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miércoles, 28 de octubre de 2015

SUITE FRANCESA (DRAMA - 2015).

 

Año: 2014.

Nacionalidad: Reino Unido.

Director: Saul Dibb.

Reparto: Michelle Williams, Matthias Schoenaerts, Kristin Scott Thomas, Sam Riley, Margot Robbie, Ruth Wilson, Alexandra Maria Lara, Tom Schilling, Eileen Atkins, Lambert Wilson.

Género: Romance. Drama.

Sinopsis: Año 1940, durante la ocupación alemana del ejército nazi en Francia. Lucile Angellier (Michelle Williams) es una joven que aguarda noticias de su marido, prisionero de guerra, mientras lleva una sofocante existencia junto a su controladora suegra (Kristin Scott Thomas) en un pequeño pueblo francés. Ambas viven ajenas a la realidad de la guerra hasta que un grupo de refugiados parisinos llega a la localidad huyendo de la ocupación, al que le sigue un regimiento de soldados alemanes que establecen sus residencias en los hogares de los habitantes del pueblo. En casa de los Angellier, Lucile intenta en un principio ignorar a Bruno (Matthias Schoenaerts), el elegante y refinado oficial alemán a quien se le ha encargado vivir con ellas. 


[Información facilitada por Filmaffinity]


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Parece que la semana viene dedicada a Irène Némirovsky. Si el lunes os hablaba de una pequeña gran joya, Nieve en otoño, hoy vengo con la adaptación al cine de una de sus novelas más reconocidas, Suite francesa.

Anda que no le tenía yo ganas a esta película. Desde que anunciaron que llevarían la novela a la gran pantalla estuve pendiente del estreno, sin embargo, no la vi hasta pasado un tiempo después de su lanzamiento. 

El cinco de agosto caía fuego sobre Sevilla. El cielo estaba de un color rojizo intenso, en las altas palmeras no se percibía ni una brizna de aire, el bochorno nos impedía respirar y a mí no se me ocurre otra cosa que irme a un cine de verano, el que cada año instala la Diputación de Sevilla en el patio de su sede. Más me hubiera valido quedarme en casa porque disfrutar, disfruté poco.

Comienza la proyección. El sonido del vaivén de los abanicos competían con las notas de una melodía que salía de la pantalla, los espectadores estábamos inquietos, al ambigú no paraba de acudir un chorreo constante de gente en busca de una cerveza o un refresco bien frío que apaciguara el calor tan intenso. Yo no le seguía el hilo a la trama. El cerebro lo tenía medio derretido. Cuando, quedando tan solo treinta minutos para el final - «A ver si termina esto ya por Dios y me voy a mi casa a ponerme bajo el chorro del aire acondicionado»-, de repente se oye un grito y unas voces que solicitaban la asistencia de un médico. El patio de la Diputación entra en revuelo, la película sigue su curso pero ya nadie le presta atención. Sillas que se caen, voces a medio gas y los empleados del cine corriendo de un lado a otro. «Será una lipotimia», pensamos. Pero la cosa se puso mucho más seria cuando, tras otro revuelvo, nuevas voces reclamaban una ambulancia. Se encendieron las luces del cine y se paró la proyección. No sabíamos qué había ocurrido pues todo acontecía en las filas finales. ¿Qué hacer? Yo que soy de naturaleza endeble y empática, me puse tan nerviosa que, de buena gana me hubiera ido en ese mismo momento. A mí la película ya había dejado de interesarme por completo pero llegó la ambulancia, atendieron a la señora enferma y veinte minutos después se retomó la proyección. No fue nada serio. Solo una lipotimia. Pocas se produjeron para el calor infernal que padecíamos.

La cuestión es que, con todas las ganas que le tenía a la peli, no la disfruté nada de nada pero tenía claro que, en cuanto la sacaran en DVD, la volvería a ver de nuevo. Y esta vez, con sus más o sus menos, sí la he disfrutado mucho más.

Imagino que muchos sabéis que la novela Suite francesa se llevó muchos años metida en una maleta sin que nadie la descubriera. Irène Némirovsky había escrito el manuscrito y antes de ser arrestada y conducida a Auschwitz donde murió, la metió en una maleta que sus hijas guardaron durante años. Hasta 2004, muchísimos años después de la muerte de la autora, su novela no ve la luz y causa un gran estupor entre la comunidad literaria. Dicen que es su mejor obra. Yo ya he leído un par de ellas  y a mí todas me parecen una maravilla. Pero hablemos ahora de la película.

Los hechos transcurren en Bussy, una pequeña localidad cercana a París. Allí vive la señora Angellier y su nuera Lucile. Estamos en 1940. Los alemanes acaban de invadir Francia y Gastón, el hijo de la señora Angellier, está en el frente. Las dos mujeres se encargan de los negocios familiares, el cobro de las rentas de alquileres. Viven bien, en una buena casa, con alimentos suficientes mientras que el resto del pueblo pasa hambre. De todos modos, la gente parece vivir más o menos al margen de la guerra, hasta que las bombas empiezan a caer cerca y un regimiento de soldados alemanes llega al pueblo. Los vecinos de Bussy tendrán que vivir con el enemigo y no solo cruzándose con ellos por las calles sino también dentro de sus propias casas pues las familias han de acoger a oficiales y soldados en sus hogares. El temor se apodera del pueblo. Algunos intentarán un acercamiento para obtener tratos de favor y otros sentirán que tienen que seguir luchando, mientras las jóvenes miran a los soldados alemanes con deseo. Pero, ¡son el enemigo! Son ellos quienes han matado a los maridos, padres, hijos y novios de Francia.

 

A casa de los Angellier llega Bruno, un oficial alemán reservado y muy educado que intenta ocupar el espacio sin interferir ni incomodar demasiado a las señoras. Aunque la señora Angellier ha prohibido a Lucile hablar con el oficial, la joven siente mucha curiosidad, especialmente cuando lo oye tocar una preciosa melodía en el piano, instrumento por el que ella siente pasión y al que se ha visto obligada a renunciar por imposición de su suegra que no quiere melodías hasta el regreso de Gaston. Pero, ¿quién puede poner límites al corazón? Suite francesa narra la historia entre Bruno y Lucile, una relación entre Alemania y Francia en un momento delicado.

No sé exactamente en qué términos se desarrollará la relación entre Bruno y Lucile en la novela, si se profundiza mucho o se desata la pasión. En la película, la cosa parece bastante difuminada. Es cierto que las circunstancias no son las más idóneas para una atracción como la que sienten Bruno y Lucile. «Imposible» es la palabra que más se acerca a la relación que surge entre los dos protagonistas, pues uno es el dominador y el otro, el dominado. Quizás por ello en la cinta todo transcurre con tanta contención, con tanta rienda bien sujeta. Y es que, como dice Lucile hacia el final de la película, la palabra amor nunca fue pronunciada. Pero ¡sí existía! ¿Qué nos queda entonces de la película? Una guerra que sirve de fondo, una relación amorosa en la que, a pesar de los inconvenientes, no se profundiza y una preciosa melodía, eso sí, como hilo conductor de todo el argumento.




Sinceramente, creo que la novela de Irène Némirovsky merecía una apuesta más arriesgada, un tratamiento mucho más emotivo del amor en la enemistad. No voy a negar que la película me ha gustado, que es bonita, pero esperaba que me conmoviera y no lo ha conseguido. 

lunes, 26 de octubre de 2015

NIEVE EN OTOÑO de Irène Némirovsky.


Editorial: Salamandra.
Fecha publicación: noviembre, 2010.
Nº Páginas: 96
Precio:  10,50 €
Género: Narrativa.
Edición: Rústica con solapas.
ISBN: 978-84-9838-310-2


Autora

Irène Némirovsky (Kiev, 1903 - Auschwitz, 1942) recibió una educación exquisita, aunque tuvo una infancia infeliz y solitaria. Tras huir de la revolución bolchevique, su familia se estableció en París en 1919, donde Irène obtuvo la licenciatura de Letras en la Sorbona. En 1929 envió su primera novela, David Golder, a la editorial Grasset, dando comienzo a una brillante carrera literaria que la consagraría como una de las escritoras de mayor prestigio de Francia. Pero la Segunda Guerra Mundial marcaría trágicamente su destino. Deportada a Auschwitz, donde sería asesinada igual que su marido, Michel Epstein, dejó a su dos hijas una maleta que éstas conservaron durante decenios. En ella se encontraba el manuscrito de Suite francesa, cuya publicación en 2004 desencadenó un fenómeno editorial y cultural sin precedentes: la novela se tradujo a treinta y nueve idiomas, obtuvo numerosos premios- entre ellos el Premio Renaudot, otorgado por primera vez a un autor fallecido- y fue uno de los libros más leídos en casi todos los países donde se publicó, con más de un millón de ejemplares vendidos en todo el mundo. En España fue galardonada con el Premio del Gremio de Libreros de Madrid y también cosechó un sorprendente éxito comercial.

Sinopsis

Cuando publicó Nieve en otoño, su tercera novela después de David Golder y El baile, con apenas veintiocho años, el prestigio de Irène Némirovsky era ya notable, y no sólo en Francia. El New York Times la había bautizado como «la sucesora de Dostoievsky» por su capacidad para reflejar las contradicciones de la vida y sus complejidades morales. En este breve relato sobre el exilio y la nostalgia, Némirovsky exhibe una vez más el don de aproximar sus personajes a los lectores y de evocar situaciones como si la frontera entre lo real y lo imaginario no existiese.

La anciana Tatiana Ivanovna ha dedicado toda su vida a servir a sus señores, los Karin, a quienes ha visto nacer y crecer en la mansión de Sujarevo, en las inmediaciones de Moscú. Cuando la familia se ve obligada a huir por la Revolución de Octubre, la fiel criada termina por reunirse con ellos en París, donde, a pesar de que los Karin han perdido su posición social y su fortuna, continúa a su servicio en el modesto apartamento en que residen. Supervivientes de un mundo perdido, los Karin y su sirvienta necesitarán olvidar para salir adelante, pero la vieja Tatiana nunca deja de soñar con su tierra natal, ni de sufrir para adaptarse a la vida en un lugar donde las primeras nieves no llegan hasta pasado el otoño.

Al igual que su admirado Chéjov, Irène Némirovsky tiene un talento especial para observar y captar los detalles más reveladores de la intimidad de sus personajes. El lector encontrará aquí el germen de la imponente Suite francesa, y llegará al final de esta breve novela con la sensación de haber realizado un intenso viaje emocional.



[Biografía y sinopsis tomadas directamente del ejemplar]


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Por fin vuelve Irène Némirovsky al blog, después de que, a finales del 2013, reseñara su segunda novela breve El baile (puedes leerla aquí). No me olvido de que, por entonces, alguien me recomendó leer la biografía de la autora escrita por su hija Elisabeth Gille y publicada por Circe en 1995 bajo el título Irène Némirovsky, tarea que aún tengo pendiente de acatar. No es la única biografía que existe sobre la autora. Otro libro -La vie d Irène Némirovsky: 1903 - 1942-, publicado por Olivier Philipponant y Patrick Lienhardt, ha sido traducido a varios idiomas menos al castellano, que yo sepa. 

La sinopsis que aporta la editorial es tan sumamente extensa que no voy a entrar en muchos más detalles. En resumidas cuentas, Nieve en otoño narra la vida de una nodriza, Tatiana Ivanovna, que lleva cincuenta y un año al servicio de una familia rusa, los Karin (Nikolái Alexándrovich, su esposa Yelena Vasilievna y los cuatro hijos de matrimonio: Kiril, Yuri, Lulú y Andréi). Por sus manos han pasado varias generaciones y siente a los miembros de la familia como si fueran de la suya propia. De ahí que las alegrías en el seno familiar, las celebre con júbilo y con un profundo pesar y dolor, las desgracias acaecidas. 

La historia se inicia una noche de Navidad cuando los dos hijos mayores, Kiril y Yuri, se están preparando para marchar al frente y luchar contra Alemania. Es la Primera Guerra Mundial y Rusia pasará de un conflicto a otro pues posteriormente vendrá la Revolución de Octubre de 1917, desencadenando una guerra civil. Todo esto hace que la familia se vea obligada a huir por temor a los rojos. Primero marchará a Odesa y más tarde a París. Nieve en otoño retrata las consecuencias de un momento turbio social y políticamente en el país de las nieves y el exilio al que se verá abocada una familia pudiente, algo que la autora conoció de primera mano. 

El foco de atención se centrará en Tatiana, la anciana que al inicio de la novela ya cuenta con setenta años de edad. Es hora de que la vida le pese pero aún la veremos pasar por situaciones complicadas que derribarían a cualquiera. A pesar de su aspecto frágil y del cansancio que arrastra, la vieja aya saca fuerzas de lo más profundo de su ser para aleccionar a los que aún tiene bajo su protección y para tomar decisiones y afrontar terribles desgracias. 

De su vida personal no vamos a saber mucho más, tan solo que lleva trabajando para la familia la mitad de su vida. Conoceremos que una vez tuvo marido e hijo pero, estando ya fallecidos, da la impresión de que aquello es agua pasada y que en su vida, lo realmente importante son los Karin. Ellos son su alegría y su tristeza.


Tatiana es profundamente religiosa, una característica que se remarca una y otra vez en la novela, algo que crispa especialmente a algunos miembros de la familia pues no entienden cómo Dios puede permitir ciertos hechos. Se plantea sutilmente ese eterno debate entre creer y no creer, una temática que subyace sin que sea tratada en profundidad.

Las sensaciones que el personaje despierta en el lector, al menos en mí, tienen mucho que ver con el hastío, el desgaste, el deterioro. Cuando la familia vive aún en Rusia, Tatiana pone mucho énfasis en la oscuridad,la frialdad y el silencio extraño de las noches. Es como si todo, de un modo u otro, conectara con esa vejez de la que ya adolece la protagonista, encaminada al final de sus días. Unas sensaciones que irán aumentando incluso cuando ya estén instalados en París, pues Tatiana parece vivir únicamente con Rusia en la mente, anhelando incluso los gélidos inviernos, la nieve y el hielo. «Qué largo es el otoño en este país» [pág. 75], dirá refiriéndose a París con un clima mucho más benigno y que a ella parece incomodarle más que proporcionar bienestar a sus viejos huesos. París la hace más y más vieja. Su pesadumbre nos agarra por el cuello y tira de nosotros mientras que la vieja aya se lamenta tristemente recordando un pasado mucho más feliz y se resigna  a una soledad perenne.

Del final, mejor no os cuento nada. A mí se me quedó atravesado en la garganta.

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