viernes, 19 de febrero de 2021

LOS AUSENTES de Juana Cortés Amunarriz

Editorial: Espasa
Fecha publicación: enero, 2021
Precio: 19,90 €
Género: thriller
Nº Páginas: 320
Encuadernación: Rústica con solapas
ISBN: 9788467061277
[Disponible en eBook y Audiolibro;
puedes leer aquí]

Autora

Juana Cortés Amunarriz (Hondarribia, 1966) es licenciada en Filosofía y escritora de relato, novela y literatura infantil y juvenil. Reside en Madrid, donde inicia su trayectoria literaria en 2004. Ha obtenido diversos premios de relato, entre los que destacan el Segundo Premio Hucha de Oro, el Gaceta de Salamanca, el Premio de Relato Tomás Fermín de Arteta, el Leopoldo Alas Clarín o el Ignacio Aldecoa. Ha publicado los libros de relatos Queridos niños (Premio Ciudad Alcalá de Narrativa 2009) y Las batallas silenciosas (Baile del Sol). Entre sus novelas está Las sombras (Premio Tiflos 2015). En literatura infantil y juvenil ha publicado Esmeralda y yo (Premio Ciudad de Málaga 2016), Corazón, mano, corazón (Premio Avelino Hernández 2012), Maimón, Ojos azules y la serie Superpaco.

Sinopsis

País Vasco, 2007. Tras el fracaso de la última tregua, ETA prepara un nuevo golpe para demostrar su cuestionada fortaleza. Dos encapuchados secuestran a punta de pistola a Bixen Alzola, profesor de universidad y defensor de la vía pacífica como única alternativa para solucionar el conflicto vasco. Cuando su mujer, Leire, recibe la llamada de la organización terrorista reivindicando la acción, siente que su mundo se resquebraja. Sabe que las posibilidades de que su marido salga indemne son mínimas. Durante esa larga noche, Leire toma una decisión: hará todo lo que esté en su mano para salvar la vida de su marido.

¿De qué será capaz? ¿Hasta dónde está dispuesta a llegar? Y ¿qué precio va a pagar por ello? Porque ya nada será igual. No hay vuelta atrás. Nunca la hay cuando se traspasan  ciertos límites.

Los ausentes es una novela sobre la violencia, violencia que paulatinamente irá arrastrando a todos los personajes, sin que nadie, ni nada, logre detenerla.

[Información tomada directamente del ejemplar]



Lo comentaba cuando publiqué la entrevista a Juana Cortés Amunarriz (puedes leerla aquí). Me encantan las novelas que giran alrededor de la banda terrorista ETA. Soy consciente de que el verbo «encantar» quizá no sea el más apropiado pero, lo que quiero decir, es que me gusta mucho leer sobre esos años, conocer testimonios, adentrarme en las distintas operaciones antiterroristas que se llevaron a cabo durante aquellos años de plomo. Probablemente, mi interés se base en la necesidad de comprender, de llegar entender el porqué de unas acciones que derramaron tanta sangre y dolor. ¿En nombre de qué? ¿En nombre de quién? Por eso, no me resisto a leer novelas que me acerquen, desde una perspectiva u otra, a aquella época negra de nuestra Historia. Muchos dicen que hay que pasar página, dejar atrás ese pasado sangriento. No creo que las víctimas merezcan el olvido. Así que, cuando supe de la publicación de Los ausentes, la nueva obra de la autora de Hondarribia, pero afincada en Madrid, ni me lo pensé.

Los ausentes traslada al lector al País Vasco. En Irún residen Bixen Alzola y Leire. Son una pareja feliz, normal, cada uno con su trabajo. Él es profesor de Derecho de la Universidad del País Vasco, al que su presencia en un programa de Euskal Telebista, lo pone en el punto de mira de la banda terrorista. Ciertas declaraciones, en defensa de la «vía pacífica como única alternativa para solucionar el conflicto vasco», tienen mucha repercusión y calan hondo. De ahí las pintadas en las paredes de la facultad -Alzola, hurrengoa izango zara zu (Alzola, serás el siguiente)-, de ahí el recelo de sus vecinos, que lo evitan a toda costa. Bixen es un hombre marcado, y no solo por su dolencia cardiaca, que lo obliga a medicarse. La misma Ertzaintza se lo advierte. Necesita protección pero Bixen rehúsa la posibilidad de un escolta. 

Por su parte, Leire vive ajena a esas amenazas. Cree que su marido tiene una vida tranquila, como profesor universitario, lo mismo que ella. La suya se reduce a su trabajo en la biblioteca de Irún, al yoga de los miércoles, a la compra en el supermercado, y al marido. Así, un día y otro, hasta que la paz se rompe. Una tarde, al llegar a casa, suena el teléfono. Una voz dice:




Han secuestrado a Bixen. ¿Por qué? ¿Es todo un sueño? La banda terrorista captura al profesor universitario como medida de presión, para conseguir el acercamiento de los presos etarras al País Vasco. Frente a una situación así, y después del shock inicial, lo más habitual es que Leire siguiera a rajatabla todas las instrucciones dictadas por el secuestrador. ¿Lo hará? Eso lo averiguarás al leer la novela.

Pero las acciones de Leire constituirán uno de los hilos narrativos de Los ausentes. Por otro lado, la novela también nos muestra el lado oscuro, el de los terroristas.  En ese bando figuran Tor y Chus, los brazos ejecutores del secuestro de Bixen; Roque, Azeri y Maider, las cabezas pensantes; y muy vinculado con ETA, Kuti y su familia. El desarrollo de estos personajes nos van a permitir conocer, en cierto modo, las entrañas de la banda terrorista, que ya tenía un pie en el desarme. Son los años en los que ETA se tambalea, de ahí que la novela nos muestre las desavenencias entre sus miembros, la diversidad de pareceres y los roces entre los más veteranos, como Roque, que lleva en la lucha armada toda su vida, y aquellos que forman parte de las nuevas generaciones, con la sangre a punto de hervir, como es el caso de Azeri.



En la entrevista, reconoce Juana Cortés Amunarriz que el dibujo que ha hecho de los terroristas es, en cierto modo, humano. Que sus manos están manchadas de sangre, que emplearon la violencia como medio de comunicación, que perpetraron infinidad de barbaridades y dejaron un reguero de muerte lo sabemos todos. Son monstruos, sí. Pero también son personas, conformadas por las emociones que se atribuyen al ser humano, solo que carecen de aquellas que afectan al prójimo. Por eso, en Los ausentes vamos a ver a etarras vulnerables, cuando les tocan a los suyos, porque no es lo mismo dar que recibir; veremos a etarras cuyo corazón palpita por el otro, enredados en relaciones sentimentales, con ganas de estabilidad; y también veremos a algunos de ellos, cansados de una lucha que ya no conduce a ningún sitio. Más allá de las atrocidades que cometen, o que se les presupone que cometieron antes del arranque de la novela, a mí me ha parecido un retrato interesante. 

Y otra de las cuestiones que más me ha gustado en esta novela, ha sido esa sensación de fatalidad que acecha a sus personajes en todo momento. El narrador omnisciente hace partícipe al lector de los aciertos y errores de los personajes. Desde nuestra posición privilegiada, vamos a sufrir casi más que los propios protagonistas porque, al tener más información que ellos, los veremos equivocarse y cada decisión errónea aumentará la tensión arterial del lector.  

Bajo mi punto de vista, Los ausentes es una historia bien trenzada. Juana Cortés aprovecha los momentos más nostálgicos de los personajes para construir su background, y permitir al lector conocerlos más allá del presente de la novela. Así, y a través de los recuerdos de Bixen y Leire, tras el secuestro, sabremos cómo se conocieron y cómo ha sido su vida hasta este momento tan complicado. De igual modo, veremos el matrimonio formado por Kuti y Mertxe, nos asomaremos levemente al momento de su boda, o al nacimiento de sus hijos. Pero también es interesante señalar que la autora apuesta por mostrar la realidad desde distintos ángulos. Los hechos son de una naturaleza u otra dependiendo de quién los viva, por eso no es extraño que, en algún momento puntual, asistamos a la misma escena pero vista de dos perspectivas distintas.

Estamos ante una novela que plantea preguntas. Si fueras Bixen, ¿te arrepentirías de tus declaraciones? Si estuvieras en el lugar de Leire, ¿actuarías como lo hace ella? Y si la vida te pone en el lugar de Roque, ¿reaccionarías como él? Los personajes están psicológicamente muy bien perfilados, mostrando un abanico de personalidades muy diferentes. Me gustaría incidir en el papel de Leire, porque ella es la piedra angular de la novela. Algunos lectores no aprobarán su comportamiento. Y es que, Los ausentes se sustenta sobre la ley del Talión. Ojo por ojo y diente por diente, que decía la Biblia. La violencia como medio de luchar contra la violencia. Por eso, es posible que algunos consideren que la reacción de Leire es desmedida, excesiva, una manera de colocarse a la misma altura que los etarras. En mi caso, Leire no me ha provocado repulsa en ningún momento. He entendido que una persona es capaz de cualquier cosa, con tal de salvar la vida de sus seres queridos. ¿Quién puede recriminar la actitud de esos padres/madres/maridos/esposas-coraje? A mí me parece que la actitud de Leire da un vuelco brutal a la trama, que aumenta nuestro interés por la novela. 

Ander es también un personaje interesante. Desde el principio el lector intuye que algo le pasa, su actitud y su comportamiento no son propios de su edad. Es un niño especial que reclama atención. A sus once años, tan solo tendría que estar pensando en jugar, pero por su mente cruzan negros nubarrones. ¿Qué le ocurre? De todos modos, como niño que es, su mundo estará muy vinculado a los cómics y los superhéroes serán su referente. Este personaje permite a la autora ahondar una de las lacras sociales más aberrantes.

Y más personajes, como Roque y sus disquisiciones morales; o Maider y su reloj biológico; o Kuti como objeto de venganza. Todos los personajes tienen un algo que despierta la curiosidad del lector. 

Con referencia a atentados reales, como la Casa Cuartel de Zaragoza, el atentando en Hipercor, el secuestro de Ortega Lara (entrevistado por Sánchez Dragó aquíaquí y aquí), o el caso Laza y Zabala, la acción se sitúa a finales de 2007, coincidiendo la cercana declaración del desarme de la banda, y se desarrolla prácticamente en día y medio, casi como si se tratara de una cuenta atrás. Sin embargo, no he tenido sensación de ritmo frenético, salvo en los capítulos finales, asunto que abordo más adelante.

En cuanto a los escenarios, lugares del País Vasco se entremezclan con localidades de Navarra, -Irún, Errentería, Hondarribia, Usún, Ezcabarte, Zorroaga,... destacando la foz de Arbayún, donde tiene lugar el desarrollo de unos de los hilos más impactantes de la novela-. Sobre la foz, Cortés ahonda en su orografía, señalando lo agreste y solitario del entorno, un ambiente idóneo para los hechos que suceden en aquel lugar. Y es que la autora crea una buena atmósfera, húmeda, oscura, fría, desangelada, que encaja perfectamente con la naturaleza de los  sucesos descritos. 

Estructurada en cuatro grandes bloques, a lo largo de los cuales se distribuyen capítulos de muy corta extensión, dedicados a los diversos personajes de la trama, saltando de unos a otros, Los ausentes está narrado con mucha fluidez, de tal modo que la lectura avanza a un ritmo constante. Todo ello, potenciado por algunos giros interesantes, -unos con desarrollo y otros como meros conatos-, que animan al lector a continuar adentrándose en esta lectura. Admito que, teniendo en cuenta la temática, me esperaba una historia mucho más cruenta, a lo largo de todo su desarrollo. No es que le falte brusquedad al argumento y tampoco es nada desdeñable lo que Leire hace, pero suponía que me iba a encontrar con mucha más violencia en el lado terrorista, desde el minuto uno del secuestro. Eso andaba pensando mientras me acercaba al final de la historia. Y fue entonces cuando esa «amabilidad» desaparece en los capítulos finales, donde los sucesos se tornan algo mucho más tortuosos y el ritmo se acelera. Hay escenas duras, que me han encogido el corazón.  

Y ya que menciono el desenlace, tengo que reconocer que se me quedó algo cojo. Es la única pega que le pongo a la novela. Pero como esto de la lectura es muy subjetivo, quise comentarlo con otros lectores y leí otras opiniones. Pocas son las que mencionan este punto. Por eso quise preguntar a Juana sobre ese desenlace, en el que yo sentía que algo quedaba en el aire. La autora me comentó lo siguiente: «...creo que está todo atado. Los pocos personajes que saben realmente qué ha pasado en esta historia no van a actuar. Para ellos, no tiene sentido emprender alguna acción. Ya han visto el dolor que los acontecimientos ha provocado en unos y otros. Así que, todas las personas que podían actuar no lo van a hacer. Por primera vez, han optado por la vida y la familia. Superar lo que les ha ocurrido es muy complicado, tanto para unos como para otros». Entiendo su argumentación, pero aún así, creo que hubiera estado bien ahondar algo más en el final, dar más detalles, profundizar en las explicaciones. Pero bueno, esta no es más que mi opinión. En cualquier caso, el desarrollo previo es impecable, y resulta una lectura que engancha desde la primera línea. 

Con un título que hace una clara alusión a todos esos secuestrados de los que no se tienen noticias durante mucho tiempo (a modo de ejemplo, el caso de Ortega Lara, secuestrado durante 532 días), Los ausentes es una novela con un punto de partida original. No estamos ante una historia sobre una acción terrorista que conlleva una investigación policial. En este relato no tienen cabida los Cuerpos de Seguridad del Estado ni la Ertzaintza. No se propuso Juana hacer una novela policíaca, sino echar un pulso entre Leire y los terroristas y, en este sentido, el planteamiento me ha parecido muy novedoso.

Dicho lo cual, Los ausentes ha sido una lectura grata, amena, interesante, con personajes muy bien perfilados, a través de los cuales el lector se hace preguntas. A pesar de ese detalle del desenlace que menciono, admito que he disfrutado y devorado esta novela, en apenas un par de tardes. 

Si te gusta la temática, no dejes de leerla.


[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

Puedes adquirirlo aquí:


jueves, 18 de febrero de 2021

ZAPATA TENOR: ❝La música nos regala esperanza❞

La música nos rodea. No hace falta darle a ningún play para que empiecen a sonar acordes. Basta con prestar algo de atención para descubrir cómo las melodías se van tejiendo, poco a poco. El latido del corazón, el viento soplando entre las ramas de los árboles, el rugido del mar, nuestros pasos al caminar, o incluso el teclear sobre mi portátil, mientras escribo estas líneas. ¿Qué sería de nosotros sin la música? Dicen que amansa a las fieras, especialmente a esa que dormita en nuestro interior. La música nos hace reír y llorar. Nos emociona, nos une, nos levanta el ánimo. La música nos hace feliz.

Y de música, de buena música, sabe mucho José Manuel Zapata, o lo que es lo mismo, Tenor Zapata, tenor granadino y director de orquesta, que acaba de publicar Música para la vida. From Bach to Radiohead. Con él hablamos hace unos días. Aquí os lo cuento.

© Luis Malibrán

Marisa G.- José Manuel, para los que no te conozcan, háblame un poco de ti. ¿Quién es José Manuel Zapata?

Zapata T.- Pues José Manuel Zapata es un chaval de Granada, lo que pasa es que el chaval tiene ya 47 años, al que siempre le ha gustado mucho la música. Durante su adolescencia, no tenía muy claro qué camino coger, hasta que descubrió el canto. A los 17 o 18 años, se enamoró del canto, y empezó a soñar con convertirse en tenor y con cantar en grandes teatros. Resulta que el sueño se le cumple. Sin embargo, aquello no terminó de llenarle del todo, y pensó en dirigir su vida hacia otro lado, hacia crear espectáculos con la música que le gustaba, y a hablar de la música para que la gente se enamorara de ella. A pesar de todo esto, José Manuel Zapata sigue siendo un chaval de Granada. Ese podría ser el resumen de mi vida.

M.G.- Un buen resumen. De todos modos, en tu canal de YouTube también podemos encontrar un vídeo en el que te presentas de viva voz (puedes verlo aquí), y donde también podemos ver fragmentos de esos espectáculos que comentas.

Z.T.- Es verdad. Ahí hay un poco de todo.

M.G.- Imagino que no te consideras un tenor o un director de orquesta típico, ¿no? Lo que tú haces es muy distinto a lo que estamos habituados.

Z.T.- Yo estoy siempre sacando los pies del tiesto. Me gusta hacer cosas diferentes porque me aburre muchísimo hacer siempre lo mismo. Es una obsesión que tengo. 

M.G.- A mí me ha parecido muy original tu forma de dirigir orquestas. Resulta muy divertido ver a todos los miembros de la orquesta, a los que solemos ver muy serios, tan participativos en tus conciertos.




Z.T.- Ellos son mucho más protagonistas que yo. Se lo pasan fenomenal.

M.G.- Seguro que sí. José Manuel, de la música a los libros, a este Música para la vida. ¿Cómo se produce ese paso?

Z.T.- Ha sido un proceso natural. Llevo casi tres años haciendo secciones de radio con Juan Ramón Lucas, primero, y con Pepa Fernández, ahora. En ellas hablo de la música que a mí me gusta, a la que se llama clásica o culta, algo que me pone los vellos de punta. Y esto mismo es lo que he pretendido hacer en este libro, poner negro sobre blanco, hablar de la música que yo amo, de un modo algo más desarrollado.

M.G.- ¿Pero tenías la idea de hace tiempo o es algo que surge hace poco?

Z.T.- La idea surgió hará un año y medio, aproximadamente. Un amigo, que luego se ha convertido en mi agente literario, me propuso escribir este libro. Al principio no lo tenía del todo claro, pero terminó por convencerme. Empecé a escarbar un poco en mí, me puse delante del ordenador y, poco a poco, fuimos tirando del hilo. Y resulta que sí, que había para un libro.

M.G.- ¿Y de qué nos hablas exactamente en Música para la vida? Sé que no todo en este libro es ópera o música clásica. Hay mucho más.

Z.T.- En el libro he volcado mi vida entera, lo que ha sido mi relación con la música, mi carrera como primer tenor, donde ha habido éxitos y fracasos, hablo de enseñanzas para la vida. De hecho, el equipo de Planeta me propuso encajar el libro como auto-ayuda. Bueno, si a la gente le sirve, a mí me parece fenomenal. En el fondo, lo que pretendo es dar herramientas, apoyada en la música, para que la gente intente vivir una vida mejor, de ahí el título. Para mí la música es para la vida y la vida es para la música. Hay una retroalimentación y no concibo una cosa sin la otra. Y, efectivamente, hay mucho más que ópera y música clásica. Hablo de la buena música, o de como cantar juntos une muchísimo, de cómo gestionar equipos con el humor, a través de mi experiencia con las orquestas,... En definitiva, hablo de mí, pero también de un montón de cosas que he ido aprendiendo.

M.G.- En la sinopsis leo: «La música es el único arte que nos acompaña siempre: desde el primer latido en el vientre materno hasta que nos vamos de este». Esto quiere decir que estamos constantemente rodeados de música sin darnos cuenta.

Z.T.- Sí, y es una pena que no nos demos cuenta. Los seres humanos tenemos muy mala memoria y no somos conscientes de las cosas hasta que las perdemos. Si la música desapareciera de la faz de la tierra durante una semana, ¿qué pasaría? Imagínate si, durante este confinamiento tan duro que hemos vivido, no hubiéramos tenido canciones, o no hubiéramos tenido sintonías, ¿qué hubiera pasado? Ese es el valor de la música, que siempre está sonando. La música siempre está ahí, en tu comunión, en tu boda, o en esas navidades en las que tu abuelo te canta villancicos. Pero no somos conscientes de eso. Si nos faltara la música, entenderíamos su importancia.

M.G.- Has mencionado el confinamiento, donde se demostró ese valor terapéutico de la música, del que hablas en el libro. La música ha tenido un protagonismo muy importante durante los meses que hemos estado encerrados.

Z.T.- La música nos regala esperanza. Es lo que separa a la gente feliz de la que no lo es. En los meses de confinamiento, la gente salía a los balcones a regalar su arte. En esos momentos lo que se creaba era esperanza, algo muy potente. Y pocas cosas más que la música, pueden crear algo así.

M.G.- Hablas en el libro que la música te ayudó a vencer incluso el acoso escolar. Cuéntame cómo fue esto.

Z.T.- De niño era el típico gordito con gafas, el diferente. Me di cuenta que, cuando cogía la guitarra y cantaba, todas las pequeñas bestias se callaban y se ponían a escucharme. Descubrí que aquello era un filón, porque así no se reían de mí. Una guitarra, un violín, un chelo o un saxofón te convierten en una especie de superhéroe. Animo a los niños que se sienten distintos, a que hagan música, a que canten, porque la música se convierte en el escudo del Capitán América.

M.G.- Abrimos el libro y lo primero que encontramos es un código QR. Hay una lista de Spotify. Teniendo en cuenta que eres tenor, podemos pensar que en esa lista habrá mucha lírica, pero también hay otro tipo de música. ¿Qué hay exactamente?

Z.T.- Hay música buena. Es lo que intento explicar en el libro. No hay música clásica ni culta, solo hay música buena o mala. En esa lista hay de todo. Aparece Mercedes Sosa, Chavela Vargas, José Luis Perales o Joan Manuel Serrat. Aparece la música que ha marcado mi vida y que considero que es buena música. Como no había una forma tecnológica para que el libro sonara, se nos ocurrió poner ese código QR, para que la gente fuera escuchando la música de la que se habla en el libro, esa música que voy describiendo.

M.G.- Roberto Leal te escribe el prólogo. A él ya lo convenciste de que no hay música clásica, tal y como la entendemos hoy. ¿Cómo ha sido esa colaboración?

Z.T.- Roberto es más majo que las pesetas. Lo conocí cuando conducía el programa Escala Sur, de Canal Sur Televisión. Me hizo una entrevista y vimos que teníamos muchos puntos en común. Tenemos una conexión de pensamiento muy fuerte, y estamos intentando hacer un formato juntos, basado en la buena música.

M.G.- ¿Qué le dirías a la gente que piensa que la lírica es un rollo, que esa música no va con ellos?

Z.T.- Pues que no tengan prejuicios. Seguramente se habrán encontrado con algún alimento que, al principio, les haya costado probarlo, y después han descubierto que les encanta. Yo les diría que vayan a conciertos de lírica, que abran el corazón, que no hace falta entender, sino simplemente dejarse inundar por algo maravilloso. Que no se lo pierdan, que se den la oportunidad porque su vida va a ser mucho más completa.

M.G.- Yo te confieso que a mí la ópera me cuesta. Sin embargo, un día acudí a un cine para ver una proyección en directo, y salí de allí maravillada. ¿Tú qué piensas de esta forma de acercar la ópera al público? ¿Surte el mismo efecto?

Z.T.- Yo lo veo fenomenal. Además, hoy en día se hacen unas proyecciones de alta definición que son maravillosas, y con un sonido espectacular. Todo lo que sea teneros cerca de nosotros, bendito sea.

M.G.- Oye, José Manuel, ¿y tú te acuerdas de aquel primer momento de tu vida en el que te enamoraste de la música?

Z.T.- Me acuerdo perfectamente. Una amiga me llevó a escuchar a un coro en Granada. Cuando yo escuché aquel Aleluya de Händel, me quedé impresionado. En ese momento, me dije que aquello era para mí, que yo quería formar parte de eso. Fue amor a primera escucha.

M.G.- ¿Y quiénes son esos cantantes o esas personas de tu entorno más personal que te han influenciado musicalmente?

Z.T.- En el libro explico que, al principio, es muy importante que alguien te coja de la mano y te presente a Chopin, a Rossini,... He tenido personas así en mi vida, como esa amiga que me lleva a escuchar ese coro que te digo, y luego también tengo un amigo, un gran trompista, que me ayudó a amar la música sinfónica. Me lo explicó de tal manera que yo no veía la hora de ponerme a escuchar a Mahler. Y puede sonar muy cursi, pero es que me lo contaba de tal modo... Tenemos un gran qué y tenemos que buscar un gran cómo para todo.

M.G.- Sabemos que has cantando en los mejores escenarios del mundo. Y es normal que la gente hable principalmente de lo bueno pero, en tu caso, también hablas de tus fracasos. Eso me ha gustado mucho. Me ha parecido un ejercicio de honestidad muy importante.

Z.T.- A mí siempre me ha ayudado mucho hablar de las cosas que no me han salido bien. He tropezado un montón de veces, pero siempre he sacado mucho partido de mis fracasos. Tenía que hablar de eso también. No me avergüenza hablar de esos momentos de mi vida pero en esta sociedad, hablar de tropiezos es algo que está prohibido. Yo prefiero contar mis malas experiencias, por si le sirven a alguien. No me duele en prenda.




M.G.- En un libro sobre música y escrito por un tenor, no podían faltar las letras de canciones.

Z.T.- Sí, he incluido canciones que son muy especiales para mí, que tienen unas letras espectaculares, como por ejemplo, la canción Las simples cosas o Te quiero, o algunas arias de óperas. Son canciones que muestran diferentes e importantes sentimientos humanos. Me gusta poner las letras porque, saber lo que dicen esas canciones, mola un montón.

M.G.- Y ¿qué opinión te merece la música de hoy en día, como reguetón, o esa que hace Maluma, por ejemplo, o Bad Bunny?

Z.T.- Me parece una auténtica mierda.

M.G.- (Risas)

Z.T.- Y lo puedes poner así, que no hay problema. Me parece una mierda. Es que siempre es lo mismo, siempre la misma letra, siempre el mismo ritmo. Si estuvieras todo el día comiendo hamburguesas, te morirías del asco. Pues eso, yo me muero de asco con esa música. Estoy de reguetón hasta el pirri. 

M.G.- Pero fíjate que con las canciones de Maluna siempre salta la polémica del machismo, asunto del que tú también hablas en el libro, pero dentro del mundo de la lírica.

Z.T.- Hay machismo en todo el universo. Cada vez hay más instrumentistas que son chicas. Sin embargo, hay muy pocas directoras de orquesta, y eso no puede ser. No tiene ningún sentido, y ya está bien. Esto hay que cambiarlo porque hay que evolucionar.

M.G.- Tienes toda la razón. 

Para ir terminando. Si no te hubieras dedicado a la música, ¿qué hubieras hecho en tu vida? ¿Qué serías o te hubiera gustado ser?

Z.T.- Pues me hubiera gustado ser piloto del ejército pero no daba la talla, así que lo descarté yo mismo. Es que no hubiera cabido dentro del caza. (Risas) 

M.G.- Bueno, con la música te ha ido genial. Has actuado en los escenarios más importantes del mundo.

Z.T.- Sí, me siento un afortunado y un privilegiado. 

M.G.- Penúltima pregunta. En los agradecimientos, has hecho algo fascinante que me ha enamorado. Has conectado a todas esas personas a las que le das las gracias con una melodía. ¿Cómo has hecho para establecer esas conexiones?

Z.T.- Me daba mucha pena no poder presentaros a todas esas personas que menciono, que son tan importantes para mí y han cambiado mi vida. Se me ocurrió describirlas, presentarlas, a través de la música, mostrar cómo me suenan a mí. ¿A qué mi ex mujer, mi pareja, mi amigo,...? Es lo que he tratado de explicar en los agradecimientos, y creo que no ha quedado mal. Ellos dicen que se sienten reconocidos. Así que, guay.

M.G.- Es muy bonito, sí.

Para finalizar, ¿piensas seguir escribiendo?

Z.T.- Ojalá, porque me ha gustado mucho. Ya tengo alguna idea por ahí, siempre relacionada con la música, y con mucho humor, como este libro. Pero a ver si este sale bien y podemos hacer un segundo.

M.G.- Bueno, este te ha quedado muy bien. Es muy interesante asomarse a tu vida, ver toda tu trayectoria y aprender con todo lo que nos cuentas sobre la música. José Manuel, muchas gracias por atenderme. Y suerte.

Z.T.- Muchas gracias a ti. 


Sinopsis: Mira el segundero de tu reloj. Repite siguiendo su avance: «Pan. Pan. Pan…». Acelera hasta meter tres golpes en cada segundo. ¿Lo tienes? Estás emulando un allegro vivace. Es el ritmo al que late el corazón de un feto de ocho semanas de gestación. Y el ritmo al que suena una parte del Réquiem de Verdi. En este libro, Zapata hermana música y vida hasta hacer de ellas una misma realidad.

LA MÚSICA ES EL ÚNICO ARTE QUE NOS ACOMPAÑA SIEMPRE: DESDE EL PRIMER LATIDO EN VIENTRE MATERNO HASTA QUE NOS VAMOS DE ESTE MUNDO.



miércoles, 17 de febrero de 2021

EL INCONVENIENTE (COMEDIA - 2020)

Año: 2020

Nacionalidad: España

Director: Bernabé Rico

Reparto: Juana Acosta, Kiti Mánver, Carlos Areces, José Sacristán, Daniel Grao, Eduardo Rejón

Género: Comedia

Sinopsis: A Sara le ofrecen comprar la casa perfecta: espaciosa, muy luminosa y extremadamente barata. Tan solo tiene un pequeño inconveniente: Lola, la octogenaria dueña actual, vivirá en ella hasta que muera. Aun así, Sara cree que es un buen negocio y decide comprar y esperar.


[Fuente: Filmaffinity]


Miércoles. Vuelve a tocar una sesión de cine en este espacio. Y, de nuevo, me fijo en otra película que compite para los próximos premios Goya. Concretamente, está nominada por Mejor Dirección Novel (Bernabé Rico), Mejor Actriz Protagonista (Kiti Manver) y Mejor Actriz de Reparto (Juana Acosta). 

Tenía muchísimas ganas de ver El inconveniente, un largometraje que me habían recomendado con ahínco, y cuánta razón. Es curioso que, de todas las películas que llevo vista estas semanas, y que optan a algún galardón en los Goya (un total de diez), las que menos me han gustado son las que precisamente están nominadas a Mejor Película. Bueno, me falta ver Sentimental de Cesc Gay, con Javier Cámara, Griselda Siciliani, Belén Cuesta y Alberto San Juan, de la que también me han hablado maravillas.

Basada en la obra de teatro de Juan Carlos Rubio, bajo el título 100 m2, y llevada a escena a través de las interpretaciones de María Luisa Merlo, Miriam Díaz-Aroca y Jorge Roelas, El inconveniente narra la relación entre Lola y Sara, dos mujeres que tiene más en común de lo que aparentemente se percibe.

Sara (Juana Acosta) es una ejecutiva de una empresa de seguros. Tiene 39 años y lleva ocho años casada con Daniel. Absorbidos por su trabajo, ambos andan de aquí para allá, más centrados en su faceta profesional que en su relación conyugal. Apenas se ven. A pesar de ser una mujer de éxito, hermosa e inteligente, algo falla en su vida. No está segura de seguir queriendo a Daniel y temiendo que algún día todo se vaya al traste, decide comprarse un piso. Ha encontrado una auténtica ganga, un piso de 100 metros cuadrados, en uno de los mejores barrios de Sevilla pero claro, el inmueble tiene un gran inconveniente. Su nombre es Lola.

Lola (Kiti Manver) es una septuagenaria que vive sola y desafía constantemente a la muerte. Con tres bypass, y aunque lo tiene prohibido, fuma como un carretero y bebe como un cosaco. Lola quiere vender su piso a un precio muy inferior a su valor, con la condición de poder vivir en él hasta el día de su muerte. Y Sara acepta. Total, ¿cuánto le puede quedar de vida a esa vieja? Con sus problemas de corazón y la vida que lleva, no le debe de quedar mucho.

Sara y Lola son la noche y el día. La primera es una mujer joven, con toda la vida por delante. Es práctica, vive volcada en su trabajo, siempre amarrada a los compromisos y al reloj. Seria y seca en el trato, le gusta hacer las cosas bien. Todo a su debido momento. Sin embargo, Lola es todo lo contrario. Encarrilando el final de su vida, la anciana viene de vuelta de todo. Sabe lo que es realmente importante en la vida y todo se la trae al fresco. De humor negrísimo, es excéntrica, disparatada, fuma hachís y dice que jamás friega los platos después de comer porque eso le parece terriblemente conservador. (Me encanta). Y aunque no se parecen en nada, en realidad se parecen mucho más de lo que parece. Y, lo que es más importante, se necesitan. Sara y Lola están solas. Juntas tejerán una relación, basada en la sinceridad, en la que nacen las confidencias, en la que surge el relato de los miedos que no se atreven a pronunciar. Lola ayudará a Sara en su búsqueda de lo que realmente quiere, mientras que Sara ayudará a Lola a enmendar los errores del pasado, porque siempre hay que poner en orden todo aquello que desbaratamos en el pasado. 

Kiti Manver está maravillosa. Dejando de lado la estupenda caracterización -aunque roza los setenta le han dado un aire más avejentado-, la actriz se mete en el papel de Lola con suma facilidad. Ella sola es la que mantiene todo el argumento. Como dije antes, opta al premio como Mejor Actriz Protagonista, compitiendo con Candela Peña por La boda de Rosa, Amaia Aberasturi por AkelarrePatricia López Arnaiz por Ane. A falta de ver esta última, para mí el papel de Manver en este largometraje sobresale muy por encima del de sus compañeras. Candela Peña está mucho mejor en Black Beach, donde ni siquiera está nominada. 

Con respecto a Juana Acosta, me gusta la solemnidad que siempre otorga a sus personajes. Su papel de mujer actual, centradísima en el trabajo, pero con grandes carencias afectivas, está muy conseguido. Me ha sorprendido que esté nominada como Mejor Actriz de Reparto. Para mí su personaje es tan protagonista como el de Lola. Entre las dos actrices hay mucha química y, a pesar de la diferencia de edad, consiguen una conexión inquebrantable

A este tándem se une una tercera pieza, Óscar Ramos. Es un tipo charlatán, torpe, con poco tacto, algo descortés y chistoso. Un tanto pusilánime y buscavidas, va de un trabajo a otro, sin encontrar su lugar. Pero también es un personaje solitario, con alguna herida de la infancia. Necesita tal desahogo que aprovecha cualquier circunstancia para contar su vida a los demás. 

Ramos es el elemento desengrasante de esta historia, el que introduce las notas cómicas porque, aunque Lola se muestra siempre jocosa y divertida, guarda algún secreto en su interior, algún dolor añejo. El personaje es maravilloso, de esos a los que dan ganas de abrazar y hacerlo un amigo del alma. Con cada aparición, en los lugares más insospechados, despierta la risa del espectador. 

Encarnado por Carlos Areces, con esos ojitos pequeños y esa redondez tan tierna, no puedo más que alabar su trabajo. No es un actor al que le haya prestado mucha atención en el pasado. Sus trabajos anteriores no me resultaron especialmente reseñables, salvo en la serie El pueblo. Si no la has visto, tienes que hacerlo ya. Y aquí hago un inciso. Nunca entenderé por qué series buenísimas, que a todo el mundo gusta, tienen tan poca trayectoria. Y luego nos tragamos unos tostones increíbles que durante años. Desde aquí hago un llamamiento al director, guionista, productor y demás miembros del equipo para rescatar esa serie que tantos buenos momentos me ha hecho pasar. Pero, volvieron a la interpretación de Areces, me ha gustado muchísimo y ha conseguido hacerme feliz.

En el apartado del reparto no puedo dejar de mencionar a José Sacristán, en un papel muy exiguo pero muy sólido. Es Sacristán. 

El guion de El inconveniente, escrito para la película por Bernabé Rico y el propio autor de la idea original, Juan Carlos Rubio, me ha parecido brillante.  Algunos espectadores hablan de situaciones poco creíbles. Vale, que Sara se compre un piso con un inquilino dentro no es algo muy habitual, pero tampoco lo es que los vampiros acudan a los institutos y ahí están los Cullen. Por otra parte, y en cierto modo, esta película tiene una ligera similitud con aquella otra dirigida por Marco Ferreri y Isidoro M. Ferry en 1959, El pisito. En aquel largometraje tan bueno, un personaje esperaba la muerte del dueño de un piso para quedarse con el inmueble. Solo en eso se parecen. Bueno, en lo que a mí respecta, ningún momento me ha chocado o chirriado, ninguna situación, ningún diálogo. Como digo, el guion me parecido muy ingenioso. 

Con unas transiciones inteligentes entre escena y escena, la historia se construye sobre un equilibrio constante entre la comedia y el drama. Por cierto, la película está catalogada como comedia pero tiene momentos muy dramáticos en los que, a los más sensibles, se le puede escapar alguna lagrimilla. Pero tranquilidad, que no hay abuso.

Los hechos transcurren en Navidad y se sitúan en la ciudad de Sevilla. No son datos realmente importantes para una trama que, perfectamente, podría ubicarse en otro momento del año y en otra ciudad. Aunque he de decir que, como sevillana, me ha gustado reconocer los lugares, la calle exacta en la que se sitúa el piso de Lola, o el edificio que acoge la empresa de seguros donde trabaja Sara. Y hablando del piso, la casa es casi otro personaje protagonista, con esas paredes empapeladas con motivos florales, un balcón enorme con vistas al río Guadalquivir, un armario que sirve de refugio en los momentos de crisis o una cocina, donde la vida se cuece lenta. Qué importante son las cocinas de las casas, y cuántas cosas se cuentan Sara y Lola alrededor de un café y unos dulces.

El inconveniente es una película de contrastes. Dulce y emotiva a ratos, tiene momentos muy divertidos, desde cuyo prisma se abordan temas serios. Todo ello para llevarnos a un desenlace que nos regala un gran consejo: Siempre ahora.

Al margen de las nominaciones a los Goya, El inconveniente se llevó algunos premios en el Festival de Málaga. A mí me ha gustado mucho. La he disfrutado y me ha dejado un estupendo sabor de boca. La tenéis en plataforma.



Tráiler:



martes, 16 de febrero de 2021

SUSANA MARTÍN GIJÓN: ❝Tras documentarme, he estado mucho tiempo sin comer carne❞

Conocí a Susana Martín Gijón con Progenie, una novela negra, protagonizada por la inspectora Camino Vargas. De aquella obra me gustaron muchas cuestiones. Por un lado, que su trama se desarrollara en Sevilla, mi ciudad, escenario de una serie de asesinatos truculentos, con la maternidad como trasfondo. Pero también me gustó el elenco de personajes, encabezado por esa Vargas peculiar, una mujer de mediana edad, promiscua, salsera, e irreverente. Aunque leí algunas opiniones en las que diversos lectores no llegaron a empatizar con el personaje, y acabaron odiándola, yo debo admitir que para mí fue un soplo de aire fresco. Aun así, tengo que señalar que, de aquella novela, ciertos detalles no terminaron de convencerme, algo que no ha ocurrido con Especie, la segunda entrega de esta serie. 

Especie, ubicada también en Sevilla, con pequeños saltos hacia otros lugares, me ha parecido una novela más completa, más compleja y más pulida. Para aquellos que no tragaron a Camino Vargas, tengo que decirles que, en esta nueva novela, el personaje está más centrado, menos ácido, aunque eso no le ha restado personalidad y carácter. De todo ello, hablamos hoy con Susana Martín. 

© Sebastián Carbini

Marisa G.- Susana, una nueva entrega de las inspectora Camino Vargas. Si me gustó Progenie, te diría que Especie me ha gustado más. Creo que es más compleja. De eso hablaremos luego pero, ¿cómo funcionó Progenie? ¿Tuvo mucha aceptación por parte de los lectores?

Susana M.- Con Progenie estoy muy contenta. Se han vendido veinte mil ejemplares y hay cuatro ediciones en la calle. La última salió en diciembre. En general, ha funcionado muy bien. Por supuesto, hay visiones de todos los tipos, con lectores a los que les encanta, y otros que odian la novela con la misma intensidad. Pero sí, se ha vendido muy bien y estoy muy contenta.

De todos modos, te diré que a mí también me gusta más Especie. Soy muy perfeccionista conmigo misma, y siempre trato de dar lo mejor. Será algo que tendrán que juzgar los lectores pero creo que, tanto la trama como por la profundidad psicológica de los personajes, Especie es mejor novela que Progenie. Da algo de vértigo, pero espero que guste tanto o más que la novela anterior. 

M.G.- No me ha dado lugar a mirarlo pero, ¿esta novela arranca justo donde termina la anterior?

S.M.- Prácticamente, sí. Progenie se desarrollaba entre julio y agosto, y Especie comienza en octubre. Ha pasado poco tiempo entre una y otra. Lo justo para que empezara a cambiar el tiempo, aunque el calor seguirá estando presente.

M.G.- Y para los que no hayan leído la novela, ¿qué va a encontrar el lector en Especie?

S.M.- Va a encontrar a Camino Vargas, enfrentándose a otra trama criminal. He intentado que el argumento sea muy trepidante, y tenga esa capacidad de enganche adictiva que le pedimos a las novelas, especialmente a las novelas de este género. También va a encontrar más Sevilla. La ciudad va a tener más protagonismo que en la anterior, con unos escenarios de los crímenes muy conectados a la historia de la ciudad. Y, por supuesto, se va a reencontrar con Camino, ese personaje extravagante, desmañado y sin filtro. Ella tendrá que enfrentarse a una situación extrema. Si en Progenie se encontraba con un mundo que no iba con ella, como es la maternidad, en Especie tendrá que enfrentarse a un mundo todavía más alejado de su manera de ver las cosas, con el animalismo, el veganismo, e incluso el antiespecismo.

M.G.- Hablas de esos temas, de las asociaciones animalistas, la industria cárnica, los refugios de animales maltratados, ¿qué te hace urdir una trama con estos componentes?

S.M.- Llevaba tiempo queriendo hacer una reflexión profunda sobre estos temas. En otros países desarrollados, hay mayor concienciación sobre el maltrato animal que en España. Como siempre busco un tema social para mis novelas, quería ahondar en estas cuestiones, para hacer esa reflexión que te comento, pensar en el trato que damos a los animales. Los seres humanos nos consideramos tan por encima que creemos tener derecho a actuar violentamente contra los animales. Cualquier mínima utilidad, satisfacción o rentabilidad económica justifica la violencia contra los animales. A partir de ahí, nos podemos ir a la industria cárnica, al sector del ocio, al textil, a la cosmética,... Está todo integrado. 

Camino, que es tan poco empática, va a tener que ponerse en esa mirada para entender mejor lo que está pasando.





M.G.- Como autora, imagino que te habrás tenido que sumergir en esas asociaciones por los derechos de los animales, en los refugios. ¿Cómo ha sido ese viaje por ese submundo?

S.M.- Me he sumergido a tope. He leído mucho ensayo, filosofía, o novela. También he visto todos los documentales que han caído en mis manos, he realizado entrevistas, y he visitado un santuario de animales, donde he pasado varios días, para conocer a los animales que viven allí, o a las personas que lo han dejado todo, para rescatar animales que han sufrido, cuidarlos y regalarles amor en ese tramo que les queda de vida. 

Pero también me he ido al otro extremo, conociendo granjas intensivas y mataderos. Ha sido una inmersión de la que he salido diferente. Una buena novela transforma a los personajes, pero también al autor. Todo esto me ha marcado mucho, pero he procurado que mis impresiones no contaminen al lector. Simplemente le he mostrado lo que ocurre para que conozcan otras formas de pensar. 

M.G.- Con todo lo que leemos en tu novela dan ganas de volverse vegano.

S.M.- Sí, sí... Tras documentarme, he estado mucho tiempo sin comer carne.

M.G.- Me imagino. Bueno, hablemos de Camino Vargas. Esta inspectora no pierde su carácter pero, ¿no la vemos en esta novela como más calmada, menos deslenguada, y menos irreverente? La noto más suave.

S.M.- Sí, puede ser. Camino tiene que seguir liderando el equipo, por poca gracia que le haga, y sabe que tiene que aprender a ser de otro modo. En Progenie, Camino tenía al subinspector Fito totalmente en su contra. Sin embargo, en Especie tiene que intentar llevarse bien con todos, controlarse un poco. 

Por otra parte, en esta novela vamos a ver el regreso de Paco Arenas a la vida de Camino. En la anterior, el hombre estaba ingresado en el hospital, en coma. Esa situación desestabilizaba mucho a Camino. Pero, con la salida de Paco del hospital se podría decir que ese amor platónico ha regresado del mundo de los muertos y eso va a hacer que ella vea las cosas de otra manera. A ver qué pasa con esa relación.

M.G.- Aquí la veo menos promiscua, menos salsera. Además, antes no quería saber nada de compromiso y ahora parece que cambia de opinión.

S.M.- Antes del coma, ella vivía como resignada, asumiendo que no hubiera nada entre los dos. Pero ahora, al salir del coma, las cosas pueden cambiar. Para los lectores románticos, ahí tienen tema. (Risas)

M.G.- Camino encabeza la lista de personajes, pero ella está rodeada de un equipo, que también tiene su protagonismo en esta novela, como ya lo tuvo en la anterior. Vamos a volver a ver a Pascual, a Fito, a Lupe, pero también das paso a otros personajes nuevos, en detrimento de otros que, en esta novela, dejas un poco apartado, como es el caso de la forense, Micaela.

S.M.- Me gusta desarrollar personajes que no sean funcionales, que no sea lo justo para formar parte de la trama y ya está. Me gusta meterme en sus vidas y en su cabeza. Es cierto que no se pueden desarrollar todos por igual. Micaela saldrá un poquito en esta novela. En cambio, me meto en la vida de otros personajes. Si esto sigue, pues en la tercera lo mismo Micaela vuelve a tener más protagonismo, o la vida de Fito se desarrolla algo más. Mi idea es esa, como no se puede llevar todo a la vez porque entonces la narración perdería fluidez, pues voy seleccionando un personaje u otro, para ahondar más en ellos. 

En esta novela hay momentos muy bonitos de Pascual con su hija, regresa Águedo, que estaba de baja, como miembro del equipo, y también aparece un nuevo personaje, Evita Gallego. Ella supone un contrapunto para Camino, como lo era Pascual en Progenie. Evita es una chica de León, muy finolis, muy «saboría», que diría Camino, a la que no traga mucho, con esa sonrisa que se gasta, que parece que ha llegado a la brigada en unicornio. Camino no la aguanta porque además no soporta la vida que tiene, tan «healthy», no bebe café, es vegana,... Además es una novata, recién llegada, a la que le da mucha pereza tener que enseñar. Sin embargo, Camino se dará cuenta que Evita tiene mucho que enseñarle. 

M.G.- Yo tengo especial predilección por Lupe. Me parece un personaje tan terrenal. Tiene su trabajo, pero luego también tiene ciertas cosillas en su vida personal, en su matrimonio,... Me parece un personaje muy creíble.

S.M.- A mí también me gusta mucho. Lupe tiene ese temperamento que tenemos todos alguna vez. Esos momentos en los que a todos nos dan ganas de estampar el móvil contra la pared. Para mí los personajes se han convertido en parte de mi familia

M.G.- Como has comentado antes, Sevilla sigue siendo el escenario principal pero también hacemos tímidos viajes a otros lugares.

S.M.- Tímidos pero a muchos kilómetros de distancia. Vamos a asomarnos a Florencia, pero no para ver su Duomo o el David. Y también viajaremos a Nueva York. Especie es una novela muy centrada en Sevilla, pero a la vez, es también muy internacional.

M.G.- A mí me has descubierto lugares de Sevilla por los que he pasado miles de veces, pero de los que desconocía su historia.

S.M.- A mí también me ha pasado. A medida que me documentaba, iba descubriendo cosas que no esperaba y que conectaban perfectamente con la trama. Estudiar el pasado de Sevilla me ha dado alguna sorpresa muy interesante. He descubierto datos muy curiosos sobre lugares que son un referente en la ciudad, como la Plaza de la Pescadería, la Alameda, la pila del Pato,... Creo que es chulo ese mapa del crimen que me ha salido. Puede dar mucho juego.




M.G.- Susana, ¿has sido más complejo armar esta novela que la anterior? Te lo decía al principio. Para mí esta novela tiene más apariencia de puzle que la otra.

S.M.- Quizá ha quedado más redonda, pero ambas ha supuesto un esfuerzo. La documentación de Progenie también tenía su dificultad, y además era un tema muy difícil de abordar con las debidas cautelas, para despejar tabúes. Eso sí, Especie es más larga que la otra.

M.G.- Antes has comentado que entre una y otra han transcurrido un par de meses. En Progenie, sometiste a los personajes a una ola de calor. En esta, a pesar de que los hechos ocurren en octubre, también creas una atmósfera muy calurosa. Tengo la impresión de que juegas con el calor como un condicionante que matiza las reacciones de los personajes.

S.M.- El calor pone las cosas algo más difícil a los personajes. Además es que ese calor sofocante es el que recuerdo de mis veranos de infancia, cuando pasaba esos meses en Sevilla. 

M.G.- Los hechos ocurren en unos cuantos días de octubre. Tenemos capítulos muy cortos, prácticamente a escena por capítulo. Todo eso imprime muchísima rapidez a la acción y mucho ritmo.

S.M.- Me gusta marcar los días. Es algo que suele ser mi seña de identidad. Eso, junto a los capítulos cortos, da mucha agilidad a la trama. Es cierto que, la mayoría de los casos reales no se suelen solventar en tan pocos días, pero quería dar mucha fluidez a la novela.

M.G.- Y termina casi dando pie a la tercera. Entiendo que vas a ofrecernos un nuevo caso de Camino.

S.M.- Sí. Cuando parece que está todo atado y bien atado, resulta que queda un caso suelto. Me gustaría seguir con Camino pero habrá que dejar que Especie tenga su recorrido. Serán los lectores los que decidan si Camino continúa.

M.G.- Espero que sí. Susana, muchas gracias por atenderme. Y espero poder verte en persona en la siguiente novela.

S.M.- Sería estupendo. Gracias a ti.




Sinopsis: Es verano en Sevilla. La inspectora Camino Vargas sigue de jefa de Homicidios. Paco Arenas, su mentor y amor secreto, está de baja y ella no tiene ganas de liderar a su equipo y menos aún de formar a la joven agente Evita Gallego. Cuando los cuerpos de un hombre desollado, de otro molido a palos y de otro inflado de comida hasta reventar aparecen abandonados en lugares emblemáticos de la ciudad, los indicios apuntan a un misterioso asesino en serie. Solo Gallego sabrá leer en los cadáveres el macabro mensaje y acompañar a Camino en una nueva bajada a los infiernos.








lunes, 15 de febrero de 2021

VIVIR DE ALQUILER de Markel Hernández Pérez

Editorial: Algaida
LV Premios Literarios Kutxa
Ciudad de San Sebastián
Fecha publicación: noviembre, 2020
Precio: 12,00 €
Género: Teatro
Nº Páginas: 72
Encuadernación: Tapa blanda y sobre cubierta
ISBN: 9788491893851


Autor

Markel Hernández Pérez nació en Arrigorriaga, Bizkaia (1997) y es graduado en Filología Hispánica por la Universidad de Salamanca y máster de Estudios Literarios y Teatrales por la Universidad de Granada. Ha colaborado con diversos grupos de teatro en Bilbao, Salamanca y Granada, y en las tres ciudades ha podido estrenar varios de sus textos dramáticos de pequeño formato: La noche de los sueños imposibles dentro del montaje colectivo Sur un fil sur elle (ESM Teatro, 2015), Las voces pervertidas (Salamanca, 2019) y Como si fuera una obra de teatro (Granada, 2020). Entre sus obras destacan los relatos El barco de la vida (3º premio en el II Concurso Búcaro de poesía y cuento, 2013), El poeta y su pluma (mención de honor en el Certamen Jóvenes Creadores de la Ciudad de Salamanca, 2015) y la pieza dramática Tabú: las cosas que nunca dijimos (III Premio de Microteatro de La Malhablada, 2017). Ha participado en las antologías de poesía O Sol é secreto, poetas celebram Eugénio de Andrade (Casa da poesía Eugénio de Andrade, 2018), la de joven poesía vasca Izotzetan islatuak (Liberoamerika Euskal Herria, 2020) y en las antologías online Poesía Gen Z (Playground Books), Así creció mi templo: selección de textos LGBTI+ (Liberoamérica) y en la revista Caligrama (2020). Escribe, desde su fundación, para la revista Apostasía.

Sinopsis

SERGIO: ¿Estás bien, mamá? Saldremos de esta. Dentro de poco me pagarán. ¿Mamá? JUANI: He pasado la mayor parte de mi vida en esta casa y ahora quieren echarme de ella, quieren dejarla vacía como si nunca la hubiera habitado. SERGIO: No tardarán en llegar a nuestra puerta. JUANI: En esta casa he hecho el amor con mi marido, he visto crecer a mi hijo y a mi hija, hacerse grandes, he visto a mi nieta dando sus primeros pasos por estos pasillos. En esta casa he llorado todas las veces que me he sentido triste, he reído, he sido la persona más feliz del mundo y la más desgraciada. Van a vaciarme de ella y dejarla como una cáscara de nuez. LV PREMIOS LITERARIOS KUTXA CIUDAD DE SAN SEBASTIÁN (MODALIDAD TEATRO EN CASTELLANO)

[Información tomada directamente del ejemplar]



La Fundación Kutxa, en su labor de promoción de la cultura, y más concretamente de la literatura, lleva organizando los Premios Literarios Kutxa Ciudad de San Sebastián (modalidades: cuento y teatro) desde 1966, aunque los dedicados al teatro empezaron a otorgarse en 1990. En su última edición, la que hace la número 55, el jurado acordó conceder los siguientes premios: 

Teatro en euskera. Herri hura de Maialen Díaz Urriza

- Teatro en castellano. Vivir de alquiler. Markel Hernández Pérez

- Cuento en castellano. Quince llamadas perdidas de Rubén Fernández Abella

- Cuento en euskara. Zoriontsuak izatea aukeratu genuen de Mikel Ayllon Corral

Las obras en castellano han sido editadas por Algaida. Quince llamadas perdidas de Rubén Fernández Abella cuenta con una sinopsis peculiar, y será una de mis próximas lecturas. Pero ayer mismo releí Vivir de alquiler de Markel Hernández Pérez. Y digo releí porque mi primera aproximación a esta obra breve (no llega ni a setenta páginas) fue a principios de enero. La lectura me llevó menos de una tarde, pero me dejó algo desubicada. No estamos ante una obra de teatro al uso. Al menos, yo no la veo así. Pocos personajes, una trama que abarca muchas cuestiones y una estructura en capítulos-actos, que entremezcla la realidad con las ensoñaciones. Admito que algunos pasajes me dejaron desconcertada, como si no fuera capaz de extraer el significado de lo que allí se contaba. A veces me ocurre. Generalmente con los relatos. Y cuando algo así me sucede, acostumbro a dejar reposar la obra tras una primera lectura, para volver a ella tiempo después. La perspectiva cambia por completo, y el segundo acercamiento ha resultado mucho más productivo.

Vivir de alquiler cuenta la historia de Juani, una mujer de cincuenta y siete años. Es ama de casa y están a punto de desahuciarla. Las primeras líneas sirven como presentación. Nos habla de cómo llegó a Badajoz, cuando tenía solo doce años; de aquel novio al que conoció siendo tan joven y con el que después se casó; de la luna de miel en Canarias; de la adquisición de una vivienda en un barrio obrero; del sueño de los hijos, con la llegada de Sergio, primero, y de Sara, después; del primogénito que se casa, tiene una hija y luego se divorcia; del marido que pierde el empleo; de la ruina; de las deudas; del banco.

A Sergio también se lo come la ruina. Sin trabajo, o con ocupaciones muy precarias y mal pagadas, se ve obligado a regresar a casa de los padres. Pero allí el ambiente está enrarecido. Hay tensión y, sobre todo, mucho silencio. Los ánimos se crispan, los desahogos solo funcionan a base de gritos o golpes, que terminan por conducir a la violencia


Juani es un personaje sencillo, una mujer con una vida que se reduce a la mínima expresión: hogar-familia, familia-hogar. Es una mujer de su casa, sin apenas experiencia más allá de la que le ha proporcionado las muchas horas metida en la cocina. Se casó siendo muy joven. ¿Enamorada? Ella nos lo contará en su momento. Y desde entonces, lo único que ha hecho es rezar por los demás y velar porque su casa fuera adelante. Nunca ha pensado en sí misma. Así que, su vida, gris y anodina, transita entre los límites de lo doméstico, con la cocina como territorio propio, y la televisión como única fuente de entretenimiento.

El otro personaje con voz en la obra será su hijo Sergio. Treinta y tres años; padre de un niña pequeña; sin apenas estudio; sin trabajo estable; sin futuro, se ve obligado a regresar a casa de sus padres. Él es esa otra boca a la que alimentar, como cuando era pequeño, solo que ahora es un hombre adulto y familiar sustento familiar depende de una irrisoria pensión de jubilación. Sergio comenzó una vida, pero también se truncó. Parece como si él también estuviera marcado por el estigma de los padres. «Cuando la ruina entra por la puerta, el amor sale por la ventana». ¿No dicen eso? Hubo un divorcio, y una hija que iba y venía de una casa a otra. Dejó de creer en el amor. Y solo encuentra refugio en el regazo de su madre, porque está asustado. No sabe qué va a ser de él, tiene miedo, y solo su madre puede consolarlo. ¿No es eso lo que hacen las madres? Para mí ha sido la escena más tierna y emotiva de la obra.

Como personajes satélites: Jesús, el marido; Sara, la hija discapacitada que no es biológica; y gente que quiere entrar en la casa, golpean la puerta, dan voces y gritos. 

Para ser una obra tan breve, son muchos los temas que se tocan. Hago un repaso:

- el poco valor que se le da a la labor de las amas de casa

- el deterioro de las relaciones conyugales

- el quebranto de las familias vapuleadas por la miseria

- las relaciones padre-hijo

- las pensiones como sustento familiar

- el regreso de los hijos a la casa de la infancia

- la especial relación entre madres e hijos; ese cordón umbilical que jamás se rompe

- la precariedad laboral, que entronca con la crisis económica y el desempleo

- el mercadeo del amor

- y el SILENCIO. Lo pongo en mayúsculas porque ese silencio es la metáfora de todo lo que acontece en la obra. Es esa piedra atada al tobillo que nos hunde hacia el fondo del mar. Es esa sustancia nociva que desdibuja los bordes y diluye los colores.



De forma colateral, la obra también pasea por dos noticias relativamente recientes: el traslado del cuerpo de Franco desde el Valle de los Caídos y el procés. De esto modo, entendemos que la acción se sitúa en 2019. No obstante, asomarse a esta obra es hacerlo a la realidad del día a día, a la que llega hasta este 2021, agravada especialmente por situación sanitaria que vivimos. Pérdida de puestos de empleo, desastre económicos, deudas y miseria. 

Estructurada en doce partes, cada una de ellas precedida por la cita de algún poeta, dramaturgo o guionista, Vivir de alquiler se mueve entre el monólogo y el diálogo. Al principio, cuando conocemos a Juani, tenemos la sensación de que el personaje está hablando a un auditorio. No es descabellado. Esto es teatro. Sin embargo, poco después mi impresión varía. ¿Se trata de un diario? Lo mismo ocurre con Sergio, que protagoniza el segundo capítulo-acto, hasta que los dos personajes coinciden en el mismo espacio, interactúan, conversan, y regresan al pasado, a modo de flashback. Porque la acción se inicia cuando están a punto de desahuciar a la familia pero, ¿cómo han llegado a ese punto?

Hernández Pérez recurre a los elementos que le proporcionan los propios personajes. ¿Qué hace Juani cuando no está cocinando croquetas? A Juani le gusta ver la tele: los programas del corazón, ese otro en el que puedes encontrar al amor de tu vida, y esas películas en las que hay una investigación criminal. Ese es el mundo al que Juani huye cuando la realidad no le gusta, por eso hay mucho de esos programas en sus ensoñaciones. Vivir de alquiler tiene un punto onírico en el que Juani (o Sergio) se enfrenta a la verdad, donde no hay lugar al engaño. Son pasajes complicados, donde el personaje sufre porque verse reflejado en un espejo no resulta fácil.

Por otro lado, el ritmo es muy importante en la obra, fluctúa y se amolda perfectamente a las exigencias de cada situación. Si en la mayoría de las conversaciones entre madre e hijo, todo discurre con relativo sosiego, la acción cobra brío y se acelera en los momentos de más tensión. La ansiedad que invade a los personajes se transmite con facilidad al espectador, que siente que la amenaza es inminente y el peligro está a punto de hacer acto de presencia. 

Con las acotaciones propias de un texto teatral, que indican lo que acontece alrededor de los personajes, la obra hay que leerla cerrando los ojos. ¿No me entendéis? Si en novela acostumbramos a recurrir a nuestra imaginación como si se tratara de la pantalla de un cine, en teatro es algo que se vuelve imperativo. Sé que leer teatro es una práctica a la que no muchos lectores son aficionados. Admito que me gusta más acudir a una representación, donde ya me dan hecho todo el trabajo imaginativo, pero leer una pieza teatral me conecta con mi yo estudiante, con aquellos años en los que tenía como lectura obligatoria títulos como Romeo y Julieta de Shakespeare o La Celestina de Fernando de Rojas, obras de las que extraíamos alguna escena para representar en el aula, o de la que hacíamos alguna extrapolación. Recuerdo esos años con nostalgia.

Poco más os puedo aportar de Vivir de alquiler, una obra brevísima pero llena de un dramatismo enorme y doloroso. No es difícil que el lector conozca en su entorno a una Juani, o un Sergio. Quién sabe si el mismo lector es uno u otro.

Para concluir, os dejo con el vídeo de la entrega de los premios.


[Idioma: Euskera - Castellano]

[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

Puedes adquirirlo aquí:

 


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