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miércoles, 26 de febrero de 2020

LAURA (INTRIGA - 1944)


Año: 1944

Nacionalidad: EE.UU.

Director: Otto Preminger.

Reparto: Gene Tierney, Dana Andrews, Clifton Webb, Judith Anderson, Vincent Price, Dorothy Adams.

Género: Intriga

Sinopsis: El detective Mark McPherson investiga el asesinato de Laura Hunt, una elegante y seductora mujer que aparece muerta en su apartamento. McPherson elabora un retrato mental de la joven a partir de las declaraciones de sus allegados. El sugestivo retrato de Laura, que cuelga de la aprede su apartamento, también le ayuda en esta tarea.

[Fuente: Filmaffinity]



Nunca olvidaré el día en que murió Laura. Con esta frase, pronunciada por una voz masculina en off, comienza Laura, película dirigida por Otto Preminger en 1944, en plena Segunda Guerra Mundial. Del director americano pero de origen judeo-austriaco, que tiene casi un total de cuarenta largometrajes en su haber, habré visto una pequeñísima cantidad, pero me consta que es un cineasta alabado y muy reconocido. Laura cayó en mis manos casi de casualidad, cuando haciendo zapping por una plataforma, la pillé a medias. Tenía poco tiempo por delante, pero lo que vi me pareció interesante, así que postergué el visionado completo para una ocasión más propicia.

Laura es una mujer joven y hermosa que ha aparecido asesinada en su apartamento, con un disparo a quemarropa que le ha destrozado el rostro. La película aborda toda la investigación policiaca, al frente de la cual está el inspector Mark McPherson. Él será el encargado de interrogar a todos los amigos y familiares de la víctima, comenzando por Waldo Lydecker, un escritor y periodista, cuyos artículos están tan afiliados con la hoja de un cuchillo.

La voz en off de la que hablaba al principio pertenece exactamente a Waldo.  Él será el encargado de relatar parte de los hechos, cuando la película requiera una narración en tercera persona. A través de este personaje conoceremos un poco más a Laura, cómo se conocieron ambos o qué relación mantenían. Waldo pondrá a PcPherson al corriente de la vida de Laura, le hablará de la relación sentimental que la joven mantenía con Shelby Carpenter, un guaperas que no tenía dónde caerse muerto. También está su tía Ann Treadwell, una señora con un pasión prohibida, y Bessy, la doncella, que hace todo lo posible por limpiar la imagen de su señora. McPherson empleará toda esa información para hacer preguntas insidiosas a todos los implicados en el caso, y la investigación sacará a la luz los posibles motivos que todos y cada uno de ellos tenían para asesinar a Laura. 

¿Quién es el asesino de Laura? Bueno, eso dejo que lo descubráis si os animáis a ver la película.

Estamos ante cine negro auténtico, cine policíaco, criminal, posiblemente el origen de tanta novela negra de hoy en día, pero también es un película de amor, celos y vengazas. Laura es un largometraje clásico que cumple con los preceptos mínimos para mantener la intriga del espectador. Me ha parecido una película que empieza muy bien, con una trama sólida y unos personajes interesantes pero, debo decir que, en ocasiones, el guion me ha dejado algo fría. McPherson es un inspector curioso, tan involucrado en el caso que, para atrapar al asesino casi se instala en casa de la víctima y se dedica a reflexionar, mientras se ventila el whisky de la muerta. Es poli, es la ley, y puede hacer lo que le dé la gana, incluso utilizar métodos poco ortodoxos, pero lo que le ocurre realmente es una cuestión de otra índole. A mí, su actitud me ha parecido algo inverosímil pero, lo mismo es que lo estoy mirando con ojos del siglo XXI. Sea como fuere, hay ciertos detalles de guion que no me han convencido. De hecho, el desenlace me ha parecido precipitado pero juega a su favor que no es excesivamente predecible. 

Laura es un personaje que encandila a los hombres. Es guapa, tiene talento, iniciativa y un encanto innato. Encaja en el perfil de chica atractiva por el que los hombres son capaces de hacer cualquier cosa. La interpretación corre a cargo de Gene Tierney, una actriz de la que sé poco, pero creo que lo hace bien, sin llegar a ser una interpretación inolvidable. No para mí.  

El personaje que más me ha gustado es Waldo. Me parece un tipo frío, desafiante, arrogante, un snob que se mueve con altanería y que cree que todo el mundo le debe devoción. Es maravilloso verlo metido en la bañera mientras teclea en su vieja máquina de escribir esos artículos con los que arremete contra todo aquel que se cruza en su camino. Hay una escena entre él y McPherson que no tiene desperdicio. Clifton Webb es el que da vida al personaje. A veces, ocupa un segundo plano en una escena pero su interpretación es tan magnética que yo no podía dejar de mirarlo a él, en vez de a los protagonistas de la secuencia.  

Basada en la novela de Vera Caspary, poco más voy a añadir en relación a esta película. Ni siquiera me he sentido atraída por la fotografía -galardonada con un Oscar-, ni por la banda sonora que cuenta con algún tema bastante conocido. Bajo mi punto de vista, y aunque las notas de los espectadores no bajan prácticamente del 9, no es la mejor película de Otto Preminger, ni tampoco la mejor película de cine negro que he visto. Generalmente, con este tipo de películas siempre me entran ganas de visionarla de nuevo pasado un tiempo pero, en este caso no lo siento así. Sin embargo, mis impresiones no deben conducir a descartar el visionado de esta película. Que hay cuestiones que no me han convencido y que no me he sentido fascinada por la trama, todo eso es cierto pero es una película que me ha entretenido. Como suelo decir, y máxime teniendo en cuenta lo que opinan otros muchos espectadores, esta no es más que mi opinión, así que, si te gusta el género, dale una oportunidad.  




Tráiler:

          Puedes adquirirla aquí:

              




miércoles, 13 de mayo de 2015

REBECCA (DRAMA - 1940)


Año: 1940.

Nacionalidad: EE.UU.

Director: Alfred Hitchcock.

Reparto: Laurence Olivier, Joan Fontaine, George Sanders, Judith Anderson, Nigel Bruce, Reginald Denny, C. Aubrey Smith, Gladys Cooper.

Género: Drama. Intriga.

Premios: 2 Oscars, a la Mejor película y a la Mejor Fotografía.+

Sinopsis: Al poco tiempo de perder a su esposa Rebeca, el aristócrata inglés Maxim De Winter conoce en Montecarlo a una joven humilde, dama de compañía de una señora americana. De Winter y la joven se casan y se van a vivir a Inglaterra, a la mansión de Manderley, residencia habitual de Maxim. La nueva señora De Winter se da cuenta muy pronto de que todo allí está impregnado del recuerdo de Rebeca.



[Información facilitada por Filmaffinity]


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A veces siento mono de Rebecca, de volver a ver esta maravillosa película de Alfred Hitchcok que perdurará por los siglos de los siglos. Para los que nos gusta el cine clásico se hace necesario reencontrarse con este largometraje una y otra vez, para contemplar esa particular manera que tenía Hitchcock de rodar, un argumento lleno de remordimientos, celos y venganza y un reparto que deja sin aliento.

Muchos conocéis la trama de este filme basado en la novela homónima de Daphe du Maurier cuyo inicio es tan famoso como las primeras líneas de El Quijote y que vendrán acompañadas por unas escenas que asemejan un ensueño, parajes cubiertos de una niebla espesa que nos separa del mundo de Morfeo: 

«Anoche soñé que volvía a Manderley. Me encontraba ante la verja pero no podía entrar porque el camino estaba cerrado. Entonces, como todos los que sueñan, me sentí poseída de un poder sobrenatural y atravesé como un espíritu la barrera que se alzaba ante mí».

Maxim De Winters (Laurence Olivier) es un hombre viudo que pasa una temporada en Montecarlo, alejado de su hogar que solo le trae recuerdos tortuosos. Allí conocerá a una joven sencilla y natural (Joan Fontaine), una humilde dama de compañía sin la clase de las grandes damas ni los gustos refinados de las señoras de alto copete. Será precisamente esa simpleza, esa dulzura de carácter y la timidez de la joven lo que enamore a Maxim y ante la amenaza de perderla, le propone matrimonio de la forma menos romántica posible. La boda será sencilla. Sin velo, sin vestido blanco y casi sin ramo de flores pero la joven parece que nada le importa si él está a su lado. Desde la vicaría la pareja pondrá rumbo a Cornwell donde se alza Manderley, la majestuosa mansión familiar que vio nacer a Maxim y donde compartió vida con Rebecca, su anterior esposa, muerta en terribles circunstancias.



Lo que debería ser una etapa de idilio amoroso se enturbiará poco a poco, convirtiéndose en una pesadilla. El marido no será el causante del desasosiego que sentirá la joven esposa pues él siempre se mostrará solícito y cariñoso salvo en algunos momentos, cuando rompe la paz y la tranquilidad con repentinos cambios de humor de los que se arrepiente al instante. No. La felicidad de la joven se verá perturbada por la presencia del ama de llaves, la señora Danvers (Judith Anderson) así como por los recuerdos que flotan en la casa, los vestigios del paso de Rebecca por cada rincón de la mansión.  Las palabras del ama de llaves, las iniciales de la difunta aquí y allá, las comparaciones, los chismorreos,... todo torturará a la joven que se sentirá acorralada entre aquellos altos muros, una tensión que irá creciendo hasta el momento en el que se produce un terrible descubrimiento que pondrá en peligro la estabilidad conyugal dando paso al suspense hacia más de la mitad de la película con un falso final que nos otorgará algo de tranquilidad para concluir con un desenlace más trágico. 

El argumento de Rebecca es impecable. La ilusión, los sueños, el amor, la felicidad irá dando paso a la inquietud, la inseguridad, la desconfianza, el miedo y el chantaje. Un argumento que, en ocasiones, está lleno de diálogos que denotan el machismo de la época y que por supuesto no puede faltar en largometrajes de este tipo. A mí siempre me divierte mucho encontrarme con una escena en la que, tras la aceptación de la propuesta de matrimonio, la pareja se dispone a desayunar y él le dice: "Ahora que todo está arreglado, sírveme el café. Dos terrones y un poco de leche. Lo mismo con el té. No lo olvides". Sin crispación alguna, no puedo evitar reírme.

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