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lunes, 12 de febrero de 2024

MIRAFIORI de Manuel Jabois

Editorial: Alfaguara
Fecha publicación: octubre, 2023
Precio: 18,90 €
Género: narrativa
Nº Páginas: 208
Encuadernación: Tapa blanda con solapas
ISBN:  9788420461434
[Disponible en eBook y Audiolibro;
puedes empezar a leer aquí]

Autor

Manuel Jabois nació en Sanxenxo (Pontevedra) en 1978 y empezó su carrera como periodista en Diario de Pontevedra. Tras pasar por El Mundo, desde 2015 escribe en El País. También tiene un espacio diario en el programa Hora 25 de la Cadena SER. Como escritor, ha publicado la novela A estación violenta (2008), las recopilaciones de artículos Irse a Madrid (2011) y Hay más cuernos en un buenas noches (2022); Grupo Salvaje (2012) -unas breves memorias sentimentales sobre el Real Madrid-, Manu (2013) y un largo trabajo sobre el 11-M titulado Nos vemos en esta vida o en la otra (2016). En 2019 publicó con gran éxito de crítica su primera novela en Alfaguara, Malaherba. La segunda, Miss Marte (2021), terminó de consagrarlo como uno de los escritores en español más populares de su generación. Mirafiori es su tercera novela.

Sinopsis

¿Qué harías si la mujer de la que estás enamorado te confía que ve fantasmas? Valentina Barreiro y el narrador de esta historia se conocieron en la adolescencia y han compartido un secreto toda su vida. Cumplidos los cuarenta, Valentina es una actriz de éxito y él un hombre despechado y sin fortuna. Un hombre que ya sólo la ama como puede. Sólo entonces, cuando sea tarde, llegarán a conocerse de verdad. Esta es una historia sobre la belleza de todo aquello que no tiene explicación. Una novela sobre la dificultad y la emoción de no poder comprender todo lo que nos ocurre.

[Información tomada de la web de la editorial]

Manuel Jabois saltó literariamente a mi vida cuando en 2019 pude conversar con él sobre Malaherba. Me encantó aquella novela (puedes leer la reseña aquí), describiendo ese momento crucial en que un niño se convierte en adulto, a través de un personaje que va calando en el lector. Luego, llegaría Miss Marte, y mis buenas sensaciones con la narrativa de Jabois se mantuvieron inalterables. La reseña de aquella novela, que puedes leer aquí, finalizaba diciendo que quedaba a la espera de su próximo libro. Es decir, tenía más ganas de Jabois. Y ese momento llegó en el último trimestre de 2023. En octubre del año pasado vio la luz Mirafiori, una lectura a la que me enfrenté los primeros días de este nuevo año. Os cuento.

La acción se inicia cuando el narrador se dirige en tren a la ciudad de Málaga. Mientras viaja, se imagina cómo será su llegada a la ciudad, donde supuestamente una mujer lo espera.


«No me esperará dentro de la estación sino en la calle, apoyada en la puerta de un Fiat 131 Mirafiori con un Ducados en la boca para encenderlo con una cerilla en cuanto me vea, como si su director le hubiese dicho "¡acción!"». [pág. 13]


Ella, la mujer que esperará fuera de la estación, es Valentina Barreiros, una famosa actriz, con la que el narrador mantuvo una relación durante veintidós años, aunque hace un lustro que se separaron. El inminente reencuentro en Málaga abre las puertas del recuerdo, y el narrador se retrotrae en el tiempo para contarnos el pasado en común. De este modo, en  capítulos sucesivos y alternos, mientras el tren avanza, el lector conocerá cómo se conocieron en Pontevedra y empezaron a salir juntos. No eran más que unos adolescentes que se metían por primera vez en las cuitas del amor -la primera relación, el primer beso y todo lo demás-, circunstancia que coincide con un hecho trágico en la vida de Valentina, la muerte de su madre.

El recorrido por la vida común de la pareja nos llevará hasta Madrid, donde residieron a los veinticinco años y donde coincidieron con Ruth García Currás, la chica más guapa del instituto, que buscará destino como actriz en la capital, y curiosamente también será personaje que aparezca en el tren destino a Málaga. En ese viaje al pasado, también surgirán otros nombres, como el de Elba e Isolina, amigas de la madre de Valen, mujeres muy particulares (y lo dejo ahí), «señoras religiosas y de dinero»y el de César, nieto de Isolina, que desapareció sin que se haya vuelto a saber de él, personaje que permite al autor describir el pantanoso mundo de las drogas. 

Hasta aquí, todo normal. Podríamos pensar que Mirafiori es la historia de amor de una pareja que, después de unos años, se reencuentra. Y realmente casi es así. Pero no queda ahí la cosa. La relación de Valentina y el narrador viene marcada por otro hecho adicional. Y es que la joven ve fantasmas. Quiero decir, Valentina ve muertos desde que tenía ocho años, algo que le viene de familia.


«Mi madre los veía, mi abuela los veía, y ellas conocen a más gente que también».  [pág. 90]

 

Aunque a Valentina no le hace ni chispa de gracia tener ese don.


«Se negaba a ver lo que tenía delante, fingía cada vez mejor que no ocurría, lo achacaba a un trastorno de la percepción de la realidad, hasta que un día me pidió, por favor, que fuese con ella a ver a un psiquiatra». [pág. 88]

 

Bueno, pues irán pasando cosas. Algunas relacionadas con la relación de pareja. Otras con el don de Valentina, Y otras tantas más de las que nos voy a contar nada. Y todo ello para llegar a un desenlace que me dejó muy noqueada. No me lo esperaba. Me vais a perdonar que sea tan clara pero justo en el momento en el que Jabois suelta la bomba, grité «¡no me jodas!», y me sonreí.

Qué me ha gustado de esta novela y qué no me ha convencido

Veréis, enfrentarme a esta novela me ha resultado una lectura muy desigual. Voy a empezar por lo negativo. Confieso que estuve a punto de abandonar la lectura en la página cincuenta. Me estaba costando muchísimo entrar en la historia. No era porque el relato no me interesara, sino porque sentía que no sabía hacia dónde me dirigía la historia. No conseguía conectar con la forma de disponer los hechos. Pero soy terca y no tiro la toalla. Continué con la lectura y me exigí paciencia. Y poco a poco, llevándome mi tiempo, fui recopilando las piezas del puzle que Jabois me proponía, las fui colocando unas junto a otras, y armé la historia. Sí, pero me costó lo mío.

Hay que reconocer que, más allá de ese obstáculo inicial que me acompañó durante un buen trecho del camino, la narrativa de Jabois es muy bonita. En esos pasajes, en los que se invita a reflexionar al lector sobre el amor, uno puede encontrar líneas memorables. El autor nos permite vagar desde el amor más luminoso hasta ese otro en el que, como reconoce el propio narrador, se traspasa la linde de la obsesión. 

Las desiguales sensaciones que experimenté durante la lectura quedaron barridas por ese desenlace que os comento. No lo vi venir. Pero si lo pienso ahora, ¿me recuerda este final a la trama de alguna película que todavía retumba en la cabeza de los espectadores? No voy a dar más detalles, pero si habéis leído esta novela, contadme. Así que, por resumir, Mirafiori es una novela con un discurrir que para mí no ha sido nada llano, hasta ese final que pone todas las piezas en su sitio. ¿Merece la pena? Pues, depende de la paciencia que tengas. A mí, sí me la mereció, pero reconozco que me ha gustado lo justo.

Personajes

Toda la trama de Mirafiori gira alrededor de dos personajes principalmente. El narrador es un escritor de obituarios a tiempo completo, es decir, él se dedica a dejar «escritas las necrológicas de gente que ha tenido una vida que merece ser contada cuando muere». Y las escribe cuando el sujeto en cuestión está aún vivo. Por eso viaja a Málaga, para escribir el obituario de María Jesús García Campuzano, conocida como La Nazarena, leyenda del cante jondo. Quiere hablar con la artista para que le cuente su vida y así poder usar esa información y escribir el obituario. Y aprovechando este viaje de trabajo, quiere ver a Valentina porque sabe que la actriz está rodando en Málaga.

En un momento dado llegué a pensar que este narrador me caía mal. Por lo que había hecho, por su percepción de la realidad, lo veía poco empático y bastante antisocial. Me parecía un tipo raro, que no ha sido capaz de superar la ruptura de un antiguo amor, y empieza a hacer cosas extrañas. Hasta él mismo lo reconoce.


«Sé que daba miedo. Sé que cualquiera , viendo mi historial web y entrando en mi cabeza para saber quién la ocupaba las veinticuatro horas del día, podría haber pensado que iba a matarla y suicidarme después para acabar con eso, porque me ajustaba al perfil de un asesino de mujeres». [pág. 157]

 

Sin embargo, llegó un momento en el que mis impresiones iniciales cambiaron. Dejé de ver al narrador como un tipo obsesivo y empecé a entender que hay amores que se meten tan adentro que ya no te puedes librar de ellos.

En cuanto a Valentina, no quiero profundizar en este personaje. Me parece que solo habrá un momento en el que la conozcamos de verdad. Pero para eso, tendrás que leer la novela.

Estructura y estilo

Escrita en primera persona, si hay algo que caracteriza a Jabois es la suma elegancia con la que escribe. Sus descripciones, no ya paisajistas o físicas, sino emocionales, son de una belleza extrema. No es raro toparte con una reflexión que te deje en el limbo. 

Mirafiori se estructura en dieciséis capítulos en los que los diálogos compensan una narración que, si bella, también es ardua. Y cuenta con un epílogo final en el que la voz narrativa cambia. El escritor de obituarios le cede el testigo a la propia Valentina. Ese capítulo final es que el que da sentido a todo lo anterior. Y me están entrando una ganas enormes de dejaros a aquí alguna frase bomba pero, obviamente, no lo voy a hacer.


Poco más os voy a contar de Mirafiori, una novela que habla de amor y de desamor, pero también de fantasmas, que depara una enorme sorpresa final pero que, a la vez, deja un regusto nostálgico y triste. A mí, a pesar de las impresiones iniciales, me gustó, aunque no tanto como las dos anteriores.

[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

Puedes adquirirlo aquí (tapa blanda), aquí (Kindle) y aquí (audilibro)


lunes, 3 de mayo de 2021

MISS MARTE de Manuel Jabois

Editorial: Alfaguara
Fecha publicación: enero, 2021
Precio: 17,90 €
Género: narrativa
Nº Páginas: 208
Encuadernación: Tapa blanda con solapas
ISBN: 9788420454320
[Disponible en eBook;
puedes leer aquí]


Autor

Manuel Jabois nació en Sanxenxo (Pontevedra) en 1978 y empezó su carrera como periodista en Diario de Pontevedra. Tras pasar por El Mundo, desde 2015 escribe reportajes, crónicas y columnas en el diario El País. También tiene un espacio diario en el programa Hora 25 de la cadena SER. Como escritor, ha publicado la recopilación de artículos Irse a Madrid (2011), las breves memorias Grupo Salvaje (2012) y Manu (2013) y un largo trabajo sobre el 11-M titulado Nos vemos en esta vida o en la otra (2016). Malaherba (Alfaguara, 2019) lo consagró como uno de los escritores en español más populares de su generación. Miss Marte es su última novela.

Sinopsis

1993. Mai, una chica muy joven con una niña de dos años, llega a un pueblo de costa poniéndolo todo patas arriba. Enseguida hace amigos, conoce a Santi, se enamoran al instante y al cabo de un año celebran una boda que acaba en tragedia, cuando la noche de la fiesta la hija de Mai desaparece misteriosamente.

2019. La periodista Berta Soneira se dispone a rodar un documental sobre el suceso ocurrido veinticinco años atrás. Para ello, entrevista a todos los que aún lo recuerdan, reescribiendo el relato de un día que cambió la vida de todos.

[Información tomada directamente del ejemplar]



Disfruté mucho de Malaherba (puedes leer la reseña aquí). Fue con aquella lectura con la que conocí, literariamente, a Manuel Jabois. De su mano supe del pequeño Tambu que me robó el corazón sin previo aviso y me hizo volar a la infancia. Me gustó la manera en la que Jabois me contó aquella historia, escrita bajo el cariño y con una prosa que catalogué de sincera, honesta y emotiva. Con estas premisas, no podía resistirme a adentrarme de nuevo en su trabajo. Leo Miss Marte en el mes de marzo y aquella historia sigue viva en mí. Basta con echar una simple ojeada a las cuatro notas que tomé para reconstruir de nuevo ese pueblo gallego en mi cabeza, para ver a sus gentes, contando la versión de unos hechos que siguen sin explicación. 

Jabois ha vuelto a conquistarme

Me adentro en la lectura y me encuentro de frente con una celebración. El 3 de junio de 1994, en el pequeño pueblo gallego de Xaxebe, cerca de Costa da Morte, se celebró una boda. El novio, Santiago Galvache. La novia, Mai Lavinia. Ambos tenían dieciocho años. Él era un buen chico, tranquilo y sosegado. Ella se casó con un traje prestado por un desconocido. A la ceremonia, que tuvo lugar en Punta Faxilda, la casa familiar del novio, asistió el pueblo. Todos vinculados con Santiago porque, por parte de ella, nadie sabía de ese enlace matrimonial.


«El mundo ideal sería aquel en el que no existiesen los núcleos familiares, para lo cual no se deberían conocer nunca los vínculos paterno-filiales: cada niño al nacer es llevado a otra parte del mundo (...)». [pág. 83]


Santiago era hijo de Pepe Galvache, un hombre inteligente, que supo labrarse un futuro. Era un hombre duro que a veces se pasaba de la raya, pero al que se le perdonaba todo. Se quedó viudo pronto y tuvo que sacar a sus tres hijos adelante. El abuelo de Santi era el dueño de la pensión del pueblo, Pensión Amalia. Fue en ese hospedaje donde Mai se alojó con su hija cuando llegó a Xaxebe, y donde una noche ocurrió un suceso inclasificable, que ya denotaba que la vida de Mai arrastraba algo oscuro. 

Mai era una joven «alta, morena y tenía una cara vagamente guapa, vagamente atractiva y vagamente interesante; la cara de una mujer que siempre está a punto de conseguir algo». De fuerte personalidad, hipnótica y seductoraera madre de una niña de tres años, llamada Yulia, con la que llegó al pueblo y allí se instaló. Decían que acostumbraba a regar tanto las plantas, que terminaba por ahogarlas. Fue la última boda que se celebró en el pueblo. Nada más dar el sí quiero, lo que debía ser un día feliz se volvió en un cuento de terror. Se oyó un grito: «¡A  nena non está!» La niña no está. La pequeña Yulia había desaparecido de su habitación. Nunca más se volvió a saber de ella. Jamás encontraron su cadáver. ¿Qué consecuencias acarreó todo aquello en el pueblo y sus habitantes?

Este es el punto de partida de Miss Marte, una novela que se articula a dos tiempos. Dos son los hilos temporales que sustentan la estructura de la nueva novela de Jabois. Por un lado, se narrará la llegada de Mai y su hija Yulia a Xaxebe en 1993 y la boda posterior. Por otro, veinticinco años más tarde, una periodista y escritora, de nombre Berta Soneira, pretende rodar un documental sobre la desaparición de Yulia, porque «cuando un caso así no tiene ninguna pista y ningún culpable, y la atención pública se cierra tan rápido, se queda viviendo dentro de las personas como una tenia, devorándolo todo». Para ello, contará con la ayuda de un antiguo vecino del enclave, amigo íntimo de Santiago y Mai, y que ocupará el papel del narrador de esta historia. Es decir, Nico.


Lo que hizo fue reconstruir la ceremonia y la fiesta minuto a minuto hasta donde pudo, desmintiendo las falsedades hasta donde pudo y separándolas de los hechos ciertos, y al hacer bien su trabajo consiguió acercarse a la desaparición de Yulia Lavinia hasta donde pudo, que fue más de hasta donde pudieron los investigadores. [pág. 28-29]


Los personajes se definen por su forma de expresarse, por el empleo de muletillas. Sobre ellos, sabremos cómo eran a través de la opinión y los recuerdos que tienen los demás. No es únicamente el narrador el que aporta información al respecto sino que, tratándose de un documental, sustentado en conversaciones con los implicados, serán varios los testigos, vecinos y amigos quienes den su punto de vista.

Aunque es una novela muy coral, en el que muchos tienen algo importante que contar, bajo mi punto de vista, los dos personajes principales son:

Mai Lavinia, icono underground, no era oriunda de Xaxebe y ya se sabe el efecto que causan los forasteros en un entorno minúsculo y cerrado. «No conocíamos a sus padres, ni de dónde venía, esas cosas molestan», se llegará a decir. Si alguien intentaba averiguar algo de ella, acostumbraba a mentir entre risas. Se recubría con el silencio y el secreto, pero era difícil que alguien se enfadara con ella por su forma de ser. La desaparición de su hija la hundió en una «decadencia mental hipnótica». ¿Cómo vive una madre sin su hija, sin saber qué le ocurrió? ¿Acaso su pasado se la arrebató? Lo que espera a Mai después de su boda no fue fácil. 

Mai ha sido para mí un puñetazo de intriga. Esa manera de esquivar las preguntas insidiosas, de eludir lo que no le interesa contar, esa amiga con la que llega al pueblo y que vivía en un reformatorio, el DNI falso y, sobre todo, aquella noche extraña en la Pensión Amalia y las tres marcas de su espalda que, para un experto cazador, eran indudablemente de perdigonazos. ¿De dónde salió Mai? ¿Quién es el padre de Yulia? Lo único que la joven quería era pasar un verano de sol y cuidar a su hija. Todo se le torció.

Berta Soneira es una mujer muy friolera, que viste de «forma desgarbada y se comporta de una manera peculiar». Le encantan los calippos de fresa, no soporta Whatsapp y utiliza Facebook únicamente para ver cómo envejecen sus compañeros de colegio. De mirada distraída y miope, Berta es un personaje al que también ha marcado el pasado. Le dan pena los grandullones humillados y tiene «además de una diversión cósmica, algo que atrapaba, una fragilidad, un desconcierto, un miedo terrible a las cosas».

Berta también tiene lo suyo. Me ha parecido un personaje singular, con reacciones muy desconcertantes. Celosa de su intimidad, no siempre es sutil en sus respuestas, sino que, en algún momento, nos puede parecer borde y desagradable. Propensa a la filosofía y la reflexión, alterna instantes de extremada locuacidad con otros en los que se suma en un profundo silencio. Admito que, más allá de su singularidad, no ha sido un personaje «gustoso» para mí.  Seguramente por esa actitud de sobrada, por esas respuestas desabridas. Sin embargo, será en las últimas páginas cuando lleguemos a entenderla, cuando la entendí, al descubrir lo que me tenía reservado. 

Historia coral, sí. Por estas páginas, además de Santiago, Mai y Berta, también pasarán con capítulo propio los Galvache, Novás, Nico -el narrador-, Sardinas, Girón, Yulia y Lola. Además, tendremos dos nombres más de excepción: Dios y el Diablo. Pero, de todos estos personajes, ¿había algún sospechoso? Todas las miradas recayeron en Martín Novás, un tipo pacífico, una futura promesa del fútbol que vio su sueño truncado, de inmensidad poética que «lo hacía atractivo para las mujeres, que terminaban enamorándose de él sin darse cuenta», la última persona que vio con vida a Yulia. ¿Tiene algo que ver Novás en aquella desaparición? ¿Se descubrirá ahora, veinticinco años después, quién estuvo detrás de aquellos hechos?

Son muchas las preguntas que he ido dejando en esta reseña y muchas más las que irán surgiendo en la mente del lector, a raíz de la desaparición de Yulia. ¿Estamos ante un thriller? Si os digo la verdad, yo diría que no. El suspense está ahí, por supuesto, y habrá misterio alrededor de lo ocurrido ese 3 de junio de 1993. Incluso se podría decir que, la recopilación de la información para componer el documental posterior funciona como investigación criminal. Se añade, además, que la editorial, en su web, emplea las siguientes etiquetas: novela negra, misterio y thriller; y novela policíaca. Y sin embargo, Miss Marte es para mí algo que, agrupa algunos elementos del género, pero que no se puede catalogar como tal. No sé si me explico. Jabois hace algo distinto, le da una vuelta a la historia colmada de incógnitas, sin amoldarse a lo típico. De esta novela y la anterior, me gustan esos reductos íntimos en los que desarrolla las historias. En Malaherba conocíamos una familia. En Miss Marte, un pueblo. Dos caras de la misma moneda.

En cualquier caso, la novela despliega cierto aire enrarecido que enmarca Xaxebe. Es ese ambiente que a veces cubre esos pueblos pequeños, donde ocurren hechos insólitos y extraños. Xaxebe es un municipio húmedo y nebuloso. «Hacía frío y había bajado esa niebla que convierte por unas horas un pueblo en un presagio». Un pueblo en el que los poderes siempre recaen en los mismos, las mismas familias, generación tras generación, que se van pasando el bastón de mando de unos a otros. Un pueblo donde todo el mundo se conoce y como dice Soneira «tiene la capacidad de crear una atmósfera en la que nadie, sólo quien vive dentro, puede respirar». Pero también es un pueblo enclavado en una zona llena de magia, cargada de historia y curiosidades que, sin duda, alentarán la curiosidad del lector. Se dice:

 

«Costa da Morte es el último lugar de Europa en el que se pone el sol, el último sitio del continente en el que hay luz. Ocurre en cabo Touriñan y sólo dos meses, entre el 14 de marzo y el 24 de abril y entre el 18 de agosto y el 19 de septiembre, y se debe al cambio del eje de rotación de la Tierra respecto al sol. Décimo Junio Bruto, tras recorrer toda la costa del océano; vieron desde el monde del cabo Finisterre, horrorizados, cómo el sol se caía al mar poco a poco hasta ser tragado por él, y dedujeron que no había más mundo que el lugar en el que estaban; que más allá, donde el sol había desaparecido, se precipitarían desde el mar al abismo». [pág. 46]


Me gusta escarbar en las novelas, rascar en la superficie para ver qué se esconde debajo, o escudriñar nombres o sucesos que se mencionan de pasada. En Miss Marte, la realidad traspasa la ficción. Desconozco si el caso de Yulia está inspirado en algún hecho real o no, pero en estas páginas, sí se hace referencia a otros sucesos luctuosos reales ocurridos en tierras gallegas. Por ejemplo, se menciona la desaparición de Martín Albert Verfondern, un holandés que terminó recalando en Santoalla do Monte (Petín, Ourense), ajeno a lo que aquel lugar le deparaba. De todo ello se hizo eco la periodista Silvia R. Pontevedra en diversos artículos publicados en El País, (puedes leerlo aquí, aquí y aquí). También se menciona el suceso ocurrido en Valdoviño cuando, en 2014, toda una familia fue tragada, literalmente, por una ola (puedes leerlo aquí). Pero más allá de eso, la novela está contextualizada por medio de las referencias a ciertas noticias de actualidad. A Jabois le vale cualquier dato periodístico de la prensa rosa o del mundo futbolístico para centrar la historia en el tiempo. Todo esto concede muchísima verosimilitud a la narración. Es fácil imaginarse que Xaxebe, ese pueblo inventando -creo que no es real, al menos como tal-, pero que seguramente tiene su reflejo en el mundo real, existe. Que a aquel lugar llegó un día Mai con su hija Yulia, que conoció a Santiago y, enamorados como estaban, se casaron enseguida. Pero que, lamentablemente, el mismo día de la boda fue el más triste de sus vidas. Que todo esto ocurrió cerca de Costa da Morte.


«Es aquí donde las olas furiosas, creciendo como levadura, rompen sobre rocas medio escondidas y, alcanzando una fabulosa altura, caen sobre ellas con el ruido del trueno incluso con el tiempo más tranquilo. Es aquí donde los cadáveres de desafortunados pescadores son tan frecuentemente arrastrados a la orilla que los periódicos locales anuncian el suceso casi sin ningún comentario (...)». [pág. 112]


Sí debo decir que, al principio, sentí que el lector iba un tanto a ciegas, cazando palabras. El narrador es libre, y cuenta la historia a su manera, pero hay que darse tiempo para ir encajando las piezas, porque la novela también tiene un cierto carácter de documental. Se van intercalando los testimonios de unos y otros -ochenta y dos entrevistas, en total-, a modo de piezas de un puzle, que van conformando el todo y que terminará por dar forma a la historia. Es el propio narrador quien hace algunos apuntes sobre el estilo narrativo de la novela:


Las utilizo, las notas y las grabaciones, cuando la historia lo requiere, de tal manera que hay momentos en los que se exige el punto de vista de alguien antes de relatar su entrevista, y al contrario, retrasar algunos datos para cuando tengan sentido. [pág. 51]


Estructurada en trece capítulos, cada uno dedicado a un único personaje, Miss Marte ha sido una lectura gratificante, un nuevo acercamiento a la prosa de Jabois que vuelve a estar llena de elegancia y mesura. Sigo interesada en la forma de escribir del autor gallego. Ahora solo me queda esperar su próximo libro. 


[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

Puedes adquirirlo aquí:



lunes, 23 de septiembre de 2019

MALAHERBA de Manuel Jabois

Resultado de imagen de malaherba manuel jabois

Editorial: Alfaguara.
Fecha publicación: mayo, 2019. 
Precio: 17,90 € 
Género: Narrativa. 
Nº Páginas: 192 
Encuadernación: Tapa blanda con solapa. 
ISBN: 9788420438368 
[Disponible en eBook y Audiolibro; 
puedes empezar a leer aquí]

Autor


Manuel Jabois nació en Sanxenxo (Pontevedra) en 1978 y empezó su carrera como periodista en Diario de Pontevedra. Tras pasar por El Mundo, desde 2015 escribe reportajes, crónicas y columnas en el diario El País; también tiene un espacio diario en el programa Hoy por Hoy de la Cadena Ser. Como escritor, ha publicado la recopilación de artículos Irse a Madrid (2011), las breves memorias Grupo Salvaje (2012) y Manu (2013) y un largo trabajo sobre el 11-M titulado Nos vemos en esta vida o en la otra (2016)

Sinopsis

"La primera vez que papá murió todos pensamos que estaba fingiendo". Así empieza Malaherba, la nueva novela de Manuel Jabois. Un día Mr. Tamburino, Tambu, un niño de diez años, se encuentra a su padre tirado en la habitación y conoce a Elvis, un nuevo compañero de su clase. Descubrirá por primera vez el amor y la muerte, pero no de la forma que él cre. Y los dos, Tambu y Elvis, vivirán juntos los últimos días de la niñez, esos en los que te pueden prohibir saber, pero no te pueden prohibir intuir.

Dos niños viven una extraña y solitaria historia de amor. Un libro sobre las cosas terribles que se hacen con cariño, escrito con humor y una prosa rápida que avanza llevando a Tambu y su hermana Rebe, a Claudia y su hermano Elvis, a la frontera de un mundo nuevo.

[Información tomada directamente del ejemplar]


Así empieza Malaherba:


 
[Lectura de las páginas 11,12 y 13 de la novela;
música: 'There's No Probably Time' de Chris Zabriskie; 
There's Probably No Time de Chris Zabriskie está sujeta a una licencia de Creative Commons Attribution (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/)
Fuente: http://chriszabriskie.com/uvp/
Artista: http://chriszabriskie.com/]


La infancia es uno de los grandes temas que se tocan en literatura. Vivencias de niños de todas las épocas han llenado páginas y páginas de novelas conformando un subgénero tan interesante como misterioso. Cuando somos niños, el mundo se presenta ante nosotros como un lugar por explorar del que no intuimos ningún peligro. Solemos levantarnos cada mañana estrenando ilusión y las pocas preocupaciones que nos nublan el entendimiento son simples nimiedades sin mayores consecuencias, aunque a esas edades las vivamos con profundo terror. Sin embargo, el miedo de verdad vendrá más tarde, cuando acontezca ese suceso, esa revelación, ese descubrimiento que nos arrebate la venda de los ojos y destape un mundo que no brilla tanto como habíamos imaginado, con luces y sombras por el que nos toca reptar, intentando salir ilesos de cada batalla diaria. Ese punto de inflexión, de no retorno, certifica que el salto de niño a adulto puede llegar a ser verdaderamente traumático y a cada uno, ese instante de inquietud le llega a una edad distinta y en unas circunstancias diferentes. 

Manuel Jabois nos acerca al momento en el que un crío deja de serlo para convertirse en un adulto joven, casi de un día para otro. El periodista gallego nos conducirá por ese sendero de la mano de Tambu, el niño protagonista de Malaherba, primera novela del autor, que narra a la edad de quince años, lo que le ocurrió cinco años atrás. Entre juegos infantiles y entretenimientos pueriles descubrirá una sucesión de emociones que le provocará curiosidad, culpabilidad, desconcierto, estupor,... a las que casi no es capaz de ponerle nombre.

La novela arranca en un momento crucial. Al inicio del curso escolar, -un hecho tan ilusionante o tan descorazonador, según quién lo viva-, Tambu y su hermana mayor Rebe descubren a su padre tirado en el suelo del domicilio familiar. ¿Está muerto? Eso parece. La madre está ausente y a los niños solos se les ocurre acudir a los vecinos. Armando, padre de Claudia y Elvis - de edades similares a Tambu y Rebe- se hará cargo de los pequeños mientras acuden los servicios de emergencias. A partir de ahí, Tambu tendrá que ir haciendo frente a diversos hechos, preocupaciones mucho más serias de las acaecidas hasta ahora, indagará en su entorno, observará y sacará sus conclusiones, muchas de ellas erróneas, fruto de la escasa información que tiene a su alcance porque ya se sabe que los niños no pueden meter sus narices en las cosas de mayores. Y en esas deducciones fantasiosas de Tambu reside el toque humorístico de este libro pues el lector adulto, que ya ha recibido más de un dardo envenenado, se sonreirá ante la ingenuidad del protagonista.

En Malaherba se abordan cuestiones como la infancia, la muerte, la enfermedad, el dolor, la traición, la amistad, el desamor... De un modo y otro, asistiremos a un análisis de estos temas a través de los ojos del pequeño, un crío que serpentea por un territorio nuevo en su proceso de madurez y transformación. De todo lo planteado, destacaría el impacto que la enfermedad y la muerte causa en Tambu. ¿Cómo se enfrenta un hijo al ocaso de un padre o una madre? ¿De qué modo se puede asimilar que los que creíamos héroes invencibles también sucumben? Mientras Rebe adora a su padre, a Tambu le parece un capullo que no hace más que gastar bromas pesadas, pero ese capullo no deja de ser quien es.

Por otra parte, pongo también el foco de atención en el tratamiento que se hace de la amistad, a una edad en la que cualquier cosa deja una huella indeleble en nuestro interior. A través de estas páginas, el lector es testigo del nacimiento de la hermandad, del compañerismo, de la camaradería,... que lleva aparejada el sentido de la lealtad. Esa unión que se forja entre Tambu y Elvis me parece maravillosa, aliados frente a un mundo que se torna cada día más hostil, que les hace comprender que deben prepararse, aunar fuerzas, mantener la guardia porque, cualquier día llega el revés definitivo.  La amistad entre estos dos niños de edades similares, que se quieren, que se aman, que se descubren sin que ninguno de los dos pretenda un acercamiento sexual, es pura y queda muy lejos de una concepción sucia del amor. Contemplamos sus juegos que provocan emociones desconocidas a las que, como dije antes, ninguno de los dos podrá poner nombre porque son demasiado pequeños para conocer las cosas de los mayores pero demasiado humanos como para no experimentar, por ejemplo, el goce. Y esa relación es la que me ha hecho reflexionar sobre las amistades que se moldean cuando somos pequeños. ¿Os ha ocurrido alguna vez volver a encontraros con aquel mejor amigo del colegio y sentir que los lazos entre vosotros no se han roto a pesar del paso de los años? De pequeños somos más honestos, más fieles, más leales de ahí que las uniones que se fraguan sean más sólidas, más resistentes, tan inquebrantables que ni el paso del tiempo puede con ellas. 

Y añado a esta lista de apreciaciones el retrato que Jabois hace del universo infantil. Empatizar con Tambu es tan sencillo como mirarse al espejo porque todos hemos sido Tambu alguna vez. Me ha gustado muchísimo cómo el autor refleja sus preocupaciones, sus ganas de ser mayor para tener acceso a lo que le está vetado, su curiosidad insatisfecha, de ahí que esté alerta a las conversaciones que ocurren a su alrededor  y especialmente a las que tienen lugar detrás de las puertas, su actitud de víctima cuando es cogido en falta,... Y en esa burbuja que pronto explotará para obligarlo a salir del cascarón, qué importancia tienen los apodos, los alias, los sobrenombres que nos identifican por un defecto físico, por una actitud, por una cualidad que poseamos. El orejas, la empollona, la coja, el zanahorias,... Todas estas denominaciones que, en ocasiones están colmadas de crueldad -¿los niños pueden llegar a ser crueles?-, nos definen y aunque pase el tiempo -de nuevo-, no olvidaremos el dolor que una simple palabra nos causó de niños. No obstante, el apodo de nuestro protagonista será mucho más romántico y evocador. En el apelativo de Tambu existen reminiscencias musicales que serán el nexo más importante entre padre e hijo. Descubridlo.

Malaherba está escrita con cariño, se nota desde la primera línea, el mismo que despertará Tambu en el lector, al que vemos como un cascarón de nuez en plena tempestad. Inocente, pueril, indefenso,... su candidez despierta la ternura del lector y también una sonrisa dulce, la curvatura ascendente de los labios bajo la que se esconde el deseo de un abrazo protector que se intensifica en ese final, imprevisible y lleno de un puntito de misterio, que nos cogerá con el paso cambiado ¿Desde dónde escribe Tambu su historia? Descubrid esto también.

Con escasas referencias temporales, tan solo una que sitúa al lector en el tiempo aunque tampoco resulta necesario, Malaherba se compone de tan solo ocho capítulos llenos de remembranzas, sobre los que flota un tono nostálgico que a todos nos hace viajar al pasado, cuando éramos pequeños y vivíamos rodeados de adultos que pretendían dejarnos al margen de lo que nos envolvía. Escrita en primera persona, en la voz de Tambu -se convertirá en nuestro nuevo muy mejor amigo- Malaherba se lee con absoluta agilidad, a un ritmo marcado por una prosa sincera, honesta y emotiva.

Ha sido una lectura gratificante, evocadora y nostálgica que me ha ido ganando en ternura poco a poco, hasta que en las últimas páginas termina dejándote noqueado. La historia de Tambu se va colando en el interior del lector sin que podamos hacer nada. Así que, si me preguntas si te la recomiendo, la respuesta será un 'sí' tajante. 

Si te interesa saber más sobre la novela, en este enlace puedes acceder a la entrevista realizada al autor.







 

[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

Puedes adquirirlo aquí:





jueves, 12 de septiembre de 2019

MANUEL JABOIS: 'En esta novela no se habla en términos sexuales sino en términos afectivos, muy parecidos al amor'

Hoy regreso a los encuentros, a las charlas con escritores, a esos momentos en los que yo, indudablemente, siempre salgo ganando porque hay gente apasionante y apasionada por el mundo, hombres y mujeres que plasman en lo que escriben lo mejor de sí mismos, esencias de la que siempre extraigo grandes lecciones. 

Hoy vengo a hablaros de Manuel Jabois. Gallego y periodista casi desde el destete, Jabois se lanza de nuevo al mundo literario tras muchos años de aquella A estación violenta, que publicó en gallego en 2008. Y en esta ocasión, nos presenta una historia vista por los ojos de un niño, un relato de descubrimientos. Tambu, su protagonista de tan solo diez años, llevará al lector de la mano para experimentar con él ese paso hacia delante, para cruzar hacia la adolescencia dejando atrás una etapa iniciática. Con múltiples personajes, nuestro protagonista analizará con sus ojos de niño todo lo que ocurra a su alrededor, todo el totum revolutum emocional que bulle en su interior. Hoy hablamos de Malaherba, una novela impregnada de ternura. 


Marisa G.- Manuel, todo el mundo habla de 'Malaherba' como tu primera novela y no es así. Hay otra anterior, 'A estación violenta', que incluso se llevó al cine con buena crítica.

Manuel J.- Sí, la película tuvo un recorrido muy interesante en el cine independiente. Para mí, la novela cuenta con un contratiempo muy grande y es que la escribí hace mucho tiempo, cuando escribía de una forma muy distinta a como escribo ahora. No es que ahora escriba mejor que entonces pero sí lo hago con otro estilo.

M.G.- Has madurado desde entonces, ¿no?

M.J.- Bueno,  hay gente que cambia de ideología. Yo he cambiado de estilo y de creencias estilísticas, por así decirlo. Hoy me gusta llamar a las cosas por su nombre y entonces no era así. Pero claro, es mi primera novela y evidentemente, aunque fuera escrita en otra época, le tengo mucho cariño. La escribí originalmente en gallego y creo que quedó mejor que luego su traducción al castellano.

M.G.- De todos modos, cuando un periodista se enfrenta a la novela tiene que cambiar el chip, adoptar técnicas y recursos diferentes. En tu caso, ¿cómo ha sido esa transición de un género a otro?

M.J.- Soy periodista local y a veces he tenido que cambiar de registro cada quince minutos. De escribir una adjudicación de un alcantarillado, a cubrir una boda de alta sociedad o a meterme luego en un suceso. Eso es lo que se hace en el periodismo local y estoy muy acostumbrado a cambiar de tono, a saber a qué lector me tengo que dirigir. Ahora bien, a lo que no estaba acostumbrado es a que se me ocurrieran cosas. En periodismo no se te tiene que ocurrir nada, basta con recurrir a tus notas. En las columnas de opinión hay que conectar ideas pero nunca puedes mentir ni fabular. Eso solo se hace en novela y en este sentido sí ha sido muy diferente, pero me ha dado una libertad muy grande. He sido muy feliz escribiendo este libro. Solo tenía que recordar un poco mi infancia, recordar el ambiente de entonces y a partir de ahí, levantar de la nada a dos familias, ponerlas en acción. Ha sido muy divertido.

M.G.- ¿Podríamos decir entonces que en esta novela hay parte de tu infancia?

M.J.- Hay muchos recuerdos de infancia pero muy manipulados, muy tergiversados. La idea de la novela surge cuando me planteo la atracción que puede sentir un niño por otra persona, ya sea de su mismo sexo o no. No me refiero a atracción sexual, sino amorosa o pseudo-amorosa. Se da por hecho que, hasta que no tienes dieciséis años, no puedes ser gay. No creo que sea así y tampoco hay que alarmarse por ello. El amor es maravilloso, siempre lo es, y lo que se debe inculcar es que esos sentimientos existen y son normales, que los niños no se encuentren en el páramo en el que se encontraron los niños en los 80 o los 90.

M.G.- Hablas de la homosexualidad pero también abordas otros muchos temas de peso como la muerte, la enfermedad, la violencia,... 

M.J.- Hablo de un montón de cosas sin nombrarlas. Estos dos niños no tienen por qué ser homosexuales, sino pueden ser dos niños que estén probando y experimentando, sin más. Se gustan pero puede ocurrir que dentro de unos años descubran que su sexualidad es otra. Desde luego este es el enfoque desde el que partí, un enfoque que cambia a la mitad del libro porque Tambu lo decide así. 

En la novela pasan muchas cosas pero el niño no les pone nombre porque, ni siquiera conoce qué nombre tiene lo que le pasa, lo que siente. En esta novela no se habla en términos sexuales sino en términos afectivos, muy parecidos al amor.

M.G.- También la amistad es una cuestión muy potente. Esa unión que surge entre Tambu y su amigo Elvis es muy fuerte. Parece que las amistades en esas edades perduran mucho en el tiempo aunque se distancien, son muy sólidas. No sé si te ha ocurrido algo así.

M.J.- Sí, me ha pasado. Soy de Pontevedra, una ciudad pequeña, y la mayoría de mis amigos son del colegio y del instituto. Este libro seguramente nace también porque hay una gran memoria histórica entre nosotros. Es muy interesante lo que mencionas porque el primer amigo es algo inolvidable. Es la primera vez que un tío te defiende, hace cosas por ti, quiere que le pase el mal a él en vez de a ti. Es como el amor, y al igual que en el primer amor, la traición es muy dolorosa. En general, esas amistades de infancia son tremendamente valiosas. 



M.G.- Cuando hablamos de niños, un asunto que me parece interesante es la maldad. Creo que, en muchas ocasiones, camuflamos la crueldad con la inocencia porque no queremos reconocer que los niños pueden ser malvados.

M.J.- Crueldad hay mucha. Una cosa es hacer una trastada, una gamberrada, gastar una broma pesada a un niño en clase, que está mal, y otra cosa es repetir la misma broma hasta la saciedad. A ojos de un adulto esto es crueldad pero a ojos del otro niño, de la víctima, es un maltrato psíquico y físico que te puede acarrear muchas más cosas. Claro que eso es crueldad, crueldad en niños que tienen que ser tratados por un psiquiatra. Pero pienso que un niño muchas veces no sabe dónde está la frontera entre travesura y crueldad. El propio Tambu lo dice, ¿no? Una cosa es ser malo y otra es ser cruel. Es imposible no ser malo alguna vez, no por joder a alguien sino por las risas en general. Pero otra cosa muy distinta es ser cruel. Como también dice Tambu, hay personas que no pueden irse a la cama sin saber que hay alguien que está llorando por su culpa. Hay gente que hace cosas horribles  sin motivos.

M.G.- Me ha gustado mucho cómo recreas el mundo infantil. Creo que es complicado, desde nuestra posición de adultos, meterse en la piel de un niño. ¿Cómo lo has trabajado?

M.J.- Poco, desgraciadamente. Mis padres han mostrado mucha preocupación al comprobar mi capacidad insólita para meterme en la piel de un niño pero me lo he pasado muy bien, realmente bien. Y no es una historia llena de muchas luces. Como sabes, tú que lo has leído, hay luces y sombras pero está relatada con sentido del humor y con la suficiente ternura como para que se note que el autor ha disfrutado escribiéndola. No me ha costado mucho. Ha sido una primera persona muy cómoda.

M.G.- ¿Quizá el hecho de tener un hijo pequeño te ha ayudado?

M.J.- No, no porque es muy pequeño. Lo pensé pero cuando yo escribí esta historia mi hijo tenía seis años, demasiado pequeño. Además, un niño de seis años o de diez, del año 2019 no es igual que uno del año 1991. Hay mucha diferencia en el tiempo. 

M.G.- 'Malaherba', vocablo gallego, es un título muy interesante. Bajo mi punto de vista, es muy metafórico porque te haces una idea inicial sobre qué o quién hay detrás y terminas con una idea totalmente diferente.

M.J.- Sí, es un poco el objetivo. Es un personaje pero al fin y al cabo, termina siendo como una atmósfera casi familiar, no del todo negativa. Hay momentos en los que el precario equilibrio de la familia de Tambu se tambalea pero, como se dice en la novela, 'mala herba nunca morre' y el niño se adhiere a ese dicho. 

M.G.- Antes has comentado que cuentas muchas cosas sin mencionarlas explícitamente. Quizá lo más evidente, en este sentido, es el lugar en el que se encuentra Tambu, el lugar desde el que se escribe la historia. Propones al lector un juego de elucubraciones.

M.J.- Sí, tengo mucha confianza en mis lectores. Los trato como adultos muy inteligentes. También tengo mucha confianza en todas las pistas que el niño va dando a lo largo de la novela. Creo que la mirada del niño es muy interesante porque relata un mundo perdido, un mundo que se ha extinguido y no por la desaparición de los personajes sino por la desaparición de su propio tiempo. Cuando hablo de mis veinte años, tengo a toda la gente de aquella época a mi lado, pero esos veinte años ya no están, no existen, se han perdido. Ya no tenemos veinte, tenemos cuarenta. Creo que Tambu contaría la misma historia aunque estuviera en otro lugar.

M.G.- Manuel quiero terminar esta entrevista hablando del principio de la novela, con esa frase tan poderosa. ¿Este arranque responde a la concepción que tienes de cómo debería ser una buena novela, atrapando al lector desde el minuto cero en vez de ganárselo poco a poco?

M.J.- Supongo que es fruto de mi inseguridad. Soy periodista y de repente publico una novela. Tengo una sensación, quizá falsa, de que la paciencia se puede acabar rápido. Bueno, la paciencia siempre se acaba muy rápido, en los artículos, en los reportajes, en las crónicas, en las entrevistas y en las novelas de quien sea, salvo que tengas un crédito ilimitado. Si abres una novela de Philip Roth,  pues es que es Roth. Pero si hablas de la novela de un desconocido, y yo como novelista lo soy, el lector lo mismo no tiene tanta paciencia, y menos si dedico veinte páginas a descripciones. Preferí atrapar la atención del lector desde el primer momento porque además eleva el grado de exigencia. Lo que venga después de ese inicio fuerte, tiene que estar a la altura y los tres últimos capítulos tienen que ser una traca aún más poderosa.

La primera frase apareció antes que el título, antes que la novela, antes que el propio Tambu. La primera frase fue el inicio de todo. 

M.G.- Manuel, no te robo más tiempo. Me ha gustado mucho conocer a Tambu, a Elvis, a Rebe y a todos los personajes de 'Malaherba'. Te deseo mucha suerte.

M.J.- Muchas gracias. 



Sinopsis: 

La primera vez que papá murió todos pensamos que estaba fingiendo". Así empieza Malaherba, la nueva novela de Manuel Jabois. Un día Mr. Tamburino, Tambu, un niño de diez años, se encuentra a su padre tirado en la habitación y conoce a Elvis, un nuevo compañero de su clase. Descubrirá por primera vez el amor y la muerte, pero no de la forma que él cree. Y los dos, Tambu y Elvis, vivirán juntos los últimos días de la niñez, esos en los que te pueden prohibir saber, pero no te pueden prohibir intuir.

Dos niños viven una extraña y solitaria historia de amor. Un libro sobre las cosas terribles que se hacen con cariño, escrito con humor y una prosa rápida que avanza llevando a Tambu y a su hermana Rebe, a Claudia y su hermano Elvis, a la frontera de un mundo nuevo.

[Puedes empezar a leer aquí]



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