Mostrando entradas con la etiqueta Temas de hoy. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Temas de hoy. Mostrar todas las entradas

viernes, 10 de julio de 2020

LA PRIMA MAYOR de Laura Gost

Editorial: Temas de Hoy
Fecha publicación: Junio, 2020
Precio: 19,90 €
Género: Narrativa
Nº Páginas:  176
Encuadernación: Rústica sin solapas
con sobrecubiertas
ISBN: 9788499988030
Disponible en eBook;
puedes empezar a leer aquí]



Autora

Laura Gost (Mallorca, 1993) es escritora. En 2018 recibió el Goya al Mejor Cortometraje de Animación por Woody & Woody. Ese mismo año fue galardonada con los premios Jaume II y Bartomeu Rosselló-Pòrcel en reconocimiento a su éxito como joven artista. En 2019 fue la ganadora del V Torneo de Dramaturgia de las Islas Baleares con su texto Seguí y del IX Torneo de Dramaturgia Catalana de Temporada Alta con Matar al padre, obra con la que quedó también finalista en el Torneo Transatlántico de Dramaturgia de Buenos Aires en 2020. Gracias a La cosina gran encabezó las listas de más vendidos de Sant Jordi y de la Feria del Libro de Palma. Ahora, temas de hoy ha traducido al castellano su primera novela con el título La prima mayor.

Sinopsis

Rosa tiene apenas doce años cuando su prima mayor se queda huérfana y se ve obligada a compartir habitación con ella. Tras la precipitada mudanza, la protagonista no tarda en comprobar que su prima representa todo aquello que no tolera; Tina es una chica irresponsable, desagradecida y problemática. Pero, poco a poco, Rosa empezará a darse cuenta de que detrás de las cosas que le repelen de Tina se esconde algo que anhela para sí misma: ser una joven extrovertida, arrolladora y sexy capaz de alterar la cotidianidad del pueblo mediterráneo en el que viven.

Serán precisamente estas diferencias las que condicionarán la adolescencia de ambas, esa época en que se mezclan ingenuidad y madurez de forma tan cruda. Un choque de mentalidades que se desatará del todo con la llegada de los tres integrantes de la familia Montsó al barrio. ¿Puede un triángulo amoroso hacer tambalear la relación de las dos primas con el mundo, la feminidad y ellas mismas?

La prima mayor habla sobre el despertar de una niña como mujer con la claridad e inteligencia narrativa propias de una guionista ganadora de un Goya. Laura Gost ha llegado para quedarse.

[Información tomada directamente del ejemplar]




Hace unos días publicaba la entrevista con Laura Gost (puedes leerla aquí), la joven mallorquina que en 2018 ganó un Goya al Mejor Cortometraje de Animación por Woody & Woody. Tan solo tenía 24 años, lo cual demuestra la capacidad creativa de esta joven que, además de ese galardón, se ha llevado algunos más en teatro.

Laura Gost, después de experimentar con el género de relatos, se adentra en la narrativa de paso largo. Lo hace con una primera novela, La prima mayor, publicada por Temas de Hoy, que vio la luz anteriormente en catalán. Con la traducción de Victoria Pradilla, Gost nos cuenta la historia de dos primas: Rosa y Tina. 

Rosa es una joven de doce años que ve cómo su vida se trastoca cuando llega al pueblo su prima Tina, cuatro años mayor que ella, tras haber perdido a sus padres en un accidente de coche. La familia de Rosa acoge la joven huérfana para hacerse cargo de ella. Sin embargo, Tina no se lo pondrá nada fácil a esta familia. Es una chica extraña, problemática, que perturba tan solo con su presencia, malcriada, algo déspota, egoísta, y poco agradecida. El epicentro familiar que hasta ahora ocupaba Rosa (hija única), se desplazará de lugar en favor de Tina, pues es ella la que ahora reclama la atención de su familia y la de todo el pueblo.

"Todos hacíamos lo imposible por incrementar las dosis diarias de bienestar de Tina, pero nuestros esfuerzos no pudieron impedir que mi prima mayor se estableciese en el pueblo con el convencimiento de que sus deseos se hallaban por encima de cualquier otra necesidad que no fuera la suya" [pág. 14] 

Todo se complica cuando al pueblo llegan los Montsó, una familia compuesta por Marc (padre), Marcel (hijo mayor) y Miquel (hijo menor). Tina y Rosa entablan amistad con los tres, pero será Miquel el que más llame la atención de las chicas. Sin embargo, solo una de ellas conseguirá recibir el correspondiente feedback del joven. Esta situación aumentará la tensión entre las dos primas. 

Rosa y Tina conviven, comparten habitación pero no confidencias. Tina es un universo ajeno a Rosa. Aquella es la prima mayor, la que viene de la ciudad, la que más bagaje tiene. Mientras que Rosa es una chica que empieza poco a poco a despertar, que apenas sabe de qué va la vida, y desconoce lo que hay más allá de su pueblo. Ocurrirán cosas que Rosa reprobará, actitudes y comportamientos de su prima que generarán en la joven cierta repulsa y, sin embargo, en su pensamiento el lector advertirá también un cierto halo de admiración, un deseo de ser un poco como Tina, con esa frivolidad que la caracteriza, ese atractivo que despierta curiosidad, con su cuerpo bien desarrollado, con su manera de desafiar al mundo. En el interior de Rosa se debate una lucha entre el rechazo y la atracción. 

Diversas situaciones confusas darán pie a despertar intriga en el lector. Situaciones que Rosa observa medio oculta descubren a una Tina que muy pocos conocen. Hallazgos inesperados harán comprender a Rosa que su prima mayor esconde secretos inconfesables que, inevitablemente, saldrán a la luz en un reencuentro final, que parece colocar a todo el mundo en su lugar. 

La prima mayor no es solo un retrato sobre la adolescencia. Es también un análisis de las emociones que bullen en un momento complicado de nuestra existencia, cuando todo está todavía por definir. Hay un despertar a la vida, un momento de formación de la identidad, un cara a cara con un primer amor, que a todos nos marca para siempre. Rosa tendrá que hacer frente a todo eso, teniendo a Tina como reflejo para lo bueno y lo malo. Así que, en La prima mayor, lejos de la trama en sí, es fácil que el lector se vea a sí mismo en un momento dado. Quizá nos veamos en esa admiración que Rosa siente por Tina, a sabiendas que la prima mayor cruza la línea permitida más de una vez. ¿Pero quién de nosotros no ha querido cruzarla en algún momento, cuando nos creíamos inmunes? O es posible que te veas en ese primer amor que describe la novela, cuando el corazón palpita aceleradamente la primera vez que te enamoras. ¿Recuerdas quién fue tu primer amor? O lo mismo, recuerdas aquellos años en los que la curiosidad te empujaba a fisgar en la vida de tus hermanos mayores, para saber qué secretos escondían. ¿Nunca has registrado cajones ajenos? 

De todos los personajes que transitan por La prima mayor, destacan las dos primas. Creo que Tina, vista desde los ojos de Rosa, es el más desarrollado. "Rubia, esbelta, de pelo largo y los ojos muy azules". Así es el físico de Tina, una envoltura que atrae todas las miradas pero la joven muestra un carácter complicado. Es consentida y acostumbra a emplear el chantaje emocional para salirse con la suya, aprovechando su situación de orfandad y la empatía que tal circunstancia despierta en los de su entorno. Me gusta que sea un personaje algo bipolar, capaz de ser la persona más rastrera y, al minuto siguiente, "la criatura más adorable y preciosa que habíamos visto nunca". Es astuta y manipuladora, un perfil muy atractivo para el lector, que siempre queda a la espera de saber hasta dónde puede llegar la maldad de esta joven. 

En cuanto a Rosa, la narración en primera persona nos acerca a ella en la intimidad. Tendremos acceso a sus pensamientos más íntimos. La joven se recuerda a sus doce años con un aspecto lleno de defectos. El acné, su baja estatura, su cuerpo sin curvas la colocan en las antípodas de lo deseable. Ella representa ese ansía por crecer, por convertirse en otra persona, deseosa de abandonar la pubertad, pasar rápido por la adolescencia y llegar a la vida adulta, como si eso fuera el fin de los problemas. Rosa es un mar de dudas y conflictos que tendrá que ir resolviendo por sí misma, como todos hemos hecho al tener su misma edad.   

Me gusta el áspero contraste que existe entre ambas. No me refiero únicamente al aspecto físico sino también al carácter. Por regla general, en literatura, se tiende a profundizar mucho más en el perfil psicológico del personaje que en su exterior. Sin embargo, en esta ocasión, el físico también es un condicionante en la relación entre las primas. 


"Tina tenía dieciséis años; yo tenía doce. Tina era rubia, esbelta, con curvas pronunciadas en el pecho y en la cadera; yo, en cambio, tenía la forma de un manojo de perejil: flaca, desgarbada, con el pecho plano (mi madre se negaba a comprarme sujetadores con un argumento irrebatible: «¿Qué vas a sujetar, hija mía?»), una silueta sin trasero, una cara a medio dibujar, las cejas demasiado rectas, las mejillas demasiado pálidas, como el resto de mi piel, que además estaba siendo víctima de unas espinillas rojizas repletas de pus." [pág. 32-33] 


La historia se narra con perspectiva. El presente de la novela transcurre en 2004, justo cuando Tina regresa al pueblo tras una ausencia de dos años. Ese retorno activa la memoria de Rosa que, como digo, narrará en primera persona, todo lo que ocurrió entre el año 2000, momento en el que Tina se queda huérfana, y el año 2002, justo cuando desaparece del pueblo. Por tanto, la  narración es sumamente subjetiva. El lector se aproxima a los hechos y a los personajes a través de los ojos de Rosa, que interpreta lo que ve, que analiza con su mente juvenil a las personas que la rodean. 

En cuanto al escenario, no hay un demarcación territorial concreta. Sabiendo que la autora es mallorquina, es fácil que pensemos que los hechos transcurren en el interior de la isla pero, la historia es tan universal (me refiero a la relación entre las primas), que bien podría suceder en cualquier punto del planeta.

Escrita con un estilo ligeramente intimista, cercano y cálido, La prima mayor se compone de un total de dieciséis capítulos de corta extensión, más un epílogo titulado, recogiendo un desenlace, que bien podría ser el inicio de otra historia. 

La prima mayor me ha parecido un buen debut como novelista. Como dice la sinopsis, parece que "Laura Gost ha llegado para quedarse."






[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

Puedes adquirirlo aquí:




martes, 30 de junio de 2020

LAURA GOST: 'Cualquier etiqueta aplicada a la literatura es contraproducente'

Cuando me disponía a redactar esta entrada, me acordé de aquel acrónimo que empezó a utilizarse en los años 90. ¿Os acordáis de J.A.S.P.? Los de mi edad seguro que sí. Para los que no, aquellas siglas significaban "Joven Aunque Sobradamente Preparado". Todo surgió con un spot televisivo que anunciaba una conocida marca de vehículo. El anuncio caló en la sociedad y el acrónimo comenzó a usarse para designar a aquellos jóvenes con una buena formación académica, que venían dispuestos a comerse el mundo. Hoy esta denominación ya no se usa. De hecho, se ha llegado a ironizar con las siglas, asignándole un significado distinto, y que refleja la vulnerabilidad de los jóvenes de hoy en día. Puedes leer un interesante artículo aquíNo obstante, cuando me encuentro con jóvenes como Laura Gost no puedo más que pensar en la cantidad de chicos y chicas con una forma de pensar brillante, con una percepción del mundo que se vuelve cada más necesaria, y con una creatividad digna de admirar.

Laura Gost es una joven mallorquina, nacida en 1993. Con tan solo 24 años, ganó el Goya al Mejor Corto de Animación por Woody & Woody, en 2018. Confiesa que escribe desde los siete años, y acaba de publicar su primera novela, La prima mayor, que publica Temas de Hoy.



En La prima mayor, Rosa tiene que hacer frente a la inesperada convivencia con su prima Tina. Esta acaba de perder a sus padres en un accidente de coche y se traslada a un pueblo muy pequeño, para empezar una nueva vida con la familia de su tía materna. Allí conocerá a los Montsó, a un padre y a sus dos hijos. Laura Gost plantea en esta novela un entramado de relaciones, en un momento tan decisivo como es la adolescencia. Pero, mientras llega el momento de publicar la reseña, os dejo con la entrevista.

M.G.- Laura, vemos por tu biografía que estás muy vinculada al cine y al teatro. De hecho, ganaste un Goya en 2018, por el cortometraje de animación Woody & Woody. Ahora publicas La prima mayor, pero no sé si es lo primero que escribes y publicas.

Laura G.- No. Es cierto que se tiende a señalar mi faceta en el cine y en el teatro, pero yo siempre he escrito narrativa. Empecé a escribir a los siete años. Hasta ahora me había centrado en cuentos y relatos breves. Algunos han sido publicados y premiados. Acostumbrada a ese género, me planteé el reto de escribir una obra de mayor extensión y así nació La prima mayor.

M.G.- La prima mayor se publica primero en catalán con el título La cosina gran. ¿Por qué no publicar directamente en castellano?

L.G.- Soy mallorquina y, aunque domino el castellano, mi lengua materna es el catalán. Siempre he preferido escribir en catalán, principalmente por una cuestión de matices, y también por amor a la propia lengua.

M.G.- Has mencionado la palabra matices que para mí es muy importante cuando se habla de traducciones porque, en alguna ocasión, se pierden o sufren variaciones que afectan a la historia. ¿Has participado en el proceso de traducción de tu novela? ¿Estás satisfecha con el resultado?

L.G.- Es cierto lo que comentas, que los matices son muy importantes. Pero estoy muy contenta con la traducción. Creo que Victoria Pradilla ha hecho un gran trabajo. Ella me consultó algunas dudas como, por ejemplo, los nombres. Decidí que en la versión castellana, los nombres de los personajes se debían mantener en catalán. Y aunque podía haberme encargado de la traducción, preferí no hacerlo. Los traductores trabajan con rigor y buscan siempre ser fieles al texto. Si me hubiera encargado yo, lo mismo hubiera tenido la tentación de reescribir la novela.

M.G.- ¿Y cómo se te ocurrió escribir esta historia, protagonizada por dos primas, Rosa y Tina?

L.G.- En relato breve había tratado diferentes géneros y registros. Sin embargo, para la primera novela, quería tratar un tema que fuera para mí bastante asequible. Para mantener una trama durante tantas páginas, no me parecía bastante con partir de una anécdota, o tener un conocimiento superficial del tema. Tenía que buscar algo que resultara verosímil. Es cierto que dejé la adolescencia atrás hace algunos años, pero me apetecía hacer un viaje retrospectivo, hacer un viaje a la Laura de ese momento, a ese entorno que yo observaba, para plasmar un proceso tan catártico como el que ocurre a esa edad. Sin escribir una novela autobiográfica, me decanté por abordar el tema desde la distancia, apartándome de los estereotipos y de los tópicos. He querido escribir el tipo de novela que me hubiera gustado leer en mi adolescencia, sin que se tenga que etiquetar como novela juvenil. Me parece una etiqueta muy absurda porque se suele basar simplemente en la edad del personaje.

M.G.- Me alegra que hayas mencionado la etiqueta de novela juvenil porque esa era una de mis preguntas. El hecho de que La prima mayor trate sobre la adolescencia y sus protagonistas sean adolescentes, puede conducir al error de pensar que esta novela está dirigida a un público lector muy joven y no es así. 

L.G.- Claro que no. Cuando yo era adolescente leía a García Márquez. Me encontraba con personajes que iban evolucionando, desde su adolescencia hasta la vejez. El hecho de que un lector no tenga la edad del protagonista no quiere decir que no pueda empatizar con él. El término juvenil tiene un punto de paternalismo, pero los jóvenes, a partir de cierta edad, pueden leer cualquier cosa. Cualquier etiqueta aplicada a la literatura es contraproducente. 

M.G.- Los personajes principales son Rosa y Tina. ¿Cómo son estas dos primas?

L.G.- Al comienzo de la historia, Rosa tiene doce años y su prima Tina, dieciséis. Rosa está en la pubertad, en esa adolescencia incipiente. Todavía es muy ingenua y representa esa prisa por crecer. Hay un pasaje en la novela en la que ella dice que tiene muchas ganas de llegar a la adolescencia para poder dejarla atrás, lo antes posible. Si piensa así es porque le han dicho que la adolescencia es una etapa muy complicada, y ella la quiere pasar cuanto antes por esa indefinición que siempre está unida a la adolescencia, quiere dejar atrás esos años en los que no se sabe muy bien quiénes somos y qué somos. Así que Rosa termina por idealizar el ser adulto. Todavía ignora que esos procesos de dudas, conflictos, y descubrimientos, se van a mantener y a agudizar incluso cuando llegue a la edad adulta.

En cuanto a Tina, ella tiene cuatro años más, y eso se nota mucho. Es una chica que ha sufrido un suceso importante, que ha trastocado toda su vida. Por tanto está enfadada con el mundo. Está en esa fase de rebelión contra todo porque se siente asfixiada. Tina es el espejo de Rosa, en el que se van reflejando los miedos, las inseguridades, los deseos y las envidias de la prima pequeña. Tina sería para Rosa ese paradigma de chica sexy y segura, interesante y extrovertida, y no deja de compararse constantemente con ella, para lo bueno y para lo malo.

Laura Gost | Planeta de Libros
M.G.-Entre ellas hay como un juego de atracción y repudio. Rosa rechaza muchas de las actitudes de su prima mayor pero, a la vez, siente atracción y curiosidad por la vida que lleva Tina.

L.G.- Sí. Es un poco lo que ocurre con los padres a esa edad. Por un lado, el adolescente busca y necesita la aprobación de los padres pero, por otro lado, se empeña en rechazar esa aprobación, en distanciarse de las pautas que han marcado su educación.

De todos modos, hay que tener en cuenta que Tina está dibujada a través de los ojos de Rosa, que es la narradora. Por tanto, si elijo un narrador subjetivo, el lector tiene que entender que la visión que se presenta del resto de los personajes, no es puramente objetiva.

M.G.- ¿Y te ha costado mucho crear el personaje de Tina? Es muy complejo, bastante oscuro y con muchos dobleces.

L.G.- No. Tina es un personaje al que he querido tratar con cierta indulgencia. No me gusta crear personajes blancos o negros porque es algo muy aburrido. Resulta más interesante que tengan matices. Por eso he querido definir a Tina únicamente a través de los ojos de Rosa. De esta forma, dejo mucho espacio para que el lector piense que Tina puede ser mucho mejor persona de lo que podemos creer inicialmente. 

Tina es un perfil de adolescente que conocí, que existe y que puede evolucionar. La adolescencia es una etapa que nos condiciona muchísimo, pero también es un momento en el que no conviene abusar de los prejuicios y las calificaciones porque, al final, vamos arrastrando todas esas etiquetas durante muchos años. No podemos olvidar que la adolescencia es una etapa que todavía tiene mucho recorrido por delante para poder cambiar. 

M.G.- ¿Y qué me cuentas de los hombres de esta historia? Hay un padre y dos hijos que son vecinos de Rosa y Tina.

L.G.- Los hombres de esta historia funcionan como un elemento externo. Los Montsó, el padre y sus hijos, son vecinos nuevos que acaban de llegar al pueblo. Al tratarse de un entorno pequeño, y en un contexto temporal, como son los años 2000 a 2004, en el que todavía no se había producido el auge de las redes sociales, se puede jugar con una mayor intimidad y endogamia. Todo el mundo se conoce, todo es muy cercano. De repente, aparecen los Montsó, que aportan ese punto exótico. Para mí, estos personajes representan lo mismo que Tina para Rosa. Ellos se convierten en otros espejos en los que tanto Tina como, sobre todo, Rosa se van a ir reflejando. A partir de la interacción con ellos, las chicas irán extrayendo nuevas versiones de sí mismas. Van a utilizar a los Montsó para ver cómo pueden llegar a ser. Porque, todas las personas con las que interactuamos nos van enriqueciendo, y nos hacen descubrir diferentes versiones de nosotros mismos.

Para Rosa, la interactuación con Miquel Montsó, el hijo pequeño, será el primer contacto con lo que supone ese primer enamoramiento adolescente. 

M.G.- Retratas la adolescencia en los años 2000 a 2004, cuando tú no eras adolescente todavía. ¿Cómo te enfrentas a ese retrato?

L.G.- Siempre he sido una persona muy observadora. Es verdad que en el año 2004, yo tenía 11 años pero había gente de mi entorno, como primos y amigos, que sí habían alcanzado la adolescencia, y solía relacionarme mucho con ellos. El hecho de elegir esa franja temporal se debe a que no existían redes sociales. Era lo más importante. De este modo, puedo mantener un núcleo íntimo en el que Tina y Miquel  puedan interesar a Rosa durante más de medio mes. Hoy en día, con las redes sociales, la parte de misterio y de seducción sería impensable porque todo es mucho más superficial y rápido. Rosa podía saber qué había cenado Miquel en el último mes con tan solo mirar su Instagram.

M.G.- Dibujas muy bien los amores adolescentes. Todos los lectores, de cualquier edad pueden verse reflejados en lo que siente Rosa por Miquel, porque todos hemos pasado por lo mismo. 

L.G.- He intentado que todo ese proceso mantenga ese punto de ingenuidad que siempre tiene, aunque te enamores con treinta y cinco años. Era importante que no fuera como se ve en las películas americanas, que siempre están tan llenas de tópicos.

M.G.- La historia transcurre en un pueblo muy pequeño. No se menciona nombre alguno e imagino que se trata de un escenario ficticio.

L.G.- No hay nombre, es verdad. No me gusta contextualizar excesivamente las historias. Prefiero la geografía emocional. En esta novela se respira cierto espíritu mediterráneo pero no me interesaba ubicar con detalle la trama. La historia podría ocurrir en una isla de Italia, del sur de Francia, en la misma Mallorca, o incluso, en un pueblecito del norte de España. El lugar me daba igual. Lo que realmente me importaba era lo que sienten los personajes. 

M.G.- Y, para terminar, ¿sientes alguna diferencia a la hora de aproximarte a la historia en función de si se trata de un género u otro?

L.G.- Sí, hay diferencia. Con el relato siento que mi escritura es más compulsiva, me dejo llevar, y al protagonista le basta con tener una única característica, la que sea relevante para la historia.  En cambio, la novela requiere otros ritmos. Tienes que prever bien la estructura, determinar con antelación cuáles son los giros que va a sufrir la historia, dónde vas a colocar el clímax, para que el lector no pierda el interés. Además, a los personajes hay que dotarlos de muchas más luces y sombras.

M.G.- Estupendo Laura. Pues te agradezco mucho que me hayas atendido. Espero que La prima mayor sea el inicio de una carrera como novelistas, y que te veamos pronto con un libro nuevo.

L.G.- Muchas gracias a ti. 



Sinopsis: Rosa tiene apenas doce años cuando su prima mayor se queda huérfana y se ve obligada a compartir habitación con ella. Tras la precipitada mudanza, la protagonista no tarda en comprobar que su prima representa todo aquello que no tolera; Tina es una chica irresponsable, desagradecida y problemática. Pero, poco a poco, Rosa empezará a darse cuenta de que detrás de las cosas que le repelen de Tina se esconde algo que anhela para sí misma: ser una joven extrovertida, arrolladora y sexy capaz de alterar la cotidianidad del pueblo mediterráneo en el que viven.

Serán precisamente estas diferencias las que condicionarán la adolescencia de ambas, esa época en que se mezclan ingenuidad y madurez de forma tan cruda. Un choque de mentalidades que se desatará del todo con la llegada de los tres integrantes de la familia Montsó al barrio. 

¿Puede un triángulo amoroso hacer tambalear la relación de las dos primas con el mundo, la feminidad y ellas mismas?

La prima mayor habla sobre el despertar de una niña como mujer con la claridad e inteligencia narrativa propias de una guionista ganadora de un Goya. Laura Gost ha llegado para quedarse.





lunes, 30 de septiembre de 2019

UNA FAMILIA NORMAL de Alejandra Parejo

Resultado de imagen de una familia normal alejandra parejo

Editorial: Temas de Hoy.
Fecha publicación: septiembre, 2019.
Precio: 20,00 €
Género: Narrativa. 
Nº Páginas: 384
Encuadernación: Rústica con solapas. 
ISBN: 9788499987583
[Disponible en eBook; 
puedes empezar a leer aquí]


Autora

Alejandra Parejo nació un mes antes de tiempo, en febrero de 1990. Una isla del Mediterráneo fue su primer hogar y, hasta hace poco, el único lugar al que consideraba su casa. Licenciada en Publicidad y Comunicación Audiovisual, ha trabajado como copywriter y guionista para agencias y marcas de todo tipo, siendo Atresmedia uno de sus principales clientes. Su pasión por las palabras desde muy pequeña la llevó a estudiar en la Escuela de Escritores de Madrid. Tras decenas de relatos y borradores desechados, a los 29 años publica Una familia normal, su primera novela.

Sinopsis

El mismo día en que le ofrecen uno de los proyectos más importantes de su carrera, Olivia se da cuenta de que está embarazada. Tiene treinta y un años, una relación aparentemente sólida con Mario y una economía estable, pero nada de eso le convence de que ha llegado su hora de ser madre.


¿En qué consiste ser una mujer independiente?
¿Qué significa ser una buena pareja, buena hija, buena amiga, buena profesional?

Mediante saltos temporales que llevan al lector a la infancia de Olivia y de vuelta al presente, entre Madrid y Roma, conoceremos a una niña que se vio obligada a luchar por el amor de sus padres divorciados, a crecer antes de tiempo y a proteger la fragilidad de su hermana. Una hija que aborrecía la sumisión de su madre y que luego se hace adulta para arropar las mismas inseguridades que tanto criticaba en el pasado.

Esta es una novela sobre las tensiones íntimas de una generación marcada por la sociedad desigual en la que creció y por las exigencias morales del presente. Una historia sensible y difícil, tierna y dolorosa, que basa toda su fuerza narrativa en demostrar que a veces no hay decisiones erradas, solo formas de vivir.

[Información tomada directamente del ejemplar]


Todo camino tiene un inicio y una meta. El sendero que conduce hasta Una familia normal, ha llevado a su autora, Alejandra Parejo, a escribir decenas de relatos y a formarse en una escuela para escritores porque, según su madre, sólo sabe comunicarse a través de la escritura, emborronando lienzos en blanco que le permiten conectar con su interior, manifestarse y, en cierto modo, liberarse porque, tal y como nos dijo en la entrevista que puedes leer aquí, escribir es su forma de encontrar alivio.

Una familia normal es la primera novela de esta joven mallorquina, que un día abandonó su paraíso isleño para enfrentarse al mundo de la publicidad. Pero quiso llegar más lejos y decidió enfrentarse a un proyecto más ambicioso. Así fraguó la historia de Olivia, una mujer de su generación, que trabaja, que tiene padres, hermanos y amigos, con estabilidad económica y sentimental, que busca su lugar, crece y evoluciona, una novela que le ha publicado Temas de Hoy. Desde entonces, Parejo levita sobre el suelo, sonríe a diestro y siniestro, con una mirada llena de luz. 

Olivia es hija de su tiempo. Tiene treinta y un años, es directora de fotografía, viaja frecuentemente para acudir a los rodajes, lleva una vida frenética y padece los males propios de una época en la que nos toca andar siempre corriendo. Ansiedad, pánico, miedos e inseguridades la atenazan. Cada día es un nuevo reto y, precisamente el día que le ofrecen el trabajo más importante de su carrera -un rodaje en Roma-, descubre que está embarazada. Pero se calla. No le dice nada a Mario, su pareja. Debe pensar qué es lo que quiere, si es buen momento para traer un hijo al mundo, si es lo que le conviene, lo que necesita. 



Olivia no recibe la noticia de su embarazo con la alegría y la ilusión que cabría esperar. Una gestación, el nacimiento y la crianza de un bebé acarrea importantes e inevitables cambios en la vida de cualquier persona, y ella no tiene claro si está dispuesta a asumir las consecuencias. Mientras toma una decisión, la vida sigue en el presente y, en paralelo, el lector también tendrá acceso al pasado de la protagonista, pues la novela se vertebra en dos hilos temporales. Para comprender a la Olivia de 2008, tendremos que conocer también a la Olivia de 1998, cuanto tenía once años, cuando vivía con su madre y su hermana pequeña Lu, cuando dejó la isla que era su mundo para marcharse a una ciudad desconocida porque sus padres se divorcian, cuando tiene que acudir a un colegio ajeno, cuando tiene que convivir con un padrastro al que no soporta, para echar de menos a un padre, capitán de barco, que ha estado ausente la mayor parte del tiempo. Cuando le pregunté a Alejandra Parejo por qué eligió esos dos periodos en concreto me respondió que existían varios motivos (te remito a la entrevista). Yo encontré una conexión adicional que tiene que ver con la naturaleza femenina. En 1998, a Olivia le viene el periodo por primera vez. En 2018, se queda embarazada. Me dio por pensar que la autora pretendía establecer una unión entre dos momentos importantes del universo femenino, aquel en el que una niña pasa a convertirse en mujer, y aquel otro en el que, además de mujer, pasa a convertirse en madre, tras quedar embarazada. Eso me hizo pensar en el papel de la mujer, de este tiempo, de todos los tiempos, mujeres que -trabajadoras o no, independientes o no, felices o no-, comparten lo más íntimo de su naturaleza. 

En Una familia normal, el yo interior y las relaciones personales son la base de un historia que navega entre temas como la maternidad no deseada, la independencia, la conciliación familiar, la desigualdad laboral entre mujeres y hombres o las relaciones familiares. Es una novela pegada a la realidad, contemporánea, de la calle, que nace de las reflexiones de las generaciones actuales, cuyas preocupaciones y miedos no se alejan tanto de las anteriores.

Olivia será la protagonista absoluta en una historia por la que también transitan otros nombres. Es un personaje bien definido y con el que es fácil identificarse. Basta con ser una mujer en la treintena, con aspiraciones profesionales, que lucha cada día por ese hueco laboral que se tiene que ganar con uñas y dientes, con una pareja a la que apenas ve, aunque tampoco es algo que le preocupe mucho. Olivia y Mario conforman un universo en el que cada uno tiene su propia galaxia, pues la relación entre ambos no funciona bien y encima compiten profesionalmente. Demasiados obstáculos al que se añade un embarazo que Olivia mantiene en secreto.

Por destacar algún personaje más podría hablar de Lu, la hermana pequeña. El contraste entre ambas salta a la vista desde las primeras páginas. Si Oli es más reservada, más introspectiva, racional y responsable, Lu es una joven alocada, despreocupada, visceral y divertida, que rara vez piensa en las consecuencias.  Es el personaje que aporta un toque de suspense a la trama pues, en el pasado, le ocurrirá algo de lo que apenas tendremos información. Será el lector el que tendrá plena libertad para fabular e imaginar en qué incómodo suceso se ve envuelta.

De Una familia normal me gustan especialmente las conexiones que se establecen entre los personajes, analizar cómo se relaciona Olivia con sus familiares, con sus amigos, con su pareja,... De todo este entramado, destacaría la relación que Oli tiene con Carlota, la madre de Mario. He sentido una fuerte conexión entre estos dos personajes basada en el respeto, la confianza, las confesiones en silencio y el amor. Rompiendo el mito de que suegra y nuera no pueden llevarse bien, Parejo dibuja una unión mucho más profunda y poderosa que la que Oli mantiene con su propia madre. Y es que Olivia siente que su madre no la ha escuchado nunca, mucho más preocupada por atender a su pareja, ese padrastro que ella impone a sus hijas y que no es especialmente amable con las niñas. La madre de Olivia también es un personaje que evoluciona, que necesita su tiempo para entender que había errado el camino, asumiendo una relación tóxica, y que Olivia no entendía. Y sin embargo, ¿cometerá la hija los mismos errores que la madre? 

También me ha gustado mucho el discurso de Olivia cuando es una niña. Creo que en este aspecto, la autora ha sabido dar a su personaje una voz que encaja perfectamente con la forma de pensar de las mentes infantiles, mucho más atentas a lo que les rodea de lo que pensamos, siempre sacando conclusiones erróneas, fruto de la poca información que los adultos suelen dar a los pequeños. 

Escrito en primera persona, todo lo que sucede en 1998 está escrito en presente lo que otorga al texto mucha inmediatez. Me he encontrado un fraseo corto y un ritmo constante, con capítulos muy nostálgicos, cuando Oli recuerda su infancia, y otros especialmente angustiosos, muy bien narrados y muy visuales -tremenda la escena del avión-. Así que, Una familia normal ha sido una lectura que me ha gustado, en la que la información se va desmigando poco a poco, salpicada de interesantes referencias musicales, introspectiva y llena de reflexiones.








 

[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

Puedes adquirirlo aquí:

martes, 17 de septiembre de 2019

ALEJANDRA PAREJO: 'Escribir es mi forma de encontrar alivio'

Una familia normal ha sido una de las primeras novelas que han caído en mis manos tras el parón vacacional, la primera que leí nada más iniciarse septiembre, una novela que habla de emociones, de decisiones, de alianzas que se rompen mientras otras se forjan, de sueños, de independencia. En Una familia normal conoceremos a Olivia, una directora de fotografía que mantiene una relación con Mario, también director en el mismo ámbito. El día que le ofrecen el proyector profesional más importante de su carrera, descubre que está embarazada y justo la unión de estos dos elementos origina su Big Bang personal. ¿Qué decisión tomar? ¿Qué es lo que más le conviene? Mientras se devana los sesos, sus relaciones con el resto de los personajes se afianzan o se deterioran, peligra su trabajo pero, ¿por qué a Olivia le ocurre esto? ¿Tiene algo que ver su pasado? Lo sabremos porque en Una familia normal también tiene cabida la infancia y adolescencia de la protagonista.

Para hablar de todo esto nos sentamos hace unos días con Alejandra Parejo, una joven con la mirada más limpia que he visto nunca y que debuta con esta primera novela, Una familia normal

Marisa G.- Alejandra, ya que esta es tu primera novela, me gustaría saber cómo ha sido el camino hasta llegar aquí.

Alejandra P.- Mi madre dice que siempre me he comunicado escribiendo pero hasta ahora escribía para mí, ya fuera en los momentos de mucha felicidad o tristeza, para desahogarme yo. Estudié Publicidad y Comunicación Audiovisual y empecé a trabajar en distintas agencias de publicidad, pero no me sentía llena, así que me apunté a cursos de escritura. En Madrid asistí a la Escuela de Escritores, donde hice un curso de narrativa de dos años y, aunque iempre tuve en mente escribir, fue allí donde se hizo más tangible la idea de una novela. Así que, cuando terminé el curso, me puse a escribir. Al tiempo me crucé con Pablo Álvarez, mi actual agente literario y me puso una fecha para terminarla. Todo ha sido pasito a pasito y muy natural.

M.G.- En tu web dices 'Escribo para mí, para los demás, para conectarme y liberarme. Escribo para contar historias: tuyas, mías, inventadas. Escribo para que cierres los ojos y puedas oler, saborear, escuchar y disfrutar'. Se da a entender que escribir es tu vía de escape, es tu necesidad. 

A.P.- Sí. Escribir es mi forma de encontrar alivio. Me alivia escribir lo bueno y lo malo. Ahora estoy escribiendo un diario, como cuando era pequeña, aunque lo hago en digital. Escribir me ayuda a ordenar las cosas, a apreciar todo lo que pasa rápido y no nos paramos a pensar. Creo que no sabría sobrevivir sin escribir. En algunos momentos es como una catarsis.

M.G.- De las que se sale más purificada.

A.P.- Sí, así es. Y a lo mejor son tonterías. Por ejemplo, en el AVE me he fijado en un grupo de compañeros de trabajo. Los hombres se saludan dándose la mano y las mujeres se dan dos besos. Pues escribo eso que observo, esa reflexión, que no es nada importante pero me ha llamado la atención. Ahí queda escrito. Quién sabe si de eso que anoto, algún día no sale algo. 

M.G.- ¿Y cómo surge la idea de escribir esta historia?

A.P.- Pues se me ocurrió una noche que no podía dormir. Y empecé a pensar en dos amigos, que eran pareja, y que se dedicaban a lo mismo, trabajando en el mundo del cine. Me planteé que si esos amigos querían tener un hijo, ¿cómo iban a conciliar? Ahí nació la idea de esta novela. Por entonces yo vivía con Marta, una de mis mejores amigas, y recuerdo que me levanté, entré en el salón y le conté que acababa de tener una idea para una novela. Por supuesto, ella se rió pero lo cuento y me parece como mágico. Surgió así, sin más.

M.G.- La novela se titula 'Una familia normal' pero ¿existen esas familias?

A.P.- En el título hay mucha ironía porque creo que lo normal no existe. Lo normal es lo que nos han enseñado en el colegio, lo que nos han impuesto en política, en religión,... y no es así. Lo normal no existe y menos aplicado a las familias porque, incluso las que aparentan ser normales son las que generalmente tienen muchas más cosas que ocultar. Lo importante no es la normalidad sino tener una familia buena, que sea capaz de escucharte, de comprenderte, que sea un lugar en el que te sientas seguro y en el que puedas ser tú mismo. Eso es lo que comprende Olivia en este viaje interior, que su familia es como es, que los errores y los aciertos de todos nos llevan a un lugar y no pasa nada. Nos han cargado con mucha culpa y eso hace que todos pretendamos tener una familia modélica pero y si no la tienes, ¿pasa algo? Pues no. 

M.G.- La historia se va a desarrollar a lo largo de dos hilos temporales, uno en 1998 y el otro en 2018. ¿Por qué esas dos fechas concretas?

A.P.- Hay varias cosas muy importantes. Empecé a escribir la trama del presente sin el pasado y sentía que me faltaba algo. Me di cuenta que tenía la necesidad de explicar por qué Olivia estaba en ese punto y qué le había llevado hasta ahí. 

También quería remarcar que, entre finales de los años 90 y 2018, cambió nuestra manera de comunicarnos. Nacen generaciones impacientes que necesitan saber de manera inmediata. Era algo que me daba mucho juego a la hora de comparar a la Olivia pequeña con la Olivia mayor. La Olivia del pasado deja la isla en la que vive y se muda a una ciudad. Su padre es marino, vive lejos de ella y le produce mucha frustración saber que Madrid no tiene mar y que los barcos no pueden llegar hasta allí. ¿Cómo va a llegar su padre hasta ella? Lo único que puede hacer es llamarlo por teléfono, o dejarle un mensaje en el contestador, una máquina que guarda tus mensajes pero que no te asegura que llegue a su destinatario. Para mí era muy importante marcar esa diferencia entre lo que significaban antes las ausencias y lo que significan ahora porque doler duele igual pero no es lo mismo. Si la Olivia pequeña viviera en 2018 podría pedirle a su padre que llamara por FaceTime, o podría darle cada mañana los buenos días a través de Whatsapp. 

Por último, me interesaba también ver cómo funciona la voz de un narrador infantil. Pensamos que los niños no se enteran de nada pero saben mucho de lo que está pasando a su alrededor. Lo peor es que sacan conclusiones erróneas de lo que se les oculta. Y encima, no son capaces de poner nombre a sus sentimientos. 


M.G.- Abordas temas como la maternidad, la independencia, la familia, los miedos,... Te metes en un jardín profundo.

A.P.- Es una novela generacional porque trata temas que a la gente de mi generación le preocupa pero creo que también la generación de mis padres puede verse reflejada. Las dudas son muy parecidas aunque tengan otra edad. Es verdad que la sociedad ha evolucionado y con el feminismo se han conseguido muchas cosas pero creo que hay muchos miedos que comparten varias generaciones. Olivia termina entendiendo que se parece a su madre, que se espera de ella lo mismo que se esperaba de su madre a su edad, que ambas tienen y tenían los mismos miedos, las mismas inseguridades. Percatarse de eso supone una forma de perdonar porque la Olivia de once años solo ve a su madre como tal y es ahora, cuando ya es mayor, cuando se da cuenta que su madre, además de ser madre, era una mujer con sus deseos, miedos e inseguridades. 

M.G.- Alrededor de Olivia hay muchos más personajes, como su hermana Lu, su pareja Mario, su jefa Amanda. Me resulta interesante analizar las relaciones de Olivia con los restantes personajes. 

A.P.- Me gusta que me digas eso porque me he esforzado mucho en esas relaciones. Me fui haciendo como fichas en las que anotaba cómo era la relación de Olivia con Lu, o con Mario, o con Amanda. ¿Me preguntaba quién estaba a favor o en contra de una decisión de Olivia? ¿Quién hacía cosas para que ella pudiera avanzar o frenar? Cada uno de los personajes tiene su propia historia y están muy pensados para apoyar o no apoyar a Olivia. Por ejemplo, en la relación con su jefa era muy importante que el lector se pusiera en la piel de Amanda, una mujer que sufre un momento muy dramático en el pasado y que no puede evitar que ese trauma la ponga en contra de Olivia durante un tiempo. En ese punto quería explicar que a las mujeres nos han educado para hacernos la competencia y eso es una realidad. 

En cuando a Lu, Olivia mantiene una relación llena de amor con su hermana que me servía para destacar las carencias de Olivia y las virtudes de Lu. Ellas se complementan y se dan lo que necesitan la una a la otra. Olivia es muy responsable mientras que Lu es más alocada y se deja llevar. Entre las dos consiguen un equilibrio. 

Quería que los personajes me ayudaran a crear una atmósfera que empujara a Olivia a tomar una decisión concreta.

M.G.- Me gusta mucho la relación que mantiene Olivia con Carlota, la madre de Mario. Me parece mágica y es una relación que me ha llenado mucho. Carlota no es su madre, sino su suegra, y de algún modo rompes un mito.

A.P.- El tema de las suegras es muy injusto. Me parece fatal que se piense que todas las suegras son unas brujas, que quieren retener a sus hijos a toda costa. Carlota me ha servido para poner a una mujer en un formato tradicional, una mujer que une a la familia y que hace todo por y para ellos. Pero también una mujer que empatiza con su nuera y que la apoya en uno de los momentos más decisivos de su vida. Para Carlota, Olivia es importante y ella prefiere anteponer la felicidad de la pareja de su hijo a sus propias convicciones. 

M.G.- Con Lu hay un cierto misterio, ¿cierto? Dejas que sea el lector el que idee lo que le está pasando.

A.P.- En la trama de Lu, uno de los problemas del personaje es un momento con su hermanastro en el que no se sabe muy bien qué pasa. Ahí dejé que cada uno imaginara lo que quisiera. Podría haberlo contado pero me pareció más interesante dejar que cada uno pensara. Sobre todo, lo que quería demostrar es que, cuando los adultos no quieren profundizar en algunas cosas pueden pasar otras que son peores. A veces es mucho más fácil sentar a tus hijos y preguntarles qué les pasa, o contarles la verdad, y poner las cosas en su sitio. Si intentas aparentar que no pasa nada, a lo mejor hay otras cosas que pasan alrededor que no las estás viendo. 

Lu pasa por muchas cosas porque no es capaz de verbalizar lo que le duele y prefiere hacerse la loca antes de aceptar que está triste.

M.G.- ¿Te reconoces en alguno de los personajes?

A.P.- Toda la historia es ficción pero es verdad que en Olivia he plasmado muchos de mis miedos y de las preguntas que me hago. Tengo en común con Olivia esa sensación de mudarme de ciudad, de echar de menos, de necesitar el mar: también comparto con ella el miedo a la oscuridad. La oscuridad me parece una metáfora del miedo a la incertidumbre, a no saber,...

M.G.- En 1998, Olivia no entiende que su madre sea tan servicial con Roberto, su segunda pareja tras separarse del padre de las niñas. Pero en 2018 Olivia tiene problemas para conciliar trabajo y familia. Muchas veces me pregunto, ¿dónde se supone que está esa liberación de la mujer? Llevamos una familia, trabajamos, compatibilizamos las dos cosas, y nos ponen trabas,... ¿Realmente estamos mejor?

A.P.- Es que la magia que existe entre Olivia y su madre es darse cuenta de que no están tan lejos la una de la otra. Olivia se acerca mucho a lo que era su madre en muchos ámbitos de su vida. Hoy en día hemos avanzado en muchas cosas pero desde luego no en conciliar. La realidad es que puedes pedirte una jornada reducida, lo que implica que cobres menos y que no puedas evolucionar en tu puesto de trabajo. Por lo tanto, implica perder cosas y eso no es conciliar. Así que la mujer se está liberando pero a la vez se nos están echando encima muchas responsabilidades. ¿Dónde está el equilibrio? Se nos exige ser buenas en todo, de ahí las preguntas que figuran en la contra del libro.

M.G.- Alejandra, hay muchísimas referencias musicales en la novela. ¿Son tus referentes? 

A.P.- Algunos sí. Billy Joel es un cantante que tiene mucho recorrido pero yo lo descubrí hace unos años gracias a un amigo. Lo vi en Nueva York, en un concierto, me fascinó y conecté muchísimo con su música. Zahara sí es un referente y en cuanto a Iván Ferrero, bueno no lo escucho mucho pero justo la canción que aparece en la novela era perfecta para una escena por lo mucho que transmite. Me interesaba toda la música de los 90, con Alejandro Sanz y su disco 'Más'. 

M.G.- Pues no te robo más tiempo. Gracias por compartir este momento con nosotros y espero que la novela funcione muy bien.

A.P.- Gracias a ti por leerla. 

Sinopsis:

El mismo día en que le ofrecen uno de los proyectos más importantes de su carrera, Olivia se da cuenta de que está embarazada. Tiene 31 años, una relación aparentemente sólida con Mario y una economía estable, pero nada de eso la convence de que ha llegado su hora de ser madre. ¿En qué consiste ser una mujer independiente? ¿Qué significa ser una buena pareja, buena hija, buena amiga, buena profesional?


Mediante saltos temporales que llevan al lector a la infancia de Olivia, conoceremos a una niña que se vio obligada a luchar por el amor de sus padres divorciados, a crecer antes de tiempo y a proteger la fragilidad de su hermana. Una hija que aborrecía la sumisión de su madre y que luego se hace adulta para arropar las mismas inseguridades que tanto criticaba en el pasado. 

Esta es una novela sobre las tensiones íntimas de una generación marcada tanto por la sociedad desigual en la que creció, como por las exigencias morales del presente. Una historia sensible y difícil, tierna y dolorosa, que basa toda su fuerza narrativa en demostrar que a veces no hay decisiones erradas, solo formas de vivir.

[Puedes empezar a leer aquí]



viernes, 5 de julio de 2019

LUCÍA BASKARAN: 'Para escribir buenos personajes tienes que ser empático y ponerte en la piel del otro'.

Los últimos tres años he visitado la Feria del Libro de Madrid. Desde que probé por primera vez, intento no perderme una edición. Subir a la capital supone un fin de semana que me sirve de breve escapada, de reencuentro con amigos y conocidos pero también es una oportunidad única para conocer a esos autores que no bajan al sur con la frecuencia que me gustaría, o para comprar ese otro libro al que le he estado dando vueltas. En los últimos años, he aprovechado esa visita para acudir a encuentros con novelistas y realizar alguna entrevista. Aunque Lucía Baskaran visitó Sevilla para presentar Cuerpos malditos, no pude citarme con ella por diversos motivos, así que aproveché mi estancia en Madrid para abordar aquella entrevista que quedó en el aire.

En Cuerpos malditos, la autora narra la historia de Alicia, una joven enamorada de Martín. Este fallece de forma trágica y repentina y ella, sumida en el dolor, se obsesiona con la idea de revivir a su pareja de una manera peculiar, teniendo un hijo con el hermano. Pero esta novela no se queda en este hecho. Cuerpos malditos profundiza y se sumerge en otras cuestiones de intenso calado.

 ©Imanol SalaberriaM.G.- Lucía, los autores, al igual que las personas en general, evolucionan con el tiempo. Ya han pasado tres años desde tu última novela, ¿has notado algún cambio a la hora de enfrentarte a la Literatura?

L.B.- Sí, sí... Hay gente que piensa que tres años no es mucho tiempo pero a mí me ha parecido bastante, sobre todo para dejar entre un libro y otro. Me costó mucho trabajo deshacerme del tono de la primera novela. La voz de Victoria, la protagonista de 'Partir' es muy fuerte y no fue fácil desprenderme de ella. Y sí que he notado diferencia, entre una y otra. En primer lugar porque quería hacer algo distinto, aunque ambas están narradas en primera persona, y en segundo lugar, la primera novela era mucho más visceral mientras que en la segunda he contado con herramientas que he adquirido a través de la escritura de la anterior, y de las notas que he ido recogiendo en mis blocs. También ha habido mucha más intencionalidad porque la primera fue el resultado de vomitarlo todo, por decirlo de algún modo, mientras que en la segunda tenía unas ideas que quería tocar, un tono que quería usar, contaba con un hilo conductor... En definitiva, sí que he notado una evolución.

M.G.- ¿En qué momento surge la chispa para escribir esta novela que cuenta con unos temas tan concretos?

L.B.- Todo surge por la historia que me cuenta un amigo, algo que le ocurrió a unos conocidos suyos. Un chico conoce a una chica en el instituto y se enamoran, llegan a la veintena y se van a compartir casa con la idea de casarse en el futuro, tener un hijo,... Todo eso. Sin embargo, él muere repentinamente en un accidente y ella empieza a salir con su cuñado y se obsesiona con la idea de quedarse embarazada para, de algún modo, devolver el muerto a la vida. Esto es real y no le ocurre a una chica desequilibrada sino a una persona normal y corriente. Aquella historia me impresionó. Me puse a investigar sobre el tema y por lo visto esto no es tan poco común como pensamos. Tanto es así, que en Euskal Herria y en algunos otros puntos del Estado español, se acostumbraba a casar a una mujer con el que tenía el mayorazgo en un caserío. Si a ese hombre le pasaba algo, inmediatamente casaban a la mujer con el hermano. De este modo no se pierde la herencia y se seguía dando continuidad a la familia. Esto ha sido una costumbre hasta hace relativamente poco. Es una historia que me tocó mucho y estuve mucho tiempo planteándome cómo se sentiría la chica, y cómo llegó a aquella conclusión, a la idea de revivir a su marido teniendo un hijo de su cuñado. Y quise probar qué era estar en esa piel. 

A su vez, mientras la escribía, pasó algo muy bonito. Conocí a una de las tres únicas rabinas que hay en Francia. Le conté la historia y ella me respondió que eso era una ley bíblica, la ley del levirato. Me parecía muy interesante meterme ahí.

M.G.- Tocas temas con muchísimo peso como la amistad, la maternidad, incluso la autolesión,... Son cuestiones muy potentes. ¿Cómo vertebras todos estos temas en la historia?

L.B.- Tenía muy claro que quería abordar la amistad entre mujeres pero mostrando incluso sus contradicciones porque la relación entre mujeres es tan conflictiva como todas las relaciones del mundo. A la maternidad y la autolesión llegué a través de la escritura. Cuando escribo suelo tener un punto a donde quiero llegar pero luego también me gusta perderme entre lo que surge. 

En el caso de esta novela, y teniendo en cuenta cómo percibe Alicia, la protagonista, su cuerpo, la autolesión era un tema que cuajaba, era exteriorizar lo que ella tenía acumulado en su interior durante tantos años.

En cuanto a la maternidad, me interesaba mucho tener varios perfiles de madre y poner un micrófono a lo que se considera una mala madre, una madre que abandona a su hija en un momento dado. 

M.G.- A Alicia le cuesta trabajo llamar 'mamá' a su madre. Suele llamarla Cristina y eso define muy bien la relación que mantienen.

L.B.- Sí. Eso es un detalle muy pequeño pero muy significativo. Es algo que me dio mucho juego para tratar la relación que tienen ambas.

M.G.- El duelo también es parte de la historia.

L.B.- Sí, pero el duelo es solo una excusa para tocar los temas que a mí me interesaban. Más que el duelo por la pareja, lo que más me interesaba era el duelo metafórico, la pérdida de una identidad propia que te has construido en base a algo, en base a la mirada de Martín, la pareja de Alicia. Ese es el duelo que a mí me interesaba contar.

M.G.- ¿Tiene que ocurrir algún hecho trágico en la vida de una persona para reactivarse, para analizarse como le ocurre a Alicia?

L.B.- Creo que sí, aunque quizá no tan fuerte como le ocurre a ella. Las crisis resquebrajan los cimientos y solo actuamos cuando las cosas se ponen mal.

M.G.- Y llega un momento en el que una persona echa la vista atrás y comprueba que lo que pensaba no era realmente así. De este modo funciona la relación que ella tiene con Martín.

L.B.- Sí, aunque culpar a un muerto es muy complicado. Los muertos son siempre inocentes. Hasta ese momento Alicia no ha querido mirar, no ha querido ser consciente pero a raíz de la muerte de Martín, la idea de que él no era tan príncipe azul sale a la luz. De todos modos, no es algo que ella no supiera de ante mano pero lo irá destapando poco a poco y se deja de mentir.


M.G.- Hemos hablado de Alicia, de Martín, de Cristina. Hay más personajes como por ejemplo Otto. ¿Hasta el punto de que la novela es coral?

L.B.- Fue un ejercicio para ponerme a prueba. En mi primera novela, el personaje principal tiene mucho protagonismo pero el resto simplemente orbitan. Así que probé a escribir desde más voces y que los personajes, aunque no digan mucho, incidan en la trama. Para hacer esto tienes que conocer muy bien a tus personajes. Tuve que escribirles una pequeña biografía que por supuesto no aparece en la novela, para saber quiénes son, cómo andan, cómo se mueven y por qué dicen lo que dicen. Lo que más me importaba era qué rol ocupaban en la familia, y no me refiero al papel de padres o madres, sino ese papel que desempeña cada uno y del que nadie habla, aquellos a los que les toca la parte más emocional, los que se encargan de la economía,... Es decir, qué puesto ocupan, cómo se relacionan con sus padres porque la relación paterno-filial nos afecta de forma significativa cuando somos adultos. Hacer la novela coral fue un trabajo muy bonito porque tuve tiempo para conocerlos bien.

M.G.- Quiero entender que una novela de este calado termina por afectar al autor, ¿qué ha supuesto para ti a nivel personal escribir una historia con estos componentes?

L.B.- Ha sido un reto. Aunque la historia es fuerte me lo he pasado muy bien. Por otra parte, algo que le he comentado a mi editor, me ha servido de mucho mis estudios de arte dramático porque me he tenido que meter en los zapatos de alguien que no tiene nada que ver conmigo. Ha sido un trabajo muy interesante porque para construir buenos personajes tienes que ser empático y ponerte en la piel del otro. Luego hay que relatarlo, evidentemente, pero el primer paso es vivir otras realidades que no te han tocado.

M.G.- Y dice Alicia que ella es una mujer de noventa años en el cuerpo de una mujer de veintisiete. ¿De cuántas maneras una mujer puede estar a disgusto con su cuerpo?

L.B.- De tantas... Hace poco una amiga me pasó un anuncio que hizo Dove tiempo atrás. Era un experimento real que me encantó, porque da una idea muy clara de la percepción que las mujeres tenemos de nuestro propio cuerpo. El anuncio mostraba a un montón de mujeres en una sala y que se acaban de conocer. Había un retratista detrás de una cortina y pedía a una mujer que se describiera así misma para hacer un retrato. Luego le pedía a otra mujer que describiera a la anterior. El resultado era totalmente distinto. Siempre era mucho más bonito el retrato tras la descripción de la amiga que el de la descripción propia. 

M.G.- Nos queremos poco.

L.B.- Nada, nada. Sentimos que nunca vamos a ser suficientemente delgadas, suficientemente guapas, suficientemente jóvenes,... Siempre te va a faltar algo y  es para volverse loca.

M.G.- En esas ausencias influye mucho la publicidad. Siempre nos están bombardeando.

L.B.- Por supuesto, no nos damos cuenta porque lo tenemos muy interiorizado pero estamos constantemente expuestas. Si nos paramos a pensar y hacemos un poco de 'zoom out', es terrorífico. Las publicaciones supuestamente dirigidas a mujeres están llenas de artículos para aprender a querernos y, a continuación, encontramos un montón de páginas que promocionan productos para estar más delgadas o para no tener arrugas.

M.G.- Pues yo leí en la novela todo lo que dices sobre la 'self-objectification' y el 'body monitoring'. Es decir, esa tendencia a estar constantemente pendiente de nosotras mismas, de cómo lucimos. Me di cuenta que me miro con demasiada frecuencia en los reflejos, que me toco el pelo cada poco rato para recolocarlo, que no me dejo tranquila sino que siempre me estoy analizando de cara a los demás.

L.B.- Es horrible y no nos damos cuenta porque lo tenemos totalmente interiorizado y actuamos de forma mecánica. Es mucho tiempo el que dedicamos a hacer eso sin ser conscientes. Empleamos demasiado tiempo en eso cuando podríamos dedicarlo a otras tareas mucho mejores.

M.G.- Por cierto, esos dos conceptos los defines en notas al pie lo que otorgan al libro un toque ensayístico.

L.B.- Con las notas a pie de página tuve ciertas dudas pero al final me decidí a ponerlas porque son conceptos que todavía no se han traducido al castellano. Son violencias que a todas las mujeres nos han pasado y son importantes nombrarlas.

M.G.- En la relación de la mujer con su cuerpo, ¿qué factores intervienen para que al mirarnos al espejo no nos amemos?

L.B.- En nuestra sociedad somos lo otro, y cuando eres la otredad y no la regla, nunca vas a ser suficiente porque no eres hombre. Esto es mucho más complejo de lo que estoy diciendo pero tiene que ver con que el modelo humano es siempre masculino. Esto es algo que ocurre en todos los ámbitos. En la medicina, los medicamentos se prueban en cuerpos masculinos que afectan de forma totalmente distinta a los cuerpos femeninos. De esto me he enterado hace poco porque me han descubierto piedras en el riñón y tomo una medicación que a las mujeres, a la larga, nos producen mareos, pierden audición,... 

M.G.- ¿Y el título 'Cuerpos malditos', tiene que ver con esto que estamos hablando?

L.B.- Sí, por supuesto. Tenía claro que quería la palabra 'cuerpo' en el titulo porque es el eje de la novela. Con lo de 'maldito' tuve dudas porque al principio me sonó a novela de terror. Bueno, esto era una apreciación mía, pero sí hay otra acepción, la idea que de que nunca serás el cuerpo que cuenta sino la otredad.

M.G.- Cuando hablo con las autoras me gusta preguntarles por el feminismo porque cada una tenemos una percepción distinta de lo que hemos conseguido.

L.B.- Hemos conseguido mucho pero todavía nos queda un largo camino.

M.G.- ¿Pero lo estamos haciendo bien?

L.B.- No lo sé. No lo tengo tan claro. Creo que se crean burbujas. En mi entorno todas somos feministas pero luego sales a la realidad y te encuentras de bruces con Vox. También pienso que toda esta reacción anti-feminista, tanto en los medios como a nivel político, es porque han visto que el movimiento feminista está más fuerte que nunca. Es la pescadilla que se muerde la cola. El 8 de marzo de 2018 fue impresionante. No ha habido nunca una movilización tan intensa pero a mí me da miedo que nos quedemos en el discurso que al final se puede terminar difuminando. Quiero pensar que se están dando pasos pero también quiero ser prudente. Hay que tener mucho cuidado y las mujeres que estamos en una posición más privilegiada deberíamos preguntarnos qué estamos haciendo realmente para mejorar la vida de las que no tienen tanta suerte como nosotras. Tenemos que estar en constante revisión.

M.G.- De acuerdo Lucía. Te doy las gracias por este momento que hemos compartido. Suerte con en el libro.

L.B.- Muchas gracias a ti. 

Hasta aquí la entrevista con Lucía Baskaran. Cuerpos malditos será una de las novelas de las que os hable muy pronto.





Ficha novela

Editorial: Temas de Hoy.
Encuadernación: Rústica sin solapas.
Nº Páginas: 224
Publicación: Abril, 2019
Precio: 17,90 €
ISBN: 9788499987422
Disponible en e-Book
Puedes empezar a leer aquí.
Ficha completa aquí.







Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...