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viernes, 14 de diciembre de 2018

NADA QUE NO SEPAS de María Tena

Resultado de imagen de nada que no sepas de maria tena
Editorial: Tusquets
XIV Premio Tusquets Editores de Novela.
Fecha publicación: noviembre, 2018.
Precio: 18,00 €
Género: Narrativa.
Nº Páginas: 224 
Encuadernación: Rústica con solapas.
ISBN: 978-84-9066-614-2
[Disponible en ebook;
puedes empezar a leer aquí]
Autora

María Tena (Madrid, 1953) pasó su infancia en Dublín y Montevideo. Es licenciada en Filosofía y Letras, en la especialidad de Literatura Hispánica, y en Derecho. Su vida profesional en la administración pública se ha movido siempre en torno a proyectos culturales o educativos. Colaboradora habitual de revistas literarias, tanto en papel como en la red, donde ha publicado cuentos, artículos y entrevistas, es autora de las novelas Tenemos que vernos (finalista del Premio Herralde 2003), Todavía tú (2007), La fragilidad de las panteras (finalista del Premio Primavera de Novela 2010) y El novio chino (Premio Málaga de Novela 2016). En la actualidad es miembro del consejo editorial de la revista Galerna y profesora de narrativa en la Escuela de Escritores de Madrid. Con Nada que no sepas, María Tena se ha alzado brillantemente con el XIV Premio Tusquets Editores de Novela 2018.

Sinopsis

En plena crisis de pareja, la narradora de esta novela vuelve al episodio que marcó el final abrupto de su adolescencia y de los años más felices de su familia: la muerte inesperada de su madre en un desconocido Uruguay de finales de la década de los sesenta, cuando nada, aparentemente, turbaba una vida que transcurría entre fiestas elegantes al aire libre, días en la playa o animadas celebraciones. Obsesionada por aquel final, la protagonista regresa, muchos años después, al reencuentro con amigas de la infancia, con las mujeres que conocieron a su padre, fascinante y seductor, y con aquellos que puedan contarle por qué ella y su hermano tuvieron que partir para España apresuradamente tras el fallecimiento de la madre.

[Información tomada directamente del ejemplar]


Así empieza Nada que no sepas:



[Lectura de las páginas 15 a 17 de la novela;
música: 'Tired of life' de Meydn. Free Music Archive]


Hay novelas que parecen escritas para una misma. Es lo mismo que ocurre a veces con las canciones, cuando nos parece que determinadas letras describen punto por punto un momento emocional propio y exacto. Así me he sentido con Nada que no sepas, la nueva novela de María Tena y con la que ha recibido el premio Tusquets Editores de Novela. Veréis, los hechos que se esconden entre las páginas de este libro no tienen nada que ver con mi vida pero otra cosa muy distinta son las emociones y los sentimientos que provoca su lectura. Ahí, la cuestión cambia radicalmente hasta el punto de tener la libreta donde voy tomando apuntes llena de expresiones de sorpresa, de exabruptos entre exclamaciones que van seguidos del inicio de párrafo y la página en la que figura el texto. Prácticamente todos mis notas van en ese sentido, pues en esta novela me he descubierto a mí misma a través de los pensamientos de su protagonista, a través de su relación con sus padres, a través de sus recuerdos de infancia.

Y es que Nada que no sepas es una novela de familias, de memoria y de pasado. Ya lo comentaba con María el día que pude conversar con ella (puedes leer la entrevista aquí), que es muy fácil conectar con esta historia porque cada uno de nosotros tiene precisamente eso, familia, memoria y pasado, todo ello con sus luces y sus sombras, con sus recuerdos imborrables y otros que son mejor enterrar bien profundo, con un pasado que, de algún modo u otro, ha condicionado nuestra edad adulta.  

En Nada que no sepas encontramos a una narradora, una voz femenina que retrocede en el tiempo a una época de su vida en la que residió con sus padres y su hermano Tomás en Uruguay. Eran los años 60. Han pasado cuarenta desde la mañana que cambió su vida para siempre. Contaba entonces con trece años de edad, cuando al despertar un día, notó un ajetreo constante en la casa. Algo había sucedido pero nadie le decía el qué. Tenía que ser lo suficientemente grave para que la tía Blanca cogiera un avión desde Madrid y se plantara al otro lado del charco de imprevisto. Y así, sumida en una situación de caos total, la protagonista se ve empujada a preparar la maleta cuanto antes con la intención de regresar a España en aquel mismo instante. Marcharse era lo único importante en ese momento. Estaba de más si ella y su hermano Tomás iban despeinados o mal vestidos. Esas cuestiones solo preocupaban a su madre, a Lucía, una figura que incomprensiblemente estaba ausente aquella mañana. ¿Dónde estaba la madre en ese momento de confusión? Los niños habían desayunado el día anterior con ella, se habían despedido antes de marcharse al colegio y habían oído cómo ella  anunciaba una excursión con una amiga. Pero fue una despedida extraña, casi premonitoria. La madre no estaba aquella mañana de las prisas. Tampoco hacía mucha falta preguntar. 


Uruguay quedó atrás. España fue el hogar de la narradora desde aquella mañana, un país en el que creció, terminó sus estudios, se casó con Álvaro y tuvo dos hijos, Guille y Patri. Ahora, en plena crisis matrimonial, y sin haber perdido totalmente el contacto con su pasado, la narradora se plantea regresar al lugar de su infancia para buscar la respuesta a todas las preguntas que quedaron sin hacer aquella mañana de la huida.

Y así coge un avión para reunirse con Inés y Ana, sus amigas más íntimas de entonces, para hablar con Claudia, Ulla, con todos los amigos de sus padres que aún viven en Uruguay, y por supuesto también con Yuyo, el hermano de Ana, un miembro del Movimiento de Liberación Nacional, personaje que adquiere presencia y protagonismo hacia el final de la novela, figura clave en esta historia de búsqueda y en la que nuestra narradora pretende averiguar qué fue de su madre, por qué no le dijeron que había fallecido, cómo ocurrió todo y por qué no la dejaron asistir al entierro ni verla en su ataúd. Nada que no sepas, un título desde el que ya se nos dice todo, es el reflejo de una necesidad, la de la protagonista que lleva años intentando llenar los espacios en blanco que su padre y su entorno dibujó un día en su vida, y en esa indagación encontrará más de lo que buscaba. 

Estamos ante una novela de silencio acordado. Hay temas de los que no se puede hablar y que llevan envueltos en un halo de misterio hace muchos años. Ese secretismo genera en el lector la misma necesidad que padece la narradora. Nosotros, a este lado de las páginas, también queremos saber. Nos intriga sobremanera todo lo que le ocurrió a Lucía porque es un personaje tan enigmático que prácticamente suplanta el protagonismo de su hija, transmisora de esta historia. Y es que aquella mujer, esposa y madre, llegó a un país en el que las mujeres mostraban sin pudor alguno su espalda en traje de baño, un país en el que las fiestas se sucedían una tras otras y donde, como dice María Tena, todos los días eran domingo. Aquel mundo uruguayo sorprendió a Lucía, lleno de esplendor, la fascinó, especialmente porque ella procedía de la dictadura española, donde se vestía de manera recatada y donde las fiestas más sonadas eran las de guardar. Pero ese mundo mágico que se abría ante ella estaba envenenado, de ahí que cambiara su carácter, que se refugiara en su propia burbuja sin querer mirar, en una profunda tristeza que solamente pareció romperse los últimos días de su vida. ¿Qué le pasó a Lucía?  

Nada que no sepas es una historia intimista en la que resulta inevitable ver a la propia autora. A priori, y sabiendo que María Tena vivió en Montevideo durante algunos años, es inevitable pensar que estamos ante el retrato de su propia vida y sin embargo, para nuestra sorpresa, no es así. Confiesa la autora que, partiendo de una situación real, su estancia en Montevideo que le ha servido para retratar la Uruguay de la época, ha creado una ficción, ha ideado para sus padres otra vida distinta a la que realmente vivieron o no, pues, ni siquiera ella está segura. Pero, sea como fuere, lo que es cierto es que la novela tiene un grado de verosimilitud tan rotundo que en ningún momento dudas de la certeza de los hechos, algo que la autora denomina verdad literaria.

Y si decía antes que me he visto reflejada en esta novela es por varios motivos. Uno de los principales tiene que ver con mi propia memoria y mis propios recuerdos, porque me he visto siendo una niña, testigo mudo de las conversaciones de adultos, intentando cazar al vuelo algo que me abriera los ojos, me ayudara a entender un porqué que se me escapaba. Sin embargo, al igual que le ocurre a la protagonista, basta con sumar un año tras otro para que aquellos gestos, palabras y situaciones incomprensibles a temprana edad, cobren todo su significado en nuestra madurez. 
Por otra parte, hay reflexiones que a mí me han llovido del cielo en el momento de la lectura. La narradora retrata la relación con sus padres, indaga sobre sus vidas, se hace preguntas, y todo ello coincide en el tiempo con mi propia búsqueda, mis propias reflexiones y mis propias preguntas. De ahí que en mi libreta de notas figuren textos copiados íntegramente de la novela, enmarcados en un círculo rojo y escoltados por grandes exclamaciones. Entiendo que todas las emociones que he sentido durante la lectura responden a mi situación personal y es probable que no todo el mundo sienta esta novela igual, pero me atrevo a decir que todos tenemos unos padres y todos nos relacionamos a nuestra manera con ellos, así que, todo el proceso por el que pasa la protagonista no distará mucho del de cada lector.

Y no quiero cerrar la reseña sin hablar de Uruguay, de aquella Suiza de América. Nada que no sepas, está escrita en primera persona -como no puede ser de otro modo- y está estructurada en veintiocho capítulos divididos en dos bloques, dos secciones que corresponden a dos momentos distintos del país, la gloria y la decadencia, el colorido del esplendor y la negrura de la dictadura militar. Me ha sorprendido mucho descubrir un país latinoamericano que en los años 60 tuviera ese estilo de vida frente a la represión que vivía España por entonces. 

Pero, no debo alargar más esta reseña. En realidad, no hay nada que no sepas ya para animarte a leer esta preciosa novela que también será una de mis mejores lecturas del año.








 

[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

Puedes adquirirlo aquí:




martes, 4 de diciembre de 2018

MARIA TENA: 'Esta novela es una especie de memoria de lo que no existió'

María Tena es la última ganadora del Premio Tusquets Editores de Novela por Nada que no sepas, una novela que a mí me llegó en un momento complicado y terrible y que zarandeó los cimientos de mi existencia. De la mano de la autora viajé al Uruguay de los años 60 y descubrí allí una sociedad muy distinta a la española de la época, con unos personajes cercanos que necesitaban recuperar su pasado, y ahondar en las relaciones entre padres e hijos. Decir que he disfrutado de la lectura de esta novela es decir poco, pero será dentro de unos días cuando os cuente con detalle mis impresiones más personales. Mientras tanto, y aprovechando que María visitó Sevilla la semana pasada y pude conversar con ella, os dejo con una entrevista. 

Marisa G.- María, Premio Tusquets Editores de Novela. ¿Qué supone recibir este premio en tu trayectoria literaria?

María T.- Una alegría enorme. Estoy muy nerviosa porque, aunque he publicado bastantes novelas y no me ha ido mal, este premio es algo especial. Además, supone volver a una editorial literaria con mucho prestigio. Fue muy divertido porque, cuando me llamó Juan Cerezo para decirme que había ganado el premio, yo entendí que no me lo daban y no hacía más que decirle que no pasaba nada, que ya buscaría otra editorial donde publicar la novela.  Y de repente me soltó 'Que no, que no, que lo has ganado'. Entonces me puse a llorar. Me emocioné muchísimo. 

M.G.- De todos modos, no es el primer premio que recibes. También has sido finalista en el Herralde. Todo esto supondrá un empujón para seguir escribiendo.

M.T.- Sí, claro. Pero en este caso, tengo la sensación de haber hecho algo distinto. Probablemente sea que he elegido un tema muy mío, especialmente mío. Me he metido en una historia familiar, que tiene que ver con unas circunstancias familiares que yo viví. Aunque la historia no tiene nada que ver conmigo ni con mis padres, el entorno sí es muy parecido.

Creo que es muy importante elegir bien un tema. A veces los escritores comenzamos una historia simplemente porque nos hace gracia. Por ejemplo, en 'El novio chino' narré la historia de un amigo mío gay, que viajó conmigo a Shanghai y vivió un romance. Fue una historia que me ayudó a hablar de China, un país que me fascina pero claro, no es un tema puramente mío. No ocurre así con esta novela. Aquí tenemos una historia muy mía y saber escribir eso, con emoción, no es tan fácil. Y por eso digo que, creo que esta vez he conseguido algo que no había conseguido antes aunque no sepa decirte muy bien qué es. Podría ser que hay mucha verdad literaria en esta novela.

M.G.- En realidad, en esta novela narras el regreso de una mujer al Uruguay donde vivió su infancia y donde murió su madre sin que ella sepa muy bien lo que ocurrió. ¿Se podría decir que los temas centrales de la novela son la familia, el pasado y la memoria?

M.T.- Sí, totalmente. Siempre he pensado que no tengo mucha imaginación para escribir pero esta novela es una especie de memoria de lo que no existió. Es una memoria inventada con lo cual se parece bastante a la imaginación. La memoria y la imaginación están hechas de imágenes, usan el mismo material, con lo cual puedes coger cosas del armario de la imaginación o del armario de la memoria. En el fondo estás escribiendo algo que es ficción, no es la verdad pura. 

'Nada que no sepas' tiene muchos elementos que son reales. Es verdad que vivimos en Uruguay, que mis padres vivían allí entre fiestas, pero lo más importante de la novela no ocurrió. Sin embargo, podía haber sucedido porque todo es tan verosímil que a veces me pregunto si realmente sucedió y yo no me enteré. Tengo muchos recuerdos lejanos que se mezclan con miles de cosas que nunca sucedieron, o quizás sí, de tal manera que tanto realidad como ficción es muy creíble. 

Con esta novela he querido darles otra vida a mis padres porque cuando mueren nos quedamos sin referencias y nos surgen miles de preguntas. ¿Qué hubiera hecho mi padre en tal situación? Con esta novela he querido seguir conociéndolos y pensar que podían haber vivido de otra manera.

M.G.- Me interesa mucho el tema de la familia porque da mucho juego literario. Las novelas que tratan sobre familias funcionan muy bien. Todos tenemos una familia y en todas hay sus más y sus menos. Este es un tema que tú ya has tocado anteriormente, ¿verdad?

M.T.- Sí, en 'La fragilidad de las panteras'. Fue una novela que tuvo mucho éxito y que narra la historia de una madre y unas hijas. En mi familia somos muchos hermanos, pero solo tres mujeres. Tuvimos también una madre con mucho carácter con la de la novela pero nada en ella es real, solo el entorno, que conocía muy bien. 

M.G.- Prácticamente toda la novela transcurre en Uruguay. Hay una clara diferencia entre el Uruguay de la primera parte de la novela, en la que todo era glamour y fiestas y el de la segunda parte, cuando la vida se vuelve gris. Sorprende mucho cómo era la vida en Uruguay en los años 60 cuando en España estábamos como estábamos.

M.T.- En pleno franquismo. La primera imagen que me inspiró la novela fue la de mis padres que venían de la España de Franco, del hambre, de la posguerra, de la carencia de todo y llegaron a aquel Uruguay de esplendor. Mi padre, encorbatado, y mi madre, casi con el aspecto de una monja. Y al llegar, vieron aquella playa en la que las mujeres iban con la espalda al aire, con esos vestidos de punto que se adaptaban a sus curvas. Aquellas mujeres se vestían en París o tenían una modista que copiaba los modelos. Era todo muy cosmopolita. Y hasta allí llegaron mis padres, intelectuales porque habían estudiado, pero con una actitud mucho más austera. 

M.G.- Leyendo la novela, es inevitable sentirse identificado. Me he visto reflejada en esos niños que son testigos de conversaciones de adultos, que parece que no se enteran de nada pero todo queda grabado en su disco duro. Y es cuando son mayores, cuando comienzan a unir cabos y a vislumbrar lo que ocurría cuando eran pequeños. Esto no has ha pasado a todos.

M.T.- Sí, claro que nos pasa a todos. A eso se le une que yo regresé a Uruguay cuarenta años después mi partida y me reencontré con amigos de mis padres que seguían vivos y me contaron unas cosas terribles, pero no solamente de mis padres, de todo el mundo. Es verdad que reconstruyes la vida de tus padres cuando eres adulto pero te queda la duda de si todo es verdad o procede de tu imaginación. Cuando eres niño se oyen cosas, te fijas en detalles pero a veces ocurre que de una pequeñez construyes un todo. Es algo muy literario. 

M.G.- María, ¿te has planteado alguna vez qué pensaría tu madre de esa vida que le has construido en la novela?

M.T.- Uf, era bastante puritana, especialmente conmigo. No sé cómo se lo hubiera tomado. Pero a la vez de puritana era romántica. Creo, o quiero creer, que le hubiera gustado. 

M.G.- Y dice el jurado que te ha otorgado el premio que tu novela es una 'reflexión sobre la experiencia de la libertad, el sexo y el paso del tiempo de una mujer que vivió como adolescente'. ¿Estás de acuerdo con estas palabras? 

M.T.- Estoy de acuerdo. Me contaron que a Almudena Grandes, presidenta del jurado, lo que más le gustó de la novela son los pasajes de la playa. Parece que dijo que hacía muchos años que no había leído nada tan bien descrito.

M.G.- ¿Tan visual?

M.T.- Sí, algo así. Son escenas con magia. De todos modos, lo que más me gusta a mí de la novela es el final. Dudé muchísimo en ese punto. No tenía muy claro cómo debía reaccionar la protagonista en ese momento de la historia. Algunos amigos, de cuyo criterio me fío mucho, me decían que la novela tenía que acabar como acaba y así se quedó.

M.G.- Porque si hubieras cambiado el final, ¿hubiera perdido verosimilitud?

M.T.- Eso decían esos amigos, sí.

M.G.- ¿Y en qué momento surge la idea de escribir esta historia? ¿Cuál es el germen?

M.T.- Pues como te dije antes, representar ese choque entre la España sumida en el franquismo y la libertad de Uruguay. De todos modos, influyó mucho mi regreso a ese país cuarenta años después. 

Tenía un hermano mayor que siempre me estaba animando a regresar. Mi hermano formaba parte del equipo de rugby que murió en los Andes en 1972.


M.G.- Si, era algo que te quería preguntar.

M.T.- Pues formaba parte, eran sus compañeros de clase los que murieron en aquel accidente lo que pasa es que nosotros ya no vivíamos allí. Él siempre tuvo el deseo de volver a Uruguay, de dejarnos de topicazos, y volver a nuestra infancia pero con los ojos de adultos. A mí realmente no me apetecía nada pero cuando murió me decidí. Y seis o siete meses después cogí un avión y me fui a Uruguay. Fue alucinante. Después de cuarenta años, me hicieron una fiesta. Cuarenta y cinco personas me recibieron en el Club Carrasco, un lugar tan importante en la novela. Acudieron algunos amigos de mis padres, los que vivían todavía, sus hijos que eran mis amigos, y los hijos de estos. Fue una cosa alucinante. Me pasé una semana entera llorando. Muy emocionante. Incluso varios amigos dejaron sus trabajos solo por estar conmigo. Y de hecho lo siguen haciendo porque desde entonces he vuelto en más ocasiones. 

Ellos me han contado muchas cosas de aquellos años. Son gente encantadora, nada trepa, nada ambiciosa pero muy intensos y muy intelectuales. Es una parte de mi vida que no puedo abandonar. Y en uno de esos viajes, entendí que tenía entre las manos un temazo que no podía dejar escapar. 

M.G.- Bueno, sabemos que aunque viviste en Montevideo la historia no es verdad pero has mencionado algo muy importante, la verdad literaria. Esta novela me parece verdaderamente honesta y es por ello por lo que creo que el lector conecta tanto con la historia.

M.T.- Es una novela muy seria para mí. Un mundo ficticio que he creado a partir de una situación de mi infancia. Ha sido muy emocionante meterme en la vida de mis padres, averiguar cómo eran, qué hacían, cómo vivían y seguir construyendo sus vidas en mi imaginación. Para mí ha sido como tocar verdad, tocar muchas emociones. Es brutal.

M.G.- Me llama la atención el capítulo 0 con el que se inicia el libro, en el que hablas de en el que se habla de idas y venidas. Imagino que este capítulo viene a raíz de la profesión de tu padre. Era diplomático.

M.T.- Sí. Es que yo siempre he sentido que estaba en lo transitorio. Nunca podía estar en un sitio fijo.

M.G.- No tenías estabilidad.

M.T.- Eso es. Estaba deseando regresar a Madrid, ir al mismo panadero todos los días, a la misma mercería. Tenía la sensación de estar siempre en continuo movimiento y eso que yo solamente estuve en Dublín y en Montevideo. De hecho, creo que me casé tan joven precisamente por esto, por regresar a Madrid, vivir allí, tener allí mi trabajo,...

De todos modos no he querido explotar el mundo diplomático porque prefería que los personajes fueran gente normal, aunque hicieran cosas algo anormales (Risas).

M.G.- (Risas) ¿Y sigues siendo profesora de escritura?

M.T.- Últimamente doy unos cursos a distancia. Ahora quiero escribir un libro sobre la escritura, muy sencillo, para gente que empieza a escribir. Es que creo que la gente no sabe que para escribir bien solo tienes que tener en cuenta tres cosas. 

M.G.- Lo primero, el talento ¿no?

M.T.- Y sin talento también podrías escribir una novela bastante potable, aunque no sea genial.

M.G.- Ah, pues a ver si lo publicas pronto que yo lo leo inmediatamente.

M.T- ¿Tú escribes?

M.G.- No, porque no creo que tenga cualidades pero ya me gustaría. 

M.T.- Es que no es tan difícil. Pero vamos, ya veremos. Tengo unos temas que les doy a los alumnos, a lo mejor los mejoro un poco y hago un librito. Hace mucho tiempo que tengo esta idea en mente y me apetece mucho.

M.G.-  Seguramente habrá mucha gente interesada.

Algo muy curioso María, no hay entrevista que concedas que no menciones a Luis Landero.

M.T.- Es que lo adoro. Para mí, ha sido muy importante. Mi madre era poeta y a mí aquello me pesaba mucho. Desde niña he escrito. Debo tener como unos treinta diarios de infancia y juventud pero siempre pensé que lo mío no servía de nada. De todos modos, yo seguía escribiendo cuentos, novelas cortas. Y fíjate lo que digo, tuve la suerte de ponerme enferma. Me escayolaron la pierna de arriba abajo y por aquella época vi que Luis Landero daba un curso. Por entonces, había leído 'Juegos de la edad tardía' y me encantó. Inmediatamente pensé en acudir a aquel curso, escayolada y todo. Nos reuníamos un día a la semana y fue apasionante. Al final del curso, Luis me dijo que tenía que escribir, que tenía la mayor vocación literaria que él había visto en su vida y que era necesario que me lo tomara en serio. No me dijo si escribía bien o mal, no se lo dijo a nadie. Sin embargo, escuchar a alguien que admiras lo que me dijo a mí fue un empujón muy importante. Aquella misma noche comencé a escribir 'Tenemos que vernos', una novela que luego publicó Anagrama.

Luis es un ser maravilloso. En aquellos talleres nos contaba cómo vivía la literatura y nos contagiaba a todos con su entusiasmo.

M.G.- Me lo puedo imaginar. Es un gran escritor, además de ser una persona muy cercana y agradable. 

María no te quiero robar más tiempo. Me gustaría decirte que tu novela me ha gustado muchísimo, la he leído con mucha intensidad y me ha parecido fabulosa.

M.T.- No sabes cómo me alegra oírte decir eso. 

M.G.- Muchas gracias por este encuentro.

M.T.- Gracias a ti. 

Nada que no sepas es una de las mejores lecturas de este año 2018 y en breve os contaré por qué.





Ficha novela

Editorial: Tusquets.
XIV Premio Tusquets Editores de Novela.
Encuadernación: Rústica con solapas.
Nº Páginas: 240
Publicación: Noviembre, 2018
Precio: 18,00€
ISBN; 978-84-9066-614-2
Disponible en e-Book
Ficha completa aquí 
Puedes empezar a leer aquí




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