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jueves, 14 de julio de 2022

RODRIGO CORTÉS: ❝La verdadera literatura es difícil de adaptar al cine❞

Concursante (2007), Buried (2010), Luces rojas (2012), Blackwood (2018) o El amor en su lugar (2021). Estos títulos son parte del trabajo que Rodrigo Cortés ha desarrollado como cineasta. Pero el director de origen gallego también escribe. Hace justo un año publicó, a través de Literatura Random House, segunda novela, Los años extraordinarios, en la que su protagonista, Jaime Fanjul recoge sus memorias. Tratar de definir esta novela es prácticamente imposible. Al menos, yo no soy capaz. Pero sí resulta mucho más fácil determinar el impacto que ha causado en los lectores. Basta con pasearse por el perfil de Cortés en Twitter para comprobar que, a pesar de ser una novela en la que ocurren hechos insólitos, tanto la trama como su protagonista ha enamorado a muchos lectores. Hace unas semanas, Rodrigo Cortés visitó Sevilla. Aquí, el resultado de nuestra conversación. 

Marisa G.- Rodrigo, ¿cine o literatura? Seguro que me vas a decir que no puedes elegir entre un ámbito u otro porque son compatibles perfectamente, pero sí me gustaría saber si te sientes más cómodo en una esfera u otra.

Rodrigo C.- No. Para mí es imposible concebir la cámara sin la pluma y la pluma sin la cámara. Lo que ocurre es que son lenguajes completamente distintos. El lenguaje cinematográfico es sucinto, económico, directo. La estructura se mucho más circular. Es el terreno de la acción, en el sentido de que el personaje se define a través de las decisiones que toma, y no a través de largos parlamentos introspectivos. Mientras que la literatura es el terreno de la evocación, de la resonancia, de la sensorialidad del propio lenguaje, que encierra en sí mismo su propio mensaje. El personaje se piensa y es más importante la mirada sobre las cosas que las cosas mismas. No es tan importante la trama como la reflexión sobre lo que sucede. Son terrenos distintos. La verdadera literatura es difícil de adaptar al cine. Pero, en mi caso personal, se complementan.

M.G.- En cualquier caso, aquello que queremos contar, ¿es más fácil en el plano audiovisual, por los recursos que se puedan utilizar, que en el plano literario?

R.C.- No, no. Para empezar, el plano audiovisual es más caro. Hacer una película mala es muy difícil, por mala que sea. Es mucho más fácil hacer una mala novela. Y los recursos son completamente distintos. Hasta me atrevería a decir que la literatura es más flexible en este sentido. El cine, por naturaleza, exige realismo. La imagen que se muestre, por surrealista que parezca, tiene que ser tangible y creíble porque, de otro modo, se desmorona el cuento. En cambio, en la literatura, y a través de la descripción, el cerebro te hace ese trabajo. Es como poner a comparar la escultura con la música, o la cocina con la arquitectura. Podemos hacerlo, por tener elementos comunes, pero son deportes distintos.

M.G.- Este libro se publicó en junio de 2021. Y sigues en promoción.

R.C.- Sí, porque, para sorpresa de todos, se convirtió en un éxito editorial para el que no estaba destinado. Es una novela muy literaria para la que me he dado toda la libertad del mundo. No responde a ninguna recomendación del mercado. No es una novela de auto-ayuda, ni es un thriller. Ni tampoco es una novela sobre los diarios de una abuela empoderada, de los años 30, que una nieta encuentra en el desván. El personaje no se esfuerza por ser querido. Y pese a todo esto, la novela alcanzó la tercera edición en dos semanas y sigue vendiéndose como al principio, lo cual es una sorpresa. El primer sorprendido soy yo y mi editor, el segundo.

M.G.- He visitado tu perfil de Twitter, leyendo las opiniones que te dejan los lectores. Hay algunos que dicen que es una novela para releer e incluso otra persona asegura que has inventado un nuevo género.

R.C.- (Ríe) No, no he inventado nada. Stricto sensu, no sé lo que he hecho. Hay novelas de mapa y novelas de brújula, pero esta es una novela de dados. Me sentaba cada día, tiraba los dados, y acogía el resultado con deportividad y seguía desde ahí, sin saber lo que iba a suceder. Es una novela divertida pero también es triste, honda y mema. Es una novela multitentacular. Sigue la técnica de apretar el polvorón, consiguiendo decir en el menor número de palabras posibles la mayor cantidad de resonancias. En cada frase cabe un párrafo, en cada párrafo cabe un capítulo, y en cada capítulo cabe una novela. No sé si eso define un género. Creo que esto forma parte más bien de una tradición que, sin comparar, tiene que ver con Quevedo y Cervantes, y que pasa por Cunqueiro, Valle-Inclán, Jardiel, Azcona, Mendoza o Cuerda. No, no creo que invente nada pero tampoco persigue de forma consciente ningún rastro ni fotocopia nada. Si la novela tiene alguna característica, precisamente por su falta de plan y propósito, es que es libérrima.  

M.G.- Te has dejado llevar. Te sentabas a escribir y a lo que saliera.

R.C.- Bueno, no era tan sencillo como dejarse llevar. Se parece más al pico y a la pala porque, cuando uno se sienta cada día frente al teclado y no sabe lo que va a suceder, no cierra los ojos y se conecta con un autor muerto, sino que tiene que inventar algo. Pero es cierto que acogía cualquier idea o imagen que surgiera por irracional que fuera su origen.

M.G.- Leemos la sinopsis y encontramos que Salamanca tiene mar, que los coches funcionan con el pensamiento. Un montón de cosas que nos hacen pensar que has creado un mundo paralelo, un mundo alocado y esperpéntico.

R.C.- Sí, pero no es tan alocado porque hacen falta reglas precisas. Es nuestro siglo XX pero tomado por la vía de servicio. Si fuera una novela mágica lo sería a duras penas. Puedes inventar las reglas, puedes doblarlas o  subvertirlas, pero tienen que existir. Es decir, puede haber coches impulsados por el pensamiento, pero hay que definir que son coches alemanes y que fuera de Alemania no funcionan muy bien porque la gente no piensa, y que, de vez en cuando, hay que llamar a un estudiante de filosofía para que te lo arranque. Puedes establecer diálogos entre los protagonistas y los fantasmas, pero tienes que dejar bien claro que los fantasmas solo se pueden ver por la izquierda o por el rabillo del ojo, y además solo puedes ver a los de tu propio país. Y en un momento dado, el protagonista entra a trabajar en un taller para estropear cosas pero tienes que definir que estropear no es romper porque romper lo hace cualquiera, pero estropear es llegar al sentido último de las cosas, a su sagrado meollo. El arte del estropeo está lleno de sutilezas. En fin, puedes inventar un mundo, pero ese mundo tiene que ser tangible, real y cerrado en sí mismo.

M.G.- Hay lectores de tu novela que dicen que han llorado pero también han reído muchísimo. Que un libro te haga reír es muy complicado, mucho más complicado que te haga llorar. En tu caso, ¿cómo has conseguido arrancar la carcajada al lector?

R.C.- No lo sé. No buscándolo. Tiene mucho que ver con la perspectiva, con mi forma de mirar el mundo, de interpretarlo. Por un lado, siempre se busco los contrastes porque tengo una especie de tendencia a la frustración de las expectativas. Por alguna razón me divierte generar una expectativa al inicio de párrafo y frustrarla al llegar al final. La novela es una constante saturnalia. Las reglas se invierten. De este modo, cuando la novela corre algún riesgo de parecer inteligente, procuro romper un vaso en algún momento. A la vez, también hay situaciones en las que la carcajada se congela, y llega un hachazo que la convierte en otra cosa.

M.G.- Ese mundo que tú construyes, y en el que todo puede ocurrir, queda un poco reflejado en la ilustración de la cubierta, que tanto me recuerda al Jardín de las Delicias.

R.C.- O a Lewis Carroll. De una manera casi inconsciente, esta novela es una reivindicación de la tontería. Yo quiero escribir tonterías toda mi vida. Quiero leer tonterías toda mi vida. De alguna manera, y una vez más sin compararme, las grandes obras de la literatura universal son enormes tonterías. La Odisea es una tontería tras otra, y el Quijote, y Alicia en el país de las maravillas. Nuestra idea infantil de la lectura es la de enfrentarnos a una enorme tontería que rompe todo tipo de reglas. Por supuesto, todo eso tiene luego resonancias y lecturas que no se buscan. En este sentido, huyo mucho de la alegoría directa, o del carácter simbólico de las cosas, o de la metáfora forzada para tratar de hablar de teóricas honduras. Precisamente, cuando la ficción se abraza a sí misma en toda su libertad es cuando se hace pervivente. 

M.G.- No hemos hablado del germen de la novela, del porqué de esta historia.

R.C.- Es fácil de contestar. No lo sé. No tenía ningún propósito, ni plan, ni esquema. Cuando escribí la primera línea, ese «Nací el 18 de octubre de 1902» no sabía quién lo estaba diciendo, ni cómo era el personaje. Cuando escribí que algo sucedió antes de que el mar llegara a Salamanca fue cuando descubrí que el mar iba a llegar a Salamanca y que necesitaría un capítulo en el que ese manto gris golpearía el muro romano de la ciudad. Insisto, yo no sabía quién era Jaime, cómo iba a evolucionar o con quién se iba a encontrar.

Tal vez, por todo esto, escribí en riguroso secreto. Nadie sabía que lo estaba haciendo porque ni yo mismo estaba seguro de que tuviera sentido lo que estaba haciendo. Pero sí tenía la intuición de que debía llegar al final y entonces darme permiso para mirar atrás. Así que la respuesta a casi todas las preguntas que me hagas es: no lo sé.


[Si prefieres escuchar nuestra conversación, dale al play]


M.G.- Todos los que leemos, todos los que escribís, tienen sus referencias. ¿Cuáles son las de Rodrigo Cortés?

R.C.- Millones. Irish Murdoch, Stephen King, Cervantes,...  Soy totalmente omnívoro y muy desordenado. Yo empecé a leer robando libros de la biblioteca de mis padres. Me leí la Metamorfosis con nueve años porque en la solapa ponía que un señor se levantaba una mañana convertido en un insecto. También leí Viven con ocho años, que hice coincidir con los libros de Barco de Vapor. Mis lecturas siempre han sido muy desordenadas y desacomplejadas, y muy poco vinculadas con la actualidad. Estoy poco al día de lo que se hace. Aunque también leo novedades recién publicadas, un libro del año 52 es para mí tan contemporáneo con cualquier otro recién editado. 

M.G.- Hablemos del protagonista, de Jaime Fanjul. ¿Cómo es? He escuchado a lectores decir que se han enamorado de él, y a una mínima parte no le gusta.

R.C.- Sí, hay lectores que se han enfadado con él. El otro día, en un club de lectura, una mujer estaba indignada con el personaje. Decía que era un exangüe, un ser insoportable, que le daba igual ocho que ochenta. Confieso que esperaba muchas más reacciones así. Jaime no se lo pone fácil al lector. Ni es un personaje simpático ni está diseñado para serlo. Pero también ha sido un personaje que ha sido acogido y adoptado por el lector, para mi sorpresa. Al igual que le ocurre a los personajes con los que se cruza, el lector lo ha perdonado. Ve en él mucho más de lo que él ve en sí mismo. El lector acoge sus defectos con mucha más indulgencia que él. Es un personaje muy difícil de definir. 

M.G.- Jaime tiene mujer e hijos. ¿Cómo es su relación con ellos?

R.C.- A veces, muy irritante. Pero a la vez es un personaje que, por su naturaleza, es imposible de manipular. Jaime no responde a las vanidades habituales. Y no es porque sea más fuerte sino porque emplea una herramienta que no es emocional. La novela nunca es sentimental, nunca es maniquea, no encierra consejos o recomendaciones de ningún tipo, y jamás es ejemplar. Jaime puede hacer de todo. Forma parte de un grupo de anarquistas, habla de que sus mejores años son los pasó como terrorista, y de hecho comienza un párrafo diciendo que su primer atentado tuvo muy buenas críticas. Es un personaje indefinible e inaprensible, que te desarma con su naturaleza libre. Jamás pide que nadie lo acoja. 

M.G.- Sé que has comentado en más de una entrevista que el personaje no tiene nada que ver contigo pero hay una frase en la novela que a mí me ha sonado muy autobiográfica. Dice así: «Lo que soy o he dejado de ser lo he sabido siempre por los demás»¿Te sientes identificado con esta frase?

R.C.- Sí. Con esa frase, sí. La novela está escrita, por razones naturales y dada su ausencia de plan, en sentido puramente cronológico, con la excepción del epílogo, que es de donde procede esa frase. 

Es verdad que contesto muy a menudo que no me parezco al personaje. De hecho, le hago tomar constantemente decisiones que yo no tomaría, para meterle a él en problemas y para meterme a mí en problemas como autor. Pero con el tiempo me he dado cuenta que eso te desnuda por acción y por omisión, porque al darle o quitarle una característica al personaje, acabas desnudándote también y descubro que se va pareciendo cada vez más a mí, conforme avanza más la novela. En cualquier caso, aunque no me siento identificado con él, sí me siento muy identificado con ese epílogo, que no escribí de forma cronológica. Era el inicio de uno de los capítulos de mitad del libro y, al cabo de un par de párrafos, me di cuenta que estaba escribiendo el epílogo. 

M.G.- ¿Por qué crees que los lectores han vinculado tu novela con otras o con otros autores tan dispares? A cada uno le ha recordado un texto distinto.

R.C.- Creo que porque no se parece a casi nada pero tiene que ver con que yo acogía cualquier tipo de idea que me venía a la cabeza, por irracional que fuera. Eso significa que no solo conecta con posibles lecturas sino que puede conectar también con el niño de seis años que está viendo una película de aventuras sobre un relato de Kipling, antes de leer al propio autor, o con otras experiencias que se han vivido, o con otras reflexiones que se han hecho.

M.G.- Jaime Fanjul se pasea por buena parte del mundo. Vamos a encontrar ciudades reales pero también te has inventado alguna.

R.C.- En mi favor, o contra mí, diré que me las he inventado todas, incluso las reales. El cerebro de la ficción sirve para todo e irremediablemente todo es ficción. Para mí, Espuria es una ciudad tan real como Madrid. Esto no impide que unas y otras encierren sus propias verdades. 

M.G.- ¿Hay alguna posibilidad de adaptar esta novela al cine?

R.C.- Diría que no, por varias razones. En primer lugar, porque la literatura pura no es muy adaptable al cine. Y con esto no quiero darle un carácter elitista a la novela. Las grandes obras de la literatura no se han adaptado bien. Se adapta mucho mejor el relato muy narrativo, de trama con sorpresa final, con personajes claros que dibujan actos inesperados. Pero además, sería muy difícil de adaptar presupuestariamente. Se cruza el siglo XX entero, varios continentes, y se narra desde el nacimiento hasta la senectud del personaje, lo cual exigiría cinco actores diferentes. Si alguna vez me planteara adaptar algo así, sería con las herramientas del cine mudo.

M.G.- ¿Y qué sentiste al finalizar la novela? ¿Te planteaste meterla en un cajón?

R.C.- No. Busqué editor. Después de quitar, deshacerte de cosas, pulir, peinar y sobrevolar el monstruo fue cuando empezó la labor de encontrar una casa y que no se viera como la ocurrencia de un director de cine que, una primavera decide que tiene una novelita que contar.

M.G.- Última pregunta. He estado mirando esas definiciones que haces en ABC, en la sección Verbolario. Hace poco definiste lectura como variedad introspectiva de la escalada. Algunas de esas definiciones son asumibles pero con esta me pierdo. ¿Me la explicas?

R.C.- No, no voy a hacer tal cosa (ríe). Es como explicar un chiste. Verbolario propone, en el mejor de los casos, un viaje mental alrededor de la manzana. A veces, el lector se detiene un segundo porque no le valen las herramientas, detiene un segundito el mundo, da una vueltita a la manzana y luego, llega a un punto o no. Lo que importa es dar esa vuelta. Muchas de las definiciones de Verbolario son hasta excluyentes o contradictorias entre sí. No buscan tener razón. Es un diccionario satírico que no busca definir las palabras sino desnudarlas. 

M.G.- Rodrigo no te robo más tiempo. Un placer conocerte y conversar contigo.

R.C.- A ti.

Sinopsis: Los años extraordinarios recoge las memorias de Jaime Fanjul, nacido en Salamanca en 1902 en el seno de una familia burguesa apasionada por las serpientes, y nos propone un recorrido valleinclanesco por el siglo XX a través de sus recuerdos y viajes. No hay clave fundamental del siglo que esta prodigiosa novela no evoque: de la llegada del mar a Salamanca al breve auge de los coches impulsados por el pensamiento; de la terrible crueldad de las cárceles portuguesas a la guerra de los de Alicante contra España (y los holandeses contra el resto del mundo); de las hazañas del Miseno, barco submarino transitador de túneles, a las insólitas habilidades de los teósofos, capaces de levitar unos centímetros por encima de la silla; de la llegada —boca abajo— del hombre a la Luna al cambio de ubicación de la ciudad de París en 1940.

En Los años extraordinarios caben los niños con poderes antiguos, los esclavos que aterrorizan a sus amos, los fantasmas con ropa de sastre, las jovencitas de ochenta años, los judíos que cambian el tiempo, las peleas a puñetazo limpio con monjas bravas, los talleres de estropear cosas... Jaime Fanjul recorre el mundo contando lo mucho que le pasa y lo poco que aprende. Serio, observador, sin queja, rememora su camino con humor imprevisible y aliento poético.

 

viernes, 17 de mayo de 2019

LA ISLA DE LOS CONEJOS de Elvira Navarro

Resultado de imagen de la isla de los conejos de elvira navarro
Editorial: Literatura Random House.
Fecha publicación: enero, 2019.
Precio: 17,90 €
Género: Cuentos.
Nº Páginas: 160 
Encuadernación: Tapa blanda con solapa.
ISBN: 9788439734826
[Disponible en eBook;
puedes empezar a leer aquí]




Autora

Elvira Navarro (Huelva, 1978) estudió Filosofía en la Universidad Complutense de Madrid. Ha publicado dos libros complementarios, La ciudad en invierno (Caballo de Troya, 2007) y La ciudad feliz (Literatura Random House, 2009), así como las novelas La trabajadora (LRH, 2014) y Los últimos días de Adelaida García Morales (LRH, 2016). Es también autora el blog Periferia (www.madridesperiferia.blogspot.com), un work in progress sobre los barrios de Madrid. Su obra ha sido galardonada con el premio Jaén de Novela y el premio Tormenta al mejor nuevo autor, y quedó finalista del premio Dulce Chacón de Narrativa Española. En 2010 fue incluida en la lista de los veintidós mejores narradores en lengua española menores de treinta y cinco años de la prestigiosa revista Granta. En 2013 fue elegida una de las voces españolas con mayor futuro por la revista El Cultural, y en 2014 la misma revista seleccionó su obra La trabajadora entre las diez mejores novelas en español del año. Durante 2015 ejerció de editora del sello Caballo de Troya.

Sinopsis

Un falso inventor lleva conejos a una isla para que acaben con los nidos de unos pájaros cuyo nombre nadie sabe. En la penumbra nocturna, una especie extinguida hace miles de años le sale al paso a un archiduque. Los sueños de los clientes de un hotel son objeto de un insólito hurto. El fantasma de una madre abre una cuenta en Facebook y le pide amistad a su hija. Una pareja a punto de romper deambula por un albergue inhóspito. En una banlieue parisina desaparece un tramo de avenida.
En estos perturbadores once relatos hay transformaciones fabulosas que no son vividas como una liberación, sino con miedo. La implacable precisión de Elvira Navarro nos lleva por vidas que se deforman de manera fatal, arrastrándonos también a nosotros. Leer a Navarro es convocar una sombra aterradora, y de la misma manera que al caer la noche lo conocido se torna profundamente extraño, en estos cuentos los personajes se pierden en habitaciones cerradas, en isletas cenagosas, en laberintos mentales que quiebran la normalidad y conducen hasta un alucinante ruido blanco del que ya no se puede escapar.
Con La isla de los conejos la autora desnuda los mimbres de lo real por medio de una escritura sutil y llena de clarividencia, que transgrede los significados y nos entrega, a cambio, una hiriente lucidez.

[Información tomada directamente del ejemplar]


La semana va de cuentos. Si el lunes os hablaba de lo último de Andrés Pérez Domínguez (La letra pequeña), hoy quiero hablaros de los cuentos de Elvira Navarro, de las once piezas que componen La isla de los conejos. Aunque tanto unos como otros estarían englobados bajo el mismo género se trata de dos cuentistas totalmente diferentes y entre los que cabe un abismo. Si aquellos eran historias más apegadas a la realidad, con las que podíamos sentir una cierta cercanía, en los cuentos de Elvira Navarro flota una atmósfera más oscura e inquietante que puede provocar en el lector cierta incomodidad.

Muchos sabéis que tiendo a leer los relatos y los cuentos dos veces. Creo haberlo comentado en más de una ocasión. Así ha sido con La isla de los conejos pues, debido a la particularidad de los mismos, necesitaba un segundo acercamiento. Y vuelvo a comprobar una vez más el poder de la mente frente a las letras, la capacidad que tenemos para extraer un mayor y mejor significado de aquello que leemos por segunda vez. Si en mi primer acercamiento apenas bosquejé cuatro anotaciones en mi libreta, las justas para componer una entrevista con la autora (que puedes leer aquí), con la segunda vuelta he podido vislumbrar una luz más nítida dentro de la oscuridad de Navarro. Nuevos matices, nuevas interpretaciones, nuevas comprensiones se han abierto ante mis ojos para otorgar una mayor conexión con el texto, aunque he de reconocer que, el nivel de aproximación no ha sido igual con todos ellos. Destacaría especialmente los cuentos titulados como Memorial y Encías. El primero tiene que ver con las redes sociales y con un perfil de Facebook que, a todas luces, no podría existir. ¿Cómo te quedarías si un familiar fallecido de repente te pide amistad? El segundo cuenta una luna de miel, unos días que deberían ser felices si no fuera porque él tiene ciertos problemas bucales. Es una historia algo repugnante, sí, todo hay que decirlo, pero es el que más me ha puesto los vellos de punta. Y es que en los cuentos de Elvira Navarro ocurren cosas insólitas, cuando ocurren, porque también puedes encontrar algunos en los que tampoco sucede gran cosa como en Las cartas de Gerardo, un cuento en el que se narra la ruptura de una pareja. Sin embargo, por encima de la historia en sí, lo que prevalece, la verdadera intención de la autora es provocar en el lector un cúmulo de sensaciones, la atmósfera opresiva que envuelve a los personajes que casi obliga al lector a levantarse, abrir compulsivamente una ventana y tomar una bocanada de aire fresco. Porque en los cuentos de Navarro todo es muy sensorial. Lo mismo te asfixias que sientes un insoportable picor cuando lees que los personajes se tapan con una manta llena de mugre y pelos. 

Y efectivamente, y a pesar de esa segunda lectura, no he conectado con todos los cuentos por igual. Esto es algo muy normal en el género. La habitación de arriba me pareció que arrancaba de una premisa fabulosa. La idea de una empleada de hotel que sueña los sueños de los huéspedes es algo inquietante. Es otro de mis cuentos preferidos porque el tema sueños me ha fascinado y me ha provocado siempre cierto respeto. Nadie puede controlar lo que sueña y esa falta de control, asunto sobre el que el cuento profundiza, provoca mucha incertidumbre. No obstante, debo decir que es el único de las once piezas que me costó un poco terminar. También es uno de los más largos y quizá, mantener esa atmósfera agobiante durante mucho tiempo es lo que me ganó la partida. Pero, aún así, me pareció original y espeluznante.

Los personajes de La isla de los conejos van a ser muy dispares. Desde jóvenes mochileros que intentan recomponer su relación durante un fin de semana a parejas que necesitan gafas para ver lo que comen, pasando por inventores que inventan lo ya inventado, mujeres a las que les cuelga un extraño apéndice de una oreja, abuelas que flotan u hombres con problemas muy raros en sus encías. Inevitablemente algunas de estas piezas te van a trasladar a la habitación de Gregor Samsa porque se intuyen ciertas transformaciones a cuya culminación no llegamos a asistir, pero quedan ahí suspendidas en el aire, dejándonos una sensación rara. Y es que hay toda una fauna extraña en estos cuentos: conejos depredadores, aves inclasificables, extraños animales ya extinguidos. Todo un universo peculiar el de esta autora.

Pero si antes comentaba que una segunda lectura me ha hecho percibir nuevas luces ha sido por los olores. Los cuentos de Elvira Navarro huelen. Y huelen a tuberías y a humedad de cuarto de baño, a suela mojada, a sudor, a mal aliento, a putrefacción, a sangre, a cuero mojado, a excrementos,... Aromas poco agradables, lo sé. Tan solo uno de ellos huele a cloro azul, lo que nos da un respiro, pero el resto huele a cosas nauseabundas lo que enfatiza esa atmósfera pútrida que los caracteriza. Ya lo dice la propia autora, que sus cuentos son raros, que ella escribe desde la oscuridad, desde aquello que la perturba, historias algo surrealistas, a veces con un leve chispazo de ciencia-ficción y personajes de lo más rocambolescos.  De hecho, incluso la imagen de la cubierta es rara. La fotografía de Ellen Kooi nos hace preguntarnos qué hace esa joven con su vestido de colores, tumbada a orillas de un lago, con la boca y el cuerpo medio sumergido en el agua mientras un grupo de pececillos negros se acercan a ella. A mí es una imagen que me produce escalofrío porque me imagino el agua fría, la humedad empapando mi vestido y el tacto gelatinoso y gélido de esos peces que se acercan a mi mano. 

Ya veis lo que podéis encontrar en este volumen. Por eso no me atrevería a recomendar La isla de los conejos a cualquier lector. Primeramente debe gustarte el género -siempre invito a todos los lectores a descubrir los cuentos y los relatos-, y gustándote el género debes ser un lector valiente, que salen de esa zona que ahora llamamos de confort pero que no es más que unos gustos estancados. Esta isla llena de conejos necesita lectores que busquen sensaciones nuevas y ahí, querido amigo, te vas a encontrar con un cúmulo de emociones de todo tipo, - no todas agradables, es cierto-. Los cuentos de Elvira Navarro son una nueva aventura, un camino por descubrir lleno de incertidumbres pero ahí está la gracia, en recorrerlos y dejarnos llevar por lo que la autora nos tiene preparados.









 

[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

Puedes adquirirlo aquí:

martes, 30 de abril de 2019

ELVIRA NAVARRO: 'Me gustaría poder y saber escribir la luminosidad pero lo que me incita e impulsa a escribir es la oscuridad'

Asomarse por primera vez a la prosa de un escritor, adentrarse en su universo, constatar cuáles son sus preocupaciones que suelen camuflarse o mostrarse en sus historias, discernir su punto de vista, su ángulo de visión para mirar el mundo en el que nacemos, transitamos y morimos. Descubrir, eso es lo importante. Por eso nunca me canso de añadir nuevos nombres a esa lista de autores leídos, matizada con pequeñas anotaciones mentales para colocarlos en un lugar u otro de esa estancia literaria que todos llevamos en nuestro interior. Y así, Elvira Navarro, una autora de la que había siempre oído hablar muy bien, ya forma parte de mi particular bagaje literario, bajo la denominación que incluye a esos autores a tener en cuenta por su originalidad y por su peculiar forma de encarar la literatura. Hablamos con ella hace unas semanas, cuando recaló en Sevilla para presentar su última publicación La isla de los conejos, un volumen de cuentos diferentes.


Marisa G.- Elvira, creo que este es tu primer volumen de cuentos aunque tus novelas no son excesivamente largas tampoco. Parece que eres una autora de corta-media distancia.

Elvira N.- En realidad no es mi primer libro de cuentos. Ya publiqué 'La ciudad de invierno' lo que ocurre es que la protagonista era siempre la misma aunque en distintas etapas de su vida y los textos seguían un orden cronológico. No se leyó como si fueran cuentos sino más bien como un intergenérico. Incluso hubo gente que lo leyó como una novela.

M.G.- Entre escribir cuentos y novelas, más allá de concreción y la extensión,  a tu juicio, ¿qué diferencias sustanciales hay?

E.N.- Son dos regímenes de escritura totalmente distintos. En una novela, normalmente, trabajas con lo explícito. Las novelas funcionan por agotamiento del tema, o más bien, porque agotas lo que tú tienes que decir sobre un tema. Generalmente ese tema se va explicitando, bien sea porque los protagonistas hablan sobre ello o bien porque el narrador encara el tema de manera directa. En cambio, en los cuentos, el tema es implícito. El régimen de trabajo de los cuentos contar algo a través de una historia. Los cuentos son muy metafóricos, es algo que vemos muy bien en los cuentos infantiles. Si piensas, por ejemplo en 'Caperucita Roja', en realidad no te está contando la historia de una niña que visita a su abuela y tal, sino otra cosa distinta. U otro ejemplo, 'Conservación' de Carver, un cuento que trata sobre la descomposición de una pareja pero en ningún momento se habla de manera directa de eso. 

M.G.- Pues fíjate que yo necesito leer los cuentos dos veces. Es una costumbre que he adquirido. Y estoy pensando ahora que quizá sea por esto que comentas porque para extraer el verdadero significado del cuento, el que subyace hay que profundizar en la lectura. 

E.N.- Pero hay que tener cuidado porque podemos traicionar el sentido verdadero de un cuento si pretendemos traducirlo a otro lenguaje. El arte o cualquier manifestación artística en general se mueve con ese contexto griego de verdad, con la 'alétheia', que significaba verdad como desvelamiento. Pero un desvelamiento que implica mover el velo pero sin que se vea del todo lo que hay detrás. Sé que es un poco correoso lo que intento decir pero digamos que la verdad que maneja un texto es una verdad de tipo poética. Creo que no se puede resumir en tres o cuatro frases una novela o un relato. Hay mucho más. 

M.G.- El volumen consta de once piezas. ¿Están escritos exprofeso para la ocasión?

E.N.- La mayoría sí. Hay tres relatos escritos con anterioridad a que tuviera una idea del libro, idea que surge cuando escribo en 2014 'La isla de los conejos', cuento da título al libro. Cuando escribí aquella historia sentí que tiraba de mí para que siguiera escribiendo cuentos. 

M.G.- ¿Y por qué elegir ese cuento concretamente como título del volumen?

E.N.- Sencillamente porque me lo dijo mi agente y me di cuenta que llevaba razón. Yo lo había titulado 'La habitación de arriba', que cuenta la historia de una chica que trabaja en un hotel y sueña los sueños de los huéspedes. Me gustaba mucho ese título porque me recordaba a una película que había visto de niña, 'Al final de la escalera', que no terminé de ver y no sé si es buena o mala. De alguna manera quería que los relatos tuvieran cierta conexión con el terror porque, aunque no lo sean totalmente, sí se asoman un poco a ese abismo. Pero mi agente pensó que era mucho mejor titular el libro con 'La isla de la conejos' porque nos lleva a fabular con una idea extraña, elemento común en el libro y también porque en estos cuentos aparecen muchos animales. No en todos los cuentos pero sí o aparece un animal o hay algún tipo de o animal o transformación por parte de los protagonistas.

M.G.- Sí que hay bastante fauna en los cuentos, pájaros extraños que no se sabe muy bien de qué tipo son, extrañas criaturas, los conejos que hemos mencionado,... Detrás de esta fauna, ¿qué intencionalidad hay? ¿Funciona como esa metáfora de la que hablábamos antes?

E.N.- Diría que sí. Cuando uno contempla un animal, sobre todo cuando tienes un animal de compañía, hay una enorme sensación de familiaridad porque es tu animal, convives con él y puedes ver hasta qué punto tienen emociones. Pero, al mismo tiempo, te das cuenta de lo misterioso que son porque por más que los tengamos cerca resultan incomprensibles. Es imposible penetrar en ellos. Es algo que está muy cerca de nosotros pero a la vez muy lejos. Esta idea puede ser una metáfora de nosotros mismos, de nuestras partes oscuras, que están muy cerca pero también muy lejos porque no las queremos ver y continuamente las apartamos.

M.G.- Y has comentado que hay mucho elemento extraño en tus cuentos. Realmente es así porque tus textos son como una vuelta de tuerca, hay como una transgresión de la realidad, un giro a lo cotidiano. Te tengo que confesar que me han perturbado, me han incomodado, me han hecho sentir desasosiego,... ¿Realmente querías transmitir todo eso al lector?

E.N.- No es algo que me planteara conscientemente. Son más bien las emociones que me llevan a escribir los relatos y en la medida en la que son su punto de partida, se transmiten también al lector. No me planteé inquietar sino que hay algo que a mí me inquieta y me hace escribir.

M.G.- Entonces, ¿tus cuentos son fruto de tu visión del mundo, un tanto amenazante?

E.N.- Sí, es parte de mi visión aunque no totalmente. Esos cuentos nacen cuando mi visión es más negra o cuando vivo momentos de malestar, momentos de extrañeza, de angustia, de desasosiego,... Aunque soy una persona alegre, me cuesta mucho escribir desde la alegría. Me gustaría poder y saber escribir la luminosidad pero lo que me incita e impulsa a escribir es la oscuridad.


M.G.- Y las sensaciones que provocan estos textos, ¿podrían funcionar como revulsivo en el lector? Lo extraño, lo raro, suele producir atracción.

E.N.- Nos atrae porque nosotros somos muchas veces seres extraños, retorcidos y hay cosas que no vemos habitualmente pero están ahí agazapadas. La atracción que produce en nosotros la oscuridad se debe a que es más cercana de lo que pensamos. Lo que nos es ajeno nos resulta totalmente indiferente. La oscuridad nos atrae porque forma parte de nosotros aunque la rechacemos. Ese rechazo ya es significativo de algo. 

M.G.- En tus cuentos prima más estas emociones de las que hablamos por encima de los hechos en sí porque hay relatos en los que no ocurre gran cosa. Pesa más la atmósfera que creas que la historia en sí.

E.N.- Sí. Lo que me interesa es recorrer un territorio y lo hago generando atmósferas, a través de algunas tramas. Mi interés no radica en armar una trama para resolverla aunque a veces la historia me lo pida porque resulta que lo que quiero explorar se explora así. Pero sobre todo lo que me gusta es generar un universo y meterme por él.

M.G.- Dentro de que son relatos, algunos son más realistas, otros tienen un toque fantástico, otros ciencia-ficción, terror,... Tocas como un poco de todo.

E.N.- No lo he hecho a propósito tampoco. Creo que ha salido así porque leo literatura realista, fantástica,... Todo eso no deja de ser códigos o herramientas que manejo.

M.G.- Todos son muy inquietantes aunque algunos lo son en sumo grado como por ejemplo 'Estricnina', 'Encía',... He advertido algún toque kafkiano. ¿Cuáles son los referentes a la hora de componerlos?

E.N.- Desde mi punto de vista hay un referente clave, un libro fundamental. Me refiero a 'Proyectos de pasado' de Ana Blandiana. Es un libro de relatos fantástico. Blandiana es rumana. Publicó este libro en 2008 en la editorial Periférica. No es un libro muy leído en España aunque la autora tiene mucho prestigio crítico. Creo que ese libro, en el que lo fantástico se mezcla con lo onírico es un referente importante y de él bebe mucho mi libro. Aunque quizá no sea así porque no siempre somos buenos jueces de nuestra propia obra. 

Por otra parte, mientras escribía también pensaba a menudo en 'Las Hortensias 'de Felisberto Hernández por los continuos efectos de extrañamiento y porque sus personajes son un poco excéntricos. Para mí son dos referentes que son claros pero bueno, luego cada lector lo asimila a su propio corpus de lectura.

M.G.- A mí la atmósfera de algunos de tus cuentos me trasladó a los trabajos de David Lynch.

E.N.- Puede que haya algo de Lynch también porque he visto bastantes pelis suyas y soy bastante fan. 

M.G.- Antes has mencionado lo onírico algo que juega un papel muy importante en 'La habitación de arriba'. Este, junto con 'Memorial', son los dos cuentos que más me han gustado. Me gustaría saber cuáles son los que te resultan más atractivos. 

E.N.- Me gustan varios y no sabría elegir, la verdad. 'Memorial' y 'La habitación de arriba' me gustan tanto como a ti pero también destacaría 'La isla de los conejos' y 'Las cartas de Gerardo'. Creo que son los cuatro mejores relatos del libro. 

M.G.- Creo que tienes un proyecto entre manos que tiene que ver con un blog que administras y que se denomina 'Periferia'.

E.N.- Sí, aunque está un poco muerto últimamente. Durante años estuvo muy activo y en él contaba paseos que me daba por Madrid. Pretendo convertir ese blog en un libro, de hecho lo llevo muy avanzado, pero no estarán todo los textos que he publicado ahí aunque sí aparecerá alguno. Es un proyecto a largo plazo.

M.G.- A primeros de años nos dejó Claudio López Lamadrid, ¿qué herencia te ha dejado como editor?

E.N.- La confianza en mí misma. Sentía que su apoyo estaba fundado y no era a lo loco y eso me generaba confianza como autora.

M.G.- Se ha dicho de ti que eres una de las mejores voces literarias de la actualidad. De hecho en 2014 una novela tuya fue elegida como la mejor del año. ¿Eso supone un peso específico a la hora de crear?

E.N.- Llega un momento que no. Te da confianza pero cada libro es como empezar de cero otra vez. Obviamente siento que cada vez tengo más oficio pero eso no garantiza que el libro que estés escribiendo te salga bien. Además, el oficio puede actuar en tu contra porque adquieres determinados automatismos y a veces lo que necesitas es precisamente romperlos. Realmente no me supone un peso.

Efectivamente, los cuentos de Elvira Navarro tienen mucho de metáfora. Así que, como suele ser mi costumbre, los he leído dos veces para arañar la superficie y ver lo que realmente encierran. Os daré mis impresiones muy pronto. 



Ficha libro

Editorial: Literatura Random House.
Encuadernación: Tapa blanda con solapas.
Nº Páginas: 160
Publicación: Enero, 2019
Precio: 17,90€
ISBN: 9788439734826
Disponible en e-Book
Puedes empezar a leer aquí.
Ficha completa aquí.






lunes, 1 de abril de 2019

LA MEJOR MADRE DEL MUNDO de Nuria Labari

Resultado de imagen de la mejor madre del mundo nuria labari

Editorial: Literatura Random House.
Fecha publicación: febrero, 2019.
Precio: 18,00 €
Género: Narrativa.
Nº Páginas: 224 
Encuadernación: Tapa blanda con solapa.
ISBN: 9788439734970
[Disponible en eBook;
puedes empezar a leer aquí]


Autora

Nuria Labari (Santander, 1979) es escritora y periodista. Estudió Ciencias Políticas en la Universidad del País Vasco y Relaciones Internacionales en el Instituto Ortega y Gasset. Colaboró con los portales digitales de El Mundo y Telecinco, medio en el que fue redactora jefe. Escribió el libro de cuentos Los borrachos de mi vida (Lengua de Trapo, 2009), ganador del VII Premio de Narrativa de Caja Madrid. También apareció en la selección de relatos Pequeñas resistencias 5: Antología del nuevo cuento español (Páginas de Espuma, 2010), editado por Andrés Neuman. En 2016 publicó su primera novela, Cosas que brillan cuando están rotas (Círculo de Tiza).

Sinopsis

La protagonista de esta novela tiene treinta y cinco años y es estéril cuando la Idea de ser madre se le mete en el cuerpo "como si fuera un cáncer". Cinco años y dos hijas después cree haberlo ganado y perdido todo. Es entonces cuando decide escribir una historia a vida o muerte, un duelo entre la escritora que fue y la madre en que se ha convertido. Si gana la madre, el libro será un diario sobre su maternidad y una parte de la escritora morirá en el intento. si gana la escritora, la ficción le arrebatará su propia historia al elevar su maternidad a lo universal. En ese caso, será la escritora quien fulmine a la madre.

El resultado es un relato donde convergen la ficción, la autobiografía y el ensayo; una novela ambivalente donde humor, amor y horror se convierten en hilos de la misma trenza. La protagonista examina el mito (pero también el timo) de la maternidad, como un cadáver al que disecciona en directo ante el estupor del lector. Una invitación abierta a todos los  hombres y mujeres que se atrevan a entrar en la mente y el cuerpo de una madre.

[Información tomada directamente del ejemplar]


Así suena La mejor madre del mundo:



[Lectura de las páginas 14 a 17;
música: 'A quiet thought' - Biblioteca audio Youtube]


Sobre la maternidad se ha hablado largo y tendido pero es una de esas fuentes inagotables de las que se puede seguir hablando y escribiendo sine die. Páginas y páginas se han llenado con experiencias, emociones, sensaciones, vivencias,... Todo un universo gira alrededor de la maternidad, una cuestión que a mí, particularmente, siempre me ha parecido excesivamente idealizada. Muchos sabéis que no soy madre por decisión propia y mi posición me ha permitido observar la maternidad bajo un prisma distinto. No voy a cuestionar lo maravilloso que es para muchas mujeres llegar a ser madre porque sería pisotear un deseo que, en según qué circunstancias, produce mucho dolor y frustración, pero sí voy a carcajearme de esa absurda idea que pulula por algunos núcleos sociales según la cual una mujer sin hijos no es una mujer o es una mujer a medias.  Yo me miro al espejo cada día y veo cómo una mujer independiente, que se ha labrado un camino ella solita, que tiene ilusiones y sueños, y que además forja proyectos de futuro me mira con una sonrisa socarrona desde el otro lado. Y es que estoy cansada de tanta tontería. Hubo un tiempo en el que me vi sometida a un tercer grado, acribillada a preguntas sobre mi no-deseo de ser madre y soportando miradas de incredulidad.  Por suerte, eso ya pasó y ahora me encanta hablar con mis amigas madres que me cuentan, sin monopolizar la conversación, pero con sinceridad y realismo, lo que supone ser madre. Y es que, como se dice en esta novela, 'Mito y timo se escriben con las mismas letras'.

Decía Nuria Labari, en la entrevista que le hicimos a su paso por Sevilla (puedes leerla aquí), que esta novela es justo el libro que a ella le hubiera gustado leer sobre la maternidad. Todos estaremos de acuerdo en que existen infinidad de libros que abordan la susodicha cuestión, especialmente desde la perspectiva anatómica, biológica y ginecológica,... pero no como un viaje intelectual, como le gusta llamarlo a Labari. Por eso, esta periodista nacida en el País Vasco, decidió sentarse a escribir de lo que sabía, pues parte de lo contenido en estas páginas procede de su propia experiencia, tanto la alegría como el dolor, y lo hace despojando el asunto de todo lo innecesario.

La mejor madre del mundo se inicia con la protagonista y narradora, de la que jamás sabremos su nombre, conversando con su madre. Está a punto de someterse a un análisis de sangre, prueba médica necesaria para emprender el camino hacia una maternidad que se le resiste. Es estéril y debe acudir a técnicas de fecundación in vitro. Desde este punto A, que se inició mucho tiempo atrás, justo en el mismo momento en el que la Idea de ser madre (atención a la mayúscula) se le metió en el cuerpo 'como un cáncer' hasta el punto B, que será cuando consiga dar a la luz a su segunda hija, el lector acompañará a la protagonista en las muchas dificultades con las que se topará, se asomará a los cambios que se producen en su vida, y asistirá como testigo al análisis de cada situación con ojo crítico, con veracidad, con sinceridad. Habrá momentos de escozor combinados con otros de inmensa alegría porque en este libro cabe todo, lo gris y lo luminoso, la lágrima y la sonrisa.

El camino emprendido por la protagonista nos conduce irremediablemente a un buen puñado de reflexiones que nos afectan a todos por igual, seas mujer u hombre, seas madre o no. Será un rosario de cavilaciones que comienza exponiendo el encorsetamiento temporal de la maternidad. Todo tiene cita y hora en la agenda de la contemporaneidad, incluido la concepción y el alumbramiento de los hijos. Nuestras madres fueron madres sin una programación exhaustiva y previa pero hoy, la mujer que quiere ser madre debe marcar en la agenda de un año venidero no muy lejano, el momento más idóneo para concebir, parir y criar,  teniendo en cuenta variables como la existencia o no de un trabajo, la esclavitud a la que dicho trabajo te somete, el sostenimiento económico familiar, la relación con tu cónyuge en caso de que exista, tu edad, y casi me faltaría por decir el color de la ideología política que nos gobierna.

Más allá de la experiencia de la concepción y la crianza de los hijos, lo más interesante de esta novela, que no es testimonial al cien por cien pues Labari confiesa que las vivencias de la protagonista exceden los límites de su propia existencia, son todos los pensamientos que van desfilando por la mente de la protagonista, como el que acabo de exponer. Le tocará el turno también a la universalidad masculina frente a la individualidad femenina, lo diferente que es la maternidad para una madre y para un padre. Vale que a él le toca la parte de la paternidad pero ¿quién ha dicho que un padre no puede ser madre también? De hecho, muchos lo son y sin embargo, las cosas no terminan de equipararse. Además, me hablaba Nuria Labari en la entrevista sobre la carga mental que soporta una mujer, una mochila pesada que se une a las restantes que soporta a sus espaldas. Y tiene toda la razón porque, esa carga mental que toda mujer soporta aunque no sea madre, nos la meten entre pecho y espalda en el primer amamantamiento. Pero ojo, que este punto puede llevar a equívoco y no quisiera que La mejor madre del mundo se catalogue de forma errónea. Que sea un libro escrito por una mujer, que la protagonista sea una mujer, que se hable de la maternidad y del papel del hombre y la mujer a la hora de criar a los hijos no tiene que ver con otras temáticas. Todo lo que Labari recoge en este libro son verdades incuestionables incluida esa relación de amor y sacrificio que surge en el momento en que tu hijo abre los ojos por primera vez.

Y mientras la protagonista consigue quedar embarazada, gestar y parir su primera hija, seguirán las reflexiones. A mí me ha encantado todo lo que tiene que ver con la hipocresía alrededor de la maternidad, toda esa felicidad desbordante tras el paritorio, el resplandor en el rostro, la realización personal, el supuesto cambio de identidad,... ¿pero es que te conviertes en otra persona? Recuerdo a una madre de mi familia decir con los ojos inyectados en sangre 'Por esto no vuelvo a pasar más', después de nacer su primer hijo. Luego no fue así y tuvo un segundo, como le pasa a la protagonista de este libro porque el amor que sintió por su primera hija era tan desbordante que sentía la necesidad de volcarlo en un segundo ser humano. Pero también reconoce que ella y su pareja eran muy felices antes de nacer el primer hijo como pueden serlo esas otras que deciden no tenerlos. Por otra parte, también me ha gustado leer, rompiendo mitos, sobre el parto natural (¡adiós a la ciencia y a la epidural!) o sobre la descabellada idea de parir en casa de motu propio. Cada cual es libre de hacer lo que quiera pero diversos asuntos están imbuidos de una magia que no consigo ver. En cualquier caso, y gestes como gestes y paras como paras, siempre voy a considerar unas valientes a esas mujeres que trabajan todo el día, tienen pareja, una casa, y encima crían hijos. A mí me parecéis unas superwoman que tenéis que hacer grandes sacrificios y con el amor por delante, que estáis sometidas al dictamen de vuestros hijos dejando de pensar en vosotras mismas, pero quiero mujeres reales que me cuenten lo maravilloso que es que tu hijo te mire y te sonría, pero también lo malo, lo que afecta en la relación de pareja el tener hijos, las chispas que saltan cuando él y ella no se ponen de acuerdo mientras el niño llora, lo difícil que es llevarlo todo hacia delante y lo estresante que es. Todo esto, lo bueno y lo malo, lo podemos encontrar este libro. 

Y estamos también ante una novela en la que la palabra 'muerte' asoma con frecuencia. Y es que, si hablamos de concebir hijos, de dar a luz y por tanto de dar vida, también hay que hablar de muerte porque Vida y Muerte forman una pareja que siempre salen a bailar juntas. Llegados a este punto tengo que hacer tres confesiones. La primera, que con los primeros capítulos de la novela no terminaba de conectar con la protagonista. Había algo en el inicio de la historia que me impedía hacerme al relato. La segunda, que con cada reflexión me fue ganando más y más hasta el punto de no querer abandonar la lectura. La tercera, que he llorado como una Magdalena. Y es que, cada semana cojo un autobús que me lleva a un destino concreto. El autobús, que tarda una hora en realizar el trayecto, pasa por un pueblo que cuenta con un cementerio pequeñito, rodeado de olivos y bastante integrado en la localidad. En ese cementerio hay ocho parejas de cipreses. Justo al lado de la primera pareja está la tumba en la que está enterrada de mi madre. Cada vez que cojo ese autobús llevo un libro conmigo y solo levanto la vista de las páginas para mirar esos cipreses y pronunciar unas palabras. Y aquel día, en el camino de ida, justo en ese punto y con La mejor madre del mundo en mis manos, leí 'Y desde aquí me doy cuenta de que, cuando ella muera, me dejará esa clase de ausencia que solo es capaz de dejar la muerte de una madre'. Me estremecí. Pero lo más emotivo estaba por venir. A la vuelta, ya de noche, a oscuras en el interior del autobús e invadida por el deseo de seguir leyendo este libro, encendí la linterna de mi móvil y me interné en la lectura del capítulo titulado 'Violentamente'. Se abrieron las compuertas de mi corazón y comencé a llorar sin consuelo. Aquello fue como el derechazo de un boxeador. Por suerte, el autobús seguía a oscuras, yo iba sentada en los últimos asientos y era la única pasajera. Esto es lo que yo busco en un buen libro, una historia que me haga pensar que no estoy sola, que me acompañe en mi alegría y en mi tristeza, que me haga rememorar el momento y volver a sentir la dicha o el dolor. Esto lo ha conseguido La mejor madre del mundo, ha logrado que haga mías las alegrías de la protagonista pero también las penas que transitan por estas páginas, y por eso jamás olvidaré esta lectura.

Pero no quiero que os quedéis solo con este episodio porque antes os hablaba de reflexiones intensas y potentes pero también hay referencias a lecturas muy interesantes que la protagonista menciona al hilo de lo narrado en esta novela. Incluso podría decir que tiene su momento cómico - paranormal cuando la narradora,  en su paranoia materno-filial, llega incluso a conversar con Lucy, la Madre de la humanidad. Y es que, en La mejor madre del mundo también hay humor. Lo decía antes, es un libro en el que cabe todo, como en la propia vida.

Con respecto a los personajes, os decía al principio que desconoceremos en todo momento el nombre de la protagonista pero, a su vez, los personajes no tendrán un nombre propio. La madre de la narradora será MiMadre, su compañero será Hombre y los hijos de ambos H1 y H2. Me llamó muchísimo la atención esta nomenclatura pero la explicación que me dio Nuria Labari, el porqué optó a designarlos de este modo, es de pura lógica. Decía así: '... el protagonista de esta novela se llama 'Hombre'. Lo puse así porque, aun con los hijos, hombre sigue siendo hombre. Pero ella, es madre y la madre de la protagonista es MiMadre. Mucha gente me ha preguntado que por qué no le he puesto nombre a los protagonistas y siempre respondo que las MiMadre no tienen nombre. Todas se llaman MiMadre. Tú le dices a alguien 'mi madre' y la otra persona enseguida se imagina a un personaje hecho y derecho en la cabeza...' 

A mí me parece que La mejor madre del mundo es un ejercicio de valentía en el que la protagonista se abre en canal y libera todo lo que tiene dentro con un estilo directo y punzante. Una novela llena de vida y experiencia, de sinceridad y auto-análisis, con algunos datos sumamente interesantes, en el que muchas mujeres, madres o no, podrán verse reflejadas y en el que los hombres encontrarán la verdad de las dudas, incertidumbres y miedos de sus parejas. Por algo, La mejor madre del mundo está dedicado al corazón femenino de todos los hombres. 



 [Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

Puedes adquirirlo aquí:

martes, 26 de marzo de 2019

NURIA LABARI: 'He escrito el libro que me hubiera gustado leer sobre la maternidad'

La lectura de La mejor madre del mundo zarandeó mis cimientos. Aunque inicialmente me costó un poco adentrarme en la historia, tengo que reconocer que, tras unas cuantas páginas, la novela me ganó por completo. Con La mejor madre del mundo he reído, he asentido, he reflexionado y también he llorado. Me he encontrado con una novela que aborda una cuestión, la maternidad, que me toca muy lejos pero sobre la que he pensado mucho. Así que siempre me gusta acercarme a diversos puntos de vista.  

Hace unas semanas nos visitó Nuria Labari. Llegué a aquella entrevista con la novela incrustada en mi piel, con la historia de una narradora que tiene que recurrir a la fecundación in vitro para cumplir su deseo de ser madre, una mujer con pareja, que tiene un segundo hijo, que a su vez tiene su propia madre, y por encima de todo eso, tiene mucho que decir al respecto de la maternidad.   

Marisa G.- Nuria, creo que la pregunta más inmediata es si la historia tiene algo que ver con tu vida o es simplemente la historia de una mujer con una pareja y dos hijas.

Nuria L.- Tiene mucho que ver conmigo. De hecho soy una mujer de la misma edad que la protagonista, con una pareja y dos hijas. Es un libro que seguramente no hubiera escrito sin mi experiencia pero también te digo que he usado otras experiencias que no son mías. Me he ido a la ficción, al ensayo e incluso a la ciencia ficción, cuando la protagonista se pone a hablar con Lucy, la Madre de la Humanidad. Así que, no es un libro testimonial pero sí cuenta con una parte mía muy expresionista, y a la vez excede muchísimo mi biografía.

M.G.- En definitiva, no es autobiográfico.

N.L.- No, no,... Solamente tiene retazos.

M.G.- Pero la intención que esconde el libro, ¿cuál es? ¿Quieres desmitificar la maternidad? ¿Hacer un homenaje a la familia? 

N.L.- Lo primero que te puedo decir es que he escrito el libro que me hubiera gustado leer sobre la maternidad. Creo que me pongo a tomar notas sobre la maternidad porque no encontraba el libro que yo quería leer, un libro que abordara esta cuestión vista desde un prisma intelectual. En el mercado, puedes encontrar un montón de libros que te explican lo que le va a ocurrir a tu cuerpo, qué emociones vas a sentir,... Todo eso está muy bien pero no es lo que yo esperaba. La maternidad siempre se ha tratado como una esfera doméstica. Aunque hoy en día hay muchísimas mujeres que escriben y muchísimas mujeres que acuden a la universidad, hay temas sobre los que falta tradición y yo lo que quería era conectar la maternidad con una experiencia intelectual, sin anclarla simplemente a un testimonio. 

M.G.- Dice la protagonista que el hecho de no poder tener hijos de forma natural y tener que recurrir a la fecundación in vitro, es una de las razones que la impulsa a escribir este libro. ¿Cuáles son las restantes?

N.L.- Esa es la primera razón, sí. Sin embargo, la protagonista ha tenido que pensar mucho en la maternidad antes de ser madre, incluso mucho más que muchas otras madres porque no puede serlo de forma natural, porque ella se enfrenta a un montón de problemas. Hay muchas mujeres pasándolo muy mal y es precisamente desde la infertilidad desde donde más se piensa en la maternidad. Las mujeres que lo están intentando y no pueden no dejan de preguntarse de dónde viene su deseo, si lo mantendrán en el tiempo, si es verdadero, si pueden ser felices y completas sin ser madre. Te sometes a ti misma a un tercer grado.

M.G.- Hay partes con la que he conectado muchísimo. Yo no soy madre porque no he querido serlo y me encuentro con que la protagonista dice en un momento dado que las mujeres solo alcanzan la felicidad siendo madres. Pero claro, lo dice en plan irónico. Estoy un poco cansada de ese tipo de pensamiento.

N.L.- Claro. Exactamente esa es otra de las cosas de las que ella se va dando cuenta. Analizará dónde queda la no-maternidad, si el deseo que siente de ser madre es totalmente suyo. Hay muchas cosas que hacemos porque hay que hacerlas. Hay un momento en el que ella compara tener hijos con estudiar inglés. Hay gente que estudia inglés porque hay que estudiarlo pero ¿te va a servir de algo en la vida realmente? ¿No hubiera sido mejor dedicar ese tiempo a otra cosa? Para muchas personas tener un hijo es así, es lo que toca y no solo eso, sino que encima hay un reproche hacia las mujeres que libremente deciden no tener hijos. El libro da una vuelta a todo esto.

Y luego está la otra cara, cuando ya por fin consigues ser madre y ahí estás tú, absolutamente generosa, asumiendo que estás preparada para el martirio, asimilando que vas a aceptar todo lo que la criatura te haga,... Todas esas cosas que hemos visto y que tienen que ver con ser madre, cosas que no las vemos en un padre porque nunca asocias la paternidad con el martirio. Pero una mujer, cuando es madre tiene que dar un paso atrás y volver a re-colocarse. Por supuesto que las mujeres que no tienen hijos son perfectamente completas y se sienten totalmente realizadas, tanto más cuando no les da la gana de tenerlos, pero para las que tenemos hijos, nuestra realización no es la maternidad. Somos mujeres que además tenemos hijos. Nada más.

M.G.- Pero es que parece que la mujer que es madre deja de ser mujer.

N.L.- Totalmente. Es más, el protagonista de esta novela se llama 'Hombre'. Lo puse así porque, aun con los hijos, hombre sigue siendo hombre. Pero ella, es madre y la madre de la protagonista es MiMadre. Mucha gente me ha preguntado que por qué no le he puesto nombre a los protagonistas y siempre respondo que las MiMadre no tienen nombre. Todas se llaman MiMadre. Tú le dices a alguien 'mi madre' y la otra persona enseguida se imagina a un personaje hecho y derecho en la cabeza. Todo esto es un tema que afecta de forma íntima a la mitad de la población. Bueno, más bien a la totalidad de la población porque el cómo nos tomamos nosotras todo esto, también afecta al resto. 

M.G.- En cualquier caso, aunque no sea autobiográfica, he sentido que la narradora se abre en canal, hace un ejercicio de valentía y expone sobre la mesa absolutamente todo. Y eso me lleva a preguntarte si para ti, la escritura de este libro ha sido terapéutica.

N.L.- Pues mira, es absolutamente cierto que se abre en canal. He escrito otros libros antes y sin embargo, este lo entrego con un pudor que no te imaginas. A cada persona que le doy una copia del libro le suelto un 'speech' que no veas... Y es que en este libro me he vaciado por completo. No solo con la parte biográfica, también con la intelectual, con las lecturas,... Creo que cualquier lector apreciará que la narradora no se ha guardado nada, que lo que tenía lo ha puesto. 

Y sí, ha sido terapéutico. Ha sido una escritura alegre. Mi anterior libro trataba sobre los atentados del 11 de marzo, con varios protagonistas. Fue durísimo escribirlo, muy doloroso. Tuve que cubrir los atentados y me acuerdo de estar amamantando y repasando obituarios. Fue una escritura en la que me tuve que contener mucho y tener mucho cuidado con lo que decía porque era un tema reciente y delicado, que podían leer las víctimas. Así que me planteé que lo siguiente que escribiría sería casi con una sola voz, sin ningún escenario, con una protagonista de mi edad, como yo... Luego llegué a la maternidad, escribí sobre ello. Ha sido una escritura liberadora. En esta ocasión, ni siquiera le he dejado el texto a nadie, ni a mi propio agente. Pensé que quería vivir la escritura de este libro y luego, si no gustaba, lo guardaría y punto. De todos modos, siempre tuve claro que tenía que haber, como mínimo, alguna persona como yo, otra persona a la que le hubiera gustado leer este texto. Y con una persona sería suficiente. La verdad es que con este libro he aprendido más de lo que esperaba porque empecé a escribir con mucha culpa.

M.G.- De hecho la narradora lo dice. Una madre escritora es una madre culpable.

N.L.- ¡Claro! Porque, ¿qué haces escribiendo sobre cómo es jugar con tus hijas cuando lo que realmente deberías estar haciendo es jugar con ellas? Así que durante un tiempo solo veía culpa. Esto es como para contarlo en el parque rodeadas del resto de madres, cada una diciendo los minutos que pasan con sus hijos. Todo parece una competición. Pero, conforme iba escribiendo, me di cuenta de otro gran error, de otro gran mito. Pensamos que a los hijos los podemos crear, que son como libros, que si los haces de determinada manera el niño será de un modo u otro en su edad adulta. Si el niño se convierte en un adulto horrible será porque algo han hecho sus padres. De gente pensando así están llenas las consultas de los psicoanalistas. Con los niños no hay 'editing'. Al igual que cuando termino de escribir un libro y lo publico, deja de ser mío y se convierte en algo de los lectores, los niños pertenece al mundo. Como máximo hay un acompañamiento. Cuando llegué a esta conclusión, desapareció la culpa, dejé de sentirme mal por invertir tiempo escribiendo. En realidad les estaba haciendo un regalo a mis hijas. Si ellas un día deciden ser madres, y trabajar, pintar o hacer otra cosa, lo vivirán con naturalidad, sin sentirse culpables.



M.G.- Pues otra cuestión que me ha gustado es esa parte tan crítica, todos esos mantras que giran alrededor de la maternidad, esa necesidad de integrar a los hijos en nuestras vidas a toda costa. Hay un episodio en la que la protagonista intenta usar ese paño que ahora está tan de moda y que sirve para portar al hijo como si fueras un canguro. No termino de ver que eso sea cómodo para el hijo.

N.L.- Sí. Con respecto a todo esto estamos en un mal momento. Por un lado porque la familia tradicional, para bien en cierto modo, se ha roto. Cada vez nos casamos menos, y según el CIS, en 2030 ya no se casará nadie. El matrimonio como institución social ya no sirve para nada. La esfera doméstica ha cambiado, la mujer ha salido de ahí, del sitio que también era el sitio de los cuidados, de los afectos,... En ese espacio ahora no hay nadie. En la actualidad, hombres y mujeres tenemos que ver cómo vamos a cuidar a los hijos, incluso socialmente porque ni siquiera  hay guarderías suficientes. A pesar de que se ha cambiado todo para que vayamos a la universidad, nos incorporemos al mercado laboral y lleguemos más tarde a la maternidad, luego la Seguridad Social tampoco es capaz de ayudarnos a todas a ser madre a los 35 porque hay unas listas de espera que, o pagas, o no lo consigues.

M.G.- Es que lo de pagar esas cifras tan astronómicas me parece tremendo. ¿Quién se puede permitir eso?

N.L.- Bueno las cifras que se manejan en el libro son de media, aunque ahora también hay algunas clínicas que te devuelven el dinero si no te quedas embarazada.

M.G.- ¡Ah, qué considerados!

N.L.- Sí En definitiva, ha cambiado mucho el sentido de todo pero por otra parte, también hay que reinventarse. De mi maternidad a la de mi madre hay un abismo. Para empezar, que yo me planteara ser madre, tener que ir a una clínica y encima tener pagar, eso ya le volaba la cabeza. Y luego está el hecho de querer ser madre pero no como lo era la tuya, sino mucho más moderna, mucho mejor,... Todo eso lleva a la protagonista a ponerse un pañuelo africano, intentando colocárselo sola en el salón de su casa, con un Dvd que le explica cómo amarrárselo para portar a su hijo,... La protagonista no puede pedir ayuda a su entorno porque ni su madre, ni sus tías han usado eso en la vida. Y es que en este continente jamás se había usado eso para portar a un bebé. Es muy gracioso. Nos ponemos a comprar cosas porque el modelo de maternidad tradicional no funciona en nuestros días y nos tenemos que inventar otro. Y en estos casos somos muy talibanes.

M.G.- Y ese postureo que hay en los núcleos de madres, ese 'mi hijo duerme toda la noche del tirón', 'es un bendito',... Yo siempre pienso que todo eso se lo inventan para quedar muy por encima.

N.L.- Pobres de nosotras, las madres.  Antes, tener un hijo no era ninguna heroicidad. Las mujeres tenían muchos hijos y era lo más normal del mundo pero ahora la mayoría de las mujeres tienen que tener hijos, ir al trabajo cada día, criarlos,... La verdad, no es para tener muchos. Hoy en día sí que es una heroicidad, nos sentimos heroínas y como tal, creo que a veces ocurre lo que dices. Ahora que estoy asistiendo a clubes de lecturas me encuentro con mujeres que me comentan que su amiga se llevó toda una comida hablando de la caca de su hijo. ¿Por qué pasa esto? Pues porque se ha perdido naturalidad y espacio social. Al no existir el espacio social de la casa, que parecerá algo del pasado, pero ahí estaba, donde había mujeres, se criaban hijos,.. pues allá vamos a torturar a la amiga o a quien pase por ahí. Como una madre te empiece a hablar de su hijo, huye y cuanto más pequeño, peor. Nos está costando reencontrar desde qué lugar afrontar la maternidad.

M.G.- Tu libro me ha hecho llorar, me ha hecho reír y me ha llevado de sorpresa en sorpresa. He alucinado al conocer el mercadeo que existe con la leche materna.

N.L.- Es absolutamente demencial. En realidad, todo lo relacionado con la mujer es un espacio muy fértil para el mercado. Esto es como el dicho de los cerdos, que de su cuerpo se aprovecha todo. Pues con la mujer pasa igual. Desde pequeñas hay prostitución, que si te alquilo el útero, que si la leche... Pero la leche no solo para amamantar a otros niños sino también para los deportistas. Incluso  hay estudios que relacionan la leche materna con la lucha contra el cáncer de manera muy positiva. En el libro figuran webs que se pueden visitar y son auténticos supermercados de leche materna donde tú puedes comprar leche de madre no fumadora, vegana, que hace deporte todos los días. Esta es mucho más cara que la de una madre más estresada, aunque no hay ningún control sanitario, claro. Es una absoluta locura. Se ha mercantilizado mucho el cuerpo de una mujer y ahora también la maternidad. Piensa por ejemplo en la gestación subrogada. El derecho de filiación, el derecho ser el hijo de la madre que te parió, ha sido irrenunciable desde el paleolítico pero ahora alguien renuncia por contrato a que ese hijo tenga ese derecho. Esto puede ser un tema menor pero imagínate por un momento que Leticia Ortiz se convierte en madre subrogada  y tiene un varón y ese niño a los 18 años tiene que renunciar a ser rey porque alguien ha firmado por él ese contrato. Hay temas de herencia, de patrimonio,... Nadie piensa en todo esto. Te vas a Ucrania, pagas, te traes un niño y no se piensa en nada más. 

M.G.- Los intereses y el dinero tapan otras cuestiones. De todos modos, en la maternidad, el hombre también tiene su porcentaje de protagonismo y de todo ello habla la narradora, de su relación con 'Hombre', una relación en la que saltan chispas cuando llegan los hijos.

N.L.- Siempre saltan chispas. Y en el caso del libro encontramos un hombre estupendo, maravilloso, que siempre está dispuesto todo el rato pero en realidad, la mujer lleva una carga mental que él no lleva. Todo lo que te he contado de una madre que se siente culpable porque está escribiendo, puede que le haya pasado a algún hombre, pero no a la mayoría. Ellos no llevan esa carga. El día que te ves con un bebé en brazos asumes que tienes que hacer ciertas cosas para hacerlo bien, para ser una buena madre, la mejor del mundo. Ser madre viene con una lista de cosas que no has firmado pero que las tienes muy interiorizadas. Como esa lista, ya sea por educación, cultura, herencia y otras muchas cosas más, nuestras parejas no la llevan, se empieza crear una especie de guerra subterránea donde, cuando la mujer estalla, el hombre no entiende nada. Repartir las tareas está muy bien pero también hay que repartir la carga mental que no figura en ningún papel pero si quieres te cuento lo que hay en mi cabeza y voy sacando cosas. Es que pasa incluso cuando no hay hijos de por medio. Hay muchas mujeres que vivimos en pareja con hombres y nos reconocemos con una carga doméstica mental superior a la que ellos llevan.

M.G.- Está la balanza muy desequilibrada porque existe la etiqueta madre trabajadora pero no la de padre trabajador, por ejemplo.

N.L.- Nosotras somos unas intrusas en el trabajo. Estamos pidiendo que nos den un trocito de ese mercado laboral pero luego, en casa, somos muy generosas porque estamos deseando repartir el espacio doméstico, aunque es un espacio que no lo quiere nadie porque ha estado siempre muy devaluado. Ese espacio no tiene apoyo de las instituciones, no se paga a nadie por ocuparlo. Veremos con el tiempo si la cosa cambia. Y es que el cuidado de los niños y los mayores es irrenunciable en una sociedad avanzada. 

M.G.- Hay tres palabras que he relacionado. Maternidad con Sacrificio porque el Amor no lo puede todo.

N.L.- Efectivamente el amor no lo puede todo. La protagonista se enfrenta a esa demanda absoluta, a esa sumisión que requiere la crianza con amor. Cuando tu 'deber ser' coincide con lo que te 'apetece hacer', no hay ningún problema. Pasa igual en las relaciones. Al principio, lo damos todo sin ningún esfuerzo porque no queremos estar haciendo otra cosa pero claro, ella va a aprender que hay un momento donde no llega el amor o el enamoramiento, o esa pasión inicial, y ahí aparece el sacrificio. Es algo por lo que pasamos todas las madres, en mayor o menor medida. La protagonista dice que la maternidad es un entrenamiento en sumisión. Se ha pasado toda la vida construyendo su libertad, su carácter y ahora tiene que aprender a callar y a obedecer complacientemente, hacer lo que le pide el hijo, que lo que me pide es totalmente legítimo porque se trata de amamantar a demanda, cambiarle los pañales, pero también de levantarte cada vez que llore, de atenderlo con amor, de cuidarlo si está malito. Ella dice que una vez que has aprendido a obedecer, ya sabes hacerlo para el resto de tu vida, ya eres para siempre un ser más dócil. Es algo que yo pensaba mientras escribía este libro, alguien que ha criado a cinco, seis, siete hijos, debe ser la docilidad máxima. Es que si no haces todo eso de manera gustosa y agradecida, será que eres una mala madre. Y si fueras una mala madre, no pasaría nada pero es que además habrá unas consecuencias nefastas para ese hijo cuando en realidad todo es mentira. Todos sabemos que no hay una fórmula mágica para hacer hijos felices, así que da igual lo que hagas.

M.G.- Es que ese hijo escogerá su propio camino.

N.L.- Sí, pero las madres caminamos con muchísimas mochilas a cuesta.

M.G.- Nuria, ¿en el libro flota una sensación triste? Puede ser una impresión personal pero a veces he sentido a la narradora como muy apesadumbrada.

N.L.- No, creo que no porque también hay momentos de estallido, de felicidad suma. Aunque sí es un libro que deja espacio a la tristeza, que abre las puertas sin miedo pero mucha gente que me han dicho lo contrario, que hay momentos absolutamente almibarados.

M.G.- Eso no lo he notado. 

N.L.- No lo sé. En lo que a mí respecta he escrito este libro con mucha alegría, mucho humor pero también mucho dolor. Está todo muy apegado a la vida, también a la muerte. Creo que es un libro en el que cabe de todo. He intentado que convivan a la vez y de manera simultánea y contradictoria, la felicidad, el dolor, la tristeza, el humor,... Todo eso batido en 'La mejor madre del mundo'.

M.G.- Pues yo simplemente tengo que añadir que el libro me ha gustado muchísimo, mucho más de lo que esperaba inicialmente. Así que te doy las gracias por escribirlo y, por supuesto, por este rato que has compartido conmigo.

N.L.- No, no,... Muchas gracias a ti, sin duda.

La mejor madre del mundo es un libro valiente, sobre mujeres valientes, que hay que leer sin ningún atisbo de duda. En breve os haré llegar mis impresiones. 




Ficha novela

Editorial: Literatura Random House.
Encuadernación: Tapa blanda con solapas.
Nº Páginas: 224
Publicación: Febrero, 2019
Precio: 18,90€
ISBN: 9788439734970
Disponible en e-Book
Puedes empezar a leer aquí.
Ficha completa aquí




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