
Autor
Mircea Cârtârescu (Bucarest, 1 de junio de 1956) es un poeta, narrador y crítico literario rumano. Está considerado por la crítica literaria el más importante narrador rumano de la actualidad. Es docto en Literatura Rumana por la Facultas de Letras de la Universidad de Bucarest, y autor de varias obras de enorme prestigio.
Sinopsis
Esta pieza, tan breve como intensa, narra la improbable historia de un hombre al que nunca le ha sonreído la suerte, un desarraigado que sorprendentemente hace fortuna participando en letales sesiones de ruleta rusa. Multitudes enfervorecidas, presas del morbo, guardan cola para participar en las ceremonias de muerte y redención en que se convierten sus apariciones, y que dan paso a la histeria colectiva. Un escritor moribundo que conoció al Ruletista en su juventud intenta explicar cómo ese hombre insulso termina convirtiéndose en alguien inmortal y aparentemente inexpugnable, cuando en realidad en él solo anida el más despesrado espíritu de la autodestrucción.
Mircea Cârtârescu hace una historia breve de una parábola universal.
A la editorial Impedimenta habría que darle un premio solamente por la manera que tiene de editar sus libros. Todos ellos tienen el regusto de las cosas antiguas, de las cosas bien hechas, y cuentan con una cubierta y sobrecubierta que son dignos de admirar. Fijaos en esta.
El Ruletista se abre con un prólogo de Marian Ochoa de Eribe en el que se nos desvela los distintos sentimientos que el autor inspira entre sus lectores y la crítica, considerado como imprescindible por muchos y como objeto de ira para otros.
También se nos cuenta que Mircea Cârtârescu fue candidato al Nobel de Literatura y no se descartan futuras candidaturas aunque muchos de sus textos llegaron a ser censurados por violentos.
Me gusta que los prólogos nos pongan en situación, hurguen en la vida del autor y nos muestren el backstage de la obra. De este modo llegamos a saber que en Rumanía los ciudadanos tenían que declarar a la policía la posesión de una simple máquina de escribir, que para las autoridades de simple no tenía nada pues podía llegar a convertirse en un arma peligrosa contra el gobierno. Las verdades siempre han hecho mucho daño a quienes no quieren oírlas.
Me gusta que los prólogos nos pongan en situación, hurguen en la vida del autor y nos muestren el backstage de la obra. De este modo llegamos a saber que en Rumanía los ciudadanos tenían que declarar a la policía la posesión de una simple máquina de escribir, que para las autoridades de simple no tenía nada pues podía llegar a convertirse en un arma peligrosa contra el gobierno. Las verdades siempre han hecho mucho daño a quienes no quieren oírlas.
En El Ruletista, contamos con un narrador en primera persona que se describe así mismo como un autor de 80 años, desesperado por no haber dado más de sí mismo, viejo, insomne, solitario y carente de fe. Un narrador-escritor que se lamenta por no haber sido capaz de crear personajes reales y ahora que viene a contarnos la existencia un personaje real muy probablemente nos parecerá inverosímil. Sin embargo, el autor nos asegura que, por increíble que parezca, dicho individuo existió en su vida.
Esta obra de Cârtârescu cuenta la historia de viejos sótanos en los que los hombres salen inmensamente ricos o con los sesos reventados. Nuestro personaje será uno de esos hombres que se burla de la muerte una y otra vez, un hombre afortunado sin suerte, o con suerte pero sólo cuando la muerte le ronda. De figura horca, rostro triangular cuello largo, pálido y delgado, piel seca, cabellos rojizos, ojos de mono amargado y asimétricos,... nuestro protagonista experimenta un cambio, un antes y un después que le permitirá pasar de un miserable harapiento a un elegante caballero. ¿Dónde está la clave? Pues precisamente en esos viejos sótanos donde una multitud enfervorecida vacía sus bolsillos en apuestas que enfrentaran al hombre con la muerte en un duelo abierto. Una pistola en la mano y una única bala en el tambor. Así de simple. Bueno, una única bala será el inicio del juego porque llegará un momento que nuestro protagonista tentará a Dios consiguiendo que el juego de la ruleta adquiera grandeza teológica.

Hay momentos de la narración en los que la tensión tiene que ser visible, esos segundos previos antes de oír el clic de la pistola cuyo cañón roza la sien de nuestro ruletista. Para dichos momentos, Cârtârescu crea un ambiente de expectación y el lector se incorpora en su asiento, irguiendo la espalda y a la espera de ver cómo la pared de enfrente se tiñe de rojo. El morbo está servido y el olor a muerte inunda la sala.
Con alusiones directas al lector, la prosa serena roza el onirismo, repleta de descripciones justas y concisas que permiten una clara visión del paisaje. Sin embargo, también encontramos frecuentes aclaraciones entre paréntesis que en cierto modo ralentizan el flujo de la lectura. Algo que suele pasar a un segundo plano cuando bajamos al sótano de la muerte para apostar contra el Diablo.
No sé si a estas alturas ha quedado claro que recomiendo esta novela. Y lo hago no ya por el argumento que tan original me parece, ni siquiera porque sea un relato que gana intensidad con el paso de cada página, sino también aconsejo su lectura porque entre sus 62 páginas me he encontrado hermosas reflexiones. Casi llegando al final, Cârtârescu establece una comparación entre ser un personaje de relato y ser un hombre de carne y hueso. Para él es mucho más ventajoso la primera opción y creo que esas líneas concretas son las que dan sentido a todo el texto previo.
Terminar con acierto un relato de estas características no debe ser fácil. En este caso Cârtârescu sabe rematar ofreciéndonos un final que brilla por su ingenio.
En definitiva, El Ruletista es un relato que te obligará a mirar los bajos fondos donde encuentras a seres infelices, necesitados de paz, vagabundos, borrachos en busca de una tabla de salvación, aunque esta consista en burlar la suerte en compañía de la vida y la muerte. Un relato que te hará pensar sobre el destino y la predestinación.

