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lunes, 12 de diciembre de 2022

EL FABRICANTE DE RECUERDOS de Martí Gironell

Editorial: Planeta
Fecha publicación: septiembre, 2022
Precio: 20,50 €
Género: narrativa
Nº Páginas: 304
Encuadernación: Tapa dura con sobrecubierta
ISBN: 978-84-108-26194-0
[Disponible en ePub;
puedes empezar a leer aquí]

Autor

Nacido en Besalú (Girona) en 1971, Martí Gironell es periodista y licenciado en Filología Inglesa. Ha trabajado en prensa, radio y televisión. En marzo de 2007 publicó su primera novela, El puente de los judíos (Columna-El Andén), que de inmediato se convirtió en un éxito de ventas.

Ganó el Premi Ramon Llull 2018 con la novela La fuerza de un destino.

Más sobre el autor en www.martigironell.cat y en sus redes sociales @martigironellg

Sinopsis

Una historia épica, heroica y delicada hecha de recuerdos y secretos inolvidables.

El doctor Masgrau, director del Centro de Investigación y Difusión de la Imagen de Girona, recibe una visita inesperada que lleva una caja de fotografías inéditas y comprometidas de Valentí Fargnoli. Eran sus grandes secretos.

El fabricante de recuerdos es el fascinante viaje de las peripecias del fotógrafo ambulante Valentí Fargnoli, que en las primeras décadas del siglo xx, con su bicicleta, recorre el país retratando la vida desde la costa hasta la montaña pasando por los pequeños pueblos y las grandes ciudades. Fargnoli, a través de las imágenes, construye una memoria personal y colectiva de gran valor que estaba destinada a desaparecer. Su trayectoria brillante le lleva, incluso, a fotografiar la boda de Alfonso XIII, algo que le cambiará la vida para siempre.

[Información tomada directamente del ejemplar]

La historia está llena de hombres y mujeres extraordinarios, cuyas vidas han dejado una huella que el tiempo se ha encargado de ir borrando. Por eso hay que agradecer a los novelistas y a los biógrafos que pongan el ojo sobre esas personas que por su naturaleza, sus actos, sus pensamientos o su trabajo deberían ser recordados para siempre. Precisamente, en este sentido, doy las gracias a Martí Gironell porque, la próxima vez que viaje a Girona, me fijaré especialmente en las fotografías que cuelguen de las paredes de establecimientos o edificios, buscando la mirada particular de un fotógrafo ambulante de origen italiano, que vivió en Cataluña. Buscaré a Valentí Fargnoli en esas instantáneas, y lo imaginaré montando en bicicleta, pedaleando por los caminos de este país, portando sus cámaras y todos sus aparejos. 

Pero, ¿quién fue Valentí Fargnoli? El propio Martí Gironell nos lo cuenta en la entrevista telefónica que pude hacerle (puedes leerla completa aquí o escucharla aquí). Dijo y cito textualmente: 


«Valentí era un fotógrafo ambulante que iba con su bicicleta de aquí para allá. Retrató muchas localidades pequeñas, grandes, pueblos, ciudades, tanto de la sierra como del litoral. Es un personaje muy conocido en la provincia de Girona. Te diría que en cualquier bar, ayuntamiento, biblioteca o centro cultural, donde haya fotos antiguas, de 1918 o 1920, son de Valentí Fargnoli».

 

Pero antes de contaros de qué trata esta novela, dejadme que os cuente un hecho histórico que tiene mucho que ver con el argumento de este libro. Veréis. El 31 de mayo de 1906, Alfonso XIII contrae nupcias con Victoria Eugenia de Battenberg. La ceremonia tuvo lugar en la basílica de San Jerónimo, en Madrid. Una vez celebrado el oficio, la pareja montó en carruaje y, acompañado por una gran comitiva, se dirigió hasta el Palacio Real. Circulaban despacio para que el pueblo de Madrid viera a los futuros reyes, y los pudieran saludar. Pero, a la altura del número 88 de la Calle Mayor, alguien lanza un ramo de flores al paso del cortejo. No fue un gesto emotivo sino un intento de asesinato pues, en el interior del ramo, habían insertado un explosivo. Los anarquistas querían matar a los reyes. Consiguieron sesgar la vida de varias personas que acompañaban al cortejo y de varios espectadores que contemplaban el paso del mismo. Los reyes salieron prácticamente ilesos. El atentado fue cometido por Mateo Morral que posteriormente fue detenido. En este vídeo podéis ver el desfile:


[Fuente: wikipedia]



Como en todo enlace matrimonial, y más si se trata de la realeza, se encargó las fotografías a Valentí Fargnoli. El rey ya conocía el trabajo de este fotógrafo por una visita previa que había hecho a Girona. Así que, cargado con sus cámaras, Fargnoli se dispuso a fotografiar la boda y el cortejo. ¿Fotografió también el momento del atentado? No lo sabemos. Y no lo sabemos porque esas fotografías de la boda jamás vieron la luz. A ello se une que, justo después del atentado, Fargnoli desapareció durante dos años. Dejó España, marchándose a Argentina con toda su familia, y no regresó hasta 1908. Y las preguntas surgen inmediatamente: ¿por qué nunca se publicaron esas fotos?,  ¿y por qué Fargnoli se marchó repentinamente?

Lo que Martí Gironell hace en El fabricante de recuerdo es, por un lado, contarnos la vida de este fotógrafo. El grueso de la novela se sitúa en 1944, cuando Valentí acude al establecimiento del que fue su ayudante, Sebastià Martí Roura. El fotógrafo se siente enfermo y cree que su muerte está próxima. La visita a su ayudante no será solo una despedida sino que pretende dejarle en herencia una caja con sus fotografías más preciadas.

«Son fotos que quiero mucho. No las hice para venderlas o presentarlas a ningún concurso. Son momentos familiares e íntimos, o personas y escenas que me han impresionado especialmente a lo largo de mi vida y que he querido guardarme para mí». [pág. 20]

Pero hay algo más. Esa caja también contiene una serie de fotografías que pueden comprometer a quien las guarde. ¿Se hará cargo Roura de ese legado?

La conversación entre ellos será el medio a través del cual iremos sabiendo cómo se ha desarrollado la vida de Fargnoli, porque maestro y discípulo hacen un repaso a los años previos. Así, sabremos cómo el fotógrafo llegó a convertirse en fotógrafo real, cómo conoció a su mujer Rosa, cuántos hijos tuvo el matrimonio, qué desgracias familiares sufrieron, cómo hacía su trabajo, cómo Roura llegó a ser su ayudante, qué pretendía conseguir con sus fotografías, o qué le llamaba más la atención. Toda esa información que compone la esfera profesional y personal del fotógrafo. 

Por otro lado, el autor de Besalú construye una hipótesis sobre esas lagunas que existen en la vida de Fargnoli. En El fabricante de recuerdos, el lector será testigo de los supuestos motivos que incitaron al fotógrafo a no publicar las fotos. Tenía miedo. Pensaba que podían llegar a sospechar que él estaba detrás del atentado contra Alfonso XIII y su reciente esposa, pero ¿por qué? Bueno, esto no te lo voy a desvelar. Para averiguarlo tendrás que leer el libro. 

¿Qué me ha gustado de esta novela?

De entrada, todo el argumento. Me atraen la vida de esas personas que, si no fuera por las novelas o los libros, jamás hubiera tenido noticias de ellas. Me ha gustado saber que en este mundo existió un hombre, un fotógrafo ambulante de nombre Valentí Fargnoli que, montado en bicicleta, iba fotografiando aquello que más le impactara. Pero Fargnoli era un hombre sencillo y por lo tanto, también ponía la mirada en las cosas sencillas. A través de esta novela, y de sus fotografías, conectaremos con la gente del pueblo, los hombres y las mujeres más humildes, a los que fotografiaba con la dignidad de grandes personalidades.

Por otra parte, la lectura de esta novela me ha permitido aprender mucho sobre aquellos años. Por ejemplo, pensad en las farmacias de hoy día. ¿Qué venden? Comprimidos, píldoras, ungüentos, pomadas, jarabes, cosméticos, artículos ortopédicos,... ¿Te imaginas entrar en una farmacia y encontrar un stand con fotografías y postales? Gironell nos desvela que parte de los artículos que se vendían en las boticas eran las obras de fotógrafos. En estos lugares compraban el material necesario para hacer sus fotografías y revelados y, también en estos establecimientos, exponían el fruto de su trabajo. Instantáneas de monumentos y lugares singulares se exhibían en los escaparates de las farmacias, postales que la gente compraba para coleccionar o para remitir a sus familiares. Y no solo eso sino que también se ganaban la vida retratando difuntos. Esto es algo que yo sí sabía pero sigue pareciéndome algo insólito. Ya sabéis, muere un miembro de la familia y, estando ya amortajado, se llama al fotógrafo para que inmortalice al difunto. Me parece algo macabro pero, por otro lado, y dado que no todas las familias podían costearse un retrato periódico, quizá era la única y última oportunidad de tener un recuerdo del familiar. Aunque ya estuviera muerto.

Y al margen de estas curiosidades, otras tantas. ¿Cómo se hacían las fotos antiguamente? ¿Qué material era necesario? ¿Cómo era el proceso de revelado? Toda esta información nos la arroja la propia novela, desvelando que la documentación que ha llevado a cabo Martí Gironell es importante. Y suma y sigue porque ¿quieres saber qué era el baile del puro? ¿Qué ocurría en el manicomio de Salt? Bueno, tendrás que leer la novela. Toda esta información enriquece la trama y estimula la lectura. 

La novela también retrata el papel de la mujer. Recordad que estamos en la primera mitad del siglo XX, ¿qué rol le tocaba a hijas, hermanas y esposas? Una pregunta fácil, ¿verdad? Pero no toda mujer estaba dispuesta a pasar por el aro. Por ejemplo, Rosa, la mujer de Fargnoli, no se limitaba a cuidar de su prole. Ella quería contribuir al mantenimiento de la economía familiar. Y luego estaban todas esas mujeres que trabajaban en la industria textil catalana, aquellas que ya por entonces luchaban por un trato igualitario pero a las que se las trataba mal y si eran demasiado molestas acababan en un lugar terrible. Importante son las referencias a «la gran Víctor Catalá». Sí, has leído bien y no me he equivocado con el artículo. Ya lo descubrirás si lees este libro.

Valentí Fargnoli

Aunque otros personajes pueblan las páginas de esta novela, el protagonista indiscutible será Valentí Fargnoli. Esta novela nos acerca a su lado profesional sin dejar al margen su parte más íntima y personal. Veremos a un hombre íntegro, incapaz de actuar con malicia o por propio interés. Era un espíritu libre, al que le apasionaba la fotografía, y que pretendía inmortalizar aquello que más le impactaba siguiendo su propio instinto, sin sometimientos de ningún tipo. Por eso, en un momento de su vida, cuando le hacen un encargo que se describe en la historia, lo veremos entre la espada y la pared. Él no servía para encorsetamientos, para horarios fijos de trabajo, para establecerse en un único lugar.

«El carácter errante y nómada define mi trabajo. ¡No quiero ni galería ni estudio ni tienda». [pág. 74]

Lo que él quería era moverse con libertad, dejar testimonio de cómo era la vida en aquellos años, aunque para ello tuviera que pasarse el día pedaleando de un lugar a otro, sin descanso. Y mantener a su familia con su trabajo, adoraba a su mujer y a sus hijos, con los que tenía una relación especial. Concretamente, estaba muy unido a su hija Julia, a la que le interesaba toda la magia que su padre desplegaba en el proceso de revelado.

Contexto histórico

A breves pinceladas, la novela nos aclara cómo se respiraba en aquellos años. Ya, a primeros de siglo, Barcelona se levantó una mañana de julio de 1909, junto a otras ciudades, en medio de una revuelta. El motivo: la protesta ciudadana contra la decisión del Gobierno de realizar una leva. Pretendían reclutar soldados que serían luego enviados a la guerra contra Marruecos. Pero algunos, los nacidos en el seno de familias acomodadas, podían evitar el reclutamiento si pagaban un precio, algo que las familias más humildes no se podían permitir. 

«Catalunya era un polvorín. Los atentados contra autoridades políticas, las bombas indiscriminadas contra la población civil y las ejecuciones de los presuntos autores, no siempre precedidas de juicios con suficientes garantías, se sucedían en una cadena de venganzas y revanchas que parecía no tener fin».

Eran tiempos en los que la industrialización enriquecía a las familias burguesas a costa de las jornadas interminables, de los míseros salarios y de las pésimas condiciones laborales de los trabajadores. Algunos quisieron cambiar las cosas, aunque fuera por medio de la violencia.

«Eran anarquistas que querían atentar contra la burguesía que se enriquecía con la industrialización y poner fin al expolio de las colonias, donde se explotaba a las clases trabajadoras que malvivían trabajando de sol a sol y en condiciones infrahumanas en las fábrica y en los talleres». [pág. 33]

Y en ese ambiente de revuelta, se producen diversos atentados, como el de Martínez Campos, capitán general de Cataluña, la bomba del Liceo, el ataque a la procesión de Corpus en la calle Canvis Nous, y otros tantos fuera de Cataluña como el asesinato de Antonio Cánovas del Castillo, presidente del Gobierno, o el mismo atentado contra Alfonso XIII.

Estructura y estilo

Escrita en tercera persona, a través de una omnipresente voz, El fabricante de recuerdos se estructura en un total de dieciocho capítulos de media extensión. Un suave equilibrio entre narración y diálogo nos adentra en una lectura ágil y amena, en la que la atención del lector, especialmente de aquellos que sientan la misma pasión que Fargnoli, no decae nunca. 

Pero esta novela cuenta con un capítulo introductorio y otro final que actúa como epílogo, del que no os he hablado hasta ahora. En realidad, la acción se inicia en un pasado reciente, con posterioridad a la muerte de Sebastià Martí Roura, el ayudante de Fargnoli. Su hijo, Sebastià Martí Calvo se entrevista con el Doctor Masgrau, director del Centro de Investigación y Difusión de la Imagen en Girona. ¿Por qué? Cerrad los ojos e imaginad a un hombre que parece sacado de otro tiempo. ¿Qué lleva en las manos? ¿Es una caja? Sí, eso parece, «una caja de cartón vieja y deteriorada, roída por las puntas y con manchas de humedad-. Es una caja de secretos -dijo.»


El fabricante de recuerdos no es solo una biografía novelada de Valentí Fargnoli. Es también un homenaje a los fotógrafos ambulantes, a través de cuyas fotografías sabemos hoy cómo vivían nuestros antepasados. Es también el retrato de la España de la época, sumergiéndonos en un contexto socio-político que trataba de hacer cambiar el curso de la historia. Y también es una novela a la que no le falta su punto de misterio y suspense.

Hacer una buena fotografía es hoy tan sencillo que ese simple clic ha perdido todo su valor. Sin embargo, no hay que olvidar que antaño fue una tarea dificilísima y que gracias a la fotografía se ha podido luchar contra el olvido y la desmemoria. La fotografía es y ha sido desde siempre la única forma de mantener cerca a los que ya no están, de revivir otras épocas de nuestras vidas, de rememorar momentos felices del pasado. Y también, gracias a novelas como esta, podemos evitar la injusta indiferencia que se comete contra personas como Valentí Fargnoli. 

El fabricante de recuerdos ha sido una buena lectura, entretenida, y llena de misterio, que nos permite aprender sobre otros tiempos.


[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

Puedes adquirirlo aquí:



lunes, 7 de noviembre de 2022

MARTÍ GIRONELL: ❝Mi reto ha sido contar con palabras las fotografías de Valentí Fargnoli❞

Me encanta la fotografía, aunque reconozco que no tengo ni conocimientos ni arte para inmortalizar paisajes. En cualquier caso, hoy en día tenemos tantos recursos a nuestro alcance que todos, en mayor o menos medida, nos hemos convertidos en fotógrafos. Filtros, ajustes, marcos, recortes, marcas de agua, textos, mosaicos... Las posibilidades son casi infinitas. Sin embargo, hace décadas, las cosas eran bien distintas. Por entonces, hacer una buena fotografía requería de mucha paciencia pero también de mucha pericia. Es lo que tenía Valentí Fargnoli, un fotógrafo de origen italiano, pero residente en Girona, alrededor del cual gira la nueva novela de Martí Gironell, El fabricante de recuerdos.

Valentí Fargnoli «procedía de una familia italiana humilde que se trasladó a Barcelona en busca de una vida mejor, se aficionó al nuevo arte de la fotografía y se convirtió en fotógrafo ambulante. Sus fotografías postales de paisajes, vistas panorámicas de pueblos, monumentos y oficios son valiosísimos documentos históricos del país». Hace unas cuantas semanas tuve la ocasión de conversar telefónicamente con Martí Gironell, hablamos de Fargnoli, de sus viajes en bicicleta, de las fotografías que hizo recorriendo todo el país o de las técnicas de revelado. Todo ello figura en su nueva novela que, además expone ante el lector un misterio y una hipótesis que está relacionada con el atentado que sufrió Alfonso XIII.

Os dejo con nuestra conversación.


[Fuente: web Planeta de libros;
  ©Xulio Ricardo Trigo]

Marisa G.- Martí, antes de nada te tengo que felicitar porque esta novela ha ganado el Premio Bertrana, con el que tú estás muy vinculado.

Martí G.- Sí, son los premios literarios de Girona. Es una gala que he estado presentando, no cada año, pero sí cada dos o tres años. Siempre pensaba que, algún día, cuando encontrara la historia adecuada, me presentaría. Con la historia de Valentí Fargnoli, este fotógrafo ambulante, lo vi muy claro, y por eso me presenté. Tuve la suerte de que el jurado determinase que, de las setenta y tres novelas presentadas, esta merecía el premio. Para mí ha sido como un sueño hecho realidad. Hacía mucho tiempo que iba detrás de la historia de este hombre. Cuando encuentras una serie de informaciones que te permiten hilvanar un relato veraz y verosímil te tiras de cabeza.

M.G.- ¿En qué momento surge la idea de escribir la historia de este fotógrafo?

Martí G.- Valentí era un fotógrafo ambulante que iba con su bicicleta de aquí para allá. Retrató muchas localidades pequeñas, grandes, pueblos, ciudades, tanto de la sierra como del litoral. Es un personaje muy conocido en la provincia de Girona. Te diría que en cualquier bar, ayuntamiento, biblioteca o centro cultural, donde haya fotos antiguas, de 1918 o 1920, son de Valentí Fargnoli. 

He visto fotos de Fargnoli ante las cuales te quedas fascinado, por la luz, por la perspectiva. Y cuando hay personajes, aún más, porque era como si captara su alma. Siempre pensaba que tenía que ser un hombre fascinante, viajando con su bicicleta. Me parece una historia muy épica porque debía de ser muy duro trabajar en aquellas condiciones. Tenía que encontrar las palabras para contar sus imágenes, los retratos que definían una época. Sus fotografías me han ido acompañando durante muchos años y como soy muy curioso, he ido entrevistando a gente que me podía dar información sobre él y su obra. Así fui hilvanando una historia a la que le ves la posibilidad.

M.G.- ¿Y cuánto hay de verdad en el retrato que haces de este fotógrafo?

Martí G.- Aunque es un fotógrafo ambulante, las personas que han estudiado su obra también han podido profundizar bastante en su vida.  He hecho un trabajo de combinar realidad y ficción, como he hecho siempre en la novela histórica, pero siempre procurando que la documentación aporte verosimilitud al relato que pretendo ofrecer al lector.

Soy muy devoto de una frase de Umberto Eco que dice que la ficción es la mejor herramienta para interpretar la realidad, tanto la actual como la pasada.  Es así. Yo procuro pergeñar una ficción bien documentada, presentar un planteamiento, una hipótesis y a partir de ahí, tratar de que sea lo más factible posible.

M.G.- En la novela no solo te centras en la parte más profesional de Valentí, sino que también nos descubres su lado más íntimo y personal. Hablas de su matrimonio, de sus hijos. Hay una parte que me conmovió mucho porque sufrió desgracias familiares importantes.

Martí G.- Sí, sí, todo eso es cierto. Él perdió una hija, Julia. Las personas que conocen bien la vida de Valentí cuentan que ella hubiera sido su fiel discípula, hubiera seguido el trabajo de su padre, y hubiera sido una gran fotógrafa. He intentado retratar en la novela esos momentos en los que Valentí llegaba por la noche y se disponía a revelar, ella se ponía con su padre a ver cómo él, casi como por arte de magia, hacía aparecer de la nada monumentos y personas. En el mismo año, Fargnoli perdió a su padre y a otro hijo, que se llamaba Valentí, como él, con lo cual tuvo una vida bastante complicada. 



[Valentí Fargnoli con su hija Julia. Fuente: Web Pedres de Girona]


También, al trabajar en bicicleta e ir de aquí para allá tuvo bastantes accidentes. De hecho, él muere como consecuencia de una herida mal curada, que arrastra durante mucho tiempo. Y murió muy joven porque todavía no había cumplido los 59 años. Fue una pena porque era un hombre que estaba trabajando para la posteridad. Él era consciente de que estaba fabricando recuerdos e inmortalizando momentos y gente que estaba llamada a desaparecer.

Sabía que todo iba avanzando aunque él no hacía uso de los avances tecnológicos. Él se fiaba mucho más de su olfato que de los artilugios que la tecnología le podía procurar. 

M.G.- Quizá esto que comentas, que prefería guiarse por su instinto en vez de por los avances tecnológicos, es lo que ha conseguido que sus fotografías tengan un halo especial.

Martí G.- Creo que sí porque los expertos en su obra lo han comparado con artistas pictóricos de la escuela flamenca y otros paisajistas muy importantes. Él consigue una luz, una perspectiva, y una mirada del patrimonio histórico y de la gente muy singular. Invito a los lectores a que busquen sus fotografías en Google y se van a encontrar unas instantáneas muy bellas. Cuando las ves a tamaño grande son impresionantes. Son trozos de la vida cotidiana que te cuentan muchas cosas, si te paras a leer la fotografía. 

M.G.- ¿Y no te planteaste en algún momento introducir fotos en la novela?

Martí G.- Tuvimos esta discusión con la editorial pero encartar un álbum de fotos detrás creo que desvirtuaba el relato. Mi reto era, lo que te contaba antes, contar con palabras las fotografías, que fuera una forma de escribir muy gráfico, muy visual. Hacer ese ejercicio para que luego los lectores se encuentren con las fotografías al final del libro pues maldito el esfuerzo. De todos  modos, hay mucha gente que me ha dicho que ha leído el libro con el móvil al lado.

M.G.- Yo también.

Martí G.- Es normal. Es un ejercicio que ahora podemos hacer. Pero también hay gente que ha hecho lo contrario. Se han auto-censurado y han reprimido el instinto de buscar las fotografías hasta no acabar la novela. 

La voluntad era reivindicar el trabajo de los fotógrafos, evocar la fotografía como una gran potencia de recuerdos. Es una reivindicación en una época en la que hemos desnaturalizados la fotografía. Quería decirles a los lectores que no dejemos de fabricar recuerdos pero que valoremos también aquellos recuerdos que fabricaron nuestros antepasados.

M.G.- Hay que señalar que esta novela no es solo una biografía o una biografía novelada de Valentí Fargnoli sino que también tiene su punto de suspense. Hay una especie de misterio que nos va a acompañar a lo largo de toda la lectura.

Martí G.- Exacto. He querido huir de un relato costumbrista y, gracias a la documentación y a las entrevistas, descubrí que había un par de agujeros en su biografía. Fargnoli recibió una distinción especial por parte de Alfonso XIII para que, el 31 de mayo de 1906, fuese a Madrid, a fotografiar las nupcias reales con Victoria Eugenia de Battenberg. Pero esas fotos nunca se han encontrado, nunca se han visto. Además, al cabo de unos días, Fargnoli se larga a Buenos Aires con sus padres durante dos años. Volverá en 1908. ¿Qué pasó con aquellas fotos? Puede ser que Fargnoli tuviera miedo y no quisiera sacar las fotos a la luz. ¿No sería que con esas fotos lo podían vincular con aquel grupo anarquista que lanzó la bomba cuando pasaba la carroza de los futuros reyes? Sabe que ha inmortalizado un momento histórico, por eso no quiere cargarse las fotografías. Y ese es el inicio de la novela, cuando él llega a casa de Sebastià Martí Roura, el que fue su ayudante durante tres años, y le cede una caja con fotos inéditas y comprometidas, de las que nunca ha querido deshacerse ni publicarlas. Esto una hipótesis que surge a raíz de la documentación, la posibilidad de que él hubiera conocido a Mateo Morral, el anarquista que lanza la bomba escondida en un ramo de flores.

M.G.- Sebastià Martí Roura es un personaje que funciona como motor para impulsar a Fargnoli a narrar toda su vida.

Martí G.- Sí, es la persona que le va tirando de la lengua. Pero Fargnoli también tiene ganas de repasar. Sabe que está en los últimos días de su vida, debido a esa lesión que arrastra desde hace años, y por eso le viene bien hablar con su antiguo ayudante, y recordar todo lo que hizo, y lo que vivió, tanto a nivel profesional como a nivel personal. Las fotografías comprometidas jugaron un papel importante. 


[Si prefieres escuchar nuestra conversación, dale al play]


M.G.- Pero con esta novela, y a partir de las fotografías, también vas haciendo un retrato de la época y vas aportando datos curiosos. Me ha parecido muy simpático saber que, por ejemplo, en las farmacias se vendían postales. Nos hablas también de costumbres, como el baile del puro, del manicomio de Salt y de aquellas mujeres que trabajaban en la industria textil catalana, que luchaban por sus derechos. Acercas esos años al lector.

Martí G.- Esa era la intención. A partir de las fotografías, dar al lector la posibilidad de entender e interpretar aquella época. Por ejemplo, las personas que acababan en un manicomio no siempre estaban locas, sino que eran elementos subversivos y los quitaban de en medio metiéndolos en esos sitios. Las mujeres, como Rosa, la mujer de Valentí, eran emprendedoras, también daban el callo y tiraban del carro. He querido acercar a los lectores del siglo XXI a una época, a partir de unas costumbres, de sus gentes y mostrar cómo la gente joven se relacionaba en los bailes, cómo los pescadores vendían su mercancía,... En definitiva, cómo éramos hace cien años. 

M.G.- Y en ese retrato de la época también aparecen personajes reales, muchísimos. ¿Cómo ha sido convertir esas personas reales en personajes de novela?

Martí G.- Un reto al igual que el poner palabras a las imágenes. Si tratas de invitar a los lectores a viajar a través de una época, es normal que aparezcan personajes históricos. A través de la documentación sobre los personajes, he intentado poner en su boca pensamientos y opiniones que emitieron hace muchos años para no desmentirles ni desvirtuarlos.

M.G.- Hablando de documentación, y dado que en la novela es importante la fotografía, no sé si eres aficionado o no, pero sí que haces un estudio muy profundo del sector. Nos explicas cómo se fotografiaba, cómo se revelaba, qué productos se usaban. No sé si has tenido que estudiar bastante.

Martí G.- Lo que he hecho es informarme y rodearme de gente que conoce las técnicas que se utilizaban en aquella época, lo que se necesitaba para revelar. Antes me comentabas que encontrabas curioso que en las farmacias se vendieran postales pero es que acudían allí para comprar muchos de los materiales y de las sustancias que necesitaban para el revelado. Había entre ellos como una joint venture. Los fotógrafos compraban allí los materiales y los farmacéuticos les procuraban sus escaparates para que sus obras de arte fueran expuestas allí y las pudieran vender. En aquella época se ganaban la vida haciendo postales.

Me gusta mucho la fotografía pero no tengo mucha idea. Me parece una obra de arte lo que hacían con solo seis placas de cristal en cada una de las cámaras, con lo cual tenías que tener un arte, un oficio y una pericia increíble. Solo tenían seis oportunidades para fotografiar. Nosotros tenemos infinidad de posibilidades hoy. Pero ello solos tenían seis posibilidades. Para mí es un trabajo épico, heroico, y que tiene todo mi respeto. Ahora que estamos banalizando la fotografía, lo que ellos hacían hay que ponerlo en valor. 

M.G.- Martí, en abril de 2014 hubo una exposición con las fotografías de Fargnoli pero ¿hay alguna fundación? ¿Quién se ha hecho cargo de todas esas fotografías?

Martí G.- El problema está en que su legado está muy repartido. Hay fotografías en los archivos del Ayuntamiento de Girona, en los de la Diputación de Girona, hay una fundación privada en Torroella de Montgrí, que se llama, Fundación Mascort, en la que se conserva una de sus cámaras. La pude ver, la pude tocar. Quiera que no parecía que me transmitía algo. También hay nietos y bisnietos, familiares directos de Fargnoli, que tienen fotografías. Pero no hay un fondo único. 

M.G.- Martí, no te robo más tiempo. Te doy las gracias por atenderme, por escribir esta novela, y por descubrirnos la figura de Valentí Fargnoli, que yo no lo conocía.

Martí G.- A ti por el interés, Marisa.

M.G.- Espero verte pronto. Un saludo desde Sevilla.

Martí G.- Muchas gracias.

Sinopsis: Una historia épica, heroica y delicada hecha de recuerdos y secretos inolvidables.

El doctor Masgrau, director del Centro de Investigación y Difusión de la Imagen de Girona, recibe una visita inesperada que lleva una caja de fotografías inéditas y comprometidas de Valentí Fargnoli. Eran sus grandes secretos.

El fabricante de recuerdos es el fascinante viaje de las peripecias del fotógrafo ambulante Valentí Fargnoli, que en las primeras décadas del siglo xx, con su bicicleta, recorre el país retratando la vida desde la costa hasta la montaña pasando por los pequeños pueblos y las grandes ciudades. Fargnoli, a través de las imágenes, construye una memoria personal y colectiva de gran valor que estaba destinada a desaparecer. Su trayectoria brillante le lleva, incluso, a fotografiar la boda de Alfonso XIII, algo que le cambiará la vida para siempre.

Una historia épica, heroica y delicada hecha de recuerdos y secretos inolvidables.


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