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viernes, 29 de noviembre de 2013

EL CLUB DEL CUPCAKE de Clara P. Villalón.


Autor

Nací en Madrid el 10 de mayo de 1990. Soy estudiante de Economía, a falta de cinco asignaturas para licenciarme en la especialidad de Análisis Económico. Estudié en el Liceo italiano de Madrid hasta que mis padres me mandaron interna a un colegio de Londres, Woldingham School, donde me enamoré de la ciudad. Cuando volví a España, a regañadientes, terminé el bachillerato y me encontré en el viacrucis de no saber qué hacer. Después de barajar las opciones de estudiar Arquitectura, Ingeniería Industrial, Moda e incluso Derecho, acabé donde estoy metida ahora. Hice una incursión en el mundo del teatro, abrí un blog de relatos (Migas de locura) y luego llegó la pasión por la cocina con Miss Migas, guiada por el buen hacer de mi madre. Gracias a eso, MasterChef llegó a mi vida y la revolucionó entera.

Sinopsis


¿En qué se parece esta novela a un roscón de Reyes?

En que los dos son deliciosos y tienen sorpresa.

Entusiasta, temperamental y con un talento fuera de lo común para la cocina, Silvia tiene muy claro lo que quiere: abrir un pequeño obrador de repostería con el que ganarse la vida.

Pero tiene todavía más claro lo que no le gusta: no entiende la moda de los cupcakes («esas magdalenas raras», que diría su abuela), no va a enredarse en una relación amorosa (para eso ya está su amiga Casilda) y, desde luego, no piensa presentarse nunca, jamás, ni de broma, a uno de esos concursos de cocina de la televisión.

Sin embargo, Silvia descubrirá que el camino hacia los sueños tiene desvíos inesperados. 



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¿A quién no le gusta la cubierta de esta novela? No cabe duda de que este libro entra por los ojos y que en cuestión de diseño han hecho un buen trabajo. Todos esos pequeños y apetitosos cupcakes orlando la portada llaman irremediablemente la atención. Pero como no solo de pan vive el hombre, habrá que echar un vistazo a la historia que nos presenta Clara Villalón.

Por la sinopsis y la entrevista que publiqué ayer (puedes verla aquí), os habréis hecho una idea sobre el argumento de este libro.

Silvia es una jovencísima repostera, puntillosa y especialmente perfeccionista que comparte con su creadora algunos aspectos de su vida y algunos rasgos de su personalidad. Silvia adora los caballos, cuya montura debe abandonar por un tiempo debido a una enfermedad. Es en ese momento cuando, de manera casual, Silvia llega al mundo de la repostería y lo hace para quedarse.

Hija de un matrimonio muy activo (su padre trabaja en el extranjero y su madre es una periodista que recorre medio mundo) y hermana de tres chicos (Andrés, Pablo y Edu), estudió Derecho y fue en los años de facultad donde conoció a Casilda (o Cass). Aunque esta última siguió el rumbo de la toga, Silvia cambió pronto las leyes por los fogones. Tiene una ilusión, abrir un obrador de repostería.


Dibujo de Patricia Dubreuil
Su amiga, Cass, es hija de una familia bien avenida. Vive en «la casita de la piscina» de la enorme mansión familiar por lo que se puede medio decir que está independizada. Pero en su vida no todo es de color de rosa y eso que la familia cuenta con una cuenta bancaria voluminosa que si no resuelve todos los problemas, al menos los suaviza bastante. Cass no atina en asuntos de corazón. Pasa de una relación a otra y siempre acaba con el corazón hecho añicos. Muy enamoradiza por naturaleza parece que no tiene buen ojo para fijarse en los chicos y ahí está Silvia que le servirá de paño de lágrimas.

Silvia cuenta además con otra amiga más, Alicia. A pesar de la fuerte relación que la une a Cass, Silvia considera que Alicia es su mejor amiga, aunque apenas se vean pues Alicia trabaja para una gran multinacional y no tiene tiempo nada más que para su trabajo.  

Poner en marcha un obrador de repostería no es tarea fácil. No sólo basta con tener una buena clientela sino que también es necesario realizar una inversión para encontrar un local adecuado y habilitarlo. Lo primero que hace falta es cash, algo de lo que Silvia carece. Cass en su afán de ayudar le sugiere dar clases de cupcakes en su propia cocina, habitáculo que rara vez ella usa y aunque Silvia aborrece los cupcakes, sabe que no le queda opción.


«Cupcakes. No me lo podía creer. Iba a dar un curso relacionado con aquellos pastelitos de colores que había probado por primera y única vez en Londres y que tuve que tirar a la basura tras el primer bocado. Eran insípidos, grasientos y, aunque muy bonitos, se apelmazaban en la boca como si me hubiese comido tres polvorones seguidos». [pág. 35]

Y así, abriendo un taller de cupcakes, es como Julián, Menchu, sus nietos gemelos, Ana, Lucía y Alicia entran en la vida de Silvia. Con ellos compartirá una tarde a la semana y prepararán deliciosas recetas de cupcakes. Algunos serán dulces y otros salados, como los propios alumnos del taller, aunque más que salado, hay algún que otro alumno que le sale bastante amargo.

El proyecto de abrir su rincón culinario e independizarse sigue creciendo día a día. Encontrará obstáculos en el camino pero tras una caída, volverá a levantarse con más fuerza. Le saldrán mil y un encargos, conseguirá colaborar en uno de los más prestigiosos cathering de la ciudad, el de Sabrina Deli, participará en el concurso el Cupcake de Oro, y diversas historias más que definitivamente la conducirán al amor.

El amor. Sí, El Club del Cupcake contiene una historia romántica con mucho humor, pero también resalta muchos valores a tener en cuenta. La amistad, la fe en uno mismo, la lucha por los sueños, el no desistir, la constancia, la persuasión, la familia,... son todos ingredientes del pastel que nos presenta Clara Villalón.

El libro cuenta con once capítulos de corta longitud y todos ellos comienzan con la receta de un cupcake. Para las negadas en la cocina como yo, ver el listado de ingredientes y pasos a seguir en esas recetas es algo que asusta pero Clara nos comentó que si seguimos el proceso de elaboración con calma y paciencia, no son complicados de hacer.





Con un estilo muy fresco y muy juvenil, como su propia autora, nos adentramos en una historia sencilla y entretenida. Con esta novela, Clara Villalón solo ha pretendido  endulzar la vida del lector, sumergiéndolo en una historia sin demasiadas complicaciones ni expectativas. Un argumento que simplemente nos ayude a evadirnos durante unas horas de la realidad. La verdad es que es una novela, que por su frescura y su liviandad, se lee casi del tirón y al final una termina mirando la vida con ojos de azúcar glass.

El Club del Cupcake es una novela para todos los gustos, quizás más encaminada a las lectoras pero sin llegar al chick-lit. Una lectura amena y entretenida que te durará en las manos apenas el tiempo necesario para que suba un soufflé.

Por si yo no os lo he contado lo suficientemente bien, aquí os dejo a Clara para que os lo explique ella mejor.






jueves, 28 de noviembre de 2013

ENTREVISTA a CLARA P. VILLALÓN (El Club del Cupcake)


Autor

Nací en Madrid el 10 de mayo de 1990. Soy estudiante de Economía, a falta de cinco asignaturas para licenciarme en la especialidad de Análisis Económico. Estudié en el Liceo italiano de Madrid hasta que mis padres me mandaron interna a un colegio de Londres, Woldingham School, donde me enamoré de la ciudad. Cuando volví a España, a regañadientes, terminé el bachillerato y me encontré en el viacrucis de no saber qué hacer. Después de barajar las opciones de estudiar Arquitectura, Ingeniería Industrial, Moda e incluso Derecho, acabé donde estoy metida ahora. Hice una incursión en el mundo del teatro, abrí un blog de relatos (Migas de locura) y luego llegó la pasión por la cocina con Miss Migas, guiada por el buen hacer de mi madre. Gracias a eso, MasterChef llegó a mi vida y la revolucionó entera.

Sinopsis

¿En qué se parece esta novela a un roscón de Reyes?

En que los dos son deliciosos y tienen sorpresa.

Entusiasta, temperamental y con un talento fuera de lo común para la cocina, Silvia tiene muy claro lo que quiere: abrir un pequeño obrador de repostería con el que ganarse la vida.

Pero tiene todavía más claro lo que no le gusta: no entiende la moda de los cupcakes («esas magdalenas raras», que diría su abuela), no va a enredarse en una relación amorosa (para eso ya está su amiga Casilda) y, desde luego, no piensa presentarse nunca, jamás, ni de broma, a uno de esos concursos de cocina de la televisión.

Sin embargo, Silvia descubrirá que el camino hacia los sueños tiene desvíos inesperados.



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Los que seáis adictos a los programas de cocina seguro que recordareis la cara de Clara P. Villalón de su paso por el programa MasterChef. A su escasos veinte años sorprende que esta joven madrileña tenga tan amplios conocimientos de cocina, derivados todos ellos de su pasión por el mundo culinario, sin ningún tipo de formación académica y únicamente producto de su lado más autodidacta.

Aunque no resultó la ganadora del programa, en más de una ocasión el jurado se deleitó con sus platos.


Su paso por MasterChef le ha supuesto la apertura a nuevos retos y proyectos con los que está realmente ilusionada. Uno de ellos es su reciente novela, El Club del Cupcake, editado por Espasa. 

Clara es una mujer que cautiva con su sonrisa y el brillo de sus ojos. Tiene las ideas tremendamente claras y sabe perfectamente lo que le pide a la vida y lo que está dispuesta a dar. Esto es lo que nos contó:

Marisa G.- Clara, encantada de conocerte. ¿Qué tal va todo?

Clara P.- Pues mucho lío. No te lo puedes ni imaginar. Estoy sin parar pero bueno hay que decir a todo que sí porque son experiencias para la mochila.

M.G.- Clara, tú saltas a la palestra por tu participación en el programa MasterChef. ¿Cómo fue tu experiencia y cómo se te ocurrió participar?

C.P.- Bueno, fue todo un poco de rebote. Lo vimos, mi novio me animó a que me apuntara y la verdad es que no perdía nada con apuntarme pero en ningún momento pensé que me fueran a elegir. Pero resulta que llamaron y en tres semanas me vi metida en una casa con quince personas más. Ha sido una experiencia fantástica. Me lo he pasado fenomenal, he aprendido muchísimo, he aprendido de cocina, he aprendido de televisión, de mí misma,... he aprendido a relacionarme con otras personas y a luchar. A mí me ha cambiado la vida.

M.G.- ¿Pero estabais recluidos en una casa? Yo es que el programa no lo seguía.

C.P.- Sí, era tipo Gran Hermano. Esas cosas no se veían en los programas pero estábamos recluidos. Hablábamos con nuestras familias diez minutos a la semana. Las llamadas estaban controladas, no nos podían contar nada de fuera, no podíamos leer prensa, ni ver la televisión, ni escuchar la radio. Nada de nada. De hecho las primeras semanas no teníamos ni reloj porque se había extendido el bulo de que en el plató no podíamos tenerlo y andábamos descontrolados con el tiempo.



M.G.- Pero ¿lo tuyo es más cocina o repostería? Me da que lo de la repostería te ha venido un poco de rebote a raíz del libro, ¿no?

C.P.- Yo tengo experiencia en temas de repostería, en masas, panes,... en todo eso porque mi madre es una fantástica cocinera pero ella solo sabe hacer salado. Es malísima con el dulce, así que en casa fui yo la que empezó haciendo cosas dulces. Luego me he pasado al salado porque quiero trabajar todo y aprender de todo, pero sí tengo más experiencia en repostería. Me siento más segura ahí aunque me voy soltando poco a poco porque estoy cocinando mucho salado para aprender, pero los pasteles me gustan mucho.

M.G.- Pero, ¿tienes alguna formación en cocina o todo es autodidacta?

C.P.- Yo, nada. Lo que sé lo he ido aprendiendo en internet y de mi madre.

M.G.- ¿Y desde cuándo estás metida entre fogones? Siendo tan joven como eres...

C.P.- Bueno, yo empecé haciendo los típicos pasteles pero todo fue a más a partir de una enfermedad. Me atacó una bacteria. Hace muy poquito, con 20 años me puse muy malita del páncreas y tuve que estar dos años en la cama. Tuve que dejar prácticamente de comer y busqué una afición. Empecé a leer blogs de cocina y con lo que cocinaba mi madre y con lo que me gustan a mí los pasteles pensé que podía aprender. Así que le pedía a mi madre que me comprara los ingredientes porque yo no podía salir de casa. Comenzaba a hacer la receta y muchas veces tenía que parar e irme a la cama porque no podía más, pero yo creo que la cocina para mí fue muy terapéutica, me sirvió mucho para seguir adelante. Tener una pasión y luchar mientras estaba en la cama me ayudó mucho. 

M.G.- Buscaste tu vía de escape para no estar pensando siempre en tu enfermedad. 

C.P.- Sí, yo no quería pensar. Si me preguntaban siempre contestaba que estaba bien aunque la gente veía claramente que no era cierto, pero creo que el positivismo, el optimismo y tener una afición que sentía con tanta pasión me ayudó a seguir adelante.

M.G.- Bueno y después de tu paso por MasterChef llegó Espasa, llamó a tu puerta y te propuso escribir el libro. Esta no es una idea que surge de ti sino que fue cosa de la editorial.

C.P.- Fue la editorial sí. Llegó el día 10 de julio y me propuso hacer un libro de cupcakes. Una novela, claro. Yo tenía un blog de literatura, de cuentos cortos,... y me pareció fantástico poder unir las dos cosas que más me gustan en una sola. Pero claro, yo odiaba los cupcakes.

M.G.- Sí, lo he leído por ahí...

C.P.- Claro, entonces se lo tuve que decir a la editorial y bueno no fue ningún problema porque construí una protagonista que también odia los cupcakes. En el libro hay mucha fantasía pero también hay muchas cosas muy personales, que son muy mías.

M.G.- ¿Y no te dio miedo embarcarte en esta aventura?

C.P.- Miedo no, respeto sí, porque es algo que queda escrito para el resto de mis días.

M.G.- Y que lo va a leer mucha gente y que mucha gente va a dar su opinión.

C.P.- Claro. Hay que estar muy preparado y yo soy consciente de mis limitaciones y muy consciente de que no he escrito una novela para ganar el premio Planeta, pero por lo menos he intentado escribir algo con lo que la gente pueda pasar un buen rato leyendo, se ría con cosas cercanas, que puedan empatizar con los personajes,... Principalmente que sea algo divertido y encontrar a una protagonista que, en los tiempos que corren, lucha por sus sueños aunque haya mil cosas que le salgan mal,...

M.G.- Como la vida misma. Todos tenemos altibajos pues igual la protagonista de tu libro.

C.P.- Sí, y nunca hay que perder la sonrisa y eso fue algo que aprendí durante mi enfermedad. Nunca hay que dejar de luchar porque nunca sabes lo que va a venir en la vida y si luchas, los sueños se cumplen.

M.G.- Eres una mujer muy optimista.

C.P.- Sí, soy una mujer optimista y creo que todos deberíamos serlo. Es la única forma para que las cosas salgan mucho mejor. 

M.G.- Creo que tienes razón. En cuanto al libro, la historia que tú escribes es muy dulce como los propios cupcakes. Me encanta la cubierta que se ha elegido, tan llamativa,...

C.P.- Ha quedado preciosa, ¿verdad?

M.G.- Muy bonita. Creo que cualquier persona que pasee entre las novedades de las librerías se fijará inmediatamente en tu novela. Y me gusta que empiezas cada capítulo con una receta de cupcakes. Yo no tengo ni idea de cocina, en mi casa quien cocina es mi pareja, y al ver las recetas que acompañan los capítulos, no sé yo si son muy fáciles de realizar.


Jordi Cruz
C.P.- Son todas recetas muy fáciles y que salen bien. Me fui a la cocina de Jordi Cruz, uno de los restauradores de MasterChef y estuve trabajando con su pastelero. Hicimos muchos modelos de cupcakes distintos, una lista de unos veinte y luego, según iba escribiendo la novela, iba metiendo unos u otros. Hay ingredientes más raros pero no complicados, que no solemos usar en el día a día  pero todos son fáciles de encontrar y si se siguen las pautas son fáciles de hacer. Lo que pasa es que llevan muchos pasos porque el cupcake está compuesto por la base de magdalena, por el relleno y por el frosting de arriba. Yo siempre le digo a la gente que no se bloquee cuando vea algo que no entienda o que no encuentre. Siempre hay alternativas. Las recetas pueden parecer complicadas pero si vas despacio al final salen bien.

M.G.- Yo las he estado mirando por encima y algunas me han parecido que tenían que ser complicadísimas porque la receta ocupa dos páginas.

C.P.- Pero eso es porque tienen muchos pasitos. Por ejemplo, el cupcake de croquembouche, que es uno de los postres que hicimos en MasterChef, ese tiene la base de bizcocho, el relleno y luego unos petisus, como profiteroles que son los que adornan.

M.G.- En tu libro, la protagonista es una chica joven que se llama Silvia, muy familiar, que mantiene una muy buena relación con su madre, aunque viaja mucho, se lleva muy bien con sus hermanos. Antes me has adelantado algo pero mientras leía sentía que Silvia tiene mucho de ti.

C.P.-  Silvia tiene muchas cosas de mí y muchas cosas que no tienen nada que ver conmigo. He querido jugar con eso, que el lector se cuestione si hay cosas de Silvia que pueden ser mías o no. Pero eso también me ocurre con otros personajes de la novela. Algunos no están basados en nadie en concreto...

M.G.- Casilda, ¿por ejemplo? (una de las amigas de Silvia, la protagonista)

C.P.- Yo no tengo ninguna amiga Casilda pero sí tengo una amiga Alicia (se refiere a otro de los personajes de la novela) y yo no tengo abuela como la tiene Silvia. Tengo una tía abuela pero que no sabe ni freír un huevo. En cuanto a la madre de Silvia, sí hay cosas que comparte con la mía pero no todo. He ido jugando con todo esa realidad y esa ficción para construir los personajes y me he servido de parte de la realidad porque es mucho más fácil así que crear de la nada.

M.G.- Y esa libreta de recetas de la abuela, ¿existe de verdad? (En la novela Silvia atesora una libreta de recetas que pertenecía a su abuela)

C.P.- No, no existe. Me hubiera gustado tenerla porque yo creo fielmente en la cocina tradicional. Creo que está muy bien ir a la vanguardia, innovar, pero siempre hay que tener en cuenta las raíces. Nunca debe predominar la técnica por encima del sabor. Hay cosas que hay que mantener porque además la memoria gustativa es limitada, no podemos procesar tantas cosas y muchas veces vas a un restaurante de vanguardia en el que te ponen algunos platos que no me gustan y lo mismo han tardado doce horas en elaborar ese plato. El sabor tiene que estar ahí. España cuenta con una tradición muy arraigada y muy fuerte y no tenemos nunca que dejarla de lado.


M.G.- Ahora que has mencionado los restaurantes de alta gama, ¿por qué esa tendencia a usar platos muy grandes para presentar porciones muy pequeñas?

C.P.- Los platos y recipientes son como marcos. De igual manera que enmarcas un cuadro pues se enmarca la comida. Hay cosas fantásticas. Mira, tú vas hoy a la Pasarela Cibeles y ves cosas que nunca te pondrías para salir a la calle pues en los restaurantes de alta gama ves platos que jamás harías en tu casa. Es lógico. Pero nunca hay que olvidar que la comida es un gusto. Además es un examen diario y muy rápido. Al comensal que está al otro lado le tiene que gustar lo que se le presenta y además, lo más bonito de la comida, es que tiene que causar una emoción. 


M.G.- Suena interesante. 

C.P.- Lo primero con lo que comemos es con la vista, por lo tanto si ves un plato horrible te predispones a que no te guste.

M.G.- Cierto. Y hablando de la protagonista de tu novela, Silvia es muy puntillosa a la hora de cocinar. Todo tiene que ser perfecto. ¿Tú eres también así?

C.P.- Sí. Intento que esa perfección no sea dañina pero lo que no me gusta es hacer las cosas a medias y ya que te pones a hacer algo, te pones a tope y lo haces lo mejor posible, dentro de las limitaciones de cada uno, por supuesto. Hay que saber cuál es tu sitio. Si no eres Picasso jamás podrás pintar el Guernica, por mucho que lo intentes.

M.G.- La protagonista participa en un concurso de cupcakes. Tú que conoces mejor este mundo, ¿hay muchos concursos de cocina? No me refiero a los televisiones sino a los que se hacen en las ciudades.

C.P.- Existen bastantes y cada vez más. Hay algunos que son más de renombre, de los que los medios se hacen eco, y otros que se conocen más por internet, pero uno de cupcakes como en el que participa Silvia yo no lo conozco en España. Sé que en Estados Unidos hay «guerras de cupcakes» que lo ponen ahora en Divinity. Por lo menos eso me han dicho porque yo no veo la tele. Bueno, ¡salvo Top Chef! Pero estaría bien que se hiciera algún concurso así. Creo que sería una buena forma de que la gente se contagiara.

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