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viernes, 6 de marzo de 2020

EL MAPA DE LOS AFECTOS de Ana Merino


Editorial: Destino

Premio Nadal 2020
Fecha publicación: febrero, 2020 
Precio: 20,00 € 
Género: Narrativa 
Nº Páginas: 224 
Encuadernación: Tapa dura con sobrecubiertas
ISBN: 9788423356935
[Disponible en eBook y Audiolibro;
puedes empezar a leer aquí


Autora

Ana Merino (Madrid 1971) es una escritora que lleva veinticuatro años viviendo en Estados Unidos. Catedrática en escritura creativa en español y estudios culturales en la Universidad de Iowa, en 2011 fundó el MFA de Escritura Creativa en Español, que dirigió hasta diciembre de 2018. Ha publicado nueve poemarios, entre los que destaca Preparativos para un viaje, galardonado con el Premio Adonáis de Poesía en 1994, y es autora de varias obras de teatro estrenadas en Zúrich y Iowa. Ha sido pionera en el desarrollo de la formación académica del cómic y ha escrito diversos ensayos especializados. Ha sido columnista de opinión para El País, miembro del Comité Ejecutivo del International Comic Art Forum (ICAF), del Comité Directivo del Center for Cartoon Studies (CCS), del Consejo Directivo de Iowa City Unesco Ciudad de la Literatura, y en la actualidad es miembro  de la Junta Directiva del Teatro Riverside de la ciudad de Iowa. El mapa de los afectos es su primera novela.

Sinopsis

Valeria, una joven maestra de escuela que tiene una relación secreta con Tom, que le lleva treinta años, se enfrenta al dilema de los sentimientos y quiere entender el significado del amor. En el pueblo donde enseña, Lilian desaparece sin motivo aparente mientras su marido está en la otra punta del mundo. Greg, un hombre a quien le pierden las mujeres, frecuenta un club de alterne de los alrededores para ahuyentar su descontento, hasta que un día se ve descubierto de la peor manera posible.

A partir de momentos como estos en el transcurrir de una pequeña comunidad rural, nos adentramos en los misterios cotidianos de sus habitantes. Las vidas de todos ellos no solamente se irán cruzando a lo largo de más de dos décadas, sino que estarán condicionadas por la fuerza magnética de los afectos, la aleatoriedad del azar o por la justicia poética que a veces nos traen los acontecimientos más inesperados.

El mapa de los afectos persigue el rastro de las personas que construyen las historias escondidas de los lugares; sitios donde se evocan ausencias, sucesos extraños, donde ocurren crímenes inexplicables, se convive con las tensiones personales y familiares y donde solo la pulsión del bien sedimenta el poso necesario para seguir viviendo.


[Información tomada directamente del ejemplar]


El Premio Nadal es el más antiguo de España. Se entrega desde 1945 por Ediciones Destino, fundada por los editores del antiguo Semanario Destino, que hoy forma parte de los muchos sellos que se agrupan bajo el paraguas de la Editorial Planeta. El Nadal, que debe su nombre a Eugenio Nadal Gaya, redactor jefe del semanario, y fallecido a los 27 años, siempre ha gozado de mucho prestigio en el sector. Aunque nació con vocación de premiar a nuevas promesas, tras unirse a Planeta, el premio comenzó a concederse a figuras ya destacadas del panorama literario español. Entre los premiados figuran Carmen Laforet, Miguel Delibes, Rafael Sánchez Ferlosio, Carmen Martín Gaite, Ana María Matute, Juan José Millás, Rosa Regás, y un largo etcétera de nombres conocidos por todos los lectores, al que ahora hay que unir el de Ana Merino. La autora, pareja de Manuel Vilas e hija de José María Merino, ha conseguido con su novela, El mapa de los afectos, alzarse con el premio en este 2020.

Situemos la acción antes de desgranar la novela. La trama de El mapa de los afectos se desarrolla en un pueblo del Medio Oeste americano. Podría tratarse de Ackworth, Clayton, Marysville o Portland, municipios de ese Iowa que Merino conoce bien, de no más de cien habitantes, con su iglesia y su pastor, su taller de vehículos, su cafetería e incluso su prostíbulo. Un lugar al que no le falta su bosque, donde Samuel, un joven lector de cómics, acostumbra a refugiarse. Samuel es un duende invisible, "un gran observador del bosque, el vigilante de los murmullos", que anota en su cuaderno todo lo que ocurre ante sus ojos. Será testigo de los encuentros clandestinos de Tom y Valeria, una maestra de primaria, treinta años más joven que él. Pero, de este pueblo de la América profunda también conoceremos a:

- David, tío de Samuel; lo más parecido a un padre para el chico, pues el verdadero es militar y siempre anda de misión.
la señora Dolan, camarera del restaurante familiar, cuya hija Lilian desapareció hace un año sin dejar rastro.
- Maggie Curtis, a la que aún le arde la herida que le dejó la muerte súbita de su hija.
- Greg, compañero de trabajo de David, señalado con el dedo, pues estaba en el lugar equivocado, en el momento equivocado.
- Gina, la dentista del pueblo, que se deja llevar por la paranoia.
- Emily, una bailarina de streptease que sueña con otra vida.
- Aurora Altano, ejecutiva española destinada a Iowa, más como un castigo que como un incentivo.
- Marcela Sánchez, una emigrante con incapacidad para decir no.
- Irene, el único familiar de su tía Claire que acude al entierro de esa cascarrabias.

Y otros más... Pero, ¿quién es el protagonista de esta novela? En realidad, lo son todos ellos. Ana Merino ha querido poner el foco de atención sobre el concepto de comunidad, de sociedad pequeña, recóndita y profunda, donde todos se conocen y donde todos están más o menos conectados. Y así ocurre en El mapa de los afectos, que cuenta con una trama en las que todos los personajes están vinculados e interactúan entre ellos. 

Al leer esta novela, no dejaba de recibir imágenes en mi mente. Para mí, El mapa de los afectos ha sido como la imagen que proyecta un caleidoscopio, formada por multitud de figuras geométricas, de vivos colores, que componen un todo. Y es que esta novela se construye sobre la unión de pequeñas historias, -veintidós más un epílogo, para ser exactos-, cada una con sus propios personajes, que por sí solas tendrían su significado, pero que, al agruparlas, su valor aumenta y componen un trabajo de patchwork

El inicio de El mapa de los afectos me recordó a mi infancia, gracias a Samuel, ese niño que se refugia en el bosque, construyendo su propio mundo. Yo pasé los veranos de mi infancia en una casa en mitad del campo, rodeada de olivos a los que me subía y donde dejaba volar mi imaginación. Pero, entre estas páginas, también me he reconocido en mi edad adulta. Hay emociones y sentimientos universales que a todos nos sonarán, como ese deseo de dar consuelo al prójimo para paliar su dolor, mientras el doliente escucha sin escuchar, manteniendo la cabeza gacha. Y es que las emociones, y también los afectos, son iguales en cualquier parte del mundo. Por eso le pregunté a Merino si los españoles somos tan distintos a los estadounidenses (puedes leer la entrevista aquí). Y no, no somos tan distintos.

"Es la empatía con el sufrimiento ajeno lo que más estimula las heridas y saca de dentro un abanico de angustias reales o imaginarias." [Pág. 32- 33]

La autora compone un entramado de personajes a los que ha retratado con mucha profundidad psicológica. Son hombres y mujeres que no dejan de pensar constantemente. Así que el lector terminará por conocerlos bien, por saber qué sueños tenían y con qué se han tenido que conformar. De igual modo, las atmósferas también están perfectamente delimitadas. Las escenas que transcurren en la nieve transportan al lector a un silencio amortiguado, frente a esas otras que ocurren en el sur de España -otro escenario de esta novela-, en una época en la que el calor incomoda e incordia.

Escrita en tercera persona, en El mapa de los afectos se intuye los que Ana Merino tiene a su alcance, pequeños detalles que la identifican. Cuenta la novela, además, con un ritmo pausado, avivado momentáneamente por la perpetración de un crimen, aunque no es una novela de género. Más bien diría que es una novela de ambientes, de espacios, en los que las conversaciones escuchadas a medias, los malentendidos y las casualidades provocan una catástrofe. Me recordó un poco a Fargo, a ese universo Cohen donde a veces ocurren carambolas insólitas, por donde también transitan los abusos, el alcoholismo y los sueños rotos. 

Con una línea temporal que fluctúa, abarcando desde el 2004 al 2019, y con la que el lector tiene que hacer una labor de recomposición, de El mapa de los afectos se ha dicho que es la novela de la bondad. Al menos, el lector encuentra justicia poética entre estas páginas. Sea como fuere, para mí ha sido una lectura visual, una ventana abierta a un territorio, inhóspito en ocasiones, por donde camina el ser humano.







 

[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

Puedes adquirirlo aquí:


jueves, 27 de febrero de 2020

ANA MERINO: 'Creo mucho en la literatura porque la literatura siempre me ha salvado'.

El pasado 6 de enero, Ana Merino se alzó con el Premio Nadal, por su novela El mapa de los afectos, que recientemente ha publicado la editorial Destino. Siendo la dieciseisava mujer que gana este galardón, y considerada como "la autora que hace literatura de la bondad", Merino construye una historia ambientada en el Medio Oeste americano, en un entorno rural, desgranando una pequeña sociedad formada por personajes dispares que otorgan a la obra un toque coral. 

Poeta, experta en cómics y rodeada de buena literatura, -es pareja de Manuel Vilas e hija de José María Merino-, la autora estuvo recientemente de paso por Sevilla, en una ruta de promoción con la que está repartiendo afectos por toda España. Bajo el cielo azul de un día cálido, tuve la oportunidad de conversar con ella.

Marisa G.- Ana, eres pionera en la formación académica del cómic, un género que me encanta, así que no estaría mal abrir esta entrevista contándome algo sobre esa pasión tuya.

Ana M.- Yo te cuento. Mi afición por el cómic me viene de pequeña. Mi padre, aparte de ser un hombre encantador y un gran escritor, es un gran lector de cómic y tuve la suerte de crecer leyendo mucha historieta. Mi ídolo era la Pequeña Lulú de Ediciones Novaro. Con los años, me marché a Estados Unidos a estudiar una maestría que luego se alargó, hasta hoy. Cuando llegué a Pittsburgh, Pennsylvania, decidí meterme en el campo de lo que se llama los Estudios Culturales. Allí, a finales de los 90, me di cuenta que había un campo de estudio importantísimo en el mundo hispánico, había que recuperar la historia de nuestros cómics e investigar estos espacios. Así que, empecé a tirar del hilo y a construir un ámbito teórico. Incluso decidí hacer la tesis sobre cómic, porque había que traerlo al espacio académico, había que preservarlo.

Soy muy defensora de las bibliotecas y precisamente en la de Michigan State, encontré mucho material, gracias a un bibliotecario que es amante de los cómics. Estados Unidos lo ha hecho muy bien, y ha salvado mucha memoria no solo de su propio país, sino de otros. Y aquí, en España, tuvimos la suerte te contar con Luis Alberto de Cuenca como director de la Biblioteca Nacional en los años 90. Él es un gran coleccionista de cómics y consiguió revitalizar la historieta. Con Luis Alberto de Cuenca tengo un gran deuda y creo que le debemos de reconocer, no solo su poesía, sino también esa labor que ha tenido como promotor intelectual.

Me he involucrado mucho en organizaciones sin ánimo de lucro como el International Journal of Comic Art, en el International Comic Art Forum, y alguna otra. Todo ello por puro amor al arte, por ayudar a empresas de la comunidad intelectual a generar sinergias. Luego di el salto a la Universidad de Iowa con el MFA de Escritura Creativa. En definitiva, sigo escribiendo mucho sobre cómic, reflexionando, debatiendo, difundiendo y ayudando a preservarlo. 

M.G.- Pero eres un poco de llegar y besar el santo. Fíjate que, con tu primer poemario, ganas el Premio Adonáis. Y ahora, con tu primera novela para adultos, te llevas el Nadal. 

A.M.- Estoy muy emocionada. Quizá sea porque tengo una voz muy peculiar. Muchas personas se presentan a premios con unas propuestas estupendísimas, pero es el azar el que permite que una determinada voz llegue más al jurado. En este caso, ha habido una serendipia maravillosa, en la que ambos primeros libros contaron algo a ese jurado y consiguieron ser la apuesta elegida.

M.G.- ¿Y cómo se te ocurre escribir esta novela para adultos?

A.M.- El mapa de los afectos surge desde la madurez. Al igual que la poesía me vino con la efervescencia juvenil, con la intensidad de la palabra, con la necesidad de ordenar mi mundo interior y proyectarlo, con esta novela me doy cuenta que he interiorizado el exterior, la aventura americana, que son veinte años de gestualidades, donde el mundo que me rodeaba solo se podía ordenar desde la pulsión narrativa. Ya había tenido una primera gestualidad con El hombre de los dos corazones, con esa novela juvenil de una madre y su hija, que además contaba con unas ilustraciones formidables. ¿Y qué pasó? Pues que me fui a Iowa y todo lo que ocurrió para poner en pie el MFA de Escritura Creativa da casi para otra novela. 

Como dicen los americanos, por entonces yo estaba en Work in progress, es decir, arrancaba la idea de una novela y la tenía que parar porque no podía dedicarle tiempo. Una novela necesita muchas horas y por entonces no podía dedicarle ninguna. No fue hasta que me invitaron a la Universidad de Zurich, cuando el MFA funcionaba y estaba en marcha, cuando lo aparqué un poco todo y me senté a escribir esta novela. En Zurich encontré el espacio para respirar y esta novela se construyó prácticamente entera allí.

M.G.- Decía esta mañana en redes, comentando que íbamos a conversar, que una novela que abre con un poema de Idea Vilariño siempre es un buen presagio. Pero justo debajo de este poema, hay un fragmento de Stan Lee. Me parece un contraste muy llamativo pero que, en realidad, tiene sentido.

A.M.- Efectivamente. En la novela mezclo muchos mundos que conviven. Idea Vilariño, en su poema Una vez, nos conecta con el instante, con la plenitud del instante que se va. Es un poema maravilloso. Pero, Stan Lee nos ofrece la mirada americana de un adolescente que lee tebeos, que cree en el bien y en el mal, y que construye un imaginario desde esa adolescencia. Tenía que situar al lector en esa multiplicidad de mundos. 

M.G.- Es una novela coral que comienza efectivamente con un niño, con un chico que lee cómics pero, a partir de ahí, el hilo conductor nos va llevando a un montón de personajes distintos.

A.M.- Así es. En primer lugar, me interesaba mucho la idea de comunidad de personajes, y de todo lo que cada uno de ellos puede aportar a una misma historia, a una misma trama. Hasta que no llegas a la última página y cierras el libro, no te das cuenta de todo, no tienes esa visión completa.

Me gustaba el arranque de un niño que se sube a un árbol, y desde allí mira al mundo. Luego, en esos primeros capítulos, aparecen Tom, David, Greg, Valeria,.. Todos ellos desentrañan una complejidad vital e importante que, además podemos asociar con nuestras propias vidas porque el amor, la búsqueda del amor, la confusión en el amor, la ingenuidad del amor, están muy presente. Puedes no saber lo que quieres, hacer daño pero, con el tiempo, descubres que existen otras formas de amor. 

M.G.- ¿Existe algún puente entre esta novela y el cómic? Te lo comento porque, al ir leyéndola, me venían imágenes. Si pienso en esta novela veo un caleidoscopio. La siento muy visual.

A.M.- Exacto. Es una novela muy plástica. En poesía y en cómic hay una cosa que me encanta. Si lees un poema y te emocionas, vuelves al inicio y lo lees de nuevo. En el cómic pasa lo mismo. Si te encantan las viñetas, vuelves a releerlo. Yo quería  que mi novela se pudiera releer constantemente y que te diera otros momentos de satisfacción. He cuidado muchísimo el estilo y la sonoridad. Casi parece que está escrita en endecasílabos, para que uno vaya respirando con ritmo. He cuidado mucho los instantes en planos, -hay plano general, primer plano, plano detalle-, y esa mirada la he aprendido del cómic, por eso hay mucho color, mucha luz, muchos cambios de textura o mucha profundidad de personaje en esta novela. Y todo eso, nos lo da el cómic.

M.G.- En El mapa de los afectos hay crimen, hay pasión, amor, bondad, dolor, pero también hay mucha enfermedad: muerte súbita, demencia senil, infartos.

A.M.- ¡Qué buena observación! Yo soy epiléptica y crecí con ausencias. Con tu pregunta me estás haciendo reflexionar sobre algo que no había pensado. Cuando convives con una enfermedad que te acompaña, te cambia el carácter. Me encanta el teatro y hacía mucho teatro en el colegio pero claro, cuando empiezas a tener ataques, te cambia el mundo. Hace veintitantos años la medicina no era la misma y la realidad tampoco. Durante toda mi vida he vivido con las limitaciones que tiene un epiléptico porque, aunque me he cuidado mucho, tenemos limitaciones. 

Sobre la enfermedad también reflexiono en algunos poemarios como Curación o Compañera de celdaLas limitaciones de una enfermedad crónica como una epilepsia te hacen reflexionar mucho sobre tu lugar en el mundo, tus instantes, el deterioro, la vida, lo súbito y lo doloroso. Lo mismo, todo eso también asoma en la novela. 

M.G.- Debe ser que lo tienes interiorizado y te sale naturalmente.

A.M.- Sí, es posible. Y convivir con ello me haga observar a los demás, empatizar con los demás, y conectar enseguida con las enfermedades de otro.

M.G.- A lo largo de las entrevistas que has ido concediendo con motivo del Nadal, se ha hecho mucho hincapié en la bondad, en la bondad de la novela, de los personajes, pero también hay personajes tremendos y a los que les ocurren cosas terribles por acudir a lugares que no deberían.

A.M.- Se habla de la bondad como sustrato, como materia prima literaria. Me interesa hacer una introspección en el ser humano y descubrir que, cuando nos metemos de lleno en el ser humano, nuestro fondo es bondadoso y es el que permite la supervivencia.

Una persona malvada, por muy inteligente que sea, si se aísla del mundo, hará mucho daño. No va a avanzar, no va a pensar nunca en buscar la cura de una enfermedad, ni a adelantar en tecnología. Me interesa la mente de la gente buena y cómo actúa. 

Pero sí, en esta novela aparece el mal, y además aparece de dos formas. Por un lado, una mujer se obsesiona de repente y comete un crimen terrible. Saca conclusiones muy absurdas, vive aislada y no verbaliza su rabia. Encima, en la casa hay armas, lo cual es una crítica porque el aislamiento unido a las armas, puede llegar a generar un criminal. 

Luego vemos el caso de un depredador, que se enzarsa con los más débiles, con una mujer inmigrante, que sabe que no va a denunciarlo porque no se va a atrever. Me interesaba mucho reflexionar sobre eso pero desde el lugar de las víctimas que lo sufren y son parte  de ese drama.

M.G.- El retrato psicológico que se hace de los personajes es muy profundo. Me gustaría saber cómo te has enfrentado a la construcción de los personajes.

A.M.- Con un fondo de empatía, de reflexión psicológica que viene de la literatura, con mucha observación,... Por eso digo que he llegado a esta novela desde la madurez, porque he aprendido a escuchar.

M.G.- Quizá conocemos muy bien a los personajes porque los dejas pensar. El narrador, más que describir actos, describe pensamientos. Los personajes están constantemente pensando.

A.M.- Sí, igual que nosotros. Siempre estamos pensando, aunque no seamos consciente de ello. No nos damos cuenta de lo mucho que pensamos. Por eso, hay una parte en la novela en la que hago un homenaje a ese antes de dormir, a través de dos personajes: Rita y Samuel. En esta novela hay mucha condensación de pensamiento porque la vida son nuestros pensamientos y somos lo que pensamos.

M.G.- Las coordenadas temporales fluctúan en la novela. 

A.M.- Arrancamos en un 2004 y acabamos en un 2019, pero no en sentido lineal.

M.G.- Y en cuanto a los escenarios, el Medio Oeste americano frente a España. ¿Somos tan distintos unos de otros?

A.M.- Creo que no, pero la novela muestra la mirada de alguien que está en Estados Unidos, que se mete en la psicología emocional y se apropia del pasaje americano del Medio Oeste, porque es el que está a mi lado y el que me ha hecho evocar esta novela.

M.G.- Pero los espacios rurales dan tanto juego. Son microcosmos en el que parece que todo el mundo se conoce pero, en realidad, no es así.

A.M.- El espacio rural nos permite acotar muy bien a los personajes, mientras que las metrópolis generan muchos conflictos con las distancias. Me resultaba muy natural contar esta historia desde un lugar tan parecido a los que he conocido y en los que he vivido. 

M.G.- Dices en la nota de prensa que Cumbres borrascosas te dio la serenidad necesaria para terminar la novela. ¿Cómo es esto?

A.M.- Es una simple anécdota. Pasé un mes de agosto en San José, Almería, en la casa de mis padres. Allí intenté avanzar con la novela pero me pasó una cosa. Los epilépticos, con la edad, dejamos de tener ataques pero los cambios hormonales y la pre-menopausia nos afecta mucho. Empecé a tener unos vértigos terribles, pero vértigos de caer redonda. Aquello me provocó mucha ansiedad. Por la noche me despertaba, me sentía mareada. Fue algo que me obsesionó pero yo procuraba tranquilizarme, decirme que no me iba a pasar nada. Son los límites de mi organismo. Entonces, vi que mis padres tenían un ejemplar de Cumbres borrascosas. Lo cogí para releerlo y procuré concentrarme en la lectura. Conseguí meterme de lleno en la novela y esta me devolvió la serenidad que necesitaba. Leía un par de capítulos, respiraba y lograba alcanzar el sueño. A la mañana siguiente me levantaba normal porque los mareos y el malestar me venían al caer la tarde y durante la noche. Cumbres borrascosas tuvo un efecto terapéutico y a la vez, me ayudó a resolver mis dudas sobre mi novela. 

M.G.- La literatura sirve para todo. En el discurso que diste cuando ganaste el Nadal, dijiste que crees en la literatura con el mismo fervor con el que de niña creías en los Reyes Magos. 

A.M.- Creo mucho en la literatura porque la literatura siempre me ha salvado.

M.G.- Ana, ¿vas a volver a escribir para adultos?

A.M.- Sí, estoy escribiendo otra. Ya tengo apuntes, y he decidido situarla entre España y la Nueva Inglaterra, que también me la conozco muy bien. 

M.G.- Estupendo, pues lo dejamos aquí. Muchas felicidades por el premio.

A.M.- Muchísimas gracias. 


Sinopsis: Valeria, una joven maestra de escuela que tiene una relación secreta con Tom, que le lleva treinta años, se enfrenta al dilema de los sentimientos y quiere entender el significado del amor. En el pueblo donde enseña, Lilian desaparece sin motivo aparente mientras su marido está en la otra punta del mundo. Greg, un hombre a quien le pierden las mujeres, frecuenta un club de alterne de los alrededores para ahuyentar su descontento, hasta que un día se ve descubierto de la peor manera posible.

A partir de momentos como estos en el transcurrir de una pequeña comunidad rural, nos adentramos en los misterios cotidianos de sus habitantes. Las vidas de todos ellos no solamente se irán cruzando a lo largo de más de dos décadas, sino que estarán condicionadas por la fuerza magnética de los afectos, la aleatoriedad del azar o por la justicia poética que a veces nos traen los acontecimientos más inesperados.

El mapa de los afectos persigue el rastro de las personas que construyen las historias escondidas de los lugares; sitios donde se evocan ausencias, sucesos extraños, donde ocurren crímenes inexplicables, se convive con las tensiones personales y familiares y donde solo la pulsión del bien sedimenta el poso necesario para seguir viviendo.

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