miércoles, 27 de enero de 2016

EL NIÑO 44 (DRAMA - 2015).



Año: 2015.

Nacionalidad: EE.UU.

Director: Daniel Espinosa.

Reparto: Tom Hardy, Noomi Rapace, Gary Oldman, Joel Kinnaman, Paddy Considine, Jason Clarke, Vincent Cassel, Fares Fares, Josef Altin, Nikolaj Lie Kass, Sam Spruell.

Género: Drama. Thriller.

Sinopsis: En la antigua Unión Soviética, Leo Demidov) es un oficial de la seguridad del Estado (MGB) y antiguo héroe de guerra, que cuando investiga una serie de asesinatos de niños, el Estado lo releva de su cargo y lo aparta de la investigación para preservar la ilusión de una sociedad utópica libre de crimen. Demidov luchará entonces por encontrar la verdad tras estos asesinatos y la auténtica razón por la que el gobierno rehúsa reconocerlos. Por su parte, su esposa es la única que permanece a su lado, aunque quizá ella oculta también sus propios secretos. 

[Información facilitada por Filmaffinity]



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La novela El niño 44 de Tom Rob Smith anda por casa hace algunos años. Creo que se convirtió en un habitante más al poco de salir publicada pero yo aún no la he leído, a pesar de las muchas recomendaciones. En su lugar, este pasado año he visto la película de la que me esperaba algo más. El resultado final fue tan difuso que no sabría decir si me ha gustó o no.


No hay asesinatos en el paraíso.


Con esta sentencia se inicia la película El niño 44, dirigida por Daniel Espinosa, el director chileno-sueco artífice de otros filmes como El invitado. Tanto el best-seller como el largometraje desarrollan en parte un hecho real ocurrido en Rusia entre finales de los 70 e inicios de los 90, años durante los cuales un asesino en serie sembró el país con más de cincuenta cadáveres. Si queréis saber más buscad sobre el carnicero de Rostov. Es pues una ficción histórica pues el argumento de ambos formatos se adelantan en el tiempo y sitúan los hechos en otro contexto histórico.


Leo Demidov (Tom Hardy) es un militar del ejército ruso, miembro de la MGB, criado por unos padres adoptivos tras quedarse huérfano en 1933 durante la hambruna impuesta por Stalin al pueblo ucraniano en la que murieron alrededor de 25.000 personas al día. 

Tras un breve flashbacks para conocer el pasado del protagonista, la película lo sitúa en Moscú en 1953. Leo es un respetado militar, condecorado tras su intervención en la II Guerra Mundial y está casado con Raisa (Noomi Rapace), una hermosa mujer. Entre sus ocupaciones dentro del ejército está localizar y detener a traidores al régimen como Anatoly Brodsky pero no es un hombre que ejerza su poder con violencia, muy al contrario que su compañero Vasili, cargado de ira, rabia y envidia.

Todo sigue su curso hasta que dos acontecimientos rompen la cotidianidad de Leo. Por un lado, la muerte del hijo de su amigo y compañero Alexei, una muerte aparentemente accidental aunque no totalmente clara. Por otro, la denuncia de Anatoly que señala a Raisa como otra traidora más. Leo se coloca entonces en una terrible encrucijada. Fiel a los ideales patrióticos, inicialmente no durará en creer en los argumentos que justifican la muerte del hijo de Alexei pero la aparición de otros niños muertos en idénticas circunstancias sembrarán la duda. A su vez, se verá en una terrible tesitura pues duda entre denunciar a su mujer como traidora o no. Sus decisiones lo conducirán a un rincón del mundo donde un hombre de su graduación no debería estar. Por un motivo u otro, el Estado ha decidido degradarlo pero en Leo se ha desatado la necesidad de desenmascarar la verdad y ya nada podrá pararlo.

El niño 44 cuenta con un guion que toca varios asuntos a la vez. Principalmente desarrolla la utópica idea de la carencia de criminales y asesinatos en un país de ilusión. El crimen no puede existir en la Unión Soviética porque no es más que un enfermedad del capitalismo y no tendría cabida en los tiempos de Stalin. De ahí que, el tratamiento que recibe la muerte del hijo de Alexei sea muy difuso. Por supuesto se plasma el ambiente de opresión, reclusión, asfixia y temor que vivía el pueblo. Siempre mirando a un lado y otro al cruzar la calle, sintiendo la sombra del régimen a la espalda, vigilados, esperando ser detenidos en cualquier momento. Y al mismo tiempo tiene un toque romántico que viste mucho en una película. Con estos componentes bien podría haber resultado un largometraje de diez pero, tras verla por segunda vez, se ratifican mis impresiones iniciales. En ocasiones me ha parecido que la trama no se sustenta en una base sólida. Se tocan muchos palos pero no se profundiza prácticamente en ninguno. Me explico.
Serán varios los niños que aparecen muertos siempre siguiendo el mismo patrón pero en cambio no hay ninguna investigación criminal, nunca llegamos a saber cómo mueren los niños y por qué aparecen en esos lugares, así que si esperas un thriller tradicional, aquí no lo vas a encontrar.

Por otra parte, he percibido algunas lagunas pues ciertos acontecimientos ocurren de repente y vale que están justificados pero no se desarrollan. Simplemente ocurren y punto. Esto me ha molestado mucho porque me ha dado la impresión que guionista y director  han tirado por la calle de en medio sin esforzarse lo más mínimo por dar credibilidad a los hechos.

Y por si eso fuera poco, la relación entre Leo y Raisa me ha desconcertado totalmente. Es un matrimonio extraño. Probablemente se quiera reflejar la sensación de desconfianza plena que reinaba por entonces, el no poder fiarte ni de tu sombra pero me ha resultado muy exagerado hasta el punto de verla una conexión amor-odio entre ellos que no me ha convencido.

martes, 26 de enero de 2016

ENTREVISTA a SALVADOR GUTIÉRREZ (Biografía autorizada).



Autor

Salvador Gutiérrez Solís (Córdoba), novelista incesante, cuentista accidental, narrador a tiempo parcial, ha publicado, entre otros, los siguientes titulos: La Novela de un novelista malaleche (Finalista del Premio Nacional de la Crítica, 1999), Spin Off (2001), El sentimiento cautivo (2005), El batallón de los perdedores (2006) y El orden de la memoria (2009). La obra de Gutiérrez Solís se puede encontrar en decenas de antologías. Ha sido traducido a varios idiomas, ejerce la crítica literaria en diferentes publicaciones, colabora en programas de radio y televisión y es articulista en El Día de Córdoba (Grupo Joly). Con su anterior novela, El escalador congelado, obtuvo el Premio Andalucía de la Crítica 2013.


Sinopsis


Carlos J. es una atípica estrella del rock que se enfrenta al reto de componer su álbum más íntimo y personal: Biografía Autorizada. Un trabajo con el que pretende mostrarse tal cual es, por primera vez en su ya dilatada y exitosa carrera musical. Lo que en un principio asume como una tarea fácil, relatar su propia vida, no tarda en convertirse en un proceso extremadamente complicado. Y no solo por la compleja personalidad del protagonista, también, además y sobre todo por una serie de extraños y frenéticos acontecimientos que tienen lugar en su entorno más directo. Primero como vocalista de una banda de éxito fulgurante y posteriormente como solista, la trayectoria y vivencias personales de Carlos J. son la excusa perfecta para adentrarnos en los cajones más oscuros del siempre desordenado armario de la fama, para descubrir la cara b de la industria discográfica y, sobre todo, para rememorar todas esas canciones, bandas, recuerdos, series de televisión, películas y estilos que nos han acompañado durante los últimos cuarenta años, de Bob Dylan a Lady Gaga, de los Stones a Dorian, de los Clash a Los Planetas, del calimocho al mojito, de los Beatles a Sexy Sadie, de las hombreras a la barba hipster, de Elvis a Bunbury, de Matzinger Z a True Detective, de Víctor Jara a Quique González, de Juanito a Messi, de 1 globo, 2 globos, 3 globos a Gran Hermano, de la Carta de Ajuste al 3D, de los bocadillos de chorizo a la comida Nikkei, de las cassettes al iPod...  

Biografía Autorizada (La Isla de Siltolá, 2015), la nueva novela de Salvador Gutiérrez Solís (Premio Andalucía de la Crítica 2013), es un divertido, irónico e intrigante homenaje a todos esos recuerdos que han surgido a partir de la cultura popular contemporánea y que nos han acompañado durante las últimas décadas, con una especial atención a todas esas canciones que componen la banda sonora de nuestra vida.

 
[Biografía y sinopsis tomadas directamente del ejemplar]




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¿Te criaste oyendo buena música? ¿Eres de los que no vive un solo día sin oír algún tema musical? ¿Viviste los años de la movida? ¿Te interesa tanto grupos nacionales como internacionales? Si has respondido a todo que sí, no puedes dejar de leer el libro del que te hablo hoy. 

No hace mucho asistí a la presentación de Biografía autorizada (La isla de Siltolá) en la Biblioteca Infanta Elena. De aquel encuentro os di debida cuenta aquí. Pues bien, interesada en saber más sobre el libro, hemos podido entrevistar a Salvador Gutiérrez vía mail, el autor de esta nueva publicación que supone un recorrido por el mundo de la música, recordando grupos que fueron un día y los que aún siguen siendo. Todo ello de la mano de su protagonista, Carlos J., un exitoso cantante de rock protagonista de este libro con el que también vamos a conocer el backstage de los artistas.

Así que, si eres un adicto a la música, un melómeno empedernido que se conoce los grupos y temas más punteros desde el Boys don't cry de The Cure hasta nuestros días, no te pierdas esta entrevista con Salvador Gutiérrez. Esto es lo que nos contó.


Marisa G.- Salvador, nueva novela y ya van unas cuantas. ¿En qué se parece o se diferencia Biografía autorizada de tus anteriores novelas? 

Salvador G.- Me gustaría pensar que se parece en mucho y en muy poco al mismo tiempo. Es decir, que he conseguido dejar mi sello personal, pero que me decanto por explorar nuevos territorios. Porque esa es mi intención con cada nueva novela: no repetirme, recorrer otros géneros, crecer, evolucionar. 

M.G.- Salvador imagino que en este libro de autorizada habrá mucho pero ¿cuánto hay de biografía? 

S.G.- Puede que haya más de biografía que de autorizada, (risas). Durante años he creído que nunca he escrito sobre mi vida o sobre mí, pero estaba equivocado. En el momento en el que tú “cuentas” utilizando tus sentidos y tus emociones, en cierto modo te estás contando. En esta novela he querido hacer un experimento: cederle al protagonista mis recuerdos personales y que él los contase como le diera la gana. Ha sido fiel a ratos, exagerado en otros, irrespetuoso en otros... 

M.G.- ¿Cuándo crees que es el momento de escribir una biografía? ¿Qué chispa debe encenderse? 

S.G.- Más que una biografía, de momento no hay chispa, tampoco me apetece, le doy vueltas a escribir una especie de diccionario, por llamarlo de algún modo, o bestiario, de escritores, músicos o pintores que he conocido a lo largo de mi vida. Pero desde la admiración, desde el homenaje, ya hay demasiada casquería en el mercado como para abrir una nueva carnicería. 

M.G.- Carlos J., la estrella rockera y protagonista de Biografía autorizada –que sin embargo ni bebe ni se droga- es una persona que vive atemorizada por sus miedos, sus agobios, la angustia, el sentirse observado, que envidia tener una “vida normal”… ¿Tienes algo, o mucho, de Carlos J. o, por el contrario, eres su antagónico? 

S.G.- Me encantaría no tener ningún parecido con Carlos J., pero tengo la impresión de que compartimos algún ramalazo, aunque nada grave, afortunadamente. Carlos J. es una persona que ha transformado sus miedos en los altos muros de su seguridad, ya que el temor lo aleja de lo desconocido, del miedo como concepto inabarcable. Nunca he padecido “miedo creativo”, no tener algo que contar. El único miedo que me acecha, literariamente, es al de estancarme; miedo a contar una y otra vez la misma novela. Y también tengo miedo a no evolucionar. 

M.G.- Hablamos de un libro centrado en el mundo de la música, pero entiendo que aún teniendo esta un papel significativo en sus páginas, es un libro sobre un músico, sobre la persona alejada de los focos que no vemos tras las portadas de los discos y las revistas. ¿Bajas a la tierra a estos dioses mediáticos y los humanizas? 

S.G.- Lo pongo a ras de suelo, con zapatillas de paño, recién levantado, sin maquillar, sin filtros ni photoshop, como cualquiera de nosotros una mañana cualquiera de nuestras vidas. Porque la estrella, la que vemos sobre el escenario o en la portada del disco, la conocemos de sobra. He abierto la puerta que conduce a la intimidad de la estrella, o eso quiero creer, para mostrársela al lector. 

M.G.- No he contado los grupos musicales que se mencionan en la novela, ¡pero deben ser cientos! Hay pasajes que no se pueden dejar de leer sin cierta nostalgia (canciones, bandas, garitos, tribus urbanas,...), pero sin embargo no abrumas, no es un estudio musical, y creo que es una forma también de conectar con el lector e involucrarlo en la historia, ¿no? 

S.G.- Conozco muchos músicos, algunos de ellos muy conocidos, y prácticamente todos se caracterizan por algo: por el permanente intento por ser y comportarse como una persona normal. Intento porque, en cierto modo, no lo son. Me refiero a músicos que actúan frecuentemente ante miles de espectadores, que son muy reconocidos... La gloria del escenario es una sustancia que se les cuela dentro y los transforma. No digo que mejores o peores, diferentes. Desde el temor, también desde la necesidad  y hasta desde la dependencia, necesitan sentir esa sustancia. Aparentemente, son iguales que nosotros, sí, pero han sentido algo que la mayoría de nosotros no ha sentido, y eso les marca. 

lunes, 25 de enero de 2016

FULGOR de Manel Loureiro.


Editorial: Planeta.
Fecha publicación: Septiembre, 2015.
Nº Páginas: 486
Precio: 19,90 €
Género: Narrativa.
Edición: Tapa dura con sobrecubierta.
ISBN: 978-84-0813-833-4
[Disponible en eBook; 
puedes leer el primer capítulo aquí]


Autor

Manel Loureiro (Pontevedra, 1975) es un escritor y abogado que además ha trabajado como presentador en la Televisión de Galicia y más tarde como guionista de diversos proyectos. En la actualidad colabora con los periódicos Abc y El Mundo. Asimismo es colaborador habitual de la Cadena Ser.

Su primera novela, Apocalipsis Z, El principio del fin, un thriller de terror, comenzó como un blog en Internet que escribía en sus ratos libres. Debido al gran éxito que alcanzó (tuvo más de un millón y medio de lectores on line y se transformó en un fenómeno viral), fue publicado en 2007, convirtiéndose automáticamente en un bestseller. Sus dos siguientes novelas, Los días oscuros y La ira de los justos, continuación de la primera novela, también han sido un éxito de ventas no solo en España, sino en otros muchos países del mundo. Además Manel es uno de los pocos autores españoles contemporáneos que ha conseguido situar sus novelas en la lista de los más vendidos de Estados Unidos.

Con El último pasajero (Planeta, 2013), Manel Loureiro se consolidó definitivamente como un autor de referencia para los lectores de intriga, terror y acción  de todo el mundo. Sus libros han sido traducidos a más de quince idiomas y publicados en cerca de una treintena de países.


Sinopsis

La vida de Casandra es casi perfecta hasta el día en que sufre un extraño accidente de tráfico que la deja en coma. A las pocas semanas, y tras una recuperación milagrosa, Casandra descubre que todo su mundo ha cambiado por completo: alguien ha empezado a acechar su casa y a su familia, y además sufre una secuela inquietante que no puede controlar.

Atrapada en una espiral de violencia y asesinatos a su pesar, perseguida por las autoridades y por algo más que no es capaz de entender, Casandra inicia una huida desesperada que se puede cobrar un precio enorme: su cordura y su alma.

En Fulgor Manel Loureiro plantea un apasionante reto al lector: ¿Hasta dónde estarías dispuesto a llegar para salvar a los tuyos? ¿Qué sacrificarías de verdad? ¿Dónde están tus límites?

[Biografía y sinopsis tomadas directamente del ejemplar]


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Cuando anunciaron la publicación de Fulgor, la nueva novela de Manel Loureiro, se me encendió el piloto. En verano de 2013 cayó en mis manos El último pasajero, creo que la novela con la que el nombre de Loureiro empezó a sonar con más fuerza, a pesar de que ya había publicado anteriormente. El último pasajero es una inquietante novela que tuve el gusto de leer un año después, cuando ya se habían calmado las aguas tras el revuelo organizado con la misteriosa historia del Valkirie que tango gustó a los lectores (puedes leer la reseña aquí).

De aquella novela recuerdo esa atmósfera asfixiante que flota a lo largo de toda la novela, si bien había un toque fantástico que no me terminó de convencer. Y es que, en relación a esta cuestión, el problema no lo tiene la novela sino la lectora, que no se lleva muy bien con la fantasía. En cualquier caso, aquella historia me gustó, fue una lectura que globalmente me pareció interesante y recomendable, así que, sí o sí, tenía que volver a leer a Manel Loureiro. ¿Y qué es lo que ha pasado? Pues que la fantasía galopa a rienda suelta por toda la historia. Eso sí, una historia estupenda, bien trenzada y que recuerda, al menos, a mí, a otra historia fascinante.

Casandra es una psicóloga que trabaja en El Trastero, un psiquiátrico de alta seguridad, ligeramente apartado de toda población, donde viven encerrados los enfermos de esquizofrenia más peligrosos del país. Está casada con Daniel, un policía y es madre de un pequeño de cinco años, Martín. Su vida matrimonial no pasa por su mejor momento. Parece que la única conexión entre ella y el marido es el pequeño y más allá de eso, lo más importante es la carrera profesional, al menos para Daniel, que ha tenido a la familia en continúa danza con sus ascensos, rompiendo lazos con otros posibles familiares de los que nada se menciona en la novela. 

Y así, entre el amor de su hijo, la frialdad en la pareja y el trabajo, transcurre la vida de Casandra, hasta que un buen día tiene un accidente de tráfico que casi le cuesta la vida. Ahí empezará a cambiar todo. Aparentemente como consecuencia del accidente le ha quedado una extraña secuela que la ha convertido en una mujer especialmente sensitiva. A su alrededor ocurren cosas que solo sus ojos son capaces de apreciar. Por lo menos es lo que ella cree, hasta que conoce a otros personajes, de distinta condición que harán de su vida una auténtica pesadilla. 

La historia se llenará de asesinatos que rompen las estadísticas de una localidad especialmente tranquila, extrañas muertes, personajes siniestros y una batalla campal entre individuos con una peculiar característica. En todo esto, Casandra jugará un papel fundamental con la única misión de salvar a su familia.

Sinceramente, Loureiro sabe cómo hacer arrancar una historia. Es habilidoso a la hora de enganchar al lector con escenas iniciales envueltas en una atmósfera asfixiante que atrapará al lector, ya lo vimos en El último pasajero, pero a diferencia de aquella novela, me da la sensación que, en Fulgor, toda ese ambiente angustioso inicial se va diluyendo ligeramente con el pasar de las hojas. Bueno, para ser justa, también podría ser que, al percibir el tono de la novela, me aparté un poco de la historia. No es culpa de la narración. El motivo es que yo y la fantasía tenemos una relación simplemente cordial y si bien en El último pasajero ese toque fantástico aparecía solo al final, en Fulgor, la fantasía se apodera de toda la historia, presentándonos individuos con extraños poderes, muy poderosos, casi eternos y que llegan a dominar el mundo. En este aspecto me ha recordado un poco al Doctor Sueño de Stephen King, esa novela en la que también aparecían personajes muy poderosos y que para subsistir tenían que hacer algo muy similar a lo que hacen los personajes de Fulgor.


¿Se puede catalogar Fulgor como novela de terror? Imagino que dependerá de donde cada uno tenga su umbral o de la relación más o menos intensa que tengamos con el género. Yo, que tan adicta soy al terror, no he sentido ningún tipo de inquietud a la hora de leer este libro pero como tampoco lo sentí cuando leí Doctor Sueño. Creo que el terror, el verdadero terror, va más allá, así que, si eres un tanto miedos@ pero te apetece leer esta novela, no deberías tener ningún reparo, aunque también te comento que otros lectores han asegurado haberlo pasado mal con la lectura. Para mí el terror y lo sobrenatural no van de la mano y por lo tanto no me producen los mismos efectos. 

En cualquier caso, es una lectura que se disfruta, especialmente si te apasiona la fantasía. En ese caso, la vas a devorar. Cuenta con un ritmo, si no vertiginoso al menos con la suficiente acción como para que el interés se mantenga a lo largo de toda la historia que, a todo esto parece que transcurre en algún punto del norte de España, a tenor a las referencias sobre la climatología y la flora. Y en este punto tengo que decir que la localización me ha tenido un poco desorientada. No sé por qué, y esto es algo que ya me ha ocurrido con otras novelas escritas por autores españoles, he tenido la sensación que todo transcurría en algún punto de Estados Unidos, hasta que me di cuenta que la mayoría de los nombres de los personajes eran españoles. Algo meramente anecdótico.

viernes, 22 de enero de 2016

MEMORIAS DE ADRIANO de Marguerite Yourcenar.



Editorial: Edhasa.
Fecha publicación: Abril, 2009.
Nº Páginas: 276
Precio: 22,90 €
Género: Narrativa.
Edición: Tapa dura con sobrecubierta.
ISBN: 978-84-350-0512-8


Autora

Marguerite Yourcenar (1903-1987). Cultivó los más diversos géneros literarios. En su amplia producción destacan, con Memorias de Adriano, Alexis o El tratado del inútil combate (1929), El tiro de gracia (1939), Cuentos Orientales (1963) y Opus Nigrum (1968). En 1984 fue la primera mujer que entró en la Academia Francesa, y en 1986 recibió la Legión de Honor. 

Sinopsis

La primera novela postmoderna. La conjunción de la más importante novela histórica de los últimos tiempos y de la versión castellana del gran narrador argentino hacen de este volumen un verdadero acontecimiento literario. Ni más ni menos que un hombre enfrentado a su destino.

La mayoría de los hombres gusta resumir su vida en una fórmula, a veces jactanciosa o quejumbrosa, casi siempre recriminatoria; el recuerdo les fabrica, complaciente, una existencia explicable y clara. Mi vida tiene contornos menos definidos. Como suele suceder, lo que no fui es quizá lo que más ajustadamente la define: buen soldado pero en modo alguno hombre de guerra; aficionado al arte pero no ese artista que Nerón creyó ser al morir; capaz de cometer crímenes, pero no abrumado por ellos. Pienso a veces que los grandes hombres se caracterizan precisamente por su posición extrema; su heroísmo está en mantenerse en ella toda la vida. Son nuestros polos o nuestros antípodas. Yo ocupé sucesivamente todas las posiciones extremas, pero no me mantuve en ellas; la vida me hizo resbalar siempre. Y sin embargo no puedo jactarme, como un agricultor o un mozo de cordel virtuosos, de una existencia situada en el justo medio.
 
[Biografía y sinopsis tomadas directamente del ejemplar]




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Curiosidad es lo que sentía por la autora Marguerite Yourcenar. En más de una ocasión me he visto tentada a tomar en préstamo de la biblioteca alguna de sus muchas obras pero, creo haber comentado ya por aquí, que hay autores a los que les tengo tremendo respeto. Sin embargo, la ocasión se ha presentado en el club de lecturas. La última propuesta ha sido Memorias de Adriano, en una estupendísima traducción de Julio Cortázar.

Inicialmente la novela impone mucho. Nada más con ojearla un poco te das cuenta de su densidad. Páginas y páginas llenas de párrafos casi sin respiro en los que el diálogo brilla por su ausencia. Y realmente es densa no, lo siguiente pero aún así a mí me ha parecido una maravilla. Os cuento.

Memorias de Adriano, como su propio nombre indica, recoge las vivencias del emperador romano Publio Elio Adriano. Se trata de una extensísima carta que Adriano le remite al que sería un futuro sucesor suyo pero no el inmediato, Marco Aurelio, para relatarle su vida, sus años de gobierno, sus logros y sus errores. Parece que quiere así advertir al futuro emperador de los posibles problemas con los que se puede encontrar y orientarlo para que sepa manejarlos bien. Pero, para mí, al margen de aleccionar a Marco Aurelio, parece que Adriano quiere ajustar cuentas consigo mismo, analizar su proceder y evaluar su actitud a los largo de sus sesenta años.


«Te ofrezco, como correctivo, un relato libre de ideas preconcebidas y principios abstractos extraídos de la experiencia de un solo hombre -yo mismo-. Ignoro las conclusiones a que me arrastrará mi narración. Cuento con este examen de hechos para definirme, quizá para juzgarme, o por lo menos para conocerme mejor antes de morir».  [Pág. 30]


La narración es cíclica pues todo se inicia en el momento en el que Adriano siente cerca la muerte, a la edad de sesenta años, tan cíclica que comienza y termina con un poema.



«Animula vagula, blandula,

Hospes comesque corporis,

Quae nunc abibis in loca

Pallidula, rigida, nudula,

Nec, ut solis, dabis iocos...».

P. Aelius Hadrianus, Imp.  
 [Mínima alma mía, tierna y flotante,
Huésped y compañera del cuerpo
Que ahora te preparas a bajar
Por lugares descoloridos, rígidos y desnudos
Ya no esperarás tus acostumbrados juegos…]



Enfermo de hidropesía de corazón, y teniendo que renunciar a numerosas actividades a causa de su enfermedad y su edad, cree conveniente echar la vista atrás y hacernos partícipe de lo que ha sido su vida. Adriano nos hablará de su infancia, pasando ligeramente por su nacimiento en Itálica, una ciudad romana de la que aún hoy se conservan importantes restos, situada dentro de los límites de Santiponce, un pueblo de la provincia de Sevilla (muy recomendable su visita). Recibió educación en Roma, batalló junto a Trajano, fue nombrado emperador, se casó con Sabina, realizó frecuentes viajes por los territorios del imperio, recalando en muchas ocasiones en Grecia, cuya cultura consideraba por encima de la romana, amó con pasión, gobernó con justicia y trató de mantener la paz en las fronteras y construir una clase media seria e instruida.

De la época que pasó con Trajano, parece que aprendió más lo que no se debía hacer que lo que sí. Fue muy contrario al sistema político de su predecesor, siempre en pugna por ampliar los límites del imperio mientras que Adriano prefirió siempre mantener lo que tenía, y además, mantenerlo en un estado de armonía y paz. Pero aún así también tuvo enemigos, incluso dentro de su propio círculo familiar, y por ello tuvo que adoptar medidas que pasaban por la violencia.

Son muchos los aspectos que hacen de Memorias de Adriano una lectura más que recomendable, a pesar de lo arduo que resulta a veces. Por un lado, todo el libro está repleto de buenísimas reflexiones de temática muy variada. Dan ganas de ir subrayando frases y frases, meditarlas, pensarlas y asimilarlas. En las páginas de este libro se hace mucho hincapié en la naturaleza humana, en la muerte, ensalzando su capacidad igualatoria, en el amor y las alteraciones que produce en nuestra razón, en la hipocresía, en el conocimiento que el hombre tiene sobre sí mismo, en la política, en la poesía... Creo que no deja tema sin tocar. Y entre una cuestión y otra, siempre flota la cuestión de la homosexualidad representada en su relación con el joven griego Antínoo, quizá una de las partes más bonitas de todo el libro. El amor que mantuvieron Adriano y Antínoo estaba basado en la lealtad, en la franqueza, en la ternura, un amor entregado y a la vez sacrificado que permitió al emperador vivir los momentos más dulces de su vida y también los más amargos.

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