martes, 16 de mayo de 2023

LUIS GARCÍA JAMBRINA: ❝Esta es una historia de amor en tiempos de guerra❞

Muchos son los lectores que conocen a Luis García Jambrina por sus manuscritos. El autor, nacido en Zamora, se dio a conocer como novelista con El manuscrito de piedra (2008), novela en la que ingeniosamente hizo protagonista a Fernando de Rojas. El que fuera autor de La Celestina se convirtió en pesquisidor, una especie de investigador oficial, en las novelas de este autor, viviendo diferentes aventuras que no siempre ocurren en el mismo lugar ni tampoco se desarrollan de forma lineal en el tiempo. A aquel manuscrito de piedra, le siguieron un total de seis más -El manuscrito de nieve, El manuscrito de fuero, El manuscrito de aire, El manuscrito de barro y El manuscrito de niebla-, todas ellas protagonizadas por de Rojas. Sin embargo, Jambrina opta en esta ocasión por dejar descansar al autor de La Celestina y construye una novela que recrea la retirada del ejército británico en tierras españolas durante la Guerra de la Independencia. Y como acostumbra este autor, no solo nos muestra los hechos históricos, sino que se adentra en la intimidad de los personajes para relatar cómo se pudieron vivir aquellos acontecimientos. 

A su paso por Sevilla, pudimos conversar con Luis García Jambrina sobre Así en la guerra como en la paz. 

Marisa G.- Luis, un placer volverte a tener otra vez por Sevilla con una nueva novela. Después de seis novelas protagonizadas por Fernando de Rojas, dejas descansar al personaje. En las páginas finales de este libro cuentas el por qué de esta novela, que no es algo que tú tuvieras en mente.

Luis G.J.- No, me tropecé literalmente con ella. Me tropecé con esta historia preparando El manuscrito de barro, intentando conocer una vía alternativa al camino francés. Contacté con un historiador al que conocí a través de Google. Él me enseñó ese camino alternativo pero también me explicó que, en el siglo XIX, huyeron las tropas británicas que eran seguidas por los franceses. Yo no conocía la historia de esta retirada. Sí había oído hablar de John Moore en Coruña, porque está enterrado allí y lo tienen por un héroe romántico, pero no sabía nada de la retirada de las tropas británicas. Aquello me interesó mucho. Visto allí, además en ese paisaje tan hermoso, pero que puede ser tan cruel y estremecedor con esas montañas. Me interesó la historia. Y a mi regreso, él empezó a enviarme relatos, testimonios de oficiales o de algún soldado que hablaba de la marcha de la muerte, como la llamaron algunos. Quise saber más. Y es cuando me tropiezo con los testimonios que hablan de mujeres que van con el ejército. ¿Mujeres?, me preguntaba yo. Pensé, como a veces sucede, que serían cantineras o prostitutas, que acababan acompañando a las tropas, pero no. En este caso hablamos de esposas de soldados que, en una determinada proporción, eran admitidas para que acompañaran a las tropas en campaña. Ahí empecé a documentarme por ahí. Quise saber algo más, quiénes eran estas mujeres, por qué lo hacían, cómo era el día a día en el campamento y en las campañas militares, y así la novela empezó a tomar forma. No se trataba solo de contar la retirada de John Moore, que ya se ha contado, aunque no en España y no en ficción, sino más bien en libros de carácter histórico o divulgativo en el mundo británico. En España, solo hay un cómic en gallego. Además, yo quería que la historia la contaran las mujeres.

M.G.- Te quería preguntar precisamente por eso, la elección de una voz femenina en un entorno bélico. Te interesaba mostrar la guerra a través de los ojos de una mujer.

L.G.J.- Sí, era exactamente eso. Lo estamos viendo ahora con la guerra de Ucrania, una guerra son muchas cosas y no solamente los bombardeos de los objetivos militares, sino que la guerra es también el bombardeo sobre ciudades u hospitales, es la llegada del invierno, que intensifica más las cosas, la pérdida de electricidad. La guerra son tiempos de espera donde parece que no sucede nada, pero todo se va degradando, deteriorando. Yo quería una mirada distinta y estaba justificado porque es que aquí no tenía que trasladar mujeres, como se hacen en muchas novelas, series de televisión y películas, que parece que cuentan las mismas historias que antes contaban con hombres, pero ahora con mujeres. No, es que aquí había mujeres, que fueron olvidadas. Ni siquiera se hizo un recuento. Se sabe más o menos cuántas fueron pero no cuántas volvieron. Sin embargo, de los soldados sabemos que murieron exactamente 7000 y pocos. 

En una guerra convencional, tenemos la vanguardia y la retaguardia. En el momento de la batalla, ellas se quedan en la retaguardia o en el campamento, pero en una retirada da igual, porque enseguida las que van a la vanguardia empiezan a rezagarse y los enemigos pueden aparecer por delante, por detrás, por los laterales. Me interesaba todo eso, cómo ellas padecieron y sufrieron esas penalidades que fueron igual o mayores que las de los soldados. Además, algunas iban con niños recién nacidos o que nacían durante los meses de campaña.

M.G.- Porque la vida seguía. Ellas iban con sus maridos y mantenían relaciones.

L.G.J.- Claro. Algunos eran matrimonios jóvenes que acababan de casarse. Para la protagonista y su pareja, la guerra fue como su luna de miel, su viaje de novios. La vida sigue, y el amor sigue, porque hacen más soportable la muerte, la destrucción y la barbarie. Y siguen naciendo hijos. De hecho, hay un momento en la novela en la que se describe con cierto detenimiento un parto en esas circunstancias tan dramáticas.

M.G.- Sobre la mujer hablaremos ahora extensamente. Luis, cada vez que leemos una novela tuya, que son novelas históricas, vemos que tú prefieres centrarte en las vivencias personales más que en los hechos históricos.

L.G.J.- Me gusta que lo digas porque es así. Para mí lo más importante son los personajes y sus vivencias. Su punto de vista, sus emociones, sus experiencias. Y luego eso sucede en un marco histórico. Ojo, no es que la Historia sea un telón de fondo. La Historia está muy presente, pero lo importante son los personajes. Y en este caso yo diría incluso que todavía más. Lo que importa aquí no son tanto esos hechos como la mirada desde la que se narran esos hechos. Eso era lo que había que construir aquí, una voz narrativa que fuera creíble, convincente como mujer y que fuera capaz de dar cuenta de hechos que son muy complejos. Ninguna guerra es simple, ni siquiera la de Ucrania en la que sí parece que los malos son los rusos y los buenos los ucranianos. Toda guerra tiene sus cosas y dentro de los rusos también hay seres humanos. Y en aquella época, todo era todavía más confuso, más incierto y menos claro. ¿Dónde están los buenos y dónde los malos? Los que eran aliados ayer, ahora son enemigos. Y los que eran enemigos tradicionales, ahora son los que vienen a salvar a los españoles. Quería mostrar todo eso, toda esa confusión, todo ese caos que supone también un movimiento de tropas a lo largo de un país en pleno invierno. Y mostrarlo no desde la perspectiva de un soldado, de un militar, de un político, de un cronista o de un periodista, sino desde la óptica de una mujer que ha ido a parar ahí. Ella tiene una especial sensibilidad, una cierta conciencia crítica. Es una persona extraordinaria en el sentido de que, a pesar de su origen, sabe leer y escribir. En principio, eso la hace diferente, para bien o para mal. Durante un tiempo oculta que sabe leer y escribir para que su marido no se sienta inferior. Bueno, pues para mostrar toda esa complejidad era importante contarlo de esta manera.

M.G.- Y por eso de leer y escribir, ella ejercerá en la novela como una especie de secretaria del General John Moore, al frente del ejército británico.

L.G.J.- Sí, eso me facilitaba ese acercamiento. Hay un momento en que el General Moore no se puede fiar de nadie porque le llegan informaciones muy contradictorias. Los oficiales están un poco recelosos y críticos con él. Necesita alguien que redacte algunas de esas numerosísimas cartas que tenía que mandar todos los días. Y ese acercamiento es importante para que ella nos muestre de primera mano cómo era ese personaje en la intimidad, o todas esas contradicciones que tenía y por las que está pasando en ese momento. Por un lado, lo obligan a combatir a los franceses. Por otro, él sabe que lo mejor sería hacer una retirada a tiempo, no ya cuando es demasiado tarde. 

Y luego también me interesaba que acabará conociendo al otro, al otro comandante en jefe, que es el mariscal Soult.

M.G.- Al que tenemos mucho cariño aquí en Sevilla. Le gustaban mucho nuestros Murillos.

L.G.J.- Sí, era bastante culto. Tenía muy buen gusto. Es un personaje también muy, muy controvertido. Puede ser un buenísimo militar, pero también era capaz de excederse en muchos momentos.


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M.G.- Bueno, no hemos mencionado que la protagonista se llama Catherine Gallagher, una irlandesa, esposa de un soldado. Está inspirada en un personaje real, en Catherine Exley, si no me equivoco. Esta señora, que escribió unos diarios, no participó en esta retirada propiamente, aunque a ti te habrá ayudado a construir el personaje.

L.G.J.- Sí. Catherine Gallagher está construida un poco a partir de todas esas mujeres de las que tenemos testimonios a través de diarios, cartas, memorias de oficiales y soldados británicos. Pero claro, yo necesitaba algún precedente y busqué hasta que apareció este diario, que está felizmente está publicado. ¿Y qué me brindó el diario de Catherine Exley? Pues, por un lado, detalles de cómo era el día a día de estas mujeres. Y no solo de cómo era, sino cómo ellas lo vivían. Hay un detalle que me llamó mucho la atención y que yo lo incorporo a Gallagher y a la novela, y es cómo contaba Catherine Exley lo duro y tortuoso que era caminar días y días con el mismo vestido, siempre mojado, porque no paraba de llover o de nevar. Nunca tenían tiempo para ponerlo al fuego. De hecho, a veces no podían encender el fuego y no dormían bajo techo. Entonces, empiezas a pensar y entiendes que un vestido mojado pesa como cuatro veces más que un vestido seco, según creo. Eso es lo que decían las lavanderas. Segundo, aumenta la sensación de frío. Y tercero, llevar ropa durante muchos días, no solo está mojada sino que está llena de lodo y barro que se va infiltrando, va produciendo rozaduras en la piel y casi todo el cuerpo es una llaga. Son rozaduras, no es una herida profunda. Pero si tienes que caminar horas y horas y horas con esas rozaduras continuadas, puede ser una cosa tremendamente dura y difícil. Bueno, pues ese detalle que nos brinda una mujer que no estuvo en esa retirada, pero estuvo en otra, en la de Badajoz y en otras campañas de la misma guerra en la península, me fueron útiles y además un poco avalaban esa idea mía de querer contarlo desde los ojos de una mujer, como si fuera un relato, un diario, unas memorias de esta mujer. O sea, hay un precedente. Una mujer lo hizo, ¿por qué no pudo haberlo hecho otra? Y eso es lo que ya me decide a escribir la novela.

M.G.- Lo que cuentas sobre las mujeres, la verdad es que sobrecoge. Había muchos prejuicios alrededor de estas mujeres porque las consideraban prostitutas. De hecho, ellas llegan a España y, en primer lugar, las acogen las monjas y son las propias monjas las que piensan que son mujeres de mala vida, por decirlo de alguna manera.

L.G.J.- Sí, había muchos prejuicios sobre esas mujeres porque no sabían que eran esposas de soldados, no se lo imaginaban. Si había mujeres con hombres, con soldados, llevando una vida libre, forzosamente tenían que ser prostitutas. Y ese prejuicio se unía al prejuicio de la religión, porque algunas eran anglicanas o protestantes. Gallagher, al ser irlandesa, era católica. Pero bueno, se produce ese choque cultural que se da en ese convento de Salamanca, donde fueron alojadas. Bueno, esto es también lo interesante de esta novela. Es una novela, digamos, de ámbito internacional. esto es también lo interesante de esta novela, que es una novela de ámbito, vamos a decir, internacional. Aquí coinciden ingleses, irlandeses, escoceses, cada uno con sus características. Y luego los franceses que, aunque no estén absolutamente presentes, están siempre flotando en el ambiente. Hay un choque cultural tremendo. Ingleses que además habían sido enemigos hasta hace dos días de los españoles, de forma tradicional. Bueno, todo eso hace que afloren todos estos conflictos, todos estos prejuicios, incluso en un convento de clausura. Pero bueno, afortunadamente estaba Sor María, eses otro personaje que servirá de intermediaria entre los dos mundos.

M.G.- Y estas mujeres no lo tenían nada fácil. Cuando una piensa en mujeres acompañando a sus maridos, a oficiales, por ejemplo. Te puedes imaginar que tenían una vida un poco cómoda, entre comillas, pero no fue así. Además todos los recursos de los que se disponían en el ejército estaban destinados a los soldados. Las mujeres, si se ponían enfermas o si tenían algún problema, quedaban desamparadas.

L.G.J.- Sí, sí. Se favorecían que acompañaran a sus maridos porque, lo que sostenía a los oficiales era la presencia de estas esposas. Se pensaba que con ello los soldados eran más dóciles y menos disciplinados. Pero, por otro lado, eran como si no existieran. No podían ir en los carruajes porque eran para la comida, el armamento y para los soldados heridos, así que ellas tenían que ir andando como los soldados de infantería. Solo se les daba media ración de lo que se le daba a un soldado. Y encima ellas, en algunos casos, tenían que atender a sus niños pequeños o recién nacidos. Las llamaban las seguidoras del campamento y las consideraban como una parte del equipaje. Peor que el equipaje, porque el equipaje iba en carruaje y ellas no. Pero así era y testimonios hay muchos en este sentido.

M.G.- Y si se quedaban viudas, se volvían a casar inmediatamente.

L.G.J.- También, también. Lo cual era natural, porque si ellas estaban allí es porque sus maridos estaban en las tropas. Una vez que el marido muere ya no tiene sentido que estén ahí, claro. O se casaban en uno o dos días, o se veían fuera del campamento, fuera de las tropas. Y en este caso en territorio extraño y perseguidos por los franceses. Así que, lo habitual era que se casaran de manera inmediata. Incluso el propio marido, de alguna manera tenía dispuesto con quién debía casarse su mujer al quedar viuda, con quien fuera persona de más confianza. Y esto está documentado en muchas partes, hasta el punto de que en una misma campaña una mujer podía casarse tres y cuatro veces. Hay algún personaje literario como Madre Coraje, que cuenta que se había casado siete veces. Es un poco una exageración, pero documenta que efectivamente esto era así.

M.G.- Y había un sorteo. No todas las mujeres podían ir acompañando a sus maridos sino que se elegía a seis mujeres por cada cien soldados.  ¿Cómo era la dinámica de este sorteo?

L.G.J.- Bueno, según el reglamento, el porcentaje de mujeres era de seis por cada cien soldados. Pero claro, había más solicitantes. La mayoría de las mujeres querían acompañar a sus maridos. Primero, porque eran jóvenes y estaban recién casadas. Segundo, porque en su país, ya fuera Irlanda o Escocia, no les esperaba más que la miseria y el hambre. Para seleccionarlas hacían un sorteo. De esto no hablan los testimonios militares de la retirada pero lo encontré a base de buscar documentación sobre la presencia de estas mujeres en el ejército británico. Las agraciadas en el sorteo, vamos a decirlo así, podían acompañar a sus maridos y las no agraciadas pues se quedaban. Además se habla de reacciones a veces muy violentas o dramáticas por no haber sido seleccionadas y quedarse en tierra, mientras que su marido tenía que ir a la península ibérica.

M.G.- Y no te olvidas tampoco de las mujeres españolas, porque es verdad que esta historia habla de personajes femeninos irlandeses, pero están en España y también haces referencias a ciertas mujeres en España. 

L.G.J.- Sí. La Guerra de la Independencia, a comienzos del siglo XIX, es importante porque, de una manera u otra, vemos una cierta incorporación de mujeres a la guerra. Además, en algunos casos, están anticipando cosas que luego serán cada vez más habituales.

En el caso de España, tenemos a esas heroínas, de esas primeras revueltas contra los franceses. Se habla de mujeres que tuvieron un papel destacado y que acabaron simbolizando esa incorporación de las mujeres a los conflictos. Unas, como heroínas militares, espías o seductoras de oficiales a los que luego mataban. Otras, pues en su papel de preparar vendajes, asistir a enfermos o portando armas en una batalla. El caso es que, en ese momento, vas viendo diferentes formas de incorporación de las mujeres a la guerra. Y de esto también se habla en la novela.

Distinto es el caso del ejército francés. En ese momento, sí admitía la presencia de algunas mujeres, pero que iban con una función muy determinada y que formaban un poco parte del ejército. Por eso tenían que someterse también a su mismo reglamento y a sus mismas leyes. Y en este caso se habla de cantineras, lavanderas y obviamente prostitutas. Pero lo que más había eran cantineras. Hay mucha iconografía de estas mujeres que iban con el barril, que se habla también en la novela, el barril con los colores de la bandera francesa, y que iban a veces a los campos de batalla para dar agua o alguna otra bebida a los soldados. Me llamó mucho la atención todo esto, estas diferentes formas de incorporación de mujeres a un contexto en el que no eran presencia habitual.

M.G.- No hemos mencionado el título, Así en la guerra como en la paz. Un título con el que planteas un juego.

L.G.J.- A ver, el título intenta significar muchas cosas. A lo largo de la novela, la propia narradora irá dándole sentido a ese título. En primer lugar, me gustaba jugar con esa fórmula del matrimonio, del casamiento, en la riqueza, en la pobreza, en la salud y en la enfermedad, en la guerra y en la paz. Y así es literalmente. O sea, en la guerra y en la paz acompañaban a sus maridos. Y luego, por otro lado, para mucha gente, en este caso para muchas mujeres, la guerra no era algo completamente nuevo, sino que era parte de su vida diaria, habitual, una manera de vivir en guerra. Para las mujeres campesinas o de clase obrera, que además muchas se quedaron sin trabajo en ese momento porque empieza un poco lo que sería la primera revolución industrial, la vida es una guerra, una guerra por la supervivencia. Es una guerra por sobrevivir un día y otro día, encontrar alimento, encontrar techo, etcétera. De modo que, cuando llega una guerra, lo único que hace, como dice la protagonista, es agravar las circunstancias. Y eso no era algo absolutamente nuevo. La protagonista ha vivido en guerra constante, ha tenido que buscarse la vida, ha tenido que salir adelante, ha tenido que protegerse de muchas cosas, ha sufrido vejaciones, etcétera. Esa es la idea también.

Y luego, la idea de que en la paz siempre hay guerra y en la guerra también hay momentos de paz cuando, como decíamos, la vida se abre paso y se encuentran momentos para el amor, para la solidaridad, etcétera. Como se dice, los grandes conflictos sacan de nosotros lo mejor y lo peor y eso es lo que pasa con el ejército británico y con Catherine.

M.G.- El amor está muy presente en la novelas. Estamos hablando mucho de guerra pero esta es también una historia de amor.

L.G.J.- Es una historia de amor en tiempos de guerra. Así defino yo la novela. Lo que se opone a la guerra no es la paz, sino el amor. El amor es el motor que lleva a la protagonista a acompañar a su marido y también el que la salva de esas circunstancias, el que la lleva a sobrevivir. Y no solo a sobrevivir ella sino que a ayudar a otras mujeres con las que se va a encontrar por el camino. Hay solidaridad, lo que hoy llamaríamos hoy sororidad, entre ellas. Se dan cuenta de que o se unen o se van quedando todas por el camino. Esto se ve muy claro en la relación que Catherine tendrá con Bridget. Que, por cierto, es el único nombre y apellido que aparece en esos testimonios de los que hablaba antes. Se dice que era la mujer de un soldado muy popular en su compañía. Bueno, estas dos mujeres son muy diferentes pero ambas tienen mucha fortaleza y son muy animosas. Es lo que las ayuda a salir adelante.

M.G.-  Los escenarios son diversos. En la novela incluyes un mapa en el que podemos ver el recorrido de la retirada de las tropas británicas. Pero también nos cuentas cómo llegan a España.  Y luego hay otra cosa por la que siento curiosidad. ¿Qué es la piedra de la elocuencia?

L.G.J.- Bueno, ya has visto que en mis novelas el espacio es algo muy importante. Los lugares tienen que ser protagonistas y no meros escenarios. Además, esta novela nació del contacto físico con el espacio.

La novela arranca con la llegada de las tropas a Salamanca. Allí tienen que esperar un mes para que se reagrupe todo el ejército. John Moore tendrá que evaluar si merece la pena o no combatir a los franceses. En esa espera, aprovecho para que Catherine reconstruya todo su viaje, lo que ha sido su vida hasta llegar allí. Así que hablo de su procedencia, de Irlanda, de esa localidad tan peculiar con ese castillo y esa piedra de la elocuencia. Catherine tiene esa capacidad para explicarse bien, y para hablar en nombre de los demás. Me gustaba asociarlo a un lugar real y físico que existe. 

Si no muestras bien el paisaje no tiene sentido contar la retirada. Lo difícil de este caso era el clima, las dificultades del camino o las montañas. Unos lugares que pueden ser extraordinariamente bellos se convierten en algo extraordinariamente trágicos. La naturaleza desatada es un tema muy romántico.

M.G.- Para terminar, Luis, imagino que Fernando de Rojas volverá a aparecer en algún momento.

L.G.J.- Si, sí. No lo he matado (ríe). Solo lo he aparcado un tiempo. Creo que le va a venir bien a él, que le va a venir bien a mí, y también a los lectores.

M.G.- De acuerdo, esperaremos que vuelva a Fernando de Rojas y, mientras tanto, disfruta de Sevilla.

L.G.J.- Muchas gracias por tu complicidad.

Sinopsis: Un alegato en favor de la vida y el amor en un tiempo de ira y de destrucción.

Invierno de 1808-1809. El ejército británico al mando de sir John Moore es enviado a ayudar a la causa española durante la Guerra de la Independencia, pero al poco tiempo se verá obligado a replegarse a la ciudad de A Coruña perseguido por las fuerzas de Napoleón.

La irlandesa Catherine Gallagher, esposa de un soldado de infantería, nos cuenta desde dentro cómo fue el día a día de esa trágica retirada por tierras de Zamora, León y Galicia en un invierno especialmente duro e inclemente.

Basada en unos hechos históricos que conmovieron a la opinión pública de la época, esta novela da voz a las grandes olvidadas de entonces, aquellas mujeres que acompañaban, a veces con sus hijos, a las tropas británicas en campaña.

Una historia conmovedora llena de emoción, tenacidad y heroísmo, protagonizada por una mujer singular envuelta en unas circunstancias extraordinarias.

 

 

jueves, 4 de mayo de 2023

LUIS ZUECO: ❝En España no ha habido ninguna mujer con tanto poder como tuvo Isabel la Católica❞

La penúltima vez que hablé con Luis Zueco fue vía telefónica, en plena pandemia. Por suerte, con El tablero de la reina, su última novela, hemos podido hacerlo de manera presencial. Fue hace unas semanas cuando el autor de Borja (Zaragoza) visitó Sevilla para promocionar una novela que aúna historia, narrando el ascenso de la reina Isabel, la Católica, y el juego del ajedrez, del que nos cuenta un sinfín de curiosidades. 

Ahí va nuestra charla.

Marisa G.- Bienvenido a Sevilla, Luis. 
Luis Z.- Muchas gracias, Marisa.

M.G.- Antes de empezar a hablar del libro, me he enterado que has confirmado tu asistencia al Certamen Internacional de Novela Histórica de Úbeda, que se celebra en octubre.

L.Z.- Sí, correcto.

M.G.- Pues quizás no volvamos a ver otra vez, porque yo me estreno este año con ellos, allí.

L.Z.- Genial, está muy bien.

M.G.- Tengo mucha ilusión, porque no he estado nunca y sé que organizan actividades brutales.

L.Z.- Sí. Estuve allí con mi segunda novela y no sé si esta es la cuarta o la quinta vez que voy. Además, estoy de jurado también en el premio. Todavía no me han mandado las novelas pero seguro que lo hacen pronto. Me las tengo que leer para poder fallar luego. Pues qué bien, que nos vayamos a ver en Úbeda.

M.G.- Sí, en principio, voy. Estaré el fin de semana, así que lo mismo coincidimos otra vez allí. Me hace mucha ilusión.

Bueno Luis, hablemos de esta nueva novela, El tablero de la reina. Me gustaría preguntarte si como autor, y aunque tus novelas también tienen parte de intriga y suspense, no concibes la literatura más allá de la novela histórica. O por preguntar de otro modo, ¿lees, por ejemplo, novela policíaca o te centras únicamente en el género histórico?

L.Z.- Leo de todo. Por ejemplo, leo mucha poesía y ensayo. Si leo muchas novelas históricas es porque tengo muchas presentaciones, porque tengo muchos amigos que escriben novela histórica. Estoy rodeado de novela histórica pero sí leo novela negra. La verdad es que leo un poco de todo.

M.G.- Cuentas en el dossier de prensa que en El tablero de la reina narras el ascenso de Isabel la Católica porque, sobre lo que fue su reinado en sí, se ha escrito mucho. Pero sé que la novela cuenta con dos tramas que terminan por converger. ¿Qué va a encontrar realmente el lector en estas páginas?

L.Z.- La novela tiene muchos temas. Me gusta que sea como una especie de puzle en el que voy añadiendo diferentes temas que me apasionan y que luego el ajedrez unirá. El ajedrez es como el hilo que los va cosiendo y que va haciendo de hilo conductor de toda novela. A través del ajedrez, como hilo conductor, vas a ver el ascenso al poder de Isabel la Católica. Vas a ver también cómo estamos en una época de cambio en el siglo XV y estamos pasando de la Edad Media a la Edad Moderna. Es un cambio muy brusco y muy complejo, muy extenso y muy bonito. También es una época donde los libros son muy importantes, pero son muy escasos, porque la imprenta todavía no ha explotado, y faltan libros. Habrá un personaje que estará muy centrado en el mundo de los libros. Y luego, también tenemos el mundo de la Historia, de las crónicas. Se está moviendo todo porque se están sentando las bases de lo que luego será el esplendor del siglo XVI en España. 

M.G.- ¿Qué diferencia a Isabel la Católica del resto de las reinas europeas?

L.Z.- Bueno, es que es la primera reina. De eso no nos damos mucha cuenta en España. En Aragón, las mujeres no podían reinar. Eran reinas consortes y, aunque está mal decirlo, eran hasta sustituibles. En cuanto un rey quedaba viudo, corriendo contraía otra vez matrimonio. Y si una reina no le daba hijos, pues la cambiaba por otra. Suena fatal, pero es así. Y está bien recordarlo para saber cómo eran las cosas. Y en Castilla, aunque podían reinar, la verdad es que no reinaban. El caso de Isabel es el que abre el camino. Es la primera gran reina europea, la primera que no es consorte, que no es regenta, sino que es ella la reina. Fernando no es rey hasta que ella no muere. Esto es totalmente revolucionario para la época. Tanto es así que, en España, después de Isabel y de haber pasado 500 años, no ha habido ninguna mujer que haya tenido tanto poder como tuvo Isabel, que también es triste. Hasta que no haya una presidenta del gobierno, quien sea, no va a haber una mujer que haya tenido tanto poder como tuvo Isabel en esa época.

Isabel es un personaje muy revolucionario. Como conocemos bastante bien el reinado de los Reyes Católicos, lo bonito era narrar su juventud y cómo se corona como reina. La novela explica ese proceso desde que es una cría, una niña, hasta que se corona reina. 

M.G.- Y no lo tuvo fácil porque no estuvo en primera línea sucesoria.

L.Z.- No, no. Era la tercera en la línea sucesoria. Estaba el rey, estaba su hermano, estaba su sobrina y luego estaba ella. Estaba muy lejos de la corona, muy lejos, muy lejos. Y por el medio, toda la alta nobleza. Es muy complicado entender que ella consiguiera ser reina. Y entonces, claro, la novela también quiere hacer ese guiño y explicarlo.

M.G.- ¿Y de qué manera introduces el juego del ajedrez en la trama?

L.Z.- Eso es lo que creo que más ha sorprendido y está sorprendiendo. 

A mí me gusta el ajedrez, pero no tanto el juego en sí como su historia, su simbología y su cultura. Es como, por ejemplo, el mundo de los toros. Una cosa es el toreo y otra cosa es la cultura que hay en torno a los toros. Son cosas distintas, complementarias pero distintas. El ajedrez es un juego que tiene 1500 años, que no ha pasado de moda sino que se ha reinventado y se ha transformado. Al principio había elefantes y carros de combate pero ahora hay torres y caballos. Antes tampoco existía la figura femenina de la reina.

Luego, el que esté tan de moda ahora, en un mundo supertecnológico, hipertecnológico, tan audiovisual, es algo digno de estudio.

M.G.- Ha envejecido bien.

L.Z.- Sí, se ha adaptado a los tiempos. Eso demuestra que hay que saber adaptarse a los tiempos. El tiempo avanza. Si tú no avanzas con el tiempo, desapareces. Pero si sabes avanzar, cambiar y adaptarte, puedes durar 1500 años.

M.G.- Y a pesar de eso, no lo van a reconocer como un juego olímpico para París.

L.Z.- Pero ese es un tema que tiene que ver con otra cuestión. El otro día un periodista de ajedrez me explicó que eso tiene mucho que ver con el mundo audiovisual, porque claro, el ajedrez no es televisivo. Para los juegos olímpicos, si una partida de ajedrez dura, por ejemplo, dos días, ¿cómo retransmites eso por televisión? Este periodista me decía que las razones son, al final, de tipo mercantil, que el ajedrez es un deporte difícil de vender. Aunque también está el ajedrez rápido, que es una adaptación a los tiempos. Y ese es muy televisivo y lo vemos en YouTube, Twitch, TikTok.



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M.G.- Sí, porque he visto retransmisiones.

L.Z.- Sí, pero es el ajedrez rápido. Ahí está el futuro.

M.G.- ¿Pero en qué se diferencia uno y otro?

L.Z.- En el tiempo. En el ajedrez rápido, las partidas duran quince minutos. Y luego tienes el hiperrápido, que es un minuto.

M.G.- ¿Pero se puede jugar una partida de ajedrez en tan poco tiempo?

L.Z.- Se puede jugar. Eso es lo bonito del ajedrez, esa adaptación a los tiempos. Tú le dices a Isabel de Castilla que va a jugar una partida en un minuto y se ríe. Pero sí, ahora se juegan partidas de ajedrez en un minuto y es espectacular verlas.

M.G.- ¿Y tú tenías claro que un día ibas a escribir una novela en la que el ajedrez fuera un elemento importante?

L.Z.- Hombre, yo tengo temas que voy guardando pero luego tengo que investigar si hay novela en ellos. Tengo temas con los que me he llevado una decepción porque no me salen o igual me sale dentro de unos años. Con el ajedrez no lo tenía claro por la época. No sabía en qué época podía ambientarlo. Empecé a investigar, lo estuve hablando con mi editora, y le expliqué un poco la idea. Cuando descubrí que el ajedrez que jugamos hoy en día es español y que las reglas son españolas, ahí se abrió un abanico que no esperaba. Al saber que la figura de la reina tenía antes unos movimientos muy limitados pero de repente se convierte en la figura más poderosa del tablero, me pregunté cómo podía ser eso. Si estamos en la Edad Media, el ajedrez es un reflejo de la sociedad de la época, y las mujeres no eran poderosas, ¿cómo es posible que en el juego sí lo sean? Algo había pasado ahí, algo tiene que ver. Hay un personaje femenino en esa época que transfiere los límites de la política y llega a la parte social y más lúdica, que es el ajedrez. Tenía que investigarlo. Y fue entonces cuando la novela cogió forma. Al final, todas las piezas de la novela cuadran. Parece sencillo pero no lo es. Todo esto es después de mucho trabajo, de buscar e investigar. 

M.G.- Entiendo que sabes jugar al ajedrez.

L.Z.- Sí, sí.

M.G.- ¿Quién te enseñó?

L.Z.- Me enseñó mi tío. Yo jugaba mucho de pequeño. Hubo una temporada en que me dio muy fuerte por el ajedrez. Le pasa mucho a los niños.

M.G.- ¿Sí? ¿A esas edades tempranas?

L.Z.- Sí, sí. 

M.G.- Es un juego complicado. Yo no sé jugar.

L.Z.- Pero es un lenguaje y los niños aprenden rápido los lenguajes, los idiomas. Si lo aprendes de niño, progresas muy rápido. A veces, ves a un niño que sabe tocar un instrumento y te sorprendes porque piensas que a tu edad serías incapaz de hacerlo.

M.G.- De todas maneras, para leer la novela al completo, y para disfrutarla, no hace falta saber ajedrez. ¿O la gente que sí sepa ajedrez la entiende de otra manera?

L.Z.- Pues no lo sé exactamente porque las normas del ajedrez de la novela no son las de ahora. Aunque sepas jugar al ajedrez, no has ganado nada. La novela está pensada para que la pueda disfrutar cualquiera, tanto el que sabe jugar al ajedrez como el que no, el que sabe de Historia como el que no, y para cualquier rango de edad. Hombre, al que sabe jugar al ajedrez, algunas cosas le parecerán más curiosas, pero realmente la novela está pensada para quien no sabe jugar al ajedrez. De otro modo sería muy limitado. Además, la novela está pensada para traducirse, así que también está pensada de una manera internacional.

M.G.- Un trabajo arduo.

L.Z.- Mucho. Es que no es tan fácil. Lo fácil hubiera sido enfocarla para jugadores de ajedrez, hombres de cuarenta a ochenta años,... Eso es lo fácil pero cuando quieres que la novela sea leída por cualquiera, eso es... Influye que tengas que añadir muchos elementos que atraigan a diferentes tipos de público y que luego los sepas llevar a donde quieres. Para engancharlos necesitas darles cosas distintas.

M.G.- ¿Y por qué decía Alfonso X que el ajedrez era una herramienta fundamental para la convivencia de todos sus vasallos?

L.Z.- Es curioso. El rey Alfonso X me gusta mucho. Mira, él escribe un libro sobre los juegos, que lo escribió aquí en Sevilla, en los Alcázares. Crea una especie de torneo y llama a jugadores de diferentes lugares para poder crear un tratado sobre el ajedrez. Cuando estudié ese tratado, del que solo se conserva una copia en la biblioteca del Escorial, me di cuenta que a la figura de la reina no se la llamaba reina todavía, sino que se la llamaba alferza. Era el término anterior. Sin embargo, en aquella época sí se usaba también el término reina. Al principio, me desilusionó porque para la trama, yo contaba con que la figura de la reina se llamara así en el siglo XIII y realmente era así pero, ¿por qué Alfonso X no incluye el término en su libro? Pues muy sencillo. Alfonso X era el heredero de las conquistas de su padre, de Sevilla y Córdoba, precisamente, dos poblaciones muy grandes y muy ricas, pero con mucha población judía y musulmana, a las que tiene que integrar en sus territorios cristianos. Para ello necesitaba elementos de unión y no había tantos. Los matrimonios mezclados estaban prohibidos y las religiones eran distintas. Y, de repente, surge el ajedrez. Un musulmán y un cristiano pueden jugar una partida de ajedrez sin ningún problema. Pero claro, los musulmanes estaban acostumbrados a jugar con la alferza porque no saben lo que es una reina, no hay reinas en su cultura. Entonces, Alfonso X el Sabio mantiene el término alferza precisamente para que sus súbditos musulmanes sigan teniendo al ajedrez como un juego social importante, y así les sirve como medio integrador. A mí me parece un logro muy bonito y una idea muy interesante. Fue un rey muy inteligente que supo mirar más allá. A veces no nos damos cuenta de lo complicado que es reinar o gobernar, porque no puedes gobernar solo para los tuyos. Ese es el error que cometen ciertos gobernantes hoy día, gobernar solo para los que los votan. Hay que gobernar para todos y él busca elementos para atraer a otras religiones a su reino.

M.G.- La verdad es que todo lo que cuentas sobre el ajedrez es muy interesante. Has comentado que las reglas ahora son distintas, que la figura de la reina no existía, pero incluso hablas de tratados que andan por ahí perdidos, tras los cuales hay cazatesoros.

L.Z.- Sí. El primer manuscrito con las reglas modernas de ajedrez estaba en Valencia pero se pierde en la guerra civil. En cualquier caso, se llegó a fotografiar y se conserva fotografiado. El segundo se pierde en la guerra de la Independencia. Los franceses lo espolian. Se cree que lo sacaron del país y lo vendieron en Estados Unidos, a la biblioteca americana de algún magnate del siglo XIX, o principios del siglo XX, y que debe estar por ahí como olvidado. Así que se creó un premio para localizarlo. No sé si todavía sigue en vigor. Si alguien lo encuentra sería el tratado más antiguo con las reglas modernas del ajedrez. 

M.G.- Y también hablas de las piezas más antiguas que, al parecer, están en el Bierzo. Esto me llamó mucho la atención y estuve indagando por Internet. Encontré una noticia que hablaba de otras piezas que se habían encontrado en Jordania. Parece que hay piezas de ajedrez repartidas por el mundo.

L.Z.- Sí porque hay muchos tableros de ajedrez en catedrales. Eran regalos de prestigio. Entre las reliquias religiosas nos podemos encontrar ajedreces, sobre todo islámicos. Las figuras las hacían con piedras semipreciosas o gemas del desierto y tienen un gran valor. Estos son del siglo VIII o IX y pueden aparecer en catedrales cristianas. Son muy interesantes y hay muy poquitos por el mundo. Además no se conservan íntegros. Es muy fuerte que las piezas más antiguas de Europa estén en León, en España.

M.G.- ¿Y estas de qué están hechas?

L.Z.- De cristal. Es cristal tallado. Se sabe que se tallaba en Siria, Jordania o Egipto. Ahora no recuerdo. Tú ves las piezas y no parecen figuras de ajedrez. Como vienen del Islam eran muy esquemáticas. No representan figuras humanas ni animales. Ellos los llaman bolos. Son figuras muy sencillas que se parecen a los peones.

M.G.- Y hemos hablado de Isabel la Católica pero en esta novela hay muchos más personajes. Muchos de ellos son históricos. De hecho, aparece Jorge Manrique. ¿Cómo metes a Jorge Manrique en esta trama?

L.Z.- Me gustan mucho los personajes que nos suenan pero de los que nadie sabe mucho. Tú dices Jorge Manrique, ¿y qué me dices de él?

M.G.- Pues las coplas. 

L.Z.- Sí, las coplas pero, ¿en qué siglo vivió? Ni idea. ¿Qué hizo? Nada. ¿Quién es su padre? No sé. Son personajes que me encantan porque te pones a indagar sobre ellos y si te suenan es porque son importantes. Lo que pasa es que por lo que sea se han quedado olvidados. 

Jorge Manrique muere muy joven y yo no lo sabía. Es un hombre de armas, de la orden de Santiago. Su padre es un grande de Castilla. Es alcaide de un castillo, que asedian varias veces hasta que consiguen conquistarlo. Es un personaje brutal y para la novela es maravilloso. Convertirlo en un personaje de carne y hueso sorprende a la gente. No esperas encontrarte a Jorge Manrique moviéndose por la novela. A Isabel la Católica, sí, porque la hemos visto en otras ficciones pero a Jorge Manrique, no. Estos personajes que no aparecen en ninguna otra ficción y me gustan porque enriquecen mucho la novela.

M.G.- ¿Y quiénes son Gadea y Ruy?

L.Z.- Son los protagonistas. Me centro mucho en que los personajes principales sean muy literarios, porque traen mucha libertad. Son personajes muy distintos. 

Gadea es una niña que lo pasa muy mal desde el principio de la novela. Tiene que buscarse la vida y lo único que tiene es aptitud para el ajedrez. Con esa aptitud consigue avanzar en la vida y sobrevivir. 

Y Ruy es un personaje muy de su época. Es un cronista, un historiador, un buscador de libros, un hombre de armas. Me permite recorrer una parte del siglo XV muy apasionante, como la parte de los libros perdidos o los que están escondidos en monasterios. De hecho, la novela empieza con él, robando un libro en la Alhambra. Es un personaje que da muchísimo juego. Y, como historiador, está obsesionado con la verdad. Él quiere descubrir la verdad de la Historia, una idea muy moderna pero que ya se empezaba a ver en esta época porque se daban cuenta de que la verdad se había ido manipulando, al igual que se manipula ahora o se manipuló en la época romana.

M.G.- Pero, por lo que cuentas, tengo la sensación de que Gadea no es la típica chica de su época. Si tiene ese interés por el ajedrez, se aparta un poco de lo que era una mujer de su tiempo.

L.Z.- Claro, y por eso hay otro personaje, Beatriz, que demuestra que había otro tipo de mujer. Beatriz es una latinista. Estamos en el siglo XV y, aunque la mujer no podía ir a la universidad, Beatriz consigue ir, aunque solo de oyente. Al final, consigue ser una de las mayores latinistas de la época. Además, Isabel le pedirá que le dé clases a su hija. 

Te cuento que el barrio de La Latina en Madrid se llama así por esta mujer. O sea, que una latinista del siglo XV, y mujer, dé nombre al barrio más conocido de Madrid, te dice cómo es el personaje. Así que, hubo mujeres que, a través de las letras, del ajedrez o de elementos que no tienen que ver con las armas, consiguen avanzar en la Corte y ser muy importantes. Había círculos de mujeres que hablaban de libros escritos por mujeres, aunque muchos se han perdido. Lo que pasa es que luego la Historia la ha escrito el hombre. Te quiero decir que, hoy nos puede parecer que no había mujeres en aquella época que destacaran pero sí las había. Pero hay que escarbar mucho porque están muy escondidas. Es como las pintoras. Claro, que había pintoras pero si no podían firmar los cuadros, cuesta mucho descubrirlas pero están ahí. 

M.G.- Bueno, la documentación entiendo que ha tenido que ser brutal. Hemos hablado de que construir esta novela es una tarea ardua, pero esa documentación, ¿en qué ha consistido? Imagino que en leer muchísimo.

L.Z.- Sí, claro. Por una parte, he tratado textos sobre la época, sobre el contexto histórico y sobre los personajes. Pero yo también llamo documentarte a ir a los escenarios. Por ejemplo, si en la novela aparece el Alcázar de Sevilla, pues tienes que ir a Sevilla. Si aparece el de Segovia, tienes que ir allí. Y si aparece la Madrid medieval, que no se conserva prácticamente, pues tienes que ir a los museos de Madrid e intentar averiguar cómo era la figura, ver los dibujos, ver los planos, etcétera. Así que hay un parte de documentación y otra de investigación más in situ.

Y luego, como te voy a mostrar conversaciones muy puntuales sobre temas muy concretos, entonces tengo que hablar con algún experto. Pero son cosas muy concretas, aunque importantes para la novela. No me gusta hablar con un experto de temas muy globales, porque se te va por las ramas, pero sí hay cosas muy específicas que son claves en la novela.

M.G.- Pero todos sabemos que luego, toda esa documentación tan extensa, a veces se reduce porque se vuelca en el libro menos de la mitad.

L.Z.- Mucho menos. Si documentarte no está complicado. A la gente le llama la atención la labor de documentación pero documentarse hoy día no es difícil. Lo difícil es gestionar la documentación porque tienes demasiadas fuentes, demasiados textos, e información en varios idiomas. Para la novela necesitas muy poca pero tienes que manejarlo todo, haber leído todo y haber entendido la época. Es muy difícil gestionar la información. Hay gente que no lo sabe hacer y vuelca todo lo que sabe de manera inapropiada.

M.G.- Claro, y llenan de datos la trama, tanto que, al final, termina por abrumar.

L.Z.- Exactamente.

M.G.- Bueno, todos sabemos que tú eres regente de un par de castillos. Me pareció una cosa fascinante que en el Castillo de Bulbuente hayas construido un ajedrez gigante.

L.Z.- ¿Y eso cómo lo sabes?

M.G.- Porque he visto fotografías. Además, he estado viendo que en ciertos países europeos, como en Suiza, es muy común encontrar tableros gigantes en diversas ciudades.

L.Z.- Y en Dinamarca hay un programa especial de ajedrez urbano. En Barcelona, delante de la Biblioteca Nacional de Cataluña, ha dos ajedreces. En el Retiro de Madrid, hay uno. En León, hay un torneo de ajedrez y se sacan uno mega gigante, más grande que el mío.

M.G.- ¿Pero están al uso? ¿Se juegan partidas?

L.Z.- Sí, sí, sí, se juegan partidas. Es algo muy curioso. A los niños les gusta mucho y tienen mucho éxito. ¿En Sevilla no hay ninguno?

M.G.- Que yo sepa, no.

L.Z.- Pero igual ponen uno puntual para algún torneo. Lo del ajedrez urbano gigante se está extendiendo mucho. 

M.G.- El que tú tienes es fijo, ¿no? ¿Y la gente juega?

L.Z.- Sí, sí, y la gente se lo pasa muy bien. Mi hija pequeña lo que hace es tirar todas las fichas pero siempre que vuelvo están todas puestas en su sitio. O sea, que alguien ha estado jugando y las ha vuelto a colocar bien. 

M.G.- Luis, por ir terminando. La novela, allá por la página treinta, describe un incendio y tú terminas el libro, en las notas finales, hablando precisamente de otro incendio.

L.Z.- Qué casualidad, ¿verdad? Bueno, yo estaba terminando de escribir esta novela en agosto del año pasado. La novela empieza con un incendio, con el fuego de la Magdalena, un hecho histórico en Toledo. Y, de pronto, yo mismo me vi rodeado de otro incendio que se produjo donde vivo, un incendio bastante grave. Tuve que pararlo todo. Dejé de escribir, cogí a mi hija y nos tuvimos que ir. Mi mujer estaba al otro lado del incendio y estuvimos varios días sin vernos. No empecé a escribir otra vez hasta que pudimos regresar, después de evaluar daños y recuperarnos un poco de todo lo sucedido. Tardé mucho en escribir de nuevo. Me dije que lo que habíamos vivido lo tenía que plasmar en la novela, porque quiero que la gente lo sepa, por si puedo aportar algo. Creo que hay que poner medios enormes contra los incendios. El año pasado yo sabía que se iba a provocar un incendio, más o menos grave, y no me equivoqué. Fue grave. Lo veía en el ambiente. Estaba todo seco. Hay que prevenir y poner medios porque, cuando estás en medio de un incendio, te das cuenta de que ya es demasiado tarde. Si el incendio se ha desatado, ya no puedes hacer nada. Y ahí vino el ejército, la gente del pueblo se volcó, todo el mundo ayudaba como podía, pero el incendio estaba descontrolado.

Y ahora, que estamos en primavera, y ves cómo está todo. A ver qué pasa este año, que será incluso peor. Ya lo vemos en Asturias, en Valencia también hay incendios, y en Cataluña. Como no se pongan las pilas con el tema de los incendios, al final va ser como una tormenta perfecta, entre la sequía, el calor, y los incendios. 

M.G.- Es un tema preocupante, sí. Bueno Luis, no tengo más preguntas que hacerte. Espero volver a verte en Úbeda, en octubre, y que no haya habido muchos incendios de verano. Te agradezco mucho que me hayas atendido y gracias por todo.

L.Z.- Muchas gracias a ti.

Sinopsis: Año 1468. Castilla se encuentra en un momento crucial de su historia. Alfonso de Trastámara ha muerto en sospechosas circunstancias y Enrique IV se alza como rey obligando a su hermanastra Isabel, la única que podría oponerse a sus planes, a firmar la paz. Ella acepta, pues está destinada a convertirse en Isabel la Católica y sabe que las grandes partidas no se ganan en el primer movimiento.

Mientras los asuntos de la Corte mantienen al reino en vilo, el misterioso asesinato de un noble une fortuitamente a Gadea, una joven apasionada del ajedrez que esconde un oscuro pasado, y a Ruy, un cronista amante de la Historia y los libros. La peligrosa carrera a contrarreloj de ambos para descubrir al culpable se entrelaza con las conspiraciones y las guerras de la Corte de Isabel, quien bajo su mandato supo moverse como una maestra en el tablero y transformó para siempre la figura de la reina en el ajedrez. 

jueves, 27 de abril de 2023

ENCUENTRO CON JULIA NAVARRO - "UNA HISTORIA COMPARTIDA" (PLAZA Y JANÉS)

El pasado 22 de marzo Julia Navarro visitó Sevilla para promocionar su último libro, UNA HISTORIA COMPARTIDA.  Con ellos, sin ellos, por ellos, frente a ellos. Digo libro y no novela porque, por primera vez, desde que la autora comenzó a publicar literatura estamos ante una obra de no ficción que se aleja bastante de lo que nos tenía acostumbrados.

El encuentro tuvo lugar en el Hotel Colón (Sevilla), en una sala en la que nos rodeaban libros, muchos libros de autores que ya habían pasado por allí. Alrededor de una mesa, media docena de medios, entre los que figuraban principalmente blogueros o instagrammers (a Julia le gusta hablar directamente con los lectores), pudimos conversar sobre este libro. Cada uno fue formulando preguntas a las que la autora respondió gratamente. Ahí va un resumen del evento.


[Fuente: Juan Manuel Fernández]


Teniendo en cuenta que a Una historia compartida le preceden ocho novelas de ficción, la primera pregunta no podía no ser otra: ¿te apetecía cambiar de aires?

Julia Navarro nos comentó que este libro lo escribió durante la pandemia. Tras publicar De ninguna parte, comenzó a escribir una historia de ficción que, a día de hoy, sigue escribiendo. Sin embargo, «en ese momento se me hacía como muy cuesta arriba empezar a escribir otra novela. Y entonces decidí hacer este viaje literario y escribir algo, no sé, casi que me reconfortara a mí un poco por dentro». Afirmó que sentarse a escribir es como adentrarse en un campo de batalla en el que te ves obligado a mover muchas cosas. «Este libro era un relato más íntimo, más personal, que me exigía menos esfuerzo. Aunque he necesitado documentarme, hablo de las mujeres con las que me he encontrado, con lo cual no es un libro que me haya requerido un gran esfuerzo». Cree que diciendo esto va a defraudar a mucha gente pero es así. «Para mí ha sido un libro muy cómodo de escribir. Ha sido un libro que he disfrutado escribiendo», un libro que le ha permitido, de algún modo, escaparse  de la situación que vivíamos y del encierro.

Una historia compartida, un título que lo dice todo.

Hombres y mujeres en un plano integrador. «Hasta ahora, la historia se venía contando a medias». Asegura Julia Navarro que, desde hace veinte siglos, hemos visto la supremacía del hombre sobre la mujer. «Los hombres han contado su historia, pero se han olvidado de que una parte de esa historia éramos nosotras». La autora recalcó que, salvo mujeres muy importantes y destacadas, no nos ha llegado noticia alguna de la infinitud de mujeres que realmente han tenido una vida notable y digna de contar en todos los ámbitos. «Empecé este libro pensando escribir sobre las mujeres con las que yo me había ido encontrando, pero me parecía que el relato sería incompleto si no hablaba de ellos, de los hombres que habían estado en sus vidas para bien o para mal». Confesó que, en los libros de textos, siempre ha echado en falta algo, la otra mitad, la que correspondía a las mujeres y a su papel en la Historia de la humanidad. Porque sobre los hombres, los que han dejado su huella, se ha escrito mucho pero, ¿quiénes eran las mujeres que estaban al lado de esos hombres? «Como yo creo que la Historia de la humanidad es una historia de hombres y mujeres, no podemos contarla sin los unos y sin los otros», y por eso este libro es una historia compartida porque «si no contamos la historia de todos, siempre será una historia de parte o incompleta». Hubiera sido muy fácil para la autora hacer lo que se ha venido haciendo hasta ahora, es decir, ignorar a la parte masculina, como siempre se ha ignorado a la femenina, pero ese no era su propósito. «Hubiera sido un juego infantil que no lleva a ninguna parte».

Las dos mujeres más importantes en la vida de Julia Navarro: su abuela y su madre.

La escritora afirmó que la infancia es lo que te marca y donde se van poniendo los cimientos en lo que te vas a convertir. «Mi abuela es una figura potente y  poderosa. Era realmente la jefa de familia». Compartió con nosotros algunos recuerdos familiares, mencionando que toda la familia vivía alrededor de la abuela. Y sobre su madre dijo que ella la había enseñado a ser libre, inculcándole la idea de que ser mujer no implicaba tener un techo de cristal. «Siempre me enseñaron a ser independiente. Espero que algún ministro de Educación lea algo de lo que digo alguna vez porque vengo reivindicando que hay que revisar los libros de texto». Cree que el mejor plan de estudio sería incorporar a los libros de texto  la infinitud de mujeres que han tenido una importancia fundamental en la historia y que están ausentes de lo que estudian los escolares. Mencionó que era muy habitual que las niñas no elijan nunca carreras de ciencia porque no existen referentes. Si las mujeres que han sido importantes en las ciencias son excluidas, las niñas jamás tendrán referentes. 

Un viaje literario

Julia Navarro aclaró que lo que ella hace en este libro es un viaje muy personal, en el que va contando cuáles son las mujeres con las que se ha ido encontrando. «Aunque no todas porque luego te vas dando cuenta de todas las que faltan. Pero sí he incluido las que mí me han dejado una huella especial. De todas ellas he aprendido algo. Me interesa muchísimo la cantidad de mujeres que realmente han hecho aportaciones importantísimas en términos de física, matemáticas, astronomía o química». Mujeres todas ellas que siempre han sido unas perfectas desconocidas. «Creo que hay una obligación de rescatar a estas mujeres. Y no debe ser un rescate que haga una escritora sino que debería ser una obligación de los responsables de educación, que son los que tienen que encargarse de los libros de textos, libros que están incompletos porque faltan todas esas mujeres». Es algo que la autora repitió mucho en nuestro encuentro, reforzando su compromiso y su reivindicación. 


[Si prefieres oír el encuentro, dale al play]


Un libro con mucha implicación personal 

Una historia compartida no es solo un libro sobre las mujeres que han sido importantes en la vida de Julia Navarro, sino que también es un libro en el que, por primera vez, la autora se muestra más expuesta. Sobre esta circunstancia confesó que se arrepentía muchísimo. «Como era un libro escrito en una circunstancia muy concreta, como si fuera una escapada, no era consciente de todo lo que estaba contando sobre mí». Dijo que fue su marido, y luego sus amigos, quienes le advirtieron de que había contado muchas cosas sobre ella. Afirmó que, al principio, ella no lo veía así pero luego, cuando tanta gente se lo iba comentando, empezó a preocuparse. «No me gusta tanta sobre exposición». No obstante, los que estábamos en aquel encuentro coincidimos en que conocer tantos detalles personales de la autora había supuesto un punto muy positivo del libro. Ella nos aseguró que no tenía previsto que el libro fuera así pero «es que fue naciendo a borbotones. Cuando me siento a escribir una novela, tengo toda la sala de operaciones organizada, tengo a todos los personajes y sé lo que van a hacer, pero con este libro no. Este libro ha sido más fruto de la improvisación, un libro mucho más emocional y menos racional», manifestó. 

Feminismo

No se considera ni fundamentalista ni fanática pero sí cree que todos tenemos algo que aportar a cualquier debate o discusión, por tanto, «me interesa mucho lo que tengan que decir las feministas de la cuarta ola». Asevera que no tiene los ojos ni los oídos cerrados a lo que estas feministas plantean. Cualquier tipo de discrepancia es interesante porque alimenta el debate. Por contra, afirma que le asusta la gente que se cierra en su propio pensamiento. Aunque tiene mucha curiosidad por la vida como para no querer escuchar también confiesa que hay ciertas cosas que no le gustan de este feminismo de la cuarta ola. «Hay un cierto adanismo, esa pretensión de que el feminismo ha empezado ahora». Hay que entender que, en este camino de la igualdad, los frutos conseguidos son el resultado de la lucha de las mujeres del ayer. «Aquí nadie ha inventado el Mediterráneo. Debemos mucho a las mujeres del pasado».

Vuelve a confesar que tampoco le gusta esa posición fundamentalista que impera en estos tiempos, eso de que el feminismo es únicamente lo que dicen ellas. Pero, en realidad, no es más que una perspectiva muy subjetiva y hay otras muchas formas de entender el feminismo. «No puede haber un pensamiento único, porque uno de los grandes problemas de nuestra sociedad es el querer imponer el pensamiento único en tantas y tantas materias. Y todo aquel que no comulga con el pensamiento único inmediatamente es el anatema». Este comportamiento horroriza a la autora, «que me digan lo que tengo que pensar y que si no pienso lo que oficialmente hay que pensar me condenan a los infiernos».

La cultura de la cancelación y el movimiento Woke

Navarro asegura que este movimiento le parece terriblemente reaccionario y además muy peligroso, «porque atenta contra la esencia de la libertad». En palabras de la escritora, no se puede cancelar el pasado simplemente porque no te guste. No se puede negar el pasado y tampoco se debe impedir que se conozca. «Que en las universidades haya escritores prohibidos porque pueden herir la sensibilidad de los alumnos es algo que me escandaliza». Se pregunta Julia Navarro qué tipo de personas estamos formando para el futuro, «con esa sensibilidad, totalmente enfermiza, que parecen tener».

Ella cree que el debate del feminismo es un debate importante. «Es un debate que no puede estar secuestrado por una parte, porque es algo que nos atañe a todos. Cuando digo todos, no digo solamente a las mujeres, sino también a los hombres». Considera que se están tomando decisiones controvertidas y algunas de ellas muy peligrosas. 

Mujeres que se resistieron

Aunque la mayoría de las mujeres que vamos a encontrar en este libro han estado siempre muy infravaloradas, todas tuvieron en común que se resistieron. Afirma que le hubiera gustado hablar de muchas más mujeres pero ha tenido que dejar fuera a muchas de ellas. «No se trataba de hacer un libro de texto sino que esto es un recorrido personal». Entre las mujeres escritoras que son importantes para la también escritora figura Irène Némirovsky, que siempre ha sido un referente para ella, pero en este libro no aparece su nombre, como tampoco aparece el de tantas otras, que son también importantes para la autora.

El mundo clásico

Apasionada por el mundo clásico, cree que Occidente se sustenta sobre dos patas: la cultura judeo-cristiana y la cultura greco-romana. «Todo lo que somos viene de ahí». Confiesa que siempre ha sido feliz en Grecia y por tanto, cuando eres feliz en un lugar sientes un amor especial. «El contacto con la mitología griega siempre me ha parecido apasionante, con esos dioses tan humanos». Hizo referencia a su marido, Fermín Bocos, la persona de la que más ha aprendido del mundo clásico y al que considera un erudito en la materia. Recordó algunos viajes que hicieron en familia para recoger los escenarios más significativos de la Historia clásica. Cree que la Ilíada es el resumen de la condición humana y que en sus personajes encontramos todo lo bueno y todo lo malo que alberga el ser humano.  «La Ilíada es como una guía».

Las monjas

En este libro, Julia Navarro dedica un capítulo a las monjas, a sor Juana de la Cruz y a todas las monjas que han tenido algo que ver en su vida. La autora llega a decir que se ha reconciliado con ellas. «Cuando estaba escribiendo este libro me acordé de una frase de Octavio Paz, que dijo que Sor Juana Inés de la Cruz se hizo monja para poder pensar». Reflexionó en voz alta y comentó que las mujeres, en el siglo XVI y XVII, solo tenían dos opciones: salir de la casa de su padre para casarse o para hacerse monja. Frente a la austeridad de la vida en un convento, estaba la otra forma de hacerse monja, en el caso de aquellas jóvenes de familia acomodada cuya vida conventual era mucho más llevadera. «Tenían su celda pero también disponían de un salón para recibir, donde podían visitarlas sus familiares y amigos, y hacer una cierta tertulia literaria». Los conventos de esa época, para las señoritas de buena sociedad, se convertían en lugares donde pensar. «Me di cuenta de la cantidad de monjas interesantes que había habido y que habían buscado en el convento la posibilidad de desarrollarse intelectualmente, porque no lo habrían podido hacer de otra manera». 

La escritora se sonrió al recordar a las monjas de su colegio. «Se me abren las carnes cuando pienso en ellas y me costó mucho reconciliarme con las monjas». En ese proceso de reconciliación tuvo mucho que ver el tercer mundo. «Siempre digo que, cuando hay un conflicto en un país, los primeros que se van es el personal de las embajadas, luego las tropas de Naciones Unidas, los comerciantes, los periodistas y los únicos que se quedan son los misioneros». La autora manifestó que ver la implicación de estas personas en momentos complicados genera un gran respeto porque se juegan la vida sin importarles que puedan ser los últimos días de su vida. «Por eso me he reconciliado con las monjas pero con las de mi cole, no», bromeó Navarro. 

Oriana Fallaci, la periodista

A la profesión que ha ejercido toda la vida, la del periodismo, le dedica una parte importante del libro. Julia Navarro cierra esta historia compartida con la figura de Oriana Fallaci. «Yo hubiera querido ser Oriana Fallaci. Para cualquiera de mi generación, Oriana fue un referente». De la periodista dijo que fue una mujer adusta, dura y antipática. «Yo no la conocí pero una de mis mejores amigas, Pilar Cernuda, sí la conoció y ella me aseguraba que era insoportable». Nos comentó que la actitud de Oriana se debía principalmente a que ella se tenía que mover en un mundo de hombres, en el que no podía mostrar ni un ápice de debilidad, y tuvo que actuar colocándose un parapeto. «Oriana siempre estuvo donde pasaba algo. No hay un acontecimiento del siglo XX en el que ella, mientras vivió, no estuviera presente».

Las anécdotas de aquellos primeros años como periodista.

Cuenta Navarro en los últimos compases del libro diversas y divertidas anécdotas que vivió cuando ella, al igual que otras mujeres, trataban de hacerse hueco en el mundo del periodismo. Una de esas anécdotas tiene que ver con unos desayunos en el hotel Ritz de Madrid. «Yo sé que todavía tenemos muchas batallas que dar y muchas cosas que conseguir, pero cuando yo empezaba a dar mis primeros pasos en periodismo, que fueron en la Transición, recuerdo que si pe pedías una entrevista a un político te decía que no». Para vencer esa barrera, Julia Navarro, junto a otras periodistas, convocaban a los políticos en el hotel Ritz para invitarlos a desayunar y así sentarse con ellos, y poder entrevistarlos. «Los desayunos del Ritz fueron algo que fue muy interesante en ese momento. Éramos la envidia de muchos de nuestros compañeros porque lográbamos que vinieran a desayunar con nosotras. Pero claro, les dábamos unos desayunos magníficos en el Hotel Ritz. No se podían quejar. Eran por todo lo alto. Si los hubiéramos invitado a un cafelito no habrían venido».

Mujeres de la ciencia

Durante aquel encuentro salieron a relucir los nombres de muchas mujeres, muchos de ellas relacionadas con diversas ciencias. Entre ellos, el de Ada Lovelace, la primera persona que empezó a imaginar lo que hoy es capaz de hacer un ordenador. Y sin embargo, los niños creen que todo es obra de Bill Gates. «Y lo mismo sucede con la banda ancha. Habría que contar a los niños que la que puso los cimientos de la banda ancha fue Hedy Lamarr, cuya labor no fue reconocido hasta los años 90». Y como el caso de Lovelace y Lamarr hay muchos otros.

Precisamente, Hedy Lamarr no solo fue una gran matemática sino también una mujer bellísima, lo que siempre jugó en su contra. «Ella era una mujer inteligentísima, con una formación increíble. Era austriaca. Huyó de su marido, que era un imbécil, y llega a Estados Unidos». Allí se ofreció para trabajar como voluntaria y ayudar en la Segunda Guerra Mundial, pero «como eres tan guapa, vamos a hacer un concurso y al que gane le das un beso». Pero Lamarr al final, terminó trabajando en el Departamento de Comunicaciones. Fue una mujer de inteligencia superior. Y seguro que ser guapa la perjudicó.

Los cuentos infantiles

Mucho revuelo estamos viendo en los últimos tiempos con respecto a la literatura infantil y juvenil. Parece que se ha puesto de moda revisar este tipo de lecturas para erradicar aquello que supuestamente pueda herir sensibilidades. Al respecto, Julia Navarro comentó que a los niños se les está adoctrinando desde pequeños, y tratando como si fueran imbéciles, que no son capaces de entender nada. «Yo soy feminista y me encantaba Caperucita, Blancanieves, los cuentos de los hermanos Grimm. Es decir, a mí no me ha afectado a las neuronas. Yo creo que los que tienen afectado las neuronas son los que quieren reescribir los cuentos porque los consideran políticamente incorrectos, porque consideran que los niños son tontos». Esto es censura y se rebela contra ella.

¿Cómo se debe leer este libro?

La respuesta de Julia fue tajante: «como te dé la gana». Bueno, añadió que no lo sabía. «Es una historia muy personal, es un recorrido muy personal y espero haber aportado algo, y sobre todo espero haber aportado algo al debate de la educación, al reclamar que las mujeres entren en los libros de texto. Pero bueno, es una reclamación mía personal». La autora afirma que no ha querido definir ni encasillar este libro. «Creo que es fruto de esa necesidad que tenía de escapar de la pandemia y lo hice viajando, que es lo que más me gusta».

Al comentarle si sería interesante que un libro como este se estudiara en los centros educativos, respondió que no aspira a eso. «Creo que los libros de texto lo tienen que hacer los historiadores, los científicos,...», porque este libro es su interpretación personal. «A lo mejor, cuando hablo de Penélope, algún historiador me tiraría de los pelos». Pero su intención con este libro es despertar la curiosidad del lector. «Si alguien puede descubrir algo que no sabía de estas mujeres, pues me doy por satisfecha».

La biblioteca de su abuelo

Se dice que somos lo que leemos y en este libro, Julia habla de aquellas lecturas en la biblioteca de su abuelo. «En mi casa había libros y siempre hubo libros, porque a mi abuelo le gustaba mucho leer y yo siempre le recuerdo con el periódico o un libro. Siempre». Recuerda que la que la obligaba a leer era su abuela. 

En cuanto a aquellas primeras lecturas, nos dijo que ella le leía libros a su abuela sin que ella se enterara de lo que leía. «Pero sobre todo recuerdo con especial cariño un tomo enorme de tapas grises, que eran los cuentos de los hermanos Grimm». Es un libro que han conservado y que la autora leía y lo releía.

Y así terminó el encuentro con Julia Navarro, autora que confiesa que Tú no matarás es su novela más querida porque transcurre en el barrio de su infancia.




Y hasta aquí nuestro encuentro, bastante distendido y agradable. Tras las últimas preguntas tocó el momento de la firma y de la foto en familia.  


Sinopsis: Hasta el siglo XX la Historia la escribieron los hombres. Eso explica por qué las mujeres apenas aparecemos como sujetos de las historias de la Historia. Sin embargo, la lista de aquellas que la protagonizaron es extensa: desde diosas hasta reinas, desde cortesanas hasta científicas, desde actrices hasta santas, desde escritoras hasta políticas... Hemos estado en todas partes, aunque un manto de silencio se empeñara en cubrirnos o ignorarnos.


Eso sí, no podemos contar las historias de estas mujeres sin tenerlos también en cuenta a ellos, porque desde el principio de los tiempos las vidas de hombres y mujeres han estado entrelazadas y no se explican las unas sin los otros, es decir con ellos, sin ellos, por ellos, frente a ellos o con la ignorancia de ellos. Por eso, este libro no es solo la historia de ellas sino la de todos, pero contada no a través de la supremacía masculina sino desde un lugar común.

No se entiende a Cleopatra sin César ni Marco Antonio, ni a Helena de Troya sin Paris, ni a Frida Kahlo sin Diego Rivera, ni a Simone de Beauvoir sin Jean-Paul Sartre o a Virginia Woolf sin Leonard Woolf... Este libro es un relato personal, un viaje a través de mis inquietudes y lecturas, mi encuentro con historias protagonizadas por mujeres, ya sean reales o criaturas literarias, sin olvidar el papel de los hombres que estuvieron cerca de ellas, para bien o para mal.

Y ahora doy comienzo a esta historia. Una historia compartida.

Julia Navarro

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