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martes, 7 de abril de 2015

ENTREVISTA a CHUFO LLORÉNS (La ley de los justos).

Autor


Chufo Lloréns (Barcelona, 1931) estudió Derecho, si bien desarrolló su actividad como empresario en el mundo del espectáculo. Desde siempre apasionado por la Historia, no inició su carrera literaria hasta hace veinticinco años. Entres sus obras destacan Catalina, la fugitiva de San Benito (2008), La otra lepra (2010) y La saga de los malditos (2011), todas ellas publicadas en Debolsillo. Te daré la tierra (2008) y Mar de fuego (2011), publicadas en Grijalbo y ambientadas en la Barcelona medieval, fueron sendos éxitos de ventas y le han convertido en uno de los autores favoritos entre el público de novela histórica, tanto en España como en el extranjero. Los derechos de traducción se han vendido en doce países, sumando 1.000.000 de ejemplares en todo el mundo. 

En La ley de los justos, Chufo Lloréns retoma su escenario favorio, Barcelona, en otro de los momentos clave de la Historia: el agitado final del siglo XIX, una época de cambios y tensiones en que la ciudad se proyectó al mundo con la organización de la Exposición Universal de 1888.

Sinopsis


En la Barcelona modernista germina una historia de amor entre dos jóvenes de clases sociales distintas. Una gran novela de pasión, ideales y venganza.


A finales del siglo XIX, Barcelona vive una época de esplendor. Acaba de celebrarse con gran éxito la Exposición Universal y una burguesía próspera y culta, que busca inspiración en los salones parisinos, exhibe su elegancia en fiestas y veladas musicales. Pero al otro lado de la ciudad, donde las calles se estrechan y huelen a pobreza, el rencor y la injusticia están fraguando una revolución capaz de recurrir a la violencia más descarnada. 

En este ambiente cargado de desconfianza y temor, Candela y Juan Pedro, procedentes de clases sociales muy diferentes, tendrán que enfrentarse a los prejuicios de unos y otros para defender su amor.

Con la habilidad de los grandes maestros de la novela histórica, Chufo Lloréns teje un tapiz geográfico y humano apasionante. Su pluma ágil y perspicaz nos conduce desde los lujosos reservados del teatro del Liceo hasta los lóbregos sótanos donde se tramaban las conjuras anarquistas.

Obreros agraviados, herederos indolentes, mujeres de mala vida e indianos con fortuna se mezclan en este retrato colorido y veraz de una Barcelona luminosa y moderna, pero también agitada y peligrosa.

[Biografía y sinopsis tomadas directamente del ejemplar]


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El día que entrevisté a Chufo Lloréns, Sevilla no presentaba su mejor aspecto. Llovía a mares, el cielo estaba gris y plomizo y la temperatura había bajado unos cuantos grados de tal modo que se hacía necesario usar algo de abrigo. Sin embargo, el interior del hotel en el que nos encontramos era acogedor y muy confortable, un antiguo corral de vecinos rehabilitado que aún conserva su aroma de antaño.

La ley de los justos, la nueva novela de Chufo Lloréns, llama la atención tanto por la ilustración de la cubierta que muestra una estampa de época como por su considerable volumen. Apenas llevaba unas trescientas páginas leídas de las casi mil doscientas que tiene esta publicación pero este hecho no fue ningún obstáculo para conversar gratamente con su autor. Esto fue lo que nos contó.


Marisa G.- Buenos días Chufo, lo primero que tengo que decirle es que el libro me está gustando muchísimo. Llevo leído algo menos de la mitad pero la estoy disfrutando. 

Chufo Ll.- Es lo mejor que me pueden decir. No hay libros cortos ni largos, hay libros que te enganchan y otros que no. Cuando un libro te gusta y te quedan ochenta páginas, da pena que se acabe. Por ahora es lo que van diciendo los lectores. Es estupendo. Los lectores es la gran compensación del escritor.

M.G.- He estado mirando un poco su biografía y me ha sorprendido muchísimo la trayectoria que usted ha tenido. Ha hecho usted muchas cosas y todas muy distintas y me llama la atención que empieza usted a escribir una vez que se jubila.

Ch.Ll.- Bueno empiezo a escribir antes porque yo escribía guiones de humor para artistas míos y luego empecé mi peripecia con un libro que mi mujer presentó al Planeta sin mi permiso y quedé finalista. Fue tremendo. Posteriormente cayó en mis manos una  historia terrible de unos artistas que llegaron a mi sala de fiestas. Era un gran artista, grandioso,  y su manager era el más atípico que he conocido. Era un chico que vestía siempre de negro, muy tranquilo. El artista se había salido de cura porque no tenía vocación, era homosexual y se había juntado con el otro. Nosotros veíamos que se echaba en los sofás y que se encontraba mal y resultó que tenía sida. Por aquel entonces el sida era muy desconocido, una autentica lacra. Vivimos la historia de los dos, algo muy dramático. Hicimos por ellos lo que pudimos, lo llevábamos al médico, lo vimos morir,... Nos impactó mucho aquella historia y la escribí pero ahí lo dejé. Y luego, cuando me jubilé volví a retomar la escritura porque a mí siempre me ha gustado la Historia, he sido un fanático de la Historia.Y así empecé con el tema de Catalina,... y con La saga de los malditos, Te haré la tierra, Mar de fuego,... y ahora esta.

M.G.- Esta novela también transcurre en Barcelona, como algunas anteriores. ¿Le gusta a usted dejar rastro de la ciudad que lo vio nacer?

Ch.Ll.- Bueno, Catalina es la corte de Felipe IV en Madrid y la saga, la parte antigua es Toledo y Sevilla. Luego caí en el siglo XI catalán que da mucho de sí. Yo siempre procuro buscar un periodo de la Historia que me atraiga mucho y que pasen muchas cosas. Ese decenio en el que se centra esta novela  de ahora es realmente apasionante.

M.G.- En la novela toca usted la Exposición Universal, asoma la Barcelona con esa burguesía emergente, con el surgimiento de los anarquistas... Fue un momento con muchos cambios. ¿Cómo se vivía en esos años?

Ch.Ll.- Imagino que no había clase media. Los ricos eran muy ricos. Y, al igual que hoy tenemos los ordenadores, el IPad,... por entonces llegó la electricidad, el teléfono, el telégrafo.... Se hace un prueba con un submarino en el puerto de Barcelona y un ministro dice que no es un barco interesante,... Esa gente se cree que estaba en la cima del mundo. La burguesía muy potente, que ama mucho la ciudad, hace cosas muy importantes para ellos pero también para Barcelona: Casa Batlló, la Pedrera, Gaudí,... Lugares a los que ahora viene mucho turismo. Eso fue lo que ellos dejaron. Ahora una burguesía de este tipo no hay. Para ellos sí hacen cosas pero no para la ciudad.

M.G.- Son muchos los personajes que surgen en la novela pero uno me ha llamado especialmente la atención, me refiero a Patricia Betancurt, que realmente se llamaba Enriqueta Martí, la vampira de la calle Poniente.

Ch.Ll.- Ese personaje es posterior pero yo la he querido reciclar porque es tan apetitoso que me apetecía aprovecharlo para la novela.

M.G.- Es un personaje muy curioso.

Ch.Ll.- La mujer que hoy vive en su casa todavía recibe visitas de gente que quiere ver dónde vivía esta mujer. Iba al Liceo como gran señora, luego se hacía cargo de algunos niños como niñera, los vestía de mendigos y los usaba para pedir limosnas. También mataban niños para hacer pomadas con su grasa y sus vísceras, que las vendían como cremas rejuvenecedoras,... Al final la descubren y muere en Reina María porque otras presas la mataron. Es un personaje totalmente novelesco pero que me ha permitido mezclar la ficción con la realidad. De todos modos, yo siempre digo que La ley de los justos es novela histórica. Quiero reflejar un marco de Barcelona y quiero que el lector se imbuya en una Barcelona potentísima y renaciente con todos los ambientes, el de los ricos riquísimos que son unos triunfadores y luego la parte canalla del Raval que partieron por la mitad para hacer la Vía Layetana y de donde salió el anarquismo.

Es una época muy interesante donde te encuentras a personajes tremendamente aprovechables para esta novela pero que no he podido incluir porque si me dejo llevar me hubiera salido un libro de dos mil quinientas páginas. No podía ser.

M.G.- Bueno, en algún lugar he leído que inicialmente este libro tenía mil quinientas páginas y usted tuvo que quitar algo.

Ch.Ll.- Sí, sí,... quité unas trescientas páginas. Las eliminé no porque no me gustaran sino porque el argumento se entiende perfectamente sin esas páginas. Está más ordenado así. Ahora bien, a mí me gustaría un día publicarlas como un anexo. Si esta novela tiene éxito, que espero que sí, será entonces cuando me plantee publicar ese otro libro con esas páginas que figuraban en el original.

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