forma totalmente irracional, que era una cosa muy desapasionada. Sin embargo, a medida que iba investigando, me di cuenta de que esa quema de libros respondía a motivos mucho más racionales de lo que pensamos.

Alfred Rosenberg era perfectamente consciente del poder de los libros. Si se eliminaban los libros que contenían la historia de los masones, de los comunistas, de los judíos,... de alguna forma eliminaba la historia de sus enemigos. Así, llegaría el día en que los judíos, aquellos que sobrevivieran al Holocausto, no tendrían referente alguno, no tendrían ni idea de su historia y estarían condenados al olvido. Y al mismo tiempo, se esforzó también en robar esos libros y almacenarlos para que futuras generaciones supieran de dónde venían sus enemigos y pudieran combatirlos con más eficacia.

Esa foto concretamente muestra la quema de libros más famosa que se produjo en la Bebelplatz, donde ardieron más de veintitrés mil libros.

M.G.- Y donde hay hoy día una escultura.

B.O.- Sí, una obra de arte. Es un agujero excavado en el suelo. Si tú pasas por delante a lo mejor ni siquiera lo ves, pero si te fijas hay una habitación excavada bajo tierra con un montón de estanterías desnudas, estanterías sin libros. Estanterías en las que caben exactamente veintitrés mil libros que son los que se quemaron allí. Es una escultura muy visual. De alguna manera, te da una idea de lo que fue aquella debacle.


[Si prefieres escuchar nuestra conversación, dale al play]

M.G.- Has mencionado a Alfred Rosenberg. Si buscamos a este señor en Internet, vemos que tenía cara de mala leche. Él fue el que se encargó de dirigir el saqueo de esas bibliotecas públicas y privadas. Una de esas bibliotecas, que además constituye el núcleo de esta novela, es la Biblioteca de la Comunidad Judía de Roma.

B.O.- Sí, exactamente.

M.G.- Que desapareció y nunca más se volvió a saber de ella.

B.O.- Es una historia formidable y real. En cuanto tuve conocimiento de ella me di cuenta de que tenía que escribir sobre esto. Me hacía pensar en tesoros escondidos, en reliquias, en libros de Tintín, en Indiana Jones. Me atraen esas historias de aventuras que tanto me gustaban de crío. 

Alfred Rosenberg tenía claro que los nazis tenían que poseer las mejores bibliotecas. ¿Por qué? Porque ellos, la raza aria, tenía que preservar todo lo bueno. Rosenberg era uno de los ideólogos del nazismo. Aunque ni siquiera sus propios compañeros se lo tomaban muy en serio, él creía que la raza aria provenía de la antigua Grecia, de los dioses, que eran perfectos, bellos, y todo lo malo del mundo provenía de otras razas. Él sabía que en Roma había dos grandes bibliotecas: la Biblioteca de la Comunidad Judía y la Biblioteca del Colegio Rabínico. Una vez que Roma fue sometida, en octubre de 1943, dos grandes trenes llegaron a la ciudad para llevarse las dos bibliotecas. Cargaron los libros en los trenes en diciembre de 1943. Y los dos tres dejaron Roma con rumbo a Frankfurt. Sin embargo, uno de esos dos trenes nunca llegó a destino. El paradero de ese tren sigue siendo hoy un misterio. La Biblioteca de la Comunidad Judía se perdió. De hecho, el gobierno italiano creó en 2002 una comisión para investigar qué pudo pasar con esa biblioteca. Era muy valiosa, con más de siete mil libros, entre incunables, primeras ediciones, manuscritos de los primeros judíos sefardíes de España. Esa comisión estuvo trabajando durante nueve años y llegaron a varias conclusiones que se recogen en un informe público, que figura en Internet. En ese informe se dice que se sabe que el tren no fue destruido porque no hay ningún bombardeo que, en esa fecha, destruyera ningún tren. También se sabe que no llegó a Frankfurt. Quizá llegó a Berlín o al sur de Polonia, donde los nazis tenían unos depósitos de libros. Como Alemania estaba siendo bombardeada día sí y día no, para mantener los libros a salvo los llevaban al sur de Polonia. Así que se juega con esas dos teorías. La Biblioteca de la Comunidad Judía de Roma puede encontrarse al sur de Polonia o bien puede que llegase a Berlín y luego, con la entrada del Ejército Rojo, la capturaran y se la llevaran a Rusia. Como bien sabes, Rusia y Polonia son dos gobiernos muy herméticos. Apenas cooperaron en estas investigaciones y no se pudo llegar más lejos. Pero esa investigación sentó las bases para que en el futuro se pueda localizar esta biblioteca, ya sea en Rusia o en Polonia.

En Tinta y Fuego aventuro un posible destino para esa biblioteca. Ya los lectores tendrán que darle su visto bueno y reflexionar sobre lo que pudo suceder con ella.

M.G.- En esa biblioteca sí había incunables, primeras ediciones, ediciones príncipes,... Libros muy valiosos.

B.O.- Sí. Los libros que hay en Berlín son libros que no quería ni Himmler, que era un coleccionista, ni el RSHA. Esos libros están allí almacenados porque no tenían demasiado valor. De alguna forma, Sebastian y sus compañeros descubrieron también algo muy desagradable, que durante muchos años, los bibliotecarios de Berlín ocultaron de forma deliberada la procedencia de esos libros. No se sabe muy bien por qué pero, cuando mandaban a arreglar ciertos libros, a los encuadernadores les pedían que retirasen cualquier exlibris, cualquier marca de propiedad, algo que no se hacía de forma habitual. Un libro tiene una historia y esa historia se tiene que preservar, ¿no? Cuando examinaron estos exlibris que se retiraban y vieron que la mayoría tenían un ornamento judío, automáticamente se dieron cuenta de que algo no cuadraba. Investigaban muchos libros con la letra J en la primera página. Su procedencia era indudable. De esta forma llegaron a la conclusión de que muchos libros de la Biblioteca Nacional de Berlín procedían del saqueo nazi. Lo más difícil era encontrar a los propietarios y restituirlos porque la burocracia va muy lenta.

Cuando estuve allí la última vez, Sebastian me enseñó un libro con un sello en la primera página de la Biblioteca Másonica de París. Y yo le preguntaba que si estaba tan claro que ese libro pertenecía a esa biblioteca, ¿por qué no se había devuelto ya? Y me contó que hace muchos años le escribió a la logia y no le respondieron. Le volvió a escribir y respondió un tipo que ya no está. Pero su sustituto pasó del tema. Es un proceso farragoso y tan lento que la mayoría de las veces está abocado al fracaso. Pero cada pequeña victoria es un aliciente para ellos, para seguir luchando y no desanimarse.

M.G.- Yo he estado buscando la base de datos que ellos manejan, con esos libros robados. Cualquiera puede entrar y mirar para ver si los libros de su familia andan por ahí.

B.O.- Exactamente. Tú pones un apellido en esa base de datos y te aparecen los libros de esa persona. Sebastian me contó que tienen más de treinta libros de un tipo llamado Louis Sacks en la biblioteca, pero no saben quién fue. Ese hombre tomaba notas de todo en sus libros. Pero de todo. De títulos de canciones, direcciones,... Sebastian me decía que Sacks era más que un nombre para ellos. Para él es un grafólogo al que le gustaba el jazz. Tenía un loro como mascota y anotaba recetas.  Louis Sacks es una persona con nombre, apellido, aficiones, inquietudes, pero no logran dar con él. No saben quién fue realmente y no hay nadie al que devolver esos libros. Como aparecen en la base de datos, tiene la esperanza de que llamen la atención de alguien. Para él es muy valioso poner a una persona detrás de esos libros porque, de alguna manera, humaniza lo que están haciendo. Que esa información figure en Internet, creo que es fundamental.

M.G.- Benito, ¿tú que has sentido al meterte en esta historia?

B.O.- Cuando descubrí la historia, me emocioné mucho. No me explicaba como nadie hablaba de esto. No es que yo sea el primero, tampoco. De hecho, durante mi investigación, leí un libro escrito por un tipo de Noruega, que publicó un libro sobre el expolio nazi de libros. Se llama Ladrones de libros de Anders Rydell. Ese libro te pone sobre la pista de este expolio. Pero claro, una cosa es leer un libro sobre ese tema y otra muy distinta es ir a Berlín y meterte en el Limbo, en ese sótano, rodeado de libros, con historias de terror, de soledad, de abandono. Todos esos libros pertenecieron a alguien y ahora están en ese sitio.

En mi casa, tengo libros muy especiales. Libros que a lo mejor a ti te parecerían comunes pero para mí tienen mucho significado, bien porque me acompañaron en un momento muy complicado de mi vida, o porque tengo especial aprecio a la persona que lo escribió. Que esos libros estén en una biblioteca al alcance de cualquiera me parecería un sacrilegio porque son míos y de nadie más. Esos libros cuentan mi historia.

Estar en ese sótano es muy emocionante. Cuando estuve por primera vez me embargó una sensación de desaliento muy profunda. Y la segunda vez que fui, con la novela ya escrita, de alguna forma fue como si se cerrara el círculo. Creo que he hecho lo que tenía que hacer. He escrito sobre ellos y les he dedicado la novela. Espero que a raíz de Tinta y Fuego, mucha gente conozca la labor que hace Sebastian. Quién sabe si conseguiremos restituir algún libro más gracias a esta novela. No habría un final mejor.

M.G.- ¿Y ellos están abiertos a hablar con cualquier persona que llegue allí para conocer su trabajo? ¿Les gusta hablar del tema?

B.O.- Ellos están muy abiertos. Necesitan hablar porque no tienen apenas medios. Son sólo tres en el departamento para decenas de miles de libros que hay en el Limbo, esperando a ser restituidos. Tienen muy pocos medios, aunque el propio Sebastian me cuenta que reciben financiación del gobierno alemán. Si no tuvieran esta subvención, el departamento lo hubieran desmantelado ya. Así que él está abierto a dar entrevistas, a atender a todo el mundo. ¿Qué sucede? Que muchos expertos, bibliófilos, periodistas van allí y se interesan por el tema pero desaparecen cuando se dan cuenta de que allí no hay libros de valor. Que yo me haya interesado y que haya escrito una novela es un aliciente para él. 

M.G.- Pues vamos a hablar de los personajes que también van a jugar un papel importante, obviamente, en la novela. En esta historia vamos a ver personajes ficticios, personajes reales, como el propio Sebastian, y personas que conocemos pero que tú haces personaje de novela.

B.O.- Sí. He intentado mezclar personajes reales y personajes inventados. Hay unos cuantos personajes reales como por ejemplo, Juan Manuel de la librería Manuel de Falla o Juan José Téllez, que es muy buen amigo. Le hice este cameo sin pedirle permiso. No sabía cómo se lo iba a tomar porque además su personaje es fundamental. Pero le ha encantado. Greta se refiere a Téllez como un viejo zorro y él me dice que a partir de ahora se va a presentar así siempre,  como un viejo zorro. Y bueno, ese ha sido el desafío, mezclar personajes reales y situaciones reales con una trama totalmente inventada. Porque Tinta y Fuego es una historia de ficción, es una aventura en la que quiero que los lectores se embarquen. Quien detecte estos personajes reales va a sentir ese guiño y quien no los detecte, pues no va a pasar absolutamente nada, porque va a leer una trama que creo que está bien contada, con ritmo, que pretende ser adictiva y aventurera. Quiero que la gente se entretenga.

M.G.- Greta es uno de los personajes reales principales. Ella tiene un trabajo interesantísimo. Se dedica a buscar libros perdidos, libros robados,... ¿Cómo es este personaje y a qué se dedica realmente?

B.O.- Greta es una buscadora de libros antiguos, de libros raros y valiosos. Trabaja para coleccionistas, para libreros, para bibliófilos. Pone en contacto a unos con otros. Su hábitat natural son las librerías de viejos, los almacenes polvorientos. En el momento en el que empieza la novela, Greta está en horas bajas. Ha sido acusada de robar un libro muy valioso. De alguna forma, su reputación está en entredicho. Pero va a recibir un encargo muy inusual. Tiene que encontrar una biblioteca robada durante la Segunda Guerra Mundial. Es un encargo que se escapa totalmente de su competencia, pero al que no sabe resistirse por un motivo, porque le hace falta pasta. Así que emprende la búsqueda de esta biblioteca que la va a llevar por media Europa. Irá a Polonia, a Italia, a Berlín y acabará en Cádiz. Es una trama que recorre varias ciudades. Una especie de búsqueda del tesoro que a mí me retrotrae a mi niñez. Me hace ilusión ponerla al frente de esta novela.

M.G.- ¿Va a terminar en Cádiz, entonces?

B.O.- Termina en Cádiz, sí, sí. En Cádiz hay una librería que juega un papel fundamental en la novela, que es la librería Manuel de Falla. Su propietario, Juan Manuel, se jubila dentro de unos meses. A mí me da mucha pena porque esa librería cumplió hace poco treinta y tres años. Es la librería más antigua de Cádiz. Para mí esa librería tiene algo especial porque de chico iba allí y así me convertí en lector. Pero luego Juan Manuel, como mucha gente sabe, tú también lo sabrás, tiene un trabajo soterrado. Él no solamente vende libros. Además, te puede localizar libros que son difíciles de encontrar en el circuito de las librerías, o manuscritos, o cartas náuticas. El tiene ese trabajo y cuenta con una selecta clientela. Es un hombre muy callado, muy comedido, pero hay gente muy importante que recurre a sus servicios de forma habitual. A mí me venía muy bien un personaje así. Por lo tanto, la novela termina en Cádiz con este personaje, con la librería Manuel de Falla y, en cierto modo, se cierra el círculo. Como te digo, Juan Manuel se jubila dentro de unos meses y la librería no volverá a ser la misma. Por un lado, es un alivio para él porque va a poder descansar pero, al mismo tiempo, le da cierta pena. Él dice que si tuviera veinticinco años menos, a la librería le quedarían todavía otros veinticinco años por delante. Pero él lo deja porque no puede más. Y bueno, yo le he querido rendir este homenaje. También lo hice sin pedirle permiso, pero se siente muy halagado.

M.G.- Yo tengo el mundo de los bibliófilos como muy idealizado en mi cabeza. Hay gente que ama los libros, que los atesora, que los busca,... Y en esa imagen no me cabe el mal. Sin embargo, en esta novela sí vamos a ver a gente con pocos escrúpulos y que su pasión por los libros va más allá de la que tenemos tú y yo, por ejemplo.

B.O.- Claro. Es que no es lo mismo los que amamos los libros, como tú y yo, que amamos las lecturas y las buenas historias, como el coleccionismo. El coleccionista se mueve por unas pulsiones que muchas veces no tienen nada que ver con las historias. Se da el caso de coleccionistas que coleccionan miles de libros y no los leen, simplemente los atesoran. Para esta novela, me he puesto en contacto con muchos bibliófilos. He conocido a algunos que coleccionan libros intonsos, que son esos libros que tienen los pliegues sin cortar, que no se pueden separar sus páginas. Los mantienen así. No los leen. Sólo los atesoran. Hay  bibliófilos que nunca hablan de su colección, que no se la enseñan a nadie. O tengo amigos que coleccionan libros y se gastan una millonada en libros muy concretos cuando no tienen ni para el alquiler. Todo eso tiene mucho que ver con las pulsiones y no con el verdadero amor por la palabra escrita. De hecho, me han hablado de bibliófilos que se han adquirido una tirada entera de trescientos ejemplares de un libro, y la han destruido, menos un único ejemplar, para que ese libro sea el único y el más valioso. Eso no es amor a los libros. Eso es amor a uno mismo.

En Tinta y Fuego hay un personaje así. Stratos, que aparece en la primera página, es un coleccionista, en el sentido más amplio de la palabra. Es capaz de cualquier cosa por conseguir un ejemplar concreto. Y ahí empieza la novela.

M.G.- Lo comentabas antes, el poder de los libros. Parecen instrumentos inofensivos, sólo papel y tinta, pero son poderosos. Por eso lo que hicieron los nazis. Arrebatar el conocimiento que dan los libros es una forma de manipular. En realidad, los libros son un arma poderosa.

B.O.- Muy poderosa. Tenemos un caso muy reciente, lo que ocurrió con Fariña. Cuando el libro salió, primero se prohibió su venta y se embargó. Pero luego se ha hecho una serie y no se ha embargado. ¿Por qué? Porque el libro tiene ese poder. La serie la ves y la olvidas. Sin embargo, el libro tiene algo más. Es un ejemplo muy gráfico del poder que tienen los libros, porque siguen transmitiendo conocimiento. Lo que está escrito se queda escrito.

M.G.- Has comentado que en tu biblioteca hay ejemplares a los que tienes especial cariño. ¿Cuál sería tu ejemplar más preciado?

B.O.- Tengo unos cuantos, pero te voy a hablar de uno muy concreto, que es el libro que me convirtió en lector. Bueno, yo ya leía mucho antes de ese libro, pero cuando lo leí, fue cuando me di cuenta de que yo quería contar historias. Es un libro juvenil que se titula Todos los detectives se llaman Flanagan de Andreu Martín y Jaume Ribera. Es de Círculo de Lectores y no es una edición especialmente bonita. La tengo totalmente amarilleada, con el lomo destrozado de las veces que la he leído. Si lo abres un poco más de la cuenta, las páginas se caen. Está en un estado muy lamentable. Pero además, conocí a Andreu Martín en Alicante Noir. Sabía que el autor iba a estar y me llevé el libro para que me lo dedicara. Así que ahora tiene mucho más valor. A él le hizo mucha ilusión ver ese libro tan castigado. Sobre todo, le hizo ilusión verse tan joven en la foto. Se vio con pelo y se vio divinamente. Ahora, ese libro tiene un valor muy especial para mí, pero es un libro que, en cualquier librería de segunda mano, no costaría más de dos o tres euros. Y a lo mejor para ti no significa nada, pero a mí me acompañó en un momento complicado de mi vida y tiene mucho valor. Así que ahora mismo soy incapaz de ponerle precio a ese libro. Si tuviera que quedarme con un solo ejemplar y destruir el resto de mi biblioteca, salvaría ese libro. Creo que todos tenemos un libro así, que nos ha acompañado en un momento de nuestra vida, que nos ha hecho de salvavidas,... Creo que eso es lo bonito de los libros. 

M.G.- Así es. Bueno, Benito, por hacer un poco de resumen de lo que has escrito hasta ahora. Tenemos dos novelas protagonizadas por Bianquetti, otras dos por Mascarell. Si seguimos ese patrón, ¿vamos a volver a ver a Greta buscando más libros?

B.O.- En principio, no. No quiero retomar a Greta. De hecho, estoy trabajando en otra historia que no tiene nada que ver con ella. Creo que Greta debe terminar en esta novela y si aparece en otra será como un cameo totalmente involuntario. Así que, en principio, esta historia empieza y acaba aquí. Ahora estoy en otras historias, en otra trama que me saltó mientras investigaba para esta. Ahora mismo la tengo parada porque estoy con la promoción de Tinta y Fuego. Cuando acabe, la retomaré. Creo que va a ser interesante.

M.G.- Esta, desde luego, es espectacular. Deberían llevarla al cine. No sé si te habrán tanteado... 

B.O.- Hay interés por parte de un par de productoras. Con la película de La manera de la tortuga, de alguna forma, se abrió la esclusa. Tengo la etiqueta de que mis novelas son muy adaptables. Es verdad que esta es muy golosa porque la búsqueda de un tesoro siempre es interesante, con pistas falsas que te llevan de un país a otro, con gente que te siguen los pasos, porque quieren lo mismo que tú y encima cuentan con más medios,... Es goloso y divertido. Veremos si termina convirtiéndose en serie. Creo que puede terminar saliendo. 

M.G.- Yo me alegraría muchísimo. Benito, no tengo más preguntas que hacerte. Me encanta verte. Estoy disfrutando mucho de la lectura. Me parece un pelotazo, te lo digo sinceramente. Felicidades y mucha suerte con lo que venga porque, creo que eres de esos autores que se lo han currado mucho. La suerte está ahí, pero sin currársela no se consigue nada.

B.O.- Llevo seis años dedicándome solamente a escribir. Dejé mi trabajo de policía portuario. Era un trabajo cómodo y escribía en mi tiempo libre. Pero yo necesitaba dedicarme solamente a escribir. Y en ese sentido, he puesto todo de mi parte. Si no tengo suerte, ya veremos qué hago, pero por mí no será. Voy a hacer todo lo posible por seguir escribiendo y seguir contando historias. Si al final tengo que ponerme a poner copas o volver al muelle, pues lo haré. Pero ya me encargaré yo de que no sea así. 

M.G.- Seguro que no tienes que volver a eso. Muchas gracias por atenderme.

B.O.- Muchísimas gracias a ti, de verdad.

Sinopsis: Greta es una reputada buscadora de libros raros y valiosos, aunque su popularidad ha caído en picado debido a la desaparición de una primera edición de Borges que debía tasar. Ahogada por las deudas y la desconfianza de sus allegados, acepta un encargo insólito: encontrar la biblioteca de la familia Fritz-Briones, perdida durante la Segunda Guerra Mundial.

La investigación la conducirá hasta Berlín, donde constatará que los nazis llevaron a cabo el mayor robo de libros de la historia, pero también algo más: alguien está asesinando a bibliófilos, libreros y coleccionistas de todo el mundo para tratar de reconstruir la mítica Biblioteca de la Comunidad Judía de Roma, que fue saqueada y escondida por el Tercer Reich.

Greta no podrá resistirse a este giro en la investigación. ¿Qué amante de los libros ignoraría el rastro de la legendaria colección? Poco importa que su vida pueda estar en peligro; lo que no sabe es que esta aventura la llevará a descubrir una verdad

lunes, 14 de junio de 2021

EL GRAN ROJO de Benito Olmo

Editorial: AdN Alianza de Novelas
Fecha publicación: noviembre, 2020
Precio: 18,00 €
Género: novela negra
Nº Páginas: 344
Encuadernación: Rústica con solapas
ISBN: 9788413622170
[Disponible en eBook;
puedes leer aquí]


Autor

Benito Olmo (Cádiz, 1980) es autor de varias novelas, entre las que destacan "La maniobra de la tortuga", "La tragedia del girasol" y las audioseries "Desajuste de cuentas" y "Wonderland". Sus obras han resultado finalistas del III Premio Santa Cruz, el I Premio Negra y Mortal, el III Premio Cartagena Negra a la mejor novela publicada en 2018 y el Tormo Negro-Masfarné 2019, entre otros. Se han vendido los derechos para la adaptación cinematográfica de "La maniobra de la tortuga", que llegará a los cines en 2022. En la actualidad reside en Frankfurt am Main.

Sinopsis

Un Fargo a la española ambientado en Frankfurt

Mascarell es el tipo al que recurres cuando no te queda otra salida. Acostumbrado a moverse por el barrio rojo, las narcosalas y algunos de los tugurios más apestosos de Frankfurt, su fama de resolutivo le ha proporcionado una sólida reputación como detective de casos perdidos. Sin embargo, un mal día se verá obligado a hacer frente a un encargo más extraño de lo habitual y demasiado bien remunerado para ser legal.

Su camino se cruzará con el de Ayla, una adolescente empeñada en averiguar la verdad tras la muerte de su hermano y en esclarecer los turbios asuntos en los que se vio envuelto antes de morir.

La investigación los llevará a rondar algunos de los lugares menos recomendables de la ciudad y los colocará en el punto de mira del Gran Rojo, la organización que habita a la sombra de los rascacielos y que no tiene piedad con quien se inmiscuye en sus negocios.

[Información tomada directamente del ejemplar]




Si paseas por Cádiz es posible que te topes con un Opel Kadett. Al volante verás a Manuel Bianquetti, un tipo enorme, de dos metros de altura, pero con un corazón de oro. El policía gaditano ha tenido que enfrentarse a individuos desalmados. Lo hizo en dos novelas previas, La maniobra de la tortuga y en La tragedia del girasol, ambas firmadas por Benito Olmo. Pero todos necesitamos un descanso, incluso aunque el mal nunca cese en su empeño. Por eso, Olmo toma un avión y se traslada a vivir a Frankfurt. Un cambio de aires. La ciudad lo deja atónito.  Está llena de contrastes. Es mucho más multicultural que la propia Londres. Le impactan los rascacielos. Pasea por las calles con la cámara a cuestas. Hace una foto aquí y otra allá. Va descubriendo el entorno con los ojos de la curiosidad. Dobla una esquina y ¡zas! Se lo encuentra. Es el barrio rojo, un enclave en que los vicios se acumulan. Nos lo cuenta en la esta entrevista¿Qué es esto? ¿Cómo un lugar así, donde la gente se droga en las narcosalas, donde hay menudeo, a escasos pasos del centro de negocios de la ciudad? Vuela su imaginación. Maquina, pergeña, construye. Nace El Gran Rojo.

La nueva novela de Benito Olmo nos propone un cambio radical de escenario. De la luminosa Cádiz pasamos a la gris y friolera Frankfurt, para conocer a un nuevo investigador privado. Construida sobre dos hilos argumentales, como viene siendo habitual en el género, y que terminarán por confluir, el autor nos presenta a Ayla, una joven de origen turco que se enfrenta en el primer capítulo a la incineración de su hermano Samir. El cuerpo sin vida del joven apareció tirado en una cuneta. Dicen que murió de sobredosis, sin embargo Ayla no lo ve tan claro. Tiene dudas porque su hermano llevaba limpio varios meses. Además, el mejor amigo de Samir está en paradero desconocido. Siempre estaban juntos y a la joven le extraña tanta casualidad. ¿Uno muere y el otro desparece? Mientras que Ayla intenta averiguar la verdad sobre la muerte de Samir, trata de mantenerse a flote por medio del tráfico de drogas. Trabaja para Martin, un camello que controla una parte del mercado. No es una ocupación fácil para una chica. Está rodeada de hombres con pocos escrúpulos, pero ella tiene una boca que alimentar. 

Ayla sabe que algo no va bien. La muerte de su hermano esconde alguna trama oscura. Tiene la certeza absoluta cuando advierte que alguien ha entrado en su casa y han revuelto la habitación de su hermano. Quien quiera que sea tiene mucho interés en localizar algo. Otros personajes contactarán con ella. También están interesados en localizar al amigo desaparecido, gente que sabe lo que realmente le ocurrió a Samir 

Por otro lado, conoceremos a Ramón Mascarell, un detective venido a menos que va sobreviviendo con encargos de medio pelo. No le importa que sus clientes sean gente excéntrica, que lo citan a las tantas de la madrugada para proponerle algún trabajillo. No importa si con eso gana lo suficiente como para mantenerse en esa ciudad a la que ya nada le une, a la que llegó por amor. Esta vez, la cosa consiste en localizar a Gerard, un joven del que solo conoce su aspecto gracias a una fotografía que su cliente le entrega. Nada más. Ni le importa ni le interesa porque andan buscando a ese chico. Empezará a mover hilos, a tocar sus contactos, esos a los que tiene que sobornar para conseguir información. Lo que parece un trabajito más o menos sencillo se va complicando con el paso del tiempo. Atacan a Mascarell. Hay gente a la que no le gusta que el detective meta sus narices donde no debe. El dinero pasa de mano en mano para conseguir lo que uno se propone. Pero a Mascarell le queda un mínimo de dignidad. 

Estas son las dos tramas argumentales. Cada uno por su lado irá tirando del hilo hasta llegar un momento en el que ambas confluyan. Ayla y Mascarell andan tras la misma pista. Se conocerán y tratarán de esclarecer la verdad. Sobre todos ellos planea la sombra de El Gran Rojo. ¿Quién es? ¿Qué es? ¿Hasta dónde llega su poder?

El argumento de El Gran Rojo nos mete en la boca del lobo. De la mano de Benito Olmo vamos a cruzar un umbral, tras el cual encontraremos droga, prostitución de lujo, ejecutivos importantes con vicios sucios, chantajes, dinero, traiciones y suicidios. Para desplegar el estrato más bajo de la ciudad, el autor nos hace un recorrido por los espacios más significativos de Frankfurt. A través de esta novela descubriremos las narcosalas pero también las Schmerzhaus, o las casas del dolor, a la que acude cierto tipo de personas para meterse un buen chute. En la historia que protagonizan Ayla y Mascarell están implicadas más personas de las que inicialmente pensamos, pero el enredo argumental se irá desmadejando poco a poco, con el avance de la lectura, y las piezas irán progresivamente encajando. ¿Todos son lo que dicen ser? Bueno, eso tendrás que comprobarlo por ti mismo. Lo que está claro es que El Gran Rojo nos propone un relato en el que hombres más poderosos moverán los hilos

Centrándonos en los personajes, tanto Ayla como Mascarell me han gustado mucho. Ella es una joven que pelea para hacerse hueco y sobrevivir. Primero en un mundo de hombres, en el que tiene que hacerse respetar. Por eso aprendió a boxear, para poder defenderse con sus propios puños cuando las cosas se pongan feas. Y segundo, es una extranjera en un país europeo del primer mundo. Lleva sobre su piel el estigma de la inmigración y eso, en estos días, sigue siendo una losa. Ayla es una joven humana, con sus preocupaciones y sus sueños. Casi no le da tiempo a asimilar la muerte de su hermano. A su cargo queda un padre con Alzheimer del que ocuparse y que supone un motivo de intranquilidad más. Será muy fácil empatizar con ella, conectar por su posición vulnerable.

También Mascarell es un personaje con un perfil complicado. De padre valenciano y madre gaditana, llegó a Frankfurt de mano de su pareja de entonces, pero la vida no se lo ha puesto fácil. En realidad, los personajes de Benito Olmo suelen ser así, gente que se topa cada día con mil dificultades para seguir adelante, con frustraciones, con sueños rotos. En el caso de Mascarell tuvo que renunciar a ser policía. Algo le ocurrió que hizo saltar por los aires todo aquello que deseaba. Se ha tenido que conformar con ser un detective de poca monta, con pierna ortopédica y una adicción poco natural al omeoprazol. Son estas dos características las que definen bien al personaje. Su pierna le resta movilidad. Su dependencia al protector de estómago solo esconde la frustración que traga cada día. 

Mascarell vive en una ciudad que le resulta poco amable. Frankfurt se ha convertido en una trampa de la que no sabe o no quiere liberarse. Aunque ya no hay nada que lo una a ella, él sigue aferrado a una esperanza que se le diluye entre los dedos. ¿Pero a dónde ir ahora? Después de ese proceso de adaptación por el que tuvo que pasar, y en el que yo he querido ver al propio autor, Mascarell se sentiría igual de perdido en un lugar que en otro. 



 

Otros personajes configuran el horizonte de esta novela. Por el lado de Ayla, la señora Meyer, una vecina a la que le he cogido gran cariño. Es de esas personas que parecen muy dispuestas a echarte una mano, bondadosas y comprometidas aunque en realidad toda su implicación no es más que el reflejo de la profunda soledad en la que vive. A su vez, Hannah es la hermana del amigo desaparecido. Ella vive recluida en un lugar del que no puede salir, pero será un personaje a través del cual Ayla pueda acceder a mucha información. 

Por el lado de Mascarell, nos encontramos con Gabriela Castillo y Hans. Ella es la expareja del detective, una mujer de la que todavía está enamorado. A grandes rasgos sabremos cómo fue evolucionando la relación entre ambos hasta llegar a lo que es hoy. Pero Gabriella vive con Hans, otro médico de su hospital que no cae muy bien a Mascarell. 

A todos ellos se unirán otros personajes mucho más oscuros, los que conforman el hampa y los bajos fondos de Frankfurt. Pero, ahora que vuelvo a mencionar la ciudad, hay que destacar que esta tiene un gran protagonismo en esta novela. El lector se siente como un turista más que, acompañando a los personajes, se van moviendo por la torre del Commerzbank, la plaza de Konstablerwache, la Willy-Brandt-Platz, el barrio Bornheim y, por supuesto, el barrio rojo. Hay muchas curiosidades sobre la ciudad que el autor, o sus personajes, irán compartiendo con nosotros. Si sois curiosos como yo, más de una vez detendréis la lectura para hacer alguna búsqueda en Internet. Me han llamado la atención las figuras de Spiderman que adornan algunos rincones de la urbe.

La acción transcurre a lo largo de cinco días, los cinco bloques en los que se estructura la novela. Con un total de cincuenta capítulos, la mayoría de ellos de corta o muy corta extensión, la voz narrativa fluctúa entre la primera y la tercera persona. Todo lo que atañe a Ayla es narrado a través de un omnisciente que nos permite una visión mucho más global de esa parte de la trama. No obstante, la conexión entre Mascarell y el lector es mucho más directa, gracias a que el detective, que no deja de mantener un constante diálogo consigo mismo, es el encargado de relatarnos en primera persona todo lo que le va sucediendo. Y aunque la historia se desarrolla en un periodo corto de tiempo, no me parece que la narración cuente con un ritmo frenético. No encuentro tampoco un suspense desmesurado. Quiero decir que las incógnitas quedan repartidas a lo largo de todo el relato, que el lector se tiene que enfrentar a las mismas dudas que los personajes, y que estas se irán dilucidando poco a poco. La trama es una gran nube oscura en la que se irán abriendo claros, siguiendo una línea lo suficientemente intensa como para mantener la atención del lector, pero sin que perdamos el aliento.

El Gran Rojo es una muestra más de que Benito Olmo consolida su posición como novelista. Demuestra en esta obra que se puede mover con soltura en otros escenarios, ajenos a su Cádiz natal, y en otro tipo de contexto. Me gusta el juego que el autor nos propone, moldeando una trama negra como vehículo para conocer una ciudad. Estamos ante una historia sólida, bien construida, con personajes con lastre, algo atormentados, a través de los cuales podemos asomarnos al lado más oscuro del ser humano. Si Mascarell seguirá estando activo en próximas historias es algo que desconocemos pero, en cualquier caso, hechuras no le faltan al personaje.

Dicho lo cual, te emplazo a leer El Gran Rojo y cuidado con lo que ven tus ojos, lo que descubras de manera accidental porque, donde crees que puede haber negocio, en realidad te puede estar esperando la muerte. 

[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

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jueves, 29 de abril de 2021

BENITO OLMO: ❝Ha sido muy divertido mirar Frankfurt con ojos de escritor❞

Benito Olmo reside actualmente en Frankfurt (Alemania). A muchísimos kilómetros de su Cádiz natal, de la Playa de la Caleta, y del mundo chirigotero, el autor de La maniobra de la tortuga y La tragedia del girasol, cambió la brisa marina por unas calles en las que, en invierno, la temperatura puede alcanzar los 10º bajo cero. Impresionado por una sociedad y una cultura tan distinta a la que él conocía, utilizó Frankfurt como escenario de su nueva novela, a la que ha titulado El Gran Rojo, y cuya cubierta nos arroja el skyline de la ciudad alemana.

Otro español como él, Ramón Mascarell será el protagonista de esta novela, punto de partida de una nueva saga. Mascarell es un investigador mediocre, al que le han encargado localizar a Gerard, un joven tras cuyos pasos andan tipos poderosos que no se andan con remilgos. Otro personaje más, la joven turca Ayla, trata de esclarecer la muerte de su hermano Samir. 

Marisa G.- Benito, ¿cómo te va por Frankfurt?

Benito O.- Pues me va bastante bien, de categoría. De hecho, este año, incluso con el corona, he tenido un montón de trabajo. Entre esta novela, el audiolibro que saqué con Wonderland, y unos talleres literarios que impartí, no me quejo.

M.G.- Estás a gusto allí, entonces.

B.O.- Sí. En realidad, estoy a gusto siempre en cualquier sitio donde me sienta querido y arropado. En Sevilla he vivido un par de años y estuve muy bien. En Madrid, también. Cádiz es que es mi casa. Y ahora mismo, Frankfurt, también la considero mi casa.

M.G.- Eso está bien. Oye, ¿y por qué esta novela y no otra entrega de Bianquetti?

B.O.- Lo pensé. Me planteé llevar a Bianquetti a Frankfurt, pero terminé muy cansado tras dos novelas con el mismo personaje. Han sido unos años muy pendiente de él, de todos los detalles, de que no se saliera de esos límites marcados y que lo caracterizan. Me apetecía hacer algo diferente y ya que cambié de ciudad, me decidí a crear un personaje nuevo, una saga nueva.

M.G.- Es decir, ¿esta es la primera entrega de una saga?

B.O.- Esa es la intención, escribir una saga con los protagonistas de esta, Ramón Mascarell y Ayla. Son unos personajes con los que estoy muy contento, y creo que merece la pena darles continuidad.

M.G.- El Gran Rojo me ha parecido una novela muy europea, más allá de que se ubique en Frankfurt. Mezclas drogas, negocios sucios, prostitución, traición, asesinato... Vamos, lo mejorcito de cada casa.

B.O.- (Risas) Exactamente. Frankfurt es muy europea. Dicen que es la ciudad menos alemana de Alemania. Más del cincuenta por ciento de la población son inmigrantes o descendientes de inmigrantes. En mi día a día, trato con gente de todas las nacionalidades, el que trabaja en el bar de enfrente de mi casa es turco, en mi clase de alemán hay coreanas, húngaros,... Trato también con polacos. Esa es la realidad de Frankfurt.

M.G.- Estamos ante una novela en el que se mezclan dos mundos: el de la gente con dinero y el de los pobres desgraciados. Eso es algo muy recurrente en tus libros.

B.O.- Es marca de la casa. En mis novelas aparece siempre la impunidad, la que te da el dinero, el poder y los contactos. Sabes tan bien como yo que a la cárcel va el pringao, el que no puede pagarse un abogado, una coartada, o el que no tiene buenos contactos. Los grandes criminales de este país viven como reyes. Con mis novelas no pretendo dar ni lecciones ni moralinas, pero esta es una realidad que yo siempre reflejo porque me jode, como imagino que le jode a todo el mundo.

M.G.- Muy injusto. Háblame de Mascarell. A mí me parece un superviviente, incluso en lo emocional. Es un personaje que arrastra mucha frustración. Él quería ser algo pero sus planes se truncaron. Y sufre de una constante acidez de estómago, fruto de que algo en su interior... 

B.O.- ...no va bien, sí. Mascarell es un perdedor, un tipo al que todo le sale al revés. Tiene una mala suerte, que empieza a ser legendaria. Llega a Frankfurt por amor y permanece en la ciudad por cabezonería. Trata de labrarse una reputación como detective, pero su prestigio cae en picado por el tipo de casos que acepta y la clase de clientes que tiene. Así es Mascarell, un superviviente, un optimista nato, un cínico,... Todo un personaje, como diríamos por aquí.

M.G.- La novela tiene dos narradores. Él cuenta su parte en primera persona. Me gusta la manera en la que has enfocado esa voz porque parece que él cuenta la historia pero como si estuviera hablando consigo mismo, como si el lector no existiera.

B.O.- Sí, y no hace más que repetirse consignas. La escritura de Mascarell fue muy intuitiva y muy callejera. Me fui a vivir a Frankfurt para escribir esta novela. Desde el primer día, escribir en presente me permitía plasmar en papel cualquier escena que acababa de ver, cualquier tipo peculiar con el que me cruzaba. Por todo eso está escrita en primera persona y en presente. Ha sido muy divertido mirar Frankfurt con ojos de escritor, conocer la ciudad a través de una novela. De hecho, no descarto cambiar de ciudad, de aquí a tres o cuatro años, y hacer lo mismo.

M.G.- Una manera interesante de hacer literatura.

B.O.- Sí, sí. No he pensado a qué ciudad me mudaría pero podría ser Manchester, Múnich, Roma,... Allí donde vaya, pretendo escribir un par de novelas o tres.

M.G.- Está guay. Bueno, Ayla es el otro personaje principal. Es una joven inmigrante que intenta esclarecer la muerte de su hermano Samir, amigo de Gerard. Antes has hablado de inmigración, y aquí la tenemos en forma de personajes.

B.O.- Como te digo, eso es Frankfurt. Desde el momento en el que descubrí la multiculturalidad de la ciudad, tuve claro que la trama de la novela debía ser llevada en volandas por los inmigrantes. También hay personajes alemanes, claro, pero la mayoría son inmigrantes porque esa es la realidad de la ciudad.

M.G.- Y de Ayla, ¿qué me cuentas? Es una chica que hace boxeo. Entiendo que lo practica como forma de defenderse de un entorno hostil. De entrada, porque es inmigrante.

B.O.- Ayla lo tiene todo en contra. Primero es adolescente. Está en esa edad tan complicada. Está sola porque su hermano acaba de morir y su padre tiene Alzheimer. Tiene que llevar dinero a casa. ¿Y cómo lo hace? Pues trapicheando con las drogas, con el menudeo. Ese es un mundo eminentemente masculino. Es un ámbito donde ella debe hacerse respetar. ¿Y de qué manera consigue que no se le suban a las barbas sus colegas masculinos? Pues siendo muy fuerte, echando mano de sus puños, sin permitir que nadie le chiste.

En cuanto a Samir, ella se ha impuesto la obligación de averiguar qué le ha ocurrido a su  hermano. Supuestamente, Samir ha muerto por sobredosis. Para la policía, él no es otra cosa que otro turno más muerto por un tema de drogas. Para ella hay algo más, y quiere saber qué es. Así que se pone a investigar. Ayla es otra superviviente más. Es un personaje que me gusta mucho y la tengo muy interiorizada. Me siento más identificada con ella, que empezó siendo uno muy secundario, que con el propio Mascarell.

M.G.- Pues aparte de ellos dos, hay un personaje, alemán además, que me ha gustado mucho. Me refiero a la señora Meyer. Creo que es una mujer que aporta mucho calor a una trama muy árida y muy gélida.

B.O.- La señora Meyer es la vecina de Ayla. Apenas la describo. Solo digo que es una señora mayor que huele a pan recién hecho. Creo que con solo esos dos detalles consigo que el lector empatice con ella. La señora Meyer decide ayudar a Ayla de una forma totalmente desinteresada, aunque luego nos damos cuenta que ella es una mujer que necesita compañía. 

M.G.- ¿Y del Gran Rojo? Ese personaje que da título a la novela...

B.O.- El Gran Rojo es la sombra que vive al abrigo de los rascacielos de Frankfurt. Se cuida de que nada ni nadie interfiera en sus negocios. Actúa con mano de hierro contra quien se atreve a inmiscuirse en sus asuntos. Pero no se sabe si es una persona, una organización,... La incógnita queda ahí. No sé si más adelante desvelaré algo.

M.G.- Frankfurt tiene mucho protagonismo. De la mano de los personajes recorremos todo tipo de barrios. ¿Qué es lo que más te impresionó de la ciudad?

B.O.- Me impresionó muchísimo el contraste tan grande. No sabía que Frankfurt tuviera un barrio rojo, muy sucio, muy maloliente,... Me sorprendió mucho porque llegué a él por puro accidente. Estaba dando una vuelta, viendo los rascacielos, haciendo fotos aquí y allá, y de pronto me vi allí metido. Es que está en medio de los rascacielos. Y en ese mismo barrio, están las narcosalas, esos establecimientos, colocados por el gobierno, para que los toxicómanos tengan un sitio donde inyectarse sus dosis, con unas condiciones mínimas de salubridad, con personal preparado por si se dan casos de sobredosis. Impresiona mucho ver ese barrio sórdido, con su fauna (entiéndeme), y en la calle de al lado los rascacielos, los Maserati por la carretera y los tipos enchaquetados. Es como si hubieran querido concentrar todos los vicios en el mismo sitio. 

M.G.- Las narcosalas me han llamado mucho la atención. Denota esa forma alemana de tratar ciertos  problemas. En España sería impensable algo así.

B.O.- Allí se conciben este tipo de cosas de una forma diferente. En España, un drogadicto es un apestado. Sin embargo, en Alemania, el toxicómano es un enfermo, y se le apoya muchísimo. Ellos tienen un problema gordísimo con las drogas. De todos modos, es una medida muy polémica porque hay mucha gente que no está de acuerdo que, con sus impuestos, se construyan espacios donde la gente se puede drogar. Pero gracias a estos servicios, las muertes por sobredosis se han reducido en un ochenta por ciento. 

M.G.- ¿La Schmerzhaus, la casa del dolor, existe de verdad?

B.O.- Existe una muy parecida a la que se describe en la novela. Hay gente a la que no le interesa dejarse ver por un narcosala, entonces se esconden en otros lugares para inyectarse, como en los narco-pisos que podemos tener en cualquier ciudad. 

M.G.- Ya... En un momento dado, Mascarell habla de las dificultades que tuvo para adaptarse a Frankfurt. ¿Son las mismas dificultades que tuviste tú?

B.O.- Sí, ha sido muy duro. Yo he vivido en muchos sitios y nunca me ha costado adaptarme. Sin embargo, Frankfurt es otra cosa. Aparte del idioma, las costumbres y la gente son muy distintas. Me costó adaptarme mucho más de lo que pensaba.  Escribir El Gran Rojo fue como un mecanismo de defensa. Estaba en Frankfurt, no conocía el idioma, cada vez que iba a una tienda nunca me entendían,... Era muy frustrante. Y toda esa frustración la volqué en Mascarell. Dejé que él sufriera también, para poder transmitir a los lectores cómo fue aquella adaptación.

M.G.- Pero, después de tanto tiempo allí, ya tendrás mucha más soltura, ¿no?

B.O.- ¿Sabes lo que pasa? Que cuando iba mejor, porque iba a una academia y conocí a gente, llegó el coronavirus y todo se fue a la mierda. Tuve que dejar de ir a la academia, al gimnasio, dejé de jugar al baloncesto con amigos,... y mi nivel bajó un poco. Pero bueno, ahí sigo con el idioma. Por lo menos ya me entero cuando me hablan, y me hago entender de aquella manera.

M.G.- La acción transcurre durante cinco largos días, con lo cual, durante una única jornada ocurren un montón de cosas. Lo compactas todo en muy poco tiempo.

B.O.- Mi idea de novela negra es esa. Tienen que pasar muchas cosas en poco tiempo. Cuando un lector quiere respuestas, si le metes paja, al final lo mareas. Por eso, en mis novelas pasan cosas. Tiene las páginas que tiene porque, en cada capítulo, ocurre algo, y cada secundario existe por un motivo. Intento que no sobre nada.

M.G.- Benito, el lunes empieza el rodaje de La maniobra de la tortuga. ¿Hay algo que nos puedas decir?

B.O.- Pues he querido quedar hoy con los actores pero están todos encerrados. Por el tema del Covid, van de casa al ensayo y del ensayo a casa. No quedan con nadie. El proyecto es muy ilusionante.

M.G.- Pero, ¿dónde es el rodaje?

B.O.- En Cádiz y en Sevilla. Las escenas de interior se van a rodar aquí, en Sevilla. El resto, en Cádiz.

M.G.- ¿Y tú has adaptado el guion? ¿Has ayudado en algo?

B.O.- Ayudo en lo que me piden. He asesorado en el guion y me han pedido opinión en muchas cuestiones, pero les he dado carta blanca. Les he dicho que mi novela no puede ser el límite, sino el punto de partida. El resultado final es un guion muy potente, en el que La maniobra de la tortuga es muy reconocible, aunque hay ciertas variaciones. Creo que va a quedar una grandísima película. Además, está detrás Movistar, Contracorriente, Canal Sur, TVE, y ahora ha entrado una productora argentina, con lo cual ya es una producción internacional. 

M.G.- ¿El año que viene la vemos?

B.O.- Sí, en mayo.

M.G.- ¿Y literariamente va a volver Bianquetti?

B.O.- A Bianquetti lo tengo en un cuaderno. La tercera novela está perfectamente planificada pero falta escribirla. Ya veremos porque estoy con Frankfurt en la cabeza y necesito darle rienda suelta. 

M.G.- Oye Benito, desde que empezaste hasta ahora, ¿cómo te ves? ¿Cómo te sientes?

B.O.- Todavía siento que estoy viviendo un sueño. Dejé mi trabajo en la policía portuaria para dedicarme a escribir exclusivamente y aquí sigo. Dicen que no hay más de cien escritores en España que se dediquen a escribir. Me siento un afortunado. No sé hasta cuándo durará pero, por mí, no será. Voy a seguir dándolo todo en cada novela, haciéndolo lo mejor posible. Es la única manera, que los lectores, cuando lean El Gran Rojo, o cualquier otra novela mía, se encuentren un trabajo lo mejor hecho posible, para que me sigan dando la oportunidad de seguir escribiendo.

M.G.- Pues yo siempre he disfrutado de tus novelas, así que ¡ánimo! Siempre pa'lante.

B.O.- Muchas gracias. 

Sinopsis: Un Fargo a la española ambientado en Frankfurt

Mascarell es el tipo al que recurres cuando no te queda otra salida. Acostumbrado a moverse por el barrio rojo, las narcosalas y algunos de los tugurios más apestosos de Frankfurt, su fama de resolutivo le ha proporcionado una sólida reputación como detective de casos perdidos. Sin embargo, un mal día se verá obligado a hacer frente a un encargo más extraño de lo habitual y demasiado bien remunerado para ser legal.

Su camino se cruzará con el de Ayla, una adolescente empeñada en averiguar la verdad tras la muerte de su hermano y en esclarecer los turbios asuntos en los que se vio envuelto antes de morir.

La investigación los llevará a rondar algunos de los lugares menos recomendables de la ciudad y los colocará en el punto de mira del Gran Rojo, la organización que habita a la sombra de los rascacielos y que no tiene piedad con quien se inmiscuye en sus negocios.

martes, 29 de mayo de 2018

GANADOR LA TRAGEDIA DEL GIRASOL de Benito Olmo

Ahora sí que sí, conozcamos quién se lleva el gato al agua. 



Participantes


Carmen CG (8 puntos): 1-8



Pelipequirroja (5 puntos): 9-13


La isla de las mil palabras (7 puntos): 14-20

Isabel (7 puntos): 21 -27

Unmomentoparalalectura (5 puntos): 28 - 32

Judith Rodríguez (8 puntos): 33- 40

Lourdes (7 puntos):  41-47 

Chelo (9 puntos): 48- 56

Tamara López (5 puntos): 57 - 61

Vanesa HicEtNunc (7 puntos): 62 - 68

Entre huellas de papel (8 puntos): 69 - 76

Ful Navalon (6 puntos): 77 - 82

Rocio (7 puntos): 83 - 89

Cristina Mansilla (5 puntos): 90 - 94

Maite Gil (8 puntos): 95 - 102

Raquel González  (8 puntos): 103 - 110

Marisa Ruiz (7 puntos): 111 - 117

Buscando mi equilibrio (5 puntos): 118 - 122

Porlomenix (7 puntos): 123 - 129

Ana Mª García (5 puntos): 130 - 134


LauryMG (5 puntos): 135 - 139

Y el ganador es....



¡¡Entre huellas de papel!!

Muchas felicidades. Te llevas un ejemplar dedicado por el autor. Ponte en contacto conmigo en el correo lecturapolis@gmail.com Tienes 48 horas a partir de la publicación de esta entrada para facilitarme tus datos postales. Pasado ese plazo, en caso de no recibir comunicación por tu parte, volveré a sortear el ejemplar. Yo misma seré la encargada de hacerte llegar tu premio vía correo ordinario por lo que no me responsabilizo de pérdidas o extravíos. Crucemos los dedos.

A los demás muchas gracias por participar y recordad que siguen activos varios sorteos en el blog.


 


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