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lunes, 1 de abril de 2019

LA MEJOR MADRE DEL MUNDO de Nuria Labari

Resultado de imagen de la mejor madre del mundo nuria labari

Editorial: Literatura Random House.
Fecha publicación: febrero, 2019.
Precio: 18,00 €
Género: Narrativa.
Nº Páginas: 224 
Encuadernación: Tapa blanda con solapa.
ISBN: 9788439734970
[Disponible en eBook;
puedes empezar a leer aquí]


Autora

Nuria Labari (Santander, 1979) es escritora y periodista. Estudió Ciencias Políticas en la Universidad del País Vasco y Relaciones Internacionales en el Instituto Ortega y Gasset. Colaboró con los portales digitales de El Mundo y Telecinco, medio en el que fue redactora jefe. Escribió el libro de cuentos Los borrachos de mi vida (Lengua de Trapo, 2009), ganador del VII Premio de Narrativa de Caja Madrid. También apareció en la selección de relatos Pequeñas resistencias 5: Antología del nuevo cuento español (Páginas de Espuma, 2010), editado por Andrés Neuman. En 2016 publicó su primera novela, Cosas que brillan cuando están rotas (Círculo de Tiza).

Sinopsis

La protagonista de esta novela tiene treinta y cinco años y es estéril cuando la Idea de ser madre se le mete en el cuerpo "como si fuera un cáncer". Cinco años y dos hijas después cree haberlo ganado y perdido todo. Es entonces cuando decide escribir una historia a vida o muerte, un duelo entre la escritora que fue y la madre en que se ha convertido. Si gana la madre, el libro será un diario sobre su maternidad y una parte de la escritora morirá en el intento. si gana la escritora, la ficción le arrebatará su propia historia al elevar su maternidad a lo universal. En ese caso, será la escritora quien fulmine a la madre.

El resultado es un relato donde convergen la ficción, la autobiografía y el ensayo; una novela ambivalente donde humor, amor y horror se convierten en hilos de la misma trenza. La protagonista examina el mito (pero también el timo) de la maternidad, como un cadáver al que disecciona en directo ante el estupor del lector. Una invitación abierta a todos los  hombres y mujeres que se atrevan a entrar en la mente y el cuerpo de una madre.

[Información tomada directamente del ejemplar]


Así suena La mejor madre del mundo:



[Lectura de las páginas 14 a 17;
música: 'A quiet thought' - Biblioteca audio Youtube]


Sobre la maternidad se ha hablado largo y tendido pero es una de esas fuentes inagotables de las que se puede seguir hablando y escribiendo sine die. Páginas y páginas se han llenado con experiencias, emociones, sensaciones, vivencias,... Todo un universo gira alrededor de la maternidad, una cuestión que a mí, particularmente, siempre me ha parecido excesivamente idealizada. Muchos sabéis que no soy madre por decisión propia y mi posición me ha permitido observar la maternidad bajo un prisma distinto. No voy a cuestionar lo maravilloso que es para muchas mujeres llegar a ser madre porque sería pisotear un deseo que, en según qué circunstancias, produce mucho dolor y frustración, pero sí voy a carcajearme de esa absurda idea que pulula por algunos núcleos sociales según la cual una mujer sin hijos no es una mujer o es una mujer a medias.  Yo me miro al espejo cada día y veo cómo una mujer independiente, que se ha labrado un camino ella solita, que tiene ilusiones y sueños, y que además forja proyectos de futuro me mira con una sonrisa socarrona desde el otro lado. Y es que estoy cansada de tanta tontería. Hubo un tiempo en el que me vi sometida a un tercer grado, acribillada a preguntas sobre mi no-deseo de ser madre y soportando miradas de incredulidad.  Por suerte, eso ya pasó y ahora me encanta hablar con mis amigas madres que me cuentan, sin monopolizar la conversación, pero con sinceridad y realismo, lo que supone ser madre. Y es que, como se dice en esta novela, 'Mito y timo se escriben con las mismas letras'.

Decía Nuria Labari, en la entrevista que le hicimos a su paso por Sevilla (puedes leerla aquí), que esta novela es justo el libro que a ella le hubiera gustado leer sobre la maternidad. Todos estaremos de acuerdo en que existen infinidad de libros que abordan la susodicha cuestión, especialmente desde la perspectiva anatómica, biológica y ginecológica,... pero no como un viaje intelectual, como le gusta llamarlo a Labari. Por eso, esta periodista nacida en el País Vasco, decidió sentarse a escribir de lo que sabía, pues parte de lo contenido en estas páginas procede de su propia experiencia, tanto la alegría como el dolor, y lo hace despojando el asunto de todo lo innecesario.

La mejor madre del mundo se inicia con la protagonista y narradora, de la que jamás sabremos su nombre, conversando con su madre. Está a punto de someterse a un análisis de sangre, prueba médica necesaria para emprender el camino hacia una maternidad que se le resiste. Es estéril y debe acudir a técnicas de fecundación in vitro. Desde este punto A, que se inició mucho tiempo atrás, justo en el mismo momento en el que la Idea de ser madre (atención a la mayúscula) se le metió en el cuerpo 'como un cáncer' hasta el punto B, que será cuando consiga dar a la luz a su segunda hija, el lector acompañará a la protagonista en las muchas dificultades con las que se topará, se asomará a los cambios que se producen en su vida, y asistirá como testigo al análisis de cada situación con ojo crítico, con veracidad, con sinceridad. Habrá momentos de escozor combinados con otros de inmensa alegría porque en este libro cabe todo, lo gris y lo luminoso, la lágrima y la sonrisa.

El camino emprendido por la protagonista nos conduce irremediablemente a un buen puñado de reflexiones que nos afectan a todos por igual, seas mujer u hombre, seas madre o no. Será un rosario de cavilaciones que comienza exponiendo el encorsetamiento temporal de la maternidad. Todo tiene cita y hora en la agenda de la contemporaneidad, incluido la concepción y el alumbramiento de los hijos. Nuestras madres fueron madres sin una programación exhaustiva y previa pero hoy, la mujer que quiere ser madre debe marcar en la agenda de un año venidero no muy lejano, el momento más idóneo para concebir, parir y criar,  teniendo en cuenta variables como la existencia o no de un trabajo, la esclavitud a la que dicho trabajo te somete, el sostenimiento económico familiar, la relación con tu cónyuge en caso de que exista, tu edad, y casi me faltaría por decir el color de la ideología política que nos gobierna.

Más allá de la experiencia de la concepción y la crianza de los hijos, lo más interesante de esta novela, que no es testimonial al cien por cien pues Labari confiesa que las vivencias de la protagonista exceden los límites de su propia existencia, son todos los pensamientos que van desfilando por la mente de la protagonista, como el que acabo de exponer. Le tocará el turno también a la universalidad masculina frente a la individualidad femenina, lo diferente que es la maternidad para una madre y para un padre. Vale que a él le toca la parte de la paternidad pero ¿quién ha dicho que un padre no puede ser madre también? De hecho, muchos lo son y sin embargo, las cosas no terminan de equipararse. Además, me hablaba Nuria Labari en la entrevista sobre la carga mental que soporta una mujer, una mochila pesada que se une a las restantes que soporta a sus espaldas. Y tiene toda la razón porque, esa carga mental que toda mujer soporta aunque no sea madre, nos la meten entre pecho y espalda en el primer amamantamiento. Pero ojo, que este punto puede llevar a equívoco y no quisiera que La mejor madre del mundo se catalogue de forma errónea. Que sea un libro escrito por una mujer, que la protagonista sea una mujer, que se hable de la maternidad y del papel del hombre y la mujer a la hora de criar a los hijos no tiene que ver con otras temáticas. Todo lo que Labari recoge en este libro son verdades incuestionables incluida esa relación de amor y sacrificio que surge en el momento en que tu hijo abre los ojos por primera vez.

Y mientras la protagonista consigue quedar embarazada, gestar y parir su primera hija, seguirán las reflexiones. A mí me ha encantado todo lo que tiene que ver con la hipocresía alrededor de la maternidad, toda esa felicidad desbordante tras el paritorio, el resplandor en el rostro, la realización personal, el supuesto cambio de identidad,... ¿pero es que te conviertes en otra persona? Recuerdo a una madre de mi familia decir con los ojos inyectados en sangre 'Por esto no vuelvo a pasar más', después de nacer su primer hijo. Luego no fue así y tuvo un segundo, como le pasa a la protagonista de este libro porque el amor que sintió por su primera hija era tan desbordante que sentía la necesidad de volcarlo en un segundo ser humano. Pero también reconoce que ella y su pareja eran muy felices antes de nacer el primer hijo como pueden serlo esas otras que deciden no tenerlos. Por otra parte, también me ha gustado leer, rompiendo mitos, sobre el parto natural (¡adiós a la ciencia y a la epidural!) o sobre la descabellada idea de parir en casa de motu propio. Cada cual es libre de hacer lo que quiera pero diversos asuntos están imbuidos de una magia que no consigo ver. En cualquier caso, y gestes como gestes y paras como paras, siempre voy a considerar unas valientes a esas mujeres que trabajan todo el día, tienen pareja, una casa, y encima crían hijos. A mí me parecéis unas superwoman que tenéis que hacer grandes sacrificios y con el amor por delante, que estáis sometidas al dictamen de vuestros hijos dejando de pensar en vosotras mismas, pero quiero mujeres reales que me cuenten lo maravilloso que es que tu hijo te mire y te sonría, pero también lo malo, lo que afecta en la relación de pareja el tener hijos, las chispas que saltan cuando él y ella no se ponen de acuerdo mientras el niño llora, lo difícil que es llevarlo todo hacia delante y lo estresante que es. Todo esto, lo bueno y lo malo, lo podemos encontrar este libro. 

Y estamos también ante una novela en la que la palabra 'muerte' asoma con frecuencia. Y es que, si hablamos de concebir hijos, de dar a luz y por tanto de dar vida, también hay que hablar de muerte porque Vida y Muerte forman una pareja que siempre salen a bailar juntas. Llegados a este punto tengo que hacer tres confesiones. La primera, que con los primeros capítulos de la novela no terminaba de conectar con la protagonista. Había algo en el inicio de la historia que me impedía hacerme al relato. La segunda, que con cada reflexión me fue ganando más y más hasta el punto de no querer abandonar la lectura. La tercera, que he llorado como una Magdalena. Y es que, cada semana cojo un autobús que me lleva a un destino concreto. El autobús, que tarda una hora en realizar el trayecto, pasa por un pueblo que cuenta con un cementerio pequeñito, rodeado de olivos y bastante integrado en la localidad. En ese cementerio hay ocho parejas de cipreses. Justo al lado de la primera pareja está la tumba en la que está enterrada de mi madre. Cada vez que cojo ese autobús llevo un libro conmigo y solo levanto la vista de las páginas para mirar esos cipreses y pronunciar unas palabras. Y aquel día, en el camino de ida, justo en ese punto y con La mejor madre del mundo en mis manos, leí 'Y desde aquí me doy cuenta de que, cuando ella muera, me dejará esa clase de ausencia que solo es capaz de dejar la muerte de una madre'. Me estremecí. Pero lo más emotivo estaba por venir. A la vuelta, ya de noche, a oscuras en el interior del autobús e invadida por el deseo de seguir leyendo este libro, encendí la linterna de mi móvil y me interné en la lectura del capítulo titulado 'Violentamente'. Se abrieron las compuertas de mi corazón y comencé a llorar sin consuelo. Aquello fue como el derechazo de un boxeador. Por suerte, el autobús seguía a oscuras, yo iba sentada en los últimos asientos y era la única pasajera. Esto es lo que yo busco en un buen libro, una historia que me haga pensar que no estoy sola, que me acompañe en mi alegría y en mi tristeza, que me haga rememorar el momento y volver a sentir la dicha o el dolor. Esto lo ha conseguido La mejor madre del mundo, ha logrado que haga mías las alegrías de la protagonista pero también las penas que transitan por estas páginas, y por eso jamás olvidaré esta lectura.

Pero no quiero que os quedéis solo con este episodio porque antes os hablaba de reflexiones intensas y potentes pero también hay referencias a lecturas muy interesantes que la protagonista menciona al hilo de lo narrado en esta novela. Incluso podría decir que tiene su momento cómico - paranormal cuando la narradora,  en su paranoia materno-filial, llega incluso a conversar con Lucy, la Madre de la humanidad. Y es que, en La mejor madre del mundo también hay humor. Lo decía antes, es un libro en el que cabe todo, como en la propia vida.

Con respecto a los personajes, os decía al principio que desconoceremos en todo momento el nombre de la protagonista pero, a su vez, los personajes no tendrán un nombre propio. La madre de la narradora será MiMadre, su compañero será Hombre y los hijos de ambos H1 y H2. Me llamó muchísimo la atención esta nomenclatura pero la explicación que me dio Nuria Labari, el porqué optó a designarlos de este modo, es de pura lógica. Decía así: '... el protagonista de esta novela se llama 'Hombre'. Lo puse así porque, aun con los hijos, hombre sigue siendo hombre. Pero ella, es madre y la madre de la protagonista es MiMadre. Mucha gente me ha preguntado que por qué no le he puesto nombre a los protagonistas y siempre respondo que las MiMadre no tienen nombre. Todas se llaman MiMadre. Tú le dices a alguien 'mi madre' y la otra persona enseguida se imagina a un personaje hecho y derecho en la cabeza...' 

A mí me parece que La mejor madre del mundo es un ejercicio de valentía en el que la protagonista se abre en canal y libera todo lo que tiene dentro con un estilo directo y punzante. Una novela llena de vida y experiencia, de sinceridad y auto-análisis, con algunos datos sumamente interesantes, en el que muchas mujeres, madres o no, podrán verse reflejadas y en el que los hombres encontrarán la verdad de las dudas, incertidumbres y miedos de sus parejas. Por algo, La mejor madre del mundo está dedicado al corazón femenino de todos los hombres. 



 [Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

Puedes adquirirlo aquí:

martes, 26 de marzo de 2019

NURIA LABARI: 'He escrito el libro que me hubiera gustado leer sobre la maternidad'

La lectura de La mejor madre del mundo zarandeó mis cimientos. Aunque inicialmente me costó un poco adentrarme en la historia, tengo que reconocer que, tras unas cuantas páginas, la novela me ganó por completo. Con La mejor madre del mundo he reído, he asentido, he reflexionado y también he llorado. Me he encontrado con una novela que aborda una cuestión, la maternidad, que me toca muy lejos pero sobre la que he pensado mucho. Así que siempre me gusta acercarme a diversos puntos de vista.  

Hace unas semanas nos visitó Nuria Labari. Llegué a aquella entrevista con la novela incrustada en mi piel, con la historia de una narradora que tiene que recurrir a la fecundación in vitro para cumplir su deseo de ser madre, una mujer con pareja, que tiene un segundo hijo, que a su vez tiene su propia madre, y por encima de todo eso, tiene mucho que decir al respecto de la maternidad.   

Marisa G.- Nuria, creo que la pregunta más inmediata es si la historia tiene algo que ver con tu vida o es simplemente la historia de una mujer con una pareja y dos hijas.

Nuria L.- Tiene mucho que ver conmigo. De hecho soy una mujer de la misma edad que la protagonista, con una pareja y dos hijas. Es un libro que seguramente no hubiera escrito sin mi experiencia pero también te digo que he usado otras experiencias que no son mías. Me he ido a la ficción, al ensayo e incluso a la ciencia ficción, cuando la protagonista se pone a hablar con Lucy, la Madre de la Humanidad. Así que, no es un libro testimonial pero sí cuenta con una parte mía muy expresionista, y a la vez excede muchísimo mi biografía.

M.G.- En definitiva, no es autobiográfico.

N.L.- No, no,... Solamente tiene retazos.

M.G.- Pero la intención que esconde el libro, ¿cuál es? ¿Quieres desmitificar la maternidad? ¿Hacer un homenaje a la familia? 

N.L.- Lo primero que te puedo decir es que he escrito el libro que me hubiera gustado leer sobre la maternidad. Creo que me pongo a tomar notas sobre la maternidad porque no encontraba el libro que yo quería leer, un libro que abordara esta cuestión vista desde un prisma intelectual. En el mercado, puedes encontrar un montón de libros que te explican lo que le va a ocurrir a tu cuerpo, qué emociones vas a sentir,... Todo eso está muy bien pero no es lo que yo esperaba. La maternidad siempre se ha tratado como una esfera doméstica. Aunque hoy en día hay muchísimas mujeres que escriben y muchísimas mujeres que acuden a la universidad, hay temas sobre los que falta tradición y yo lo que quería era conectar la maternidad con una experiencia intelectual, sin anclarla simplemente a un testimonio. 

M.G.- Dice la protagonista que el hecho de no poder tener hijos de forma natural y tener que recurrir a la fecundación in vitro, es una de las razones que la impulsa a escribir este libro. ¿Cuáles son las restantes?

N.L.- Esa es la primera razón, sí. Sin embargo, la protagonista ha tenido que pensar mucho en la maternidad antes de ser madre, incluso mucho más que muchas otras madres porque no puede serlo de forma natural, porque ella se enfrenta a un montón de problemas. Hay muchas mujeres pasándolo muy mal y es precisamente desde la infertilidad desde donde más se piensa en la maternidad. Las mujeres que lo están intentando y no pueden no dejan de preguntarse de dónde viene su deseo, si lo mantendrán en el tiempo, si es verdadero, si pueden ser felices y completas sin ser madre. Te sometes a ti misma a un tercer grado.

M.G.- Hay partes con la que he conectado muchísimo. Yo no soy madre porque no he querido serlo y me encuentro con que la protagonista dice en un momento dado que las mujeres solo alcanzan la felicidad siendo madres. Pero claro, lo dice en plan irónico. Estoy un poco cansada de ese tipo de pensamiento.

N.L.- Claro. Exactamente esa es otra de las cosas de las que ella se va dando cuenta. Analizará dónde queda la no-maternidad, si el deseo que siente de ser madre es totalmente suyo. Hay muchas cosas que hacemos porque hay que hacerlas. Hay un momento en el que ella compara tener hijos con estudiar inglés. Hay gente que estudia inglés porque hay que estudiarlo pero ¿te va a servir de algo en la vida realmente? ¿No hubiera sido mejor dedicar ese tiempo a otra cosa? Para muchas personas tener un hijo es así, es lo que toca y no solo eso, sino que encima hay un reproche hacia las mujeres que libremente deciden no tener hijos. El libro da una vuelta a todo esto.

Y luego está la otra cara, cuando ya por fin consigues ser madre y ahí estás tú, absolutamente generosa, asumiendo que estás preparada para el martirio, asimilando que vas a aceptar todo lo que la criatura te haga,... Todas esas cosas que hemos visto y que tienen que ver con ser madre, cosas que no las vemos en un padre porque nunca asocias la paternidad con el martirio. Pero una mujer, cuando es madre tiene que dar un paso atrás y volver a re-colocarse. Por supuesto que las mujeres que no tienen hijos son perfectamente completas y se sienten totalmente realizadas, tanto más cuando no les da la gana de tenerlos, pero para las que tenemos hijos, nuestra realización no es la maternidad. Somos mujeres que además tenemos hijos. Nada más.

M.G.- Pero es que parece que la mujer que es madre deja de ser mujer.

N.L.- Totalmente. Es más, el protagonista de esta novela se llama 'Hombre'. Lo puse así porque, aun con los hijos, hombre sigue siendo hombre. Pero ella, es madre y la madre de la protagonista es MiMadre. Mucha gente me ha preguntado que por qué no le he puesto nombre a los protagonistas y siempre respondo que las MiMadre no tienen nombre. Todas se llaman MiMadre. Tú le dices a alguien 'mi madre' y la otra persona enseguida se imagina a un personaje hecho y derecho en la cabeza. Todo esto es un tema que afecta de forma íntima a la mitad de la población. Bueno, más bien a la totalidad de la población porque el cómo nos tomamos nosotras todo esto, también afecta al resto. 

M.G.- En cualquier caso, aunque no sea autobiográfica, he sentido que la narradora se abre en canal, hace un ejercicio de valentía y expone sobre la mesa absolutamente todo. Y eso me lleva a preguntarte si para ti, la escritura de este libro ha sido terapéutica.

N.L.- Pues mira, es absolutamente cierto que se abre en canal. He escrito otros libros antes y sin embargo, este lo entrego con un pudor que no te imaginas. A cada persona que le doy una copia del libro le suelto un 'speech' que no veas... Y es que en este libro me he vaciado por completo. No solo con la parte biográfica, también con la intelectual, con las lecturas,... Creo que cualquier lector apreciará que la narradora no se ha guardado nada, que lo que tenía lo ha puesto. 

Y sí, ha sido terapéutico. Ha sido una escritura alegre. Mi anterior libro trataba sobre los atentados del 11 de marzo, con varios protagonistas. Fue durísimo escribirlo, muy doloroso. Tuve que cubrir los atentados y me acuerdo de estar amamantando y repasando obituarios. Fue una escritura en la que me tuve que contener mucho y tener mucho cuidado con lo que decía porque era un tema reciente y delicado, que podían leer las víctimas. Así que me planteé que lo siguiente que escribiría sería casi con una sola voz, sin ningún escenario, con una protagonista de mi edad, como yo... Luego llegué a la maternidad, escribí sobre ello. Ha sido una escritura liberadora. En esta ocasión, ni siquiera le he dejado el texto a nadie, ni a mi propio agente. Pensé que quería vivir la escritura de este libro y luego, si no gustaba, lo guardaría y punto. De todos modos, siempre tuve claro que tenía que haber, como mínimo, alguna persona como yo, otra persona a la que le hubiera gustado leer este texto. Y con una persona sería suficiente. La verdad es que con este libro he aprendido más de lo que esperaba porque empecé a escribir con mucha culpa.

M.G.- De hecho la narradora lo dice. Una madre escritora es una madre culpable.

N.L.- ¡Claro! Porque, ¿qué haces escribiendo sobre cómo es jugar con tus hijas cuando lo que realmente deberías estar haciendo es jugar con ellas? Así que durante un tiempo solo veía culpa. Esto es como para contarlo en el parque rodeadas del resto de madres, cada una diciendo los minutos que pasan con sus hijos. Todo parece una competición. Pero, conforme iba escribiendo, me di cuenta de otro gran error, de otro gran mito. Pensamos que a los hijos los podemos crear, que son como libros, que si los haces de determinada manera el niño será de un modo u otro en su edad adulta. Si el niño se convierte en un adulto horrible será porque algo han hecho sus padres. De gente pensando así están llenas las consultas de los psicoanalistas. Con los niños no hay 'editing'. Al igual que cuando termino de escribir un libro y lo publico, deja de ser mío y se convierte en algo de los lectores, los niños pertenece al mundo. Como máximo hay un acompañamiento. Cuando llegué a esta conclusión, desapareció la culpa, dejé de sentirme mal por invertir tiempo escribiendo. En realidad les estaba haciendo un regalo a mis hijas. Si ellas un día deciden ser madres, y trabajar, pintar o hacer otra cosa, lo vivirán con naturalidad, sin sentirse culpables.



M.G.- Pues otra cuestión que me ha gustado es esa parte tan crítica, todos esos mantras que giran alrededor de la maternidad, esa necesidad de integrar a los hijos en nuestras vidas a toda costa. Hay un episodio en la que la protagonista intenta usar ese paño que ahora está tan de moda y que sirve para portar al hijo como si fueras un canguro. No termino de ver que eso sea cómodo para el hijo.

N.L.- Sí. Con respecto a todo esto estamos en un mal momento. Por un lado porque la familia tradicional, para bien en cierto modo, se ha roto. Cada vez nos casamos menos, y según el CIS, en 2030 ya no se casará nadie. El matrimonio como institución social ya no sirve para nada. La esfera doméstica ha cambiado, la mujer ha salido de ahí, del sitio que también era el sitio de los cuidados, de los afectos,... En ese espacio ahora no hay nadie. En la actualidad, hombres y mujeres tenemos que ver cómo vamos a cuidar a los hijos, incluso socialmente porque ni siquiera  hay guarderías suficientes. A pesar de que se ha cambiado todo para que vayamos a la universidad, nos incorporemos al mercado laboral y lleguemos más tarde a la maternidad, luego la Seguridad Social tampoco es capaz de ayudarnos a todas a ser madre a los 35 porque hay unas listas de espera que, o pagas, o no lo consigues.

M.G.- Es que lo de pagar esas cifras tan astronómicas me parece tremendo. ¿Quién se puede permitir eso?

N.L.- Bueno las cifras que se manejan en el libro son de media, aunque ahora también hay algunas clínicas que te devuelven el dinero si no te quedas embarazada.

M.G.- ¡Ah, qué considerados!

N.L.- Sí En definitiva, ha cambiado mucho el sentido de todo pero por otra parte, también hay que reinventarse. De mi maternidad a la de mi madre hay un abismo. Para empezar, que yo me planteara ser madre, tener que ir a una clínica y encima tener pagar, eso ya le volaba la cabeza. Y luego está el hecho de querer ser madre pero no como lo era la tuya, sino mucho más moderna, mucho mejor,... Todo eso lleva a la protagonista a ponerse un pañuelo africano, intentando colocárselo sola en el salón de su casa, con un Dvd que le explica cómo amarrárselo para portar a su hijo,... La protagonista no puede pedir ayuda a su entorno porque ni su madre, ni sus tías han usado eso en la vida. Y es que en este continente jamás se había usado eso para portar a un bebé. Es muy gracioso. Nos ponemos a comprar cosas porque el modelo de maternidad tradicional no funciona en nuestros días y nos tenemos que inventar otro. Y en estos casos somos muy talibanes.

M.G.- Y ese postureo que hay en los núcleos de madres, ese 'mi hijo duerme toda la noche del tirón', 'es un bendito',... Yo siempre pienso que todo eso se lo inventan para quedar muy por encima.

N.L.- Pobres de nosotras, las madres.  Antes, tener un hijo no era ninguna heroicidad. Las mujeres tenían muchos hijos y era lo más normal del mundo pero ahora la mayoría de las mujeres tienen que tener hijos, ir al trabajo cada día, criarlos,... La verdad, no es para tener muchos. Hoy en día sí que es una heroicidad, nos sentimos heroínas y como tal, creo que a veces ocurre lo que dices. Ahora que estoy asistiendo a clubes de lecturas me encuentro con mujeres que me comentan que su amiga se llevó toda una comida hablando de la caca de su hijo. ¿Por qué pasa esto? Pues porque se ha perdido naturalidad y espacio social. Al no existir el espacio social de la casa, que parecerá algo del pasado, pero ahí estaba, donde había mujeres, se criaban hijos,.. pues allá vamos a torturar a la amiga o a quien pase por ahí. Como una madre te empiece a hablar de su hijo, huye y cuanto más pequeño, peor. Nos está costando reencontrar desde qué lugar afrontar la maternidad.

M.G.- Tu libro me ha hecho llorar, me ha hecho reír y me ha llevado de sorpresa en sorpresa. He alucinado al conocer el mercadeo que existe con la leche materna.

N.L.- Es absolutamente demencial. En realidad, todo lo relacionado con la mujer es un espacio muy fértil para el mercado. Esto es como el dicho de los cerdos, que de su cuerpo se aprovecha todo. Pues con la mujer pasa igual. Desde pequeñas hay prostitución, que si te alquilo el útero, que si la leche... Pero la leche no solo para amamantar a otros niños sino también para los deportistas. Incluso  hay estudios que relacionan la leche materna con la lucha contra el cáncer de manera muy positiva. En el libro figuran webs que se pueden visitar y son auténticos supermercados de leche materna donde tú puedes comprar leche de madre no fumadora, vegana, que hace deporte todos los días. Esta es mucho más cara que la de una madre más estresada, aunque no hay ningún control sanitario, claro. Es una absoluta locura. Se ha mercantilizado mucho el cuerpo de una mujer y ahora también la maternidad. Piensa por ejemplo en la gestación subrogada. El derecho de filiación, el derecho ser el hijo de la madre que te parió, ha sido irrenunciable desde el paleolítico pero ahora alguien renuncia por contrato a que ese hijo tenga ese derecho. Esto puede ser un tema menor pero imagínate por un momento que Leticia Ortiz se convierte en madre subrogada  y tiene un varón y ese niño a los 18 años tiene que renunciar a ser rey porque alguien ha firmado por él ese contrato. Hay temas de herencia, de patrimonio,... Nadie piensa en todo esto. Te vas a Ucrania, pagas, te traes un niño y no se piensa en nada más. 

M.G.- Los intereses y el dinero tapan otras cuestiones. De todos modos, en la maternidad, el hombre también tiene su porcentaje de protagonismo y de todo ello habla la narradora, de su relación con 'Hombre', una relación en la que saltan chispas cuando llegan los hijos.

N.L.- Siempre saltan chispas. Y en el caso del libro encontramos un hombre estupendo, maravilloso, que siempre está dispuesto todo el rato pero en realidad, la mujer lleva una carga mental que él no lleva. Todo lo que te he contado de una madre que se siente culpable porque está escribiendo, puede que le haya pasado a algún hombre, pero no a la mayoría. Ellos no llevan esa carga. El día que te ves con un bebé en brazos asumes que tienes que hacer ciertas cosas para hacerlo bien, para ser una buena madre, la mejor del mundo. Ser madre viene con una lista de cosas que no has firmado pero que las tienes muy interiorizadas. Como esa lista, ya sea por educación, cultura, herencia y otras muchas cosas más, nuestras parejas no la llevan, se empieza crear una especie de guerra subterránea donde, cuando la mujer estalla, el hombre no entiende nada. Repartir las tareas está muy bien pero también hay que repartir la carga mental que no figura en ningún papel pero si quieres te cuento lo que hay en mi cabeza y voy sacando cosas. Es que pasa incluso cuando no hay hijos de por medio. Hay muchas mujeres que vivimos en pareja con hombres y nos reconocemos con una carga doméstica mental superior a la que ellos llevan.

M.G.- Está la balanza muy desequilibrada porque existe la etiqueta madre trabajadora pero no la de padre trabajador, por ejemplo.

N.L.- Nosotras somos unas intrusas en el trabajo. Estamos pidiendo que nos den un trocito de ese mercado laboral pero luego, en casa, somos muy generosas porque estamos deseando repartir el espacio doméstico, aunque es un espacio que no lo quiere nadie porque ha estado siempre muy devaluado. Ese espacio no tiene apoyo de las instituciones, no se paga a nadie por ocuparlo. Veremos con el tiempo si la cosa cambia. Y es que el cuidado de los niños y los mayores es irrenunciable en una sociedad avanzada. 

M.G.- Hay tres palabras que he relacionado. Maternidad con Sacrificio porque el Amor no lo puede todo.

N.L.- Efectivamente el amor no lo puede todo. La protagonista se enfrenta a esa demanda absoluta, a esa sumisión que requiere la crianza con amor. Cuando tu 'deber ser' coincide con lo que te 'apetece hacer', no hay ningún problema. Pasa igual en las relaciones. Al principio, lo damos todo sin ningún esfuerzo porque no queremos estar haciendo otra cosa pero claro, ella va a aprender que hay un momento donde no llega el amor o el enamoramiento, o esa pasión inicial, y ahí aparece el sacrificio. Es algo por lo que pasamos todas las madres, en mayor o menor medida. La protagonista dice que la maternidad es un entrenamiento en sumisión. Se ha pasado toda la vida construyendo su libertad, su carácter y ahora tiene que aprender a callar y a obedecer complacientemente, hacer lo que le pide el hijo, que lo que me pide es totalmente legítimo porque se trata de amamantar a demanda, cambiarle los pañales, pero también de levantarte cada vez que llore, de atenderlo con amor, de cuidarlo si está malito. Ella dice que una vez que has aprendido a obedecer, ya sabes hacerlo para el resto de tu vida, ya eres para siempre un ser más dócil. Es algo que yo pensaba mientras escribía este libro, alguien que ha criado a cinco, seis, siete hijos, debe ser la docilidad máxima. Es que si no haces todo eso de manera gustosa y agradecida, será que eres una mala madre. Y si fueras una mala madre, no pasaría nada pero es que además habrá unas consecuencias nefastas para ese hijo cuando en realidad todo es mentira. Todos sabemos que no hay una fórmula mágica para hacer hijos felices, así que da igual lo que hagas.

M.G.- Es que ese hijo escogerá su propio camino.

N.L.- Sí, pero las madres caminamos con muchísimas mochilas a cuesta.

M.G.- Nuria, ¿en el libro flota una sensación triste? Puede ser una impresión personal pero a veces he sentido a la narradora como muy apesadumbrada.

N.L.- No, creo que no porque también hay momentos de estallido, de felicidad suma. Aunque sí es un libro que deja espacio a la tristeza, que abre las puertas sin miedo pero mucha gente que me han dicho lo contrario, que hay momentos absolutamente almibarados.

M.G.- Eso no lo he notado. 

N.L.- No lo sé. En lo que a mí respecta he escrito este libro con mucha alegría, mucho humor pero también mucho dolor. Está todo muy apegado a la vida, también a la muerte. Creo que es un libro en el que cabe de todo. He intentado que convivan a la vez y de manera simultánea y contradictoria, la felicidad, el dolor, la tristeza, el humor,... Todo eso batido en 'La mejor madre del mundo'.

M.G.- Pues yo simplemente tengo que añadir que el libro me ha gustado muchísimo, mucho más de lo que esperaba inicialmente. Así que te doy las gracias por escribirlo y, por supuesto, por este rato que has compartido conmigo.

N.L.- No, no,... Muchas gracias a ti, sin duda.

La mejor madre del mundo es un libro valiente, sobre mujeres valientes, que hay que leer sin ningún atisbo de duda. En breve os haré llegar mis impresiones. 




Ficha novela

Editorial: Literatura Random House.
Encuadernación: Tapa blanda con solapas.
Nº Páginas: 224
Publicación: Febrero, 2019
Precio: 18,90€
ISBN: 9788439734970
Disponible en e-Book
Puedes empezar a leer aquí.
Ficha completa aquí




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