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miércoles, 23 de febrero de 2022

PAN DE LIMÓN CON SEMILLAS DE AMAPOLA (DRAMA - 2021)

Año: 2021

Nacionalidad: España

Director: Benito Zambrano

Reparto: Elia Galera, Eva Martín, Mariona Pagès, Marilu Marini, Tommy Schlesser, Claudia Faci, Pere Arquillué, Pep Tosar, Nansi Nsue, Ana Gracia, Hoji Fortuna, Toni Pons Vera, Joseph Ewonde, Carles Molinet, Luis Dyangani

Género: Drama

Sinopsis: En Valldemossa, un pequeño pueblo del interior de Mallorca, Anna (Eva Martín) y Marina (Elia Galera), dos hermanas que fueron separadas en su adolescencia, se encuentran de nuevo para vender una panadería que han heredado de una misteriosa mujer a la que creen no conocer. Las hermanas son dos mujeres con vidas muy diferentes. Anna apenas ha salido de la isla y sigue casada con un hombre al que ya no ama. Marina viaja por el mundo trabajando como doctora para una ONG. Mientras intentan descubrir los secretos que encierra su enigmática herencia, Anna y Marina tendrán que hacer frente a viejos conflictos familiares e intentar recuperar los años perdidos.

[Fuente: Filmaffinity]


Esta semana solo voy a poder publicar una reseña y he elegido para la ocasión un 2x1, es decir, una película basada en una novela. Ahí vamos.

Pan de limón con semillas de amapola es la adaptación cinematográfica de la novela con título homónimo, escrita por Cristina Campos. Se publicó en 2016 y ha cosechado infinidad de buenas opiniones. Por ejemplo, Beatriz y Concha de Lector a Lector comentaron que se trata de una novela que da «pena que se acabe, de las que cuesta separarse y que cuando la acabas te quedas un rato abrazada a ella para alargar y demorar más posible ese momento»; Raquel de Los augurios de la luna dijo que se trata de una novela conmovedora, «tanto que acabé llorando agarrada al libro y pensando en si es justa o no la vida, la verdad que la autora ha sabido trazar un final que te deja tocada, a lo largo de toda la historia vas acumulando sentimientos, y todos los sueltas en las últimas páginas de la novela»; y Paco de Un lector indiscreto comentó que es «una lectura muy atractiva, visual y con claros rasgos cinematográficos». Ahí va el booktrailer:




Con reseñas tan emotivas, me quedé con las ganas de leer la novela. Sin embargo, al poco tiempo supe que Benito Zambrano tenía pensado llevarla al cine y me alegré por partida doble. Primero porque me apetecía asomarme a esta historia, aunque fuera en formato audiovisual. Segundo porque me encanta Zambrano. Me parece un director que sabe tocar la fibra del espectador. Al menos, fue eso lo que consiguió conmigo, al dirigir Solas, La voz dormida o Intemperie. Y dicho y hecho. Antes de finales de año pude ver esta película. ¿Qué me ha parecido? Triste. Tristísima, pero muy bella. Salí de la sala de cine con una congoja agarrada al pecho que no me podía quitar de ningún modo. Me costaba separarme de los personajes, de su historia, de sus sentimientos, de su drama. Y aún perdura esa sensación. Desconozco si la película adapta con más o menos libertad la novela de Cristina Campos. Sin embargo, creo que sí mantiene esa sensación conmovedora, esa ternura, esa angustia de la que hablan los que la han leído.  Pero, ¿cuál es su argumento realmente? 

Pan de limón con semillas de amapola cuenta la historia de las hermanas Ferrugat. Anna es la mayor. Vive en un pueblo de Mallorca. Está casada con Armando, un constructor cuya empresa no pasa por un buen momento, y es madre de Anita, una adolescente que le da más de un quebradero de cabeza. Por su parte, Marina es un médico cooperante en África. Es ginecóloga y se encarga de tratar a las mujeres embarazadas y asistirlas en el parto. 

Al principio, la narración se vertebra en dos hilos, uno por cada una de las hermanas. Marina la conoceremos en plena faena. En mitad de un parto, la madre, una mujer africana, pierde la vida, pero ella consigue salvar al bebé. ¿Quién se va a hacer cargo de la pequeña recién nacida? Nadie. La madre era prostituta y no parece tener ningún familiar que vaya a reclamar a su retoño. Solo queda que las monjas se hagan cargo de él y le encuentren una familia adoptiva. 

Marina tiene pareja. Mathias es otro cooperante. Se ven poco porque cada uno tiene una misión en este país de tantas complicaciones, pero cuando consiguen estar juntos son tremendamente felices. Han conseguido amoldar su relación a la imprevisibilidad de su trabajo. Él le ha pedido matrimonio pero ella está bien así. No hay necesidad de firmar ningún papel.

Por su parte, Anna tiene una vida doméstica. No trabaja y simplemente se hace cargo de la logística del hogar. Antes lo tenía más fácil, cuando contaba con ayuda de empleadas del hogar y jardineros pero ahora, con una situación económica muy precaria, todo se ha vuelto más cuesta arriba. Incluso el banco devuelve los recibos del colegio de la hija. Anna vive con su marido y su hija en la casa familiar, en la que perteneció a sus padres y de la que ahora son propietarias Anna y Marina. A esta última nunca le importó. No hay nada en esa casa que ella quiera. 

Anna no tiene una buena relación con su marido. Armando es un tipo violento, agresivo, desagradable. Trata a su mujer con la punta del pie y jamás se ha interesado por la vida de su hija. Ahora, su carácter se ha agriado mucho más, ahora que están arruinados y que podrían acabar en la cárcel. Armando está desesperado. Necesita encontrar dinero aunque sea debajo de las piedras. Y sin esperarlo, su mujer hereda un inmueble. La suerte, a veces, favorece a los más despreciables.

El misterioso legado que una desconocida deja a Anna y a Marina obligará a esta última a viajar a España. Allí tratarán de averiguar por qué una mujer de la que no sabían nada les ha dejado un inmueble, en cuya planta baja radica una panadería que regenta Catalina desde hace muchos años. Pan de limón con semillas de amapola indagará en el pasado de la familia Ferrugat. Descubrirá cómo eran las relaciones personales entre sus miembros, quién es la mujer misteriosa que ha hecho testamento en favor de las hermanas, por qué hay ciertas piezas en la historia de la familia que no cuadran. Y a la vez que indagan sobre todo esto, dos subtramas aderezarán el relato principal: la maternidad y la enfermedad.

¿Qué me ha gustado de la película?

Las historias familiares tienen ese encanto que la hacen especialmente interesantes en el ámbito literario y cinematográfico. Las familias esconden secretos, tratan de ocultar hechos vergonzosos o miembros que fueron el garbanzo negro. Indagar y descubrir todo aquello que se trata de ocultar con ahínco siempre me ha llamado la atención,  y eso es precisamente lo que nos va a ofrecer esta película, la revelación de los secretos en la familia Ferrugat.

Para ello, la historia se vale de cinco mujeres. Cada una de ellas tiene una vida distinta y procede de un lugar diferente. Y, sin embargo, terminarán tremendamente unidas. A lo largo de la historia iremos viendo cómo estas mujeres van tejiendo una amistad que, a cada paso, se vuelve más necesaria. Se necesitan la una a la otra, se ayudan, se escuchan, se comprenden. Esas relaciones, las que se forjan entre ellas, es lo que más me ha gustado de la película. La amistad que las une me ha parecido de una belleza extraordinaria, que encierra un gran mensaje porque, ante la adversidad, no hay nada mejor que aunar fuerzas y apoyarse unas en otras. 

Pequeñas pegas

Tengo que admitir que, al principio, me perdí un poco con el desarrollo de los hechos. No sabía muy bien de qué herencia hablaban, de qué inmueble y por qué se extrañaban tanto. Pero poco a poco vas descubriendo que la persona que ha testado en favor de Anna y Marina es una desconocida para ellas. A partir de ahí, las piezas fueron encajando en su sitio y fui comprendiendo mejor qué es lo que ocurría. 

También tengo que decir que el desenlace se ve venir, y desde bastante distancia. Al menos, yo lo intuí desde la mitad de la película. Cuando hay sucesos que no encajan en la historia familiar, cuando hay un nombre que sale a la luz, empecé a atar cabos. Así que, la otra mitad del largometraje me la pasé esperando a que Marina y Anna encontraran la clave que les llevara a la misma conclusión a la que había llegado yo. De todos modos, y a pesar de la tristeza, es una historia tan bonita que no me importó intuir el final. 

Personajes

Marina es una mujer que ha rehecho su vida en África. Sus relaciones familiares nunca fueron muy sólidas. Desconoce por qué ocurrieron ciertas cosas durante su infancia, pero es algo con lo que ha vivido hasta ahora, metiendo todo lo que no ha llegado a entender en un cajón, y construyendo su vida en ese país donde las ONG se dejan el pellejo. Ella ha encontrado sentido a su vida en ese lugar del mundo, donde se vuelca ayudando a los demás. Hace muchos años que no pisa España. Lo que quedó allí es solo fruto del pasado.  

Cuando menos se lo espera, su cuerpo le pedirá un compromiso que ella no había planeado. 

Anna es una mujer que vive encerrada en un matrimonio en el que no es feliz pero tiene asumido que es lo que ha elegido, así que calla y agacha la cabeza. Su personaje nos hará ver que a veces tiene que ocurrir algo terrible para que abramos los ojos y seamos capaces de encontrar la fuerza necesaria para cambiar nuestra vida. No importa lo que ocurra después. 

Marina y Anna no se ven hace 14 años. También entre ellas ocurrió algo que las alejó definitivamente. No obstante, siempre hay una oportunidad para sanar y cerrar heridas.

Pero esta es una película de mujeres y habría que mencionar otras tres que son realmente importantes en la historia.

- Catalina es la panadera. Una mujer de carácter férreo, poco sociable. Se dedica a trabajar en la panadería y una vez que termina su jornada, a otra cosa. La llegada de las hermanas a lo que ha sido su reino durante tanto tiempo la incómoda, por eso se muestra distante y reacia a contar nada de su pasado. Marina y Anna saben que Catalina conoce la verdadera historia, esa que ellas necesitan saber, pero la panadera cierra la boca y no da su brazo a torcer. No, de momento.

- Úrsula es la dueña del hotel del pueblo, donde se aloja Marina al llegar a la isla. Ella es la guinda divertida de esta historia, la que contribuye a restar parte del dramatismo que recorre todo el relato. Nacida en Argentina, su forma de ser natural, espontánea, amable y bondadosa termina por conquistar el corazón de todos los que la rodean.

- Anita es la adolescente, la hija de Anna y Armando. Como chica joven es una rebelde, a la que no le importa nada más que sí misma. Pero el destino le dará una lección y, a su vez, ella se la dará a todos los que la rodean porque cuando más vulnerable e indefensa podría estar, se eleva sobre sus propios pies para madurar a pasos agigantados. 

Pero, ¿dije que esta es la historia de cinco mujeres? En realidad, son seis. También está Lola pero de ella no os voy a contar nada.

En cuanto a las interpretaciones, todas están a la altura de lo que se espera de sus personajes. Elia Galera (Marina) aporta la serenidad de su semblante, la calma que da estar acostumbrado a ver de todo. Todo lo feo. Por su parte, a Eva Martín (Anna) le toca interpretar el papel de la sumisión hasta uno de los puntos álgidos de la historia. Su mirada está llena de silencio. Claudia Faci (Catalina) añade fuerza y coraje a la historia. Mientras que Marilú Marini pone la chispa y ayuda a rebajar la tensión.

Pan de limón con semillas de amapola me ha parecido una historia preciosa, en la que, tanto el director como el reparto, han sabido poner el corazón. Es una historia de mujeres, que se unen para andar un duro camino juntas, transitando por un sendero difícil, cogidas de la mano. Despedirán viejos fantasmas pero también tendrán que hacerle frente a otros que acaban de llegar, mientras un rayo de esperanza se instala en la familia Ferrugat. Es una historia de amistad, de curar heridas de antaño, de valor, de coraje, de secretos, de amores rotos y prohibidos, de sueños cumplidos. Lástima de ese final que vi venir desde tan lejos. Aun así, su visionado es muy recomendable. 




Tráiler:




La novela la puedes adquirir aquí.



miércoles, 29 de septiembre de 2021

INTEMPERIE (DRAMA - 2019)

Año: 2019

Nacionalidad: España

Director: Benito Zambrano

Reparto: Luis Tosar, Luis Callejo, Jaime López, Vicente Romero, Manolo Caro, Kandido Uranga, Mona Martínez, Miguel Flor De Lima, Yoima Valdés, María Alfonsa Rosso, Adriano Carvalho, Juanan Lumbreras, Carlos Cabra

Género: Drama

Sinopsis: Un niño que ha escapado de su pueblo escucha los gritos de los hombres que le buscan. Lo que queda ante él es una llanura infinita y árida que deberá atravesar si quiere alejarse definitivamente del infierno del que huye. Ante el acecho de sus perseguidores al servicio del capataz del pueblo, sus pasos se cruzarán con los de un pastor que le ofrece protección y, a partir de ese momento, ya nada será igual para ninguno de los dos.

[Fuente: Filmaffinity]


Os hablaba la semana pasada de la última novela de Jesús Carrasco, Llévame a casa (puedes leer la reseña aquí), que tantísimo me ha gustado. El nombre del autor extremeño consiguió hacerse un hueco en el mundo literario gracias a su primera novela, Intemperie (Seix Barral, 2013). Mucho se ha hablado de aquella obra, de su trama, de la hostilidad de su contexto, del mensaje. La crítica la alabó y eso hizo que el mundo del cine pusiera sus ojos en aquella historia. Fue Benito Zambrano, cineasta de Lebrija (Sevilla), del que admiro tanto obras como Solas o La voz dormida (por cierto que me entero ahora que está preparando la adaptación de la novela de Cristina Campos, Pan de limón con semillas de amapola), el que dio un paso al frente para llevar Intemperie a la gran pantalla. Y lo hizo con dos grandes: Luis Callejo y Luis Tosar.

La película se estrenó en 2019. He tardado tres años en sentarme a vela. ¿Por qué? Creo que todo se debe a las opiniones que fui leyendo sobre la novela. Temí que fuera un largometraje que me dejara noqueada. Sin embargo, tras comprobar que la prosa de Carrasco me sentó tan bien, y teniendo en cuenta que adoro a Benito Zambrano y que me encanta todo lo que hace Luis Tosar, por fin me he sentado a ver Intemperie. El resultado ha sido mejor de lo que esperaba, pero tampoco me ha dejado una huella indeleble, de esas que perduran con el paso de los años. Os cuento con detalle.

Intemperie narra la historia de un niño de once años (Jaime López), del que jamás sabremos su nombre. Hijo de una familia muy pobre, el niño ha estado al servicio del capataz (Luis Callejo) de un cortijo cercano. Gracias a eso, la familia del pequeño ha podido tirar para delante. Sin embargo, y mientras el capataz supervisa las labores en el campo, el niño consigue huir. Llena su morral de comida y roba de la casa una brújula, un cuchillo y un reloj de oro. Cuando la huida y el robo llegan a oídos del capataz se inicia una búsqueda incesante. Todos los hombres del cortijo rastrean un territorio caracterizado por la sequedad de la tierra y el fuego de un sol que cae a justicia. El niño pretende llegar a la ciudad para empezar una nueva vida, alejada de la tiranía del capataz, pero el cerco sobre él se cierra cada vez más, hasta encontrar a un cabrero (Luis Tosar) que tratará de ayudarle en su huida. 

A grandes rasgos, este sería el argumento de la película. Desconozco por qué derroteros transita la trama de la novela pero, lo que nos narra este largometraje es esa huida del niño a través de un terreno hostil e inhóspito. Desde primer momento, el espectador no sabrá por qué el niño quiere huir del cortijo. Desconocemos si lo someten a un duro trabajo, si sufre golpes y maltrato, si añora tanto a su familia que no quiere estar lejos de sus padres y sus hermanos. El motivo de la huida es como una niebla densa que flota a lo largo de todo el metraje hasta que, muy cercano el final de este filme, una pregunta estallará en el aire, que tendrá como única respuesta un profundo silencio. No será necesario pronunciar ni una sola palabra. Ese silencio y algún gesto ocasional del capataz será más que suficiente para entender el porqué de esta huida.

¿Qué destaca la película?

Transcurriendo siete años después del final de la guerra civil, la película pone en evidencia la pobreza de un país sumido en la miseria, especialmente en un entorno rural, en el que el hambre es un miembro más de las familias. Intemperie es el reflejo de la durísima vida en el campo, cuando la práctica totalidad del trabajo se lleva a cabo precisamente así, a la intemperie, es decir, a cielo descubierto. Sin techo sobre la cabeza, trabajan los jornaleros y también el Moro (Luis Tosar), que con sus ovejas va de aquí para allá, en busca de agua y pastos para sus animales, en absoluta soledad.

Intemperie también cuenta cómo viven las familias más pobres, los desheredados de la tierra, hacinados en cuevas, sin nada que llevarse a la boca. Son familias que se ven obligadas a aceptar vaya usted a saber qué cuando un capataz, erguido en su caballo, señala con el dedo a uno de tus hijos para llevárselo al cortijo. Cierra los ojos porque la oportunidad que te brinda la vida no la puedes rechazar. Eres un afortunado. Que lo sepas. 

Pero Intemperie es sobre todo un relato de amistad y lealtad. La relación que se forja entre un hombre y un niño es la base de toda esta historia. Aunque en los primeros contactos, el niño se muestra reticente y desconfiado -no hay que olvidar que huye de un hombre adulto-, entenderá que el Moro es un hombre justo, cabal y honrado, que solo quiere ayudarlo desinteresadamente. Poco tiempo pasarán juntos, pero las pocas horas en medio de un secarral, sin nadie alrededor, unen mucho. El Moro le contará algunas cosas de su vida. El niño mantendrá silencio la mayor parte del tiempo.

Personajes

Tres son los personajes protagonistas de esta película. El capataz es un hombre exigente y despiadado. Trata con severidad a sus empleados y muestra su poder ante hombres, mujeres y niños, sin importarle absolutamente nada. Se pasea por las tierras causando temor a los más desvalidos. No obstante, a pesar de su carácter cruel, posee un lado religioso. ¿Acaso no siempre fue así? El trabajo en el campo es duro. No solo por las labores de labranza y recogida de la cosecha, no solo por el sol a sol, por tener que sufrir las inclemencias del tiempo, sino también por estar bajo el yugo de los terratenientes, o bajo el poder de la mano derecha de estos, esos escalafones intermedios a los que no les importa tratar con dureza a los jornaleros si con eso satisfacen a sus señores. El látigo en el campo. El rezo en la iglesia.

¿Quién interpreta a este personaje? Al capataz le da vida Luis Callejo. Me pasa con este actor lo que me pasaba hace muchos años con Antonio de la Torre. Lo veo hacer muy buenos papeles, de todo tipo porque, lo mejor que tiene es que no se encasilla, y parece como si los espectadores no lo hubiéramos tenido muy en cuenta. Hasta ahora. En esta ocasión, se mete en la piel de un hombre tan perverso como este capataz que anda loco buscando a un niño, al que quiere recuperar sin un solo rasguño. ¿Qué esconde este hombre tan adusto? 

El Moro es un hombre que está de vuelta de todo. Desencantado por la vida, ha dejado de creer en el hombre. Curtido en las guerras de Marruecos y en la guerra civil española, el Moro prefiere la soledad. Más vale solo que mal acompañado. Está cansado de ver cómo el hombre lucha contra el hombre, cómo se la da tan poco valor a la vida y se respeta tan poco a la muerte. El Moro ha ido cosechando valores con los años, costumbres que transmitirá al niño, como un legado que le deja en herencia.

Interpretado por Luis Tosar, bajo mi punto de vista no es el mejor trabajo de su carrera. No me cabe la menor duda de su capacidad interpretativa pero su papel como pastor solitario no me ha impactado como sí ha ocurrido con otras películas. En cualquier caso, estoy abonada a este actor que sabe elegir tan bien sus papeles, por eso veré todo aquello a lo que preste su talento. 

El niño conoce desde pequeño lo dura que puede resultar la vida. La suerte se cruzó en su camino y apareció ante él la figura del capataz. ¿Suerte? Eso dicen. Sin embargo, el pequeño pergeña un plan de huida. Quiere alejarse de ese hombre y caerá en las manos de otro, pero tan distinto a aquel. El niño aprenderá que no todos los hombres son iguales. Que los hay crueles y malvados, pero también otros que están dispuestos a dar la vida por otro ser humano. El niño ve en el Moro ese padre que nunca ha tenido, al que se abraza cuando el dolor de su alma le escuece, un adulto que lo protege y que no lo ha echado a las manos del demonio.  

Tengo que destacar el trabajo de Jaime López. En 2015 formó parte del reparto de Techo y comida (Juan Miguel del Castillo), junto a Natalia de Molina. En la reseña de aquella película, que puedes leer aquí, no hice mención alguna a su papel, pero en esta ocasión, me ha encantando. La expresión de su rostro es un muestrario de emociones, desde el miedo, la desconfianza, el dolor, el abatimiento, el cansancio, la curiosidad,... Hay una escena final en la que el niño lo borda, tan creíble, tan entregado. 

Y otros personajes acompañarán a estos tres protagonistas. El Triana, otro hombre de confianza del capataz, está interpretado por un estupendo Vicente Romero. Manolo Caro hace de tullido, con una caracterización fantástica. Y especialmente desaprovechada está la figura de María Alfonsa Rosso.

Escenarios

Los hechos de Intemperie ocurren en un lugar al que apenas se presta atención. Se habla de una ciudad, sin que se precise cuál es. Lo que se presenta ante nuestros ojos es una zona casi desértica, en la que la tierra y el pasto tienen el mismo color. Esas tonalidades más el calor asfixiante que padecen los personajes bien podrían hacer pensar en los desiertos de Almería. Pero hay un detalle en la película que va a terminar por ubicar al espectador. Eso sí, tienes que ser rápido. El trayecto de un autobús de línea sitúa la acción en Granada. Y efectivamente es en la provincia andaluza donde se rueda esta película. Localidades como Orce o Galera serán el contexto espacial de la historia.

¿Me ha gustado esta película?

Me ha gustado el mensaje y los valores que transmite, el énfasis en la amistad sincera. Los escenarios son fundamentales en esta historia llena de aridez, tan necesarios para mostrar la dureza en la que viven sus personajes. Sin embargo, en lo que a mí respecta, el argumento me ha parecido algo difuminadoMe falta algún tipo de introducción en esta historia, unas breves pinceladas que me pongan en situación. ¿Cómo llegó el niño a vivir bajo el supuesto amparo del capataz? ¿Mejoró algo la vida de su familia una vez que el niño cambió la cueva en la que vivía por el cortijo?  Son cuestiones que quedan muy en el aire. Por otra parte, quizá hubiera estado bien ahondar un poco más, y no de manera tan sutil, en los motivos por los que el niño huye. Las evidencias no confunden al espectador que entenderá definitivamente qué le ocurre al pequeño pero, sin ser demasiado explícito, se podría haber mostrado alguna escena que retrate esa circunstancia.

Sin embargo, la película cuenta con otro punto a favor. La banda sonora me ha parecido espectacular. De entrada, oiremos a Silvia Pérez Cruz cantar Intemperie, melodía escrita por Javier Rubial, y con la ganó el Goya a la Mejor Canción Original en 2019. Y no me extraña porque es una belleza y la letra dibuja muy bien la historia del niño.





Allí donde miran los ojos del agua,
un duelo de fuego señala mi mancha.
Campanas de duelo a golpes de fragua,
no tiene consuelo mi herida tan ancha.

Vienen por los cerros ladrando mi nombre,
me llaman los perros de la madrugada.
De un golpe certero me hicieron un hombre,
con temple de acero y lengua de espada.

La luna estaba en la cumbre
cuando se puso de parto
y tuvo un niño de lumbre
sobre cunita de esparto.

Mancharon mi almohada, tumbaron mi nido,
mi alma arrasada, mi rumbo perdido,
que el cielo se asombre nadie lo esperaba,
la mano del hombre con el hombre acaba.

Que la gloria reine sobre este chiquillo,
quien me trae un peine para este flequillo,
y para su boca dame miel de caña,
que no pruebe el vino del odio y la saña.


En definitiva, y como dije al principio, Intemperie me ha gustado más de lo que esperaba. Posee un ritmo lento pero es que el calor aploma los cuerpos. Es esta una historia de la que muchos hablan de western español. Yo prefiero ver en ella el retrato de una España rural polvorienta, recalentada, triste, cruel y hambrienta.





Tráiler:                                                                                              Puedes adquirirla aquí:

 



miércoles, 30 de septiembre de 2015

SOLAS (DRAMA - 1999).

 


Año: 1999

Nacionalidad: Española.

Director: Benito Zambrano.

Reparto: María Galiana, Ana Fernández, Carlos Álvarez-Novoa, Antonio Dechent, Paco de Osca, Juan Fernández, Miguel Alcíbar, Pilar Sánchez, Concha Galán, Paco Tous.

Género: Drama.

Premios: Premio del Público en el Festival de Berlín (1999); 11 nominaciones a los Goya obtiendo 5 en las categorías de Mejor Dirección Novel y Mejor Guión Original (Benito Zambrano), Mejor Actor Revelación (Carlos Álvarez-Novoa), Mejor Actriz de Reparto (María Galiana) y Mejor Actriz Revelación (Ana Fernández).

Sinopsis: María (Ana Fernández) malvive en un oscuro apartamento de un barrio miserable, trabaja eventualmente como chica de la limpieza y, casi con cuarenta años, descubre que está embarazada de un hombre que no la ama. Su soledad es tan grande que sólo encuentra consuelo en la bebida. Su madre (María Galiana), que ha consumido su vida al lado de un hombre violento e intolerante, no tiene ni siquiera el consuelo de tenerla cerca. Con motivo del ingreso de su marido en un hospital, la madre visita a María en su apartamento y conoce a un vecino viudo (Carlos Álvarez) que vive con su perro. La relación que se establece entre estos tres naúfragos alivia sus soledades y deja una puerta abierta a la esperanza.

[Información facilitada por Filmaffinity]


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El pasado miércoles fallecía en Palomares del Río, localidad sevillana, el actor Carlos Álvarez-Novoa Sánchez, nacido en La Felguera, Langreo (Asturias) y prácticamente hijo adoptivo en Sevilla. Su vida siempre estuvo vinculada al mundo de las letras y la literatura. Fue poeta, escritor, profesor, director teatral y actor. Quizás muchos no lo reconozcáis por su nombre o bien no os suene mucho su rostro pero fue un hombre que trabajó muchísimo. Basta con echar un vistazo a su trayectoria profesional.

A pesar de haber estado haciendo teatro desde finales de los años 50 y haber participado en películas previas, yo lo descubrí en Solas, una película dirigida por el cineasta Benito Zambrano. Desde entonces le seguí la pista y me encantaba verlo, ya fuera sobre las tablas de un teatro -La vida es sueño en el año 2000- o en otras películas o series. Además, a partir de entonces, comencé a saber de su labor de profesor en diversos institutos de bachillerato en Sevilla. Amigos y familiares me contaban que habían sido alumnos suyos y siempre mencionaban su buena labor como docente. Sus últimos discípulos fueron los del I.B. Rodrigo Caro de Coria del Río (Sevilla).

Me dio muchísima pena que falleciera. Desconozco los motivos pero estoy convencida de que el mundo de la literatura y el teatro ha perdido a una gran persona y a un gran profesional. Y por eso hoy vengo a hablaros de Solas, una película tan emotiva y bonita que, a sabiendas de que se me escapará más de un lágrima, no me canso de ver. De este modo, me gustaría rendir homenaje a este actor que siempre me pareció brillante y con una gran humanidad.

La sinopsis proporcionada por Filmaffinity es bastante certera por lo que solo señalaré algunos detalles más. 

Solas se centra en la vida de tres personajes que tienen un rasgo en común, la soledad:

María

Es una mujer joven e independiente que se gana la vida como buenamente puede. Generalmente no tiene trabajo y cuando lo encuentra no es de su agrado pues siempre le toca ir limpiando la suciedad que dejan los demás. Mantiene una relacion con un hombre que tan solo está dispuesto a proporcionarle un rato de placer sin más compromiso. A María su vida le parece un asco y ahoga sus miserias en copas de coñac y tabaco, siempre portando el lastre de la pobreza que la hunde más y más mientras sabe que el mundo está lleno de gente con dinero, con una vida más esplendida, tan lejos de su alcance.

Rosa
Es la madre de María, una mujer de pueblo que lleva toda su vida al lado de un hombre déspota, un tirano que la ha maltratado y jamás ha sabido valorarla. Su vida se reduce a sus plantas, a su casa, a los animales que cría y por supuesto, a su marido, el hombre que con solo levantar un dedo consigue de ella lo que quiere.

Rosa tiene costumbres y pensamientos de mujer de pueblo. La ciudad la aturde y vive con la tristeza como segunda piel.


Emilio

Es un hombre mayor, un viudo que vive en el mismo inmueble que María. Sus días están llenos de soledad que intenta mitigar con la compañía de Aquiles, su pastor alemán. Emilio sabe que su vida se agota. No parece importarle. Lo que realmente le pesa es no tener nadie con quien hablar y por eso mantiene conversaciones con su perro, que mira a su dueño como entendiéndo lo que le dice. 
 


La vida de estos tres personajes se entrelazan en el momento en el que el esposo tirano de Rosa tiene que ser ingresado en un hospital de la capital para ser intervenido quirúrgicamente. Será entonces cuando madre e hija convivan bajo el mismo techo unos día y cuando la  relación madre-hija sea más intensa, esa relación en la que las madres son entes silentes, que miran y callan. Rosa sabe que su hija no está bien. Para empezar vive en un barrio poco salubre, en una casa destartalada y sucia, en la que apenas entra la luz del sol y cuyas paredes huelen a humedad, ese olor pegajoso y desagradable que lo impregna todo hasta manchar la propia existencia de María. Pero Rosa no quiere invandir el territorio de su hija y se debate entre mantenerse al margen o intentar ayudarla.

Será también el momento en el que Rosa y María estrechen lazos con Emilio, un hombre solitario que solo busca compañía.
La soledad es un mal que muchos vemos en la lejanía pero que existe más cerca de lo que pensamos. ¿Quién no se ha sentido sol@ alguna vez? Ni los jóvenes ni los adultos nos libramos de sus garras, pero es en la vejez donde resulta más acuciante. Los hijos se han marchando. Tienen su propia vida, sus propias preocupaciones y nadie parece querer cargar con una vejez ajena. También hay soledad cuando tu compañer@ de fatigas se ha marchado a otro lugar donde dicen que todo es felicidad. La pérdida de un cónyuge es un duro golpe para muchos hombres y mujeres que siempre se han visto acompañados. Y por supuesto, también hay soledad en la compañía de un ser despreciable como resulta ser el marido de Rosa. 

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