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viernes, 6 de noviembre de 2020

TODOS NOSOTROS de Javier Menéndez Flores

Editorial: Planeta
Fecha publicación: Julio, 2020
Precio: 19,90 €
Género: Novela negra
Nº Páginas: 544
Encuadernación: Tapa dura con sobrecubierta
ISBN: 9788408232858
[Disponible en eBook;
puedes empezar a leer aquí]


Autor

Javier Menéndez Flores (Madrid, 1969) es autor de una quincena de libros. Ha publicado las novelas Los desolados, El adiós de los nuestros y, junto con el periodista Melchor Miralles, El hombre que no fui —basada en el crimen de los marqueses de Urquijo—, la cual fue finalista del Premio Rodolfo Walsh de la Semana Negra de Gijón 2018.

También ha firmado libros de entrevistas —Miénteme mientras me besas, Arte en vena—, un ensayo cinematográfico —Guapos de leyenda— y exitosas biografías de grandes figuras de la música española, entre las que cabe destacar la trilogía dedicada a Joaquín Sabina —Perdonen la tristeza, En carne viva y No amanece jamás— y el único volumen autorizado sobre el grupo Extremoduro, De profundis.

Periodista cultural de larga trayectoria, ha colaborado en diversos medios. Sus artículos y entrevistas han aparecido en cabeceras como Interviú, Rolling Stone y El Mundo.

Sinopsis

Madrid, 1981. Una pareja de inspectores de policía investiga el atropello mortal de una joven completamente desnuda cuya autopsia revela unas terribles lesiones previas al accidente. Poco después, dos chicas de edades similares desaparecen. Las tres fueron vistas por última vez en locales de copas. Comenzará así una absorbente intriga criminal, que abarca dos décadas, en la que la acción y la psicología de los personajes se entrelazan con maestría. El Madrid del final de la Transición, en donde los feroces métodos franquistas seguían vivos, contrasta con el de una democracia ya asentada aunque expuesta a los peligros del mundo globalizado.

Una novela que no da tregua al lector gracias al ritmo, el suspense y la violencia, con un final épico, tan sorprendente como demoledor, que reflexiona sobre la complejidad del ser humano y sus zonas más oscuras, pero también sobre la fuerza todopoderosa del amor.

[Información tomada directamente del ejemplar]


Os lo decía en la entrevista a Javier Menéndez Flores (puedes leerla aquí) y os lo repito. Si te gusta la novela negra, el thriller, la novela policíaca, no puedes perderte Todos nosotros. Y no solo te lo digo yo. Basta con hacer una rápida búsqueda en Google para tropezarte con diversas reseñas de lectores que van a corroborar lo que vengo a deciros hoy.

Todos nosotros es una novela compleja. Lo es desde diversos ángulos. Por un lado, cuenta con una estructura a dos aguas. Dos grandes bloques, que se corresponden a dos hilos temporales vertebran toda la trama. Pero su complejidad radica además, en la estructura narrativa, y en un empaque que nos dejará atónitos.

A finales de 1981, una joven es atropellada accidentalmente por un vehículo. La joven, totalmente desnuda y desorientada, se echa sobre el vehículo en marcha. La muerte es inminente. Se identifica a la víctima como Elena Vicuña, una joven de 20 años, cuya desaparición fue denunciada por la familia hacía dos semanas. Su cuerpo presenta desgarros en la vagina y ano, pérdida de diversas piezas dentales y contusiones por todos lados. Este primer episodio luctuoso será el arranque de la investigación que tendrán que llevar a cabo Diego Álamo y Roberto Guzmán, dos miembros de la Brigada Regional de la Policía Judicial.

Todos nosotros cuenta una historia criminal que se narra en dos épocas distintas. En el primer gran bloque, los hechos transcurren entre noviembre y diciembre de 1981. A la desaparición de Elena Vicuña se une la de otras jóvenes, como Patricia Feijoo y Ana Casado, también veinteañeras. Todas ellas vistas por última vez en locales de ocio nocturno. En esta sección, un narrador omnisciente nos irá detallando los avances de la investigación. Es decir, el rastreo policial, los interrogatorios, el cerco policial cada vez más estrecho, y cómo un personaje nos va llegando al otro, hasta aproximarnos tanto al asesino que casi nos quemamos. Y de manera paralela, mediante la alternancia de capítulos, el autor nos adentra en un lugar lúgubre, un espacio siniestro y oscuro donde encontraremos a diversas jóvenes. Nos adentraremos en sus pensamientos, en sus miedos, y sabremos de las vejaciones, humillaciones y violaciones a las que son sometidas. Concluye este bloque el último día del año, aconteciendo una serie de hechos inquietantes y llenos de suspense, que dejaran al lector literalmente colgando del precipicio.

De ahí, daremos un salto enorme en el tiempo. La historia nos traslada al verano de 2002. Ha pasado mucho tiempo desde que aquel joven policía tuvo que enfrentarse a la desaparición de unas chicas en Madrid. Diego Álamo ya no es un poli de calle. Ahora ocupa el cargo de inspector jefe. Su situación personal también ha cambiado considerablemente. La desaparición de una nueva chica activa todas las alarmas de Álamo. El caso de 1981 no se resolvió. ¿Y si estamos ante el mismo criminal? No sin dificultad, Diego trata de enfilar la investigación por esa vía. Sus manos y sus pies, Sara Segura y Mateo Ramírez, serán los encargos de seguir las directrices de su jefe y de desarrollar todas las pesquisas. De nuevo, en esta sección, alternancia de capítulos y dos hilos narrativos que avanzan en paralelo pero con evidentes diferencias. Por un lado, el mismo narrador omnisciente seguirá contándonos los avances en la investigación. Sin embargo, deja espacio a Sara y a Mateo, para que el lector los conozca mejor. Por otro, el narrador traslada su atención de las víctimas al asesino, mostrando el perfil de una persona ordenada, perfeccionista, metódica, que roza lo paranoico. 

En resumidas cuentas, en Todos nosotros tendremos chicas secuestradas, asesinadas, violadas; un criminal o criminales; un modus operandi que aparece en 1981 y reaparece 2002; y una serie de policías -Diego Álamo, Roberto Guzmán, Sara Segura y Mateo Suárez-. Dicho así, no parece algo muy distinto a lo que podemos ver en otras novelas de género pero Todos nosotros es un cóctel molotov que te estallará en la cara, justo en el desenlace, cuando descubras la identidad del asesino o asesinos. Dudo mucho que lo veas venir.

Y os hablaba del empaque porque esta novela hace un retrato brutal de la sociedad española en la década de los 80. Javier Menéndez Flores se ha empapado bien de una época en la que el autor soplaba poco más de una decena de velas. Y además, se adentra en todos los ámbitos, desde explicar la entrada en vigor de diversas leyes, pasando por la situación política con el auge del socialismo, la llegada de nuevas drogas, los eventos deportivos, las crónicas de los partidos de fútbol disputados, o los diversos casos de corrupción o asesinato que se produjeron en aquellos años. Podría continuar enumerando muchas cuestiones más que tienen cabida en esta novela. Quizá podáis pensar que toda esa información actúa como relleno, pero os garantizo que el autor despliega asuntos tan interesantes que, más allá de la trama negra, te entran ganas de seguir indagando por tu cuenta. Solo en una ocasión he sentido que profundizaba un poquito más de lo que para mí era necesario, al detallar con relativa minuciosidad la aprobación de una de las leyes que se promulgó y sancionó en aquellos años. Pero claro, esto es una apreciación muy concreta y subjetiva. En realidad, admito e insisto en que da gusto zambullirse en ese retrato de una época. Se nota y se agradece la ardua tarea de documentación.

Porque otra prueba palpable de esa labor de buceo histórico es la fotografía que hace Menéndez Flores sobre la policía. En la conversación que mantuvimos hace unas semanas dijo: Todo ese análisis de la policía y de su evolución no fue algo premeditado. Surgió a medida que empecé a construir la historia. Me pareció interesante ofrecer al lector esta información, para que aprendiera, para que viera cómo había evolucionado la policía desde los años 70, recién muerto Franco, hasta nuestro días. Del año 2002 para acá, tampoco ha habido tantos cambios. 

Efectivamente, Todos nosotros nos va a enseñar cómo funcionaba la policía a principios de los 80, una época en la que coexistían dos tipos de uniformados: aquellos que aún se sentían respaldados por los rescoldos de la época franquista (Roberto Guzmán), empleando métodos poco ortodoxos que pasaban por el maltrato a los detenidos, y la nueva savia, esos policías como Diego Álamo, demócratas, que se habían formado bajo el amparo de los derechos civiles y la democracia.  Es decir, los viejos tiempos frente a los nuevos.


«Esta situación había generado un enconado debate en el propio seno de la policía, en donde los funcionarios provenientes de la etapa franquista, que lejos de constituir un porcentaje residual eran numerosos, convivían con los formados en democracia -dos polos representados a la perfección por Guzmán y Álamo-, y estos últimos entendían que era necesaria una exhaustiva reforma de su infraestructura y en la política de nombramientos. Una democratización, en suma, de la policía». [pág. 209]


Y no solo eso, sino que también nos mostrará cómo fue evolucionando el Cuerpo, qué innovaciones se incorporaron, qué unidades se anexionaron a otras, cómo cambiaron la forma de proceder, los protocolos, el desarrollo de las investigaciones. Hay que reconocer que el autor no ha dejado sin inspeccionar un solo recoveco de este Cuerpo de Seguridad del Estado.

En cuanto a los personajes, los ojos del lector se centran principalmente en la figura de Diego Álamo. Apodado el Pincel, por su aspecto impecable, Diego es un hombre joven que siempre deseó ser policía. Extremadamente riguroso y pulcro en su trabajo, se siente orgulloso de ser lo que es. Pero su vida no gira únicamente alrededor de su trabajo. Si en la primera parte lo veremos sumamente enamorado de Mónica, una joven atractiva e inteligente, con la que mantiene una relación desde hace dos años, en el segundo bloque su vida personal dará un giro radical. Ahí lo dejo.

Pero del bloque que acontece en 1981, es inevitable que el lector también sienta interés por Roberto Guzmán. Como dije antes, este policía representa lo más turbio del sistema policial, ese inspector que se toma la ley por su mano y ejerce abuso de poder, amparado tras una credencial. Guzmán es un personaje verdaderamente atractivo, uno de esos que el lector sabe que puede traspasar la línea en cualquier momento. Y si me gusta este personaje es porque el autor ha conseguido configurarlo con luces y sombras. Si en su profesión saca su lado más oscuro, lo veremos también aportando toques de luz cuando haga partícipe al lector de sus desavenencias conyugales. Guzmán está casado con Socorro, una mujer a la que le encanta mantener una agenda social muy apretada. De la mano de este matrimonio, el lector se dará un garbeo por todos teatros y los locales nocturnos de Madrid, donde tienen lugar representaciones encabezadas por Lina Morgan, o actuaciones a cargo de Raúl Sender. 

Con un inicio introductorio, que adelanta un episodio clave en la trama, sumergiendo al lector en un mar de interrogantes, Todos nosotros despliega ante el lector una trama tan negra como el carbón. Los dos hilos temporales se sustentan sobre una urdimbre sólida, en ambos bloques aparecen personajes bien perfilados y atractivos. A ello hay que sumar el retrato social, lleno de referencias, datos e hitos, que suponen una magnífica inmersión en la España de entonces. Así pues, y bajo mi punto de vista, Todos nosotros es una novela a tener en cuenta, recomendada y recomendable, de la que no me extrañaría que en unos años viéramos su adaptación cinematográfica. Yo lo tengo claro.



[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

Puedes adquirirlo aquí:

martes, 27 de octubre de 2020

JAVIER MENÉNDEZ FLORES: 'En esta novela, no solo he puesto oficio, sino también alma'

Todos nosotros. Si no te suena este título, apúntatelo bien. Desde que la nueva novela de Javier Menéndez Flores salió a la luz, se armó un totum revolutum. No había lector que no estuviera inmerso en la lectura de este libro o que no tuviera inmensas ganas de leerlo. La verdad es que tanto entusiasmo estaba y está justificado. Todos nosotros es una novela negra con una estructura sólida, compleja e interesante. Narra la historia de la desaparición de varias jóvenes, una investigación policial al frente de la cual se encuentra Diego Álamo. Los hechos se inician en 1981, pero un salto en el tiempo, llevará al lector al año 2002.

Todos nosotros es esa novela que te engancha desde la primera línea y te mantiene pegado a sus más de quinientas páginas. La leí, la disfruté, la saboreé y me hizo viajar a la España de la Transición. Pero antes de contaros mis impresiones sobre el libro, os dejo con la entrevista a su autor.

[@Margarita Bañon para Editorial Planeta]

Marisa G.- Javier, casi una veintena de libros publicados, pero esta es tu cuarta novela. Es un género que has ido alternando con otros tantos.

Javier M.- Así es. Mi primera novela, Los desolados, se publicó hace quince años, en 2005. Era una novela de desamor, ambientada en un entorno urbano. Luego he publicado otras dos novelas negras. El adiós de los nuestros, novela policiaca muy trepidante; El hombre que no fui,  una novela de no-ficción, basada en el crimen de los Marqueses de Urquijo, que escribí junto al periodista Melchor Miralles. Y ahora, Todos nosotros. Quiero pensar que esta es mi mejor novela, una obra de madurez plena.

M.G.- He hablado con muchos lectores que están leyendo o han leído tu libro, y hablan maravillas. Incluso mi marido estaba el otro día atacado, cuando solo le quedaba  por leer el epílogo. ¿Tú te esperabas una reacción así?

J.M.- Me alegra lo que me dices. La verdad es que me están llegando muchos mensajes en este sentido. Me están mandando mensajes por privado y estoy leyendo muchas reseñas que son excesivamente entusiastas. ¿Podía prever esto? Bueno, lo que te puedo decir, sin que suene presuntuoso, es que era consciente de lo que tenía entre las manos. Este ha sido un trabajo muy ahondado y muy meditado, fruto de muchas y muchas horas de trabajo. Todos nosotros no ha sido una novela escrita en tres fines de semana. Solo la investigación me ha llevado más de un año.

Y te digo más. Llevo más de veinticinco años dedicado al periodismo, con lo que el oficio está ahí. En esta novela, no solo he puesto oficio, sino también alma. No me he tomado esta novela como una publicación más. Incluso he estado más nervioso que cuando publiqué mi primer libro, porque era consciente de que tenía un material muy bueno entre las manos. De todos modos, las reacciones son impredecibles: Me alegra comprobar que, de alguna manera, ese pálpito que yo sentía, está correspondido con la realidad.

M.G.- Te tengo que preguntar sí o sí por el germen de la novela. ¿Cómo se cuece esta historia en tu cabeza?

J.M.- Todo es pura imaginación. La parte criminal es pura ficción. No está basada en ningún caso real. Se me ocurrió la idea de una serie de desapariciones de chicas y, a partir de ahí, comencé a construir el escenario. A mi modo de ver, ha sido vital que la novela arranque en 1981. La elección del año no fue algo al azar. Por un lado, quería hablar de cómo eran las investigaciones policiales antes de que los medios técnicos y científicos fueran muy avanzados. En ese sentido, se puede decir que esta novela es pre-CSI. Esa serie ha tenido una enorme influencia en muchos autores de novela negra. Hoy en día, se resuelven muchos más crímenes en los laboratorios de la policía científica, o gracias a una cámara, que por el trabajo policial de pesquisas. Quería hablar de una época en la que no había teléfonos móviles, ni pruebas de ADN, ni cámaras de seguridad, por lo que, los policías del año 1981 tenían que hacer de la necesidad, virtud. Tenían que recorrer las calles con una libreta y un bolígrafo en la mano, hablar con muchísima gente, ser analíticos y completar un puzle con toda la información que iban recopilando. Me parecía que ese modo romántico de trabajar, tan artesanal, podía ser muy seductor para el lector.

Por otra parte, quería hablar de un año en el que estaban pasando muchas cosas en Madrid. Veníamos de una larga dictadura. Unos meses antes de que arranque la acción de mi novela, se produce la intentona golpista. Estamos hablando del último tramo de la Transición. Era un momento en el que se respiraba una efervescencia social, cultural y política, que ha sido única en la Historia reciente de nuestro país. Creo que no se ha vuelto a dar un momento como ese. Me interesaba hablar de esa época en la que España salía de un largo túnel y empezaba la modernidad, gracias a la cultura, a la música, al deseo de libertad, y a la necesidad que tenía la gente de ocupar las calles y las plazas.

M.G.- Y te das un importante chapuzón en ese renacer, no solo de Madrid, sino de toda España. La novela cuenta con muchísimas referencias a hitos históricos, a la promulgación de leyes, a sucesos,.... Ese retrato de España es de una profundidad brutal que habrá supuesto una documentación tremendamente ardua.

J.M.- Una novela negra tiene que entretener y si el autor no lo consigue, entonces ha fracasado. Por eso, mi novela arranca con un misterio en la primera página y cuenta con un suspense que recorre toda la historia. El lector que demanda este tipo de novelas está ávido de rockn'roll. Lo que quiere es marcha, quiere tempestades, y esta novela las tiene.

En cuanto a la documentación, lo más difícil ha sido imbricarla en la narración, ir introduciéndola sin que estorbe y sin que se noten los costurones. Las novelas, además de entretenidas, tienen que enseñar algo. Porque de esa forma, el lector tiene la sensación de que ha sido un libro aprovechado. He querido trasladar al lector una parte de todo lo que he aprendido al documentarme. Todos nosotros no solo es una novela negra, sino también una crónica social de la España de las dos últimas décadas del siglo XX.

M.G.- Estoy totalmente de acuerdo, Javier. Como dices, la novela arranca en 1981  y nos vas a mostrar cómo trabajaba la policía en esos años. Pero también tenemos un segundo hilo temporal, que se desarrolla en 2002. Las cosas han cambiado mucho y es algo que veremos en el modus operandi de la policía. En este sentido, Todos nosotros es una novela de contrastes.

J.M.- Exacto. Hay mucho contraste. Existe la idea del bien y del mal, de la luz y de la oscuridad. En cuanto al funcionamiento de la policía, Diego y Guzmán, -los policías en 1981-, representan los dos modelos de la España de aquel entonces. Por un lado, Guzmán simboliza a la España franquista y a los que simpatizaban con ella, a los que se resistían a que se produjera un cambio hacia la democracia. Por otro lado, Diego es el policía demócrata, en el que se ha formado en democracia. Entre ellos se producen fricciones porque cada uno entiende su profesión, y la vida en general, de una manera distinta. Así que la novela tiene todo el rato esa lucha de contrarios.

Además, existe también ese contraste entre la policía de antes y la de ahora. Toda la acción que se desarrolla en 2002, muestra una España garantista, en la que se respetan los derechos de los detenidos. Por supuesto, no había nada de esto en los años 80. Y no digo que todos los policías fueran como Guzmán, pero la mayoría eran gente expeditiva, que no reparaba en barras. Para ellos, el fin justificaba los medios, y más aún cuando se hablaba de un asesino. Ahí no se andaban con sutilezas. Si entendían que tenían un sospechoso y que este tenía que cantar la Traviata, le apretaban las tuercas sin pensarlo. He querido mostrar esas dos España tan distintas, en un lapso de tiempo que no es tan largo. En las dos últimas décadas del siglo XX, España entra no solo en la modernidad sino que se convierte en un país en el que los derechos constitucionales de los ciudadanos son plenos.

M.G.- Plenos también para los delincuentes. Escuchándote se me ha venido a la mente esa voz popular que se alza cuando se produce un asesinato que no termina de resolverse. Te pongo el ejemplo del caso Marta del Castillo, en Sevilla. Llevamos muchísimos años a la espera de que los culpables dejen de mentir y digan la verdad. ¿Dónde está Marta? ¿Qué ocurrió aquella noche? Y esa voz popular que te menciono siempre grita lo mismo, que quizá la policía es demasiado laxa, o se ve obligada a ello, porque existe una Constitución y unos derechos. Sin embargo, es inevitable pensar que, en ocasiones, los delincuentes están excesivamente protegidos.

J.M.- Es lo que tiene la democracia. Vivimos en un sistema garantista que me parece bien. Pero también es verdad que si sacas la parte más visceral que todos llevamos dentro, sobre todo cuando hablamos de cosas tan sensibles como son los secuestros de chicas, las violaciones y los asesinatos, como el que tú has citado, nos ponemos al mismo nivela. Es igual que lo que pasó con la guerra sucia contra ETA. EL GAL no debió de existir nunca.  La democracia tiene otras armas. El Estado de Derecho no puede ceder ante ese tipo de impulsos primarios. Esto no es el Oeste. Aquí no vale el ojo por ojo. La democracia está en un peldaño superior. Y eso hay que entenderlo así.

M.G.- En cualquier caso, es alucinante el estudio que haces de la Policía, de su evolución, de su estructura, de las innovaciones, de las fusiones, de las conexiones entre unas unidades y otras. Eres como el Dios de la Policía. Lo sabes todo. 

J.M.- Un crítico de libros de Onda Cero Alicante me preguntó primero si había estudiado criminología porque decía que el estudio y el retrato que hago de la evolución de la policía española, desde el franquismo hasta hoy es impecable. He buceado mucho en documentos. Con El hombre que no fui, tuve acceso a mucha documentación policial con la que me manejo bien. Aparte, he leído muchísimos libros. Y, a través de un inspector de policía, he podido contactar con gente que trabajó en la Brigada Regional de Policía de aquel entonces. Ellos me han resuelto muchas dudas, a través de un inspector de policía, que me ha podido ayudar. 

Todo ese análisis de la policía y de su evolución no fue algo premeditado. Surgió a medida que empecé a construir la historia. Me pareció interesante ofrecer al lector esta información, para que aprendiera, para que viera cómo había evolucionado la policía desde los años 70, recién muerto Franco, hasta nuestro días. Del año 2002 para acá, tampoco ha habido tantos cambios. 

M.G.- Javier, no debemos olvidar que en esta novela también hay amor. Diego Álamo tiene un amor que lo marca muchísimo a lo largo de toda su vida.

J.M.- Me alegra que lo menciones. Volvemos a lo mismo. En la novela hay muchos contrarios. Por un lado está la crueldad y la dureza, y por otro lado, el amor, la esperanza y la ternura. Eso es lo que verdaderamente nos salva. Por muy mal dadas que vengan las cosas, si tienes amor en tu vida y te agarras a él, al final te vas a redimir. He querido alejarme de los tópicos en las novela de género que te muestran a un policía, que bien es un súper hombre o es un anti-héroe. Diego es una persona feliz y muy enamorada de su novia, y además un policía vocacional, con una integridad absoluta, totalmente insobornable. He querido construir la figura de un héroe romántico, un símbolo de la pureza. Diego tiene la desdicha de haber nacido con una manera de ser predeterminada, y se convierte en esa persona que tiene que soportar el peso de la humanidad. Él va a intentar que nuestro mundo sea un lugar más habitable. 

M.G.- No cabe duda de que esta novela es muy cinematográfica. No sé si te lo has planteado o ya te han lanzado el anzuelo. Estoy convencida que de aquí a unos años la vamos a ver en el cine.

J.M.- Me lo han comentado en prácticamente todas las entrevistas. Más como película, como serie, por la extensión que tiene. No te voy a negar que a mí me encantaría. Eso confirmaría además que la novela no solo tiene recorrido como historia narrativa sino también como producto audiovisual. Pero te garantizo que no fue escrita con esas pretensiones. Lo que más me interesa de esta historia es el libro en sí. Me gustaría que funcionara muy bien como novela y si el producto audiovisual viene, pues bienvenido sea. Lo celebraré con los brazos abiertos, pero mi pretensión no era esa. 

M.G.- Por último, has puesto el listón muy alto. Eso supone mucha responsabilidad de cara a la próxima novela.

J.M.- Pues sí, ya lo creo. Ahora pienso en una novela criminal que esté a la altura de esta y se me hace muy difícil. Tengo que encontrar el espacio de tranquilidad necesario para que me venga una idea muy original a la cabeza o no tan original. En realidad, la desaparición de unas chicas en sí no es algo nuevo, más bien al contrario. La originalidad reside en el tratamiento que le da cada autor a la historia.

M.G.- Pues esperaremos que te venga esa idea. Seguiremos en contacto por las redes o nos veremos con la próxima novela. Gracias, Javier.

J.M.- Por supuesto. Muchas gracias a ti.



Sinopsis: Madrid, 1981. Una pareja de inspectores de policía investiga el atropello mortal de una joven completamente desnuda cuya autopsia revela unas terribles lesiones previas al accidente. Poco después, dos chicas de edades similares desaparecen. Las tres fueron vistas por última vez en locales de copas. Comenzará así una absorbente intriga criminal, que abarca dos décadas, en la que la acción y la psicología de los personajes se entrelazan con maestría. El Madrid del final de la Transición, en donde los feroces métodos franquistas seguían vivos, contrasta con el de una democracia ya asentada aunque expuesta a los peligros del mundo globalizado.

Una novela que no da tregua al lector gracias al ritmo, el suspense y la violencia, con un final épico, tan sorprendente como demoledor, que reflexiona sobre la complejidad del ser humano y sus zonas más oscuras, pero también sobre la fuerza todopoderosa del amor.

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