Mostrando entradas con la etiqueta LA VIDA EN UN MINUTO. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta LA VIDA EN UN MINUTO. Mostrar todas las entradas

viernes, 19 de marzo de 2021

LA VIDA EN UN MINUTO de José Antonio Lucero

Editorial: Ediciones B
Fecha publicación: enero, 2021
Precio: 15,90 €
Género: narrativa
Nº Páginas: 416
Encuadernación: Tapa blanda con solapas
ISBN: 9788466667913
[Disponible en eBook y Audiolibro;
puedes empezar a leer aquí]


Autor

José Antonio Lucero (Rota, 1988) es profesor de Ciencias Sociales y Lengua y Literatura en Educación Secundaria. Licenciado en Historia y Máster en Escritura por la Universidad de Sevilla, colabora con varios medios digitales como blogger y youtuber desde su canal La cuna de Halicarnaso, uno de los canales sobre historia y docencia de habla hispana más seguidos en todo el mundo. En 2018 fue finalista del XXIII Premio de Novela Ateneo Joven de Sevilla. La vida en un minuto supone su debut literario.

Sinopsis

Cualquier vida puede cambiar en un minuto

En el invierno de 1943, Madrid se despereza entre las ruinas de la guerra. En los suburbios de la ciudad, Daniel esconde su verdadera identidad y, con ella, su pasado en el conflicto. En el otro Madrid, el de los cafés de tertulia y los escaparates de la calle Serrano, Julita empieza estudiar letras en la universidad y siente la necesidad de separarse del futuro que su familia siempre había prefijado para ella.

El minuto que tardan dos trenes en chocar

Unidos por la fuerza del destino, los dos jóvenes coincidirán en un largo viaje en el expreso desde Madrid hasta La Coruña, huyendo de lo que otros han planeado para ellos. Allí se conocerán y verán nacer su complicidad, sin saber que el tren está abocado a una catástrofe que cambiará sus vidas para siempre.

El minuto que tardan dos miradas en cruzarse

La vida en un minuto rescata un episodio tristemente desconocido de la posguerra, la tragedia de un choque ferroviario que se saldó con cientos de víctimas y que fue silenciado por la prensa del régimen franquista. Lo hace para mostrarnos que el amor y la vida, a veces, pueden nacer entre los escombros.

[Información tomada directamente del ejemplar]



La vida en un minuto supone el debut literario de José Antonio Lucero. Profesor de Ciencias Sociales y Lengua y Literatura en Educación Secundaria, es también divulgador en La cuna de Halicarnaso, uno de los canales de historia y docencia, más seguidos de YouTube. Sobre sus inicios en la literatura y la trayectoria que esta obra ha seguido hasta llegar a nuestras manos, el autor nos habla en la entrevista que pudimos hacerle, y que puedes leer aquí

La vida en un minuto comienza con un accidente ferroviario real. El correo-expreso 421, que une Madrid con La Coruña, colisiona el 4 de enero de 1944 contra una locomotora en maniobras y un tren de mercancías, a la altura de Torre del Bierzo, León (puedes informarte sobre este accidente en este enlace). Este es el punto de arranque de una novela que se estructura en cuatro grandes bloques. A partir de ese accidente, Lucero conduce al lector al Madrid de posguerra, al Parque del Oeste donde los desheredados de la tierra, los débiles y los desvalidos sobreviven en las antiguas construcciones de guerra. En esas inmediaciones conoceremos a Daniel Baldomero, inquilino de una casamata, cuyas ventanas no son más que dos estrechas aberturas por las que los soldados disparaban, y por la que paga a doña Paquita una peseta y media. El joven lleva cuatro años viviendo en ese sombrío y lúgubre lugar, después de tener que huir de León, donde vivía con holgura, junto a su familia. Llegó a Madrid en abril de 1939, sin un lugar donde caerse muerto, viviendo de la caridad y la rapiña, hasta que consiguió esa casamata, en ese espacio de Madrid lleno de miseria, donde las familias no se resisten a celebrar la Navidad. Pero la vida en aquella especie de ciudad, dentro de otra más grande, tiene los días contados. Desde el gobierno de Franco se plantea la reconstrucción de los parques, eliminar todo tipo de construcción militar, y devolver el esplendor a las zonas verdes de una ciudad que despertaba de una pesadilla. Es entonces cuando Daniel decide regresar a su casa, a aquella que compartió con su familia en los montes de León, para empezar una vida nueva y volver a sus orígenes. Para ello, el joven tendrá que tomar un tren, justamente la línea Madrid-La Coruña.

Paralelamente, el lector conocerá a Julia María Schmidt de Martínez-Touriño, a la que todos apodan cariñosamente Julita. La joven es de buena cuna, de una familia de origen gallego, «cuya boyante economía se vino abajo durante la guerra». Huérfana de padre, un alemán que trabajaba como auxiliar en la Embajada Alemana de Madrid, reside en el barrio de Salamanca, en una casa señorial de dos plantas, aunque sin servicio, junto a su madre y su abuela. Además cuenta siempre con el apoyo incondicional de su tío materno, Manuel Alejandro, un periodista de ABC, asmático y doce años mayor, que es como un padre para su sobrina. Julita, cuyo selecto grupo de amistades está lleno de hijos de abogados y empresarios importantes, lleva tres años de relaciones con Jorge, con el que sin duda contraerá matrimonio muy pronto, a pesar de ser un hombre celoso y controlador. Pero ella no es una mujer hecha únicamente para el matrimonio y la crianza de los hijos. Julita quiere ser alguien y por eso estudia Filosofía y Letras en la universidad, sin el beneplácito de su madre, quien considera que ese edificio no es más que un nido de comunistas. Algo ocurre la noche de Fin de Año de 1943, algo que tambalea el confortable mundo de Julita y su proyecto de futuro. Algo que la hace recapacitar y plantearse su vida desde otro ángulo. Para aclarar sus ideas y alejarse del foco del problema, decide viajar junto a su madre a Monterroso, el pueblo gallego de donde es originaria su familia, y donde reside su bisabuela. Para ello, al igual que Daniel, tendrá que tomar un tren, justamente la línea Madrid-La Coruña. 

De este modo, las dos líneas argumentales principales confluirán en ese tren que, como se indica en las primeras páginas de la novela, tendrá un accidente al llega a Torre del Bierzo. Estamos ante una trama que suscita múltiples preguntas en la mente del lector:

* ¿Qué ocurre al inicio y durante la guerra civil para que Daniel acabe solo, sin familia, y desarraigado, teniendo que marchar a Madrid para buscarse la vida?´

* ¿Qué ocurre entre Julita y Jorge para que la relación se haga añicos?

* ¿Cómo se conocen los dos jóvenes?

* ¿Qué consecuencias tendrá el accidente ferroviario? ¿Sobrevivirán los jóvenes?

* Y en tal caso, ¿cómo será su vida posterior a aquel trágico suceso? 

Y mientras todo esto ocurre, un tercer hilo nos permite conocer de primera mano la verdadera historia de Daniel, a través de un libro que otro personaje lee, y en el que el joven ha contado todo lo que le ocurrió antes y durante la guerra civil. De su puño y letra, el lector llegará a conocer cómo era la vida familiar de Daniel, cuál fue su primer amor, y que fue aquello que provocó la desgracia de su familia. 



La vida en un minuto se sustenta en una trama, con varios giros argumentales, que aúna diferentes puntos de interés. Desde el punto de vista histórico-social, la novela nos va a mostrar ese Madrid emergente tras el desastre de la guerra. Estamos en dictadura, lo que implica una persecución descarnada contra los rojos, o contra cualquier otro individuo que suponga un peligro para el régimen. Ahí estará la Brigada de Investigación Social haciendo su trabajo. Por otro lado, es obvio que el lector se va a encontrar con importantes diferencias entre las distintas clases sociales. No hay más que subirse al correo-expreso 421 para advertir los privilegios de los que gozaban los viajeros de primera clase, frente a los de segunda y tercera. Ahora bien, si hay una cuestión que me ha parecido novedosa e interesante ha sido el retrato de la comunidad sefardí en España, durante aquellos años. Lucero nos habla de la llegada de los sefardíes a este país, del asentamiento, buscando siempre zonas en las que pudieran ejercitar el pastoreo, y también se nos describe de qué manera encararon la guerra civil, una contienda que a ellos, ni les iba ni les venía, pero que, sin duda, les llegó a afectar. 

Pero si la trama muestra cuestiones importantes y de interés, no lo serán menos los personajes. ¿Quiénes son los principales? Daniel es un joven, natural de Burgos, soltero y de 25 años edad. Al menos, eso es lo que dice su cédula personal de identificación. Sin embargo, cuando un grupo de falangistas van en su busca y lo llaman traidor y judío sefardí, nuestra visión del joven cambia radicalmente. Y es que, efectivamente Daniel es sefardí. Su familia abandonó Grecia, tras el incendio de Salónica, para regresar a la tierra de sus ancestros, a España. Se establecen en León, compran un pedazo de tierra y adquieren ganado. Se dedican a la agricultura y al pastoreo. Pero llega la guerra civil, la lucha entre hermanos, y con ella la desgracia familiar. La vida de Daniel se llenará de secretos.  

Daniel me ha parecido un personaje taciturno y esquivo. No es para menos pues tiene mucho que ocultar. Pasa por la vida sin hacer demasiado ruido, sobreviviendo como puede con trabajos esporádicos y poco estables. Añora enormemente a su familia, a la que recuerda cada día, y eso lo sumerge en un estado melancólico constante. Lo único que le da algo de paz es la lectura y contemplar los tres objetos que guarda celosamente, y a escondidas de miradas indiscretas, en un escondrijo de su casamata. 

En cuanto a Julita, ella representará a esa mujer que rompe con lo estipulado. Por aquellos años, de las mujeres solo se esperaba que se casaran jóvenes y empezaran a tener hijos. Y si alguna tenía algún otro tipo de inclinación ajena al ámbito doméstico, podía formar parte de la Sección Femenina y  colaborar con el Auxilio Social. Sin embargo, Julita no está interesada en una cosa ni en la otra. Lo que a la joven le interesa realmente es ampliar conocimientos y estudiar en la universidad. No obstante, socialmente no se veía bien que la mujer iniciara estudios universitarios porque eso era cosa de hombres. La universidad, la lectura, hacen cambiar a las mujeres, lo que no  interesaba bajo ningún concepto, pues entonces se revelarían contra su papel pasivo y la sumisión impuesta por la mano del hombre.

Julita será un personaje que encandile al lector. Vamos a encontrar a una mujer valiente, a la que no le importa sacar los pies del plato. Su madre, una viuda muy conservadora, tratará de encarrilar la vida de su hija, hacerla entender que su papel es uno muy distinto al que la joven quiere desempeñar. En ese sentido, Julita resulta un personaje atractivo, junto al cual vamos a ver de qué manera eran consideradas esas mujeres que no estaban dispuestas a dejarse manipular. 

Con respecto al ámbito universitario, resulta interesante la reivindicación de esta joven, en relación a esos autores prohibidos que dejaron de estudiarse por ser manifiestamente rojos o contrarios al régimen franquista.


Pero a Julita y a Daniel no solo los une un trayecto en tren. Precisamente es el amor a los libros lo que consigue que ambos jóvenes conecten de manera más intensa. Y es que la literatura está muy presente en toda la novela. Basta con leer la relación de títulos que se detallan al final de la reseña. Nombres como María Zambrano, Federico García Lorca, Luis Cernuda, Rafael Alberti, o Garcilaso de la Vega estarán en boca de los personajes, haciendo referencias a sus obras.

Y entre los personajes, quisiera destacar a un tercero. Rafael el Cojo, un tabernero cuyo establecimiento es un «pequeño reducto libertario del barrio obrero de Delicias», donde están permitidos los vivas a la República y los mueras a Franco. Rafael es un personaje que, sin ostentar gran protagonismo en los inicios, parece más un personaje-apoyo, va ganando en presencia. Él será el depositario de las pertenencias más valiosas de Daniel, -una fotografía familiar y un cuaderno con cubiertas de piel-, que dará pie a ese tercer hilo del que os hablaba antes. 

Rafael es un gran amigo de Daniel. Fue la única persona que le tendió una mano al joven en sus peores momentos. Me ha parecido un personaje muy entrañable que, más allá de su ideario, y que le acarreará algún problema, también sufre por su situación personal y es víctima de los cambios legislativos que supone el alzamiento de la dictadura.

Y entre los escenarios, destaca principalmente ese Madrid en fase de resurgimiento, tras la guerra civil. No solo vamos a pasear por el Parque del Oeste, sino que también caminaremos por calles, como San Bernardo o Sagasta, o por barrios como el de Chamberí, donde los corrales de vecinos eran la forma más habitual de convivencia vecinal. Aquel Madrid de posguerra fue también en su día la ciudad de los cafés y las tertulias intelectuales donde, ya antes de la guerra, eran frecuentadas por poetas como Federico García Lorca o Miguel Hernández. 

He disfrutado mucho de la lectura de esta novela pues, al margen de una trama interesante, se nota que el autor ha hecho una gran labor de documentación. Sorprende muchísimo todo el desarrollo descriptivo del accidente ferroviario. Lucero ha tenido que realizar una inmersión profunda en los sucesos acaecidos y recogidos en las crónicas periodísticas de la época, para reflejar la sucesión de los hechos. Por otra parte, detalla también el funcionamiento de los trenes, los trayectos que se hacían, la organización de los operarios o los requisitos que estos tenían que cumplir para optar a un puesto. Es decir, el autor se habrá leído el Reglamento de la Compañía Ferroviaria desde la primera página a la última. Si bien es cierto que, en algún pasaje, me he sentido un tanto desbordada por tanta información, hay que reconocer que no le falta ni un ápice de verosimilitud a la narración del accidente.

Escrita en tercera persona, y empleando el presente como tiempo verbal, como dije antes La vida en un minuto está dividida en cuatro partes claramente diferenciadas, más un capítulo introductorio que nos relata de modo periodístico y breve el accidente ferroviario. Un total de treinta y cinco capítulos, algunos de los cuáles termina en el típico cliffhanger, se distribuyen a través de esas cuatro parte tituladas: La huida, donde nos presenta a Daniel y a Julita, y se nos explican las circunstancias que le hacen cada uno huir de Madrid; la segunda, El tren, se centra en el par de días que dura el viaje desde Madrid a Torre del Bierzo, punto de colisión de los trenes; la tercera, El túnel, el accidente y la evacuación de los heridos; la cuarta parte, La llegada, que nos conduce a un desenlace emotivo. 

En definitiva, La vida en un minuto es una novela entrañable, y tierna, que mezcla historia y amor, para permitirnos pasear por la España de la época y entender que, tal y como marca el título, todo puede cambiar en un solo minuto. 

Algunos libros mencionados en La vida en un minuto:

- La montaña mágica de Thomas Mann
- Veinte mil leguas de viaje submarino de Julio Verne
- El coloquio de los perros de Miguel de Cervantes Saavedra
- Cadencias de cadencias de Manuel Machado
- La princesa Kali de María Teresa Sesé
- Cuento de Navidad de Charles Dickens
- La máquina del tiempo de H.G. Wells

[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

Puedes adquirirlo aquí:


martes, 23 de febrero de 2021

JOSÉ ANTONIO LUCERO: ❝La vida en un minuto es la historia de varios viajes❞

Cuánto juego da la guerra civil española y la posguerra en literatura. Qué entrañable e interesante es leer sobre familias, secretos y amores. Un poquito de todo esto es lo que tiene La vida en un minuto de José Antonio Lucero, primera novela del autor roteño, bajo sello editorial, una novela que parte de un suceso trágico, ocurrido el 4 de enero de 1944. En tierras leonesas, a la altura de Torre del Bierzo, aquel día tuvo lugar un accidente ferroviario que involucró a tres máquinas, y donde fallecieron más de cincuenta personas. Partiendo de este suceso, Lucero se adentra en una época de la historia de España, llena de hambre y miseria. A través de estas páginas, conoceremos a una familia sefardí afincada en León, nos asomaremos a los tiempos de guerrilla en los montes, viviremos en el Parque Oeste de Madrid, donde la gente se refugia en antiguas construcciones de guerra, y conoceremos a una joven de familia bien y con inquietudes que, bajo ningún concepto, quiere convertirse únicamente en esposa y madre.

La vida en un minuto ha sido una lectura bonita y emotiva, pero antes de hablaros con detalle de esta historia, os dejo con la entrevista a su autor. 

Marisa G.- José Antonio, La vida en un minuto supone tu debut literario pero, según cuentas en las páginas finales, llevas escribiendo desde bien pequeño.

José A. L.- Sí, soy gran aficionado a la escritura desde niño. La gran pretensión de mi vida siempre ha sido publicar con un gran grupo, tener una novela en el mercado literario, verla en las estanterías de las librerías. Es cierto que auto-publiqué una novela en 2012, que se vendió a nivel local y que no traspasó fronteras. Pero con esta novela es con la que he conseguido mi sueño.

M.G.- De todos modos, lo intentaste al presentar la novela al Premio Ateneo Joven de Sevilla, en 2018, bajo el título La llave de Navit. Te quedaste muy cerquita porque la quedó entre los tres finalistas.

J.A.L.- Eso es. La novela fue finalista y eso me ayudó a la alcanzar las metas que tenía en mente. Fue entonces cuando firmé un contrato de representación con Sandra Bruna y luego, el contrato con Ediciones B llegó a los pocos meses. Después de haber dado muchas vueltas, lo que aceleró todo el proceso fue quedar finalista en aquel premio.

M.G.- ¿Y hay mucha diferencia entre aquella novela que presentaste al premio y la que vemos hoy publicada bajo el sello de Ediciones B?

J.A.L.- Bueno, el manuscrito se revisó pero, en esencia, no ha cambiado prácticamente nada. Sí hay escenas que han ganado más peso o personajes a los que se le ha dado otro toque, pero poco más. Es verdad que, cuando la presenté al Premio Ateneo de Sevilla, ya tenía un bagaje previo importante, porque incluso la había trabajado con un corrector editorial, Daniel Heredia. Él hizo un trabajo exquisito.

M.G.- La vida en un minuto arranca con la noticia de un accidente ferroviario en la línea Madrid-La Coruña, en enero de 1944. Se trata de un accidente real.

J.A.L.- Exacto. He jugado con la historia de este accidente de tren, un hecho que es la primera vez que se cuenta en literatura. Cuando conocí la historia de este accidente, descubrí que se había publicado muy poco sobre este suceso. Me propuse hacer un exhaustivo desarrollo, casi periodístico, centrándome en lo que sucedió realmente, y en los personajes que intervinieron. Esto lo he combinado con la historia de amor entre los personajes principales, Daniel y Julita.

M.G.- Es verdad que retratas el accidente con muchísimo detalle y enseguida nos damos cuenta que te has tenido que empapar, no solo de lo que ocurrió, sino también de cómo funcionaban los trenes de la época, los trayectos, los requisitos para trabajar, por ejemplo, como fogonero,... Es decir, que te has aprendido el Reglamento de la Compañía Ferroviaria.

J.A.L.- Soy historiador y siempre me ha parecido precioso el proceso de documentación de una novela histórica. Hay que leer mucho, hablar con muchas personas, consultar documentos en hemerotecas,... Lo normal en estos casos.

M.G.- ¿Y cómo te enteras de la noticia de este accidente?

J.A.L.- Fue pura casualidad. En el año 2013, estaba estudiando el último año de la carrera en la Complutense de Madrid. Recuerdo que estaba estudiando sobre la posguerra en España, cuando leí sobre este accidente. Como me llamó tanto la atención, empecé a indagar algo más y pensé que estaría bien construir una historia de ficción, alrededor de este accidente. Empecé a escribir y el primer borrador lo tuve terminado en 2017.

M.G.- La trama se construye sobre dos o tres líneas argumentales, que luego confluyen y se entremezclan. Para los que no la hayan leído, cuéntanos un poco qué vamos a encontrar.

J.A.L.- La vida en un minuto es la historia de varios viajes. Primero ese viaje del correo-expreso que parte de Madrid el día 2 de enero de 1944 y que termina accidentado en los montes del Bierzo, en León. Como he dicho antes, intento contar ese suceso histórico no tratado en literatura, hasta ahora. Pero en esta novela, he intentado reflejar también el viaje de dos personajes anónimos -Daniel y Julia-, que viven en una España compleja, llena de aristas, de posguerra con mucha hambre y represión. Estos dos personajes son muy distintos entre sí. Ambos tomarán ese tren para iniciar un viaje de transformación en sus propias vidas. Daniel hace un viaje de vuelta a su pasado, mientras que Julita hace un viaje de trasgresión. Ellos serán los dos grandes personajes con los que intento articular esta historia y contar cómo la vida puede cambiar en cuestión de segundos. De ahí el guiño del título.

M.G.- Es una novela histórica pero con un componente amoroso importante. Para los que les guste lo romántico, también van a disfrutar con esta lectura.

J.A.L.- Sí, porque aquí tienen cabida muchos géneros. Incluso hay un poco de thriller con el misterio del pasado de Daniel. Pero sí, hay una historia romántica, pero muy sutil, porque el amor se va construyendo a medida que ese tren se va acercando al desastre.  He tratado de escribir una historia muy emocional.

M.G.- Centrándonos en los personajes principales, tenemos a Daniel, un joven sefardí cuya familia huyó de Grecia y se asentó en León. Allí se hicieron pastores. ¿Por qué sefardíes y pastores?

J.A.L.- Debido a un edicto que se firmó en la dictadura de Primo de Rivera, muchos serfardíes volvieron a España, así que no era tan raro que en los años 20 del siglo XX, hubiera muchas familias serfardíes en nuestro país, que compraron tierras, propiedades y se dedicaron al pastoreo. Este es un tema que a mí siempre me llamó la atención, y por eso decidí que la familia de Daniel fuera una de aquellas que regresaron a nuestro país. Mi pretensión ha sido hacer ver que, tanto Daniel como su familia, se sentían extraños en una España que, de pronto, se parte en dos con la guerra civil, y ellos se quedan en medio. 

M.G.- Julita es el personaje femenino por excelencia. Es una mujer que no está hecha para ese tiempo, es decir, ella no se quiere amoldar a lo que se espera de ella. De hecho, estudia en la universidad, cosa que no está muy bien vista, ni siquiera por su familia.

J.A.L.- Con Julita he querido retratar aquellas mujeres con personalidad, que en los años 40 quieren romper los grilletes de la sociedad. Lo que se esperaba de las mujeres era que desempeñaran el papel de esposa, de madre, pero Julita tiene otros planes. He querido que este personaje sea sincero, heroico, que rompiera el corsé que la tiene aprisionada. Para ella, la universidad es el único camino de escapar de su destino, es su gran punto de inflexión. En la universidad empieza a leer poesía, que tanta presencia tiene en la novela.

M.G.- Ahora que mencionas la poesía, es cierto que el amor por la literatura está muy presente en esta historia, a través de Julita, pero también a través de Daniel porque él es un gran lector.

J.A.L.- Yo también soy amante de la literatura y por eso quería que los dos personajes tuvieran ese alma literaria. De hecho, más allá del encuentro casual, lo que hace que los dos personajes conecten es la literatura, a través de esas conversaciones donde hablan de poesía, de libros. Daniel se sorprende mucho porque no espera que ella le hable de María Zambrano o de Lorca. 

La poesía también es una manera de romper grilletes porque estaba vista como una cuestión opositora al régimen. Hay que entender que, en aquellos pasillos universitarios y de forma clandestina, se leía a los autores prohibidos, como Machado o Lorca.

M.G.- Casi toda la acción transcurre en Madrid, en los años de posguerra. Es un Madrid que está despertando de la pesadilla de la guerra. He leído mucha novela que transcurre en esta época, pero nunca me habían enseñado el Madrid de los parques, donde vivían gente en bunkers, en casamatas,...

J.A.L.- Cuando termina la guerra, mucha gente va a Madrid a buscar nuevas oportunidades, y muchos han perdido sus viviendas. En esos primeros años de posguerra, se hacinaron muchísimas personas en lugares insospechados, como los túneles de metro, o las construcciones de guerra tales como los bunkers, las casamatas, las trincheras, o los blocaos. Aquellas estructuras se convirtieron en viviendas alquiladas, con direcciones postales. Y en tiempos navideños, hasta se decoraban.

M.G.- Otro tema curioso. Daniel es sefardí y habla ladino. En la novela vamos a ver algunas frases en esa lengua.  A lo mejor te parece increíble que esto me sorprenda pero, no me podía imaginar que el ladino fuera tan entendible para los que hablamos castellano.

J.A.L.- Sí. Es como si el castellano antiguo se hubiera parado en el tiempo. El castellano que nosotros hablamos hoy es una derivación de aquel castellano que se hablaba en la Edad media. El ladino es un idioma muy apegado a aquel castellano. Es cierto que se parece muchísimo al castellano y se puede leer.

M.G.- Sobre tu manera de escribir, creo que eres muy proclive a los detalles, que te gusta contar  los hechos y las escenas de manera muy minuciosa.

J.A.L.- Me gusta contar historias pequeñas, de personajes anónimos, llenas de emociones humanas, y el quid para esto es contar los detalles de los ambientes, de las escenas, de los personajes,... Me gusta darle verosimilitud a todo lo que narro, a través de esos pequeños detalles que hacen un poco especial la escena o el momento que se está narrando. 

M.G.- Para ir finalizando, en las páginas finales mencionas dos nombres grandes de la literatura, que todo el mundo conoce. Me refiero a Felipe Benítez Reyes y a Almudena Grandes. ¿Qué conexión tienen contigo?

J.A.L.- Vivo en Rota. Felipe es del pueblo y Almudena tiene una casa de veraneo aquí. Con Felipe, he coincidido en varios encuentros y me viene ayudando desde hace unos cuantos años, a la hora de perfilar mi carrera como escritor. La primera novela que auto-publiqué la leyó, le gustó, y desde entonces, quedo con él varias veces al año. Ha sido la persona que me ha enseñado a ser paciente, a esperar el momento adecuado. Yo quería publicar mucho antes pero él me decía que esperara a la buena oportunidad. De hecho, esta novela la  podía haber publicado con editoriales más modestas, sin desmerecer ninguna, pero claro no hubiera tenido ni la distribución ni la visibilidad que tengo ahora. 

Y, a través de Felipe, también conocí a Almudena Grandes, a Luis García Montero, a Benjamín Prado, a esa camarilla que se junta en Rota. Disfruto mucho conversando con ellos. Con Almudena tengo encuentros en verano y para mí es como hacer un máster en literatura. Es uno de mis referentes. Ella me ha ayudado a encontrar alguna documentación histórica que necesitaba, sobre todo en lo referente a las guerrillas en los montes de León. 

M.G.- Ahora que ya te has estrenado y has conseguido tu sueño. Imagino que seguirás escribiendo.

J.A.L.- Tengo la suerte de que Ediciones B sigue apostando por mi carrera y, de hecho, hemos firmado para la siguiente. Me encuentro trabajando ya en su documentación, pero no es una segunda parte de esta. La vida en un minuto termina donde termina, aunque hay lectores que me han preguntado que qué pasa con los dos personajes protagonistas. Esa historia posterior la tiene que componer cada lector en su cabeza.

M.G.- José Antonio, gracias por atenderme. La novela es preciosa, me ha gustado muchísimo. Y nada, te seguiremos leyendo.

J.A.L.- Muchas gracias.


Sinopsis: 

Cualquier vida puede cambiar en un minuto

En el invierno de 1943, Madrid se despereza entre las ruinas de la guerra. En los suburbios de la ciudad, Daniel esconde su verdadera identidad y, con ella, su pasado en el conflicto. En el otro Madrid, el de los cafés de tertulia y los escaparates de la calle Serrano, Julita empieza estudiar letras en la universidad y siente la necesidad de separarse del futuro que su familia siempre había prefijado para ella.

El minuto que tardan dos trenes en chocar

Unidos por la fuerza del destino, los dos jóvenes coincidirán en un largo viaje en el expreso desde Madrid hasta La Coruña, huyendo de lo que otros han planeado para ellos. Allí se conocerán y verán nacer su complicidad, sin saber que el tren está abocado a una catástrofe que cambiará sus vidas para siempre.

El minuto que tardan dos miradas en cruzarse

La vida en un minuto rescata un episodio tristemente desconocido de la posguerra, la tragedia de un choque ferroviario que se saldó con cientos de víctimas y que fue silenciado por la prensa del régimen franquista. Lo hace para mostrarnos que el amor y la vida, a veces, pueden nacer entre los escombros.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...