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viernes, 17 de febrero de 2023

MOSAICO DE (DES)AMOR de Paula Rosado Durán

Editorial: Con M de Mujer
Fecha publicación: abril, 2022
Precio: 13,00 €
Género: poesía
Nº Páginas:110
Encuadernación: Tapa blanda con solapas
ISBN:  9788419327079

Autora

Paula Rosado Durán (Sevilla, 2004) es sin duda toda una amante de todas las artes, en especial la escritura, como así demostró desde la prematura edad de los trece años, siendo esta una vía de escape y un apoyo enorme.  

En 2022, coincidiendo con su último curso en el instituto y cursando el bachillerato de humanidades, publica su primer poemario “Mosaico de (des)amor”, con tan solo diecisiete años. 

Actualmente cursa el grado de Periodismo en la Universidad de Sevilla, y por supuesto, planea continuar con su trayectoria en el mundo de la escritura. 

Sinopsis

Sentir que te pierdes a ti mismo, aunque estés rodeado de todo tipo de personas, es perderlo todo. Y es el sentimiento más terrorífico que existe. Nada da más miedo que verte a ti mismo marchar porque ya no sabes ni quién eres. Da miedo, ¿verdad? Pero se sale de ahí, de ese pozo sin fondo al que estás cayendo, de la incertidumbre de no saber nada, de la atadura de las cadenas que tú mismo te has puesto. Las personas estamos en constante evolución, somos efímeras, y cada circunstancia que vivimos hará que nuestro rumbo sea de una forma o de otra. El miedo a estar sola, el sentir que me pierdo cada segundo que pasa, puede que nunca llegue a desaparecer. Pero soy humana, soy efímera, y estoy evolucionando.

[Información tomada directamente de la web de la editorial]

Muchos sabéis que no acostumbro a leer poesía. Salvo contadas ocasiones, me he zambullido en un poemario. No es que no me guste el género. ¿Cómo no me habría de gustar si todo es pura emoción? Simplemente, es que se me resiste. Me parece un género complicadísimo, tanto para escribir como para leer. Admiro muchísimo a todo aquel que es capaz de plasmar en unas cuantas líneas aquello que bulle en su interior, su particular torbellino de emociones, los sentimientos más profundos. Algo, tan extremadamente delicado como es el corazón, bien merece un respeto y una dosis importante de consideración. Pero yo, por más que lo intento, me cuesta mucho extraer el significado de los poemas, la intencionalidad del autor, lo que nos quiere transmitir. En cualquier caso, no dejo de intentarlo.

En los últimos años son muchos los poemarios que han pasado por mis manos. Algunos están firmados por gente conocida -cantantes de todos los géneros-, y otros proceden de jóvenes que van dejando su impronta a través de redes sociales. Lo curioso de todo esto, es que la mayoría de estos poemarios están escritos por gente muy joven, chicos y chicas con los que he podido hablar, descubriendo un amor desmesurado por la literatura, inquietudes creativas, ganas de cambiar el mundo, deseo de conectar con otros iguales. Gente joven con la cabeza bien amueblada y una claridad de ideas inconcebible para esa edad, que han pasado por diversos avatares y han encontrado refugio en la escritura. Este es el caso de Paula Rosado Durán, una joven de tan solo dieciocho años que empezó a escribir a los trece y, desde entonces, no ha dejado de hacerlo. Para Paula, la poesía es magia. Es consciente de que este mundo de la literatura es altamente complicado, pero asegura que la poesía es su rincón favorito.

La joven sevillana publica el poemario Mosaico de (des)amor en 2021, a través de la editorial Con M de Mujer. Me cuenta Paula que comenzó «a escribir el libro en 2018 más o menos, aunque empecé con la poesía a los trece años, y actualmente tengo dieciocho. Las páginas de este poemario han sido un refugio para mí a lo largo de los años, y las diferentes dificultades que he pasado han sido su inspiración para construir cada verso». Paula ha encontrado en la literatura ese rincón donde sentir paz y recomponerse de los reveses de la vida. Imagino que a ella, como les ocurre a muchos otros escritores, la escritura le habrá servido como bálsamo reparador.

[Foto: cortesía de la autora]

Mosaico de (des)amor es un poemario estructurado en cinco capítulos, estando dos de ellos íntimamente relacionados, convirtiéndose en el núcleo duro del volumen. ¿Y de qué tratan estos versos? Bueno, la poesía se caracteriza por versar sobre esos temas universales que a todos nos afectan. Así que, vamos a encontrar poemas que nos hablan «del amor (en todos sus aspectos), el desamor, el miedo, el feminismo, el dolor, las inseguridades,...». No importa que Paula sea tan joven, que tan solo tenga dieciocho años. Lo que nos cuenta en estos poemas es fruto de las inquietudes e incertidumbres propias del ser humano, cuestiones que nos acompañan a lo largo de nuestro recorrido vital.

Y dije antes que me cuesta extraer el significado de los poemas pero no siempre es así. Los poemas de Paula Rosado son directos, sin ambages, ni florituras. Van directo al grano. En ellos, ella habla de las cuestiones que le atañen con un lenguaje sencillo y al alcance de todo tipo de lector.  Para muestra, un botón. Os dejo el poema que da nombre al volumen y del que Paula dice: «Este poema es el reflejo de la inseguridad, del miedo al fracaso y un recorrido por ciertas experiencias que han marcado mi vida, sin duda es uno de los poemas que más me ha gustado escribir»


Mosaico de (des)amor

Sé que mientras lloro delante del espejo,

el mundo no se para.

A veces tengo la sensación

que a mí alrededor tengo una atmósfera

que no me deja ver más allá.


El olor a agua salada que me invade

puede ser por las lágrimas de mis mejillas,

o tal vez por cómo me hundo poco a poco

en este mar lleno de naufragios.

Es irónico que a pesar de ahogarme

siempre sea yo quien rescato a los demás.


Y es que cada día

trato de llegar a la superficie,

pero algo me ata aquí,

y sé que soy yo misma la que

no me deja salir.

Porque por suerte,

o más bien desgracia,

soy mi peor enemiga.

Y cuando estoy a solas conmigo,

es cuando más me hundo.


Ahora que estoy perdida

en este cementerio marino,

siento el frío del mar de tus ojos.

Recuerdo su peculiar humor,

que a veces tanto daño me hacía.

Y recuerdo cómo me robaste

la pequeña niña que había en mí.


Puedo ver cómo te reíste de mí,

cómo me odia él ahora,

y lo mucho que la quise a ella.

Qué pena que todo acabará,

tan fugazmente como el verano,

pues ahora no son más que

borrosos recuerdos.


Los recuerdos que guardo en mi corazón,

el mosaico de (des)amor que me brindaron

las dulces o corrompidas almas que estuvieron

conmigo para sacarme a la superficie.


Sé que cuando llega el frío para mí,

para el mundo sigue siendo verano.

Y a veces tengo la sensación

que a mí alrededor todo es cálido,

menos en mi interior,

al parecer ahí siempre es invierno.


Paula escribe empleando el verso libre. Dice que para escribir, se inspira que canciones o en otras lecturas que ha hecho, y que suponen el vehículo a través del cual expresa lo que siente. Además, el volumen cuenta con ilustraciones realizadas por Adriana Gallardo, «una buena amiga mía, que expresan los sentimientos de algunos poemas concretos y del tema principal de cada capítulo».

La literatura no morirá nunca, siempre y cuando haya gente joven con ganas de expresarse. Da igual que sea en prosa o en verso. Lo verdaderamente importante es que la juventud encuentre en la escritura y en la lectura ese espacio de íntima conexión consigo mismo y con el universo. Aplaudo a todos los que dan un paso al frente y comparten con los demás, por medio de la tinta y el papel, lo que anida en su interior. Por eso este espacio siempre los apoyará.

Para ir cerrando, os dejo las preciosas y sinceras palabras de Paula, con las que explica por qué ha escrito este libro. 


«A través de este sueño ya hecho realidad unos meses atrás, quise expresarme y alzar la voz por la Paula que no pudo abrir su corazón por miedo al qué dirán durante años. Este libro cambió mi vida e hizo que un nuevo capítulo comenzase. Me ha hecho evolucionar, madurar y dejar atrás el dolor de experiencias que ahora son tan solo cicatrices. Con todo ello, espero y me encantaría que mi poemario llegase a más personas porque tal vez haya alguien que sienta lo mismo que yo sentí, miedo, y mis versos podrían ser de gran ayuda si tan solo llegasen a las manos de quién lo necesita.»


La ilustración de la cubierta nos puede dar muchas pistas sobre lo que ha significado este libro para esta joven. Desde aquí le deseo mucha suerte a Paula, y confío en que siga en esta brecha, sin arrojar la toalla.

[Fuente: Imagen de la cubierta facilitada por la autora]

Puedes adquirirlo pincha en la imagen:


jueves, 15 de diciembre de 2022

MANUEL VILAS: ❝Escribo poesía para aquellos lectores que no leen poesía❞

Llano, sencillo, cercano, divertido. Manuel Vilas reconoce que le cuesta mucho hablar en serio, por eso hay tanto humor en su literatura. Incluso en un género como es la poesía que, desde los clásicos, ha estado siempre envuelta por un halo de seriedad, de profundidad, de solemnidad, de introspección.  Lo que Manuel Vilas nos propone en Una sola vida se aleja de la concepción clásica de poesía, rompe esquemas, se rebela, innova y apuesta por una poesía omnipresente, diaria, universal, accesible y, haciendo uso de sus propias palabras, para aquellos lectores que no leen poesía.

Hace unas semanas, Vilas visitó Sevilla para presentar esta antología poética que para él no es más que un testimonio vital. En estos poemas encontramos fragmentos de su vida. Y también de su muerte. Mi encuentro con él fue uno de los más divertidos que he tenido en los últimos meses. El texto que sigue no refleja el ambiente distendido, la charla informal, ni el ambiente alegre, así que, más que leer, te invito a escuchar nuestra conversación. Te garantizo que sus ocurrencias te arrancarán una sonrisa y que su carcajada te resultará contagiosa. 

Hablamos de literatura. Hablamos de poesía. Hablamos de Una sola vida.

Marisa G.- Manuel, dice la editorial que Una sola vida es una antología poética pero en las primeras páginas del libro, defines este volumen como un testamento personal. ¿Por qué?

Manuel V.- Porque he elegido los poemas que a mí más me gustaban, aquellos que son más representativos de mi vida y del mundo que me ha tocado vivir. En este sentido, he hecho una ordenación muy personal. En este libro, todo es personal, como toda la poesía. Y testamento, porque ya he escrito mucho y me tocaba hacer un balance. Así que, este libro es como una especie de balance de lo que he vivido y esperemos que tenga mucho que vivir aún.

M.G.- Testamento es una palabra con mucho peso.

M.V.- Sí, pero acabo de cumplir sesenta años. Cuando yo era crío, recuerdo que sesenta años era una edad, yo que sé, terrible. Y ahora, de repente, me han caído a mí. Lo llevo muy mal. No lo acabo de entender. 

Creo que he montado este libro a raíz de que aparezca el número seis en mi vida. Me parece muy duro. (Ríe)

M.G.- Bueno, hay camino todavía. 

M.V.- No, no, si ya lo sé. Hay camino pero también está la idea de que ha pasado el tiempo, que hay muchas cosas que ya has vivido, y eso es lo que provoca la necesidad de hacer un balance. 

M.G.- Me llama la atención algo que se dice en la nota de prensa. Se nos dice que este libro es una antología poética, pero siguiendo el modelo de los poetas renacentistas.

M.V.- Bueno, es una cosa que puso la editora para dar a entender que este libro es como un cancionero de la vida, que era algo que hacían los poetas del Renacimiento. Poemas que estaban fundados en su experiencia vital, lo que luego ha sido la autobiografía moderna. 

M.G.- Y abrimos el libro y en esas primeras páginas cuentas la importancia que tiene la poesía para ti. Es verdad que has escrito novelas y relatos pero, de esas palabras iniciales, se desprende que tú, por encima de todo, te sientes poeta. Y luego, todo lo demás.

M.V.- Sí, me siento poeta. Tengo una idea de la poesía muy amplia. Poesía no es solo la que hay en un libro de poemas, sino que la poesía también está en la necesidad que tenemos los seres humanos de belleza, de plenitud, de amor, de emoción,... Todo aquello que es un plus. Todo aquello que no es solo comer y dormir. Todo aquello que te emocione y que te haga sentir que estás viviendo. A todo eso, yo lo llamo poesía. 

Nicolás Parra, el poeta chileno, decía que todo es poesía menos la poesía. Muchas veces encuentras poesía en la música, en el cine, en la pintura, o en una charla con un amigo. 

M.G.- Esas palabras de esas páginas iniciales las he entendido como una absoluta rendición a la poesía. Como si dijeras, estoy aquí, poesía, haz conmigo lo que quieras porque estoy a tu servicio.

M.V.- Sí, pero concebida así, de manera ampliada, involucrando a la vida. 

M.G.- Lo que estás diciendo me interesa y quiero conectarlo con mi siguiente pregunta.

Piensa en un lector que llega a una librería, ve tu libro, lo toma, lo abre, mira el índice y encuentra poemas titulados como Balcones, MacDonald's, Iberia, Lavabo. Estos títulos vienen al hilo de lo que estás comentando, que tú encuentras poesía en cualquier cosa que nos rodea y no en el concepto clásico.

M.V.- En Iberia, encuentro poesía cuando suena esa música de cortesía que ponen antes de despegar. En un MacDonald's he encontrado también poesía. En un lavabo, también. La encuentro en todas partes.

En realidad, escribo poesía para aquellos lectores que no leen poesía. Esa ha sido mi cruz toda la vida, intentar ensanchar el género. El género está muy limitado. La poesía ha sido muy endogámica, muy de cuatro o cinco lectores, con un mesías o profeta que impartía doctrina. 

Cualquier lector de novela puede leer este libro. Ahí está la clave. Muchos lectores me vienen y me dicen que leen mis novelas pero que no leen poesía porque no la entienden. Esto me lo dicen muchísimo. Pero esta poesía sí se entiende.

M.G.- Eso me pasa a mí. Te tengo que confesar que no soy lectora asidua de poesía porque no termino de conectar, o conecto  únicamente con autores concretos, o con poemas concretos. Muchas veces se habla de lo que tiene que tener un autor para escribir poesía, -sensibilidad, capacidad de observación,...-,  pero ¿qué tiene que tener el lector para leer y disfrutar de la poesía?

M.V.- Para la mía, saber leer y vivir en este mundo. Saber lo que es un MacDonald's, un coche, un país, y saber que estamos en el 2022. Tener también un poco de curiosidad. 

Mi poesía es una poesía que está escrita con palabras y frases normales. No está fundada en una liturgia que solo conozcamos cuatro, como normalmente pasa con los libros de poesía. De ahí viene el rechazo del género para miles y miles de lectores, que deciden no leer poesía porque no les aporta nada.


[Dale al play si quieres escuchar nuestra conversación]


M.G.- Hablas de ampliar el concepto de poesía. Es cierto que siempre ha sido un género muy encasillado. Cuando lo estudiábamos en clase, nos enseñaban los tipos de versos, nos hablaban de la métrica. Lo más trasgresor era el verso libre. Y claro, abrimos tu libro y vemos que rompes con patrones, con moldes, que la poesía se ha vuelto totalmente maleable y flexible.

M.V.- Totalmente. El verso medido no lo uso porque nadie habla en verso medido. Leo a los poetas clásicos que escriben con octosílabos y con endecasílabos pero porque antes eso daba placer. Pero hoy día, un poema escrito en endecasílabos va a tener lectores muy limitados. La mayoría de ellos rechazarán esa poesía porque no viven en endecasílabos. Imagínate que pones una película y los actores empiezan a hablar en endecasílabos. Apagas la tele a los tres minutos. (Ríe). La poesía se merece tener lectores. Los grandes poetas, al menos los que a mí me han interesado, han aunado lo popular con lo culto. Por ejemplo, Walt Whitman o Federico García Lorca han escrito una poesía popular pero, a la vez, profunda. Lo popular no está reñido con lo profundo, lo que pasa es que es muy difícil que una poesía popular sea también profunda, pero posible, lo es.

M.G.- Encuentras poesía en cualquier lugar, en cualquier sitio. También en los coches. En este libro, encontramos tres textos dedicados a tres coches -Seat 850, Audi 100 y a un Mazda 6-, e incluso a una matrícula. ¿Qué relación tienes con los coches?

M.V.- Mi padre era viajante de comercio. Para él, el coche era una herramienta de trabajo. Mi familia estaba formada por mi padre, mi madre, mi hermano, el coche y yo. De pequeño me di cuenta de la devoción de mi padre por el automóvil, algo que conté en Ordesa. Mi padre estaba obsesionado con dejar el coche a la sombra. Mi madre le proponía a mi padre ir a algún sitio los domingos pero mi padre a veces se negaba porque no había sombra para el coche. Y nos quedábamos en casaHe heredado de mi padre esta querencia por los coches que se convierten en un amigo. El coche que tengo ahora es muy viejo, tiene quince años, pero no lo quiero cambiar porque sería como una traición. A veces me lo quedo mirando y me pregunto quién lo heredará o si acabará en un desguace. Con todo lo que yo he vivido dentro de ese coche. 

M.G.- ¡Un drama!

M.V.- Son esas cosas que están entre la chifladura y la literatura. Pero esto le pasa a más gente porque me lo cuentan. Los padres de mi generación estaban todos obsesionados con dejar el coche a la sombra. 

Vivimos en la cultura del automóvil. Los coches salen en las películas, en la pintura moderna, en la música, en las novelas, ¿por qué no van a salir en la poesía? ¿En la poesía pueden salir criaturas mitológicas pero no coches? Pues yo me rebelo y saco coches. Es que tú sales por esa puerta, y lo primero que te encuentras es un coche.

M.G.- Forman parte de nuestra vida.

M.V.- Exacto. Los coches forman parte de nuestra vida y, por tanto, los saco.

M.G.- Un tema que también sale en este libro, que cierra el volumen pero que, además, es universal, es la muerte. Te imaginas muriendo con ochenta y nueve años, en un hospital. ¿Cómo se construye ese poema?

M.V.- Ese poema es muy irónico y muy divertido.

M.G.- Es que en este libro hay mucho humor.

M.V.- Sí, hay un montón de humor. La fantasía literaria es gratis. No tienes que pagarle a nadie. No la tienes que comprar en una tienda ni tampoco pagar IRPF. La imaginación literaria es revolucionaria. Te puedes montar la película que quieras y yo me monté la película de mi muerte, sin tener que pagarle a nadie, sin tener que ir a comprarla al Corte Inglés, ni declararla en el impuesto de la renta. Es maravilloso. Así que me propuse inventar mi muerte y puse que moría a los ochenta y nueve años. Creo que me he quedado corto. Tenía que haberme puesto noventa y uno o noventa y dos, porque ochenta y nueve son pocos. Fíjate, me quedan solo veintinueve años de vida. (Ríe)

M.G.- Quien sabe, tiremos para delante. Pero, ¿por qué te consideras un iluso, un entusiasta, y un demente?

M.V.- Por esto mismo, por todo esto que digo. Esto es de cretino puro y duro. Los escritores somos unos ilusos. Nos montamos unas películas tremendas y somos como niños. Incluso cabe la posibilidad de que, en realidad, no hayamos entendido nada. Que el mundo sea de los hombres de negocio, de las grandes corporaciones, de los presidentes del gobierno y de los reyes, o de los que tienen el dinero. Nosotros no somos más que unos pardillos, que nos dedicamos a escribir nuestras...., no sé,...

M.G.- ¿Chaladuras?

M.V.- Chaladuras, eso, pero que la realidad se construye con otros mimbres.  Nosotros trabajamos con la libertad, con la ilusión, la fraternidad, el amor a la vida pero luego, lo que hace que funcione el mundo, que haya carreteras, autopistas, hospitales, ejércitos y estados es otra cosa.

M.G.-  Manuel, este volumen contiene poemas, algunos son inéditos, y están los que más te gustan, lo que más te hechizan, los que te perturban,... Pero también hay poemas reescritos. Fue algo que me llamó la atención. Me gustaría saber qué te empuja a reescribir un poema y si ese acto de reescritura no es un poco como traicionar al yo del pasado.

M.V.- Lo que he reescrito son pequeños detalles. La poesía que escribía cuando tenía veintitantos años era muy pedante. A esa edad quieres demostrar que te has leído muchos libros, que conoces muy bien la lengua y el estilo literario, y acabas siendo un pedante. He corregido alguna pedantería de juventud. Tampoco he corregido mucho. Si ves los poemas originales, verás que le he quitado alguna cosa de época, pero no he traicionado lo fundamental. La fuerza del poema está intacta.

M.G.- Cuando presentaste el libro en la librería Alberti, María Fasce hizo la presentación y comentó que con Ordesa pasaste de ser un autor de culto a un fenómeno de masas. Me resultó una expresión curiosa porque, ¿qué prefiere un autor? La idea de autor de culto está muy vinculada a escritores de mucho prestigio.

M.V.- Yo prefiero ser autor de masas. Siendo autor de culto no pagas ni una puta factura. (Ríe). Siendo autor de culto tendrías que llamar a tus lectores para pedirle que pagaran sus diez euros mensuales por ser lectores de autores de culto, para mantener la leyenda. No, no, yo prefiero ser autor de masas, de masas masificadas. 

Lo de autores de culto es una tontería que se inventa la gente para justificar que no te está leyendo nadie. Te leen cinco pero esos cinco, ¡ay que ver qué cinco! (Carcajea con ironía)

M.G.- Claro, los más inteligentes. (Risas)

M.V.- Sí, sí. Te leen cinco pero, ¡hostias!, ¡vaya cinco! Hay que ver lo bien vestidos que van. (Se ríe). No. Yo quiero que me lean cinco millones y me da igual cómo sean, si guapos, feos, bajos, altos,... Me da igual.

No, ahora fuera cachondeo. La literatura es comunicación. La literatura que yo escribo tiene vocación de lector. Si un libro tuyo lo lee poca gente, para mí es un motivo de tristeza. Vanagloriarse porque a uno lo leen pocas personas pero son selectos y eso te convierte en un autor de culto, pues bueno... Si a ti ese autoengaño te sirve... A mí, no.

M.G.- No, a ti no te sirve.

Bueno, el libro se estructura en siete bloques, que corresponden a los siete días de la semana. Dices que esto es como invitar al lector a pasar tiempo contigo. Por ejemplo, hoy es jueves, pues leemos un poema de la sección Jueves.

M.V.- Es una manera de acercarme al lector, confraternizar con él. Es lo que tú acabas de decir, una invitación a jugar. Si hoy es jueves, pues a ver qué dice Vilas del jueves, a ver qué chorrada se le ha ocurrido a este tío para el jueves.  (Ríe).

Soy muy desmitificador de la literatura. Me cuesta mucho hablar en serio. Esa idea del escritor como alguien elegido por los dioses no me gusta. Es más, me resulta patética. Un escritor es un observador, una persona que maneja el lenguaje, y que sabe decir cosas interesantes a los demás. Y ya está. Punto.

M.G.- ¿Y qué criterio has seguido para encuadrar cada grupo de poemas en cada una de las secciones? 

M.V.- Pues, por ejemplo, los que aparecen dentro de Miércoles son los que están dedicados a la familia. La familia de cualquier ser humano, de alguna manera, es el centro de su vida y por eso los agrupé en el centro de la semana. Hice una distribución temática, en función de las obsesiones que tengo. Una de mis obsesiones es la alegría, pues la puse en el Jueves. El paso del tiempo aparece en Martes y Sábado. Otra obsesión mía es la historia, pues la coloqué en Viernes

Es una división chula. Me parece divertida. A mí como lector, si me cae en las manos un libro en el que cada día de la semana se trata un tema, me haría sonreír. También es algo muy inocente. Fíjate que ser más candoroso que ha dividido su producción poética en los días de la semana. Alguien así, a mí me caería bien. 

M.G.- Para terminar, voy a hacerte una pregunta muy superficial pero importante, porque lo primero que nos entra por los ojos, cuando vemos un libro, es la cubierta. Y esta, la de tu libro, es muy austera. Recuerda a la que usaban aquellas pequeñas editoriales, ya desaparecidas, que publicaban colecciones como Grandes clásicos de la Literatura Española.

M.V.- La poesía es tan pobre que no da ni para ponerle colorines en la cubierta. (Carcajea). Es verdad. Un libro de poesía no es como una novela. La producción de un libro de poesía, frente a la novela, es mínima. Es por la austeridad del género. Es un género pobretón, donde se pasa mucha hambre, y por eso todo es austeridad. 

En mi pueblo, cuando se dice que alguien no ha visto hoja verde en su vida, se refiere a que no ha visto mucha prosperidad en su vida. Pues los poetas no han visto hoja verde en su vida.

M.G.- En cualquier caso, tú no cambias la poesía por nada, ¿no?

M.V.- ¡La cambio por un Mercedes ahora mismo! ¿Cómo no la iba a cambiar? No, no... Me quedo con la poesía porque probablemente no me den el Mercedes. (Ríe).

M.G.- Quedémonos con la poesía. Manuel, lo dejamos aquí si te parece. Muchas gracias por la charla.

M.V.- Gracias. 


Sinopsis: «Iluso, entusiasta, clemente, conmigo siempre está ella, la poesía, en todas partes. Una forma inmarchitable de fervor, eso es la poesía. Por ese fervor, para honrarlo y acrecentarlo, he querido reunir en el presente libro los poemas que más me gustan, o los que más me emocionan, o me seducen, o me perturban, o me hechizan. También se publican por vez primera un montón de poemas inéditos. Y he reescrito unos cuantos. Les he dado otro aspecto. Ropa nueva para todos. Día de fiesta para todos. Yo creo que el libro que tiene en sus manos el lector es completamente original. Que es un libro nuevo. No es una antología, sino un testamento personal.

Es una invitación a ti, lector, a pasar una semana conmigo. Son siete días de vacaciones al lado de mi alma, esperando que mi alma sea la tuya».

Siguiendo el modelo de los poetas renacentistas, Manuel Vilas ha compuesto una suerte de autobiografía poética. Un aliento a verdad y a intimidad recorre este libro en el que cuenta su historia sin tapujos al tiempo que, en cierto sentido, también está contando la de todos nosotros.


jueves, 15 de julio de 2021

PRESENTACIÓN ❝CUANDO EL MONARCA ESPERA❞ de Javier Vela

Sevilla. Espacio Santa Clara. Casa de los poetas. Los medios de comunicación fueron convocados el pasado día 7 de julio para presentar una nueva obra literaria. Cuando el monarca espera, poemario firmado por Javier Vela, recibe el XI Premio Iberoamericano de Poesía Hermanos Machado. La entrega del premio, convocado por el Instituto de la Cultura y las Artes del Ayuntamiento de Sevilla (ICAS), con la colaboración de la Fundación José Manuel Lara, contó con la asistencia del Delegado de Hábitat Urbano, Cultura y Turismo del Ayuntamiento hispalense, Antonio Muñoz, y con Ignacio Garmendia, editor de la fundación.  

Abrió el acto el Delegado de Cultura con unas palabras de bienvenida y de agradecimiento a la Fundación José Manuel Lara por seguir apostando por la poesía, a través de la colección Vandalia. Haciendo alusión a las palabras de Juan Ramón Jiménez, quien en su día afirmó que Sevilla era la capital lírica de España, Muñoz ensalzó la unión entre el Ayuntamiento de la ciudad y la fundación para trabajar en la misma dirección y reforzar la idea del poeta moguereño. Con el deseo de reiterar el compromiso del ayuntamiento con el mundo de la poesía, Antonio Muñoz hizo entrega del diploma a Javier Vela.




Por su parte, Ignacio Garmendia fue el encargado de presentar al ganador. De Javier Vela señaló que la obra del escritor estaba ya presente en la colección Vandalia, a través de su libro Fábula, publicado en 2017 bajo este mismo sello. Según el editor de la Fundación José Manuel Lara, «la trayectoria de Javier es brillante y multifacética». Apuntó que, además de su faceta como creador de poesía, Vela también es traductor y gestor cultural. Recientemente ha fundado la editorial Firmamento, junto a María Alcantarilla. Este nuevo sello editorial lleva en movimiento tan solo unos meses, periodo en el que la editorial ha publicado tres títulos, -se anuncian nuevas publicaciones de cara a septiembre-, entre los que Garmendia destaca la obra de la holandesa Neel Doof, desconocida para la mayoría, y su obra Días de hambre y miseria, primera entrega de la «trilogía del hambre», un retrato conmovedor de la vida proletaria europea de finales del siglo XIX, y cuya traducción ha llevado a cabo el propio Javier. 

Ganador de diversos premios, entre los que figuran el Premio Adonais y el Premio de la Crítica de Madrid, la producción de Javier Vela no solo destaca por sus poemarios. El autor también ha ahondado en la narrativa y cuenta con tres publicaciones de carácter híbrido bajo los títulos Pequeñas sediciones (2017), compuesto de microrrelatos; Libro de las máscaras (2019), conjunto de aforismos y mistificaciones de tradición apócrifa; y el más reciente, publicado con Pre-textos,  Revelaciones de la maestra del arco (2021), a mitad de camino entre la narrativa y el ensayo de ficción«Estos últimos libros dicen mucho de la inquietud de Javier Vela como creador», señaló Garmendia.

Con respecto a la obra ganadora, Cuando el monarca espera es un volumen compuesto por un único poema, dividido en tres partes: El poeta escribe entre líneas, ¿Quiénes son, los poetas? y El poeta insiste en la fabulación. Diversos fragmentos son de inspiración autobiográfica. El editor de la fundación afirmó que el libro es una extensa reflexión sobre el oficio de poeta, con versículos de corte aforístico, en los que el lector puede encontrar múltiples referencias a todos esos escritores y creadores que han marcado al autor. El jurado, compuesto por el delegado de Hábitat Urbano, Cultura y Turismo del Ayuntamiento de Sevilla, Antonio Muñoz, en calidad de presidente; y los poetas, escritores y especialistas Jacobo Cortines, Javier Salvago, Abelardo Linares e Ignacio  Garmendia, como vocales; y Carmen Hernández, del Servicio de Gestión Administrativa, Economía y Cultural del ICAS, como secretaria, destacó que Cuando el monarca espera es un libro «lleno de imágenes poderosas, abstractas, de fondo hermético o metafísico, que inquiere en el oficio y la condición de poeta, la identidad, la tensión entre el silencio y la palabra creadora».

El libro abre y cierra con dos citas muy reveladoras. La primera de ella corresponde a Emily Dickinson -«Di toda la verdad, más dila al sesgo»-, que hace alusión a una manera elíptica o indirecta de escribir. La segunda pertenece a León Felipe, -«La poesía se apoya en la biografía. Es biografía hasta que se hace destino»-, sumamente sugerente a juicio de Garmendia, quien terminó su intervención afirmando que Javier Vela «funda un bosque de fábulas, con el que, más que reflejar la realidad, lo que pretende es crear una nueva»

Acto seguido, tomó la palabra el ganador del premio.




Sobre el título del poemario, Javier Vela explicó que la imagen del monarca es una figuración simbólica del destino, contra el que el poeta, o cualquier persona mínimamente crítica, debe rebelarse«Esas circunstancias diarias a las que llamamos destino, en definitiva se materializan en cosas muy banales y muy cotidianas». Añadió que el tiempo se paraliza cuando dejamos de mirar al lugar en el que nos dirigimos, cuando dejamos de mirar ese mandato que el destino nos impone. Rebelarse contra el destino, es rebelarse contra la figura del poder y, por tanto, contra el monarca, «ese antagonista del creador». El creador, y cualquier persona, debe establecer su propia forma de vida, rebelarse contra las circunstancias diarias y ampliar la escala de la realidad. «La poesía, y cualquier vía de creación artística, permite establecer caminos paralelos desde el canon o contra el canon, abril una vía de escape contra lo impuesto», afirmó el autor que, a continuación, nos leyó un fragmento del libro.


 




El Premio Iberoamericano de Poesía Hermanos Machado ha recibido en esta edición un total de 540 manuscritos. Con una dotación de 4.000 €, el volumen ya está disponible en librerías.

Sinopsis: Compuesto por un único poema dividido en fragmentos de cuño autobiográfico, Cuando el monarca espera abre una reflexión abarcadora sobre el oficio mismo del poeta en un mundo cambiante y azorado por la velocidad con que se alternan sus ciclos naturales, sociales y tecnológicos. A lo largo del libro, perteneciente al género de los "escritos sobre la escritura" y articulado mediante versículos de cariz aforístico y gran expresividad plástica, la imagen del monarca se dibuja como una vacilante proyección del destino del que nacemos súbditos y contra el que, más tarde o más temprano, hemos de rebelarnos. En el intento de escudriñar su memoria y de dar testimonio de una vivencia íntima al tiempo que universal, Javier Vela restaura un flujo de diálogo con otras tradiciones literarias –de Giacomo Leopardi a Saint-Pol-Roux, de T. S. Eliot a Theresa Cha– que hace vibrar las potencialidades míticas y simbólicas de la palabra poética a fin de liberarla de las limitaciones que lo real le impone, recordando al poeta el cometido de su ejercicio creador. 



jueves, 25 de junio de 2020

JÚLIA PERÓ: 'Este libro es una bañera y todo lo que hay dentro soy yo'

Los jóvenes vienen pisando fuerte. Alzan la voz para expresar su pensamiento, su alegría y también su dolor, porque este, no tiene nada que ver con la edad. Creemos que la juventud es una continua fiesta, que los jóvenes tienen una vida simple, sin miedos, sin angustias, sin preocupaciones. "Ya verás cuando crezcas y te hagas mayor", solemos escuchar. Sin embargo, hay jóvenes que se hacen mayores de un día para otro, porque la vida no discrimina, y si tiene que dar un zarpazo lo hace sin mirar la fecha de nacimiento. 

Júlia Peró conoce el dolor. Miró de frente a la muerte y tuvo que aceptarla como compañera de viaje. Durante mucho tiempo la sintió a su lado sin poder hablarle, hasta que un día encontró la forma de dialogar con ella. Lo hizo a través de sus textos, de sus palabras escritas que fueron el hilo de sutura de sus heridas. 

Esta joven escritora, nacida en Barcelona en 1995, acaba de publicar un libro lleno de dolor y de bálsamo. En Anatomía de una bañera (Planeta), Júlia Peró se reconstruye, resurgiendo de sus cenizas.

M.G.- Júlia, aunque has participado en alguna antología, este es tu primer libro en solitario. Sé que vienes del arte. Me gustaría que me hablaras un poco de ti y de por qué has escrito este libro.

Júlia P.- Me dedico al diseño gráfico y soy directora de arte. Es con lo que me gano el pan. Pero, por otro lado, hago otras muchas cosas: activismo femenino, escribo, fotografío... Me gusta decir que soy un artista multidisciplinar, porque abarco muchas disciplinas dentro del arte.

En cuanto al libro, te diría que, cuando empecé a escribirlo, no sabía que al final se convertiría en libro. En el pasado me ocurrieron ciertos sucesos, algunos más traumáticos que otros. No podía hablar de ellos, no podía verbalizarlos. El sistema que me ayudó fue escribir sobre ello.

M.G.- En la introducción lo resumes muy bien. Dices que "el cometido era vaciarme de toda esta tristeza".

J.P.- Totalmente. Es así.

M.G.- Me parece muy llamativo el título, Anatomía de una bañera. En esa misma introducción dices que en las bañeras te ha ocurrido lo mejor y lo mejor. ¿Qué simbología tiene una bañera para ti?

J.P.- El suceso más impactante de mi vida pasó dentro de una bañera. Fue lo que me empujó a escribir. En el mismo libro, cuento que no hacía más que escribir sobre ese hecho y, por lo tanto, solo escribía de esa bañera. De alguna manera, de tanto escribir autobiográficamente sobre ese suceso ocurrido dentro de una bañera, yo misma me convertí en una bañera. También hice una mirada hacia atrás y me di cuenta que hay muchas cosas en mi vida que me han marcado, y que han ocurrido dentro de bañeras. Terminé por personificar la bañera, por convertirme en ella, por todo lo que me ha marcado. Por eso se llama Anatomía de una bañera porque, en realidad, es la anatomía de mí misma. Este libro es una bañera y todo lo que hay dentro soy yo.

M.G.-  ¿De qué nos hablas en tus poemas? Los primeros son muy duros.

J.P.- El libro tiene tres partes muy diferenciadas. En la primera hablo principalmente de la muerte y el duelo por un ser querido, pero de una forma diferente. La he vivido de manera muy cercana, converso con ella y la trato como si fuera casi mi compañera. En esa parte escribo tanto sobre ese suceso que me ocurrió que, mientras más escribo, menos daño me hace y, por lo tanto, menos necesidad tengo de escribir sobre ello.

Cuando empiezo a convivir con la muerte y a superar aquel hecho, me abro a otras cosas que recojo en la segunda parte. Me enamoro de otras personas, sufro un desamor, que es casi un segundo duelo.

En la tercera parte, cuando supero el segundo duelo, me doy cuenta que he cambiado. Ya no soy la misma persona de la primera y de la segunda parte. He crecido, ha surgido una nueva Júlia y, por lo tanto, sufro otro tercer duelo por la antigua yo. En esta parte aparece el feminismo, la seguridad, abandono todas las culpas y las debilidades de la primera y la segunda parte, que me habían pesado mucho y no me habían dejado avanzar. 

M.G.- Estas tres partes corresponden a textos de años concretos.




J.P.- No es así exactamente. Esas fechas no reflejan los años en los que escribí esos poemas, sino los años en los que los viví. Por ponerte un ejemplo, un poema de la primera parte puede que lo viviera en 2012, pero no conseguí escribir de ello hasta 2015.

M.G.- Este libro entonces es la materialización de un proceso de cicatrización de heridas.

J.P.- Totalmente, es así. No se puede decir mejor.

M.G.- Los poemas de la muerte me gustan mucho. ¿Pensamos mucho o poco en la muerte?

J.P.- Creo que pensamos mucho pero de una manera que, a mí especialmente, no me ha ayudado. El hecho de que me hayan enseñado a pensar en la muerte como algo malo, algo a lo que temer, te hace estar constantemente preocupada porque llegue. En el libro, intento hablar con ella, hacerme su amiga, para seguir hablando de ella, pero de forma muy distinta.

M.G.- Me gusta cuando hablas de la diferencia entre la muerte inesperada y la muerte que se acerca. Y también esa visión de la muerte como una forma de perder al ser querido pero también de retenerlo. Es una visión muy esperanzadora.

J.P.- Me gustan las palabras que has usado porque eso significa que mi intención se ha entendido. En este libro, hay muchos tipos de conversaciones con la muerte. A veces le estoy agradecida. Otras veces la culpo. Al final, termino por darme cuenta de que, el hecho de hablar con la muerte es una forma de hablar conmigo misma. Me ha ayudado mucho a quitarle valor pero, a la vez, a añadirle un valor distinto.

M.G.- Júlia, ¿y cómo definirías tu poesía?

J.P.- Es sincera. Es un adjetivo muy claro o poco poético pero, a la vez, lo es mucho. Bueno, esta definición sirve exclusivamente para este libro. Actualmente estoy trabajando en otros, y si me preguntaras por ellos, elegiría otro adjetivo. En este libro, he escrito porque lo he necesitado, y he escrito lo que he necesitado.

M.G.- ¿Y qué es lo que más te inspira?

J.P.- Lo que me va pasando a mí y a la gente de mi alrededor.

M.G.- En este libro no solo encontramos poemas sino que también hay prosa. ¿Lo definirías como un poemario?

J.P.- No es un poemario. Es una bañera. Y no lo llamaría poemario porque me da mucho miedo esa palabra, al igual que me da mucho miedo la palabra poeta. No soy poeta, sino escritora. Escribo a través de muchos sistemas y desde muchas perspectivas, y hacia textos completamente diferentes.

M.G.- Haces uno de un lenguaje, hipotéticamente, inclusivo. Utilizas expresiones como "nosotres mismes", "amigues". Es llamativo.

J.P.- Este libro no es político, no es feminista pero, a la vez, es evidente que, quien lo escribe, lo es. Por lo tanto, se nota en la manera de escribir, de igual modo que un autor es machista en su forma de escribir, aunque no esté hablando de machismo. En mi día a día hablo así, me expreso así. Creo que es la forma más respetuosa e inclusiva de hablar. Por lo tanto, si yo hablo de una forma inclusiva en la calle, en el libro también.

M.G.- Háblame de esa actividad feminista. ¿Qué piensas del momento que estamos viviendo?

J.P.- Es un momento muy importante. Por un lado, es muy fácil, por todo lo que hemos conseguido. Por otro, también es muy difícil, por todo lo que aún hay que conseguir. En esta sociedad, hemos avanzado muchísimo pero si rascas un poco, te das cuenta de que todavía falta mucho por hacer. Creo que toda ayuda es necesaria. Hay que conseguir que la gente abra los ojos y no solo los hombres, sino también las mujeres. No concibo una forma no feminista de vivir. 


M.G.- ¿Y qué tres cosas debe ser o tener un lector para conectar con tu poesía?

J.P.- De hecho, ninguna. La única cosa que necesitas para leerme es querer hacerlo. Nada más. Luego vendrán implícitamente otras cuestiones, relacionadas con tu forma de pensar pero, antes de nada, debe estar la intencionalidad.

M.G.- Hay algunos poemas que son simplemente una palabra, una línea. He apuntado unos cuantos como "Haces frío" o "La muerte me sonrío". Y hay uno especialmente bonito que dice: "Ojalá no tengas que hacerme daño para olvidarte". ¿Qué es lo que más daño te hace?

J.P.- Te diría que yo misma, aunque cada vez menos. No hay nadie que más daño me pueda hacer que yo misma. Creo que nos pasa a todos. Yo soy la que más me conoce, la que más se repudia, la que más se culpa y la que más se exige. 

M.G.- Hablábamos antes de que este libro es un camino hacia la cicatrización de heridas. No sé si al terminar de escribirlo te sientes curada totalmente.

J.P.- Bueno, sí. El objetivo principal de este libro, más allá de querer ser leída, era poder explicar cosas que no podía explicar con la palabra en ese momento. A medida que iba escribiendo, iba sanando, hasta tal punto que hubo un momento en el que me estaba preocupando más por la palabra exacta, la ortografía o la gramática que por los sentimientos en sí. Eso dio pie a darme cuenta de que ya estaba curada, de que había aprendido a vivir con lo que pasó.

M.G.- Júlia, ¿a quién lees? ¿Cuáles son tus referentes?

J.P.- Cuando empecé a escribir este libro, no tenía realmente ningún referente porque empecé a escribir antes de que me empezara a gustar leer. Después han venido Alejandra Pizarnik o Marguerite Durás. Hay muchos poemas que me recuerdan a Gloria Fuertes, por su sencillez. También me gusta Cortázar, aunque no me agrada nombrar a escritores masculinos porque siempre veo en ellos alguna tilde de masculinidad tóxica, algún comentario que me duele. Alessandro Baricco también es un referente para mí. Tiene muchas cosas recalcables negativamente, pero otras que son increíbles. 

M.G.- De acuerdo. Pues lo vamos a dejar aquí. Te agradezco que me hayas atendido. Espero que la vida te sonría y que este libro sea solo el principio de un largo camino.

J.P.- Ojalá. Muchas gracias.

Sinopsis: Esto no es un libro. Es una bañera. Y me preguntaréis cómo esta bañera puede tener estas esquinas. Es cierto que podría parecer un libro. Por aquello de las páginas o su olor, las cubiertas, el tamaño, todo este texto o la capacidad y ganas que tienen sus hojas de doblarse. Pero no. No lo es. Es una bañera. Una bañera de mármol, porque desde pequeña así lo he creído. Y cuando empecé a grabar en este mármol mis palabras yo misma también me convertí en una.

Antes de bañera, fui niña. Luego crecí por acumulación de gotas saladas y dejé de serlo. O no, no sé. Nada dura salvo lo que ya no está. Después de eso empecé a escribir. A escribir sobre las cosas que me han llevado a ser una bañera. A escribir sobre cómo coser caricias. Sobre cómo a veces no se destierra a quien se va, sino a quien se queda. Sobre dejar de ser y aprender a perder. Sobre aquellos silencios que nunca me parecerán incómodos. Sobre que nada es de nadie o sobre los tipos de sed que hay. O sobre las agujetas que tengo a veces por echarme de menos, por ejemplo. Y en esta bañera también me he preguntado muchas cosas. Cosas difíciles de responder: ¿por qué nunca he llorado por no llorar lo suficiente?, ¿cuál será mi última palabra?, ¿cuánto dolor cabe en una persona? Esta me la sé: 230 litros. Exactamente todo lo que cabe en una bañera.




jueves, 5 de diciembre de 2019

CÉSAR BRANDON: 'Para mí, la poesía significa paz'

La magia existe. A veces, uno va por la vida enredado en sus cuitas y, de repente, conoce a una persona que es todo luz. Basta con prestarle un poco de atención para descubrir que hay riqueza en su interior, para entender que son capaces de transmitir las emociones más intensas jamás imaginadas. Brilla su mirada. Acarician sus palabras. Y uno sale reconfortado de un encuentro en el que se hubiera quedado a vivir. Así es César Brandon, un joven de veintisiete años, original de Malabo, que llegó a España hace casi una década, y decidió que quería regalar al mundo la poesía que nacía en su alma. Y fue como Julio César, que vino, vio y venció. Lo hizo en un programa de televisión, en Got Talent. Lo que otros intentaban alcanzar con artes malabares, canciones y bailes, él lo consiguió con la poesía. Tres poemas le bastaron para llevarse el premio gordo, y no me refiero al coche o al dinero, sino al reconocimiento, a ese aplauso que le confirmó que lo que él hacía era maravilloso.

César Brandon estuvo en Sevilla hace unos días para presentar su último libro. Akeva es una fábula, es un cuento, es un diario, es pura emoción. 

Marisa G.- César, antes de hablar de los libros, me gusta hablar de las personas. Sé que eres de Malabo, que llevas varios años viviendo aquí, que has ganado un programa de la tele y has escrito tres libros. Pero quiero que me cuentes algo más de ti. ¿Quién es César Brandon?

César B.- ¡Uy, eso es muy complicado! 

M.G.- Seguro que no. Tú te conoces.

C.B.- No tanto como me gustaría. ¿Qué te puedo contar de mí? Soy una persona bastante común y corriente, muy pero que muy familiar. No sé muy bien que más contarte de mí.

M.G.- En el libro dices que eres ingeniero de la suerte y el azar. ¿Por qué?

C.B.- Me encanta esconder gracietas personales en los libros. Son solo cosas mías, un guiño que me hago a mí mismo por todo lo que ha sucedido en mi vida. Es una especie de anti-crítica que hago a todo lo que me ha pasado. Nada de lo que ha ocurrido tiene que ver con la casualidad. Todo ha sido fruto del trabajo, de llevarme muchísimos años escribiendo, de arriesgarme ir a la televisión, aunque fuera a hacer poesía.  

M.G.-¿Por qué decidiste ir al programa? Por entonces, ya tenías publicado 'Las almas de Brandon'.

C.B.- Sí, estaba auto-publicado hacía un año. Pero el mundo de la auto-publicación es muy complicado, no tiene nada que ver con tener el respaldo de una editorial. Aquel libro lo vendía por la calle, lo regalaba, porque quería que alguien lo encontrara en algún momento y pensara que lo que ofrecía era interesante. Quería que la gente me leyese, se interesase en mis historias porque es lo que más me gusta, lo que amo. Me encanta contar historias independientemente del formato, ya sea poesía o relato. 

Y fui al programa porque estaba buscando una oportunidad. No tenía intención de ganar, para nada. Simplemente iba buscando una ventana. Como dijo una vez un autor que me encanta, Daniel Fopiani, parece que hoy día, para ser escritor, tienes que ser Youtuber primero. Son las vías que hay. Yo fui a la tele para conseguir llamar la atención de las editoriales.

M.G.- Pues lo conseguiste. ¿Y qué significa para ti la poesía?

C.B.- Para mí, la poesía significa paz. Llegué a esta conclusión después de un tiempo en el que estuve sin escribir. Quería dejarlo todo porque creía que no estaba hecho para escribir. Pero es que se me ocurren cosas constantemente. Del hecho de que estemos tú y yo aquí, se me puede ocurrir algo para escribirlo.

M.G.- Si se te ocurre me lo tienes que mandar.

C.B.- Vale. Y eso es lo que significa para mí la poesía, encontrar esa paz, esa introversión, mirar hacia adentro, analizar todo lo que ocurre, la sociedad, la política,... e intentar transmitirlo.

M.G.- De todos modos, César, tú aseguras que escribes historias más que poemas.

C.B.- Sí, siempre. Hay como una batalla entre lo que es poesía y lo que no. Lo que sabía de poesía era lo que había estudiado en el instituto. Me sé un montón de poemas clásicos porque nos obligaban a aprendérnoslo. Ese fue mi primer contacto con la poesía. El formato en el que surja lo que quiero contar no es importante. Muchas veces tienes una idea que puedes condensar en cuatro versos o en una novela de quinientas páginas. El mensaje es lo más importante, los sentimientos que quiero transmitir. El formato es lo de menos. 

M.G.- ¿Desde cuándo escribes?

C.B.- Con intención, con la idea de convertirme en escritor y vivir, de alguna forma, de los libros desde los veintidós años. No hace mucho porque ahora tengo casi veintisiete. 

M.G.- ¿Pero de pequeño sí escribías?

C.B.- Sí, muchísimo. Me presentaba a los concursos literarios del instituto. Si los perdía, sentía muchas más ganas de seguir intentándolo. Y llegó un día en que gané todos los premios de un concurso. Era algo que estaba prohibido porque solo podías presentar un relato. Sin embargo, yo presenté tres. Dos de ellos con el nombre de algún compañero. Y los gané todos. ¡Pero el que presenté con mi nombre quedó tercero! Me sentía bien porque sabía que eran míos aunque nadie lo supo.

M.G.- ¡Qué gracia! (Risas)

Bueno, centrándonos en el libro. Se titula 'Akeva' que significa gracias. ¿A qué y a quién le tienes que dar las gracias?

C.B.- A todo lo que ha sucedido, incluso mucho antes del programa. Le tengo que dar las gracias a mi madre, a mi familia, a mi paso por el programa, a lo que ha sucedido después, a los que han venido a las firmas,... Soy una persona muy agradecida con todo lo que me ocurre. Y cuando me planteé qué titulo ponerle al libro, no podía ponerle otro más que 'Akeva', más que gracias. Me salió así.

M.G.- Es un título precioso. Y antes hemos hablado del formato de tus historias. Este libro está publicado bajo el sello de poesía de Espasa, pero no es poesía propiamente.

C.B.- No, no, para nada. El libro se tenía que haber publicado bajo el sello de Espasa pero son cuestiones de marketing. Como los lectores buscan mis libros en la sección de poesías... De todos modos, no me importa bajo qué sello se publica. Son cuestiones editoriales en las que no me meto. 

El libro es un diario, totalmente desordenado. Lo hice así con la intención de simular que hay una tercera persona que lo está leyendo. Si alguien se encuentra un cuaderno, lo lee hacia adelante y hacia atrás, sin mucho orden. Por eso las fechas están desordenadas, porque lo está leyendo un desconocido.

La historia se me ocurrió porque iba a formar parte de otro libro, pero al final decidí que iba a ser un libro totalmente independiente por lo que significaba. Quería contar mis experiencias a través de la voz de una chica, que se llama Agosto. Quería contar cómo era vivir en mi país, hablar de la cultura, el trato que reciben las mujeres, la política,...

M.G.- Agosto es la chica que escribe el diario, y ella cuenta cosas de su infancia, su adolescencia, su juventud,... ¿Te sientes identificado con ella?

C.B.- Sí, ella soy yo. 

M.G.- ¿Y por qué eliges un personaje femenino?

C.B.- Me salió así. No lo busqué. Pero me vino bien porque la mujer encuentra muchísimas más dificultades que los hombres. A través de su voz, puedo meterme en muchísimos temas y abarcar más tópicos.

M.G.- Personalizas el diario, al que llamas Eva. Es como si Agosto le estuviera escribiendo a una amiga imaginaria.

C.B.- Agosto no tiene muchos amigos. Solo tiene un amigo, como una pareja que viene y va. Así que está sola o se siente sola. No se siente identificada con su madre por algo que pasa. Con su padre, tampoco. Encuentra un cuaderno en el sótano de su casa y empieza a hablarle como si fuera una amiga.


M.G.- Dice la sinopsis: Soy los números de la inseguridad social con la que crece por crecer en un país que “coquetea continuamente con todas las formas en las que puede ir mal”. Hay una crítica rotunda.

C.B.- Básicamente todo el libro es así. Una lectora me dijo que yo no hablaba de amor, sino de política. 

M.G.- También lo he percibido.

C.B.- Le respondí que era la primera persona que había entendido lo que hago con los libros. Es muy difícil que una persona se interese por algo que no esté definido en un aspecto político. Escribir a través del amor de todos estos temas es una forma muy interesante de crear debate sin que las personas se den cuenta.

M.G.- ¿Eres más consciente de la realidad de tu país ahora, que no vives en él?

C.B.- Sí. Estando dentro uno se da cuenta de muchas cosas, pero desde fuera todo se ve distinto. Salí de mi país con dieciocho años. Mi primer año aquí, caí mal a mucha gente. Ahora caigo bien. 

M.G.- ¿Por qué?

C.B.- Porque vine con una mentalidad diferente. Hoy soy otra persona distinta. Si vives en un lugar, tan arraigado y tan encerrado en una única forma de pensar, no ves el mundo tal y como es. No puedes hacer un análisis externo de lo que te está pasando. Muchas de las cosas que me ocurrían en mi país no las entendía porque no había que entenderlas. Eran así y ya está. Cuando sales, te das cuenta de que hay otra forma de hacer las cosas. 

M.G.- ¿Ves tu futuro en tu país, de nuevo?

C.B.- Sí, quiero volver. Me gustaría vivir entre España y mi país. España se ha convertido en mi  hogar. Quiero vivir en los dos sitios e intentar aportar, si es que puedo, algo allí y aquí.

M.G.- No quiero dejar atrás una pregunta importante. Me has contado que este libro, en principio, iba a formar parte de otro pero, ¿todos estos textos los has escrito uno detrás de otro, o los has ido escribiendo de manera dispersa, a lo largo del tiempo?

C.B.- La idea de los textos existían de antes. Fueron surgiendo con el tiempo. Se me iban ocurriendo cosas, las anotaba y luego, cuando me senté a escribir, las fui desarrollando.  Es un libro muy pensando.

M.G.- En la Nota de Autor dices que escribes este libro en atención a las decisiones que tomarás en el futuro. Si pudieras dar algún consejo a tu yo del pasado, ¿qué le dirías?

C.B.- Le diría que no tenga miedo, que voy a cuidar de él. Hay una parte del prólogo y del libro que tiene mucho que ver con esta pregunta. Creo que le diría que hiciera lo que deseara hacer, que yo cuidaría de él, aunque fuera difícil. 

M.G.- Pues César, me parece que no tienes mucha confianza en ti mismo. Si miramos el final del libro hay un gráfico sobre tu habilidad poética, según tu madre, el mercado, la crítica. Tú eres el que peor concepto tienes de ti mismo.

C.B.- Pero esto es porque soy un cachondo que flipas. Creo muchísimo en mí, al menos, en este sentido. De otra forma no haría lo que hago, y mucho menos hubiera empezado como empecé, publicando mi libro y vendiéndolo a la gente. De eso estoy muy orgulloso.

M.G.- Dices que no te gusta tu voz y sin embargo yo creo que tus palabras, con otra voz, no transmitirían lo mismo.

C.B.- No me gusta escucharme. Los vídeos de los programas de televisión los vi hace un par de meses y ya hace dos años que salí. Sé que mucha gente me dice que le gusta mi voz. A mí no me gusta ni en los audios de Whatsapp.

M.G.- ¿Y qué te dicen los lectores de este libro?

C.B.- Todavía no he visto muchas opiniones. Habré recibido cinco o seis opiniones de chicas. Me han dicho que les encanta.  

M.G.- ¿Solo de chicas? ¿Crees que tus libros están más dirigidos a las lectoras?

C.B.- No, para nada. Están escritos para todo el mundo y para lectores de todas las edades. No escribo pensando que tengo un público femenino. 

M.G.- ¿Y tú que lees?

C.B.- Mucha investigación. Desde el pasado marzo, estoy intentando leer dos libros a la semana. Es muy complicado pero procuro leer un libro de poesía y una novela. Pero me encanta leer investigación, artículos sobre medicina, ciencia,... Me inspiran mucho. De ahí los poemas que tienen que ver con los números, o con la luna.

M.G.- En muy poco tiempo has publicado mucho. ¿Los tenías ya escritos? 

C.B.- Sí, el primero, el segundo y este. De hecho, también está ya escrito el del año que viene.

M.G.- ¡Menudo cajón!

C.B.- Están en el ordenador. Ahora lo que hago es reorganizarlos. Hay cosas que escribí hace mucho tiempo y tengo que cambiarlos. 

M.G.- César, un placer conversar contigo. 

C.B.- ¿Ya hemos acabado? (Risas) Gracias a ti. 

Sinopsis:

«Hola:
Mi nombre es Eva.
Es importante que no me abras. Lo que hay dentro de mí no es de dominio público. Soy la alegre vida privada de una niña que ve el mundo desde unos ojos tristes. Soy los datos personales que van un poco más allá del nombre, la edad o los dígitos del pasaporte. Soy los números de la inseguridad social con la que crece por crecer en un país que “coquetea continuamente con todas las formas en las que puede ir mal”. Soy su amiga imaginaria. Soy el mundo real en el que desearía vivir.


En el caso de que me hayas encontrado en un lugar en el que se supone que no he de estar, por favor, deposítame en la sección de objetos perdidos. Y no te preocupes, vendrán a por mí».

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