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lunes, 18 de octubre de 2021

PLEAMAR de Antonio Mercero

Editorial: Alfaguara
Fecha publicación: abril, 2021
Precio: 17,95 €
Género: novela negra
Nº Páginas: 392
Encuadernación: Tapa blanda con solapas
ISBN: 9788420454924
[Disponible en eBook y Audiolibro;
puedes empezar a leer aquí]

Autor

Antonio Mercero (Madrid, 1969) es licenciado en Periodismo. Trabajó en las agencias de noticias LID y FAX PRESS, dirigidas por Manu Leguineche, entre 1990 y 1992, y fue colaborador de La Gaceta de los Negocios en Nueva York.

En 1994 empezó a trabajar como guionista en la serie Farmacia de Guardia. Desde entonces, ha escrito en series como Hospital Central, Lobos, MIR y Siete días al desnudo. También ha escrito las miniseries El pacto, dirigida por Fernando Colomo, y El Rey, de Norberto López Amado.

En cine ha colaborado en el guion de La vergüenza, dirigida por David Planell, y es coguionista de las películas Quince años y un día y Felices 140, de Gracia Querejeta.

Ha publicado las novelas La cuarta muerte (2012) y La vida desatenta (2014). El final del hombre (2017) fue la primera entrega de la serie policíaca protagonizada por el policía Carlos Luna, que pasará a llamarse Sofía Luna tras su operación de cambio de sexo. Tras una calurosa acogida por parte de la crítica y los lectores llega la segunda entrega: El caso de las japonesas muertas. Los derechos de ambas novelas han sido vendidos para una serie de televisión.

Sinopsis

Las hermanas Müller cuentan cada jueves su vida a millones de seguidores en el canal de YouTube Pleamar, pero en el vídeo de esta semana aparecen amordazadas y maniatadas, en un lugar oscuro, y llorando desesperadamente. Las visualizaciones crecen por horas sin que nadie sepa si va en serio o es una broma macabra. Los padres denuncian la desaparición y el caso es asignado a una extraña pareja de investigadores: Darío Mur, divorciado y enamorado de la literatura clásica, y Nieves González, adicta a las citas online y víctima de acoso en la comisaría. Cuando la muerte de Martina Müller es retransmitida en directo, Darío se enfrentará al mundo de los influencers, al que su propia hija es adicta y que la ha convertido en una chica violenta y conflictiva.

[Información tomada directamente de la web de la editorial]



La que se ha organizado este fin de semana con el fallo del Premio Planeta. La edición 2021 no solo trae un nuevo ganador (y finalista) sino que también ha desvelado la verdadera identidad de Carmen Mola. ¡Revuelo en la sala! Desde que salió a la venta La novia gitana en 2018 y supimos que Carmen Mola era un seudónimo se lanzaron al aire mil conjeturas. Se oyeron nombres dispares y se dispararon varias balas al aire. Creo que la inmensa mayoría hemos errado en el tiro. Porque Carmen Mola no es mujer, es hombre. Y no uno, sino tres -Jorge Díaz, Agustín Martínez y Antonio Mercero-. La sorpresa fue mayúscula y con ella vino la polémica. Se ha oído de todo en las redes sociales y en los foros, que si qué engaño, que por qué usar el nombre de una mujer con lo que a las mujeres os cuesta luchar por nuestro sitio, que si los libros de Carmen Mola no son tan buenos, que si este premio está amañado,.... Yo también me sorprendí pero, en mi caso, mi sorpresa radicaba en que fueran seis manos las que estuvieran detrás de este seudónimo. He leído novelas escritas por dos autores, con un resultado excelente, pero jamás me he enfrentado a una escritura a tres bandas. ¿Cómo se hace eso? Me encantaría saberlo. Imagino que, con la promoción de la novela, sabremos detalles en las entrevistas que concedan. Por lo demás, que si han usado un nombre de mujer, que si el premio estaba ya dado, que si pitos y flautas son cuestiones en las que no voy a entrar porque no me parecen importantes. Yo leo libros, -novelas, teatro, algo de poesía y ensayo- y califico el producto como tal. Si está escrito por un hombre o una mujer, me da igual. Si ese hombre o esa mujer vota a un partido u otro, me importa muy poco. Si en vez de una mujer son siete, pues más curiosidad siento. Si en vez de siete mujeres son tres hombres, más de lo mismo. Si el autor es político, empresario, policía, profesor, barrendero, guionista o mago no me afecta. Lo que busco en un libro es, primero entretenimiento, y si además aprendo cosas nuevas, más gratificante es la experiencia. Por lo tanto, todo este revuelo que se ha formado alrededor de Carmen Mola me da igual. Me parece muy descabellado todo el jaleo que se ha montado. ¡¡Si hasta una librería ha anunciado que va a retirar la trilogía de sus estanterías!! ¿En serio? Como digo, más allá de descubrir que son tres personas a las que se les atribuye la autoría de una de las trilogías que mejores críticas ha recibido desde que se publicó la primera novela, no me repercute en nada más. Si no he leído antes a Carmen Mola es porque no soy muy fan de las sagas pero aprovecharé ahora para estrenarme y leer La bestia, que además tiene un título brutal.

Y dicho lo cual, hoy vengo a hablaros de la última novela de Antonio Mercero -en solitario-, Pleamar, que he leído este verano. Os cuento un poco.

Las hermanas, Martina y Leandra Müller, han sido secuestradas. Las chicas gestionan un canal de YouTube bajo el nombre de Pleamar, con dieciocho millones de suscriptores. El espacio ofrece un vídeo cada jueves, con un pequeño adelanto los miércoles. Pero los seguidores del canal se han encontrado una sorpresa, un vídeo de cinco segundos en el que se ve a las hermanas amordazadas. ¿Es una broma de las chicas? ¿Se trata de una estrategia de marketing? ¿Acaso pretenden escandalizar para hacerse virales y conseguir así más seguidores? Pues va a ser que no. Lo que se podría pensar como una payasada de las jóvenes se convierte en certeza. Las chicas han sido realmente secuestradas. Están ilocalizables. Sus padres, Tobías y María, dos personas influyentes desde un punto social y mediático, dan la voz de alarma. Él es un cirujano plástico, al que apodan el doctor Milagro. En sus manos se ponen las mujeres más famosas para hacerse algún arreglito. Y ella es una despiadada tertuliana en un programa rosa de la televisión. ¿Quién puede querer hacer daño a las niñas? ¿Es una manera de venganza contra los padres? Todos son incógnitas. Los hechos se irán desarrollando de la peor forma posible. Las agresiones, los asesinatos y la muerte salpicarán a más de un personaje en esta trama.

Y para investigar la desaparición de las niñas tendremos al inspector de homicidios Darío Mur y a la subinspectora Nieves González, dos policías a los que también va a repercutir su situación personal. Lo más inmediato será interrogar al círculo más cercano a las niñas -padres, novios, amigos, representante y, por supuesto, a las demás influencers con las que competían, como Acacia o Sofía Lombo. Ambos inspectores averiguarán que no todo el mundo dice la verdad. ¿Qué esconde cada uno de los personajes? También tendrán que visionar varias horas de contenido del canal de las niñas, descubriendo todo un mundo que, más a Darío que a Nieves, le queda un poco lejos. 

Algunos flashbacks que nos permitirán ir conociendo cómo era la vida de las chicas más allá de las cámaras, qué relación existía entre las hermanas, cómo era la rivalidad con otras influencers, o sus relaciones amorosas. Pero no todo gira alrededor de las jóvenes. ¿Qué pasa con los padres? ¿O cómo van a vivir Darío y Nieves esta investigación? ¿En qué les afecta su vida personal?  Te adelanto que la novela nos tiene guardada más de una sorpresa y un giro brutal que me dejó clavada en el sitio. Todo esto lo descubrirás si decides asomarte a Pleamar.

Temas 

Tengo que decir que, de esta novela, me ha interesado mucho más los temas que toca que la propia trama. La historia que se narra en Pleamar no deja de ser negra, policíaca, con muertes, asesinatos, criminales movidos por la venganza y policías con pasado. Hasta ahí, nada nuevo bajo el sol. La estructura sobre la que se sustenta el argumento no es original pero sí lo es las cuestiones que aborda. 

Me ha parecido interesantísimo todo lo que se cuenta sobre el mundo youtuber porque hay canales y canales. En esta novela se habla de esos espacios que acumulan millones de seguidores, administrados por jóvenes que consiguen popularidad, fama y dinero de forma muy rápida y vertiginosa. La vida de esos influencers, que llegan a convertirse en la imagen de marcas muy reconocidas, que mueven muchos miles de euros y cuya agenda debe estar gestionada por un representante, se reduce al número de seguidores que tienen y a la cantidad de likes que consiguen con cada una de sus publicaciones. Es una competición. Luchan por estar en la cresta de la ola y si su posición se tambalea un poco -pierden seguidores o bajan algún puesto en el ranking- lo viven como un auténtico drama, y llegan incluso a la depresión. ¿Exagerado? Bueno, para ellos, esto es su trabajo, pero es verdad que hay mucha frivolidad alrededor de estos jóvenes que no disfrutan de su día a día ni aunque estén de vacaciones en las playas más paradisíacas del planeta. Su máxima preocupación es hacer la foto perfecta, que los coloque en el número 1, aunque eso implique estar hiperconectados todo el día y vivir como esclavos del móvil, hasta tal punto que algunos tienen que recurrir a terapia de desconexión. Una absoluta locura si su terminal está a punto de quedarse sin batería.

Pleamar nos va a descubrir ese mundo. La novela descorre el telón para dejarnos ver cómo es la vida de estos chicos y chicas, frente a una actividad que, no carente de mucho trabajo y de muchas horas frente a los focos y la pantalla de un ordenador, convierte un mundo virtual en toda una realidad.

Unido a este tema, la novela aborda también la relación entre padres e hijos. ¿Cómo gestiona un padre o una madre que sus hijos adolescentes ganen más dinero que ellos? ¿Cómo soportan el ego, la soberbia, la tiranía de sus retoños? Pero no hay ser un hijo rico para pisotear a un padre o a una madre. En Pleamar vamos a enfrentarnos a la agresividad de los adolescentes, a esos padres que tienen miedo porque, independientemente de la edad que tengan o de la profesión que ejerzan, se ven amenazados por unos hijos incontrolables y rebeldes, títeres de su ira y su rabia. Tengo que reconocer que hay ciertas escenas que me han puesto los vellos de punta. Yo, que no soy madre, me he puesto en la piel de esos padres que sufren día a día el despotismo de los hijos. Y aun así, son padres. Esos hijos son carne de su carne, sangre de su sangre. ¿Hasta dónde pueden aguantar? ¿Hasta dónde está dispuesto un padre a llegar por amor a su hijo?

Y nuevamente, unido a los temas anteriores, tenemos a la familia. Recojo aquí una reflexión que me parece que resume perfectamente parte de los entornos familiares que veremos en esta novela:


«Él creció pensando que la familia era un pilar indestructible para todo el mundo. Ahora le parece que una bomba de racimo ha caído sobre esa venerable institución y las esquirlas saltan por todos lados: hijos que detestan a su madre, madres que escapan de sus hijos, jóvenes que rechazan la autoridad y hasta la existencia de los padres... Padres que no saben si quieren a sus hijos». [pág. 112-113]

 

Por último, dos cuestiones más. Por un lado, el mundo televisivo. A través de María, la madre de las hermanas Müller, veremos qué se cuece entre bambalinas. Hay programas del corazón que tienen mucha audiencia porque, reconozcámoslo, el morbo, vende, y mueve mucho dinero. A los Müller, por una cuestión que no voy a desvelar, les hace falta cash. ¿Es lícito moralmente vender la tragedia personal en un programa de televisión? Ahí lo dejo.

Por otro lado, otro asunto que me ha parecido muy original en el mundo de la novela negra. Me refiero a las prácticas de cirugía estética. En Pleamar, conoceremos a médicos y a pacientes. Los primeros hacen magia con sus manos. Los segundos se quitan unos cuantos traumas tras pasar por quirófano. ¿Realmente la cirugía estética es la solución a tus problemas? ¿Que patología hay detrás de todas esas personas que ya no parecen ellas mismas con tanta operación?

Personajes

Entre las páginas de Pleamar se van a pasear unos cuantos personajes. Todos están bastante bien trazados y responden con verosimilitud al perfil que representan. Pero me voy a centrar en los dos inspectores.

Darío Mur es un hombre triste y gris, de costumbres fijas. Casado durante veinte años, su mujer lo abandonó porque se enamoró de otro hombre. Aquella ruptura sentimental le hizo caer en picado. Dejó todo atrás y decidió marcharse a otro lugar para cumplir el sueño de escribir una novela. Si lo consigue o no, lo dejo en el aire. Pero, la vida viene como viene. Por diversas circunstancias, Darío tiene que reincorporarse a su puesto de trabajo y hacerse cargo de su hija adolescente. Ángela es un hueso duro de roer. Darío lo va a pasar muy mal. No entiende cómo el mundo y su vida ha llegado a este punto. No comprende los valores de la gente joven de hoy día, no conecta con ellos, se siente totalmente fuera de lugar. A su vez, es un hombre reservado, al que le pesa la soledad, pero que también necesita liberarse y quitarse pesos de encima. 


«He descubierto que callarme me hace daño y proclamarlo a los cuatro vientos me sirve de exorcismo». [pág.40] 


Le angustia la idea de no ser un buen padre. Le oprime la teoría de que, todo lo que le ha ocurrido en la vida -su divorcio, la relación con su hija- sea culpa suya.

En cuanto a Nieves, la subinspectora tiene treinta y siete años. Es una mujer que encaja mucho mejor que su compañero en estos tiempos. Alegre y jovial, también tiene un gran peso sobre sus espaldas. Sufrió abuso sexual en su destino anterior. Lo denunció y eso la ha condenado al recelo. Diría que le afecta mucho más la actitud que tienen sus compañeros con ella que el propio abuso en sí. Pero, a mi juicio, es un personaje algo contradictorio. A pesar de haber sufrido acoso por un conocido, le gusta citarse con otros hombres a los que no ha visto nunca a través de páginas de contactos. ¿Por qué lo hace? La profesión de policía quema mucho. No debe resultar fácil ver cada día las miserias humanas, comprobar cómo de mezquino y ruin puede llegar a ser el hombre. Por eso necesita darse una alegría de vez en cuando y su manera de escapar es esta, el sexo ocasional. Esta necesidad convierte a Nieves en un personaje de carne y hueso, con debilidades y momentos de bajón. También veremos a una mujer que sabe sobreponerse al pasado y sacar lo mejor de sí misma en el terreno profesional, a través de su inteligencia y su perspicacia.

Estructura y estilo

Estructurada en cuatro bloques y con capítulos cortos, Pleamar se lee con agilidad. La alternancia de capítulos, entre lo que ocurre en el presente y lo que ocurrió en el pasado -dos meses atrás- nos permite hacer una composición total de toda la trama. Además, es una novela muy visual, probablemente fruto de la trayectoria de Mercero como guionista. Sería una novela perfecta para llevarla al cine. Por otra parte, y dado que toca temas con bastante enjundia, Pleamar está bien documentada. Se nota que el autor ha indagado en ciertos temas de peso, en los que profundiza, tal y como nos comentó en la entrevista que puedes leer aquíy de los que he aprendido mucho. ¿Sabías que los influencers tiene representante? Yo no tenía ni idea.


En definitiva, poco más os puedo contar. Pleamar esconde una trama negra, llena de venganza, celos, infidelidades, chantaje que me ha gustado leer. Insisto en que sus temas me han parecido originales y novedosos, y eso ha contribuido a que la lectura haya sido más grata. Por cerrar esta reseña, me gustaría dejaros con una cita que no tiene desperdicio.


«El mundo se ha banalizado hasta un punto que no admite vuelta atrás. Dos hermanas se hacen famosas grabando vídeos de una estupidez sonrojante. Se convierten ídolos para millones de personas, son admiradas, perseguidas, imitadas, anuncian marcas de ropa, de bolsos, de relojes, adquieren la categoría de embajadoras de tiendas, de restaurantes, de agencias de viaje. Ganan cantidades astronómicas de dinero porque la estupidez, si es jaleada por muchos, se transmuta en un talento que hay que proteger como un tesoro. La exhibición de la vida personal ha convertido las redes sociales en escaparates de postureos ridículos y de felicidades prefabricadas. La búsqueda desesperada de likes, de seguidores y de comentarios favorables alcanzan proporciones grotescas. Las clínicas de cirugía estética tienen listas de espera porque todo el mundo persigue la eterna juventud. Las aplicaciones para ligar en internet ganan más y más terreno y sepultan para siempre los viejos juegos de seducción, las indirectas, el cruce de miradas, la sutileza». [pág. 377]


Y por cierto, Antonio Mercero, muchas felicidades. A ti, y al resto de premiados.

[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

Puedes adquirirlo aquí:



martes, 20 de abril de 2021

ANTONIO MERCERO: ❝Es posible que esta generación de jóvenes sea la más estresada de la historia❞

Por ahí hablan de Generación EGB, Generación X, Generación Z, Generación Y,... Pues yo soy de la Generación Mercero. No hay nada que mejor me defina. Así que no os podéis imaginar la ilusión que me ha hecho hablar con Antonio Mercero, hijo del popular director de cine que, entre otros muchos trabajos, inmortalizó un verano en un pequeño pueblo de Málaga, para el resto de nuestras vidas. Guionista y novelista de profesión, Antonio Mercero inició su andadura junto a su padre en Farmacia de Guardia. Pero son muchos los proyectos que avalan su trayectoria, como la series Hospital Central, Hache o las películas La Vergüenza, Quince años y un día, Invisibles, sin olvidar Felices 140, con la magnífica Maribel Verdú a la cabeza, que tanto disfruté.

Como novelista, se echa a la espalda cuatro títulos, dos novelas conclusivas y una saga protagonizada por Sofía Luna, una policía trans, de la que ya lleva dos entregas. El autor madrileño acaba de publicar Pleamar,  novela con la que inicia nueva saga con la pareja de investigadores Darío Mur y Nieves González. Como primer caso, tendrán que enfrentarse al secuestro de dos jóvenes influencers. Martina y Leandra Müller tienen un canal de YouTube de nombre Pleamar, que cuenta con  un millón de seguidores y donde hablan de sus vidas. Son tan populares que alguien, un criminal que intenta sacar tajada de la fama de la niñas, las secuestra y... Bueno, no os cuento más sobre la trama. 

En su lugar, os dejo la entrevista con el autor de esta nueva novela negra que ahonda en temas de total actualidad, con la que pretende hacernos reflexionar sobre el mundo en el que posamos los pies.

©Marta Mercero
Marisa G.- Antonio, no deja de ser llamativo que, teniendo encarrilada una saga de novela negra, de la que ya llevas dos entregas, inicies una nueva.

A.M.- Sí, es verdad. Bueno, me apetecía cambiar. Es cierto que de la saga anterior, protagonizada por Sofía Luna, una policía trans, ya hay dos entregas publicadas, El final del hombre y El caso de las japonesas muertas, pero no quería centrarme únicamente en ella, y más ahora que estoy preparando la adaptación televisiva. 

M.G.- Pleamar es una novela que gira alrededor de la desaparición de dos hermanas que administran un canal en YouTube. Te metes en ese mundo de vídeos, de retransmisiones en directo, de influencers con toda su cohorte de seguidores. Un mundo en el que uno se encuentra de todo, en el que hay mucha tela que cortar.

A.M.- Sí que hay mucha tela que cortar. El mundo de YouTube es como un pozo sin fondo, en el que uno puede encontrar de todo. Hay cosas que son interesantes, y que aportan algo, eso no lo podemos negar, pero en la mayoría de los casos, no deja de ser una ventana por donde uno van contando su vida. Pero si lo hace es porque hay otras muchísimas más personas que tienen un cierto interés.  

M.G.- Hay de todo. Yo misma sigo algunos canales, trasteo por la red, pero hay veces en que lo que vemos roza lo sórdido. ¿No crees que, como sociedad, se nos está yendo de las manos este canal de comunicación?

A.M.- Sí, a mí me preocupa. Como padre, he visto a mis hijas enganchadísimas a vídeos de YouTube, muchos de ellos insustanciales o directamente tontos, y sin embargo, tienen un éxito brutal. El término «influencer» ya no está indicando lo que hay detrás, esa influencia que ejercen sobre la audiencia, sobre los jóvenes. Influyen en sus conductas, en su escala de valores, en sus aspiraciones. Y sí, me parece preocupante. Además, una de las partes negativas de la proliferación de estas redes es la infantilización de la vida, en general, y la banalización de la cultura. Esa es una de las cuestiones sobre las que reflexiona mi protagonista. Darío Mur es muy tradicional, muy culto y no es capaz de entender cómo ha cambiado el canon a la hora de valorar la fama. Ahora ya no hace falta destacar en alguna disciplina ni ser virtuoso. Basta con ser simpático, fresco y guapete. Con eso puedes conseguir un montón de seguidores y ser un referente. Eso es un riesgo, aunque las redes también tienen sus ventajas. De todos modos, creo que todo esto está marcando mucho la forma que tenemos de relacionarnos, no solo en lo referente a los amigos, sino también en relación a las parejas y a los padres e hijos. Esa es la reflexión a la que yo quiero llegar con este auge de las redes sociales. Ese es el trasfondo de esta novela que, por otro lado, no deja de ser criminal y policíaca.

M.G.- Me voy a poner extremista. Teniendo en cuenta lo que vemos en YouTube y que hay mucho loco suelto, ¿sería muy descabellado pensar que la trama de tu novela podría darse en la realidad? Hablamos del secuestro de dos jóvenes que se ganan la vida con sus vídeos sí, pero de dos jóvenes famosas, muy mediáticas, y que ganan mucho dinero.

A.M.- Bueno, todo es posible.

M.G.- Te lo pregunto porque he hecho una búsqueda rápida en Internet y encuentro los siguientes titulares: «Muere en directo una mujer a la que un influencer roció con gas pimienta y echó a la calle semidesnuda», «Una 'influencer' tiene citas a ciegas con los chicos que eligen sus amigos y las retransmite en directo en Instagram», «Una 'influencer' retransmite en directo por error un encuentro sexual con su novio». Esto es para echarse las manos a la cabeza.

A.M.- Vivimos en la tiranía del clic, en la búsqueda de seguidores a toda costa, en la necesidad de llamar la atención del público, en un mercado que está muy atomizado y lleno de propuestas. Y empujados por todo eso, somos capaces de cualquier cosa. Estamos enseñando aspectos muy privados de nuestra vida, estamos recurriendo al sensacionalismo para conseguir atraer la curiosidad del espectador. Todos esos excesos ya se están produciendo. El «Me gusta» es una tiranía total. Ahora se mide tu éxito en función del número de seguidores que tienes, del impacto que generas, de los clics en tus contenidos. Todo esto está generando una revolución.

M.G.- Hablas de aspectos privados de nuestras vidas, tan privados que yo he llegado a ver la retransmisión de un parto, y no en un canal médico, precisamente. Pero es que, encima, parecía guionizado.

A.M.- Fíjate. Y hay gente que airea sus enfermedades y sus ingresos hospitalarios. Todo lo que antes era privado y casi tabú, ahora pasa a ser pasto del espectáculo. Es así.

M.G.- ¿Y tú cómo has hecho para empaparte de este mundo? ¿Qué has hecho para retratar ese lado oscuro de las redes? ¿Con quién has hablado?

A.M.- Pues con muchos influencers, instagramers, youtubers. He leído mucho sobre el tema y también he meditado. Antes de escribir sobre este tema concreto, tenía que saber qué pensaba exactamente y tenía que destilar mi propia opinión. No me gusta deslizar mi opinión directamente en la novela, aunque sí he querido mostrar un fresco, para llevar al lector a hacerse preguntas y que piense sobre lo que estamos viviendo. Me he limitado a exponer unos hechos, un trasfondo social muy poderoso, como es el auge social de las redes, para proponer al lector que piense sobre este tema, un asunto que me parece importante y crucial hoy día. Hay un cambio de paradigma en la forma de relacionarnos con la información, con el espectáculo y entre nosotros. Es un tema que tiene un montón de derivadas.


M.G.- ¿Y cómo son estos jóvenes con los que has hablado? ¿Qué te has encontrado? 

A.M.- Recuerdo una instagramer que me contaba cómo sus padres la obligaban a seguir estudiando su carrera. Le decían que todo esto es muy efímero y que, al final, iba a terminar siendo desplazada por otros más jóvenes que vienen detrás. Pero como ella está arrasando y está ganando dinero a una edad muy temprana, siente que esto es Jauja. Sin embargo, llegó a un pacto con los padres, compaginar el canal con su carrera. 

Este mundo es muy competitivo y no es fácil vivir de esto. En realidad, es una profesión muy dura porque son muchas horas delante del ordenador, subiendo contenidos, cuidando tu canal, tu perfil. Ellos te cuentan que es una profesión muy vigilada porque no puedes perder impacto ni seguidores. Tienes que tener mucho cuidado con lo que publicas. Si vas a los toros y subes una foto, pierdes a todos tus seguidores anti-taurinos. Se lo toman muy en serio. Sobre todo porque llegan a ser imagen de ciertas marcas. 

Y luego está la ansiedad que provoca vivir pendiente todo el día de las redes, del móvil. Hay jóvenes que ha acabado en urgencias con una crisis de ansiedad porque han perdido el móvil. Son esos casos de adicción a las nuevas tecnologías que todos conocemos. 

Después de hablar con mucha gente y leer mucho, como escritor, he puesto mi propia imaginación. He recreado un mundo, porque esto no deja de ser una novela. He procurado que todos los ingredientes estén bien integrados en la historia y he intentado conseguir un resultado equilibrado. Por un lado, la reflexión sobre las redes, y por otra parte, una historia policiaca, con giros, absorbente, trepidante. 

M.G.- Y con una pareja de protagonistas que son muy distintos.

A.M.- Así es. Me he preocupado de que haya mucho contraste entre ellos. Me interesaba tener a Darío Mur, un hombre más viejuno, que no entiende nada de las redes sociales, ni de que se pueda alcanzar la fama por esas vías, con vídeos tan frívolos. En cambio, su compañera, la subinspectora Nieves González, es más joven, usa redes, entiende este mundo, liga por Internet. Me parece que es una pareja que representa muy bien las dos generaciones: la mía que es la que ha visto la irrupción del teléfono móvil y ha tenido que asomarse como buenamente ha podido a este mundo, y la de los jóvenes que han nacido con el móvil debajo del brazo. Ahí hay un abismo generacional mucho más marcado que en otras épocas.

M.G.- Has hablado de relaciones personales. Darío tiene una hija adolescente, con la que tiene sus más y sus menos. Padres que no entienden cómo sus hijos pueden estar más pendientes de un móvil que de la conversación que se tiene en casa a la hora de las comidas.

A.M.- Sí, Darío tiene una hija muy conflictiva que roza la delincuencia. No es la edad del pavo, sino una cosa mucho más chunga. De hecho, en la novela sale un tema muy silenciado, los malos tratos de hijos a padres, que no deja de ser un drama que viven muchas familias. Le  he puesto este conflicto a mi protagonista porque me gusta que mis personajes tengan vida, que no sean solo una herramienta de investigación y se dediquen únicamente a atrapar al malo. No, prefiero que tengan también problemas personales porque eso enriquece la novela. Luego, esa relación entre padres e hijos, esa niña que está tan metida en ese mundo me ayuda a reflexionar. Yo también me he hecho preguntas. Por ejemplo, ¿es posible que los jóvenes de hoy estén más estresados que los de otras generaciones? Están en contacto con vidas demasiado perfectas, mientras que las suyas no lo son, y eso genera mucha frustración, estrés, ira, cabreo. ¿Puede que estén más tensos por todo esto?, ¿porque no soy tan popular como otros? Ahora existe una barra de medir la popularidad que antes no teníamos y que, como he dicho, se limita al número de seguidores que tienes en tus perfiles, o a las visualizaciones en tus vídeos de YouTube. Es posible que esta generación de jóvenes sea la más estresada de la historia. Y eso repercute en las relaciones con los padres.

M.G.- Pero Antonio, no olvidemos que ese enganche al móvil es un problema que también afecta a los adultos. No hay más que mirar alrededor. Todo el mundo va con la cabeza gacha, mirando el móvil.

A.M.- Sí, sí, todo el mundo. Es el pasamiento nacional. Los vemos en todos sitios, en el metro, en el autobús, en una sala de espera. Estoy totalmente de acuerdo contigo. 

M.G.- Pues ahora, quiero centrarme también en dos personajes que me parecen muy interesantes. La madre de las jóvenes secuestradas, es una tertuliana de un programa de corazón, de una conocida cadena de televisión. Que eso es otro mundo aparte. Para escribir otra novela más.

A.M.- Sí, y me sirve para reflexionar sobre como todo se puede convertir en espectáculo. Todo se puede monetizar, un verbo que ha surgido a raíz de estos canales. Esta mujer es tertuliana y a ella le ofrecen un dinero por explotar la tragedia de sus hijas. Llega a planteárselo seriamente porque le ofrecen mucha pasta. Es una manera de mostrar hasta dónde está llegando el circo de vender toda nuestra vida, toda nuestra intimidad, incluso nuestro dolor. Nuestra tragedia vale dinero para una cadena de televisión. Ese personaje me permite criticar eso.

Y el padre de las niñas es un cirujano estético, una profesión que entra bien con el contexto. Hablamos de la persecución de la eterna juventud y ahí entra de nuevo esa idea de vidas perfectas, muy vinculado a la imagen de eterna belleza, a cualquier edad. No importa la edad que tengas, te operas y recuperas juventud. 

M.G.- ¿Y qué me dices de la representante de las niñas? No contaba yo con ese personaje. No tenía ni idea de que un influencer pudiera llegar a tener hasta representante.

A.M.- Es una figura esencial en sus vidas. Empiezan a ganar bastante dinero desde muy temprana edad y necesitan a alguien que les lleve sus carreras, llenas de eventos, de bolos, de contratos. Necesitan un representante a partir de cierto nivel de caché. El personaje de Anelis es muy bonito, a mí me gusta mucho. Tiene un lado codicioso porque ve en estas niñas una mina de oro, pero también es una especie de mamá, que tiene que estar vigilando sus caprichos porque no dejan de ser niñas muy jóvenes con antojos. Es una figura interesante.

M.G.- Madre mía, qué cosas. Bueno, y cambiando un poco el tercio. A la hora de escribir novelas y guiones, ¿tú sientes que vuelcas las enseñanzas que te dejó tu padre en herencia?

A.M.- Sí. Como guionista empecé con mi padre en Farmacia de Guardia, en el año 93 o 94. Él fue mi primer maestro. Me enseñó a escribir guiones, a enganchar, a estructurar. Mi padre ha sido mi academia durante estos veintisiete años que llevo ya de profesión. Y todas sus enseñanzas también las aplico en mis novelas porque, como los guiones, la novela tiene que tener un gancho, tiene que interesar desde la primera página, contar con giros cada cierto número de páginas, que los personajes tengan un arco, e ir dosificando las sorpresas. Todo eso son herramientas de guion. Y, por supuesto, los finales. En un guion y en una novela, un buen final es fundamental. Siempre busco finales sorprendentes, como el que tiene este libro. 

M.G.- Ahora sé que estás con a la adaptación de tu novela, pero también con la de Carmen Mola, con La novia gitana. Aburrirte no te aburres.

A.M.- No, no, son dos trabajos de guiones a la vez que me absorben mucho tiempo, pero estoy muy feliz. Son novelas muy buenas, aunque esté mal decirlo de la mía, pero sí, son dos proyectos muy bonitos.

M.G.- ¿Y cuándo veremos la de Carmen Mola en la tele?

A.M.- El año que viene.

M.G.- Y ya sé que es pronto para preguntarlo pero, si ahora estás trabajando con la adaptación de Sofía, ¿eso implica que Darío y Nieves tardarán en volver? 

A.M.- Ahora tengo mucho trabajo. No sé cuándo me podría poner con ellos de nuevo porque a mí una novela me lleva su tiempo. Soy muy riguroso cuando escribo una historia, me gusta dejarla descansar, luego retomarla. Pero también es verdad que me gusta esta pareja de investigadores y me gustaría hacerles dar otro paso, pensar en otro tema de reflexión. Pero, poco a poco.

M.G.- Pues disfrutemos de momento de Pleamar, mientras llegan esas adaptaciones. Antonio, muchas gracias por atenderme.

A.M.- Muchas gracias  a ti. 

Sinopsis: Las hermanas Müller cuentan cada jueves su vida a millones de seguidores en el canal de YouTube Pleamar, pero en el vídeo de esta semana aparecen amordazadas y maniatadas, en un lugar oscuro, y llorando desesperadamente. Las visualizaciones crecen por horas sin que nadie sepa si va en serio o es una broma macabra. Los padres denuncian la desaparición y el caso es asignado a una extraña pareja de investigadores: Darío Mur, divorciado y enamorado de la literatura clásica, y Nieves González, adicta a las citas online y víctima de acoso en la comisaría. Cuando la muerte de Martina Müller es retransmitida en directo, Darío se enfrentará al mundo de los influencers, al que su propia hija es adicta y que la ha convertido en una chica violenta y conflictiva.


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