Mostrando entradas con la etiqueta LA TIA TULA. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta LA TIA TULA. Mostrar todas las entradas

lunes, 21 de septiembre de 2015

LA TIA TULA de Miguel de Unamuno.


Editorial: Bibliotex, S.L.
Colección: Las mejores novelas en 
castellano del siglo XX.
Fecha publicación: 2001.
Nº Páginas:126
Precio:  -- €
Género: Narrativa.
Edición: Tapa dura con sobrecubierta.
ISBN: 84-8130-259-7




Autor

Miguel de Unamuno (1864 - 1936) es una de las figuras más destacadas de la generación del 98. Vasco enamorado de Castilla, fue, como el resto de sus compañeros de promoción, inconformista y heterodoxo; pero, a diferencia de ellos, no se limitó a un género literario. Unamuno cultivó con igual fortuna la narrativa, la poesía, el ensayo y el teatro, y en todos ellos sigue vigente, como lo prueban títulos constantemente reeditados como las novelas de Amor y pedagogía, Niebla, Abel Sánchez o San Manuel Bueno, martir, los ensayos Del sentimiento trágico de la vida, La agonía del cristianismo o Vida de Don Quijote y Sancho, y las obras teatrales Fedra o El otro. Si en lo religioso vivió siempre angustiado por el misterio del más allá y por la necesidad de conciliar razón y fe, en lo político pasó de la cercanía al Partido Socialista y la oposición a la dictadura de Primo de Rivera al apoyo a los militares sublevados en el 36 y a la ruptura con estos en vísperas de su muerte.

Sinopsis

La tía Tula, novela de plena madurez que ha convertido a su protagonista en un clásico de la literatura española, muestra algunas de las características más acusadas de Unamuno y de su generación. Esa mujer unamuniana aparece dominada por una educación tradicional en la que la religión tiene un peso decisivo, pero es, a la vez, dominante en el terreno de la familia, imponiendo férreamente sus criterios. Lo hará con su cuñado Ramiro, viudo de la hermana de Tula, y con los hijos de éste, a cuyo cuidado entregará su vida, rechazando las proposiciones de matrimonio que se le hacen. Al final, queda la sensación de fracaso de unos seres atrapados en sus prejuicios o su educación. Destaca en la novela un ritmo rápido que va constantemente a los hechos esenciales y a mostrar la psicología de los personajes sin entretenerse en nada accesorio. La tía Tula fue lleva al cine en 1964 por Miguel Picazo, haciendo Aurora Bautista una de sus mejores interpretaciones.



[Biografía y sinopsis tomadas directamente del ejemplar]


–—˜™–—˜™–—˜™–—˜™–—˜™–—˜™–—



Sé que he visto la película más de una vez. Tengo grabada en la memoria alguna escena en blanco y negro con Aurora Bautista en el papel de tía Tula, pero el libro no recuerdo haberlo leído nunca. ¿Quizás en mi época estudiantil? No lo sé. De todos modos conocía la  historia por la adaptación cinematográfica y por eso no me ha cogido por sorpresa los hechos que Unamuno narra en esta novela, consagrada ya como una de las joyas de la literatura. No obstante, pensaba que el desenlace sería de otra manera.

La cuestión es que este librito, que no llega ni a doscientas páginas, andaba dando tumbos por casa. Bueno, lo de dar tumbos es una manera de hablar porque siempre ha tenido un lugar estático y preferente en las estanterías. Más de una vez lo miraba, pasando casi desapercibido entre el resto de volúmenes, solo por la delgadez de su lomo que se perdía entre los restantes, hasta que hace unos días decidí lanzarme a ese universo unamuniano.

Rosa y Gertrudis son dos hermanas. La una, florida, hermosa, risueña, alegre. La otra, seria, recta, formal, mesurada,.... ¿No es bella? No se podría decir eso, lo que ocurre es que la belleza de Rosa salta a la vista y de la Gertrudis hay que ir a buscarla pero una vez que la encuentras es más intensa que la de su hermana. Rosa y Gertrudis son huérfanas y viven con su  tío materno don Primitivo, un cura de pueblo que no se ha metido nunca en la educación de sus sobrinas. ¿Para qué? ¿Qué podría enseñarle sobre la vida y sobre las cosas de mujeres un viejo cura de pueblo? ¿Qué sabe él más que de sermones y misales? Además, ambas parecen saber encarrilar muy bien su vida, y en caso de que la más pequeña se extravíe, ya está Gertrudis para tirar de las riendas, que esa es más papista que el Papa.

La vida de las hermanas transcurre dentro de los límites de la rectitud y lo correcto pero llega una edad, esa que asoma a los ojos de Rosa, en la que todo se enciende y toca lo que toca. Y surgirá Ramiro, un hombre prudente y comedido que pondrá los ojos en las hermanas, que pondrá los ojos en Rosa. Gertrudis, sin haber oído palabra, sabe qué bulle en el corazón de los jóvenes y cuando la pequeña le comenta sus cuitas, la mayor disolverá sus dudas, casi con sequedad, casi con prisas, sin participar en las ilusiones de su hermana por ser objeto de galanteo y con la mente en otro lugar.

Y vendrá el noviazgo y posterior casorio de Ramiro y Rosa y llegarán los hijos, uno, dos, tres, y a ellos la debilidad tras los partos, una vida que se escapa, y un Ramiro muerto de miedo, y tantas, tantas cosas ocurrirán en esa familia, como las que pueden ocurrir en cualquier otra, pero ahí estará Gertrudis, ahí queda a cargo de los niños, para ser madre en vez de tía. Madre pero no madastra. Eso no. Eso nunca. 

La tía Tula narra toda una vida con su principio, su final y sus intermedios en los que surgirán vidas que apagarán la muerte. Y en ese transcurrir del tiempo, podremos contemplar el maravilloso tránsito de los sentimientos de Gertrudis. Ante las adversidades, ella se alza fuerte, poderosa, enérgica,.... pero también tendrá momentos de debilidad que se inician tras la boda de Rosa y Ramiro, cuando cae sobre ella la soledad de una casa que ya no disfruta de las alegrías de su hermana. Y es que el casado, casa quiere, y en esa ecuación Gertrudis está invitada pero sus principios no le permitirán estorbar al sagrado matrimonio. Además, ¿qué más da? Si «las mujeres vivimos siempre solas». [pág. 26]
  
El personaje de Gertrudis es todo fulgor en la novela. Resulta delicioso asistir a sus elucubraciones, a sus reflexiones sobre su misión en el mundo, sobre la mujer y el hombre, sobre la carne, el deseo y especialmente sobre la maternidad. ¿Pero cabe maternidad sin cópula? Para Gertrudis sí. Eso es lo que ella quiere, ser madre sin yacer con varón, sin manchar su cuerpo con ningún hombre porque ante todo, ella es símbolo de la pureza y la castidad. ¡Ay, el hombre!, una palabra que en su boca siempre viene acompañada de un suspiro o una exclamación, porque no hay que fiarse de ellos, su palabra solo es papel mojado y por lo tanto, la mujer, siempre más inteligente que su compañero, ha de andarse con ojo y no creer lisonjas vanas ni dejarse engatusar. Ella, al menos no. Porque además la cercanía de un hombre supone poner en peligro su pureza.


«- Así sois los hombres; no sabéis lo que hacéis ni pensáis en ello. Hacéis las cosas sin pensarlas...» [pág. 81]

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...