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lunes, 24 de marzo de 2014

LA LEYENDA DE LA ISLA SIN VOZ de Vanessa Montfort.



 Editorial: Plaza y Janés.
Fecha publicación: Febrero, 2014.
Nº Páginas: 432.
Precio: 18,90 €
Género: Novela
Edición: Tapa blanda con solapa.
ISBN: 9788401342059

Autora

Vanessa Montfort (Barcelona, 1975). Novelista y dramaturga, es licenciada en Ciencias de la Información, reside en Madrid desde la infancia y está unida, por su familia y por sus afectos a Nueva York, donde colabora como profesora y conferenciante con diversas universidades e instituciones. Comenzó su carrera como escritora durante los años universitarios estrenando Quijote Show (1999), Paisaje transportado (2003) y Estábamos destinadas a ser ángeles (2006). Su primera novela, El ingrediente secreto obtuvo el XI Premio Ateneo Joven de Sevilla, Algaida, 2006. En 2007 recibió la primera invitación del Royal Court Theatre de Londres donde conoció a algunos de los grandes autores de la escena británica como Harold Pinter o Tom Stoppard y tradujo al inglés Flashback (Royal Court Theatre, 2007), La mejor posibilidad de ser Alex Quantz (Southwark Playhouse Londres, 2008) y La cortesía de los ciegos, cuya versión radiofónica reestrenó RNE y Fundación Autor junto a las obras de Alfredo Sazol, Juan Mayorga y José Sanchís Sinisterra. Un año más tarde volvió a la novela con Mitología de Nueva York, que se hizo merecedora del Premio Ateneo de Sevilla 2010. 2012 y 2013 han sido años de encargos teatrales dentro y fuera de España en los que escribió junto a Marina Bollaín la primera adaptación teatral de La Regenta para Los teatros del Canal y vieron la luz su monólogo musical Sirena negra (para la compañía literaria Hijos de Mary Shelley), Chalk Land (para el Royal Court Theatre de Londres), Balboa (para el Teatro Nacional de Panamá) y El galgo (Teatro Autor, 2013), que fue premiada y publicada por la Fundación SGAE. Su obra teatral y narrativa ha sido recogida en numerosas antologías y estudios críticos tanto en Europa como en América. Otros reconocimientos a su trabajo son: el Premio Nacional Cultura Viva 2009 al autor revelación del año y La Orden de los Descubridores (St. John's University de Nueva York). La Ciudad Ficción, como la autora denomina Nueva York en su obra, es ya parte de su universo literario. La leyenda de la isla sin voz en su nueva novela. 

Sinopsis

Un joven Charles Dickens visita la isla-presidio de Blackwell, en Nueva York, donde conseguirá dar voz a la pobreza y la marginación, vivirá una apasionada historia de amor y gestará su relato más famoso Cuento de Navidad. 

«Todas las islas guardan un secreto o un tesoro. La Isla sin voz guarda ambas cosas».

Nueva York, enero de 1842: la tenebrosa isla de Blackwell es uno de sus secretos mejor guardados. Ubicada en el East River frente a Manhattan, es conocida por albergar un temido manicomio, un penal, un asilo y un orfanato, el "basurero humano" de la ciudad más poblada del mundo que en ese momento aún sueña con su estatua y sus rascacielos.

Un joven escritor inglés llega a Nueva York: Charles Dickens tiene sólo treinta años pero ya se ha convertido en el novelista más célebre de su tiempo. Viaja para encontrarse con sus contemporáneos Washington Irving y Edgar Allan Poe, sin embargo al llegar a su hotel recibe un misterioso anónimo que le invita a visitar la isla de Blackwell. Allí será recibido por las oscuras autoridades de La Isla y por la enfermera Radcliffe, una joven comprometida y soñadora, que será su compañera en esta aventura.

Poco a poco se irán desvelando las peligrosas tramas de corrupción y crueldad de Blackwell y por qué, en una de las primeras fotografías de la época, el escritor aparece rodeado de un variopinto grupo de reclusos, huérfanos y locos que se atrevieron a soñar con la libertad, a pesar de estar confinados frente a la ciudad que se convertiría en su símbolo. Los protagonistas de una era que finaliza en nuestro siglo y que hoy cobra más actualidad que nunca. 

Una apasionante historia de amor y amistad sobre cómo la imaginación y el poder de las historias pueden salvarnos en un mundo que amenaza con romperse.


[Información facilitada por la editorial]



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Si digo Charles Dickens, inmediatamente a todos se nos vendrá a la mente títulos como Cuento de Navidad, Oliver Twist, David Copperfield, Grandes Esperanzas,... Igualmente todos coincidiremos en considerarlo una primera figura de la literatura anglosajona, extensible a la literatura universal. Creo que este punto no admite discusión posible. Además muchos sabréis que era catalogado como el escritor de los desvalidos, de los desfavorecidos, pero si queréis saber más sobre su figura, no puedo más que recomendaros la novela de la que vengo a hablaros hoy, La leyenda de la isla sin voz de Vanessa Montfort.

Tras un capítulo introductorio del que luego os hablaré, esta novela se inicia en Nueva York, en diciembre de 1867, cuando Charles Dickens visita por segunda vez la ciudad. Anteriormente, concretamente en 1842, había viajado a Estados Unidos en compañía de su esposa Kate. Entonces ya era un hombre conocido y admirado en la supuesta tierra de la libertad y las entregas de sus obras como El almacén de antigüedades se esperaban con verdadera ansia. Durante esa primera visita, y con motivo de una carta anónima que recibe mientras estaba alojado en Boston, el autor solicita un permiso a las autoridades, a través de su buen amigo Washington Irving, para visitar por primera vez la Isla de Blackwell, ubicada en el East River. En aquella carta de emisor desconocido se decía que la Isla de Blackwell, como todas las islas, guarda un secreto pero también un tesoro, enigma que inmediatamente despertó la curiosidad del escritor. Tras obtener los permisos pertinentes, Dickens se traslada a la isla y en aquel lugar vivió una aventura extraordinaria que prometió no escribir jamás pero que, años más tarde y bajo la influencia del alcohol, relató a Julio Verne. De la mano de la enfermera Anne Radcliffe contempló con sus propios ojos la miseria, las penalidades y el silencio que llenaban aquel lugar.

La Isla de Blackwell, denominada hoy como la Isla Roosevelt, albergaba por aquellos años varios edificios de aspecto fantasmal: un hospicio, un hospital, un manicomonio,... Era conocida como el basurero de Nueva York, solo que los desperdicios que allí se acumulaban tenían corazón y sangre en las venas. Delincuentes, prostitutas, huérfanos,... la más baja estofa de los Five Points (la zona más marginal de Manhattan) se hacinaban en aquellos edificios y eran maltratados, torturados, apartados del mundo emergente en la otra orilla. 

Veinticinco años después, en 1867, Dickens regresa a la isla y como si de un espectador más se tratara, los lectores asistimos a una conversación entre el británico y Margaret, la maestra de los niños del orfanato de la isla, mientras contemplan jugar a la pequeña Nellie, una niña cuya vida no nos pasará inadvertida. Un diálogo que recoge la cruda vivencia del autor en aquel mismo lugar, muchos años antes y que es el motor de arranque de una hermosa historia.

Así pues, ya veis que el argumento navega entre dos aguas, dos fechas puntuales del calendario. 1867 es el presente mientras que a 1842 regresamos a través de flashbacks para conocer esa experiencia que marcó a Dickens para siempre. Presente y pasado se irán alternando. ¿Qué ocurrió en aquel lugar? ¿Por qué el autor regresa a la isla? ¿Por qué decide contar aquella historia a Margaret? La respuesta a estas y otras preguntas las encontrarás en la novela.

Adoro a Charles Dickens. Es uno de esos autores a los que siempre puedes regresar con la garantía de una absoluta satisfacción. Por eso, cuando me lo encontré en esta novela como un personaje más me pareció una grata sorpresa, además de ser también una novedad.

La historia que nos presenta Vanessa Montfort está llena de ficción y realidad. Efectivamente Dickens estuvo en la Isla de Blackwell y algunos de los personajes, al margen del propio escritor, son tan reales como tú y como yo, como el farero John McCarthy, uno de los reclusos que construyó poco a poco y con sus propias manos el faro que aún se puede observar en uno de los extremos de la isla.



A los pies del faro se encuentra la placa que veis en la foto, en memoria del farero.



Pero, como nos confesó la autora en la entrevista, el hecho de que esta experiencia fuera el germen de su obra más famosa, Cuento de Navidad, -detalle que figura en la sinopsis-, es pura ficción. Aún así, está tan bien hecho, son tantos los guiños a los personajes de ese relato y todo está tan bien engarzado que resulta totalmente creíble que la historia más famosa de Dickens surgiera del modo en el que Vanessa nos lo cuenta en su novela.

A mi juicio, La leyenda de la isla sin voz es lo que algunos lectores llaman una novela redonda. Tenemos una historia que cabalga entre la ficción y la realidad con algunas pinceladas sobre el contexto socio-político de Estados Unidos en aquellos años, mezclado con datos autobiográficos del autor británico, que nos permiten conocer cómo fue su infancia, totalmente desconocida para mí, haciendo un retrato muy similar al que él dibuja para los pequeños personajes de sus novelas. No contenta con esto, también nos acercaremos a Washington Irving, hay referencias a otros escritores como Oscar Wilde o Edgar Allan Poe y otros tantos personajes ilustres de la historia. Todo esto incardinado dentro de una trama hermosa que seduce y capta la atención del lector desde la primera letra. 

El dibujo que la autora ofrece de Dickens encaja con lo que se sabe de él. Un verdadero gentleman, de aspecto corpulento, sobrio en el vestir y meticuloso en el proceder. A través de las páginas de esta novela conocemos a un hombre cercano, lleno de bondad y humildad, siempre al lado de los más necesitados al que, si no le tenías cariño ya, se lo coges inmediatamente.

Junto a él tendrá un gran protagonismo la enfermera Anne Radcliffe. Este personaje encarna a una mujer traviesa, ingeniosa y pícara, una mujer muy luchadora que intenta ayudar a los internos de la Isla de Blackwell a pesar de estar bajo el yugo de un director perverso y una jefa de enfermera despiadada, y que sueña con un mundo mejor. Su vida no fue nada fácil. La pobreza y la miseria fueron siempre compañeras de viaje y su aterrizaje en la isla no fue más que una huida de un futuro que no le prometía ningún parabién. Me ha gustado mucho este personaje, tan comprometido, tan desinteresado, con una forma de pensar impropia para la época en la que vive; sin duda, es una heroína y quizás su personaje tiene hasta más peso que el del propio autor.


Imagen tomada de la web de Vanessa Montfort

Entre Dickens y Radcliffe surge una relación fuerte que desprende chispas con el más mínimo acercamiento. Entre ellos se trenzará una complicidad que les permitirá llevar a cabo una aventura de hondo significado para los habitantes de Blackwell.

jueves, 13 de marzo de 2014

Entrevista a VANESSA MONTFORT (La leyenda de la isla sin voz).


Vanessa Montfort
 Autora


Vanessa Montfort (Barcelona, 1975). Novelista y dramaturga, es licenciada en Ciencias de la Información, reside en Madrid desde la infancia y está unida, por su familia y por sus afectos a Nueva York, donde colabora como profesora y conferenciante con diversas universidades e instituciones. Comenzó su carrera como escritora durante los años universitarios estrenando Quijote Show (1999), Paisaje transportado (2003) y Estábamos destinadas a ser ángeles (2006). Su primera novela, El ingrediente secreto obtuvo el XI Premio Ateneo Joven de Sevilla, Algaida, 2006. En 2007 recibió la primera invitación del Royal Court Theatre de Londres donde conoció a algunos de los grandes autores de la escena británica como Harold Pinter o Tom Stoppard y tradujo al inglés Flashback (Royal Court Theatre, 2007), La mejor posibilidad de ser Alex Quantz (Southwark Playhouse Londres, 2008) y La cortesía de los ciegos, cuya versión radiofónica reestrenó RNE y Fundación Autor junto a las obras de Alfredo Sazol, Juan Mayorga y José Sanchís Sinisterra. Un año más tarde volvió a la novela con Mitología de Nueva York, que se hizo merecedora del Premio Ateneo de Sevilla 2010. 2012 y 2013 han sido años de encargos teatrales dentro y fuera de España en los que escribió junto a Marina Bollaín la primera adaptación teatral de La Regenta para Los teatros del Canal y vieron la luz su monólogo musical Sirena negra (para la compañía literaria Hijos de Mary Shelley), Chalk Land (para el Royal Court Theatre de Londres), Balboa (para el Teatro Nacional de Panamá) y El galgo (Teatro Autor, 2013), que fue premiada y publicada por la Fundación SGAE. Su obra teatral y narrativa ha sido recogida en numerosas antologías y estudios críticos tanto en Europa como en América. Otros reconocimientos a su trabajo son: el Premio Nacional Cultura Viva 2009 al autor revelación del año y La Orden de los Descubridores (St. John's University de Nueva York). La Ciudad Ficción, como la autora denomina Nueva York en su obra, es ya parte de su universo literario. La leyenda de la isla sin voz en su nueva novela. 


Sinopsis


Un joven Charles Dickens visita la isla-presidio de Blackwell, en Nueva York, donde conseguirá dar voz a la pobreza y la marginación, vivirá una apasionada historia de amor y gestará su relato más famoso Cuento de Navidad. 

«Todas las islas guardan un secreto o un tesoro. La Isla sin voz guarda ambas cosas».

Nueva York, enero de 1842: la tenebrosa isla de Blackwell es uno de sus secretos mejor guardados. Ubicada en el East River frente a Manhattan, es conocida por albergar un temido manicomio, un penal, un asilo y un orfanato, el "basurero humano" de la ciudad más poblada del mundo que en ese momento aún sueña con su estatua y sus rascacielos.

Un joven escritor inglés llega a Nueva York: Charles Dickens tiene sólo treinta años pero ya se ha convertido en el novelista más célebre de su tiempo. Viaja para encontrarse con sus contemporáneos Washington Irving y Edgar Allan Poe, sin embargo al llegar a su hotel recibe un misterioso anónimo que le invita a visitar la isla de Blackwell. Allí será recibido por las oscuras autoridades de La Isla y por la enfermera Radcliffe, una joven comprometida y soñadora, que será su compañera en esta aventura.

Poco a poco se irán desvelando las peligrosas tramas de corrupción y crueldad de Blackwell y por qué, en una de las primeras fotografías de la época, el escritor aparece rodeado de un variopinto grupo de reclusos, huérfanos y locos que se atrevieron a soñar con la libertad, a pesar de estar confinados frente a la ciudad que se convertiría en su símbolo. Los protagonistas de una era que finaliza en nuestro siglo y que hoy cobra más actualidad que nunca. 

Una apasionante historia de amor y amistad sobre cómo la imaginación y el poder de las historias pueden salvarnos en un mundo que amenaza con romperse.




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Hace diez días, colgaba en twitter el siguiente tuit:


Y enganchada a sus páginas me tuvo unos cuatro o cinco días. Era un no poder dejar de leer. El pasado martes pude entrevistarme con su autora, Vanessa Montfort, que me descubrió múltiples claves de su novela y con la que fue un verdadero placer hablar de Dickens, de sus obras, del autor, de la persona,... Dickens, tan importante en mi vida, tan apegada a sus historias,... No hay diciembre que no asome a su Cuento de Navidad, aunque sea en la versión animada, para impregnarme de magia, belleza y esperanza. Os invito a leer la entrevista con Vanessa en la que encontrareis información interesante, historias curiosas y anécdotas divertidas.




Marisa G.- Vanessa en primer lugar me gustaría felicitarte.

Vanessa M.- ¡Gracias! ¡Mira qué bien! Así da gusto empezar una entrevista. (Risas)

M.G.- No, de verdad. Te felicito. Me ha gustado mucho tu novela. Yo no había leído nada tuyo. En casa leyeron Mitología de Nueva York cuando estaba recién publicada y gustó tanto que no hacen más que recomendármela pero aún no la he leído, así que, de momento, yo te felicito por esta última. 

V.M.- Muchas gracias. Acabo de empezar la promoción y son las primeras reacciones.

M.G.- Pues imagino que te estarán llegando muy buenas opiniones.

V.M.- Sí, la gente está muy contenta. Ayer, estuvo Marta Rivera de la Cruz hablando muy bien de él en la Cope. Yo no escuché el programa pero sí me llamaron para comentármelo.

M.G.- No me extraña. Esta es tu tercera novela. Tienes dos anteriores, El ingrediente secreto y la misma Mitología de Nueva York y las dos premiadas con un Premio Ateneo. Imagino que guardarás muy buen recuerdo de aquellos momentos.

V.M.- Imagínate. Viniendo hacía acá, le venía diciendo a María (de Edere Comunicación): ¡Mira el Casino de la Exposición donde recogí el Ateneo Joven! ¡Los Alcázares! Sevilla es mi talismán literario. Es una ciudad muy literaria que acogió a la Generación del 27 y para mí fue el comienzo de mi carrera novelística. Siempre que vengo en el Ave hacía aquí, me cambia hasta el estado de ánimo porque lo relaciono con la idea de venir a algo bueno. Así que cuando me dijeron que venía a promocionar la novela me alegré mucho. La Feria del Libro de aquí también es muy importante para mí.



M.G.- Un poco calurosa, ¿no?

V.M.- Eso sí. Bueno la de Madrid no es tampoco fría que digamos... Aquí tengo lectores con los que ya tengo una relación más personal. Conocí a una chica que vino a que le firmara el libro estando embarazada y ahora me va enviando fotos del niño para que vea cómo va creciendo.

M.G.- La leyenda de la isla sin voz es una historia que se fundamenta tanto en hechos reales como ficticios. Cuéntanos qué hay de verdad y de mentira.

V.M.- Pues a ver, Charles Dickens viajó por primera vez a Estados Unidos cuando tenía treinta años. Todo lo que sintió y cómo pasó del entusiasmo al desencanto está recogido en la documentación existente. Hay muchas cartas con un nivel de detalle brutal de las que me he nutrido. Sus Notas de América, que no es propiamente una novela sino una crónica o un libro de viaje, reflejan muy bien cómo fue su experiencia. Es verdad que se alojó con Washington Irving en su casa y también es verdad todas las posturas que mantenían estos dos autores tan dispares y que se ven en la novela. En Notas de América, encuentras información muy detallada: cómo eran las telas de las vestimentas, los parasoles de las mujeres,... Te puedes imaginar incluso cómo olían los Five Points y las zonas más pobres... Lo que sí me invento es el anónimo que recibe Dickens incitándole a visitar la isla de Blackwell, pero todo lo que ocurría allí dentro está absolutamente documentado, especialmente a través del libro que Nellie Bly escribió, Diez días en un manicomio. Al margen, no hay mucha más documentación de lo que pasaba en la isla, ni siquiera gráfica porque es que, incluso para los propios neoyorkinos, es una historia bastante desconocida. 

M.G.- ¿Y cómo surge la idea de esta novela? ¿Es un homenaje a la figura de Dickens?

V.M.- En primer lugar, me encuentro con la isla por casualidad y luego me encontré a Dickens dentro de ella. Fue todo muy casual. En Mitología de Nueva York ya aparece esta isla pero con el nombre actual, Roosevelt Island, un escenario muy importante de la novela. Yo viajo mucho a Nueva York porque tengo allí familia, amigos,... Voy muy a menudo y conozco bien la ciudad pero de las islas del East River no sabía prácticamente nada. No conocía su historia. Entonces un día estaba en Manhattan, enfocando Brooklyn y buscando espacios para Mitología de Nueva York, y de repente, se me coló la isla en medio. Vi unas ruinas góticas al lado del agua, todo en un absoluto estado de abandono, algo extraño porque en Estados Unidos en cuanto hay cuatro piedras lo ponen todo iluminado y con un cartel delante, y me llamó mucho la atención. 

Estuve preguntando y al final decidí coger un teleférico para visitarla. Las vistas desde el teleférico son alucinantes y precisamente es por eso por lo que la gente va allí porque después la isla no tiene nada. Total que llegamos y caminamos hasta las ruinas. Ahora las han arreglado pero en aquel momento había una alambrada por la que la gente se colaba, un cartel vencido, eran edificios de películas de terror y vimos un kiosko cerca que parecía un punto de información, pero todo muy rudimentario, y entramos. 


Las paredes estaban llenas de fotos de enfermeras vestidas con uniformes del siglo XIX caminando entre la bruma, al lado de un faro, fotos de presos con el uniforme de rayas y otra de Charles Dickens y lo primero que pensé fue ¿qué hace Charles Dickens aquí? Justo a la persona que le pregunté era la que había fundado la Roosevelt Island Historial Society, que son los que se han encargado de rehabilitar y reconstruir la historia de la isla. Esta mujer, Judith Berdy, que se enamoró de la isla hacía treinta años, había conseguido poner un kiosko de información y fue colgando todas esas fotos que le iban llegando procedente de descendientes de personas que estuvieron allí confinadas o de las enfermeras que estuvieron en la Escuela de Enfermeras,... Con toda la información recopilada ella ha hecho un libro con fotos, documentos... Hablar con ella fue muy importante y en aquel momento pensé que la isla Roosevelt sería un escenario importante para Mitología de Nueva York  en el presente pero que en el pasado, la isla que entonces se llama Blackwell, sería una historia para otra novela. Así que, fíjate cómo surgió. 

M.G.- Muy interesante todo. Estas son las casualidades de la vida que te llevan por caminos que no habías pensado. Yo imagino Vanessa que para documentarte sobre la vida personal de Dickens habrás tenido que leer biografías, ¿hay mucho escrito sobre la propia vida del autor?

V.M.- Bueno, hay una biografía autorizada que tiene casi mil páginas en la que se supone que él cuenta de primera mano a su secretario muchísimas cosas. Pero una fuente fundamental son sus cartas. Por el 200 aniversario se han publicado muchas cartas y además se han expuestos. Yo tuve acceso a muchas de las cartas no publicadas y todas ellas constituyen una documentación valiosísima sobre su forma de pensar, como lo que te comentaba antes sobre el desencanto que se lleva con Estados Unidos cuando él va pensando que se va encontrar con ese sueño liberal hecho país y se encuentra todavía una América esclavista donde aún la libertad de expresión brilla por su ausencia. La figura de Dickens como creador me interesaba mucho pero lo que más me interesaba era su capacidad de impacto en la sociedad, como defensor de los principios liberales y su capacidad para reescribir su destino, de pasar de la pobreza más absoluta a convertirse en una persona querida dentro de la sociedad victoriana del momento, muy clasista, y cómo llegó a ser un bestseller internacional y a su vez, cómo quiso ser portavoz de todos aquellos que estaban marginados, nutrirse de ellos, mirar muy profundamente dentro de la pobreza pero también para inyectar esperanza. Todo el mundo piensa que lo dickensiano es muy triste, terrible,... pero en el fondo siempre hay esperanza. Esto es lo que yo quería contar, que la esperanza siempre está ahí, que hay que luchar por los sueños y más en estos momentos en los que estamos hasta las narices de la crisis.

M.G.- En la sinopsis se dice que en la isla de Blackwell es donde Dickens gesta su novela Cuento de Navidad. ¿Hasta qué punto esto cierto?

V.M.- Todo eso pertenece a la ficción. No surge a raíz de esta experiencia. Justo al año de regresar de Estados Unidos, él publicó Cuento de Navidad y me pareció bonito retratar el proceso creativo de ese libro dentro de la historia que se narra en mi novela. Pero es todo pura invención.

M.G.- Pero lo haces tan bien con tantos guiños a los personajes de esa novela de Dickens... Es magnífico.

V.M.- De hecho todo el mundo se ha creído que Cuento de Navidad surgió así.

M.G.- Verás es que todo encaja muy bien.

V.M.- Sí, sí, pero estoy temiendo que me llamen de la Universidad de Oxford y me digan que de dónde saqué esta teoría. (Risas)

M.G.- (Risas). Pero es tan bonito... Ese director de nombre Scraugh tan parecido a Scrooge, el pequeño lisiado Tim, Marley el preso de la celda 106,... Está muy bien hecho.

V.M.- Son los alter ego. Y luego Anne Radcliffe que no pertenece a Cuento de Navidad pero que para mí es la verdadera protagonista de la novela.

M.G.- Pues fíjate que yo veo en Anne Radcliffe a Bell la enfermera de Cuento de Navidad.

V.M.- No lo había pensado, pero puede ser. Se me habrá colado en el subconsciente.

M.G.- Puede ser, sí. Leyendo tu libro había pasajes que me resultaron muy mágicos, esa misma magia que desprenden los libros de Dickens. No sé si esto lo has hecho a conciencia o te ha salido así.

V.M.- Yo creo que Dickens tenía una virtud maravillosa que se veía muy claro en algunas de sus novelas, no en las tremendamente realistas. En Cuento de Navidad, creo que es capaz de contar algo terrible, retratar la marginación de una manera brutal, pero todo a través de la fantasía, de un universo mágico. Con esta novela, me apetecía que la gente tuviera un refugio donde encontrar misterio, fantasía, una historia de amor, de amistad incondicional, de lucha,... todo en tres kilómetros cuadrados de tierra frente a un mundo donde todo está sucediendo. Quería construir un refugio donde contar un cuento antes de dormir porque en el fondo es lo que somos los escritores, cuentacuentos y nuestra responsabilidad es contar una buena historia. Yo creo que el ser humano siempre va a necesitar que le sigan contando un cuento antes de dormir y es lo que me apetecía, coger al lector de la mano, refugiarnos en la isla y contarle un cuento maravilloso lleno de magia y de hechos que realmente están sucediendo. Fabricar una burbuja de oxígeno para los lectores.

M.G.- Realmente es un cuento precioso. Por otro lado me llamó mucho la atención los capítulos en los que nos hablas del pasado de Dickens, un pasado lleno de pobreza que él recoge en sus libros, pero del que nadie, ni siquiera su esposa, tenía constancia. 

V.M.-  Es que él tenía que llevar una doble vida porque de otro modo no iba a ser aceptado. En principio no nace en una familia condenada a la pobreza tan absoluta en la que luego vive pero su padre adquirió deudas de juego, se metió en negocios sucios y termina en la cárcel de morosos. En aquella época, cuando las familias no tenían recursos para sobrevivir se iban a ocupar la celda del preso pero a Dickens y a su hermana los sacan y los ponen a trabajar. Él queda así condenado a la pobreza, a trabajar para pagar la habitación en la que vive con su hermana, lee a escondidas, se auto-educa,... Y lo que es alucinante es que llegue a los treinta años a donde llega. Por eso digo que el ser humano que hay en Charles Dickens es tanto o más interesante que el autor y obviamente, conociendo su vida, luego entiendes muchas cosas. Por esa infancia tiene que llevar una doble vida. Él nunca habría sido aceptado en la alta sociedad si se hubiera sabido algo de su infancia. 

Hay una anécdota muy simpática. Cuando él compra su casa en Londres recordó que de niño, cuando caminaba en dirección a la fábrica de betún en la que trabajaba, pasaba por esa misma casa y dentro siempre veía a los niños jugando al lado de la chimenea. Llegó a comentar que la gente que lo conoció de mayor pensaba que él se había educado así, jugando ante una chimenea como esa. Nada que ver con la realidad. Es un personaje bien curioso porque es cierto que hizo lo que quiso pero también tuvo que vivir con dos personas dentro de sí, ese niño con las manos sucias que viven en sus libros y ese escritor que era recibido como un Jefe de Estado allí donde iba.

M.G.- En tu novela retratas a un Dickens muy comprensivo, muy bueno, muy tolerante pero también muy apuesto del que muchas mujeres se enamoran, no sé si de él o de su éxito y sus libros.

V.M.- Es que él era un inglés muy elegante, bien parecido, con una voz absolutamente actoral, que iba dando lecturas de sus obras. Las damas se desmayaban a sus pies. En una época en la que no había televisión ni nada similar, los autores eran como estrellas del rock. 

En Estados Unidos pasaba algo muy curioso. Resulta que Dickens escribió por entregas su novela El almacén de antigüedades. Claro a Estados Unidos la entregas llegaban mucho más tarde que en Inglaterra y las americanas, las fans, cada vez que llegaba un barco inglés al puerto, se iban corriendo a preguntarle al pasaje británico qué había pasado con la pequeña Nell en la última entrega porque no podían esperar a que la publicación llegara allí.

Dickens era un galán. Tuvo muchas amantes. De hecho hay una historia preciosa de un amor que tuvo en su juventud. Fue su primer amor pero no le permitieron casarse con ella porque no lo consideraban de su clase. Aquello se le quedó grabado y siguió enamorado de ese fantasma toda la vida. Muchos años después, cuando ella ya tenía varios hijos, logran ponerse en contacto y mantienen una correspondencia amorosa durante años, algo que ha salido a la luz ahora, y cuando se vuelven a ver se descantan porque se han convertido en dos personas totalmente distintas. Fue una historia platónica con su primer amor. Era un romántico total.

M.G.- Algo así también le pasó a Washington Irving y lo recoges en tu novela.

V.M.- Así es. Es totalmente real. Él se enamoró, se comprometió pero la joven falleció y él siguió enamorado de aquella mujer y no quiso saber nada de ninguna otra.

M.G.- Muy fuerte.

V.M.- Eran grandes románticos.

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