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viernes, 18 de septiembre de 2015

RELOJES MUERTOS de Eva María Medina.

 


Editorial: Playa de Ákaba.
Fecha publicación: enero, 2015.
Nº Páginas:165
Precio:  15,00 €
Género: Novela corta.
Edición: Tapa blanda con solapas.
ISBN: 978-84-16216-25-3
[Disponible en ebook]



Autora

Eva María Medina (Madrid, 1971). Es licenciada en Filología Inglesa por la Universidad Complutense de Madrid. Autora del libro de relatos Sombras (Editorial Groenlandia, 2013), y coautora de Relatos en Libertad (Editado por Anuesca, 2014) y de Letras Adolescentes (Colección Especiales, Editorial Letralia, 2012). Ha obtenido diversos premios literarios por sus cuentos, que han sido publicados en distintas revistas literarias, españolas y latinoamericanas (Letralia, OtroLunes, Cinosargo, Entropía, Almiar, Narrativas,...), y en diversas antologías. La revista La Ira de Morfeo editó un número especial con algunos de sus relatos. Relojes muertos es su primera novela. En la actualidad está ultimando la escritura de su segunda novela, Asesinos de palomas.

Sinopsis

En esta novela Eva María Medina teje una urdimbre compleja en torno a unos personajes que desde el principio se nos antojan tan cercanos como nosotros mismos, logrando una especial amalgama entre la realidad y la locura y arrastrándonos inevitablemente en el torbellino de la existencia del protagonista, marcada por la esquizofrenia, pero también por el anhelo de buscar un motivo que justifique y dé sentido a su azarosa y atormentada vida.

Una obra excelente que nos adentra en los tortuosos caminos de la locura, en los vericuetos de las vidas atroces de unos personajes, de inabarcable y tumultuosa complejidad, marcados por la tragedia y empeñados en liberarse de sus tribulaciones personales.

Eva María Medina construye esta prodigiosa novela con una prosa escueta, concisa, sin alharacas ni elucubraciones, que huye de la escritura previsible y de falsas erudiciones, pero que es hasta tal punto eficaz que nos mantiene en vilo durante la lectura de esta novela corta pero no menos apasionante, tan personal, tan infrecuente, tan literatura en esteado puro. 



[Biografía y sinopsis tomadas directamente del ejemplar]


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Hace bastante tiempo, Eva María Medina tuvo la amabilidad de contactar conmigo para presentarme su novela, Relojes muertos, que suponía su debut literario como novelista. La autora ya tenía experiencia en cuentos y relatos, pero quería dar un paso más, hacer una apuesta valiente y de ahí que se decidiera a publicar esta novela bajo el sello editorial de Lorenzo Silva, Playa de Ákaba.

Relojes muertos fue una de las lecturas de este verano, una época que para estar más ociosa que el resto del año, ha resultado ser menos productiva. La verdad es que me llevó bastante tiempo concluir la lectura de esta novela, a pesar de que tan solo cuenta con ciento sesenta y cinco páginas, pero todo tiene una explicación que os detallo más abajo.

¿Cómo os cuento el argumento? En un principio os diré que en esta novela nada nos viene dado por defecto. Hay que indagar y leer entrelineas, tomar distancia para una mejor perspectiva y preguntarnos sobre lo que nos estamos enfrentando. Allá vamos.

Gonzalo Márquez es un enfermo que se encuentra ingresado en un hospital psiquiátrico de Madrid. Padece esquizofrenia y junto a él habrá otros personajes: Gregorio, Herminia, Ángela,... No sabemos cuánto tiempo lleva ingresado ni por qué, quizás eso no sea necesario saberlo. Lo importante serán otras cuestiones. Los médicos han decidido darle el alta, hipotéticamente porque ya se encuentra mentalmente bien, y Gonzalo ha de regresar a su casa, un hogar solitario, y reincorporarse a su vida normal, a su trabajo en un banco, a su barrio, a sus compañeros y vecinos. 

De su estancia en el hospital se ha llevado no solo la amistad de Gregorio, que aparecerá en más de una ocasión en la novela, sino también la de Ángela con la que inicia una relación llena inicialmente de ilusión y buenos propósitos. Pero, de repente, en su cabeza surge el nombre de otra mujer, Sara, una joven con la que parece que tuvo una relación antes de ser ingresado y de la que no ha vuelto a saber nada. Es como si la tierra se la hubiera tragado. Pero ahí no queda la cosa, otra imagen más le perturbará, el recuerdo de unas manos ensangrentadas. Al parecer, las suyas. 

En su afán de recomponer el puzle de piezas desperdigadas que componen su mundo a la salida del hospital, sentiremos la intensidad del desconcierto, el agobio, la inquietud, las dudas y la angustia de Gonzalo, que lo zarandean, que lo vapulean sin que él pueda discernir el norte, y ese maremágnum de emociones serán transmitidas al lector. Gonzalo necesita saber qué ocurrió antes de ser ingresado en el hospital, recomponer su vida, encontrar a Sara, saber de ella. Todo es confuso. Todo aparece cubierto con un velo. Se inicia un nuevo ciclo paranoico. Creerá que todos lo observan y su relación con Ángela comenzará a ir de mal en peor.

Pero el argumento traerá más consigo. Por un lado, veremos que Gonzalo es un tipo culto, con bagaje literario y conocedor de las obras de Delibes, Neruda, Kundera,... Quizás, y como terapia a la extraña realidad que le rodea, decide iniciar la escritura de una novela, pasajes que figuran intercalados y en cursiva, y que tienen como protagonista a un hombre que mantiene conversaciones con un reloj de pared. Aquí nada es normal o sí, según los ojos que contemplan la escena. En cualquier caso, una lectura peculiar.

Leer Relojes muertos es como entrar tarde a una sala de cine y salir antes de que acabe la película. Es decir, no hay ni un pre- ni un post-, ni pasado ni siquiera casi futuro. En esta novela solo existe el presente porque esos instrumentos que marcan el paso de los segundos, los minutos y las horas, ya no funcionan. No sabremos nada de nada. Eva María nos coloca en mitad de una escena inicial sin darnos pautas de ningún tipo y ahí nos suelta para andar como equilibrista sobre el hilo conductor de esta novela que no será más que el propio hilo que divide realidad de ficción, solo que en la novela todo queda mezclado hasta no saber qué pertenece a un plano y qué a otro.

Reconozco que la lectura de esta novela corta me desconcertó por completo pero hay que pensar en Gonzalo, en el mal que le aqueja y tratar de entender, si eso es posible, la percepción que los enfermos de esquizofrenia tienen sobre el mundo que les rodeaNo debe de resultar fácil adentrarse en la mente de un enfermo psiquiátrico y hacerlo en primera persona además. Probablemente todo sea caos, todo sea confusión, lo mismo que un lector puede sentir a la hora de enfrentarse a esta lectura. 

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