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lunes, 22 de enero de 2024

CUANDO ESCUCHES ESTA CANCIÓN de Lola Lafon

Editorial: AdN
Fecha publicación: 
Precio: 20,95 €
Género: narrativa
Nº Páginas: 192
Encuadernación: Tapa blanda con solapas
ISBN: 978-84-1148-407-7
[Disponible en eBook;
puedes empezar a leer aquí]

Autora

Novelista y música, procedente de una familia franco-ruso-polaca, Lola Lafon (1974) es autora de seis novelas, todas ellas traducidas a varios idiomas; entre ellas, "Mercy, Mary, Patty", "La pequeña comunista que no sonreía nunca", galardonada con numerosos premios literarios, y "Zozobrar", publicada por AdN y por la que le han otorgado el premio Landerneau, el premio France-Culture Télérama y el Choix Goncourt de la Suisse. "Cuando escuches esta canción" ha recibido el premio Décembre 2022 y el premio Les Inrockuptibles 2022. En el ámbito de la música, tiene en su haber dos álbumes: "Grandir à l'envers de rien" y "Une vie de voleuse".

También disponible de Lola Lafon en AdN: "Zozobrar".

Sinopsis

«El 18 de agosto de 2021 pasé la noche en el Museo Anne Frank, en el Anexo. Anne Frank, a quien la gente conoce aunque no sepa gran cosa de ella. ¿Cómo calificar su célebre diario, que todos los escolares han leído y que ningún adulto recuerda de verdad? ¿Es un testimonio, un testamento, una obra literaria? La de una muchacha que no va a poder más que subir y bajar unas escaleras, menos de cuarenta metros cuadrados por recorrer durante setecientos sesenta días.

Vine a experimentar el espacio, porque el tiempo no se puede. Es imposible concebir cuánto pesan las horas, qué densidad tienen las semanas. ¿Cómo imaginar veinticinco meses de vida de ocho personas escondidas en estas exiguas habitaciones?

[Información tomada de la web de la editorial]

La figura de Anne Frank siempre me ha conmovido. Es ver una fotografía suya, o leer algo sobre su vida, y sentir una emoción intensa y una rabia incontenible. Imagino que serán sentimientos comunes y que muchos, especialmente los que hemos leído su diario, sentiremos lo mismo. No me canso de leer sobre su vida y sobre lo que le ocurrió. Películas, documentales, ensayos y novelas gráficas están llenos de Anne Frank, y aunque te sepas su inicio y su final, no puedo evitar sentir una atracción desmedida. Por eso, cuando conocí la existencia de Cuando escuches esta canción, libro escrito por Lola Lafon y editado por AdN, supe que tenía que leerlo. Estamos ante una novela en la que su autora relata la noche que pasó en lo que fue la última residencia, por llamarlo así, de Anne Frank y su familia. Pero no queda ahí todo. Habrá mucho más.

En Cuando escuches esta canción, Lafon comienza refiriéndose a unas imágenes rodadas por un aficionado en 1941, en las que se puede ver a Anne Frank. Alguien, quizá un familiar, grababa a unos novios saliendo de un edificio. La cámara enfoca a Ana. Son solo unos segundos pero la vemos en movimiento. Me impactó leer ese pasaje. Obviamente, fui en busca de ese vídeo. Aquí lo tenéis. Es la joven asomada a un balcón.




Anne Frank pasó, junto a su familia, setecientos sesenta días escondida en un espacio de 120 metros, en el que cohabitaban ocho personas más: sus padres y su hermana Margot; la familia van Pels, compuesta por el matrimonio y un hijo; y el dentista, amigo de las dos familias, Fritz Pfeffer. Lo que ocurrió en esos días lo sabemos por el diario de la joven. Cómo pasaban las jornadas, quiénes se encargaban de suministrarles alimentos, el miedo a enfermar, o a ser descubiertos,... La autora se hace eco de las palabras de Anne Frank y acude a párrafos del diario más famoso de la historia, probablemente uno de los libros más leídos, más editados, más reeditado, y más vendido. De hecho, en el libro se comenta que se han vendido treinta millones de copias. Guardo con especial cariño mi ejemplar del Diario de Ana Frank, que leí siendo muy jovencita, y cuya lectura me produjo una ternura cálida, que aún hoy se mantiene en mi corazón. Porque tiene razón Lola Lafon cuando menciona en su libro lo siguiente:


«Cuánto se la quiere a esa muchacha judía que ya no existe. La única muchacha judía a quien se quiera tan locamente». [pág. 8]


Pero, ¿qué nos cuenta la autora en Cuando escuches esta canción? Lafon quiso vivir la experiencia de pasar una sola noche en el lugar en el que Anne Frank vivió más de dos años, hasta que la Gestapo invade el lugar el 4 de agosto de 1944. ¿Por qué? Imagino que necesitaba sentir o acercarse a lo que aquellos judíos experimentaron. Porque una cosa es que te lo cuenten, pero otra muy distinta es vivirlo. Imagino que también influye que la autora proceda de familia judía. Su propia madre, que a los cuatro años ya sabía que ser judía era una condena a muerte, también estuvo escondida durante la guerra. A eso se suma que miembros de su familia rusa y polaca (Rusia y Polonia, tierra de persecuciones) también sufrieron el horror de los pogromos y los guetos. 


«El estrago, en mi familia, se transmitió igual que en otras el color de los ojos». [pág. 35]


Por eso, y por otros datos que se recogen al final del libro (los que os animéis a leerlo, recordad el nombre de Ida Goldman), como se apunta en la sinopsis que acompaña al libro, el 18 de agosto de 2021, Lafon pasó la noche en el Museo de Anne Frank, concretamente en el Anexo, o lo que también se conoce como La casa de atrás, no sin cumplir rigurosamente las normas del servicio de seguridad del museo. Como ella misma explica, quería «experimentar el espacio, porque el tiempo no se puede». Así que pasó toda esa noche, moviéndose por el lugar, dejándose impregnar por las vibraciones del recinto.


«Así que voy a pasar toda la noche yendo de una habitación a otra. Iré del cuarto de sus padres al cuarto de baño, del desván al cuartito de estar compartido, contaré los pasos de los que disponía Anne, tan pocos pasos». [pág. 9]


Y si hablo de vibraciones no voy muy descaminada. Lafon opta por ocupar la habitación en la que dormían los padres de Anne, la misma estancia que también compartían con su hija Margot. Y es que la otra, de la joven, «está muy habitada».

A la autora, narrar la experiencia de pasar una noche en el Anexo le sirve también para hablar de sí misma, o de su propia familia. Entristece mucho algunas confesiones de Lafon, por ejemplo, su negativa a asistir a las clases en las que se explicaba la Segunda Guerra Mundial porque no necesitaba ni leer ni ver, ya que esa historia se la sabía perfectamente. O su deseo de formar parte de una familia normal, «que no fuera el tema de ningún libro de historia, que no suscitase ni compasión ni odio».

Todos esos recuerdos le sirven para alejarse un poco de la figura de Anne Frank  porque, como digo, este libro no trata únicamente de la joven judía cuya historia llega hasta nuestros días, sino también de la vida la autora, del recorrido vital de su familia, como en un intento de entender por qué tanta maldad, dolor y muerte. No son pocas las reflexiones que iremos encontrando a lo largo de estas páginas, hasta llegar incluso a lo que significa para ella el acto de leer o de escribir.


«Somos los hijos de las novelas que nos han gustado, se depositan en lo hondo de nuestras dificultades, de nuestras carencias, contienen todo cuanto se nos hurta, que pasa sin que lo hayamos podido entender». [pág. 74]


El porqué de esta novela, cómo se le ocurre la idea, qué permisos tuvo que pedir para pasar la noche en el Anexo, o con quién habló para ahondar en la figura de Anne Frank serán cuestiones que se resolverán en el libro. Pero, me detengo un momento en esas conversaciones que Lafon tuvo con personas estrechamente vinculadas a la joven judía. Impactan mucho las charlas que mantuvo con Laureen Nussbaum, una profesora universitaria ya jubilada que habla de Anne como «su vecinita»Cuando Laureen conoció a la joven autora del diario, la una tenía catorce años, mientras que la otra contaba con once. 


«Laureen Nussbaum es una de las últimas personas vivas que conoció bien a los Frank y es también una pionera: lleva estudiando el Diario como obra literaria desde los noventa». [pág. 13]

 

A través de las palabras de esta profesora nos sentiremos más cerca de la joven Anne. De ella, a la que se refiere como una charlatana que no soportaba no tener razón, nos cuenta datos que nos harán sonreír. Y aunque su carácter la convertía, a veces, en alguien inaguantable, resultará igualmente adorable al mismo tiempo. 

Nussbaum nos ofrece información interesante sobre los Frank, sobre cómo trataron de huir a Estados Unidos pero no les dio tiempo. Se requería demasiado papeleo que fue imposible conseguir antes de que cerraran las fronteras. Luego llegarían las medidas antijudías, como separar a los alumnos de sangre judía en las aulas o suprimir a los judíos del funcionariado. Laureen cuenta a Lafon todo lo que recuerda de aquellos días: la obligación de llevar la estrella amarilla, las redadas, el miedo que sentían por recibir lo que llamaban la «citación», documento que también recibió Margot el 5 de julio de 1942.


«La Gestapo se las enviaba a los judíos jóvenes, entre dieciséis y veinte años. Tenían nueve fías para presentarse ante la policía». [pág. 17]


Pero no solamente sabremos más de Anne Frank. También conseguiremos profundizar en la vida de otros protagonistas de esta historia, como el padre de la joven. Otto Frank fue el único superviviente de la familia. Mimó mucho a sus hijas, pero fue un hombre moderno que pretendía criar a sus niñas para que tuvieran criterio y opinión propia. Laureen recuerda a Otto como un hombre elegante y erudito, cuyo porte la impresionaba. Sin embargo, tras su paso por Auschwitz-Birkenau, volvió verlo en 1945, y aquel hombre con clase y distinción se había transformado en otro totalmente «irreconocible, esquelético y exhausto», que hizo todo lo posible por localizar a su mujer y a sus dos hijas. La mala noticia le llegó en forma de carta. Y qué doloroso es leer el capítulo en el que se narra la muerte de las niñas.


«Anne y Margot, de cuerpos esqueléticos, infestadas de sarna, plagadas de piojos, se mueren de hambre, de frío y de tifus». [pág. 99]


Diario de Anne Frank

Hay un momento en el que, durante la conversación de Lafon con Laureen, el enfado de esta última traspasa las páginas. Ella lleva toda su vida analizando aquellas líneas que dejó por escrito la que fuera hermana de su amiga Margot. Nussbaum comenta que cada edición del diario viene acompañado en su sinopsis por palabras que hablan de nobleza, de paz, de superación de la adversidad,... A esta profesora jubilada, que también vivió el horror de la persecución contra los judíos, le molesta sobremanera que no se hable del régimen nazi, o de las penosas condiciones en las que la joven escribió aquel diario.


«Anne no laboraba por la paz. Le ganaba tiempo a la muerte escribiendo su vida. Que no se le olvide esto -insiste Laureen Nussbaum-: Anne Frank quería que la leyesen, no que la venerasen. [...] Su Diario es la obra de una muchacha víctima de un genocidio perpetrado ante la absoluta indiferencia de todos aquellos que estaban enterados. No use la palabra esperanza, por favor». [pág. 22-23]


Aquel libro dejó de convertirse en un diario y ha pasado a ser una obra literaria. Anne soñó que su relato pasara de sus manos a las manos de la humanidad. Se ilusionó con esa idea cuando, en el verano de 1942, el ministro de los Países Bajos, exiliado en Londres, solicita a través de la radio, que los ciudadanos holandeses no se deshagan de sus cartas, de sus diarios, porque «después de la guerra, esos escritos serán otros tantos testimonios valiosos»

Pero, ¿qué significa escribir un diario para una mujer? ¿Cómo se interpreta? En este punto la autora reflexiona sobre una cuestión que nunca me había planteado... ¿Es posible que el diario escrito por un hombre goce de mayor respeto y prestigio que el escrito por una mujer, percibido como un simple entretenimiento? Hasta el momento, nunca me había hecho esta pregunta. Es cierto que, como dice Lafon, los diarios femeninos parecen recoger el lado más emocional del ser, mientras que los hombres se ciñen a los hechos. Pero Anne Frank llegó mucho más lejos.


«El mundo de Anne Frank se extiende lo más allá posible; sondea sus entrañas, se aventura al filo de los precipicios verticales. Burla el encierro, su yo tropieza con el entorno». [pág. 77]


A su vez, se nos relata cómo el diario llegó a las manos de un editor, y de ahí a la publicación en 1952. También se ofrecen algunos datos sobre la supuesta censura que sufrió en 1947, suceso que desconocía por completo. E incluso, se trató de transformar la historia para que no pareciera tan triste ni tan judía. Y cuando el diario llegó a otras manos, también hubo quién señaló a Otto Frank de embaucador, asegurando que aquellas páginas eran un invento, que Anne no podía haberlas escrito porque «se pasaba de inteligente y de irreverente para ser una chiquilla».

En fin, todo esto que os muestro no es más que una muestra muy pequeña de todo lo que contiene este libro. Quiero incidir en el hecho de que, el libro cobra más valor, no ya porque nos permita acercarnos a la figura de Anne Frank, sino porque también nos abre una puerta a nuevas historias, al alma de otra persona judía que, durante mucho tiempo, deseó no serlo. Es una delicia ahondar en las conversaciones con Laureen Nussbaum, o las que mantiene Lafon con Rosetta, una de las supervivientes de Bergen-Belsen. Son testimonios que, como dije antes, te pueden ayudar a entender pero nunca podrás comprender totalmente.

Estructura y estilo

La novela está escrita originariamente en francés y traducida al castellano. Narrada en primera persona, en la voz de la autora, los capítulos (sin numerar) son muy cortos -un par de páginas-, lo que imprime cierta velocidad en la lectura. La narración se antepone a los diálogos, siempre en estilo indirecto.


Poco más os puedo contar. Cuando escuches esta canción es más un libro para descubrir por uno mismo. A mí me ha conmovido y, desde aquí, os animo que lo descubráis. 

[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

Puedes adquirirlo aquí (tapa blanda) y aquí (eBook)


lunes, 14 de junio de 2021

EL GRAN ROJO de Benito Olmo

Editorial: AdN Alianza de Novelas
Fecha publicación: noviembre, 2020
Precio: 18,00 €
Género: novela negra
Nº Páginas: 344
Encuadernación: Rústica con solapas
ISBN: 9788413622170
[Disponible en eBook;
puedes leer aquí]


Autor

Benito Olmo (Cádiz, 1980) es autor de varias novelas, entre las que destacan "La maniobra de la tortuga", "La tragedia del girasol" y las audioseries "Desajuste de cuentas" y "Wonderland". Sus obras han resultado finalistas del III Premio Santa Cruz, el I Premio Negra y Mortal, el III Premio Cartagena Negra a la mejor novela publicada en 2018 y el Tormo Negro-Masfarné 2019, entre otros. Se han vendido los derechos para la adaptación cinematográfica de "La maniobra de la tortuga", que llegará a los cines en 2022. En la actualidad reside en Frankfurt am Main.

Sinopsis

Un Fargo a la española ambientado en Frankfurt

Mascarell es el tipo al que recurres cuando no te queda otra salida. Acostumbrado a moverse por el barrio rojo, las narcosalas y algunos de los tugurios más apestosos de Frankfurt, su fama de resolutivo le ha proporcionado una sólida reputación como detective de casos perdidos. Sin embargo, un mal día se verá obligado a hacer frente a un encargo más extraño de lo habitual y demasiado bien remunerado para ser legal.

Su camino se cruzará con el de Ayla, una adolescente empeñada en averiguar la verdad tras la muerte de su hermano y en esclarecer los turbios asuntos en los que se vio envuelto antes de morir.

La investigación los llevará a rondar algunos de los lugares menos recomendables de la ciudad y los colocará en el punto de mira del Gran Rojo, la organización que habita a la sombra de los rascacielos y que no tiene piedad con quien se inmiscuye en sus negocios.

[Información tomada directamente del ejemplar]




Si paseas por Cádiz es posible que te topes con un Opel Kadett. Al volante verás a Manuel Bianquetti, un tipo enorme, de dos metros de altura, pero con un corazón de oro. El policía gaditano ha tenido que enfrentarse a individuos desalmados. Lo hizo en dos novelas previas, La maniobra de la tortuga y en La tragedia del girasol, ambas firmadas por Benito Olmo. Pero todos necesitamos un descanso, incluso aunque el mal nunca cese en su empeño. Por eso, Olmo toma un avión y se traslada a vivir a Frankfurt. Un cambio de aires. La ciudad lo deja atónito.  Está llena de contrastes. Es mucho más multicultural que la propia Londres. Le impactan los rascacielos. Pasea por las calles con la cámara a cuestas. Hace una foto aquí y otra allá. Va descubriendo el entorno con los ojos de la curiosidad. Dobla una esquina y ¡zas! Se lo encuentra. Es el barrio rojo, un enclave en que los vicios se acumulan. Nos lo cuenta en la esta entrevista¿Qué es esto? ¿Cómo un lugar así, donde la gente se droga en las narcosalas, donde hay menudeo, a escasos pasos del centro de negocios de la ciudad? Vuela su imaginación. Maquina, pergeña, construye. Nace El Gran Rojo.

La nueva novela de Benito Olmo nos propone un cambio radical de escenario. De la luminosa Cádiz pasamos a la gris y friolera Frankfurt, para conocer a un nuevo investigador privado. Construida sobre dos hilos argumentales, como viene siendo habitual en el género, y que terminarán por confluir, el autor nos presenta a Ayla, una joven de origen turco que se enfrenta en el primer capítulo a la incineración de su hermano Samir. El cuerpo sin vida del joven apareció tirado en una cuneta. Dicen que murió de sobredosis, sin embargo Ayla no lo ve tan claro. Tiene dudas porque su hermano llevaba limpio varios meses. Además, el mejor amigo de Samir está en paradero desconocido. Siempre estaban juntos y a la joven le extraña tanta casualidad. ¿Uno muere y el otro desparece? Mientras que Ayla intenta averiguar la verdad sobre la muerte de Samir, trata de mantenerse a flote por medio del tráfico de drogas. Trabaja para Martin, un camello que controla una parte del mercado. No es una ocupación fácil para una chica. Está rodeada de hombres con pocos escrúpulos, pero ella tiene una boca que alimentar. 

Ayla sabe que algo no va bien. La muerte de su hermano esconde alguna trama oscura. Tiene la certeza absoluta cuando advierte que alguien ha entrado en su casa y han revuelto la habitación de su hermano. Quien quiera que sea tiene mucho interés en localizar algo. Otros personajes contactarán con ella. También están interesados en localizar al amigo desaparecido, gente que sabe lo que realmente le ocurrió a Samir 

Por otro lado, conoceremos a Ramón Mascarell, un detective venido a menos que va sobreviviendo con encargos de medio pelo. No le importa que sus clientes sean gente excéntrica, que lo citan a las tantas de la madrugada para proponerle algún trabajillo. No importa si con eso gana lo suficiente como para mantenerse en esa ciudad a la que ya nada le une, a la que llegó por amor. Esta vez, la cosa consiste en localizar a Gerard, un joven del que solo conoce su aspecto gracias a una fotografía que su cliente le entrega. Nada más. Ni le importa ni le interesa porque andan buscando a ese chico. Empezará a mover hilos, a tocar sus contactos, esos a los que tiene que sobornar para conseguir información. Lo que parece un trabajito más o menos sencillo se va complicando con el paso del tiempo. Atacan a Mascarell. Hay gente a la que no le gusta que el detective meta sus narices donde no debe. El dinero pasa de mano en mano para conseguir lo que uno se propone. Pero a Mascarell le queda un mínimo de dignidad. 

Estas son las dos tramas argumentales. Cada uno por su lado irá tirando del hilo hasta llegar un momento en el que ambas confluyan. Ayla y Mascarell andan tras la misma pista. Se conocerán y tratarán de esclarecer la verdad. Sobre todos ellos planea la sombra de El Gran Rojo. ¿Quién es? ¿Qué es? ¿Hasta dónde llega su poder?

El argumento de El Gran Rojo nos mete en la boca del lobo. De la mano de Benito Olmo vamos a cruzar un umbral, tras el cual encontraremos droga, prostitución de lujo, ejecutivos importantes con vicios sucios, chantajes, dinero, traiciones y suicidios. Para desplegar el estrato más bajo de la ciudad, el autor nos hace un recorrido por los espacios más significativos de Frankfurt. A través de esta novela descubriremos las narcosalas pero también las Schmerzhaus, o las casas del dolor, a la que acude cierto tipo de personas para meterse un buen chute. En la historia que protagonizan Ayla y Mascarell están implicadas más personas de las que inicialmente pensamos, pero el enredo argumental se irá desmadejando poco a poco, con el avance de la lectura, y las piezas irán progresivamente encajando. ¿Todos son lo que dicen ser? Bueno, eso tendrás que comprobarlo por ti mismo. Lo que está claro es que El Gran Rojo nos propone un relato en el que hombres más poderosos moverán los hilos

Centrándonos en los personajes, tanto Ayla como Mascarell me han gustado mucho. Ella es una joven que pelea para hacerse hueco y sobrevivir. Primero en un mundo de hombres, en el que tiene que hacerse respetar. Por eso aprendió a boxear, para poder defenderse con sus propios puños cuando las cosas se pongan feas. Y segundo, es una extranjera en un país europeo del primer mundo. Lleva sobre su piel el estigma de la inmigración y eso, en estos días, sigue siendo una losa. Ayla es una joven humana, con sus preocupaciones y sus sueños. Casi no le da tiempo a asimilar la muerte de su hermano. A su cargo queda un padre con Alzheimer del que ocuparse y que supone un motivo de intranquilidad más. Será muy fácil empatizar con ella, conectar por su posición vulnerable.

También Mascarell es un personaje con un perfil complicado. De padre valenciano y madre gaditana, llegó a Frankfurt de mano de su pareja de entonces, pero la vida no se lo ha puesto fácil. En realidad, los personajes de Benito Olmo suelen ser así, gente que se topa cada día con mil dificultades para seguir adelante, con frustraciones, con sueños rotos. En el caso de Mascarell tuvo que renunciar a ser policía. Algo le ocurrió que hizo saltar por los aires todo aquello que deseaba. Se ha tenido que conformar con ser un detective de poca monta, con pierna ortopédica y una adicción poco natural al omeoprazol. Son estas dos características las que definen bien al personaje. Su pierna le resta movilidad. Su dependencia al protector de estómago solo esconde la frustración que traga cada día. 

Mascarell vive en una ciudad que le resulta poco amable. Frankfurt se ha convertido en una trampa de la que no sabe o no quiere liberarse. Aunque ya no hay nada que lo una a ella, él sigue aferrado a una esperanza que se le diluye entre los dedos. ¿Pero a dónde ir ahora? Después de ese proceso de adaptación por el que tuvo que pasar, y en el que yo he querido ver al propio autor, Mascarell se sentiría igual de perdido en un lugar que en otro. 



 

Otros personajes configuran el horizonte de esta novela. Por el lado de Ayla, la señora Meyer, una vecina a la que le he cogido gran cariño. Es de esas personas que parecen muy dispuestas a echarte una mano, bondadosas y comprometidas aunque en realidad toda su implicación no es más que el reflejo de la profunda soledad en la que vive. A su vez, Hannah es la hermana del amigo desaparecido. Ella vive recluida en un lugar del que no puede salir, pero será un personaje a través del cual Ayla pueda acceder a mucha información. 

Por el lado de Mascarell, nos encontramos con Gabriela Castillo y Hans. Ella es la expareja del detective, una mujer de la que todavía está enamorado. A grandes rasgos sabremos cómo fue evolucionando la relación entre ambos hasta llegar a lo que es hoy. Pero Gabriella vive con Hans, otro médico de su hospital que no cae muy bien a Mascarell. 

A todos ellos se unirán otros personajes mucho más oscuros, los que conforman el hampa y los bajos fondos de Frankfurt. Pero, ahora que vuelvo a mencionar la ciudad, hay que destacar que esta tiene un gran protagonismo en esta novela. El lector se siente como un turista más que, acompañando a los personajes, se van moviendo por la torre del Commerzbank, la plaza de Konstablerwache, la Willy-Brandt-Platz, el barrio Bornheim y, por supuesto, el barrio rojo. Hay muchas curiosidades sobre la ciudad que el autor, o sus personajes, irán compartiendo con nosotros. Si sois curiosos como yo, más de una vez detendréis la lectura para hacer alguna búsqueda en Internet. Me han llamado la atención las figuras de Spiderman que adornan algunos rincones de la urbe.

La acción transcurre a lo largo de cinco días, los cinco bloques en los que se estructura la novela. Con un total de cincuenta capítulos, la mayoría de ellos de corta o muy corta extensión, la voz narrativa fluctúa entre la primera y la tercera persona. Todo lo que atañe a Ayla es narrado a través de un omnisciente que nos permite una visión mucho más global de esa parte de la trama. No obstante, la conexión entre Mascarell y el lector es mucho más directa, gracias a que el detective, que no deja de mantener un constante diálogo consigo mismo, es el encargado de relatarnos en primera persona todo lo que le va sucediendo. Y aunque la historia se desarrolla en un periodo corto de tiempo, no me parece que la narración cuente con un ritmo frenético. No encuentro tampoco un suspense desmesurado. Quiero decir que las incógnitas quedan repartidas a lo largo de todo el relato, que el lector se tiene que enfrentar a las mismas dudas que los personajes, y que estas se irán dilucidando poco a poco. La trama es una gran nube oscura en la que se irán abriendo claros, siguiendo una línea lo suficientemente intensa como para mantener la atención del lector, pero sin que perdamos el aliento.

El Gran Rojo es una muestra más de que Benito Olmo consolida su posición como novelista. Demuestra en esta obra que se puede mover con soltura en otros escenarios, ajenos a su Cádiz natal, y en otro tipo de contexto. Me gusta el juego que el autor nos propone, moldeando una trama negra como vehículo para conocer una ciudad. Estamos ante una historia sólida, bien construida, con personajes con lastre, algo atormentados, a través de los cuales podemos asomarnos al lado más oscuro del ser humano. Si Mascarell seguirá estando activo en próximas historias es algo que desconocemos pero, en cualquier caso, hechuras no le faltan al personaje.

Dicho lo cual, te emplazo a leer El Gran Rojo y cuidado con lo que ven tus ojos, lo que descubras de manera accidental porque, donde crees que puede haber negocio, en realidad te puede estar esperando la muerte. 

[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

Puedes adquirirlo aquí:

jueves, 29 de abril de 2021

BENITO OLMO: ❝Ha sido muy divertido mirar Frankfurt con ojos de escritor❞

Benito Olmo reside actualmente en Frankfurt (Alemania). A muchísimos kilómetros de su Cádiz natal, de la Playa de la Caleta, y del mundo chirigotero, el autor de La maniobra de la tortuga y La tragedia del girasol, cambió la brisa marina por unas calles en las que, en invierno, la temperatura puede alcanzar los 10º bajo cero. Impresionado por una sociedad y una cultura tan distinta a la que él conocía, utilizó Frankfurt como escenario de su nueva novela, a la que ha titulado El Gran Rojo, y cuya cubierta nos arroja el skyline de la ciudad alemana.

Otro español como él, Ramón Mascarell será el protagonista de esta novela, punto de partida de una nueva saga. Mascarell es un investigador mediocre, al que le han encargado localizar a Gerard, un joven tras cuyos pasos andan tipos poderosos que no se andan con remilgos. Otro personaje más, la joven turca Ayla, trata de esclarecer la muerte de su hermano Samir. 

Marisa G.- Benito, ¿cómo te va por Frankfurt?

Benito O.- Pues me va bastante bien, de categoría. De hecho, este año, incluso con el corona, he tenido un montón de trabajo. Entre esta novela, el audiolibro que saqué con Wonderland, y unos talleres literarios que impartí, no me quejo.

M.G.- Estás a gusto allí, entonces.

B.O.- Sí. En realidad, estoy a gusto siempre en cualquier sitio donde me sienta querido y arropado. En Sevilla he vivido un par de años y estuve muy bien. En Madrid, también. Cádiz es que es mi casa. Y ahora mismo, Frankfurt, también la considero mi casa.

M.G.- Eso está bien. Oye, ¿y por qué esta novela y no otra entrega de Bianquetti?

B.O.- Lo pensé. Me planteé llevar a Bianquetti a Frankfurt, pero terminé muy cansado tras dos novelas con el mismo personaje. Han sido unos años muy pendiente de él, de todos los detalles, de que no se saliera de esos límites marcados y que lo caracterizan. Me apetecía hacer algo diferente y ya que cambié de ciudad, me decidí a crear un personaje nuevo, una saga nueva.

M.G.- Es decir, ¿esta es la primera entrega de una saga?

B.O.- Esa es la intención, escribir una saga con los protagonistas de esta, Ramón Mascarell y Ayla. Son unos personajes con los que estoy muy contento, y creo que merece la pena darles continuidad.

M.G.- El Gran Rojo me ha parecido una novela muy europea, más allá de que se ubique en Frankfurt. Mezclas drogas, negocios sucios, prostitución, traición, asesinato... Vamos, lo mejorcito de cada casa.

B.O.- (Risas) Exactamente. Frankfurt es muy europea. Dicen que es la ciudad menos alemana de Alemania. Más del cincuenta por ciento de la población son inmigrantes o descendientes de inmigrantes. En mi día a día, trato con gente de todas las nacionalidades, el que trabaja en el bar de enfrente de mi casa es turco, en mi clase de alemán hay coreanas, húngaros,... Trato también con polacos. Esa es la realidad de Frankfurt.

M.G.- Estamos ante una novela en el que se mezclan dos mundos: el de la gente con dinero y el de los pobres desgraciados. Eso es algo muy recurrente en tus libros.

B.O.- Es marca de la casa. En mis novelas aparece siempre la impunidad, la que te da el dinero, el poder y los contactos. Sabes tan bien como yo que a la cárcel va el pringao, el que no puede pagarse un abogado, una coartada, o el que no tiene buenos contactos. Los grandes criminales de este país viven como reyes. Con mis novelas no pretendo dar ni lecciones ni moralinas, pero esta es una realidad que yo siempre reflejo porque me jode, como imagino que le jode a todo el mundo.

M.G.- Muy injusto. Háblame de Mascarell. A mí me parece un superviviente, incluso en lo emocional. Es un personaje que arrastra mucha frustración. Él quería ser algo pero sus planes se truncaron. Y sufre de una constante acidez de estómago, fruto de que algo en su interior... 

B.O.- ...no va bien, sí. Mascarell es un perdedor, un tipo al que todo le sale al revés. Tiene una mala suerte, que empieza a ser legendaria. Llega a Frankfurt por amor y permanece en la ciudad por cabezonería. Trata de labrarse una reputación como detective, pero su prestigio cae en picado por el tipo de casos que acepta y la clase de clientes que tiene. Así es Mascarell, un superviviente, un optimista nato, un cínico,... Todo un personaje, como diríamos por aquí.

M.G.- La novela tiene dos narradores. Él cuenta su parte en primera persona. Me gusta la manera en la que has enfocado esa voz porque parece que él cuenta la historia pero como si estuviera hablando consigo mismo, como si el lector no existiera.

B.O.- Sí, y no hace más que repetirse consignas. La escritura de Mascarell fue muy intuitiva y muy callejera. Me fui a vivir a Frankfurt para escribir esta novela. Desde el primer día, escribir en presente me permitía plasmar en papel cualquier escena que acababa de ver, cualquier tipo peculiar con el que me cruzaba. Por todo eso está escrita en primera persona y en presente. Ha sido muy divertido mirar Frankfurt con ojos de escritor, conocer la ciudad a través de una novela. De hecho, no descarto cambiar de ciudad, de aquí a tres o cuatro años, y hacer lo mismo.

M.G.- Una manera interesante de hacer literatura.

B.O.- Sí, sí. No he pensado a qué ciudad me mudaría pero podría ser Manchester, Múnich, Roma,... Allí donde vaya, pretendo escribir un par de novelas o tres.

M.G.- Está guay. Bueno, Ayla es el otro personaje principal. Es una joven inmigrante que intenta esclarecer la muerte de su hermano Samir, amigo de Gerard. Antes has hablado de inmigración, y aquí la tenemos en forma de personajes.

B.O.- Como te digo, eso es Frankfurt. Desde el momento en el que descubrí la multiculturalidad de la ciudad, tuve claro que la trama de la novela debía ser llevada en volandas por los inmigrantes. También hay personajes alemanes, claro, pero la mayoría son inmigrantes porque esa es la realidad de la ciudad.

M.G.- Y de Ayla, ¿qué me cuentas? Es una chica que hace boxeo. Entiendo que lo practica como forma de defenderse de un entorno hostil. De entrada, porque es inmigrante.

B.O.- Ayla lo tiene todo en contra. Primero es adolescente. Está en esa edad tan complicada. Está sola porque su hermano acaba de morir y su padre tiene Alzheimer. Tiene que llevar dinero a casa. ¿Y cómo lo hace? Pues trapicheando con las drogas, con el menudeo. Ese es un mundo eminentemente masculino. Es un ámbito donde ella debe hacerse respetar. ¿Y de qué manera consigue que no se le suban a las barbas sus colegas masculinos? Pues siendo muy fuerte, echando mano de sus puños, sin permitir que nadie le chiste.

En cuanto a Samir, ella se ha impuesto la obligación de averiguar qué le ha ocurrido a su  hermano. Supuestamente, Samir ha muerto por sobredosis. Para la policía, él no es otra cosa que otro turno más muerto por un tema de drogas. Para ella hay algo más, y quiere saber qué es. Así que se pone a investigar. Ayla es otra superviviente más. Es un personaje que me gusta mucho y la tengo muy interiorizada. Me siento más identificada con ella, que empezó siendo uno muy secundario, que con el propio Mascarell.

M.G.- Pues aparte de ellos dos, hay un personaje, alemán además, que me ha gustado mucho. Me refiero a la señora Meyer. Creo que es una mujer que aporta mucho calor a una trama muy árida y muy gélida.

B.O.- La señora Meyer es la vecina de Ayla. Apenas la describo. Solo digo que es una señora mayor que huele a pan recién hecho. Creo que con solo esos dos detalles consigo que el lector empatice con ella. La señora Meyer decide ayudar a Ayla de una forma totalmente desinteresada, aunque luego nos damos cuenta que ella es una mujer que necesita compañía. 

M.G.- ¿Y del Gran Rojo? Ese personaje que da título a la novela...

B.O.- El Gran Rojo es la sombra que vive al abrigo de los rascacielos de Frankfurt. Se cuida de que nada ni nadie interfiera en sus negocios. Actúa con mano de hierro contra quien se atreve a inmiscuirse en sus asuntos. Pero no se sabe si es una persona, una organización,... La incógnita queda ahí. No sé si más adelante desvelaré algo.

M.G.- Frankfurt tiene mucho protagonismo. De la mano de los personajes recorremos todo tipo de barrios. ¿Qué es lo que más te impresionó de la ciudad?

B.O.- Me impresionó muchísimo el contraste tan grande. No sabía que Frankfurt tuviera un barrio rojo, muy sucio, muy maloliente,... Me sorprendió mucho porque llegué a él por puro accidente. Estaba dando una vuelta, viendo los rascacielos, haciendo fotos aquí y allá, y de pronto me vi allí metido. Es que está en medio de los rascacielos. Y en ese mismo barrio, están las narcosalas, esos establecimientos, colocados por el gobierno, para que los toxicómanos tengan un sitio donde inyectarse sus dosis, con unas condiciones mínimas de salubridad, con personal preparado por si se dan casos de sobredosis. Impresiona mucho ver ese barrio sórdido, con su fauna (entiéndeme), y en la calle de al lado los rascacielos, los Maserati por la carretera y los tipos enchaquetados. Es como si hubieran querido concentrar todos los vicios en el mismo sitio. 

M.G.- Las narcosalas me han llamado mucho la atención. Denota esa forma alemana de tratar ciertos  problemas. En España sería impensable algo así.

B.O.- Allí se conciben este tipo de cosas de una forma diferente. En España, un drogadicto es un apestado. Sin embargo, en Alemania, el toxicómano es un enfermo, y se le apoya muchísimo. Ellos tienen un problema gordísimo con las drogas. De todos modos, es una medida muy polémica porque hay mucha gente que no está de acuerdo que, con sus impuestos, se construyan espacios donde la gente se puede drogar. Pero gracias a estos servicios, las muertes por sobredosis se han reducido en un ochenta por ciento. 

M.G.- ¿La Schmerzhaus, la casa del dolor, existe de verdad?

B.O.- Existe una muy parecida a la que se describe en la novela. Hay gente a la que no le interesa dejarse ver por un narcosala, entonces se esconden en otros lugares para inyectarse, como en los narco-pisos que podemos tener en cualquier ciudad. 

M.G.- Ya... En un momento dado, Mascarell habla de las dificultades que tuvo para adaptarse a Frankfurt. ¿Son las mismas dificultades que tuviste tú?

B.O.- Sí, ha sido muy duro. Yo he vivido en muchos sitios y nunca me ha costado adaptarme. Sin embargo, Frankfurt es otra cosa. Aparte del idioma, las costumbres y la gente son muy distintas. Me costó adaptarme mucho más de lo que pensaba.  Escribir El Gran Rojo fue como un mecanismo de defensa. Estaba en Frankfurt, no conocía el idioma, cada vez que iba a una tienda nunca me entendían,... Era muy frustrante. Y toda esa frustración la volqué en Mascarell. Dejé que él sufriera también, para poder transmitir a los lectores cómo fue aquella adaptación.

M.G.- Pero, después de tanto tiempo allí, ya tendrás mucha más soltura, ¿no?

B.O.- ¿Sabes lo que pasa? Que cuando iba mejor, porque iba a una academia y conocí a gente, llegó el coronavirus y todo se fue a la mierda. Tuve que dejar de ir a la academia, al gimnasio, dejé de jugar al baloncesto con amigos,... y mi nivel bajó un poco. Pero bueno, ahí sigo con el idioma. Por lo menos ya me entero cuando me hablan, y me hago entender de aquella manera.

M.G.- La acción transcurre durante cinco largos días, con lo cual, durante una única jornada ocurren un montón de cosas. Lo compactas todo en muy poco tiempo.

B.O.- Mi idea de novela negra es esa. Tienen que pasar muchas cosas en poco tiempo. Cuando un lector quiere respuestas, si le metes paja, al final lo mareas. Por eso, en mis novelas pasan cosas. Tiene las páginas que tiene porque, en cada capítulo, ocurre algo, y cada secundario existe por un motivo. Intento que no sobre nada.

M.G.- Benito, el lunes empieza el rodaje de La maniobra de la tortuga. ¿Hay algo que nos puedas decir?

B.O.- Pues he querido quedar hoy con los actores pero están todos encerrados. Por el tema del Covid, van de casa al ensayo y del ensayo a casa. No quedan con nadie. El proyecto es muy ilusionante.

M.G.- Pero, ¿dónde es el rodaje?

B.O.- En Cádiz y en Sevilla. Las escenas de interior se van a rodar aquí, en Sevilla. El resto, en Cádiz.

M.G.- ¿Y tú has adaptado el guion? ¿Has ayudado en algo?

B.O.- Ayudo en lo que me piden. He asesorado en el guion y me han pedido opinión en muchas cuestiones, pero les he dado carta blanca. Les he dicho que mi novela no puede ser el límite, sino el punto de partida. El resultado final es un guion muy potente, en el que La maniobra de la tortuga es muy reconocible, aunque hay ciertas variaciones. Creo que va a quedar una grandísima película. Además, está detrás Movistar, Contracorriente, Canal Sur, TVE, y ahora ha entrado una productora argentina, con lo cual ya es una producción internacional. 

M.G.- ¿El año que viene la vemos?

B.O.- Sí, en mayo.

M.G.- ¿Y literariamente va a volver Bianquetti?

B.O.- A Bianquetti lo tengo en un cuaderno. La tercera novela está perfectamente planificada pero falta escribirla. Ya veremos porque estoy con Frankfurt en la cabeza y necesito darle rienda suelta. 

M.G.- Oye Benito, desde que empezaste hasta ahora, ¿cómo te ves? ¿Cómo te sientes?

B.O.- Todavía siento que estoy viviendo un sueño. Dejé mi trabajo en la policía portuaria para dedicarme a escribir exclusivamente y aquí sigo. Dicen que no hay más de cien escritores en España que se dediquen a escribir. Me siento un afortunado. No sé hasta cuándo durará pero, por mí, no será. Voy a seguir dándolo todo en cada novela, haciéndolo lo mejor posible. Es la única manera, que los lectores, cuando lean El Gran Rojo, o cualquier otra novela mía, se encuentren un trabajo lo mejor hecho posible, para que me sigan dando la oportunidad de seguir escribiendo.

M.G.- Pues yo siempre he disfrutado de tus novelas, así que ¡ánimo! Siempre pa'lante.

B.O.- Muchas gracias. 

Sinopsis: Un Fargo a la española ambientado en Frankfurt

Mascarell es el tipo al que recurres cuando no te queda otra salida. Acostumbrado a moverse por el barrio rojo, las narcosalas y algunos de los tugurios más apestosos de Frankfurt, su fama de resolutivo le ha proporcionado una sólida reputación como detective de casos perdidos. Sin embargo, un mal día se verá obligado a hacer frente a un encargo más extraño de lo habitual y demasiado bien remunerado para ser legal.

Su camino se cruzará con el de Ayla, una adolescente empeñada en averiguar la verdad tras la muerte de su hermano y en esclarecer los turbios asuntos en los que se vio envuelto antes de morir.

La investigación los llevará a rondar algunos de los lugares menos recomendables de la ciudad y los colocará en el punto de mira del Gran Rojo, la organización que habita a la sombra de los rascacielos y que no tiene piedad con quien se inmiscuye en sus negocios.

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