Autor
Natasha Solomons es una novelista y dramaturga británica además de estudiosa de la literatura, especializada en la poesía del siglo XVIII. Su primera novela, Mr. Rosenblum sueña en inglés, fue todo un éxito literario. Fue traducida a más de una decena de lenguas y resultó finalista del premio Galaxy National Book. Asentada y enamorada de Dorset, en todas sus obras aparece descrita con un destacado lirismo su campiña. Para escribir La viola de Tyneford House se inspiró en la vida de su tía Gabi Landau.
Sinopsis
Primavera de 1938, Viena ha dejado de ser un lugar apacible: gobiernan los nazis. La única salida es marcharse, pero no es fácil. Elise Landau lo consigue por medio de un anuncio de trabajo: en la mansión isabelina de Tyneford, en la lejana Inglaterra.
Hija de un escritor y de una cantante de ópera, hermana de una virtuosa instrumentista, mimada desde su infancia, tendrá que trabajar de doncella. Elise, que siempre tuvo servicio en casa, no sabe cocinar , ni dar brillo a la plata, ni cera a los suelos, ni servir el té. Tampoco se maneja bien en inglés.
En Tyneford se enfrentará a los celos y las envidias, a las humillaciones clasistas, pero también descubrirá el amor. Sus únicos lazos con su hogar son las cartas de su hermana y una viola en la que su padre escondió un manuscrito antes de partir. La guerra se acerca, el mundo está cambiando y Elise También.
"Una elegía de un mundo perdido, dichosamente conmovedora y completamente romántica". The Times.
Hace algún tiempo os presenté esta obra de Natasha Solomons. Tenía muchas ganas de leerla, así que me puse con ella en cuanto tuve oportunidad y hoy os traigo la correspondiente reseña.
Para empezar, quisiera comentaros que la cubierta de este libro me resultaba prometedora. Esa vista parcial de un cuerpo femenino portando una maleta de aspecto antiguo, con una mansión al fondo me inspiraba una historia cargada de aventuras. Luego leí la sinopsis y mis ansias aumentaron. Notaba entre sus páginas un cierto hálito de las obras de las hermanas Brönte aunque la historia se desarrollara en un contexto temporal distinto. Siendo como soy tendente a la literatura inglesa del siglo XIX no veía el momento de sentarme a navegar por su páginas.
Sin embargo, más que navegar tengo que confesar que he naufragado. No entiendo qué me ha podido ocurrir con esta obra. Todo parecía perfecto. La época, la ambientación, la trama,... pero no he conseguido conectar en ningún momento. Cuando nos ocurre algo así, el lector tiende a desprestigiar obra y autor, al fin y al cabo es lo más sencillo. Pero después de reflexionar muchísimo y de darle mil vueltas al enfoque de esta reseña, he tomado la decisión de romper una lanza en favor de Natasha Solomons y su viola de Tyneford House. Las razones son bien sencillas. Imaginaos que en vez de un libro hablamos de una tarta. Tiene un aspecto apetecible, un bizcocho jugoso y tierno, y una cobertura de chocolate que tienta a cualquiera. Todo el que la prueba se derrite de gusto pero cuando llega tu turno descubres que no te gusta en absoluto. ¿De quién es el problema? Quizás tu paladar no esté en su mejor momento. Creo que esto mismo es lo que me ha ocurrido con La Viola... No la he leído en el momento apropiado.
Muchos son los compañeros que han reseñado este libro (os dejo un listado abajo) y a todos les ha parecido una novela maravillosa pero yo no he llegado a sentir lo que en principio esperaba de este libro. ¿Tenía unas expectativas demasiado altas? Probablemente. La cuestión es que cuando esperas mucho de un libro puede ocurrir a veces que te quedes medio vacía.
En cualquier caso, y aun siendo consciente de que el problema puede estar en mí, no voy a dejar de lado mis impresiones ni positivas ni negativas, ni buenas ni malas. Así que vamos a ello.
La trama nos desvela los avatares por los que la protagonista, Elise Landau, una chica judía de clase acomodada y afincada en Viena, tiene que pasar al cambiar de residencia y mudarse a un pueblo de Inglaterra para huir de las consecuencias que sus creencias religiosas puedan ocasionarle durante la Segunda Guerra Mundial.
Entrará al servicio de la familia propietaria de Tyneford House compuesta por el señor Christopher Rivers y su hijo adolescente Kit. Entre los dos jóvenes se fragua una amistad que desembocará en algo más. Hasta aquí, todo perfecto. Una historia cargada de aventuras y amor.
La vida de Elise en Viena, al amparo de su padre -Julian, escritor-, su madre -Anna, cantante de ópera- y su hermana -Margot, músico-, es la parte que más me ha gustado de la novela porque cuando llega a su destino en Inglaterra su vida y sus relaciones con los señores y los demás criados no me parecen factibles. Es cierto que Elise no es una doncella al uso, pero aún así me parece poco creíble los hilos que se hilvanan entre ella y el resto de los personajes.
La vida en Tyneford House recuerda mucho a aquella serie inglesa titulada Arriba y Abajo o bien a otra mucho más moderna, Downton Abbey, en la que podemos ser testigos de los distintos tipos de vida de los criados y señores. Dos series que ocupan los primeros puestos de mis preferencias televisivas y que por lo tanto añaden un punto a favor de la lectura de esta obra.
Pero luego me he topado con diálogos que me superan. Especialmente el que mantiene Elise con un personaje llamado Poppy sobre el sexo y las relaciones sexuales. Además hay expresiones que suenan raras con motivo de la traducción, bailes de letras,... Me ha extrañado que la protagonista se dirija a sus padres por sus nombres de pila, algo que al principio me desorientó porque llegué a pensar que no existían entre ellos lazos familiares. Elise adopta a veces una actitud infantil cuando se encuentra en compañía de Kit y este último también me ha parecido un poco irresponsable e inmaduro. En fin, que al margen de que yo no haya sabido sacar partido a la obra, creo que también hay ciertos aspectos que se podrían mejorar.
Pasando a la acera del positivismo, he disfrutado con las descripciones que Solomons hace de la campiña inglesa. Se nota a legua que disfruta de esos parajes y como ella misma confiesa le gusta la vida campestre. Ese olor a brezo en el ambiente despierta mis sentidos aunque no haya olido el brezo jamás en mi vida, al menos que yo sepa.
Por otro lado, adoro las descripciones que hace de Viena y concretamente del Hotel Sacher y su famosa Sachertorte, que tantos recuerdos me trae. Este pastel es una delicatessen que hay que probar si se visita la ciudad austriaca.
Al margen de contaros que está narrado en primera persona, dividida en 26 capítulos y que la prosa de la autora me parece sencilla, poco más os pudo decir. Si un libro no me llega al corazón, no me gusta desmembrarlo. Tan solo comentaros que Solomons nos detalla en las Notas de la Autora al final del libro, las curiosidades que rodean esta historia, como por ejemplo la verdadera identidad de Elise Landau, así como el lugar exacto en el que esta historia transcurre.
El hecho de que yo no haya sabido conectar con la trama o no me haya dejado seducir por los personajes no quiere decir que la obra sea de poco nivel. Creo que es una obra que os puede gustar a muchos de vosotros pero que quizás cometí el error de poner el listón demasiado alto. Como os dije antes, hay muchos compañeros que han reseñado la novela con críticas muy positivas, entre ellos:
* Serendipia
* Olor a libro nuevo... y café
* Un libro bajo la almohada
* Historia de un caracol
* Mi vida sin libros
No dejéis de pasar por estos blogs para tener otra perspectiva distinta a la mía.
Y si queréis leer saber más sobre esta obra, pinchad aquí y llegaréis a una entrevista a la autora (en inglés).
Agradezco el envío del ejemplar a:





