AutoraFlavia Company (Buenos Aires, 1963) es autora de más de una decena de novelas, entre las que destacan Saurios en el asfalto, Luz de hielo, Dame placer (finalista del Premio Rómulo Gallegos), Ni tú ni yo ni nadie (Premio Documenta), Melalcor, La mitad sombría, La isla de la última verdad y Que nadie te salve la vida. También de los libros de cuentos Viajes subterráneos, Género de punto, Con la soga al cuello y Por mis muertos, y del libro de microrrelatos Trastornos literarios. Su poesía ha sido recogida en diversas revistas y ha publicado el poema narrativo Volver antes que ir. Su obra, que forma parte de numerosas antologías, ha sido traducida en Francia, Holanda, Brasil, Polonia, Alemania, Portugal, Italia y Estados Unidos. Es licenciada en Filología Hispánica, música, traductora, periodista, profesora de microrrelato en l'Escola d'Escriptura del Ateneu Barcelonés y de cuento en el Máster de Creación Literaria de la Universidad Pompeu Fabra.
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Después de leer la historia de Haru, leerás tu vida de otra manera.
En la solapa se dice:
"Nunca tires contra nadie; nunca tires para seducir a nadie; nunca tires para ser más que nadie; nunca tires para demostrarte nada a ti misma; el tiro con arco es un estado que se puede compartir".
Estas son las palabras que acompañan a Haru desde su entrada en el dojo, donde aprenderá el camino del tiro con arco, hasta el camino vital que hará que lo cuestione todo, lo arriesgue todo y lo pierda todo. Para recibirlo todo.
[Biografía y sinopsis tomadas directamente del ejemplar]
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Hay libros, entre cuyas páginas vas encontrando importantes reflexiones, frases inteligentes que subrayar y memorizar, recuerdos que a su vez te transportan a los tuyos propios. Con las entrevistas pasa igual. Sentarse frente a una persona que no conoces y descubrir todo lo que guarda en su interior es una experiencia muy enriquecedora. Con Flavia Company me ocurrió tal que así.
Me reuní con la autora de Haru en un fresco patio interior, a la sombra de unos árboles. No se escuchaba nada más que el murmullo de una fuente y alguna que otra voz amortiguada. El escenario era perfecto para hablar de una novela que, a juzgar por las palabras de Flavia, supondrá un importante punto de inflexión para cada lector.
He de decir que, desde un primer momento, me sentí atraída por este libro, tan diferente a todo lo que cae habitualmente entre mis manos y, aunque sigo sin haberlo leído aún, Haru será uno de esos libros que me van a acompañar durante las vacaciones estivales. De momento, y hasta entonces, os dejo con lo que Flavia Company nos contó.
Marisa G.- Flavia, una de las cosas que más me ha sorprendido al leer tu biografía es saber que llevas más de 30 años en este mundo ¡y yo sin conocerte!
Flavia C.- Sí, llevo casi toda la vida. Desde los diecisiete años.
M.G.- Sí, pero tu primera novela, Querida Nélida, es del año 88,
F.C.- Bueno, la publiqué en ese año pero la escribí unos cuantos años antes, con diecisiete años. La verdad es que jamás había pensado en publicar porque además yo iba para pianista pero, cuando acabé la carrera de Filología, me fui a pedir trabajo a una revista. Allí me preguntaron si yo escribía y contesté que sí, sin pensarlo. Claro, me pidieron leer algo mío y lo único que yo tenía terminado era esa novela, una nouvelle, que escribí durante las vacaciones de COU, antes de entrar en la universidad, y eso fue lo que le llevé. El director de la revista era a su vez director de la editorial Montesinos, Miguel Riera, me dijo que él no tenía trabajo para mí en la revista pero que quería publicar la novela. Y así fue.
M.G.- Y después de tantos años, ¿qué te ha aportado la literatura?
F.C.- La literatura me ha aportado la capacidad de seguir un sueño. Yo también escribo libros juveniles o infantiles y, cuando voy a dar charlas a los jóvenes en los institutos siempre les digo lo mismo: La persona que tiene un sueño y lo persigue a los quince años, a los treinta o a los cincuenta es feliz. Respetarse hasta ese punto no tiene parangón. No haber renunciado a lo que eres o lo que sientes, con todas las dificultades que ello implica, es maravilloso. Yo, para pagarme la literatura, he tenido que trabajar muchísimo. Toda mi vida he sido pluriempleada por mí misma. Me he tenido que financiar porque no tengo ningún mecenas y siempre he sido una persona que ha querido por encima de todo su independencia económica, algo que me parece esencial para convertirse en un ser de provecho y coherente. Desde muy joven me fui de casa de mis padres con su beneplácito y he trabajado sin descanso para poder pagarme la literatura. No obstante, todo eso vale mucho la pena.
M.G.- Y has tocado muchos géneros, no solo la narrativa, sino también la poesía o los libros infantiles, como has comentado,... ¿Cómo saltas de un género a otro? ¿Cómo decides escribir tal o cual?
F.C.- No es una decisión tal que así, sino que le tomo el pulso a la idea que se me ha ocurrido y me paro a pensar sobre qué se trata. ¿Esto que se me ha ocurrido es una novela, son relatos, es un poema,..? Más que nada es eso. Al tener la idea me doy cuenta de qué formato debe tener.
M.G.- ¿Y es más complicado escribir para niños que para adultos?
F.C.- Es lo mismo. La única diferencia está en dónde te sitúas tú para escribir. Yo siempre escribo los libros que me gustaría leer. Cuando escribo para niños escribo los libros que me hubiera gustado leer cuando era niña pero nada más. Soy igual de honesta con los adultos que con los niños. Siempre valoro al lector como mínimo como me valoro a mí misma. Te doy lo mejor, lo que a mí me gustaría que me dieran.
M.G.- Acabas de publicar Haru. Un lector llega a una librería, ve este libro, lo toca, es peculiar y ahora veremos por qué, le da la vuelta buscando la sinopsis y lee «Después de leer la historia de Haru leerás tu vida de otra manera». ¿Por qué Flavia?
F.C.- Por dos razones. La primera porque es cierto y la segunda porque es del todo imposible escribir una sinopsis de Haru. No me puedes preguntar de qué va Haru porque no te lo puedo decir. Como mucho te puedo contestar que Haru va de ti, de tu vida.
M.G.- Es como si cada lector se fuera a descubrir a sí mismo? ¿Como si el libro tuviera una lectura diferente para cada lector?
F.C.- Todos somos Haru, de igual modo que, y respetando las distancias, todos somos el Quijote, todos somos Sancho o Hamlet. Todos somos alguno de estos personajes que en realidad se convierten en representantes de muchos de los obstáculos, de muchas de las virtudes y defectos que tenemos y padecemos los seres humanos.
M.G.- Haru es un personaje femenino, una arquera que deja su casa para trasladarse a un dojo para recibir unas enseñanzas, y nos vas a narrar su vida desde que es pequeña hasta la vejez. Son unos setenta y dos años más o menos si no me equivoco.
F.C.- Sí, bueno un poco más.
M.G.- En todo ese tiempo, entiendo que el personaje evolucionará mucho.
F.C.- Haru evoluciona porque ella hace un camino de aprendizaje. Hay personas que son igual a los quince y a los ochenta y cinco porque no han andado un camino, sino que se han limitado a dejarse llevar por la inercia. En este caso, Haru es una persona comprometida con el aprendizaje y sí, evoluciona y notamos esa diferencia muy grande entre la Haru del inicio y del final.
M.G.- ¿Pero en esos años la vamos a ver despeñando distintos papeles? Me refiero a si vamos a ver a una Haru hija, una Haru esposa, o una Haru madre.
F.C.- La vamos a ver en distintos ámbitos y enfrentada a distintos obstáculos de una vida en la que aplicar las enseñanzas recibidas durante nuestra adolescencia no es tan fácil. La vamos a ver divida entre las dos posibilidades más grandes que hay en la vida, ser o tener. Ante esa dicotomía, la dificultad está en decidirse. ¿Qué prefieres, ser o tener? Son dos cosas muy distintas y a su vez, diría que muy contradictorias. Si decides ser no puedes tener y viceversa.
M.G.- El ser humano tiende más a tener que a ser, ¿no?
F.C.- El occidental sobre todo, tiende a consumir, porque la acumulación da más seguridad que la profundización. Ser es profundizar. Tener es acumular. Y lo acumulado es cuantificable. Lo profundizado no. Valoramos muy poco la esencia porque en este mundo nuestro se aprecia mucho más la cantidad que la calidad.
M.G.- ¿A ti Haru te ha ayudado a evolucionar?
F.C.- Naturalmente. A mí también me ha cambiado la vida Haru. Después de escribir y leer este libro, yo también veo mi vida de otra manera. Haru es un libro que te quiere, que te hace sentirte querida, y que te permite perdonarte, porque todos tenemos cosas imperdonables en nuestras vidas. Vas a empezar a quererte, a comprenderte, a empatizar contigo y a entender que, entre el bien y el mal, puedes elegir el bien. Eso es interesante desde el punto de vista de la lectura. Por eso, cuando me preguntas de qué va Haru siempre respondo que trata de tu vida. En Haru veremos renuncia, miedo, soberbia, impaciencia, venganza, competitividad, amor, odio,.... Todas las vidas tienen eso, aunque sea en órdenes distintos, pero todas lo tienen.
M.G.- Es un viaje interior...
F.C.- Y exterior también.
M.G.- Hay mucha reflexión. ¿Crees que en los tiempos en los que vivimos se hace especialmente necesario estos libros que, después de leerlos, nos hagan recapacitar sobre nosotros mismos?
F.C.- Bueno, eso ocurre con la gran literatura. Si piensas en las obras que han permanecido en la historia, las clásicas, las que todos tenemos de referente, desde la Biblia a no sé, por ejemplo, Marguerite Yourcenar con su Memorias de Adriano,... Estas obras que se convierten en clásicos y que verdaderamente trascienden lo local para convertirse en obras universales e intemporales, todas ellas nos hablan de la esencia humana, todas ellas nos ayudan a vivir, todas ellas son catárticas y aspiran a empujarnos a un viaje interior. La gran literatura, la que verdaderamente permanece, es una literatura que nos atañe a todos, y eso es difícil de conseguir. La única literatura que nos une es la que comprende que estamos unidos pero entender que yo soy tú y tú eres yo, es muy difícil. Y comprender que tú no puedes hacer más que lo que estás haciendo y que yo no puedo hacer más que lo que estoy haciendo tampoco es fácil. Entender y empatizar, observar en vez de juzgar, eso es la gran literatura. Pero eso es muy difícil.
M.G.- En la nota de prensa que acompaña el libro hay una cita tuya que dice: “Esta es la novela de una vida y representa lo que yo quiero escribir. Siempre, cuando acabas un libro, dices que se parece a lo que querías escribir; pues bien, esto es lo que yo sí quería escribir y lo he escrito para crear un lugar donde vivir”.
F.C.- Bueno, como siempre ocurre con las notas de prensa, digamos que no es exacta la cita. Lo que yo dije es que todos los libros que escribimos los escritores son nuestros sueños y el resultado siempre se parece mucho a lo que queríamos escribir. Para eso está el oficio. Pero Haru no se parece, es el sueño. No es lo que yo quería escribir, porque yo no sabía qué quería escribir, en el sentido de que no había una diana fuera de la novela a la que yo he disparado. Haru ha sido como un disparo perfecto de tiro con arco que, cuando ha ocurrido, me he dado cuenta de que ha sido exactamente el sueño que yo tenía durante toda mi vida, el sueño de un novela emotiva, emocionante, con la que la gente llora, tanto hombres como mujeres. Mucha gente me ha dicho que ha llorado con Haru. De hecho, un periodista catalán me llegó a decir que si no lloras leyendo la historia de Haru es que estás muerto. ¿Qué ha pasado? Esto no se pretende, eso ocurre sin proponérnoslo. Es un pequeño matiz que hay que tener en cuenta. Yo estoy profundamente agradecida.
M.G.- O sea que tú te has dado cuenta realmente de todo lo que has escrito, de la grandeza de Haru, después, con la respuesta de los lectores.
F.C.- Claro. Bueno, realmente me di cuenta cuando puse el punto y final porque me entró un ataque de llanto que jamás había tenido en mi vida, de total y absoluta plenitud. Puse el punto y final y me puse a llorar como una Magdalena, y no de desconsuelo sino de plenitud. Una cosa impresionante. Es muy mágico todo lo que ha pasado con Haru.
M.G.- Entiendo entonces hay muy emotividad y mucha sensualidad en estas páginas.
F.C.- Hay mucha emoción, mucho sentimiento, muchísimos momentos en los que los lectores se identifican totalmente con la trayectoria de Haru.

