La gripe A me tumbó. La pillé días después de mi encuentro con Ibon Martín en Sevilla y me ha tenido fuera de combate dos semanas y, luego, una semana más con secuelas varias. Todavía me perdura la tos pero, al menos, he dejado de arrastrar mi cuerpo. Por eso esta entrevista ve la luz tan tarde, aunque, como dice el refrán, nunca es tarde si la dicha es buena. Y esta dicha es buenísima.
Ibon llegó a Sevilla una tarde de cielo gris y fina lluvia para promocionar su última novela, Alma negra. Se trata de la cuarta entrega del universo capitaneado por Ane Cestero y su equipo. Vuelve Martín a llevarnos de la mano hacia el País Vasco, para mostrarnos un paisaje abrupto y herido como son los Montes de Hierro, a unos veinte minutos de Bilbao. Se trata de una tierra llena de leyendas y mitos que también tendrán su protagonismo en la novela. Como siempre, el lector se topará de bruces con un cadáver pero esta novela tiene mucho más. Os dejo con nuestra conversación.
Marisa G.- Ibon, un placer tenerte en Sevilla y volverte a ver. Creo que nos vimos con la anterior, con La danza de los tulipanes [En realidad, fue con La hora de las gaviotas]. Con la última no te vi o no coincidimos.
Ibon M.- Con El ladrón de rostros tenía que haber aterrizado en Sevilla pero mi avión no pudo aterrizar por la niebla y se canceló el viaje.
M.G.- Ah. Entonces no pisaste tierra.
I.M.- Pisé tierra pero no tierra sevillana.
M.G.- Entiendo. Bueno, cuarta y última entrega de la saga de Ane Cestero. Me consta que te ha caído regañina que mucha gente que sigue la saga te lo ha preguntado. ¿Por qué cerrar la saga? ¿Te has cansado del personaje?
I.M.- No, no, no me he cansado y no quiero cansarme tampoco. Mira, soy muy lector y también me gusta mucho consumir series de televisión, y siempre me queda la sensación de que, tanto mis colegas escritores que escriben sagas como las series, pecan de querer estirar demasiado las situaciones y los personajes. No quiero que me pase eso. Desde el primer momento me planteé que, como mucho, haría cuatro novelas e igual menos. Finalmente han sido cuatro y me da mucha pena acabar porque Ane Cestero y Julia tienen todavía recorrido pero creo que es mejor así.
M.G.- A mí me parece un planteamiento inteligente porque es verdad lo que comentas que, a veces, se intentar estirar demasiado el chicle y creo que, al final, el producto que resulta es de peor calidad que aquel del principio.
I.M.- Sin ninguna duda. Es lo que pasa siempre que llega un punto en el que tienes la sensación de que se están repitiendo y yo no quería que me pasara algo así.
Creo que Alma negra es un buen cierre. Se puede leer de manera independiente aunque es verdad que da respuesta a algunas de las preguntas, a nivel personal, que tenían los lectores de estos personajes. En Alma negra se da respuesta a todas ellas y creo que es el momento de decir ya. Alma negra es un libro que cierra una tetralogía perfecta y redonda. Dejémoslo ahí. Ahora no sé qué vendrá.
M.G.- Te he escuchado decir que el 1 de marzo te tienes que sentar a escribir.
I.M.- Sí. Me tengo que sentar a escribir porque me gustaría que, como mucho, tener libro nuevo en dos años. Eso supone empezar a escribir y a pensar. No te voy a negar que voy pensando ya. De hecho, mi idea es que, en cuanto tenga un rato libre, aquí por Sevilla, darme un paseo por la orilla del Guadalquivir y pensar. No buscando localizaciones porque lo que sí sé seguro es que la novela nueva estará situada en el País Vasco y será un thriller pero, para mí, la mejor manera de pensar es caminar con una libreta y un boli en la mano. Así es como me surgen todas las historias.
M.G.- Alma negra es el título de esta nueva novela. Nos propones una trama doble. Por un lado, el lector va a ser testigo de la investigación de la muerte de Teresa Echegaray, que es una empresaria que quiere impulsar la reapertura de unas minas de hierro. Por otro lado, vamos a tener un caso mucho más personal que atañe a Julia. Y claro, ese caso de Julia nos lleva acompañando un cierto tiempo. Me refiero a la trama de los bebés robados, de la que se ha escrito y dicho mucho pero tengo la sensación de que todavía hay mucho que desvelar sobre esta cuestión.
I.M.- Sí, bueno, sobre el tema de los bebés robados, creo que conocemos una mínima parte. En el momento en que me puse a documentarme para esta novela sabía que en Bizkaia había existido uno de los puntos importantes de robos de bebés a nivel de toda España pero la cosa iba mucho más allá de lo que yo creía en un principio. Había estamentos muy importantes dentro de esa trama, gente importante del poder social, económico o judicial. No es algo que se quedara en un convento y en un par de ginecólogos que practicaban mal su trabajo, sino que iba bastante más allá. De algún modo quería que todo eso estuviera en Alma negra.
[Si prefieres oír nuestra conversación, clic al video]
M.G.- Y en esta novela también tocas la industria de la minería, la reapertura de una mina. Ahora estamos viendo que muchas minas que estaban cerradas se van a volver a abrir. Un tema polémico porque tiene muchos pros y muchos contras.
I.M.- Claro que tiene pros y contras. En su día, cuando las minas estuvieron abiertas, generaron dinero, pero fue un dinero que costaba mucho sudor y mucha sangre, porque al final las minas pues traen también contaminación, trabajos precarios, accidentes,... A día de hoy, cuando se pretende reabrir una mina no es tan fácil como en el pasado. Antes llegabas, abrías una mina y nadie venía a enfrentarse pero ahora, ya vemos la contestación que hay en todos los pueblo en los que se quiere reabrir una mina. Hay gente a favor y gente en contra. Es lo que ocurre en los Montes de Hierro, en Bizkaia. El hierro vuelve a ser rentable y se pretende reabrir la mina pero la gente que vive ahí, en esos montes, no quiere volver a oír hablar de la mina. Es un tiempo que dan por cerrado y no lo recuerdan con especial cariño. Así que, en la novela, la promotora de esa reapertura va a morir asesinada. La investigación nos va a llevar de lleno a ese territorio minero y vamos a descubrir todos sus secretos.
M.G.- Entiendo que, tras la muerte de Teresa Echegaray, habrá viejas rencillas.
I.M.- Tras la muerte de Teresa vamos a ver que hay muchos posibles sospechosos y sí, nos vamos a encontrar muchas rencillas, tanto viejas como actuales. Son rencillas que surgen a partir de que alguien de clase alta, y que vive en la margen derecho del Nervión, donde viven los grandes empresarios vascos, pretende reabrir una mina en la margen izquierda que es la parte donde vive la mano de obra. Nos vamos a encontrar esa nueva rencilla pero también rencillas heredadas del pasado que surgieron precisamente por la mala gestión que se hizo de la mina en los últimos tiempos y que llevó a mucha gente de la zona a odiar a los propietarios de la mina.
M.G.- Y como novedad, vamos a tener a una Ane Cestero que ha colgado el hábito. Ha tenido que entregar arma y placa porque está suspendida de empleo y sueldo. Ahora regenta un tostadero de café. ¿Cómo encaja en su nueva situación, alejada del mundo policial?
I.M.- Ane Cestero es la gran protagonista de la serie. Tenemos también a Julia y a otros personajes con mucha fuerza pero Ane Cestero es la gran protagonista que ha sabido rehacer, en cierto modo, su vida. Ella es una policía vocacional al 100% pero ha tenido un problema con Asuntos Internos por haber disparado a un sospechoso. Eso se ha traducido en una suspensión por eso ha montado un tostadero de café y lo lleva bien pero se da cuenta de que echa de menos su trabajo.
Julia le va a pedir ayuda para intentar desvelar una serie de preguntas que han surgido en relación a su madre biológica. Julia es una niña roba y Ane, por ayudarla, va a estar a punto de perder la vida. La vamos a ver enfrentándose a una investigación sin ser policía, sin pistola, sin placa y sin ninguna facilidad.
M.G.- ¿Por qué lo del tostadero de café? A una tía así de dura le pegaba más un bar de copas o algo así.
I.M.- Es cierto, pero me gustaba la idea de jugar con eso. En todas las novelas previas hemos visto a Ane consumiendo mucho café. Ella necesita mucha cafeína. Por eso me gustaba la idea. Ane se ha retirado a un pequeño pueblo de interior, entre las montañas, va a vivir con su novio pastor y la vamos a ver tostando café en el garaje. De repente, ha adoptado una vida mucho más monacal de lo que en apariencia le pega. Me gustaba jugar con ese contraste y creo que, en cierto modo, le va bien haber cambiado la costa por la montaña, le va bien haberse echado un novio y estar ahí, tostando café pero bueno, enseguida se lo van a poner difícil.
M.G.- Pero esto de tostar café... ¿Qué sabías del tema? Habrás tenido que estudiar sobre el tema.
I.M.- Sí, claro. Detrás de una novela siempre hay mucha documentación. Y la documentación. En este caso, he tenido que visitar un tostadero que tengo cerca de casa. Les conté lo que quería hacer y me pasé una mañana allí con ellos, viendo cómo lo hacían y alucinando del olor maravilloso a café tostado y sin tostar. Aprendí todo tipo de terminología para poder llevarla a la novela.
M.G.- Comentas que Cestero es la gran protagonista de la novela, pero quizá, en este caso, ¿no le cede un poco de protagonismo a Julia? Porque en el caso de la muerte de Echegaray será Julia la que lleve la voz cantante.
I.M.- Es verdad que en esta novela Julia cree muchísimo como personaje. El lector va a empatizar mucho con ella porque va a pasar momentos realmente malos. Vamos a ver a una Julia mucho más vulnerable de lo habitual, padeciendo ataques de ansiedad con los que creo que muchos lectores se van a sentir identificados porque es el pan nuestro de cada día.
M.G.- ¿Y de qué manera va a influir esa faceta personal a la hora de enfrentarse al caso de la investigación criminal?
I.M.- Es verdad que la vamos a ver muchas veces descentrada, asustada y vulnerable pero creo que lo que más aporta Julia a esta novela es la humanidad. Julia siempre ha sido el personaje más humano de mis novelas pero ahora la vamos a ver mucho más cercana. Vamos a sentir mucha empatía y nos vamos a ver muy identificados con ella.
M.G.- Entre Ane y Julia vamos a ver una relación basada en un término que usamos mucho ahora, la sororidad. ¿El resto del equipo sigue igual de compacto?
I.M.- Sí. Es un equipo envidiable. Tienen muy buen rollo entre ellos pero claro, no todo es perfecto. Les van a poner todo tipo de trabas porque hay policías que se quieren quedar con una investigación tan mediática como la de Teresa Echegaray y están decididos a hacer lo que haga falta para arrebatarles la investigación. Así que, por un lado, vamos a encontrarnos con la unión que existe entre los miembros del a UHI pero, por otro lado, veremos los ataques que sufren desde fuera de la Ertzaintza, que, por desgracia, son situaciones más o menos reales.
Dentro de la policía, como dentro de cualquiera de nuestros trabajos, muchas veces no son los buenos los que consiguen liderar las comisarías o los equipos, sino que hay gente más experta en hacer la pelota o en venderse bien por los pasillos. Así que, vamos a ver también la realidad de ese mundo.
M.G.- La acción se sitúa en esos Montes de Hierro, en Meatzaldea. ¿Cómo es esa zona que yo no conozco?
I.M.- Es una zona fascinante, un regalo magnífico para un escenario de novela y una visita que, de verdad, recomiendo mucho cuando se vaya al País Vasco. Está muy cerquita de Bilbao, a unos veinte minutos, pero nos alejamos de la ría, subimos a cuatrocientos metros de desnivel y, a partir de ahí, entramos en los Montes de Hierro o en Meatzaldea, que es la palabra en euskera. En realidad, Meatzaldea quiere decir zona minera. Y lo que nos encontramos es un territorio donde había hierro, un terreno totalmente herido por grietas, cicatrices, bocaminas, y todo tipo de artimañas para poder robarle el metal a la tierra. En algunos puntos es bonito, porque algunos pozos que estaban hechos a cielo abierto se han inundado al abandonarse las minas y hoy son lagos que aparentemente los ves y tienen además aguas de color verde y tal. Claro, son verdes por los tóxicos que tienen todavía y desde luego que es un entorno en el que la naturaleza y el daño que le ha hecho el hombre se funden y crean un paisaje inquietante, bello y siniestro al mismo tiempo.
Los pequeños pueblos que hay por allí se levantaron con casas muy humildes, justo para los trabajadores de la mina. Muchos de ellos han caído en el olvido, otros siguen, pero han bajado mucho en población. Es una zona sobre la que flota todo ese pasado minero y hables con quien hables, siempre lo hacen de la mina.
M.G.- Una zona con muchas leyendas. De hecho, el título hace referencia a historias de antaño. ¿Qué o quién es Alma negra? ¿Y quién es la joven que danza?
I.M.- Los Montes de Hierro son muy ricos en leyendas tristes. Es una zona de sudor y sangre y eso se ha trasladado a las leyendas. Por ejemplo, la joven danzante la encontramos en la mina principal de la zona. La cueva de la Magdalena tiene una ermita dentro. Cuando entras te das cuenta de que ahí justo comienzan las galerías mineras porque aprovecharon la propia abertura natural para hacer las galerías de kilómetros. Cuenta que allí se quiso suicidar una joven de nombre Magdalena. No lo consiguió y los padres, agradecidos, mandaron construir la ermita pero, de algún modo, el espíritu de esa joven permanece en ese lugar y aparece de vez en cuando danzando desnuda, haciendo sonar unos cascabeles en la boca de la cueva. Dicen que quien la ve va a tener muy mala suerte en la vida.
Por otro lado está Alma negra que es una historia más terrible todavía. Es una sima localizada junto a la cueva. Es ahí donde aparece Teresa Echegaray asesinada pero también se cuenta que ahí se suicidó un hombre muy malo, que tenía el corazón de hierro, un millonario que había hecho mucho dinero en América vendiendo esclavos. Por distintos avatares terminó suicidándose allí y cuenta que aquel día, los ríos de la zona manaron sangre y, desde entonces, en los días de niebla, se pueden oír los lamentos de Alma negra deambulando por ahí, en busca de alguien a quien pasarle su maldición. A mí esta leyenda me vino muy bien para la novela porque, en el momento en el que se produce el asesinato de Teresa, se produce una sugestión colectiva enorme. Todo el mundo empezará a hablar del regreso de Alma negra. La gente empezará a pensar que están en peligro y se preguntan quién será el siguiente en morir, a quién le pasará su maldición.
M.G.- En todos los pueblos o ciudades hay leyendas pero es verdad que en la cornisa cantábrica, en Galicia, Asturias, País Vasco es una zona como plagada de historias. ¿A qué se deberá eso? ¿Por qué tantas leyendas en esa parte de España?
I.M.- Pues yo lo achaco a una cosa que tiene que ver con el clima. Creo que, cuando no teníamos ni televisión ni radio, ni ninguna otra manera de entretenernos en casa, la gentes se sentaba junto al fuego a contar historias, sobre todo si hacía mal tiempo y estaba lloviendo. Eran historias que iban pasando de generación en generación. Por otro lado, nuestro aislamiento geográfico, nuestros bosques, nuestras cuevas, porque tenemos muchas en el norte, han fomentado un cierto miedo a la naturaleza, a lo desconocido. ¿Y qué tipo de historias surgían? Pues historias en las que había algo amenazante ahí fuera. Pero en otras zonas, como puede ser Andalucía, con un clima más favorable, lo que apetecía era sentarse a la fresca a charlar entre vecinos. No eran de casas de puertas para adentro. Hay otros lugares que también son muy ricos en leyendas como los países escandinavos y por lo mismo, porque el clima es muy malo. También es una zona con personajes mitológicos a patadas.
M.G.- Tú eres de los que gusta visitar los escenarios para tus novelas. Pero no es lo mismo irse a Hondarribia y mezclarse con la gente en el Alarde que meterse en esa cueva de la Magdalena. ¿Has tenido que hacer muchas incursiones para ambientarte y documentarte?
I.M.- Las he tenido que hacer, sí. Las he disfrutado y las he temido al mismo tiempo. De hecho, cuando le comenté a mi editora cuál iba a ser el escenario, la llevé a ver la cueva. Entramos allí con linternas y creo que ni ella misma se podía creer que hubiera un escenario tan perfecto, tan idílico para la novela negra, una cueva convertida en una mina. Cuando entras allí empiezas a ver la inmensidad de todo aquello. A la tierra se le arrancaron millones de toneladas de hierro y por eso hay una serie de huecos subterráneos en los que llega a caber varias veces la catedral de Bilbao. O sea, son espacios enormes que no vas a abarcar con tu propia linterna y espacios en los que, si apagas la linterna, no ves absolutamente nada y solo oyes el silencio y las gotas que caen por doquier, incluso algún arroyo que pasa por debajo y que luego sale a la superficie y fue el que se tiñó de rojo cuando murió Alma negra. El lugar es espectacular y realmente invita a pasear por allí, a perderte, aunque es verdad que no te quitas de encima cierto temor.
M.G.- Sí, porque a ver si se te va a aparecer la joven danzando.
I.M.- U oigo los lamentos de Alma negra. En cualquier caso, cada vez que he ido allí he ido con más de una linterna por si me falla alguna.
M.G.- Hiciste bien. Oye, escuché por casualidad los problemas, entre comillas, que te causó publicar La danza de los tulipanes en Hondarribia.
I.M.- Fue con La hora de las gaviotas.
M.G.- Cierto.
I.M.- ¿Recuerdas que la novela empieza con el asesinato que se lleva a cabo en el momento en el que desfilan las mujeres durante el Alarde, pero el pueblo levanta los plásticos negros para no ver a esas mujeres, para invisibilizarlas? Es un tema del que no quieren oír hablar en el pueblo. Cuanto menos se hable más podrán seguir adelante con su locura, como pasa con el toro de la Vega en Tordesillas. No quieren que haya espectadores porque sin espectadores pueden hacer lo que quieran. Así que no pude ir a presentar la novela allí. Me consta que además hubo librerías del pueblo que retiró la novela. Fue algo bastante desagradable.
M.G.- Imagino. Creo que es la primera vez que escucho que a un autor lo vetan de este modo.
I.M.- No sé si será la primera vez que ocurre. Desde luego, a mí sí es la primera vez que me sucede. Generalmente, la gente de los lugares en los que localizo mis novelas suelen estar muy agradecidas porque es una manera diferente de ver su pueblo. Precisamente, si localizo una historia en los Montes de Hierro es porque, de algún modo, amo esos montes y quiero pasarme un año entero viviendo, aunque sea mentalmente y a través de las letras, en ese lugar.
M.G.- Pues sí. Y una cosa, creo que ya es una etiqueta acuñada, lo del Euskal Noir, la novela negra de Euskadi. Unos cuantos autores habéis contribuido a que se cree esa etiqueta literaria. Y en ello ha contribuido mucho la orografía, el paisaje de la zona. Todo eso es un plus para estas novelas.
I.M.- Sí. Creo que hay una serie de factores como esa orografía, el paisaje, el clima tan duro, con semanas de lluvia y nieblas matinales, tanto en la zona costera como en el interior, o el aislamiento geográfico porque todo está como al final del mundo. A eso se suma la propia mitología y las leyendas, que te ayudan a generar un trasfondo para los libros, un trasfondo real, que ayuda a enriquecerlos. Al final, todo eso ha permitido que se cree esta corriente que, por suerte, cada vez funciona mejor y no solo dentro de nuestras fronteras, sino también fuera.
M.G.- Sí, porque estás publicando ya en Holanda, ¿no?
I.M.- Sí, en Holanda publico muy bien. Mis libros están traducidos a diez idiomas y también se venden en Latinoamérica. Pero sí, Holanda es un país en el que curiosamente, funcionan muy bien.
M.G.- ¿Y cómo haces para concentrarte en los bares para escribir? ¿Cómo te alejas de ese ruido ambiente?
I.M.- En cierto modo, me resulta mucho más fácil concentrarme en un lugar con ruido, con el olor al café. Estando solo en casa o en una biblioteca, el silencio me distrae mucho más que el ruido de alrededor.
M.G.- ¿Y siempre escribes en el mismo bar?
I.M.- No, no siempre. Voy moviéndome de un lado para otro y, de hecho, me gusta mucho acercarme a los escenarios y escribir en los bares de los propios escenarios. Por ejemplo, para mí escribir en alguno de los bares de la Arboleda, del pueblo principal de los Montes de Hierro, ha sido una maravilla, porque allí mismo estás dentro del escenario, puedes escuchar conversaciones que tiene la gente y, de vez en cuando, te paras y hablas con ellos.
M.G.- Está bien así.
El otro día entré en tu página web. No había entrado nunca y me encontré con información sobre tus novelas. Descubrí que tenías una novela histórica. Ahora que vas a empezar un nuevo reto, no sé si se te puede colar otra novela histórica.
I.M.- Ha sido una de las decisiones que he tenido que tomar y me ha costado, porque sí me apetece afrontar algún día otra novela histórica. Disfruté mucho escribiendo aquello y además tuvo tirón. Es una novela que ha funcionado muy bien. Pero, ahora mismo, me llama todavía más la novela negra y, por lo menos, seguro que haré una novela negra más o más de una, no lo sé todavía. Será negra, se ubicará en Euskadi y, a partir de ahí, no sé mucho más.
M.G.- Bueno, pues nos veremos dentro de dos años, quizá, cuando vengas por aquí. Pero no quiero cerrar esta entrevista sin preguntarte si te gustó el Vodka rosa. [En una presentación de la novela en la que compartió escenario con Mikel Santiago, este le regaló una botella de vodka rosa porque es lo que suele beber Ane Cestero]
I.M.- Bueno [se ríe]
M.G.- Las cosas de Mikel.
I.M.- Las cosas de Mikel, sí. Es maravilloso. De repente, se presenta y te viene con una botella de vodka rosa, en recuerdo de aquel cruce de caminos que hicimos. Eso demuestra el buen rollo y la amistad que tenemos. Y esto no solo ocurre con Mikel Santiago, sino también con María Oruña o con otros autores de novela de suspense. Al final, creo que comprendemos que no somos competencia sino que somos compañeros. El lector no lee un único libro y ya no lee más. El lector necesita que le den diferentes libros, incluso del mismo género. En cierto modo, unos alimentamos a los otros.
M.G.- Pues lo dejamos aquí, Ibon. Muchas gracias por atenderme. Un placer tenerte en Sevilla, leerte y que nos descubras el País Vasco porque nos descubres lugares con tus novelas y nos dan ganas de viajar.
I.M.- De eso se trata. Muchas gracias.
Sinopsis: BAJO LA NIEBLA BLANCA SE OCULTA UN ALMA NEGRA
Aunque hace décadas que las minas enmudecieron en los Montes de Hierro, en la quietud de la noche aún pueden oírse los lamentos desesperados de las almas que quedaron sepultadas en su vientre de roca. La aparición del cadáver de Teresa Echegaray, la poderosa mujer que pretende reabrir la explotación, despierta entre los habitantes de la cuenca minera el miedo a las leyendas dormidas y reaviva el rencor acumulado durante largos años.
La investigación del asesinato se ve lastrada por un acontecimiento que sacude la vida de Julia. Cuando parece que al fin ha llegado la hora de cicatrizar una dolorosa herida de su pasado, no encuentra la respuesta que busca, sino nuevas preguntas y una misión para Ane Cestero quien, despojada de su uniforme y su placa, tendrá que resolver el rompecabezas armada únicamente con su instinto. Juntas se enfrentarán al caso más complicado de su carrera.
El rey del thriller atmosférico nos traslada a su escenario más extremo: la zona minera de Bizkaia. Un territorio donde las ruinas del pasado industrial han sido reconquistadas por la naturaleza dando lugar a un paisaje de belleza inquietante y sobrecogedora.
Ibon Martín (Donostia, 1976) ha conquistado un lugar propio en el thriller nacional e internacional gracias a sus pasiones: viajar, escribir, describir.
Su carrera literaria no empezó en la novela sino en la literatura de viajes. Enamorado del paisaje y la geografía vasca, recorrió durante años todas las sendas de Euskadi y puso en marcha un proyecto personal con el que editó diversas guías. En sus textos latía el deseo de devolver a la vida los vestigios históricos y mitológicos que sus pasos descubrían, por lo que el nacimiento de su primera novela, El valle sin nombre, se produjo de manera natural como modo de mantener ese cordón umbilical con sus raíces. Tras ella llegaron LOS CRÍMENES DEL FARO -El faro del silencio, La fábrica de las sombras, El último akelarre y La jaula de sal-, una serie de cuatro libros inspirados por el thriller nórdico que se convirtieron en un éxito rotundo.
La danza de los tulipanes (Plaza & Janés, 2019) se colocó en los primeros puestos de las listas de más vendidos y lo consagró como uno de los autores más destacados de thriller tanto en España como en el extranjero, donde ocho de las editoriales internacionales más prestigiosas se rindieron al hechizo de su narrativa.
La hora de las gaviotas confirma que es el maestro del suspense: una novela ambiciosa, con una trama elegante y precisa que se despliega ante nuestros ojos como una red tejida con la delicadeza de un artesano, de la que no desearás escapar.
Sinopsis
El odio es el enemigo más peligroso.
Las gaviotas sobrevuelan inquietas la ciudad marinera de Hondarribia, que se ha vestido con sus mejores galas para celebrar un día especial. Sus graznidos compiten con los alegres sonidos que inundan las calles, donde los vecinos se preparan para disfrutar de la fiesta ajenos a la terrible amenaza que se cierne sobre ellos.
En mitad del desfile se desata el horror. Una puñalada salvaje y certera riega con sangre el frío suelo de piedra. Una mujer ha muerto asesinada. Y no será la última. La suboficial Ane Cestero y su unidad especial tendrán que dar caza a un asesino feroz e implacable, capaz de ocultarse a la vista de todo un pueblo.
La hora de las gaviotas es un thriller sinuoso, magnético e impecable que nos enfrenta al peor de los enemigos: el odio visceral que late escondido en todos nosotros.
[Información tomada directamente del ejemplar]
«El nudo en la garganta, ese que lleva días impidiendo que duerma por las noches, se hace más intenso. Pero la razón está de su parte. Está haciendo lo correcto. A sus dieciocho años ha llegado el momento de plantar cara a los intolerantes y demostrarles que sus gritos e insultos no van a amedrentarla». [pág. 11-12]
Este es uno de los primeros párrafos que ponemos leer en la última y nueva novela de Ibon Martín, La hora de las gaviotas. Leído fuera de contexto se podría aplicar a muchas circunstancias distintas. Y aunque no se especifica, os diré que ese pensamiento parte de la cabeza de una mujer, una joven -dieciocho años- que está dispuesta a luchar contra la intolerancia. Esa chica, en la novela de Martín, es Maitane, una de las hondarribitarras que ha puesto pie en pared, que lucha contra los puntales de una tradición que sí, que se remonta al siglo XVII, pero que no se ha adaptado a los nuevos tiempos. Porque, en Hondarribia, cada 8 de septiembre se celebra el Alarde, una festividad de la que ya os hablé aquí, justo cuando publiqué la entrevista con el autor. Os hablé del desfile tradicional en el que solo participan los hombres. Os hablé del desfile mixto, en el que se incorporan mujeres, pero que son obligadas a desfilar aparte y media hora antes de que lo haga la comitiva tradicional. Os hablé de unos plásticos negros que el público asistente alza en el aire para boicotear el paso de las mujeres. Os hablé de los gritos, de los insultos, del desprecio. En definitiva, os hablé de una situación que, para una persona de estos tiempos, resulta totalmente incomprensible.
Y en este contexto de festividad, en el que todo debería ser alegría y júbilo, se producen escenas dantescas de violencia y misoginia. El 8 de septiembre es una fecha marcada en negro en el calendario de Hondarribia y con esa atmósfera de crispación e intolerancia como fondo, Ibon Martín desarrolla una trama negra, un nuevo caso para los miembros de la UHI, la Unidad de Homicidios de Impacto, capitaneada esta vez por Ane Cestero, con Julia Lizardi como mano derecha, y Aitor Goenaga. Madrazo, el superior jerárquico, está en otros menesteres de los que luego os hablaré. Estos son los mismos personajes que ya protagonizaron la novela anterior de Martín, La danza de los tulipanes. Es por ello que cabe decir que estamos ante una nueva entrega de esta unidad de la Ertzaintza. Pero no temáis porqueLa hora de las gaviotas se puede leer con absoluta independencia, sin necesidad de haber leído la anterior. Ese ha sido mi caso, y he disfrutado de la lectura de esta novela como si fuera una obra autónoma. Os cuento un poco la trama.
Durante la celebración del Alarde, cuando la Ertzaintza ha desplegado todo un dispositivo de control por los diversos altercados que siempre se producen en esta celebración, se comete un asesinato. Camila, una de las mujeres que forma parte del desfile mixto, muere tras recibir una puñalada. Inmediatamente, Ane y todo su equipo se pone en marcha. Lo primero es hablar con el círculo más cercano de la víctima y localizar al dueño del cuchillo de buceo con el que se asestó la puñalada. Sin embargo, lo que parece un crimen contra la mujer, pronto se convierte en algo que va mucho más allá. El hallazgo de un cuaderno lleno de datos incomprensibles, el incendio provocado de un barco, propiedad de una de las familias más adineradas de la zona, y de un caserío en Biriatu, unas pintadas amenazantes, más un par de desapariciones y otros sucesos varios, dibujan un entramado en el que hay varias ramificaciones, por lo que la investigación se tendrá que vertebrar en distintas líneas.
¿Quién es el asesino o asesinos? ¿Están todos los hechos luctuosos conectados? Ante nosotros se despliega todo un rosario de posibles sospechosos. El juego está servido y el lector irá manejando las pistas de las que dispone para encontrar al culpable. Como punto a favor de la novela, diré que el desenlace no me lo esperaba. Ni se me pasó por la cabeza quién estaba detrás de todo, así que me llevé una buena sorpresa.
Esporádicamente, los capítulos que se centran en la investigación del crimen, se alternan con otros protagonizados únicamente por Madrazo. El oficial de la Ertzaintza se ha tomado unos días de vacaciones y está haciendo el Camino de Santiago en solitario. Lo que podía ser un peregrinaje como experiencia, en realidad esconde algo más. Madrazo carga con un peso que le cuesta soportar. El viaje hasta Santiago, o hasta donde sea que se dirige, es su manera de saldar una deuda. Aunque Ane lo reclama una y mil veces para que regrese a Hondarribia y prestar su ayuda al caso, Madrazo se mantiene firme en su propósito, algo que Ane no entiende, y esto provocará más de un roce entre ambos.
«Sabía que su viaje no iba a ser fácil de explicar a quienes mejor le conocen». [pág. 25]
El tema central de esta novela es el maltrato y la violencia contra la mujer, en todas sus vertientes. Al margen del típico caso doméstico, en el que una mujer es vejada y maltratada por su pareja varón, se puede ejercer violencia de género en otros ámbitos, como en el laboral o en el institucional,... Lo que más me gusta de esta novela es su nivel de denuncia. Ibon toma como punto de partida los sucesos que acontecen cada año en el Alarde para poner ante nuestras narices unos hechos absolutamente insólitos. Lo que ocurre en Hondarribia parece sacado de siglos pasados o pertenecer a la ciencia ficción. Lo más sangrante es que, entre ese selecto grupo de intolerantes, también hay mujeres, algo que me resulta del todo inconcebible. Es decir, que nos tiramos piedras sobre nuestro propio tejado. Y es que las tradiciones están muy bien, pero los tiempos cambian y hay que amoldarse a las nuevas eras, algo que no todo el mundo parece entender.
Y esa denuncia de la que os hablo también se hace extensible a las instituciones. La novela nos va a permitir ver que el sistema no funciona, que podemos tener casos de violencia contra la mujer delante de nuestras narices pero no se hace nada, o lo que se hace es insuficiente. Vamos a ver en la novela cómo fallan los protocolos. Actuar cuando ya se ha perpetrado un asesinato por violencia de género no es suficiente. Hay que adoptar medidas previas, impedir que la cosa llegue a mayores, pero es ahí donde está el fallo, en la inexistencia o la mala gestión de mecanismos de control previo. Sobre este punto, también reflexionará Ane.
Por otra parte, otras cuestiones que se abordan en el libro son el tráfico de drogas o la trata de blancas. La explotación sexual también tendrá su parte de protagonismo en esta historia que, como dije antes, esconde más de lo que, a priori, podríamos sospechar. Pero estando en el País Vasco, y aunque la trama se desarrolla durante 2019, la sombra de ETA sigue siendo muy alargada. Algo, relacionado con la banda terrorista, atormenta a uno de los personajes. Me ha gustado mucho esta parte, aunque ocupa bastante menos que toda la investigación criminal que lleva a cabo Cestero y su equipo.
Y también me gustan las novelas que me hacen viajar a sus escenarios, que me cuentan cómo son los lugares en los que transcurren los hechos, que me hablen de cultura, historia, anécdotas y leyendas. Hondarribia y todos los pueblos de alrededor tienen gran protagonismo. En estas páginas se habla de la cala de los frailes, del cabo de Híguer, del castillo de Abadía, del monte Jaizkibel o de las minas de Aiako Harria. Son lugares que podemos situar en el mapa que viene en las guardas delanteras y que nos permiten ubicarnos. Pero de Hondarribia también se habla de su industria. Interesantísimo todo lo que se cuenta sobre las algas rojas o sobre la producción de vino submarino, esetxacoli «madurado durante seis meses bajo el mar entre las olas del cabo de Híguer».
No puedo olvidarme de la mitología vasca, tan apasionante como todas esas leyendas y mitos que recorren la cornisa cantábrica. En la novela vamos a ver a Ane luciendo un tatuaje en el cuello, «una representación de la diosa Mari y de Sugaar, la culebra macho que la mitología vasca empareja con ella». También conoceremos una curiosa formación geográfica, dos rocas gemelas en la playa de Ondarraitz (Hendaia), de la que la mitología cuenta que «fueron lanzadas por un gigantesco gentil que trataba de destruir la catedral de Baiona».
Por último, Ane forma parte de un grupo musical, junto con sus amigas Olaia y Nagore. La formación lleva por nombre The Lamiak, en referencia a las lamias, entes femeninos que viven en cuevas o ríos. Entre el clima, los pueblos pequeños y la mitología se conforma una atmósfera idónea para que el lector se sienta parte integrante de la trama.
Los personajes arrastran lastre del pasado. Algunas de sus preocupaciones o problemas ya tuvieron un desarrollo previo en La danza de los tulipanes pero, en caso de no haber leído la novela anterior, Ibon Martín se encarga de ponernos en antecedentes. En el caso de Ane, podríamos decir que es una mujer de su tiempo, actual, valiente, arrojada, pero que se esconde tras una coraza, una armadura que luce desde la adolescencia,y de la que solo deja ver algunos piercings y tatuajes. Lo que a Ane le ocurre se extiende mucho más allá de la novela previa, y tendrá que ver con sus años más jóvenes y más vulnerables. Lo que le sucedió tiene mucha vinculación con el tipo de trabajo que desempeña, con el caso que tiene en las manos. Ane se sube por las paredes, está rabiosa, marcada, y eso provoca que a veces se comporte de forma violenta y pierda el control. Ha tenido más de un altercado, por eso piensa que, si vuelve a liarla, la echarán del cuerpo. A eso se suma que es un poco irreverente con el protocolo, saltándose los límites que le marca su profesión y el cargo que ocupa.
Su madre es un punto débil. Es una mujer que no lo ha pasado bien y que necesita ayuda. Por eso hay que estar a su lado, apoyarla y ampararla, aunque a Ane no le resulta fácil compaginar el cuidado de la madre con su trabajo. No es de extrañar. En realidad, la inspectora no parece muy unida a su progenitora. Prefiere volcarse en sus amigas, en Olaia y Nagore, las que para ella constituyen un verdadero refugio. La relación entre Ane y sus amigas será muy intensa y también muy traumática.
A Julia le pasa algo similar. Arrastra una preocupación desde la novela anterior, un asunto personal relacionado con su nacimiento, que la perturba. Es importante saber de dónde venimos y Julia siente el deseo de conocer sus orígenes para sentirse en paz. La joven, un tanto solitaria, tiene una conexión muy potente con el mar. Hace surf y a través de ella conoceremos algo más de esta práctica deportiva.
Con un total de 79 capítulos cortos, y narrado en tercera persona, La hora de las gaviotas ha supuesto una buena lectura negra. No le falta la intriga ni el suspense. Esto último no se circunscribe únicamente a la investigación criminal sino que, el mismo hilo que protagoniza Madrazo esconde una buena dosis de misterio. ¿A quién quiere localizar el inspector y por qué? Mi estreno con la narrativa de Ibon Martín ha sido muy satisfactorio. Me ha gustado mucho andar literariamente por el norte, conocer a Ane y a Julia, y perderme por esas tierras tan hermosas, pero que también tienen cosas que ocultar. Sin duda, esperaré un nuevo encuentro con los miembros de la UHI.
[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]
La localidad de Hondarribia es famosa por ser un hermosísimo enclave de Guipúzcoa. La visité no hace muchos años, en pleno verano, y bullía de un turismo que, seguramente, deja en paz sus calles con la llegada del invierno. Me enamoró su casco histórico, esas casas señoriales y esas otras tan pintorescas, de balcones y balaustradas de colores. Pero, lo que desconocía del municipio son sus fiestas y su folclore. El día 8 de septiembre, coincidiendo con la festividad de la Virgen de Guadalupe, patrona del municipio, tiene lugar el Alarde. Se trata de un desfile que conmemora la victoria sobre el ejército francés en el sitio que sufrió la villa, en el año 1638. Hombres, vestidos de militar, marchan por las calles más céntricas de la localidad. Hombres. Solo hombres. O por lo menos, así ha sido hasta hace unos veinticinco años, cuando unas mujeres manifestaron su deseo de formar parte del desfile. Veinticinco años en los que, cada 8 de septiembre, la alegría de la ciudad se tiñe de rencillas, disputas y violencia cuando, esas mujeres que desean formar parte de la comitiva, tienen que desfilar media hora antes del desfile tradicional, el de los hombres.
En un contexto tan convulso como este, Ibon Martín desarrolla la trama de su nueva novela, La hora de las gaviotas. Un asesinato tendrá lugar durante el desfile mixto. Una mujer perderá la vida. Le tocará a los miembros de la UHI, la Unidad de Homicidios de Impacto, a Ane Cestero, Julia y al resto del equipo, encontrar al asesino de este crimen y de otros actos luctuosos que tendrán lugar.
Hablamos con Ibon Martín.
Marisa G.- Ibon, antes de empezar a hablar del libro, hay algo que me resulta curioso. Tú empezaste publicando guías de viaje, pero creo que centradas únicamente en Euskadi, ¿es así?
Ibon M.- Sí, sí, correcto. Estudié periodismo y cuando terminé la carrera, no encontraba trabajo. Así que empecé a hacer lo que a mí me gustaba, que era echarme al monte. Cogía un mapa del ejército, trazaba un recorrido y me lanzaba a recorrerlo. Un día se me ocurrió que sería interesante publicar guías de excursiones con estas rutas que iba descubriendo. Se lo planteé a una editorial pero me dijeron que no, así que me aventuré a publicarlas yo. Fue un éxito terrible. Se llegaron a vender treinta mil ejemplares que, para ser una guía de excursiones, y centradas en el País Vasco, era algo impensable. A partir de aquel primer libro me dediqué durante muchos años a las guías de excursiones.
M.G.- ¿Y das el salto a la literatura por probar algo diferente?
I.M.- Doy el salto a la literatura porque me di cuenta que disfrutaba muchísimo de la parte introductoria de las guías, porque tenía un punto de creación. Entonces empecé a escribir novela a ratos, como hobby. De hecho, me llevé cinco años escribiendo la primera novela. A partir de ahí, comprendí que me gustaba mucho más la literatura que los viajes y, además, que podía vender y vivir de ello.
M.G.- La hora de las gaviotas es la segunda entrega de la anterior, de La danza de los tulipanes. ¿Es así?
I.M.- Así es. Es la segunda entrega. Aquella y esta comparten el mismo equipo investigador, la UHI (Unidad de Homicidios de Impacto), con Madrazo, Ane y Julia, pero el caso es completamente distinto. Por lo tanto, se podrían leer en cualquier orden.
M.G.- En cualquier caso, en esta nueva novela, los personajes arrastran circunstancias que ya existían en la anterior.
I.M.- Sí, eso sí te puede invitar a leer antes La danza de los tulipanes. A los lectores que tienen los dos libros, siempre les digo que empiecen por La danza pero, si solo quieres leerte uno, y te llama más la atención la trama de La hora de las gaviotas te lo puedes leer sin problema. En realidad, no vas a tener la sensación de estar perdiéndote algo porque, aunque esos personajes tienen un pasado previo, en esta nueva novela te voy a dar las pinceladas suficientes para que puedas entender lo que han vivido previamente.
M.G.- El caso de esta novela se centra en Hondarribia, durante el Alarde. Yo no conocía esta fiesta. ¿Qué es el Alarde?
I.M.- Le pasa a todo el mundo que no es del País Vasco. El Alarde es una fiesta local que no trasciende más allá de la comunidad pero, desde hace veinticinco años, sí ocupa las primeras páginas de los informativos del País Vasco. El Alarde es un desfile que, durante algo más de trescientos años, se ha celebrado de manera tradicional. Es decir, solo participaban los hombres, vestidos con ropas militares y desfilando al son de marchas militares, en homenaje a la patrona de la localidad que es la Virgen de Guadalupe. Pero ocurre que, en el año 1996, un grupo de mujeres pide participar en esa fiesta en condiciones de igualdad y se dieron de bruces con la tradición. Le negaron ese derecho. La solución que ellas encuentran es crear su propio desfile alternativo y el Ayuntamiento las obliga a desfilar media hora antes que los hombres. ¿Qué ocurre? Pues que, como están desfilando por las mismas calles en las que la gente está esperando el desfile de los hombres, se encuentran con un grupo de intolerantes que tratan de boicotear su paso. Para ello, levantan una serie de plásticos negros para invisibilizarlas, tocan silbatos y protestan. Es algo muy desagradable y el enfrentamiento a nivel local es esperpéntico.
No he podido ir a presentar La hora de las gaviotas a Hondarribia, ni a ningún lugar de la zona, porque nadie se ha atrevido a organizar nada.
M.G.- Pues precisamente te iba a preguntar si habíais hecho alguna presentación porque, claro, es algo que ocurre allí, pero la novela da a conocer estos desagradables hechos al resto de España. No es para estar orgullosos.
I.M.- No, para nada.
M.G.- De hecho, te confieso que, leyendo la novela, pensé que todo era ficción o que eran cosas que ocurrieron en tiempos muy lejanos. Pero busco información y no. Es algo actual. Flipé.
I.M.- Y lo más flipante es que, en realidad, no transciende mucho. Por eso creo que lo que más ha dolido a los intolerantes de esta novela es que un libro, de alcance nacional e internacional porque será traducido a bastantes idiomas, ponga la lupa sobre ese hecho del que ellos, no sé si se avergonzarán pero, desde luego, no les gusta que nadie hable, para que todo siga igual. Se sienten muy incómodos cada vez que se toca el tema.
M.G.- Pensarán que los trapos sucios se lavan en casa.
I.M.- Exacto. Lo mínimo que me han dicho es que me dedique a hablar de los desfiles de mi pueblo.
M.G.- Pero Ibon, es que el planteamiento de esta novela puede dar ideas a algún pirado. Que hay gente muy loca por ahí suelta.
I.M.- Es verdad que, todos los años, en el Alarde se llega a las manos. Por eso, el dispositivo que monta la Ertzaintza durante el Alarde no es comparable a ninguna otra cosa que ocurra en el País Vasco. Se destinan al Alarde más efectivos que a cualquier otro evento, como una final de Eurocopa, por ejemplo. La Ertzaintza se vuelca en este desfile y blinda el pueblo porque los conatos de incidentes están en cada esquina.
M.G.- La temática de la novela es la violencia contra la mujer, pero no solo en el ámbito doméstico. Estamos hablando de una violencia institucional. Es decir, tú vas tocando este tema desde diferentes ángulos.
I.M.- Sí, sí. El Ayuntamiento de Hondarribia es el primero que se pone de lado de la tradición y les niega a las mujeres el derecho a desfilar. Es el ayuntamiento el que les obliga a desfilar media hora antes cuando saben que, haciendo eso, lo único que consiguen es fomentar ese boicot.
El machismo en el ámbito laboral también está presente en la novela, a través de Ane Cestero. Ane es una ertzaina al mando de una unidad importante y no lo tiene fácil. Muchas veces le llegan insinuaciones con respecto a dónde y cómo ha llegado en la escala de mandos, y no se refieren precisamente a su profesionalidad. Son situaciones que hay que denunciar y aquellos que tenemos un mínimo altavoz tenemos que dar visibilidad a estos hechos. Existe violencia contra la mujer en todos los ámbitos. Se empieza a desterrar la punta del iceberg, pero queda muchísimo que destapar.
M.G.- Una violencia que está relacionada con el fanatismo, con las tradiciones mal entendidas, con el odio,... como si estuviéramos anclados en siglos anteriores y no hubiéramos avanzado nada.
I.M.- Totalmente. Además, en los últimos años parece que estamos volviendo atrás. Por ejemplo, hay casos de chicas jóvenes que están siendo controladas por sus parejas. Y si nos fijamos en el Alarde de Hondarribia, la mayoría de las personas que fomentan ese boicot y que levantan esos plásticos, son mujeres menores de veinte años. Es algo que sorprende mucho.
[Nota: No dejad de ver el vídeo. Es impresionante.
Fuente: Canal YouTube El País.]
M.G.- Este tema te permite introducir crítica y dar voz a esas actitudes de las autoridades que no hacen nada al respecto. Por ejemplo, hay un caso de violencia doméstica en la novela frente al que la Ertzaintza parece mirar hacia otro lado.
I.M.- Bueno, es que es muy complicado. De entre la gente con la que trabajo para documentarme, tengo amigos ertzaina que trabajan en violencia de género y se quejan de que, primero tienen pocos efectivos, y segundo, de que tienen las manos atadas. Además, hay denuncias que se acaban retirando por falta de apoyo, porque los vecinos o los familiares no prestan testimonio. Mira, en La danza de los tulipanes hay un asesinato machista en el que una vecina, durante un interrogatorio, asegura que el marido de la víctima siempre estaba pegando a su pareja. Sin embargo, esa vecina jamás informó a la Ertzaintza, ni hizo nada. En cierto modo se puede entender que ha sido cómplice. Ese mutismo es algo muy común.
M.G.- Influirá mucho que sean municipios pequeños, donde todo el mundo se conoce, donde todo el mundo sabe todo de todos, y donde es complicado dar un paso adelante por no señalarse.
I.M.- También. Me gusta mucho localizar mis novelas en escenarios rurales, precisamente por esto que mencionas. Hay un dicho que dice: Pueblo pequeño, infierno grande. Es un dicho muy real. Mientras más pequeño sea el pueblo, más infernal resulta para sus habitantes. Desde la ciudad, tendemos a pensar en el mundo rural como en un entorno muy apacible pero, al fin y al cabo, son como grandes vecindarios donde todo el mundo se conoce. En un pueblo pequeño todo se magnifica.
M.G.- Esta novela nos habla sobre la violencia contra la mujer y con muchos personajes femeninos, tanto en primera como en segunda línea de protagonismo, muy potentes y con carácter.
I.M.- Es algo que me ha ido saliendo así. Creo que el motivo puede ser porque me crió principalmente mi madre, he tenido mucha relación con mi abuela y, además, he tenido una hija. Es decir, han habido muchas mujeres en mi vida, aunque suene un poco... (ríe). Quiero decir que he vivido en un entorno muy femenino. A la hora de escribir, me siento más cómodo desarrollando personajes femeninos. Crecen más por su propio pie. En algún momento, he pretendido que un personaje masculino tenga más peso pero no me sale su desarrollo. Así que, en esta novela hago un juego bonito con Ane y Julia. Bueno, también está Madrazo pero queda más en su segundo plano.
M.G.- Ahora que mencionas a Madrazo, él protagoniza una subtrama. Está al margen de la investigación porque está recorriendo el Camino de Santiago, con un propósito que añade mucho misterio a la novela.
I.M.- Madrazo es el jefe de Ane pero tiene un secreto. Obviamente el lector, al igual que Ane Cestero, entiende que ahí pasa algo, que no se trata de un peregrinaje sin más. Lo que le ocurre a Madrazo tiene que ver con el pasado y se irá viendo con el avance de la trama.
M.G.- La mitología vasca asoma en esta novela. No puede faltar porque es una tierra con muchas leyendas y mitos.
I.M.- Uno de los puntos fuertes de la cultura vasca es la mitología. Alguna vez me he preguntado por qué el País Vasco o mejor, toda la cornisa cantábrica, tiene una mitología tan rica. Creo que tiene mucho que ver con la climatología. La mitología no deja de ser un puñado de historias que se contaban al calor del fuego en las tardes lluviosas de invierno, y que han ido pasando de generación en generación. El clima hostil que tenemos en el norte ha fomentado una mayor cantidad de horas de encierro o temor a la naturaleza, con la niebla, la lluvia o los mares de nubes. Todo eso genera mitos y leyendas que, con otro clima, no se producen. Pero me gusta que toda esa mitología esté presente.
M.G.- A mí me encanta. Como también me han parecido muy interesante esos negocios que surgen en la zona. Vemos la cubierta del libro, con ese agua rojiza, fruto de la proliferación de las algas rojas, que tienen mucha presencia en la novela. O también, los vinos submarinos. No había oído hablar de este tipo de vinos jamás.
I.M.- La recolección de algas es muy habitual en esa zona. Cuando llegan las mareas vivas en septiembre, se desprenden las algas rojas del fondo del mar. De esas algas se extrae la gelatina de origen vegetal y suelen comprarlas tanto las farmacéuticas como la industria alimentaria. Ver toda la costa vasca llena de este tipo de algas impresiona mucho. Hay gente que se dedica a cosechar esas algas. Hacen uso de unos teleféricos, muy rudimentarios, que se accionan con el motor de un tractor, para ir subiendo fardos de algas desde el fondo de los acantilados. Luego, esas algas se extienden por los campos para que se sequen.
M.G.- ¿Te he leído que la novela la has escrito dentro de una furgoneta? ¿Esto es posible?
I.M.- (Ríe) Sí, sí, es verdad. Empecé a escribir yendo a Hondarribia porque me gusta pasear por los escenarios que luego uso en la novela. Pero llegó el confinamiento y en casa soy incapaz de escribir. Entonces, un vecino me ofreció una furgoneta aparcada en la puerta de casa, la acondicioné como pude, y ahí me pasé todo el confinamiento, escribiendo dentro de la furgoneta. Esa fue mi oficina, en la que pasé mucho frío a primera hora de la mañana y mucho calor cuando la furgoneta se recalentaba a mediodía.
M.G.- Ibon, la acción transcurre en un par de semanas. Muy poco tiempo para todo lo que ocurre. No sé si estarás de acuerdo conmigo en que la acción no es muy frenética, ¿no? No percibo un ritmo vertiginoso. Por lo menos, hasta donde yo llevo leído.
I.M.- En cuanto al ritmo, el libro tiene dos partes diferenciadas. En la primera mitad, la novela avanza a un ritmo más lento. Sin embargo, llega un momento en el que, al producirse un secuestro, toda la acción se agiliza. A partir de ahí, la novela se acelera. En cualquier caso, intento que el lector pueda, por un lado, investigar y sumergirse en la investigación y, por otro, disfrutar del entorno, paseando por Hondarribia, impregnarse del salitre de los acantilados o sentir el xirimiri cayendo en el cabo de Híguer.
M.G.- Ya para ir terminando, es verdad que, en 2020, no hubo altercado en el Alarde porque no lo hubo en ningún punto de España, a causa de la pandemia. Sencillamente, no hubo Alarde. En cuestión de unos meses, si se celebra este desfile, ¿habrá jaleo otra vez?
I.M.- El otro día hablaba con alguien de Hondarribia y me decía que ahora que se ha producido este parón, se podía haber aprovechado para resetear todo esto y empezar de cero. No se ha hecho nada. La sensación en el pueblo es de un enconamiento total y el próximo Alarde, que no sé si tendrá lugar este mismo año o no, desgraciadamente será igual que los que hemos vivido en años anteriores.
M.G.- ¿Y vas a seguir escribiendo sobre Euskadi?
I.M.- Sí, entre otras cosas porque me obliga la unidad policial que protagoniza estas novelas. Mientras siga escribiendo con Cestero, Julia o Madrazo como protagonistas, tengo que ceñirme a la Comunidad Autónoma Vasca. Al haber elegido a la Ertzaintza como protagonista me he limitado a tenerme que quedar en el País Vasco.
M.G.- Pues una tierra preciosa. Muchas gracias Ibon por bajar al sur. Ha sido un placer conocerte.
I.M.- Lo mismo digo. Gracias.
Sinopsis: El odio es el enemigo más peligroso.
Las gaviotas sobrevuelan inquietas la ciudad marinera de Hondarribia, que se ha vestido con sus mejores galas para celebrar un día especial. Sus graznidos compiten con los alegres sonidos que inundan las calles, donde los vecinos se preparan para disfrutar de la fiesta ajenos a la terrible amenaza que se cierne sobre ellos.
En mitad del desfile se desata el horror. Una puñalada salvaje y certera riega con sangre el frío suelo de piedra. Una mujer ha muerto asesinada. Y no será la última. La suboficial Ane Cestero y su unidad especial tendrán que dar caza a un asesino feroz e implacable, capaz de ocultarse a la vista de todo un pueblo.
La hora de las gaviotas es un thriller sinuoso, magnético e impecable que nos enfrenta al peor de los enemigos: el odio visceral que late escondido en todos nosotros.