viernes, 24 de noviembre de 2023

EL BAILE DEL FUEGO de Carlos Fidalgo

Editorial: La esfera de los libros
Fecha publicación: marzo, 2023
Precio: 19,90 €
Género: novela histórica
Nº Páginas: 304
Encuadernación: Tapa blanda con solapas
ISBN: 9788413845258
[Disponible en eBook y Audiolibro;
puedes empezar a leer aquí]

Autor

Carlos Fidalgo (Bembibre, León). Su primera novela fue El agujero de Helmand, una sutil historia de terror ambientada en la última guerra de Afganistán con la que obtuvo el Premio Tristana de Novela Fantástica en 2010. Le siguió La sombra blanca en 2015, otra novela de fantasmas y aliento corto situada en la guerra de trincheras, y el libro de relatos Septiembre negro, sobre las zonas oscuras del olimpismo, que recibió el Premio Tiflos de Cuento en 2016. También es autor de El país de las nieblas, colección de cuentos que transcurren en un Bierzo legendario.

Con Stuka, Premio Letras del Mediterráneo de Novela Histórica en 2020, escribió sobre la violencia que sufren las mujeres en tiempo de guerra a partir de la historia de un avión siniestro.

Premio Cossío de Periodismo de Castilla y León, sus reportajes en Diario de León han inspirado algunos de los personajes y sucesos narrados en El baile del fuego.

Sinopsis

Amalia Quiroga interpreta un fragmento de El amor brujo en el piano de cola del Club Lyceum en la Casa de las Siete Chimeneas, y a Vicente Yebra, aspirante a fotorreportero del que es mejor no fiarse, se le rompen todos los esquemas. Nunca ha visto a una mujer al piano. Nunca ha contemplado a nadie tocando una pieza con tanta energía. Y nunca se hubiera imaginado que esa noche, a punto de asistir a un recital de Lorca, iba a ser el comienzo de una historia de amor insólita.

El baile del fuego es una intriga vertiginosa, una pasión que nace con un beso súbito, se queda en suspenso durante la guerra civil, y reaparece en un local canalla de la Gran Vía de Madrid frecuentado por estrellas de cine y toreros, y donde aún resuena el eco de una sirena como las que imaginaba Álvaro Cunqueiro.

[Información tomada de la web de la editorial]


El pasado 21 de octubre, en el marco del Certamen Internacional de Novela Histórica ❝Ciudad de Úbeda❞, tuvo lugar la presentación de la novela El baile del fuego, del periodista leonés Carlos Fidalgo. La organización del certamen me propuso acompañar al autor en esta presentación y no me lo pensé. No conocía a Carlos Fidalgo. Nunca había leído nada suyo, así que me estreno con El baile del fuego (La esfera de los libros). El resultado ha sido muy gratificante. Os cuento.

La trama de la novela se articula en dos partes, dos bloques que no tienen nada que ver con su armazón estructural, sino con el tiempo narrativo. Una primera parte transcurre en el año 1991. Uno de los protagonistas de esta novela, Vicente Yebra, cuenta a un tal Pedro la historia de su vida. Yo no os voy a desvelar la identidad real de «ese Pedro», pero Fidalgo sí destapó el guiño durante la presentación. Así que, si te pica la curiosidad, solo tienes que ver el vídeo que os dejo, en el que se recoge parte de lo dicho durante el acto. Este presente de 1991 aparecerá esporádicamente a lo largo de la narración, a través de breves diálogos entre narrador y oyente, pero el grueso de la historia transcurre en el pasado.

Y a ese pasado viajará el lector para ser testigo directo. Viajad mentalmente a finales del año 1935. Ubicaos en Madrid. Concretamente en la Plaza del Rey, donde se erige un inmueble de ladrillo rojo, no de mucha altura, y en cuyo tejado se pueden ver siete chimeneas, que dan precisamente nombre al edificio, La Casa de las Siete Chimeneas. En ese 1935, el inmueble alberga el Lyceum Club, una asociación de mujeres que organizan conferencias, conciertos, lecturas,... Cualquier tipo de actividad intelectual puede tener lugar entre esas paredes. 


«Es un edificio de ladrillo rojo, uno de los más antiguos de Madrid, porque se levantó durante el reinado de Felipe II. Allí vivió una amante del rey, hija de uno de sus monteros y casada con un capitán de los Tercios de Flandes para guardar las apariencias. Enviudó muy pronto y murió asesinada después de dar a luz a una niña. Su cadáver desapareció, su asesino también». [pág. 22]


Al Lyceum Club, al que despectivamente llamaban «el club de las maridas», acude Federico García Lorca, «en la plenitud de su talento», para hacer una lectura de sus poemas contenidos en Poeta en Nueva York. Mientras la lectura se inicia, y para amenizar la espera, una bella joven de nombre Amalia Quiroga interpreta El ritual del fuego, una pieza de El amor brujo de Manuel de Falla. A la sesión de aquel día acude, en calidad de fotógrafo, otro joven, Vicente Yebra. El muchacho trabaja como tipógrafo en el diario Ahora, el rotativo del que, por aquel entonces, era subdirector Manuel Chaves Nogales. A Yebra le apasiona la fotografía. Su presencia en el Lyceum Club no está respaldada por el periódico. Ha acudido de motu propio para fotografiar a Lorca, y luego tratar de vender sus fotos al periódico. Sin embargo, el poeta de Granada quedará en segundo plano cuando Yebra contempla por primera vez a Amalia tocando el piano. Vicente queda totalmente prendido de la belleza de la joven y tratará de hacer lo posible por conversar con ella. Así se conocen, y así comienza una historia de amor, una historia que va a perdurar a lo largo del tiempo, que se mantendrá casi hasta nuestros días porque Vicente no dejará de amar nunca a Amalia. No obstante, la vida da muchas vueltas. El destino separará a los jóvenes. Y para saber si hay reencuentro o no, solo tienes que leer la novela. 

Pero El baile del fuego no es solo una historia romántica. Fidalgo retrata el contexto histórico y socio-político de nuestro país a través del paso de los años, ya que la acción se desarrolla desde ese 1935 hasta nuestro pasado más reciente. Veremos el final de la República y la llegada de la guerra civil, aunque la contienda bélica no tendrá excesivo protagonismo en la historia, más allá de una incursión en el mundo de los corresponsales de guerra. De ahí, el tiempo seguirá pasando y podremos comprobar cómo la ciudad de Madrid trata de sacudirse las miserias de la posguerra. Son los años 50, la edad dorada del cine, de las grandes producciones cinematográficas, y de los actores y actrices, que colmarán las páginas de los periódicos y de las revistas. 

Realidad, ficción, leyenda y fantasía se mezclan en esta novela, que te permitirá asomarte etapas históricas extraordinarias, con personajes que van desde las Sinsombreros hasta actrices como Ava Gadner.

Vicente y Amalia

Pero entre los múltiples personajes reales que van a pulular por las páginas de esta novela, hay que destacar a dos jóvenes que serán los protagonistas, sin excepción. Ya os he presentado brevemente a la joven pareja, pero os contaré algo más en profundidad. Os diré que Amalia es de familia pudiente, procedente de la Mariña de Lugo. Reside en Madrid, concretamente en la Residencia de Señoritas, y estudia piano en el conservatorio. Desde primer momento se nota que tiene más mundo que Vicente, que es una joven más decidida, que sabe lo que quiere y, lo que es más importante, lo que no quiere. A Amalia la vamos a ver con ganas de exprimir la vida, cometiendo alguna que otra travesura, sin importarle el qué dirán. De hecho, en la residencia la apodan la «calientabraguetas». Su relación con Vicente se basará más en esas ganas de sentirse viva que en el enamoramiento porque, lo que a Amalia le interesa de verdad, es la música y el piano. No obstante, su relación con Vicente le traerá algún que otro contratiempo y será ella la que, como dijo el autor en la presentación, «esconde el misterio de esta novela».


«Acercó su boca a la mía, sin más explicaciones, y me besó como nunca antes me había besado ninguna chica. Es decir, tomando ella la iniciativa. Fue un beso decidido, casi un beso robado, un beso cálido, sin titubeos ni vacilaciones. Un beso descarado, bien plantado en los labios. Amalia sabía lo que quería, no era ninguna novata, y aquella provocación, porque eso es lo que era, parecía una continuación de su desafío al piano». [pág. 19]


En cuanto a Vicente, el joven procede de Ponferrada pero reside y trabaja en Madrid. Al contrario que Amalia, su familia es muy humilde. Le apasiona la fotografía y porta una Kodak Baby Brownie, «una cámara de baquelita», que se compró por el precio de 1 peseta, y con la que la mayoría de las veces hace fotos borrosas.

De los dos personajes, hay que destacar que Vicente Yebra tiene un trasfondo real. Carlos Fidalgo se ha inspirado en una persona que existió realmente, en Vicente Nieto Canedo, un fotógrafo de León, al que el autor conoció al ejercer el periodismo, un hombre al que el reconocimiento a su labor de fotógrafo, le llegó al final de sus días. «Vicente Yebra se inspira en Vicente Nieto Canedo, sobre todo, al principio», aclaró el autor. Porque para construir el personaje en los años 50, «me fijado más en dos fotógrafos de Madrid, que trabajaban en el mundo taurino». Eran fotógrafos que buscaban fotografíar a las actrices de Hollywood en locales como Chicote, Pasapoga o Villa Rosa, mujeres bellas y famosas que se sentían atraía por el ambiente taurino.

Nieto Canedo nunca supo que él estaba inspirando al personaje de esta novela, pues su fallecimiento se produjo antes de que esta historia fraguara en la mente del autor.


[Si prefieres escuchar parte de la presentación, dale al play]


Del Madrid intelectual al Madrid de la farándula

El baile del fuego nos va a mostrar la ciudad de Madrid desde diversos ángulos. Antes de que se inicie la guerra civil, vamos a ver el lado más intelectual de la ciudad. Muchos serán los nombres que asomen por esas primeras páginas, como el propio Lorca, mencionado anteriormente, pasando por María de Maeztu, presidenta del Lyceum Club y directora de la Residencia de Señoritas, donde se aloja Amalia Quiroga; Alberti y su esposa María Teresa León; Clara Campoamor, Victoria Kent, Zenobia Campubri o Ernestina de Champourcín. Era un mundo luminoso donde la voz de la mujer era tenida en cuenta, un tiempo en el que las mujeres se congregaban para debatir y conversar sobre cuestiones de interés, y también para luchar por sus derechos. 

Pero la Residencia de Señoritas no era la única institución que se centraba en la mujer. En la novela se nos hablará también del Instituto Internacional de Señoritas, «filial española de la institución norteamericana que se había instalado en Madrid a principios de siglo»,  o el Ateneo Feminista Magerit, que contaba con bar americano y biblioteca, y diversos salones para tomar el té o para jugar al bridge, donde «se bailaba el charlestón y el foxtrot, y las mujeres fumaban sin complejos». Eso sí, estaba prohibido hablar de política y de religión, «y tampoco se permitía el paso a ningún hombre, salvo a la planta principal y siempre que lo hubiera invitado alguna de las socias». Era el Madrid del Café Barbieri, con sus mesas de mármol; el del hotel Ritz, con sus normas de acceso y alojamiento; el Madrid de Dalí, y del amor imposible de Lorca.

Sin embargo, aquel Madrid tenía los días contados. En el ambiente ya se respiraba la tensión. Tuvieron lugar huelgas, desórdenes públicos, el Frente Popular gana las elecciones y «el clima político se volvió irrespirable». La guerra civil estalla, pero ya os comenté antes que el conflicto bélico no tendrá especial importancia en la novela, sino que quedará reducido a un segundo plano, del que os hablaré más adelante. 

Y, pasados aquellos años terribles, y poco a poco, Madrid volvió a la vida. La gente quiere divertirse, olvidar los malos momentos vividos, la lucha fratricida, las muertes, la sangre y el dolor. De aquel Madrid intelectual de la República, cuyas listas fueron esquilmadas, pues los que no fueron asesinados tuvieron que exiliarse, pasamos al Madrid de la fiesta nocturna y de los locales de moda. Serán los tiempos de Pasapoga y de Chicote, de la orquesta de Xavier Cugat, de los actores y actrices nacionales e internacionales, que acuden a este país, fascinados por el ambiente taurino. Por los clubes nocturnos pasaron muchas actrices del momento y algún que otro actor de la tierra trató de seducir sin éxito a la que solo tenía ojos para un traje de luces.


«Perico tenía miles de botellas en el sótano y se las mostraba a los clientes importantes. Algunas actrices, como Sofía Loren, que se encaprichó de una botella sinuosa porque se parecía a su figura, se atrevieron a pedirle uno de aquellos envases tan vistosos». [pág. 204-205]


Y en aquel resplandor, aparece el animal más bello del mundo, la hermosa Ava Gadner, enamorada del torero Luis Miguel Dominguín. Sobre la presencia de la actriz en España nos habló Carlos Fidalgo durante la presentación y nos explicó que se formó un «triángulo de amor, lujuria y celos»  entre el torero, la actriz y el que era todavía su esposo, Frank Sinatra, y al que le llegaban rumores de infidelidad desde España. Por entonces, Ava Gadner participaba en el rodaje de La condesa descalza y, ni corta ni perezosa, en los descansos del rodaje, cogía un avión y se plantaba en Madrid para ver al torero. 

La guerra civil y los corresponsales de guerra

Y aunque dije que la guerra civil es un mero telón de fondo porque, como comentó el propio autor, él no quería escribir una novela sobre la guerra civil, sí hay que mencionar algunas cuestiones. Por ejemplo, en esta novela podremos saber más sobre el hotel Gran Vía, «tan funcional, tan americano», donde comían y cenaban los periodistas acreditados por el gobierno republicano durante la guerra. O entrar en el edificio de la Telefónica, desde donde estos periodistas enviaban sus crónicas, firmadas por nombres como Ernest Hemingway, Martha Gellhorn, Robert Capa o Virginia Cowles, «otra periodista de raza, muy guapa y muy atrevida que también cubriría la guerra desde el bando nacional».


«Los corresponsales extranjeros transmitían sus textos desde la cuarta planta y en la quinta se encontraba la Oficina de Información y Propaganda que dirigía Arturo Barea, el de La forja de un rebelde que  han puesto hace poco por televisión. Por el día tenían prioridad los cables diplomáticos, por eso los periodistas esperaban al anochecer para enviar sus crónicas». [pág. 246-247]


La guerra transformó la fisonomía y la utilidad de diversos edificios de Madrid. Si el Hotel Florida, «edificio mítico», quedó destruido por los bombardeos, otros se convirtieron en hospitales de sangre. 

En cualquier caso, y para cerrar este apartado, Fidalgo aclaró durante la presentación que la guerra civil en esta novela funciona como una bisagra, una puerta que permite pasar al lector de una estancia a otra, de un escenario a otro, de ese Madrid de las Sinsombreros, intelectual, donde las mujeres brillaban con luz propia o, incluso, con una luz más intensa que la de sus maridos, -pensemos en María Lejárraga a la que el autor le hace un guiño en las primeras páginas de la novela-, a ese otro Madrid con brillo también, pero este de lentejuelas.

Leyendas, fantasía y hechos reales

Historia, amor, guerra. Pero el autor no se queda ahí sino que introduce otros elementos que adornan la narración. Fidalgo se hace eco de las diversas leyendas que corren por Madrid y que tienen como protagonista diversos edificios de la ciudad. Son historias que forman parte del imaginario colectivo y que el autor ha introducido adecuadamente en la trama de la novela. Es lo que pasa con La Casa de las Siete Chimeneas, en cuyo interior dicen que aún transita el fantasma de una mujer, la que fue amante de Felipe II. Carlos nos contó que aquella mujer murió asesinada y fue emparedada en el inmueble. Su cuerpo fue hallado mucho tiempo después y las malas lenguas cuentan que hay noches en las que se la puede ver en el tejado del edificio, señalando con una antorcha en dirección al Palacio Real. En el vídeo te cuenta más detalles sobre esta leyenda.

También, el edificio de la Telefónica arrastra un pasado oscuro, protagonizado por Goyito, el fantasma de un niño que se pasea por el interior del inmueble y que murió durante la construcción del edificio. Eso, por no mencionar los pasadizos que supuestamente taladran el subsuelo de Madrid, túneles que conducen a sus usuarios a encuentros prohibidos, lejos de miradas indiscretas.


«En el barrio me habían dicho que un pasadizo secreto comunicaba el antiguo escenario del teatro, convertido en cabaret a la francesa, con el primer local donde estuvo el café, y las artistas lo usaban para reunirse de forma discreta con hombres adinerados». [pág. 92]


Y aunque, nada más abrir el libro, encontramos la siguiente leyenda «La mitad de las mentiras de este libro son ciertas (Adaptación de un dicho irlandés)», en El baile del fuego hay tanta realidad como ficción. Más allá de la guerra, y del paso de los diferentes nombres conocidos por las calles de Madrid que veremos en la historia, hay que unir también la narración de ciertos hechos trágicos que ocurrieron realmente en aquellos años. Carlos Fidalgo relata el accidente que involucró al tranvía de la Bombilla y a una furgoneta de reparto; o el accidente de tren ocurrido en Torre del Bierzo, en el que murieron más de 100 personas, «que fuera de León quedó silenciado porque no dejaba en buen lugar al gobierno de Franco», y del que el autor da más detalles en el vídeo de la presentación. 

Por otra parte, a esta novela no le faltará tampoco un ligero toque de fantasía, espejismos que principalmente giran alrededor de la figura de Amalia y que dan a la historia un aire mágico.


«Y fue en el centro de la laguna, al atardecer, mientras su pelo se oscurecía un poco por la falta de luz, cuando descubrí que las manos le azuleaban al contacto con el agua, como si quisiera mudar la piel». [pág. 49]


Estructura y estilo

Escrita en primera persona, El baile del fuego se estructura en tres partes: El amor que se centra en el final del año 35 y la II República; La Sirena, con guiños a Pontevedra, la tierra de Álvaro Cunqueiro; y El fuego, que retrata el Madrid de los años 50. A lo largo de esos tres bloques se distribuyen un total de 48 capítulos, de corta extensión. 

El baile del fuego es una novela que se lee con agilidad. Cuenta con un ritmo sosegado que permite al lector adentrarse en la historia con suavidad, para ir descubriendo los distintos momentos por los que pasarán sus personajes. 


Poco más os puedo contar de esta novela, la primera que leo de Carlos Fidalgo, cuyo título tiene muchas lecturas. Ese fuego que nos abre camino puede hacer referencia a muchas de las cuestiones que aparecen en la obra, como a la pieza que Amalia toca al piano en el Lyceum Club, al color de su cabello, el fuego de la guerra o del accidente de tren que ocurrió en Torre del Bierzo. El baile del fuego, como reza su subtítulo, es «una historia de amor, en tiempos de guerra y paz», cuya lectura he disfrutado y que os recomiendo.



jueves, 23 de noviembre de 2023

SILVIA HIDALGO: ❝Esta novela es una radiografía emocional y psicológica del actual momento social❞

El pasado mes de septiembre se anunció el Premio Tusquets Editores de Novela, que este año ha recaído en una paisana, en Silvia Hidalgo, por su novela Nada que decir. No conocía a esta autora, que llegaba a este premio con otra novela publicada Yo, mentira (Tránsito). Del Premio Tusquets he leído tres novelas: Nada que no sepas de María Tena (reseña y entrevista), Dicen los síntomas de Bárbara Blasco (reseña y entrevista) y Leña menuda de Marta Barrio (entrevista). Todas me han gustado. Todas ellas son novelas que tratan temas universales, que nos atañen. Lo que nos propone Silvia Hidalgo en Nada que decir, camina por la misma senda. Echa un vistazo a la sinopsis que figura al final de este post antes de de leer la entrevista, que te dejo a continuación. 

Marisa G.- Silvia, encantada de conocerte y felicidades.

Silvia H.- Muchas gracias.

M.G.- Que te hayan dado este premio no es poca cosa. Y seguramente estás viviendo un sueño. ¿Qué emociones te han circulado por el cuerpo al saberte ganadora de este premio, del que dicen que es muy limpio?

S.H.- Sí, sabía de la limpieza de este premio. Sevilla es muy pequeña y, en alguna ocasión, he coincidido con una escritora de mucho renombre que ha sido jurado de este premio y me comentaba que los miembros del jurado andaban debatiendo porque había distintas opiniones.

Y un sueño, no, porque vengo desde tan lejos que nunca hubiera pensado ganar un premio literario y menos, un premio prestigioso como es el Tusquets. Nunca lo hubiera pensado pero estoy llena de satisfacción y muy orgullosa.

M.G.- Imagino que este tipo de premios abre muchas puertas.

S.H.- Eso espero, eso espero. 

M.G.- Cuando a un autor le otorgan un premio de estas características, se forma un totum revolutum a su alrededor, empiezan a ponerte etiquetas y, en tu caso, se está hablando de que eres la Marguerite Duras sevillana. ¿Cómo lo ves?

S.H.- Bueno, como dices, son etiquetas. Yo creo que se usan porque, al ser una escritora desconocida, sirven para orientar al lector sobre en qué universo estás.

Marguerite Duras escribía siempre desde su mirada. No es que hiciese una auto-ficción pura sino que, desde su mirada, hacía fotografías de su entorno. También era muy aficionada al cine. De hecho, fue guionista y escribió películas. Ella es la reina de ese universo y yo soy una recién llegada. Pero me pongo a sus pies.

M.G.- He estado leyendo todas las opiniones del jurado sobre tu novela pero a mí, lo que realmente me interesa, es qué piensas tú de tu creación. ¿Con qué historia se va encontrar el lector en este Nada que decir?

S.H.- Esta novela es una radiografía emocional y psicológica del momento social actual, de cómo nos estamos relacionando, o cuáles son las crisis actuales de la sociedad, y cómo atraviesa todo esto a una mujer concreta. Es lo que puedo aportar desde mi mirada, como mujer que soy, como profesional con estudios técnicos, como hija de un obrero que se ha criado en un barrio periférico de Sevilla,...

M.G.- Leyendo tu novela, en algún momento pensé que esta historia nacía de un punto de inflexión. A veces, los lectores somos demasiado curiosos y siempre intentamos encontrar rastros del autor en su obra. En algún pasaje he sentido que, por cómo estaba narrado, tú estabas ahí y no solo como autora.

S.H.- Mira, eso me halaga. Como lectora, lo que me interesa es que la historia me atraviese. Cuando leo un libro o veo una película, está muy bien que sea divertimento y que me entretenga, pero me gusta mucho más si me atraviesa. Eso mismo es lo que intento conseguir como creadora. Así que, si has tenido esa sensación, me halaga mucho porque entonces, he podido transmitir una emoción que nace de una emoción real mía. Pero las anécdotas en sí no son mías totalmente. Siempre son mezclas, anécdotas tuyas, de tus amigas, de tu vecina, de tu madre,... Todo es mezcla porque es de lo que nos nutrimos. 

M.G.- Hay pasajes que atraviesan, sí. Para mí, esta novela, más que para leerla es para masticarla. Hay fragmentos que funcionan como el golpe de un boxeador. De hecho, en la primera página encuentro una frase que me dejó muy tocada: «Ellos iban a ser diferentes, iban a ser felices, en cambio ahí están y se pone a llover a mares como venganza». Por un lado, me pareció muy poético. Y por otro, lo sentí como algo mío. Como cuando tú crees que vas a tener una vida idílica y, de repente, ¡zas!, la vida te da una bofetada.

S.H.- Es normal. Hay que vivir con ilusión porque, si no, ¿para qué? Pero después hay que ver también cuando las cosas no están funcionando o no son como nos imaginábamos. Entonces nos agarramos a esa imagen que hemos idealizado. Que idealicemos es lo natural y lo humano. Te levantas, ves un día estupendo, y cuando menos lo esperas, se pone a llover. Pues con las relaciones pasa lo mismo.


[Si prefieres escuchar nuestra conversación, dale al play]


M.G.- Silvia, siento que esta protagonista está muy hueca, muy vacía por dentro. En algún momento, me ha producido mucha tristeza porque la veo como mendigando cariño, mendigando amor. He navegado en esos sentimientos de compasión, de tristeza,...

S.H.- Es así, totalmente. Ella empieza en un estado de desarraigo absoluto, de desamor,... Empieza en el fango, mendigando, como perfectamente dices. Ella mendiga amor pero, además, de personas desconocidas. Se agarra a cualquier tipo de afecto por agarrarse a su humanidad, porque la ha perdido. Cuando sufrimos desamor nos deshumanizamos y ella habla de sí misma como una bestia. Se bestializa y empieza a actuar por deseo puro como si solo tuviera cuerpo. De ahí la sensación que has tenido, que está hueca y que lo que quiere es completarse de alguna manera. Así es la primera parte de la novela. Pero luego, en la segunda, tras tocar fondo, empieza de nuevo la humanización, quitándose muros y abrazando de nuevo la vulnerabilidad.

M.G.- No leí tu novela anterior, Yo, mentira pero por lo que he indagado parece que existen ciertos hilos de unión entre aquella y esta, ¿no?

S.H.- Totalmente. De hecho, cuando me nació esta historia, era algo que me preocupó al principio porque había como similitudes. Pero luego, me ocurrió todo lo contrario. La abracé como algo positivo. Este es mi universo y tengo que ser honesta y consecuente con mi universo. Ahora lo veo hasta bonito. Parece que las mujeres de las dos novelas hablan entre ellas. Es como si fueran vecinas. Casi que se podrían encontrar en el centro médico. Estar sentada la una al lado de la otra, hablarse, y encontrarían como cierta similitud pero, también, formas de ser muy distintas y formas de vivir su historia de manera muy distinta. Aquella novela era una historia de auto-descubrimiento. Y esta es una historia de desarraigo, de desamor, y de una relación muy tóxica.

M.G.- Fíjate que el único nombre que aparece en la novela es el de Eva, incluso como nombre de un cachorro con el que la protagonista se queda. Me llama la atención que no aparezcan más nombres y que el que aparezca sea precisamente ese. Me dije: Aquí hay algo.

S.H.- Sí. Me cuesta poner nombres porque se identifica con esos nombres. Si fuera necesario, si la próxima novela fuera coral y tuviera veinte personajes, necesitaría poner nombres pero en esta, al ser tan poquitos personajes, creo que se pueden identificar perfectamente.

Lo de Eva sí me interesaba. Todos los personajes femeninos de esta historia son Eva. Todas las mujeres son Eva. Quería marcar esa herencia y esta deuda universal que tenemos. Porque ahora nos vaya un poco mejor, no se puede decir que ya esté saldada. Las mujeres arrastramos una herida desde la primera Eva. Me interesaba que todas tuvieran el mismo nombre y que fuera el nombre de la primera mujer. Es un símbolo. M.G.- Y otro dato es que, en una novela como esta, en la que buceamos mucho en el interior de la protagonista, la historia esté narrada en tercera persona, en vez de en primera.

S.H.- En principio, siempre me nace escribir en primera persona. Y así empecé la novela pero sentí que algo fallaba. Lo que fallaba era esa compasión que tú misma has sentido, una compasión que yo no quería tener. Tenía que dar un paso atrás para ser más implacable todavía. Necesitaba que la narradora fuera implacable con la protagonista, que casi no tuviera piedad, que lo tratara todo de forma muy cruda y, desde ella misma, me costaba más trabajo hacerlo. Cambié a tercera persona y, nada más me separé un paso, ya pude volcar toda esa rabia, el enfado, la ira, ese tono un poco de esquiciado. Por eso opté por la tercera persona, aunque es una voz que está muy apegada a ella.

M.G.- Me interesan mucho las figuras paterna y materna de la protagonista. Antes comentabas que escribes para que cale al lector y yo, cada vez que leía sobre el padre, me desgarraba. El padre de la protagonista está muerto y es un personaje fantasma que está siempre con ella.

En cuanto a la madre, me resultaba llamativo esa madre que, si espera que un hijo regrese al hogar familiar, que sea el varón y no la hembra. 

S.H.- Esto es algo que no trataba en la anterior novela, donde el personaje era mucho más solitario. Aquí me interesaba tratar la relación con los padres porque, si hablo del desarraigo, ¿de dónde viene ese desarraigo o esta educación afectiva? Ella tampoco tiene autoestima afectiva. Parece que no sabe relacionarse, ni siquiera con su hija. Y me interesó indagar en esos padres y en la relación con ellos 

El padre ha fallecido y él ha sido víctima de su tiempo. Lo dibujo como un hombre culto, incluso creativo, pero que también está totalmente mutilado por el momento que le tocó vivir. Ahora que el padre ha muerto, parece que ella se siente más afín a él. Quiere recordar esa parte buena de su padre, no las diferencias que tenía, sino las similitudes, que también es algo que hacemos mucho con el duelo.

Y con su madre, quería dibujarla a ella y a sus vecinas, en ese barrio en el que viven. Ahí sí bebo de mi propia experiencia, de mi barrio, de las mujeres que estaban encerradas siempre en sus cocinas, esperando a que el padre y los hijos llegaran. Y cómo eso te tiene que frustrar, te tiene que secar, y te tiene también que mutilar, afectivamente. Esas mujeres tenían simplemente que cuidar pero la palabra cuidado también ha cambiado. Ahora, la palabra cuidado es más amplia. Antes, la madre, si tenía una planta, quería que estuviera viva. Si tenía una hija, quería que estuviera viva. No sabe dar otro tipo de cuidado. A esa madre no le dieron nunca cuidado afectivo y por eso no es capaz de darlo. Por eso, ahora la protagonista parece que tampoco es capaz de dárselo a su hija.

M.G.- También se habla de lo que la protagonista siente mientras estuvo embarazada de su hija. Yo no tengo hijos. No he estado embarazada nunca. Y ese pasaje me hizo reflexionar en lo que pensamos los demás ante una mujer embarazada, en cómo nosotros la percibimos, y lo que ella siente realmente. En un momento dado, ella se siente una mujer teta, hasta ese instante en el que surge la chispa y aparece la conexión con el pequeño ser humano que ha tenido dentro.

S.H.- Hay mucha literatura maravillosa respecto a las maternidades. Hay una maternidad por cada mujer. Quería contar que, como ella no ha tenido esa educación afectiva, tampoco sabe darla y tiene miedo. Esta protagonista es una mujer con miedo. Primero, miedo a sus cambios físicos y luego, también tiene miedo de ser responsable de la vida de otra persona. No sabe si va a saber quererla. De hecho, esa es su primera preocupación. Todo el mundo le ha dicho que su hija va a ser lo que más quiera en el mundo pero ella no es capaz de sentir eso. Quiere que nazca, que viva, pero no es capaz de querer, en ese momento, a esa persona que acaba de llegar a su vida. Así que tiene pánico. Se siente una máquina de mantenimiento, casi una incubadora, y ha dejado de hacer otras cosas que hacía antes como persona, como mujer. 

M.G.- Con todo lo que se dice en la novela, o que sabemos a través del narrador, titulas esta historia como Nada que decir.

S.H.- Me interesa mucho el lenguaje. Ella empieza hablando de que su relación con esta persona es bastante tóxica. Es una relación que se ha mantenido a base de mensajes mínimos del vocabulario. Creo que ahora nos relacionamos mucho así, a través del móvil, de la pantalla, en el que incluso el diccionario predictivo te va diciendo la siguiente palabra que tienes que utilizar, cuando, a veces, esa palabra no es exactamente la que querías utilizar. Y cuando la otra persona recibe tu mensaje, ¿qué mensaje está recibiendo?, ¿cómo rellena los espacios de ese mensaje?, ¿y cómo le afecta? Ella, en esa relación, no tiene palabras para expresar cómo se siente. No tiene las herramientas y se queda sin nada que decir. Esto no es más que fruto de mucha frustración a la hora de comunicarnos de otra manera.

M.G.- Silvia, no tengo más preguntas que hacerte. La estoy disfrutando mucho. Como te dije antes, para mí es una novela para masticarla porque deja sabor.  Y te vuelvo a felicitar por el Tusquets.

S.H.- Muchísimas gracias. Ha sido un placer conocerte.

M.G.- Igualmente.


Sinopsis: Una mujer aguarda en el interior de un coche a que su exmarido recoja a la hija de ambos, que llora en el asiento de atrás. Mientras cae la lluvia y las figuras se desdibujan iluminadas por los intermitentes, ella está pendiente de su móvil y de una cita con un desconocido. Como un animal desorientado y furioso, se deja llevar por su deseo crudo, sin tapujos, en el que la maternidad, la familia, el trabajo ocupan un lugar secundario. Quiere huir de los espejismos de una falsa felicidad, pero se sitúa ante el abismo de una relación enfermiza, desquiciada, con un directivo de la empresa de su exmarido, un «hombre tumor». Nada que decir confirma a Silvia Hidalgo como nuestra Marguerite Duras: escenas turbadoras, emociones inconfesables y una escritura tersa y brillante, que deja zarpazos.

Nada que decir es el deslumbrante retrato psicológico de una mujer enfrentada a sus contradicciones y a la vorágine de la vida moderna, una historia veraz y lacerante sobre la vivencia del deseo y la pasión, sobre cómo se sobrepone a la crisis de los cuarenta, la ansiedad por el éxito social, el desencanto del hogar, la atracción por lo prohibido.


miércoles, 22 de noviembre de 2023

ENCIERRO (THRILLER - 2023)

Año:2023 

Nacionalidad: Francia 

Director: Nour Wazzi 

Reparto: Famke Janssen, Rose Williams, Anna Friel, Finn Cole,...

Género: Thriller 

Sinopsis: Una aventura amorosa lleva a Lina a un viaje de secretos, traición, asesinato y un complot para, por lo visto, destruir a su suegra, Katherine. Pero, ¿quién es la verdadera víctima?

[Fuente: Filmaffinity]

Buscando alguna película que ver en Netflix me encontré con Locked In (Encierro). Miro la sinopsis (la que ofrece la plataforma y no la que os dejo más arriba que pertenece a Filmaffinity) y leo:


«Decidida a averiguar qué le ocurrió realmente a su paciente en coma, una enfermera descubre que su síndrome oculta rivalidades, infidelidades, traiciones y asesinatos»


Ya veis que, entre una sinopsis y otra, hay todo un abanico de posibilidades pero esta película es una mezcla de ambas descripciones. Me resultaba interesante, así que me senté a verla. 

La acción se inicia en una habitación de hospital. Katherine es una mujer muy mal herida que está postrada en la cama. Lleva cinco semanas hospitalizadas por un traumatismo craneal grave, que la ha mantenido en coma durante tres días. La mujer sufre el síndrome del cautiverio, que se traduce en parálisis de las extremidades y pérdida del habla. No puede comunicarse con nadie pero una enfermera neuroclínica -Mackenzie-, se encarga de su recuperación.

La enfermera hará amistad con Lina, la única persona que visita a la enferma. Es la hijastra de Katherine, que vive con ella, y con su hijastro Jamie, desde hace trece años. Lina, a través de un flashback que nos retrocede al pasado, le contará a Mackenzie cómo se trasladó a la mansión Rowling, para vivir con Katherine y Jamie. Por medio de ese resumen de su vida, el espectador sabrá qué relación existe entre Lina y Katherine, cómo es Jamie, y de qué manera viven en aquella casa tan grande, en la que no hay ni servicio doméstico. Los acontecimientos se irán sucediendo de forma poco favorable para ciertos personajes y eso provocará que las relaciones entre los habitantes de la mansión se enfríen o se estrechen. A esto hay que añadir que aparece en escena un médico, Robert Lawrence, que se encarga de vigilar la salud de Jamie, pues el joven sufre de ataques epilépticos y de otros padecimientos, que le impiden tener una vida normal. Así que, la mansión Rowling funciona como una cárcel y de ahí el título de la película. Bueno de ahí, y del síndrome de Katherine, una mujer que, de repente, se ve al cargo de dos hijos que no son suyos. Lina no tiene más familia que Katherine y Jamie. Y este último, vive sin poder casi moverse debido a su enfermedad. ¿Qué es lo que sucederá en esta familia para que Katherine acabe en el hospital a punto de perder la vida? Bueno, eso no te lo voy a contar.

Pros y contras en esta película

La trama despierta interés. Estamos ante una película que trata sobre las relaciones familiares, sobre individuos entre los que no existen vínculos de sangre, que residen en una gran mansión, con una herencia en juego. Siempre digo que el exceso de dinero nunca trae nada bueno y, en esta ocasión, no me equivoco. Por eso vamos a ver a los personajes de Encierro anteponer su interés personal al amor familiar, y eso provocará que los celos y la ambición afloren, dando pie a un maquiavélico plan.

Partiendo de esta base, esta película resulta atractiva. No será novedosa porque, desde Cenicienta ya se ha contado muchas veces el cuento de madrastras, hijastras, ambición, celos y poder. Aun así, no negaré que buena parte de la trama despertaba mi curiosidad. El problema radica en que, en ocasiones, parece un folletín. Hay cosas que no te crees, que ves cómo algunos personajes se extralimitan en sus funciones, y adoptan un papel que no les corresponde. Además, hay que añadir que alguna escena roza el absurdo, porque el heno debe ser bastante incómodo para según qué cosas. Ya me entenderéis si la veis.

En cualquier caso, hay que reconocer que tiene unos últimos veinte minutos bastante aceptables, donde el ritmo alcanza cotas altas y los hechos se precipitan. Durante esa fracción de película no hay respiro y eso anima a continuar con el visionado. Además, tiene una duración media, lo que se agradece. Admito que el guion juega un tanto con el espectador, haciéndole creer lo que no es, pero esa suele ser una trampilla habitual que se condona, porque favorece las especulaciones del espectador. 

Por otra parte, y a pesar de ser de factura gala, Encierro tiene un cierto toque británico que agrada mucho. Se rodó íntegramente en Reino Unido y esa mansión en la que ocurre la mayor parte de la historia contribuye a generar atmósfera.

Personajes

Encierro se sustenta sobre el lado más oscuro de sus protagonistas. Todos ellos son ambiguos, tienen luces y sombras, y camuflan sus verdaderas intenciones. El espectador entra en ese juego de tratar de averiguar qué pretende cada uno y de qué pie cojean.

Quería hablaros de los cuatro pilares de esta película (Katherine, Lina, Jamie y Robert) y excluyo a la enfermera porque para mí es un personaje bisagra, cuya única función es dar pie a que la acción eche a rodar. A priori, parece que el protagonismo principal va a recaer sobre ella pero, en realidad, participa poco en la trama. Y por cierto, no sé en qué clase de hospital trabaja esta enfermera porque, a parte de ella, no parece que trabaje nadie más en el hospital. En fin, que no os voy a hablar de ninguno de ellos porque no quiero daros pistas con las que podáis averiguar cómo son y lo que buscan.

En cuanto a las interpretaciones, nada que aportar.


Poco más os voy a contar de este largometraje. ¿Merece la pena verlo? No es una película imprescindible, pero tiene un pase. A mí me resultó entretenida, así que, para una noche de viernes o de sábado, si no tienes otros planes mejores, te puede resultar interesante.

La tenéis en Netflix



Tráiler: 




martes, 21 de noviembre de 2023

ELOY TIZÓN: ❝Siempre he sentido que hay que escribir con un poco de presión porque la literatura nos está mirando❞

Publico hoy la entrevista que le hice a Eloy Tizón, a su paso por Sevilla, para promocionar su último libro de cuentos, Plegaria para pirómanos (Páginas de Espuma). Por regla general, me encanta conversar con autores, sin importarme si son conocidos o están empezando en este asunto de la literatura, sin darle relevancia a si escriben novela, poesía, ensayo o teatro. Me gusta hablar con ellos por el simple hecho de hablar sobre libros. Pero reconozco que hay conversaciones muchos más gratas que otras, y ese es el caso que nos ocupa. Eloy Tizón transmite serenidad. Sentarse a hablar con él es dejar a un lado las prisas del día a día, los traspiés, y los quebraderos. Será el timbre, la modulación, o el ritmo de su voz. No sé. La cuestión es que si llegas al encuentro con el estrés como compañero, enseguida te calmas y disfrutas de la conversación. Así fue hace unas semanas, cuando hablamos de Plegaria para pirómanos.

Ahí va nuestra charla. 

Marisa G.- Eloy, encantada de estar contigo otra vez. En la última ocasión nos vimos con Herido leve.

Eloy T.- Sí, efectivamente.

M.G.- Imagino que todos empezaremos preguntándote por esos diez años que han transcurrido desde Técnicas de iluminación, tu último volumen de cuentos. Te has tomado tu tiempo para volver al género.

E.T.- Cierto. Entiendo que, lo de los diez años, es un titular atractivo pero no es algo que me parezca tan importante. Especialmente porque, en esos diez años, he hecho otras cosas. Publiqué Herido leve y publiqué la reedición de Velocidad..., con prólogo del Zoótropo,... O sea, tampoco he estado parado, sin hacer nada. Pero bueno, entiendo que la redondez de la cifra parece que resulta atractiva.

Y no, no hay ninguna explicación más allá de que creo que la literatura requiere su tiempo, dejar reposar los textos, reflexionar sobre ellos, para luego volver. No me gusta la idea de publicar con prisas. Creo que ya se publica tanto y, a veces, de manera tan descuidada, que merece la pena mimar el material que tenemos, hasta considerar que es digno de ser compartido con los demás.   

M.G.- ¿Pero tú notas alguna diferencia entre el Eloy que escribió esos cuentos hace diez años y el de ahora?

E.T.- Yo noto una evolución. Hay lectores que me han dicho que he cambiado muchísimo. Yo tampoco lo noto tanto, pero sí creo que me he arriesgado, que he evitado repetir las mismas fórmulas. He trabajado de otra manera, quizá con más libertad, o tomándome ciertas licencias. No sé, quizás será la edad, que te da algo más, como esa capacidad de arriesgarte. No veo que sea algo totalmente distinto a lo que he hecho hasta ahora, pero sí creo que añade algo que antes no estaba.

M.G.- Te voy a hacer una pregunta que jamás le he hecho a ningún autor. ¿Uno puede llegar a cansarse de escribir? Quiero decir, después de tener una trayectoria larga de muchos libros publicados, ¿puede llegar un momento en que sienta que ha perdido la pasión por la escritura?

E.T.- Supongo que sí, que se puede llegar a algo así. De hecho, los casos de autores que dejan de escribir no son tan infrecuente. En mi caso, tengo que decir que el amor por la literatura, en general, se mantiene desde que era jovencito. Si no estoy escribiendo, pues estoy leyendo. Bueno, a veces caen en tus manos libros que te entusiasman y de alguna forma te recuerdan ese fuego que está ahí, siempre tan hermoso y tan maravilloso. Yo no estoy cansado de escribir. No se ha producido en mí ese desgaste con los años. También creo que siempre he tenido bastante sensación de responsabilidad hacia la escritura, desde que empecé. Siempre he sentido que había que escribir con un poco de presión porque la literatura nos estaba mirando. Hay joyas en la literatura y obras maravillosas, y creo que, por lo menos, hay que intentar evitar escribir tonterías.

M.G.- Escribir por escribir.

E.T.- Eso.

M.G.- Bueno, cuentan de ti que eres de los mejores narradores europeos, como decimos aquí, casi ná. Y luego también dicen, y eso lo notamos cuando leemos tus cuentos, que rompes las reglas del juego.

E.T.- Doy clases de narrativa y, por supuesto, en las clases de narrativa es importante dar a conocer las estructuras clásicas, los puntos de giro, la presencia del conflicto y demás. Pero también me gusta explicar lo que ocurre cuando no aplicamos esas reglas. Creo que el cuento, por algún motivo, es un género como muy cargado de corsés, de decálogos, de lo que se puede hacer, de lo que no se puede hacer. Y yo, modestamente, considero que una de las tareas del escritor es poner también en tela de juicio todo eso. No se trata de cargarse el género ni de reinventarlo, sino de hacer pequeños cambios o pequeños juegos. ¿Qué ocurre si a lo mejor elimino parte del conflicto? En ese caso, ¿seguiría existiendo el relato o no? O siempre se habla del arco de transformación del personaje. El personaje tiene que vivir una experiencia transformadora. Y si no la vive, ¿qué ocurriría? Ese tipo de preguntas siempre me produce mucha curiosidad. Al menos, probar.

M.G.- Hacer travesuras en la literatura, vamos.

Bueno, Plegarias para pirómanos es un volumen, que cuenta con nueve cuentos en total. Hace un tiempo hablaba con una compañera tuya de esta editorial, con María José Navia. Y hablamos de cómo el lector tiene que enfrentarse a los cuentos, si por orden o no. Y ella se hacía eco de unas palabras de Rodrigo Fresán, quien distingue entre un libro de cuentos y un libro con cuentos. En ese sentido, ¿qué es Plegaria para pirómanos?

E.T.- Bueno, esa pregunta tiene una respuesta fácil. Claramente es un libro de cuentos porque los libros con cuentos son aquellos que unen piezas dispersas. Y en este caso, hay una voluntad de construir algo con cierta unidad, vamos a decir. No es una novela, obviamente, sino un libro de cuentos. Se pueden leer las piezas por separado, pero hay ciertas líneas narrativas que cruzan los cuentos, con personajes que se repiten. Hay ecos, digamos, entre unas piezas y otras.

M.G.- El personaje que se repite, Erizo, es un poco el hilo conductor de todos los cuentos. ¿Por qué ese nombre? A mí me sugiere una persona que advierte de que pincha.

E.T.- Sí, el nombre tiene varias lecturas. Es un nombre breve, un nombre con el que comparto varias letras, aunque no todas. Es un personaje que siento cercano a mí. Tampoco sabemos si Erizo es un apellido. Podría serlo. O un mote que le han puesto. Me gustaba esa ambigüedad. Y es verdad que el erizo tiene sus púas pero, a la vez, también tiene como mucha ternura. Yo lo veo y es un bicho con ese hociquillo y tal, y me despierta ternura. Un erizo te puede pinchar pero no es un puercoespín, mucho más agresivo. El erizo es una criatura dulcemente agresiva, diría yo. Algo así.

M.G.- Es un personaje que no siempre va a protagonizar los cuentos. A veces, es un mero figurante.

E.T.- Eso es. Me gustaba ese juego de no escribir como una biografía ortodoxa de un personaje. De hecho, no hay un hilo cronológico lineal. No empezamos por la infancia y terminamos en la vejez, sino que en el primer cuento, Erizo tiene 38 años, creo recordar, y en otros cuentos, no se sabe muy bien qué edad tiene. Hay un poco de ambigüedad. 

También me gustaba la idea de que, en algunos momentos, fuera el protagonista, como nosotros somos los protagonistas de nuestras vidas o eso nos creemos. En esa superproducción que es nuestra vida, nosotros somos los protagonistas pero, para el señor al que compramos el periódico, nosotros somos un personaje completamente secundario. Ese juego de perspectivas, entre Erizo en primer plano o Erizo en el fondo, le da como relieve a la prosa. Hace que se mantenga esa tensión de dónde está Erizo en los cuentos en los que aparece.


[Si prefieres oír nuestra conversación, dale al play]


M.G.- Son cuentos en los que en algunos se mencionan pasajes del otro. Hablamos de esa conexión que existe entre todas las piezas, no solamente a través del personaje de Erizo, sino que también hay referencias a otros cuentos que ya hemos leído anteriormente.

E.T.- Esa parte la disfruté mucho. Introducir ecos de unos cuentos en otros, que resultara fluido, que resultara natural, que no se viera como algo impostado, es un trabajo que disfruté. Sí, me gustó hacer esos guiños. Sé que algunos lectores los percibirán y otros no, pero bueno, es un pequeño juego literario que me resultaba atractivo. 

M.G.- Hablemos de algunos en concreto, por ejemplo, de Grafía que es el que abre el volumen. Es un cuento que se inicia con la frase «De tu escritor favorito siempre puedes aprender». Bueno, de tu escritor favorito y de tu editor, porque este cuento está dedicado a Juan Casamayor.

E.T.- Sí, está dedicado a mi editor. Creo que era una dedicatoria casi obligada, primero porque el cuento habla del mundo literario. Con sus licencias, pero habla del mundo literario. Y luego porque es la persona que yo considero mi cómplice en la aventura literaria, que tiene una parte solitaria, una parte a veces de dudas, de incertidumbre, y tener como una red protectora de alguien, que te sigue, que te aprecia, que te señala lo que no funciona, es muy bueno. Pero, sobre todo, es la persona que te acompaña en ese camino. Siempre que le llevo un libro a Juan, es como una pequeña fiesta. Nunca se asusta de lo que le llevo. A lo mejor, pienso que he hecho una cosa rara y que me va a decir que no hay por dónde cogerlo. Sin embargo, él lo acepta con valentía y me propone defender el libro porque merece la pena.

M.G.- Tiene mucha fe en ti. No le falta razón.

E.T.- Yo también tengo fe en él.

M.G.- Ese cuento está muy relacionado con el mundo de la literatura, de la edición,... Vamos a encontrar un personaje con un apetito voraz por un autor concreto, con una devoción absoluta. Me gusta este cuento porque aborda varias cosas. Por un lado, tratas la relación autor-lector. También haces un dibujo de ciertos autores que se vuelven muy populares, con mucho éxito. Mencionas ciertas artimañas editoriales. Es decir, para los que nos gusta leer, para los que nos gusta saber cómo se mueve el mundillo en las editoriales, es un cuento muy atractivo.

E.T.- Pues, muchas gracias. Te agradezco la opinión.

M.G.- En ese cuento, Erizo es un personaje que ha publicado pero no ha tenido éxito. De hecho, su libro no ha provocado ninguna reacción en los lectores, ni positiva ni negativa. Y yo me pregunto, ¿para un autor es mejor una mala reseña o el silencio absoluto?

E.T.- Creo que el silencio es lo que más duele. Uno escribe o, más bien, publica para intervenir en la conversación cultural desde tu pequeño ángulo. Y si no tienes respuesta, es como hablar solo. Creo que es preferible una reseña mala, siempre que exista un cierto respeto, que no sea una sucesión de insultos, sino que esté razonado,... Pero hay alguien que se ha tomado la molestia de leer tu libro y de responder a esa propuesta que hace tu libro.

M.G.- En estos cuentos abordas varios temas. Te tengo que confesar que a mí El fango que suspira me ha dejado muy tocada.

E.T.- Fíjate, muchos lectores me están diciendo que es el que más les ha gustado.

M.G.- Me he visto muy reflejada.

E.T.- No esperaba eso. Creo que es un cuento áspero de leer, por el tema que trata, la desaparición y la muerte. También está la postura que adopta el narrador, una postura muy materialista, porque habla de lo que ocurre cuando alguien desaparece, qué se hace con sus muebles, y qué se hace con las domiciliaciones del banco. En esa situación hay algo muy ingrato.

Pero, a la vez, el reto estaba en meter algo de luz, de poesía, en toda esa farragosidad de trámites. Y sin dejar de ver la muerte como lo que es, podemos, no sé, encontrar algún resquicio por el que respirar o inventarle una pequeña historia a esta mujer de la que no sabemos nada. Y terminamos el cuento y seguimos sin saber nada, pero en medio siempre cabe la posibilidad de la imaginación, y por lo tanto de la literatura, de la fantasía. Creo que eso le da, al menos, una mínima dignidad para que parezca un personaje que tenga otro fondo.

M.G.- Ese cuento me hizo reflexionar en lo queda de nosotros. Vivimos aquí unos años y, al final, qué queda de nosotros. No queda nada. Un cero.

E.T.- Eso lo hemos pensado todos alguna vez. Quedan las historias. ¿Qué pasará con nuestros libros tan amados cuando desaparezcamos? Pues vete tú a saber. 

M.G.- Exactamente. No nos enteraremos. 

Bueno, en este cuento que hablamos asoma la muerte pero, hay otros en los que abordas temas que me gustan mucho, y que son comunes en literatura. Me refiero a la culpa y a la necesidad de perdón.

E.T.- Mi impresión es que todos, en un momento u otro, sentimos culpabilidad. Creo que es un sentimiento universal y no es necesario buscar razones. No es necesario mirar si están justificadas o no. Quizá, no hay ninguna justificación, no hemos fallado tanto como nos imaginamos pero, sin embargo, siempre sentimos cierta culpabilidad, porque no hemos atendido lo suficiente a determinadas personas o porque no estuvimos en el momento en que se nos necesitaba. No sé,... Me parecía importante colocar el tema de la culpa en un libro, porque es un tema universal. Al igual que la vida, la muerte, el amor, pues la culpa, también.

M.G.- Hablemos de Dichosos los ojos. Hay muchas cosas que vemos, sin ver. Eso nos pasa mucho.

E.T.- Mucho, constantemente. Me gustaba el juego de la arrogancia, de creer que lo has visto ya todo porque has visto mucho. Pero de eso no podemos estar seguros. Creo que la literatura sirve para darle cierta lentitud a la mirada, para no pasar tan rápido por el mundo. La literatura nos obliga a detenernos en ciertas imágenes, en ciertas descripciones, y en ahondar en nuestro conocimiento del mundo que, al final, es de lo que tratan los libros. No se trata sólo de pasar el rato sino de sentirnos vivos y tratar de aprender todo lo que podamos de este periodo.

M.G.- Te voy a leer un pequeño párrafo, el de la página 98, que dice: «La vida es así, viene y va, sube y baja, entra y sale. Ya sé que puedo ser cualquier cosa que desee: un lápiz, una ciudad o este silencio. Poco a poco nos vamos vaciando, cada vez menos posesiones, más solas, de manera que al final no tienes nada, absolutamente nada, pero tienes el cuento». Ay, me dejaste ahí.

E.T.- Te lo agradezco. Es un párrafo con el que me identifico. En la vida nos pasa de todo. Perdemos muchas cosas. Ganamos otras. Pero, al final, ¿qué nos queda? Pues nos queda la historia, nos queda el relato, nos queda el cuento, y esa será nuestra riqueza.

M.G.- Sé que en noviembre celebráis la segunda edición del Festival Torrijos Cuenta.

E.T.- Efectivamente. 

M.G.- He estado mirando la página web y el programa es bastante interesante.

E.T.- Me alegra que me lo preguntes. Es un festival que se puso en marcha el año pasado. Contamos, como figura de apertura, con Muñoz Molina. Muy generosamente aceptó nuestra invitación y para nosotros, desde el punto de vista simbólico, tiene muchísima importancia, y fue un respaldo esencial. Y es un festival que, por un lado, nace con cierta humildad porque manejamos un presupuesto pequeño, pero también con mucha ambición y queremos que se convierta en una referencia dentro del mundo del cuento. Ha habido cambios políticos en Torrijos pero parece que hay la voluntad de que se mantenga y siga adelante. Y por mi parte, pues yo seguiré trabajando para traer a autores, autoras, mesas redondas interesantes, editores, y sobre todo atraer a lectores. 

El espacio donde se celebra es una belleza. Lo digo sin ninguna exageración. Es el Palacio de Pedro I. Literalmente es un palacio y tiene salas espectaculares para pasar un grato fin de semana allí, teniendo cerca a los autores, con sus libros, y poder conversar con ellos. Todas las entradas son libres, es decir, no se cobra nada. Y bueno, es una defensa del cuento necesaria.

M.G.- Necesaria porque hay muchos certámenes de novela pero el cuento que está ahí y hay que prestarle también atención.

E.T.- Hay festivales de novela, de poesía, de teatro. Casi todos los géneros están bien representados por los festivales. Nos faltaba el cuento. Los que amamos el cuento no podemos dejar de contribuir con el género, y no sólo escribiéndolo, sino también defendiéndolo de otra manera.

M.G.- Eloy, volverán a pasar otros diez años para que volvamos a hablar de cuentos.

E.T.- Eso no lo puedo decir porque ahora mismo acabo de publicar y no tengo otro proyecto. No sé si pasarán diez, o cinco, o cuatro años, pero sí me gustaría que lo próximo que publique tenga un nivel aceptable de calidad. Que cuando lo releas no te produzca vergüenza ajena y horror.

M.G.- ¿Pero eso te ha pasado alguna vez?

E.T.- Lo trabajo mucho y, por suerte, no he llegado nunca a eso. Pero debe ser un sentimiento terrible.

M.G.- Sí, desde luego. 

Bueno, Eloy, lo dejamos aquí. Te agradezco muchísimo que hayas venido a Sevilla otra vez, que siempre vienes. Y que vaya todo bien.

E.T.- Nada, Marisa. A ti. Es un placer. Mil gracias.


Sinopsis: Leer a Eloy Tizón es adentrarse en el mejor cuento español contemporáneo por la puerta grande. Con esta premisa, Plegaria para pirómanos conjuga como ningún otro libro del autor el hallazgo y la epifanía de su estilo único e inconfundible con la ruptura de lo establecido en el género y la indagación de otros principios. Nueve cuentos entrelazados por los destellos breves, por las ausencias perennes, por el afán cotidiano, por la búsqueda creativa, por la evidencia de la vida misma de unos personajes que esperan, de una posible memoria y biografía propias y reconocibles en una escritura que es súplica e incendio, en una literatura que nos quema. La vida entre las manos de Eloy Tizón.


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