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lunes, 8 de febrero de 2021

LA MUJER SIN NOMBRE de Vanessa Montfort

Editorial: Plaza & Janés
Fecha publicación: Octubre, 2020
Precio: 19,90 €
Género: narrativa
Nº Páginas: 624
Encuadernación: Tapa dura con sobrecubierta
ISBN: 9788401025006
[Disponible en eBook y Audiolibro;
puedes empezar a leer aquí]


Autora

VANESSA MONTFORT (1975) creció en Madrid. Licenciada en Periodismo, es novelista y dramaturga. Considerada una de las voces más destacadas de la reciente literatura en lengua castellana, su obra está presente en 25 países, entre ellos: Francia, Italia, Alemania, Reino Unido, Corea, Estados Unidos y toda América Latina.

Es autora de El ingrediente secreto (XI Premio Ateneo Joven de Sevilla, 2006), Mitología de Nueva York (XLII Premio Ateneo de Sevilla, 2010) y La leyenda de la isla sin voz (Premio Ciudad de Zaragoza. Mejor novela histórica del año, 2014). Con las siguientes novelas, Mujeres que compran flores y El sueño de la crisálida, confirma su éxito de crítica y público alcanzando, con esta penúltima, 24 ediciones en España y su presencia en 20 países.

Como dramaturga, es autora de una quincena de títulos estrenados dentro y fuera de España, desde Londres o Roma hasta América Latina. Su obra más reciente, Firmado Lejárraga, supone un éxito rotundo que le ha valido ser reestrenada en el Centro Dramático Nacional y finalista a los Premios Max 2020 como Mejor Autoría Teatral. Con la misma inspiración, rescata el fascinante personaje de María Lejárraga para entregarnos con La mujer sin nombre su novela definitiva. Una historia imprescindible, desconocida y emocionante. El misterio de la mujer que escribió en la sombra algunas de las obras más importantes del siglo xx y que fueron firmadas por su marido.

Sinopsis

Una traición, dos guerras y el exilio más largo: el de la memoria.

Una emocionante novela sobre el amor, la creación y la supervivencia.

La fascinante aventura de una mujer silenciada por la historia oficial... hasta ahora.

Cuando a la directora teatral Noelia Cid le encargan estrenar Sortilegio, la obra perdida del reputado dramaturgo Gregorio Martínez Sierra, decide informarse sobre ella a través de los documentos que conservó su mujer, María Lejárraga. Sin embargo, mediante su investigación Noelia no sólo se sumerge en la compleja relación amorosa entre María y Gregorio, sino que va a encontrarse con un misterio que lleva más de un siglo sin resolver.

Se verá entonces arrastrada por la vida llena de pasión, arte y feminismo de María, alguien que luchó contra viento y marea por ejercer su vocación y que vivió en primera línea los grandes hitos del siglo pasado: el Madrid literario de los años veinte, el París de la Belle Époque, la lucha política de las mujeres durante la Segunda República, el exilio tras la Guerra Civil, la ocupación de Francia por los nazis o el glamour? de la época dorada de Hollywood. Además descubriremos la versión más humana de las grandes personalidades que fueron sus amigos y colaboradores, como Juan Ramón Jiménez, Manuel de Falla o Federico García Lorca.

[Información tomada directamente del ejemplar]



No sé por dónde empezar esta reseña. Si acudo a mi bloc de notas, hay tal cantidad de anotaciones que me va suponer toda una odisea ponerlas en orden. Imagino que lo mejor será empezar por el principio, como es lo habitual en todas las cosas, y para ello, tengo que remontarme a mi relación autor-lector con Vanessa Montfort. Nuestra unión se inició en un pasado no muy lejano. En realidad, fue mi pareja el que la descubrió antes que yo. Recuerdo que por 2010 ya me hablaba de Mitología de Nueva York, novela con la que la autora madrileña ganó el XLII Premio Ateneo de Sevilla, aquel año. Pero yo no la descubrí hasta que, cuatro años más tarde, tuve la oportunidad de leer La leyenda de la isla sin voz. Aquella novela (cuya reseña puedes leer aquí) me encantó. Asomarme a parte del pasado de Charles Dickens, en sus viajes a Nueva York, y verlo pasear por la isla-presidio de Blackwell, consiguió hacerme viajar a un tiempo remoto, en el que el autor británico conoció a la enfermera Anne Radcliffe. Desde entonces, todas las novelas de Montfort han ido pasando por mis manos y, si bien es cierto que La leyenda de la isla sin voz era, hasta el momento, mi novela preferida, admito que La mujer sin nombre la ha desbancado de su posición.

La mujer sin nombre es un precioso homenaje a una mujer que lleva caminando en paralelo a Vanessa Montfort desde hace unos cuantos años. Casi se podría decir que María Lejárraga, esposa del dramaturgo Gregorio Martínez Sierra (Juventud, divino tesoro, 1908; Canción de cuna, 1911; Margot, 1913; El Reino de Dios, 1916) se ha convertido en la sombra de la novelista. De Lejárraga se ha dicho poco, y probablemente mal pero, he aquí que viene Montfort para poner las cosas en su sitio, y contar a los lectores quién era esta mujer, y qué papel jugó no solo en la literatura hispana, sino en la historia de nuestro país. 

Estructurada en dos hilos temporales, parte de la acción transcurre entre 1900 y 1974. Este bloque comienza con la pareja formada por Gregorio Martínez Sierra y María Lejárraga ya casados, y viviendo en un modesto apartamento, en Madrid. María, seis años mayor que su marido, era maestra y con su sueldo vivían, antes de que su marido se granjeara alguna fama. Esta sección recoge la vida de la pareja. Sus inicios humildes, las primeras obras escritas por Gregorio, los éxitos que llegaron con aquellos libretos más prestigiosos, los estrenos de la obras, los amigos influyentes, los viajes, los amores, las traiciones, la enfermedad, la vejez y la muerte. No quiero desvelar mucho más. Aunque más abajo os contaré algo más de María y Gregorio, la novela hace un recorrido muy exhaustivo sobre la vida del matrimonio y me gustaría que lo descubriéraisréis vosotros mismos. Solo os diré que María Lejárraga falleció a punto de cumplir 100 años y una vida tan longeva dio para mucho, para amar y odiar, para vivir enamorada o con el corazón roto, para estar en lo más alto, pero también en lo más bajo, para sobrevivir a varias guerras, para buscarse la vida, y para enfrentarse a la muerte de todos aquellos a los que en algún momento amó. 

El otro hilo arranca en el otoño de 2018, en la ciudad de Buenos Aires. Por el cementerio de la Chacarita, se pasea Alda Blanco, una investigadora de San Diego, que busca la tumba de María Lejárraga porque, aunque la dramaturga nació en San Millán de la Cogolla, sus huesos encontraron el descanso eterno en la ciudad argentina. Su intención es visitar la tumba para despedirse de la autora, tras investigar parte de su vida y tratar de darle toda la visibilidad posible, pero no hay manera de localizar la sepultura. Blanco se da por vencida, cuando recibe la llamada de una tal Noelia Cid, una directora de teatro madrileña, que busca algo de información sobre el matrimonio Martínez-Lejárraga. Cid quiere montar la obra Sortilegio de Martínez Sierra, pero no cuentan con el texto original. Solamente tienen un borrador al que le faltan hojas porque, además, es una obra que  nunca se estrenó. Algo lógico si tenemos en cuenta que un relato protagonizado por un trío gay no podía tener cabida en los teatros españoles, en plena dictadura. Noelia no sabe a dónde acudir para conseguir el libreto completo. A Gregorio no le quedan descendientes vivos, pero a María Lejárraga, sí. Noelia consigue contactar con Margarita, la ahijada de Lejárraga, y con el sobrino de aquella,  Antonio González Lejárraga. Conseguirán el manuscrito original de Sortilegio que, aunque no está completo, sí cuenta con anotaciones a lápiz y manuscritas de la mano de la propia María. No es algo descabellado porque se sabía que ella ayudaba a su marido con las correcciones de las obras. Bueno, ayudar es una manera muy sui generis de decirlo porque, lo que Vanessa Montfort se propone con esta novela es demostrar con hechos, que obras firmadas por Gregorio Martínez Sierra fueron, en realidad, ideadas y escritas por su mujer María Lejárraga, un mérito que no se le ha reconocido jamás a la dramaturga. De hecho, sigue sin reconocérsele después de que los indicios apunten en esa dirección. ¿Por qué? Vanessa Montfort, en la entrevista que le hicimos a finales de 2020, y que puedes leer aquí, dice textualmente: «a día de hoy, y por algún motivo, todavía queda alguien que le niega la autoría total de las obras a María, y le da méritos a Gregorio como autor, cuando solo lo tiene como director». Para demostrar la verdadera autoría de María Lejárraga, Montfort usará el personaje de Noelia Cid, y su equipo de dirección y reparto. Con la ayuda de Alda Blanco y de otra investigadora más, Patricia O'Connor, -ambos personajes reales-, iniciarán una investigación, que se desarrollará en paralelo a los días de ensayo y montaje de Sortilegio, espectáculo que deberá estrenarse en el teatro María Guerrero. Las investigadoras le facilitará documentación a Noelia, esta tendrá acceso a la correspondencia personal de la dramaturga, y también se entrevistará con sus familiares vivos. Todo ello en una carrera contra el reloj, justo dos meses antes del estreno de la obra, para conocer qué papel jugó María en la creación de obras como Canción de Cuna, al mismo tiempo que iremos viendo cómo se desarrolló su vida personal, cómo fue su matrimonio, o como acabó. 

Cuando estamos ante una trama que se vertebra en dos hilos, suele ocurrir que uno despunta más que el otro. Yo no me atrevería a decir esto de La mujer sin nombre. La vida de María Lejárraga fue apasionante. Por un lado, porque estamos ante una mujer que vivió momentos muy complicados, a nivel personal, social, político y económico. Como dije antes, su larga vida dio para vivir un sinfín de situaciones de todo tipo de las que, insisto, no quiero desvelar mucho. Por otro, porque junto a María y Gregorio, desfilarán personajes tan conocidos como Juan Ramón Jiménez, Rubén Darío, Ramón María del Valle-Inclán o Jacinto Benavente. De la literatura a la música con Manuel de Falla, Achille Claude Debussy, Joaquín Turina, Maurice Ravel o Isaac Albéniz.  Y luego, Pablo Picasso, Isadora Duncan, Luis Buñuel o María Guerrero. Es decir, el matrimonio Martínez-Lejárraga se codeó con lo más selecto de la época, lo que va a permitir a Vanessa Montfort hacer incursiones de cierta envergadura en la vida de algunos nombres prestigiosos del momento. Por ejemplo, me gustaría destacar el retrato que se hace de Juan Ramón Jiménez, al que veremos inicialmente con apenas veinte años, y que arroja una imagen que a mí me ha sorprendido muchísimo. El poeta de Moguer asoma entre estas páginas con un carácter un tanto bucólico e hipocondríaco. Aquejado de melancolía, conoce a Gregorio y María a su regreso del hospital del Burdeos donde fue tratado. Me ha parecido un personaje divertido, al que veremos alguna vez hablando en verso, y cuya relación con las mujeres dio lugar a algún que otro chismorreo. Montfort muestra una relación entrañable, pero a la vez esclarecedora, entre María y Juan Ramón Jiménez, al que a veces vemos un tanto gris y triste. Pero aparecerá Zenobia y para el poeta se hará la luz.

Manuel de Falla será otro personaje con mucha voz y mucho protagonismo en esta novela.  Sorprende muchísimo verlo firmar sus cartas como «don Manué, er de las músicas», un dato real. El lector conocerá el carácter de este músico, los celos que sentía por Joaquín Turina, el cariño que le tenía a María Lejárraga, y cómo se forjó su famosa obra El amor brujo.

También, el personaje de la actriz y empresaria María Guerrero me ha fascinado. Casada con Fernando Díaz de Mendoza, conde pero sin un duro, e hija de un tapicero, a María la llamaban «la Brava», lo que viene a reafirmar el carácter que se gastaba la buena mujer. La novela nos permite conocer sus inicios como actriz, cuando tan solo tenía 18 años, las obras en las que actuó, y como, a poco a poco, llegó a ser una gran empresaria cuyo nombre coronó uno de los teatros de Madrid. El relato que se hace de su funeral, es otro de los pasajes que más me han gustado de la novela. 

Y luego, Benito Pérez Galdós, descorazonadora la narración de sus últimos días, o Joaquín Turina, del que mejor no desvelo nada. Solo os diré que para mí, su relación con Lejárraga es de las más bonitas que vamos a ver en este libro. 

En cuanto al hilo narrativo que transcurre en un pasado reciente, durante el año 2018, hay que destacar toda la labor de investigación que lleva a cabo Noelia Cid. En este bloque, el lector podrá leer cartas reales de muchos de los personajes, que nos ayudan a entender lo que vivió María y Gregorio, cómo se relacionaron con los demás, y lo que ocurrió durante aquellos años. La lectura de la documentación y las cartas que manejan Cid y su equipo permite que cada uno de ellos vaya aportando su visión de los hechos, y a formular diversas teorías sobre la autoría de las obras firmadas por Gregorio, si María simplemente fue una colaboradora y/o correctora, o, si por el contrario, ciertos libretos salieron de la cabeza de Lejárraga. Más allá de la información facilitada por Blanco y O'Connor, también entrará fugazmente en escena otro investigador más, Ismael, con el que Noelia hará un gran descubrimiento, por no hablar de lo que averiguará en sus conversaciones con los descendientes de María que aún siguen con vida. Bueno, Margarita, no. Vanessa Montfort contó en la entrevista que la ahijada de María Lejárraga había fallecido no hacía mucho tiempo.

Pero, ¿cómo era realmente María? Por apuntar algo, os diré que era una apasionada del teatro desde muy pequeña. No tenía instinto maternal. De hecho, ni siquiera mostró ningún interés por las muñecas, cuando era pequeña. En su lugar, invertía su tiempo en jugar con un teatrillo: «con sus bambalinas, los actores de cartón empalados en alambre para hacerlos desfilar por el escenario...»que sus padres -el médico de pobres, Leandro, y su mujer Natividad-, regalaron a su primogénita. Como se suele decir, de casta le viene al galgo.



En cuanto a Gregorio Martínez Sierra, me ha resultado muy curiosa la transformación que el personaje va sufriendo. En los inicios de su relación con María era un hombre enfermo y enfermizo. Aquejado de tuberculosis, tenía una salud delicada, tosía con frecuencia y se tenía que valer de un bastón para caminar, lo que aún daba un aspecto mucho más avejentado que el que ya ofrecía su físico, de por sí. Pero, posteriormente va recuperando la salud, irá logrando cierto éxito primero, bastante éxito después, se codeará con unos y otros, estrenarán sus obras aquí y allá y,... Lo dejo ahí. Solo os diré que a mí este hombre me ha caído realmente mal.  

¿Y cómo era la relación entre ambos? Bueno, desde el principio veremos a María muy enamorada de su marido, al que llamaba «mi muñeco», pero claro, la relación entre ambos se fue deteriorando cada vez más, por ciertos asuntillos que ya descubrreis al leer la novela, y llega un momento en el que María lo aborrece. No es para menos. 

Pero si hay una pregunta que flota a lo largo de toda esta historia es la siguiente: ¿por qué María, siendo una mujer como fue, que luchó por otras mujeres, permitió que su nombre quedara relegado a la sombra? Son varios los motivos que se manejan. Algunos de ellos los veremos puesto en boca de la propia María y otros, se nos darán a conocer a través de las conclusiones a las que llegan el equipo de Noelia, después de leer la documentación y las cartas de la dramaturga. Se habla de convencionalismos sociales, de amor, o incluso de renuncia, con tal de que ciertos escritos lleguen más lejos. Me refiero a unos textos centrados en el feminismo que, aunque escritos por María, convenía que estuvieran firmados por un hombre. Pero claro, como dije en el párrafo anterior, el amor se rompe y es entonces cuando María, ya en el exilio, lucha por lo que le pertenecía, más por una cuestión de subsistencia que por justicia.



Vanessa Montfort teje y teje una preciosa novela, como si fuera la propia Ariadna, llena anécdotas maravillosas, curiosidades (ojiplática me quedé al leer lo acontecido con Mata Hari), chascarrillos, que salpican tanto a los personajes principales como a los más secundarios, enlazando los capítulos de un hilo temporal con el siguiente del otro, de tal manera que la transición de un tiempo a otro es suave y casi imperceptible. Pero, en La mujer sin nombre, no todo es literatura o música. También tiene cabida la política. La trama del pasado cruza por la Primera Guerra Mundial o la guerra civil española, aunque no hay profundidad en los conflictos bélicos. Lo que sí vamos a ver es a una María Lejárraga muy comprometida con su tiempo. Miembro del Lyceuum Club«primer club de mujeres para el desarrollo intelectual y su participación en la vida política», al que también pertenecían otras mujeres como Victoria Kent, Clara Campoamor, Elena Fortún, María de Maeztu o Zenobia Campubrí,  lucharon por el voto femenino y por otorgar a la mujer voz, hasta el punto de llegar a convertirse en parlamentarias.

¿Qué más os puedo contar de esta novela? Pues que el teatro es la base sobre la que se sustenta la trama. Sin el teatro, esta novela no habría nacido. La mujer sin nombre hace un recorrido por los autores, las obras y los cronistas de la época. Se hará referencia al machismo que se estilaba (y estila) entre bambalinas, o a los rifirrafes que se producían entre autores como Benavente y Valle-Inclán. Por otra parte, Montfort recrea muy bien la tensión en las reuniones de antesala, los diálogos que podrían haberse producido perfectamente entre novelistas, dramaturgos o gente del mundillo del teatro, que me han parecido especialmente vívidos. También el ambiente que se vivía en Madrid o en París está muy bien recreado, con esos cabarets parisinos llenos de música, humo y alcohol, con las vedettes, las faldas de colores y la piel desnuda impregnándolo todo. Porque, hago aquí un inciso, no podemos olvidar los distintos escenarios por los que se mueven los personajes. Ciudades como Madrid, Granada, Tánger, París, Bélgica, Niza y Buenos Aires están retratadas lo justo para que el lector se sitúe y, en algunas de ellas, sucederán los hechos más hermosos de esta novela.

Haciendo una clara alusión a la profesión de Lejárraga, la novela cuenta con algunos recursos que recuerdan al teatro. Nada más abrir las páginas del libro, nos encontramos un dramatis personae, dividido en dos partes.  Por un lado, los personajes que transitan por el pasado. Por otro, los que asoman en el presente de la novela. Todo ello ordenado según el orden de aparición. De igual modo, la novela se estructura en tres grandes bloques, que corresponden a tres actos. Por regla general hay una alternancia de capítulos, aunque no ordenada. No obstante, y a medida que vayamos avanzando, podemos encontrar los dos hilos mezclados en el mismo capítulo.

Escrita en tercera persona, Montfort muestra una especial habilidad a la hora de transportar al lector al momento y al lugar en el que vivió María Lejárraga. Sin ocupar una posición determinada y determinante, la autora expone los hechos y nos conduce a las conclusiones por boca de sus personajes. Sin duda, se nota el cariño que Montfort siente por María Lejárraga, cuya defensa de su obra  

He hablado mucho, muchísimo de La mujer sin nombre. Probablemente, alguno de vosotros me dirá que demasiado, pero no es verdad. Lo último de Vanessa Montfort no es una novela, son muchas novelas en una, y lo que os he contado es solo la punta del iceberg. Con tantos personajes reales y ficticios, con tantos escenarios, y tan dilatada en el tiempo, os podéis imaginar que la novela es de largo aliento, y ahonda en muchísimos más asuntos y cuestiones de los que, ni siquiera he hecho una mera mención. Como se recoge en la biografía de la autora que acompaña esta reseña, La mujer sin nombre es la novela definitiva de Montfort, yo así lo veo. Y sinceramente, no me gustaría estar en su pellejo. Bueno, hoy sí, pero mañana, no. Ha puesto el listón tan alto que no sé cómo se las va a apañar para sorprendernos con una novela mejor que esta. La mujer sin nombre ha sido para mí la mejor lectura de 2020. Soy muy reacia a poner etiquetas de este tipo a mis lecturas porque siento que menosprecio otras que también me han gustado mucho, por ejemplo, Postales del este de Reyes Monforte. Pero es que, La mujer sin nombre me ha parecido soberbia, muy compleja pero perfectamente engarzada, de tal manera que el interés del lector no va a decaer en ningún momento. No recuerdo ningún pasaje que se me haya hecho arduo, pesado, o de relleno.

Poco más os puedo contar. Bueno, os podría contar mucho más pero lo dejo aquí. Solo me queda recomendaros la lectura de esta novela, que ha conseguido acercarme a la figura de una gran mujer, como fue María Lejárraga. Y, de paso, también se le ha hecho justicia.

Por cierto, que la novela tiene su propia lista de Spotify que recoge todas las obras musicales que se mencionan en el texto, «además de aquellos temas que han servido a la autora de inspiración durante su escritura».

[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

Puedes adquirirlo aquí:


martes, 22 de diciembre de 2020

VANESSA MONTFORT: 'Gregorio Martínez Sierra era el seudónimo de María Lejárraga'

Me gustan las novelas de Vanessa Montfort. En casa la conocimos con Mitología de Nueva York, obra que se alzó con el Premio de Novela Ateneo de Sevilla, en 2010. Desde entonces hemos sido fiel a sus publicaciones, pasando por nuestras manos La leyenda de la isla sin voz, Mujeres que compran flores y El sueño de la crisálida. Confieso que aquella novela, cuya trama transcurría en una isla por la que Dickens se paseaba a mediados del siglo XIX, y que con tan buen acierto nos relató Montfort, era, hasta el momento, mi favorita. Hasta el momento. Porque Dickens ha sido levemente desplazado por una mujer española, cuya vida me ha parecido absolutamente fascinante. Me refiero a María Lejárraga, la esposa del escritor Gregorio Martínez Sierra, y cuya vida, la novelista madrileña, ya mostró al público en la obra de teatro Firmado Lejárraga. Alrededor de la figura de María Lejárraga ha habido siempre mucho misterio. Entre los círculos literarios se comentaba que ella colaboró con su marido en la escritura de obras como Canción de cuna, llevada al cine en 1961 y, posteriormente por José Luis Garci, en 1994 ¿Pero qué hay de verdad en todo eso? ¿Realmente colaboró con el marido o hubo algo más? 

Esta novela, la última de Vanessa Montfort, y que tiene como protagonista a una de las primeras dramaturgas españolas, se titula La mujer sin nombreSin que me tiemble el pulso, puedo decir que ha sido mi mejor lectura de este 2020. Pero antes de que os hable con detalles de la novela, os dejo con la entrevista a la autora.

[@Asís Redes]

Marisa G.- Vanessa, felicidades. Qué novela más bonita, qué historia más apasionante. Mira que me gustó La leyenda de la isla sin voz que, hasta la fecha, era mi novela preferida, pero es que con esta te has superado a un nivel brutal.

Vanessa M.- Muchas gracias. No te imaginas lo que me alegra oírte decir eso, porque la escribí en estas circunstancias tan complicadas, como te puedes imaginar. El personaje de María Lejárraga me ha atrapado tanto, que me he dejado el corazón en esta novela. Ha habido momentos en los que me he reído, otros en los que he llorado, y eso, al final, se nota. Con esta novela me ha pasado lo mismo que con La leyenda de la isla sin voz, pero a la española. Porque la novela es muy española, muy cercana. En definitiva, ha sido un viaje muy emocionante.

M.G.- Pero, ¿en qué momento se cruza el nombre de María Lejárraga en tu vida? ¿Recuerdas ese instante en el que dijiste, la historia de esta mujer la tengo que contar?

V.M.- Pues fue como ocurre con las grandes historias de amor. María llegó a mi vida por azar. El director del Centro Dramático Nacional, Ernesto Caballero, me llamó para hacerme un encargo. Me explicó que querían rescatar y dar voz a cuatro mujeres de las artes escénicas. Habían pensado que yo me podía encargar de María Lejárraga. Cuando me dijeron eso, el corazón se me salía por la boca. Yo ya había escuchado hablar de esta mujer, y siempre me había parecido muy interesante, pero hasta que no me he sumergido bien en su vida, no he comprendido realmente la importancia de esta mujer, hasta dónde llegaba su papel como autora de diversas obras. Con María Lejárraga se habían escuchado campanas, y siempre se había comentado que había ayudado a su marido, a Gregorio Martínez Sierra, a escribir sus obras, pero se decía que fue en las obras más tempranas, o que unas sí y otras no. Sin embargo, lo que yo me encuentro es absolutamente diferente. 

M.G.- Para ello, habrás tenido que hacer una labor importante de documentación. Buena parte de esa inmersión que haces en la vida de María la vamos a ver y a apreciar en la novela, donde incluso aparecen otras dos investigadoras que han centrado sus estudios en Lejárraga.

V.M.- Sí. Me he basado en investigaciones muy serias. Concretamente, en todo lo que investigó Patricia O'Connor, que también siguió el rastro de María, y también en la investigación de Alda Blanco. Ambas aparecen en la novela. Cuando me marché a vivir a Nueva York, para emprender una investigación para la Universidad de Columbia, contacté con estas dos investigadoras. Y posteriormente, en unas vacaciones en Madrid, contacté también con los parientes vivos de María Lejárraga. Me fui colando por los porches de la Plaza de Oriente porque había visto en la guía que había unos Lejárraga por allí. No sabía si eran descendientes o si seguían vivos. Según mis cálculos, de ser descendientes, tenían que tener cien años. Y así era. Margarita, sobrina de María, que desgraciadamente nos dejó hace dos meses, fue la gran recuperadora y la que guardó todas las pruebas de ese secreto que María no quiso llevarse a la tumba, esas cartas en las que se contaba la verdad. Si María no hubiera querido que la verdad se supiera, hubiera destruido todas esas cartas. Y también pude hablar con Antonio González Lejárraga, el sobrino nieto de María, que ya se ha convertido en un gran amigo. Con todos estos contactos, fui tirando de un hilo que ya existía, que no había tenido notoriedad en el mundo académico, ámbito en el que, a día de hoy, y por algún motivo, todavía queda alguien que le niega la autoría total de las obras a María, y le da méritos a Gregorio como autor, cuando solo lo tiene como director. 

Lo que me propuse en su día con Firmado Lejárraga y ahora con esta novela, es llevar al público la figura de María Lejárraga para demostrar con pruebas que ella es la autora de noventa obras, y no su marido.

M.G.- Claro porque ahí está el quid de este misterio. Se habla de colaboración cuando, en realidad, habría que hablar de autoría.

V.M.- Exacto. En el mundo académico no se niega la colaboración de María en las obras de su marido. De hecho, hay un documento firmado por el propio Gregorio que así lo reconoce. Hay gente que dice que algunas obras las escribió únicamente él y otras en las que participó María. Bueno, estoy segura de que eso no es así. Hay cartas de Gregorio Martínez Sierra que ellas se llevó al exilio. Si las lees de forma seguida, te das cuenta que en ellas su marido confiesa que no es el autor literal. Cuando ya se habían separado y María estaba en el exilio, hay una carta en la que Gregorio le cuenta a María que está empezando a escribir con otros colaboradores porque ella ya no quiere escribir para él. En otra le dice que está probando a escribir él y que empieza a perderle miedo a los diálogos. Es más, después de separarse, la prensa no dejaba de preguntarse por qué Gregorio no estrenaba  nada nuevo y solo hacía reposiciones. Pero si hasta le llegó a pedir a un amigo que le escribiera el obituario para Torcuato Luca de Tena. Y encima le decía a esa persona que se diera prisa, que si tardaba mucho la familia se iba a molestar con él.

M.G.- (Risas) A ese punto llegaba.

V.M.- Es que Gregorio Martínez Sierra era el seudónimo de María Lejárraga. Hay que entenderlo desde esa perspectiva. Otros autores eligen un nombre inventado, como George Sand, un seudónimo que no da ningún tipo de problemas al verdadero autor porque, al no ser un ser vivo, no se puede morir, ni hay posibilidad de divorcio, ni puede dejar embarazada a otra, ni se acostumbra a ser un gran autor, sin dar las gracias al verdadero creador.

M.G.- Pero María luchó muy poco porque se le reconociera su nombre. Y me chocó mucho porque era una mujer que luchaba por los derechos de las mujeres, y se codeaba con Victoria Kent, con Clara Campoamor, con un montón de mujeres interesantes en ese delicioso Lyceum Club.

V.M.- Luchó mucho en los últimos años.

M.G.- Sí, pero antes no. De hecho, tiende a excusar a Gregorio ante sí misma. ¿Lo hacía por amor? ¿Estuvo siempre enamorada de Gregorio, a pesar de todo lo que él le hizo?

V.M.- No, no, en absoluto. El desamor llega. Creo que hay dos cuestiones que debemos tener en cuenta. Por un lado, María tiene una relación materno-filial con Gregorio, y sobre esto me dio la razón la propia Margarita. Él era seis años menor que ella, algo muy curioso para la época. Además, era muy enfermizo. En las cartas se puede leer cómo él le daba auténticos partes médicos a María. Le hablaba de sus dolores con minuciosidad e incluso le da información sobre los análisis que le habían hecho sobre su materia fecal. María, estando ya separada de Gregorio, seguía llamándolo "mi muñeco". Creo que ella lo protegió toda su vida porque era un ser mucho más débil que ella, en lo psicológico. Gregorio era una persona que se deprimía con frecuencia aunque luego, en lo social, era muy chisposo, pero había que animarlo. Al considerarlo débil, María le perdona cosas como se le perdonarían algunas cosas a un hijo.




Desde luego, la mejor invención de María Lejárraga fue su propio marido como autor. Ese es el mejor personaje que ella escribe. ¿Cómo se para eso? ¿Qué dices cuando te separas? Si ella hubiera declarado que era ella la que escribía, hubiera destruido a Gregorio pero también se hubiera destruido a sí misma. Ten en cuenta que no solo estaba protegiendo la dignidad de él, sino también la de ella. Si hay algo más imperdonable que ser mujer y escritora en la época, era ser negro literario. De hecho, aún lo es hoy día. Uno no puede salir de repente y decir que ha escrito parte de la obra de tal autor. Ahí te enfrentas a dos cosas. La primera es destruir al supuesto autor. Y María no era capaz de destruir a nadie. Por eso, cuando ella le reclama cosas a Gregorio, lo hace en documentos privados o desde el extranjero. Y lo hace por una cuestión de supervivencia. Porque cuando Gregorio se lía con Catalina, la primera actriz del momento, y tiene una hija con ella, María se da cuenta que, al existir una heredera, tiene que protegerse. Es más, es que Gregorio ni siquiera menciona a María en su testamento, aunque ella tenía documentos privados en los que se le reconocía derechos de autor. 

Y segundo. Cuando María escribe sus memorias, Gregorio y yo, y se declara colaboradora de su marido, el libro solo se publica en México. En España se prohíbe y encima la ponen a caer de un burro. Nunca la creyeron y alegaban que, a un hombre de la talla de Gregorio Martínez Sierra, no le hacía falta que una mujer le escribiera las obras. Lo más bonito que dicen de María fue algo así como, a nosotros nunca nos gustó María Martínez Sierra, ni a su marido tampoco. Esa declaración está publicada en la prensa española, cuando María escribe Gregorio y yo. Así que, no es que María no luche. Es que ese día, ella se da cuenta que es una batalla perdida. 

María se muere seis meses antes de cumplir los cien años, traduciendo a Pirandello, y leyendo Tirano Bandera, más lúcida que tú y yo juntas. Y todas esas cartas en las que se reconocía su autoría, las guarda en un baúl. Un baúl que viaja a España, porque ella muere en Buenos Aires, y llegan a mano de su sobrina Margarita. En esas cartas se puede ver cómo Gregorio le hacía peticiones a María, obra por otra, acto por acto. Y te digo más, él firmaba traducciones de obras de otros autores a idiomas que desconocía. Pues bien, todas esas pruebas que te comento, María opta por guardarlas hasta que llegara un momento más propicio para la mujer. Así que, en vida, lucha hasta donde puede luchar, pero es que tampoco podía hacer como las moscas, darse porrazos contra un cristal. Mientras él estuvo vivo, ella respetó a Gregorio. Sin embargo, tras su muerte, estando María en el exilio, y con los derechos en manos de Catalina y su hija, María empezó a reclamar lo que le pertenecía, por una cuestión de supervivencia.

M.G.- Estamos hablando constantemente de cartas. Hay muchas cartas en la novela, misivas entre María y Gregorio, o entre María y otros personajes, como Juan Ramón Jiménez. ¿Son todas auténticas?

V.M.- Sí, lo son. Absolutamente. Todas las que se recogen en la novela lo son. Cuando se manejan cartas reales, tienes entre tus manos al autor de las mismas en estado de desnudez. También he visto cartas de Falla en las que él le comentaba a María que había escrito una "musiquilla". Y firmaba como "don Manué, er de las músicas". La primera vez lo leí me mataba de la risa.

M.G.- (Risas) Es verdad. Yo también me quedé atónita. Es muy divertido.

V.M.- Es buenísimo. Pero en esto de las cartas influyó muchísimo que María y Gregorio se separaran. Claro, cada uno tiró por su lado. Él se iba de gira y ella se refugiaba en Niza. La única manera que tenían de comunicarse era por cartas y ahí quedó registrado buena parte de todo lo que ocurrió entre ellos y todo lo relativo a las obras. Son un testimonio escrito. Si no se hubieran separado, seguramente no hubiéramos sabido nada de la autoría de María Lejárraga. Por eso, hay quien afirma que las primeras obras sí las escribió Gregorio porque, como estaban juntos, no hay pruebas por escrito que demuestren lo contrario. Aunque sí las habrá más tarde, cuando hablen de esas obras en el futuro. 

Además las cartas son muy importantes por otro motivo. Cuando uno escribe, usa giros que le son propios. Luego, esos mismos giros se los puede llegar a prestar a los personajes de una obra. Es decir, podemos encontrar conexiones entre las cartas escritas por María y la forma de expresarse de algunos personajes de las obras de su marido. Por no hablar de otra cuestión también muy curiosa. Mira, Granada, guía emocional, que se considera una obra maestra, supuestamente está escrita por Gregorio, que se basó en las memorias infantiles de los veraneos de María en Granada. ¿Tú te crees que eso tiene sentido? O, por ejemplo, con Canción de Cuna o El Reino de Dios, la crítica alabó la capacidad de mimetización de Gregorio con los personajes femeninos y ensalzó el trazado que el autor hace de las monjas de clausura. A ver, María tenía una hermana monja y fue María la que se interna en el convento, como ella misma recoge en sus memorias, para averiguar cómo era la vida de clausura. Es decir, la vida, los recuerdos, y todo el universo de María están en las obras que firmó Gregorio, desde la primera a la última. Así que, en realidad, no hay que demostrar la autoría de María Lejárraga. Es Gregorio Martínez Sierra el que tendría mucha dificultad para demostrar la suya. 

M.G.- Sin embargo, cuando Canción de cuna se estrena en Nueva York, en el cartel sí aparece el nombre de María.

V.M.- Sí. Eso es algo que me sorprendió muchísimo. Mira, durante once años existió un trío amoroso entre Catalina, Gregorio y María. Él se encontraba en el vértice de ese triángulo. Por un lado, tenía a Catalina, que no podemos olvidar que fue otra víctima más, y que amenazaba con abandonar la compañía de Gregorio si él no se separaba de su esposa. Y por otro, tenía a María, la mejor escritora de teatro de la época. Él no era tonto, y sabía que no podía prescindir de ninguna de las dos. Entonces, ¿qué hizo? Si Catalina no se hubiera quedado embarazada y María no lo hubiera obligado a reconocer a su hija, él hubiera continuado con María porque le compensaba. Gregorio no quería enfadarla porque necesitaba tener una buena relación con ella. 

Cuando definitivamente se separan, toda la obra de Gregorio había alcanzado un éxito brutal. Y fíjate qué curioso. Me doy cuenta que, el momento en el que Gregorio firma ese documento privado en el que reconoce que todas sus obras están escritas en colaboración con María, coincide con el instante en el que la República reconoce a los hijos ilegítimos, otro de los asuntos a favor del cual luchó María. Pero claro, ella se da cuenta que, con el nacimiento de esa niña, será esa hija ilegítima la que herede todos los derechos de autor. Por lo tanto, llegan al acuerdo de que únicamente las obras que se estrenen en el extranjero serán firmadas por los dos. De este modo, María se garantiza recibir esos derechos en el extranjero. ¿Y por qué solo en el extranjero? Pues porque no había Internet. Si se estrenaba algo en Estados Unidos bajo tal o cual nombre, difícilmente llegaría esa noticia a España.

M.G.-  Tremendo todo lo que montaron. Pero Vanessa, esta novela es más que una novela. Hay partes en las que no solamente te centras en María, sino que te sumerges profundamente en la vida de otros tantísimos personajes. Aparece Falla, Turina, Jacinto Benavente, Juan Ramón Jiménez y Zenobia, María Guerrero,... Profundizas muchísimo en la vida de otros  personajes con los que ella se codeó.

V.M.- Me parecía muy interesante hacerlo así. Era necesario con un personaje como María, que llegó a vivir casi cien años y siempre estuvo en el momento justo, viviendo los momentos históricos del siglo, en el epicentro, y conociendo a los protagonistas de ese proceso. No la podía separar de ese ambiente, porque ella también se explica a través de su relación con otros personajes. Tenía relaciones muy estrechas con algunos. Por ejemplo, Juan Ramón Jiménez dejó escrito de su puño y letra un poema en el propio diario de María. También hay fotos con Lorca, o con Stravinski, escritas por detrás. María es un personaje que te puede llevar de la mano a conocer a Galdós, que además fue el mentor de la marca Martínez Sierra, a Manuel de Falla, a María Guerrero, a Clara Campoamor. A todos ellos, los he estado escuchado hablar con si estuviera mirando por un agujerito de la Historia, en su faceta más humana, cuando todavía no sabían qué papel les reservaba el destino. Es muy bonito sacarlos de la enciclopedia y que esos nombres desciendan a un nivel en el que los podamos ver como seres humanos, con la falta de timón emocional que tenemos todos, con sus contradicciones, con sus problemas de amores. Me parecía interesante retratar cómo se tuvo que enfrentar Benavente a la homosexualidad de la época, cómo Manuel de Falla soñaba los primeros acordes de El amor brujo, junto a María, o como de repente cree que ha contraído la sífilis, solo porque ha pasado un tiempo en París en actitud un tanto díscola.

M.G.- De todas esas relaciones de María con otros personajes, la que mantiene con Turina es absolutamente preciosa. Ese viaje que hacen juntos es una maravilla.

V.M.- Esa parte me gustó mucho escribirla. Es verdad que en ese pasaje, hay bastante ficción, pero documentada. En la obra de teatro, ya me atreví a que medio se enamoraran platónicamente. Recuerdo que entre el público estaban los descendientes reales de los personajes y nadie se enfadó. Los Turina salieron encantados, llamando abuelo a Gerald Filmore, al actor que hacía del compositor Joaquín Turina. Sus nietos, Joaquín y José Luis Turina, me confirmaron algo que yo ya sabía, que hubo muchos celos entre Turina y Falla pero, a la vez, eran grandísimos amigos. De hecho, Falla fue padrino de algún hijo de Turina. Y luego también me dijeron que, con la Lejárraga, podía haber tenido algo más que palabras. Así que me dieron rienda suelta para que los enamorara definitivamente. 

Por otra parte, era muy extraño que una mujer casada viajara con otro hombre, cuando ni siquiera se podía subir a un coche con alguien que no fuera ni su marido, ni su hermano, ni su padre. Y María hizo un viaje con Falla primero y luego con Turina. Con Falla no, pero es que ves a Turina y oye, era otra cosa distinta (Risas). Con él, ella se va a recorrer Tánger y él le dedica una sonata a su risa, que pone del revés a Manuel de Falla. María cuenta con mucha risa cómo Falla rompe en sus narices la partitura que él le había dedicado del Pan de Ronda, y monta una zapatiesta tremenda. Se enfada muchísimo porque decía que Turina iba a deshonrar a María. Y por si eso fuera poco, cuando Falla estrena El amor brujo, ni María ni Turina se presentan. Estaban juntos en ese viaje y, aunque al principio le dijeron a Falla que llegarían a tiempo para el estreno, al final no aparecen. Solamente hay un motivo por el que una autora se perdería un estreno como ese (Risas). 

M.G.- (Risas) Qué buena escena esa. Bueno, Vanessa, no te quiero robar más tiempo. Me llevaría un par de horas más  hablando de esta novela porque hay mucho de qué hablar. Y te insisto, felicidades porque es un novelón. Ojalá podemos vernos pronto para seguir hablando de ella. 

V.M.- Muchas gracias. Me encantaría verte, de verdad. Hay un club de lectura en Sevilla que siempre quiera que vaya, Con esto de la pandemia, la editorial ha restringido mucho los viajes de promoción y lo ha hecho con mucho acierto. A ver si, a primeros de años, puedo escaparme y me paso por Sevilla.

M.G.- Te estaré esperando. Muchas gracias, Vanessa.

V.M.- Gracias a ti.

Sinopsis: La fascinante aventura de una mujer silenciada por la historia oficial... hasta ahora.

Cuando a la directora teatral Noelia Cid le encargan estrenar Sortilegio, la obra perdida del reputado dramaturgo Gregorio Martínez Sierra, decide informarse sobre ella a través de los documentos que conservó su mujer, María Lejárraga. Sin embargo, mediante su investigación Noelia no sólo se sumerge en la compleja relación amorosa entre María y Gregorio, sino que va a encontrarse con un misterio que lleva más de un siglo sin resolver.

Se verá entonces arrastrada por la vida llena de pasión, arte y feminismo de María, alguien que luchó contra viento y marea por ejercer su vocación y que vivió en primera línea los grandes hitos del siglo pasado: el Madrid literario de los años veinte, el París de la Belle Époque, la lucha política de las mujeres durante la Segunda República, el exilio tras la Guerra Civil, la ocupación de Francia por los nazis o el glamour? de la época dorada de Hollywood. Además descubriremos la versión más humana de las grandes personalidades que fueron sus amigos y colaboradores, como Juan Ramón Jiménez, Manuel de Falla o Federico García Lorca.


jueves, 2 de mayo de 2019

VANESSA MONTFORT: 'Con esta novela tengo la sensación de que cierro una etapa y abro otra'

Se me acumula el trabajo de los últimos meses. En muy poco tiempo, he tenido un buen número de encuentros con autores que, poco a poco voy publicando por aquí. Así que hoy le toca el turno a Vanessa Montfort, una mujer todoterreno con la que he tenido el gusto de hablar en más de una ocasión. Conversar con ella es de los momentos más gratos que me proporciona este mundo porque tiene una alegría innata muy contagiosa y siempre está embarcada en múltiples proyectos de los que te habla con muchísima ilusión. Con respecto a sus novelas, acostumbra a construir historias que embelesan, con personajes de los que siempre se puede aprender mucho. Hoy hablamos de su última publicación, El sueño de la crisálida, una historia que a Vanessa le llegó como testimonio y confesión, con lo que os podéis imaginar que está basada en un hecho real, las vivencias de una mujer dentro de una orden religiosa de la que fue expulsada. Si no la habéis leído os recomiendo que lo hagáis ya porque la vida de Greta, así como su transformación, bien merece la pena conocerla. 

Marisa G.- Vanessa, antes de entrar en materia, ¡enhorabuena por las veintidós ediciones de 'Mujeres que compran flores'!

Vanessa M.- Gracias. Cuando hicimos la entrevista, cómo nos íbamos a figurar nosotras que esto iba a ocurrir.

M.G.- Es que aquella historia era muy inspiradora y luego tiene ese título tan bonito..., porque, ahora que lo menciono, ¿tú de dónde sacas estos títulos tan preciosos? 'La leyenda de la isla sin voz, Mujeres que compran flores, El sueño de la crisálida,... Son todos muy atractivos. 

V.M.- ¿Te gustan? Pues para mí es un verdadero trauma. Empezar una novela y sobre todo terminarla, se me da muy bien pero los títulos,... Es que le doy cien mil vueltas. Es lo único que no me sale de primeras.

M.G.- Pues te costará pero luego te quedan genial. Bueno, hablamos de 'La crisálida...' Empecé a leer la novela y a las dos páginas anoté en mi bloc: 'Da la sensación que la historia es real, que la ha vivido'. Y te juro que lo escribí sin saber leído ninguna declaración tuya.

V.M.- Bueno, ya nos conocemos un poco... Efectivamente, esta historia la he vivido. 'El sueño de la crisálida' recoge el relato que me contó una persona real que, en ese momento, no sabía que yo era escritora y me cuenta su vida como la gente cuenta sus cosas. Hay mucha gente que te dice que tiene una vida de novela o que es un personaje literario en sí pero no es verdad. La mayoría de nosotros no somos personajes literarios, ni yo misma pero Greta sí. Así que esta novela tiene una importante dosis de realidad, como también lo tiene Patricia, la mujer a la que Greta le cuenta su historia en la novela. Es la primera vez que me decido a construir un alter ego propio. A Patricia le he prestado muchas cuestiones mías pero era necesario porque en la historia de Greta, que ha sacado mi vocación periodística, he mezclado realidad y ficción, y en esa realidad me he metido yo misma.

Lo que me llamó la atención de esta historia es poder hablar de un tema del que se ha hablado muy poco, como es la situación de la mujer dentro de la Iglesia, su falta de valoración y su invisibilidad. Más allá de eso, hubo otras dos cuestiones con las que empaticé mucho, primero con la idea de poder contar lo que ocurre intramuros y segundo, la fase de reconstrucción a la que tiene que someterse Greta, todo lo que tiene que hacer para empezar a vivir en nuestro mundo porque ella viene del interior al exterior. En cambio, a Patricia le pasa justo lo contrario. Patricia está en el exterior y pocas veces ha viajado a su interior. Lo va a hacer de la mano de Greta y va a terminar cuestionándose su estilo de vida. 

El acoso y derribo que ha vivido Greta es brutal. Según me contaba su historia dejé de verlo como algo asociado a su condición de religiosa. Me di cuenta que, en realidad, lo suyo era un acoso laboral al uso, algo que yo también había vivido. Lo he vivido yo como lo han vivido casi todas las personas de mi alrededor o las que voy conociendo, o bien tienen gente cercana que lo ha vivido. Me dije que igual era el momento de hablar de este tema y de ver por qué se está hablando tanto de cualquier tipo de maltrato sistemático. Esa llama del periodismo se me agita porque es una historia de interés humano, es una historia de las que a mí me interesan porque hacen un retrato social, algo que tiene siempre mis novelas y mis obras de teatro, historias que tienen algo que contarnos sobre nuestra sociedad. 

M.G.- Y tiene que contarnos mucho porque, por un lado, abordas esa lacra social del acoso laboral y por otro lado, nos muestras a la Iglesia, inmersa en tantos casos de abusos últimamente. Se conocen muchas historias de niños abusados pero no de niñas o mujeres. En este sentido, tu novela es una pieza más de la oscuridad de la Iglesia.

V.M.- Y también de la impunidad. Conste que mi familia es católica y ha leído la novela. De momento, nadie se me ha enfadado aunque podría ocurrir. Pero no se trata de poner ahora a la Iglesia en el punto de mira, no es que se quiera denunciar que estos sucesos ocurren en la Iglesia. Lo que se pretende es constatar que también (y recalco el 'también') ocurren dentro de la Iglesia. Creo que no deben de existir islas donde no se pueda mirar, ni islas, ni países, ni comunidades religiosas, ni nada. Cuanto más tiempo pasemos sin mirar en un sitio que nunca se ha mirado, peor porque ahí pasan cosas. Lo mismo ocurre con nuestro interior. Cuanto más tiempo pasemos sin mirar dentro de nosotros, también peor y esta es otra de las partes de la novela, quizá la más importante. Hay que mirar en nuestro interior. 

M.G.- Patricia y Greta son los personajes principales, dos mujeres aparentemente muy distintas pero, en realidad, no lo son tanto.

V.M.- Es que, en esencia, todos los seres humanos nos parecemos muchísimo. Si nos diferenciamos es en cosas muy superficiales pero ya está. Lo que pasa es que no nos enseñan a aceptar la diversidad. A todos se nos llena la boca cuando hablamos de la diversidad y manifestamos que hay que entenderlo todo pero es mentira. La mayoría, por lo general y a priori, rechazamos lo que es totalmente distinto a nosotros aunque la diferencia sea mínima. Cualquiera que salta del plano, ya sea por su color, o porque es más alto, o más bajo, o lo que sea, nos empeñamos en recortar la pieza del puzle para hacerla encajar a toda costa y si no encaja, la atacamos. ¿Y cuándo no se ataca al diferente? Pues cuando ha obtenido reconocimiento social. En ese caso se acepta todo, cualquier rareza, cualquier extravagancia, pero llegar ahí es todo un calvario, y es el que viven algunos personajes de la novela. 

Como siempre, hablo de la oscuridad desde la luz porque no me apetece deprimirme ni deprimir a los lectores pero sí quería hacer una radiografía o una crítica social, con su pizca de humor a veces y con su profundidad, otras. Quería hablar de dos personajes en su momento de reconstrucción. En el caso de Patricia, reconstruye su estilo de vida, de esa sociedad de la prisa, de esa rueda del hámster de la que quiere tirarse en marcha. En el caso de Greta su reconstrucción es total, desde la forma de vestirse y peinarse hasta su sexualidad. 

M.G.- Me gustan tus personajes porque les creas toda una personalidad completa. En esta novela, nos vas contando toda su infancia porque eso le da solidez al personaje.

V.M.- Sí. Con Patricia vamos a tener chispazos de su vida anterior. Hay 'flashbacks' que ella hace a caballo de la historia de Greta. 

Con Greta es distinto. Cuando ella le dice que le va a contar ese episodio de su vida para intentar que vuelva al periodismo, tiene que contarle toda su vida para que Patricia comprenda cómo acaba en una comunidad religiosa.

M.G.- La palabra libertad se repite mucho. Son dos mujeres que, de una manera u otra, han estado encerradas. 

V.M.- Lo bueno de un personaje como Greta es que, al mirar nuestro estilo de vida con ojos nuevos, también ayuda a Patricia a cuestionarse mil cosas. Ella no entiende cómo una gran parte de la población tiene que dormir mordiendo un plástico para no destrozarse las mandíbulas. No ve normal que te despiertes mirando un móvil o que la gente se vaya chocando por la calle porque no es capaz de apartar la mirada de un dispositivo. Tampoco ve normal la velocidad a la que se vive ni que todo se haga de forma telemática, sin mirar a los ojos a un ser humano al que contarle lo que te está pasando. Ella viene de todo lo contrario. Viene del silencio, de la oración, del recogimiento, viene de un aislamiento físico y relacional, y vale que tiene acceso a Internet y tal, pero su cerebro siempre ha estado en una caja

Y Patricia lleva demasiado tiempo en esa rueda del hámster, sin llegar a ningún sitio, sin sentir un alivio real. Se siente auto-explotada. Tiene una falsa sensación de libertad por muy free-lance que sea. Es esclava de sí misma y no se puede revelar contra ella misma porque es su propia tirana. Así que, llega un momento en el que se hace necesario un cambio, las dos necesitan cambiar, siendo una la cicerone de la otra, y ambas intentan encontrar un equilibrio, al  igual que el resto de los personajes de la novela.

M.G.- Aparte de todo lo que te ha contado esa persona que inspira el personaje de Greta, ¿has tenido que indagar mucho en la vida de los conventos, de las comunidades religiosas?

V.M.- No. Sí he entrevistado a otras religiosas, a misioneras, a personas que siguen dentro de las instituciones religiosas, y otras que se han salido o que han sido expulsadas. He indagado en todo lo que ocurre entre esos muros hablando con estas personas. El propio personaje que inspira a Greta me puso en contacto con otras personas que han vivido situaciones similares dentro de su misma congregación. Me he dado cuenta que lo de Greta no es un caso aislado. No es que pase todos los días en todas las congregaciones pero es algo que incluso empieza a salir en prensa. Hace poco, el periódico L'Osservatore Romano publicaba un reportaje que trataba precisamente de cómo se sienten las mujeres religiosas dentro de la Iglesia, pero ya no solamente por el hecho de haber sufrido algún tipo de maltrato, sino como asistentes de los sacerdotes cuando resultan que son mujeres que han hecho un doctorado, muy cultas o que querían estudiar algo para lo que realmente estaban capacitadas y, sin embargo, solo estudian Ciencias religiosas para luego impartir catequesis. Tanto es así que el propio Papa Francisco ha dicho recientemente que no hay que confundir servir con servidumbre pero estas mujeres viven como en un panal en el que no tienen individualidad, no pueden tener afectos particulares, y no están valoradas. Son como abejas.


M.G.- Qué duro, pero, aparte de Patricia y Greta, hay otros personajes como Santiago, el terapeuta de Patricia, Leandro, y otros tantos que forman un grupo de meditación. ¿Son personajes que también cobran importante protagonismo?

V.M.- Sí. Leandro es casi otro gran protagonista, de hecho da título a la novela, es el que la estructura y el que hace las grandes metáforas. Es el amigo sabio de Patricia, un entomólogo, un biólogo animalista y otro rebelde con causa que se mete en líos de colores porque se dedica a liberar a los animales de los laboratorios vecinos. Y luego está la instagramer Serena, que decide dejar de maquillar su vida. A partir de un punto cambiará y empieza a recibir un montón de ataques tremendos de todos aquellos que antes la adoraban. Y también tenemos a una enfermera de urgencias, en ese grupo de meditación, que acaba teniendo bastante importancia. Y a mí me gustan mucho las madres de Patricia y Greta, Pilar y Felisa, que las van ayudando en su camino. Son dos personajes muy bonitos. Y Santiago, el terapeuta de Patricia, que es el que le da la perspectiva científica de lo que le está pasando, mientras que Leandro se encargará la parte más emocional. Y por último, la maestra de meditación que al principio Patricia no la soporta, no la puede ver porque cree que es una iluminada pero que también le ofrece la perspectiva del budismo. 

Es como si, de alguna manera, Patricia estuviera encontrando en la ciencia, en la psiquiatría, en diferentes religiones,... diferentes estilos y filosofías de vida, cosas que le sirven para encontrar un equilibrio, que ya estaban ahí  y que a lo mejor, de todas ellas juntas se puede aprender algo. No es una casualidad que yo empiece esta novela con cinco citas, una de Jesús, de Mahoma, Buda,...

M.G.- Es que tiene un toque muy espiritual.

V.M.- Pero no he pretendido que estas dos mujeres parezcan dos iluminadas. Me gusta mucho el viaje de las anti-heroínas, personajes que contra viento y marea son absolutamente rebeldes para convertirse en algo más fuerte. El camino no es fácil pero ellas, que han sido víctimas de algo en el pasado, deciden seguir luchando para no ser víctimas en el futuro. 

M.G.- Cuando una novela se sustenta sobre dos historias que caminan de forma paralela, a veces una domina a la otra. En el caso de Greta, su parte aporta todo el suspense.

V.M.- Aparte de su lado emocional, de amistad, de reconstrucción, el 'thriller' de la novela está en la historia de Greta. Por su parte, Patricia intenta volver al periodismo con una historia que le han contado pero que va a resultar muy difícil de publicar. Y antes de todo eso, Patricia tendrá que ir descubriendo poco a poco qué le ha pasado a Greta de verdad, porque casi se lo tiene que sacar con un sacacorchos. Desconfiará incluso a veces si Greta le está contando la verdad porque no la conoce de nada en realidad. Pero me he dejado llevar, he querido que la historia principal, esa entrevista que durante un año Patricia ha estado haciendo a Greta, saliera poco a poco. Al principio tuve la sensación de que Greta estaba más desdibujada que Patricia pero es que es Patricia la que lleva de la mano a Greta y soy consciente de que el lector va a empatizar más con Patricia que con una ex religiosa porque el lector va a tener los mismos prejuicios que tiene Patricia. Greta irá creciendo de la mitad de la novela hacia el final. Siempre tuve la sensación, por mis propios prejuicios, que si entraba rápidamente en la historia de Greta y no teníamos el traductor simultaneo que es Patricia, era fácil que nuestros propios prejuicios nos llevaran a desconfiar del personaje y de la historia.

M.G.- No sabes lo que me alegro que me digas esto porque he advertido que la historia de Greta avanzaba más lenta que la de Patricia. Se ralentizaba mucho.

V.M.- Claro porque tiene que ir saliendo poco a poco. Es por lo que te digo, la empatía la vas a tener siempre con el personaje más cercano a ti. Luego Greta irá ganando en profundidad, en intensidad y descubres que no es tan diferente a ti.

M.G.- ¿El final es luminoso?

V.M.- En mis novelas no encontrarás finales de angustia y de tristeza, si acaso, alguna lagrimita. Siempre voy de la oscuridad a la luz y si se llama 'El sueño de la crisálida' es porque iremos de la oruga a la mariposa, así que, el propio título te da la pista.

M.G.- Hay mucha nostalgia en esta novela, en los agradecimientos e incluso en el detalle que has tenido de presentarla en un lugar de Madrid que está muy relacionado con tus primeras novelas.

V.M.- Sí. Con esta novela tengo la sensación de que cierro una etapa y abro otra. No sé si se debe a los números redondos, a esos veinte años de profesión. Cuando supe que uno de los escenarios principales de 'El ingrediente secreto' se había reabierto, no me lo pensé. Presentamos allí y fue un día muy emocionante.

M.G.- Y has estrenado obra de teatro hace nada. 

V.M.- Sí, el pasado día 23 en el Teatro Valle-Inclán y la dirige Miguel Ángel Lamata. La protagoniza Cristina Gallego, una actriz brutal, haciendo de María Lejárraga, un personaje maravilloso, del que hoy sabemos que es uno de los nombres más importante del siglo XX español. Hasta hace poco no se sabía que las noventa obras que escribió durante sus cien años de vida y que todos creíamos que eran de Gregorio Martínez Sierra, su marido, pues resulta que eran de ella. He seguido la pista de muchas investigaciones, partiendo de lo planteado por Patricia O'Connor, una investigadora americana, que fue la que encontró las cartas de la pareja y que demuestran que, acto a acto, ella le iba mandando las obras de teatro al marido. Escribió cuarenta obras de teatro como el clásico 'Canción de cuna' que se ha llevado al cine varias veces o 'El amor brujo' de Falla, 'El sombrero de tres picos', 'Las golondrinas', la ópera 'Margot' de Turina y varias novelas. Era políglota, traductora y si hoy tenemos 'Rojo y negro' de Stendhal es gracias a ella. Fue una mujer espectacular y en 'Firmado Lejárraga', como he titulado la obra, ya que me apetecía que por una vez su nombre subiera al cartel dado que es la primera obra de ficción que se hace sobre ella, he querido contar su vida. En realidad, la obra ha sido un encargo pero, como pasa a veces, se ha convertido en la obra que más me ha fascinado y la más personal de mi carrera como dramaturga. Y encima tengo a Eduardo Noriega que se sube por primera vez a escena. Me ha hecho muy feliz que aceptara este trabajo porque sé que durante años, le han ofrecido hacer teatro. Noriega interpreta a Gregorio Martínez, un papel muy complicado.

M.G.- Pues Vanessa espero poder ver esa obra de teatro por aquí. 

V.M.- Ojalá.

M.G.- Mientras tanto me quedaré con Patricia y Greta. Gracias por este nuevo encuentro.

V.M.- Gracias a ti. 

Solo me queda reiteraros lo que os decía al principio. ¡Leed El sueño de la crisálida!




Ficha novela

Editorial: Plaza & Janés.
Encuadernación: Tapa blanda con solapas.
Nº Páginas: 560
Publicación: Marzo, 2019
Precio: 18,90€
ISBN: 9788401021077
Disponible en e-Book
Puedes empezar a leer aquí.
Ficha completa aquí


lunes, 14 de noviembre de 2016

MUJERES QUE COMPRAN FLORES de Vanessa Montfort.

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Editorial: Plaza & Janés.
Fecha publicación:  octubre, 2016
Precio: 17,90 €
Género: Narrativa.
Nª Páginas: 448
Edición: Tapa blanda con solapas.
ISBN: 97884901017308
[Disponible en ePub;
Puedes leer el primer capítulo aquí]

Autora

Vanessa Montfort (Barcelona, 1975) es novelista y dramaturga. Considerada una de las voces destacadas de la reciente literatura española, cuenta con tres novelas premiadas: El ingrediente secreto (Premio Ateneo Joven de Sevilla, 2006), Mitología de Nueva York (Premio Ateneo de Sevilla, 2010) y La leyenda de la isla sin voz (Premio Ciudad de Zaragoza a la mejor novela histórica del año. Plaza & Janés, 2014). Dentro de su obra teatral destacan Flashback, La cortesía de los ciegos y Tierra de tiza, escritas para el Royal Court Theatre de Londres; La Regenta, (Teatros del Canal, 2012) o Sirena negra, llevada al cine por Elio Quiroga (Festival de Sitges, 2015). Desde 2015 dirige la Compañía Teatral Hijos de Mary Shelley, la primera formación en España dedicada al teatro fantástico que se estrena con El hogar del monstruo (Centro Dramático Nacional, 2016) y 2016 funda BEMYBABY Films con la que produce Nuestros amantes de Miguel Ángel Lamata.

Su obra está siendo traducida, estrenada y publicada en estudios críticos de Europa, Estados Unidos, América Latina y Asia y cuenta con reconocimientos como La Orden de los Descubridores (St. John's University de Nueva York). La humanización de los paisajes, el lirismo, la teatralidad de los diálogos diálogos y un gran mosaico de personajes y tramas -espejo de la actualidad con un pie en lo extraordinario- son algunas de las señas de identidad de su obra.


 Sinopsis

En un pequeño y céntrico barrio de la ciudad hay cinco mujeres que compran flores. Al principio ninguna lo hace para sí misma: una las compra para su amor secreto, otra para su despacho, la tercera para pintarlas, otra para sus clientas, la última para un muerto. La última soy yo y ésta es mi historia.

Después de la pérdida de su pareja, Marina se da cuenta de que está totalmente perdida: había ocupado el asiento del copiloto durante demasiado tiempo. Buscando empezar de cero acepta un trabajo provisional en una curiosa floristería llamada El Jardín del Ángel. Allí conocerá a otras mujeres muy diferentes entre sí, pero que, como ella, se encuentran en una encrucijada vital con respecto a su trabajo, sus amantes, sus deseos o su familia. De la relación entre ellas y Olivia, la excéntrica y sabia dueña del local, surgirá una estrecha amistad de la que dependerá el nuevo rumbo que tomarán sus vidas. 



Adictiva, divertida, romántica, honesta, Mujeres que compran flores es una emocionante historia de amistad, una aventura cotidiana en busca de la independencia femenina, un épico viaje al centro de los sueños de la mujer contemporánea.

[Biografía y sinopsis tomadas directamente del ejemplar]

************************************

«Con la libertad, las flores, los libros y la luna, ¿quién no sería perfectamente feliz?»
Oscar Wilde


Con esta cita tan bonita comienza Mujeres que compran flores, la nueva novela de Vanessa Montfort, una novela muy diferente a su predecesora, La leyenda de la isla sin voz, que tantos buenos momentos nos concedió, descubriendo a un Dickens muy desconocido para mí pero que, sin duda, me dejó huella. 

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Mujeres que compran flores es una novela muy actual, no solo en lo que a personajes y sucesos se refiere, sino también al ámbito espacial. Su argumento transcurrirá en el barrio de las Letras de Madrid, un rincón de la Villa cargado de historia donde lo moderno y lo antiguo es aúnan en una simbiosis perfecta. Allí, en un pequeño espacio ubicado sobre lo que fue el cementerio de los cómicos, figura El Jardín del Ángel, una floristería que constituye un espacio mágico y singulardonde los sueños pueden llegar a convertirse en realidad.

La floristería está regentada por Olivia, una mujer sabia con bagaje y un largo camino recorrido, a cuyo regazo acudirá Marina, una mujer de 40 años, desorientada, surcando un momento complicado en su vida tras la pérdida de su pareja. Un encuentro casual y un malentendido, unirán a Marina y Olivia a través de una relación contractual, entrando a trabajar como ayudante en la floristería lo que le dará la oportunidad de conocer a otras tantas mujeres: Casandra, Victoria, Aurora y Gala. Todas ellas mujeres que compran flores.
 
Esta será un parte de la historia, una parte del pasado de Marina que se alternará con el presente de la novela, momento en el que ella está haciendo una travesía en barco, en solitario, desde Cartagena a Tánger para cumplir una promesa a la que ha tenido que hacer frente. Nada de esto  hubiera sido posible si tres meses atrás Marina no hubiera conocido a las chicas. 

La travesía no solo supondrá para Marina el medio de cumplir lo que un día prometió a Óscar, su pareja. También supondrá la vía de poner en orden su vida. En un constante monólogo interior, teniendo al imaginado fantasma de Óscar como único oyente, Marina reflexionará en voz alta todo lo que no se atrevió a decir en vida de su pareja, y eso le permitirá tomar perspectiva, alejarse de si misma y analizar con otro crítico como vivjunto a él y cómo fue su relación. Lo que descubrirá cambiará radicalmente la concepción que ella tenía de él y por tanto supondrá una especie de liberación, soltar el lastre que hasta ahora la anclaba sin dejarla volar.

Sin embargo, no será la única que rompa ataduras. El resto de las mujeres, esas amigas que unen lazos de una manera casi profética, tendrán la oportunidad de pensar en sí mismas, algo que no se han permitido nunca, de amarse, de quererse y sobre todo de valorarse. Esos sueños que siempre han ido dejando arrinconados podrán florecer como lo hacen las flores de El Jardín del Ángel. Y resulta curioso que, en un entorno tan colorido como esta floristería, cada una de ellas sienta predilección por una flor concreta, una flor que dice de sí mismas más de lo que podemos imaginar. 

El perfil que Vanessa Montfort dibuja de estas protagonistas es muy preciso y diáfano. Cada una de ellas tiene una personalidad distinta, como también los son sus circunstancias y sus vidas y será fácil verlas evolucionar con el paso de las páginas, como igualmente fácil será apreciar pedacitos de cada una de nosotras en todas ellas. Para conocer a estas mujeres, voy a permitirme hacer uso de las descripciones que la editorial aporta en las solapas del libro pues creo que son muy certeras y pueden ayudar a los futuros lectores a hacerse una idea muy clara de las protagonistas.

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